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ADELIA PRADO Taller Corregido 5

Adélia Prado, nacida en 1935 en Divinópolis, Brasil, es una destacada escritora y poetisa cuyas obras reflejan lo cotidiano con un enfoque lúdico y una profunda fe cristiana. A lo largo de su carrera, ha recibido varios premios, incluyendo el Jabuti de Literatura y la Orden del Mérito Nacional. Su poesía, influenciada por autores como Rosa y Drummond, explora temas de amor, identidad y la experiencia femenina.

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ADELIA PRADO Taller Corregido 5

Adélia Prado, nacida en 1935 en Divinópolis, Brasil, es una destacada escritora y poetisa cuyas obras reflejan lo cotidiano con un enfoque lúdico y una profunda fe cristiana. A lo largo de su carrera, ha recibido varios premios, incluyendo el Jabuti de Literatura y la Orden del Mérito Nacional. Su poesía, influenciada por autores como Rosa y Drummond, explora temas de amor, identidad y la experiencia femenina.

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ADELIA PRADO (Brasil, 1935)

FORMAS

De una sola manera se puede decir a alguien:


“no te olvido”.
La cuerda del violoncello queda vibrando sola
bajo un arco invisible
y los pecados desaparecen como ratas al descubierto.
Mi corazón asombra porque late
y hay sangre en él y va a parar un día
y se vuelve un tambor patético
si decís en mi oído:
“no te olvido”.
Manchas de luz en la pared,
una jarra pequeña
con tres rosas de plástico.

Todo en el mundo es perfecto


Y la muerte es amor.

Mandala

Mi mayor ficción es Jonathan,


Pero, como es poética, existe
y porque existe me mata
y me hace renacer en cada ciclo
de pasión y sueño.

Gritos y susurros

Este año es bisiesto, Jonathan.


En el cielo o en el infierno,
un día entero para nosotros.

Poema empezado por el final

Un cuerpo quiere otro cuerpo.


Un alma quiere otra alma y su cuerpo.
Este exceso de realidad me confunde.
Jonathan hablando:
parece que estoy en una película.
Si yo le dijese sos un estúpido
él diría sí, lo soy.
Si él dijese vení conmigo a pasear al infierno
yo iría.
Las casas bajas, las personas pobres
y el sol de la tarde
sobre nuestra fragilidad.
Venía con Jonathan
por la calle más torcida de la ciudad.
El camino del cielo.

Esquela de la muchacha osada

Jonathan,
aquí hay nazis desconfiados.
Ponete aquella camisa que detesto
-comprada en el Bazar Marruecos-
y venite como si fueras a reparar mi ducha.
Aprovechá el martes que mi padre va con mi madre
a visitar a la tía Quita a Lajeado.
Si cambiaran de idea, te mando una nueva esquela.
Vení sin paraguas –aunque esté lloviendo.
No aguanto más al tío Emilio que sabe y finge no saber
que noviamos a escondidas y vive poniéndote sobrenombres.
Eso que dijiste el otro día en la fiesta del campo
suena hasta hoy como música en mis oídos:
“no paro de pensar en vos”.
Yo también, Natinho, ni un minuto.
El martes, a las dos de la tarde,
hora en que sólo si el mundo acabara
dejaría de verte.
Con preocupación
Antonia.
Una vez más

No quiero amar más a Jonathan.


Estoy cansada de este amor sin mimos,
Destinado a volverse un amor de viejos.
Ay, nunca hablé así
-un amor de viejos.
Sin duda es una falsedad.
Así sea que Jonathan me olvide
Y esta canción desafine
como un mal bolero,
sigo queriendo la bicicleta holandesa
y después la cripta gótica
para que nuestros huesos descansen.
Eh, Jonathan,
no depende de vos
que el cántaro invisible rebalse oro.
Ni de mí.
Quiero afear el poema
para arrojarte mi desprecio,
en vano.
Lo escribe quien me dicta estas palabras,
lo escribe a través de mi mano.
Tregua

Hoy estoy vieja como quiero estar.


Sin ninguna estridencia.
Cambié todos los deseos por recuerdos
y una tacita de té.

Género

Desde un tiempo antiguo hasta hoy,


cuando un hombre me toma de la mano,
saltan dos recuerdos guareciendo
la secreta alegría de mi sangre:
la pelvis de la mujer es más ancha que la del hombre,
en función de la maternidad.
El Osvaldo Bonitao está saltando el muro de doña Gleides.
La primera, la saqué de un libro de anatomía,
la segunda, de un cuchicheo de María Vilma.
¡Oh! ¿por tan poco me incendiaba?
Yo estoy hecha de paja,
¿mujer que los griegos despreciarían?
Yo soy de barro y loca.
Soy barroca.
Antes del nombre

No me importa la palabra, la palabra común


lo que quiero es el espléndido caos de donde emerge la sintaxis
los sitios oscuros donde nacen: de, sino,
el, sin embargo, que, esta incomprensible
muleta que me apoya.

Quien entiende al lenguaje, entiende a Dios,


cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende.

La palabra es disfraz de una cosa más grave, sorda-muda,


fue inventada para ser callada.

En momentos de gracia, infrecuentísimos,


se le podrá atrapar: un pez vivo con la mano.
Puro susto y terror.

Con licencia poética

Cuando nací un ángel esbelto,


de esos que tocan la trompeta, anunció:
va a ser abanderada.
Cargo muy pesado para una mujer,
esta especie todavía avergonzada.
Acepto los subterfugios que me caben,
sin necesidad de mentir.
No soy tan fea que no me pueda casar,
encuentro a Río de Janeiro una belleza y
a veces sí, a veces no, creo en el parto sin dolor.
Pero lo que siento lo escribo. Acepto el destino.
Inauguro linajes, fundo reinos
– dolor no es amargura.
Mi tristeza no tiene pedigrí,
sin embargo mis ganas de alegría,
sus raíces llegan hasta mi abuelo mil.
Ser fallido en la vida es maldición para el hombre.
La mujer es desdoblable. Yo soy.

Chorinho dulce
Ya tuve y perdí
una casa,
un jardín,
un umbral,
una puerta,
un marco de ventana con un perfil.
Sabía una modinha y no la sé más.
Cuando la vida da descanso, vuelvo a querer
el umbral,
el portal,
el jardín
más la casa,
el marco de la ventana y aquella cara abandonada
Todo imposible, todo de otro dueño,
todo de tiempo y viento.
Entonces me da por llorar, horas y horas,
el corazón ablandado como un higo en almíbar.

Casamiento

Hay mujeres que dicen:


Mi marido, si quiere pescar, que pesque,
pero que limpie el pescado.
Yo no. A cualquier hora de la noche me levanto,
ayudo a descamar, abrir, cortar y salar.
Es tan bueno, nosotros solos en la cocina,
de vez en cuando los codos se tropiezan
él cuenta cosas como “éste fue difícil”,
“plateó en el aire dando coletazos”
y hace el gesto con la mano.
El silencio de cuando nos vimos por primera vez
atraviesa la cocina como un río profundo.
Por fin, el pescado en la bandeja,
vamos a dormir. Cosas plateadas estallan:
somos novio y novia.

El amor me hiere ahí bajo el brazo,


en el hueco que separa las costillas.
Llega a mi corazón por esta vía inclinada.
Yo pongo al amor en el mortero con ceniza
y grano morado y golpeo. Lo macero,
lo hago cataplasma
y lo pongo sobre la herida.

Taller

Pueden gritar las cigarras


y las sierras de los carpinteros.
Nunca serán tristes,
las rebanadas de la tarde
persisten unidas.
El mundo es incomprensible,
pero es bueno.
IMPRESIONISTA

En una ocasión,
mi padre pintó toda la casa
de anaranjado brillante.
Durante mucho tiempo vivimos en una casa,
como él mismo decía,
constantemente amaneciendo.

*
SOLAR

Mi madre cocinaba exactamente:


arroz, porotos morados, salsa con papitas.
Pero cantaba.

*
LA SERENATA

Una noche de luna pálida y geranios


él vendría con boca y mano increíbles
a tocar la flauta en el jardín.
Estoy en el comienzo de mi desesperación
y solo veo dos caminos:
o me vuelvo loca o santa.
Yo que rechazo y desapruebo
lo que no sea natural como sangre y venas
descubro que estoy todo el día llorando,
los cabellos entristecidos
la piel asaltada de indecisión.
Cuando él venga, porque es cierto que viene,
¿de qué manera voy a llegar al balcón sin juventud?
La luna, los geranios y él serán los mismos
- solo una mujer entre las cosas envejece.
¿De qué manera voy a abrir la ventana, si no soy loca?
¿cómo la cerraré, si no soy santa?

Constelación

Miraba a través del ventanal


derramarse la Vía Láctea
sobre la masa de los árboles.
A causa del cristal, de la transparencia del aire,
o porque me nacían lágrimas,
tenía la impresión de que algunas estrellas
se sumergían en el río,
otras se detenían en las ramas.
Pasajeros dormían,
yo clamaba por Dios
como el perro que sin amenaza aparente
ladraba desesperado en la noche maravillosa:
¡Oh Cordero de Dios, oh Cruz del Sur,
oh Cordero, oh Cruz!
Como el can, mi lengua ladraba
a la aterradora belleza.

Mi madre pensaba que el estudio / era la cosa más fina del mundo. / No lo es. / La cosa más fina del mundo es el
sentimiento./ Aquel día de noche, mi padre estaba haciendo horas extras,/ ella habló conmigo: / 'Pobre, hasta esta hora
haciendo trabajo pesado'. / Trajo pan y café, puso una olla en el fuego con agua caliente./ No me habló de amor. Esa
palabra de lujo.

Tiempo

A mí que desde la infancia estoy viniendo


como si mi destino
fuese el exacto destino de una estrella
me piden cosas increíbles:
pintarme las uñas, mostrar la nuca,
pestañear, beber.
Tomo el nombre de Dios en vano.
Descubrí que a su tiempo
van a llorarme y olvidar.
Veinte años más veinte es lo que tengo,
mujer occidental que si fuese hombre
amaría llamarse Eliud Jonathan.
En este exacto momento del día veinte de julio
de mil novecientos setenta y seis,
el cielo está brumoso, hace frío, estoy fea,
acabo de recibir un beso por correo.
Cuarenta años: no quiero cuchillo ni queso.
Quiero el hambre.

Adélia Prado
(Divinópolis, 13 de diciembre de 1935).

Es una escritora, poetisa y profesora brasileña.


Adélia Prado nació en la localidad brasileña de Divinópolis, en el estado de Minas Gerais, el 13
de diciembre de 1935. Era hija de Ana Clotilde Correa, una ama de casa, y del ferroviario João
do Prado Filho.1 Empezó a escribir en 1950, a raíz de la muerte de su madre.
En 1953 se graduó como profesora, ejerciendo en su ciudad natal. Se graduó en 1973 en la
Facultad de Filosofía y Letras de Divinópolis.
Sus orígenes humildes marcaron su obra. Sus textos retratan lo cotidiano con perplejidad y
encanto, orientados por su fe cristiana e impregnados de un aspecto lúdico, una de sus
especiales características. Las influencias de Rosa (Cordisburgo) y Drummond (Itabira) en la
obra de Prado son claves fundamentales para entender a esta poeta de Minas Gerais.
En 1978 ganó por su obra O coração disparado el Premio Jabuti de Literatura. En 2007 recibió
el Premio de Literatura Infantil y Juvenil de la Academia Brasileña de Letras por su libro
Quando eu era pequena.
En 2014 el Gobierno de Brasil le concedió la Orden del Mérito Nacional. Está considerada
como una de las grandes poetas vivas de Brasil.

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