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El Abogado

El documento aborda el papel de Jesucristo como abogado ante el Padre, enfatizando la importancia de confesar nuestros pecados para recibir perdón. A través de la historia de la mujer adúltera, se ilustra cómo Jesús desafía las acusaciones de los fariseos, mostrando misericordia y justicia. Se invita a la reflexión sobre nuestras motivaciones y la necesidad de evaluar nuestra relación con Dios y el pecado en nuestras vidas.

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El Abogado

El documento aborda el papel de Jesucristo como abogado ante el Padre, enfatizando la importancia de confesar nuestros pecados para recibir perdón. A través de la historia de la mujer adúltera, se ilustra cómo Jesús desafía las acusaciones de los fariseos, mostrando misericordia y justicia. Se invita a la reflexión sobre nuestras motivaciones y la necesidad de evaluar nuestra relación con Dios y el pecado en nuestras vidas.

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EL ABOGADO

VERSO BASE:

1 Juan 1:8-10

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en
nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su
palabra no está en nosotros.

1 Juan 2:1

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, Abogado
tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

INTRODUCCIÓN

1. Hablar de Juan capítulo 7. La persecución de Jesús. Los fariseos y escribas enviaron a


personas para prenderle.

DESARROLLO

Juan 7:53 - Juan 8: 1-11


53
cada uno se fue a su casa;

8 1 y Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino
a él; y sentado él, les enseñaba.

Como es costumbre de Jesús, va al monte de los olivos, es donde quizás se pone al día con el Padre
del plan que vino a realizar, de lo que ha hecho y lo que falta por hacer.

Ejemplo: Cuando era niño, sacaba cuenta de cuando terminaría la primaria y el bachillerato y así
fue. Es lo mismo.

¿Nos ponemos a cuenta con el Padre de lo que ya hemos hecho y lo que falta por hacer? Quizás dirás
que eres joven para ponerte a pensar en ello, por otra parte, otros dirán no se ni por donde voy.
Otros dirán ni he comenzado. Creo que es momento de evaluar lo que hemos hecho y lo que nos
falta.

Mas sin importar lo tenso del ambiente, y como la muerte respira en su nuca, tiene claro su objetivo,
agradar al Padre por encima de todo. El vino a anunciar las buenas nuevas, la palabra de salvación y
vida eterna. Un claro ejemplo de cómo vivió Jesús y todo lo que padeció.

En ocasiones esperamos buenos tiempos, un buen clima, respuestas anheladas, sueños hechos
realidad para movernos y decir “ahora si Dios, voy con todas”. Si no eres capaz de tener un espíritu
fiel en los momentos de angustia y necesidad, no te preocupes que en los tiempos buenos serás el
primero en despedirte de él.

¿Qué te motiva a seguir a Jesús? ¿El hacer su voluntad “cumplir sus mandamientos” está por encima
de las demás prioridades?
3
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola
en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y
en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Mas esto decían
tentándole, para poder acusarle.

Hasta al momento era un momento de enseñanza y predicación por parte de Jesús. Pero de repente,
entran en escena los “defensores de la justicia”, los cazadores de la santidad perdida, the avengers .
Y claro, están tan preocupados de que las cosas se hagan bien, que dicen el pecado debe ser borrado
de la tierra junto con el que lo obtenga o lo anide.

1. Y todo parecía normal. Juan 7:53 dice “Cada uno se fue a su casa”. Hablar de como los judíos
quizás planearon prenderle, su complot a través de la captura de la mujer adultera. ¿Cómo
podemos hacer que lo capturemos o que roma lo capture?
2. Para capturar a la mujer, alguien debía tener conocimiento de su vida para poder llegar a
ella.
3. Tuvieron que ir a buscar entre el pecado y la suciedad, no precisamente para ayudar, sino
para condenar y matar. Muy común entre los que tienen un espíritu religioso o legalista. Por
el contrario, Jesús si busca entre la basura y dice “esto aún sirve”
4. Un día más a pecar y bueno, sentir un poco de placer. Lo cierto es que el pecado siempre,
pero siempre te expondrá a la vergüenza en público. No importa cuánto queramos esconder
nuestros más bajos deseos o hábitos, tarde que temprano lo que creemos tener bajo
control, nos controla y nos expone ante todos.
5. En tiempos de roma, la inmoralidad sexual estaba en su punto más álgido. Algunos dicen
que lo que lleva a un imperio a la ruina es la inmoralidad, el pecado. Y que en estos tiempos
la palabra estaba en desuso. Algo similar a lo que vivimos hoy en día. Nuestra juventud sabe
que es lo malo, sabe que en la biblia esta todo lo que le sucede a los pecadores, pero aún
así, no van a ella, no la leen.

Ahora, la intención de estos hombres era en ningún momento matar a la mujer, les importaba poco
su vida, la clara intención de ellos, era matar precisamente al que al principio llamaron Maestro.

Aunque tenían un tribunal para juicios, llevaron a la mujer hasta Jesús para obligarle a que la juzgara.
Presentaron el caso y las pruebas esperando la sentencia condenatoria de Jesús. Fingiendo un falso
respeto, se dirigieron a Jesús con el título de "Maestro", e hicieron referencia al mandamiento divino:
(Dt 22:22) "Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán,
el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel." Aunque en
ese tiempo la inmoralidad había llegado a tal punto que esta ley de Moisés había caído en desuso,
sin embargo, exigían a Jesús que dictara una sentencia: "En la ley nos mandó Moisés apedrear a tales
mujeres, tú pues, ¿qué dices?". Lo que los fariseos y los escribas buscaban era obligarle a decir algo
que pudieran utilizar para desacreditarlo ante el pueblo o para acusarle ante las autoridades. En
realidad, estaban obligando a Jesús a elegir entre la misericordia y la justicia. Ellos sabían que Jesús
siempre se había caracterizado por su compasión hacia los pecadores. Era sabido por todos que uno
de sus discípulos más íntimos era Leví, uno que había sido un publicano. Esto llevó a Jesús a ser
conocido despectivamente como el "amigo de publicanos y pecadores" (Mt 11:19). En otra ocasión,
mientras comía en casa de Simón el fariseo, había dejado que una mujer pecadora de la ciudad
ungiera sus pies, y le había asegurado que sus pecados habían sido perdonados (Lc 7:36-50). Ahora,
pues, ellos esperaban que mostrara hacia la mujer adúltera la misma misericordia que le había
caracterizado durante todo su ministerio público. Pero si lo hacía, quedaría claro para ellos que no
respetaba la ley de Moisés. El dilema que le presentaron tenía que ser contestado, puesto que tenía
que ver con la esencia de su ministerio. El evangelista comenzó diciendo que "la gracia y la verdad
vinieron por medio de Jesucristo" (Jn 1:17). Si condenaba a la mujer, ¿dónde estaba la gracia? Y si le
perdonaba, ¿no era esto en perjuicio de la verdad y una negación de la ley divina? ¿No decía la ley
que Dios no justificaría al impío (Ex 23:7)? ¿Qué diría Jesús? Por otro lado, si condenaba a la mujer
e incitaba a los judíos a apedrearla tal como la ley judía indicaba, esto también le crearía problemas
con las autoridades romanas que no permitía a los judíos ejecutar a nadie (Jn 18:31). Parecía que los
escribas y fariseos habían preparado su trampa con mucha precisión. Dijera lo que dijera, ellos
tendrían la ocasión de acusarle. Pero ignoraban que aquel a quien ellos querían atrapar era el mismo
Hijo de Dios, aquel "que prende a los sabios en la astucia de ellos, y frustra los designios de los
perversos" (Job 5:13).

Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en
preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la
piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

Siempre me preguntaré, que escribió Jesús en el suelo. Lo cierto es que cuando este en el cielo le
preguntaré. Por ahora, creo que su actitud de completo silencio, era llevarlos a la reflexión, a meditar
sobre sus caminos, a ver lo podrido y sucio que estaba su corazón, como dije, defensores de la justicia
y la santidad, pero en realidad eran mensajeros del mismo diablo, buscando no solo la muerte de la
mujer sino la de Jesús.

Creo que el silencio de Jesús en nuestras vidas, es precisamente para llevarnos a hacer ajustes, en la
forma en que le vemos, en la forma en que tratamos a nuestro prójimo, la forma como estamos
llevando nuestra vida, la condición de nuestro corazón.

Creo que muchas de nuestras oraciones, donde exigimos a Dios, aunque ellas sean buenas, llevan
un silencio de Dios, porque la motivación puede ser la incorrecta. ¿Cuáles son tus motivaciones?

Y le seguían insistiendo. Pero bueno, ante todo la terquedad del hombre, siempre ávido de
respuestas rápidas, como si cuando Dios nos empezó a llamar, dijimos, Si, te seguiré. Es tiempo de
hacer memoria.

Y ahora, lo bueno. Lo que no tenían presente es que Jesús, no solo era solo juez Genesis 18:25 “El
juez de toda la tierra”, sino el abogado. Juan 3:17 “17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para
condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Jesús vino a defenderte, y si hoy le entregas tu caso, nunca ha perdido un pleito.

Abogado: se pronuncia or-ej din, en hebreo y significa literalmente «el que crea o edita la justicia».

Juez: sho-fet, y todo lo que ella o él dicten, deberá ser cumplido.

El mismo Moisés que escribió la ley, ese mismo también proclamo estas palabras.

Exodo 34:6-7
6
Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso;
tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda misericordia a millares, que
perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado;
que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y
cuarta generación.
9
Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más
viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose
Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?
¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete,
y no peques más.

Jesús había puesto las cartas sobre la mesa y es que su declaración no resiste ningún tipo de
argumento. Todos hemos pecado. Todos hemos sido rebeldes, todos nos hemos levantado en contra
de Dios. Todos hemos querido ser Dios y dictar nuestras propias normas.

Jesús la ha defendido, los acusadores han huido, ahora las pruebas de sus hechos, les han hecho ver
que quizás están mucho peor que esta mujer, cuyo nombre no sabemos.

Pareciese que Jesús no le importase si esta mujer era o no pecadora. Pero lo cierto es que el juicio
sobre ella, sería algo que el asumiría con su propia vida.

Ahora, es cierto que Jesús la defendió y esta mujer fue declarada inocente. Pero la pregunta es.
¿Cómo Jesús, el abogado, no podría defenderte ni tomar tu caso?

Volvamos al texto de 1 de juan. El problema ahora más grande que el pecado, es el pecado no
confesado. En ese momento, si no hacemos esto primero, Jesús nunca podrá defendernos.

Oremos.

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