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Viaje A Través Del Espejo

El texto narra un viaje introspectivo a través de la vida del protagonista, quien reflexiona sobre su niñez, el amor perdido y las sombras de su pasado. A medida que viaja en el tiempo, enfrenta sus recuerdos y emociones, desde momentos de alegría hasta el dolor de la pérdida y la soledad en su vejez. Finalmente, el protagonista reconoce que sus experiencias lo han moldeado, pero advierte sobre el peligro de dejar que el pasado defina su presente.

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Viaje A Través Del Espejo

El texto narra un viaje introspectivo a través de la vida del protagonista, quien reflexiona sobre su niñez, el amor perdido y las sombras de su pasado. A medida que viaja en el tiempo, enfrenta sus recuerdos y emociones, desde momentos de alegría hasta el dolor de la pérdida y la soledad en su vejez. Finalmente, el protagonista reconoce que sus experiencias lo han moldeado, pero advierte sobre el peligro de dejar que el pasado defina su presente.

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Viaje a través del espejo

Muchos quisieran volver a ese recuerdo que quema la piel, otros olvidar y aferrarse al

presente pero mis ojos conspiraron para que mi cuerpo fuera tan ligero como el viento, no de

una forma tan agradable, -siempre quise volar alto junto con las aves del río, para perderme

en los árboles- la realidad es que en mi vejez mi reflejo no se apiadó de mí me lleva a viajar

una y otra vez a través de mi vida, el tiempo cambia repentinamente y los días y noches se

parecen ligeramente. ¿Qué puede hacer este mendigo sin alas? El viaje es largo y vivir esos

momentos que de alguna forma se disuelven en mi mente.

Al mirar fijamente el espejo me trasladé a cuando soy un pequeño, un ingenuo niño jugando

en el jardín de mi casa, quería correr para abrazarme, hablar con mi versión tierna, pero algo

me detenía solo observaba como entre risas y risas jugaba a que era un caballero que luchaba

contra dragones.

Cerré los ojos y al abrirlos aparecí en un parque en el momento cuando conocí al amor de mi

vida, la esperaba sentado en una banca, nunca imaginé que sería el principio de algo lindo y

doloroso a la vez, en esa ocasión solo hablamos y fuimos a caminar. Pareciera una condena

el eclipse que me asecha a lo lejos. El viento se detuvo justo en el adiós, miré a un hombre

desanimado con pelo blanco y ella en cama cubierta con una tela de seda. ¿Qué podría haber

hecho? Mis ojos vieron cómo me despedía sin decir muchas palabras. Aunque gritaba con

fuerza para decirle lo que mi corazón sentía. Era inútil simplemente no pude hacer nada, es

doloroso ver morir dos veces a la misma persona.


Al cabo de unos instantes regresé a mi niñez esta vez estaba haciendo una travesura a mis

padres, por escaparme me rompí un brazo cayéndome de un árbol. Quería salir, pero mis

manos no me respondían ni siquiera mis pies seguían mis ordenes, entonces desperté en un

hospital frente a mi cuerpo con un leve pulso, me miré completo de pies a cabeza, estaba muy

herido, había perdido el conocimiento bastante tiempo. Me sorprendió que nadie preguntaba

a las enfermeras por mí. Lloré como niño al verme en ese estado.

Las sombras que me seguían en mi infancia siempre estuvieron ahí, si le asignara un color al

pasado sería gris ya que me recuerda al televisor cuando este no sintonizaba algún canal, tal

vez café por los ojos de mi madre que yace en mi memoria antes de partir a otro lugar y por

último azul por el cielo que se nubla los días malos o los días tristes. ¿Qué hay acerca del

futuro? Nada, no hay futuro, mi presente es dormir en este suelo, con frío, con hambre, siendo

evadido por el mundo, más bien no soy parte de él ya que no encajo con el reloj de los demás.

Asimilo las consecuencias de ser un viajero del tiempo, vivir mi pasado reflejado en el cristal.

Me pregunto ahora ¿a dónde me llevará este viento? ¿a qué momento me llevará mi espejo?

A cuando pronuncié mi primera palabra “MAMÁ” la conciencia se hacía presente en mí.

Recuerdo pequeñas cosas; las lágrimas de mi madre, eran frecuentes, esas no se me olvidan

me dolían aun sin saber que pasaba a mi alrededor.

Ella me recitaba un poema:

“El sol brilla aun en los días más lluviosos”

Nunca lo comprendí hasta mi adolescencia. Hoy mientras caminaba por las calles del pueblo

en un charco se reflejó mi rostro y se pintó de otro rostro, entonces con furia lancé golpes y
golpes, se esparció el agua por completo y se desdibujó aquella silueta, me senté, respiré y

traté de tranquilizarme hasta que caí en un sueño profundo.

Desde mi refugio detrás de esa roca, permanecí oculto de los monstros de noche, ellos son

seres que roban, lastiman sin importar nada. Aunque los monstruos de mi época eran de

cartón y yo un vencedor, hoy soy temeroso, no me atrevo a ponerme de pie y hacer frente a

la guerra diaria.

Hablemos de oscuridad que se pasea por mis habitaciones, trato de aferrarme a la frase de mi

madre, pero me desvanezco en un silencio. Mientras buscaba una banqueta en el espejo de

un auto al ver mis ojos viajé a cuando tenía una cama, almohada, cobija y chocolatito caliente.

En este viaje presencié como arropaba a mi mujer, la abrasé y la besé en la frente después

me acosté y dormí. Cuando regresé a la realidad no estaba triste si no feliz, la volví a ver

unos minutos, no me importo que el perro haya robado mi comida.

Mis arrugas hablan por sí solas, mi vestimenta es distinta, a lo largo de mi vida porté trajes

finos y zapatos pulidos, en estos días me he acostumbrado al suelo que pisan mis pies, en el

espejo roto soy aquel personaje importante, un león de la jungla vestido de azul. Los viajes

de mi vida parecen no tener fin, el pelo en mi cabeza es poco. Del humo de un cigarro

escuchaba voces, volví al suelo y me cubrí el cuerpo con bolsas como un niño cuando se

asusta y se cubre con su cobija. – ¡Los monstruos vienen, vienen por mí, por mí! – exclamé.

No fue así, solo eran unas personas que me dejaban unas monedas mientras me evadían la

mirada, cuando se fueron tomé las monedas y las escondí.


Al caer la noche justo en mi sueño, viajé de nuevo, esta vez me encontré con mi padre, quería

cuestionarle algunas cosas, gritarle lo que sentía, mi corazón tenía bastante por decirle pero

mis intentos son inútiles mis manos se sentían húmedas, creía poder apoderarme de esa

realidad, pero no, era el perro que volvía a mí. Inhale profundamente tomé el espejo roto, lo

arrojé a la pared el cual se convirtió en polvo. Se que era inocente, solo es que hay culpa en

mis ojos esa que no deja dormir, el reflejo me hace daño, me muestra en lo que soy ahora.

Al amanecer estábamos los dos recostados en el suelo de un parque, los pájaros entonaron

una canción y el viento sopló levemente, el perro despertó me miró y se retiró sin saber que

mis latidos habían llegado a su fin.

Todas las cosas que me pasaron me hicieron quien soy, pero las decisiones son los caminos

que tomé, que el espejo no se apropie de tu vida, el sol brilla aun en los días más lluviosos.

FIN

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