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Órganos en la Sociedad de Responsabilidad Limitada

El documento detalla la estructura y funciones de los órganos de las sociedades, incluyendo administración, representación, gobierno, fiscalización y liquidación, destacando la importancia de la teoría del órgano que permite imputar actos directamente a la sociedad. Se explica la distinción entre organicismo simple y diferenciado, así como los deberes y responsabilidades de los administradores, quienes deben actuar con lealtad y diligencia. Además, se aborda la representación orgánica y las implicaciones legales de las acciones de los representantes en nombre de la sociedad.

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Órganos en la Sociedad de Responsabilidad Limitada

El documento detalla la estructura y funciones de los órganos de las sociedades, incluyendo administración, representación, gobierno, fiscalización y liquidación, destacando la importancia de la teoría del órgano que permite imputar actos directamente a la sociedad. Se explica la distinción entre organicismo simple y diferenciado, así como los deberes y responsabilidades de los administradores, quienes deben actuar con lealtad y diligencia. Además, se aborda la representación orgánica y las implicaciones legales de las acciones de los representantes en nombre de la sociedad.

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Órganos. Administración.

1. Organismo societario.
Para que las sociedades puedan actuar tanto frente a terceros como en su funcionamiento
interno, la ley las dota de órganos con funciones específicas de representación,
administración, gobierno y fiscalización. Estos órganos están integrados por personas físicas,
que no necesariamente son socios y, en algunos casos, deben ser profesionales. La teoría
del órgano justifica que los actos de estos individuos se imputen directamente a la sociedad,
ya que no actúan por mandato, sino como parte del ente mismo. A diferencia de la
representación contractual, donde un sujeto actúa en nombre de otro por poder, en las
sociedades, los órganos son la propia sociedad actuando a través de ellos.
El dato del origen normativo de la capacidad del órgano es decisivo para conocer la entidad de
su obrar interna o externamente para la sociedad.
Se integran así en cada órgano societario dos elementos: el objetivo, que comprende un
doble conjunto de normas que son las estrictamente legales y las que emanan del estatuto,
con aptitud para establecer la manera como debe funcionar internamente dicho órgano, y
establecer la manera como debe funcionar internamente dicho órgano. Y el subjetivo, que
comprende a las personas que se desempeñan como parte del órgano o son el órgano mismo.
El elemento objetivo está compuesto por el conjunto de facultades que se atribuyen al órgano
y que determinan su competencia. En cambio, el elemento subjetivo refiere a quienes ejercen
esa competencia dentro de cada órgano y que supone una especifica regulación destinada a
tales personas.

a) Organicismo simple y diferenciado:


El organicismo simple es aquel en que los socios se distribuyen entre si las competencias
orgánicas de representación y administración.

El organicismo diferenciado proviene de la normativa legal que permita el desempeño de


las funciones orgánicas de quienes no son sus socios. En tal caso, la elección del sujeto
no-socio que ejercerá las competencias orgánicas será hecha por los socios.
Colombres perfila al organicismo diferenciado como el relativo a una estructura compleja
en la que las funciones sociales se hallan asignadas a individuos determinados, socios o
extraños al ente, o a órganos colegiados.

b) Teoría del órgano:


Sustituyó a la insuficiente doctrina del mandato que explicaba cómo imputar un acto de un
sujeto a otro.
Antes, en la LSC, el administrador era un mandatario de los socios. Pero cuando la
sociedad empezó a ser un sujeto nuevo distinto de los socios, y a ser la estructura jurídica
de la empresa comercial, el mandato pasó a ser insuficiente e irreal.
Fue preciso que se establecieran reglas sobre los alcances y eficacia de la representación,
así como sobre los deberes de los administradores y su responsabilidad ante los socios y
los terceros.
Con el contrato de mandato insuficiente, se dio paso a la idea de que la persona jurídica
puede actuar por el órgano al que la ley le conde esa aptitud al organizar al nuevo sujeto al
que los socios dieron vida. El alcance de las facultades de quien representa a la sociedad
no depende de ella sino de la propia organización societaria devenida de la ley y de los
socios en el acto constitutivo.

2. Órganos y funciones sociales.


a) Administración: Esta función consiste en la atención cotidiana de los negocios sociales.
El órgano encargado de gestionar o manejar el patrimonio societario varía según los tipos
sociales que la ley regula.
En la sociedad anónima, el órgano de administración es el directorio. En la sociedad de
responsabilidad limitada es el gerente. En las sociedades de personas, el órgano
administrador será un socio o todos ellos según decidan ellos mismos.
Esta función, en las sociedades, puede ejercer actividades de disposición de bienes, salvo
que tenga limites en el estatuto, este órgano puede gestionar libremente el patrimonio con
la sola sujeción a una numérica pauta de conducta que es la de actuar con la diligencia y
lealtad de un buen hombre de negocios.

b) Representación: Tiene confiada por la ley, la función de relacionar el ente social con los
terceros.
Este órgano desempeñado por una persona a quien se le concede el nombre de
representante legal, expresa la voluntad de la sociedad como si fuera ella misma a
quien se le imputa la actuación de este representante. El negocio del que se trate se
considera celebrado directamente por la sociedad con la sola condición de que este
representante deje constancia expresa de su obrar en tal carácter, ya que es imperioso
que los terceros puedan visualizar el desempeño por la sociedad concretado por tal
representante. La apariencia del actuar por otro es crucial para los terceros.

c) Gobierno: Su función refiere a la planificación y determinación del rumbo de los


negocios sociales.
Este órgano designa a los integrantes de los otros órganos. Para fijar sus objetivos
tiene aptitud para cambiar los administradores o a quienes fiscalizan las actividades
sociales. En este órgano se expresan las voluntades de los socios que, a su vez, se
someten a una regla mayoritaria de modo que lo que resuelva un cierto porcentaje de
capital es obligatorio para la minoría.
No pueden invadir la esfera de competencia de los otros órganos suplantando a los
administradores ni a los representantes.
En la sociedad anónima el gobierno es la asamblea, en la sociedad de responsabilidad
limitada lo es la reunión de socios y en las sociedades de personas son derechamente
los socios.

d) Fiscalización: Hace referencia al control de legalidad de la actividad negocial de la


sociedad, tanto en su faz interna como en su relación con lo terceros y el cumplimiento
de la ley en términos generales.
Su control se reduce a la posible interposición de denuncias o planteos de los otros
órganos que tienen la responsabilidad de gestionar y celebrar los negocios sociales.
La especifica calidad de control de legalidad confiada a este órgano ha determinado
que la ley le reserve el desempeño del órgano a profesionales.
Las razones de ser de este órgano se hallan en el carácter ocasional del órgano de
gobierno que nuclea a los socios, a veces numerosos y también por ello de difícil
desempeño en la realidad.
Esa actividad ocasional impide el seguimiento de los negocios y su apego a la ley y a
los propios dictados del órgano de gobierno y para cubrir esa dificultad de control
directo se creó en la ley este modo de control.
Este órgano es prescindible en sociedades de escasa entidad, si así lo deciden los
socios que se van a reservar el control directo de las operaciones y documentación
social y contable.
e) Liquidación: Este órgano está llamado a actuar solamente cuando la actividad de los
negocios de la sociedad termina. Es el proceso que se inicia cuando ocurre la
disolución societaria por efecto de la ley o por decisión de los socios.
En esa situación, los órganos sociales deben dirigir su actividad a la liquidación del
ente, es decir, a liquidar su activo para sufragar el pasivo y, después, repartir el
remanente entre los socios conforme a sus participaciones. Esa es la función principal
de la liquidación.
Es usual que el órgano liquidador sea desempeñado por quienes eran los
administradores sociales o por los socios que lo designarán a el o a los liquidadores.
El liquidador que incumple con la tarea de concluir negocios, será responsable en los
negocios nuevos que encare, con su propio patrimonio y será susceptible de remoción
por su inconducta.

3. Representación orgánica.
Hay representación cuando una persona actúa en nombre o en interés de otra. Sin
embargo, se puede actuar haciendo ambas cosas, o también ninguna de ella, porque a
veces no se menciona en nombre de quien se actúa, y en otros casos el representante
puede y suele hacerlo en su propio interés.
Los efectos del acto o negocio que realice el representante se atribuyen directamente a la
sociedad, cuya representación por el órgano de que se trate es de naturaleza legal y hacia
la cual se desplazan por sí solos tales efectos, sin que se requieran otros intermedios, lo
que vuelve a demostrar que la representación es diferente al mandato. Por esto es que el
representante de una sociedad actúa directamente con los terceros como si fuera la
sociedad misma. Tiene facultades para obligarla ante ellos, sin quedar obligado él.
En cuanto a las clases o tipos de representación, al igual que administración, ésta puede
conjunta o indistinta.
En la organización plural de la representación de la sociedad, el representante social
“obliga a ésta por todos los actos que no sean notoriamente extraños al objeto social”. En
este caso, el acto de que se trate debe ser firmado conjuntamente por mas de un
representante. Y si esta regla es infringida la sociedad no quedará obligada. Esta regla
general deriva de que los terceros debieron conocer esa representación plural por esta
inscripta la sociedad en el Registro Público.
El Art. 58 LGS extiende esa representación cuando expresa que “este régimen se aplica
aun en infracción de la organización plural, si se tratare de obligaciones contraídas
mediante títulos valores, por contratos entre ausentes, de adhesión o concluidos mediante
formularios, salvo cuando el tercero tuviere conocimiento efectivo de que el acto se celebra
en infracción de la representación plural”.
En estos casos, la sociedad queda igualmente obligada debido a las características de los
respectivos actos, en los que las terceras contrapartes tienen escasas posibilidades de
realizar la comprobación indicada.
Se excluye de este efecto el caso del conocimiento efectivo del tercero que conoció
concretamente la infracción en comentario.
Por último, la ley autoriza a imponer otro limites contractuales a los socios respecto de la
administración o representación según otras clases de actos, las cuales son validas y
obligadamente deben respetarse. Pero si esto se trasgrede, no serán oponibles a terceros,
salvo que éstos conocieran la restricción impuesta.
El CCCN distingue la representación voluntaria cuando resulta de un acto jurídico (un
contrato de mandato), la representación legal cuando resulta de una regla de derecho y la
representación orgánica cuando resulta de un estatuto de una persona jurídica.
4. Administración.
En materia societaria el concepto de administrador es mas amplio que en el ámbito civil,
porque muchas veces el administrador de la sociedad no sólo debe conservar, sino que debe
también disponer para cumplir con el objeto social. Por tanto, el administrador societario, por
el solo hecho de serlo, no precisa poderes generales ni especiales, aunque a veces para
facilitar su actuación y cumplir adecuadamente con ciertas normas suelen serle conferidos. El
administrador no es un mandatario en sentido estricto.
El administrador es un órgano de la sociedad y sus funciones pueden ser ejercidas por socios
de ella o también por terceros, que tampoco serán mandatarios del ente sino sus funcionarios,
a quienes la ley y el contrato social les otorgan esa facultad de administrarla, dentro de la
competencia y del objeto social. Es esta la representación orgánica del Art. 358 CCCN.
Dicha administración puede además ser unipersonal o pluripersonal, en este caso, conjunta o
indistinta. Y cuando es colegiada, los administradores deben deliberar, adoptar decisiones por
mayoría y dejar constancia escrita de sus opiniones.
Las facultades de disposición del administrador no son absolutas. Si bien puede disponer,
tiene límites. No podría deshacerse de todos los bienes sociales, sino que debe actuar de
conformidad con los actos ordinarios necesarios para cumplir el objeto social.

a) Designación y cesación de los administradores:


El nombramiento de los administradores de la sociedad es facultad exclusiva de los socios.
La designación puede hacerse en el contrato constitutivo, es decir, en el mismo instante en
que el sujeto societario comienza su existencia.
En ese momento los socios, al celebrar el contrato, pueden establecer un órgano de
administración de una sola o varias personas. Podrán elegir para tal desempeño a uno o mas
de los socios o directamente a sujetos que no tengan esa calidad.
En caso de sociedades de personas puede existir una administración indistinta o una
administración conjunta, desempeñada por todas.
Cuando los socios acuerdan que exista una administración desempeñada por varias personas,
ella puede ser incluso conjunta, lo cual exige un desempeño unánime.
Es más frecuente y práctico que el órgano desempeñado por varias personas dirima sus
eventuales disensos internos por mayoría, de suerte que el representante legal lleve ante la
exterioridad la decisión previamente acordada por esa mayoría de los administradores. Es la
regla que rige en las sociedades anónimas y en las de responsabilidad limitada.
El estatuto puede prever que las mayorías sean agravadas.
Es todos los casos la designación debe ser inscripta en el Registro Público, para que puedan
actuar ante terceros con plena eficacia. Sin esa inscripción la designación es eficaz entre los
socios, internamente dentro de la sociedad.
La cesación de los administradores es también una facultad de los socios que los nombraron
como tales.
Siendo ese el principio general, existen restricciones que los propios socios pudieron haber
acordado en el contrato constitutivo y así pudieron designar al administrador como condición
expresa del contrato, lo cual se configura en las sociedades de personas donde el desempeño
de determinado sujeto en esa función orgánica es juzgada primordial. En esa situación, los
socios por mayoría pueden remover al administrador si existe justa causa para esa decisión,
cosa que ciertamente deberán acreditar judicialmente frente a la resistencia del presunto
administrador infiel que se quiere sustituir.
Son los socios quienes remueven y sustituyen a los administradores, ejercitando su derecho
en el seno del órgano de gobierno societario y actuando por mayoría.
La remoción de administradores también es facultad de los socios. Aunque en principio
pueden removerlos libremente, si en el contrato se estableció como condición esencial que
una persona sea administrador, solo se podrá remover con justa causa, la cual debe probarse
judicialmente si hay oposición. En general, los socios pueden remover y sustituir
administradores por mayoría, sin necesidad de causa, como reflejo de su poder de decisión
por ser los fundadores y financistas de la sociedad. Por su parte, los administradores pueden
renunciar sin expresar causa, siempre que no lo hagan de forma intempestiva, para evitar
responsabilidad.
Cada tipo societario tiene sus particularidades con relación a los administradores, pudiéndose
destacar:
1. En la sociedad colectiva todos los socios tienen en principio aptitud de administrar, al igual
que en las sociedades de capital e industria.
2. En las sociedades en comandita el que administra es el socio comanditado.
3. En la sociedad de responsabilidad limitada la administración la ejerce una gerencia,
unipersonal o plural.
4. En la sociedad anónima el órgano de administración es el directorio.
5. En las sociedades cooperativas la administración la ejerce el consejo de administración,
necesariamente plural.

b) Deberes y responsabilidad de los administradores:


El Art. 59 LGS establece que los administradores de las sociedades deben actuar con lealtad y
diligencia de un buen hombre de negocios.
Se trata de una pauta que exige a los administradores un desempeño honrado y transparente,
postergando intereses personales para privilegiar el interés social y a la vez, la diligencia
exigida refiere a una aptitud profesional que le impone un obrar atento, activo y eficiente. Su
desempeño, en suma, debe ser idóneo para el logro de los findes societarios.
Estas pautas generales deben ser apreciadas por los jueces cuando se someta a los
administradores a un juicio de responsabilidad conforme a los hechos y a la prueba que en
cada caso especifico se configuren. Así, cuando el administrador sea negligente o actúe de
modo ilícito, debe ser removido y a la vez responsabilizado por los daños que ese obrar
antijuridico apareje a la sociedad. Los administradores son responsables en forma personal,
directa, solidaria e ilimitada.
Esta responsabilidad es de índole funcional u orgánica.
Esa definición deja de lado la antigua discusión sobre si la responsabilidad el administrador
era contractual o extracontractual, ya que el CCCN unifica el concepto de responsabilidad sin
hacer esa distinción. El régimen de responsabilidad societaria se rige principalmente por la
LGS y usa el Código solo como norma supletoria.

5. Prescindencia o desestimación de la personalidad.


Dolo o culpa del socio o del controlante.
ARTICULO 54. LGS — El daño ocurrido a la sociedad por dolo o culpa de socios o de quienes no
siéndolo la controlen constituye a sus autores en la obligación solidaria de indemnizar sin que
puedan alegar compensación con el lucro que su actuación haya proporcionado en otros
negocios.
El socio o controlante que aplicará los fondos o efectos de la sociedad a uso o negocio de cuenta
propia o de tercero está obligado a traer a la sociedad las ganancias resultantes siendo las
pérdidas de su cuenta exclusiva.
Inoponibilidad de la personalidad jurídica.
La actuación de la sociedad que encubra la consecución de fines extrasocietarios constituya un
mero recurso para violar la ley, el orden público o la buena fe o para frustrar derechos de terceros,
se imputará directamente a los socios o a los controlantes que la hicieron posible, quienes
responderán solidaria e ilimitadamente por los perjuicios causados.
ARTICULO 144. CCCN - Inoponibilidad de la personalidad jurídica. La actuación que esté
destinada a la consecución de fines ajenos a la persona jurídica, constituya un recurso para violar
la ley, el orden público o la buena fe o para frustrar derechos de cualquier persona, se imputa a
quienes a título de socios, asociados, miembros o controlantes directos o indirectos, la hicieron
posible, quienes responderán solidaria e ilimitadamente por los perjuicios causados.

Lo dispuesto se aplica sin afectar los derechos de los terceros de buena fe y sin perjuicio de las
responsabilidades personales de que puedan ser pasibles los participantes en los hechos por los
perjuicios causados.

Doctrina:
“REPRESENTACION SOCIETARIA: APLICACIÓN Y CONTENIDO DE LA EXCEPCIÓN
FUNDADA EN EL CONOCIMIENTO EFECTIVO DE LA RESTRICCIÓN ESTATUTARIA EN LA
DOCTRINA DE LA CORTE.”

La representación societaria está regulada por el artículo 58 de la Ley 19.550, que establece la
teoría de la apariencia como principio general. Según esta norma, los actos realizados por
administradores o representantes obligan a la sociedad, salvo que sean notoriamente ajenos a su
objeto. La norma distingue entre administrador y representante, aplicándose solo a quienes
posean facultades de representación según el contrato o la ley. No exige la buena fe del tercero
como condición jurídica para la validez del acto, pero admite una excepción: cuando se
demuestre que el tercero tenía conocimiento efectivo de la violación de una restricción estatutaria.

Este conocimiento efectivo no puede presumirse y debe ser probado fehacientemente por la
sociedad. No se asimila a la negligencia ni al deber de conocer por parte del tercero, incluso si
este es un banco. La Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el fallo “Grupo República S.A.
c/Terminales Portuarias Argentinas S.A. s/ejecutivo” del 18-11-08, ratificó este criterio al anular
una sentencia de Cámara que había aceptado la excepción de inhabilidad de título invocando la
falta de cumplimiento de una restricción estatutaria (mayoría del 74% en asamblea extraordinaria
y acta de directorio).

El régimen de representación societaria distingue entre la administración interna y la


representación externa. En las sociedades anónimas, se separan ambas funciones. El artículo
268 califica como órgano de representación al presidente del directorio, mientras que el artículo
58 obliga a la sociedad por los actos de quienes tengan representación legal o estatutaria.

El artículo 58 también establece que no son oponibles a terceros las infracciones a la


organización plural ni las restricciones internas contractuales a las facultades legales de los
representantes, salvo prueba del conocimiento efectivo del tercero en el caso de representación
plural. Se debate doctrinariamente si este conocimiento aplica también a las restricciones internas
que no implican infracción a la representación plural. La Corte sostuvo que sí, aunque requiere
prueba estricta.

En el caso analizado, el poder fue otorgado por el presidente sin acta de directorio ni asamblea, lo
cual no invalida el acto frente a terceros si el mandatario tenía facultades suficientes y el acto no
era notoriamente ajeno al objeto social. La Corte entendió que no se probó el conocimiento
efectivo del banco sobre la violación de la restricción estatutaria, por lo que se aplicó la teoría de
la apariencia.
Finalmente, se concluye que la sociedad queda obligada cuando el acto es realizado por un
representante legal o estatutario, siempre que no sea notoriamente extraño al objeto social. La
infracción a la representación plural invalida el acto, salvo que el tercero no tenga conocimiento
efectivo. La validez interna de las restricciones no se ve afectada, aunque sí puede haber
responsabilidad interna por su infracción. La Corte reconoce la aplicación del conocimiento
efectivo también a restricciones estatutarias no vinculadas a la representación plural, pero exige
prueba plena.

Jurisprudencia:

● Ferrari, CNCom, sala C, 164-1065.


● Palomeque, Aldo René c/ Benemeth S.A. CSJN – 03/04/2003.
● Noel, Carlos M. Y Otros c, Noel Y Cía. SA., publicado en ED 148 págs. 700/701, con nota
de Jaime Luis Anaya.

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