Detroit
Detroit
Celeste
SERIE FALLEN 01
TRADUCCIÓN
AGUSTINA
CONXI
MIRABELA
NELLY VANESSA
CORRECCIÓN
MARJORIE
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ARGUMENTO
En Detroit, un asesino en serie acecha a las mujeres de la
ciudad.
A medida que aumenta la tensión, una mujer tendrá que
hacer un trato con un demonio para llevar atrapar asesino de que la
ira de Dios caiga sobre Detroit.
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CAPÍTULO UNO
Celeste se quedó mirando hacia el horizonte de Detroit. Tenía los
huesos cansados.
“¿Cuando iba a terminar su tormento?”
No esperó respuesta, ya que Dios hacia mucho que le había dado la
espalda cuando había decidido abandonar el cielo y revelarse contra él. Se
condenó a vivir sin su toque.
Dejando caer la cabeza contra la ventana pensó que sólo por una vez
le gustaría saber que alguien pensaba en ella. Chocando la frente contra el
vidrio, hizo una mueca sabiendo que eso nunca iba a suceder.
Volvió sus pensamientos hacia el problema al que tenía que hacerle
frente. Durante dos semanas un astuto cazador había acechado la ciudad de
Detroit aprovechándose de mujeres jóvenes.
El tercer cuerpo había sido encontrado hacía veinticuatro horas y
mientras la policía buscaba pistas, nada se encontró. Los policías estaban
desesperados por alguna pista que les pudiera revelar quien era el asesino.
Celeste sabía quien había cometido el crimen. Tomas fue la razón por
la cual se había mudado a Detroit diez años atrás.
En ese tiempo, había tratado de conectar con él, pero el Ángel caído,
cauteloso, había aprendido a través de los siglos a esconderse de los humanos y
de los Enforsers por igual.
En la actualidad, había comenzado realmente a jugar un juego que
Celeste esperaba poder detener a tiempo antes de que cometiera demasiados
asesinatos.
Abriéndose entrando a la oficina, uno de sus mejores agentes gritó:
—Es como si se hubiera evaporado, Celeste. Ni una sola pista.
Al Risen se desplomó en su silla y la miró. Él se había unido a su
Compañía de Investigaciones y Seguridad hacia ya siete años. La compañía se
conocía por resolver casos imposibles y en mantener el orden en la Ciudad del
Motor1.
— Claro que ha desaparecido. — Celeste no se volvió hacia él. –
Tenemos a un asesino serial en nuestras manos.
1 Detroit es conocida como Ciudad del Motor por se considerada como el centro tradicional del mundo
automotriz
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—¿Tenemos que tratar con él? — al preguntó.
—Tú no. Yo lo haré.
—¡Demonios! Montgomery ha tratado de molestarte por meses. Te
estás metiendo justo en el medio de sus fantasías, Celeste. ¿Cómo sabemos que
no es él quien ha estado cometiendo estos asesinatos?
—¿Por qué lo haría, Al? ¿Para qué yo tenga que rogar por su ayuda?
— Celeste río. — Él no me desea tan locamente.
Al movió la cabeza en desacuerdo.
—Cariño, él haría cualquier cosa por tenerte. Confía en mí, lo he visto
en sus ojos.
Celeste había conocido a Adam Montgomery en la oficina del Alcalde
hacía ya varios meses. Incluso antes de entrar en la oficina olió la fuerte esencia
del cuero, del poder y del hombre. Su piel se acaloró y sintió como su vagina
comenzaba a mojarse. Luego lo vio parado junto al escritorio.
Adam era más alto que ella. Sus hombros eran anchos y sus caderas
angostas, su piel estaba morena por horas pasadas al sol. Sus inusuales ojos
verdes claros estaban focalizados en ella. Sus labios eran finos y ligeramente
crueles. Su pelo marrón claro, manchado con reflejos dorados que por poco
tocaban sus hombros. Llevaba su traje de tres piezas como si hubiera sido
criado rodeado de dinero y no en las calles como se rumoreaba.
Sus muslos se apretaron y su clítoris crecía a medida que lo frotaba en
contra de sus jeans. Trató de mantenerse calmada pero no pudo controlar las
reacciones de su cuerpo. Sus pechos se pusieron pesados y sus pezones se
convirtieron en pequeños guijarros. Celeste nunca había estado tan excitada y
Adam lo sabía. Había visto su excitación danzar en sus ojos. La atracción
instantánea la asustó.
Él le había pedido una cita pero ella lo rechazó. No importó cuantas
veces se lo preguntara, ella continuó diciendo que no. Había peligro en sentir
lujuria por Adam y sería un suicidio enamorarse de él. Celeste temía que si
llegara a compartir su cama, perdería su corazón y no podía perder ningún
pedazo más de él.
Cuando Al se aclaró la garganta, Celeste se alejó de sus recuerdos y
dijo suavemente:
—He concretado un encuentro.
—Iré contigo,— dijo Al.
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Celeste negó con la cabeza.
—Iré sola, Al. Hubo tres mujeres asesinadas. Estoy dispuesta a hacer
cualquier cosa para atrapar al asesino.
Se puso su chaqueta y se alejó de la oficina.
—Incluso jugar a la puta del demonio, — susurró Al.
Mientras caminaba hacia el coche, Celeste repasó la información que
había encontrado acerca de Adam Montgomery. No hacía daño saber todo del
hombre con el cual iba a compartir el caso.
Adam era el líder de los Demonios, una banda que era dueña de las
calles de Detroit. Ellos conocían todo lo que pasaba en las calles de la ciudad, ya
fuera relacionado con el crimen o no, y estaban involucrados en casi todo. Ella
había oído un rumor acerca de que Adam no permitía ciertas cosas en su ciudad.
Algunos crímenes eran demasiado terribles, incluso para él líder de los
Demonios.
Él controlaba la mayoría de los lugares en Detroit con el miedo
impuesto por su banda. Desgraciadamente, o quizás afortunadamente, Adam no
sabía la extensión del Diablo lucrando en las sombras de la ciudad. Ella lo
conocía y estaba asustada de él.
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no, él dejaba de molestarla y seguía hacia la siguiente. Pero había algo acerca de
Celeste que lo tenía atrapado. Nunca estaba lejos de sus pensamientos.
Cuando entendió que su fascinación con la chica de piernas largas no
iba a desaparecer, envió a Jakar, su asistente, a que investigara su pasado. Raro,
ella parecía no existir diez años atrás cuando llego a Detroit. Un día abrió su
negocio en una oficina en un edificio en la ciudad. Antes de ese día, le fue
imposible a Jakar encontrar nada acerca de ella.
Jakar su mano derecha, pensaba que era un tonto por perseguir a una
mujer que no lo deseaba pero el misterio que la rodeaba, lo atraía como a una
polilla a la llama.
Finalmente cansado de ser rechazado, le había dicho a Celeste que lo
llamara cuando estuviera lista.
Sabía porque ella lo había llamado. Al mismo tiempo que se
encontraba excitado por una probada de Celeste Young, estaba rabiando por el
asesino. ¿Cómo había entrado a la ciudad sin que uno de los empleados de
Adam tuviera alguna noticia acerca de ello? Ya había enviado a sus hombres a
buscarlo, estaba dispuesto a ayudar a Celeste a encontrarlo, pero se preguntaba
si ella estaba dispuesta a pagar por el precio que requería dicha ayuda.
Su pene se endureció dolorosamente por atención y sonrió. Esta
noche este engendro del diablo iba a conseguir una probadita del cielo.
—Celeste, — susurró en su oreja a la vez que se acercaba detrás de
ella.
Era alta pero él igualmente tenía que doblar su cuello para oler su
suave piel.
—Incluso en un oloroso bar, te las arreglas para oler bien.
Se le acercó, restregando su erección en contra de su culo cubierto
por los jeans. Sabía que aunque ella estaba tratando de evitar que su cuerpo se
relajara, se restregó contra él.
—Cuidado bebe. Estoy en una delgada línea ahora.
Él sonrió suavemente.
—No me llames bebe. Así es como se llama a una pequeña rubia
mascando chicle. No soy del tipo de las porristas. — Celeste sonrió.
Se podía ver que estaba contenta de ver como lo afectaba.
—Gracias a Dios por eso, Celeste. No quiero tener que limpiar el
chicle de mi pene.
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Ella río
—¿Qué te hace pensar que mi boca estará cerca de tu pene?
—Llámalo una corazonada.
Adam dio un paso hacia atrás y agarró su brazo. —Vámonos fuera de
aquí. No es un lugar seguro para ti.
Él se dio cuenta de que las personas estaban mirándolos
detenidamente, ella giró hacia él.
—Puedo cuidarme sola, Adam. No necesito ningún macho
protegiéndome. Aparte, tengo un amigo.
Ella cuidadosamente acaricio su 9 mm Glock3 que tenia enganchada
a su costado.
El pene de Adam se movió. El único pensamiento en su cabeza era
esperar que ella cuidara de él tan delicadamente cuando fuera su turno.
—¿Nos entendemos, Adam?
Su sonrisita le dijo que ella sabía lo que estaba pensando. Él salió de
su ensueño como si hubieran roto una botella en su cabeza.
—Celeste, la única razón por la cual estás parada aquí y no tirada
afuera es porque estás conmigo. Cada persona en el bar sabe que pasaría si
alguien se mete conmigo.
—Eres muy posesivo para ser un hombre que aun no me ha follado.
—Después de que lo haga, no querrás a ningún otro hombre.—
Prometió Adam.
—Y tú no querrás a ninguna otra mujer.
Celeste se alejó tranquilamente de la barra.
—Apuesto a eso, Celeste— susurró Adam mientras la seguía fuera
del bar mirando el movimiento de sus caderas.
3 Las pistolas Glock son unas de las más usadas por cuerpos policiales, agencias de seguridad y fuerzas
armadas en más de 50 países.
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—Hacia algún lugar donde podamos hablar.— Contestó Adam
mirando por la ventana.
No podía mirarla o terminarían fuera del camino. Su camiseta blanca
era tan apretada que se traslucía que no estaba usando corpiño, sus pezones
estaban comprimidos contra el algodón. Cayendo en la tentación, se estiro hacia
ella y alcanzó un pezón entre sus dedos pulgar y medio. Apretando y tirándolo
hacia afuera, escuchó como ella gritaba por la sorpresa y luego gemía de placer.
Su pene estaba creciendo, buena cosa que él vistiera pantalones holgados o
habría estallado la cremallera.
El sonido del Aleluya de Handel interrumpió el momento.
—Es el mío. — Celeste dijo y alcanzo su teléfono.
Adam gimió.
—Si… ¿Qué sucede? — Celeste trato de sonreírle a Adam. Había
escuchado la frustración en su gemido —Bueno, ¿Dónde lo encontraron?
Adam la miró. Lentamente se introdujo en un puesto de
estacionamiento vacío. Puso la camioneta en punto muerto y la observó.
—Estaremos en unos instantes... Si Montgomery está conmigo.
Celeste cortó.
—¿Donde? — Él preguntó.
Tenía el presentimiento de que otro cuerpo había sido encontrado.
—En un departamento vacío en la Avenida Grand River. Al dijo que
el cuerpo estuvo allí varios días, por lo que no es una muerte reciente.
—Este es el cuarto.
—Desgraciadamente, parece que estuvo muerta mucho más tiempo
del que pensamos. Lo que es peor, él está comenzando a matar cada vez más
seguido.
Se quedaron callados, de fondo el partido de Hockey en la radio
llenaba el silencio
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CAPÍTULO DOS
Mientras salían del aparcamiento, Celeste buscó muy dentro la
voluntad de su poder. Aun sabiendo que el cuerpo había estado allí por un rato,
tal vez fuera capaz de encontrar alguna pista de Tomas. Una muerte así de
violenta podría dejar alguna marca en la energía de los alrededores por
semanas luego del hecho.
Celeste se movió entre la multitud de oficiales de policía. Sabía que el
cuerpo aun no había sido movido; el olor a descomposición llenaba el aire.
Tragó saliva tratando de derrotar el sentimiento abrumador del miedo
saturando el aire del departamento.
Juntó toda su fuerza y consiguió algunos residuos de los últimos
momentos de la víctima. La sensación quemaba en su pecho advirtiéndole que
había un mensaje que se escondía allí. Los oficiales se apartaron de ella. La
mayoría había trabajado junto a Celeste en varios casos. Asintió hacia los que
conocía pero siguió mirando el cuerpo que yacía en el suelo. Las marcas aun
visibles le dijeron que se trataba del trabajo del mismo asesino serial. La cruz
que quemada en el pecho de la mujer garantizó a Celeste reconocer al asesino.
Se acercó al Coronel para decirle que colocara al cuerpo en una bolsa.
Ella ya había visto todo lo que necesitaba.
—¿Quién pudo haber hecho esto?
La cara de Adam estaba trastocada por el disgusto. Aspiraba por su
boca tratando de no sentir nauseas por el olor.
— Su nombre es Tomas. Lo estoy siguiendo por años. Siempre supe
que era capaz de esto, pero hasta ahora nunca había matado. ¿Qué fue lo que lo
hizo decidirse a comenzar ahora?
Celeste miró entre las sombras que los rodeaban.
La sorpresa tiño la voz de Adam.
—¿Lo conoces?
Celeste asintió. Estaba sintiendo un enojo viniendo desde el costado
lejano del departamento. Giró su cabeza hacia esa dirección.
—Tomas se estuvo moviendo alrededor del país por años, nunca se
quedó en un lugar por mucho tiempo. Estuve siguiendo sus pasos por un
tiempo hasta ahora. Vino a Detroit hace unos diez años y parece que hizo su
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estadía permanente. Vine aquí, puse mi oficina y mantuve un ojo en él. Ahora
está empezando a matar y se irá poniendo peor cada día que pase.
Sosteniendo en alto su mano, detuvo la próxima pregunta de Adam.
Cerró sus ojos y se conectó con las huellas de la furia que sentía en el aire. La
visión que se apoderó de su mente hizo que su pecho se sintiera rodeado de
llamas. Una mujer se le apareció enfrente. Estaba desnuda y rogando por
piedad. Celeste sintió un feroz placer que contenía al hombre cuyos ojos miró
en la cara de ella. Él estaba disfrutando de su miedo. Como un perro rabioso,
cayó sobre ella. Mientras la sangre florecía, el llanto de la mujer se hacía cada
vez más débil y el placer de Tomas se convirtió en éxtasis. Celeste quiso salir
de la visión pero sabía que tenía que verla hasta el final. Quizás encontrara
alguna pista acerca del paradero del asesino.
Mientras Tomas quemaba la marca en el pecho de la mujer, Celeste lo
sintió concentrarse en su interior. Hubo un suave toque en su mente. Él sabía
que ella trataría de usar la emoción que rodeaba al cuerpo para conectarse con
él. Sintió su triunfo y su burla sobre ella. Por alguna razón, Tomas siempre
supo que ella era la única Enforcer que podía competir contra él. Al final, eso
era todo lo que era para Tomas, una competición para ver quién era más
inteligente. Pudo escuchar su voz decir “Este es el primero”.
Una mano en su hombro la saco de su visión. Se volteó para ver a
Adam mirándola, la preocupación teñía sus ojos. Empezó a decir algo pero ella
negó con la cabeza. No quería hablar allí, donde el miedo de la mujer aun podía
amenazar con sobrecargarla. No podía dejarse llevar por el dolor. La
destrozaría.
—¿Dónde vamos ahora?
Adam preguntó a la vez que subían a su camioneta.
—Llévame a casa. No hay nada que podamos hacer esta noche. La
mujer llevaba tiempo muerta y el cuerpo no le dará a la policía muchas pistas.
Lo único que podemos esperar es que la gente con la que la mujer estuvo posea
alguna información.
—Pero lo dudas. ¿Quién es ese tal Tomas?
—Un asesino con quien no quieres cruzarte, Adam. Es sumamente
inteligente y posee habilidades nunca antes vistas.
Celeste no creía que Adam estuviera listo para escuchar la verdad
acerca de Tomas.
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—¿Qué hay acerca de nuestra charla? Querías discutir algo conmigo
esta noche.
El brillo en los ojos de Adam le dijo a Celeste que él se figuraba que
era lo que quería. Ella miró hacia la ventana y focalizándose en la gente sin casa
durmiendo en la vereda, logró mantener su lujuria bajo control.
—Sí, tenemos algo para discutir, pero no esta noche. Las cosas han
cambiado. Necesito repensar mis planes.
La decepción lleno los ojos de Adam por un momento, antes de poder
disimular. Ella sabía que él no quería que supiera cuanto la había codiciado. Le
daría una injusta ventaja.
Se río en voz baja. Ella tenía más ventajas que saber que la codiciaba.
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mundo. Para un Ángel, ser desterrado de la mente de Dios era una cosa
terrible. Se sentía como la muerte, aun cuando llevaba tiempo para que
murieran. Era aun peor ahora que era un Enforcer. Tenía que cazar a aquellos
caídos que iban en contra de los mortales.
Se paró enfrente del espejo. Limpiando el vapor del vidrio, miró la
cicatriz debajo del pecho izquierdo. Era una cruz. Los Ángeles caídos la
llamaban la marca de Caín4. Cada Enforcer llevaba una. Mikka’él 5, el capitán
del ejército la había marcado en su piel cuando se decidió a elegir cazar a los de
su propia raza.
Tomas era el único de los caídos cuya mente se encontraba en el
negro abismo donde su locura tenía el control. Mataría hasta que ella lo parara.
Como no recibía ayuda del Cielo o del Ejército de Dios, tenía que
obtenerla en el mundo humano. Adam Montgomery era su única opción. Él
tenía el poder y los hombres para buscar en la ciudad, calle por calle si fuera
necesario.
Recordó lo rápido que la lujuria se había apoderado de ella. Esa
lujuria podría ser una buena cosa. A diferencia de Tomas que ganaba su poder
del miedo y del dolor, Celeste y los otros Enforsers lo hacían del sexo. Quizás
Dios les dio el poder a ellos para compensar su débil existencia.
Su corazón había reaccionado a Adam también. Tenía temor de que
hubiera sólo unos pasos hacia amor. Si pasaba tiempo con él, podría perder su
corazón. No sería la primera vez. A lo largo de los siglos, ella amó a muchos
mortales y lloró cada una de sus muertes. Todavía podía sentir el dolor que
cada una de ellas le causaba y no estaba segura de poder tratar con eso otra vez.
Cada día se encontraba un paso más cerca del abismo. No quería
convertirse en una de las criaturas que cazaba. Se había jurado a si misma
terminar con su existencia antes de que eso sucediera. Ver otra vez la muerte de
un hombre amado podría llevarla demasiado lejos.
4 Caín era el mayor de los dos hijos de Adán y Eva. Caín se dedicó a la agricultura, mientras que su hermano
menor al pastoreo. Según el relato bíblico estos hermanos presentaron sus sacrificios a Yahvé en sus
respectivos altares; al verlos, Dios prefirió el sacrificio de Abel (de los primogénitos de sus ovejas) que el de
Caín (del fruto de la tierra), quien enloqueció de celos y mató a su hermano, yéndose, después de esto, a sus
cultivos. Al ser interrogado por Yahvé acerca del paradero de su hermano, Caín responde «¿Acaso soy yo el
custodio de mi hermano?». Sabiendo Yahvé lo que había ocurrido, castigó a Caín condenándolo a vagar por la
tierra, pero le colocó una marca particular en la frente para preservar su vida ante los habitantes de la tierra. En
su peregrinaje Caín llegó a la tierra de Nod donde edificó la primera ciudad a la cual llamó Enoc, por el nombre
de su hijo.
5Arcángel Miguel, Mikka’él en hebreo (cuyo nombre significa: “¿Quién como Dios?” ó “¿Quién es Dios?”). Al
decir “¿Quién como Dios?” está indicando que Dios es superior a todo.
Es considerado el ángel que comanda los ejércitos celestiales. Su nombre es un grito de guerra. Es el guerrero
de Dios. Su luz triunfa sobre las tinieblas de la negatividad.
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La cara de la última víctima se le apareció en el espejo. Vio el miedo y
el horror. ¿Cuantas más habrían de morir si no acudía a Adam? Temía saber la
respuesta. Tomas nunca pararía por sí mismo, por lo que dependía de ella
terminar con su reinado de terror. El riesgo de su corazón y salud mental
carecía de importancia frente al número de mujeres que Tomas podría matar.
Su decisión estaba tomada. Celeste se subió a su cama y susurró una
tranquila oración. Los viejos hábitos eran duros de matar.
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CAPÍTULO TRES
Adam estudió al grupo de hombres reunidos alrededor de la mesa.
Eran sus principales lugartenientes en los Demonios. Eran algunos de los
hombres más temidos de las calles, gobernando con mano de hierro y el juicio
rápido. Lo único que esos hombres respetaban era la fuerza. Adam había
demostrado su crueldad. Sus castigos eran severos cuando sus reglas no eran
cumplidas, debido a eso sus hombres lo respetaban y temían. Había creado su
propia mitología. Se había asegurado que su entrenamiento quedara en el
misterio. Había aparecido en las calles a la edad de doce años. Ni siquiera los
mejores investigadores habían podido averiguar nada de él.
Él había extendido los rumores de que mataría a cualquiera que le
preguntara sobre su pasado. Si realmente lo quería o no, después de una mirada
a sus ojos verdes los rumores habían sido creídos. Si había algún tipo de
compasión o amor en el corazón de Adam, estaba escondido en lo más
profundo. Para estar en control de todo a su alrededor, sabía que tenía que ser
cruel.
—Gracias por venir, señores. Estoy seguro que todos han oído hablar
del asesino que está cazando en nuestras calles.
Las quejas entre sus hombres dejaron en claro que no estaban
contentos con las muertes. Una de las primeras reglas impuestas por Adam
cuando se había convertido en líder era que ninguna mujer o niño sería
lastimado. Recordó lo indefenso que había sido cuando niño y nunca quería
provocar esos sentimientos en ningún otro. Así que el tal Tomas había firmado
su propia sentencia de muerte cuando había empezado a matar a las mujeres en
el territorio de Adam.
—Han encontrado un cuarto cuerpo. Parece ser el primero que mató.
Ahora, necesito que hablen con sus hombres. Sácalos a la calle. Necesito saber
todo lo posible de ese tipo. Necesitan encontrar a las personas sin hogar que
nos están evitando. Por lo general las personas de la calle saben las cosas antes
que nosotros. Jakar les dará la información acerca de donde fueron encontrados
los cuerpos y quiénes eran. Necesitamos testigos que estén dispuestos a hablar
con la policía.— Adam apretó los puños. —Si no se hace algo pronto, veremos a
más mujeres muertas. No me gustan las mujeres muertas en mi territorio. Me
molesta.
Ellos asintieron. Habían visto lo que pasaba cuando Adam se
enfadaba. Él terminó la reunión.
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Mientras caminaba a su oficina, vio a Jakar de pie junto a su
escritorio. Adam no podía recordar si fue él quien lo encontró, o si fue el
extraño hombre quien lo contacto. Su mano derecha era alto y delgado, con
ojos de color ámbar que parecían estar al rojo vivo en algunas ocasiones.
Siempre tenía una respuesta para cualquier pregunta que Adam pudiera hacerle.
Y sino la encontraba. Adam nunca le había preguntado a Jakar donde la
conseguía, y no estaba seguro de querer saberlo.
—¿Qué tienes, Jakar?— le preguntó Adam mientras se sentaba.
Había papeles apilados en montones ordenados por todas partes en su
escritorio.
—Los rusos llamaron. Les gustaría reunirse contigo tan pronto como
sea posible. Han sido abordados por una fuente externa tratando de conseguir
que hagan tratos con él. Parece pensar que puede conseguir mejores tarifas.
—Es bueno saber que los rusos están dispuestos a hablar conmigo
primero antes de ir con ese hombre.
Jakar se encogió de hombros.
—Después de salvar a su hijo, el jefe de los rusos está dispuesto a
pagarte con ese gesto de cortesía. Además, estoy seguro de que sabe que eres
dueño de toda la ciudad. Nada que vaya o venga escapa a su atención. Por lo
tanto, vale la pena estar del lado bueno.
—Es cierto. Haz una cita con ellos tan pronto como sea posible. No
quiero que esto se nos vaya de las manos. ¿Qué más?
—Celeste Young te llamó.
La desaprobación goteó de la voz de Jakar.
—No apruebas a la dama, Jakar. ¿Por qué no?
A Adam le hacía gracia. Jakar nunca comentaba sus sentimientos
sobre las otras mujeres con las que había salido.
—Ella es una distracción que no necesitas en este momento,
Montgomery. Llevará tu atención lejos de tus asuntos.
—No todas las mujeres son distracciones, Jakar. Nunca dijiste nada
sobre las otras.
Adam empezó a leer los papeles que tenía que firmar.
—Eso es verdad. Pero ninguna cabeza hueca con las que has salido
antes te había mantenido ocupado durante más de una semana o algo así.
Celeste demandará más de ti.
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Adam miró hacia arriba.
— ¿La conoces, Jakar?
La mirada evasiva de Jakar le dijo a Adam que su amigo estaba a
punto de mentirle.
—Sólo lo que me enteré de ella mientras la investigué para ti. No me
fío de una mujer que parece haber aparecido de la nada.
—Mentiroso.— Adam detuvo la protesta de Jakar. —No me importa,
Jakar. Ahora, llévate estos documentos y que los archiven. Yo me encargo de
Celeste.
—Bien.
Jakar salió de la oficina.
Adam se echó a reír. Sabía que Jakar odiaba cuando Adam no seguía
su consejo. Marcó el número de celular de Celeste en la memoria del teléfono.
Recostándose en su silla esperó a oír su sensual voz.
—¿Hola?
—Hola, cariño.
Un silencio sorprendido siguió a su saludo. ¿Ella se sorprendía de que
la hubiera llamado?
—Hola, Montgomery. Tenemos que terminar la discusión que
iniciamos.
—¿Qué comenzamos? Ni siquiera llegues a pensar en ello.
Él se lamió los labios.
—He pensado en nuestro acuerdo. Ahora tenemos que hablar.
La voz de Celeste sostuvo una pizca de incertidumbre.
—¿Estás segura de eso, Celeste? Sé lo que me pedirás. Sabes cuál será
mi precio.
Quería estar seguro de como se sentía al respecto. No quería ningún
tipo de remordimientos.
Ella suspiró.
—Realmente no tengo otra opción, Adam. Eres el único con los
recursos para ayudarme. Pagaré el precio sin pena si eso me ayuda a atrapar a
Tomas.
—¿Mi casa o la tuya?
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—Nos encontraremos en algún lugar neutral primero.
—Por supuesto. Soy dueño de un restaurante en Woodward. Está a
un par de cuadras abajo del Fox. Puedo recogerte.
—No, nos encontraremos allí a las siete. Será duro conducir esta
noche en el centro. Los Red Wings6 estarán jugando en casa otra vez.
—A las siete.— Acordó Adam y colgó. —¡Jakar!— gritó mientras
salía de su oficina.
—No hay necesidad de gritar, Montgomery. Aquí estoy.
Jakar se acercó a él.
—Asegúrate de que haya una docena de rosas rojas y una botella de
champán frío en mi casa alrededor de las diez.
Adam podría haber jurado escuchar a Jakar silbar mientras el hombre
se volvía para mirarlo.
—La traerás a casa esta noche.
Adam asintió.
—Puede ser que también empiece a pagar por mis servicios esta
noche. No te preocupes, viejo. No permanecerá mucho tiempo después de que el
asesino sea atrapado.
Llegó a los hombros de Jakar.
Jakar esquivó su mano.
—Tendré todo listo, pero no esperes que me guste.
—Está bien. No eres el que la follará esta noche.
Adam caminó hacia la puerta, perdiéndose el escalofrío de miedo y
asco de Jakar.
6 Detroit Red Wings (en español: Alas Rojas de Detroit) es un equipo estadounidense profesional de hockey
sobre hielo situado en Detroit (Míchigan). Es uno de los Original Six, y la franquicia de EE.UU. con más Copas
Stanley conseguidas.
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ojos, tapándola hasta el cuello en la parte delantera, pero sumergiéndose
profundamente en la parte de atrás exponiendo su piel cremosa a su mirada
caliente. Debido a como el vestido abrazaba su cuerpo, él sabía que ella no
llevaba nada debajo. Celeste obviamente había decidido pagarle de una vez.
Poco sabía ella que no iba a ser un pago de una noche.
—Tengo a todos mis chicos buscando testigos. Buscarán en todas las
áreas donde se encontraron los cuerpos y hablarán con la gente que no le dirá
una palabra a la policía. Si puede ser encontrado por su trabajo, lo atraparemos.
Adam tomó un sorbo de su copa de cristal. La mirada de Celeste se
deslizó sobre su rostro. Se preguntó si veía la lujuria quemarse en sus ojos. Él
habría pensado que estaría nerviosa por el próximo cambio en su relación,
teniendo en cuenta lo mucho que había luchado antes. Pero cuando la miraba,
no veía su nerviosismo. Veía una aceptación bastante cansada en su cara como
si siempre hubiera sabido que eso iba a suceder.
Él se inclinó y cubrió la mano con la suya.
—Sabes cuál es mi precio, Celeste. ¿Qué te hizo decidirte a pagarlo?
—Como ya te dije, no tengo otra opción. No hay nadie que pueda
ayudarme a encontrar a Tomas. Por lo tanto, utilizaré lo mejor que tengo a mi
disposición. Ser el jefe del crimen en Detroit te ha abierto puertas que a mí no.
A pesar de que eres un criminal y un despiadado hombre de negocios, sé que
cuando das tu palabra la mantienes.
—Honor entre los ladrones entonces, Celeste.
Ella se encogió de hombros y apartó la vista.
—Honra entre los caídos, creo que es un término mejor para esto.
Intrigado por su críptica declaración, la archivó para pensar en ella
más adelante.
—Quiero que sepas que serás mi amante mientras el caso este
abierto. Esta no será una cosa de una noche, Celeste. Hasta que ponga tras las
rejas a Tomas, tú serás mía.
Una vez más, Celeste no parecía sorprendida.
—Desde el momento en que te conocí supe que no podríamos tener
sólo una noche juntos. Hasta el final del caso, tú eres mío. Yo no te compartiré
tampoco.
Él reconoció su derecho de hacer esa demanda mientras se ponía de
pie y la llevaba afuera donde una limusina negra lisa estaba esperando.
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—¿Tratando de hacer una buena impresión, Adam?— le preguntó
ella mientras se deslizaba dentro.
—No quiero estar distraído mientras conduzco esta noche. Quiero
que sea una noche memorable. Si terminamos muertos, eso pondría un freno a
la noche.
—Poner fin a estar muerto es la menor de mis preocupaciones.—
Murmuró Celeste.
Adam la atrajo hacia sí. No quería hablar más. Al presionar los labios
contra los suyos los mordisqueó suavemente. Un tranquilo gemido salió de su
boca y dejó que su lengua entrara. Entrando y saliendo, él imitó el acto más
íntimo. Deslizó la mano por su hombro para tomar su pecho lleno en su mano y
acarició su pezón ásperamente.
—Adam.— rogó Celeste. —Más duro.
—¿Más duro?— Adam tomó su mano. —Desabróchate el vestido,
Celeste.— ordenó.
Ella se acercó y desabrochó el botón en su cuello que sostenía su
vestido. Éste le cayó hasta la cintura para mostrar sus senos. Él se quedó
mirándolos. Eran hermosos. Ligeramente inclinados como montones dorados
oscuros con los pezones de color malva. Eran tocables. Alargó un dedo y pasó
una yema por uno de ellos. Ella dio un salto. Él los giró de nuevo. Ella saltó de
nuevo.
—Es como si hubiera una corriente eléctrica que va desde tus pechos
a tu vagina.— comentó él.
Celeste asintió. Su rostro enrojeció. Sentía crecer el sudor en su
frente. Ella era la mujer más sensible que jamás había tenido.
Pellizcándole un pezón duro entre sus dedos se lo torció un poco.
Celeste echó atrás la cabeza y gritó en voz baja. La parte trasera de la limusina
olía a mujer cálida, húmeda y a hombre excitado.
—Dijiste que más duro, Celeste.
Él tomó los dos pechos en sus manos. Amasándolos con firmeza tiró
y tiró de sus pezones.
—Más— suplicó ella.
Adam se lamió los dedos. Cuando estuvieron mojados, se apoderó de
sus senos de nuevo. La sensación de sus dedos cálidos húmedos hizo que ella
gritara de asombro. Cuanto más se los apretaba, más caliente se ponía.
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De repente, ella echó atrás la cabeza, arqueó la espalda y gritó.
¡Mierda! Adam nunca había tenido un orgasmo de una mujer sólo con sus
manos sobre sus pechos. Él suavizó su toque. Sentía la humedad de su líquido
pre eyaculatorio caliente en la cabeza de su pene. Tenía que llevarla a su casa
para follarla en serio en vez que en sus sueños.
—¿Fue bueno para ti, querida?— le preguntó Adam después de unos
minutos en silencio.
Celeste lo miró.
—¿Tienes que preguntar? Me da vergüenza. Nunca me ha pasado
esto antes— ella se ruborizó.
—¿Nunca?— Adam se sorprendió un poco. Entonces le sonrió.
—Es obvio que sólo necesitabas las manos adecuadas para el trabajo.
Se apretó ligeramente al lado de Celeste rozando la parte delantera de
sus pantalones. Ella le guiñó un ojo.
—Tal vez deberíamos volver a casa. No creo que una vez sea
suficiente, sobre todo porque no puedo esperar a tener ese enorme pene dentro
de mí.
¡Infiernos! Si ella seguía burlándose de él nunca llegarían a su casa.
Los dedos de Celeste rozaron arriba y abajo de la longitud de su pene.
—Abre las piernas un poco más— exigió Celeste, mientras chupaba
el lóbulo de la oreja de Adam.
Él las abrió. Ella deslizó su mano hacia abajo y firmemente sujetó sus
pelotas. Adam podía sentir su corazón latiendo y sabía que ella se deleitaba con
el poder que tenía sobre él.
—Chúpame un poco.
Adam habló con un pequeño gemido. Sabía lo que seguiría. Ella le
desabrochó el cinturón y los pantalones, y bajó el cierre sobre su duro miembro.
Celeste empujó hacia abajo su ropa interior hasta que su pene saltó.
Ronroneó de apreciación. Carne masculina primitiva, que era tan suave como el
terciopelo y tan dura como el hierro. La cabeza era de color púrpura.
Tomándolo en su mano, comenzó a bombearlo. Deslizando su otra mano por
sus bolas, lo acarició y lo abrazó.
—Se siente tan bien. Estoy pensando en este húmedo y maravilloso
pene latiendo dentro de mí. Quiero sentir tus bolas rozarme los muslos. No
puedo esperar a sentirlo poniéndome húmeda y pegajosa. Lento y suave, áspero
21
y rápido, con las manos, tocó una melodía en su miembro que nunca había
sentido antes. Su voz y su lengua estaban en su oreja. Al diablo con el control.
Dos duros bombeos de su mano y él explotó.
El líquido brotó sobre sus manos, pantalones y camisa. Sus caderas se
mantuvieron sacudiéndose mientras en voz baja ella calmaba su carne caliente.
Finalmente él regresó a la tierra mientras el coche iba más lento y daba la
vuelta en el camino de entrada.
Ella se acomodó su vestido mientras él se quitaba la camisa.
Limpiando sus pantalones, negó.
—Me veo como un maldito chico de dieciocho años que acaba de ver
su primera película porno.
Tirándole su camisa se enderezó y se cerró los pantalones otra vez.
—Límpiate las manos. Estamos en mi casa. No podemos hacer nada
respecto a Tomas por ahora. Tengo a mi gente trabajando en ello. Mañana será
muy pronto. Prepárate para disfrutar del resto de la noche.
22
CAPÍTULO CUATRO
La limusina se detuvo frente a la casa de Adam. El chofer abrió la
puerta y Celeste salió. Su poder estaba de regreso con la fuerza completa por
los dos puntos culminantes que habían disfrutado en la limusina. Sonrió para
sus adentros. Iba a ser una gran noche.
La puerta principal se abrió y un hombre delgado, oscuro, con
extraños color de ojos se hizo a un lado al entrar y estudió a Celeste.
—¿Trayendo cuerpos celestiales a la casa, Montgomery?— le
preguntó con una voz con fuerte acento.
—Sí. Y es mía, Jakar. Ni tú ni ninguno de los otros lo puede
olvidar.— gruñó Adam mientras subía por la escalera curva.
Celeste se dio la vuelta y le gruñó al hombre.
—¿Cómo podemos resistir la luz?— Jakar pasó su mirada sobre el
cuerpo de Celeste y cerró la puerta.
Volviéndose a la pareja alejándose, dijo con calma. —Ten cuidado con
ella, Montgomery. Hay una oscuridad que rodea a la señorita que me inquieta.
¿Qué diablos estaba haciendo un verdadero demonio aquí? Celeste
pensó mientras seguía a Adam a su habitación. Detroit estaba en aún más
problemas si Jakar estaba alrededor. Adam no sería un blanco fácil para la
bestia, si Jakar quería tomar posesión de él. Como Enforsers, Celeste se debería
haberse preocupado por el hecho de que un verdadero demonio estuviera en
Detroit. Pero se encontró con que sólo podía hacerle frente a un problema a la
vez y Jakar no era la peor amenaza.
23
con respecto a las relaciones. También sabía que él no entendía la gravedad de
que ella se involucrara.
Mientras esperaba a que saliera de la ducha, se quedó dormida.
Celeste se encontró de pie sobre su propio cuerpo. Vio cómo se retorcía en las
sábanas y se dio cuenta de que los sonidos que oía eran realmente gemidos de
dolor. Conchas delgadas y rojas fueron apareciendo sobre su pecho y muslos.
Una huella de mano floreció en su mejilla derecha. Sus piernas se estaban
separando poco a poco, como si estuviera luchando contra una persona en su
sueño. Con un grito de placer y dolor, ella arqueó la espalda, pero sólo durante
unos segundos. Mirando hacia abajo se horrorizó al ver los pequeños cortes que
aparecían en sus pechos y las marcas de mordidas en sus piernas. Llorando,
abrió los ojos. Estaba luchando por combatir a su atacante en sueños. Luchaba
mientras un corte corría por su garganta. Se volvió y lo vio inclinado sobre ella.
Era Tomas. Se había conectado de alguna manera con él mientras mataba a su
última víctima. ¿Qué podía averiguar mientras la mujer sufría los últimos
momentos de su vida? La habitación estaba sucia. Tenía la sensación de que era
vieja y abandonada. Había algunos sonidos de la ciudad que venían de afuera,
pero se dio cuenta que no era una sección poblada de la ciudad.
No oyó a Jakar entrar en la habitación. Había estado absorta en tratar
de encontrar el escondite de Tomas. Se dio cuenta de que Adam estaba de pie
junto a la habitación con una toalla colgando de su mano. Jakar agarró la toalla
olvidada de la mano de Adam y la envolvió alrededor de su cuello.
—Doc está en la planta baja. Ve a por él. Ella necesita atención
médica.
Aturdido, Adam se detuvo. Estaba mirando las heridas que cubrían su
cuerpo.
—Montgomery, vete.— la voz áspera de Jakar sacó a Adam de su
trance.
Juntos vieron a Adam salir corriendo de la habitación. Jakar miró a
Celeste. Sus ojos color ámbar brillaron en la luz de la lámpara.
—Señorita Young, parece que ha hechizado a mi jefe. ¿Es algo bueno
o malo? No lo sé.— Su mano se dobló sobre la toalla. —Sería tan fácil
deshacerme de usted mientras está débil. Montgomery no puede permitirse una
distracción en estos momentos.
Los ojos de Celeste se estrecharon. Ella se deslizó de nuevo en su
cuerpo. Jakar se encontró arrojado por la habitación y se estrelló contra la
pared. Se quedó ahí con la mirada clavada en Celeste.
24
—Nunca creas que soy lo suficientemente débil como para que me
mates. ¿Qué está haciendo aquí un verdadero demonio?
Jakar no se resistió. Vio cómo los cortes lentamente se curaban y las
ronchas desaparecían.
—¿Qué está haciendo en Detroit uno de los responsables de las
fuerzas del mal arruinando mi vida?
—Estoy aquí por el asesino, Jakar. No te metas conmigo o con su
vida. No creo que puedas manipular a Adam Montgomery.
—No estoy haciendo nada con él. Es demasiado fuerte. Ya estoy
logrando algo trabajando juntos.
Jakar era un presumido.
—¿Algo? ¿Qué estabas tratando de lograr?
—Alguien, ya sea bueno, malo o una mezcla de ambos, tenía que
tener a esta ciudad bajo control. Sabes lo que pasa cuando no hay equilibrio.
Celeste sabía lo que ocurría cuando no había un equilibrio en el
mundo. El Anfitrión era enviado a restaurar todo lo necesario. No había juego
de límites, no había normas establecidas. El Anfitrión sería brutal y completo.
Muerte por todos lados, hasta que la naturaleza estuviera bien de nuevo.
—¿Le dirás lo que eres?
Ella estudió a Jakar con ojos entrecerrados.
—Si me lo pregunta. Pero ¿me creerá?
Jakar se encogió de hombros.
Ella se sentó en el centro de la cama de Adam. Se puso una sábana de
seda de color rojo hasta la cintura. Apartando los ojos de Jakar se volvió hacia
la puerta. Jakar se relajó y se acercó a ella. Puede que sea un verdadero
demonio, pero Celeste era una de las Enforsers con más poder en la punta de
los dedos del que él tenía en todo su cuerpo.
25
— ¿Dónde está la mujer, Montgomery?— gruñó Doc, llevaba un
maletín negro en la mano.
—Está en la cama Doc. Supongo que no está tan mal herida como
pensaba.
Adam estaba perplejo. Miró a Celeste que le dio una lenta sonrisa.
—Regresa a la cama Doc, Montgomery lo solucionará.
Jakar empezó a tirar de él sacándolo de la habitación. Antes de
retirarse se detuvo y se inclinó ligeramente ante Celeste.
Adam estaba sorprendido. ¿Se habría imaginado todo? Podría haber
jurado que la garganta de Celeste había sido cortada. Frotó su mano por su
cara. Ella lo observaba con una mirada extraña en sus ojos.
Él era aún más impresionante desnudo. Su pecho era liso, con su
estómago y abdominales duros como roca y marcados. Su cintura, sus caderas
delgadas y largas piernas. Su pene se erguía de la mata de pelo en su ingle.
Estaba largo y palpitante y su cabeza era contundente. Obsérvalo la abrumó y
apretó su vagina. Cuanto más lo miraba, más grande se ponía. Ella se lamió los
labios.
Le hizo señas para que se sentara a un lado en la cama. A medida que
se acercaba, ella subió sobre sus manos y rodillas y se pavoneó delante.
Él alcanzó a ver un tatuaje en su espalda, pero antes de que pudiera
preguntarle al respecto, su mano agarró su semierecto miembro. Lo acarició
una vez con la mano. A medida que sus ojos se encontraban, ella inclinó la
cabeza y pasó la lengua por la base de la cabeza de su pene. Él gimió. Ella
ronroneó.
Con impaciencia, Celeste engulló el largo y grueso eje de Adam.
Aspiró las gotas de líquido pre seminal de la hendidura en la punta cerrada,
mientras agarraba sus testículos y los rodaba en la mano. Al poco tiempo, él
empuño su pelo en un puño y golpeó su pene dentro de su boca.
Su boca se sentía como él se imaginaba su vagina. Caliente y húmeda.
Mientras se retiraba, ella apretó los labios a su alrededor y lo chupó con fuerza.
Cuando se metió de nuevo, ella relajó la garganta y lo tomó entero echando
hacia atrás la cabeza, gemidos y gritos roncos llenaron la habitación. Adam
sintió que los dedos de Celeste se deslizaban por la piel lisa de detrás de sus
bolas. Con unos pocos toques hábiles y pequeños, él explotó, arrojando esperma
caliente en su garganta. Ella lo aspiró todo hasta secarlo.
26
Cuando sus caderas dejaron de sacudirse, se deslizó de inmediato
fuera de su boca. Sonriendo, Celeste lo ayudó a meterse en la cama. Se tumbó
sobre su espalda mientras su respiración se hacia más lenta. Acomodándose a su
lado, ella pasó sus dedos arriba y abajo de su pecho. Sus manos comenzaron a
vagar mientras su pene se endurecía de nuevo. Celeste pasó el pulgar sobre la
cabeza rojiza y se río.
—Todavía tiene algo de vida.
—Espera y verás.
Adam la hizo rodar sobre su espalda y luego besó y lamió desde abajo
de sus orejas hasta sus pechos. Le pellizco un pezón, tomando el otro
profundamente en su boca. Se lo chupó y mordió hasta que ella no pudo
quedarse quieta.
Celeste gritó mientras él movía su boca a un pezón sin dejar de
acariciar el otro con los dedos mojados. Podía sentir crecer el orgasmo. Él dejó
sus senos justo antes de que ella se viniera.
Pasando la lengua hasta su ombligo, se sorprendió al encontrarse con
un piercing en forma de mariposa. Rodeó la joya con la lengua, distrayéndola
mientras sus dedos se abrían paso hasta sus muslos.
—Abre las piernas, cariño,— le ordenó en voz baja.
Él se puso de rodillas y miró su vagina. Estaba bien afeitada excepto
por un pequeño parche de rizos dorados y suaves. Usando los dedos,
suavemente abrió los labios húmedos para ver el botón pequeño y duro que se
escondía. Se inclinó y respiró profundo. Olía maravilloso. Mientras la miraba,
ella se mojó con los jugos brillantes de su vagina.
—Celeste, eres hermosa. Tu vagina está toda húmeda y caliente. Tu
clítoris me está pidiendo que lo pruebe. Tú ya me probaste, querida. Ahora me
toca a mí.
Celeste se incorporó sobre los codos para verlo extenderse sobre su
estómago. Dio un grito mientras su lengua daba una pasada larga desde su
trasero a la cima de su vagina. Él se dio un festín en su clítoris duro, con sus
dientes, lengua y labios.
Sacudiendo su lengua y dándole rápidos pellizcos, envió pequeñas
descargas de dolor y placer a través de ella. Estaba tan mojada que su crema
bañaba su boca. Adam penetró un dedo en el centro de su vagina. Iniciando un
ritmo lento, deslizando uno, luego dos dedos dentro y fuera.
27
La combinación de su lengua acariciando su clítoris y metiendo sus
dedos dentro y fuera de su vagina encendió un fuego en ella. Las caderas de
Celeste se movieron al ritmo de sus penetraciones. Ella le rogó que terminara.
Él sonrió.
Adam se bañó el pulgar en su crema. Luego se abalanzó sobre su
clítoris con su boca, con sus dedos en su vagina, y su pulgar en el trasero.
Cuando el pulgar rompió su barrera y se hundió en su apretado
agujero, ella gritó y le agarró el pelo presionando su cabeza en su vagina y se
vino duro.
Antes de que las olas se detuvieran, Adam se alejó. Dobló sus piernas
encima de sus antebrazos y empujó duro en ella. Sus contracciones lo llevaron a
su propio trascendental clímax, sacó su pene y esparció su esperma caliente,
inundando su seno a borbotones. Echó hacia atrás la cabeza y gritó.
—Gran distracción, Celeste,— comentó Adam después que recuperó
el aliento.
Celeste se levantó a su lado para mirarlo mientras yacía a su lado.
—¿Qué te hace pensar que estaba tratando de distraerte? Pensé que
te había gustado.
—Lo disfruté. Diablos, creo que perdí mi mente al final. ¿Pero
piensas que el sexo me hará olvidar lo que sucedió esta noche?.— Adam pasó
sus manos sobre su cara. — ¿Qué demonios ocurrió, Celeste?
Ella suspiró. Apartándose el pelo de su cara, salió de la cama. Adam la
vio ir hacia la ventana grande y correr las cortinas abriéndolas. La luz de la
luna vertiéndose destacó el tatuaje del que se había dado cuenta antes. Un
Ángel que sostenía en alto una espada de fuego marcaba su espalda baja.
Él se unió a ella en la ventana y tocó ligeramente su piel encima del
tatuaje.
—¿Qué es lo que el Ángel representa?— le preguntó Adam en
silencio.
—Es el Arcángel Miguel.
—Es el Ángel guerrero, ¿no?— Adam no sabía mucho acerca de los
Ángeles.
—Sí. Cuida mi espalda por mí. También me recuerda que no puedo
volver atrás.
—¿Volver a dónde?
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—A casa.
Celeste se volvió hacia Adam. La luz de la luna bañaba su cuerpo en
plata.
Él tocó suavemente el círculo vicioso de la cruz, la cicatriz que
estropeaba su pecho izquierdo.
— ¿Por qué no me di cuenta de esto antes?
Ella se echó a reír.
—Tenías tu mente en otras cosas.
Ella miró por encima del hombro hacia la oscuridad. Sus
pensamientos estaban muy lejos.
— ¿Qué pasó antes, Celeste? ¿Qué clase de sueño fue ese?
Sus ojos se centraron en él.
—No fue un sueño, Adam. En algún lugar esta noche, Tomas nos
dejó otro cuerpo.
Adán se quedó perplejo.
—¿Me estás diciendo que eres psíquica?
—Estoy relacionada con él, Adam.
—Si sabes quién es, ¿por qué no fuiste a buscarlo?
Sacudiendo la cabeza, Celeste se volvió hacia la ventana.
—Sé quién es, pero su paradero es incierto para mí. Sólo estoy ligada
a él porque somos hermanos.
—¿De qué estás hablando?
—Es una larga historia. De siglos de antigüedad y oculta de los
mortales.
—¿De los mortales?
—¿No puedes esperar para esto? Estoy segura de que podrías
encontrar algo mejor que hacer con tu boca.
—No, esto no puede esperar, Celeste. ¿Quién eres?
Mirando a la mujer con la que acababa de tener el sexo más increíble
de su vida, Adam se sentó en el borde de la cama. Ella se río en voz baja.
29
—Es una larga historia que comenzó antes que los humanos fueran
creados, incluso. Él nos hizo para adorarlo y adorar a Dios. El libre albedrío no
estaba realmente en nuestro vocabulario.
—¿Nosotros? ¿Nuestro?
—Los Ángeles.
—¿Así que me estás diciendo que eres un Ángel? ¿Qué follé a un
Ángel?
Adam no podía creerlo. ¿Cómo podría una mujer tan hermosa,
aparentemente inteligente creer que era un Ángel? ¿Quién hubiera pensado que
estaba loca?
Hubo tristeza en la risa de Celeste.
—En un momento, fui un Ángel. Estaba feliz. Después, las semillas
del descontento fueron sembradas. “Él había creado a los humanos. Él te amó.” Me
puse celosa y cuando Lucifer se rebeló contra él, fui arrastrada. En el momento
en que el polvo se disipó, fui desterrada del cielo y obligada a soportar la vida
en la tierra.
Adam escuchó la voz de Celeste con un tinte de desesperación.
—¿Qué eres?
—Soy uno de los caídos. Esos Ángeles expulsados con Lucifer por
nuestra rebelión. Es por eso que tengo el tatuaje. Es para recordarme como con
Adán y Eva, yo también estoy impedida de mi Jardín del Edén.
—¿Qué pasa con la cicatriz?
—Hay algunos de nosotros que nos arrepentimos. Nos encantaría
volver a casa si se nos permite alguna vez. Por eso y porque cazamos a nuestros
hermanos que se aprovechan de los humanos, estamos marcados con una cruz.
Nuestros hermanos la llaman la marca de Caín.
—¿Caín? ¿No fue Caín el que asesinó a su hermano?
—Eso es lo que piensan que estamos haciendo. Estamos para servir a
la elección de nuestra expulsión de una manera menos mala. Se nos conoce
como los responsables de la Ley.
—¿Pero no está el sexo en contra de las reglas o algo así?
—Tal vez si fuera un verdadero Ángel, Adam. Ya viví bajo Su ira,
¿qué más puede hacerme?
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Adam estaba teniendo dificultades con el pensamiento de ella siendo
cualquier tipo de Ángel.
—¿Por qué no descansas? Las cosas serán diferentes en la mañana.—
Su voz se fue apagando.
Adam se encontró a sí mismo dándose la vuelta y quedándose
dormido a pesar de que quería hablar.
—¿Por qué será diferente?
—Porque no estaré aquí.— Fue lo que escuchó mientras él se hundía
en el sueño.
31
—Celeste.— William se volvió para mirar a Miguel. — ¿Por qué te
importa? En todos los siglos desde nuestro destierro, nunca has venido para
ayudarnos.
Miguel miró por encima del hombro de William, al mundo fuera de la
ventana.
—He hecho lo que he podido. Tú no lo has hecho más fácil para mí.
¿Quién crees que te envía los sueños?
—Alguien que quiere volvernos locos. ¿Tienes alguna idea de lo que
nos hacen?
El Arcángel se encogió de hombros. William sabía que Miguel no era
insensible a los caídos, pero había llegado a su límite de la paciencia con su
lloriqueo hacía mucho tiempo.
—Trata con ellos, William. Son parte de tu castigo. Tal vez si
hubieras pensado en todo antes de que te rebelaras, no estarías en esta posición.
William sonrió.
—Ese soy yo. Siempre he corrido a donde los Ángeles no se atrevían
a pisar, señor.
Miguel sonrió levemente. William había hecho reír a menudo a
Miguel incluso durante los peores momentos.
—Eso es verdad, William. Te necesito para ir a Detroit. Celeste
necesita ayuda. Tú eres el único en quien confía.
—¿Por qué estás aquí? El jefe del ejército de los cielos no debe
preocuparse por una caída.
—Todos tenemos nuestras debilidades y parece que la mía podría ser
los de tu tipo.— Miguel miró a William. —Sólo tienes que ir con Celeste,
William.
Desapareció antes de que William pudiera decir sí o no.
— Maldito Ángel. Va y viene como si fuera el dueño del lugar. Creo
que estoy en dirección a la Ciudad del Motor.
32
CAPÍTULO CINCO
Sintiendo una presencia en su habitación, Adam se despertó
rápidamente. Vio a Jakar parado en las sombras, lejos de la pálida luz del sol de
la madrugada.
—¿Qué pasa Jakar? ¿Donde está Celeste?
Al oír el nombre de Celeste, una emoción estalló en los ojos de Jakar.
Si Adam no lo hubiera conocido mejor habría dicho que era de miedo.
—Celeste se fue esta mañana.
—¿Se fue? ¿Adónde se fue?
Jakar se encogió de hombros. Mirando a Adam que seguía en la cama,
dijo:
—Hay que tener cuidado de involucrarse con ella Adam. No es como
tú.
—Lo mismo me dijo ella. Yo nunca había pensado que alguien que
luciera así estaría loca.
—¿Loca?
—¿Qué se supone que debo pensar de ella? Me dije que es un Ángel
caído. Se realista, Jakar.
—¿Qué si te dijera que es cierto?, Celeste Young realmente es uno
de los caídos, Montgomery. Ella ha vivido durante siglos. Puesto que no puede
volver al Ciel, está en busca del malo que acosa el mundo. ¿Como manejarías
eso?
—Puedo decir que me pone nervioso.
Adam se puso la camisa. Estaba preocupado de que también Jakar
estuviera perdiendo contacto con la realidad.
—Sí, ella lo hace.
—Nunca pensé que vería el día en que estarías nervioso acerca de
una mujer.
Adam río mientras iba caminando al cuarto de baño.
—Ella podría destruirme si decide hacerlo,— declaró Jakar en voz
baja.
Adam se dio vuelta.
33
—¿Destruirte? ¿Cómo?
—Tiene más poder del que yo nunca soñaría tener. Incluso a los
caídos no les gusta los de mi clase.
—¿Qué eres, un vampiro?
—Entre otras cosas. El punto no es lo que soy. El punto es que su
agenda no es la misma que la tuya. Ella no se preocupa por las cosas que te
importan.
—Solo me la he follado, Jakar. No me voy a casar con ella.
Adam entró en el cuarto de baño. Unos segundos después, asomó la
cabeza.
—Busca ayuda con los chicos. A ver si alguien ha oído hablar de este
asesino.
—Seguro jefe.
Jakar se retiró, sabiendo que Adam ya estaba condenado. No puedes
follar a un Ángel, incluso uno caído, sin enamorarte.
Cuando Adam llega a su oficina, Jakar estaba colgando el teléfono.
—¿Alguien ha encontrado algo? — Adam exigió.
Jakar negó con la cabeza.
—Ellos tienen algunas pistas pero nada específico todavía.
—Mantenme al corriente.
Adam tomó su teléfono celular y se dirigió hacia la puerta.
—¿A dónde vas?
—A encontrar a nuestro Ángel favorito y ver lo que ella me puede
decir.
Jakar se preguntó si él debería hacer las maletas y salir de la ciudad.
Había unos caídos y Enforcers que nunca permitirían vivir a un Demonio, pero
Celeste tuvo la oportunidad de matarlo ayer por la noche y no lo hizo.
34
—Así que te folló y luego te dijo que te fueras.— Al sonó escéptico.
—¿Por qué no?
—Por la forma en que ha estado jadeando detrás de ti, yo habría
pensado que te ataría a la cama y te mantendría allí por una par de semanas por
lo menos.
—Eso es lo que habría hecho si se hubiera quedado alrededor.— La
voz de Adam cortó el aire.
Al se dio vuelta para encontrarlo apoyado en la puerta de la oficina.
Había un brillo de ira en sus ojos verdes que Al tomó como una advertencia.
Sabiendo que Celeste lo podía manejar, decidió salir antes de que empezara un
combate.
—Oye Celeste, voy a dar seguimiento a la pista que me diste.
Hablaremos más tarde.
Al rodeó a Adam y salió trotando por el pasillo.
—No hay mucho de un caballero de brillante armadura, ¿verdad?
La cara de Adam estaba en blanco mientras cerraba la puerta con
llave.
Celeste se volvió hacia él. Lo acarició casualmente con la mirada. Su
camiseta era roja y mostraba adorablemente sus amplios hombros y el
estomago plano. Sus jeans gastados abrazaban sus piernas y no dejó ninguna
duda en su mente que por lo menos su polla estaba feliz de verla. Le indicó para
que caminara delante de ella. Desconcertado, lo hizo. Los jeans gastado
ahuecaban su culo apretado perfectamente. Ella lo deseaba de nuevo. Cuando él
se volvió, ella sonrió.
—Superas a Al por 50 libras7 y eres más alto por lo menos por 5
pulgadas8 . Al no podría quedarse para defenderme pero tiene una cosa a su
favor. Que es inteligente. Tal vez no me salve pero nunca llegaría a una
situación en la que sería necesario. Habría resuelto el problema antes de llegar
al punto de la violencia.
—¿Así que la inteligencia sobre la fuerza física, eh?
Adam le acechaba.
Celeste sabía lo que estaba haciendo. Ella estaba dispuesta a permitir
que la capturara.
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—En la mayoría de las situaciones ser inteligente es mejor que ser
fuerte. Puedo cuidar de mi misma. Yo no necesito la ayuda de nadie.
—Sobre todo la mía. No necesitas mi ayuda porque eres un Ángel.—
Su voz era sarcástica.
Adam apretó a Celeste en contra de su escritorio. Oprimió su cuerpo
duro al suyo. Sus mejillas enrojecieron.
—Oh, necesito tu ayuda con algo.
Haciendo caso omiso de la pulla, deslizó sus manos hasta las caderas
y atrajo su erección contra su montículo. Frotó los senos en su pecho.
—Esto probablemente no es una buena idea,— murmuró Adam
mientras las chispas de excitación se disparaban a través de sus cuerpos, desde
los puntos donde se tocaban.
—Esto es siempre una buena idea. Bésame, maldita sea.
Celeste soltó sus caderas y cerró los brazos alrededor de su cuello.
Tiró de su cabeza hacia ella.
En poco tiempo, estaba desnuda y tendida sobre su escritorio. Gracias
a Dios se había acordado de cerrar la puerta. Mirando fijamente sus tetas
doradas su boca se hizo agua.
Poco a poco, casi tímidamente, alargó una mano para acariciarle el
pecho derecho y lo apretó. Celeste emitió un ruido de urgencia en la garganta.
—¿Quieres mas, Celeste?
Ella asintió con la cabeza. Ahueco ambos pechos regordetes en sus
manos. Apretando y amasando, la miró con los ojos entrecerrados. Se preguntó
qué era lo que ella pensaba. Sus dedos encontraron los pezones duros y tiró de
ellos. Su espalda se arqueó mientras ella gemía suavemente.
Inclinándose, tomó uno de sus pezones en su boca húmeda y caliente.
Chupó con fuerza mientras golpeó el otro pezón con sus dedos. Pronto la tuvo
contorsionándose sobre el escritorio.
—Adam, por favor.
—¿Por favor qué, Celeste? ¿Por favor, toca mi coño mojado? ¿Por
favor fóllame con tu caliente boca o con mi polla? ¿Qué quieres de mí?
—Todo. Lo quiero todo.
Adam arrastró los dedos por su estómago, jugando con la gema de su
ombligo. Él los deslizo entre sus labios vaginales húmedos y acarició, mientras
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sus muslos se abrieron para darle un mejor acceso. Untó su jugo por todo su
coño. Pellizcando su clítoris entre sus dedos, le mordió suavemente el pezón.
Teniendo a Adam aplicando la misma presión a dos sensible zonas de
su cuerpo casi impulsó a Celeste sobre el borde. Ella gritó mientras sus labios
dejaban su pezón. Empujando para levantarse en los codos, miró hacia abajo
para verlo arrodillado entre sus piernas.
Agarrándola de los tobillos, la arrastró a través de su escritorio hasta
que sus caderas se apoyaron en el borde. Su cuerpo se sacudió cuando su aliento
cálido baño su coño.
—Oh.
—Oh, es correcto cariño, — le susurró Adam antes de hundir la cara
en su hendidura.
Celeste casi se deshace con la sensación de su lengua sumergiéndose
en su vagina goteante. Pronto, sus ásperos dedos remplazaron a su lengua,
trabajando frenéticamente mientras su boca chupó su clítoris. Lo mordió y
barrió fuerte con la punta de su lengua.
—Más duro Adam, por favor.— Celeste le rogó
desvergonzadamente.
Alejándose de su dulce coño Adam se puso de pie. Abriendo sus jeans
y sacando su polla, la penetró duro una vez y luego otra vez. La tercera vez,
sintió su cuerpo ordeñar su polla sin piedad. Por último, estallaron juntos.
Recuperándose, yació sobre ella hasta que sus respiraciones se
estabilizaron. Gruñendo ligeramente, se deslizó de encima de ella y la ayudó a
ponerse de pie.
—No me dejes nunca más, Celeste. No voy a ser tan agradable la
próxima vez — ordenó Adam.
Riendo, ella se vistió.
—¿Tú eres el único que se puede largar, Adam? Ninguna mujer
tendría el coraje de dejarte. Estamos en problemas si crees que voy a estar de
acuerdo con eso.
—Celeste, — advirtió Adam mientras se subía la cremallera de sus
jeans.
—No uses ese tono, Adam. He estado alrededor por mucho más
tiempo que tú.
El teléfono de Adam sonó antes que pudiera contestarle.
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—Montgomery. Escucho. Ok, gracias Jakar.
Colgó y miró con aire satisfecho a Celeste.
—¿No necesitas mi ayuda, eh?
Celeste no le respondió. Cogió su Glock, se colocó una chaqueta y se
dirigió hacia la puerta.
—¿Adónde vas?— Adam caminó detrás de ella.
—Otro cuerpo ha sido encontrado. Tenemos que llegar hasta allí. El
rastro nos puede llevar a Tomas.
—¿Como supiste sobre el cuerpo? ¿Recibiste una llamada antes de
mi llegada?
Celeste no respondió. Ella sabía que él no creía que Tomas se había
puesto en contacto con ella anoche.
Fue a su coche y subió. Mirándolo, arqueo una ceja.
—¿Vas a venir?
Adam notó la marca roja brillante que la camisa escotada reveló.
Estiró la mano para tocarla. Ella se apartó.
—¿Te duele?
—Sí.
Ella dio vuelta la llave, para arrancar el auto.
Él corrió para subirse a su lado.
—¿Al va a encontrarse con nosotros?
—No.
Él se preguntó sobre sus respuestas cortantes.
—¿No es la pista que él iba a ver?
—Estaba mintiendo. Nos estaba dejando solos. Es probable que
bajara a la cafetería a coquetear con el camarero.
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CAPÍTULO SEIS
Adam estaba reflexionando sobre el comentario del camarero cuando
Celeste se detuvo en descampado repleto de policías. Ellos apenas la miraron
mientras caminaba hacia el cuerpo. Adam sintió que se le revolvía el estomago
cuando miró a la mujer. Su cuerpo había sido golpeado y cortado. Cortes
delgados corriendo de arriba hacia abajo en sus piernas. Había marcas de
mordeduras en los senos, pero fue el corte mortal en la garganta de la mujer lo
que más lo sorprendió. Era similar a las heridas que Celeste había sufrido.
¿Realmente había conectado con el asesino?
—¿Quién es ella? — Adam le preguntó.
Celeste se quedo mirando el cuerpo. Sintió pena por una vida joven
apagada demasiado pronto.
—Tomas es uno de los caídos. Estamos conectados pero sólo ahora
estoy empezando a recoger cualquier tipo de indicios sobre él. Anoche fue más
fuerte de lo que había conseguido hasta ahora.
Ella se dirigió hacia su coche.
La policía no les hizo caso. Estaban familiarizados con que Celeste
rondara en escenas de crímenes. La conocían como uno de los buenos. Adam
Montgomery era un comodín. La policía sabía que tenía en sus manos la mayor
parte de los delitos de Detroit, pero nunca encontraron suficientes pruebas para
condenarlo. También sabían que no valía la pena molestar a alguien tan
poderoso como él.
—¿A dónde vamos?
Celeste emitió un pequeño gemido. La marca en su pecho ardía. El
dolor irradió a través de sus nervios.
—“¿Por qué me buscas hermana?”.
Una voz se introdujo en su mente con dureza. Ella parpadeó y miró a
través del parabrisas. Tomas estaba en el otro lado del camino. O al menos lo
hacia su imagen. Él estaba en algún lugar lejos de su alcance.
Una carcajada hizo eco.
—“Por supuesto, no estoy cerca. No voy a facilitarte para que me
encuentres”.
—“¿Por qué hiciste esto?”.— La voz de Celeste contenía un atisbo de
angustia. —“Nunca lo he comprendido, querido”.
39
—“Casi desde el momento en que fuimos desterrados, buscaste una manera
de volver. Lo hice porque puedo”.
—“Eso es cruel y malo, Tomas”.
—“También lo fue nuestro destierro del Cielo, amor. Aquí en la tierra
somos dioses”.
—“Estás jugando a ser Él, escogiendo la vida o la muerte para tus
víctimas”.
—“Nunca ha sido tan fácil, Celeste”.
—¿Celeste? — Adam le tocó el brazo.
Ella estaba mirando por la ventana. ¿En qué estaba pensando? Adam
quería abrazarla con fuerza. A su cuerpo le parecía una buena idea.
Independientemente de lo fuerte que pareciera por fuera, había una fragilidad y
una paz dentro de su alma. Deseo acercarse a ver si calmaría su corazón.
Durante toda su vida Adam había luchado para sobrevivir. Se había
quedado lejos del uso de las drogas porque vio como arruinaba las vidas, pero al
ser un hipócrita que sin duda era, las vendía. Fue la única manera de ganarse el
sustento. Luego fue reclutado por los Demonios. Cuando se convirtió en su
líder, cambio la banda a un negocio. Pronto tuvo todo lo que quiso, dinero,
poder y respeto. ¿A quién le importaba si la única razón por las que las
personas se le acercaban era porque le temían? Era mejor que ellos le teman a
tener a cualquiera como amigo.
Luego Celeste había aparecido en la oficina del alcalde. Su polla había
tomado nota de inmediato de sus pechos firmes y su culo delicioso. Su mente
había encontrado su igual con la rapidez de su ingenio e inteligencia. Su
corazón se había enamorado de todas esas cosas además de la delicadeza de su
espíritu escondido bajo la dura concha que ella presenta al mundo.
—¿Celeste? — insistió de nuevo.
Ella se sacudió y lo miró.
—¿Qué?
—¿Adonde te evadiste?
—¿De qué estás hablando?
—Un momento estabas aquí. Y al próximo estabas mirando como un
zombi por la ventana.
—Yo estaba pensando en algo.
40
Celeste salió a Woodward Avenue. Se encaminaba hacia el rio.
El teléfono de Adam sonó.
—Montgomery.
—Hubo un partido de hockey anoche,— dijo Jakar.
—¿Y?
—La mujer fue vista en el partido.
—Santa mierda. No me digas que uno de los Red Wings es un
asesino en serie.— Adam estaba consternado.
—No. La recogió en el partido. Los amigos de la última víctima
denunciaron la desaparición esta mañana. La vieron salir con un hombre alto y
rubio.
—¿Cualquier otra descripción?
—Eso es todo lo que nuestro contacto nos puede decir por ahora. No
parecía haber ningún tipo de pelea ni nada. Nada que llamara la atención sobre
ellos. Pero nadie puede dar una buena descripción de él.
—Maldita sea. Mantén a nuestros chicos buscando. Alguien tiene
que haber visto algo.
Adam cortó la comunicación. Miró a Celeste.
—Las recoge en el Arena Joe Louis9. No fueran las otras mujeres
encontradas también al día siguiente de un partido de hockey?
—Hasta el momento los crímenes coinciden con los juegos de
hockey. Probablemente estaban borrachas y no se sentían preocupadas por ir
con él. No tendría un aspecto aterrador o raro. Probablemente es lo que ellas
dirían si no estuvieran muertas.
—Ninguno de ellos parecen raro hasta que es demasiado tarde, hasta
que las tienen atadas y cortando hasta la muerte.
Celeste se dirigió hacia la arena. Asintió con la cabeza.
—Si todos los asesinos, violadores y abusadores del mundo
parecieran como realmente son por dentro, nunca nadie se dejaría engañar.
Adam se sumió en el silencio.
9
Red Wings juega sus partidos como local en el Joe Louis Arena, un arena que a pesar de ser multiusos se usa
especialmente para partidos de hockey. Cuenta con una capacidad superior a los 20.000 asientos. Puede
albergar partidos de baloncesto, aunque el equipo de la ciudad Detroit Pistons cuenta con su propio recinto;
The Palace of Auburn Hills.
41
Se quedaron fuera de la arena. Celeste miró a su alrededor, tratando
de encontrar un rastro del asesino. Su atención estaba dividida entre Adam y
Tomas.
Adam mantenía sus pezones erectos. Su piel se sentía caliente e
irritada. Lo deseaba. No podía dejar de pensar en su boca sobre ella, su cuerpo
apretado contra el suyo y su polla empujando en su coño.
No había nadie alrededor. Celeste agarró el brazo de Adam y tiró de
él a un rincón escondido. Envolviendo sus brazos alrededor de su cuello lo besó
con fuerza.
—Celeste, espera.— Adam se alejó un poco. —Alguien podría
vernos.
—Lo sé. Eso es parte de la diversión. ¿Y que si nos vieran? ¿No
quieres que nadie vea tu culo desnudo?
—Cariño, podemos hacer esto sin que yo necesite desnudarme.
Adam se echó a reír. Apretó las caderas contra las suyas. Ella gimió
cuando sintió como desgarrada su camisa. Él retiró su sujetador hacia arriba
mientras seguía empujando en su contra su polla cubierta por los jeans. Sus
manos ásperas tomaron sus pechos. Los apretó y masajeó. Sus dedos tiraron de
sus pezones poniéndolos duros. Le mordió suavemente el cuello bajando hacia
sus tetas, cubrió su pezón derecho con la boca. Deslizó sus manos por el vientre
liso para llegar al cierre de los pantalones. Celeste arqueó la espalda cuando sus
dientes comenzaron a pellizcar sus pezones.
Celeste lo sorprendió cuando lo apartó, obligándole a apoyarse contra
la pared. Ella le sonrió. Arrastró sus labios por su cuello. Empujando hacia
arriba la camisa, frotó las manos por encima de su musculoso pecho. Sus
pequeños pezones se pusieron rígidos cuando ella los excitó con los dedos. Él
gruñó bajo. Encantada con su respuesta, Celeste se río.
Arrodillándose, le miró a los ojos mientras desabrochaba sus jeans.
Los ojos verdes de Adam brillaban con pasión y algo más. Que tonta fue por
involucrarse con él. Ella rompió el contacto y volvió sus ojos a la polla en frente
de ella.
La chupó en su boca caliente y húmeda. Lamiendo su eje como el más
favorito de los caramelos, mordisqueó desde la punta hacia la base, incluyendo
pequeños besos sobre sus bolas. Con cada succión, sus caderas comenzaron a
moverse más rápidamente.
42
Enredando los dedos en su pelo sedoso, comenzó a empujar
seriamente.
Celeste miró hacia arriba para ver su rostro. Su cabeza estaba
apoyada contra la pared de cemento y los labios tenían una mueca. Si ella no lo
supiera, habría pensado que tenía dolor. Sin embargo, por la velocidad de sus
caderas sabía que era sólo cuestión de tiempo antes de extraerle su semilla y
dejarlo seco.
Construyó la presión hasta que Adam no pudo contener un gemido
profundo. Con una estocada intensa, su esperma brotó caliente en su boca.
Tragó hasta que él termino.
Un último tirón de sus caderas y él saco su polla de su boca. Se
arrodillo para quedar frente a ella.
—¿Por qué hemos venido aquí, Celeste? Hay lugares más cómodos
para que follemos — preguntó Adam.
Celeste dejó salir sus sentidos. Había un rastro de Tomas aquí. Él
había cogido a la mujer justo fuera de la Arena Joe Louis. La mujer no protestó
o argumentó y nadie recordaba haber visto una pareja peleando. Tomas debe
haber usado un poco de magia para convencerla de que se fuera con él.
Cuando un caído pasa a la locura, sus ojos se convierten en agujeros
negros chupando toda la luz y el color de ellos. Tomas no podía ocultar quien y
que era de los mortales a menos que hubiera utilizado parte de su poder para
disfrazar su intención. Como todos los caídos, él era muy guapo y podía actuar
con normalidad para lograr su objetivo, pero usando el poder dejaba un rastro
para que Celeste lo pudiera rastrear. Sólo podía esperar que fuera capaz de
encontrarlo antes de que matara de nuevo.
—¿Qué estás haciendo?
—Tomas estuvo aquí.
Celeste se puso de pie, arregló su camisa y abotonó sus jeans. Hizo un
gesto a Adam para que se pusiera de pie. Pasando a la acera, ella miró hacia el
sur.
—Sabemos eso. Las recoge en los partidos.
—No, él recogió a la última en esta entrada.
Ella dio vuelta lentamente, como un sabueso en busca de un olor.
—¿Cómo lo sabes? —Adam sonó escéptico.
43
—Puedo sentirlo. Tu clímax me ayudo coger un rastro de él. Se la
llevó y se dirigió hacia el sur.
—¿De qué demonios estás hablando?
Celeste le miró por un momento. Encogiéndose de hombres, se volvió
de nuevo al sur.
—Yo no puedo construir mi poder en la manera normal.
—¿La manera normal?
—No puedo rezar a Dios por ayuda. ¿Por qué querría Él ayudarme?,
Así que consigo mi poder de otras formas.
Adam frunció el ceño.
—¿Qué otras formas?
—Por lo general del sexo. Aprovecho hasta que lo necesito.
—Correcto —. Adam no parecía muy convencido.
—Bueno hay maneras menos placenteras para reunir el poder, pero
prefiero hacerlo sin dañar a la otra persona. Los Ángeles supuestamente no
causan daño, a menos que estén caídos.
—Si acepto que eres un Ángel caído, entonces tengo que aceptar el
hecho de que nunca me vas a necesitar.
Celeste frunció el ceño.
—¿Jamás necesitarte? Te necesito para que me ayudes a encontrar a
Tomas.
—No, no me necesitas. Estoy seguro de que puedes seguir su rastro
sin importar lo que me pueda ocurrir. Puedes usar cualquier hombre mientras
que esté dispuesto a tener sexo contigo.— La amargura lleno su voz.
—Tienes razón, no te necesito en concreto, pero como estoy
jadeando tras de ti como una perra en celo, bien podría divertirme. Fue el
orgasmo que me diste en la limusina que me permitió conectar con Tomas por
primera vez la otra noche. Por desgracia, no pude ver donde estaba.
—¿Es por eso que me trajiste aquí? Tendremos un poco de
diversión, voy a conseguir una mamada, tú conseguirás algo del poder y
encontraremos a Tomas.
Adam salió del escondite. Se dio vuelta cuando se dio cuenta que ella
no lo estaba siguiendo.
44
—¿No vienes?¿No has descubierto donde está? De esta manera no
tendrás que tocar o lidiar conmigo.
—¿Cuál es tu problema? Pensé que eras él que siempre ha querido
sin ataduras. Nunca quisiste involucrarte en una relación verdadera con
alguien.
Celeste estaba perpleja. ¿Qué había ocurrido en la mente de Adam
para hacer que empezara a actuar como un niño mimado? ¿Se estaba volviendo
delirante por el sexo con alguien que no va a quedarse después? ¿No era eso el
sueño de todos los hombres?
Ella no podía creer que estuviera enojado. Le estaba ofreciendo lo que
siempre había dicho que quería “sexo sin ataduras”. ¿Estaba molesto porque
sabía que no iba a ser él quien partiría? Sabía que había poder en ser el que
tomara la decisión de ponerle fin. No tendría ningún control sobre la forma en
que la relación podría ir. Después de haber estado siempre a cargo de su vida
desde que se escapó de su hogar adoptivo, Celeste sabía que Adam no podría
manejar bien que ella tomara la decisión de poner fin a su romance. Lo miró,
pero no le dijo nada. Se deslizó dentro del coche.
Él se quedo afuera y la miró.
—¿Vienes conmigo?
—¿Adónde vas?
Celeste se encogió de hombros.
—Conduciré por ahí un ratito. Tengo un rastro ligero sobre él pero
necesito estar más cerca para conseguir una mejor dirección.
—¿Quieres decir que la mamada no hizo el truco? — dijo Adam con
maldad.
Celeste arqueó una ceja.
—¿Vas a ser malicioso con todo este asunto? No puedo decirte que lo
siento. Sabría que estoy mintiendo. Necesito el poder que el sexo me puede dar.
Lo siento si no entendiese como funciona. No puedo explicar.
—¿No puedes o no quieres?
—Las dos cosas. Tú eres un ser humano. No tienes ningún derecho y
ninguna necesidad de oír hablar del poder que los caídos tienen.
Celeste arrancó el coche.
—¿Por qué no?
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—Las misiones de los Ángeles, incluso de los Ángeles caídos, están
muy por encima de las mentes de los humanos. Hay lugares a los que no deseas
ir, Adam —. La voz de Celeste estaba tranquila mientras miraba por el
parabrisas del coche.
Adam se echó a reír cruelmente.
—¿Qué puedes hacerme que ningún ser humano no ha podido?
Los ojos de Celeste se llenaron de lágrimas y amargo conocimiento.
—He visto la perdida de Cielo, Adam. He visto lo que puede hacer a
los Ángeles y a los seres humanos por igual. He oído los gritos de aquellos que
han perdido sus almas. Los he visto comprender poco a poco y aceptar su
destierro, no del Cielo, que es bastante malo, sino de la sola presencia de Dios.
Las lágrimas fluyeron por el rostro de Celeste.
—Puedo llevarte a ese lugar, Adam. Te puedo mostrar el Infierno.
Lo he averiguado por mi cuenta.
Adam sintió debilitar su ira. Había un vacío que brillaba en los ojos
de Celeste. Un dolor pesaba en su corazón. ¿Cómo podía vivir un Ángel fuera
de la presencia de Dios sin volverse loco?
Él tenía miedo de mirar de cerca su alma. Descubrió que mantuvo
una esperanza en su corazón que de alguna manera encontraría una manera de
que se quedara con él. ¿Podría un Ángel que siempre deseo el Cielo y la
presencia de Dios ser feliz con un mortal?
Su corazón se volvió pesado. Celeste Young había vivido durante
siglos anhelando algo que nunca tendrá otra vez. ¿Tenía él lo que era necesario
para llenar ese vacío en su corazón? ¿Quería intentar llenarlo? Negó con la
cabeza.
—Voy a coger un taxi de vuelta a mi casa, Celeste. No puedo lidiar
con esto ahora mismo y tengo que comprobar el resto de mis negocios. Si no
estoy visible, hay otros que trataran de hacerse cargo y no son hombres con los
que yo quisiera que manejaran mi ciudad.
—¿Y tú lo eres? —. Celeste preguntó.
—Sí, lo soy. Hay cosas que no voy a hacer, así como hay un montón
de cosas que suceden y que estoy dispuesto a permitir. Mientras que la ciudad
no se queme, y la muerte no empiece a caminar, estoy haciendo mi trabajo. Hay
un equilibro que se debe mantener.
46
—Jakar dijo que había llegado para ayudarte a hacer eso. Los
Demonios temen el desequilibro.
—¿Los Demonios? ¿Qué carajo? No puedo creer esto. No sólo me
acosté con un Ángel caído, mi mano derecha es un demonio de mierda?
Adam sacudió la cabeza con incredulidad. Los Ángeles y los
demonios no eran parte de su rutina diaria normal.
—Sólo vigila a Jakar. Hasta ahora está haciendo lo que quieres. Si lo
molestas, podría matarte.
—Jakar no me va a tocar. No, si yo le amenazo contigo —. Adam
sonrió.
—Soy tan peligrosa como tu mascota demonio, Adam. Podría
matarte con un simple pensamiento. ¿Tienes suficiente confianza en ti mismo
para poder lidiar con eso? ¿Confiaras en mí lo suficiente para creer que nunca te
haría daño voluntariamente?
Adam miró a Celeste alejarse de él. Hizo señas a un taxi. En lugar de
regresar a su casa se fue al único lugar que sabía para encontrar algunas
respuestas.
47
CAPÍTULO SIETE
Había pasado mucho tiempo desde que Adam había pisado una
iglesia. Se quedó en el vestíbulo y contempló la vidriera grande detrás del altar.
La luz del sol hizo brillar los colores en torrentes de rojo y amarillo por los
pasillos. Había una sensación de atemporalidad sobre la antigua iglesia. Adam
casi podía sentir las oraciones de la gente que venía todos los domingos para
hablar con Dios.
Se volvió cuando una puerta se abrió a su izquierda. Un anciano
vestido de negro con un collar blanco le saludo.
—¿Cómo estás hoy, señor?
Adam estrechó la mano del hombre.
—Estoy bien, Padre.
—Tú no eres uno de mis creyentes regulares. Recordaría una cara
como la tuya. ¿Por qué has venido?
—Tengo algunas preguntas, Padre. Esta iglesia está en mi camino a
casa y pensé que podría pedir respuestas.
—Pregúntame si es necesario. No puedo prometer tener las
respuestas que necesitas. Hay algunas cosas que desafían toda explicación. Soy
el Padre Miguel.
El sacerdote hizo gesto a Adam para que lo siguiera a su pequeña
oficina.
—¿Puedo ofrecerte café, mi joven amigo?
Adam quería algo más fuerte, pero no creía que el sacerdote tendría
algún whisky.
—El café va a estar bien, Padre.
—Me gustaría ofrecerte una bebida más fuerte, pero estamos en la
iglesia y Él tiende a desaprobar a sus sacerdotes borrachos.
El rostro arrugado del Padre Miguel se iluminó con una sonrisa,
mientras sus brillantes ojos grises resplandecían.
Adam se preguntó si el sacerdote había leído sus pensamientos. Tomó
la taza cuando le fue ofrecida. El Padre Miguel la había preparado de la forma
en que a Adam le gustaba. Entrecerró los ojos y se preguntó si había visto al
hombre antes.
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—No te conozco Adam — dijo el anciano, riéndose.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Adam empezó a ponerse de pie. Se estaba poniendo nervioso.
El sacerdote le mostró de nuevo su asiento.
—Incluso un viejo sacerdote que rara vez sale de su iglesia sabe el
nombre del líder de Los Demonios. Vale la pena saber de tus enemigos.
Adam se quedó desconcentrado.
—¿Enemigos? No hice nada en contra de esta iglesia o de ti. ¿Cómo
puedo ser tu enemigo?
—Usted aboga por la violencia en contra de su prójimo. Usted vive el
viejo adagio, ojo por ojo. Todas las noches, mis parroquianos escuchan esas
palabras y tratan de vengarse de aquellos que les han hecho daño. ¿Cómo no
puedes ser mi enemigo?
—¿Entonces por qué me permitió venir aquí? ¿Por qué hablarme y
tratarme como un invitado? — exigió Adam.
—Inclusión Jesús se sentó con Judas, Adam.
El Padre Miguel lo estudió. Parecía saber cómo sus palabras estaban
afectando a Adam.
—Siéntate y habla conmigo por un tiempo. Dime lo que deseas saber.
Adam tomó un buen trago del café. Se quedó mirando la cruz en la
pared detrás del sacerdote. No se sentía culpable por lo que había hecho para
sobrevivir. El mundo era un lugar duro y había tenido que ser fuerte para llegar
tan lejos como lo había hecho.
—He conocido a alguien.
El sacerdote pareció un poco sorprendido.
—¿Has venido a pedirme consejo sobre relaciones? — Se río entre
dientes. —Debo admitir que habría pensado que un hombre como tú no tendría
problemas con las mujeres.
—Tendría que conocer a Celeste para entender porque necesito
algunas respuestas.
—¿La señorita Celeste Young?
El brillo en los ojos del sacerdote sugirió que conocía muy bien a
Celeste.
49
—¿Sí. La conoces?
El Padre Miguel asintió con la cabeza ligeramente.
—Digamos que yo sé de ella. ¿Qué ha hecho para confundirte?
—Es lo que ella dice lo que es confuso.
El sacerdote no dijo ninguna palabra, simplemente levanto una ceja
en pregunta.
—Me dijo que es un Ángel caído.
Adam bajo la cabeza. No podía creer que en realidad estaba pensando
aceptar su historia.
—Hay algo más bajo el cielo y la tierra de lo que nunca conocemos —
dijo el Padre Miguel. —Perdón por parafraseando a Shakespeare, pero el bardo
tenía razón. ¿Por qué piensas que ella está mintiendo?
—No creo en Ángeles, caídos o no.
—¿Y sin embargo estas dispuesto a aceptar a los demonios?
—Puedo tratar con los demonios. He tratado con los humanos
durante toda mi vida. Nunca he tenido nada que ver con los Ángeles.
Adam se levantó y se trasladó a la ventana de la oficina.
—Es cierto. Tu tipo de trabajo no se presta para hacer frente a la
gente buena.— El Padre Miguel se quedo mirando el fuego que ardía
alegremente en la chimenea. —¿Qué quieres saber?
—¿Está loca?
—¿Celeste? — El Padre Miguel se río. —No, hijo mío, no está loca.
Por lo menos no todavía. Ha logrado mantener su mente a través de todos
estos años.
—¿Entonces piensas que ella es un Ángel?
—Sí, Adam. Yo sé que ella es un Ángel. Pero no un Ángel de una
postal con la espada encendida y con alas de oro. Todo eso le fue retirado en el
momento en que dejó el Cielo. — Había un tono de melancolía en la voz del
sacerdote. —Ahora, en muchos aspectos, no es diferente que tú o yo.
Adam no dijo nada. Se quedó mirando al viejo, tratando de decidir si
podía confiar en él.
—Te puedo decir la leyenda de la caída de Lucifer, si quieres. Tal vez
te ayudaría a decidirte.
50
—Dígame, Padre. Luego, voy a tener que decidir si realmente creo en
el Cielo.
Adam recuperó su asiento junto al fuego.
El Padre Miguel miró las llamas por un momento, como si ordenara
sus pensamientos.
—No puedo convencerte de la realidad del Cielo, Adam. Tendrás que
verlo por ti mismo. Pero que sepas esto, Celeste Young nunca verá el Cielo de
nuevo. Ella perdió su derecho cuando escucho las mentiras del Portador de la
Luz10.
—¿El Portador de la Luz?
El Padre Miguel no reconoció su pregunta.
—Lucifer o Portador de la Luz fue el más querido de los Ángeles.
Era aun más querido que los propios Arcángeles de Dios.
—Apuesto a que causo ciertos celos — murmuro Adam, pensando en
sus hombres luchando entre ellos para ganar su favor.
—¿Por qué lo haría? Fueron creados para adorar a Dios. Los
Arcángeles fueron creados para ejecutar sus peticiones y hacer cumplir sus
leyes. No fueron creados para ser celosos o enojados por algún favor que Él
pudiera otorgar a otro.
—Parece que algo ha ido mal si Lucifer decidió que no estaba feliz
con las cosas.
—Salió terriblemente mal. Lucifer se volvió celoso del poder que
Dios le dio a Jesús. También odiaba el amor que el Padre tenía para los
mortales que había creado. Lucifer realmente fue la primera criatura que alguna
vez pensó en sí mismo. Pensó en lo que él quería era la cosa más importante.
No le importaba nada de los demás, sólo lo que él podía conseguir.
Quería el poder que Dios tenia, por lo que decidió quitárselo. Levantó
un ejército y trató de derrocar a Dios. La batalla entre los Arcángeles y el
ejército de Lucifer fue feroz, pero al final ganaron los Arcángeles. Lucifer y sus
seguidores fueron expulsados del Cielo para no volver jamás. Los caídos
aliviaron su tormento lastimando a los mortales que Dios tanto ama.
—¿Qué pasa con Celeste? Ella dice que es una caída que se ha
arrepentido, pero por alguna razón Dios no permite su regreso. Dice que es un
Enforcer, uno de los que caza a los caídos que se han convertido en malos y
51
matan a los mortales. ¿Quiénes son los Enforcer y por qué Dios no los deja que
regrese al Cielo?
El Padre Miguel miró a Adam con tristeza en sus ojos grises. Una
tristeza que decía que el sacerdote tenía un profundo conocimiento de cómo la
perdida había afectado a Celeste.
—Los Enforcers no son más que leyendas en cuanto a lo que la
iglesia se refiere. No tenemos ninguna prueba real de que existan.
—Pero si los Enforcers no existen, ¿cómo sabes que los caídos
existen?
El sacerdote se echó a reír.
—Tienes razón. No tenemos pruebas en absoluto que los caídos
existen. Tal vez son todas leyendas hechas para facilitar las explicaciones para
el mal que hay en el mundo.
—¿Los Enforcers?
—El argumento de las leyendas que fueron algunos de los Ángeles
rebeldes que se arrepintieron después de la caída. Suplicaron a Dios que les
permitan volver.
—Y Dios dijo que no. ¿Por qué lo haría? Si se supone que Dios
perdona y ama, ¿por qué habría de volverles la espalda a los que pidieron
perdón?
Una vez más hubo un destello de tristeza y confusión en los ojos del
sacerdote.
Encogió de hombres y dijo.
—No lo sé. Sólo Dios sabe nuestro propósito aquí en el mundo. Él
debe tener una razón para negarlos. Por lo tanto, se dedicaron a corregir los
errores que han creado, cazar a los caídos que se han pasado de la raya. Ellos
cazan para deshacerse de los asesinos y violadores. Solamente los Enforcers
tienen suficiente poder para acabar con el reino de los Ángeles caídos.
—Está bien. ¿Donde están las alas?
El Padre Miguel se echó a reír.
—Si vas a comprobar los omoplatos de cerca, Adam, estoy seguro
que encontraras dos pequeñas cicatrices. Estas cicatrices son todo lo que queda
de sus alas.
—¿Cree usted todo eso? Supongo que si porque es un sacerdote.
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Adam todavía no estaba seguro de si creía algo de eso.
—No importa lo que yo creo, Adam. Sólo importa lo que elijes hacer
con el conocimiento. Te puedes apartar y no tener nada que ver con ella nunca
más, lo que sería más fácil para ambos. O puedes optar por quedarte, creyendo
que está loca, y disfrutar del tiempo que tienen juntos.
El Padre Miguel se levantó, indicando que la reunión había
terminado.
—Ahora si me disculpas, ya pasó la hora de dormir para este viejo
hombre. Te acompañaré a la puerta.
Adam dio gracias al sacerdote y lo siguió hasta el vestíbulo. Se volvió
a entregar una donación al Padre Miguel. Un rayo de luz de la luna atravesó la
vidriera detrás del altar posándose sobre el rostro del sacerdote. De repente, el
viejo ligeramente encorvado se transformo en un hombre alto, eternamente
joven con los ojos brillantes plateados y un rostro severo. Adam se sintió
pasmado mientras lo miraba.
—Una última palabra, hijo. No permitas que tus dudas y temores
oculten la urgencia. Tomas debe ser detenido. Con cada mujer que mata, su
poder crece. Celeste lo sabe y va a hacer lo que debe para acabar con él. Sé su
fuerza.
Adam asintió con la cabeza. Dio medio vuelta para salir de la iglesia.
Entonces se acordó del dinero en la mano. Volviéndose, se quedó boquiabierto.
El sacerdote había desaparecido. No hubo suficiente tiempo para saliera del
lugar.
Adam salió tropezando de la iglesia e hizo señas a un taxi. Que
extraña experiencia. Tal vez por eso nunca iba a la iglesia.
Se encontró con Jakar en la puerta. El demonio estudió a su jefe. Y
vio la confusión en los ojos de Adam.
—¿Has aprendido algo? — preguntó Jakar mientras seguía a Adam
al estudio.
Adam se dejó caer sobre el sofá de cuero frente a la chimenea.
—No podemos estar juntos porque ella es un Ángel caído y yo un
mortal. Poco a poco me va a volver loco. Es solo sexo y el encanto de tener
sexo con un Ángel.
—Confía en mí. No cometas el error de enamorarte de ella. Amar a
una caída no es fácil. Celeste sabe eso. Ha visto a los caídos tratar de vivir una
53
vida “normal”. Una vida que desea con todo el corazón, pero sabe que no puede
tener. Es una locura atormentar su alma.
Jakar sirvió un vaso de whisky para Adam.
—¿Qué puede saber un demonio sobre el tormento de un Ángel
caído?
Adam sonrió cuando vio la sorpresa de Jaker. Aceptó el vaso.
Mirando abajo buscó en el líquido de color ámbar respuestas que sabía que
nunca encontraría en el fondo de la copa.
—Ella me advirtió que no confiara en ti. Tú me has advertido de no
confiar en ella. Es una buena cosa que yo no confíe en nadie.
—Soy un Demonio. He estado alrededor desde el principios de los
tiempo, Montgomery. Cuando los Ángeles fueron expulsados del Cielo, muchos
de ellos se convirtieron en demonios. Ellos tomaron a Lucifer como su rey y
decidieron que atormentar a los humanos haría a sus miserables vidas mejor.
Nos lo han puesto difícil.
—Los Ángeles siempre han existido. También lo han hecho los
demonios. Existe un equilibrio en todo. Siempre nos hemos arreglado
manteniéndolo de esa manera. Pero con la caída, el equilibrio desapareció.
Verdaderamente no hay nada para mantenerlos a raya a excepción de los
aquellos con la marca de Caín.
Adam recordó la marca en el pecho de Celeste.
—Ella me habló de eso. Así que ha decidido ayudar a salvar a los
humanos de los caídos. ¿Por qué eligió hacer eso? ¿Por qué matar a su propia
gente?
— En cierto modo lo hace por la redención. No todos optaron por
tratar de compensar sus errores. Creo que sólo los más fuertes lo hicieron. Los
demás tomaron el camino más fácil, el mal. Sé que no puedo hacerte creer si
elijes no hacerlo. Los caídos han logrado permanecer ocultos durante miles de
años, para que los mortales no crean en ellos nunca más. Es cierto el dicho de
que el mayor truco que el Diablo jugó nunca fue hacer creer a la gente que no
existe. Los caídos han logrado que los mortales sean escépticos con respeto a
ellos, así que cuando uno se enfrenta al conocimiento, se necesita un acto de
Dios para creer.
Le sirvió otra copa a Adam y se fue.
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CAPÍTULO OCHO
Adam miró a la oscuridad de la ciudad bajo él. Durante horas había
merodeado por su casa, tratando de encontrar algo de paz a pesar de las
preguntas que estaban aquejándolo. No hubo respuestas que encontrar. Maldita
sea, las mujeres podrían arruinar la vida de un hombre. Había amado a su
madre y ella lo había dejado, traicionando a su tierno corazón. Apoyó la frente
contra el frio cristal.
—¿Qué ves cuando miras por ahí? — la voz de Celeste se oyó desde
la oscuridad de su cama.
Adam se dio vuelta para encontrarla acurrucada en el centro del
colchón, sus ojos azules fijos en su cuerpo desnudo.
—¿Cómo demonios has entrado aquí? Sé a ciencia cierta de que Jakar
nunca te habría dejado entrar.
—¿Quién dijo que necesitaba a Jakar para entrar? Él nunca
intentaría detenerme.— Celeste se encogió de hombros. —Tu amigo me tiene
miedo, Adam.
—Él debería, ¿no? Si se cruza en tu camino lo matarías sin pensarlo.
Jakar no es nada para ti.
—Eso es verdad. Jakar no significa nada para mí. Pero significa algo
para ti. Es por eso que no le haría daño, incluso si él me lo pidiera.
Destruyéndolo, destruiría una parte tuya y nunca te haría daño
deliberadamente.
Adam volvió a estudiar las sombras de nuevo.
—No puedes hacerme daño a menos que te deje. ¿Qué te hace pensar
que tienes tanto poder sobre mí?
—Tal vez no lo tenga. Tal vez todo lo que tenemos es buen sexo,
Adam. Si esa es la verdad, ¿Por qué no podemos disfrutar lo que tenemos y sin
mirar hacia adelante?
Celeste comenzó a deslizarse de la cama.
Adam levantó la mano para detenerla. Sacudiendo la cabeza, gruño
furioso.
—¿Me veo como un idiota, Celeste? Si de verdad eres lo que dices,
puedes hacerme lo que quieras. Un ser con el poder que tú tienes puede
controlar a cualquiera.
55
Una vez más Celeste se encogió de hombros.
—Eso es verdad. Podría hacer que te metieras en la cama conmigo.
Podría hacer que me follaras hasta que ambos apenas podamos movernos. Pero
cuando la voluntad es arrebatada no hay alegría en la elección.
—¿Quieres que elija que te folle? ¿Quieres que elija traicionarme?—
Adam se echó a reír con dureza. — ¿Qué elección hay en eso?
—Ninguna, supongo.— Celeste metió las piernas debajo de ella.
Lentamente se desabrocho la camisa y la deslizo abajo. No llevaba
sostén. Sus pechos estaban llenos y maduros, los cubrió con las manos. Ella
podía ver la cara de Adam reflejada en la ventana, pero se dio cuenta de que sus
ojos no estaban centrados en su imagen en el cristal. Se centraban en algo más
allá, en las sombras de la ventana.
—¿Qué ves cuando miras en las sombras, Adam?
Su voz fue persuasiva. Quería saber que era lo que atormentaba su
alma.
—Veo a mi padre—. Adam vio la escena desvelar delante de él. —
Sólo tenía siete años cuando mi padre mató a mi madre. Me quedé en la esquina
de la cocina y observé mientras le pegaba. Un golpe especialmente cruel hizo a
mamá caer y golpearse la cabeza en el borde de la mesa. Los dos nos quedamos
allí durante unos minutos, esperando a que se levantara otra vez. Cuando mi
padre me miró, corrí y me escondí en mi habitación con la puerta cerrada. Papá
podría haber entrado si hubiera querido, pero nunca más lo volví a ver. Tres
días después la policía irrumpió en la casa y me llevaron. Había sangre en la
cocina pero mi madre había desaparecido. Espere durante meses, pensando que
había sido un error. No creía que ella me hubiera abandonado a los extraños.
Entonces, una noche, me di cuenta de que nunca volvería. Aprendí la verdad
sobre el amor. Mamá había amado tanto a mi papá que nunca habría pensado en
dejarlo. Ella me traiciono por mi padre y fue entonces cuando aprendí que el
amor solo conduce a la traición.
Las lágrimas brillaban en los ojos de Celeste. Ella podía ver lo que
había sucedido en las sombras de la mente de Adam. No es de extrañar que
necesitara tener el control, pensó. Como niño nunca había sido capaz de
salvarse a sí mismo. No tuvo elección sino vivir el infierno que su familia le hizo
pasar. Entonces, mientras se lamentaba de una madre no digna de su corazón,
había sido enviado desde una familia de crianza temporal a la siguiente.
56
Ella se deslizó fuera de la cama y se dirigió a él. Adam se puso rígido
cuando abrazó su cintura. Se sobresaltó al sentir sus mejillas mojadas
descansando en su espalda.
—No malgastes tus lágrimas en mi, Celeste. Hay miles de persona
en este mundo que han tenido vidas peores que la mía. He conseguido superar
mis comienzos. Eso es todo lo que importa.
—Pero no puedes olvidar el pasado. Vives con aquellos recuerdos
todos los días.
—Esos recuerdos son lo que me hicieron lo que soy. Nunca me voy a
deshacer de ellos porque me dicen que sólo puedo confiar en mí mismo. Todo el
mundo quiere obtener algo.
Él detuvo la protesta de Celeste.
—Sí, Celeste. Todo el mundo, incluso tú intentaras obtener algo de
mí.
Celeste no podía negarlo. Ella lo había utilizado para obtener el poder
que necesitaba para detener a Tomas. Eso no significaba que no le importara.
De hecho, Celeste sabía que estaba en peligro de enamorarse de él. Oh, Diablos,
pensó para sus adentros, bien podría admitir que ya lo amaba. Mi corazón va a
estar sangrando después de que él me deje.
Ella presionó sus labios suaves en su espalda caliente. Lo volvió para
que la mirara. Tomó su rostro entre las manos y suavemente lo besó en sus
labios. Bajó hasta posar los labios contra su pecho sobre el corazón, lo sintió
golpeando con un ritmo pesado. Envolvió su cuerpo en sus brazos, y trató de
consolarlo.
Adam la rechazó. Se dirigió a la cama y se sentó.
—¿Por qué no te vas? Realmente no te quiero aquí.
—Hay veces que no conseguimos lo que queremos.
El resto de la ropa de Celeste se desvaneció. Separó las piernas de
Adam y se arrodilló entre ellas. Iba a hacerle el amor lento y suave para aliviar
el dolor escondido dentro del corazón de Adam. Era parte de su naturaleza no
poder ver sufrir a nadie. Pero Celeste sabía que no era sólo esa la razón por la
que necesitaba sentir a Adam dentro de ella esa noche. Sabía que lo amaba.
Había conseguido romper la capa protectora que rodeaba su corazón, y por eso,
haría cualquier cosa para hacerlo feliz.
Deslizó sus manos hasta sus muslos. Ahuecando sus bolas con
suavidad, las apretó mientras acariciaba su polla con la otra mano.
57
Él se reclinó sobre los codos. Una parte tranquila de la mente de
Adam le dijo que no permitiera que ella hiciera esto con él. Sabía que Celeste
estaba tomando lentamente cada vez más y más de su alma. Cuanto más tiempo
pasaran juntos, mas iba a doler cuando ella eligiera dejarlo. Él gimió
suavemente mientras sus labios carnosos rodeaban su polla y se deslizaban por
su longitud.
—No hagas esto, Celeste.
—No pienses Adam. Olvida todo lo demás por un tiempo. Céntrate
en mí y en lo que estoy haciendo —. Su voz era suave y tersa.
—Lo que estás haciendo me está volviendo loco — gimió.
Ella se río. Podía sentir su sonrisa envolvente alrededor de su polla.
Su boca se sentía como una seda caliente masajeando su polla dolorida.
Trató de mantener la distancia entre ellos. Trató de recordar que ella
estaba haciendo esto por piedad, Celeste realmente no lo amaba.
A continuación, lo succionó lenta y duramente hasta parecer que su
boca absorbía todos los pensamientos de su cabeza. No importaba si ella estaba
haciendo esto porque lo amaba o porque lo compadecía. Él solo iba a disfrutar.
Enredó sus manos en su cabello y empujó sus caderas hacia arriba.
Quería tomar el control y follar su boca duro y rápido. Celeste era
sorprendentemente fuerte. Ella empujó sus caderas hacia atrás a la cama y
desaceleró sus movimientos. Su protesta se quedó atascada en su garganta
mientras su boca se deslizaba de su polla para lamer sus bolas. Subió por su
cuerpo, burlándose de él con mordeduras suaves, besos húmedos y lametones
juguetones. Cada movimiento realizado por Celeste fue deliberado.
Ella lo ayudó a tumbarse en su cama, luego, bajó chupando desde la
frente hasta los pies, tomando sus pezones en el camino. Tomó el control del
acto sexual.
Él empezó a acercársele. Ella tomó sus manos poniéndolas sobre la
cama y sacudió la cabeza.
—Sin tocar. Déjame hacer el trabajo en esta ocasión, Adam—
susurró seductoramente en la oscuridad.
Él no protestó cuando ella se sentó a horcajadas sobre sus caderas.
Tomándolo en su mano, se agachó sobre él. Adam no pudo dejar de gemir
cuando su calor húmedo envolvió su polla. Nunca había tenido una amante tan
dulce. Por lo general, sólo estaba interesado en follar a la mujer y dejarla lo más
pronto posible.
58
El deslizamiento de seda dentro y fuera de su coño inició una
construcción de presión en su cabeza. Tenía ganas de agarrar sus caderas y
empezar a sumergirse en ella, pero él saboreó cediendo el control a la bella
mujer que lo montaba.
Celeste arqueó la espalda, empujando los pechos hacia afuera.
Ahuecándolos con sus manos, Adam acarició y pellizcó sus pezones.
Ella se inclinó hacia delante, sujetándose en sus hombros y
empujando su pezón dentro de su boca.
Él agarró y chupó con fuerza. Echando la cabeza hacia atrás, ella
gritó.
Adam utilizó sus dientes y lengua para llevarla más alto. No lograba
penetrarla lo suficientemente profundo. Ella no tomaba lo suficiente.
Finalmente, su autocontrol se rompió y agarró sus caderas con las
manos. Dejando moretones donde sus dedos apretaron, la empujó sobre él. El
momento de ternura había terminado, necesitaba correrse y quería que ella
estuviera con él cuándo lo hiciera. Gritó mientras la presión estalló en su
cabeza. Débilmente escuchó el grito de Celeste mientras se corría.
A medida que sus músculos se relajaban y se deslizaba de buena gana
en el sueño, oyó a Celeste susurrar.
—Adiós.
59
William sintió la humedad filtrarse a través de su camisa a la piel. Se
apartó de Celeste y encontró sus ojos azules llenos de lágrimas.
—¿Vamos Celeste, qué es esto? No te he visto llorar desde que nos
dimos cuenta de que no volveríamos al Cielo. ¿Qué sucedió?
—Nada. Estoy cansada. Necesito darme una ducha.
Celeste se secó las lágrimas de sus mejillas y comenzó a caminar
hacia su dormitorio. Con una expresión de desconcierto se volvió hacia él.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Tuve una visita de nuestro amistoso dolor en el culo. Dijo que
puede que necesites mi ayuda con un problema.
William se acercó a ella y le alzó la barbilla con el dedo. Le dio un
beso en la mejilla.
—Veo que Miguel estaba en lo cierto. Necesitas mi ayuda. Estás más
que cansada, mi Ángel. Estás desconsolada. ¿Quieres decirme que va mal?
Celeste sacudió la cabeza.
—No. No es importante dentro del gran esquema de las cosas. Voy a
superarlo. Déjame tomar una ducha y dormir un ratito. Después podemos
empezar a buscar a Tomas.
—Así que es Tomas. Me preguntaba cuando el escurridizo hijo de
puta iba a mostrar su cara otra vez —. Haciendo una mueca, William empujó a
Celeste por el pasillo. –Anda a ducharte. Cuando salgas me puedes poner al día
y luego tomaras una siesta.
—¿Qué vas a hacer mientras este durmiendo?— Celeste preguntó
con sospecha.
—Voy a estar haciendo lo que hago mejor. Voy a empezar a reunir
información.
Celeste no discutió. Se fue al baño y cerró la puerta. Hubo pocos
momentos en su vida cuando pudo bajar la guardia, pero con William aquí
podría descansar. Él podía cuidar de sí mismo.
Metiéndose bajo el agua permitió que el calor húmedo la rodeara.
William esperó hasta que oyó la ducha entonces se dirigió a la cocina.
Había visitado a Celeste varia veces durante los años que había vivido en
Detroit y estaba tan familiarizado con su departamento como estaba con lo
suyo. Se encontraba tarareando en voz baja cuando sonó el teléfono.
60
—Hola.
Un tenso silencio se hizo en la línea.
—¿Quién eres?
—Depende de a quién estás llamando y quién está haciendo la
pregunta.
William siguió haciendo el desayuno.
—Tengo que hablar con Celeste, ahora.
Hubo una orden enterrada en cada palabra. William podía sentir la
ira que empezaba a construirse en el hombre del otro lado de la línea.
—Está ocupada en este momento. ¿Puedo tomar un mensaje?
—¿Quién diablos eres?
Había un tono inseguro en la voz del hombre.
—Soy William. Un buen amigo de Celeste.
Casi podía oír a su interlocutor rechinar los dientes.
—Dile que Adam llamó.
Adam cortó de golpe la llamada.
William colgó y se encogió de hombros. Chico, que tenso el tipo.
A continuación preparó el desayuno mientras esperaba a que Celeste
saliera de la ducha.
Veinte minutos más tarde, la puerta se abrió y Celeste salió. Su
camisón negro apenas le llegaba a los muslos.
Él hizo un gesto hacia la mesa donde estaba un plato lleno de huevos
y tostadas.
Ella sonrió y tomó un trozo de jamón.
—Si yo estuviera tan predispuesto, Celeste, me encontraría en
apuros para mantener las manos fuera de ti —. William sonrió.
Celeste ni siquiera lo miró. Devoró la comida.
—¿Hace cuanto que no has comido, Ángel? — William se apoyó en
el mostrador y la miró.
—No recuerdo — murmuró.
61
—Oye, un tipo llamó mientras estabas en la ducha, dijo que se
llamaba Adam, y por la forma en que sonó creo que va a aparecer casi ahora
mismo.
62
CAPÍTULO NUEVE
Un golpe sonó en la puerta. William hizo un gesto a Celeste para que
se quedara sentada. Caminó a la puerta y la abrió justo cuando Adam levantaba
su puño para golpear de nuevo. Rápidamente, William agarró su brazo y tiró de
el hacia dentro del cuarto.
—¿No tienes ningún respeto por las demás personas de este edificio?
Probablemente sintieron como si llamarás a sus puertas.
Adam arrancó el brazo del agarre de William y miró a su alrededor.
Vio al hombre de cabello oscuro señalar la cocina. Caminando, sintió crecer su
ira. Estalló cuando encontró a Celeste desayunando tranquilamente llevando un
camisón transparente y con aspecto de que acababa de salir de la cama.
—Maldita sea, Celeste. Me has follado hasta quedar inconsciente,
después vienes a tu casa corriendo para follar con algún otro tipo.
Podía sentir como le temblaban las manos.
Celeste no reaccionó. Ella siguió comiendo.
William se río entre dientes.
—No soy sólo un tipo. Resulta que soy muy importante para ella.
Celeste lo fulminó con la mirada.
—No estás haciendo esto mejor al actuar de esta manera.
—Ángel, sin duda él se comporta como si fuera tu dueño.
Adam se dio vuelta para enfrentar a William.
—¿Quién diablos eres realmente tú?
—Mi nombre es William Bradford. Soy uno de los más antiguos
amigos de Celeste—. William hizo una ligera reverencia.
Adam se pasó una mano por el pelo.
—Infierno, ¿eres uno de ellos, no?
—¿Uno de ellos?
—Un Ángel caído
William se encogió de hombros.
—Realmente no pienso en mí como nada.
—¿No eres un Ángel caído?
63
—Sí, lo soy, pero también soy un Enforcer—. William frotó su mano
sobre la marca en el pecho. —Para ser honesto, no obstante, trato de no
involucrarme en ninguna de las pequeñas disputas que hay entre mis hermanos.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Adam se trasladó para estar al lado de Celeste. Colocó una mano
sobre su hombro, una señal silenciosa a William que la reclamaba.
Celeste no se movió para hacer caso omiso de la mano. No valía la
energía para luchar con él sobre esto. Podía sentir la energía drenar fuera de
ella.
William empujó a Adam del camino a tiempo para coger a Celeste
mientras se caía. Levantándola en sus brazos le dijo a Adam.
—Quédate ahí. Volveré para explicarte algunas cosas.
William se dirigió por el pasillo a la habitación de Celeste. Adam
quiso seguirlo, pero comprendió que no tenía derecho a hacer eso. En realidad
no tenía ningún derecho en absoluto cuando se trataba de Celeste.
Dio vueltas alrededor de la sala de estar mientras esperaba.
—Muy bien, Adam —. William se unió a él. —¿Quieres pegarme
ahora o hablar de todo este asunto como personas civilizadas?
—No hay nada de que hablar. Celeste no me debe ninguna
explicación. Lo que ella hace cuando no está conmigo no es mi asunto.
—Ahora me dices algo así. ¿Por qué no lo dijiste cuando ella estaba
despierta y podía oírte? Aunque no importa. Incluso si tenías todo el derecho a
gritar y pisotear sobre el tema, no deberías hacerlo. No con Celeste. No te
aferres a ella o va a correr —. William señaló el sofá a Adam. —Siéntate.
Ponme al corriente acerca de Tomas. Tenemos que atraparlo pronto o vamos a
estar en grandes problemas.
—Si no te consideras un caído o un Enforcer, ¿Por qué diablos estás
aquí?— exigió Adam.
William suspiró.
—Un amigo mutuo sugirió que Celeste podría necesitar algo de
ayuda. Puesto que es mi única amiga en este mundo abandonado por Dios, he
decidido hacer caso a su advertencia y hacerle una visita. Justo a tiempo.
—¿Qué quieres decir con eso?
64
—Ella lo está llevando hasta al agotamiento. Está tratando contigo y
al mismo tiempo intentando conseguir una ventaja sobre Tomas. Nunca he
entendido este cariño que tiene a los mortales.
—¿No tienes ningún amigo humano?
—Yo sólo uso a los mortales para una cosa y no es para la amistad.
¿Así que dime, qué sabes de Tomas hasta ahora?
—Él recoge las mujeres en los juegos de hockey.
—Hmmm… hay un juego esta noche. Me pregunto si va a matar de
nuevo. ¿Con qué frecuencia ha estado matando?
—Cada tres o cuatros días de acuerdo a lo que averiguamos. No
ayuda que los Wings estuvieron jugando mucho en casa.
William no respondió. Miró por la ventana pensando en algo.
—Incluso si los dos follan como conejos todo el día, Celeste no va a
tener su fuerza completa esta noche. Supongo que voy a ser el único en reunir
las pistas.
—¿Fuerza completa? — Adam estaba perplejo. Tuvieron un sexo
alucinante la noche anterior. —¿Por qué no tiene todo su poder?
—¿Por qué crees que se derrumbó hace unos minutos? Ella se agotó.
—Pero anoche…
—Su mente debe haber estado en otra cosa que reunir poder. Y es
por eso que me necesita aquí. La estás destruyendo. ¿Por qué no te vas a tu casa
por un tiempo? Ella estará levantada en un par de horas. Después ven a
buscarla. Llévala a una tarde relajante. Trata de mantener su mente fuera de
Tomas. Yo saldré para mirar por los alrededor.
Adam comenzó a dirigirse a la puerta. Parándose, se dio vuelta para
preguntar algo. Luego meneó la cabeza y se volvió hacia la puerta.
De pie, William tenía una sonrisa en su cara.
—Adelante, pregunta. ¿Pero estás seguro de que quieres escuchar la
respuesta?
Frente a la puerta, Adam respiró profundamente. No estaba seguro
de si se atrevería a preguntar.
—No, no lo hicimos. Y nunca lo haremos — la voz de William
estaba llena de compresión. —Celeste es mi mejor amiga y en la única en la que
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siempre voy a confiar. No voy a destruir esa conexión cambiándola por una
diversión.
Adam asintió con la cabeza en agradecimiento y se fue.
William suspiró. Comprobó a Celeste una vez más. Dormía
profundamente. Dejándole una nota en la mesa de la cocina se fue en busca de
un Ángel caído.
Dos horas más tarde, Celeste acababa de terminar el almuerzo cuando
otro golpe sonó en la puerta. Esta vez no había enojo en el sonido. La abrió
para encontrar a Adam apoyado casualmente en la jamba. Se veía lo
suficientemente bueno como para comérselo, pensó. En ajustados jeans azules
desteñidos y una camiseta blanca, parecía más descansado. Tuvo que reprimir el
impulso de tirar de él al interior y pasar sus manos por todo su cuerpo desnudo.
Le sonrió. Adam sabía lo que estaba pensando. Podía ver la lujuria
quemando en sus ojos.
Él negó con la cabeza.
La decepción la recorrió.
—Toma una chaqueta. Te estoy secuestrando.
—¿En serio? ¿Y a dónde me llevas?
—Es una sorpresa.
Él sonrió burlonamente.
Ayudándola con la chaqueta dejó que sus manos le acariciaran los
hombros.
—¿Es una sorpresa, eh?
Cerró la puerta detrás de ella. Siguiéndolo hacia su camioneta,
mentalmente se limpió la baba de la barbilla. El hombre tenía un culo que le
gustaría lamer enteramente. Alejó aquellos pensamientos. Tenía la sensación de
que Adam intentaba ayudarla a relajarse y teniendo pensamientos lujuriosos no
iba ayudarle a disminuir su ritmo cardiaco.
Su mano rozó su pecho mientras la ayudaba a subir a la camioneta. Le
llevó toda su fuerza de voluntad para no tomar su mano y ahuecarla alrededor
de su pecho. Estaba disgustada consigo misma. ¿No podía pasar ni siquiera
cinco minutos sin tener pensamientos sexuales de este hombre? Iba a tener que
hacerlo mejor.
El silencio en la camioneta estaba cargado mientras se dirigían por
las calles. En un momento Celeste se echó a reír.
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—Al parecer no somos capaces de hablar el uno al otro a menos que
estemos discutiendo o follando, eh?
Él se río.
—Estoy seguro de que podríamos si lo intentamos. Supongo que
nunca hemos tenido la oportunidad.
—¿Has ido alguna vez a la secundaria?
Celeste preguntó dando vuelta en su asiento para mirarlo.
Él negó con la cabeza.
—Estás viendo a un hombre hecho a sí mismo. Por supuesto, en una
banda callejera, en realidad no necesitas un titulo para llegar a donde quieres.
—Pero es necesario ser inteligente y astuto — dijo Celeste.
—Al igual que cualquier animal que vive en la selva.
—Te doy crédito. Has empezado con muy poco, pero de alguna
manera has conseguido ganar mucho.
—Robando, engañando y mintiendo. Sí, eso me convierte en un
ciudadano ejemplar. ¿No está eso en contra de tu código de Ángel?
Celeste sonrió ligeramente.
—Tal vez si, si yo todavía fuera un Ángel tendría un problema con
eso. Pero he vivido en el mundo desde hace mucho tiempo. Tu instinto de
supervivencia es fuerte. Haces lo que tienes que hacer día a día.
—No arrojes piedras en una casa de cristal.
—No te voy a juzgar, eso está claro. Teniendo en cuenta por lo que
estoy siendo castigada, tus crímenes son bastantes menores.
Adam se echó a reír.
—No creería que la policía este de acuerdo contigo.
—Cierto. Algunos de ellos no tienen cabida para criticarte. Al único
que tendrás que responder en el final es a Él.
—¿Por qué no lo llamas Dios?.
—Siendo desterrada del Cielo perjudica las cosas. Ya que no puedo
estar en su presencia, ni siquiera puedo decir su nombre. Duele mi mente y mi
corazón.
—No sé lo que se siente al ser desterrado de esa manera. Quiero
decir que estoy seguro que es como estar desterrado de la presencia de los
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padres. Pero ya que ninguno de mis padres se preocupó por mí, siempre he
conocido el sentimiento.
Adam se encogió de hombros. Entró en el garaje de un
estacionamiento.
Celeste miró a su alrededor.
—¿El parque zoológico? ¿Me estás llevando al parque zoológico?
Nunca antes he estado aquí.
—Llevas diez años en Detroit y nunca has estado en el zoológico.
Increíble.
Adam le tomó la mano y la arrastró hasta la entrada.
—He donado dinero para la exhibición del nuevo oso polar. ¿No
cuenta eso para algo?
Ella se echó a reír.
—No, tienes que ver realmente a los osos. Se trata de una gran
exposición, pero primero tenemos que ir a ver a los pingüinos.
—¿Por qué?
—Siempre que vengo aquí, primero me detengo en la casa de los
pingüinos. ¡Me encantan!
Celeste parpadeó, tratando de conciliar la imagen del jefe duro de una
banda con la imagen de un hombre con cara de niño que amaba a los pingüinos.
Sacudiendo la cabeza, se echó a reír. No importaba. Simplemente disfrutaría el
día, se dijo mientras caminaba hacia las exhibiciones.
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La comida fue olvidada, cuando Celeste lo condujo a su dormitorio.
Le sonrió. De alguna manera habían conseguido mantener sus manos lejos el
uno del otro en el zoológico. Pero ya era hora de hacer un poco de magia.
Él la empujó sobre la cama apretando fuertemente su cuerpo contra el
suyo.
Ella gimió. Lo que no daría Celeste por tener su cuerpo junto al suyo
todo el tiempo. Mentalmente los despojo de sus ropas.
Él se echó a reír con voz ronca.
—Podría acostumbrarme a esto.
Ella le sonrió. Arqueando el cuello, dejó al descubierto la garganta.
Él lentamente empezó a mordisquearla. Sus manos vagaron por su
cuerpo. Jadeó cuando ella acarició sus bolas.
Celeste se quedó sin aliento cuando su boca caliente se cerró en torno
a uno de sus pezones. Metiendo sus manos en su pelo le ofreció mejor acceso
para que disfrute. Pronto, ella estaba meneando sus caderas rozando las suyas.
Él se trasladó al otro pecho.
Ella deslizó una de sus manos hacia su polla y la acarició.
Él gruño. Apartándose la volteo y la puso en cuatro patas. Le lamió
desde la parte posterior de su cuello hasta la grieta de su culo. Un golpe rápido
y luego varios más despacio como si estuviera saboreando un helado.
Ella casi grita cuando sus dedos ásperos encontraron su clítoris. Lo
flotaron, acariciaron, retorcieron y estiraron. Cada movimiento era realizado
para construir el fuego más alto.
Ella le suplicó que la tomarla.
Adam se río.
—Muy pronto. Ten paciencia, amor.
Le metió dos dedos en su interior. Ella gritó mientras le raspó el
punto caliente garantizando que se corriera.
Él comenzó a trabajar duro, perforando su coño con dos y luego tres
dedos. Justo antes de que se viniera, sacó sus dedos y la penetró con su polla.
Bombeando ferozmente le mordió el punto sensible donde el hombro se
conectaba con el cuello. Sus manos la envolvieron agarrando sus pechos
toscamente.
—Córrete conmigo, Ángel.
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Su voz liberó el fuego que la consumía. Ella se incineró, estallando en
llamas mientras su cuerpo explotaba alrededor de su pene. Dos golpes
profundos y se reunió con ella. Se sentía como si la fuerza de clímax estaba
creando el universo de nuevo. Incluso en medio de su orgasmo, Celeste se
acordó de reunir su poder, guardándolo para el futuro. Cuando el último chorro
de su semen fue ordeñado de su polla, él rodó fuera de ella. Enfrentándola, vio
que ella le sonría.
—Ciertamente tienes una receta estupenda para relajarse,
Montgomery.
Riendo él trató de recobrar el aliento.
—Tengo algunas otras ideas que podemos probar una vez que mi
ritmo cardiaco vuelva a la normalidad.
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CAPÍTULO DIEZ
Celeste y Adam se quedaron mirando a la chica muerta. Ella sintió
crecer la frustración de Adam. A través de siglos de caza aprendió el valor de la
paciencia. Dolía ver morir a los humanos inocentes pero sabía que había manera
de salvarla.
—Sabíamos que había un partido de hockey anoche. ¿Por qué no
hemos seguido vigilando?
Adam gruñó.
—Estábamos haciendo otras cosas. Asimismo, no había forma de ver
todas las salidas y los sitios adonde la podía agarrar, además Tomas nunca
mató tan seguido.
Celeste apartó la mirada de los ojos vacíos de la chica.
—¿Por qué se está intensificando ahora?— Adam la siguió.
—Me le estoy acercando. Antes no tenía una verdadera manera de
encontrarlo. Sabía que estaba en Detroit pero no pude conectar con él. Ahora lo
hice dos veces y se está poniendo nervioso.
—¿Nervioso? ¿Por qué se pondría nervioso?
Celeste sabía que no fue con intensión de insultarla. Adam realmente
no sabía por qué Tomas le tenía miedo.
—Celeste es una de la más poderosa de los Enforcers.
William apareció a su lado.
Adam dio un salto.
Celeste frunció el ceño.
—William no puedes aparecer así. Este lugar está lleno de policías.
Él hizo un gesto con la mano.
—Todos piensan que llegue contigo. Sus mentes son fácilmente
manipuladas.
—No puedes hacer eso —. La voz de Celeste fue dura. —Eres un
Enforcer William. Se supone que no deberías aprovecharte.
A William no le importaba.
—¿Oh, esta es una de las reglas tacitas pero profundamente
entendida del Credo de los Enforcers, Celeste? Nadie me lo explicó. Tenemos
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poderes que ellos nunca han oído hablar, así que ¿por qué no podemos usarlos?
— William se encogió de hombros. —De todos modos es más rápido hacer esto
que seguirte a pie todo el día. Ya sabes lo perezoso que soy, cariño.
Celeste negó con la cabeza. Cerró los ojos y bloqueó todo el ruido. Se
vinculó con William. Tocando a Adam encontró la lujuria. Se aferró a eso y
comenzó a buscar a Tomas a través de la ciudad.
—“Ah, mi querida. Encontraste mi última ofrenda.”
El toque de Tomas se sintió aceitoso en la mente de Celeste.
—“¿Otra tan pronto Tomas? ¿Estás preocupado porque vamos a
encontrarte?”
—“No me cabe duda que al final me vas a encontrar, Celeste. La pregunta
que debes hacerte es ¿cuántas morirán antes de que lo logres?”
—“Si sabes que voy a encontrarte, ¿por qué matarlas?”
—“Te lo dije antes, mi querida. Mato porque puedo. Estos mortales no son
nada para nosotros. Son criaturas débiles y propensas a las emociones abrumadoras.
Nunca llegaran a nuestro nivel de perfección. ¿Por qué te preocupas tanto por ellos? No
lo hiciste cuando bajamos con Lucifer. Has perdido tu valor” —. La provocó.
—“Se necesita más valor admitir estar equivocado. Él cuida de ellos por
alguna razón.”
—“Una vez mas caíste bajo su hechizo Celeste. ¿Qué tienen estos hombres
mortales que te hacen suspirar por ellos como una perra en celo?”
Celeste sabía que Tomas nunca comprendería por qué le gustaba
pasar tiempo con los mortales. Hubo momentos en que ella tampoco entendía.
—“Se acabó el tiempo amor.”
El contacto de Tomas desapareció.
—¡Maldita sea! —. Celeste murmuró.
—¿Lo has perdido?
William sintió la pérdida de su poder cuando Celeste se vinculó con
él.
Ella asintió con la cabeza.
—Estoy un poco más cerca de encontrarlo pero cerró antes que
pudiera bloquearlo.
72
—¿Te dijo por qué está matando a estas mujeres? — Adam
preguntó.
William alzó las cejas hacia él.
—Con el tipo de negocio que tienes y preguntas porque mata
Tomas.
—Cada uno tiene sus propias razones para acabar con la vida de
alguien.
—La única razón que tiene Tomas es porque puede hacerlo. Las
mata para poder sentirse poderoso. Estas mujeres no son nada para él. Sólo
animales que puede masacrar para su disfrute.
Celeste caminó hacia uno de los agentes de la policía. Le dijo que
iniciara una búsqueda en la parte sur de la ciudad.
—Tengo que ir a mi oficina por un tiempo, Celeste. He gastado
mucho tiempo en este caso. Jakar está preocupado por algunos de mis otros
negocios — dijo Adam cuando ella regresó.
—Bien, me tengo que ir a mi oficina también. Tengo que hacer
algunos trabajos que me aporten dinero. Hay personas que dependen de sus
cheques de pago.
Atrajo a Adam hacia ella. Se abrazaron. Besándose mutuamente, no
hicieron caso de la sonrisa de superioridad de William. Ambos tenían la
respiración agitada cuando se separaron. Adam dijo adiós a William y se fue.
—¿Le has dejado las amígdalas, Celeste? — bromeó William.
Golpeando su brazo, ella se dirigió a su coche.
73
Estaba perdido en sus pensamientos cuando oyó un susurro desde el
callejón junto a él.
—Hey, hombre. Eres Montgomery, ¿verdad?
Una voz ronca salió de las oscuras sombras del pasillo entre los
edificios.
—Si —. Adam dijo lentamente.
El hombre alto y dolorosamente delgado que se alejó de la pared no
parecía una gran amenaza. Tenía el tic nervioso de un drogadicto fuera de sí.
—Puede que tenga algunas noticias sobre el asesino que todo el
mundo está buscando.
El hombre estaba sin lavar con el pelo largo enmarañado y ropas con
crestas de suciedad. Le temblaban las manos, pero fueron sus ojos que llamaron
la atención de Adam. De un color gris claro brillante, miró fijamente a Adam.
Estaban despejados de la niebla que los consumidores de drogas tenían. Adam
tuvo la sensación de que había conocido a este hombre antes.
—¿Por qué vienes a mi? Vete a la policía y cuéntales.
Adam comenzó a alejarse.
—Vamos hombre. Tú conoces a los policías. Me van a encerrar
mientras ellos revisan la información —. Extendió una mano. —No tengo esa
clase de tiempo. Además estás trabajando con la joven mujer.
—¿Cómo es que la conoces?
El hombre se encogió de hombros.
—Los chicos callejeros la conocen. Está buscando en el lugar
equivocado. Dile que Mike dice que eche un vistazo a los alrededores de River
Rouge11. Los chicos empiezan a evitarlo.
Adam entregó un billete de cien a Mike.
—Tal vez deberías pensar en darte un baño.
Mike metió el dinero en el bolsillo de sus raídos jeans.
—Siempre habrá gente como yo, Montgomery. Que necesitan un
campeón. Asegúrate decirle al Enforcer
Antes que Adam hubiera asimilado lo que Mike dijo, el vagabundo se
había ido.
11
La planta de River Rouge, en uno de los suburbios de Detroit, donde Ford dio a luz al moderno concepto de
fabricación en serie
74
Adam entró en la oficina de Celeste.
Ella levantó la vista con el ceño fruncido adornando su rostro.
—¿Qué pasa?
Celeste dejó a un lado el papel que había estado estudiando.
—¿Conoces una persona de la calle llamada Mike?
Ella se encogió de hombros.
—Conozco a un montón de gente de la calle. No todos ellos me dan
sus nombres. ¿Cómo era?
Adam cerró los ojos y pensó en la imagen de Mike.
—Era muy alto y más bien patético. Tenía los ojos más
extraordinarios.
—¿Ojos?
Celeste no pudo ocultar su interés.
—Sí, del tono más asombroso de gris.— La miró. —¿Entonces, lo
conoces?
Ella se levantó y se acercó a la ventana. Miró hacia fuera a
Woodward Avenue12. Finalmente dijo.
—Podría saber quién es. ¿Qué te dijo?
—Que estás buscando en el lugar equivocado. Está pasando cosas en
River Rouge. Dijo que las personas comienzan a evitarlo —. Adam se trasladó
detrás de ella. Envolviendo los brazos a su alrededor estrechándola contra él.
—¿Quién era, Celeste?
Ella suspiró.
—Un viejo amigo.
—¿Cómo lo conoces?
—Aquellos que viven en la calle están más cerca del Cielo y el
Infierno de lo que tú estás. Saben quién soy desde el momento en que nos
12El Distrito Histórico de Lower Woodward Avenue se encuentra en la ciudad de Detroit. En esta zona de la
ciudad, conviven tanto edificios financieros como edificios residenciales. En él, hay 34 edificios de oficinas,
construidos a finales del siglo XIX, con gran relevancia arquitectónica.
75
encontramos. Mike ha estado en la calle por mucho tiempo. Nos conocemos
desde hace mucho tiempo. No lo busques Adam. Nunca lo encontraras.
—Siento que lo he visto antes.
—Supongo que es ese tipo de persona —. Se volvió y apretó sus
pechos contra él. —No te preocupes por él. ¿Tienes alguien dispuesto echar un
ojo alrededor en River Rouge?
—Voy a llamar a Jakar y hacer que envié a alguien. ¿Qué pasa con
William?
—Esta aquí para ayudarme, pero trabaja a su ritmo. No puedo
ordenarle ir a ninguna parte.
—Como si fuera de mucha ayuda — murmuró Adam.
—Cuando llegue el momento será de gran ayuda, Adam —. Besó su
barbilla. —Sé algo mucho más divertido que podemos hacer en vez de
preguntar donde está William.
—¿Lo sabes? ¿Y qué sería eso?
Adam sonrió mirándola.
Ella bajó la cabeza y le susurró al oído.
Él se río y tiró de ella fuera de la oficina.
76
—Te amo Celeste, — murmuró en la oscuridad.
Ella se puso tensa.
—Sé que no quieres oír esto. O piensas que es sólo por el hecho de
que eres un Ángel, te amo de todos modos —. Tomó una respiración profunda.
—No es eso. Yo no hago amigos con facilidad. Desde luego no me enamoro.
Pero desde el primer momento que te vi, supe que ibas a ser una diferencia en
mi vida. Por supuesto me dije que sólo íbamos a tener buen sexo. Tenía razón
en eso. Nadie podría levantarse de la cama si tuviera el tipo de sexo que
nosotros tenemos.
Se preguntó qué pensaba Celeste. Sabía que no debería haber dicho
nada pero no pudo mantenerlo mas tiempo dentro. Se dio cuenta de que su
confesión la espantó y atemorizó. Por primera vez en su vida Adam estaba
pensando en otra persona. Quería hacerla feliz. Tenía la sensación de que toda
su vida iba a cambiar y sólo ella sería capaz hacer el cambio para bien o para
mal.
Ella empezó a hablar.
—No hables. Supongo que no quiero oír lo que estoy bastante
seguro que vas a decirme. Sólo déjame disfrutar del brillo del amor por un
tiempo antes de destruir todos mis sueños.
Celeste se incorporó para apoyarse sobre él. Tocando sus labios con
los suyos en un beso suave de mariposa, sonrió.
—No voy a decir lo que pareces pensar que diría. Cuando sea el
momento adecuado te haré saber exactamente lo que siento.
Sintió su mano resbalar por su cuerpo ahuecando sus bolas. Así que
ella no había dicho que lo amaba en voz alta, pero estaba dispuesto a creer que
sus acciones le estaban diciendo lo que realmente sentía.
77
CAPÍTULO ONCE
William estaba de pie en medio de una casa destartalada en River
Rouge. Asesinos, drogadictos y bandas controlan este lado de Detroit. Sabía
que incluso los Demonios de Adam se quedaban fuera de esta zona si tenían que
elegir. Vio a Celeste arrugando la nariz contra el olor que impregnaba el
ambiente. La basura apilada en los rincones no podía cubrir las manchas del
suelo estropeado.
William se arrodilló junto a uno pero no lo tocó. Hubo un destello de
ira en su rostro. Nunca comprendió las matanzas sin sentido que los seres
humanos y otros caídos parecían disfrutar. Tal vez por eso eligió ser un
Enforcer. Por supuesto, pudo haber sido por la gran cantidad de energía que se
necesitaba para ser malo. William sabía que era perezoso y mucho más
interesado en sus propias comodidades que la de los mortales a su alrededor,
pero al ver la sangre manchando el suelo y pudiendo sentir el dolor y el miedo
colgando en la habitación lo estaba llenando de rabia.
Un toque gentil en el hombro lo hizo mirar hacia arriba. Celeste se
detuvo sobre él. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Ambos estaban
reaccionando ante la tristeza en el aire.
—A partir de ahora este lugar estará marcado — William dijo.
De pie se dirigió hacia la ventana.
—Tenemos que encontrarle, Celeste.
—Lo sé William —. Ella vago por la habitación absorbiendo el dolor
y el miedo. —Esta mujer era fuerte. Luchó contra él más que las otras. Ella lo
marcó.
—¿Esas lesiones nos ayudará a identificarlo? —. Adam preguntó.
William negó con la cabeza.
—No. Tomas debe haberse curado a esta hora. Usará un poco de su
energía en la recuperación porque tiene una enorme cantidad almacenada desde
la última matanza que hizo.
—Ella no le hirió de esa manera. Esta mujer marcó su mente.
Celeste estaba en la puerta, sus ojos mostraban que estaba muy lejos
de la casa.
—Tendría que ser muy fuerte mentalmente para hacer eso.
78
—Puedo sentirla. Es como si hubiera unido parte de su esencia a él.
Se siente casi como una fragancia.
Celeste se traslado a la acera. Miró a ambos lados de la calle.
—¿En qué dirección se fue?
William y Adam la siguieron de cerca.
—Debió tener un coche esperándola porque no consigo una señal de
ella en ninguna dirección.
Los ojos de Celeste brillaban cuando se volvió de nuevo a ellos.
William vio que estaba emocionada por este avance. Él también
estaba excitado. Cuanto antes resolviera este caso y terminar con Tomas, mas
pronto podría volver a Reno. Echaba de menos su departamento y su rutina.
Echaba de menos arruinar a los casinos de póker. Tenía un gran talento para
jugar las cartas y así es como se ganaba la vida en este tiempo. Como jugador
profesional de póker podía viajar por el mundo si quería. También echaba de
menos los clubes de stripteases. Puede que no quería enamorarse de una mortal,
pero no le importaba acostarse con una.
Sintió una punzada de soledad al ver a Adam envolviendo a Celeste
en sus brazos. Al parecer su mejor amiga había encontrando a un hombre.
Incluso si Adam todavía pensaba de vez en cuando que estaba loca, sabía que
poco a poco estaba empezando a creer que Celeste realmente era un Ángel.
También sabía que había admitido finalmente a si mismo que no le importaba si
Celeste estaba loca o no, que iba amarla de todos modos. William se preguntó si
alguna vez podría encontrar a una mujer que le amara de esta manera.
—Entonces este vinculo que esta mujer puso en Tomas ¿crees que lo
puedas encontrar otra vez?
William interrumpió la tierna escena.
—Sí, ahora que se cómo se siente no debería tener problema en
encontrarlo.
—Entonces, ¿cuándo es el siguiente partido en casa?
William abrió el camino hacia la camioneta.
La decepción coloreo la voz de Adam.
—Mañana por la noche.
—Tomas tendrá tiempo para descansar y recargarse, pero también
nos dará tiempo para prepararnos. Ustedes sigan follando como adolescentes.
Tengo que ir hablar con alguien.
79
Celeste se río.
—¿Con quién tienes que hablar William?
Él ignoró la pregunta hasta que se estacionó delante del edificio de
oficinas de Celeste. Mientras salían del coche dijo.
—Tengo que hablar con el Padre Miguel.
Adam se dio vuelta, pero William se alejó antes que pudiese decir
algo.
—¿Cómo es que William conoce al Padre Miguel? —. Adam
preguntó cuando entró en la oficina de Celeste.
—Conocemos a todos los religiosos de la ciudad — murmuró
Celeste.
—¿Por qué?
—Merece la pena conocer a las personas que rezan. De modo que
cuando necesitas un poco de ayuda adicional que no puedes pedir por tu cuenta,
sabes a quien acudir.
—Probablemente debería descansar por un rato. No conseguimos
dormir mucho por la noche y sé que usar tu poder o lo que sea que haces te
desgasta.
Ella asintió. La ayudó a tumbarse en el sofá de cuero negro ubicado
en la esquina opuesta de su escritorio. Le sacó los zapatos y la cubrió con un
manta. Ella murmuró. Adam asumió que le estaba dando las gracias. Se sentó
mirando cómo se quedaba dormida. Tocó suavemente su cara. Parecía un
Ángel. Se río. Por supuesto que se parecía. ¿A qué otra cosa se parecería? Tenía
que salir de allí sino se uniría a ella en el sofá. Era el momento de comprobar su
oficina.
Adam silbó mientras entraba en su oficina. Jakar hizo una mueca
cuando golpeó al demonio en el hombro. Lanzando su chaqueta en una silla
vacía, se arrojó en su silla detrás del escritorio. El impulso de su cuerpo hizo
que la silla con ruedas se deslizara por el suelo.
—¿Y por qué estás tan feliz hoy?
Jakar le entregó un whisky.
—¿Por qué no estaría feliz hoy? — Bebió el alcohol y devolvió el
vaso a Jakar. —Tengo una hermosa mujer en mi cama. Estamos cerca de
atrapar al asesino. La vida es buena.
80
—Sólo será buena cuando encuentres a Tomas. Entonces Celeste te
dejará y colocaras el culo para trabajar —murmuró Jakar.
La sonrisa desapareció del rostro de Adam. Maldita sea, el demonio
tenía razón. Celeste lo dejaría tan pronto Tomas fuera capturado. A pesar de
que se preocupaba por él no sabia si lo amaba lo suficiente como para quedarse
con él. De alguna forma iba a tener que convencerla.
—Jakar, asegúrate que una docena de rosas rojas sean entregadas en
el departamento de Celeste esta tarde. También reserva mi mesa de siempre en
Antonio. Necesito una fría botella de champagne esta noche en mi casa.
Jakar se echó a reír.
—¿Tratando de sobornarla para que se quede, eh?
Adam lo miró.
—Sí, señor. Me aseguraré de que todo se cumpla como lo pediste.
Ahora estos negocios necesitan tu atención.
Jakar colocó algunos contratos frente a Adam.
El ramo de rosas fue entregado justo cuando William llegaba al
departamento de Celeste. Se echó a reír al ver su expresión.
—Puedo adivinar de donde son. Está empezando a ponerse nervioso
ahora que el final está cerca. Quiere que te des cuenta de todo lo que vas a
perder si lo dejas.
Celeste no miró a William, su corazón estaba acelerado, ella sabía lo
que Adam intentaba hacer. Comprendió que necesitaba atarla a él. Al enviarle
las rosas y sacarla a un restaurant de lujo, trataba de probar que podía cuidar de
ella. No era por su cuerpo que se preocupaba. Estaba preocupada por su
corazón. ¿Qué pasa si se aburría con ella? Parte de su encanto, lo sabía, era el
hecho de que ella no había estado disponible durante mucho tiempo. Ahora que
podía follarla en cualquier momento que quería, tal vez parte de su atractivo
desapareciera.
—¿Qué sientes por él Celeste?
La pregunta de William le recordó que todavía estaba en la
habitación con ella.
Con una leve sonrisa, se volvió a mirarlo.
—Supongo que debo amarlo, William.
—¿Supones?
81
—Parece que no puedo pensar en nadie más que él. Ningún otro
hombre me hace sudar o venirme como él lo hace. Me gusta follar con él, pero
es más que eso.
Me gusta pasar tiempo con él sin importar lo que hacemos. Nunca me
he sentido así con ningún otro mortal con quien he estado a través de los siglos.
Se sentó y miró por la ventana.
—Tal vez incluso algunos de nosotros los caídos en desgracia
tenemos un alma gemela por ahí. Tal vez a través de los años se buscaron el
uno al otro y ahora por fin Él les permite estar juntos.
Celeste se volvió para mirarlo, alzando las cejas con sorpresa.
—Por supuesto yo podría estar hablando de mi culo. Probablemente
no sea nada más que química. Te desea. A veces nada es más complicado que
eso, Celeste. Tiendes a pensar demasiado las cosas.
William se acercó a ella y ahuecó su barbilla en la mano. Haciendo
que sus ojos se cruzan, le sonrió.
—Sólo tienes que disfrutar Celeste. Deja cualquier cosa que venga.
No te hagas daño antes de tiempo. Quizás deberías dar crédito de que tus
sentimientos son reales. Permite que tu corazón lo ame Celeste. Encuentra algo
de paz para ambos.
—¿Qué hay de ti William?
—¿Yo? Les deseo felicidad y deseo regresar a casa a Reno. Hay
manos de póker que deben jugarse y caliente bailarinas para follar. Quizá si
realmente hay una alma gemela por ahí para mí, voy a encontrarla algún día —.
Rozó sus labios con un suave beso. —No te preocupes por mi Ángel. Voy a
estar bien. Vete y ponte hermosa para Montgomery.
Tras estar sumergida en la bañera durante media hora, se secó y frotó
crema de vainilla sobre su cuerpo. Tenía la piel sonrojada y se sentía inquieta.
Supo que era porque estaba anticipando a tomar a Adam en su coño más tarde
esa noche.
—Adam está aquí — llamó William.
Miró su imagen por última vez y susurró “buena suerte”.
82
Adam se quedó boquiabierto cuando ella entró en la sala de estar. La
risa ahogada de William apenas se registró mientras los ojos de Adam
devoraban a la mujer delante de él. Llevaba una falda corta de cuero rojo con
una alta abertura suficientemente abierta para mostrar la puntilla de las medias
hasta el muslo. El material blanco puro de su blusa reveló su top rojo que
apenas contenía sus pechos exuberantes. Zapatos rojos de tacón alto
terminaron el cuadro. No estaba seguro de cuánto tiempo iba a durar su velada
romántica. Confiaba poder resistir a la cena.
Se preguntó por la tristeza en los ojos de Celeste mientras besaba la
mejilla de William. Se veía como si estuviera perdiendo a su mejor amigo.
Sonriendo suavemente William la empujó a él.
—No voy a esperarte — dijo el Enforcer.
Adam esperó hasta que estuvieron en la limusina antes de hablar.
Tomó su mano y la puso sobre su corazón.
—¿Por qué estás triste Celeste?
Una lágrima rodó por su mejilla.
—No sé si quiero que las cosas cambien.
Inseguro a que se refería dijo.
—Celeste si no quieres verme más no tienes que hacerlo. Te voy a
liberar de nuestro trato. No quiero obligarte.
Limpió la lágrima de su mejilla.
Ella se río en voz baja.
—No es por nuestro trato. Estoy perdiendo a William.
Adam no pudo evitar el pequeño estirón de celos.
—¿El que estemos juntos lo está haciendo infeliz?
Se preguntó qué podía hacer para cambiar eso. Haría cualquier cosa
excepto renunciar a ella.
Negó con la cabeza.
—No, William está encantado acerca de nosotros. Tú eres mi otra
mitad. William te llamó mi alma gemela. Ahora que te tengo a ti no necesito
mas apoyarme en él.
Se quedó mirando sus manos entrelazadas. Las lágrimas cayeron de
sus ojos corriendo por su cara.
83
Adam no podía soportar verla triste. La acercó a él, escondió su
cabeza bajo su barbilla. Pasó sus manos arriba y abajo por su espalda
murmurando palabras tranquilizadoras.
—Cuéntame.
—No conocí a William hasta la rebelión. Como Ángeles éramos
conscientes de que otros como nosotros existían, pero nuestro único objetivo
era Servirle. En realidad nunca prestamos atención los unos a los otros.
Entonces Lucifer nos trajo la autoconciencia y nos dimos cuenta que habían
muchos de nosotros. Después de mi rebelión y expulsión, pensé que me volvería
loca. Mi única razón para existir había sido Adorarlo. Sin su presencia yo no era
nada, un vacío. William vino a mí y me hizo reír. Él fue quien me animó a
convertirme en un Enforcer y me ayudó a sobrevivir. Sabía que yo necesitaba
hacer algo con mi vida. Ha sido mi hermano y mi amigo. Ahora, voy a un lugar
donde él no puede acompañarme. Me está dejando ir para que yo pueda volar
contigo. Siento como si estoy perdiendo un pedazo de mi misma —. Sollozó
suavemente.
En voz baja Adam informó al chofer de la limusina que se dirigiera a
su casa. Sabía que ella no estaba de ánimo para una cena romántica. Él la abrazó
con fuerza mientras lloraba la pérdida de su amigo. Cuando llegaron tomó a
Celeste en sus brazos y la llevó a su dormitorio.
84
CAPÍTULO DOCE
Celeste no estaba segura de cuando llegaron a la casa de Adam. Había
estado demasiado ocupada lidiando con el dolor de tener que dejar ir a William.
Sabía que siempre lo amaría, pero Adam sería el único al que recurriría a partir
de ahora.
Agotada, no se movió mientras Adam empezaba a desvestirla. Un
suspiro se le escapó mientras le quitaba los zapatos. Le frotó los arcos durante
unos segundos. Sus manos se deslizaron por sus piernas y engancharon el
encaje de las medias. Ella no protestó cuando la punta de sus ásperos dedos
enganchó la delicada seda. Después las arrojó a un lado de la habitación y la
ayudó a sentarse.
Celeste no se opuso al duro tirón que desgarró de su camisa. Notó
que sus manos temblaban. Mirando a sus verdes ojos, ella vislumbró ira, dolor
y celos. Aun así lo reemplazó con todo su amor.
—No era mi intención hacerte daño. Estoy triste que William se
vaya, pero estará bien. Tengo que llenar el vacío. Compartiré mis secretos
contigo. Nos reiremos y amaremos. Te elijo a ti, Adam. No soy tu madre. No te
dejaré y romperé tu corazón.
Celeste no sabía si Adam la entendía. Esta noche sus lagrimas habían
derribado los muros de alrededor de su corazón y él estaba abrumado por los
sentimientos que siempre trató de ocultar. Acunó su cara con sus manos y
apretó sus labios con los suyos. No había delicadeza tomándola esta vez. Él se
arrancó la ropa y la cubrió con su cuerpo. Ella le dio la bienvenida a la
penetración. No estaba totalmente preparada pero la afrontó. Adam estaba
demasiado perdido por el miedo y el dolor para notar su incomodidad. Estaba
dispuesta a sufrir si él se sentía mejor al final. Apenas fueron unos minutos
antes que se corriera violentamente. Lo abrazó y acarició su espalda mientras
su cuerpo atormentado se estremecía.
85
Necesitó atarla a él de alguna manera. Así que la tomó de la forma
más primitiva que pudo. La reclamó con su cuerpo. Ahora si sólo podía estar
convencido que ella lo amaba realmente.
Se apartó el pelo de la cara.
—Lo siento, Ángel. No debería haber sido tan duro contigo.
Celeste le sonrió.
—Todo está bien. Tienes que creerme cuando te digo que no tengo
planes para dejarte. Estaré a tu lado el tiempo que vivas.
— ¿Qué pasa si soy como mi padre? ¿Qué pasa si hago que me dejes?
El corazón de Adam se llenó de angustia.
Celeste sonrió suavemente.
— Cariño, ya he tenido la peor cosa que podría pasarme. No trato de
menospreciarte, pero tu ira y tu violencia no pueden compararse con la Suya.
Nunca serás violento conmigo de todos modos. No está en ti hacer daño a
alguien a quien amas.
—He dañado a personas. No soy una especie de Robín Hood. No robo
a los ricos para dárselo a los pobres. A veces robo a ambos, a ricos y pobres.
Por primera vez, Adam sintió una punzada de culpabilidad al pensar
en su pasado.
—Nunca te verías bien en mallas verdes—. Celeste se encogió de
hombros. —Hiciste lo que tenias que hacer para sobrevivir. No te culpo por
ello. La calle es una selva y a veces es matar o morir. Las personas que viven en
casas bonitas, conducen coches costosos y tienen una buena vida son los menos
perjudicados y aun así te juzgan. He caído tan bajo como un Ángel pueda caer,
pero me las he arreglado para hacer lo mejor bajo esas circunstancia y te tengo.
Ahora nos tenemos el uno al otro, aprenderemos a cambiar juntos.
—Incluso si cambio, el dinero que tengo será para dañar a otros.
—He vivido durante siglos Adam. Tengo dinero. Podríamos dar todo
el tuyo y seguir estando bien. Pero primero tenemos que capturar a Tomas y
luego de preocuparnos de como vivir.
Deslizó sus manos por la espalda de Adam y le agarró el culo.
—Ahora mismo, creo que podemos encontrar un pequeño pedazo de
cielo.
86
Adam se echó a reír mientras movía las caderas. Su polla se había
puesto dura otra vez mientras hablaban. Al parecer el cuerpo de Celeste lo
encendía. No creía que necesitase Viagra13 hasta dentro de muchos años para
hacer que la desease.
—“Celeste”.
La voz de Tomas resonó en su mente.
Su cuerpo seguía envuelto en los brazos de Adam, pero ella viajó a un
lugar tranquilo en sus sueños.
—“¿Qué quieres Tomas?”
Él caído estaba de pie frente a ella. Su largo cabello rubio estaba sucio
y sus negros ojos estaban enloquecidos. Los siglos fueron muy duros para él. La
locura brillaba en su persona pero oculta en la profundidad había una pequeña
cantidad de cansancio. Celeste tenía la sensación que Tomas quería salir de su
vida y de su castigo.
Él se echó a reír. La lista es interminable, pero en la cima habría paz.
—“Estoy cansado Celeste. Demasiados años viviendo en este infierno sin
esperanzas de cambio. Hay demasiadas noches con sueños de un lugar donde nunca
volveré”.
Celeste sintió un poco de simpatía por Tomas. Los caídos eran los
únicos que sentían lo que era perder el Cielo. Algunos deseaban que los
mortales sufrieran con ellos.
— Entonces, ¿Por qué no acabar con ese sufrimiento de una vez?
—“Soy un cobarde, mi amiga. No me puedo matar”.
—“Dejemos a William que lo haga por ti”.
El desprecio de Celeste goteaba en su voz. Tomas se encogió de
hombros.
87
—“Por supuesto. Vosotros dos siempre fueron los más responsables de los
Enforces. Han durado más tiempo que los demás. Es por eso que empecé a matar. Iba a
establecerme en Detroit y simplemente a ocuparme de mis propios asuntos. Pero los
sueños empeoraron. No había nada que pudiera hacer para detenerlos. Finalmente
decidí que era la hora. Tú ya estabas aquí, así que no sería difícil que te interesaras por
mí”.
—“Te encontraré Tomas y entonces cuando lo haga, no habrá esperanzas
de salvación. Demasiadas mujeres muertas, demasiadas vidas apagadas porque eres un
cobarde, ¿verdad?, pero sabías cuando nos unimos al ejército de Lucifer que
lucharíamos por un lado en vez del otro. Fue más fácil dejarse arrastrar por las
emociones que pensar por ti mismo”.
Tomas se removió inquieto.
—“Pronto será madrugada y tu búsqueda continuará. Espero nuestra
reunión final”.
Él inclinó la cabeza en saludo y desapareció.
Celeste se estremeció. Adam la acercó a él. Ninguno de ellos se
despertó por la figura luminosa que los amparaba.
De pie en las sombras de la habitación los ojos plateados de Miguel
estaban llenos de compasión y una mirada de deseo apenas disimulado.
88
William asintió.
—Ustedes dos hagan eso. Buscaré más alrededor de la casa que
encontramos. Sé que alguien vio a Tomas. Sólo tengo que encontrar a esa
persona y hacer que hable conmigo.
— ¿Qué dijo el Padre Miguel? — preguntó Adam.
William lo estudió durante un minuto.
—Dijo que el momento finalmente llegó. Tomas debe ser detenido
esta noche o habrá consecuencias.
Adam vio a Celeste estremecerse. Jakar acababa de entrar y su cara se
puso blanca.
— ¿Consecuencias?
—No quieres saber, Adam. Confía en mí. Cuando una situación se
sale de control hay resultados que son prejudiciales para nosotros.
Celeste capturó los ojos de Jakar. Había mucho miedo en la cara del
demonio.
— ¿Así que el Padre Miguel es más que un sacerdote, eh? ¿Tiene
línea directa con Dios o algo así? — bromeó Adam.
Tres pares de ojos lo atravesaron. William fue el que respondió.
—Se podría decir que es el portavoz de Dios aquí en la tierra, en
Detroit, de todos modos.
—¿Cómo un oráculo?
—El Padre Miguel se molestaría mucho que lo comparásemos con un
oráculo. Está más cerca de Él que nadie, porque su alma es pura. Dios le da
información al sacerdote que es de ayuda para nosotros.
—Así que podemos confiar que lo que dice es verdad—. Adam vio el
cabeceo de los otros. —Entonces, de hecho, acabamos de establecer el plazo
para esta noche. Después de eso todas las apuestas están concluidas y cada
ángel y demonio estará por si mismo, ¿verdad?
—Sí, y no querrás estar aquí si eso sucede—. Celeste acabó su
desayuno. —Tengo que pasar por la oficina para comprobar otros casos. Adam,
te veré en la arena esta tarde. William, cazaremos contigo justo a la hora del
juego. Si puedo apuntar la entrada que emplea Tomas, lo esperaremos allí.
— ¿Qué debería hacer? — preguntó Jakar.
Celeste miró a William y después a Jakar.
89
— Tenemos una caja de evidencias que deberían ser plantadas.
Cuando terminemos con Tomas no será realmente capaz de confesar sus
asesinatos. Así que tenemos que dar a la policía todo lo que necesiten para tener
un caso sólido contra él. William te enseñará la casa donde mató a una de sus
víctimas. Pon la prueba ahí. Si William va con un testigo, llévalo a la policía.
Entonces si crees que alguien esta escuchando, reza. Tenemos que acabarlo o
todo el infierno se desatará.
Jakar asintió.
— Lo haré.
90
La agarró de la mano y la arrastró hasta el coche.
91
CAPÍTULO 13
—Está aquí — dijo Celeste en su micrófono.
— ¿Puedes sentirlo? —. Oyó la voz de William en el auricular.
—Sí, no trata de bloquearme. Sabe que estoy aquí. Pero no parece que
sepa que estás alrededor.
Celeste se abrió paso a través de la multitud tratando de no alertar a
Tomas.
—No hagas nada. Espera a que lleguemos — le ordenó Adam.
—Maldita sea, me ha visto. Está escapando. Voy tras él. Sígueme
cuando puedas.
Celeste tiró el auricular y salió tras Tomas.
— ¡Mierda!— Adam y William dijeron a coro.
Sabían que ella trataría de acabar con Tomas. William se asió del
poder de Celeste e indujo a Adam tras ella.
Celeste se sorprendió al ver que Tomas no saltaba dentro del coche.
La estaba guiando hacia el río, lejos de las concurridas calles de Detroit. Tenía
un lugar en mente.
Él reducía la velocidad cuando ella se atrasaba. Cuando se acercaba
demasiado, aceleraba. No estaba preocupada. Celeste sabia que Adam y William
iban tras ella. Ellos tendrían su oportunidad para ayudar.
Finalmente Tomas se detuvo en el patio de una iglesia en ruinas. Se
giró para mirarla mientras ella atravesaba la puerta. Estudió al caído. Había
perdido el glamur que la mayoría de los Ángeles tenían, incluso los caídos.
Se preguntaba cómo había logrado convencer a las mujeres de ir con
él.
Debía usar su poder para ocultar su locura y su inmundicia general.
Sintió una ola de tristeza empujándola. Siempre odiaba tener que acabar con la
vida de un camarada caído.
Tomas miró arriba a la fachada de la iglesia. Sonrió suavemente.
—Es apropiado terminar aquí en la tierra sagrada de Él.
—Me llevaste a una buena caza, Tomas, — le felicitó Celeste.
92
—Sí, lo hice—. Era engreído. Luego frunció el ceño. — Por supuesto,
te engañé.
— ¿Cómo me engañaste exactamente?
—Trajiste a un hermano para ayudarte. Tú sabías que no podías
hacerlo sola.
—No le pedí que viniera. Se le ordenó.
—¿Quién ordena a los Enforces por aquí? Tú eres tan líder como los
demás.
—Tomamos nuestras órdenes de la misma persona que hacíamos
cuando éramos Ángeles.
Celeste avanzó un paso. Sabía que Tomas iba armado. Esperaba poder
distraerlo lo suficiente hasta que apareciesen William y Adam. Ambos llevaban
pistola. Ese día ella la dejó en la oficina.
— ¿Por qué recibes ordenes de Miguel? Él no hizo nada cuando
fuimos desterrados. No hace nada ahora. Ambos sabemos que si Él lo desea,
podría matarme con un gesto de su mano.
Tomas gesticuló con la pistola.
—Él no lo necesita. Eso es lo que se espera que los Enforces hagan.
—Oh, entonces perseguirnos es como buenas obras para algún tipo
de salvación para los caídos. ¿Cuántos de nuestros compañeros tienes que
matar antes de que puedas volver al Cielo, Celeste? ¿Qué pasó con salvarte
mediante la fe solamente?
Celeste dio un paso más. Sentía un pincel de luz en su mente. William
estaba cerca.
—Tengo fe en Él, Tomas. Pero Él ya no tiene fe en mí. Le volví la
espada. Estaba decidida a demostrar que los ángeles deberían mantener un
lugar más privilegiado en su corazón que los simples mortales. Rehusé Su
amor. Es justo que Él me castigue.
Los ojos de Tomas hervían con la locura y la rabia.
—No se nos dio libre albedrío. Él espera que lo adoremos. Él espera
que tomemos esos frágiles y débiles mortales en nuestros corazones. ¿Cómo
podría amar a algo inferior a mí?
—Entonces los matas.
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Ahora estaba lo suficiente cerca de él. Esperaba que los chicos
hicieran su aparición pronto.
—Sí, los maté. Al final rogaron a Dios que los salvara. Él nunca lo
hizo. Me permitió coger sus vidas. Si los ama tanto, ¿No debería haberme
parado?
—Tal vez Él debería haberlo hecho, Tomas. Pero puedo garantizarte
que esas mujeres fueron recibidas con los brazos abiertos al llegar al Cielo.
Serán felices allí. Tú y yo nunca lo volveremos a ver. Nos merecemos el castigo.
Esas mujeres no merecían morir por tu arrogancia.
— ¿Arrogancia?
—Sí. El único rasgo que tienen todos los caídos es la creencia en
nuestra propia superioridad. Ese fue nuestro único pecado. A Sus ojos, todos
somos iguales.
—Eso es correcto, Tomas. Si nos hubiéramos dado cuenta antes de
rebelarnos, ahora no estaríamos aquí.
William salió de las sombras.
Tomas se giró para desafiarlo. Esa era la oportunidad que Celeste
buscaba. Saltó hacia delante, golpeándolo. Sus fuerzas eran iguales. Ella
necesitaba todas las ventajas que tenia. Sus manos agarraron su muñeca. Trató
de forzar al caído que tirase su arma. La sostenía con demasiada fuerza. Sus
labios se retiraron con un gruñido. Logrando soltar una mano, él le dio un
puñetazo en la cara. Ella sintió el labio partido. Las estrellas brillaron en sus
ojos. El dolor atravesó su cabeza.
Apretó más fuerte su muñeca con la mano. Sentía a Adam y William
alrededor buscando una apertura. Tomas le dio un codazo en la cara de nuevo.
Sintió la nariz romperse. Ciertamente no iba a lucir guapa cuando acabase.
Trataba de enfocar cuando Adam gritó. Notó el golpe de la hoja cuando se
deslizó en su estomago. Ella abrió la boca. Dejó la muñeca de Tomas, y rodeó
con sus brazos la parte herida.
Tomas niveló el arma hacia ella. William y Adam convergieron, pero
ella sabía que no llegarían a tiempo. No podía parar a Tomas. Estaba tomando
todo su poder para evitar desangrarse.
La primera bala le dio en la derecha del pecho. La segunda le dio en la
izquierda. Mientras caía, arrojó su poder a William. William con su poder
envolvió a Tomas con una red, atrapándolo. Él se encogió. Sabía lo que venía.
Adam corrió hacia Celeste. Acogiéndola en sus brazos, le susurró:
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—No te mueras, Ángel. Te necesito aquí.
Ella tocó su mejilla.
—Es muy duro. Echo de menos mi casa.
Las lágrimas bañaron los ojos de Adam. Sacudiendo la cabeza dijo:
—Seré tu casa, Ángel. Seré tu Cielo si te quedas conmigo.
Celeste giró la cabeza para ver a William tocando la frente de Tomas.
El ángel caído se lamentó. Cayó de rodillas sollozando. Su cara se relajó cuando
quedó atrapado en el bucle infernal que el Enforces creó en su mente. William
asintió hacia ella.
Parecía tristeza lo que había en sus ojos, Celeste no podía decirlo.
El dolor aumentó. Ella gimió. Notó que las lágrimas de Adam
lavaban sus mejillas. Mirando hacia arriba, lo miró a sus verdes ojos. Vio lo
mucho que él la amaba en el brillo de su mirada. No podía dejar de preguntarse
si su amor sería suficiente para borrar su anhelo del Cielo. ¿Sería correcto para
ella obligarlo a convertirse en su mundo?
Mientras se deslizaba dentro de la oscuridad, le oyó susurrar una y
otra vez
—Te amo. No me dejes.
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—Puede parecer malo, pero Celeste es dura. Ella es mucho más dura
de lo que tú y yo damos crédito. Saldrá de esta y estará bien.
Adam gruñó.
—Yo no podría. No creo ser capaz nunca de olvidar toda esa sangre.
Fue diez veces peor que cuando vi morir a mi madre.
—Ya habías perdido a tu madre. Sabias que era inevitable que tu
padre la matara. En cierto modo, estabas marcando el tiempo hasta que lo hizo.
Esta vez, no quieres perder a Celeste. No esperabas que ella sufriera una
herida—. William suspiró. —Me gustaría poder decirte que todo esto es un
sueño. Que despertarás en la cama con ella acurrucada a tu lado. Pero con todo
el poder que tengo, no puedo volver atrás en el tiempo o cambiar el resultado.
—Lo sé, William. Para ser honesto, tal vez sería mejor para ella
morir. Al menos no estaría atrapada aquí volviéndose loca.
—No vuelvas a pensar eso. Si ella muere, irá al infierno. En la Tierra
tiene a alguien quien la ama. Celeste es la más poderosa Enforces que hay en la
tierra y la más fuerte.
Los ojos de William se ensombrecieron con amor hacia su amigo.
— ¿No son iguales?
Moviendo la cabeza, William se centró en él.
—No. Ella es la más fuerte entre nosotros porque siempre ha estado
dispuesta a arriesgar su corazón.
— ¿Tu no?
—Oh, no. Nunca he sido aficionado de cuidar a unos de ustedes. Los
mortales son frágiles y débiles. Puedes morir fácilmente. Es mejor usar el poder
y después correr. Huyo del amor cada vez que puedo. Es más fácil correr que
correr el riesgo de perder una parte de ti mismo.
William se quedó mirando afuera de la sala de espera, mirando a la
gente mientras ellos hablaban en voz baja.
Adam pensó acerca de la duda de Celeste cuando él le dijo que la
amaba.
— No lo sé. Ella tal vez no quiera arriesgarse nunca más. Nuca me
dijo que me amaba en voz alta.
—Eso no quiere decir que Celeste no este enamorada de ti. Al
contrario que la mayoría de los Enforces, ella nunca fue capaz de apagar su
capacidad de amar. Sé que actúa fría y distante a veces, pero dentro trata de
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encontrar una manera de mantener su corazón a salvo. Es más que sexo para
ella. No puede evitar caer enamorada.
—Desde luego, no buscaba enamorarme, pero aquí estoy enamorado
de un ángel caído que ni siquiera puede decir que me ama—. Adam no quería
pensar en el amor en este momento. — Entonces, ¿Qué le va a pasar a Tomas?
—Va a pasar el resto de su vida en un hospital psiquiátrico.
—¿Vida mortal?
William parecía incomodo por un momento.
—La diferencia entre Celeste y yo no es sólo que ella puede amar.
Además de ser un Enforces, soy un vengador. Él que reparte el castigo a los
que capturamos.
Adam notó la mirada lejana de los ojos de William. Se dio cuenta que
las profundidades de su alma no se la enseñaba a nadie, excepto a Celeste. Esas
profundidades habían sido heridas por su caída y su arrepentimiento.
— ¿Qué hace un vengador?
—Tomas es mortal ahora. Le quité sus poderes. Se ha convertido en
la cosa que mas odia. He creado un lazo en su mente de lo que una vez fue y lo
que ahora es. La mayoría de los caídos no pueden tratar con ello. Tienden a
estar catatónicos y por lo tanto sufren en silencio. Incluso si hablasen, nadie
creería que son Ángel caídos. La mayoría de los mortales no son tan
imaginativos.
William le echó a Adam una sonrisa de satisfacción.
Adam no tuvo oportunidad de decir nada más. El cirujano llegó con
noticias de Celeste. Más tarde, mientras estaba sentado, pensó en las palabras
de William.
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CAPÍTULO CATORCE
Adam estaba de pie mirando fijamente a Celeste. Se veía tan fría y
pálida en la cama del hospital. Los equipos sonaban silenciosamente en el fondo.
Los médicos le dijeron que no había razón de por qué todavía estuviera viva.
Celeste había recibido dos balas en el pecho. Tomas también la había apuñalado
en el estomago. Por todas las leyes, ella debería estar muerta.
—No se puede matar a un Ángel, llego la voz de William desde la
oscuridad que se ceñía en la habitación.
—¿Ni siquiera a uno caído?
Adam no se volvió de su inspección de la cara de ella.
—No, a menos que quiera morir, lo que podría ser la razón por la
que no ha recuperado la conciencia —. William se movió más cerca. Sus ojos
brillaron en la oscuridad. —Por supuesto que si ella tuviera una razón para
quedarse, podría regresar.
—¿Si ella no regresa, a donde se iría?
William se encogió de hombros.
—A lo que sea la versión del Infierno que ella ha esperado.
Su voz obligó a Adam a mirarlo.
— Podrías ser capaz de llegar a ella, si elijes.
Con estas palabras desapareció de la habitación.
—¿Si elijo? ¿Por qué no iba yo a querer que vuelvas a mí?
Adam se sentó junto a su cama. Tomó su mano fría en las suya.
Trazando sus dedos largos, se acordó de cada toque de los mismos.
—¿Pero es volver a mí lo mejor para ti?— susurró.
Había visto como la oscuridad había estado acaparando sus ojos
incluso en el poco tiempo que la conoció. Por mucho que lo hubiera amado, ella
tenía una nostalgia por el hogar. Le besó la mano y apoyó la cabeza en su brazo.
Estaba tan cansado. No había dormido en dos días. Había paseado por
la sala de espera mientras ella estaba en el quirófano. Se había quedado a su
lado hasta que los médicos la habían trasladado a una habitación privada. Sus
ojos estaban secos y arenosos. Sus ropas estaban arrugadas. Por lo menos Jakar
le había traído una prenda para que se cambiara y no tener su sangre en su
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camisa. Cerró los ojos, murmurando suavemente una oración para que ella
todavía estuviera viva cuando él despertara.
—¿De verdad quieres que ella regrese a ti?
La voz era profunda y resonante. Adam se irguió. Estaba de pie en
una habitación extraña. Las paredes relucían de un brillante blanco. Se veía
como una sala de espera, excepto que no había sillas. Había solo un gran
escritorio en un extremo de la habitación.
—¿Eres lo suficientemente egoísta para desear que ella vuelva a ti?
¿A pesar de que vivir en la tierra podría llevarla a la locura?
La voz sonaba detrás de Adam.
Se dio vuelta para encontrar a un hombre muy alto de pie detrás de
él. El hombre estaba apoyado casualmente contra la pared entre dos ventanas.
Sus manos estaban metidas en los bolsillos de los pantalones, pero solo por la
forma en que se contenía, Adam sabía que el hombre estaba listo para cualquier
cosa. El traje de tres piezas gris oscuro de Armani estaba adaptado a la
constitución del hombre. La corbata de seda color vino de Borgoña y la camisa
de lino azul oscuro hablo de gusto y bienestar. Los ojos grises resplandecientes
del hombre miraron a Adam con punzante familiaridad. Adam sintió como si el
hombre conociera todos sus secretos, especialmente aquellos mantenidos
profundos en su alma, que nunca reconoció, ni siquiera a sí mismo.
—Desde luego, conozco todos tus secretos Adam. Ese es mi trabajo
—. El hombre sonrió. —¿Vas a responder a mi pregunta?
—¿Quién eres?
—Puedes llamarme Miguel.
Adam quería ignorar al hombre pero su presencia ocupó toda su
mente hasta que no hubo ningún otro pensamiento.
—No, no quiero que Celeste regrese si eso significa que va a sufrir.
Ha tenido suficiente dolor en su larga vida.
Sintió un agarre en el corazón. No sabía que haría sin ella, pero no le
pediría que volviera por su dolor.
—Esa es una buena respuesta. Ven —. Miguel hizo un gesto a la
ventana a su derecha. —Mira hacia fuera y dime lo que ves.
Adam no discutió. Miró por la ventana hacia un precioso jardín ingles
con rosas y pimpollos que florecen. Había una fuente en el centro. Oyó el canto
de un pájaro.
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La risa fluyó en la brisa. Miró con ojos hambrientos como Celeste
aparecía con un ramo de margaritas en sus manos. Vio la vida y la vitalidad
brillando en sus ojos. Ella se sentó en un banco extendiendo una de sus manos
para que se posara una mariposa azul y amarilla.
—¿Dónde está?
Él colocó su mano sobre el cristal.
—En su propia visión del Cielo, supongo.
Adam miró con Miguel como Celeste inclinaba la cabeza hacia atrás y
disfrutaba de la luz del sol.
—¿Adonde iría si ella muriera? ¿Al Infierno? —preguntó.
Miguel frunció el ceño.
—Eso es algo que jamás vas a averiguar. No puede haber otra
opción. Ella ha renunciado a su lugar en el Cielo. O bien es el Infierno o
regresar a la tierra.
Adam recordó el dolor y el miedo brotando de los ojos de Celeste
cuando la abrazó mientras sangraba. Podía oír su voz diciéndole cuan doloroso
era para ella vivir en la tierra.
—Dejare que ella tenga mi lugar.
Miguel se echó a reír.
—¿En tu casa? ¿Y cómo sabes que hay un lugar en el Cielo para ti?
Eres un pecador no arrepentido que nunca pidió nada al Padre.
—Siempre hay un lugar en el Cielo para los que creen. Siempre he
creído en Dios. Yo simplemente no creí que Él quisiera tener nada que ver
conmigo. Le estoy pidiendo algo ahora. Le estoy pidiendo que permita a Celeste
tomar mi lugar en el Cielo. Déjala llegar allí ahora. Ella nunca tendría que
soportar el Infierno o la tierra de nuevo.
—Jamás vas a tenerla en tus brazos otra vez. Nunca sentirás sus
labios en los tuyos o su cuerpo rodeándote.
Él señalo la segunda ventana.
—Mira hacia fuera y dime lo que ves.
Adam miró por la segunda ventana y vio a su padre. Su padre estaba
allí de pie, gritando y golpeando igual que la noche en que mató a su madre.
Sus ojos estaban locos de ira y odio. Adam no podía apartar la mirada.
—¿Qué es esto?
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—Esto es a lo que te vas a condenar si le das tu alma para permitir a
Celeste ir al Cielo. Tendrás que ver a tu padre cada segundo de cada día por la
eternidad. No habrá vuelta atrás. No puedes cerrar los ojos. Vas a mirarlo
matar a tu madre una y otra vez. Vas a verla traicionándote con su amor por
él.— Los ojos del arcángel evocaron cierta simpatía. —¿Estás seguro que tu
amor es suficientemente fuerte para estar dispuesto a enfrentar eso? Es tu
propio Infierno.
Adam se encogió de hombros.
—Yo vivo con eso todos los días. ¿Qué lo hace diferente de mi vida
en la tierra? —. Se volvió hacia Miguel. —Estoy dispuesto a hacerlo.
Él asintió con la cabeza.
—¿Puedes cambiar tu vida para ser un testimonio vivo de lo que cree
Celeste?
Adam pensó en renunciar a todo su poder. Tendría que dejar los
Demonios. Sé imagino a Celeste junto a él, con una sonrisa en su rostro. Sabía
que su riqueza y su prestigio no significaban nada si ella no era feliz. Asintió
con la cabeza.
—Sí, puedo.
Miguel asintió.
—Así será. No es mi lugar de negar una oración o un regalo dado
con amor. Estiró la mano para tocar la frente de Adam.
—Espera. ¿Quién eres? —. Adam necesitaba saber.
Los ojos de Miguel se llenaron con todo el conocimiento del mundo.
Su rostro se endureció hasta que pareció como el granito. Una sonrisa triste se
grabo en sus labios.
—Yo soy Miguel. Yo soy quien la marcó.
El mundo de Adam se desvaneció a negro.
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—Ya sabes que no puedes quedarte aquí. Ha llegado el momento de
que elijas. Miguel la observó con sus ojos viejos.
—Solamente hay dolor allí, señor. No sé cuanto más pueda soportar.
No quiero que sea necesario que William me cace.
Celeste sintió sus ojos llenarse de lagrimas.
—¿Sólo dolor, Celeste? ¿Mira en el agua y dime lo que ves?
Miguel señalo la fuente.
Celeste miró y vio a Adam. Se reía con la cabeza echada hacia atrás y
sus ojos verdes brillando. Se vio sosteniendo su mano mientras caminaban por
la calle. Recordó aquel día en el zoológico. Nunca se había sentido tan viva.
Habían ido a su departamento e hicieron el amor como si estuvieran ardiendo
uno por el otro. Recordó otros momentos en que se estaban riendo, amando e
incluso discutiendo, pero siempre había sido un sentimiento de amor y
confianza entre ellos. Confianza que ella supo que Adam no había dado nunca a
nadie.
—Sí, él confía en ti Celeste. ¿Es extraño, no? Un hombre como él
confiando en que una mujer no lo traicione de nuevo. Sin embargo, aquí estás,
dispuesta a destruir su confianza debido a la posibilidad de un poco de dolor.
Miguel hizo una mueca de desdén.
Celeste se contempló interiormente. ¿Cuando había decidido que el
amor no valía la pena de sentir el dolor? Cuando había perdido la fe
precisamente en las cosas que defendió, como el amor. Fue una cobarde
tomando ese camino.
—¿Él reza por ti, sabes? En este momento, al lado de tu cama en el
hospital, el hombre que juró nunca pedir algo está rogando al Padre. Está
pidiendo la libertad para ti.
Celeste sonrió levemente a Miguel.
—Voy a regresar. Lo amo y por el tiempo que viva elijo estar con él.
Cuando él vaya al Cielo, aceptaré mi Infierno.
Miguel asintió con gravedad.
—Has hecho una buena elección Celeste.
Su mundo oscureció.
102
EPÍLOGO
—Maldición Celeste, baja o vamos a llegar tarde.
Adam jugueteó con los puños de su esmoquin. Dio vuelta para ver a
Jakar sonriendo.
—¿De qué te ríes, demonio?.
Jakar negó con la cabeza.
—¿Quién hubiera pensado que un hombre que ha enfrentado a
asesinos estaría nervioso frente a una sala llena de ciudadanos honestos?
—No es a diario que un hombre como yo reciba un premio por
ayudar a la ciudad, Jakar. ¿Qué diablos estaban pensando dándome un premio
como este?
Adam miró al demonio en shock.
El año transcurrido desde que se casaron, Adam renunció a su
liderazgo de los Demonios. Se unió a la agencia de seguridad de Celeste.
También pasó mucho tiempo donando obscenas cantidades de dinero a los
centros de rehabilitación de drogas y a las organizaciones benéficas para niños.
Le dijo a Celeste que, dado que su riqueza provenía de las drogas, era justo que
la misma riqueza fuera utilizada en ayudar sanar a las personas que él
engancho.
—Muestran una deplorable falta de juicio, esta claro.
Antes que Adam pudiera comentar, Jakar dijo.
—Llamaré por el coche.
Adam camino hacia las escaleras.
—¡Celeste!— rugió de nuevo.
Celeste sonrió ante la impaciencia en la voz de Adam. Dio una última
mirada al espejo. El vestido largo de terciopelo negro se ceñía amorosamente a
su cuerpo. El cuello caía en una V profunda para revelar la plenitud de sus
pechos. Dejaba ver el tatuaje en la espalda. Lo estudió por un momento. No era
tan colorido como había sido. Pensó en Miguel.
Vuelve a tu mortal, Celeste. Disfruta de los años que tienen juntos.
Voy a estar aquí para darles la bienvenida a casa cuando llegue el momento.
Tarareando, tomó el pequeño bolso que iba con su vestido y se dirigió
a las escaleras.
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Adam se quedó en aturdido silencio al ver a su esposa caminar hacia
él. Había valido la pena renunciar al Cielo para tenerla aquí con él. En este
momento era más feliz que nunca.
La tomó en sus brazos y la besó apasionadamente. Celeste puso un
brazo alrededor de su cuello devolviendo el beso con entusiasmo. Su otra mano
se deslizó por su pecho hasta el bulto prominente en los pantalones. Lo ahuecó
y acarició suavemente. Él gimió. Presionando más fuertes sus caderas a las de
ella, saqueó su boca.
Jakar esperó en la puerta.
—Lo siento, pero el coche ha llegado.
—Gracias Jakar. — Celeste le sonrió.
—Sí, gracias.— Adam tenía las mejillas enrojecidas y el aliento
irregular. —Tenemos que ponernos en marcha o el invitado de honor va a
llegar tarde.
—Vamos a tardar unos treinta minutos para llegar a la casa de la
opera, Adam. La limusina es bastante espaciosa.— Celeste salió por la puerta.
—No esperes por nosotros, Jakar.
Adam salió corriendo tras su amor.
—No lo hare, Montgomery.
Jakar cerró la puerta mientras la limusina se alejaba.
Era hora de irse.
Fin.
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