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La Alquimia

La alquimia es una antigua práctica protocientífica que combina química, filosofía y misticismo, con raíces en diversas culturas y que se desarrolló durante más de 2500 años. Aunque a menudo se la asocia con la búsqueda de la transmutación de metales y la piedra filosofal, también sentó las bases de la química moderna y contribuyó a diversas industrias. Su estudio ha resurgido en la investigación histórica, revelando conexiones con la filosofía, la espiritualidad y otros movimientos culturales.
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La Alquimia

La alquimia es una antigua práctica protocientífica que combina química, filosofía y misticismo, con raíces en diversas culturas y que se desarrolló durante más de 2500 años. Aunque a menudo se la asocia con la búsqueda de la transmutación de metales y la piedra filosofal, también sentó las bases de la química moderna y contribuyó a diversas industrias. Su estudio ha resurgido en la investigación histórica, revelando conexiones con la filosofía, la espiritualidad y otros movimientos culturales.
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Para otros usos de este término, véase Alquimia (desambiguación).

Bibliotheca chemica curiosa, una de las colecciones más completas de textos alquímicos
publicados por primera vez en latín, en Ginebra, en el año 1702 por Chouet y editados por
Jean-Jacques Manget (ejemplar original digitalizado de la biblioteca privada de Jung).

En la historia de la ciencia, la alquimia (del árabe ‫[ الخيمياء‬al-khīmiyā]) es una antigua


práctica protocientífica y una disciplina filosófica que combina elementos de la
química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el
misticismo, el espiritualismo y el arte.[cita requerida] La alquimia se practicó en
Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Persia, la India y China, en la Antigua Grecia y el
Imperio romano, en el Imperio islámico y después en Europa hasta el siglo XVIII, en
una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos que abarca al menos 2500
años. Tenía como objetivos la comprensión de la constitución y el funcionamiento
del cosmos, y, visto desde un marco filosófico, la aplicación de principios naturales
primordiales que condujeran a la materia imperfecta hacia la perfección. 1 ​ [ ]

La alquimia occidental ha estado siempre relacionada estrechamente con el


hermetismo, un sistema filosófico y espiritual que tiene sus raíces en Hermes
Trismegisto, una deidad sincrética grecoegipcia y legendario alquimista. Estas dos
disciplinas influyeron en el nacimiento del rosacrucismo, un importante movimiento
esotérico del siglo XVII. En los comienzos de la época moderna, la alquimia
dominante evolucionó a la actual química.

Actualmente es de interés para los historiadores de la ciencia y la filosofía, así como


por sus aspectos místicos, esotéricos y artísticos. La alquimia fue una de las
principales precursoras de las ciencias modernas, y muchas de las sustancias,
herramientas y procesos de la antigua alquimia han servido como pilares
fundamentales de las modernas industrias químicas y metalúrgicas.

Aunque la alquimia adopta muchas formas, en la cultura popular es citada con


mayor frecuencia en historias, películas, espectáculos y juegos como el proceso
usado para transformar plomo (u otros elementos) en oro. Otra forma que adopta la
alquimia es la de la búsqueda de la piedra filosofal, con la que pretendía conseguir
tanto la vida eterna como la transmutación de cualquier metal en oro.

En el plano espiritual de la alquimia, los alquimistas debían transmutar su propia


alma antes de transmutar los metales. Esto quiere decir que debían purificarse,
prepararse mediante la oración y el ayuno. 2 ​
[ ]

Visión general[editar]
La alquimia como investigación de la naturaleza[editar]

El alquimista, de Pietro Longhi.

La percepción popular y de los últimos siglos sobre los alquimistas es que eran
charlatanes que intentaban convertir plomo en oro y que pasaban la mayor parte de
su tiempo elaborando remedios milagrosos, venenos y pociones mágicas.

Fundamentaban su ciencia en que el universo estaba compuesto de cuatro


elementos clásicos a los que llamaban por el nombre vulgar de las sustancias que
los representan, a saber: tierra, aire, fuego y agua, y con ellos pretendían preparar
un quinto elemento que contendría la potencia de los cuatro en su máxima
exaltación y equilibrio.

La mayoría eran investigadores cultos, inteligentes y bien intencionados, e incluso


distinguidos científicos, como Isaac Newton y Robert Boyle. Estos innovadores
intentaron explorar e investigar la naturaleza misma. La base es un conocimiento del
régimen del fuego y de las sustancias elementales del que, tras profundas
meditaciones, se pasa a la práctica, comenzando por construir un atanor u horno
alquímico. A menudo, las carencias debían suplirse con la experimentación, las
tradiciones y muchas especulaciones para profundizar en su arte.

Para los alquimistas, toda sustancia se componía de tres partes: mercurio, azufre y
sal, siendo estos los nombres vulgares que comúnmente se usaban para designar al
espíritu, alma y cuerpo; estas tres partes eran llamadas principios. Por manipulación
de las sustancias y a través de diferentes operaciones, separaban cada una de las
tres partes que luego debían ser purificadas individualmente, cada una de acuerdo
al régimen de fuego que le es propicia: la sal con fuego de fusión y el mercurio y el
azufre con destilaciones recurrentes y suaves. Tras ser purificadas las tres partes en
una labor que solía conllevar mucho tiempo, y durante el cual debían vigilarse los
aspectos planetarios, las tres partes debían unirse para formar otra vez la sustancia
inicial. Una vez hecho todo esto, la sustancia adquiría ciertos poderes.

A lo largo de la historia de esta disciplina, los aprendices de alquimista se


esforzaron en entender la naturaleza de estos principios y encontraron algún orden
y sentido en los resultados de sus experimentos alquímicos, si bien eran socavados
a menudo por reactivos impuros o mal caracterizados, falta de medidas cuantitativas
y nomenclatura hermética. Esto motivaba que, tras años de intensos esfuerzos,
muchos acabaran arruinados y maldiciendo la alquimia. Los aprendices, por lo
general, debían empezar por trabajar en el reino vegetal hasta dominar el régimen
del fuego, las diversas operaciones y el régimen del tiempo.

Para diferenciar las sustancias vulgares de aquellas fabricadas por su arte, los
alquimistas las designaban por el mismo nombre de acuerdo a alguna de sus
propiedades, si bien procedían a añadirle el apelativo de «filosófico» o «nuestro».
Así, se hablaba de «nuestra agua» para diferenciarla del agua corriente. No
obstante, a lo largo de los textos alquímicos se asume que el aprendiz ya sabe
diferenciar una de otra y, en ocasiones, no se usa explícitamente, ya que de
acuerdo al arte hermético «no se debe dar perlas a los cerdos», razón por la que
muchos fracasaban al seguir al pie de la letra las diferentes recetas. La
«iluminación» solo se alcanzaba tras arduos años de riguroso estudio y
experimentación. Una vez que el aprendiz lograba controlar el fuego, el tiempo de
los procesos y los procesos mismos en el reino vegetal, estaba listo para acceder a
los arcanos mayores, esto es, los mismos trabajos en el reino animal y mineral.
Sostenían que la potencia de los remedios era proporcional a cada naturaleza.

Los trabajos de los alquimistas se basaban en las naturalezas, por lo que a cada
reino le correspondía una meta: al reino mineral la transmutación de metales
vulgares en oro o plata, al reino animal la creación de una «panacea», un remedio
que curaría supuestamente todas las enfermedades y prolongaría la vida
indefinidamente. Todas ellas eran el resultado de las mismas operaciones. Lo que
cambiaba era la materia prima, la duración de los procesos y la vigilancia y fuerza
del fuego. Una meta intermedia era crear lo que se conocía como menstruo y lo que
ofrecía era una multiplicación de sí mismo por inmersión de otras substancias
semejantes en fusión/disolución (según su naturaleza) con estas. De modo que se
conseguía tanto la generación como la regeneración de las substancias
elementales. Estos no son los únicos usos de esta ciencia, aunque sí son los más
conocidos y mejor documentados. Desde la Edad Media, los alquimistas europeos
invirtieron mucho esfuerzo y dinero en la búsqueda de la piedra filosofal.

La alquimia como disciplina espiritual y filosófica[editar]

Alegoría de la alquimia, ubicada en el pilar de la entrada central de la catedral de Notre


Dame de París. 3 ​
[ ]

Los alquimistas sostenían que la piedra filosofal amplificaba místicamente el


conocimiento de alquimia de quien la usaba tanto como fuera posible. Muchos
aprendices y falsos alquimistas, tenidos por auténticos alquimistas, gozaron de
prestigio y apoyo durante siglos, aunque no por su búsqueda de estas metas ni por
la especulación mística y filosófica que se desprendía de su literatura, sino por sus
contribuciones mundanas a las industrias artesanales de la época: la obtención de
pólvora, el análisis y refinamiento de minerales, la metalurgia, la producción de tinta,
tintes, pinturas y cosméticos, el curtido del cuero, la fabricación de cerámica y
cristal, la preparación de extractos y licores, etc. La preparación del aqua vitae, el
«agua de vida», era un experimento bastante popular entre los alquimistas
europeos.

Los alquimistas nunca tuvieron voluntad para separar los aspectos físicos de las
interpretaciones metafísicas de su arte. La falta de vocabulario común para
procesos y conceptos químicos, así como la necesidad de secretismo, llevaba a los
alquimistas a tomar prestados términos y símbolos de la mitología bíblica y pagana,
la astrología, la cábala y otros campos místicos y esotéricos, de forma que incluso la
receta química más simple terminaba pareciendo un obtuso conjuro mágico. Más
aún, los alquimistas buscaron en esos campos los marcos de referencia teóricos
dentro de los cuales podrían encajar su creciente colección de hechos
experimentales inconexos.
A partir de la Edad Media, algunos alquimistas empezaron a ver cada vez más estos
aspectos metafísicos como los auténticos cimientos de la alquimia y a las sustancias
químicas, estados físicos y procesos materiales como meras metáforas de
entidades, estados y transformaciones espirituales. De esta forma, tanto la
transmutación de metales corrientes en oro como la panacea universal simbolizaban
la evolución desde un estado imperfecto, enfermo, corruptible y efímero hacia un
estado perfecto, sano, incorruptible y eterno; y la piedra filosofal representaba
entonces alguna clave mística que haría posible esta evolución. Aplicadas al propio
alquimista, esta meta gemela simbolizaba su evolución desde la ignorancia hasta la
iluminación y la piedra representaba alguna verdad o poder espiritual oculto que
llevaría hasta esa meta. En los textos escritos según este punto de vista, los
crípticos símbolos alquímicos, diagramas e imaginería textual de las obras
alquímicas tardías contienen típicamente múltiples capas de significados, alegorías
y referencias a otras obras igualmente crípticas; y deben ser laboriosamente
«descodificadas» para poder descubrir su auténtico significado.

Alquimia y astrología[editar]
Artículo principal: Astrología y alquimia

La alquimia en Occidente y otros lugares donde fue ampliamente practicada estaba


(y en muchos casos aún está) íntimamente relacionada y entrelazada con la
astrología tradicional al estilo griego-babilónico. En muchos sentidos fueron
desarrolladas para complementarse una a la otra en la búsqueda del conocimiento
oculto. Tradicionalmente, cada uno de los siete cuerpos celestes del sistema solar
que conocían los antiguos estaba asociado, ejercía el dominio sobre, y gobernaba
un determinado metal. En el hermetismo está relacionada tanto con la astrología
como con la teúrgia.

La alquimia en la época científica[editar]


El laboratorio del alquimista, obra de 1571 de Stradanus, Studiolo de Francisco I en el
Palazzo Vecchio de Florencia.

De la alquimia occidental surge la ciencia moderna. Los alquimistas utilizaron


muchas de las herramientas que se usan hoy. Estas herramientas eran fabricadas a
menudo por ellos mismos y podían estar en buen estado, especialmente durante la
Alta Edad Media. Muchos intentos de transmutación fallaban cuando los aprendices
de alquimia elaboraban sin conocer compuestos inestables, lo que se veía
empeorado por las precarias condiciones de seguridad.

Hasta el siglo XVII, la alquimia fue considerada en realidad una ciencia seria en
Europa: por ejemplo, Isaac Newton dedicó mucho más tiempo y escritos al estudio
de la alquimia que a la óptica o la física, por lo que es célebre.[cita requerida] Otros
eminentes alquimistas del mundo occidental son Roger Bacon, Santo Tomás de
Aquino, Tycho Brahe, Thomas Browne, Ramon Llull y Parmigianino. El nacimiento
de la química moderna surgió con los aprendices de alquimia desencantados de su
nulo progreso alquímico y con los críticos resentidos de la alquimia;[cita requerida] tanto
unos como otros lograron progresos en varios campos de la naturaleza en el siglo
XVIII, con el que proporcionaron un marco más preciso y fiable para las
elaboraciones industriales y la medicina, libres del hermetismo propio de la alquimia
(pues la alquimia nunca se prodigó como ciencia de multitudes), y entrando en un
nuevo diseño general de conocimiento basado en el racionalismo. A partir de
entonces, todo personaje que entroncaba con la alquimia o que «oscurecía» sus
textos fue despreciado por la naciente corriente científica moderna.

Tal es el caso, por ejemplo, del barón Carl Reichenbach, un conocido químico de la
primera mitad del siglo XIX, que trabajó sobre conceptos parecidos a la antigua
alquimia, tales como la fuerza ódica, pero su trabajo no entró en la corriente
dominante de la discusión científica.
La transmutación de la materia disfrutó de un momento álgido en el siglo XX,
cuando los físicos lograron transformar átomos de plomo en átomos de oro
mediante reacciones nucleares. Sin embargo, los nuevos átomos de oro, al ser
isótopos muy inestables, resistían menos de cinco segundos antes de
desintegrarse. Más recientemente, informes de transmutación de elementos
pesados —mediante electrólisis o cavitación sónica— fueron el origen de la
controversia sobre la fusión fría en 1989. Ninguno de estos hallazgos ha podido ser
aún reproducido con fiabilidad.

El simbolismo alquímico ha sido usado ocasionalmente en el siglo XX por


psicólogos y filósofos. Carl Jung revisó el simbolismo y teoría alquímicos y empezó
a concebir el significado profundo del trabajo alquimista como una senda espiritual.
La filosofía, los símbolos y los métodos alquímicos han gozado de un cierto
renacimiento en contextos postmodernos tales como el movimiento Nueva era.

La alquimia como objeto de investigación histórica[editar]

La historia de la alquimia se ha convertido en un vigoroso campo académico. A


medida que el oscuro lenguaje hermético de los alquimistas va siendo gradualmente
«descifrado», los historiadores van haciéndose más conscientes de las conexiones
intelectuales entre esa disciplina y otras facetas de la historia cultural occidental,
tales como la sociología y la psicología de comunidades intelectuales, el cabalismo,
el espiritualismo, el rosacrucismo y otros movimientos místicos, la criptografía, la
brujería, y la evolución de la ciencia y la filosofía.

Etimología[editar]

Réplica del filósofo, médico y químico Andreas Libavius en la bóveda histórica del
ayuntamiento de Rothenburg ob der Tauber.

La palabra alquimia procede del árabe al-khīmiyaˀ (‫)الخيمياء‬, que podría estar formada
por el artículo al- y la palabra griega khumeia (χυμεία), que significa «echar juntos»,
«verter juntos», «soldar», «alear», etc. (de khumatos, «lo que se vierte», «lingote», o
del persa kimia, «oro»). Un decreto de Diocleciano, escrito en griego hacia el año
300, ordenaba quemar «los antiguos escritos de los egipcios, que trataban sobre el
arte de fabricar oro y plata» 4 ​la khēmia transmutación. La palabra árabe kīmiyaˀ, sin
[ ]

el artículo, ha dado lugar a «química» en castellano y otras lenguas, y al-kīmiyaˀ


significa, en árabe moderno, «la química».

Se ha sugerido que la palabra árabe al-kīmiyaˀ significaba en realidad,


originariamente, «la ciencia egipcia», tomando prestada del copto la palabra kēme,
«Egipto», así que alquimia era el «arte de Keme» (o su equivalente en el dialecto
medieval bohaírico del copto, khēme). La palabra copta deriva del demótico kmỉ, y
este a su vez del egipcio antiguo kmt. Esta última palabra designaba tanto al país
como al color ‘negro’ (Egipto era la ‘tierra negra’, en contraste con la «tierra roja», el
desierto circundante), por lo que esta etimología podría explicar también el apodo de
«magia negra egipcia». Sin embargo, esta teoría puede ser solo un ejemplo de
etimología popular.

En la Edad Media se solía usar la expresión ars chimica para aludir a la alquimia.

A veces, se considera a la palabra crisopeya sinónimo de alquimia, pero esta es


mucho más que la mera búsqueda del método para fabricar oro. La palabra
crisopeya viene del griego χρυσoσ, «oro», y πoιεω, «hacer». El prefijo criso entra en
la formación de palabras en que interviene el oro, como crisoterapia (tratamiento de
ciertas enfermedades por medio de sales de oro).

La alquimia en la historia[editar]
La alquimia comprende varias tradiciones filosóficas abarcando cerca de cuatro
milenios y tres continentes. La general predilección de estas tradiciones por el
lenguaje críptico y simbólico hace que resulte difícil trazar sus mutuas influencias y
relaciones «genéticas».

Pueden distinguirse al menos dos tendencias principales, que parecen ser


ampliamente independientes, al menos en sus primeras etapas: la alquimia china,
centrada en China y su zona de influencia cultural, y la alquimia occidental, cuyo
centro se desplazó a lo largo del tiempo entre Egipto, Grecia y Roma, el mundo
islámico, y finalmente de nuevo Europa. La alquimia china estaba íntimamente
relacionada con el taoísmo, mientras que la alquimia occidental desarrolló su propio
sistema filosófico, con relaciones solo superficiales con las principales religiones
occidentales. Aún está abierta la cuestión de si estas dos ramas comparten un
origen común o hasta qué extremo se influyeron una a la otra.

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