0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas7 páginas

El Mito de Nosotros

El artículo de Michael Vincent Miller explora el concepto de 'nosotros' en las relaciones de pareja, destacando la importancia de las historias en la vida humana y cómo estas moldean nuestra identidad. Se argumenta que el amor y la dependencia son inseparables desde la infancia, lo que complica la búsqueda de una relación equilibrada en la vida adulta. Finalmente, se critica el ideal del amor romántico, que puede llevar a la decepción y a la dificultad de reconciliar la individualidad con la intimidad en las relaciones duraderas.

Cargado por

Edgar Suarez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas7 páginas

El Mito de Nosotros

El artículo de Michael Vincent Miller explora el concepto de 'nosotros' en las relaciones de pareja, destacando la importancia de las historias en la vida humana y cómo estas moldean nuestra identidad. Se argumenta que el amor y la dependencia son inseparables desde la infancia, lo que complica la búsqueda de una relación equilibrada en la vida adulta. Finalmente, se critica el ideal del amor romántico, que puede llevar a la decepción y a la dificultad de reconciliar la individualidad con la intimidad en las relaciones duraderas.

Cargado por

Edgar Suarez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El mito del nosotros — Gestaltnet.

net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 1 de 7

 Eventos y anuncios
 Foros
 Chats
 Fondo documental
 El cojín

Una red para la terapia Gestalt

El mito del nosotros


Un artículo de Michael Vincent Miller sobre la relación de pareja y el concepto de
"nosotros".

Pronunciado originalmente en un discurso de apertura en el 2º Congreso Mundial de Psicoterapia,


patrocinado por el Consejo Mundial de Psicoterapia, en Viena, julio 4-8, 1999.

No sé si es más apropiado decir que nosotros inventamos historias o que ellas nos inventan a
nosotros. Probablemente ambas cosas son ciertas. Llamémoslas mitos, sueños o realidades,
necesitamos historias para vivir nuestras vidas. Al fin y al cabo nos recuerdan que somos sujetos, y por
lo general dan forma a nuestros propios personajes en una trama que, al menos en parte, creamos
nosotros. Esto es especialmente importante en una época en la que muchas fuerzas nos estimulan a que
nos tratemos a nosotros mismos como objetos biológicos. Las historias reflejan qué se siente, cómo es
ser plenamente humano. Y nos informan de que ser seres humanos significa que vivimos en un mundo
en el que estamos profundamente arraigados. Nos muestran que nuestro mundo está siempre delante
de nosotros, con nosotros, y detrás nuestro. Tenemos que vivir en lo que podríamos llamar "enmedio".
Dondequiera que se encuentre el self, siempre hay alteridad, y contínuamente nos la encontramos, a
cada paso. Al igual que las propias historias, éste es un mundo que nosotros hacemos, pero que también
nos hace a nosotros. Necesitamos historias para vivir nuestras vidas, porque como humanos, parecemos
necesitar significados para poder vivir con coherencia. El derrumbamiento o la pérdida de significado
tiende a volvernos locos, llevándonos a la desintegración y a la destrucción.

Las buenas historias, las más valiosas, también nos dicen que nunca podemos saber todo lo que
queremos saber. No sólo hay poca certeza sobre lo que es, por así decir, "lo de fuera", sino que no
sabemos, con nada que se parezca a una predicción causal, quiénes somos y qué vamos a hacer después.
Que la vida nos trata con contínuas sorpresas es lo que Heráclito, el filósofo griego pre-socrático, quería
hacer ver cuando dijo que uno no puede bañarse en el mismo río dos veces. Uno no puede entrar dos
veces en el mismo mundo, ni siquiera en el mismo self. Por descontado, frecuentemente nos
comportamos como si pudiéramos, pero hacer de esto un hábito nos conduce a la represión, a ilusiones
de control y a fijaciones neuróticas. Así es la condición humana tal y como se refleja en las historias.

Lo que sabemos, y quizás todo lo que podemos saber, es nuestra experiencia real. No lo que subyace

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009
El mito del nosotros — Gestaltnet.net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 2 de 7

en ella o lo que la causa. Las mejores historias comienzan con nuestros anhelos más profundos, pero
nos dejan con dudas y misterio. Estas historias insisten en que vivimos en un mundo difícil, plagado de
obstáculos que se oponen a nuestros deseos y nuestras voluntades. Nos dejan claro que vivimos en el
tiempo, que hay decepciones, errores y fracasos a lo largo del camino, y que decaemos y morimos. Sin
embargo, estas historias todavía apuntan en la dirección hacia una vida plena, a pesar de los
inconvenientes. Las historias menos valiosas, o peor aún, las más peligrosas, empiezan con nuestros
profundos anhelos y acaban mintiéndonos, con el fin de calmarnos. Éstas nos incitan a creer que el
amor es eterno; que podemos ser héroes de eficiente acción o glamouroso estilo; que podemos ser el
arma más rápida del oeste o el amante de los sueños de cada mujer o cada hombre, sin tener siquiera
que esforzarnos demasiado. Nos prometen que podemos llegar al fondo de las motivaciones humanas;
que podemos vencer el mal; o que vamos a lograr la salvación de todo dolor y de toda limitación, y en
algún momento, probablemente después de morir, volver al paraíso.

Desde sus inicios, la psicoterapia se ha basado en historias. Hoy en día existen escuelas de la así
llamada terapia narrativa, pero son casi las únicas que cuentan historias. En La interpretación de los
sueños, Freud decía que nuestros sueños revelan procesos y fuerzas subyacentes, lo cual reflejaba la
actitud científica de su tiempo. Pero las historias que creó para explicar los sueños eran tragedias
griegas y cuentos de horror gótico de incesto, parricidio y castración. Hoy en día nos satisfacen más
como dramas que como explicaciones científicas. Ya en tiempos de Freud, ambos, Jung y Rank,
tendieron a abandonar la ciencia y continuaron su fascinación con las historias que impregnan sus
teorías.

Que inventamos historias y ellas nos inventan a nosotros, que nosotros hacemos el mundo y él nos
hace a nosotros, y que todo lo que podemos conocer es nuestra experiencia, en la que participamos y
creamos: todas estas ideas están cercanas al espíritu de la filosofía llamada fenomenología. Digo
cercanas a ellos porque no estoy interesado en tratar de precisar el término en este momento.
Simplemente quiero resaltar que es una visión de la condición humana que se encuentra en el corazón
de la psicoterapia que practico y enseño, la Terapia Gestalt. Es desde este punto de vista que quiero
contribuir con una historia particular, o un mito sobre el amor, una historia con pros y contras que
llamo "El Mito del Nosotros".

Este mito de íntima compañía contiene a la vez lo mejor y lo peor de nuestras historias perdurables.
Aunque existen muchas variaciones, todas ellas se dirigen hacia la misma necesidad humana
fundamental de amor. Captura una de nuestras más elementales aspiraciones -el deseo de unión con
otra persona- pero también nos engaña para que esperemos certeza en el amor. ¿Por qué queremos
certeza? Por que el amor, que se encuentra entre una de nuestras necesidades básicas, tiene una
característica especial: lo queremos desesperadamente, y lo tememos al mismo tiempo. Cuando uno
tiene hambre, se dirige al mundo para conseguir comida, cuando uno tiene sed, busca algo para beber.
Obviamente hay situaciones en las que la llegada del hambre o de la sed y la fuente de la que provienen
falla porque la necesidad está bloqueada o porque los suministros son escasos. Sin embargo, como regla
general, las cosas ocurren con bastante fluidez. Cuando necesitamos amor, sin embargo, nos volvemos
al mundo para buscarlo -y todo, demasiado a menudo, se convierte en un lío. ¿Por qué? ¿Qué hace que
sea tan difícil?

Bueno, creo que las razones son inherentes a un hecho ineludible del desarrollo humano. En el inicio
de nuestras vidas, el amor y la dependencia son prácticamente indistinguibles el uno de la otra. Para el
bebé o para el niño pequeño el amor, de alguna manera, es una forma de supervivencia. Esto, por sí
solo, es suficiente para dar al amor un límite incómodo. Para empeorar las cosas, tenemos
probablemente la más larga dependencia de nuestros cuidadores adultos respecto a cualquier otro
animal. Una vez vi un documental sobre tiburones. Ahora, no sé si era así exactamente, pero déjenme
decirles lo que pensé que vi. Había una escena que mostraba el nacimiento de una cría de tiburón. El
bebé de tiburón estaba luchando para salir a través de una especie de huevo o membrana. Algunos
tiburones adultos, vamos a llamarlos "padres tiburones", rondaban cerca. Cuando el bebé tiburón se
encuentra libre de su huevo, sale y mira con una sonrisa amenazante (así es como lo vi) a los papás
tiburones, e inmediatamente sale disparado hacia el mar abierto. Y pensé para mis adentros, apuesto a

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009
El mito del nosotros — Gestaltnet.net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 3 de 7

que no hay tiburones neuróticos.

Para nosotros el mar abierto es un largo camino por recorrer. Empezamos siendo incapaces de
distinguir el amor de la dependencia, y una gran mayoría de la gente que conozco es incapaz de
distinguir el amor de la dependencia durante el resto de sus vidas. Creo que la cosa más difícil de la vida
adulta es separar lo suficiente el amor de la dependencia para encontrar un equilibrio entre ellos,
puesto que emergen necesariamente del mismo punto de partida. La lucha por la autonomía comienza
pronto, demasiado, pero cómo se da depende de la familia. Consideremos por ejemplo la etapa del
desarrollo que llamamos "los terribles dos años" en los Estados Unidos -no sé cómo se llama en
Australia, pero estoy seguro de que la pasan- primero como niños, y después como padres. Durante los
terribles dos años el niño empieza a decir "no". Descubriendo el poder de decir no (porque hasta este
momento el niño mayormente dice "sí" -aunque tengo que admitir que mi hijo empezó a protestar
desde el minuto en que nació), el niño empieza a decir no a absolutamente todo, en una especie de
éxtasis de negatividad. Entonces, ¿por qué más tarde se convierte en la palabra más difícil de aprender
a utilizar de forma confortable o convincente?

Algunos padres se sienten muy ansiosos por las negativas de su hijo, por lo que abruman al niño para
que no lo diga. Pero el no del niño es crucialmente importante, porque es el inicio de su más completa
separación de identidad respecto a sus primeras dependencias. Hay, por supuesto, algunas
separaciones más tempranas. La primera aparición del sentido individual del "Yo", la separación
psicológica de la madre o de otro cuidador adulto, está acompañada de ansiedad. Éste es
probablemente nuestro primer conocimiento de la ansiedad, aunque no necesariamente nuestra
primera experiencia de ella. Podríamos decir que el sentido del self y el conocimiento de la ansiedad
nacen en el mismo momento. La teoría clásica psicoanalítica lo llama "ansiedad de separación
primaria". En mi libro, Terrorismo Íntimo, hablo de ello como ansiedad de abandono. Pero también
hay otra importante ansiedad del desarrollo. Si los padres, durante los terribles dos años, no permiten
al no del niño evolucionar libremente, si, por ejemplo, están demasiado ansiosos y evitan el no del niño,
fortalecen otra clase de ansiedad a la que yo llamo ansiedad de ser engullido. (Para ser exactos, hay
algunas cosas a las que uno no puede permitir que el niño diga no, pero los padres deben ser sensibles a
qué batallas vale la pena combatir). La ansiedad de ser engullido es el miedo a ser devorado, controlado,
colonizado por los grandes y potentes cuidadores de los que uno depende. Todos crecemos luchando en
algún grado con estas dos ansiedades existenciales: la ansiedad de abandono y la ansiedad de ser
engullido.

El desarrollo humano es producto de un intercambio, un contínuo toma y daca entre dos impulsos
básicos y algo opuestos: la necesidad de pertenecer y unirse íntimamente, que incluye una medida de
dependencia, y la necesidad de conocer y expresar la propia identidad, solitaria, idiosincrásica y
testaruda. Cuando uno llega a la adolescencia, la principal tarea del desarrollo es reconciliar e integrar
estos dos tipos de necesidades. Déjenme llamarlas los reclamos del "yo" y los reclamos del "nosotros".
Los problemas con esta difícil integración llegan cuando en el transcurso del crecimiento ha habido una
sobredosis de cualquiera de las dos ansiedades, la de abandono o la de ser engullido. El trabajo de
integración requiere la libertad de decir no, tanto como de decir sí. Pobre del niño cuya capacidad de
decir no haya sido convertida en tabú o estrangulada. Entonces él o ella llega a la vida adulta batallando
o aferrándose a un "nosotros" paternal internalizado, anclados en ese lugar a través de la ansiedad. Y
desde entonces se produce una íntima entrega a otros sentimientos, tales como una necesidad
desesperada o una amenazadora pérdida de uno mismo.

Durante la pubertad y la adolescencia -un tiempo de lucha con estos delicados equilibrios- la cultura
occidental tiende a machacarnos con el Mito del Nosotros. En su más alta idealización y forma
definitiva, es conocido como el amor romántico. Aprendemos que vamos a enamorarnos en una tarde
encantadora. Dos extraños se van a encontrar hablando, o comiendo, o haciendo cualquier otra
actividad en una reunión social, y sus ojos se encuentran. El sentido de sus vidas hasta ese momento de
repente se desvanece allí mismo. Es como si un tornillo se suelta, y una puerta en el alma se balancea y
se abre. En un trance del destino, este incipiente y nuevo "nosotros" sale de la fiesta o de la cena a
buscar la noche. Hay luna llena, y los sauces balancean sus ramas sobre la ribera sobre la que "nosotros"

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009
El mito del nosotros — Gestaltnet.net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 4 de 7

caminamos. Hasta los pájaros cantan una canción distinta esa noche sólo para "nosotros". El amor
romántico es una experiencia maravillosa, y de ninguna manera quisiera privar a nadie de
experimentarlo. No podría, en cualquier caso.

El problema en el paraíso llega cuando la gente se aferra a ese sueño de amor bello y pasajero y lo
convierte en un ideal o ideología en el que basar la intimidad ordinaria del día a día. Me refiero a hacer
una vida juntos en el transcurso de los años o quizás décadas. Como los padres benevolentes que
impiden al niño decir no por el bien de la armonía familiar (una forma temprana del Mito del
Nosotros), el ideal romántico dulcemente disuade el desacuerdo, el conflicto honesto, la capacidad de
las dos personas a decirle no a la otra abiertamente. Por lo tanto, esto deja a las parejas varadas en los
bancos de la adolescencia con la tarea aún inconclusa de reconciliar las reivindicaciones de ser uno
mismo y de estar con el otro.

Lo que pasa finalmente es que este sueño de un perfecto nosotros, de ser dos como uno, como Adán y
Eva en el Jardín antes de la manzana, termina en una traición. Y así ha de ser, porque a pesar de que
esto es maravilloso para el primer amor adolescente -y espero que todos nosotros, incluso a mi edad,
podamos de vez en cuando renovar experiencias del primer amor adolescente-, no proporciona ninguna
base firme sobre la que construir una vida de intimidad. Y con tan poca base para la formidable
disciplina de construir una relación íntima, las personas tienden a caer en una profunda decepción.
Bien sea una hora después de hacer el amor por primera vez, o a la mañana siguiente, o después de la
luna llena, o un año después del matrimonio, da igual cuándo ocurra, al final llega la decepción. La
decepción puede ser una etapa inevitable del amor -yo tiendo a pensar que es así- pero el cielo sabe que
empeora, a menudo de forma fatal, cuando dos personas descubren que no son una unidad, sino dos
soledades luchando para coregrafiar unas diferencias que pueden generar innumerables posibilidades
de fricción.

Como terapeuta Gestalt con muchísima experiencia trabajando con parejas, he pasado mucho tiempo
recientemente pensando en Adán y Eva, porque pienso que es una pareja infinitamente intrigante.
¿Dónde más en la historia se cuenta con un mito de la creación que no está basado en animales
mágicos, ni en semidioses, sino en una simple pareja de clase media que se lanzan a la historia humana
haciendo lo que cada pareja casada siempre ha hecho? Se bombardean el uno al otro en una secuencia
contagiosa de malos juicios; culpan al otro cuando las cosas van mal. Observad, por cierto, que Eva es la
única que cae en la tentación. A través de los tiempos el Génesis se ha utilizado como un escrito legal
para sugerir que la mujer no puede controlar sus impulsos animales, así que los hombres deben
mantenerlas en su sitio. Éste es el mito masculino de la caída. La verdad, sin embargo, es que Eva es, en
la primera pareja, el miembro que al menos tuvo algo de iniciativa. Adán inventó la masculinidad
pasivo-agresiva. Él cree en lo que no es más que otro mito: el del chico bueno. Puedes quedarte en el
Jardín del Edén, que te ofrece la mejor propiedad inmobiliaria del planeta y todo lo que quieras,
siempre que obedezcas a Dios Padre. En esta versión, Eva es una chica mala, pero ¿está realmente
gobernada por sus impulsos más salvajes? No, está tentada por una curiosidad intelectual -quiere saber
más. ¿Y por qué no debería ella estar interesada en conocer más? Aunque, para estar seguro, se espera
de uno que no sea demasiado curioso; todos somos castigados por ser demasiado curiosos.

Basta que Eva le diga a Adán es "prueba esto, es bueno", para que él se vaya con ella y pruebe un
bocado de la manzana. Con lo cual aparece Dios. Adán y Eva se esconden tras los arbustos, porque
ahora saben que están desnudos y se avergüenzan. Dios dice, "Adán, ¿dónde estás?" Si nos damos
cuenta, Él ni siquiera menciona a Eva. Y Adán contesta, "Estoy aquí, en los arbustos, Señor. Estoy
desnudo". "¿Quién te dijo eso?" pregunta Dios. "Fue la mujer", responde Adán, "la mujer me hizo comer
la manzana". Y éste es el inicio de la búsqueda marital de chivos expiatorios y de la lucha de poder que
continúa hasta nuestros días. Es todavía una parábola utilizable, esta historia de Adán y Eva. En el
Jardín del Edén podrían haber mantenido una unión perfecta, un perfecto nosotros. Por supuesto,
también estaban desnudos allí pero no les molestaba en lo más mínimo. Entonces comieron la
manzana, ¿y qué descubrieron? El conocimiento del bien y del mal, y el conocimiento de que morirían.
Éste era el conocimiento prohibido que podría hacerlos como Dios. Ahora Adán y Eva se miran el uno al
otro, y ellos "saben" que están desnudos. Así que se ponen las primeras hojas de higuera.

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009
El mito del nosotros — Gestaltnet.net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 5 de 7

Siempre se ha dicho que lo que sintieron era vergüenza. Su nueva conciencia-de-sí-mismos sobre su
desnudez es el comienzo de la vergüenza sexual, y esto continuó con la guerra judeo-cristiana sobre el
placer sexual. Quizás fue así, pero a mí me gustaría añadir algo a esta noción. Creo que ésta pudo haber
sido también la primera experiencia de decepción íntima. Quizás Adán y Eva se miraron ahora el uno al
otro con la conciencia de cambio y muerte y vieron por primera vez en la desnudez del otro las señales
de la edad y la decadencia. Y se dijeron el uno al otro "¡Oh, tú no eres realmente como pensaba que
eras! Ya tus pechos están empezando a caer un poco... Ya te está saliendo un poco de barriga". Hay
todavía vergüenza en esto, pero también decepción. Es lo que pasa en toda relación cuando ambos
abandonan la fase del sauce llorón, el canto de los pájaros y la luz de la luna, en otras palabras, cuando
pasan del estado extraordinario que llamamos amor romántico al amor común. Ésta es una transición
muy difícil, y creo que nuestra cultura necesita bastante desesperadamente apoyar esto creando nuevas
historias que nos ayuden a vivir un amor común en el contexto de la vida cotidiana. Esto podría ser lo
que significa amar en el aquí-y-ahora. Uno puede ver dificultades en esto, por supuesto: una cosa es
decirle a tu pareja "te quiero apasionadamente", "te quiero con locura", pero, ¿cómo decirle a alguien
"te quiero comúnmente"? Llevar esto a cabo, una vez que el encaprichamiento amaina, puede ser la más
heroica obra de arte.

Soy un terapeuta Gestalt que tiende a evitar el lenguaje especializado de la Terapia Gestalt cuando
escribo, aunque obviamente tengo que hacer referencia a él cuando enseño. Y soy un psicólogo que
tiende a alejarse, siempre que sea posible, del lenguaje técnico de la psicología. Empecé mi vida
intelectual escribiendo poesía y estudiando literatura, y tomé esas asignaturas en dos universidades
americanas. Me disgustan enormemente el trato y la jerga abstracta con la que la psicología y las
ciencias sociales abordan la situación humana. Así como me gustaría complementar el mito de un amor
romántico extraordinario con un romance de lo ordinario, me gustaría también restaurar el lenguaje
ordinario para el ejercicio de la psicología y la psicoterapia. Esto me da un parentesco con un famoso
ciudadano de Viena, Ludwig Wittgenstein, quien insistió en que los filósofos utilizaran el lenguaje de
nuestra conversación cotidiana con el fin de traer la filosofía a casa desde su vuelo abstracto por la
estratosfera metafísica.

Pero dejadme recurrir de todas formas a un poco de jerga de Terapia Gestalt para todos aquéllos de
vosotros que estáis familiarizados con sus términos. Quizás es obvio que cuando hablo sobre el sueño de
un "nosotros" fusionado, creado en aras de la certeza en el amor, estoy hablando de una importante
instancia de lo que en Terapia Gestalt se llama confluencia. La Terapia Gestalt define la confluencia
como el modo de unión que carece de conciencia de la frontera que separa a los seres o entidades y que
permite conservar las diferencias que los distinguen en el acto de unión. Y la idea de vida en el Edén,
nuestro mito más famoso del "nosotros" original, implica la ausencia de un límite así. Que el Edén es un
estado de confluencia fijada queda claro por el hecho de que es totalmente estático y sin conflicto, una
condición en la que todas las necesidades son satisfechas sin esfuerzo. Podríamos decir que este jardín
arquetípico representa la confluencia esencial y perfectamente sana entre padres e hijos que supone la
primera etapa del desarrollo humano. Pero después de eso, allí ya no ocurre mucho más. Demos gracias
a Dios por la manzana.

Habida cuenta del desagradable descubrimiento de que estamos solos y de que vivimos en el tiempo,
donde nada permanece igual, quizás siempre necesitamos recordarnos a nosotros mismos que también
vivimos nuestras vidas contra un fondo de confluencia. Este fondo se compone de nuestra inserción en
la naturaleza y nuestra dependencia de la conexión con los demás. Aunque estamos solos en última
instancia, en el mundo también estamos en casa, en virtud de este fondo confluyente. En momentos de
absorción en el otro apasionada o mística, el sentido de conexión se convierte en el primer plano.
Ambos, la soledad y el tiempo, parecen desaparecer. Es un bonito lugar para visitar, pero no puedes
vivir allí.

El problema con nuestro mito tradicional del amor romántico es que implica una fijación de la
confluencia en primer plano. El resto de la vida tiende a ser relegada a segundo plano. Vas a una fiesta y
ves a una pareja que conoces cogida de la mano. Siguen cogidos de la mano durante el resto de la noche
y tú piensas para tus adentros, "¿No es maravilloso? Todavía se aman lo suficiente después de veinte

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009
El mito del nosotros — Gestaltnet.net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 6 de 7

años de matrimonio como para ir cogidos de la mano toda la noche". Pero cuando te acercas y le dices a
uno de ellos, "¿Cómo estás?", el otro contesta, "Ella está bien". Y desde esta nueva perspectiva miras
más detenidamente a sus manos entrelazadas y te das cuenta de que sus nudillos se están poniendo
blancos. Es un aferramiento mortal, un estado inamovible al que nosotros llamamos una gestalt fijada.
Este tipo de fijaciones son siempre la base de la patología en la Terapia Gestalt. Esta pareja con las
manos cogidas es como mirar una puesta de sol. Cuando la miras por primera vez, puede ser una visión
estupenda de una belleza vital, pero si te mantienes mirando, los nervios ópticos y los músculos
comienzan a fatigarse, y la excitación desaparece de tu mirada. Lo que otorga a la puesta de sol su
viveza, su particular grandeza, desaparece de tu mirada y realmente ya no la ves más. La fiesta se
convierte en un funeral.

El riesgo profesional del amor romántico es que es tan emocionante, como una hermosa puesta de
sol entre dos personas, que las parejas se ven tentadas a hacer de él una gestalt fija. El resultado es un
"nosotros" congelado, dos personas mirándose entre sí hasta que ya no se ven la una a la otra. Y su vida
juntos parece aburrida y monótona y muerta. En este punto pueden empezar las luchas de poder entre
ellos llevadas por la ansiedad, si no por otra razón; al menos así pueden demostrar que están todavía
vivos. Ciertamente podríamos utilizar un mito del amor basado en un conjunto de imágenes y
posibilidades diferente. En Terapia Gestalt nos gusta insistir en que el contacto entre las personas
necesita incluir el respeto por sus diferencias, lo cual enfatiza la separación tanto como la unión en cada
encuentro. Insistir en la separación, junto a un fondo y a momentos de estar juntos confluentemente, da
un respiro al amor, y permite a ambos el sí y el no que siempre debe existir entre dos personas y, por lo
tanto, resucita el sentido de que el amor puede ser un acto contínuo de libre elección.

Pero el amor basado en la libertad de elegir -la libertad para permitir que las cosas cambien, la
libertad de estar solos o juntos tal como uno desea- puede llegar a sentirse como arriesgado y ansioso,
especialmente para aquéllos que dependen en gran medida del vínculo entre el amor y la dependencia.
La ruptura de la confluencia romántica puede también abrir las puertas de la violencia. En mi país se
puede leer en los periódicos con demasiada frecuencia sobre alguna mujer o novia más que ha dicho,
"Te dejo. Ya he tenido suficiente. Estoy harta. Hasta aquí." Como consecuencia, es encontrada muerta a
golpes o de un disparo. Su marido o novio le ha respuesto, en efecto, "Si yo no puedo tenerte, nadie
puede". Quizás esto nos muestra, entre otras cosas, que la reivindicación tradicional de que las mujeres
son el sexo dependiente es una mentira cultural conveniente, propagada por los hombres y, hasta
tiempos recientes, suscrita por la mayoría de las mujeres. Me parece que sólo la dependencia en una
relación puede llevar a un hombre a recurrir a esas medidas violentas y desesperadas. Éstos no son
precisamente actos de amor.

Lo que hay implicado cuando un hombre exige a una mujer que se quede a toda costa es hasta
demasiado obvio. Sugiere que los hombres puede que sean el sexo más dependiente al fin y al cabo,
dependientes de las mujeres para servirles como madres. Así como las mujeres necesitan continuar
adentrándose más plenamente en su propio poder, lo cual lo han venido realizando como un
movimiento organizado en los últimos veinticinco años, los hombres necesitan un movimiento propio
que les ayude a aprender a separarse psicológicamente de su desesperada hambre de amor-odio hacia
sus madres. Entonces podríamos tal vez estar preparados como cultura para imaginar historias de amor
basadas en un mejor equilibrio entre la entrega al espíritu colectivo y la decisión de no seguirlo, entre la
expresión de uno mismo y el trabajo en equipo, entre honrar las propias necesidades y honrar las de los
demás. Os pregunto, ¿para qué vale la pena el amor si no incluye estas libertades?

Michael Vincent Miller

Traducido en el Laboratorio de Traducción de Gestaltnet.net


Coordinadora de la traducción: Raquel Quinto Gómez
Colaboradores: Carmen Del Barrio Porto, David Picó Vila

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009
El mito del nosotros — Gestaltnet.net - Una red para la terapia Gestalt 7ágina 7 de 7

Contenido Relacionado

 Amor, sufrimiento y el paso del tiempo


 La estética del amor sexual

Inicie la sesión para agregar comentarios

Así da gusto

Impresionante el artículo. Lo he leido del tirón y todo emocionado. La riqueza del lenguaje de Miller, su
sencillez, cómo transmite, el contenido...

http://gestaltnet.net/fondo/articulos/el-mito-del-nosotros 20/10/2009

También podría gustarte