MESA REDONDA
La Mesa Redonda es una estrategia de trabajo socializado basada en las
técnicas expositiva y de demostración que potencia el desarrollo de
habilidades comunicativas, de búsqueda de información, organizativa, de
toma de decisiones y sociales.
REALIDAD O MITO: EN LA BÚSQUEDA DE LOS VERDADEROS
ALCANCES DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO*
Pablo de la Flor Viceministro de Comercio Exterior. Jefe del Equipo
Negociador para el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Master
en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard. Master en Relaciones
Internacionales por la Universidad de Yale. Candidato al doctorado por la
Universidad de Chicago.
Javier Diez Canseco Congresista de la República.
James Curtis Struble Embajador de los Estados Unidos en el Perú.
William W. Monning* * Abogado. Doctor en Derecho por la Universidad
de San Francisco. Profesor de Negociación y Resolución de Conflictos,
Monterrey Institute of International Studies, California. Beneficiario de
beca Fulbright para la investigación de la negociación y resolución de
conflictos a nivel multisectorial a través de la celebración de tratados de
libre comercio. Consultor de las Naciones Unidas en comercio y desarrollo
(UCTAD).
José Oscátegui Economista. Ph.D. en Economía, Universidad de Illinois en
UrbanaChampaign. Profesor de Economía en la Pontificia Universidad
Católica del Perú. Vocal de la Sala de Defensa de la Competencia de
INDECOPI. Miembro de la Comisión ALCA-Perú en el Grupo de Inversiones.
THEMIS 49 Revista de Derecho 308 El Tratado de Libre Comercio (en
adelante, “TLC”) a celebrarse entre los Estados Unidos (en adelante,
“EE.UU.”) y Perú es concebido, por un sector de la sociedad, como el
vehículo idóneo para lograr el desarrollo. Sin embargo, una visión
escéptica y, quizás, académicamente más exacta, nos permitirá vislumbrar
sus verdaderos alcances. Por ello, THEMIS ha considerado conveniente
reunir en la presente Mesa Redonda a diversas personalidades
involucradas con la firma del Tratado, sea desde la mesa de negociaciones,
desde el gobierno o desde los ambientes académicos. El resultado ha sido
el de tener respuestas heterogéneas, en algunos casos contrarias entre sí
y que, creemos, contribuirán de manera significativa a realzar y
profundizar el debate en torno al TLC. Objetivos y alcances del TLC 1.
¿Cuáles son o deberían ser los objetivos de la firma de un tratado de libre
comercio con EE.UU.? De celebrarse este tratado, ¿hasta qué punto sería
beneficioso? ¿Cómo se integraría a la economía peruana? ¿Qué medidas
deberían acompañar su celebración para afirmar sus efectos positivos? DE
LA FLOR: El fin de un TLC es incrementar la cantidad y calidad del empleo,
tener precios más bajos para los consumidores y tener una mayor
variedad y calidad de productos. Es decir, mejorar la calidad de vida de los
peruanos. Más específicamente, el TLC plantea tres objetivos intermedios.
Primero, fortalecer la integración del Perú al mundo, vital para el
desarrollo de una economía pequeña como la nuestra. Segundo,
incrementar los flujos de inversión, tanto extranjera como nacional.
Tercero, generar mayor eficiencia económica a través de la asignación más
eficiente de los factores de producción. El principal beneficio que
obtendría el Perú es la consolidación de las preferencias del ATPDEA y la
ampliación del acceso de los bienes y servicios peruanos a EE.UU.,
asegurando mayores oportunidades de crecimiento y diversificación para
nuestras exportaciones. Por otro lado, al constituir un acuerdo que incluye
todos los aspectos de la relación económica bilateral, permitirá reforzar la
estabilidad macroeconómica e institucional mejorando, entre otros
indicadores, la clasificación de riesgo país y propiciando la reducción del
costo para acceder al crédito. Igualmente, el contar con reglas estables y
permanentes facilita la captación de inversión extranjera. Sobre el
particular, resulta importante recalcar que la mejor manera de afrontar
con éxito la apertura de mercados es mejorando los niveles de
competitividad. Para ello debemos trabajar en la agenda interna, en forma
paralela al proceso de negociación, con el objeto de fortalecer nuestro
aparato económico. Considero que la competitividad descansa sobre
cuatro pilares: la reforma del Estado, las concesiones, la inversión en el
capital humano y el acceso a la justicia y los derechos de propiedad. DIEZ
CANSECO: El TLC no es un mero acuerdo comercial, implica compromisos
que congelan el modelo económico imperante, estableciendo un tipo de
relación entre el Estado y el capital, limitando la capacidad reguladora del
Estado, su capacidad de definir leyes nacionales y dar políticas en
beneficio de diversos sectores en tanto se interprete que afecten los
intereses comerciales y los derechos establecidos por el TLC. Hay intereses
muy distintos en la negociación: el Perú trata principalmente de asegurar
mercados y obtener beneficios comerciales (consolidar el ATPDEA),
mientras que para EE.UU. significamos, más que un mercado apetecible,
un objetivo geopolítico y una ubicación geoestratégica en términos
regionales, en donde los intereses sobre el tema de la coca, la seguridad,
el acceso a recursos naturales (biodiversidad, recursos energéticos,
fuentes hídricas), así como fracturar el proceso de integración
sudamericano, son muy importantes para Washington. Por ello, es muy
grave no colocar la negociación en su contexto, pues es un asunto muy
importante para nuestro país y para el futuro regional andino y
sudamericano. Un acuerdo comercial debe tender a facilitar el
intercambio entre los países signatarios, a fin de generar beneficios
económicos, impulsar un desarrollo que elimine progresivamente la
inequidad, facilitar la satisfacción de necesidades de las personas y
erradicar la pobreza, permitiendo una mayor y mejor inserción de nuestra
economía y producción en los mercados internacionales.
Lamentablemente, el formato del TLC dista mucho de satisfacer estos
objetivos. Frente a las inmensas asimetrías entre la economía peruana y la
estadounidense, es necesario incorporar mecanismos de compensación,
que permitan que el comercio pueda ser efectivamente un intercambio
justo, que efectivamente aporte al desarrollo y la eliminación de la
pobreza. Estos principios no están siendo considerados adecuadamente
en la negociación. La posición de los países andinos debe ser muy firme:
exigir condiciones que permitan enfrentar las asimetrías, asegurar la
capacidad del Estado de desarrollar políticas para los sectores más THEMIS
49 Revista de Derecho 309 sensibles y resguardar los derechos
fundamentales de las personas por encima de los intereses comerciales.
La posición de EE.UU. en este aspecto es absolutamente cerrada, lo que
hace que difícilmente el resultado final del TLC será beneficioso para las
grandes mayorías del país. Es necesario tener planes de contingencia
claros, considerando que existen otros escenarios de integración
económica, en donde las exigencias no son tan duras e injustas. Un
acuerdo comercial mal diseñado y negociado, en vez de fortalecer nuestra
economía e impulsar el desarrollo, puede fomentar y profundizar las
inmensas asimetrías internacionales y la inequidad dentro de nuestro país.
STRUBLE: Tal vez, la mejor manera de ilustrar los potenciales beneficios de
un TLC sea revisar el éxito que ha tenido el Perú en crear un mercado más
amplio para sus productos en EE.UU., a través de programas especiales de
comercio en los que ha participado durante la última década. En el año en
que se promulgó el ATPA (1991), el Perú exportó $775 millones a EE.UU. y
su déficit comercial con mi país fue de $70 millones. Durante los últimos
cinco años las exportaciones peruanas a EE.UU. han superado amplia y
sostenidamente a las importaciones, de tal forma que en el 2003 el Perú
exportó $2,400 millones a EE.UU. y disfrutó de un superávit comercial de
$700 millones. Asimismo, vale la pena mencionar que gran parte de este
crecimiento de las exportaciones ha sido en el área de productos nuevos y
no de los tradicionales – espárragos, mangos y textiles, por ejemplo. El
Perú tiene aún muchas oportunidades de ampliar su comercio con los
EE.UU. Para mencionar sólo un ejemplo, EE.UU. importa uvas de mesa por
más de 600 millones de dólares anuales; $440 millones de esas
importaciones provienen de Chile. El año pasado el Perú exportó uvas a
EE.UU. por solamente $4 millones. Dicho esto, el TLC devengará mejores
beneficios al Perú si se complementa con un paquete integral de medidas
para incrementar la competitividad. El Perú necesita mejorar su sistema
educativo a fin de contar con trabajadores mejor capacitados y su sistema
judicial para atraer más inversiones. También es necesario mejorar la
infraestructura. El gobierno y el sector privado están conscientes de estas
necesidades y están trabajando para cubrirlas. MONNING: Los objetivos
positivos de un TLC entre Perú y EE.UU. deberían incluir: un incremento
del acceso al mercado norteamericano para los productos peruanos
acompañado de la eliminación de las tarifas que distorsionan el comercio,
cuotas, subsidios y la remoción de las barreras no tarifarias al comercio
(barreras sanitarias y fitosanitarias) que evitan que los productos
peruanos compitan en igualdad de condiciones en el mercado
norteamericano. En sentido inverso, los negociadores americanos buscan
el acceso recíproco al mercado peruano para los productos
norteamericanos. El Tratado puede ser un hito importante para el
desarrollo económico. Los subsidios que distorsionan el comercio y la
mayor capacidad técnica y manufacturera (en algunas industrias) de
EE.UU. podrían ocasionar un desequilibrio en la negociación que podría
traer como resultado la pérdida de empleos en Perú dentro de ciertos
sectores. El acuerdo bilateral con EE.UU. debería basarse intercambios
equilibrados y la protección de ciertos negocios pequeños, los agricultores
de subsistencia y el reconocimiento de los desequilibrios de poder. Los
tratados de libre comercio no necesariamente implican o requieren
inversión en programas sociales, capacitación para los trabajadores
despedidos o protección del medio ambiente y los derechos laborales.
Como lo discutiremos en las preguntas que siguen, los tratados bilaterales
pueden no ofrecer el rango de protección que puede obtenerse en una
negociación como parte de un bloque (grupo de países) o con otras
naciones similares que busquen obtener acuerdos equilibrados a través de
la Organización Mundial de Comercio (en adelante, “OMC”). Como se dice,
“the devil is in the details” (“el diablo está en los detalles”). El comercio y
los acuerdos comerciales no son inherentemente buenos o malos. Para
que los negociadores obtengan el máximo de beneficios y protección, se
deben de haber identificado claramente las metas, tener cronogramas
claros y la habilidad para cuantificar y proyectar los beneficios ganados a
través del acceso al mercado (de EE.UU.) y de los precios más baratos para
el consumidor peruano. OSCÁTEGUI: El objetivo último de la firma de un
TLC debe ser el bienestar de la población, tanto individual como
colectivamente, es decir, como país. En este sentido, nuestro bienestar
debería mejorar tanto en el corto plazo como en el largo plazo. Por esto,
dicha mejora debe medirse no sólo en términos de consumo en el corto
plazo, sino también en términos de desarrollo o de inhibición de
capacidades productivas en el largo plazo. Las preguntas ¿hasta qué punto
sería beneficioso? ¿Cómo se integraría a la economía peruana? No pueden
ser respondidas a priori. En primer lugar, la pregunta ya presupone que
será beneficioso, sin embargo, esto no se puede saber pues el TLC es un
tratado y, por ello, es un conjunto de acuerdos y, dada la ausencia de
información, no podemos saber si los acuerdos serán beneficiosos o no,
pues no los conocemos. El cómo se integraría la economía peruana será
un resultado de los acuerdos y de si estos fueron “beneficiosos” o no. Para
nosotros es crucial que el acuerdo comercial haga posible que nos
desarrollemos industrialmente, pero si esto ocurre o no y en qué Mesa
Redonda THEMIS 49 Revista de Derecho 310 sectores ocurrirá dependerá
de los acuerdos a los que se llegue. Una limitación de partida del TLC que
resulte de las negociaciones, es que EE.UU. tienen múltiples TLC’s con
otras economías (India, Pakistán, Chile, Jordania, etc.) y, seguramente, a
todas debe decirles lo mismo, es decir, a cada una de esas economías
debe ofrecerle un “mercado de 300 millones de personas...”. El Perú
tendrá que competir con esas economías, pero en sectores como el textil
y confecciones, con la necesidad de imponer salvaguardas a la
importación, ya hemos demostrado que no tenemos las mejores
condiciones para hacerlo. 2. Se ha dicho que la firma del TLC para el Perú
serviría para reducir la pobreza y mejorar el nivel de vida de la población.
Sin embargo, hay quienes sostienen que los TLC buscan consolidar un
modelo económico que potencia la concentración de la riqueza y la
inequidad en la distribución del ingreso a escala nacional y global,
fortaleciendo a las grandes empresas nacionales y transnacionales. En ese
sentido, se postula además que los TLC dificultarían las medidas de
fomento que los estados tendrían que tomar como parte de políticas
públicas de reducción de la pobreza. ¿Cuál es su opinión acerca de estas
afirmaciones? DE LA FLOR: El TLC no debe entenderse como un fin en sí
mismo, sino como un medio para elevar el nivel de bienestar de la
población. En segundo lugar, el TLC no puede analizarse como una medida
aislada, sino que forma parte de una estrategia de desarrollo cuya agenda
interna va mas allá de la negociación propiamente dicha. Comprende,
entre otros temas, el desarrollo de infraestructura física, la
implementación de políticas de competitividad de largo plazo,
descentralización, reforma del Estado, etc. De ahí que el TLC con EE.UU. es
apenas una pieza del modelo de desarrollo de país. Además, debo
enfatizar que el TLC no puede analizarse como una medida
exclusivamente para beneficio de las grandes y medianas empresas
peruanas. La posición peruana en esta negociación ha sido concebida para
que el beneficio primordial se produzca en las micro, pequeñas y
medianas empresas peruanas (MIPYMES) no sólo de Lima sino también de
las regiones. Posiblemente no todas las MIPYMES peruanas exporten sus
productos directamente a EE.UU. inmediatamente después de la puesta
en vigencia del acuerdo, debido a las exigencias del mercado
estadounidense en materia de volumen y estandarización de productos.
Sin embargo, éstas podrán hacerlo cuando trabajen activamente por
medio de la asociatividad, el establecimiento de cadenas productivas y la
tercerización que necesitan para sacar real provecho del acuerdo. En lo
que se refiere a las compras estatales se debe aclarar que el objetivo
propuesto es ser eficiente en dichas adquisiciones para que se pueda
aprovechar adecuadamente el Presupuesto de la República. Para reducir
la pobreza se cuenta con otras herramientas como los programas sociales,
la educación y la facilitación para la creación del empleo. Además,
conviene no perder de vista que el principal instrumento para avanzar en
la lucha contra ese flagelo es el crecimiento económico sostenido,
propósito que se vería colmado con la negociación del TLC. De hecho, las
estimaciones más conservadoras indican que este TLC se traducirá en la
generación de no menos de 130,000 nuevos puestos de trabajo en el
sector exportador. DIEZ CANSECO: El formato de los acuerdos de libre
comercio que está promoviendo EE.UU., busca consolidar las reformas
neoliberales de los años noventa. Dentro del proceso de globalización,
estos acuerdos comerciales ponen limitaciones muy serias al rol de los
Estados Nacionales. Bajo estas condiciones, el TLC con EE.UU. congelaría y
perpetuaría éstas cuestionables políticas limitando las posibilidades
futuras para desarrollar otras alternativas, más justas y equitativas, para
nuestro modelo de desarrollo. En materia de TLC y pobreza: ¿qué
capacidad tienen los más pobres de acceder a los supuestos beneficios del
TLC? ¿Cuáles son los sectores que se beneficiarían del tratado? Sabemos
que los principales beneficiarios serán los exportadores, ¿pero quiénes
más se beneficiarán, y quiénes perderán? En muchos casos los propios
intereses nacionales están encontrados, como es el caso de los
productores textiles y los algodoneros. Un estudio reciente del
economista Bruno Seminario estima que el TLC tiene un impacto pequeño
en términos laborales: un aumento neto del empleo de 18 mil personas.
Mientras que en los empleos producto de mayores exportaciones sería de
85 mil empleos, se perderían 67 mil empleos producto de las
importaciones y su impacto sobre la producción nacional. Esta estrecha
ampliación del empleo no justifica los inmensos riesgos en los que nos
estaríamos involucrando con el TLC. Por tomar el ejemplo del agro
nacional: los beneficios estarían básicamente vinculados al sector
agroexportador, ubicado mayoritariamente en la costa. ¿Pero qué va a
suceder con los productores agrarios vinculados al mercado interno,
ubicados mayoritariamente en la sierra peruana, a quienes se imputa no
ser competitivos? ¿Podrán sobrevivir sin medidas de apoyo y mecanismos
de compensación que les permitan enfrentar los millonarios subsidios
THEMIS 49 Revista de Derecho 311 estadounidenses a su agricultura?
Frente al gravísimo abandono del campo peruano, la ausencia de políticas
que lo promuevan adecuadamente, el pobrísimo presupuesto público
incapaz de establecer subsidios o de aplicar programas de apoyo que
permitan hacer frente a las distorsiones y ante el hecho que la aplicación
de beneficios tributarios suele hacerse en beneficio de los grandes grupos
de poder, es difícil creer que el agro nacional se desarrolle en las injustas
condiciones que establece el TLC. STRUBLE: Los países que han ejecutado
políticas de desarrollo enfatizando las exportaciones, como por ejemplo
Chile y México, han visto resultados concretos en la reducción de sus
niveles de pobreza. El crecimiento del trabajo en el sector exportación
tiende a incrementar el empleo formal. En consecuencia, los nuevos
puestos de trabajo son mejor remunerados, otorgan un mejor nivel de
beneficios para los trabajadores e incrementan la recaudación del Estado.
Ello permite una mayor inversión en salud, educación e infraestructura.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e
Informática de México, la tasa de desempleo en México ha caído de un 6,2
por ciento en el año 1994 a un 2,7 por ciento en el 2002. Uno de cada
cinco trabajadores en México tiene un trabajo vinculado al sector
exportador. Asimismo, de los 3,5 millones de nuevos puestos de trabajo
creados en México durante el período 1995- 2000, la mitad fue el
resultado del NAFTA y el crecimiento de las exportaciones. Los empleos
vinculados a las exportaciones pagan salarios 37 por ciento más altos que
aquellos del resto del sector manufacturero mexicano. La experiencia es
similar tanto en Canadá como en EE.UU. Statistics Canada, el instituto
nacional de estadística de Canadá, informa que los puestos de trabajo
relacionados con el sector exportador de ese país pagan salarios 35 por
ciento más altos que el promedio nacional. En EE.UU., la cifra es del 18 por
ciento. En el caso del Perú, si preguntamos a uno de los más de 60,000
peruanos que hoy trabajan en el cultivo y procesamiento del espárrago si
ellos piensan que el ATPDEA ha contribuido a reducir la pobreza y mejorar
el nivel de vida de la población, estoy convencido de que su respuesta será
rotundamente afirmativa por cuanto hoy, gracias a las exportaciones,
tienen un ingreso que antes no tenían. Otro ejemplo muy claro es el de los
textiles y confecciones, donde los especialistas estiman que trabajan más
de 150,000 personas. Creo que el TLC brindará importantes oportunidades
a las PYMES y MYPES. La gran mayoría de las empresas que exportan a
EE.UU. aprovechando las ventajas del ATPDEA son peruanas y no son
grandes. En el caso del sector textil-confecciones, el 96 por ciento de las
30,600 empresas son microempresas, es decir son aquéllas que tienen de
1 a 9 trabajadores. Los casos de los espárragos, mangos, joyería, etc. son
similares. Según datos de SUNAT, este año (2004) hay 2,450 empresas que
exportan a mi país. Finalmente es claro que con los impuestos generados
por estas exportaciones, el Estado tendrá más recursos para dedicarlos a
la implementación de políticas públicas orientadas a la reducción de la
pobreza. MONNING: Un tratado de libre comercio NO garantiza beneficios
para todos los sectores de la sociedad. Los mercados libres no
necesariamente implican una mayor democracia o beneficios. A nivel
interno, los representantes del gobierno deben identificar objetivos
políticos, sociales y económicos y demostrar cómo un tratado de libre
comercio puede revertir en beneficios para toda la población. Se dice a
menudo que en el libre comercio hay “ganadores y perdedores”. La clave,
por supuesto, es maximizar el número de beneficiarios. Por lo menos dos
grupos pueden ser identificados como ganadores dentro de los países en
desarrollo: (i) aquellos que obtendrán empleos, y (ii) aquellos que
aumentarán más su ingreso obtenido al conseguir acceso a productos más
baratos en el mercado. Los perdedores serán todos aquellos que pierdan
sus trabajos, pierdan la habilidad para competir en el mercado, o
continúen viviendo en la pobreza y dependiendo de la caridad, de una
economía de mercados negros, o migrando a los centros económicos con
la esperanza de conseguir empleos indirectos o beneficios sociales. La
inversión social no ha sido identificada como un componente legítimo de
los tratados de comercio internacional (bilaterales). La brecha entre los
ricos y los pobres se está ampliando. La inversión social sólo se logrará si
aquellos que disfrutan los beneficios del comercio son gravados con
impuestos o requeridos a invertir en programas de implementación social.
El rol del gobierno, la democratización y la inversión social, serán
analizados en las siguientes preguntas. OSCÁTEGUI: Lo correcto es decir
que el TLC debería servir para reducir la pobreza y mejorar el nivel de vida
de la población. Entre los efectos posibles está el que potencie la
concentración de la riqueza y la distribución desigual de la riqueza y que
fortalezca sólo a las grandes empresas nacionales y transnacionales, pero
esto dependerá de qué cosa se acuerde. Los TLC no son las mejores
medidas para desarrollar el comercio y, en este sentido, para promover el
desarrollo por intermedio suyo. En el Mesa Redonda THEMIS 49 Revista
de Derecho 312 último número del IMF Survey1 , publicación del Fondo
Monetario Internacional, entre las conclusiones de la IMF Trade Research
Conference se encuentra que los TLC no han mostrado ser ventajosos para
los países pequeños que reciben esa “concesión” del país grande. Si el TLC
beneficiará, como se sostiene, sólo a los sectores más eficientes, entonces
la que perderá será la mayoría del país. El TLC debería tener mecanismos
de compensación para los sectores que se estima serán afectados, y estos
mecanismos podrían ser financiados conjuntamente por el Perú y por
EE.UU., pero esto parece que no está en las ideas del equipo negociador,
ni en las del MINCETUR, ni en las del Gobierno en general. 3. El TLC a ser
celebrado entre EE.UU. y Perú se concibe como un vehículo para lograr la
integración comercial de Perú. No obstante, hay quienes consideran que
sería preferible negociar en espacios más amplios como la Ronda de Doha
en el marco de la OMC. Por otro lado, se argumenta que, teniendo en
cuenta la participación reducida de un país como el Perú en la economía
de EE.UU., es acertado sostener que el interés de este país no es
propiamente comercial, sino que pretendería asegurar un “bloque” de
posturas favorables para tener una mejor posición en negociaciones
multilaterales. ¿Considera válidas estas afirmaciones? DE LA FLOR: El Perú
necesita integrarse comercialmente al mundo para que nuestros
productos y servicios ingresen a otros mercados en condiciones
preferenciales, transparentes y predecibles. Es responsabilidad del Estado
que nuestros exportadores obtengan y mantengan las mejores
condiciones de acceso. Las negociaciones bilaterales como el TLC con
EE.UU. y las negociaciones de la Ronda Doha son herramientas
importantes para lograr dicho objetivo; sin embargo, existen diferencias
de fondo y forma. La OMC constituye el “paraguas” bajo el que se
negocian todos los acuerdos bilaterales o regionales de comercio, es decir
estos acuerdos deben ser consistentes con las normas de OMC. Las
negociaciones comerciales multilaterales y, en particular la Ronda Doha es
un proceso de más largo plazo debido a su nivel de complejidad, el
número de participantes (casi 150 países), la amplitud de la agenda
comercial, la sensibilidad de los temas, la necesidad de lograr consensos
para avanzar, entre otros factores. En cambio, las negociaciones
bilaterales, como en el TLC con EE.UU., son procesos más efectivos para
lograr acceso a mercados en el corto plazo y depende principalmente de
las voluntades e intereses de los países andinos participantes y EE.UU. Ello
no implica que las negociaciones de la OMC no sean importantes. Al
contrario, el Perú también participa activamente en ellas porque es
consciente que se están tratando los temas comerciales más importantes
y sensibles en la actualidad (antidumping, subvenciones industriales,
subvenciones a la agricultura, propiedad intelectual, entre otros). Más aún
en la Ronda Doha se están negociando temas como subsidios agrícolas y
disciplinas antidumping que EE.UU. no ha profundizado en sus acuerdos
bilaterales. Pero, valgan verdades, en estos momentos no se tiene una
certeza sobre cuándo concluirán las negociaciones de la Ronda Doha. En
este contexto, el TLC es una prioridad porque EE.UU. es nuestro principal
socio comercial, recibe un alto porcentaje de nuestras exportaciones no
tradicionales y debemos mantener las preferencias que nos otorga. Por
tanto, las negociaciones en OMC y las negociaciones de TLC no se oponen
sino más bien son negociaciones complementarias. Por otro lado, no
concuerdo con las opiniones que señalan que el objetivo de EE.UU. es
formar un “bloque” de posturas favorables para tener una mejor posición
en negociaciones multilaterales. El Perú sabe diferenciar muy bien la
importancia, el timing y los ámbitos de estas negociaciones, por lo tanto,
no va a hipotecar sus posiciones e intereses a nivel multilateral por ningún
TLC. Precisamente, la consolidación de las preferencias de EE.UU. será un
instrumento que nos brindará mayor independencia y autonomía en
términos de política comercial y negociadora ya que no estaremos sujetos
a la incertidumbre de las preferencias unilaterales. DIEZ CANSECO: La
negociación bilateral con una súper potencia como EE.UU., bajo
condiciones y exigencias tan difíciles, puede perjudicarnos seriamente. Las
condiciones que tenemos para hacer frente a esas exigencias son
infinitamente menores que las que podríamos tener definiendo intereses
regionales y enfrentando como bloque sudamericano los procesos de
integración hemisférica. No incorporar mecanismos de compensación
adecuados, que permitan a los países en vías de desarrollo hacer un
tránsito hacia condiciones 1 IMF Survey 20, Vol. 33, 8 de noviembre de
2004. http://www.imf.org/external/pubs/ft/survey/2004/110804.pdf
“preferential trade policies –whether in the form of trade agreements or
tariff reductions for exports from development countries- are not
equivalent to trade liberalization”, “… it would be more accurate to call
these “preferential” rather than free trade agremments”, “such schemes
are riddled with problems”, “sectors of export interest to the recipient
country are often “sensitive” sectors for the donor country and, thus,
frequently exempted from preference schemes”, “these schemes often
carry a fair amount of ‘strings’ ”, “a key test of the effectiveness of such
schemes is whether they help create viable industries in the recipient
countries; there is no clear evidence that they do”. THEMIS 49 Revista de
Derecho 313 de integración más equitativas, es muy riesgoso y podría
terminar por sellar una relación de dependencia que difícilmente
podremos revertir. Existen varios escenarios de integración comercial y
económica. Ahora estamos en el proceso de negociación del TLC con
EE.UU., que establece las condiciones más difíciles y las exigencias más
duras. En estas condiciones, los beneficios que concedamos y los que
obtengamos en este acuerdo, van a sellar el tipo de relación comercial que
podamos establecer con otros bloques. La estrategia de EE.UU. es dividir a
Sudamérica y aislar a Brasil y Argentina, que son países que dentro de la
región se pusieron firmes en la negociación del ALCA. EE.UU. está
negociando con países pequeños y bloques regionales de países pobres –a
quienes tienen seriamente comprometidos– para consolidar su posición
hegemónica en Latinoamérica, así como para reforzar su posición en los
diferentes foros de negociación mundial y hemisférica. El apuro en la
negociación, dando la espalda a otros bloques, como el G-21, la relación
con el MERCOSUR o el proceso de la Unión Sudamericana, es un gravísimo
yerro del Gobierno. La integración con los países más grandes y
desarrollados de Sudamérica, supondría generar un núcleo de interés
regional que nos permita entrar en mejores condiciones a la negociación.
Lamentablemente, la estrategia del Gobierno parece ser un interlocutor
dócil en el TLC a fin de “congraciarnos” con Washington. STRUBLE: EE.UU.
está convencido de los beneficios del libre comercio. Es por eso que
negociamos TLC con aquellos países que tienen como estrategia el
crecimiento económico a través de las exportaciones y más inversión.
Todos necesitamos avanzar en diversos frentes a la vez. Nuestros países
están trabajando arduamente para lograr acuerdos en la ronda de la OMC
Doha, así como en torno al ALCA. La propuesta de un TLC entre EE.UU. y
Perú, Colombia y Ecuador no partió de nosotros sino de los países amigos
de la región Andina. Dado que EE.UU. recibe el 27 por ciento del total de
las exportaciones peruanas (las mismas que se incrementaron de un 16
por ciento en la década pasada), es lógico que el Estado peruano busque
consolidar un acceso favorable al mercado estadounidense. MONNING: En
principio, los países que enfrentan dificultades de desarrollo similares,
comparten economías y prioridades políticas comunes pueden ejercitar un
mayor poder de negociación en grupos o bloques de negociación. El G-21
demostró su poder durante el encuentro ministerial de Cancún (México)
de la OMC como parte de la “Ronda de Desarrollo” de Doha. Al bloquear
las iniciativas europeas y de EE.UU. en Cancún el G-21 flexionó sus
músculos negociadores y demostró el poder de las alianzas que se forman
entre los miembros de la OMC. EE.UU. y la Unión Europea parecen haber
respondido a este ejercicio de poder de voto en bloque, buscando
acuerdos bilaterales (TLC) como la forma más expeditiva. El bloque
negociador del G-21 deberá ahora evaluar si la estrategia de “divide y
conquistarás” de los representantes comerciales de EE.UU. ofrece
mayores beneficios a los socios de las naciones en desarrollo o mayores
riesgos. Claramente, uno de los beneficios de un acuerdo bilateral entre
Perú y EE.UU. o entre otros países en vías de desarrollo y EE.UU. es el
prospecto de ganar acceso más expeditivo a mercados y mayores
beneficios económicos que los que se consiguen en forma más retardada
por los acuerdos multilaterales y regionales. En términos de medir las
ganancias potenciales será crítico cuantificar los beneficios del acceso al
mercado de EE.UU. mediante la industria, los productos y el incremento
de las ventas proyectadas que se traducirán en nuevos trabajos en el Perú.
Simultáneamente, será crítico medir el impacto de los productos de
EE.UU. en las industrias, mercados y trabajos peruanos existentes. Un
análisis presentado por Pedro Francke en La República (“TLC con EE.UU.
no disminuirá estado de pobreza en el Perú”, del 21 de noviembre de
2004) documenta un estudio de Bruno Seminario de la Universidad del
Pacífico, el cual concluye que un neto de 18,147.5 puestos de trabajo son
el resultado final de TLC. Estas figuras incluyen proyecciones de empleos
creados por la expansión de la exportación, que serían de +85,466.8 y
proyecciones de pérdida de empleos que serían de (menos) –67,319.3
como resultado de la competencia por importaciones. El autor concluye
que la ganancia neta de empleo de 18,147 puestos no reducirá de forma
efectiva los niveles de pobreza en el Perú. OSCÁTEGUI: El TLC (con
contenido desconocido hasta ahora) puede ser vehículo para muchas
ilusiones, entre estas la integración comercial del país. Sin embargo,
ninguno de sus defensores a priori ha dicho, hasta ahora, cómo, esta
medida, va a lograr dicha integración. Los más renombrados economistas
del mundo especializados en el comercio sostienen que, frente a las
negociaciones multilaterales como la Ronda de Doha, los TLC son dañinos
para los países pequeños que se involucran en tales acuerdos2 . La razón
para que esto sea así es que en las Mesa Redonda 2 Por ejemplo,
BHAGWATI, Jagdish y Arvind PANAGARIYA, de Columbia University, T.N.
Srinivasan de Yale University. Ver: de BHAGWATI, http://
www.columbia.edu/~jb38/testimony.pdf , de PANAGARIYA “Trips and the
WTO:An Uneasy Marriage” y otros trabajos en http://www.columbia.edu/
~ap2231/policy.html,. THEMIS 49 Revista de Derecho 314 negociaciones
bilaterales, como en los TLC, los países pequeños carecen de capacidad
negociadora frente a los países grandes, mientras que en las multilaterales
los que ven reducida su capacidad negociadora son estos últimos. Por
esto, los países grandes usan los TLC para imponer condiciones que no
podrían en negociaciones multilaterales, con lo que se preparan para ir a
estas negociaciones con acuerdos ya obtenidos, y así incrementan su
capacidad negociadora frente a otros grandes bloques comerciales3 . Los
TLC no son políticas que beneficien al comercio mundial, no constituyen
medidas de apertura comercial, no son acuerdos balanceados para los
países pequeños. El mecanismo de apertura comercial debería ser la
negociación multilateral, en la actualidad esto significa la Ronda de Doha.
TLC y democracia 4. Se suele asociar el discurso del libre comercio con el
de democracia, sin embargo, desde otra perspectiva se sostiene que los
tratados de libre comercio delimitan lo que los Estados pueden y no
pueden hacer en materia económica y, de esta manera, vacían la
“constitución económica” de contenido. Ante esto, la política económica
ya no depende de los cambios políticos, ni de las decisiones adoptadas en
instituciones democráticas de cada país, sino que son compromisos
legales pactados internacionalmente, lo que sin duda es deseable en
términos de estabilidad, pero discutible en términos de libertad y
democracia. ¿Considera válida esta crítica? De ser así, ¿hasta qué punto
resta legitimidad a este tipo de negociaciones? DE LA FLOR: Las
negociaciones comerciales que celebra un país, sea en el marco
multilateral (OMC) o bilateral (tratados de libre comercio) son una
decisión y política de Estado, no de gobierno; por lo que si el Estado
decide entrar en negociaciones o celebra compromisos a nivel
internacional, deberá respetarlos independientemente del gobierno de
turno. No es un cuestionamiento a la libertad, porque el Estado ha
ejercido su plena libertad y soberanía al decidir entrar en negociaciones o
adoptar determinada política comercial. Además, tampoco es cierto que el
Estado pierda grados de libertad en su manejo económico como resultado
de los compromisos que asuma en el contexto de las negociaciones antes
señaladas. Finalmente, si así se estimara conveniente, el gobierno tiene la
potestad de no suscribir aquellos tratados cuyas cláusulas resulten lesivas
al interés nacional, o denunciar aquellas que ya ha negociado. DIEZ
CANSECO: Es necesario partir por entender la democracia como un
concepto integral. No se trata tan sólo de un régimen político sino un
sistema efectivamente inclusivo en el que se generen igualdad de
oportunidades para la gente y que permita la adecuada satisfacción de las
necesidades de las personas, de manera que podamos hablar de una
ciudadanía plena. En este sentido, el rol de los Estados es fundamental,
más aún en países como el nuestro. Por ello, cuando se habla de libre
comercio en el formato del TLC, vemos expresados los nuevos intereses de
la economía globalizada que ponen en jaque a los Estados Nacionales,
poniendo en discusión su rol frente a la regulación de las relaciones
económicas y su capacidad de definir su modelo de desarrollo. Sobre la
legitimidad del proceso –y considerando que el TLC sería un acuerdo
permanente–, algo que no se destaca lo suficiente, es que son los
negociadores peruanos los que están definiendo, prácticamente en
solitario los parámetros de la propia negociación, definiendo que tipo de
rol jugará el Estado peruano con relación a la economía nacional, lo que
conlleva limitaciones a la propia Constitución Política, a la garantía de una
serie de derechos, a las competencias de los poderes del Estado, tal como
es el caso del tipo de leyes que podrá dar no o no el Congreso de la
República. Aquí hay una fuerte contradicción: los negociadores peruanos
son ahora legisladores y definen los límites en los que se tendrán que
enmarcar los poderes del Estado. Esto es inaceptable. No es posible que
un puñado de funcionarios nombrados –más allá de su capacidad e
integridad profesional– tenga tal poder de decidir y comprometer
unilateralmente al Perú. Se pone en evidencia las limitaciones que el
proceso de globalización económica impone a los Estados, cuestionando y
recortando sus capacidades en función de las relaciones económicas y los
intereses del capital. La negociación del TLC con EE.UU. no puede hacerse
de espaldas al país, ni se puede negociar con el apuro con el que lo
estamos haciendo. STRUBLE: Uno de los beneficios de un TLC es que
puede contribuir a generar reformas y fortalecer las 3 Ver: BHAGWATI,
Jagdish “The Singapore and Chile Free Trade Agreement”. En:
http://www.columbia.edu/~jb38/testimony.pdf “...the bilaterals, between
us (se refiere a los EE.UU.) and small countries are increasingly used to
establish ‘templates’ by different lobbies which then proceed to argue,
both in Congress and then at the multilateral negotiations, that this
template must logically be extended to the multilateral trade negotiations.
Since in many cases, it is the developing countries who hesitate and
oppose these lobbying demands at the multilateral talks, and since
bilaterals with the developing countries are used to create the templates,
the process has also been described realistically, perhaps cynically, as an
application of the Leninist policy of ‘divide and rule”. THEMIS 49 Revista
de Derecho 315 instituciones democráticas. Las naciones democráticas y
prósperas tienen ciertos elementos en común. Cuentan con reglas
transparentes y predecibles que ofrecen a los inversionistas –que en
muchos casos son ciudadanos de esas naciones y no extranjeros–
garantías de que sus derechos y sus propiedades serán respetados. Las
democracias no son arbitrarias. Fíjense en la Unión Europea, por ejemplo.
La Unión Europea agrupa a veinticinco países con gobiernos
independientes cuyas filosofías políticas van desde la democracia social
hasta la conservadora. Los tratados de libre comercio reducen la
arbitrariedad y permiten a la vez la implementación de una gran variedad
de políticas económicas locales. MONNING: En EE.UU. la administración
Bush y los medios de comunicación utilizan con frecuencia los términos
“libre mercado” y “democracia” intercambiablemente. Evidentemente, la
fuerza de las instituciones democráticas puede apoyar el desarrollo de
verdaderos mercados libres, y los beneficios económicos de un mercado
libre pueden coadyuvar al desarrollo de más instituciones democráticas
(transparencia, eliminación de la corrupción, etc.), pero las iniciativas
económicas de los mercados libres NO garantizan el establecimiento o
desarrollo de la democracia. Los acuerdos comerciales, incluyendo el
GATT/OMC, TLCAN y CAFTA, necesariamente representan la decisión de
gobiernos miembros de sacrificar ciertos derechos soberanos a cambio de
beneficios futuros a ser disfrutados en un ambiente de mercado abierto y
libre comercio. El pobremente llamado movimiento “antiglobalización”
(Seattle, Montreal, Davos, Cancún, Santiago/reunión de APEC, etc.)
representa la conciencia de aquellos que buscan construir instituciones
democráticas y expandir las protecciones al ambiente, al trabajo y a los
derechos humanos. Los puristas del libre comercio sostienen que los
acuerdos de libre comercio son, por diseño, de naturaleza económica y no
el vehículo apropiado para ocuparse de temas como libertad y
democracia. Para aquellos que ven el crecimiento económico, el comercio
y el desarrollo unidos inextricablemente, un argumento fuerte debe ser
hecho para usar estos instrumentos como medio de identificar estándares
de derechos democráticos, derechos humanos, ambientales y derechos de
trabajo. Algunos representantes de las economías en desarrollo
argumentan que incluir temas de democracia y libertad en la agenda de
comercio podría entorpecer y retardar su desarrollo económico. Posponer
esta protección a un futuro más “conveniente” es minimizar o subvertir
los objetivos articulados del GATT, OMC y la “Ronda de Desarrollo” de
Doha, que reconocen el objetivo del desarrollo económico como ligado a
la eliminación de la pobreza y los beneficios compartidos. OSCÁTEGUI: El
problema con los acuerdos internacionales, sean comerciales o no, es que
no pueden ser modificados por voluntad de sólo una de las partes. Esto
debería obligar a la búsqueda de un consenso nacional sobre la base de
información clara sobre los posibles afectados por el acuerdo, y sobre la
base de la atenuación de los efectos negativos que pudieran existir.
Algunos, por lo general ultraliberales, consideran que el Estado actúa
siempre mal e ineficientemente, que la política económica que se hace en
el Perú es siempre mala y que va a seguir siéndolo. Esto es una extensión
de su ausencia de nacionalismo, de su pretensión de ser “ciudadanos del
mundo”, y de su convicción de que el país estaría mejor si dependiera
directamente de alguna potencia, digamos EE.UU. Por esto, creen que lo
mejor que puede ocurrir es maniatar al Estado y así reducir la posibilidad
de hacer política económica por parte de los gobiernos nacionales.
Anteriormente, hace poco, siguiendo el ejemplo de los liberales
argentinos, quisieron eliminar, prácticamente, la política monetaria (y la
fiscal) con la dolarización. La debacle de esa medida en Argentina los llevó
a no insistir en la dolarización, pero no a abandonar el sueño de maniatar
al Estado. Ahora consideran que los acuerdos comerciales pueden
maniatar al Estado lo suficiente como para que sea incapaz de hacer
política económica, no sólo política comercial, sino política económica en
general. Al respecto es bueno no perder de vista que maniatar la política
comercial implica, necesariamente, reducir la capacidad de hacer política
monetaria y fiscal. Sin embargo, tal como la debacle de Argentina lo
mostró, no es bueno inmovilizar esta capacidad. 5. ¿Hasta qué punto son
determinantes para la conclusión y ejecución del TLC las elecciones
presidenciales y el consiguiente cambio en la composición del congreso de
EE.UU.? En el caso de Perú, a diferencia de EE.UU., el TLC se viene
negociando “a espaldas” del Congreso, ¿puede afectar esta situación la
futura aprobación del tratado por parte de éste? DE LA FLOR: El triunfo del
Presidente Bush en EE.UU. para un segundo período hace prever que la
política comercial de EE.UU. se mantendrá y en consecuencia se
impulsarán las negociaciones comerciales que EE.UU. mantiene con sus
socios. En el caso del Perú, el TLC no se negocia “a espaldas” de nadie, por
el contrario el MINCETUR ha realizado todos los esfuerzos necesarios para
que la Negociación del TLC con EE.UU. sea transparente. Para ello se
desarrolló un Plan Nacional de Comunicaciones y se acreditaron 133
instituciones participantes: 24 gobiernos regionales, 12 ministerios, 22
organismos públicos, 40 gremios empresariales, 11 universidades Mesa
Redonda THEMIS 49 Revista de Derecho 316 y escuelas de postgrado, 4
centrales sindicales, 5 colegios profesionales, 5 centros de investigación, 5
asociaciones y 5 fundaciones. Como parte del mismo Plan se ha
desarrollado una página web informativa (www.tlcperu-eeuu.gob.pe), se
han elaborado paquetes informativos básicos sobre el TLC, se han
auspiciado actividades de difusión en regiones, se han organizado
conferencias públicas sobre el TLC, se realizó un taller sobre el TLC para
Presidentes Regionales, se realizó un seminario sobre TLC para Prensa
Especializada y se han realizado 56 acciones con el Congreso de la
República del Perú. Definitivamente, nuestro Congreso ha estado
informado sobre cada paso en las negociaciones. Las acciones realizadas
con dicha institución son las siguientes: 13 Comunicaciones Generales
sobre las negociaciones, sus objetivos y sensibilidades; 11 presentaciones
en audiencias organizadas por el Congreso; 13 reuniones con las bancadas
parlamentarias; 8 reuniones individuales con Presidentes del Congreso,
Presidentes de las Comisiones Parlamentarias y Congresistas; 6
comunicaciones invitando a participar en los grupos de trabajo y las
rondas de negociación; y 5 respuestas por escrito a requerimientos
informativos. Adicionalmente, se ha apoyado la participación directa de 25
congresistas en la sexta ronda de negociación. DIEZ CANSECO: Los
objetivos de EE.UU. están claramente planteados en el Trade Promotion
Authority Act (TPA), que rige al equipo negociador y define los objetivos a
obtener y establece los límites para la negociación, es un acuerdo entre
Republicanos y Demócratas, lo que nos muestra que en términos
generales los intereses norteamericanos están claramente definidos y
consensuados. El triunfo de Bush, nos indica que nada ha cambiado. Sin
embargo, sí vale la pena mencionar que dentro del congreso
norteamericano existen sectores críticos, los cuales se han pronunciado
claramente con relación al inmenso peligro que las pretensiones
norteamericanas sobre el tema de patentes tendría en el acceso a los
medicamentos genéricos. La situación del Perú es diametralmente
distinta. La definición de los intereses nacionales para la negociación la
está haciendo el MINCETUR, si bien coordinando con otros ministerios, ha
establecido algunos mecanismos de diálogo con la sociedad civil y
efectuado reuniones informativas en el Congreso de la República, estos
mecanismos son insuficientes, ya que no aseguran una adecuada
incorporación de los temas sensibles en la posición negociadora. En ese
sentido, la relación del MINCETUR con el Congreso ha sido muy débil y en
ello el Congreso tiene que aceptar parte de responsabilidad. En primer
lugar, no existe un marco para las negociaciones que establezca principios
que deben ser garantizados, de manera que existan límites naturales que
deban seguir los negociadores frente a temas que implican aspectos
constitucionales. Por ello, es urgente que el Congreso de la República
establezca a través de una Ley Marco, los principios rectores para estas
negociaciones. El Congreso recibirá el texto final negociado del TLC para
su aprobación o denegación, al cual no podrá hacerle ningún tipo de
modificación, ni de contenido, ni de forma. Siendo los parlamentarios
también responsables de la suscripción del acuerdo, es necesario que se
establezcan principios claros que desarrollen y defiendan principios
constitucionales que hoy son amenazados por los intereses comerciales.
En segundo lugar, es preocupante que el Congreso de la República no
cuente con una instancia permanente de seguimiento de las
negociaciones que le permita, no sólo conocer el avance de las
negociaciones, sino alcanzar propuestas específicas y fiscalizar
oportunamente el proceso. STRUBLE: En los años 80, durante un gobierno
del Partido Republicano, EE.UU. inició las negociaciones del tratado de
libre comercio con los países vecinos de México y Canadá. Estas
negociaciones concluyeron durante un gobierno del Partido Demócrata. El
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) entró en
vigencia en el año 1993. Las interrogantes, comentarios e inquietudes que
generaron las negociaciones en los tres países fueron muy parecidas a las
que comienzan a surgir a medida que avanza el debate en el Perú. En este
caso, he observado que el MINCETUR ha estado muy activo difundiendo
los temas en negociación y buscando el aporte de distintas entidades
públicas y privadas, incluyendo el Congreso. Congresistas y asesores han
participado en el llamado “cuarto de al lado” durante las rondas de
negociaciones que se han venido llevando a cabo. Por ejemplo, en la
última Ronda de Tucson ha habido una importante delegación de más de
veinte congresistas. MONNING: La reelección del Presidente George Bush
y el control por el Partido Republicano de la Casa de Representantes y el
Senado muestra la continuación de las políticas comerciales de Bush con
el apoyo del Congreso. Con autoridad negocial “sin trámite previo” que
cumplir, la administración de Bush puede negociar acuerdos bilaterales o
multilaterales que sólo requieren un voto de “sí” o “no” del Congreso. En
otras palabras, el Congreso americano no puede enmendar o cambiar el
texto de cualquier acuerdo negociado por los representantes de la
administración. Aparentemente, la prioridad de la administración Bush es
asegurar THEMIS 49 Revista de Derecho 317 múltiples acuerdos
comerciales bilaterales usando cronogramas deliberados para proteger
sus intereses percibidos. Mientras CAFTA (el acuerdo de libre comercio
entre EE.UU. y Centro América) representa un pacto reciente de comercio
regional, la búsqueda por la administración de un área de libre comercio
de las américas (FTAA/ALCA) parece destinada a tomar una posición
secundaria a la negociación más probable de acuerdos bilaterales que
imitarán el acuerdo comercial de EE.UU. con Chile. OSCÁTEGUI: En lo que
respecta a EE.UU. esta pregunta fue resuelta por la realidad, pues ya
ocurrieron las elecciones y ganó Bush, quien venía impulsando estos
tratados. Sin embargo, así hubiera ganado Kerry no era de esperar ningún
cambio significativo. Los TLC con los países de América Latina son
beneficiosos para EE.UU., y surgen de su incapacidad de aglutinar a todo
un continente con una propuesta única de relación comercial. Los tratados
bilaterales son más convenientes para ellos con la finalidad de llegar a la
Ronda de Doha con acuerdos que sería imposible obtener en acuerdos
multilaterales. En esta Ronda, EE.UU. espera negociar como bloque con
los otros grandes bloques comerciales, Europa, Asia. Por esto, la política
de Estado de EE.UU. bajo Kerry también hubiera sido mantener los TLC,
independientemente de lo que los candidatos dijeron durante el período
electoral. Debemos preocuparnos más por la aprobación del Congreso
peruano, pues ante la poca transparencia de las negociaciones la
población peruana se está formando las más diversas ideas y expectativas,
que pueden no corresponder con la realidad. Esto podría ser causa de
manifestaciones de desacuerdo y descontento. Inversión 6. Los TLC
estipulan una serie de reglas que tienen por objeto crear las condiciones
idóneas para que las empresas, tanto nacionales como extranjeras,
maximicen sus ganancias. Sin embargo, no contienen la exigencia de
ninguna contraprestación en términos de colaboración al desarrollo del
país, ¿qué papel juega el tema relativo a la responsabilidad social de las
empresas en las negociaciones del TLC? DE LA FLOR: Debemos recordar
que el TLC de por sí es un instrumento que facilitará y promoverá el
ingreso de nuevas inversiones a nuestro país. Una de las razones
primordiales de haber iniciado negociaciones con EE.UU. fue justamente
tener la posibilidad de incrementar los flujos de inversión, tanto
extranjera como nacional hacia nuestro país. Respondiendo
concretamente la pregunta, debo informarles que el TLC incorpora dos
capítulos vinculados a la responsabilidad social de las empresas. El
primero es el de Normas Laborales y el segundo vinculado a los Estándares
Medio Ambientales. Adicionalmente, es conveniente aclarar que las
empresas que producen eficientemente están generando empleos que en
sí mismos ya contribuyen al desarrollo del país. DIEZ CANSECO: El capítulo
de Inversiones del TLC con EE.UU., es un capítulo muy sensible ya que
desde los principios de “Trato Nacional” y el “Principio de nación más
favorecida”, puede recortar la capacidad del Estado de impulsar medidas
que busquen vincular las inversiones con el desarrollo nacional: por
ejemplo, establecer requisitos de desempeño a las inversiones que
vinculen a la inversión extranjera con desarrollo nacional, regional o local,
estableciéndole requisitos como la transferencia de tecnología, el
cumplimiento con determinado tipo de requisitos ambientales o sociales,
etc. Ello es una necesidad nacional. El TLC también establece limitaciones
a la posibilidad de incorporar mecanismos para el control de capitales u
otros controles financieros. Esta limitación es muy seria en particular para
el control de los llamados “capitales golondrinos”, que se mueven como
capital especulativo y que han llegado a ocasionar serias crisis
económicas. Mantener estos mecanismos de control de capitales es muy
importante, deben poder estar siempre disponibles para los países en
desarrollo, de manera que se pueda asegurar la estabilidad económica.
Los requisitos de desempeño para la inversión que se están limitando en
la negociación, son un mecanismo eficiente mediante el cual se genera un
vínculo entre responsabilidad social de las empresas y las inversiones.
Parece que para muchas personas, y mucho más para los grandes
intereses económicos, hablar de responsabilidad social de la empresa –
como sucedió en la discusión de la Ley de Regalías Mineras– es estar en
contra de la inversión, y esto está reflejándose en la negociación del TLC.
STRUBLE: Esta pregunta requiere una aclaración. Ninguno de los tratados
de libre comercio que ha firmado EE.UU. establece garantías de ganancias
para compañías privadas. Lo que hacen estos acuerdos es establecer
reglas claras y perdurables que hagan previsible la actividad económica a
fin de atraer inversiones. Por otro lado, la contribución al desarrollo del
país por parte de las empresas, con TLC o sin TLC, está constituida por los
impuestos que pagan al fisco y el empleo que generan, así como Mesa
Redonda THEMIS 49 Revista de Derecho 318 la expansión de productos de
calidad a precios bajos y asequibles al público. Un aspecto importante de
todos los tratados de comercio que hemos firmado es el reconocimiento
de la responsabilidad social. Por ejemplo, el CAFTA recientemente suscrito
con los países centroamericanos, contiene una estrategia diseñada
especialmente para apoyar el respeto –en el ámbito interno de cada país–
de los derechos laborales, así como para fortalecer la capacidad de las
naciones centroamericanas para hacer cumplir la legislación laboral. El
CAFTA incluye un capítulo innovador sobre el tema de protección
ambiental y mecanismos de resolución de controversias. Allí se establece
la realización de audiencias públicas, el acceso público a diversos
documentos, una mayor transparencia y sólidas disposiciones contra la
corrupción. MONNING: Las inversiones (inversiones extranjeras directas)
son vistas como la llave del desarrollo económico, la erradicación de la
pobreza y la panacea para los problemas económicos, sociales y aun los
políticos. Pero, los acuerdos de inversión representan un intento de los
gobiernos de establecer un sistema basado en reglas para la inversión
privada directa. El enlace entre las inversiones y el desarrollo
necesariamente requiere o que el gobierno proteja los intereses
domésticos o que negocie los términos para alcanzar objetivos de
desarrollo. En el caso de la industria minera peruana, la cual representa
aproximadamente el 52 por ciento de todo el intercambio por exportación
peruano, varios modelos han surgido indicando diversos resultados en
términos de beneficios amplios para la sociedad provenientes de la
inversión en operaciones mineras. Las operaciones mineras extranjeras en
Tintaya y Las Bambas aparecen como modelos de la participación de la
comunidad en la negociación en temas relacionados con la transferencia
de la tierra, protección del medio ambiente, derechos humanos, y los
objetivos de desarrollo a largo plazo. Las compañías australianasbritánicas
y suizas involucradas con Tintaya y Las Bambas pueden ser
apropiadamente llamadas inversionistas “socialmente responsables”. La
ley peruana también requiere un “gravamen social” a todos aquellos
postores de exploraciones de minerales y concesiones mineras. Queda por
verse si el resultado de estos “gravámenes sociales” será recolectado y
distribuido de una forma que, en realidad mejore la situación de las
comunidades empobrecidas localizadas en las cercanías de ricas reservas
de mineral. La controversial operación minera de Yanachoca en
Cajamarca, Perú, representa otro ejemplo de cómo otro inversionista
extranjero (Newmont Minning Company, EE.UU.) podría o no promover
políticas empresariales socialmente responsables. Cuando Yanacocha
inició sus operaciones mineras en Cajamarca en 1994, Cajamarca se
situaba como la cuarta región más pobre del Perú. Diez años más tarde, y
después de billones de dólares de extracción de oro y plata de los
yacimientos mineros de Yanacocha, Cajamarca se sitúa como la segunda
región más pobre de Perú. El impacto ambiental y social de la compañía
Minera Yanacocha (envenenamiento por mercurio en Choropampa, junio
de 2000) y los impactos sobre el agua han provocado resistencias de
amplia base para nuevas exploraciones en el cerro Quilish en Cajamarca.
La compañía Minera Yanacocha ha tomado un paso sin precedentes al
anunciar la aceptación de la suspensión de su permiso de exploración del
cerro Quilish por el Gobierno y al comprometerse a dialogar con la
comunidad a través de las Mesa de Dialogo reconociendo su pobre
comunicación con la comunidad cajamarquina en el pasado (El Comercio,
4 de noviembre de 2004, Yanacocha pagó un aviso publicitario). La
responsabilidad social necesita ser exigida, no quedar como una opción
voluntaria. Los inversionistas extranjeros, sus socios corporativos
nacionales y los ministros de gobierno necesitan convocar a los
representantes de las comunidades a la identificación de prioridades de
desarrollo antes, no después de que los acuerdos de inversión hayan sido
negociados e implementados. OSCÁTEGUI: La pregunta debería decir “los
TLC estipulan una serie de reglas que tienen por objeto crear las
condiciones idóneas para que las empresas de EE.UU. maximicen sus
ganancias”. Me es difícil pensar en empresas peruanas ingresando al
mercado estadounidense, competitivamente y en las magnitudes en que
ingresan al Perú las empresas norteamericanas. Por esto, los acuerdos al
respecto serán, fundamentalmente, una protección a las empresas de
EE.UU. Los temas como el de la “responsabilidad social de las empresas”
no tienen lugar en las negociaciones del TLC, lo que no quiere decir que no
deberían tenerlo. Propiedad intelectual 7. Los sistemas de patentes
básicamente están pensados para otorgarle a los inventores los incentivos
necesarios para que investiguen y creen más al permitirles internalizar los
beneficios de sus esfuerzos en forma exclusiva por un periodo de tiempo.
El dilema se presenta con relación a los costos sociales de estos sistemas
ya que generan menor difusión y acceso a los medicamentos. Teniendo en
cuenta la realidad social peruana, ¿cómo resolvería el dilema con relación
a las patentes médicas? THEMIS 49 Revista de Derecho 319 DE LA FLOR:
Estamos negociando para que en el TLC se adopten mecanismos que
permitan un adecuado y oportuno acceso a los medicamentos,
principalmente a los esenciales, para los consumidores peruanos. Es
necesario tener en cuenta que mecanismos como las licencias obligatorias
y las importaciones paralelas constituyen una flexibilización a los derechos
de patente, permitidos en los ADPIC-Declaración de Doha e incluidas en la
propuesta de EE.UU. Algunas de las condiciones para su utilización son
situaciones tales como emergencia nacional u otra circunstancia de
urgencia extrema. Ahora bien, cuán flexibles pueden ser las condiciones
para la utilización de estos mecanismos dependerá de los resultados de la
negociación. Apuntamos a que éstas guarden relación con los intereses
legítimos del país, pero también evitando violentar los derechos del titular
de la patente. Una ayuda para comprender el verdadero impacto de los
productos patentados es conocer el ritmo de ingreso de nuevas medicinas
al Perú. Así, de las 122 moléculas nuevas lanzadas en el mundo en los
últimos seis años, sólo 36 fueron traídas al país y únicamente 11 tienen un
mercado interno interesante como para ser copiadas. Tomando en cuenta
que en las farmacias peruanas se comercializan alrededor de 5 mil
medicamentos, el número de nuevas patentes es ínfimo. DIEZ CANSECO:
El tema ha sido ya debatido en la OMC y los países que hoy estamos
negociando el TLC ya tenemos un acuerdo sobre la materia: en la Ronda
de Doha de la OMC se consagraron los intereses de la salud pública por
encima de los intereses comerciales y este tiene que ser el límite natural
para la negociación de temas referidos a propiedad intelectual. Allí ya se
estableció la vigencia de patentes por un plazo de 20 años, cifra que es
por demás alta y que supone importantes limitaciones para acceder a
medicamentos genéricos. Las pretensiones de EE.UU. de establecer en el
TLC un esquema ADPIC plus, mediante el cual buscan ampliar el plazo de
las patentes (segundos usos o la protección de los datos de prueba), y el
ámbito de patentabilidad (patentamiento de plantas y animales con
pequeñas variaciones genéticas) son inadmisibles. Ceder en esto sería
conceder mayores beneficios a los grandes monopolios farmacéuticos,
incrementando el costo social que ya genera la protección de las patentes.
La industria farmacéutica es la tercera industria mundial luego de la
industria armamentista y petrolera. Por lo tanto, los lobbies e intereses
tras la negociación del TLC son muy grandes y comprometen a
importantes sectores políticos en EE.UU. El tema del SIDA es un buen
ejemplo: en el Perú 76,000 personas aproximadamente viven con SIDA.
Un tratamiento con medicamentos genéricos costaría US$ 408 por
persona al año, mientras que un tratamiento similar con medicamentos
de marca costaría US$ 4,300. Estamos hablando de un precio diez veces
mayor. Este costo más alto no sólo lo tendría que asumir los pacientes,
sino que supondrá una significativa alza del presupuesto público, si
consideramos que según los datos del Ministerio de Salud el 72 por ciento
de las medicinas que se recetan y aplican en hospitales públicos y centros
de atención médica son medicamentos genéricos. Aquí, hay que saludar la
firme posición del Ministerio de Salud en este tema, defendiendo el
acceso a medicamentos genéricos y definiendo claramente cuáles son los
temas inaceptables en la negociación. Los límites para la negociación del
tema de patentes ya están puestos por el propio Ministerio de Salud y en
ellos debemos ser muy firmes: encauzarnos hacia un régimen tipo ADPIC
plus es inadmisible ya que pone en serio riesgo la salud de millones de
peruanos. STRUBLE: El temor a que la protección de los derechos de
propiedad intelectual (que es un elemento esencial del TLC) afecte el
precio y la disponibilidad de las medicinas en el Perú, es un tema de
preocupación en el país. EE.UU. defiende con firmeza en la OMC y asegura
que las normas internacionales sobre los derechos de propiedad
intelectual no afecten el acceso de los países pobres a las medicinas
esenciales. Ningún tratado comercial que hayamos negociado va en contra
de este principio. De hecho, el tratado suscrito recientemente con
América Central incluye una cláusula específica reiterando esa posición.
Éste se encuentra disponible en la Internet para que todas las personas
interesadas puedan informarse. En el Perú, el 98 por ciento del total de
medicinas son vendidas como medicamentos genéricos y no cuentan con
ninguna patente. Ellas no son cubiertas por la protección de los derechos
de propiedad intelectual. Hay que señalar que el nivel de protección de las
patentes de productos farmacéuticos en el Perú es muy bajo. Por esta
razón, los fabricantes de varios países prefieren no vender sus medicinas
en el Perú por temor a que sean pirateadas. No es, pues, la protección de
la propiedad intelectual lo que afecta a los pacientes peruanos, sino más
bien la débil protección lo que los ha privado de las dos terceras partes de
los medicamentos que se han desarrollado en los últimos cinco años y que
sí están disponibles en otros países. MONNING: Las patentes médicas
representan uno de los temas de comercio más controversiales del nuevo
milenio. Los efectos devastadores del VIH/SIDA destruyen vidas y llevan a
la ruina a las familias que buscan aliviar el sufrimiento de esta enfermedad
debilitante. Las naciones africanas ocupan el primer lugar en el mundo
Mesa Redonda THEMIS 49 Revista de Derecho 320 en pérdida de vidas
humanas por motivo del VIH/SIDA, pero ningún país ha escapado del
horroroso impacto de esta enfermedad incurable. Las compañías
farmacéuticas más importantes han luchado para proteger sus patentes y
derechos exclusivos dentro del mercado, sobre las drogas que alivian y
extienden las vidas de los pacientes. Algunas concesiones han sido hechas
por estas enormes compañías farmacéuticas, pero el verdadero tema está
relacionado no sólo a las drogas relativas al VIH/SIDA, sino a un ancho
rango de medicinas que podrían salvar vidas o prolongarlas. En este
terreno, la OMC y la OMS necesitan proponer la excepción de algunas
medicinas salvadoras de vidas de la así llamada protección de las patentes.
Una forma de prevenir la actividad del mercado negro lucrando con los
productos médicos “similares” o producidos de modo paralelo es la
participación del Gobierno, por intermedio de sus ministerios de salud, en
la producción y adquisición “al costo” de los productos en manos de los
propietarios de las patentes para combatir y prevenir las enfermedades
fatales. Un tema relacionado en el campo de la protección de las patentes
es la práctica de las farmacéuticas multinacionales y compañías
productoras de alimentos de expandir sus portafolios de productos
“capturando” y patentando la propiedad de plantas aborígenes, animales
y otros componentes biológicos regionales. La explotación del mundo en
desarrollo y los productos regionales indígenas, sean alimentos, plantas,
insectos o animales no debería beneficiar a aquellas compañías con
abogados, grandes presupuestos y el know how para acelerar las
aplicaciones de las patentes desde sus laboratorios a las oficinas de
patentes. Un caso muy conocido involucra la patente de la compañía
Monsanto sobre una variedad de fríjol rojo cultivada por agricultores de
subsistencia mexicanos por centurias. Ahora que Monsanto ha patentado
esta variedad de fríjol, está cobrando a los agricultores por el uso de la
patente para continuar cultivando este producto autóctono de sus tierras
y que es un elemento esencial de sus culturas. En el caso de Perú, la rica
variedad de plantas autóctonas, insectos y animales de las regiones andina
y amazónica representa una atractiva fuente para la extracción foránea y
las patentes. La explotación de esta rica y potencialmente lucrativa
variedad de plantas y otros recursos naturales estaría mejor protegida a
través de convenios internacionales y no sujetos a una carrera contra el
tiempo hacia la oficina de patentes que sólo beneficiará a las grandes
multinacionales en detrimento de las comunidades tradicionales y las
economías de los países en desarrollo. OSCÁTEGUI: Las patentes no son
otra cosa que derechos monopólicos sobre ciertos procesos o productos.
Esto no es necesariamente malo, sobre todo en esta época en la que parte
de la investigación, sobre todo la investigación aplicada, es realizada por
empresas. El objetivo es garantizar que el investigador sea
adecuadamente retribuido. Sin embargo, si tener una patente por 20 años
ya es, en mi opinión, exagerado, ampliar este tiempo, como lo quieren los
norteamericanos, es contraproducente. Deberíamos tener en cuenta que
los acuerdos sobre el respeto a la propiedad intelectual no son,
propiamente, temas de comercio internacional. Los acuerdos comerciales
no tienen por qué incorporarlo. Sin embargo, EE.UU. los viene imponiendo
como parte de esos acuerdos. El argumento es que ellos tienen por objeto
proteger la producción intelectual y así incentivarla. Una forma de ver esto
desde el lado de los países emergentes, debe ser que, como su propósito
es incentivar la producción intelectual, los acuerdos en el TLC deben
buscar que esta sea incentivada no sólo en EE.UU., sino también en el
Perú. Por esto, si los acuerdos a los que se llega garantizan únicamente la
lucha contra la “piratería” (que es un problema policial, pero no es un
tema de comercio libre), no serían beneficiosos para el Perú, pues nuestro
país transferiría recursos como pago a la propiedad intelectual sin recibir
nada a cambio. Dada la diferencia en capacidad tecnológica, educativa,
etc., nuestro país produce ninguno o muy pocos inventos patentables que
puedan ser comercialmente atractivos en el mercado norteamericano. Por
esto, nosotros no recibiríamos nada o casi nada, pero transferiríamos
recursos. En cambio, una relación balanceada en el tema de la propiedad
intelectual sería un acuerdo sobre el uso de los recursos globales,
generados por el acuerdo comercial, tanto en EE.UU. como en el Perú,
para incentivar la producción intelectual y la capacidad tecnológica
también en nuestro país. Esto podría ser en la forma de repartirnos, en
cantidades iguales o muy cerca de ello, con EE.UU., el fondo total
generado entre ambos países por este concepto, y usar la parte de esos
recursos que nos correspondería para mejorar la educación y la capacidad
tecnológica del Perú. En lo que respecta a los productos relacionados con
la salud, los plazos de las patentes no deberían aumentar. Pero, no
debemos dejar de decir que lo mejor sería que los acuerdos sobre la
propiedad intelectual y todos los demás que estén relacionados con el
desarrollo del comercio, sean resultado de las negociaciones en la Ronda
de Doha y no de acuerdos entre un gigante y algunos pigmeos. Agricultura
8. Teniendo en cuenta la política de subsidios aplicada por EE.UU. a sus
productos agrícolas ¿puede ser perjudicial al desarrollo agrícola nacional
“abrir” nuestro mercado a dichos productos? DE LA FLOR: Primero es
conveniente aclarar que la aplicación de subsidios por parte de algunos
países THEMIS 49 Revista de Derecho 321 conlleva a impactos ambiguos
sobre las economías de los países receptores. Existen impactos positivos
sobre el bienestar de los consumidores derivados de la posibilidad de
adquirir productos a menores precios y destinar los excedentes a la
adquisición de otros bienes y servicios; sin embargo, también existen
impactos negativos sobre los ingresos de los productores locales en países
no competitivos en los productos subsidiados. Lo importante es observar
el balance sobre el bienestar de la economía en su conjunto. En concreto
para la negociación con EE.UU., los subsidios en este país no afectan a
todo el universo agropecuario, sino solamente a 14 productos, gran parte
de los cuales presentan un interés ofensivo para el Perú en la presente
negociación, considerando el enorme potencial del mercado
norteamericano y la competitividad nacional. De estos 14 productos, el
Perú sólo produce 7, siendo deficitario en todos; es decir, la producción es
insuficiente para abastecer a la demanda interna, la misma que por su
magnitud, no representa un mercado significativamente atractivo para los
grandes productores internacionales. Además, de los 7 productos
importados, solamente 2 provienen mayoritariamente de EE.UU.,
mientras que el resto proviene principalmente de Bolivia, Argentina o
Uruguay. Ahora, el hecho que el real interés defensivo del Perú respecto a
los productos subsidiados en EE.UU. sea verdaderamente reducido, no
quiere decir que vayamos a descuidar este aspecto de la negociación, todo
lo contrario. Nosotros partimos siendo realistas y reconociendo que los
subsidios agrícolas no surgen con el TLC ni van a dejar de existir con él;
pero también somos concientes que las negociaciones nos brindan una
gran oportunidad por constituir un marco para plantear mecanismos
creativos orientados a corregir las distorsiones causadas por los subsidios.
Esta es la firme posición del Perú en estas negociaciones y en esa línea
venimos trabajando. DIEZ CANSECO: Definitivamente abrir nuestro
mercado a los productos agrarios subsidiados generaría una grave crisis
agraria nacional. Este es uno de los temas más sensibles del TLC, ya que
muestra de manera expresa la relación asimétrica que existe en la
negociación. Los millonarios subsidios que tienen los agricultores en
EE.UU., generan distorsiones a los precios internacionales de los
productos agrícolas afectando significativamente a los productores
nacionales. No podemos aceptar las condiciones que nos exige EE.UU., en
donde ellos han manifestado que se reservan la potestad de mantener sus
subsidios y ayudas internas al agro, y que sólo debatirán estos temas en el
marco de la OMC. Junto con esta posición, EE.UU. nos exigen que nosotros
eliminemos la Franja de Precios, que es el mecanismo más eficiente que
hoy tenemos para contrarrestar estas distorsiones y esto es sólo para
algunos productos nacionales. Es inadmisible que la posición del equipo
negociador peruano en este tema sea dubitativa. Colombia y Ecuador han
sido muy firmes en este aspecto. Si el propio Ministro de Agricultura,
Álvaro Quijandría ha afirmado recientemente a un diario nacional que “si
mantenemos la franja de precios no se podrá lograr un TLC con Estados
Unidos”, lo cual equivale a tirar la toalla, entonces me pregunto: ¿qué tipo
de firmeza en nuestra posición negociadora es esa? Es cierto que con el
ATPDEA el crecimiento de la industria agro-exportadora ha sido
significativo, y que es necesario consolidar y preservar éste crecimiento y
su importante aporte a la economía nacional, pero esto no se puede hacer
a costa del resto de sectores productivos nacionales que son mayoritarios
y que sostienen los productos más importantes de la canasta alimenticia
nacional y de la que dependen miles de familias campesinas, en donde
están los sectores más pobres de la población. Un TLC que ponga en riesgo
a este sector es inadmisible, ya que compromete la seguridad alimentaria
y la economía de miles de familias, que constituyen aproximadamente el
65 por ciento de la PEA en el área rural. STRUBLE: El MINCETUR ha hecho
un estudio del impacto real de los productos subsidiados que vienen tanto
de EE.UU. como de otros países. Este estudio muestra que los subsidios no
afectan a todo el universo agropecuario, sino a 14 productos básicos de un
universo de más de 1,100 productos. De esos 14 productos, el Perú
produce únicamente 7 y en estos casos la producción nacional resulta
insuficiente para abastecer la demanda interna. De los 7 productos sólo 2
provienen mayoritariamente de EE.UU. –algodón y trigo. En las
negociaciones que se llevan a cabo estamos conversando sobre lo que se
puede hacer para contrarrestar el impacto de dichos subsidios. Por otro
lado, es la OMC la que establece límites a los subsidios agrícolas. Cabe
recordar que el subsidio más alto permitido por la OMC fue otorgado a la
Unión Europea y es de alrededor de $67 mil millones. El segundo subsidio
más alto fue concedido al Japón, unos $33 mil millones mientras que el
límite fijado por la OMC para EE.UU. es de $19 mil millones. Hace dos años
EE.UU. propuso a ese organismo que se eliminaran todos los subsidios
agrícolas en un plazo de cinco anos. Sin embargo, nuestros principales
competidores –la UE y el Japón– no respondieron. Mesa Redonda THEMIS
49 Revista de Derecho 322 MONNING: El tema de los subsidios agrícolas
es uno de los más importantes en la agenda comercial contemporánea.
Recientemente la OMC resolvió una controversia en favor de Brasil, quien
presentó una queja contra EE.UU. basada en la distorsión del mercado
producida por los subsidios de EE.UU. a la industria del algodón. Durante
el primer gobierno de la administración Bush los subsidios agrícolas fueron
dramáticamente incrementados en el intento presidencial de solidificar el
apoyo de los agricultores del medio oeste de granos, algodón, azúcar y
otros productos de exportación (ver: Ley Farm Bill del 13 de mayo de
2002). Estos subsidios que distorsionan el comercio desafían los principios
del libre comercio y conllevan el desplazamiento de los productores
agrícolas locales por los productos agrícolas subsidiados de EE.UU. (los
agricultores mexicanos del maíz han sido drásticamente impactados por la
importación del maíz norteamericano subsidiado). Asimismo, la
exportación de productos agrícolas de países en desarrollo ha demostrado
ser económicamente desastrosa en sus esfuerzos por competir con
productos similares en los EE.UU. que gozan de subsidios o cuotas de
protección (algodón, azúcar, maíz, espárragos, nueces, etc.). Como
principio básico de equidad y fundamento del libre comercio, las naciones
importadoras no deberían ser expuestas a competir con los productos
subsidiados de EE.UU. Para crear equidad e igualdad en los acuerdos
bilaterales o multilaterales de comercio, las economías importadoras
deberían luchar por el derecho a imponer modificaciones tarifarias, cuotas
o requerir la eliminación de los subsidios injustos a los productos agrícolas
de EE.UU. Hacerlo de otra manera significaría aceptar la competencia
desleal en detrimento de los productores agrícolas locales y de los
objetivos políticos más amplios en materia económica y social.
OSCÁTEGUI: Hay pocos productos agrícolas en los cuales somos
competidores de la producción norteamericana. Creo que hay productos
agrícolas que nunca podremos producir a los precios que pueden ser
producidos en países como EE.UU., me refiero al trigo, la cebada, la soya,
por ejemplo. En este sentido, los subsidios de ese país a gran parte de su
producción agrícola no nos afectan directamente. Sin embargo, en
aquellos productos en los que su producción subsidiada competiría
ventajosamente con nuestra producción, tendríamos que conseguir que
los acuerdos a los que se llegue nos permitan reciprocar y aplicarles
medidas equivalentes.