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Mowgli

En el primer capítulo de 'El libro de la selva', Mowgli es encontrado por el Padre Lobo y la Madre Loba, quienes deciden adoptarlo tras un enfrentamiento con el tigre Shere Khan, que reclama al niño como su presa. A pesar de las advertencias sobre los peligros de los humanos, la familia de lobos acepta al niño en su manada, y Mowgli comienza a aprender las leyes de la selva bajo la tutela de sus nuevos padres y otros animales como Baloo y Bagheera. La historia establece el conflicto entre la naturaleza salvaje y la humanidad, mientras Mowgli se adapta a su vida entre los lobos.

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Mowgli

En el primer capítulo de 'El libro de la selva', Mowgli es encontrado por el Padre Lobo y la Madre Loba, quienes deciden adoptarlo tras un enfrentamiento con el tigre Shere Khan, que reclama al niño como su presa. A pesar de las advertencias sobre los peligros de los humanos, la familia de lobos acepta al niño en su manada, y Mowgli comienza a aprender las leyes de la selva bajo la tutela de sus nuevos padres y otros animales como Baloo y Bagheera. La historia establece el conflicto entre la naturaleza salvaje y la humanidad, mientras Mowgli se adapta a su vida entre los lobos.

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MOWGLI

CAPÍTULO I

La familia de Mowgli

Las colinas parecían un horno. El Padre Lobo, que había pasado todo el día
durmiendo, se despertó. Se rascó, bostezó y fue estirando primero una pata,
después las otras. Se desperezaba.
La Madre Loba estaba echada. Su cabeza gris reposaba cariñosamente sobre los
Sobre “El libro de la selva de “Rudyard Kipling” cuatro lobatos, unos cachorros indefensos y chillones.
Fuera de la cueva, brillaba la luna.
El Padre Lobo dijo:
—¡Ajjj! Es hora de salir a cazar.

ORACIÓN DE LAS FIERAS Se encaminó hacia afuera cuando observó una pequeña sombra ir y volver ante la
cueva, balanceando una cola mullida.
DE LA SELVA —Es Tabaqui, la hiena —pensó Padre Lobo mientras se asomaba y escuchaba el
tono quejoso de la voz de Tabaqui:
—Buena suerte, jefe de los lobos. Y que la misma suerte tengan siempre tus hijos.

QUEREMOS SIEMPRE SER LIBRES, —Tabaqui —dijo Padre Lobo—, en mi cueva no hay comida.
CON LA FUERZA DESATADA, QUE —Seguramente no hay comida para un lobo —contestó la hiena—. Pero para un
ABUNDE SIEMPRE LA CAZA PARA animal como yo, hasta un hueso reseco es un banquete.
— Tabaqui se dirigió hacia el fondo de la cueva y encontró un hueso de ciervo.
CALMARNOS EL HAMBRE Todavía tenía algo de carne. Empezó a triturarlo relamiéndose de gusto. El enojo
se reflejaba en la mirada de Madre Loba y de su pareja.

En la Selva, los lobos desprecian a la hiena porque es chismosa, lleva rumores de un lado
a otro y come sobras que recoge de cualquier hueco en el que encuentra basura.

La desprecian pero también le temen porque cuando Tabaqui se enfurece muerde todo lo
que encuentra a su paso.
Luego, la hiena añadió escupiendo sus palabras: Padre Lobo avanzó unos pasos hacia afuera de la caverna. En la maleza
—El Gran Shere Khan andará buscando presas en estas colinas hasta que estaba Shere Khan gruñendo furiosamente.
cambie la luna. —¡Shhh! Hay algo que sube por la colina —dijo Madre Loba orientando sus
—¿Por qué lo hace? —gritó furioso Padre Lobo—. De acuerdo con la Ley de orejas en esa dirección.
la Selva, no puede cambiar su territorio de caza sin previo aviso. Espantará a Muy cerca crujieron los matorrales.
las presas y tendré que trabajar el doble para encontrar alimento para mi Padre Lobo se agachó y se preparó para saltar. Lo que sucedió fue algo
familia. extraordinario: el lobo saltó y se lanzó al ataque contra algo desconocido
que se acercaba.
Shere Khan
—No olvidemos que Shere Khan es un Pero cuando estaba en pleno salto, intentó detenerse y volvió a pisar tierra
era el tigre que
tigre débil —dijo Madre Loba en voz casi en el mismo lugar del que había salido.
ahora rondaba
baja—Jamás ha sido capaz de matar otra —Un hombre —dijo disgustado—. Una cría humana. Mira.
cerca del río,
cosa que animales domésticos. Por eso lo Madre Loba vio a un niño apoyado en una rama baja. Apenas podía
a pocos kilómetros de
persiguen los campesinos de la ribera del caminar, desnudo y moreno. Era hermoso.
distancia.
río y huye hacia aquí. Jamás se había presentado nada igual ante la cueva de un lobo. El niño los
miró y se rio tranquilo, sin miedo alguno.
—Es la primera vez que veo un cachorro de hombre —dijo sorprendida
La Ley de la Selva prohíbe a las
Madre Loba—. Tráemelo.
fieras comer carne humana.
—Y nosotros —agregó Padre Lobo—, Las dos mandíbulas de Padre Lobo se cerraron sobre la espalda del niño,
Y hay una razón muy poderosa tendremos que huir con nuestros que sin sufrir ni un rasguño quedó colocado entre los cuatro lobatos.
para hacerlo: si las fieras matan a cachorros. Y se lo tendremos que —Pequeño atrevido —murmuró con dulzura Madre Loba.
un hombre, tarde o temprano los agradecer a Shere Khan. El niño empujaba como un cachorro para acercarse al calor del cuerpo de
hombres invaden la selva, —Puedo transmitirle su la loba.
provocan incendios, atrapan a los agradecimiento—, dijo Tabaqui riendo —Mira —exclamó ella—. Se alimenta con los demás.
cachorros, y todo es dolor y miedo burlona—. ¡Escuchen!, ya se oye desde —No tiene pelo —observó Padre Lobo—. Y está tan indefenso que si lo
aquí el rugido del tigre. rozara con una pata, lo mataría. Y sin embargo, nos mira sin miedo.
Padre Lobo escuchó con atención. En el fondo del valle se oía esa especie La luz de la luna iluminaba el interior de la cueva. De repente todo quedó a
de lamento rabioso que emite el tigre cuando está hambriento. oscuras.
Atención —dijo Madre Loba—. Shere Khan ha olido al hombre y lo busca Shere Khan había metido su gran cabeza por el hueco de la entrada.
por toda la selva. El lamento del tigre se había convertido en un ronquido, Padre Lobo preguntó amablemente aunque sus ojos expresaban lo
un ruido infernal que asustaba a los campesinos, obligados a cuidar sus contrario:
rebaños y sus manadas por las noches. —¿Qué deseas, Shere Khan?
—Mi presa, solo eso. Perseguía a sus padres pero han huido abandonando Padre Lobo esperó a que cachorros fueran capaces de caminar. Entonces,
a su cachorro. Te exijo que me lo entregues. la noche en que se reunía toda la manada, los llevó al Consejo, junto con
—Los lobos —gritó Padre Lobo— solo obedecen al jefe de su manada. ¡El Mowgli y Madre Loba. El lugar era un monte rocoso, lleno de guijarros. El
cachorro de hombre es nuestro! espacio era tan amplio que se podían reunir, bien protegidos hasta cien
—Reclamo mi derecho —dijo la fiera enfurecida—. ¿No sabes acaso que lobos.
soy Shere Khan? —rugió el tigre. Allí estaba Akela, el enorme Lobo Gris. Por su fuerza y su habilidad para
Madre Loba se separó de sus lobatos y se acercó. Sus ojos brillaban como cazar lo habían elegido jefe de la manada, pero ya era muy viejo.
dos enormes luces verdes. Cada madre empujaba hacia el centro del lugar a sus cachorros y Akela
—La cría humana es mía. Nadie la matará. Y tú, fiero cazador, la verás exclamaba:
corriendo con nuestra manada —dijo la loba con una voz extraña que —¡Lobos, miradlo bien!
sonaba como la de un demonio—. ¡Apártate de aquí! Al final, Madre Loba sintió un escalofrío. Fue Padre Lobo quien acercó a
Shere Khan se dio cuenta de que sería capaz de luchar con Padre Lobo. Mowgli, la Rana. El cachorro humano se sentó en el centro y sonrió
Pero sabía que pagaría con su vida si enfrentaba a Madre Loba. Ella estaba mientras jugaba con los guijarros que brillaban a la luz de la luna.
dispuesta a llegar hasta el final. Akela no hizo un solo movimiento y volvió a gritar:
Se retiró con enorme disgusto de la entrada de la caverna. —¡Miradlo bien, lobos!
Madre Loba se tumbó entre sus lobatos. Padre Lobo le dijo con aire De pronto, se oyó un rugido detrás de las rocas. Era Shere Khan:
preocupado: —Dénmelo. El cachorro humano es mío. Nada tiene que ver ese niño con
—Si sigues con la firme decisión de quedarte con el cachorro humano, la los lobos.
manada tiene que saberlo. —¿Quién defiende los derechos de este cachorro?— preguntó Akela.
—¡Por supuesto que me quedaré con él! El oso Baloo, siempre soñoliento, es el encargado de enseñar a los lobatos
Y volviendo su mirada hacia el niño, le dijo: la Ley de la Selva. Por eso, podía asistir a las reuniones de la manada.
—Y tú, Ranita, Mowgli, quédate quieto. Ya llegará el tiempo en que serás Además, no estorbaba a ningún lobo porque solo come nueces, raíces y
tú quien cace a Shere Khan. miel.
Se levantó Baloo sobre sus patas traseras y dijo:
En cuanto crecen los cachorros de lobo y pueden —¿El cachorro humano? Quiero hablar en su favor. ¿Qué mal puede
mantenerse de pie, su padre debe llevarlos al hacernos? Yo me encargaré de enseñarle.
Consejo. De ese modo, los demás lobos los —¿Quién sigue en el uso de la palabra? —volvió a preguntar Akela, el
reconocen como integrantes de la manada.
anciano jefe de la manada.
Desde ese momento, los lobatos pueden
En aquel momento se deslizó hacia el centro del círculo una sombra. Era
corretear por donde quieran.
Bagheera, la pantera, negra de la cabeza a la cola. La luz brillaba sobre su
piel. Todos le temían.
Su piel era tan suave como las plumas nuevas de las aves e hizo oír su voz Nadie puede imaginar lo feliz que fue la vida de Mowgli con los lobos. Creció
dulce como una fruta madura. junto a los lobatos pero ellos lo hicieron más rápido: los lobatos ya eran
—Quiero recordarles que hay una Ley en la Selva que permite comprar un adultos cuando Mowgli era todavía un niño pequeño.
cachorro por un precio justo —expresó Bagheera—. Ofrezco un toro, Padre Lobo le enseñó a comprender el significado de todos los ruidos de la
un animal enorme que acabo de cazar y que está cerca de aquí. Entrego el Selva: un crujido en la hierba, un soplo de aire en la noche, el ulular de los
toro por la cría de hombre. búhos sobre su cabeza, los ruidos que hacen los murciélagos al
¿Están de acuerdo? detener su vuelo sobre un tronco, el chapoteo de un pez cuando salta en el
Se oyó un confuso clamor que decía: agua.
—Una Rana como esta no puede perjudicar a la manada. Será uno más Mowgli se tendía al sol en los momentos en que no tenía que aprender algo.
entre nosotros. Si era fuerte el calor, se iba a nadar a las lagunas cercanas.
Entonces volvió a oírse el gruñido penetrante de Akela: Había aprendido de Baloo que las nueces con miel son lo más exquisito del
—¡Miradlo bien, lobos de la manada! mundo y trepaba a los árboles para buscarlas. El viejo oso pardo estaba
Mowgli estaba entretenido en sus juegos y no prestó atención cuando, uno orgulloso de tener un alumno tan inteligente
por uno, se le fueron acercando los lobos. A medida que lo reconocían, se
alejaban todos en busca del toro muerto.
Los lobatos aprenden solo lo
Se quedaron solos Akela, Baloo, Bagheera y la familia de Mowgli. A Mowgli, Baloo le
que tiene que ver con las
—Llévatelo —dijo Akela a Padre Lobo—. Enséñale todo lo que debe saber enseñó cómo
necesidades de su manada:
un lobo. distinguir una rama
Esta es la historia de cómo Mowgli entró a formar parte de la manada de conseguir presas para sana de una
los lobos. alimentarse y distinguir los carcomida; le
ruidos que indican la cercanía aconsejó hablar
CAPÍTULO II
de algún enemigo peligroso. suavemente al pasar
Los maestros de Mowgli Es lo único que les interesa debajo de las colmenas
de la Ley de la Selva.
de las abejas
salvajes; le explicó qué
CANCIÓN DE LA FIERAS QUE SALEN A CAZAR
palabras decirle a Mang, el murciélago, cuando él se empeñaba en no
PIES SILENCIOSOS. OJOS QUE TRASPASAN LA NOCHE. dejarlo dormir y también las palabras que tenía que emplear con las
OÍDOS QUE DISTINGUEN LOS RUIDOS. serpientes de agua antes de lanzarse a una laguna para nadar entre ellas.
DIENTES PREPARADOS.

TODAS SOMOS ASÍ, LAS FIERAS DE LA SELVA.


Fue muy importante para Mowgli aprender de su maestro la consigna que —Sé muchos lenguajes, ¿cuál debo hablar? —preguntó Mowgli bastante
debe repetir un cazador al llegar a un territorio extraño: «Dadme permiso orgulloso.
para cazar en tus tierras. Tengo hambre». Si la respuesta es: —Habla con las palabras de los pájaros.
«Puedes cazar, pero solamente para comer»; el cazador ingresa,
pero nunca debe olvidar el acuerdo. Mowgli repitió algunas palabras y
al final silbó como lo hace el buitre.
Bagheera, por su parte, le había enseñado a trepar. La pantera era muy
cariñosa con el niño. Como jugando, se tendía sobre una rama y lo llamaba. —Ahora quiero que me digas las palabras de las serpientes —pidió
Las primeras veces, Mowgli se agarraba con torpeza de los troncos hasta Bagheera.
llegar junto a su maestra. Pero poco a poco empezó a volar de una rama a Mowgli repondió con un silbido imposible de describir. Hizo luego una
otra como los monos grises. pirueta salvaje y él mismo aplaudió su propia habilidad, saltó sobre el lomo
de la pantera y, desde allí, le hizo unas muecas a Baloo.
Un día, Bagheera, la pantera, le dijo a Baloo:
—Debes tener en cuenta que todavía es un cachorro. ¡Su cabeza es pequeña Las Palabras Mágicas forman un conjunto de
y todas tus enseñanzas no pueden entrar en ella! lenguajes; son los modos de comunicarse entre sí
—Tú sabes, amiga —respondió Baloo—, que en la Selva hay muchos peligros que tienen las distintas familias de fieras que
y trato de que Mowgli sepa protegerse. habitan la Selva.
El oso alzó la cabeza y dijo:
—Ven aquí, pequeño. De pronto, Mowgli dijo:
Desde el lugar al que se había trepado, respondió Mowgli con voz —Hoy los monos grises bajaron de sus árboles, me dieron nueces y otras
malhumorada: frutas de riquísimo sabor.
—Tus palabras me zumban como si tuviera un enjambre en la cabeza. —Mowgli, ¿has hablado con los Bandar–log? —dijo Baloo enfurecido.
Mientras se deslizaba por el tronco de un árbol y bajaba
a tierra, seguía hablando: —Me dijeron que eran mis hermanos. Solo hay una pequeña diferencia
—Y debes saber que vengo por Bagheera y no por ti, Baloo, que siempre me entre nosotros, yo no tengo cola. Pero ellos andan sobre dos pies igual que
retas. yo. Prometieron que algún día yo sería su jefe.
—Cachorro humano, quiero que me oigas bien —lo interrumpió Baloo con
—No doy importancia a lo que dices —dijo Baloo, aunque realmente se voz de trueno—. Puedes jugar con todos los animales de la Selva menos con
sintió herido por las expresiones de Mowgli. los Bandar–log.
—Repítele a Bagheera las Palabras Mágicas de la Selva que has aprendido Mowgli fijó sus ojos en Bagheera. Quería saber si la pantera se había
hoy conmigo, cachorro desagradecido —agregó Baloo todavía enojado. enfadado tanto como el oso.
CAPÍTULO III
La expresión de la pantera era de furia, sus ojos brillaban como piedras de
Mowgli y los
jade.
Bandar-long
—Los monos grises mienten siempre. Jamás han tenido jefe
—dijo Bagheera en el colmo de la indignación. Después de mucho andar, Mowgli, Bagheera y Baloo decidieron descansar
—Fueron amables conmigo. Baloo, no seas malo. Quiero volver a jugar con en un lugar donde creían estar protegidos de un nuevo ataque de los monos
ellos. grises. El chico se echó a dormir entre el oso y la pantera. Entre sueños,
—Debes saber, Mowgli —le dijo cariñosamente Bagheera— que los monos decidió que jamás volvería a acercarse a los Bandar–log.
grises no tienen Ley, ni tienen memoria. Si se les presenta un problema, ven Pero, sin hacer ruido alguno, los Bandar–log los habían seguido por toda la
caer una nuez, se distraen y se olvidan de todo. Selva. Uno de ellos había descubierto algo que a todos los demás les pareció
—Son animales traicioneros y desalmados, pequeña Rana. Por eso magnífico: Mowgli sabía entrelazar ramas y tejer unas redes que les servían
queremos cuidarte de ellos, créenos, Mowgli —agregó Baloo. a los monos grises para protegerse del viento. ¡Por eso querían llevarse al
Apenas acabó de hablar, cayó desde lo alto de los árboles una lluvia de chico a su tribu!
frutos y ramas, y se oyó en las alturas una sinfonía de aullidos y saltos locos.
El siguiente recuerdo del cachorro humano fue verse atrapado por unas
Las fieras que viven en la Selva no suelen mirar hacia lo alto.
manos fuertes y sentirse inmovilizado. El choque con hojas y ramas lo hizo
Por eso los Bandar–log jamás se cruzan con los demás animales.
terminar de despertarse, miró hacia abajo desde la altura de los árboles y
Se desplazan de rama en rama, son muchos y allá en lo alto
sintió miedo.
pelean entre ellos, cantan canciones tontas en un lenguaje que ni
ellos mismos entienden y arrojan desperdicios Cuando Baloo descubrió que habían raptado a Mowgli, despertó a toda la
para molestar a los demás. selva con sus rugidos. Bagheera iba de árbol en árbol, mostrando sus
terribles dientes.
—El Pueblo de la Selva no puede tener trato con los Bandar–log. ¡Está
prohibido! —afirmó Bagheera. Dos fuertes monos habían tomado a Mowgli por los brazos y lo llevaban
En ese momento se repitió el chaparrón de basura. Baloo y Bagheera se hasta lo más alto de los árboles, con unos saltos de siete metros.
fueron corriendo hacia otro lugar arrastrando consigo a Mowgli. Mowgli estaba mareado. Entre resoplidos, saltos y chillidos, los Bandar–log
siguieron su camino loco. Mowgli era su prisionero y el muchachito solo
CANCIÓN DE LOS BANDAR-LOG
quería avisar a sus amigos. Dada la velocidad con que los monos huían, se
GUIRNALDA DE ALEGRÍA, CARA AL CIELO A LA LUZ DE LUNA CAMINAMOS, daba cuenta de que Baloo y Bagheera iban a quedar atrás.
COLGADOS DE LAS RAMAS, EN SILENCIO SOÑAMOS CON BATALLAS Y Por un momento dirigió su mirada al cielo inmenso y azul, y vio a Rann, el
CONQUISTAS. buitre. Rann descendió unos cientos de metros en picada para ver qué presa
NIÑO, HAZTE UNO DE LOS NUESTROS.
se llevaban los monos y oyó gritar a Mowgli.
¡TENER SOLO DOS MANOS QUE DESDICHA!
NIÑO, HAZTE UNO DE NOSOTROS. EN TU CUERPO YA EL RABO SE ADIVINA.
—Avísale a Baloo —gritó el chico La encontraron tendida al sol en un peñasco. Contemplaba su propia piel,
—Dime tu nombre, amigo —dijo el buitre sorprendido porque nunca había hermosa y nueva. Diez días había tardado en cambiarla. La fuerza de Kaa
visto a Mowgli, aunque había oído hablar de él. reside en su capacidad de enroscarse alrededor del cuerpo de sus presas y
—Soy Mowgli, la Rana. Me llaman cachorro humano. apretarlas.
Cuando vio acercarse a Baloo y Bagheera se preparó para el ataque
Rann lanzó un silbido como respuesta y se elevó hasta quedar como un enrollándose como una espiral.
puntito insignificante en el cielo. Mientras, con sus ojos penetrantes —Necesito comer —dijo.
seguía el camino de los monos y de su prisionero. —Vamos de caza —dijo Baloo sin dar importancia a sus palabras. No es
bueno apurar a las serpientes.
—Poco va a durar su huida —dijo riéndose—. Baloo y Bagheera no son —Déjenme ir con ustedes —les rogó Kaa.
fieras miedosas. Estos monos se van a arrepentir. —Los Bandar–log cuentan que eres una lombriz de tierra, miserable y sin
Por su parte, el oso y la pantera corrían llenos de furor tratando de patas —comentó como al pasar Bagheera.
seguirlos. A Kaa se le hincharon de ira los músculos del cuello.
—Es posible que los alcancemos —decía Baloo extenuado—. Pero temo —Los monos han abandonado su territorio. Los estamos siguiendo
que, si se asustan, dejen caer al chico. —prosiguió la pantera con aparente tranquilidad.
—¿Quién se puede fiar de los monos? —exclamó Bagheera. —Pues podemos seguir su rastro —respondió Kaa.
—El asunto es este —dijo Bagheera—, esos miserables han robado al
En la Selva cada animal tiene su propio miedo. Dicen cachorro humano. Y sabemos, Kaa, que tú eres el único animal de la Selva
que los elefantes temen a los ratones. El miedo de los
al que le temen.
monos es Kaa, la serpiente pitón. Sube a los árboles tan
—Y no les faltan motivos para temer —agregó la pitón—. Sobre todo ahora
bien como los monos grises y les roba sus crías por las
que me han llamado…, me han llamado…
noches.
—Lombriz de tierra —completó Bagheera.
Cuando los Bandar–log oyen el nombre de Kaa, sus dientes
—¡Eh! ¡Baloo, mira hacia arriba!
castañetean de miedo.
—se oyó gritar de pronto—. ¡Mira hacia arriba!
—Vamos a hacer una visita a Kaa —dijo de pronto la pantera. Baloo vio a Rann, el buitre, que nuevamente caía en picada
—Ella también es un saco de maldad —respondió el oso. desde el cielo. El sol alumbraba el borde de sus alas.
—Tan vieja como astuta —¿Traes noticias? —preguntó Baloo con ansiedad.
—continuó Bagheera—. Y siempre hambrienta. Entre nosotros dos, amigo, —He visto a Mowgli entre los monos. Me encargó que te lo dijera. Se lo
seremos capaces de convencerla. han llevado a la ciudad de los monos, del otro lado del río
Baloo frotó amistosamente el lomo de la pantera. Y los dos se fueron en —respondió el buitre y retomó altura.
busca de Kaa, la pitón, que vive en las rocas.
—¡Felices sueños, Rann! —gritó Bagheera llena de alegría—. ¡Vayamos! — La luna iluminó un pozo de agua entre las ruinas y Mowgli se arrojó en él.
dijo a Baloo y a Kaa. Oía los aullidos de los monos y el chasquido de las mandíbulas de
—Iré a mi máxima velocidad —dijo el oso preocupado. Bagheera.
Bagheera echó a andar. Kaa seadelantó a la pantera y solo dijo: La pantera vio que Mowgli estaba a salvo y sintió que sus fuerzas renacían.
—Tengo hambre. Y además me han llamado rana manchada. En ese momento oyó una voz que llegaba desde las ruinas del muro. Era el
—Lombriz de tierra te han llamado —corrigió Bagheera con exactitud. grito salvaje de Baloo que había podido alcanzar a su compañera.
Los Bandar–log, entre tanto, llegaron con el muchacho a la ciudad perdida. —Bagheera, estoy contigo —gritó—. Voy a ayudarte.
Mowgli no había visto jamás una ciudad y, aunque estaba abandonada y
era un montón de ruinas, le pareció deslumbrante. El oso, casi sin aliento, se afianzó sobre las patas traseras y con las
—Quiero comer —dijo Mowgli. delanteras iba arrojando monos a derecha e izquierda. Mowgli, desde el
pozo en el que se había refugiado, escuchaba plaf, plaf, plaf, el ruido de los
Veinte o treinta monos se lanzaron fuera de la ciudad en busca de nueces monos al caer.
silvestres. Pero, como siempre, empezaron a pelearse y dejaron caer las
nueces que traían. Casi sin aliento, la pantera había empezado a retroceder hacia el pozo
donde se hallaba Mowgli. Pocos segundos después, el chico sintió el ruido
Mowgli estaba magullado, malhumorado y hambriento. Dio vueltas por la del cuerpo de Bagheera que caía en el agua, a su lado. Los monos la
ciudad abandonada. esperaban amenazantes alrededor del pozo.
Vio en el cielo formarse una nube La pantera levantó la cabeza y lanzó un grito que entienden muy bien las
y se dijo: serpientes.
—Si cubre la luna, aprovecharé la oscuridad para escapar. Baloo estaba medio aplastado por los monos, pero no pudo evitar la risa
Los amigos de Mowgli contemplaban la misma nube desde el otro lado de cuando se dio cuenta de que hasta Bagheera pedía auxilio.
las murallas de la ciudad. En ese momento, Kaa hacía ejercicios formando una serie de anillos. Notó
—Yo me dirigiré hacia el oeste —susurró Kaa—. Desde allí podré lanzarme que estaba en buenas condiciones para la lucha y atacó sin dudarlo.
contra los monos.
Las serpientes pitón son temibles en su primer
Bagheera respondió:
ataque porque su cabeza tiene un enorme poder,
—Esperaré a que la nube cubra la luna y subiré la muralla.
como una lanza o como un martillo de media
Mowgli creyó oír los rapidísimos pasos de Bagheera que se acercaba y vio tonelada. Desenrosca la espiral de su cuerpo,
cómo brillaba la negrísima piel de su amiga cuando saltó desde la muralla balancea su cabeza en lo alto y de un solo golpe
hacia el interior de la ciudad. puede derribar a un hombre fornido.
De repente, estalló un ruido tremendo; cientos de monos se lanzaron
contra Bagheera.
Kaa embistió hacia el centro de la enorme masa de monos que aplastaba a La luna empezaba a ocultarse tras las colinas. Entonces Kaa, con un extraño
Baloo. Lo hizo silenciosamente. chasquido de mandíbulas, se dirigió a los Bandar–log:
No necesitó repetir el ataque. Los monos huyeron despavoridos gritando: —Hay luz suficiente para que me vean —dijo Kaa a los monos grises—.
—¡Es Kaa! ¡Corran! ¡Pónganse a salvo! Empieza la danza, mi danza del hambre.

Kaa era el terror de los Bandar–log. Hasta los monos más hábiles caían en la Los monos grises permanecían silenciosos e inmóviles, como hipnotizados
trampa porque la pitón permanecía inmóvil como una rama y, de pronto, se de terror.
erguía, los rodeaba con sus anillos y se los llevaba. Ninguno había escapado Mowgli no acababa de entender lo que veía. Se apoyó sobre sus amigos para
con vida de su abrazo. apartarlos de aquel lugar. Cuando se alejaron de la muralla, los tres echaron
El terror de los monos permitió que Baloo pudiera empezar a respirar; la a correr. Parecía que huían de una horrible pesadilla.
lucha había sido agotadora. Kaa lanzó un silbido largo y penetrante. Cesó en
ese momento el griterío de todos los monos que se habían refugiado por CAPÍTULO IV
allí. En el silencio, Mowgli oyó cómo Bagheera salía del pozo y se sacudía el
Diez años después
agua.
—¿Cómo te encuentras, Baloo? —interrogó Bagheera a su amigo, el oso.
—¡Wuaaa! Siento dolores por todo el cuerpo —contestó con seriedad Baloo Los años han pasado. El cachorro humano es un muchacho. En las reuniones
estirando las patas. del Consejo, se dio cuenta de que, si miraba fijamente a un lobo, lo obligaba
La pantera no dejó de a bajar la vista.
En las antiguas ciudades se
agradecer a la pitón: Algunas veces le parecía divertido. Otras veces se aburría tanto que se
cavaban pozos para acumular el
—Kaa, Baloo y yo te entretenía arrancando del pelaje de sus amigos las largas espinas que les
agua. Se los construía
debemos la vida. causaban un dolor terrible.
de mármol; una parte era subterránea
—No tiene importancia. En las noches, corría velozmente por la colina para ver a los campesinos
y otra se alzaba sobre la superficie.
¿Dónde está el descansando en sus chozas. Sin embargo, Mowgli observaba de lejos porque
hombrecito? no confiaba en los hombres.
—¡Aquí, en el pozo! ¡No puedo salir! —les gritó Mowgli. Shere Khan se le cruzaba muy a menudo por la Selva; parecía hacerlo a
Kaa exclamó: propósito. Akela, el jefe de la manada, le hubiera prohibido al tigre acercarse
—Mowgli, retírate. Voy a derribar la pared de este hoyo. a Mowgli, pero ya no podía imponer su autoridad porque estaba muy viejo.
La pitón calculó la distancia, se alzó unos dos metros y propinó al muro Con malas intenciones, Shere Khan se había hecho compañero de los lobos
varios golpes con su dura cabeza. Cayeron grandes trozos de mármol entre más jóvenes. Les decía que no comprendía cómo unos lobos tan fuertes se
ruido y polvo. Mowgli salió por el boquete que se había abierto y se guareció dejaban guiar mansamente por un lobo tan viejo. Los jóvenes lobos se
entre Baloo y Bagheera, echando un brazo al cuello de cada uno. sentían humillados y gruñían con el pelo erizado.
Bagheera, que parecía enterarse de todo, le repetía a Mowgli con frecuencia —A los lobos jóvenes, Shere Khan les ha metido en la cabeza que tú no
que Shere Khan quería matarlo. Pero Mowgli se reía: tienes derecho a pertenecer a la manada. Muy pronto serás un hombre.
—Estoy seguro contigo y con la manada. Y también Baloo saldrá en mi —Pues ¿qué tiene de malo el hombre para no poder vivir con sus hermanos?
defensa. No tengo miedo. —preguntó Mowgli—. Nací en la Selva; respeto su Ley. A todos los lobos de
Un día muy caluroso, Bagheera le dijo a Mowgli en el momento en que el la manada les he arrancado alguna espina. ¿Acaso no son mis hermanos?
muchacho había tomado su lomo por almohada: Bagheera se tendió en el suelo y le dijo:
—¿Cuántas veces te he dicho que Shere Khan es tu enemigo? —Toca aquí, bajo mi mandíbula.
—Creo que tantas veces como frutos cuelgan de esa palmera. (Mowgli no Mowgli acercó la mano y notó una zona despellejada, sin pelo, y debajo
sabía contar). sintió un nudo de músculos.
—¡Ah! —recordó Mowgli—. El —Nadie sabe que tengo esta marca. Es la que deja el collar. Porque yo,
El pulgar de la mano del
otro día, Tabaqui me dijo que Mowgli, nací entre los hombres, cautiva en las jaulas del Palacio. Por eso
hombre, amiguito, se opone a
yo no era más que una cría de pagué por ti el precio del rescate. ¡Te vi tan desamparado! Los hombres me
los otros dedos; puede tocarlos hombre. Pero recibió su alimentaban tras los barrotes de una jaula. Un día me di cuenta de lo que yo
y por eso, a diferencia de las merecido pues la agarré por la realmente era: Bagheera, la pantera. Rompí de un zarpazo la cerradura y me
fieras que se encuentran en cola y le di un par de golpes escapé.
la selva, logra tomar entre contra una palmera. ¡Para que — Tú eres un cachorro de hombre! —agregó la pantera con ternura—. Yo
sus dedos objetos tan aprenda a ser más educada! he vuelto a mi mundo, la Selva. Y tú tienes que volver al tuyo. Los hombres
delgados —Hiciste una tontería. son tus hermanos.
como una espina y tirar de ella. Tabaqui es una chismosa, —Mírame —le ordenó de pronto Bagheera.
pero probablemente te hubiera dicho que Shere Khan no se atreve a Mowgli la miró sin pestañear. La pantera dio vuelta su cabeza y se acomodó
matarte en la Selva porque Akela te protege. El tigre espera porque sabe sobre las hojas.
que el anciano Akela pronto dejará de ser el jefe de la manada. —Ni siquiera yo puedo mirarte a los ojos y eso que conozco bien a los
humanos. Los demás tienen motivos para odiarte: no pueden resistir tu
Bagheera siguió hablando: mirada, eres sabio; has podido arrancar las espinas de sus patas porque
Entre los lobos, el mejor cazador es el jefe de la
eres un hombre
manada.
—No sabía nada de todo eso —susurró Mowgli entristecido.
Cuando el lobo envejece y no tiene fuerzas para
—Tienes que ser prudente. En cuanto a Akela se le escape un ciervo,
cazar un gamo, es decir, para conseguir por su
cuenta el propio alimento, deja de ser el jefe. Desde cualquier día de estos, toda la manada se enfrentará a él, convocarán al
ese momento, los miembros de la manada lo Consejo y tú también correrás peligro.
llaman Lobo Muerto hasta el fin de sus días, que no De pronto, Bagheera se levantó
suelen ser muchos. y le ordenó a Mowgli:
—Vete a donde habitan los hombres. Quítales una parte de la Flor Roja que —He visto que los hombres —le indicó Bagheera—, acercaban una rama
ellos cultivan. Será tu salvación. Ve a buscarla enseguida. seca y brotaba la Flor. ¿Tienes miedo de hacerlo?
—No. ¿Por qué iba a tener miedo?
La Flor Roja es el fuego. Durante todo el día Mowgli echó ramas secas hasta que encontró por fin la
En la selva, tanto le temen las fieras al que buscaba. Al arrimarla al fuego, en el extremo de su rama se produjo una
fuego que no se atreven a llamarlo por su llama brillante y viva.
nombre. Mowgli se dirigió al Consejo sin perder la sonrisa. Akela se encontraba
—¿La Flor Roja? —dijo Mowgli—. ¿La que cultivan los hombres fuera de sus echado cerca del sitio que antes ocupaba. Era la señal de que había dejado
chozas al anochecer? de ser el jefe de la manada. Shere Khan se paseaba de un lado a otro lleno
—La cultivan en una especie de cuenco pequeño —explicó Bagheera—. Trae de orgullo. Bagheera estaba junto a Mowgli que mantenía entre sus brazos
una flor roja y guárdala para cuando la necesites. el recipiente con el fuego.
—Voy a buscarla —dijo el cachorro de hombre.
Cruzó el bosque a toda carrera. Poco a poco se acercó a las tierras de los Cuando todos los lobos estuvieron allí, Shere Khan intentó tomar la palabra.
hombres. Jamás lo habría hecho si Akela hubiera seguido siendo el jefe.
Al llegar allí se ocultó para mirar por una ventana. Vio el fuego que ardía en Mowgli se puso de pie.
el suelo. La esposa del campesino soplaba sobre él y le arrojaba ramas secas. —¡Pueblo de Lobos! —gritó—.
Por la mañana, cuando la niebla cubría el campo con un manto lechoso, ¿Desde cuándo un tigre dirige nuestra manada?
Mowgli vio que un muchacho se acercaba al fuego con un recipiente de Se oyeron los aullidos de los jóvenes lobos que se habían hecho amigos de
barro y con una pala lo llenaba de brasas. Lo cubrió luego con una manta y Shere Khan:
salió hacia el establo a cuidar a los búfalos. Mowgli dobló la esquina, se —Cállate, cachorro humano.
dirigió hacia el muchacho, le arrebató el recipiente y desapareció en la Los ancianos de la manada se impusieron y dijeron a gritos:
niebla. —Que hable Lobo Muerto.
—Ese muchacho es casi igual a mí —pensó Mowgli mientras corría y soplaba Shere Khan dijo con un rugido:
el fuego. —Dejemos a ese viejo lobo…
Empezó a avivarlo con ramas y cortezas de árbol. Cuando subía, encontró a ¡Entréguenme al cachorro de hombre! ¿No están hartos de intentar hacer
Bagheera. Su piel brillaba iluminada por las gotas de rocío. de él un lobo? Es simplemente un hombre. Lo odio.
—Akela falló —dijo la pantera—. Entonces se oyó un aullido espantoso de muchos de los lobos que estaban
El ciervo logró derribarlo. allí reunidos:
—Estoy preparado —exclamó Mowgli y levantó el cuenco que arrojaba —¡Un hombre! ¡Nada tiene que ver con nosotros! ¡Que se vaya con los
chispas. suyos!
Akela levantó la cabeza:
—Ha comido con nosotros, nos ha ayudado a cazar, nada ha hecho contra Shere Khan vio demasiado cerca la terrible Flor Roja, bajó las orejas y cerró
la Ley de la Selva. los ojos.
Mowgli alzó la rama y golpeó a Shere Khan en la cabeza. El tigre lanzó un
—Recuerden que yo pagué un toro por su rescate —exclamó Bagheera—. aullido y huyó aterrorizado.
Por mi honor, estoy dispuesta a defenderlo. Mowgli abandonó la manada. Marchó por un camino que lo dejó en el
—Un cachorro humano jamás podrá vivir con el Pueblo de los Lobos. valle y luego aceleró el paso hasta llegar a una región desconocida. Se
Entréguenmelo —insistió Shere Khan. sentó tranquilo junto a la entrada de la aldea. Vio venir a un hombre y se
—¡Es un hombre! —se oyó gruñir a los lobos. levantó. Le hizo saber con signos muy claros, señalando su boca abierta,
que tenía hambre. El hombre lo miró. Salió corriendo por las calles de la
Shere Khan se azotaba los costados del cuerpo con la cola. aldea y llamó a gritos a sus
—Lo dejo todo en tus manos, Mowgli —dijo Bagheera—. Creo que vamos a vecinos. Llegaron a reunirse muchas personas. Todas gritaban y señalaban
tener que luchar. al muchacho.
Mowgli se levantó. Llevaba entre sus manos el recipiente con el fuego. —El Pueblo de los Hombres no tiene educación —se dijo Mowgli—. Se
—¡Escúchenme todos! —gritó—. Me han dicho esta noche que soy un comportan como los monos grises.
hombre. ¡Desde ahora seré un hombre! Por eso, he traído una parte de la Y apartó hacia atrás su melena.
Flor Roja que tanto terror causa.
Mowgli arrojó al suelo el recipiente con las brasas. Las chispas que saltaron LOS PENSAMIENTOS DE MOWGLI
encendieron la hierba seca de inmediato. Los lobos retrocedieron
asustados.
Mowgli apoyó sobre el fuego la rama que tenía preparada. Cuando ardió, LLORO Y CANTO JUBILOSO.
la alzó y la agitó por encima de la manada.
SOY DOS PERSONAS, DOS MOWGLIS.
El fuego iluminaba a Mowgli. La cabellera le caía sobre los hombros. LUCHAN EN MÍ DOS SENTIMIENTOS.
—Abandono la manada —dijo mirando a todos—. Pero cuando esté entre
los hombres, jamás traicionaré a los lobos. PARA LOS LOBOS, SOY UN HOMBRE, PARA LOS
Dio un tremendo puntapié al fuego y las chispas llenaron el aire. HOMBRES SOY UN LOBO.
—Nunca habrá guerra entre nosotros —continuó—. Pero antes, tengo que
ajustar cuentas con alguien.
Caminó a grandes pasos hacia Shere Khan que miraba fijamente las llamas.
—Levántate —gritó Mowgli—. Cuando te habla un hombre, debes
levantarte.

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