Viaje a través del espejo
Muchos quisieran volver a ese recuerdo que quema la piel, otros olvidar y aferrarse al
presente pero mis ojos conspiraron para que mi cuerpo fuera tan ligero como el viento, no de
una forma tan agradable, -siempre quise volar alto junto con las aves del río, para perderme
en los árboles- la realidad es que en mi vejez mi reflejo no se apiadó de mí me lleva a viajar
una y otra vez a través de mi vida, el tiempo cambia repentinamente y los días y noches se
parecen ligeramente. ¿Qué puede hacer este mendigo sin alas? El viaje es largo y vivir esos
momentos que de alguna forma se disuelven en mi mente.
Al mirar fijamente el espejo me trasladé a cuando soy un pequeño, un ingenuo niño jugando
en el jardín de mi casa, quería correr para abrazarme, hablar con mi versión tierna, pero algo
me detenía solo observaba como entre risas y risas jugaba a que era un caballero que luchaba
contra dragones.
Cerré los ojos y al abrirlos aparecí en un parque en el momento cuando conocí al amor de mi
vida, la esperaba sentado en una banca, nunca imaginé que sería el principio de algo lindo y
doloroso a la vez, en esa ocasión solo hablamos y fuimos a caminar. Pareciera una condena
el eclipse que me asecha a lo lejos. El viento se detuvo justo en el adiós, miré a un hombre
desanimado con pelo blanco y ella en cama cubierta con una tela de seda. ¿Qué podría haber
hecho? Mis ojos vieron cómo me despedía sin decir muchas palabras. Aunque gritaba con
fuerza para decirle lo que mi corazón sentía. Era inútil simplemente no pude hacer nada, es
doloroso ver morir dos veces a la misma persona.
Al cabo de unos instantes regresé a mi niñez esta vez estaba haciendo una travesura a mis
padres, por escaparme me rompí un brazo cayéndome de un árbol. Quería salir, pero mis
manos no me respondían ni siquiera mis pies seguían mis ordenes, entonces desperté en un
hospital frente a mi cuerpo con un leve pulso, me miré completo de pies a cabeza, estaba muy
herido, había perdido el conocimiento bastante tiempo. Me sorprendió que nadie preguntaba
a las enfermeras por mí. Lloré como niño al verme en ese estado.
Las sombras que me seguían en mi infancia siempre estuvieron ahí, si le asignara un color al
pasado sería gris ya que me recuerda al televisor cuando este no sintonizaba algún canal, tal
vez café por los ojos de mi madre que yace en mi memoria antes de partir a otro lugar y por
último azul por el cielo que se nubla los días malos o los días tristes. ¿Qué hay acerca del
futuro? Nada, no hay futuro, mi presente es dormir en este suelo, con frío, con hambre, siendo
evadido por el mundo, más bien no soy parte de él ya que no encajo con el reloj de los demás.
Asimilo las consecuencias de ser un viajero del tiempo, vivir mi pasado reflejado en el cristal.
Me pregunto ahora ¿a dónde me llevará este viento? ¿a qué momento me llevará mi espejo?
A cuando pronuncié mi primera palabra “MAMÁ” la conciencia se hacía presente en mí.
Recuerdo pequeñas cosas; las lágrimas de mi madre, eran frecuentes, esas no se me olvidan
me dolían aun sin saber que pasaba a mi alrededor.
Ella me recitaba un poema:
“El sol brilla aun en los días más lluviosos”
Nunca lo comprendí hasta mi adolescencia. Hoy mientras caminaba por las calles del pueblo
en un charco se reflejó mi rostro y se pintó de otro rostro, entonces con furia lancé golpes y
golpes, se esparció el agua por completo y se desdibujó aquella silueta, me senté, respiré y
traté de tranquilizarme hasta que caí en un sueño profundo.
Desde mi refugio detrás de esa roca, permanecí oculto de los monstros de noche, ellos son
seres que roban, lastiman sin importar nada. Aunque los monstruos de mi época eran de
cartón y yo un vencedor, hoy soy temeroso, no me atrevo a ponerme de pie y hacer frente a
la guerra diaria.
Hablemos de oscuridad que se pasea por mis habitaciones, trato de aferrarme a la frase de mi
madre, pero me desvanezco en un silencio. Mientras buscaba una banqueta en el espejo de
un auto al ver mis ojos viajé a cuando tenía una cama, almohada, cobija y chocolatito caliente.
En este viaje presencié como arropaba a mi mujer, la abrasé y la besé en la frente después
me acosté y dormí. Cuando regresé a la realidad no estaba triste si no feliz, la volví a ver
unos minutos, no me importo que el perro haya robado mi comida.
Mis arrugas hablan por sí solas, mi vestimenta es distinta, a lo largo de mi vida porté trajes
finos y zapatos pulidos, en estos días me he acostumbrado al suelo que pisan mis pies, en el
espejo roto soy aquel personaje importante, un león de la jungla vestido de azul. Los viajes
de mi vida parecen no tener fin, el pelo en mi cabeza es poco. Del humo de un cigarro
escuchaba voces, volví al suelo y me cubrí el cuerpo con bolsas como un niño cuando se
asusta y se cubre con su cobija. – ¡Los monstruos vienen, vienen por mí, por mí! – exclamé.
No fue así, solo eran unas personas que me dejaban unas monedas mientras me evadían la
mirada, cuando se fueron tomé las monedas y las escondí.
Al caer la noche justo en mi sueño, viajé de nuevo, esta vez me encontré con mi padre, quería
cuestionarle algunas cosas, gritarle lo que sentía, mi corazón tenía bastante por decirle pero
mis intentos son inútiles mis manos se sentían húmedas, creía poder apoderarme de esa
realidad, pero no, era el perro que volvía a mí. Inhale profundamente tomé el espejo roto, lo
arrojé a la pared el cual se convirtió en polvo. Se que era inocente, solo es que hay culpa en
mis ojos esa que no deja dormir, el reflejo me hace daño, me muestra en lo que soy ahora.
Al amanecer estábamos los dos recostados en el suelo de un parque, los pájaros entonaron
una canción y el viento sopló levemente, el perro despertó me miró y se retiró sin saber que
mis latidos habían llegado a su fin.
Todas las cosas que me pasaron me hicieron quien soy, pero las decisiones son los caminos
que tomé, que el espejo no se apropie de tu vida, el sol brilla aun en los días más lluviosos.
FIN