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Taller de Neurociencias en Contextos Educativos-1

El documento analiza los aportes de las Neurociencias, especialmente la Neurociencia Cognitiva y la Neuroeducación, en la comprensión y optimización de los procesos de aprendizaje en contextos educativos. Se discuten aspectos como la neuroplasticidad, el impacto de las emociones, la calidad del sueño y la actividad física en el aprendizaje, enfatizando la importancia de integrar estos conocimientos en las prácticas educativas. Además, se destaca el rol del docente en la creación de entornos de aprendizaje que favorezcan el desarrollo cognitivo y emocional de los estudiantes.

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Taller de Neurociencias en Contextos Educativos-1

El documento analiza los aportes de las Neurociencias, especialmente la Neurociencia Cognitiva y la Neuroeducación, en la comprensión y optimización de los procesos de aprendizaje en contextos educativos. Se discuten aspectos como la neuroplasticidad, el impacto de las emociones, la calidad del sueño y la actividad física en el aprendizaje, enfatizando la importancia de integrar estos conocimientos en las prácticas educativas. Además, se destaca el rol del docente en la creación de entornos de aprendizaje que favorezcan el desarrollo cognitivo y emocional de los estudiantes.

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“TALLER DE NEUROCIENCIAS EN

CONTEXTOS EDUCATIVOS”

• DIRECTORA: PROF. TERESITA ROSANA, LECCA. DIPLOMADA EN


POLÍTICAS PÚBLICAS
• CAPACITADORA: MAIDANA, VALERIA TECNICA SUPERIOR EN
JARDINES MATERNALES. LICENCIADA EN GESTIÓN EDUCATIVA

Resumen
En la actual literatura científica se alude a los aportes desde las Neurociencias para la
comprensión de los procesos de aprendizaje. Es así, como también desde las ramas de las
Neurociencias tales como la Neurociencia Cognitiva, nacen aportes específicos que
facilitan la comprensión de estos procesos. Por otra parte, la Neuroeducación como nueva
disciplina propone tomar estos aportes desde las Neurociencias para la mejora de las
prácticas educativas,y con ello optimizar los aprendizajes. El presente artículo tiene como
objetivo analizar los aportes teóricos vigentes desde las Neurociencias, para comprender
el aprendizaje situado en los contextos educativos. Para ello, se alude a la relación de los
conceptos Neurociencias, Neurociencia Cognitiva y Neuroeducación. Además, se
analizan los principales aportes desde las Neurociencias para comprender los procesos
de neuroplasticidad, y el impacto de las emociones, la calidad del sueño, la actividad
física y los contextos sociales en el aprendizaje. Por último, se discute sobre la
importancia de estos aportes y de qué modo orientan el rol docente y las prácticas
educativas para que permitan el alcance de aprendizajes significativos.

Introducción
El proceso de aprendizaje ha sido estudiado a lo largo de la historia desde diferentes
disciplinas, tales como la filosofía, la psicología y otras afines. Asimismo, es el elemento
central que moviliza los procesos educativos. En la actualidad, el avance científico y la
tecnología han permitido que los estudios sobre el aprendizaje sean abundantes, sobre todo
vinculados al sustrato de dicho complejo proceso: el cerebro. Las investigaciones
efectuadas desde las variadas ramas de las Neurociencias han generado contribuciones
abundantes, aunque específicas, que en ocasiones no se articulan directamente con los
procesos educativos. Sin embargo, de manera reciente se ha evidenciado el esfuerzo desde
diversos autores, quienes buscan vincular los aportes desde estas ciencias con el contexto
educativo. Esta vinculación permite tomar dichos hallazgos para alcanzar la comprensión
de los procesos de aprendizaje, así como tomar consideraciones que permitan mejorar
dichos procesos.
El siguiente artículo consiste en un análisis teórico que considera los diferentes aportes que
la evidencia científica da desde las Neurociencias, y sobre todo desde la Neurociencia
Cognitiva y la Neuroeducación para comprender los procesos de aprendizaje, vinculados al
ámbito de la Educación. La composición de este artículo se llevó a cabo desde una revisión
documental específica centrada en este tema, considerando publicaciones de revistas
indexadas y libros actuales afines.
La necesidad de contar con una revisión bibliográfica que vincule los aportes entre
Neurociencias y Educación permite establecer un puente entre ambas áreas. Este puente es
el Aprendizaje. Dicho proceso es la meta para lograr en los contextos educativos, mientras
que para las Neurociencias –y sobre todo para la Neurociencia Cognitiva y la
Neuroeducación- es el objeto de estudio. Algunos autores han hecho esfuerzos para
establecer este vínculo, considerando las limitaciones propias de cada área a nivel de
naturaleza y lenguaje (Goswami, 2015). Sin embargo, estas publicaciones aún son escasas,
sobre todo en idioma español. A partir de los aportes de este tipo de revisiones se puede
masificar la difusión de las relaciones entre estas áreas, que usualmente se visualizan como
distantes, pero que en realidad deben complementarse para favorecer los procesos de
enseñanza y aprendizaje del estudiantado. Asimismo, para la difusión de orientaciones que
permitan generar herramientas para optimizar los aprendizajes, en base a la evidencia desde
las Neurociencias.
En este artículo, primeramente, se considera la conceptualización y relación entre los
términos Neurociencias, Neurociencia Cognitiva y Educación y su vinculación con el
aprendizaje en contextos educativos. En segundo lugar, se analizan los principales aportes
desde las Neurociencias para comprender los procesos de neuroplasticidad y cómo los
entornos de aprendizaje influyen en ello. Posteriormente, se alude a los aportes para
comprender la relevancia de las emociones tanto positivas como negativas en la calidad de
los aprendizajes. En cuarto lugar, se analiza cómo una adecuada higiene del sueño y la
actividad física contribuyen al alcance de aprendizajes de mayor calidad. Luego, se plantean
los aportes para comprender el rol de las neuronas espejo para el aprendizaje en contextos
sociales. Por último, se efectúa una discusión y las conclusiones, referidas a la importancia
de estas contribuciones neurocientíficas para la comprensión y la optimización de los
aprendizajes, considerando tanto el rol docente y las prácticas de aula como elementos
clave.
Neurociencias, Neurociencia Cognitiva y Neuroeducación ¿Cómo se vinculan estos
conceptos?
Las Neurociencias son el conjunto de ciencias y disciplinas científicas y académicas que
estudian el sistema nervioso, centrando su atención en la actividad del cerebro y su relación
e impacto en el comportamiento (Gago & Elgier, 2018). Se presenta como una rama de
investigación bastante reciente cuyo origen se remonta a la década de 1960 (Borck, 2016),
abordando aspectos neurobiológicos de la conducta apoyados en la psicología cognitiva,
la lingüística, la antropología y la inteligencia artificial, entre otros. Además, se trata de un
conjunto de ciencias cuyo interés por ser estudiadas ha aumentado durante la última década
del siglo XX (Martín-Loeches, 2015). Desde las Neurociencias se identifican varias
ciencias y disciplinas vinculadas, tales como la neurobiología, neurofisiología,
neuropsicología, neuroquímica, neuroanatomía, neuromarketing, neuroliderazgo,
neuroeconomía, neuromanagement, neurogenética, neurociencia computacional, entre
otras (Barrios, 2016; Braidot, 2013; Leopoldo & Joselevitch, 2018). Asimismo, se ha
iniciado su aplicación en diferentes campos como la filosofía, la ética, la sociología, el arte,
la economía e incluso la educación (Comins-Mingol & París-Albert, 2013).
En tal contexto, destacan dos conocidas líneas de trabajo vinculadas a las Neurociencias y
el Aprendizaje: la Neurociencia Cognitiva y la Neuroeducación. La primera, puede
comprenderse como la rama de las Neurociencias dedicada a estudiar las relaciones entre
el sistema nervioso y la cognición humana. Por ello suelen describirla también como un
área científica que nace de la convergencia de dos disciplinas: la Psicología Cognitiva que
estudia las funciones mentales superiores y las Neurociencias, que estudian el sistema
nervioso que las sustenta (Redolar, 2013). Por otra parte, y según la literatura reciente, la
Neuroeducación se entiende como aquella disciplina que se ocupa de indagar y difundir
sobre la optimización del proceso de enseñanza y aprendizaje con base en el
funcionamiento del cerebro y los fundamentos neurobiológicos que lo sustentan. Por lo
tanto, su propósito esencial sería el de aplicar sus hallazgos al mejoramiento del proceso
educativo, buscando comprender cómo el cerebro cambia y se adapta durante el
aprendizaje (Mora, 2017; Valerio, Jaramillo, Caraza & Rodríguez, 2016). Lo expuesto
pone de manifiesto la fuerte relación existente entre las dos ramas vinculadas a las
Neurociencias. Ambas se enfocan en indagar y comprender cómo aprende el cerebro. Por
tanto, pueden contribuir, en gran manera, a proporcionar nuevas técnicas para potenciar
los procesos de aprendizaje y del desarrollo cognitivo, sus mecanismos causales, las
variables que los afectan y una manera práctica de analizar la eficacia de diferentes
pedagogías que conlleven a una formación equitativa y de calidad (Goswami, 2015).
También, resultaría clave para ayudar a resolver los problemas neurofuncionales que
afectan a los estudiantes en todas las etapas del sistema educativo (Blanco, Miguel, García-
Castellón & Martín, 2017).
Para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea efectivo se requiere intencionar el
aprendizaje de los aprendices, considerando los componentes cognitivos, así como los
emocionales; por ejemplo: el interés respecto de lo que están aprendiendo. En tal escenario,
la Neurociencia Cognitiva y la Neuroeducación se instauran según la literatura actual como
áreas potenciales para optimizar el diseño y estrategias educativas al brindar lineamientos
para el mejoramiento de la enseñanza-aprendizaje, en base al estudio tanto teórico como
empírico de los procesos mentales del cerebro, tales como el pensamiento, la memoria, la
atención y procesos de percepción complejos.
Valerio et al. (2016) sintetizan una serie de prácticas que diversos investigadores de las
Neurociencias proponen para poder ser utilizadas dentro del salón de clases. Por ejemplo,
en relación con la atención, utilizar pausas en los niveles de atención que den tiempo de
asimilar cada nuevo aprendizaje. En cuanto a la motivación, desarrollar actividades
placenteras que reduzcan el estrés y propicien la curiosidad y perseverancia. Para la
memoria, recomiendan las repeticiones en distintos escenarios que facilitan la
memorización duradera y activar un conocimiento ya almacenado que permita conectar el
nuevo conocimiento, entre otras.
La base para el aprendizaje constante: La plasticidad neural
La plasticidad neural consiste en la capacidad de las diferentes redes neuronales de nuestro
cuerpo para modificarse a lo largo de nuestro desarrollo ontogenético (Gago & Elgier,
2018).Por tanto, la neuroplasticidad reconoce el papel fundamental que el ambiente ejerce
en la modulación de la actividad genética, permitiéndole al sujeto realizar una
reconstrucción propia a partir de la interacción del genoma con el ambiente. Es importante
comprender, que dicha flexibilidad de las neuronas es de conexión, desconexión y
reconexión constante, dependiendo fundamentalmente de cuán consolidadas se encuentren
estas redes interconectadas y cuánto se usen en la vida cotidiana. Más específicamente, la
neuroplasticidad puede entenderse como la potencialidad del sistema nervioso de
modificarse tanto anatómica como fisiológicamente para formar conexiones nerviosas en
respuesta a la información nueva, la estimulación sensorial, el desarrollo, la disfunción o
el daño (Garcés-Viera & Suarez-Escudero, 2014). Es decir, la plasticidad cerebral se
origina por y para responder a procesos adaptativos que son frutos de la estimulación
ambiental (Justel & Diaz, 2012).
Considerando los antecedentes expuestos, es posible comprender que educar es cambiar
las posibilidades del cerebro. Por tanto, magnifica la relevancia de la labor docente en el
desarrollo efectivo del proceso de formación del estudiantado. Ello evidencia que el éxito
formativo no nace espontáneamente por la masificación de un tipo de enseñanza única y
de carácter reduccionista, sino que el sistema educativo debería brindar la posibilidad de
ajuste a las diversas maneras de aprendizaje de las personas bajo un modelo educativo
centrado en el bienestar de sus participantes. No obstante, es importante destacar que aún
cuando la educación y el aprendizaje cambian y afectan de manera importante las bases
biológicas del cerebro, no se pueden desatender otros elementos que intervienen sobre el
aprendizaje, el desarrollo cerebral y la propia formación del ser humano. Tanto el ámbito
educativo en todos sus niveles, así como el ambiente sociocultural cotidiano en el cual se
desarrolla la mayor parte de los actores del proceso educativo, deben contribuir
conjuntamente al desarrollo integral que persigue la educación (Barrios, 2016). Así, no
solo se debería tener conciencia de la relación entre educación y aprendizaje con las bases
neuronales y biológicas de estos procesos. También se debería conocer y considerar
estrategias para fortalecer aspectos del entorno sociocultural que influyen en el desarrollo
cerebral de los educandos, los cuales podrían ser causantes de desequilibrios y/o brechas
educacionales.
El aprendizaje con base en las emociones
Las Neurociencias han demostrado que las emociones positivas facilitan la memoria y el
aprendizaje pues ayudan a mantener la curiosidad y la motivación, condiciones
trascendentales para un aprendizaje efectivo y duradero (Mora, 2017). A nivel
neurofisiológico, las emociones activan el hipocampo -que está relacionado con la
memoria y el aprendizaje-, anclando mejor los conocimientos obtenidos. De este modo,
produce recuerdos de tipo emocional con la mediación de la amígdala cerebral, facilitando
su posterior evocación. Existe, así, un entrecruzamiento entre la emoción y la memoria
que genera recuerdos fuertemente sostenidos en la memoria a largo plazo, con mayores
posibilidades de ser recuperado y por tanto consolidado.
Si las emociones que se asocian a la experiencia de aprendizaje son de carácter negativo
-tales como la ansiedad, el miedo, el nerviosismo, la preocupación, la tristeza, la ira-
actuarían como barreras del proceso enseñanza-aprendizaje. Específicamente,
entorpecerían el anclaje de los conocimientos nuevos en la mente debido a la liberación
de la hormona del estrés o cortisol. De forma crónica, estas situaciones negativas podrían
causar trastornos en los procesos cognitivos fundamentales para el rendimiento
académico y el aprendizaje de competencias para la posterior vida laboral. La
emocionalidad influye significativamente en el aprendizaje de una persona, pues ellas
condicionan las acciones posibles para su alcance (Pacheco, Villagran & Guzmán, 2015).
Asimismo, las emociones son las que determinan la toma de decisiones en la zona
prefrontal del cerebro (Meltzer, 2018). Por tanto, si las emociones son no gratas, afectarían
negativamente la predisposición a aprender cosas nuevas o a establecer contactos con
otros, impidiendo al estudiante generar conexiones con los demás.
A modo de reflexión, es importante considerar la enseñanza misma como una experiencia
emocional en la que intervienen tanto procesos cognitivos como afectivos. La práctica de
la enseñanza implica una gran cantidad de trabajo emocional que compromete nuestro
sentir en las interacciones relevantes que se dan con nuestros estudiantes, familiares y
compañeros (Dávila, Borrachero, Brígido & Costillo, 2014).
Por ello, y respecto al rol docente, es importante desarrollar la capacidad de actuar para
transformar y autorregular las emociones en el propio aprendizaje, tanto en los aprendices
como en los enseñantes (Brígido, Caballero, Bermejo, Luisa, & Mellado, 2009). Todo
profesor actúa como un factor motivacional dual, que puede aumentar, promover,
restringir o desmotivar al estudiante. Dichas acciones pueden causar incluso frustración,
insatisfacción o resentimiento (González, 2006).
Actividad física y calidad del sueño para fortalecer el aprendizaje
La actividad física es un tema de sumo interés para la Neuroeducación, que puede traer
aparejada una mejora general de las funciones cognitivas, mayor autoestima, y beneficiar
a personas diagnosticadas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
(TDAH), ansiedad o depresión, además de prevenir el síndrome de Burnout en estudiantes
(Gago & Elgier, 2018). El ejercicio también mejora la predisposición física y psicológica
hacia el aprendizaje, aumentando los niveles de motivación y atención (Blakemore & Frith,
2007). Las autoras plantean que a nivel neuronal el ejercicio físico actúa como un
neuroprotector de ciertos tipos de células cerebrales y que el estrés celular leve que produce
el ejercicio genera mayores grados de motivación y activación a lo largo de las clases,
mejorando el nivel académico y disminuyendo los niveles de estrés.
Existe vasta evidencia científica que confirma cómo favorece la actividad física y mejora
los procesos cognitivos durante la niñez y la adolescencia (Sibley & Etnier, 2003). Algunos
de estos estudios explican tales beneficios argumentando que la práctica de actividad física
genera un aumento del flujo sanguíneo cerebral, cambios en la liberación de
neurotransmisores, cambios estructurales en el sistema nervioso central y altos niveles de
excitación (Hernández & Portolés, 2016).
Respecto de la calidad del sueño, dormir adecuadamente también reduce los niveles de
estrés y promueve la capacidad memorística, siendo un factor preponderante para el
aprendizaje. En efecto, en la actualidad diversas investigaciones, tanto experimentales
como clínicas, han demostrado que el sueño tiene efectos positivos sobre distintos tipos de
memoria (Carillo-Mora, Ramírez-Peris, & Magaña-Vásquez, 2013). Según la literatura,
esto se debería al ritmo circadiano de cada persona, el cual se encuentra asociado a los
cambios de luz-oscuridad que se dan durante el día y la noche. Es en esta fase de sueño
cuando las neuronas generan procesos de limpieza de las toxinas, regeneración celular y
consolidación de los aprendizajes (Blackemore y Frith, 2007). Cuando los hábitos del
sueño se ven desregulados pueden surgir trastornos del sueño, perjudicando así el
rendimiento de la persona al afectar distintas funciones cognitivas. Algunas disfunciones
posibles son: alteración de la capacidad de juicio, disminución de la flexibilidad cognitiva,
alteraciones del humor -irritabilidad y enojo-, fatiga excesiva y presencia de
“microsueños” involuntarios, el tiempo de reacción se prolonga, aparece el
enlentecimiento cognitivo, entre otros (Carillo-Mora et al., 2013).
En el ámbito estudiantil estos problemas son particularmente comunes en los adolescentes
y jóvenes universitarios, segmentos etarios más proclives a presentar una baja calidad de
sueño dado que suelen dormirse muy tarde. Dicha situación genera conflicto con sus
labores académicas matutinas, especialmente cuando las materias más complejas de
estudiar se ubican al principio de la jornada de clases. Estos aspectos nos hacen reflexionar
sobre la importancia del sueño para el aprendizaje y la necesidad de establecer acciones
para la prevención de las alteraciones del sueño -medidas de higiene del sueño-,
direccionados a mejorar la calidad de vida de nuestros estudiantes.
Neuronas espejo y aprendizaje en contextos sociales
Las neuronas espejo -también conocidas como neuronas especulares o neuronas cubelli-,
son un tipo de neuronas que nos permiten comprender a los demás y nos vinculan con la
postura emocional de la otra persona. Son neuronas que se activan al realizar cierta acción
y al observar las acciones de un semejante, entregando un entendimiento neurobiológico
de la empatía y la teoría de la mente (Arboccó de los Heros, 2016; Gago & Elgier, 2018).
Por ende, se supondría que son las precursoras del aprendizaje por imitación, la interacción
del yo y la comprensión social, las actitudes, el prejuicio, el consenso social, el rechazo
social y la toma de decisiones sociales (Pineda, 2016). Todas estas son procesos claves que
caracterizan las relaciones humanas e identifican a los seres humano como seres sociales
capaces de desarrollar un comportamiento empático y comprensivo de las emociones de
los demás. Esto facilita el aprendizaje cooperativo, la adquisición de pautas de
comportamiento y la transmisión de la cultura. Se cree que sin la existencia de las neuronas
espejo, la imitación sería simplemente una reproducción mecánica de lo observado.
Asimismo, que no atendería al estado emocional y/o mental de los demás, dificultando la
capacidad de ser conscientes sobre lo que están experimentando otras personas. Además,
que afectaría la comunicación efectiva. En las organizaciones educacionales la
comunicación es un proceso clave para la gestión educativa. Implica el cumplimiento de
reglas, normas, políticas y lineamientos indispensables para la obtención de un ambiente
de armonía y estabilidad, facilitando el trabajo en grupo (Romero, Monzan & Hernández,
2014).
Por ende, comprender cómo funcionan las neuronas espejo no solo es útil para mejorar el
rol de los agentes educativos y la convivencia escolar. También ayudaría a deliberar
estrategias potenciales para solucionar problemas que pueden causar disfunciones en el
plano relacional -profesor-aprendiz, aprendiz-aprendiz-. El aprendizaje, como se ha
revisado a lo largo de este artículo, no solamente depende de la condición genética propia
de cada individuo, sino que también del entorno próximo y del contexto socio-cultural en
el que se desarrolla. De esta forma, los profesores pueden idear estrategias para generar en
el aula climas emocionales positivos que fomenten el aprendizaje compartido, en que unos
y otros colaboran cooperativamente en pos del progreso general del curso. También,
considerando el rol de docentes como referentes, se posibilitaría guiar el aprendizaje de los
estudiantes y establecer pautas o modelos para la resolución de problemas. Esta guía o
mediación no debe incluir solamente la enseñanza de contenidos temáticos teóricos, sino
que también la integración de ideas, valores y actitudes, tan importantes como los
conocimientos impartidos.
Discusión y conclusiones sobre los aportes desde las Neurociencias para la
comprensión de los procesos de aprendizaje

Los aportes desde las Neurociencias son de suma importancia para comprender y buscar
mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Actualmente se reconoce que el rol
docente es esencial dentro del proceso formativo de los estudiantes pues no se limita a
una mera transferencia de conocimientos, sino que el proceso interactivo alumno-profesor
produce cambios a nivel biológico, cognitivo y emocional. Y precisamente, bajo las
condiciones y contexto del mundo globalizado actual, se requieren de estrategias
innovadoras que permitan intencionar de manera más efectiva el aprendizaje de los
educandos despertando su interés y motivación hacia el aprendizaje con sentido y
reflexión.
En este proceso de aprendizaje deben establecerse pautas que permitan el desarrollo
integral del alumno. Dentro de estas pautas, es importante mejorar y potenciar aspectos
básicos como el estilo didáctico de la clase, el ambiente de la sala de clases -tanto físico
como humano-, plan de estudios, estrategias evaluativas, la configuración horaria de las
clases, el material didáctico entregado -digital, tradicional-. Además, mantener la
preocupación por el nivel de actividad física, los hábitos de alimentación, el sueño, las
emociones de los aprendices como parte del proceso natural para aprender.
Por las razones antes mencionadas, se concluye que una educación efectiva enfrenta el
desafío de configurar un modelo de educación integral, centrado en el estudiante y basado
en el uso de metodologías activas de enseñanza-aprendizaje (Arruti, 2015). Ello implica,
reconocer la relevancia de incorporar estrategias y herramientas orientadas hacia un
aprendizaje experiencial, vivencial y significativo, en desmedro de la utilización de
métodos convencionales pasivos de enseñanza, que no solo arriesgan la autonomía del
educando, sino que pueden llegar a inhibir el desarrollo de actitudes y competencias
emprendedoras, esenciales para su formación como agente de cambio social (Gibb, 2002;
Kirby, 2004; Osorio & Pereira, 2011). Por lo demás, implica atender un rol docente
renovado, capaz de generar espacios para la reflexión, la crítica, el trabajo en equipo y
la autoformación, bajo un contexto donde las ideas se conviertan en acción (Sánchez,
Ward, Hernández & Florez, 2017).

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