ÍNDICE
INDICE………………………………………………………………………. 1
RESUMEN…………………………………………………………………...
2
PALABRAS CLAVES……………………………………………………….
3
INTRODUCCIÓN…………………………………………………………..
4
DESARROLLO DEL TEMA……………………………………………...
5-11
CONCLUSIONES…………………………………………………………...
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BIBLIOGRAFIA……………………………………………………………...
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RESUMEN
Las partes procesales son las personas que intervienen en un proceso
judicial para reclamar una determinada pretensión o resistirse a la
pretensión formulada por otro sujeto. A la persona que ejercita la
acción se le llama “actor”, “parte actora” o bien “demandante”. A la
persona que se resiste a una acción se le llama “parte demandada” o
simplemente “demandado”.
Según Berzosa para que pueda constituirse un verdadero proceso en
necesaria la existencia de dos partes que se sitúan en posiciones
contrapuestas: actor o demandante y demandado, en el orden civil;
acusador y acusado en el orden penal. Esta dualidad de posiciones
permite que cualquiera de ellas esté integrada por varias personas,
dando lugar a un supuesto de pluralidad de partes. Lo que no permite
es que una o varias personas ocupen una posición distinta o una tercera
posición. No es posible intervenir en calidad distinta a la de
demandante-acusador y demandado-acusado, ni lo es tampoco
desarrollar un proceso con una única parte.
En la proceso romano la dualidad de partes no era una mera exigencia
genérica o requisito establecido respecto al proceso en abstracto, sino
más bien un requisito que encontraba concreción en cada proceso
singular. Podríamos decir en definitiva que sobre todo en el proceso
“per formulas”, se exigía la presencia y actuación de ambas partes
procesales (actor y demandado), y por lo tanto se encontraba muy
alejado de nuestra actual concepción del proceso civil, en cuanto a la
caracterización de la comparecencia como carga procesal. Ahora bien
esa exigencia de la existencia de un sujeto en la posición de actor y de
otro en el demandado, es ya compatible con la idea o fenómeno de la
pluralidad sujetos en una de tales posiciones.
Ya hay jurisprudencia por ejemplo de la Segunda Sala Civil de La Corte
Superior de Justicia de La Libertad en Lima Peru de fecha 02 de julio de
2004, con respecto al tema en estudio manifiesta: que en el proceso
civil y por extensión en los procesos de acciones de garantía, rige el
denominado principio “bilateridad o dualidad de partes”, el cual se
manifiesta en dos posturas antagónicas: la parte demandante y la parte
demandada. El proceso judicial surge de un proceso intersubjetivo, y
ello permite deducir la presencia de dos partes enfrentadas. Ahora
bien, alrededor de cada una de las partes demandante y demandado-
pueden situarse una pluralidad de personas independientes
jurídicamente entre sí.
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PALABRAS CLAVES
1.- Dualidad
2.- Posiciones
3.- Pluralidad de partes
4.- Litisconsorcio
5.- Demandante
6.- Demandado
7.- Controversia
8.- Jurisprudencia
9.- Bilateridad
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INTRODUCCIÓN
Es necesario en el principio de dualidad de posiciones deben
existir, valga la redundancia dos posiciones como ser el demandante y
el demandado con una contraposición de intereses, pero cuando en los
tribunales no aparecen las posiciones de parte estamos ante una
actividad judicial pero no jurisdiccional. Si solo existiera una parte no
se daría el principio ya que no contempla el auto proceso, para que sea
un verdadero proceso debe existir un litigio entre las dos partes.
Es un principio general del derecho procesal civil en relación a las
partes, por lo cual en esta nueva legislación no tiene cambios sino que
se define de manera explícita, con el aporte de legislaciones
internacionales que coadyuvaron a realizar nuestro nuevo código
procesal civil.
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DUALIDAD DE POSICIONES.
Naturalmente, los principios relativos a las partes no sufren
ningún cambio, habiéndose procedido a una regulación explícita o
mejorada: Dualidad de posiciones, contradicción e igualdad.
El Principio de Dualidad de Posiciones.i
Las partes procesales son las personas que intervienen en un proceso
judicial para reclamar una determinada pretensión o resistirse a la
pretensión formulada por otro sujeto. A la persona que ejercita la
acción se le llama “actor”, “parte actora” o bien “demandante”. A la
persona que se resiste a una acción se le llama “parte demandada” o
simplemente “demandado”.
El principio de dualidad de partes implica que como regla general, en
todos los procesos, las partes ocupan siempre una de estas posiciones o
roles: demandante o demandado. Puede haber mas de dos partes en el
proceso, pero en principio cada una de ellas debe situarse en una de
estas posiciones ( es decir puede haber varios demandantes o varios
demandados).
En ocasiones, la posición de las partes puede cambiar a lo largo del
proceso. Por ejemplo alguien puede ser llamado a un proceso como
demandado para darle la oportunidad de defender sus intereses y esta
parte puede decidir asumir las pretensiones del demandante y
defenderlas frente a otros demandados. También es posible que los
papeles se inviertan a través de la reconvención, que implica que el
demandado reclama a su vez una determinada pretensión al
demandante.
Los clásicos principios relativos a las partes no sufren como es natural
ningún cambio, habiéndose procedido a una regulación o explícita o
mejorada. Así se mantienen y consagran explícitamente.
El principio de dualidad de posiciones, ii afirmado en el art. 4 del código
procesal civil que establece “Todas las partes, considerando la dualidad
de posición es, tienen derecho a ser oídas por el órgano jurisdiccional
antes de adoptar cualquier decisión que afecte directa o indirectamente
a la resolución que ponga fin al proceso ordinario o especial, así como
para la adopción de medidas cautelares y en la fase de ejecución, salvo
que voluntariamente se coloquen en situación de rebeldía, o que sea
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contraría la audiencia a la propia finalidad del acto, lo que deberá estar
expresamente”.
Según Berzosa para que pueda constituirse un verdadero
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proceso en necesaria la existencia de dos partes que se sitúan en
posiciones contrapuestas: actor o demandante y demandado, en el
orden civil; acusador y acusado en el orden penal. Esta dualidad de
posiciones permite que cualquiera de ellas esté integrada por varias
personas, dando lugar a un supuesto de pluralidad de partes. Lo que no
permite es que una o varias personas ocupen una posición distinta o
una tercera posición. No es posible intervenir en calidad distinta a la de
demandante-acusador y demandado-acusado, ni lo es tampoco
desarrollar un proceso con una única parte.
La dualidad de posiciones es estrictamente, en muchos casos, dualidad
de partes: un actor y un demandado, un acusador y un acusado; pero
permite, también, tanto en el orden civil como en el penal la pluralidad
activa o pasiva de partes, e, incluso, la presencia de varias personas en
ambas posiciones.
La dualidad de posiciones, si se intenta construir un auténtico proceso,
genera el principio de audiencia. Este principio se formula o se enuncia
en los siguientes términos: nadie puede ser condenado sin ser oído.
De acuerdo con Vázquez Sotelo podemos decir que:
1.- Todo proceso requiere como mínimo dos partes o dos posiciones
parciales, una la del actor y otra la del demandado. Esta exigencia ya la
expresó BÚLGARO en su aludida definición del juicio como actus ad
minus triumpersonarum: todo juicio requiere como mínimo tres
personas: el actor (actore intendentes), el demandado (reus
intentionem evitando) y el juez (iudice in medio cognoscendi).
2.-La dualidad de partes significa que no es admisible la figura del auto
proceso, que sería una trasposición al campo del proceso de la figura
del auto contrato del Derecho Civil.
Un juicio contra sí mismo o consigo mismo carece de sentido. No
obstante a veces se defiende la posibilidad de que alguien litigue frente
a sí mismo por ostentar dos cualidades distintas, cada una de las cuales
haría valer en una posición de parte. Se interpreta entonces el
principio de dualidad de partes como dualidad de posiciones.
3.- La dualidad de partes no exige que en cada una exista una sola
persona (un demandante y un demandado). Por el contrario, se admite
que en cada posición de parte puedan concurrir múltiples personas
(múltiples demandantes o múltiples demandados y ambas cosas a la
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vez). Se producen entonces las situaciones litisconsorciales que nuestra
LEC regula como acumulación de acciones (arts. 153 y 156 LEC)
Pluralidad de Litigantes, regulado en el artículo 68 del código procesal
civil hondureño el cual establece que “hay litisconsorcio cuando dos o
más personas litigan en forma conjunta, como demandantes o
demandados, porque formulen pretensiones basadas en un mismo título
o causa de pedir, porque sus pretensiones sean conexas, o porque la
sentencia a dictarse respecto de uno pudiera afectar al otro.
El articulo 69 regula el litisconsorcio necesario que establece que “1.-
cuando la decisión de fondo a recaer en el proceso afecte de manera
uniforme a varias personas consideradas en su conjunto, solo será
dictada válidamente si todos demandan o son demandados según se
trate de litisconsorcio activo o pasivo. 2.- El juez de oficio, o a instancia
de parte puede integrar la posición de parte actora o demandada
emplazando a las personas interesadas, si de la demanda o de la
contestación parece evidente que la decisión a recaer en el proceso les
va afectar.
El articulo 70 regula el litisconsorcio voluntario y establece que
“cuando la decisión a fondo a recaer en el proceso nazca de un mismo
título o se funde en una misma causa de pedir y afecte a varias
personas, podrán comparecer como litisconsortes voluntarios”,
podemos observar que en este caso, cuando se afectan los intereses de
ciertas personas estas pueden venir a formar parte del proceso, no
necesariamente solo las que han estado desde el inicio del proceso.
En su libro la jurista manifiesta que se admite de forma unánime
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la vigencia del principio de dualidad de partes. En el proceso civil
necesariamente han de existir dos posiciones parciales: la de alguien
que pide (actor) y la de otro contra o frente a quien se pide
(demandado). La idea de contraposición, contradicción o controversia
(una parte frente o contra otra) es pues esencialmente constitutiva del
proceso, pues sin ella no existiría, ni habría por tanto un objeto
sometido a la cognición del juzgador.
Tal idea de la dualidad de partes, desde el punto de vista de los
integrantes del proceso, se concreta en la existencia de las dos
posiciones (demandante y demandado). Cada una de esas dos
posiciones además de existir, ha de estar ocupada por sujetos
totalmente individualizados y concretos, con independencia de que sean
personas físicas o jurídicas, de que sean varias personas físicas o
jurídicas en cada posición o en una sola y de su conducta mas o menos
activa en el desarrollo del proceso ([Link]. que el demandado o
demandados emplazados en legal forma permanezcan en constante
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rebeldía). El proceso civil, pues, requiere las dos posiciones o posturas
o partes en su dimensión estrictamente formal: las partes han de ser
necesariamente dos y en posiciones contrarias, partes que seguirán por
tanto siendo dos aunque sean simples o complejas.
En relación al principio de dualidad de posiciones MONTERO dice que
“en el proceso han de existir necesariamente dos posiciones, pero parte
se identifica con sujeto individual, en el sentido que una posición (o las
dos) pueden estar ocupadas por dos o más partes y todos ostentar la
condición con la plenitud de sus efectos”.
Para GUASP el principio de dualidad de las partes quiere decir que “en
todo proceso aparecen las partes en dos posiciones, precisamente dos,
de manera que no puede haber proceso sin partes o con una sola parte,
o procesos con tres partes o mas”.
Evolución Histórica
En la proceso romano la dualidad de partes no era una mera exigencia
genérica o requisito establecido respecto al proceso en abstracto, sino
más bien un requisito que encontraba concreción en cada proceso
singular. Podríamos decir en definitiva que sobre todo en el proceso
“per formulas”, se exigía la presencia y actuación de ambas partes
procesales (actor y demandado), y por lo tanto se encontraba muy
alejado de nuestra actual concepción del proceso civil, en cuanto a la
caracterización de la comparecencia como carga procesal. Ahora bien
esa exigencia de la existencia de un sujeto en la posición de actor y de
otro en el demandado, es ya compatible con la idea o fenómeno de la
pluralidad sujetos en una de tales posiciones.
Legislación Españolav
La actividad jurisdiccional de los tribunales, el ejercicio de la potestad
que la Constitución Española (art. 117.3) les atribuye en exclusiva,
exige como presupuesto la iniciativa de las partes (nemo iudex sine
actore), pues el fin primordial de la jurisdicción es la resolución de
conflictos y la protección de los derechos de los ciudadanos.
De aquí que las partes sean, como el juez, inherentes a la estructura
personal de todo proceso, que es actividad de tres sujetos y del mismo
modo que no puede concebirse ninguna actuación jurisdiccional sin un
juez imparcial, tampoco cabe representarla sin que existan partes
procesales enfrentadas.
Estamos haciendo referencia a un concepto de parte exclusivamente
procesal: partes son, pues, quienes en tal condición figuran en el
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proceso y únicamente por esa razón, con independencia de los sujetos
que pueden integrar la relación jurídica material controvertida.
Partiendo de este concepto, quien no ocupa la posición de parte ostenta
la consideración procesal de tercero, quien no es parte no puede actuar
como tal por muchos vínculos jurídicos que tenga con el objeto litigioso
y al propio tiempo, tampoco puede verse afectado por las resultas del
proceso.
Aún cuando en la mayoría de los casos vengan a coincidir los sujetos de
la relación jurídica material y las partes llamadas a intervenir en un
proceso, es necesario dejar sentado que se trata cabalmente de dos
planos jurídicos diferentes. En el proceso se actúa con independencia
de la titularidad del derecho controvertido, porque ésta es en realidad
una cuestión que sólo se podrá resolver en la sentencia, al final del
proceso.
Partes es el dominus litis, quien asume la titularidad de las relaciones
procesales, con las cargas y obligaciones, con las expectativas y
responsabilidades inherentes a su posición.
En todo el proceso civil siempre deben cumplirse los principios que han
de informarlo: Principio de dualidad de parte, contradicción e Igualdad
de armas que se exigen en la CE para estar ante un verdadero proceso
jurisdiccional.
DUALIDAD DE POSICIONES: En el proceso existen siempre dos
posiciones de parte: la activa y la pasiva; de un lado, la persona o
personas que interponen la pretensión ante el órgano jurisdiccional y
que pretende obtener la tutela judicial, de otro, aquel frente a quien esa
tutela se solicita. Las dos posiciones, la de actor y la de demandado,
han de quedar fijadas desde el primer momento del proceso: desde el
escrito de demanda o la demanda sucinta.
Esta primera determinación no obsta a fenómenos que se pueden
producir a lo largo de la tramitación del proceso, como en el caso de la
intervención, de cambio de partes o de sucesión, que permiten la
entrada de sujetos ocupando la posición de parte en el curso del
proceso sin haber presentado la demanda o sin haber figurado en ella
como demandado.
La doble postura procesal, el principio de dualidad de partes, es
trasunto del conflicto que debe estar subyacente en todo proceso, sin
que sea posible el autoproceso, ni el proceso en el que no exista una
contraposición de intereses. Por tanto, cuando en actuaciones ante los
tribunales de justicia no aparecen las dos posiciones de parte, podemos
decir seguramente que nos encontramos ante una actividad judicial,
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pero no jurisdiccional; es el caso de los actos de jurisdicción voluntaria.
De no existir litigio estaremos ante actuaciones judiciales, pero nunca
ante un verdadero proceso.
Los sujetos que ocupan en la demanda las dos posiciones, activa y
pasiva, se denominan en el proceso civil demandante o actor y
demandado. Pero a medida que se desarrolla el proceso, pueden recibir
distintas denominaciones, según la posición procesal que vayan
ocupando; así, con independencia de su respectiva condición inicial, en
fase de recurso se denomina recurrente a quien impugna la resolución
judicial y recurrido al contrario ( cuando se trata de recurso de
apelación se llama apelante y apelado); del mismo modo, se habla de
ejecutante cuando nos referimos a la parte que obtuvo resolución
favorable e insta judicialmente la realización forzosa de lo ordenado, y
de ejecutado respecto de la parte frente a quien las actividades de
ejecución se han de realizar.
La dualidad de posiciones ha de reservar los principios de contradicción
o audiencia bilateral y de igualdad, principio éste que exige una
equivalencia entre las obligaciones, cargas, expectativas y derechos de
los litigantes.
La dualidad no implica, sin embargo, que haya de ser dos el número de
sujetos normalmente llamados a intervenir como partes: un solo actor
contra un solo demandado; antes bien, en cada una de estas posiciones
pueden litigar o deben comparecer, según los casos, varias personas.
Estamos ante los supuestos de pluralidad de partes, bien tenga lugar
inicialmente, bien se produzca de forma sobrevenida.
Ya hay jurisprudencia por ejemplo de la Segunda Sala Civil de La Corte
Superior de Justicia de La Libertad en Lima Peru de fecha 02 de julio de
2004, con respecto al tema en estudio manifiesta: que en el proceso
civil y por extensión en los procesos de acciones de garantía, rige el
denominado principio “bilateridad o dualidad de partes”, el cual se
manifiesta en dos posturas antagónicas: la parte demandante y la parte
demandada. El proceso judicial surge de un proceso intersubjetivo, y
ello permite deducir la presencia de dos partes enfrentadas. Ahora
bien, alrededor de cada una de las partes – demandante y demandado-
pueden situarse una pluralidad de personas independientes
jurídicamente entre sí, vale decir, en un proceso judicial pueden existir
varios demandantes o varios demandados autónomos, pero integrados
por ficción jurídica como parte.
Leonardo Prieto Castro y Ferrandisvi precisa que “la dualidad de partes
no significa que solo dos personas hayan de actuar como tales en el
proceso, una en la postura de actor y otra en la de demandado, sino que
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en cada una de las posturas pueden figurar varios sujetos formando una
parte única pero compleja y entonces se habla de litisconsorcio”.
Valentín Cortés Domínguez y otrosvii expone que “si bien el proceso [...]
suele desarrollarse con el esquema de un sujeto en cada una de las dos
posiciones de parte [...] no resultan infrecuentes los supuestos en que
una o ambas posiciones están integradas por varios sujetos”.
CONCLUSIONES
El principio de dualidad de posiciones es un principio procesal en
relación a las partes que establece la existencia de partes procesales
contrarias como ser demandante, quien es quien interpone la
pretensión ante el órgano jurisdiccional y que pretende obtener la
tutela judicial, de otro, aquel frente a quien esa tutela se solicita, como
ser el demandado. Esto no supone que solo puede haber un
demandante y un demandado, al contrario en cada una de las partes
pueden haber pluralidad de personas independientes una de otras en
una parte única pero compleja lo que da nacimiento a la figura del
litisconsorcio. Sin embargo este principio no permite que varias
personas ocupen una posición distinta o una tercera posición. No es
11
posible intervenir en calidad distinta a la de demandante-acusador y
demandado-acusado, ni lo es tampoco desarrollar un proceso con una
única parte.
BIBLIOGRAFÍA.
12
i
Apuntes de derecho procesal, tema 3. las partes procesales. Antonio Álvarez del
Cuvillo.
ii
Código Procesal Civil de Honduras.
Módulo instruccional: principios generales en el nuevo
iii
código procesal civil. consultor internacional: D. José Ramón González Clavijo
presidente de la audiencia provincial Salamanca, España.
iv
El Litisconsorcio en el proceso civil, María Fernanda Vidal Pérez.
v
Constitución española, ley de enjuiciamiento civil.
vi
[Derecho Procesal Civil. Madrid: Tecnos, 1989, Pág. 82.
vii
Derecho Procesal Civil. Valencia: Tirant Lo Blanch, 1995, Pág. 72.