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Chuch Lynch - Usted Puede

El libro 'Usted puede resolver ese conflicto' de Chuck Lynch es un manual práctico para la consejería, que ofrece herramientas basadas en principios bíblicos para resolver conflictos en diversas relaciones. A través de su experiencia de más de 50 años, el autor proporciona un enfoque accesible y efectivo para enfrentar problemas relacionales, enfatizando la importancia de asumir responsabilidades y aplicar la Palabra de Dios. Este texto es recomendado para pastores y líderes que buscan mejorar sus habilidades en la resolución de conflictos y promover la paz en sus comunidades.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
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Chuch Lynch - Usted Puede

El libro 'Usted puede resolver ese conflicto' de Chuck Lynch es un manual práctico para la consejería, que ofrece herramientas basadas en principios bíblicos para resolver conflictos en diversas relaciones. A través de su experiencia de más de 50 años, el autor proporciona un enfoque accesible y efectivo para enfrentar problemas relacionales, enfatizando la importancia de asumir responsabilidades y aplicar la Palabra de Dios. Este texto es recomendado para pastores y líderes que buscan mejorar sus habilidades en la resolución de conflictos y promover la paz en sus comunidades.
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Edición:

Editorial Foure®
www.editorialfoure.com

© Todos los derechos reservados


Primera Edición 2015

Publicado originalmente en inglés con el título:


You Can Work It Out
Copyright ©1999 Chuck Lynch
ISBN:1-4536-5402-x

Living Foundation Ministries, Inc. 611 R.D. Mize Road


Blue Springs, MO 64014.
www.lfmtools.org

Traducción al Español:
Lic Margarita Schwarck

Revisado y adaptado por:


Rigoberto Castellanos y María Luisa Espinosa

Coordinadores para Latinoamérica:


Lics. Francisco e Yrma Navarro.
Carrera 19 No 10-29 Barquisimeto. Lara. Venezuela
Teléfonos (0058)2517150029-(0058)4167964678-4166518064
[email protected] [email protected]
www.facebook.com/fundamentosdevida.org

En España:
Asociación Más por la Familia
www.masporlafamilia.es
Dos Hermanas, Sevilla, España.
Telf.: +34 670 020 528
[email protected]
Prohibida la reproducción parcial o total
Impreso en Eben Ezer Artes Gráficas
www.imprentaebenezer.com

Depósito Legal: SE-1868-2015


I.S.B.N.: 978-84-943802-4-2

Diseño y Maquetación: Adrián Fonseca


Dedicado a

John y Alice Bourdon

Francisco e Yrma Navarro

Mis amados amigos quienes aplicaron los principios de este libro

y cambiaron totalmente sus vidas, matrimonio, familia y ministerio.


RECONOCIMIENTOS
Con profundo aprecio honramos a Margarita Schwarck por su incansable
esfuerzo en la traducción del manuscrito del inglés al español. A lo largo de
este proceso, ella y su asistente a menudo llenaban sus ojos de lágrimas al
darse cuenta del poder de estos conocimientos bíblicos en la restauración de
las relaciones. En medio de este proyecto, Margarita se preocupaba por su
madre enferma en sus últimos días. Gracias, Margarita, por tu esfuerzo y
sacrificio, ofreciendo tu tiempo y talento para hacer que esta traducción sea
una realidad.

También mis bendiciones y agradecimiento a Francisco e Yrma de Navarro


en la adaptación y edición de cada capítulo traducido al castellano. A Yoivel
Dum y Jorgymar Pumar, por sus oraciones y apoyo en este proyecto y a las
muchas personas que colaboraron en la lectura y corrección de cada
capítulo que, aunque sus nombres no aparecen, El Padre Celestial si lleva
los registros y tiene presente el tiempo y la dedicación. Gracias.

- Chuck Lynch
PRÓLOGOS
Es una constante en el trabajo que por más de 45 años viene desarrollando
el doctor Chuck Lynch como consejero bíblico; una afirmación que ha
marcado nuestras vidas y que es fundamental para ejercer esta labor de
ayuda al prójimo. “Es necesario conocer a Dios y conocer a las personas”.
El conocimiento de Dios es de suma importancia para establecer la verdad
de los principios divinos en las que están atravesando.

Lejos de ser un libro cualquiera, “Usted puede resolver ese conflicto” es un


manual práctico, medible y que todo consejero debe tener a la mano para
hacer uso de la multiplicidad de herramientas que, de forma sencilla y a la
vez creativa, se nos presentan. Chuck Lynch nos introduce en el arte divino
de la consejería, el arte de saber estar, conectar, escuchar, crear, aportar y
aplicar los principios de la Palabra de Dios a una gran variedad de
experiencias reales que han generado y generan hoy conflictos en las
familias.

Su estructura facilita la memorización de técnicas y herramientas aplicables


a la consejería. Con una riqueza extraordinaria, el autor va hilando su
propia vivencia y la realidad de los casos tratados con consejos basados en
la Palabra de Dios, ejemplificados magistralmente con pasajes e historias
bíblicas.

El lenguaje amable y la línea conductora de esta obra transportan al lector al


sillón de la oficina de consejería de Lynch, a vivir de primera mano la
escena real de los casos tratados.

Rigoberto Castellanos y María Luisa Espinosa

Pastor y directores de Más por la Familia


*********

Cuando conocí a Chuck Lynch me sorprendió la claridad y sencillez de su


enseñanza. Después de asistir a un seminario donde explicaba de forma
práctica el contenido del presente libro, no me quedó duda en pedirle que
nuevamente, con más tiempo y dedicación, debía volver a nuestra iglesia a
formar a los líderes, especialmente a los que se dedican a la pastoral, en
cualquiera de sus áreas.

Tras leer el libro no puedo sino reafirmarme en la primera impresión.


“Usted puede resolver ese conflicto “ provee de un marco teórico para la
consejería preciso y a un tiempo accesible y fácilmente entendible. Es
revelador el concepto de los círculos de responsabilidad, que nos dan en una
sola imagen todo un paradigma de trabajo a la hora de afrontar el difícil
pero desafiante reto de la consejería pastoral.

Sin duda es un libro que recomendaré leer a todos los pastores y líderes que
quieran adquirir conocimiento y desarrollar destrezas para afrontar la
pastoral. A un tiempo consigue proveer de unas líneas de acción para los
consejeros que nos ayudarán a no llevar las cargas que no nos
corresponden, así como no sobrepasar los límites de nuestra acción pastoral,
lo cual redunda en el descanso y en la prevención efectiva del síndrome del
desgaste profesional, más conocido como síndrome del quemado o
burnout.
No deje pasar la oportunidad de leer y estudiar este manual de resolución de
conflictos, que es pertinente no sólo para la familia nuclear, sino para todo
tipo de relaciones: familia extensa, laborales, eclesiástica, amigos, etc. En
este manual, casi como una guía práctica, encontrará entre otras cosas: un
complemento para su formación en consejería; orientación para que los
equipos pastorales de las iglesias enfrenten la intervención en crisis;
directrices claras para conseguir una relación de colaboración entre las
diversas personas involucradas en un conflicto; una guía para el consejero
en la utilización de estrategias técnicas de mediación.

Felicito a Chuck y a su esposa Linda, fiel compañera en sus múltiples viajes


por todo el mundo, por este trabajo, fácil de leer y entretenido, que ha
decidido editar en español, lo cual es un regalo magnífico para aquellos que
necesitamos herramientas eficaces para la labor que el Señor nos ha
encomendado hacer con sabiduría y solicitud: cuidar de su rebaño.

Marcos Zapata

Pastor Iglesia Evangélica Buenas Noticias en Lugo. Experto en


Intervención Familiar.

Presidente de la Comisión de Familia y Educación de la A.E.E.

*********

Cuando llevábamos ya más de 10 años trabajando para fomentar en España


el ministerio de la consejería bíblica, Dios nos envió un regalo muy
especial: ¡los seminarios del Dr. Chuck Lynch! Junto con sus valiosos
materiales de formación, de los cuales forman parte sus libros – p.ej. este.
Apreciamos mucho su enfoque bíblico, práctico, realista y equilibrado. Sus
enseñanzas son de gran ayuda para todo creyente, pero también para todos
los que están en algún ministerio de liderazgo espiritual o de asesoramiento.
¡Recomendamos encarecidamente la lectura de sus libros!

Oliver y Sigrid Py

Misioneros en España desde hace más de 20 años (enseñanza bíblica y


formación),

cofundadores de la Asociación Bernabé de Consejeros Cristianos.

*********

La obra que tienes en tus manos es el resultado de más de 50 años de


experiencia de mi amigo Chuck. Con este aval bastaría, pero además siguen
dando peso a su libro otros aspectos: su profundo conocimiento de las
Escrituras, su formación académica y su pedagogía eminentemente práctica,
su pasión por la Obra del Señor y desde luego su propia experiencia de vida
a lo largo de su matrimonio. Las relaciones son la base de la vida, pero
inevitablemente se generan conflictos, y la resolución de los mismos exige
la toma de responsabilidades en varias áreas. De esto trata el libro. Su
teología no es hueca, está sólidamente aplicada a una práxis creativa e
innovadora, su pluma llena de ejemplos y casos de la vida real, conceden a
esta obra el título de excelente, y la hacen herramienta imprescindible para
el taller del consejero. Leela, disfrútala, pero sobre todo ¡Aplícala a tu vida
y ayuda a aplicarla en la de otros!

Juan Varela

Director del Instituto de Formación Familiar, escritor y conferenciante


internacional

*********

Desde mis años de desempeño ministerial, me he establecido la meta de


crear hogares donde haya honor y armonía; pero los conflictos son
inevitables. Chuck ha hecho un trabajo magistral, al revelarnos un
procedimiento poderoso y practico, para tratar con situaciones tan
complejas y desafiantes, que parecieren no tener solución. Siempre que
aceptes el desafío de trabajar con tus problemas relacionales más difíciles y
retadores, y los proceses a través de los pasos y las estratégias bíblicas que
Chuck menciona en este libro, verás los resultados emocionantes y
grandiosos que Dios tiene preparado para ti.

Dr. Gary Smalley

Consejero familiar y fundador del Smalley Relationship Center. Con 16


Best-seller,
es considerado uno de los autores más relevantes de E.E.U.U. en la
temática de las

relaciones familiares.
INTRODUCCIÓN
“Sí, ¡Seguro! Sólo un milagro podrá arreglar esta relación.” Yo te creo.
Tu conflicto particular puede parecer imposible. Quizás lo has intentado
todo y nada ha resultado ni funcionado bien. Estás en un callejón sin salida.
La situación es sobrecogedora e increíblemente complicada.

¡Muy bien! Este libro es para ti.

También puedes tener un familiar, un amigo o compañero de trabajo que se


siente que está entre la espada y la pared. Tú quieres ayudar o al menos
poder animarlo, pero no sabes qué hacer ni qué decir. Desde todos los
puntos de vista el conflicto se ve como un enorme enredo. Buenas noticias,
este libro es para ti también. Bien sea que estés enfrentando tú mismo una
situación muy compleja o que desees ayudar a otro a resolver sus
problemas, has venido al lugar correcto.

Durante más de cincuenta años Dios me ha dado el privilegio de servir a


personas que han enfrentado conflictos inimaginables. A lo largo de varias
décadas dos realidades me han impresionado: primero, que la Palabra de
Dios es tremendamente práctica y segundo, que Dios es absolutamente fiel
a Su Palabra. Déjeme explicarle.

Dios no está ajeno a los conflictos, de hecho, la mayor parte de la Biblia se


refiere a los conflictos de una manera u otra. Comienzan en el Génesis y
continúan hasta el Apocalipsis, último libro del Nuevo Testamento. Dios
creó al hombre y la mujer y sabía que habría conflictos entre ellos así como
lo que había que hacer para resolver las situaciones en las que ellos se
involucrarían. Él nos ha provisto de herramientas prácticas para equiparnos
de tal manera que podamos cooperar en aquello que Él hace tan bien: traer
paz en medio de la tormenta y reconciliación en medio de la alienación.

Cuando las personas me dicen cómo están lidiando con un conflicto, por lo
general, responden que lo que han estado haciendo es gritar o, por el
contrario, mantenerse callados y soportar. Los padres describen que lo que
han estado haciendo es regañar y criticar a los hijos por hacer algo que ellos
mismos están haciendo. En estos casos siempre les pregunto: “¿Te
funcionan estos patrones?” Y la inevitable respuesta es: “No”. Nunca ha
funcionado, no está funcionando ahora y no funcionará en el futuro. Ellos
están aferrados a patrones disfuncionales. Esta puede ser una de las razones
por las que Dios permite que los conflictos persistan: para exponer esas
estrategias disfuncionales y animar a las personas a considerar el aplicar la
Palabra de Dios en sus vidas de una manera práctica, es decir, utilizar las
alternativas bíblicas. Está claro que la manera de Dios de manejar los
conflictos no es la nuestra y que “nuestras maneras” no funcionan.

Somos libres para diseñar nuestra propia forma de hacer las cosas, pero la
mayoría de esas “maneras domésticas” de aproximarnos a los conflictos es
como si estuviéramos rodando con ruedas cuadradas con la dificultad e
incomodidad que ello supone. Dios nos muestra que existen métodos para
resolver conflictos que nos parecen buenos, pero su fin es camino de muerte
(Pr 16:25). Hay tres tipos de muerte: muerte espiritual, que es la separación
del hombre pecador del Dios santo; muerte física, que es la separación de
nuestro espíritu con respecto a nuestro cuerpo, y hay muerte relacional, que
es la separación de dos o más personas entre sí. El divorcio es un doloroso
ejemplo de ello.

Dios nos ha clarificado en Su Palabra qué es lo que verdaderamente


funciona para conseguir paz y reconciliación. Lo que necesitamos es
identificar la manera que Dios obra en la resolución de conflictos y, a
continuación, utilizar esas herramientas al máximo. Este libro se trata
justamente de eso. Los principios que he adquirido por años los he estado
compartiendo con muchas personas que han descubierto que realmente
funcionan, no porque ellos están diseñados a mi manera, sino porque han
sido hechos según “la manera” de Dios.

Este libro lo llevará a tomar los pasos seguros y correctos para resolver sus
conflictos. ¿Dónde puede comenzar cuando se encuentra en medio de una
situación que lo está desafiando? En estas páginas encontrará conflictos que
podría poner en juego la sabiduría de Salomón y mediante los cuales usted
aprenderá un simple procedimiento que le permitirá saber qué es lo que
realmente está sucediendo. Es como hacer una radiografía de la familia en
la que se muestra dónde está el daño y cómo debe ser tratado.
El próximo paso es asignar responsabilidad; decida quién es responsable de
las palabras, hábitos, acciones que no están funcionando en la relación y
reemplácelas por palabras, hábitos y acciones conforme a “la manera” de
Dios. Entonces aprenderá un poderoso procedimiento que le permitirá
actuar según los infinitos recursos de Dios, y en la medida que aprenda a
asumir su responsabilidad, encontrará la sanidad y el cierre adecuado a los
conflictos.

Aprenderá que Dios también tiene Su propio círculo de responsabilidad.


Estas son las cosas específicas que sólo Dios puede hacer para efectuar una
reconciliación. Si intenta hacer lo que sólo a Dios le toca hacer, fracasará.

Es vital el poder entender que hay algo que distingue a aquellos que tienen
éxito de aquellos que fracasan al resolver los conflictos. Dios no ha
prometido bendecir a los “oidores” de Su Palabra, sino a los “hacedores” de
ella. Observará que surge poder en las vidas de aquellos que identifican y
cumplen lo que está en su círculo de responsabilidad.

Unos de los asuntos prácticos que voy a analizar y revisar detenidamente en


este libro son:

¿Qué puede hacer cuando los demás que están envueltos en el conflicto no
están cooperando? Voy a describirle una disciplina específica que evitará
que los otros roben su paz, gozo y el poder que la gracia de Dios le otorga.

¿Qué pasaría si los otros no asumen ni cumplen su responsabilidad? Dios ha


provisto un test que nos puede ayudar a determinar la negligencia y dejarla
a un lado.

¿Qué pensará Dios de mí si hago todo lo que sé que tengo que hacer según
Su Palabra y aun así el conflicto permanece? Cuando una de mis
aconsejadas, Susan, aprendió la respuesta a esa pregunta, se emocionó
profundamente. Esto la liberó y le permitió ser una madre más eficiente
para sus tres hijas, estando divorciada.

¿Cuál será el beneficio que obtendré al saber y al aplicar los principios de


Dios a mis problemas, si los otros que están dentro de ese conflicto no
cambian? Existen al menos once beneficios que pueden cambiar su vida
personal cuando aplica las herramientas de Dios en cualquier situación
difícil.

¿Convencido? ¿Aún no? Esa es la razón por la que le pedí a Alice y John
Bourdon que relataran su propia historia. El dolor acumulado durante su
relación matrimonial podría perfectamente durar diez vidas; en cambio,
ellos identificaron cuál era la fórmula de Dios (para resolver y sanar su
matrimonio). Ellos asignaron y asumieron su propia responsabilidad y se
conectaron con el poder de la Gracia de Dios. Les referí que había muchas
parejas que se encontraban estancadas en una complicada y compleja
situación y a los que ellos podían ayudar. Estos principios no sólo
cambiaron el matrimonio de John y Alice, sino que también transformó
drásticamente su ministerio.

Tengo dos propósitos con este libro, uno compartir cómo utilizar Las
Escrituras para resolver conflictos personales y dos, animarle a ayudar a
alguien más usando las herramientas bíblicas que va a aprender. Estoy
compartiendo con usted lo que yo he aprendido. Usted puede resolver
situaciones en la medida que Dios le capacita a través del poder de su
gracia, para ejercer su responsabilidad personal

Chuck Lynch
1
¿PUEDE RESOLVERSE ESTE CONFLICTO?

«¡Lee esto, abuelo! Exclamó mi nieto. Estábamos hojeando un libro de


canciones de cuna, en parte leyendo y en parte memorizando comencé:

Humpty Dumpty se sentó en una pared,

Humpty Dumpty tuvo una gran caída,

Ni los caballos del Rey y todos los hombres del Rey pudieron juntar a
Humpty Dumpty otra vez.

En ese momento comenzó un interminable bombardeo de preguntas:

¿Por qué se cayó, abuelo?

¿Se maltrató?

¿Va a estar bien?»

Cada respuesta del abuelo simplemente desataba más preguntas en la mente


inquisitiva de Taylor. No podía aceptar el hecho de que Humpty Dumpty no
pudiera ser reparado y las cosas estuvieran mejor. En el mundo infantil de
Taylor todo puede arreglarse. En el mundo real, puede no ser así de fácil.

Una cosa es tratar de explicar a un niño de 3 años por qué Humpty Dumpty
no puede ser reparado, y otra muy distinta, explicar a Billy por qué su padre
no va a vivir más en casa con ellos, por qué su mamá pasa tiempo con un
hombre que no es su papá y por qué la iglesia se dividió luego de una
ruptura, y no alaban al Señor juntos.
Una cosa es tratar de unir y reparar cáscaras de huevo y otra muy distinta es
tratar de arreglar matrimonios fracturados, o resolver complicados
problemas de relación, donde están profundamente involucrados los hijos o
cuñados, porque mucho más está en juego. Tim, un amigo pastor, lo sabía
de primera mano.

Huevos revueltos

El pastor Tim dejó escapar un gran suspiro en el Teléfono. Su súplica era


simple y desesperada: ¡Auxilio! Una pareja en mi iglesia está al borde de
un divorcio. El esposo es un alcohólico, trabaja hasta tarde, abusa de su
esposa física y verbalmente. Sus hijos están en nuestra escuela cristiana. El
mayor está en período de prueba, por pelear; el que le sigue está
suspendido por robar dinero del fondo que se recolectó de la venta de
caramelos; la hija única es una niña precoz de 12 años que se comporta
como si tuviera 18 y está enfrentando un problema moral de larga duración.
La madre es gritona y controladora; es criticona y no parece ser muy
cuidadosa sobre dónde y cuándo descarga su ira con ellos o con cualquier
otro. ¿Por dónde comenzar con un lío como este? Buena pregunta.

Tim estaba experimentando la misma frustración inicial que usted puede


sentir si su hijo anuncia que quiere huevos fritos en vez de huevos
revueltos, luego de que ya usted ha batido los dos últimos que le quedaban.
Desenredar un desastre familiar parece tan imposible como tratar de
recuperar el huevo completo después de haberlo batido.

La ayuda es escasa

Aquellos que están deseando o intentan resolver estos complicados y


descorazonadores conflictos son escasos, aunque es comprensible. ¿Quién
no se ha consumido intentándolo? Cierto es: “Bienaventurados los
pacificadores, porque ellos serán llamados Hijos de Dios.” (Mt.. 5:9). A
veces los creyentes fracasan al no darse cuenta que Mateo 5:9 está seguido
por el versículo 10, “Bienaventurados los que padecen persecución por
causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” Aún los
Profetas del Antiguo Testamento que intentaron reconciliar la nación
rebelde –Israel– con un Dios justo, fueron asesinados por sus esfuerzos
(Mt.. 23:37).
La evasión, algo normal (El evadir es visto como normal)

Dudar sobre involucrarse en conflictos desordenados no es nada nuevo.


Aún el maestro reconciliador, el apóstol Pablo, enfrentó esa misma
resistencia cuando se vio como árbitro en amargos conflictos entre
creyentes de las nuevas iglesias que él había establecido. La iglesia de
Corinto había mostrado evidencias del tipo de complicados conflictos y da
en este sentido la sensación de impotencia frente a las luchas internas entre
los santos. El apóstol había invertido 18 meses de su vida en establecer y
discipular esta nueva iglesia de Corinto, Grecia. Durante su tiempo
(estancia) en Corinto, Pablo pensó que había dejado a esta joven iglesia con
un liderazgo bien consolidado, responsable y capacitado, pero las malas
noticias viajan rápido. Meses después se dio cuenta que había surgido
grandes conflictos entre sus miembros, pero lo peor de todo no era eso, sino
que ahora estaban recurriendo a las cortes paganas para resolver sus
asuntos, en vez de tratarlos dentro de los confines de la iglesia misma.
Fuera de esta frustración, el apóstol Pablo escribió con firmeza: “…Pues
qué ¿No hay entre vosotros ni uno solo que sea sabio para poder juzgar
entre sus hermanos? Un hermano pleitea contra otro hermano ¡y lo hace
ante los incrédulos!” (1ª Co. 6:5-6). ¿Eran tan complicados los conflictos
entre los Corintios que estaban más allá del poder (o capacidad) de
negociación entre ellos? ¿Era necesario acudir a los tribunales de justicia
sin Dios, para poder resolverlos?

En las relaciones interpersonales, por lo general no es la ausencia de la


verdad bíblica el problema; más bien, es la falta de sabiduría práctica para
aplicar la verdad a las situaciones difíciles y específicas lo que continúa
poniendo a la iglesia en confusión, a hogares en caos y a los familiares entre
la espada y la pared. Recoger los pedazos e identificar los hechos que
ocasionaron un conflicto, es una cosa, hacer algo significativo con ellos es
otra muy distinta.

El conflicto no es un extraño

Desafortunadamente el conflicto no es extraño a los cristianos. En la Biblia


está bien claro que Dios no se cohíbe en documentar esa realidad. El libro
de Santiago, uno de los primeros libros escritos del Nuevo Testamento, fue
directo al grano.
El autor menciona brevemente una de las primeras claves para hacer lo
imposible (desenredar los conflictos) posible: “...todo hombre sea pronto
para oír, tardo para hablar, tardo para airarse, porque la ira del hombre no
obra la justicia de Dios” (Stg. 1:19–20).

Esta clave es básica. Con frecuencia no es tomada en cuenta por su


simplicidad pero confirma lo que experimentamos. Los conflictos surgen
cuando una tormenta de palabras subidas de tono se expresan sin permitir el
escucharse atentamente uno al otro y reconocer el punto de vista del otro;
entonces la rabia sustituye a la razón y los problemas originarios se pierden
en medio del intercambio de la rabia. En este momento, las salidas del
conflicto y posibles soluciones se desvanecen.

Con frecuencia, suelo preguntar a las parejas que acuden a consejería: –


¿Cómo comenzó su última pelea?–. Mirándose entre sí, tratan de recordar
los disparos que iniciaron su escaramuza más reciente. La razón es muy
sencilla: ellos se mantienen un par de minutos en el problema inicial y
luego pasan a defenderse, etiquetarse, ponerse sobrenombres, culparse unos
a otros y traer al presente otros problemas.

En su libro, Santiago confronta el conflicto resultante del favoritismo y el


prejuicio. En el Capítulo 4 él se enfatizó en el uso de palabras que
fácilmente pueden encender el fuego del conflicto. Él no es sutil cuando
hace la pregunta: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre
vosotros?” Inmediatamente llega al meollo del asunto: lujuria, asesinatos,
envidias, contiendas, motivos equivocados y placeres egoístas" (Stg. 4:1-3).
Duramente enfatiza: “…No murmuréis los unos de los otros…” y finaliza
diciendo: “¿Quién eres tú para que juzgues a otros...?” (Stg. 4:11-12).

Finalmente en el Capítulo 5, Santiago expone la codicia del rico que explota


al pobre. Todas estas situaciones complicadas, cargadas de emociones es
sólo una muestra del gran espectro de problemas que enfrentaba
indirectamente la iglesia cristiana primitiva y que desafortunadamente
permanece en la iglesia y en la familia contemporánea. Mi propio padre, se
salió de una reunión de diáconos que había terminado en una contienda. Ni
aún Nuestro Señor, que ministró entre su propia gente, escapó de las
disensiones, y los discípulos, dentro de sus círculos más íntimos, no estaban
exentos de conflictos entre sí. Algo que es tan vergonzoso, como egoísta.
Mientras las oscuras sombras de las últimas horas de la vida de Jesús se
acercaban, Satán movió su ficha poniendo en el corazón de Judas traicionar
a Jesús por el precio de 30 piezas de plata. Mientras tanto, Jesús había
reunido a los discípulos para su última cena juntos. Fue durante esta cena de
Pascua que Él estableció lo que hoy llamamos “La Santa Cena” o “el
servicio de la comunión” en su memoria. El vino servido en la cena fue un
recuerdo de Su sangre derramada para establecer un nuevo pacto entre
Dios y el hombre. El pan, un recordatorio de Su cuerpo dado en sacrificio
por el pecado del hombre (Lc. 22:19). ¡Qué increíble experiencia sería para
estos discípulos! – aunque no para todos –ya que la codicia por el poder
yacía bajo cuerda y salió a la superficie. De nuevo, una discusión surgió
entre los seguidores de Jesús acerca de cuál de ellos sería el mayor (Lc.
22:24). Esta competencia de celos había sido una batalla constante entre los
discípulos desde el primer día (Lc. 9:46). Ellos esperaban que Jesús
estableciera un nuevo reino, por lo que habría muchas posiciones
importantes por las que velar (Mt. 20:20–24). Y aún después que Jesús
aplacó los ánimos y argumentos y fue hacia su muerte, los conflictos no
finalizaron con la cruz; se volvieron a levantar justo después del nacimiento
de la iglesia primitiva.

En medio del gran advenimiento del Espíritu Santo aparece un problema


práctico. Una queja surge entre los judíos no palestinos que sentían que sus
viudas no habían sido tomadas en cuenta en el servicio de la comida (Hch.
6:1). Los creyentes habían puesto sus recursos en un fondo común. Su
intención era compartir todo equitativamente (Hch. 4:32). Esta negligencia
notoria era un asunto muy delicado. ¿Cómo podrían los discípulos
resolverlo de una forma justa? Un principio específico de Las Escrituras
sirvió de base para solucionar este tenso asunto –el cumplimiento de la
responsabilidad personal.

Los doce apóstoles convocaron a la congregación de creyentes y


explicaron: “… No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para
servir a las mesas.” No se trataba de que ellos no quisieran hacerlo, Jesús
les enseñó a servir a los demás, (Mt. 20:26–27) pero cada discípulo tenía la
responsabilidad prioritaria de establecer la iglesia primitiva en la Palabra de
Dios. La solución fue simple: “buscad pues, hermanos, de entre vosotros a
siete hombres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y sabiduría, a
quienes encarguemos este trabajo” (Hch. 6:3). Porque los discípulos sabían
cuál era su responsabilidad primaria, pudieron delegar en otros esta tarea y
disipar las injusticias en la distribución de comida.

Aún en la iglesia más antigua y madura del primer siglo los conflictos no
eran extraños. Aunque el Apóstol Pablo obtuvo mucho reconocimiento por
la iglesia de Filipo, las fricciones existían. Él apoyó el esfuerzo de toda la
familia de la Iglesia para ayudar a dos mujeres que trabajaban tenazmente
en la obra de Cristo, Evodia y Síntique, para que aprendieran cómo resolver
sus conflictos y vivir en armonía en el Señor (Fil. 4:2–3).

Los grandes hombres y mujeres del Antiguo Testamento tampoco escaparon


al conflicto. Consideremos la amarga discordia marital entre Moisés y
Séfora. Moisés había fallado en su responsabilidad de circuncidar a su hijo
Gersón y Dios estaba a punto de quitarle la vida a Moisés por eso.
Aparentemente llena de ira, Séfora, su esposa, tomó un cuchillo de piedra y
cortó el prepucio de su hijo y, molesta, arrojó la piel a los pies de Moisés y
le dijo: “a la verdad, tú me eres un esposo de sangre” (Éx. 4:25b). ¿Siente el
amargo desdén? ¿El desprecio? ¿Y qué podemos decir del Rey David, el
hombre conforme al corazón de Dios? Cuando David llevó la procesión
regresando el Arca de la Alianza a Jerusalén, estaba saltando y danzando.
Cuando llegó emocionado a su hogar para bendecirlo fue abruptamente
recibido por su airada y avergonzada esposa Mical, quien descargó sobre él
una serie de hirientes reprimendas, diciéndole: “¡Cuán honrado ha
quedado hoy el Rey de Israel!, descubriéndose hoy delante de las criadas
de su siervo, como se descubre sin decoro un cualquiera.” (2º Sam. 6:20).

David se defendió respondiendo que él lo había hecho delante del Señor;


entonces, hizo algo que tiene lugar en la mayoría de los argumentos y que
muchos hacemos en los conflictos y discusiones. Cambió el enfoque sobre
su comportamiento y le recordó a ella que Dios lo había escogido para ser
el Rey de Israel – en lugar de su padre. Esta acusación de exhibicionismo
hirió profundamente a David. Aparentemente esta pelea resultó en alguna
forma de separación matrimonial, ya que Mical permaneció sin concebir
hasta su muerte (2º Sam. 6:20-23). Es una pena, ellos lo podrían haber
solucionado.
Las Escrituras describen también los resultados de conflictos entre
empleados y patrones (Mt. 20:1–16, Stg. 5:4) y ciudadanos y gobiernos
(Ro. 13). ¿Sabías que menos del 10 por ciento del Nuevo Testamento tiene
que ver directamente con evangelismo, mientras la mayoría del balance se
enfoca en cómo agradar a Dios, cómo llevarse bien con los demás y cómo
desenredar y resolver situaciones imposibles?

¿Cuál es la diferencia?

Entonces, si las familias cristianas, iglesias y organizaciones tienen


problemas… ¿Cuál es la diferencia entre ellas y el resto de la sociedad? Un
desilusionado amigo mío hizo estas preguntas. Yo lo había contratado para
servir en el equipo de Relaciones Públicas en una pequeña escuela de la
Universidad Cristiana del Medio Oeste. Él llevaba varios años lidiando con
el público general en un negocio altamente estresante en una compañía de
seguros, pero no tenía experiencia interactuando con creyentes en un
contexto cristiano vocacional. ¡Qué rudo despertar! Se había imaginado que
su trabajo en la administración de la Facultad estaría repleto de llenura
espiritual, cooperación y gentileza en cada jornada. Esa percepción duró
menos de un mes. Nunca olvidaré su rostro perplejo mientras me desafiaba
a explicarle el tipo, la clase de conducta que estaba experimentando de parte
de los “bien sazonados” santos. – No lo entiendo – descargó con
exasperación –. No esperaba encontrarme con este tipo de comportamiento
en una organización cristiana. Su burbuja había explotado.

Él mismo era un veterano líder de su Iglesia, no era extraño a las políticas


religiosas ni a los problemas, pero… ¿problemas y conflictos en una
universidad bíblica? ¿Cómo podría ser? La respuesta es sencilla: los
cristianos tienen los mismos conflictos básicos y luchas complicadas que
aquellos que no tienen afiliación religiosa; lo que hace la diferencia es el
cómo responden a los conflictos y qué herramientas usan para resolverlos.
Los cristianos comienzan con la premisa: “tú puedes resolverlo” Porque
Dios nos ha dado todas las herramientas para hacerlo (2ª Pe. 1:3–4).

Herramientas con las cuales vivir

Dios ha diseñado y nos ha otorgado herramientas poderosas que Él espera


que utilicemos para resolver los conflictos más desafiantes, los que parecen
no tener solución alguna. Estas herramientas bíblicas poseen varias
características comunes. En primer lugar, son universales; pueden ser
utilizadas con los creyentes tanto como por aquellos que no profesan la fe
cristiana. Las herramientas transcienden todas las barreras culturales y
religiosas. En segundo lugar, como herramientas de Dios para resolver
conflictos son un reflejo de Su carácter. Él espera que los creyentes se
relacionen unos con otros, no de acuerdo con su propia naturaleza egoísta,
sino de acuerdo con la nueva naturaleza que han recibido de Él. Las
herramientas que nos ha dado para desenredar problemas difíciles sólo nos
revelan Sus caminos. Moisés creció para entender los caminos de Dios a
través de la difícil experiencia de guiar a Israel hacia la Tierra Prometida. Él
aprendió el carácter y caminos de Dios a través de los muchos conflictos
que vivió con el pueblo de Dios, Israel.

Moisés tuvo también el deseo de conocer los caminos de Dios. Él reveló la


verdadera razón con una oración hecha de corazón: “…te ruego que me
muestres ahora tu camino, para que te conozca y halle gracia a tus ojos…”
(Éx. 33:13).

En la medida que usted trabaja con relaciones hirientes está por vivir una
aventura excitante. Va a descubrir el poder de la responsabilidad personal,
pero también va a aprender algo más: a conocer a Dios en la medida que
usted actúe y se mueva a la manera de Dios, según Sus caminos, utilizando
Sus herramientas, tal y como lo hizo Moisés.

Uno de los comentarios más consistentes que he escuchado, tras observar a


cientos de personas luchar a través de situaciones difíciles para alcanzar la
victoria, es: “esto me ha llevado a estar más cerca de Dios”. Este será uno
de los beneficios personales más alentadores en medio de la lucha, mientras
buscas restaurar una relación hecha pedazos.

Además, estas herramientas o principios están basados en la verdad. ¿Por


qué? Porque Él es verdad y Él da gracia sólo por la verdad. “… El Verbo se
hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad.” (Jn.. 1:14). Él
siempre obró en la esfera de la verdad y la realidad, nunca en la negación.

Finalmente, estas herramientas forman parte de su naturaleza espiritual por


dos razones: primero, Dios es espíritu, su propia esencia es espiritual (Jn.
4:24); segundo, en medio de nuestros conflictos estamos luchando con seres
espirituales que actúan sobre personas. El Apóstol Pablo confirma esto
cuando dice: “… no tenemos lucha contra sangre ni carne...” (Ef. 6:12).
Usted puede objetar: – Pablo no conoce a mi cuñado y toda la confusión
que está causando en mi familia. Él no es un espíritu, es un “Hulk” de 109
kilos que dice lo que piensa y hace lo que quiere. Por esta causa, cada
reunión de familia es un desastre predecible –. Dejemos terminar a Pablo.
Él claramente define quién está detrás del comportamiento de ese cuñado:
“… sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de
las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes.” Usted podría seguir objetando: –Mi cuñado no está en
lugares celestiales causando confusión en la familia, él está aquí en tierra
firme –. Es verdad, pero la fuerza, la energía de su conducta no viene
justamente de él mismo. Él es influenciado por el espíritu de maldad que
está detrás de este sistema mundial, Satanás.

Pablo predicó esto a la Iglesia de Éfeso: Uds. “…estaban muertos en


vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo,
siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad
del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.” (Ef.
2:1-2)

¿Cuerno y cola?

Un día Jesús comenzó a explicar con detalles a sus discípulos cómo Él


debía ir a Jerusalén a sufrir en manos de los Ancianos, Sumos Sacerdotes,
Escribas y finalmente, ser ejecutado en una cruz. Sin embargo, ese no era el
fin, era sólo el preludio a una gloriosa resurrección tres días después. Pero
esta desoladora perspectiva cayó como una bomba en los discípulos,
especialmente en Pedro, quien, tomando a Jesús aparte, comienza a
reconvenir al Señor agudamente, diciendo: “…-Señor, ten compasión de ti
mismo ¡En ninguna manera esto te acontezca!.” (Mt. 16:22). ¿Siente la
intensidad de la confrontación? Considera la firme respuesta de Jesús:
“Quítate delante de mí, ¡Satanás!, me eres tropiezo...” (Mt. 16:23). ¿A
Pedro repentinamente le brotaron unos cuernos, una cola y sostenía un
tridente mientras decía estas palabras? Por supuesto que no. Sospecho que
Pedro miró sobre su hombro para ver a quién estaba corrigiendo Jesús. De
hecho, Pedro habría declarado que fue él, no Satán, quien estaba envuelto
en esta interacción verbal. Ya Jesús sabía que era la estrategia de Satanás
usar sus propios discípulos para intentar torcer su propósito de ir a la cruz a
morir por los pecados del mundo.

Considera la traición de Judas a nuestro Salvador. A primera vista pareciera


que un discípulo ambicioso deseara engordar sus fondos traicionando a
Jesús con los líderes religiosos. Parece una simple y pura codicia, pero el
Dr. Lucas nos ilumina el esquema real de las cosas: “entró Satanás en
Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno de los doce…” (Lc. 22:
3a) ¿Estaba Jesús luchando contra el Judas de carne y hueso o contra el
maligno Satanás?

Jesús combatía en ambos niveles: gente de carne y hueso, y espíritus


demoníacos que estaban detrás de las huellas humanas de la historia. En
realidad, nosotros también lo hacemos, pero al menos tenemos la
perspicacia para saber qué podría estar en última instancia detrás de los
confusos y complicados problemas que enfrentamos con los demás.

¿Serán estas herramientas bíblicas eficaces para desenmarañar problemas


difíciles? Sí, lo serán porque son de Dios y Él declara que ellas tienen poder
divino para destruir argumentos y toda pretensión que se levanta contra el
conocimiento de Dios (2ª Co. 10:4). ¿Cuáles son, en esencia, esas
herramientas?

Definiendo herramientas

Es raro encontrarse con algún proyecto para reparar la casa que no incluya
más de una herramienta. El uso de las herramientas adecuadas hace que
completar la tarea sea posible y más fácil. Asimismo, al lidiar con
complejos problemas relacionales que aparentemente parecieran desafiar
toda solución posible, podemos vernos llamados a utilizar más de una
herramienta.

Así como las herramientas para reparar casas y motores vienen en distintos
tamaños y formas, también lo son las de Dios para reparar relaciones
humanas. Por una parte no son complicadas ni requieren mucho
entrenamiento ni destreza laboral. Como herramienta de taller estos
principios se vuelven más efectivos con el uso y la experiencia. Por otra
parte, son duras de usar a causa del orgullo, miedo, rabia, rechazo,
venganza, crítica y la siempre presente posibilidad de malentendidos.

Recuerda que Jesús utilizó las mismas herramientas divinas de las que
vamos a hablar y Él fue asesinado no sin antes dejarnos un ejemplo para
seguir Sus pasos (1ª Pe. 2:21). Una vez más, he encontrado en mi propia
vida que estas herramientas para resolver problemas se hacen más efectivas
con el uso.

Hay 4 herramientas

La primera es La Verdad. Esta puede ser vista como un arma o como una
herramienta. En Efesios 6:14 vemos la verdad en el primer lugar de nuestro
arsenal espiritual. La negación, el encubrimiento, la minimización de
conflictos y malas acciones son la estrategia del maligno para evitar la
solución bíblica a situaciones difíciles (Gn.. 3:4). Muchos de los conflictos
no se resuelven porque la verdad no se aplica. A menudo se generan
conflictos mayores porque la verdad de las Escrituras no se está aplicando.
La realidad de la situación es negada o no se está tratando de frente. La
verdad de La Palabra de Dios es una herramienta esencial y vamos abordar
problemas complicados en este libro. La negación del cristiano básicamente
cierra, bloquea el acceso de Dios a una herida o conflicto que Él quiere
sanar para nuestro beneficio y para Su gloria. (Mt. 5:16)

La segunda herramienta es un comportamiento o acción. Dios define


claramente qué acciones deben o no deben tomarse en muchas situaciones
difíciles. Vamos a ver que cuando no se toman ciertas acciones precisas, la
solución se escapa de nuestro alcance. Por el contrario, cuando se aplican
de forma coherente ciertas acciones o conductas pueden dar lugar a la
restauración y cierre. Tal vez el cierre no puede convertirse en una realidad
para todos los involucrados en el conflicto pero al menos sí para usted,
después de haber hecho todo lo que le corresponda. Usted puede estar de
pie con confianza (Ef. 6:13).

La tercera herramienta es actitud, la cual puede lograr o impedir la


resolución de un conflicto. Nuestras actitudes controlan la manera cómo
usamos las otras herramientas al igual que determinan cuán efectivas
pueden resultar. Por ejemplo, el orgullo puede generar un conflicto mayor,
pero una actitud de gentileza genuinamente expresada puede abrir la puerta
del más duro corazón. (Gá. 6:1).

Herramienta principal – Poder de la responsabilidad personal

Esta es la herramienta principal que vamos a utilizar. El poder de la


responsabilidad personal se encuentra entretejido a lo largo de las
Escrituras. El primer capítulo de Génesis apenas concluye antes de que se
dé a conocer esta herramienta. Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree sobre los peces del mar,
sobre las aves del cielo, sobre el ganado, sobre toda la tierra y todo animal
que se arrastra sobre la tierra" (Gn. 1:26). Dios expande el concepto de
gobierno del hombre en su inclusión en el jardín del Edén, “para que lo
labrara y lo guardase" (Gn. 2:15).

Usted podría preguntar: –¿Dónde está la herramienta?–. Observe las


palabras señorear, labrar y guardar. Estas son tareas que implican
responsabilidad personal. Dios declaró a Adán y a Eva: “les estoy dando
poder sobre estas cosas y tienen que cuidar y cultivar este jardín, esta es su
responsabilidad”.

Luego Dios introdujo un nuevo concepto a Adán y Eva. No era vago o


ambiguo, era claro y directo: “y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo:
de todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien
y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente
morirás” (Gn. 2:16-17). Dios estableció un límite: “pueden comer
libremente los frutos de cualquier árbol, disfrutar y alegrar sus corazones,
pero Yo estoy estableciendo un límite o frontera, no la traspases por comer
de este árbol, eso sería una transgresión.” El término transgresión, está
formado por dos palabras: trans, que significa a través, y gresión, que
significa caminar; por tanto, esta palabra significa traspasar un límite,
frontera, orilla o verdad.

A Adán y Eva se les dio la responsabilidad de no hacer algo. Dentro de su


esfera o círculo de responsabilidad tenían que señorearse, cultivar, cuidar y
disfrutar la abundancia de la tierra. Tenían el completo poder de Dios sobre
ellos. Tenían el respaldo absoluto de Dios y Su poder pero no podían salirse
o traspasar su círculo de responsabilidad y comer del árbol del
conocimiento del bien y del mal. Fue la violación del límite determinado
por Dios por parte de Adán y Eva lo que estableció los fundamentos para
los conflictos humanos; y desde que ellos violaron primero los límites de
Dios, nosotros ahora violamos los límites entre nosotros, y los conflictos se
producen.

Los doctores John Townsend y Henry Cloud, en su clásico libro “Límites”


afirman claramente que la incapacidad para establecer límites personales en
momentos apropiados con personas adecuadas es uno de los problemas más
serios que enfrentan los cristianos de hoy. Ellos han sido capaces de rastrear
muchos síntomas psicológicos clínicos como la depresión, trastornos de
ansiedad, trastornos alimenticios, adicciones, trastornos compulsivos,
problemas de culpa, vergüenza, trastornos de pánico y luchas matrimoniales
y relacionales, con conflictos y con los límites. Yo añadiría a la violación de
los límites la falta de identificación, de asumir y cumplir con el círculo de
responsabilidades dentro de sus fronteras. Estas raíces del mal del conflicto
comenzaron en el Jardín del Edén.

Entra la maldad y el conflicto

Nuestro primer contacto con el mal en la Biblia está registrado en el


capítulo tercero del Génesis: "Pero la serpiente era astuta, más que todos los
animales del campo que Jehová Dios había hecho.” Y dijo a la mujer: En
efecto, Dios ha dicho ¿No comeréis de ningún árbol del huerto? Ella
respondió que había una cosa que no debían comer o tocar y agregó la
palabra "tocar" para la instrucción de Dios. La serpiente, el padre de la
mentira (Jn.. 8:44), lanzó un ataque frontal con una mentira: "seguramente
no morirás" (Gn. 3:4). Él le ofreció, además, una elevación personal a la
Divinidad y el poder. Por cruzar esta barrera o límite y dejando su círculo
de responsabilidad ellos serían como Dios, conocedores del bien y del mal
(Gn. 3:5). Ella miró, tomó, comió, y… tan generosa. ¿Generosa? se volvió
hacia Adán quien estaba de pie junto a ella, y tomó de su mano el fruto
prohibido y se lo comió.

¿Cómo sabemos que esta fue la primera introducción de la maldad en el


ámbito humano? El apóstol Pablo estaba preocupado por los creyentes de
Corintios, que pudieran caer en la misma trampa del engaño: “pero temo,
que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, nuestros sentidos sean
de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2ª Co.
11:3).

Entonces al anciano apóstol Juan, que había sido exiliado en la isla de


Patmos, le fue dicho por el Espíritu de Dios el futuro e identidad de la
serpiente, la cual reportó en su libro: “Y el gran dragón, la serpiente
antigua que se llama diablo, Satanás, el cual engaña al mundo entero”
(Ap. 12:9).

Si tuviéramos la oportunidad de entrevistar a Eva observando esta engañosa


experiencia, justo en el momento anterior al que ella comió de la fruta,
podríamos preguntarle: “¿Con quién crees que estás hablando allí en el
jardín?” Probablemente su respuesta sería: “¿Por qué, me preguntas? Por
supuesto que con una serpiente”. Pero mediante la palabra inspirada de
Dios ahora sabemos que la serpiente era un disfraz para Satanás, al igual
que Pedro se convirtió, sin saberlo, en una pieza de la boca de Satanás (Mt.
16:23). ¿Fue Eva confrontada por un reptil de carne y sangre o era un
gobernador, un poder, y una fuerza espiritual de maldad que se escondía
detrás de ella?

¿Dónde estás tú, Adán?

En ese instante, algo no sucedió. Aunque Adán y Eva traspasaron los


límites, la frontera y comieron, ninguno de ellos se derrumbó en la muerte.
Pero algo más sucedió. Con el pecado entró algo más devastador a la
primera familia y, en última instancia, a nosotros –el sentido de la
vergüenza. En ese instante supieron que estaban desnudos. Ese problema se
resolvió rápidamente. Crearon la primera declaración de moda con hojas de
higuera cosidas juntas y se hicieron vestimentas para ocultar su desnudez
(Gn. 3:7). Esto remedió un problema inmediato.

Entonces, escucharon algo; un sonido. No era un sonido cualquiera –era la


voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día. Gran cosa.
¿Y qué? El miedo se introdujo en los corazones de la primera familia:
“corre, ¡escóndete! Aquí viene Dios -debieron haber pensado –rápido,
escóndete entre los árboles, allí estaremos seguros. ¡Dios nunca lo sabrá!
Esto también pasará”. Entonces escucharon una voz profunda: “Adán,
¿Dónde estás?” ¿Acaso es necesario que un Dios Omnisciente pregunte la
ubicación de un hombre en la clandestinidad? La llamada era para
beneficio de Adán, no de Dios.

Adán habló. Él no contestó “dónde” había sido descubierto. La respuesta de


Adán fue un “qué” y un “por qué”, de forma que se justificó diciendo: “oí
tu voz en el jardín y tuve miedo porque estaba desnudo y me escondí.” (Gn.
3:10).

Entonces Dios hizo dos preguntas puntuales: “¿Quién te dijo que estabas
desnudo?” Sin esperar la respuesta añadió: “¿Haz comido del árbol del cual
te mandé no comer?” (Gn. 3:11). En otras palabras, ¿Has fallado en tu
responsabilidad? ¿Has dejado tu círculo y cruzaste hacia el mío?

Uno de los obstáculos más importantes para resolver problemas


complicados tiene lugar justo en este momento: pasar la culpa. La mujer fue
el primer blanco. Adán dijo: “Si no fuera por ella, este desastre nunca
habría sucedido. Ella me dio del fruto y no tuve otra opción más que
comerlo.” Adán era lo suficientemente atrevido como para confrontar a
Dios: “La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol y yo comí”
(Gn. 3:12).

En otras palabras, este problema es completamente culpa tuya y de ella. La


respuesta de Adán fue una abdicación total de su responsabilidad personal.
Así como entonces, hoy día casi todos los problemas o conflictos
complicados pueden ser remitidos a los fallos a la hora de cumplir las
responsabilidades personales. Desde este punto, el asunto más primario que
la humanidad enfrenta es justamente este, la responsabilidad personal. El
cumplimiento del propio círculo de responsabilidad o el hecho de no
hacerlo determinará la calidad de vida, la calidad de las relaciones y la paz
interior. La calidad de vida de Eva se deterioró inmediatamente: No pudo
manejar la carga de su culpa personal o la culpa proyectada de su esposo.
Ella hizo la única cosa que vio hacer a su esposo, traspasar la culpa: “la
serpiente me engañó y comí.” (Gn. 3:13) Ella no podía defenderse por
haber caído en la trampa y Dios lo sabía.

Nuevas responsabilidades
Eva sufrió dos grandes consecuencias. Tal y como estaba en el plan original
de Dios aún podía tener y criar hijos; pero ahora Dios declara que la mujer
experimentaría dolores de parto. Las mujeres de todas las épocas pueden
corroborar que esto es verdad. Yo lo he visto de primera mano en mis dos
hijas DeeDee y Michelle, y en mis dos nietos, Taylor y Brittany.

La segunda consecuencia del pecado de Eva es quizás la más dura: “tu


deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti” (Gn. 3:16b) Aquí, uno
casi puede ver dibujadas las líneas de batalla.

La traducción de la palabra “deseo” en Hebreo es la misma utilizada en


Génesis 4:7b. En este pasaje Dios le habla a Caín, tras fallar en el
cumplimiento de su responsabilidad de presentar la ofrenda prescrita a
Dios: “el pecado está a la puerta, acechando (su deseo es por ti). Con todo,
tú lo dominarás.” Pareciera que Dios le está diciendo a Eva: “de la misma
manera que el pecado desea gobernarte, Eva, así mismo desearás controlar a
tu esposo, pero él tendrá la máxima responsabilidad para gobernar sobre ti”.

Dios no fue ambiguo acerca de lo que quiso decir con “señorear”. Él le


reveló al apóstol Pablo cómo debía interpretarse en Efesios 5:25 “Esposos,
amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su iglesia y se entregó a sí
mismo por ella.” Así como Cristo, un esposo en su rol de liderazgo sobre su
esposa, debe ser un ejemplo de sacrificio personal y no de control
dominante. Jesús vino a servir, no a ser servido (Mr.. 10:45), así mismo, el
esposo está para servir a cada miembro de la familia en amor sacrificial.

En lo que respecta a Adán, fallar en el cumplimiento de su responsabilidad


personal ocasionó que la tierra fuera maldita. Ahora su atención se centraría
en el trabajo - el trabajo duro- (Gn. 3:17-19). Por otra parte, Eva quería una
relación con su marido y estaría tentada a controlarlo para conseguirlo.
Adán, por su parte, se convertiría en alguien enfocado en el trabajo,
consumiendo así el tiempo y energía para la relación con su esposa e hijos.
Una mezcla de combustible a punto de estallar tras la chispa más pequeña
de conflicto.

El fracaso de Adán y Eva en llevar a cabo sus responsabilidades no terminó


sólo en muerte física sino en una muerte espiritual o separación del Dios
Santo.
El apóstol Pablo comentó las consecuencias generacionales de este acto
egoísta: “así como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el
pecado, la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos
pecaron.” (Ro. 5:12)

La muerte física tocó la puerta de la primera familia por medio de sus hijos.
¿Cómo? Una vez más, ocurre a raíz de no cumplir con su responsabilidad
personal; porque Dios aceptó el sacrificio de sangre animal de Abel y
rechazó el sacrificio sin sangre hecho de la producción agrícola de Caín,
quien se molestó con Dios. Dios no podía hablarle a Caín sobre cómo hacer
sacrificio aceptable a Dios. Dios le explicó cómo su desanimado semblante
podría ser levantado. También le advirtió cómo el pecado estaba acechando
como león hambriento listo para saltar sobre él y destruirlo. Aún había
esperanza. Él podía resolverlo asumiendo su responsabilidad personal, tenía
el poder de manejarlo. Caín escogió permanecer enojado y desobediente.
No quiso cambiar. Se volvió amargado y lleno de odio. Esto reflejaba quién
estaba controlándolo. El apóstol Juan expuso el origen de este control en 1ª
Juan 3:12, “Caín, que era del maligno,…mató a su hermano, ¿y por qué
causa lo mató? Porque sus obras eran malas y las de su hermano eran
justas.”

Caín no asumiría su responsabilidad personal para cambiar, quizás porque


estaba demasiado celoso de Abel. Sin duda, el enojo de Caín escaló hacia la
rabia mientras hablaba con Abel acerca del rechazo de Dios a causa de su
ofrenda. Esa rabia surgió y encontró un blanco, matar a Abel (Gn. 4: 8).

¿Dónde está tu hermano?

Tal como Dios cuestionó a Adán y a Eva, llamó a la conciencia de Caín con
esta pregunta: “¿Dónde está Abel tu hermano?” La respuesta de Caín fue
una absoluta mentira: “Yo no sé”, seguida por una actitud defensiva:
“¿acaso soy guarda de mi hermano?” (Gn. 4:9); en otras palabras, ¿es que
acaso tengo la responsabilidad de velar por el bienestar general de mi
hermano? “Él no es mi responsabilidad.”

"El acto de abdicar de la propia responsabilidad personal tiene su origen en


un corazón manipulado por el maligno, Satanás (1ª Jn. 3:12). La ira
profunda, la rebeldía contra Dios y el rechazo a las responsabilidades
personales son descritos por Judas como "el camino de Caín" (Jud 1:11).

Caín podría sentir que él no era guardián de su hermano, pero fue el asesino
de su hermano (Gn. 4:10). Por tanto, Dios le dio un cierre a este conflicto a
través de la herramienta de responsabilidad humana. Dios juzgó a Caín y le
impuso una sentencia: “serás un vagabundo y errante en la tierra” (Gn.
4:12), pero Dios también le otorgó misericordia poniendo señal de
protección sobre Caín de aquellos que estaban molestos por sus acciones,
de forma que cualquiera que matase a Caín, sería castigado siete veces en
señal de venganza (Gn. 4:15). Al igual que con Caín, Dios no lidia con
nosotros por medio de fórmulas sino que se mueve mediante los preceptos y
principios de Su Palabra. Las herramientas de Dios para resolver los
conflictos no son llevadas como si fueran fórmulas sino como principios.

Las Herramientas no son fórmulas

Mi disciplina personal de vida consiste en leer una nueva Biblia cada año,
pero cada año me sumerjo en una diferente y emocionante sección. Una de
las cosas que disfruto de manera especial cuando leo los Evangelios
Sinópticos, (Lucas, Mateo y Marcos) y el Evangelio General de Juan es
observar cómo Jesús ayudaba a la gente. Su forma de aproximarse a los
demás y a las necesidades de la gente no era como si fuera una fórmula. Él
nunca tuvo dos encuentros que fueran tratados de la misma manera o ni
siquiera parecidos. En una ocasión, Él simplemente tocó los ojos de dos
hombres ciegos y fueron sanados (Mt. 9:27–30). En otra, Jesús vio un
hombre que era ciego de nacimiento y escupió en la tierra, hizo barro con
ella y lo puso en los ojos del hombre; entonces le dio instrucciones de
lavarse los ojos en el estanque de Siloé. Después de hacerlo fue sanado (Jn.
9:1–7). Finalmente, Juan y Marcos registran el momento cuando Jesús llevo
a un ciego fuera de la aldea de Betzaida, escupe en sus ojos y posa sus
manos en él. Tras poner sus manos en sus ojos una segunda vez pudo ver
con claridad (Mr. 8:22–25).

¿Qué fórmula podemos aprender de estos tres milagros? ¿Nosotros tocamos


los ojos de la gente, escupimos al suelo o escupimos a los ojos? Puedo
imaginarte sacudiendo la cabeza o diciendo: “yo siento…” Jesús no nos
hace hincapié en fórmulas más que la fe; fe en Él, fe en Su Palabra. No
existe tal cosa como… siete pasos para lograr “esto o aquello” o nueve
pasos importantes para garantizar “tales resultados”; esto no sucede ni
siquiera en el área tan importante de la oración.

Los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar y Él lo hizo y les
dio lo que llamamos “El Padre Nuestro” (Mt. 6:9–13). En realidad, fue la
oración de los discípulos. Sin embargo, Jesús nunca pretendió que fuera la
primera o la última palabra en la oración. También vemos la oración
sacerdotal de nuestro Señor registrada en detalle en Juan 17. Es muy
perspicaz, pero no un tratado exhaustivo sobre el tema.

De la misma manera, el poder de la responsabilidad y cómo lo trabajamos


en situaciones difíciles no es una fórmula, es un principio de Las Escrituras
y expresión del carácter de Dios. Es una manera de Dios. Sin embargo, la
implementación de sus caminos puede o no puede traer la paz, a pesar de
que podemos desearla firmemente, especialmente con alguien querido para
nosotros.

Paz en la tierra

En las Escrituras nos enfrentamos con dos realidades que si se colocan una
al lado de la otra parecen contradictorias. La primera es la paz. Nuestro
Señor es Príncipe de Paz (Is. 9:6) La paz refleja Su Carácter, es el objetivo
principal de toda relación porque Él nos ha llamado para la paz (1ª Co.
7:15). Nosotros debemos encaminarnos, buscar y perseguir la paz con todos
(He. 12:14; 1ª Pe. 3:11). Hay una responsabilidad personal al trabajar a
favor de la paz. El apóstol Pablo nos urge fuertemente en Romanos 12:18
“En cuanto os sea posible y dependa de ustedes, estén en paz con todos los
hombres.”

La expresión “en cuanto os sea posible” nos lleva a la segunda realidad


reflejada cuando Jesús dijo:” No creáis que he venido a traer paz en la
tierra; no he venido a traer paz, sino espada.”(Mt. 10:34). Pero se dio cuenta
qué tipo de relaciones pueden ser afectadas por su presencia: "Yo vine a
poner al hombre contra su padre" (vs. 35). ¿Cómo puede ser esto si es que
quiere honrar a su padre? (Ef. 6:2), y ajusta "a la hija contra su madre. . .
"¿Cómo encaja esto con el hecho de que una hija debe honrar a su madre
para que le vaya bien y sus días se alarguen en la tierra? (Ef. 6:2–3).
La familia extendida también está incluida en esta “espada”. La nuera
puede ponerse en contra de su suegra. En este sentido, Jesús concluyó con
una declaración drástica del profeta Miqueas que tropieza con los propios
fundamentos de la sociedad, la familia. El enemigo del hombre está entre
los miembros de su familia (Mi. 7:6) ¿Por qué? La respuesta es simple:
cuando un hombre hace las paces con Dios puede ser expulsado de su
familia, desheredado, rechazado, deshonrado, prohibírsele votar, ser
excluido, confinado e incluso, declarado muerto. Aún, la salvación es una
"espada". La obediencia a Dios, incluso en una familia cristiana, puede dar
lugar a algunas de las reacciones mencionadas.

Una madre sobreprotectora podría impedir o no dejar que su hija casada se


vaya. Ella podría aún querer controlarla en su matrimonio. Si esa hija se va
y se afianza con su esposo, y respetuosamente rehúsa ser controlada por su
madre, más de una espada de separación habrá entre madre e hija. La
obediencia a Dios puede generar una espada de separación. ¿Qué harían un
hijo e hija casados en un caso así? ¿Cuál es su responsabilidad hacia su
suegra? Esto puede ser lo que el apóstol Pablo tenía en mente con la frase
"si es posible…". Puede significar que usted esté haciendo todo lo que es
responsable delante del Señor por la paz, y aun así la paz puede escapar de
la relación. Pero habrá logrado la paz para su propio corazón. Usted lo ha
resuelto en su corazón.

Identificar, asumir y cumplir la responsabilidad personal sigue siendo el


ingrediente clave en la resolución de conflictos. Cumplir con el círculo de
responsabilidad personal otorga paz personal con Dios, aunque el hacerlo
puede causar conflictos en otras relaciones significativas. Es supremamente
importante recordar lo que Jesús dijo:” Si el mundo les odia, sabes que me
ha odiado a Mí antes que a ti” (Jn. 15:18).

¿Por dónde empezar?

Por más de cincuenta años he ayudado a personas a trabajar sus conflictos


en sus relaciones interpersonales y la herramienta más poderosa que he
utilizado es la de los círculos de responsabilidad. No es una fórmula, es una
manera de obrar de Dios que tiene ramificaciones prácticas.
Con la familia con la que el pastor Tim estaba trabajando usamos esta
misma herramienta. Este es el propósito de este libro, enseñarle a usted
cómo utilizar las herramientas bíblicas de los círculos de responsabilidad
personal como un poderoso medio para reducir, e incluso en algunos casos,
terminar con serios conflictos en sus relaciones actuales o anteriores.

¿Está usted listo?

Piense en algún conflicto o problema que usted tiene con alguien –el más
complicado y difícil que haya tenido – junte todas sus piezas, escriba cada
aspecto lo mejor que pueda, pídale al Padre Celestial que use todo lo que
usted ha aprendido de Su Palabra y Sus maneras de empoderarte para lidiar
a través de este difícil desafío.

Puedes tener muchas preguntas prácticas. Oro porque estas experiencias nos
hayan enseñado lo suficiente para responder alguna de ellas. Honestamente,
algunas de estas preguntas me desconciertan aún hoy día. Llénate de valor.
Dios no es tacaño con Su sabiduría: “Pedid y se os dará” (Mt. 7:7). Él no va
a hacerte sentir tonto por pedírsela (Stg. 1:5) Prepárate, porque estás
reservado para una gran aventura. Usted va a ver a Dios liberar el poder de
la responsabilidad personal restaurando relaciones en su propia vida (Ef.
3:20). Sí, ¡nada es imposible!

**********

Mi amigo el pastor Tim, estaba abrumado. ¿Dónde comenzar a restaurar un


hogar tan fracturado? Un simple proyecto sentó las bases para comenzar a
liberar el poder de Dios para restaurar esta familia.
Preguntas para discutir en pequeños grupos
1.- ¿Cómo se manejaban los conflictos en tu hogar cuando eras pequeño?

2.- ¿Cuáles herramientas bíblicas has aplicado a los conflictos en algún área
de tu vida?

3.- ¿De qué manera experimentar un gran conflicto que te acerque a Dios?

4.- ¿Cómo te afecta personalmente cuando alguien falla al cumplir su


responsabilidad?

5.- Describe un momento de tu vida en el que has hecho lo correcto y en el


que los demás reaccionaron en forma negativa.

6.- ¿Qué conflicto estás viviendo hoy con alguna relación? Escríbelo y
prepárate para trabajar en él.
2
¿QUÉ PASÓ REALMENTE?
Mi amigo, el Pastor Tim, estaba sobrecogido. ¿Recuerdan la pareja que
mencioné en el Capítulo 1, sobre la cual Tim me había llamado? Un esposo
y padre alcohólico, una esposa y madre agresiva y criticona y unos hijos
cuyas vidas eran un desastre. La pregunta que se hacía Tim era: “¿Por
dónde comenzar para restaurar un hogar tan fracturado?” Sugerí que Tim y
yo nos encontráramos con la familia en su iglesia. Mi práctica personal por
años ha sido la de mantener a la gente vinculada a su iglesia local cuanto
sea posible.

Tim me presentó a Kari y Mark, ninguno de sus hijos vinieron. Luego de


una breve presentación dejamos la oficina del pastor y como habíamos
acordado, entramos en uno de los salones de la escuela cristiana. Yo había
solicitado el uso de una pizarra.

Kari y Mark estaban muy bien vestidos; creo que querían causar la mejor
impresión antes de que lo peor fuese expuesto. En mis palabras
introductorias les agradecí el tiempo y la energía que estaban invirtiendo en
su matrimonio. Entonces hice un resumen de dos principios importantes del
ministerio. Primero, estábamos allí no solo para solucionar problemas sino
para aprender a trabajar y aprender cómo resolverlos utilizando los
principios de la Palabra de Dios. Segundo, estaban allí para asimilar
también cómo hacer esto para alguien más.

No son un hueco vacío y sin propósito

Estos dos principios son también un reflejo del carácter y el plan de Dios
para nuestras vidas. El apóstol Pablo lo introdujo de esta manera: “Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de Misericordia y
Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras aflicciones
para que podamos ser capaces de consolar a aquellos que están afligidos
con el consuelo en el cual nosotros hemos sido consolados por Dios” (2ª
Co. 1:3–4). Dios nos consuela para nuestro beneficio personal, así como
también para poder ayudar a otros que necesitan nuestro consuelo. El
consuelo de Dios tiene dos propósitos: poder ser consolados y poder
consolar a otros. Dios nos da esperanza cuando nos sentimos
desesperanzados y fortaleza cuando nos sentimos débiles, para luego
compartir esa esperanza y esa fortaleza con los demás.

La palabra “capaces” en el pasaje implica dos cosas: habilidad y recursos.


Dios utiliza las experiencias que hemos vivido, para equiparnos con la
habilidad de ayudar a alguien más (Lc. 22:32). El Espíritu Santo dentro de
nosotros es nuestro recurso siempre disponible (Hch. 1:8). Pero la presencia
inminente de Dios nos da la experiencia. Cuando experimentamos la
Palabra de Dios de primera mano en el precepto y el principio en nuestras
vidas, nos equipa para consolar a otros en sus vidas destrozadas y revueltas.
Esta es la razón por la que el apóstol Pablo animó a los que eran
espirituales a ir a aquellos que estaban atrapados en algún pecado o habían
traspasado algún límite para restaurarlos (Gá. 6:1). Las personas procesadas
espiritualmente no solo han sido expuestas a la palabra de Dios, sino que la
palabra de Dios les ha traspasado y viven por ella. Con frecuencia es
nuestro propio dolor el que forma las bases o fundamentos para ayudarnos a
ministrar a alguien más. Ningún problema que hayamos experimentado se
produce como un hueco vacío sin propósito que no debió ser.

Pero ese día Mark y Kari no estaban allí para aprender cómo ayudar a otros.
Sus vidas y las vidas de sus hijos eran un desastre, nada estaba funcionando
para ninguno de ellos. Estaban allí para ayudarse a sí mismos y es en este
punto donde la sanidad comienza.

¿En qué estado estás?, ¿Qué deseas ser?

Nos sentamos en ese largo y vacío salón. Cada uno de nosotros escogió un
escritorio. Sugerí colocarlos en semi-círculo al frente del pizarrón. Le pedí
al pastor Tim entregarle ese tiempo al Señor en oración. Nervioso pero
esperanzado agradeció al Padre por lo que iba a hacer esa tarde.

Me dirigí al pizarrón, tomé una tiza y escribí `A´ en la izquierda (de “At”
en inglés traducido `En´) en la izquierda y `B´ (de `Be´ en inglés traducido
`Ser´) a la derecha. Luego, les expliqué: “lo que vamos a hacer es muy
simple. Primero, vamos a enumerar en la columna `A´ lo que usted piensa
sobre cuáles son los problemas de la familia, qué es lo que realmente está
pasando, “En” que estado están. A continuación, bajo la columna marcada
con la letra “B” vamos a enumerar las metas que quieren lograr para
resolver sus conflictos familiares, lo que desean `Ser´. Finalmente,
escribiremos entre ambas columnas cuáles son los obstáculos que les
impiden ir desde donde Ustedes están “A” hacia donde Ustedes quieren ir
“B”, en su relación. Si Ustedes No saben con claridad en qué estado están,
no serán capaces de determinar con certeza a dónde quiere ir, que desean
“ser”, ni tampoco podrán identificar los obstáculos que les impiden el logro
de dichas metas. Hoy sólo vamos a determinar dónde estamos. Echemos un
vistazo a aquellas cosas que no están funcionando para Ustedes.

Patrón bíblico

Este enfoque es uno de los que he utilizado por años para ayudar a familias
o individuos a resolver problemas difíciles. Estos patrones los aprendí de
Las Escrituras.

El apóstol Pablo lidió con muchos problemas complicados, no sólo con los
no creyentes, sino también con los miembros de la Iglesia. Usualmente
identificaba los errores que la gente cometía antes que se comenzara a
aplicar medidas correctivas. La Iglesia de Corinto era uno de los clásicos
ejemplos de este proceder.

Corinto era una iglesia bien establecida según los requisitos del Nuevo
Testamento. El apóstol Pablo afirmaba: “Porque en todas las cosas fuisteis
enriquecidos en Él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el
testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera
que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro
Señor Jesucristo:”(1ª Co. 1:5–7). Ninguna iglesia podía ser mejor.

Aunque como toda iglesia tiene sus puntos fuertes, en ésta hubo raíces de
inestabilidad y un potencial de destrucción. Para lidiar con estos problemas,
el apóstol Pablo describió con claridad dónde se encontraban los fieles de
Corintios en cada situación y qué debían hacer para corregirlo. Sabía que en
la Iglesia había luchas de poderes que generaban gran fricción. Él “cortó
por lo sano” y tomó las riendas del asunto (1ª Co. 1:11). Luego decidió
abordar de nuevo el tema de los celos y contiendas en el capítulo 3 (1ª Co.
3:1-9).

El capítulo 5 comienza sobriamente: “De cierto, se oye que hay entre


vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aún se nombra entre los
gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.” (1ª Co. 5:1). Un
creyente Corintio estaba teniendo una relación incestuosa con su madrastra.
Esto estaba explícitamente prohibido en el Antiguo Testamento (Lv. 18:2-6;
Dt. 22:22) y también por la Ley Romana (Cisero Cluentes 6,15 y Cayo
Instituis 1,63). Pablo sabía que si el pecado no era claramente revelado
(bajo la columna `A´), la Iglesia no tomaría pasos decisivos para corregirlo
`B´. Los asuntos sexuales usualmente son los más encubiertos, ignorados y
negados por la iglesia, pero no por Pablo. Tuvo que dejar claro dónde se
encontraban `En´, incluso si esto significaba tratar con algunas situaciones
comprometedoras y desagradables.

El capítulo 6 abre con otra oleada de pecados, rompiendo sobre las costas
de la Iglesia primitiva. “Algunos de Ustedes cuando tienen un caso contra
su vecino, se atreven a ir a las Cortes delante de los no aprobados por Dios
y no delante de los santos.”Acto seguido, Pablo hace mención de las
acciones pecaminosas, antes de sugerir las soluciones. “Miren dónde se
encuentran Ustedes”, fue el grito del apóstol. Fue como si hubiera pasado el
escáner de Rayos X antes de proceder con la cirugía correctiva.

Rayos X familiar

Antes que un médico ortopedista arregle un hueso roto o realice cirugía


correctiva necesitará mirar una serie de placas de Rayos X. Él quiere
evaluar la extensión del daño y determinar lo que se necesita hacer.
Entonces, siguiendo los Rayos X es capaz de observar el progreso de la
lesión o enfermedad. Por estas mismas razones, intentamos hacer un
escaneo con Rayos X de las situaciones y/o conflictos que están causando
dolor y daño en las vidas de las personas.

Salomón resaltó la importancia de tener sabiduría, al determinar primero


dónde (en qué condición) está la persona antes de proponer una solución.
“Él que responde con palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio” (Pr.
18:13).
Ese día, le pedí a Kari y Mark que mencionaran lo que ellos creen o han
visto que está pasando en su matrimonio.

Les expliqué que quería tomar una radiografía (Rayos X) de la familia y les
ofrecí algunas herramientas comunicacionales.

Primero, el objetivo de esta fase es encontrar los hechos o factores, no las


culpas. Cuando Mark expresó que Kari estaba siempre criticándolo, les dije
que no estaba interesado en ese momento en “quién estaba haciendo qué”.
Si comenzamos con asignar las culpas, uno de ellos o los dos podrían
negarse a cooperar. Una vez que esto sucede, se pondrán a la defensiva y en
vez de dar información, él o ella podrían revertir el proceso y saltar a otro
tema. Esto puede llevarlos a insultos y ofensas mutuas, lo cual nunca
llevará a la pareja hacia una solución justa, a ningún cierre y corrección.

Segundo, yo sugiero rotundamente que sólo una persona hable a la vez.


Esto puede parecer poco o nada relevante, pero recuerde que lo que han
estado haciendo no ha estado funcionando. Todavía puede haber niños
emocionales y estar peleando como niños y tendrán que aprender algunas
habilidades comunicativas de adultos. Personalmente creo que
permitiéndole a cada persona un tiempo para hablar desarrollamos honor y
respeto mutuo. Pablo nos urge a darnos honor unos a otros (Ro. 12:10) Y
Pedro dice simplemente: “Honrad a todos…” (1ª Pe. 2:17a). Dejar al otro
hablar sin interrupciones es ejercitar ese honor.

Asimismo, hay una razón práctica para esta herramienta comunicativa de


uno a la vez: “hablar no es escuchar.” Piense al respecto… ¿Estoy
escuchando y comprendiendo si estoy formulando mi respuesta? ¿Estoy
tomando en cuenta el tono de voz del otro o evaluando su lenguaje corporal
si estoy planificando mi respuesta?

Jesús percibió que muchos de sus oidores no estaban escuchando. Con


frecuencia concluía sus enseñanzas diciendo: “El que tenga oídos, que
oiga” (Mt. 11:15). Él sabía que aunque la audiencia tenía oídos no
significaba que estuvieran escuchando. Una manera de ayudar a que se
escuchen es permitiendo que cada uno hable en su turno; esto evita que uno
de los dos pueda monopolizar la conversación con sermones, enseñanzas e
interrupciones molestas. Monopolizar la conversación es generalmente una
técnica de control que la persona utiliza para evitar perder su orgullo y
llamar la atención.

Escuchar es más difícil que hablar. Esa es la razón por la que el Espíritu de
Dios dirigió a Santiago a escribir: “por esto, mis amados hermanos, todo
hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse...”(Stg.
1:19). Algunos dicen que Dios nos ha dado dos oídos y una boca porque
considera que es más importante escuchar al otro con entendimiento que
hablar. El hecho es que escuchar es el primer ingrediente que se necesita
para trabajar cualquier conflicto.

He escuchado repetidamente a esposos y esposas, padres y adolescentes que


genuinamente han escuchado al otro, decir: “no sabía que te sentías así”, y
al otro responder: “he estado intentando decírtelo por años, pero tú no me
escuchabas.”

Escuchar primero y hablar después funciona incluso entre padres y


adolescentes. Coleen era una estudiante popular y conocida en su escuela.
Sin embargo, su vida en familia no era tan exitosa. Quería irse de su casa.
Se escapó hace poco tiempo tras una discusión con sus padres. Esa es la
razón por la cual han venido los tres a consejería de familia. Cuando le pedí
a Coleen que compartiera dónde estaba (es decir, en qué condiciones se
encontraba), rápidamente noté que sus padres la interrumpían repetidamente
para decirle dónde pensaban ellos que ella se encontraba en su vida. Le pedí
a su padre que la dejara terminar. Todos nosotros deseamos ser respetados y
honrados de esta manera y él entendió. No había pasado un minuto cuando
su madre intervino. Me volví a ella y gentilmente le pedí que la dejara
terminar.

El resultado fue increíble; Coleen se sintió escuchada. El padre estaba


sorprendido de que ella tenía cosas positivas y correctivas que decir. Su
madre lucía aliviada porque no tenía que defenderse, explicar o traducir
para otros. Esta fue la primera vez que todos respetuosamente se
escucharon unos a otros y la frase que escuché fue: “no sabía que te sentías
así”. ¿Cómo puedes escuchar si estás hablando, elaborando una repuesta
defensiva, insultando, gritando o buscando a quien culpar?
Una vez establecida y practicada esta norma, le presenté la tercera
herramienta comunicacional: buscar comprender lo que se dice. Jesús con
frecuencia animaba a sus oyentes a hacer esto.

Oír y entender

En una ocasión, los escribas y fariseos desafiaron a Jesús cuando vieron a


sus discípulos que no se lavaron las manos antes de comer pan. Eso no era
un asunto de higiene. Los líderes religiosos acusaron a los discípulos de no
acatar la norma del lavado ceremonial de las manos según la tradición
rabínica. Esta tradición era un ritual elaborado que no sólo incluía el lavado
de las manos, sino también tazas y utensilios de cocina.

Después de reprender firmemente a los líderes hipócritas, Jesús le dice a la


multitud: “Oigan y entiendan” les dijo”: “No lo que entra en la boca
contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al
hombre,” (Mt. 15:10-11). Los fariseos estaban equivocados al pensar que el
lavado laborioso los mantenía espiritualmente limpios. Pero antes de eso, El
hizo la aclaración de “oír y entender”. La tercera herramienta es justamente
esta: oír y entender.

David Augsburger, en su libro Caring Enough to Confort (El cuidado


necesario para estar bien), describe vívidamente el corazón de un esposo
que quiere oír y entender a su amada esposa:

Yo quiero oír con precisión, así que voy a necesitar asegurarme que te
escuché en los puntos más cruciales y que comprenda lo que has querido
decirme. Obtengo una impresión de lo que quieres decirme con tus
palabras, tu tono de voz, tu cara, tus gestos y movimientos del cuerpo; pero
es sólo una impresión. Debo revisarlo una y otra vez, repitiendo lo que oí
para que lo apruebes, hasta que tú acuerdes que has sido escuchada. Yo
quiero escuchar profundamente, adecuadamente, lo suficientemente claro,
hasta que sea capaz, de una manera genuina, de sentir lo que sientes, de
sentir tu dolor aunque sea un poco y desear para ti la libertad de ser todo
aquello en lo que te estás convirtiendo.

¿Cómo confirmó el esposo que lo que escuchó es lo que ella quiso decir?
La respuesta es simple: escuchando de nuevo. “Debo revisarlo una y otra
vez, repitiendo lo que oí, para que lo apruebas, hasta que te acuerdes que
has sido escuchada.” Esta es una excelente herramienta práctica.

El Dr Gary Smalley, orador, autor de Best Sellers y profesor de Seminarios


ha manejado esta herramienta. Yo lo he visto en acción cuando anima a las
personas de su audiencia a utilizar esta herramienta mientras todos nosotros
observamos. El invitará a una esposa a compartirle algún pensamiento a su
esposo y luego el esposo tiene que repetir lo que escuchó. Con frecuencia
escuchamos lo que queremos oír o lo que creemos haber oído. Podemos
inclusive rechazarlo porque no nos gustó lo que escuchamos. Podemos no
escuchar por el agudo tono de voz con que se nos habla o rechazar el
lenguaje corporal. Una amiga me comentó: “me siento muy mal pues no
escucho a mi esposo cuando su voz suena de cierta manera. Todo lo que él
dice, cuando me habla así no lo escucho.” Smalley no dejará que la pareja
explore alguna solución al problema hasta que ambos puedan honestamente
reconocer que lo que escucharon y entendieron era lo que se había dicho.

Todas estas herramientas serán útiles para Mark y Kari. Nosotros la


usaremos para lograr un objetivo: lograr una franca descripción de lo que
está pasando en sus hogares.

¿“En” dónde estamos?

Kari, comencé: ¿Podrías compartir brevemente qué es lo que ves que está
pasando en tu matrimonio? “Bueno… él miente todo el tiempo.” Le recordé
que sólo mencionara acciones ofensivas y actitudes sin asignar culpas ni
responsabilidades. Entonces escribí la palabra mentira bajo la columna A.
Al darse cuenta que era seguro hablar honestamente, abandonó sus reservas
y añadió otras palabras.

Mentiras.

Infidelidad.

No confiable.
Venganza.

Deshonra.

Maledicencias.

Indisciplinado.

Alcohólico.

Abuso.

Abandona.

Poco amoroso.

Descuidado con ella.

Egoísta.

Desconsiderado.

Sarcástico.

Ella hizo una pausa y dijo, – Supongo que esto es para comenzar.

Me volví a Mark, le di las gracias por su paciencia, y le pedí que hiciera lo


mismo.

Su lista incluía:

Peleas.

Retraimiento.

Críticas.

Perfeccionismo.
Gritos.

Dominante.

Controladora.

Sobreprotectora.

Irrespeto.

No sumisión.

Rabiosa y furiosa.

Parcialización.

– Esto es todo lo que puedo decir – concluyó.

Kari y Mark compartieron las listas, era un momento especial. Durante


veintisiete años ambos han estado haciendo estas cosas. Esta era la primera
vez que observaban el Rayos X de la familia para ver qué había realmente
sucedido. Por primera vez no habían usado la mezcla volátil de gritarse,
estallar de rabia, insultos y otras formas destructivas de comunicarse.

¿Qué deseas “Ser”?

Le pedí a Mark y Kari que me dijeran cómo se sintieron acerca de lo que


estaba escrito en el pizarrón. La pena y la vergüenza eran visibles; pero era
importante ver y tener un listado de cómo ellos se sienten. Una respuesta
emocional nos ayuda a reconocer la realidad que ha sido negada por tantos
años. Un profundo sentimiento de tristeza se reflejaba en sus rostros, que
parecían decir: “¿Así que esto es todo lo que tenemos que mostrar en casi
treinta años de matrimonio?”. Ambos expresaron que no pintaba bien.

Les pedí que fuéramos luego a las listas y determinaran lo opuesto a cada
palabra. “¿Por qué? Esto es un desastre. Esto no se puede arreglar” dijo
Kari, con una voz abrumada por la desesperación. “¿Lo harías de todas
maneras?” Le pedí. Ellos necesitaron mucho ánimo y apoyo. Era importante
darles esperanzas para que Kari y Mark tuvieran honestamente el
entendimiento y acuerdo sobre dónde estaban ellos parados (A), y pudieran
ver dónde querían ir (B). Esto incluía afirmar que sus metas podían
lograrse. Después de todo, ellos podían hacer cualquier cosa que Dios
esperaba de ellos a través de Jesús, que les daba la fortaleza (Fil. 4:13). Así
que podían establecer un plan de acción viable sobre cómo ir de donde
estaban (A), hacia donde querían ir (B). La lista del pizarrón parecía una
empresa humanamente imposible de lograr. Yo nunca he conocido un
matrimonio imposible, pero sí he conocido personas imposibles. Las
personas que están deseosas de trabajar duro son ganadoras. Les aseguré a
ellos que podíamos resolverlo.

Era tiempo de finalizar un honesto Rayos X del matrimonio y la familia.


Comenzamos determinando dónde Kari y Mark querían estar (ir).
Usualmente se trata de hacer lo opuesto de lo que están haciendo.

– ¿Cuál es lo opuesto de mentir?–. – Sinceridad– dijo Mark.

– Bien! –. Escribí la palabra en la columna B

– ¿Cuál es el opuesto de infidelidad?–. – Fidelidad.

Continuamos con el resto de la lista. El Pastor Tim los ayudaba cuando


tenían dificultades para hallar la palabra opuesta.

Esta fue su lista:

A B

Mentiroso Sincero

Infidelidad Fidelidad

No Confiable Confiable.

Vengativo Perdonador

Deshonra Honra.

Maledicencia Bendición.
Indisciplina Disciplina.(Dominio propio)

Alcoholismo Sobriedad.

Abuso Gentileza.

Abandono Lealtad

Poco amoroso Amoroso.

Descuido. Cuidadoso.

Egoísmo. Altruismo.

Desconsideración. Consideración.

Sarcasmo. Halago.

Pelea. Armonía.

Retraimiento. Vincularse

Crítica Afirmación.

Perfeccionismo. Balance.

Gritos. Voz suave.

Dominante. Servicial.

Control. Interdependencia.

Sobreprotección. Independencia saludable.

Irrespeto. Respeto.

No sujeto. Sujeto.

Rabia/furia. Perdón.
Parcial Imparcial.

¿Cómo podría Usted saber qué sugerir en el lado B? Tengo en mente los
frutos del Espíritu Santo de (Gá. 5:22–23) “Mas el fruto del Espíritu es
amor, gozo, paz, paciencia benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza; contra tales cosas no hay ley:” la mayoría de los ítems de la
columna A son lo opuestos a estas nueve cualidades positivas.

Valor de la columna At (En) y el principio Be “Ser”.

Hay razones importantes para llenar las columnas A y B. Una vez que la
gente ve claramente donde están (En) y dónde quieren estar, pueden decidir
a dónde ir (Ser). Yo se lo mostré a Kari y Mark de la siguiente manera:
“ambos están de acuerdo sobre donde están ahora (A) y donde deberían
estar (B) en su relación. Pero, ¿Es allí a donde realmente quieren ir?” La
pregunta suena un poco tonta. Presumiblemente recibiendo consejería es
donde ellos quieren estar, si no fuera así, no hubiesen venido, pero a
menudo este no es el caso.

Cientos de personas han venido a mí para consejería pastoral, con gran


costo de tiempo y recursos. Solía pensar ingenuamente que si ellos habían
hecho ese esfuerzo extra, naturalmente querrían ayuda y estaban deseosos
de hacer cambios. Esto no era siempre así, un esposo puede querer que
ayude a cambiar a su esposa, pero él permanece sin querer cambiar, y
mucho menos hacer ajustes. Ellos describen donde están “En” y están de
acuerdo en que ellos desean “Ser”, y estar su vida orientada pero terminan
regresando donde comenzaron.

Cuando son presionados a reconocer el motivo por el cual no quieren


cambiar, raramente dan una razón. En vez de eso, escucho escusas y
justificaciones donde se culpan unos a otros.

Otra razón por la cual le pido a las personas identificar dónde están “En”, y
que desean “Ser”, es que sirva como un punto de compromiso de lo que
sinceramente quieren lograr, un objetivo básico. Después de esto, pueden
practicar el rendir cuentas y medir los progresos, ver cuán lejos han llegado
y dónde se necesitan mayores avances.
Jesús vio la necesidad del compromiso como meta en sus potenciales
discípulos. Cuando nuestro Señor estaba en otra de sus predicaciones-
enseñanzas en Jerusalén, un joven rico corrió hacia él y poniéndose de
rodillas le preguntó: “Maestro bueno, ¿Qué tengo que hacer para heredar la
vida eterna?” (Mar.10:17). Este hombre corre a Jesús, asume una postura
sumisa y lo llama “maestro bueno”. Honestamente, yo estaría más que
deseoso de ayudar a una persona tan ansiosa de guía espiritual. El joven
sabía dos cosas. Primero, el sabía dónde estaba(A), se sentía inseguro
acerca de su destino y su futuro. En segundo lugar, creía que era posible
alcanzar la seguridad. Ahí es donde quería ir (B). Todo lo que necesitaba
saber era qué buena obra tenía que hacer para alcanzar la vida eterna. Para
su propia satisfacción, él explicó que había guardado los mandamientos,
que se remonta quizás hasta los doce años cuando se convirtió en un "hijo
de la ley" en su Bar Mitzvah (A). Su desafío a Jesús fue: menciona qué es
lo que se requiere y yo lo haré (B). Los penetrantes ojos del Salvador
llegaron a lo profundo de su corazón: “vende todo lo que tienes y da a los
pobres”. El joven debe haber sentido como un duro golpe en su estómago, y
afligido por esa palabra, se fue muy triste. ¿Qué salió mal? ¿Qué le sucedió
a su sinceridad? Jesús lo sabía. Él vio que bajo ese barniz religioso su
verdadero bien era su riqueza. Él estaba devotamente rendido a ella.
Representaba todo lo que era importante para él. Él ya había transgredido el
primer mandamiento de “no tener otros dioses delante de Él” (Éx. 20:3).
Jesús sabía que el joven quería seguridad en sus propios términos en lugar
de términos de sacrificio y servicio de nuestro Señor. La traducción de
“ven, sígueme” en griego es una orden, no una sugerencia. ¿A dónde iba
Jesús en ese relato? – A Jerusalén y a la cruz. Para mí, la parte más
conmovedora de la historia está en las palabras: “Entonces Jesús,
mirándole, lo amó” (Mr.10: 21a) Sólo hay 5 personas que se mencionan
por su nombre en el Nuevo Testamento como aquellos a quienes Jesús amó:
Marta, María, Lázaro, el apóstol Juan y el joven rico. Él había
experimentado personalmente el amor de Cristo y luego se apartó de Él.
¡Qué lamentable pérdida¡. El joven sabía dónde estaba él y sinceramente
sabía dónde quería estar. Su vida estaba orientada, se dirigía hacia esa
dirección, (alcanzar la vida eterna), pero el precio y el compromiso era
demasiado alto para él y revelaba cuáles eran realmente sus valores y
creencias más preciadas: fortuna, prestigio, posición y poder, en realidad lo
eran todo para él.
Adictos a la miseria

El costo del cambio, golpea el corazón de las personas que están siendo
ayudadas. Muchos reconocerán dónde están (“A”) e incluso, aciertan en su
mente dónde necesitan estar (“B”). Ellos hacen todo tipo de esfuerzos para
convencer a los demás de que van a cambiar y entonces, en algún momento
del recorrido, regresan al punto de partida.

El Dr Robert Becker, en su libro Addicted to Misery: The Other Side Of Co


– Dependency, (Adicto a la miseria, el otro lado de la codependencia) habla
curiosamente de este mismo fenómeno que acabamos de describir y que
sucede tanto en el ámbito cristiano como el no cristiano. Resalta el
inconstante deseo de cambiar y la conducta inestable que los hace repetir el
patrón de volverse atrás. Yo he leído a muchas personas el siguiente
párrafo:

“Durante años he trabajado con co-dependientes e hijos adultos de


alcohólicos. Muchos se han recuperado de su dependencia química o de sus
relaciones de dependencia. Sin embargo, el fenómeno más impactante que
he visto es de aquellas personas que, después de trabajar duro para aliviar
muchas tensiones de la vida o al menos recuperar algo del manejo adecuado
de sus vidas, regresan al estado de miseria en que se hallaban antes de
recibir la terapia. Después de un gran esfuerzo constante, lograron un nivel
emocional exitoso de la manera adecuada al procesar obstáculos y
conflictos, para entonces, con total conciencia, regresan de nuevo a su
infelicidad y sufrimiento emocional.” Es la inclinación de la naturaleza
humana lo que los hace regresar a la disfunción o patrón pecaminoso. Así
que se requiere de una decisión activa y voluntaria para hacer lo contrario a
nuestra cultura (Ro. 12:2). Dios usa el libro de Jueces para ilustrar a través
de Israel esta inclinación humana de volver a la disfunción (“A”), en
relación ya sea con Dios o del hombre con el hombre. En sólo nueve
versículos (Ju. 2:11-19), Dios revela este patrón repetido del corazón
humano. Él sintetizó trescientos años de historia que se repite en estos
mismos nueve versículos. El espiral descendente de la historia de Israel se
repite por lo menos siete veces en el libro de Jueces.

El patrón era simple. En primer lugar, durante la vida de Josué y su


generación el pueblo de Dios caminó una vida de relativa obediencia. Allí
era donde se suponía que debían estar (“B”) (Jue. 2:7). En segundo lugar,
cuando esa generación se extinguió, la nación cayó en prácticas idolátricas
y en profundo pecado, regresando a su estado anterior (“A”) (Jue. 2:11).
Dios no podía permitir ese estilo de vida para ellos en el "A" lugar de
pecado. En la tercera etapa Él iniciaba la esclavitud (Jue. 2:14). Él
levantaba a varios grupos para esclavizar al pueblo de Dios. El dolor
empeoraba. Así, Israel, en cuarto lugar, clamaba a Dios por su liberación
(Jue. 3:15).

Como nación reconocieron su fracaso en ser responsables en obedecer a las


leyes y los pactos de Dios. Sabían dónde estaban "A", y no les gustó. Ellos
sabían lo que debían "ser" (“B”) y necesitaban a Dios quien los podía
liberar de su condición. La quinta etapa de este ciclo, Dios levantaba un
juez, un libertador para recuperar la libertad que había perdido Israel,
gracias a su disfuncional estilo de vida (Jue. 2:16-18). La sexta fase, Dios
fielmente los liberaba y les daba reposo. El fruto de la obediencia es la paz
(Jue. 3:11), pero entonces una nueva generación surgió y olvidó el juicio y
la apostasía del pasado; así que estos hombres le dieron la espalda a Dios y
repitieron el patrón (Jue. 3:12). En ellos se cumplió el famoso refrán:
“aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”
Este ciclo se repite 7 veces sólo en el libro de Jueces (2:1, 3:7, 3:12, 4:1,
6:1, 10:6, 13:1). Era como si Israel fuera adicto a la miseria.

Este ciclo es un espiral descendente; y son esos espirales las que causan un
profundo dolor relacional llevando a las personas a buscar amigos
confiables, pastores piadosos o consejeros competentes para encontrar
alivio. Pero el grito de auxilio que busca alivio no necesariamente incluye
un deseo real de abandonar conductas pecaminosas. Más bien, podría ser
sólo un clamor o súplica para aliviarse o deshacerse de las consecuencias
dolorosas causadas por su mal comportamiento. Para que una sanidad
genuina y permanente tome lugar el ciclo debe ser roto y la espiral detenida.
En su lugar, se necesita instituir un nuevo patrón de obediencia si realmente
quiere lograrse la paz, la restauración y la resolución de su situación
pecaminosa. Si las personas pueden captar dónde están en este ciclo y ver
dónde podrían ir o llegar a estar, esta lectura del libro Jueces serviría de
gran motivación para dejar el ciclo de la miseria y regresar a un continuo
crecimiento en Cristo. Esto detendrá la espiral de destrucción personal y
relacional.

Rompa el ciclo

Esto es exactamente lo que Dios estaba tratando de comunicar a la Iglesia


de Éfeso, situada en la actual Turquía. “Yo conozco tus obras y tu arduo
trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos y has probado a
los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has
sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor a mi
nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado el
primer amor. Recuerda por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz
las primeras obras…” (Ap. 2:2–5a). “Recuerda de dónde has caído”, es
decir, observa qué ha sucedido. Esta declaración, implica que la Iglesia de
Éfeso sabía dónde había estado (“B”) y luego cayeron, (de nuevo a “A”).
Los creyentes se encontraban en una espiral, así que Dios los llama a
arrepentirse (revertir la dirección, retroceder) y hacer las obras del
principio. En otras palabras, debían romper el ciclo y regresar a donde
estaban (columna B) para llevar una vida positiva, saludable y obediente a
Dios.

Si la Iglesia de Éfeso no hubiera tenido una clara imagen sobre dónde


habían estado, hubiera sido inútil para el Espíritu de Dios el urgirlos a
volver a ese punto. Saber dónde está Usted (A) y a dónde quiere estar (B) le
proporciona una clara visión de adonde debe ir. ¿Puede hacer el
compromiso de ir en esa dirección? ¿Está cada esposa y esposo de acuerdo
con lograr esta meta? ¿Estamos de acuerdo con ese objetivo? ¿Creen ellos
lo que refleja el Rayos X familiar?

Marilyn y Bruce habían estado recibiendo extensa consejería antes de venir


a nosotros solicitando ayuda. Así que inquirí sobre las consejerías previas
que habían recibido, qué asuntos habían descubierto y que cierre o
corrección habían logrado. Para mi asombro, los aconsejados me dijeron
que, pese a todo el esfuerzo, tiempo y dinero que invirtieron, lograron poco.
Por esa razón les pido que me digan dónde están (A) y dónde quieren estar
(B) y hacer un compromiso para ir en esa dirección.
Al finalizar la primera sesión, Bruce miró a Marilyn y se volvió hacia mí y
dijo: “hemos aprendido más en esta primera sesión que lo que aprendimos
en meses de consejería con otros”. Entonces le expliqué el beneficio de este
procedimiento: usted siempre sabe dónde está, a dónde va y será capaz de
controlar su propio progreso. Habrá logro. Habrá cierre cuando sea
apropiado. Usted será capaz de seguir adelante y romper el ciclo no tratando
de olvidar el pasado sino trabajando cada tema utilizando las herramientas
de la Escritura.

Muchas de las objeciones de mis amigos cuando han buscado ayuda en “la
consejería pastoral” son que no parece ir a ninguna parte. Se reúnen y
reúnen y comienzan a tener otro encuentro. El tiempo se va consumiendo y
la falta de logros, cambios y progreso terminan siendo desalentadores.

Cuando los aconsejados me preguntan si siento que están progresando, los


refiero a su propia lista A y B. ¿Se han movido de A hacia B en algunos de
los asuntos por tratar? ¿Han aprendido nuevas herramientas para
relacionarse? ¿Están utilizando las herramientas? ¿Han dado cierre a
heridas verdaderas?

Otro de los beneficios del principio A y B es que nos otorga la capacidad de


supervisar los progresos alcanzables. No sólo hay un punto de partida y un
destino, sino también hay momentos de evaluación a través de un camino
largo. Al resolverlo se pasa por un proceso doloroso para todos los
interesados. El apóstol Pablo en un momento de honestidad admitió a las
Iglesias de Galacia lo que había padecido Él y dijo: “Hijitos míos, por
quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en
vosotros” (Gá. 4:19). Pablo pasó por la agonía de los dolores de parto, por
así decirlo, para llevarlos a la salvación en Cristo. Era como si él tuviera
que volver a soportar dolores de parto mientras luchaba por liberarlos de
los falsos maestros que estaban haciendo estragos en el cuerpo de Cristo.

Pablo sabía que los Gálatas habían sido liberados del control del “presente
siglo malo”, por la voluntad de Dios y Padre (Gálatas 1:4), pero, en vez de
haber sido conformado a la imagen de Cristo (Gá. 4:19), habían desertado
de Él por otro evangelio (Gá. 1:6). Esta apostasía puede destrozar el
corazón del discipulador más firme. Esta es una repetición del patrón en
espiral que aparece en el libro de Jueces. Pero Pablo sabía que los gálatas
podrían también reconstruir para el futuro, rompiendo el ciclo del pasado
basado en la verdad y la realidad del pasado.

Nada más que la verdad

Marvin y Betty han estado casados diecinueve años. Él era un pastor al que
se le pidió que dejara su Iglesia. Una de las no confirmadas razones fue:
“indiscreción moral”, un eufemismo eclesiástico para sugerir adulterio. Él
se desaparecía por horas interminables. Aún siendo un evangelista
disfrutaba visitando secretamente tabernas hasta altas horas de la noche.

Cuando vinieron a buscar asesoramiento compartimos nuestra filosofía


básica, que les enseñamos las herramientas para resolver sus problemas con
la esperanza subyacente de que a su vez ellos ayudarán a otros. Este
enfoque les encajaba como la mano y el guante.

Le pedí a Betty que me describiera qué había pasado en la relación familiar.


No fue fácil para ella. En menos de quince minutos describió su vida en
familia. Luego me volví a Marvin y le pedí que hiciera lo mismo. En mi
visión periférica, pude observar la mirada de sorpresa de Betty. Ningún
detalle se acercó a lo que ella había expuesto. Si no tuviera experiencia
previa y supiera que son esposos, podría suponer que estaban viviendo en
dos casas separadas, con parejas e hijos distintos. Esto puso al facilitador
(yo) en una posición comprometida. Ambos podrían no estar diciendo la
verdad.

Cuando nos enfrentamos a este tipo de historias en conflicto aclaro que


como no estaba allí, no es mi lugar verificar o investigar los hechos; la
experiencia me ha enseñado a hacer ciertas preguntas claves que en su
tiempo me revelarán buena parte de la verdad. Si no hay concordancia en
los hechos, ¿Cómo puedes ayudarlos a determinar dónde están (A), y
mucho menos dónde deberían estar (B), y mostrarles cómo llegar hasta
allí?

Primero cada sesión comienza con la oración. Esto no es un ritual trivial,


sino una responsabilidad. A menudo voy a citar o parafrasear Proverbios
3:5,6 "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia
prudencia, en todos tus caminos reconócelo, y él allanará tus sendas."
Reconozco nuestra dependencia de él para que nos dirija. Es increíble ver
como el Espíritu Santo expone una mentira directa; a veces es descubierta a
través de la persona que está mintiendo, y otras veces por medio de otra
fuente.

En segundo lugar me pregunto si puedo buscar confirmación sobre lo que


está pasando a través de la familia, el pastor o alguien que lo conoce bien.
Esto puede convertirse en una postura investigativa donde yo
personalmente no me siento cómodo. Sin embargo, Dios es fiel para llevar a
situaciones de luz las situaciones engañosas que uno se esfuerza por ocultar.
Durante una de nuestras sesiones, mientras estábamos aún determinando
dónde estaba ella, Betty anunció que su médico acababa de confirmarle que
tenía una enfermedad de transmisión sexual. Hizo una pausa y miró a
Marvin y luego a mí y dijo: “nunca he conocido sexualmente a otro hombre
más que a mi esposo. Yo era virgen cuando me casé”. Marvin,
tartamudeando, sugirió que ella pudo haberla contraído de muchas otras
maneras. Ella miró al suelo, luego a él, después a mí y dijo: “El Señor
conoce la verdad”. Marvin reaccionó y dijo abruptamente que la consejería
no iba a ninguna parte y que él se retiraba.

Betty y Marvin se divorciaron. Muchas verdades tristes salieron a relucir


en la Corte; pero Dios no nos ha llamado a algunos de nosotros a usar
nuestro tiempo y energía investigando la sinceridad de las historias
personales. En vez de esto, estamos para cuidar y observar las piezas rotas y
ser usados por Dios para dar sanidad.

En tercer lugar a menudo tenemos que trabajar con las piezas rotas que nos
dan. Tenemos que recolectar los pedazos de Humpty Dumpty, de vidas
deshechas y trabajarlas de la mejor forma posible. Normalmente Dios no
aniquila la gente que nos miente de la manera que lo hizo con Ananías y
Safira cuando le mintieron a Pedro sobre su propiedad (Hch. 5:1-11).
Nosotros no contamos con el test de adulterio si un espíritu de celo viene
sobre su marido, como Moisés fue instruido para llevar a cabo (Núm. 5),
para evaluar si una mujer estaba o no engañando a su marido.

No estamos capacitados para determinar quién ha pecado en nuestro grupo


como Josué fue capaz de hacerlo con respecto al pecado de Acán (Josué
7:14); pero tenemos el testigo del Espíritu Santo en nuestro corazón que con
frecuencia me dice que algo importante está faltando (se me pasa por alto)
en lo que se me ha dicho. En tales casos, dejo a Dios la responsabilidad de
revelar la verdad de lo que está pasando.

Verdad y gloria

Los guerreros en retirada fueron derribados uno por uno. Treinta y seis
hombres yacían muertos. Josué rasgó sus vestiduras en medio de gran
dolor, shock, vergüenza… y exclamó; “¡Ah, Señor Dios, ¿Por qué hiciste
pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los
Amorreos para que nos destruyan?!” (Jos. 7:7). ¿Quién ha tomado botín de
guerra que Usted ha prohibido?

A través del proceso de eliminación Acán fue señalado como el ladrón, el


que tomó el botín de guerra. Tal vez el aspecto más inusual de la
confrontación es lo que precedió a la petición de Josué a Acán para
preguntarle qué fue lo que había hecho: “Hijo mío, da gloria a Jehová el
Dios de Israel, dale alabanza, entonces él pregunta directamente:
Declárame ahora lo que has hecho, no me lo encubras.” (Jos. 7:19). Note la
conexión que Josué hace entre verdad y gloria. Da gloria a Dios para
declarar honestamente la verdad de lo sucedido. Acán confesó sin
arrepentimiento lo que había hecho. Es un momento de gloria y alabanza a
Dios para declarar honesta y verdaderamente en donde está uno (A) y lo
que ha hecho, porque eso sirve como una base o fundamento para reedificar
y dar dirección para comenzar. Una descripción detallada puede no ser
necesaria pero nombrar la ofensa sí lo es (Ef. 5:11–13).

El apóstol Juan expresó la necesidad de un cierre honesto de esta manera:

“Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas,


mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como Él
está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo su
Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos
engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si
confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:6-9).
Note qué beneficios emocionantes experimentamos cuando andamos en la
luz de Su verdad: compañerismo con Dios y con los demás. ¿Qué pasa si
fallamos? “Si confesamos” o reconocemos nuestros fallos y pecados, esto
trae gloria a Dios y la paz de Dios.

Una honesta evaluación de lo que ha sucedido y dónde deberíamos estar a


la luz de la Palabra de Dios y de Su Espíritu sienta las bases para la
reconstrucción de las relaciones rotas.

Cuando una persona me dice algo que sucedió en el pasado y lo hace


sentirse incómodo sin saber por qué, yo no sugiero ni trato de adivinar qué
podría ser. He llevado a cientos de personas a la oración del Rey David:

“Examíname Oh Dios y conoce mi corazón, pruébame, y conoce mis

pensamientos, Y ve si hay en mí camino de perversidad.

Y guíame en el camino eterno.” (Sa. 139:23 - 24)

David le estaba pidiendo a Dios que probara su lealtad a Él. Le pidió al


Señor que investigara si había algún camino ofensivo o camino de dolor
en su vida. Podemos pedirle a Dios que mire si hay caminos de dolor en
nuestras vidas que pudieron ser causados por otros.

La mayoría de las veces vendrán a la mente de una persona memorias que


contienen nombres, lugares, rostros o situaciones. Algunas veces el
aconsejado no quiere pensar en ello, ni siquiera considerar la posibilidad de
hacerlo. Yo respeto esa petición; aún así, pregunto si ellos podrían
compartir conmigo el temor que sienten al respecto. Con pocas
excepciones, cuando el temor es tratado adecuadamente, la persona está
más dispuesta a revisar las memorias que Dios trae a la superficie.

Dios está más deseoso que nosotros mismos que usemos Sus herramientas,
verdades, mandamientos y revelaciones para ayudar a otros; especialmente
si nosotros estamos haciéndolo para Su Gloria. He aquí otra razón por la
que es importante obtener la verdad y sacarla a la luz. Haciendo esto, le
damos la Gloria a Dios.
**********

Es fácil empantanarse, enredarse, envolverse y estancarse en la parálisis del


análisis cuando se están identificando las piezas rotas de nuestras vidas.
Necesitamos hacer algo con ellas. Es tiempo de ir a otro nivel. Junto con
Kari y Mark. Hemos tenido una sesión de rayos X evaluando dónde están
"A" y donde quieren estar "B." Sabemos lo que pasó y ahora es el momento
de hacer lo que hemos estado esquivando hasta ahora. Será doloroso, pero
es una de las claves importantes para resolver el conflicto.
Preguntas para discutir en pequeños grupos

1.- ¿En qué forma específica tu pasado te he preparado para ayudar a otros
en el presente?

2.- ¿Dónde te encuentras hoy (palabras, acciones, pensamientos...) respecto


al conflicto que mencionaste en el capítulo 1, pregunta 6?

3.- ¿Cómo está tu rayos X relacional?

4.- ¿Qué esfuerzos (y estrategias) has utilizado en el pasado al enfrentar tus


conflictos?

5.- ¿Qué obstáculos has encontrado cuando intentas identificar


honestamente la verdadera esencia del conflicto?

6.- ¿Qué necesitas hacer o decir para que los demás se abran y sean
honestos?
3
¿QUIÉN ES RESPONSABLE?
Hasta ahora, Kari y Mark se han puesto de acuerdo acerca de lo que estaba
pasando en su matrimonio. Hasta este punto el error era de nadie y a nadie
podía culparse. Nadie era responsable de nada. Esta situación estaba a
punto de cambiar. Mark y Kari habían hecho la lista de dónde estaban y se
habían puesto de acuerdo sobre dónde querían estar y ahora era cuando el
verdadero trabajo comenzaba. Este era el momento de separar y asignar las
responsabilidades personales por las acciones y actitudes que habían
llevado a este matrimonio al punto de colisionar. ¿Por qué este punto es tan
importante? –Porque es la manera de Dios de restaurar relaciones.

Dios designó la responsabilidad personal

Dios designó la necesidad de identificar y separar el círculo de


responsabilidad de cada persona. Dough fue el ejemplo de ello. “Dough está
en el teléfono. ¿Vas a hablar con él un minuto?”, preguntó mi esposa Linda.
Yo sabía que era una llamada de larga distancia. Después de algunos
comentarios amenos, Dough admitió a regañadientes que él y su esposa
ahora estaban separados, no habían continuado con un proyecto que yo les
había sugerido meses antes. La petición era muy básica: la lista de A “En” y
B “Ser” que indica dónde estaban y adónde querían ir. El lado B era el más
importante. Ellos vivían a 3 horas de distancia y yo quería que ellos
vinieran a mi oficina para trabajar con algunos puntos sobre los cuales
necesitaban tomar conciencia para saber cuál era su problema.

“Bueno Chuck, no puedo dejar pasar por alto el hecho de que mi esposa
tiene problemas con sus gastos. Ella ha despilfarrado la fortuna de 45.000
dólares y yo estoy realizando 3 jornadas de trabajo agrícola para poder
pagar esa deuda”. En nuestra breve conversación indagué su relación con
ella. Él tímidamente admitió que no tenía ninguna relación con ella, nunca
la había tenido y no sabía cómo sería una verdadera relación de pareja.
Entonces apareció la bomba: él ni siquiera estaba interesado en ninguna
relación. Nada le hacía pensar a Dough que su esposa quería una relación
con él. Si ella no podía tenerlo a él, –ella gastaría dinero para llenar su
propio vacío y castigar a su esposo donde más podía herirlo, en la cartera.
Lo que le dije sobre la necesidad de una relación con su esposa parecía
traspasar a Dough, con la rapidez de una flecha, como una navaja afilada.
Él respondió: “pero yo aún no puedo pasar por alto la deuda de $ 45.000
colgando sobre mi cabeza.” Dough no había terminado, cuando vino a mi
mente la enseñanza de Jesús sobre la paja y la viga.

La paja y la viga de la responsabilidad personal

En una montaña de Galilea, cerca de Capernaúm, Jesús enseñó lo que


comúnmente llamamos “El Sermón del Monte”. Terminando el Sermón, Él
se centró en una práctica muy común entre los Fariseos –juzgar a otros,
mientras ignoraban sus propios errores. “No juzguéis para que no seáis
juzgados”, les dijo. Entonces Jesús plantea una pregunta retórica pero
penetrante: “¿Por qué miras la paja del ojo de tu hermano, o esposa, pero no
ves la viga de tu propio ojo?” ¿Cómo podrían ellos ayudar a los demás y no
poder ver sus propias necesidades manifiestas? ¿Cómo le puedes decir a tu
hermano, esposo, déjame quitarte la paja de tu ojo y no mirar la viga que
está en tu propio ojo? Conclusión: ¡Tú, hipócrita! Quita primero la viga de
tu propio ojo y entonces podrás ver con claridad para quitar la paja del ojo
de tu hermano (Mt. 7:1,3-5)

Parafraseando este pasaje, le dije a Dough: ¿Por qué primero no identificas,


asumes y cumples tu propio círculo de responsabilidad y entonces podrás
lidiar con lo que es responsabilidad de tu esposa? ¿Qué estaba haciendo
Dough hasta ese momento? -Justamente lo contrario: estaba enfocado en los
errores de su esposa, como una sutil disminución de sus propias
responsabilidades.

Dos amigos muy queridos vinieron a mí con los mismos problemas que
afectaban a Dough y su esposa. Juan admitió honestamente que su meta era
reducir el tamaño de su círculo de responsabilidad al tamaño de un guisante
e inflar el círculo de Alice al tamaño de una pelota de baloncesto. Juan tenía
una astuta estrategia para esto. Quería que Alice sintiera que ella tenía la
culpa total de cualquier dificultad familiar y que él tenía poca o ninguna
responsabilidad. Juan era un gran “desplazador” de culpa. Alice era una
gran complaciente, asumía que no era culpa de él con el fin de apaciguar a
un controlador enojado como Juan. Se especializó en astillas e ignoró
totalmente las vigas. Por muchos años, las pajas de Alice se veían como
vigas y además de eso ella se creía todas las mentiras acerca de ella misma.

El tamaño de la paja y la viga determinan la importancia de la


responsabilidad personal. La viga de Dough era el tipo de viga que sostenía
todo el techo. La paja de su esposa era una pequeña pieza de madera, como
una astilla de paja. La viga larga es la perspectiva de Dios de tu propia
responsabilidad personal, la paja es la responsabilidad de la otra persona.
Nuestra responsabilidad es siempre mayor porque generalmente es la única
responsabilidad sobre la que tenemos control. Lo que pasa es que nuestra
mente egoísta lo revierte; es decir, podemos admitir una pequeña cantidad,
una pequeña parte de ella como responsabilidad nuestra, pero de ninguna
manera nuestra responsabilidad es tan grande como la viga que
grotescamente vemos que sobresale del ojo de la otra persona.

La enseñanza de Jesús sobre la viga y la paja no reduce ni trae alivio sobre


la responsabilidad de su esposa de controlar sus propios gastos, pero enseña
la necesidad de asumir primeramente cada uno su propia responsabilidad, lo
cual aclararía la perspectiva para ver con claridad las necesidades de otros y
sus puntos de vista. Lo que Dough no pudo comprender era que él estaba
funcionando con una discapacidad; la viga de su ojo estaba obstruyendo su
visión sobre ambos, no pudiendo ver las necesidades de ella ni las suyas
propias.

Bueno, ¿No debería lidiar con ella por el gasto compulsivo? Sí. Pero ella no
me llamó. Fue Dough quien lo hizo. Esto es importante; hay que trabajar
con el que viene a Usted, no con el que no está allí. Jesús hizo esto con
frecuencia. Fuera de la bulliciosa multitud, una poderosa petición vino a
Jesús: “Maestro, di a mi hermano que parta su herencia familiar conmigo”.
El pasaje no indica si el hermano estaba presente o no, pero Jesús respondió
al que hizo esa petición personal, basada en la responsabilidad personal:
“Hombre, ¿Quién me ha puesto sobre ustedes como juez o partidor?” (es
decir, ¿Quién me designó como juez y árbitro sobre ti?), ese no era el
círculo de la responsabilidad de Jesús. Entonces él se dirigió a la multitud
señalando: “Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no
consiste en los bienes que posee.” (Lucas 12:13-15). Jesús se enfocó más en
el problema de la avaricia del hombre que en el alegato de injusticia de su
hermano. Con ello, Él no quería decir que nunca debiera tomarse en cuenta,
pero estaba enfocándose en la necesidad del que estaba presente.

Con mucha frecuencia, sólo uno de los cónyuges viene a consejería,


motivado generalmente por el deseo de recibir consejo sobre cómo cambiar,
arreglar o manipular al otro cónyuge para que éste se comporte como ellos
desean. En esos casos, normalmente dibujo tres círculos: uno para el
cónyuge ausente, otro para el que está presente y el otro para el matrimonio.
Aún el más dotado de los consejeros sólo podrá ayudar al que está
presente.

Yo dibujo tres círculos por una razón práctica: le pregunto al cónyuge


presente que me escriba en su círculo de lo que él o ella es responsable de
hacer y qué cosas no puede hacer. Luego, debe llenar el círculo que
corresponde a su pareja y en el tercer círculo, lo que le corresponde a ambos
como pareja.

Dough, en este caso, tenía que lidiar con el miedo a fracasar y relacionarse
con su pareja en la intimidad, lo que impulsaba su deseo de evadir cualquier
relación. Su esposa tenía que lidiar con la amargura del abandono afectivo
de su esposo ante el fracaso de él, de no intentar construir una relación
íntima con ella. El tercer círculo incluye la necesidad mutua de establecer
un presupuesto que permita recuperar el balance financiero. Es necesario
separar cuales son los problemas de él, de ella y cuáles son de ambos. La
mayoría de los problemas se resisten a las soluciones debido a la
incapacidad de identificar y separar a cada persona con su círculo de
responsabilidad, ya sea si se trata de un compañero, hermano, feligrés,
empleado o jefe.

Luego, existe otro escenario: uno de los cónyuges viene a consejería para
aprender qué se puede hacer para arreglar a su pareja. En este particular
puedo decir que se equivoca; es como intentar creer que si su pareja tiene
cáncer, él o ella pueden recibir quimioterapia en lugar del otro. Su
comportamiento hacia su pareja puede influir en ella pero no puede
cambiarla. El principio que utilizó Jesús fue que se puede ayudar al que está
presente para asignar, identificar y asumir su propio círculo de
responsabilidad.

El apóstol Pablo luchó con este concepto de la responsabilidad personal.


Nosotros vemos esto ilustrado de nuevo en la tercera aparición de Jesús
después de su resurrección, cuando se encontraba solo cerca del lago de
Tiberías. Siete de sus discípulos habían regresado a su vocación (oficio) de
la pesca y nada habían pescado toda la noche. Un extraño les pidió a arrojar
las redes del lado derecho de sus barcas. Ellos lo hicieron y la pesca fue tan
inmensa que las redes se rompían y no podían sacarlas del agua. En ese
instante Juan reconoció que el extraño era Jesús. Pedro impulsivamente se
lanzó de la barca y nadó hasta la costa.

Mientras se sentaban alrededor del fuego, comiendo los peces de la pesca


milagrosa, Jesús volvió a comisionar a Pedro a atender y alimentar a sus
ovejas, aquellas que se convertirían en creyentes de Cristo. Tres veces
Pedro lo traicionó y tres veces Jesús le preguntó sobre su amor hacia él,
seguido por instrucciones claras para pastorear sus ovejas. (Jn. 21:11–17)

Entonces Jesús cambió la conversación para informar a Pedro cómo iba a


morir él. Poniendo sus ojos en Juan, Pedro dijo: “Señor, ¿Y qué de este?”
Jesús utilizó el círculo de responsabilidad para darle a entender a Pedro una
verdad importante: “-Si quiero que él quede hasta que yo vuelva, ¿qué a ti?
Sígueme tú.” (Jn. 21:12–22).

El apóstol Pablo explicó a los cristianos en Roma la misma necesidad de


identificar y separar sus propios círculos de responsabilidad para reducir
conflictos y aumentar la paz. Romanos 12:18 dice: “Si es posible, en cuanto
dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres:”(Ro. 12:18) La
frase, “en cuanto dependa de ti”, es la misma frase que Pablo usó para
explicar su responsabilidad en la proclamación del evangelio en Romanos
1:15 “Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el Evangelio
también a vosotros que estáis en Roma” (Ro. 1:15). La frase en lenguaje
original significa “en cuanto dependa de ustedes”. Pablo enfatiza que él ha
hecho, estuvo haciendo y hará todo lo humanamente posible para poder
realizar la meta de extender las Buenas Nuevas en Roma. De la misma
manera, animó a los miembros de la Iglesia de Roma que hicieran todo lo
que estaba en sus manos (en su poder) hacer para tener paz unos con otros.
Esta fue la misma actitud con la que animamos a Mark y Kari para que
cooperaran en su proceso.

De regreso al pizarrón

Cooperación era la palabra precisa (clave para Mark y Kari. Era la orden
del día mientras Kari y Mark completaban el A y B. Pero ahora venía la
parte estresante. Dibujé dos círculos en el pizarrón y puse el nombre de
Mark en uno y el de Kari en otro. Buscando la lista A de la pizarra dije:
¿Quién ha estado mintiendo? –ambos respondieron a la vez. Entonces
escribí “mintiendo” en ambos círculos; “¿Qué pueden decir acerca de
maldecir?” Ella lo miró, Mark encogió de hombros y admitió su culpa;
“¿Qué pueden decir sobre retraerse, aislarse?” La culpa recayó de nuevo
sobre Mark. “¿Quién tiene la costumbre de criticar?” Kari admitió, y anoté
la palabra criticar en su círculo y así fuimos anotando en cada una de sus
listas y encontraron que a veces los dos eran culpables y ocasionalmente se
justificaban; sabía que estaba dando en el blanco cuando el intercambio de
culpas salió a la superficie. Enfrentar y asumir responsabilidades no nos
hace sentir bien, porque implica convicción de la falta. Culpar es el desvío
de la responsabilidad personal.

En la medida que he estado utilizando esta herramienta para asignar


responsabilidades a personas a través de los años, he venido escuchando
que los esposos dicen con frecuencia: “siento que usted está abusando o
atormentándome”, y yo acostumbraba darle una larga explicación acerca de
lo que estaba haciendo; pero recientemente me di cuenta que esta es
probablemente la primera vez que estas personas se estaban enfrentándose a
su Rayos X personal, sobre cómo eran ellos realmente y qué habían hecho.
También me doy cuenta que atacar es distraer, es saltar de un asunto a otro
de la manera más pura. Así que yo meramente me limito a decir: “podemos
discutir la injustica más tarde si desea; sin embargo, nosotros vamos a
hablar ahora acerca de su sarcasmo”. ¿Es ese sarcasmo parte de su estilo de
vida? Su rostro exasperado expresa la realidad de que su estrategia para
distraerse de los verdaderos problemas no está funcionando”.

De tiempo en tiempo el consejero debe evaluar si, de hecho está siendo


imparcial o se ha enfocado en una persona más que en la otra. Los círculos
pueden ayudar a mantener el enfoque correcto. También resulta apropiado
preguntar si algo ha sido pasado por alto en alguno de los círculos de los
cónyuges. Cuando uno de ellos ha tenido un estilo de vida cristiana
saludable, su círculo debe contener menos aspectos ofensivos de lo
habitual.

Añada otro círculo

Aunque los hijos de Mark y Kari no están presentes, sus nombres y


conductas frecuentemente salen a relucir en la conversación. Cada vez que
el nombre de otra persona es mencionado mientras se habla de un conflicto,
sean hijos, padres, cuñados o parientes, añada un círculo para ellos. Eso
será de valor para el Rayos X familiar.

Con frecuencia escuchamos que un problema en particular es tan


complicado que desafía la solución. Estamos en el dilema que ni los
caballos del Rey y todos los hombres del Rey pudieron juntar a Humpty
Dumpty otra vez. Sin embargo, la respuesta no puede ser tan complicada
como parece a primera vista. Añadir un círculo para cada persona
mencionada que sea relevante para el conflicto ayuda a clarificar tres
asuntos: Primero, ¿Quién es responsable de qué? La respuesta debe
llevarnos a clarificar e identificar la responsabilidad personal por cada
ofensa. Segundo, nos dirá rápidamente qué es lo que debe hacerse y a quién
le corresponde hacerlo. Y tercero, la respuesta nos indicará a su vez quién
no es responsable por tal o cual actitud. Es importante saber sobre qué cosa
uno no es responsable, así como saber de qué conducta sí lo es.

El Rey salomón lo muestra en Proverbios 26:17 “Como tomar por las


orejas a un perro que pasa, es entrometerse en pleito ajeno.” Si tomamos un
perro por las orejas, podemos esperar ser mordidos (nos exponemos a ser
heridos); de la misma manera, si nos involucramos en pleitos que no son
nuestra responsabilidad (no es asunto nuestro), podemos ser maltratados al
conocer poco o nada del conflicto en sí. Por eso, Salomón nos incita: “Con
nadie pleitees sin razón, a no ser que te hayan agraviado.” (Pr 3:30).

Temor a ver

Pero… ¿Qué hace usted cuando alguien involucrado en un conflicto no ve e


incluso no quiere ver cuál es su responsabilidad? Por lo general hay razones
para ello. En primer lugar, pueden haber sido avergonzados terriblemente
cuando eran niños por cada error cometido y han crecido con miedo a
cometer un error. Una persona madura ha aprendido a través de los años
que está bien fracasar, que eso es parte de la vida y que es posible
recuperarse y aprender de ello; pero muchas personas han entrado a la edad
adulta sin haber escuchado nunca a la persona más importante de su vida
decir: “yo estaba equivocado, ¿Podrías perdonarme?”. Ellos no tienen un
modelo a seguir sobre cómo corregir errores. Sienten que van a perder su
valor personal si reconocen un fracaso en su responsabilidad personal.
Algunos llaman a esto orgullo. La vergüenza es el sentimiento emocional
que usted tiene cuando siente que ha perdido su amor propio, dignidad o
valor.

En vez de ser desvalorizados a los ojos de los demás, más bien quienes
cometen errores y se humillan son admirados y respetados por su carácter.
(Pro. 29:23). Mientras que aquellos que son controlados por el miedo al
rechazo, abandono y orgullo, no pueden admitir sus errores y no son
respetados (Stg. 4:6).

La segunda razón por la que las personas no pueden ver su círculo de


responsabilidad es porque esa es una idea nueva. Si alguien creció en un
ambiente donde se pasaban la culpa, asumir la responsabilidad personal es
algo totalmente ajeno a su experiencia de vida y les produce mucho miedo.
Si los padres no admiten sus errores personales para con sus hijos, ellos
aprenderán rápidamente que no es necesario reconocer los errores y ello
puede ser el origen de la vergüenza que sienten por hacerlo.
La tercera razón por la que las personas pueden evadir ver su círculo de
responsabilidad es que pueden sentir que alguien más es siempre
responsable. La persona que cree esto evitará toda rendición de cuenta
sobre su conducta personal. Esto era exactamente lo que John estaba
haciéndole a Alice y lo que Dough estaba haciéndole a su esposa.
Reconocer la responsabilidad personal requiere disposición para cambiar,
ajustar, admitir una necesidad e incluso, confesar estar equivocado. Aún
personas que están en Ministerios son atrapados en la trampa del miedo.

Un Pastor de una iglesia local me pidió un día que me reuniera con él, su
esposa y su hija adolescente. El Pastor Martin me dijo: “ella es una rebelde,
resiste a Dios, hace malas decisiones, anda por allí con hombres mayores y
miente.” Un mutuo amigo Pastor, quien me lo refirió, me llamó y me puso
al tanto de la situación desde la perspectiva de la hija.

Me reuní con los tres a la vez. Gentilmente le pregunté a la hija si podía


compartir qué estaba pasando con su vida y dónde fue herida.
Personalmente, fui tomado por sorpresa al ver que fuera tan honesta en sus
respuestas, estando sus padres presentes. Ella había sido golpeada y
abofeteada, insultada, criticada, avergonzada, traicionada, desprotegida. El
padre nunca estaba en casa y la madre no acudía en su ayuda cuando la
necesitaba. Ella reconoció el trato severo y áspero hacia su hija, su
favoritismo hacia su hermano menor.

Irónicamente, los padres pastores de la adolescente no discutieron sus


reclamos, pero lo que me sacudió fue cuando el padre declara: “yo no
tomaré ninguna responsabilidad por su conducta, ella no puede culparme
por sus malas decisiones.” La esposa era una complaciente y su esposo un
controlador agresivo. Muchos padres traen a sus hijos adolescentes a mí
para que los arregle. En verdad ellos lo necesitan pero también sus padres.
Con frecuencia me han dicho francamente que no estaban aquí para
discutir, estamos aquí para arreglarlos. Cuando escucho esto, dos lecturas
vienen a mi mente: en el último versículo del Antiguo Testamento
Malaquías declara: “Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos,
y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y castigue la
tierra con maldición” (Ml. 4:6). El comportamiento común de un
adolescente es su forma de gritar para pedir ayuda y para conseguir
satisfacer sus necesidades. A menudo, para la sanidad es necesario restaurar
o desarrollar el vínculo emocional entre los padres y sus hijos.

El segundo verso que me viene a la mente es la instrucción de Pablo a los


Gálatas “No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el
hombre siembre, eso también segará.” (Gá. 6:7). Aunque el apóstol Pablo
estaba originalmente lidiando con la pregunta sobre el soporte financiero de
los trabajadores de la Iglesia de Galacia; en un sentido amplio el principio
es el mismo. El sembrador debe decidir qué tipo y qué tamaño de cultivo
desea; luego, tiene que seleccionar la clase de semilla que logrará su
objetivo. Si planta trigo y quiere maíz, trigo es lo que obtendrá. Una
definición común de locura es: “hacer lo mismo una y otra vez y esperar
resultados distintos”. Si usted continúa sembrando trigo año tras año y
espera cosechar maíz, usted necesita un curso sobre agricultura. Usted
puede maldecir el terreno o a Dios, pero el que tiene el problema es el
sembrador.

Este padre Pastor sembró semillas devastadoras de rabia, ira, vergüenza,


pero esperaba una conducta piadosa. Las escrituras explican esto
abundantemente claro: esto es querer burlar a Dios y Él no lo va a tolerar.
El maíz es maíz y no trigo. Por tanto, la tercera razón por la que uno puede
fracasar en ver este círculo de responsabilidad es que él o ella piensen que
alguien más es responsable.

La cuarta razón por la que alguien no quiera ver su círculo de


responsabilidad es el miedo a lidiar con el conflicto. Esta es una situación
controlada por el miedo de no saber qué hacer. La mayor parte de sus vidas
han intentado escapar de los conflictos de una u otra manera. El que es
explosivo estalla con ira en medio de un conflicto, mientras que el otro, el
pacificador, se traga toda su ira, buscando paz a cualquier precio; por otra
parte, el escapista huye y se refugia en el alcohol, drogas, sexo, TV, trabajo,
hobbies, novelas, computadoras, eventos civiles, lectura, la religión y la
Iglesia. Muchas de estas actividades no son dañinas en sí, aunque todas
pueden ser utilizadas como una vía de escape al temor de qué podría pasar
si descubren algo con lo que tienen que lidiar, con algo que tienen que
enfrentar.
La quinta razón por la que alguien no pueda ver su círculo de
responsabilidad es la negación de la realidad y suele preguntar ¿Qué
problema?

Negando el acceso a Dios

Cuando las personas no quieren creer que existe un problema un


asunto difícil o una responsabilidad está en negación.

¿Qué es negación? De acuerdo con los doctores John y Linda Friel, autores
del libro que en español significaría Niños adultos: Los secretos de las
familias disfuncionales, negación es: “una manera de protegernos a
nosotros mismos de una realidad que es demasiado dolorosa como para
traerla a nuestro pensamiento consciente.” Una definición cristiana de la
negación que yo he utilizado por varios años describe la seriedad de lo que
la negación hace: le niega acceso a Dios a los problemas que Él quiere
sanar para nuestro beneficio y su gloria. Note cuatro aspectos relevantes
sobre esta definición: primero, la negación echa a Dios fuera del proceso.
Esto en sí mismo puede ser devastador. ¿Por qué? Porque uno de las
características comunes de los problemas es la preocupación. Esta presenta
una situación presente o futura sin Dios. Es duro ver al Salvador en la cara
con un enfoque determinado y estar preocupado al mismo tiempo. En
realidad, una prueba puede ser una llamada de alerta de nuestro amoroso
Dios con el deseo de estar íntimamente envuelto en nuestras vidas.

Segunda, con Dios fuera le hemos negado acceso a nuestro problema. Dios
es suficientemente sabio para permitirnos sudar, quejarnos, agitarnos hasta
que estemos dispuestos a regresar (volvernos, acudir) a Él. No debemos
estar afanados por nada, pero tenemos que involucrar a Dios en el proceso,
por medio de la oración, súplica y acción de gracias y echar todas nuestras
cargas en Él. El resultado de esto es la paz (Fil. 4: 6–7).

Tercero, la negación bloquea el acceso a Dios a la solución y alivio de


nuestro dolor. Dios podría confortarnos, sanarnos, restaurarnos, animarnos
y darnos una nueva esperanza (2ª Co. 1:4). Esta puede ser la razón por la
que el Señor permite problemas; en primer lugar, para desarrollar nuestra fe
y aumentar nuestra resistencia durante las pruebas, (Stg. 1:3). El resultado
de la negación es que no somos sanados ni ayudados por Dios y nos
estancamos.

Finalmente, el cuarto, le niega a Dios Su Gloria. Jesús lo dice de esta


manera: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
(Mt. 5:16). Por otra parte, Pablo lo resume así: “hacedlo todo para la gloria
de Dios” (1ª Co. 10:31b) y por medio de la misericordia de Dios, “si es que
padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos
glorificados.” (Ro. 8:17 b).

Por tanto, las personas pueden fallar (fracasar) en ver sus círculos de
responsabilidad por muchas razones. Algunos tratan de evitar conflictos
huyendo de ellos, mientras otros simplemente niegan que el problema
exista; pero Traci y Nick tienen un problema más difícil. En su caso, no se
trataba de asignar responsabilidades, sino sobre percibir círculos borrosos.

Círculos borrosos (confusos)

“Chuck, yo siento que tengo a mi suegra en mi habitación” Dijo Nick, un


joven esposo muy frustrado. No pude evitar pensar que esto iba a ser
interesante. Le pregunté a Nick si podría explicarme qué quería decir con
eso. Esta es su historia:

Comenzó antes de que estuvieran casados. La ceguera del amor y la


intoxicación del romance oscurecieron lo que estaba sucediendo. Nick
describe el día de su boda. Antes que Nick y Traci salieran a su luna de miel
en Hawai, Traci llamó a su mamá desde el Aeropuerto, luego, llamó a su
mamá cuando llegaron a Honolulu; cada mañana y cada tarde llamaba a su
mamá. Habría más llamadas intermitentes durante el día si no fuera por la
apretada agenda de actividades planificadas: nadar, pasear en bicicletas,
montar a caballo, surfear y escalar. “De hecho, ella llamó a su mamá antes
de venir y su madre está esperando otra llamada de Traci al llegar a casa.
Ella le va a preguntar a Traci qué fue lo que le dijimos a usted y que nos
dijo usted”.

Miré a Traci, y por su semblante desilusionado me da a entender que Nick


estaba diciendo la verdad. Yo investigué con gentileza si su madre estaba
enferma o necesitaba supervisión de cerca por razones de su salud o edad.
Traci dijo que no. Ella tenía buena salud y un empleo de mucha
responsabilidad. Entonces le pedí a Traci si podría darme un breve resumen
de su infancia y algunos de los asuntos o problemas que sus padres tenían.
Su corta respuesta lo dijo todo. Su padre era un alcohólico que murió
cuando ella tenía 10 años. Aunque su matrimonio no había ido bien, logró
llenar una de las necesidades físicas y emocionales de su madre. Después de
la muerte de su esposo, la madre de Traci se volcó hacia su hija en
búsqueda de confort, seguridad y compañía para llenar su propio vacío
interior. ¿Sentiste como si te hubieras convertido en el sustituto de tu padre?
Le pregunté. -“Sin duda. Mi mamá me ha dicho con frecuencia que yo soy
todo lo que ella tiene. Ella me necesita. Amo a mi mamá y no veo cuál es
el problema de Nick. Sí, ella es un poco entrometida, pero así es ella.”

La mayoría de las personas que deja su propio círculo de responsabilidad y


se inmiscuye en los círculos ajenos lo hace por ignorancia, impulsividad,
naturalmente y sin darse cuenta. Raramente lo hacen con la intención de
herir a otros, pero terminan creando círculos de responsabilidad confusos.

La relación entre Traci y su madre viuda me recuerda a un viejo riel de


pesca que tenía cuando era un niño. Se enredaba con mucha facilidad y
mientras más intentaba desenredarlo, peor se ponía. Recuerdo cuando
miraba aturdido mi mano llena de cuerda de pescar toda enredada y yo me
sentía totalmente derrotado. Finalmente hice lo único que se podía hacer;
tomé el cuchillo y corté la cuerda desde el riel y ésta cayó en el suelo en un
completo desorden. Usted puede hacer esto con cuerdas de pescar pero no
es la mejor solución para conflictos familiares.

Este embrollo de vida es generalmente considerado como un enredo. Dios


afirmó que el establecimiento de un nuevo hogar formado por el
matrimonio estaría caracterizado por el principio de “dejar a padre y
madre”. Desde el mismo principio Dios determinó límites al declarar: “por
tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer”… El
crecimiento y desarrollo en esta unión es que… “y serán una sola carne”
(Gn. 2:24). ¿Qué es lo que hace que una relación parezca como si esto no es
lo que sucede en sus vidas?

Círculos enmarañados
El problema es que no cualquier persona que esté en una relación confusa y
enredada puede distinguir dónde termina su propia identidad y comienza la
otra. Estas personas no tienen una identidad propia y, por tanto, no sienten
la necesidad de clarificar círculos y responsabilidades. Su razonamiento es:
“mis problemas son tus problemas y viceversa”.

La madre de Traci no tiene una identidad propia, ella vive por y para su
hija. Esto no es intencional. Era lógico para ella llamar y hacer preguntas
indiscretas. Era como si ella fuera quien se casó con Nick y se fue de luna
de miel y ahora venía a consejería matrimonial con él.

¿Qué pasaría si Traci no llamara a su madre? En su próxima conversación


ella diría: “ya era hora de que me llamaras”, con un sarcasmo que heriría la
conciencia hipersensible de Traci. Su madre continuaría: “¡pensé que te
habías muerto! Yo sé que estás ocupada con tu nueva vida y no tienes
tiempo para mí. Después de todo, yo he estado siempre contigo en toda tu
vida.”

Las relaciones enredadas construyen un sistema relacional que lleva un


registro de todos los detalles de la relación y le sigue la pista a todo lo que
se ha invertido en ella. Es un sistema revestido de términos de sacrificio, de
manera que cuando el hijo llega a la edad adulta se siente que está tan en
deuda con ella que ni siquiera se atreve a pensar en reducir o terminar esta
insana relación. El problema es la inseguridad. El hijo sirve como “el
seguro” (la garantía) del adulto para no quedarse nunca solo. De nuevo,
Dios ha sido virtualmente dejado a un lado. Pero Él mismo nos garantiza:
“No te desampararé ni te dejaré”(He. 13:5b)

Los adultos que han crecido bajo este enredo se sienten totalmente
responsables de evitar que sus padres sobre-dependientes experimenten la
soledad. A pesar de toda la sobreprotección que estos hijos puedan
proveerles, la soledad de sus padres no mengua ¿Por qué?, -porque la
soledad es un llamado de Dios a nuestro corazón para tener relación y
compañerismo con Él. No es nuestro llamado llenar el vacío que Dios
diseñó en el corazón de otra persona para ser llenado por Él.

Nuestras necesidades más profundas nunca se llenan con las relaciones


humanas. El director del Coro del Rey David, Asap, en sus luchas
personales llegó a la conclusión: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti, nada deseo en la tierra.” (Sal. 73:25). Aún así, todavía
tendemos a cambiar posiciones terrenales, poder y posesiones en lugar del
verdadero Dios.

Otra característica de una relación insana es que otra persona culpe a otro
por su propia infelicidad. Esto era evidente en la relación de Shelia con su
madre Ann. Ella le decía repetitivamente que ella nunca había hecho nada
de lo que necesitara disculparse (el pedir perdón a alguien) y sería feliz si
tampoco otras personas tuvieran que hacerlo. Ella criticaba a Shelia por
cada conflicto que tenían porque no podía ser su culpa. Ann no tomaría
ninguna responsabilidad por su propia vida por este patrón de vida. De
nuevo vemos que es la misma táctica que John y Dough utilizaron para
evadir sus responsabilidades en su propio matrimonio.

El problema es que personas como la madre de Shelia asumen que si los


demás son responsables de su infelicidad, los demás son también
responsables de su felicidad. La situación toma un extraño giro: si uno es
feliz, el otro siente que necesita estar malhumorado e incluso deprimido y
entonces los dos estarán deprimidos muy pronto. ¿Por qué? Porque cada
uno se siente responsable de mantener un ambiente emocionalmente
balanceado. (Es decir, un balance entendido como en el mismo estado
emocional). Y, justo para confundir aún más las cosas, si uno de ellos se
deprime, pronto ambos lo estarán o uno de los dos intentará compensar el
ambiente asumiendo una actitud eufórica. Es crucial tomar en cuenta que
ninguno de los dos está siendo guiado o respondiendo al Espíritu de Dios,
sino que cada uno responde a las emociones del otro. Es verdad que la
Palabra dice: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (Ro.
12:15), pero eso es totalmente diferente a estar deprimido con los que están
deprimidos o intentar compensar con otra emoción extrema.

En estas relaciones enredadas la paz no está permitida, ¿por qué? –porque la


energía de cada uno viene de la confusión misma. El caos genera
emociones y ello trae una gran carga de adrenalina. Esto es totalmente
contrario a la meta de permanecer, morar, estar en comunión con el Espíritu
Santo cuyo fruto es: gozo, paz, dominio propio. El espíritu de Dios no
controla relaciones enredadas y confusas. La felicidad que depende de las
circunstancias reemplaza al gozo y la paz para ellos no es algo normal, así
que cada uno va a buscar confusión. El control emocional reemplaza al
dominio propio. Estas personas se vuelven como termómetros que reflejan
la temperatura atmosférica de la familia, en vez de ser termostatos que
regulan la temperatura a través del Espíritu Santo.

Este modelo relacional se identifica con el dolor del otro de una manera
anormal y disfuncional. A nadie le está permitido cometer un error y
aprender de ello sin sentir vergüenza. Ellos detestan a los que cometen
errores, porque ellos mismos sufren mucho. He visto este ejemplo vívido en
Erick.

Cuando yo era Pastor de jóvenes del Sur de California tuve un estudiante de


segundo año que vino a mi oficina bastante molesto por una decisión que su
madre había hecho por él. La queja de Erick era sencilla: su madre no le va
a dejar jugar fútbol. Lo indagué tomando en cuenta su actitud en casa, los
conflictos familiares y el cumplimiento de responsabilidades. Después de
obtener el permiso de Erick, llamé a su madre. Ella era una querida mujer
cristiana. Le pregunté si tenía un motivo particular para no dejar a Erick
jugar al fútbol. Si se trataba de algún problema de obediencia o deficiencia
de su carácter yo podría ayudar. Sorpresivamente, no se trataba de eso. Ella
aseguró que Erick era un chico increíble y responsable. Después de una
pausa, me confió que no quería que se hiciera daño. ¿Daño?, yo jugué
fútbol, de eso se trata el fútbol, de hacerse daño; pero en ese momento, el
Espíritu Santo me incitó a preguntarle: “¿Usted está preocupada porque va a
sentir su dolor o es porque eso es demasiado para poder soportarlo?”. “Yo
sé que no debo sentirme así, pero no puedo con eso”. “Puedo ver que es
difícil para usted. ¿Podríamos hablar sobre ello la próxima semana?”. Tengo
que reconocer que, en un corto tiempo, la madre de Erick fue capaz de
localizar y entender de dónde venía el verdadero dolor. Ella había
experimentado muchas pérdidas en su niñez. El dolor potencial que pudiera
sufrir Eric por heridas del fútbol la puso en contacto con todo ese dolor del
pasado. Ella permitió que la gracia sanadora de nuestro Señor Jesús la
tocara y sanara. Por otra parte, el entrenador de Erick estaba agradecido de
que hubiera hablado con su madre y esto permitió que Erik se desarrollara
de una forma increíble en el fútbol durante los siguientes tres años.
Incesto emocional

Un sondeo posterior de la vida del hogar de Traci reveló el lado oscuro del
enredo. En la medida que aprendía más respecto de esa familia, un extraño
sentimiento me invadió. Honestamente creo que la intención de su madre
era pura, hasta que sucedió algo que terminó siendo emocionalmente
devastador para Traci.

Incesto físico es cuando un adulto usa a un niño para satisfacer sus


necesidades sexuales. Incesto emocional, por otra parte, es un adulto usando
a un niño para satisfacer sus necesidades psicológicas (emocionales). La
palabra hebrea para incesto, se traduce “confusión”. Esto es exactamente lo
que pasa en la mente del niño cuando él o ella son física o emocionalmente
abusados para satisfacer las necesidades de un adulto.

Cuando la madre de Traci perdió a su esposo alcohólico, fue abandonada


con sus propias necesidades no satisfechas. Ellos habían tenido una relación
co–dependiente, en la cual él era dependiente del alcohol y ella era
dependiente de esa relación. Ninguno estaba satisfecho. En una relación de
co-dependencia extrema, un adulto espera que el otro actúe en el lugar de
Dios en su favor. Yo llamo a esto idolatría relacional.

Esta puede tomar muchas formas. Una vez intenté ayudar a una mujer
cristiana a salir de una relación físicamente abusiva. Observé las fotografías
de su cara golpeada y raspada; pero ella me dijo que prefería ser asesinada
por su esposo que vivir la vida sin él. No era un problema de divorcio, era
un problema de miedo a estar sola. Su esposo tomó el lugar de Dios en su
vida. Afortunadamente para ambos, él recibió la ayuda adecuada que le
permitió salir de ese patrón. Ella es aún dependiente pero ha hecho algunos
cambios importantes.

No todas las relaciones dependientes son de adulto a adulto.


Desafortunadamente, pueden ser de adulto a hijo. Cuando el padre de Traci
murió su madre se volcó sobre Traci en vez de buscar ayuda adulta de sus
amigos, su iglesia y su familia. Durante horas interminables Traci tuvo que
escuchar a su madre decirle cómo extrañaba a su esposo y todos los buenos
momentos que pasaron juntos. Su madre buscó confort y seguridad en
Traci, pensado que todo iba a estar bien. Traci no podía ir a ningún lado sin
la constante vigilancia de su madre. Ella la convencía para que no fuera a
jugar con sus amigas, ni involucrarse en actividades escolares,
campamentos de la Iglesia; todo con el pretexto de que la mamá la
necesitaba y que podría hacerse daño. Eso era incesto emocional.

Los resultados fueron disfuncionales y pecaminosos. Nunca es correcto


elevar a una persona al lugar de Dios Todopoderoso. Traci se convirtió en el
sustituto de Dios para su madre. Su relación estaba controlada por el miedo
en vez de por la fe. Traci se sentía totalmente responsable de las
necesidades de su madre. De hecho, su perversión emocional generó en ella
la necesidad de sentirse responsable por todo y por todos. Esto trae como
resultado que Traci se mentía a sí misma sobre sus propios sentimientos,
deseos y necesidades que fueron relegados y olvidados. Esta es la
consecuencia de los círculos borrosos.

Regrese a lo Básico

¿Cuál es el punto de partida para reducir conflictos en las relaciones? Está


fundamentado en el principio de los círculos de responsabilidades. Primero,
sugiero que esas personas comiencen por identificar honestamente qué ha
pasado y pasa aún en las relaciones. Ellos deben hacer una lista de las
acciones que están ocurriendo. Este paso les ayuda a ver la realidad de los
factores en conflicto. Entonces les pido que asignen las culpas apropiadas,
quién es responsable de qué. Ellos tienen que estar seguros de incluir qué es
lo que correctamente corresponde a cada círculo.

**********

Traci y Nik completaron estos pasos, estuvieron listos para el reto. Hoy
tienen una creciente y saludable relación y la madre de Traci lo está
haciendo muy bien. ¿Cómo lo solucionaron?
Preguntas para discutir en pequeños grupos

1.- ¿Por qué crees que es importante el asignar a cada persona lo que le
corresponde hacer dentro de su círculo de responsabilidad?

2.- ¿Por qué te resulta difícil el asignarte a ti mismo las partes del conflicto
que están en tu círculo de responsabilidad?

3.- ¿Qué control crees que tú puedes tener sobre la responsabilidades de los
demás?

4.- Cuando observas tu conflicto y lo analizas, ¿Qué descubres que no


forma parte de tu círculo de responsabilidad?

5.- ¿De qué manera los demás han intentado enredarte en tu relación con
ellos?

6.- ¿Qué has hecho en el pasado para detener o evitar enredarte en


relaciones insanas y complejas?

7.- ¿En qué forma tu vida podría ser diferente, si te enfocaras en cumplir
con tu propio círculo de responsabilidad?
4
¿CÓMO ENCAJA LA FAMILIA POLÍTICA EN
TODO ESTO?
Este era el segundo matrimonio de Nick y el primero de Traci. Durante los
5 años que han estado casados se han dado cuenta de una cantidad de
errores que han cometido. Así que comenzaron a asistir a la Iglesia donde
la Biblia era enseñada de una manera clara y comprensible. Ambos estaban
poniendo sus vidas en el camino personal, espiritual y matrimonial; pero
debido a que habían llegado a un callejón sin salida vinieron a buscar
asesoramiento.

Su historia es muy común. Los conflictos con la familia política son


normales. No sólo los recién casados tienen que ajustarse el uno al otro,
sino también a la familia extendida. Siendo yo mismo parte de una familia
extendida sé que, aunque el matrimonio nos ha proporcionado numerosas
bendiciones, aún hay ajustes que hacer con los nuevos “hijos” o “hijas”
políticas. Cuando esas transiciones no son realizadas con suavidad y tacto
los conflictos son inevitables.

Nuevos roles para la nueva y la vieja familia

Tuve el privilegio de llevar a cabo la ceremonia matrimonial de DeeDee, mi


hija mayor, y de su prometido Roger. Su padre también era Pastor, así que
pudimos hacerlo los dos juntos. Antes que la pareja intercambiara sus votos
el Padre de Roger le hizo un desafío a su hijo y ahora era mi turno para
hacer lo mismo con mi hija. Yo había escrito palabra por palabra lo que iba
a decir a mi hija. Iban a ser palabras cortas y dulces –sin lágrimas. Allí
estaba yo, estoicamente parado con mi smoking negro, la Biblia en una
mano y el micrófono en el otro. Admirando a la bella novia, comencé a
leer: “DeeDee, hoy termina una relación que yo y tu madre hemos tenido
contigo por veintiún años”. De pronto, las lágrimas comenzaron a brotar y
rodar por mi rostro. ¡Estoy perdido!, no tengo pañuelo. Mirando alrededor,
no pude ver ninguna servilleta cercana. Yo no estaba seguro si la solapa del
traje estaba limpia.

¿Qué pasó? Esta iba a ser una ceremonia muy hermosa, pero ahora yo me
estaba enfrentando cara a cara con una nueva realidad; estaba entregando a
mi hija a otro hombre. A pesar de mi deseo y a mi negación a verlo,
comenzaron a dibujarse en mi mente los nuevos círculos de
responsabilidad. Me dije a mí mismo: “toma aliento y sigue adelante”.
Volví de nuevo a mis notas, las cuales decían: “pero hoy comienza una
nueva relación que tu madre y yo esperamos disfrutarla juntos contigo”.
Una nueva relación y nuevos círculos para ambos, la nueva familia y la
vieja.

Anteriormente he mencionado el relato de Moisés en Génesis 2:24, cuando


Dios establece el principio de dejar a padre y madre para ser una sola carne.
Una vez, una joven esposa me señaló que en Génesis 2:2 es el hombre el
que tiene que dejar a padre y madre, pero no dice que la mujer tiene que
hacerlo también. Reconocí y tomé en cuenta su punto de vista cuando le
pregunté si estaba familiarizada con Efesios 5:22 “las casadas están sujetas
a sus propios maridos como al Señor”. Le pregunté si podía ver alguna
dificultad en una esposa que aún es dirigida por sus padres mientras intenta
estar sujeta a su esposo.

“Bueno, yo sé”, respondió, “pero pienso que una mujer no tiene que actuar
como si sus padres estuvieran muertos.” Por esas palabras sospeché que
había mucha confusión en su mente y que ella, su esposo y sus padres no
tenían claridad en cuanto a sus nuevos roles y sus círculos de
responsabilidades.

Los padres no fueron invitados

Aunque el padre de Roger y yo estábamos llevando a cabo esta ceremonia,


no condujimos la consejería prematrimonial; lo hizo el pastor de DeeDee.
La joven pareja asistió a numerosas sesiones que establecían las bases para
un matrimonio basado en los principios de Dios, pero Linda y yo no
estábamos entrenados formalmente para ser suegros o abuelos.
Se da por sentado que nosotros, como padres, sabremos cómo actuar
respecto a nuestros hijos casados. La verdad es que generalmente no lo
sabemos. Sólo mire la cantidad de chistes sobre las suegras y suegros que se
expresan en nuestra sociedad, especialmente sobre las suegras (Yo tengo
una y pienso que ella es grandiosa). Estos chistes de mal gusto y
vergonzosos sólo ocultan una triste realidad: que puede no haber un
genuino “dejar a padre y a madre” por parte de los suegros. Algunos
intentarán ignorar la realidad al decir: “No he perdido un hijo, he ganado
una hija”.

Eso suena muy bien. Muchas nueras y yernos son un gran aporte para la
familia extendida. Este no es el asunto. Esos padres no están perdiendo su
relación con sus hijos, sino que ahora interactúan con ellos de una manera
totalmente nueva, saludable y diseñada por Dios, si es que la transición
ocurre de manera adecuada.

Los padres pueden olvidar o rehusar reconocer que sus hijos adultos han
formado otros círculos de responsabilidad. Cuando sus hijos eran jóvenes y
vivían con ellos era apropiado pedirles que limpiaran su cuarto. Ahora que
están casados o por su cuenta, está fuera de lugar pedirles que limpien su
casa. Eso ya no está dentro del círculo de responsabilidad de los padres.
Fallar en reconocer esta realidad bíblica termina ocasionando dolor
emocional innecesario en los padres y en los hijos casados.

Con frecuencia los padres harán para sus hijos casados lo que les hicieron a
ellos. Ellos pueden pensar que es normal ser controladores o manipuladores
porque así fue como ellos fueron tratados. Afortunadamente, la mayoría de
los padres que reconocen lo que pasó con ellos se proponen actuar de
manera distinta con sus hijos. Pero… ¿Qué pasa si no lo hacen? ¿Qué
puede hacer una pareja cuando la familia extendida confunde los límites y
círculos de responsabilidad, entrometiéndose y causando daño a la nueva
pareja y a sus propias vidas? Este era el caso de Nick y Traci.

Honra versus obediencia

Era tiempo de sugerir algunas estrategias a Nick y Traci para aplicarlas con
su madre. Estas estaban diseñadas para que Traci no estuviera tan enfocada
en su madre –mientras aún la amara y la honrara –y dirigiera sus energía (se
enfocara) hacia su nueva familia. Una de las sugerencias fue que limitara la
frecuencia y duración de sus llamadas a su madre.

“Nunca podría hacer eso”, objetó Traci. Su repentino pánico era obvio.
”Hablar con mi mamá en esa manera me hace sentir mal, como si le
estuviera siendo desleal. Yo amo a mi madre y yo nunca podría hacer algo
que la hiriera. Incluso, Dios dijo que tenemos que honrar y obedecer a
nuestros padres. Yo no quiero desobedecer a Dios ni a mi madre. ¡Lo
siento!”

Asignar círculos de responsabilidad con los padres, suegros y familia


extendida después del matrimonio no es fácil. Sólo una pequeña pista (o
sugerencia) para llevar a Traci en esa dirección la puso fuera de órbita. Esta
reacción es muy común porque la familia extendida es un área delicada.

Quizás la razón número uno por la cual los adultos continúan teniendo
conflictos con sus padres es que fallan en distinguir entre honrarlos y
obedecerlos. Fallar en hacer esta distinción es crucial ya que impide que los
hijos adultos puedan actuar de una manera respetuosa, responsable, madura
y adecuada al diseño de Dios.

La respuesta de Traci indicaba que tenía un mayor entendimiento de los


conceptos de honor y obediencia. Traci estaba en lo correcto. Dios ordena a
los hijos obedecer a sus padres: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros
padres, porque eso es justo” (Ef. 6:1). No sólo se les ordena obedecer, sino
también honrarlos. Pablo afirma luego: “Honra a tu padre y a tu madre –que
es el primer mandamiento con promesa.”(Ef. 6:2).

Realmente este es el segundo mandamiento dado que viene con promesa


(Éx 20:6). Pablo estaba probablemente indicando que esto era de
importancia primordial para los niños y también incluye una promesa para
ellos –una vida larga y estable. Yo nunca he conocido a una persona que
lleve una calidad de vida bíblicamente balanceada que no haya tenido en su
corazón honrar a sus padres y a la autoridad.

La obediencia termina, el honor continúa


Aquí es donde Traci estaba confundida. Cuando Traci y Nick se casaron
tuvieron una boda tradicional. En ausencia de su padre, su hermano la llevó
al altar y el pastor hizo una simple pregunta en la presencia de familiares y
amigos. ¿Quién entrega a esta mujer para unirse a este hombre en
matrimonio?

“Su madre y yo” –respondió el hermano. Desde ese momento, las


responsabilidades familiares fueron transferidas, por parte de su madre y
hermano, a Nick. Este es un rito ceremonial que visualiza el concepto
bíblico de “dejará a padre y madre y se unirá a su mujer y ambos serán una
sola carne.”

Algo cambió instantáneamente. No era algo físico, Traci estaba tan hermosa
como siempre y Nick estaba todavía tan buenmozo con su cabello ondulado
y rubio rojizo. No hubo campanas y silbatos, ni centellas ni rayos. Sin
embargo, algo sucedió en su interior–una separación, un desprendimiento.
No de Traci sino de su madre.

Le pregunté a Traci qué fue lo que pensó, qué tomó lugar en ese momento.
¿Qué había cambiado? ¿Qué iba a ser diferente? –Ella hizo una pausa y
dijo: “Supongo que se trata de que ya no voy a vivir en mi casa sino con
Nick. Vamos a comenzar nuestra propia familia y vamos comenzar a vivir
juntos”.

Muy bien, y ¿Qué cambió con tu madre? –“supongo que es el hecho de que
ya no estaré viviendo con mi madre y que pagaremos nuestras propias
facturas; no sé qué más cambió”.

¿Qué me puedes decir sobre honrar y obedecer a tu madre? - “Nada. Yo


todavía necesito honrar y obedecer a mi madre. Aún es mi madre y el hecho
de haberme casado no cambia eso.”

¿Realmente crees que como mujer casada debes obedecer a tu madre de la


misma manera que lo hacías cuando eras pequeña? –“No, bueno, lo que
quiero decir es que tengo que obedecer a Dios y no herir a mi madre”.
¿Puedes estar sujeta a tu esposo y a tu madre a la vez? La ansiedad de
Traci se elevó a un punto en el que creí que saldría despavorida de mi
oficina. Estaba trabada y confundida. La confusión generalmente indica que
hay una colisión entre lo que sabemos que es verdad y lo que sentimos que
es verdad. Traci sabía en su mente (intelectualmente) que era tiempo de
madurar y de transferir su alianza y lealtad hacia su esposo. Pero sus
sentimientos le gritaban a ella que estaba abandonando a su madre que toda
su vida había estado allí junto a ella.

“Traci, Dios te ha ordenado que honres a tu madre durante toda tu vida, eso
no cambiará nunca; pero ahora, como adulta, no estás obligada a obedecer a
tu madre, especialmente después del matrimonio.” Le pedí que leyera 1ª
Corintios 13:11.

Traci estaba familiarizada con este capítulo que habla sobre el amor. Pero
¿qué tenía que ver eso con este asunto? –Comenzó a leer: “Cuando yo era
niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero
cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” (1Co. 13:11). Usted podría
estar pensando: ¿Por qué ella no entiende que tiene que cortar las ligaduras,
madurar y hacer su propia vida? Quizás usted pudo haber negociado la
transición de ser un adulto soltero a un adulto casado sin mucha dificultad.
Eso está muy bien, pero para muchas personas eso no es tan fácil.

Miré a Traci a los ojos y le aseguré a ella que su madre siempre ocuparía un
lugar especial en su corazón; de hecho, Dios la anima a honrarla; “pero no
se te manda a obedecer a los padres en la edad adulta”. Un nuevo hogar
establece un nuevo orden de responsabilidades. La obediencia termina pero
la honra a los padres permanece.”

Le pedí que leyera (Ef. 5:22) “Las casadas estén sujetas a sus maridos,
como al Señor”. Un nuevo orden comienza en su responsabilidad para la
esposa y un nuevo rol es diseñado para el esposo. Le corresponde ser la
cabeza y servir a su esposa, dar su vida por ella tal como fue modelado por
nuestro Señor (Ef. 5:25; Mt. 20:28). Él no puede servir a sus padres en el
mismo grado y con la misma prioridad que se le demanda para con su
esposa e hijos.

Una ilustración práctica de este cambio de enfoque parental al marital se


puede vislumbrar en la relación física entre la esposa y el esposo. El
apóstol Pablo pone esto en claro entre los creyentes de Corintios: “La mujer
no tiene dominio sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene
el marido dominio de su propio cuerpo, sino la mujer.” (1ª Co. 7:4).
Autoridad y control deben mantenerse dentro de los límites del matrimonio
y no debe ser ejercido por los suegros o familia política, que no forman
parte de ese vínculo. Pablo definió este nuevo orden establecido cuando
dijo: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el
varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo” (1ª Co. 11:3).
En este orden, la familia extendida está excluida.

Le hice una aguda pregunta a Traci que unía estos dos pasajes. ¿Dónde se
mencionan a los padres en la estructura del establecimiento de este nuevo
hogar? Su silencio era audible. Pude ver que se sintió atrapada, pero un
nuevo entendimiento sobre la diferencia entre obediencia y honra estaba a
punto de liberarla de esa trampa.

Honra desde el corazón

Este conflicto era difícil para Traci. Cuando era una niña, ella fue entrenada
a seguir sus emociones de la manera que su madre se las había modelado.
Ahora Dios estaba reentrenando su espíritu para responder al Espíritu de
Dios a través de Su Palabra. Ella estaba a punto de aprender algo nuevo
acerca de lo que es honrar.

Honrar es una actitud del corazón y el respeto también emana de él. Dios
diseñó Su sistema de familia para incluir honra y respeto a los padres. Esta
debe ser una actitud del corazón para toda la vida. En la edad adulta, sin
embargo, esto no es está ligado a la obediencia, a las demandas y órdenes
de los padres.

La honra nunca deja de ser –bien sea hacia los padres o hacia los demás.
Como creyentes debemos darnos preferencia los unos a los otros en honra,
nos debemos honra (Ro. 12:10). Como ya hemos discutido anteriormente, el
apóstol Pedro eliminó cualquier espacio que se le quisiera dar a la deshonra
cuando dijo: “Honrar a todos.” (1ª Pe. 2:17a).

Consideremos algunas ideas que han sido muy liberadora para los adultos
que confunden obediencia y honor. El hecho de declinar gentilmente una
invitación, solicitud e incluso una orden hecha por sus padres no es
deshonrarlos. Como la honra es una actitud del corazón uno puede rechazar
una invitación de una manera honorable.

¿Cuántas parejas le tienen pavor a las celebraciones familiares por las


expectativas y demandas de la familia extendida? Las Navidades son
tiempos para expresar a Dios nuestra gratitud por Su generosidad y
provisión, pero las aterradoras llamadas pre navideñas pueden virtualmente
robar el gozo a la pareja. Volvamos al ejemplo de Mark y Kari por un
momento. Este tipo de llamadas demandantes era una ocasión para tener
una pelea y para que Mark lo usara como pretexto para emborracharse.

Mark proviene de una familia numerosa. Sus padres venían de una


comunidad estrechamente unida. En las celebraciones de Navidad, día de la
madre, del padre, etc., se esperaba que todos los hijos y nietos se reunieran
en la casa de sus padres y las ausencias no podían ser excusadas.

Kari quiso iniciar algunas de las tradiciones familiares. Ella estaba abierta a
alternar las celebraciones entre la casa de los suegros y la suya propia. Los
padres de Kari habían sido muy amables al ir a su casa, aunque ellos
hubieran preferido tener a los esposos de visita en su propia cena de
Navidad. Por otra parte, los padres controladores de Mark pusieron en
claro que él pertenecía a su casa y mejor sería que Kari no creara problemas
con eso.

Yo compartí las mismas ideas acerca de honrar y obedecer con Mark y Kari
que le había explicado a Nick y Traci y encontré la misma resistencia en
ambas parejas; ninguno de ellos querían herir a sus padres.

No somos responsables de la felicidad de los demás

Mark tenía el mismo sentimiento hacia sus padres controladores y


demandantes que Traci hacia su madre viuda. Sin tomar en cuenta lo que
sus respectivos padres hacían o demandaban de ellos ni Mark ni Traci
querían herir sus sentimientos. Esto en sí mismo no es incorrecto. Es
importante ser sensibles con nuestros padres pero esto puede ocasionar un
problema más grande, y es que muchos hijos adultos creen que son
responsables por la felicidad de sus padres. Ninguno de ellos (Mark Kari,
Traci o Nick) lo expresaban pero la idea de que somos responsables de la
felicidad de nuestros padres es un mensaje sutil (y a veces no tan sutil) que
los padres inseguros comunican a sus hijos. Nuestra amiga misionera
Evelyn me confirmó esta realidad.

Era un gran privilegio para nosotros hospedar a Hugo y Evelyn en nuestro


hogar mientras se decidía cuál sería su aporte económico como misioneros.
Ellos nos acompañaron a un seminario para padres donde hablé sobre cómo
reducir la ira en los hijos. Compartí que los hijos adultos no eran
responsables de la felicidad de sus padres. Cuando conducía de regreso a
casa Evelyn me dijo: “me hubiera gustado haber sabido eso treinta años
atrás”. ¿Saber qué? Preguntó mi esposa.

“Que no soy responsable de la felicidad de mis padres. Aún después que


Hugo y yo nos casamos me sentía culpable por no haber sido capaz de
hacer feliz a mis padres, especialmente a mi madre. Pensé que ese era uno
de mis tantos fallos.

Usted puede preguntarse, si nosotros como niños no hacemos a nuestros


padres felices, entonces, ¿Quién lo hará? –Dios. ¿Dios?, pero… ¿Qué pasa
si incluso no son cristianos? El hecho de que ellos no sean creyentes no
altera el hecho de que Dios es la máxima fuente de nuestra felicidad. O
mejor dicho, de nuestro gozo.

Gozo es el carácter de Dios. El fruto del Espíritu incluye el gozo. Cualquier


otra fuente de gozo es una contradicción. Como dije antes, una persona
codependiente hace que la otra persona actúe y tome el lugar de Dios en su
vida. Esto es lo que yo he llamado “idolatría relacional”. No tiene que ser
necesariamente otro adulto; también un niño puede ser colocado en esa
posición y eso puede fácilmente desarrollarse y llevar a las personas a caer
en la perversión del incesto emocional. El apóstol Pablo proclama la
máxima fuente a la que podemos acudir para llenar nuestras necesidades:
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en
gloria en Cristo Jesús” (Fil..4:19)

Usted puede discutirme que si sus padres no son creyentes debemos hacer
todo lo que podamos para hacerlos felices. No hay discusión al respecto. La
clave está en darnos cuenta que no somos responsables por su felicidad.
Aún el más bueno de los hijos o nietos es un pobre sustituto para lo que
Dios nos ofrece. Con frecuencia, las personas gastan mucha energía para
hacer que sus vidas funcionen apartadas de Dios.

Los padres son responsables de sus propias decisiones en la vida, en la


medida que sus mentes estén claras. Con frecuencia, la demencia, derrames
cerebrales, convulsiones, así como otras enfermedades como el Alzheimer
afectan el cerebro. Se rompen los corazones de los hijos cuando ven a los
padres mirarlos fijamente y preguntarles quienes son ellos. También hay
padres que no tienen esas condiciones físicas y están amargados y molestos
la mayor parte de sus vidas. Ellos pueden estar sufriendo físicamente por
estas razones, pero en la medida que tenga su mente lúcida son responsables
de su conducta.

Asignar responsabilidades adecuadas a los suegros puede significar que los


hijos adultos dejen de asumir la responsabilidades por la felicidad de sus
padres. El hijo adulto puede orar a Dios para que le otorgue a sus padres la
gracia para entender su necesidad de confiar en Él para ser salvos y poder
recibir confort, llenura y felicidad. Francamente, en este particular, esto es
todo lo que el hijo adulto puede hacer. Los padres pueden escoger pos sí
mismos si van a buscar a Dios o no.

Cuando la presión se eleva durante las vísperas de las celebraciones


navideñas, ¿cómo podemos evitar herir a nuestros amados padres? La triste
realidad es que no podemos evitarlo, pero ningún hijo adulto es responsable
de corregir o maquillar las necesidades no satisfechas de sus padres
originadas desde su infancia, sus problemas no procesados (amargura,
miedos, inseguridad) o sus actitudes ante la vida. Podemos animarlos,
sugerirles, suplicarles, darles esperanza, pero la manera de responder o no a
Dios se encuentra en su propio círculo de responsabilidades. Nuestra
manera de responder a Dios y reaccionar ante la vida es en parte de nuestro
propio círculo.

Muchos de nosotros nos afligimos por el estilo de vida que llevan nuestros
padres. Es triste ver a personas que son devotas de la amargura. Aún así
tenemos que dejar a Dios ser Dios. Tenemos que dejar a nuestra madre o
padre asumir la responsabilidad de sus vidas y permitir que Dios obre en
ellos como Él quiere. Nuestra responsabilidad es orar para que se
desvanezca cualquier tipo de ceguera espiritual en sus mentes y corazones.
Los hijos adultos del Rey Salomón pudieron haber tenido el mismo
problema.

Triste final para un gran comienzo

Hay pocos hombres en las escrituras que comenzaron tan bien y terminaron
sus vidas tan mal. Los estudiantes de la Biblia no han aprovechado las
ideas prácticas del la sabiduría del libro de Proverbios. Bajo la dirección
del Espíritu Santo el Rey Salomón expresó la mayoría de estas ideas
prácticas.

Una riqueza de sabiduría tan grande no pudo hacer feliz al Rey Salomón. Él
lo intentó todo. Si él viviera hoy, creo que incluso probaría las drogas para
darle significado a su vida. Él aclaró: “Decidí en mi corazón agasajar mi
carne con vino y, sin renunciar mi corazón a la sabiduría,” (Ec. 2:3a).
Salomón construyó casas, lagos artificiales, plantó viñedos, tenía mujeres y
hombres esclavos, rebaños y manadas de ganado. Atesoró oro, plata y un
numeroso harén de concubinas. Se proveyó a sí mismo de todos los
placeres. ¿Cuál fue su conclusión? “ Miré luego todas las obras de mis
manos y el trabajo que me tomé para hacerlas; y he aquí, todo es vanidad y
aflicción de espíritu y sin provecho debajo el sol” (Ec. 2:11 ) ¡ Qué triste!.

Esto estaba mal pero no era lo peor. El autor de 1ª de Reyes puso de


manifiesto las ataduras de su vida. Él señaló que el Rey Salomón amó a
muchas mujeres que pertenecían a las naciones que Dios le había ordenado
a Israel evitar, con el trágico resultado de que ellas desviaron su corazón
del verdadero Dios y terminó sirviendo a los dioses paganos de ellas:
Astarté, Milcom, Quemos y el detestable Moloc. (1º Re. 11:5 -7)

¿Quién era responsable por la felicidad de Salomón? Él probó sabiduría,


trabajo, fortuna y mujeres. Cuando era ya un anciano, regresó a la única
fuente que podría darle significado y gozo a su vida: Dios mismo. En algún
momento Salomón se aferró a la idea que las mujeres le proporcionarían la
felicidad que tanto buscaba. ¿Habrá él aprendido esto de su padre, el Rey
David, quien moralmente violó a Betzabé, la embarazó, mandó a asesinar a
su esposo, y luego se casó con ella? El segundo hijo nacido de este
matrimonio fue salomón. Había sido sexo ilícito lo que había unido a sus
padres. Fue el deseo de entregarse al sexo lo que destruyó el carácter de
Salomón.

¿Qué hubieran podido hacer los hijos de Salomón para salvar a su padre?
¿Eran ellos responsables de su comportamiento inmoral? Dios juzga a los
que son responsables; por eso juzgó al Rey Salomón (1º Re. 11: 9–13) La
gloria de Salomón finalmente se tornó en la desgracia de su familia.

Nosotros somos responsables de su cuidado

Ningún padre ha tenido la fortuna de Salomón de proveer para sí mismos en


su vejez. Como parte de nuestra manera de honrarlos, Dios nos hace
responsables del cuidado de ellos en la etapa donde su salud y capacidades
están declinando.

Jesús puso esto perfectamente en claro a los fariseos hipócritas. Ellos eran
hombres astutos. El quinto mandamiento, honrar a padre y madre, incluía
proveer la ayuda económica adecuada para ellos. Pero, para evadir esta
responsabilidad declaraban sus posesiones como un Corbán, una ofrenda
destinada a Dios (Mr. 7:11). Dichas ofrendas sólo podían utilizarse con
propósitos religiosos. ¿Por qué harían esto los Fariseos? Porque amaban
recibir la alabanza de los hombres por sus generosos aportes para el
Templo. Eso alimentaba su orgullo, aumentaba su poder y extendía su
posesión y prestigio entre ellos mismos y los demás.

Este esquema reafirma la profecía de Isaías que Jesús mencionó: “Este


pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Mr.. 7:6b). El
apóstol Pablo lo dijo de esta manera: “porque si alguno no provee para los
suyos, y mayormente para su casa, ha negado la fe y es peor que un
incrédulo.” (1Ti. 5:8). El mismo Jesús no se excusó cuando estableció
límites y responsabilidades con su propia madre. Durante la festividad de la
boda de Canaán surge un problema que se convierte en la ocasión del
primer milagro de Jesús. La provisión de vino se había agotado y María se
dirige a Jesús pensando que él podrá resolver el problema. ¿Cómo lo iba a
hacer? No estaba claro porque Jesús no había hecho ningún milagro hasta
ese momento.
Después que María le informó a Jesús que no tenían vino, él respondió:
“¿Qué tiene esto que ver conmigo, mujer? Aún no ha llegado mi hora” (Jn.
2:3-4). Tan extraño como puede parecer para nosotros escucharlo a él
referirse a su madre con la palabra “mujer”, esa era en aquellos tiempos una
expresión educada y apropiada.

La respuesta de María reflejaba un nuevo aspecto de su relación con su hijo.


Ella le dijo a los sirvientes: “Haced todo lo que él os diga” (v.5b) María
expresa su sumisión a él. Es evidente que ella no entendía del todo pero
confiaba en él, algo significativo porque María participó en su ministerio
sin poder tener control sobre él. Jesús estaba totalmente sujeto a Su Padre
celestial y dejó muy en claro que él había venido a hacer la voluntad de
aquel que lo envió, no de quien le dio a luz. (Jn. 6:38).

El dolor insoportable no liberó a Jesús de su responsabilidad personal.


María, junto con un grupo de cuatro mujeres, estaba a los pies de Cristo
crucificado. Jesús agonizaba herido y sin esperanza. Su dolor agonizante
estaba traspasando su corazón tal como Simeón había profetizado cuando
cargó al niño Jesús en sus brazos. (Lc. 2:35). Cuando Jesús vio la angustia
de su madre y al apóstol Juan junto a ella, le dijo: “Mujer, he ahí tu hijo.
Después dijo al discípulo: He ahí tu madre.” (Jn. 11:26b-27a). Desde ese
momento Juan asumió la responsabilidad de cuidar y estar pendiente de
María. Aparentemente, los propios hermanos y hermanas de Jesús estaban
en Galilea y no tenían condiciones para satisfacer sus necesidades. Jesús fue
responsable.

Yo pensé que para Traci, la esposa de Nick, la situación de sus padres era
más difícil de resolver.

Relaciones de adulto a adulto

Traci era fácil de enseñar. Ella quería lo mejor de Dios, así que le propuse
un proyecto práctico para comenzar con esta nueva relación de adulto a
adulto con su madre. Sorpresivamente ella aceptó y para prepararla le
advertí que podría haber alguna respuesta negativa de parte de su madre.
Por otra parte, le dije que si ella respondía a la gracia de Dios y aceptaba el
nuevo rol bíblico que estaba comenzando a establecer, la potencialidad de
una respuesta positiva de parte de su madre era enorme.
“Traci, cuando tu madre te llame esta noche para averiguar sobre tus
sesiones de consejería, ¿Puedo sugerirte que le des las gracias por su
llamada?; expresa tu aprecio por su preocupación y delicadeza y no lo
hagas sólo por este momento, sino por el resto de tu vida. Comparte con
ella que te has dado cuenta que necesitas hacer algunos ajustes para
enfocarte más en tu propio hogar y responsabilidades familiares. Entonces,
con gentileza, exprésale que no vas a estar llamándola cada día y, al mismo
tiempo, pregúntale si ella podría apartar un tiempo en la semana para
reunirse (esto es una meta importante para comenzar el cambio)”.
La mirada de Traci lo decía todo: miedo, terror, horror, pánico, pero tengo
que darle crédito a ella, porque a pesar de todo estaba determinada a
hacerlo.
En nuestra próxima cita indagué sobre cómo fue la llamada. “Mi mamá no
llamó esa noche”, dijo Traci, “Yo llamé a mi hermana, hablamos y le dije lo
que iba a hacer y ella llamó a mi madre más tarde. A la mañana siguiente,
mi madre me llamó y me preguntó de qué se trataba todo eso. Le compartí
lo que estábamos haciendo y quedé impresionada con su respuesta. Ella dijo
con franqueza: –ya me estaba preguntando cuándo ibas a madurar–”. Su
madre estuvo de acuerdo con que era buena idea distanciar las llamadas y
que estaba perfectamente bien que se enfocara más en sus
responsabilidades. "De hecho, ha sido genial", Nick intervino y validó la
idea.
Traci no tenía control sobre su madre, pero cuando ella ejerció el tremendo
poder que se produce al cumplir con las responsabilidades personales
comenzó a solucionar su enredo y actuar de una manera saludable con su
madre.
El principio de “dejar a padre y madre” puede requerir pasar algún tiempo
alejado de aquellos padres que entremezclan sus círculos de responsabilidad
con los de sus hijos adultos, con el objeto de recuperar algo de dominio
propio y obtener una perspectiva nueva y saludable. Esto es una realidad;
si no ha ocurrido una sana separación emocional y la relación está
caracterizada por una dependencia manifiesta. Tomará tiempo establecer el
círculo de responsabilidades propias y desarrollar maneras saludables para
relacionarnos con nuestros padres. Una palabra de advertencia: esto no va a
ser fácil para los padres dependientes; ellos pueden reaccionar fuertemente
y, debido a su propia inmadurez, podrían sentirse excluidos o llamarle a
usted egoísta. Sin embargo, para aquellos hijos maduros con padres que aun
confunden sus roles y responsabilidades, el tiempo invertido en este
distanciamiento, reajustando la relación, puede ser de gran valor. A este
proceso debe seguir un tiempo de compartir con honestidad cuáles son las
expectativas de cada uno respecto del otro, negociando alguna propuesta
balanceada y saludable.
Tras varias semanas, entrenamos a Kari y Nick para construir una relación
de adulto a adulto a través de la asignación a cada uno de los miembros de
la familia extendida de sus propios círculos de responsabilidad. En ese
momento, algo cambió.
Traci había estado respondiéndole a su madre como una niña. Ahora,
parecía responder a su esposo Nick como una hija más que como si fuera su
esposa, pero cuando ella hizo el cambio para relacionarse con su madre en
un nivel de adulto a adulto también comenzó a relacionarse de esa manera
con Nick. Por un tiempo este cambio generó una pequeña maraña y Nick
descubrió que tenía que suavizar su forma de ser controladora para
establecer una sociedad conyugal tal y como Dios pide como “coherederos
de Su gracia” (1ª Pedro 3:7). Esta asociación no altera los roles que Dios
estableció en Efesios 5, aunque da inicio al respeto mutuo que tomó tiempo
en desarrollarse. Nick cambió de ser un líder dominante a ser el líder y
siervo amoroso convirtiéndose en un vivo ejemplo de Cristo para su esposa.
Estábamos muy contentos con la respuesta positiva de la madre de Traci y
ello se debía a una muy buena razón: muchas veces estas situaciones
estallan en tu cara. La espada de la que Jesús habló al tomar en cuenta a los
suegros traspasa a los miembros de las familias extendidas que aun no
comprenden sus nuevos roles y posiciones (Mateo 10:34–37) .
Es por eso que hacer la separación entre hijos adultos y sus padres con
frecuencia resulta doloroso. Jane experimentó esto con su padre.

La pequeña niña de Papá

Yo ya me había reunido con la hermana mayor de Jane. Ella nunca se había


sentido amada por su padre. Matrimonios rotos, novios que la abandonaron
y hombres abusivos habían llenado su pasado. Entonces conocí a su
hermana menor que estaba casada, Jane. A los ojos de su padre ella era aún
la pequeña “niña de papá”. Jane era su favorita y en quien tenía su vida
enfocada, lo que hizo apartar a un lado a su hermana mayor. El favoritismo
nunca se expresa para beneficiar al hijo, sino que se trata de cómo el hijo
hace sentir al padre.
Jane necesitaba hacer algunos cambios en su relación con su padre por las
mismas razones por las que Traci tuvo que hacerlas con su madre. Ella tenía
su propio hogar y unos niños que criar. Jane escogió escribirle una carta a
su padre y encontrarse con él en un parque tal como solían hacerlo para
hablar.
Le leyó una carta a su padre que estaba llena de agradecimientos y aprecio
y en la que compartía que necesitaba hacer algunos ajustes en su vida.
Quería relacionarse con él de adulto a adulto, honrándolo como su padre.
Su respuesta inmediata en el parque fue cálida y comprensiva y se fue a su
casa. Ella supo después que él me habría maldecido por ser el consejero de
su hija. “¿Cómo podía robarle a su pequeña niña?”. Desde entonces él se ha
mostrado frío con Jane aunque cortés al mismo tiempo. Ella lo ama mucho,
pero él no está dispuesto a permitirle a ella que crezca y que desarrolle una
relación Cristocéntrica de adulto a adulto basada en el honor.
Jane y su hermana reconstruyeron su relación, procesaron la rabia y
amargura que se había formado por años y ahora ambas están bien, pero su
padre no. Él está aun estancado donde estaba hace quince años.
Identificar, asignar y establecer responsabilidades bíblicas con los suegros,
puede no traer paz, más bien, puede acarrear espada. Para Traci y Nick, no
era una asunto de mantener su fe ante sus padres incrédulos, más bien, se
trataba de asignar roles bíblicos y responsabilidades para la nueva familia
extendida.
El matrimonio crea nuevos roles y responsabilidades. La relación con los
padres cambia en la medida que usted se relaciona con ellos de adulto a
adulto, honrándolos en vez de obedecerlos. En la medida que se establecen
nuevos límites usted puede decirles que “no” de una forma honorable.
Los hijos no son responsables de la felicidad de sus padres; esa es una
elección que hacen ellos mismos. Como hijos adultos somos responsables
del cuidado de ellos en los años de su vejez.

**********

Traci y Nick enfrentan la presión exterior, pero para la pareja del Pastor
Tim, Mark y Kari la espada está a punto de levantarse en su familia.
Asignar responsabilidades en la familia extendida es una cosa e identificar y
asignar responsabilidades dentro de la propia familia puede llegar a ser un
desafío mayor.
Preguntas para discutir en pequeños grupos

1.- Después de tu matrimonio, ¿Cuáles ajustes tendrías que hacer en tus


relaciones con tus suegros?

2.- ¿Qué tipo de problemas tuvieron tus padres con sus padres, después de
haber contraído matrimonio?

3.- ¿En qué forma has honrado a tus padres, sin que ello implicara
obedecerlos en todo y llenar sus expectativas y sus deseos sobre ti?

4.- En las celebraciones y fiestas familiares, ¿Cómo se producen o salen a la


superficie los conflictos? ¿Cómo has lidiado con ellos?

5.- ¿Qué expectativas tenías de tus padres, y ellos de ti, después de que te
casaste y te fuiste a vivir por tu cuenta?

6.- ¿Qué puedes hacer para establecer una relación de adulto – adulto con tu
familia?
5
¿CÓMO REPARAR FRACTURAS EN LA
FAMILIA?
El pastor Tim miraba al pizarrón. Dos grandes círculos mostraban lo que
Mark y Kari habían hecho y qué querían hacer en su matrimonio. Aún
faltaba algo. Sin ello, nuestros esfuerzos estaban condenados a fracasar
desde el principio.

La plomada de la verdad

Yo comencé la conversación. “Mark, ¿tú sabes lo que es una plomada?”


“Seguro, es una pequeña pesa de plomo al final de una cuerda que el
constructor suspende para obtener una verdadera línea perpendicular que
llegue hasta el suelo. Eso le permite construir una pared derecha, bien sea
de ladrillo, una cerca o un edificio.

“¿Qué es lo que es siempre consistente en una plomada?”

“Que es siempre igual –no fluctúa”

“¿Qué más puedes hacer con ella?”

“Bueno, puedes usar una plomada para probar si las paredes existentes
están inclinadas y necesitan enderezarse o simplemente, ser derribadas”.

Esto es exactamente lo que la Palabra de Dios es, una plomada de la verdad.


Es importante examinar nuestra conducta y actitudes sobre la plomada de la
Palabra de Dios.

Dios hizo esto con su pueblo Israel cuando Él intentó restaurar su relación
con ellos. El profeta Amós anunció a la rebelde casa de Israel que Dios
estaba preparando la plomada de Su palabra entre su pueblo. Esto indicaría
cuán fuera de la línea estaban respecto a Su ley del pacto y por qué estaban
a punto de ser derribados (echados abajo) (Am. 7:7-9). El pueblo de Dios
creía que estaba bien, pero la verdad de Dios estaba a punto de mostrarles
algo muy distinto. Lo mismo pasó con Mark y Kari.

Le pedí a Mark que abriera la Biblia y leyera. “Hay camino que al hombre
le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. (Pr. 14:12). Esta
verdad es tan importante que se repite textualmente en Proverbios 16:25 y
este concepto tan razonable necesita ser analizado con profundidad.
Salomón estaba explicando lo que Mark y Kari estaban experimentando en
la vida real. Salomón estaba diciendo que hay un camino, un sendero, un
estilo de vida que parece estar en lo correcto, bueno e incluso, derecho,
pero si se continúa andando por ellos, el resultado final es camino de
muerte.

Muerte significa separación. En la muerte física, el espíritu es separado del


cuerpo (Stg. 2:26); en la muerte espiritual, nuestro espíritu es separado de
Dios (Ro. 3:23). Pero hay otra clase de separación, la separación relacional.
Para un esposo o esposa ciertas conductas pueden parecerles correctas o
normales, pero si continúan así, darán lugar a la disfunción, separación o
divorcio. La incidencia de divorcios entre cristianos está a la par con la que
sucede entre los no cristianos. Los creyentes no están exentos del principio
de que se cosecha en las relaciones lo que se siembra (Ro. 2:11; Gá. 6:7).

Las tres causas más comunes de divorcio entre cristianos son adulterio,
abuso (físico y emocional) y abandono. Le toma un tiempo más largo a los
cristianos llegar al punto de divorcio que a los no cristianos, pero el
resultado es el mismo. La lección básica es simple: los cristianos que no
ajustan sus acciones y actitudes a la plomada de los caminos de Dios
terminan en el mismo lugar como cualquier otra persona que hace lo
mismo. Recuerde que la definición de locura es “hacer la misma cosa una y
otra vez esperando resultados diferentes”. El pecado produce separación y
finalmente mata una relación. Kari y Mark estaban encaminados, iban bien
en su camino hacia la separación y seguramente el divorcio.

“Mark y Kari, ustedes pueden ver en el pizarrón cuáles son sus patrones de
conducta destructivos. ¿Van a seguir sin cambios y por tanto terminar en los
caminos de muerte (separación o divorcio), o creen que deberían centrarse
en su círculo de responsabilidad que les conducirá al cumplimiento mutuo y
una relación vibrante con Cristo y con los demás? Recuerde que su
matrimonio es su recompensa aquí en la tierra, no en el cielo” (Ec 9:9). “El
poder de hacer que su matrimonio funcione se encuentra en el poder de
cumplir sus propias responsabilidades personales.” Regresé al pizarrón y
miré sus círculos y les pregunté: “¿Cuál de sus actuales caminos no se
alinea con la plomada de las Escrituras?” Una cosa es identificar conductas
erradas, actitudes y palabras y otra muy distinta es corregirlas con funciones
y responsabilidades bíblicas.

No es el propósito de este libro realizar un estudio exhaustivo de la


teología del matrimonio, pero es importante sacar a relucir algunas de las
responsabilidades que son comunes para esposos y esposas y aquellas que
son únicas para cada uno.

¿Qué son responsabilidades saludables?

El tiempo se estaba acabando, así que le pregunté a Mark y Kari en qué


forma las enseñanzas y predicaciones bíblicas le traían a la memoria las
responsabilidades personales. La primera que se mencionó fue `amor´.
Escribí amor en cada uno de sus círculos.

Mark inmediatamente dijo: “las esposas tiene que sujetarse”. Escribí eso en
el círculo de Kari mientras ella suspiró con disgusto. Miré a Mark y luego a
Kari. Tomé una Biblia y se la di a Mark. “¿Puedes buscar Efesios 5:21?”

Mark leyó: “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” Basado en ese


pasaje, Mark, ¿Qué deberías poner en tu círculo? Su ceño fruncido reflejaba
su resistencia a responder. Él fue confrontado con una nueva realidad, la
responsabilidad de la sujeción mutua. Él creía que solo las esposas tenían
que sujetarse, y a los hombres les tocaba controlar. Personalmente creo que
Dios quería establecer el concepto de sujeción mutua en el versículo 21,
antes de que las responsabilidades de la esposa fueran mencionadas en el
verso 22.

Lo que a menudo se pasa por alto en la enseñanza de este pasaje es que el


verbo "someter", en realidad, está ausente en el texto griego, en el versículo
22. Hay que pedir prestado el verbo "someter" de la frase anterior, en el
versículo 21 para completar el significado del versículo 22. Esto fue hecho
intencionalmente para conectar dos pensamientos relacionados.

El apóstol Pablo ilustró la sujeción mutua en el área de la intimidad: “La


mujer no tiene dominio sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco
tiene el marido dominio sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1ª Co. 7:4).
El contexto de este pasaje tiene que ver con las relaciones sexuales.

Como Mark tenía la Biblia abierta en Efesios 5, le pregunté si iba a leer el


resto del capítulo en busca de su círculo de responsabilidades bíblicas con
respecto a Kari. Él comenzó leyendo el Versículo 25: “Maridos, amad a
vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo
por ella”. Escribí en el círculo de Mark, al lado de la palabra amor, “como
Cristo amó a la iglesia”.

Mark replico “Sí, pero ella tiene que amarme también”. ¡Qué perfecto
arreglo! Pero en ninguna parte de las escrituras a la esposa se le ordena
especialmente que ame a su esposo. Aunque existen algunos pasajes que se
refieren a que “nos amemos los unos a los otros” (Jn. 13:34-35), no hay una
orden específica para la esposa de amar a su esposo. Es cierto que las
ancianas deben enseñar a las mujeres más jóvenes cómo amar a sus maridos
y a sus hijos, pero no es una orden directa para amarlos (Tit. 2:3-4). Estas,
las mujeres maduras con experiencia deben enseñar a las más jóvenes cómo
cuidar amorosamente de sus maridos e hijos.

Como Mark estaba terminando el capítulo 5, otra responsabilidad surgió


para Kari: “y la mujer respete a su marido” Ef. 5:33b. “Kari abrió los ojos”.
Le recordé a Kari que ahora sólo estamos estableciendo responsabilidades.
Después vamos a ver cuáles son los inconvenientes u obstáculos para
cumplirlos.

Le señalé a Mark que él era responsable de tomar la iniciativa espiritual,


que incluye la instrucción espiritual, la oración y la asistencia a la iglesia
(Ef. 5:26–27). Algunas otras responsabilidades salieron a relucir en la
medida que le hacía leer otros pasajes. “Vosotros, maridos, igualmente,
vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil
y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no
tengan estorbo” (1ª Pe. 3:7). La mirada desconcertada de Mark indicaba
cierta confusión. Y con buena razón.

La mayoría de los maestros y predicadores centran sus estudios sobre el


matrimonio en Efesios 5. Este pasaje es muy importante, pero raramente se
extienden hacia las claras instrucciones que Pedro les da a los hombres para
que comprendan a sus mujeres. Mark nunca había escuchado que era su
responsabilidad vivir con su esposa con una comprensión inteligente de la
naturaleza bíblica de la relación matrimonial. Esta es la razón por la que
recomiendo a los hombres que lean el excelente libro de Ken Nair que en
español se titula Descubriendo la mente de la mujer. Mark, como muchos
hombres, creyó que era responsabilidad de su esposa el comprenderlo y
acomodarse a él.

Por otra parte, Dios no le ordena a las esposas comprender a sus esposos.
Existen al menos dos posibles razones para esto: Primero, las mujeres en sí
mismas tienen más habilidades para cuidar y relacionarse que los hombres,
en segundo lugar, las mujeres saben más sobre los hombres que los
hombres sobre ellas. Mientras las mujeres ponen mayor énfasis en construir
relaciones, los hombres se enfocan más en su trabajo. Son pocos los
hombres que han venido buscando consejería matrimonial porque desean
una relación con su mujer más amable, profunda e íntima. Para la mayoría
de los hombres más intimidad significa más sexo. Para la mujer, la
intimidad comienza con comprensión, ternura y cercanía emocional.

Posteriormente, le expliqué a Mark que los hombres están para otorgar


honor a sus esposas. La palabra otorgar significa “otorgamiento” de la
manera en que un oficial de las Olimpiadas otorga una medalla al ganador.
Esta es la única vez que esta palabra es utilizada en el Nuevo Testamento.
Un hombre puede pensar que si la mujer fuera una verdadera ganadora, él le
otorgaría a ella honor. Lamento decirle que ese no es el ejemplo de Dios. Él
nos escogió para otorgarnos su gracia y favor cuando carecíamos de mérito
alguno. “Porque por gracia sois salvo por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Ef.
2:8–9). Dios nos otorga gracia como un regalo, no como una recompensa y
el hombre es responsable de reflejar esa manera de Dios otorgándoles a sus
esposas el regalo del honor (honra). Muchas mujeres están todavía
esperando recibir ese regalo.

El libro de los Doctores Gary Smalley y John Trent, que en español se


llamaría El regalo de la honra (Honor), es una de las guías más prácticas
sobre cómo otorgar honor en todas las relaciones. Así mismo, la serie de
videos del Dr Smalley, Hogares de honra, es un creativo e invalorable
recurso sobre este particular.

Cuando llegó la hora de concretar de qué eran Mark y Kari mutuamente


responsables, algunas de las cosas que aparecían en ambos círculos eran:
perdonarse, animarse, regocijarse y “En fin, sed todos del mismo sentir,
compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables. No
devolváis mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario,
bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamado a heredar bendición” (1ª Pe.
3:8-9).

Cuando Kari y Mark miraron sus respectivas responsabilidades en el


pizarrón estaban sobrecogidos; pero una gran ventaja que ellos tenían era
que estaban dispuestos a trabajar juntos para reparar su fracturado
matrimonio. También contaba con un Pastor dedicado, que estaba
comprometido para ayudarlos a sanar su relación. Pero este no era el caso
del matrimonio de Jerry y Susana. No eran cristianos. El ideal de Dios para
su matrimonio fue destrozado por el divorcio.

Ideales rotos

Jerry y Susana comenzaron a salir juntos cuando ella tenía quince y él


diecisiete. Esa era la primera relación seria de ambos. Después de estar
saliendo juntos por seis años se conocían muy bien el uno al otro -¿No es
así? Susana sabía que él tenía su carácter, pero ella sentía que podía vivir
con eso. Además, pensó, nadie es perfecto. Yo puedo cambiarlo. Y sí, ella
sabía que él le disgustaba profundamente a su madre, pero eso era de poca
importancia tomando en cuenta el amor que se tenían. O eso creyó.

No le tomó ni seis meses a Susana descubrir cuán poco conocía acerca de


Jerry. Mientras un día estaba tendiendo la cama de ellos, encontró dos
revistas pornográficas escondidas debajo del colchón. Entró en shock.
¡Traición! Susana había creído que su falta de interés sexual se debía a que
él tenía un bajo impulso sexual; pero entonces comenzó a encontrar otras
claves que confirmaron sus peores temores: él era adicto a la pornografía.
Cuando ella lo confrontó, él se volvió violento tratando de evadir su culpa.
Susana se disculpó por haberlo disgustado y en un intento de mantener la
paz y la armonía evitó volver a mencionar ese asunto.

Cuando ella quedó embarazada de la primera hija Jerry le hizo ver claro que
la única razón por la que acordó tener un hijo era para que ella tuviera
compañía mientras él salía con sus amigos. Pasaron meses sin intimidad
física. Susana se culpaba a sí misma pensando que era por su apariencia y
su desempeño en la cama. Así pasaron algunos años y entonces un día ella
inadvertidamente lo descubrió en una actividad sexualmente privada. Y el
impacto que sufrió se convirtió en furia. Susana le perdió la confianza y el
respeto de manera instantánea, pero Jerry le afirmó que la amaba y le dijo
que quería trabajar para resolver el problema. Ella se volvió a comprometer
con él y creyó que él también lo había hecho.

Pasaron los años y cuando Susana estaba esperando su tercera hija Jerry le
anunció: “quiero salir de este matrimonio”. Todos los días la presionaba
para que abortara. Finalmente, ella le hizo la pregunta y él admitió que tenía
un romance.

Susana me dijo: “yo sentí como si todo mi interior hubiera caído a mis pies;
estaba totalmente vacía por dentro.” Su aventura era una extensión de su
adicción al sexo.

Jerry estaba fuera de sí pues Susana se negó a abortar. Él realmente explotó


cuando el abogado le dijo que no se podía divorciar porque su esposa
estaba embarazada. Lanzó todo lo que pudo encontrar a la mano y
finalmente tiró la puerta al salir.

Él corazón destrozado de Susana fue la tierra fértil para la Palabra de Dios.


Mientras veía en la televisión a un evangelista hablar acerca del amoroso
Dios que quería ayudarla y perdonarla, Susana sintió que su corazón se
suavizaba. El evangelista enfatizaba que nada es imposible para Dios.
Susana dijo: “Yo sé que no podía seguir manejando mi vida por mí misma,
así que le pedí a Cristo que perdonara mis pecados y viniera a mi vida” (1
Jn. 1:9, Jn. 1:12). “Me sentí totalmente perdonada por Dios.” Más tarde, un
consejero cristiano la llevó a perdonar a su esposo, a su amante y a su
suegra.

Cuando Susana dio a luz a su tercera hija Jerry no estaba allí. Horas más
tarde él fue con su amante al hospital para ver al bebé y anunciar que aún
quería el divorcio. Seis meses más tarde el divorcio se había consumado. El
ideal de Dios para su matrimonio se hizo pedazos.

Divorcio y responsabilidades

Asignar los círculos de responsabilidad a matrimonios cuando estos se


hallan fracturados no es fácil. Susana se dio cuenta que era su
responsabilidad lidiar con las dolorosas consecuencias del divorcio. Ella
quería ser libre del control que tenían sobre ella, las heridas que Jerry le
había producido, aunque él se rehusara tercamente a reconocer los pecados
cometidos en su contra. Su vida cambió cuando Susana se dio cuenta que
Jesús sintió su dolor y su pérdida. El mismo era el “Varón de dolores,
experimentado en quebranto” (Is. 53:3b). Él era capaz de sentir su pérdida
(He. 4:15). Saber que Jesús entendía más que nadie su profundo dolor era
grandemente reconfortante para ella.

Susana tenía muchas preguntas de carácter práctico. La primordial era:


¿cuáles son mis responsabilidades respecto a Jerry, ahora que estamos
divorciados?

Persigue la paz y confía en Dios

El divorcio no es algo nuevo. La espada que separa y de la que Jesús habló


en Mateo 10, termina también en la muerte de un matrimonio. Así como el
Evangelio es predicado en un principio, un esposo o esposa que escucha el
mensaje del evangelio que cambia vidas, se arrepiente y es salvo, también
hay ocasiones donde eso no ocurre con el otro cónyuge. ¿Qué tienen que
hacer estos nuevos creyentes, si sus esposos o esposas no creyentes no
quieren vivir más con ellos a causa de su nueva fe? Pablo puso muy en
claro cuáles serían sus opciones. Si el otro cónyuge no creyente desea
seguir viviendo con el nuevo creyente, la pareja no tiene que divorciarse.
Sin embargo, si el no creyente quiere irse (como Jerry), el otro tendría que
dejarlo ir (1ª Co. 7:12–15). Eso no estaba ni está dentro del círculo del
creyente. En este caso, el círculo de responsabilidad del creyente es seguir
la paz y confiar en Dios que es quien produce la conversión y el cambio.

Jerry quiso irse. Esa decisión no fue de Susana, ella no falló. Dios nos dio el
poder de escoger por nosotros mismos, no por los otros. "Si es posible, en
cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Ro.
12:18). Yo le dije a ella: -Susana, Dios no te ha hecho la única responsable
de la reconciliación. A ti te corresponde llevar a cabo lo que es tu
responsabilidad. Es un hecho que a lo largo de la vida tú puedes hacer todo
en forma correcta, buscando arreglar las cosas y, sin embargo, tu esposo
puede no responder como se espera. Jesús hizo todo correctamente y aún así
fue rechazado (Jn. 1:11,12). ¿Fue Su culpa o la de los demás? (Mt. 27:25).

Eso no era exactamente lo que ella quería escuchar. “Yo aún siento que
pude haber hecho algo para evitar que esto pasara. Para mí es muy difícil de
aceptarlo”. Había un par de cosas más que Susana podía hacer, pero que no
sería fácil.

Protege tú espíritu

“Yo lo perdoné” - dijo Susana una tarde- . Pero él continúa haciendo cosas
hirientes a las niñas y a mí, ¿qué se supone que debo hacer en este caso?”

Yo le sugerí: “Cada vez que él cometa una nueva ofensa, reabre


mentalmente el archivo de las ofensas de Jerry delante del Señor, añade las
nuevas y se las envías a Él”. Le expliqué a Susana que con frecuencia, en el
departamento de Policía, descubren nuevos delitos y crímenes que algún
convicto había cometido fuera de esa jurisdicción donde había recibido
previa sentencia, y así, estos nuevos cargos son añadidos a su récord.

“Susana, tú tienes que transferir a Jerry al Señor Jesús y tienes que ponerlo,
por así decirlo, en la cárcel de Jesús. La venganza es responsabilidad de
Dios”. Entonces leímos Romanos 12:19 “No os venguéis vosotros mismos,
amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Le expliqué que una cosa es ser herida
por un divorcio que no está bajo su control y otra muy distinta es permitirse
a sí misma amargarse por ello. La manera en que decide responder al
divorcio está bajo su control. Honestamente, una dolorosa pérdida como
ésta es suficientemente dañina en sí misma.

Jerry destruyó su matrimonio pero no pudo robar la paz de Susana. Jesús,


no Jerry, era la fuente se su paz (Jn.14:27; 1Jn. 1:3-4). Por sobre todas las
cosas Susana podía proteger su espíritu de la amargura. Un corazón
amargado puede ser un tormento muy doloroso (Mt. 18:34-35).

Amar al ex esposo

“¡Amar! ¿Estás bromeando? Él ha matado toda emoción que sentía por él.
Él llevó a su amante al hospital para ver a nuestro bebé y decirme que se iba
a divorciar de mí”. ¿Hay algo en esta escena que haya pasado por alto? En
realidad, sí. Yo reconocí su dolor, su profunda herida y abandono. En
realidad, Susana veía su historia de manera correcta aunque estaba pasando
por alto la respuesta de Dios sobre su situación. Dios sintió el dolor de
Susana de la misma manera que sintió el dolor que Saulo de Tarso había
infligido a los cristianos. Saulo intentó detener todo avance del
cristianismo. Él incluso estaba allí de pie aprobando a sus amigos mientras
asesinaban brutalmente a Esteban. (Hch. 7:54–8:1). Pero entonces Dios
detuvo a Saulo en el camino de Jerusalén a Damasco y le dijo: “Saulo,
Saulo, ¿Por qué me persigues…? Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hch.
9:4–5b). Cuando Saulo abusó de los cristianos, Jesús sintió y absorbió su
dolor. Cuando Jerry hirió a Susana, hirió al Señor Jesús también, pero a
pesar de su comportamiento abusivo, Dios todavía lo ama (Jn. 3:16).

“Susana, puede ser que no puedas ser capaz de amar a Jerry como tu
esposo; pero podrías al menos amarlo como a tu prójimo” (Mt. 22:39).
Como a un vecino. -¡Vecino! “Si yo no puedo soportar estar cerca de él en
este momento”. Exclamó y me volteó la cabeza.

Ok, entonces, “tendrás que amarlo al menos como a un enemigo” (Mt.


5:44).

Me miró con sorpresa.

“Y si tú vas a verlo como a un enemigo, entonces tienes otra


responsabilidad “orar por los que te persiguen”.
Ore por el ex marido

“¿Amarlo?, ¿orar?, Eso es demasiado.”– Dijo Susana con frustración.

“En este momento puede parecerte de esa manera pero ganarás si lo haces”,
le dije. En este punto, le compartí una historia personal. Hace veinte años
atrás fui profundamente desilusionado por una figura religiosa de nivel
nacional y su padre. Yo había trabajado para ellos pero salí de su
organización por causa de la rampante inmoralidad que mantenían oculta, y
entonces me convertí en profesor y administrador universitario.

Por dos años estuve orando regularmente por esos dos hombres. Un día,
mientras estaba trabajando en mi escritorio, me vinieron esos tumultuosos
eventos a mi mente. Pero algo pasó; normalmente cuando pensaba en ellos,
el dolor y las heridas se unían en memoria, pero en este momento no había
nada. Esperé varios minutos y aun así ni el dolor ni la rabia salieron a
relucir, algo para mí extraño. Entonces Dios me mostró algo con este
pensamiento: “¿Qué has estado haciendo durante estos dos años?” Mi
oración por ellos se convirtió en mi liberación de ellos, especialmente en el
área emocional.

“Yo deseo que tú, Susana, seas libre del control emocional de los pecados
de Jerry en contra tuya. Dios te ha dado el poder y las llaves para atarlos.
¿Querrás comenzar desde hoy a ganar tu libertad por medio de la
obediencia a Dios?”

Ella respiró profundo y su rostro se suavizó. El trabajo de Dios estaba


realizado. Ella misma estaba saliendo de su propia prisión. Meses después
confesó que ese día sintió cómo la rabia y la ira se iba transformando en
tristeza por Jerry y le felicité por ello. Así es como se siente Dios. Se llama
"contristar" (Ef. 4:30). Finalmente fue capaz de hacer algo más en su
oración –Darle gracias a Dios por esa experiencia. ¿Cómo pudo ella hacer
eso? Le tomó algún tiempo hacerlo pero estaba deseosa de reconocer la
soberanía de Dios, permitiendo incluso que momentos dolorosos pudieran
tocar su vida y la de sus hijas. Agradecer a Dios las pruebas sólo fue posible
cuando creyó honestamente, que nada podía tocar su vida si no ha pasado a
través del amor y propósito de Dios para ella, todo lo que pudiera tocar sus
vidas resultaría para bien (Ro. 8:28; ITes.5:18). Esto funcionó para ella
pero… ¿Qué de las niñas?

Un intérprete para los niños

En lo que respecta a los hijos, asumir las responsabilidades después de un


divorcio no es un desafío pequeño. Susana luchaba sobre cómo responder
cuando sus hijas visitaban a su padre, mientras él constantemente hablaba
mal de ella en frente de las niñas.

La primera prueba que ella y sus hijas enfrentaron fue no responder mal por
mal (Ro. 12:17). Ella tuvo que aprender cómo interpretar y explicar la
conducta de Jerry a sus hijas y cómo responderles a sus preguntas honesta y
apropiadamente. “Sí, su padre está viviendo con una mujer que no es su
esposa. Eso no le agrada a Dios y hiere su corazón, así como también hiere
el nuestro.” “Sí, ellos dijeron cosas malas de su madre que no eran ciertas, y
claro que duelen, pero le he pedido a Jesús que los perdone así como yo
también tengo que perdonarlos. Jesús está sanando el corazón de tu mami.”

“No, yo no odio a tu padre. Jesús se ha llevado mi rabia (ira). Yo más bien


siento tristeza en este momento por tu padre y su amiga. Oro a Dios que los
guíe hacia Él y ellos inviten a Jesús a entrar en sus corazones.”

Susana hizo una labor magistral al traducir el dolor de los adultos en


términos que sus hijos podían entender.

Es importante evitar a toda costa utilizar a los hijos para que lleven la
pesada carga del divorcio. La animé a que compartiera su dolor con otro
adulto –un pastor, un amigo de confianza, un consejero cristiano o algún
grupo de apoyo. También necesitaba distinguir que no era necesario darle a
sus hijos un baúl de respuestas explicativas a sus preguntas, cuando lo
apropiado es dar algunos datos claves sin extenderse. Le recordé que el
pecado debe ser nombrado pero no descrito (Ef. 5:11-12).

También la animé a evitar la comunicación triangular. Un día, una de las


hijas de Susana le dijo: “Mami, papi dijo que quiere que le dejes vernos dos
veces a la semana en vez de una”. Él intento de Jerry era enviar un mensaje
a ella a través de sus hijas porque él tenía miedo de hablar con ella, ya que
sólo lo hacía cuando estaba molesto. Él también esperaba que las hijas la
influenciaran de esta manera. La respuesta de Susana le quitó la carga a su
hija: “cariño, gracias por darme ese mensaje pero esta es responsabilidad de
mamá y papá. Yo hablaré con él personalmente”.

No es culpa de la niña el ser usada como mensajera. Un padre divorciado


nunca debe poner a sus hijos en el rol de explicar al otro padre, porque ellos
no pueden ni deben ser sus portavoces. Los hijos mayores y los
adolescentes pueden ser capaces de pedir a sus padres respetuosamente que
el padre que quiera comunicarse con el otro lo haga directamente. El
divorcio o la separación no se trata de los hijos, se trata de los padres, así
como en el divorcio o separación los hijos necesitan algo que es muy difícil
de dar por parte del padre que ha abandonado.

Incentive amor y lealtad

Susana enfrentó el desafío e hizo todo lo que estaba en sus manos para
incentivar en los niños amor, respeto e incluso lealtad hacia Jerry. Yo recibí
lo opuesto a esto cuando era un niño. Mi padre fue un alcohólico y adultero
que abandonó nuestra familia. Mi madre luchó con la amargura por más de
cuarenta años. Ella intentó convertirme en alguien lleno de rabia y amargura
contra mi padre, como ella misma. Tuve que luchar contra la amargura
desde dos frentes: primero, yo mismo con respecto a mi padre y lo que él
había hecho a mi familia, y segundo, con respecto a mi madre que trataba
de envenenarme en contra de mi padre. Hoy día amo a ambos y dediqué mi
primer libro Debo perdonar, pero… a mi amada madre y a mi perdonado
padre.

Ningún padre sale ganando envenenando a los hijos en contra del otro.
Honestamente, en aquella época me resultaba más fácil amar a mi padre
perdonado que a mi amargada madre. Mi madre había sido herida
profundamente y no se había liberado de su amargura ni había recibido
sanidad completa de su devastador dolor. Pero sabía que mi felicidad futura
dependía de honrar a ambos padres (Ef. 6:23).

Al principio, Susana quería ahorcar a su ex marido; pero su amargura


era un asunto con el que ella, tarde o temprano, debía lidiar para su propio
beneficio. (Ef. 4:26). Ella tenía la responsabilidad de edificar en sus hijas,
todo el amor, respeto y lealtad que le fuera posible hacia Jerry. Al igual que
el apóstol Pablo afirma: "Dad a todos lo que les es debido, al que tributo,
tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra,
honra. (Ro. 13:7). En aquel contexto, el honrar tenía que ver con un
gobierno romano cruel, pagano. Pedro decía que: “No devolváis mal por
mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo,
sabiendo que fuisteis llamados a heredar bendición” (1ª Pe. 3:9). Susana
estaba pasando una bendición a sus hijos, afectando su presente y su
bienestar futuro, al escoger no deshonrar a su ex esposo ni vengarse de él
con amargura.

Sea real

Ayude a los niños a ver la realidad a su nivel de edad de entendimiento.


"Papá no se siente bien”, no es la verdad. Es más realista decirles: "Papá ha
estado bebiendo y no se siente bien”, Necesitamos orar para que papi
busque ayuda por su problema de la bebida. Queremos que papi se sienta
mejor y sea feliz.”

Dios da Gracia sólo por medio de la verdad (Jn. 1:14). Un médico amigo
mío que era alcohólico me dijo que él fue a recibir tratamiento, luego de
escuchar por casualidad, a su hijo hablando por teléfono con un amigo,
diciéndole: “mi padre es un borracho”.

Antes de que usted regañe a un niño de siete años por llamar borracho a su
padre, recuerde que él ha estado expuesto a una dura realidad. Además,
cuando ese niño algún día lea la historia de Noé, se enfrentará con el hecho
de que Noé había bebido vino y se emborrachó. (Gn. 9:21). Y algún día él
leerá la descripción de Pablo en (1ª Co. 11:20-21), sobre la Cena del Señor
y se dará cuenta que algunas personas creyentes de Corinto terminaban
borrachos en la fiesta de la cena del Señor. Pablo tenía que mencionar y
corregir la realidad de esta práctica maligna. Así mismo, ese niño de siete
años estaba lidiando con la realidad de la manera en que él la veía.

En un hogar disfuncional la verdad y la realidad son raramente reconocidas.


Tres normas que no han sido escritas gobiernan estos hogares fracturados y
son, no hables, no sientas, no confíes. Cada uno de estos roles son
totalmente opuestos a las Escrituras. Uno de los momentos más tristes que
he vivido aconsejando a hijos adultos, es aquel en el que descubren algo
que debió compartirse cuando eran pequeños. ¿Por qué? –porque para ellos
la vida deja de tener sentido a causa de los secretos de familia. Ellos
concluyen erróneamente que algo debe estar mal con ellos, si no, ¿por qué
razón mamá y papá no me dijeron la verdad?

Pocos son los asuntos de familia que no puedan ser dichos. En casi cuarenta
años de ministerio he notado que los secretos ocultos son más dañinos que
la expresión abierta de la verdad. A través del profeta Natán Dios le revela
al Rey David su aventura encubierta con Betzabé y el subsiguiente
asesinato de su esposo. El profeta le hizo ver claramente que a causa de su
pecado le había dado a los enemigos del Señor la oportunidad de
blasfemarlo y despreciarlo (2S12:14). Dios era el gran perdedor, Sus
enemigos se burlaron y lo ridiculizaron; pero la naturaleza de Dios es la
verdad, y Él no encubrirá los pecados de los creyentes para proteger Su
reputación o la de ellos.

Dejar que ellos amen en su tiempo

Los hijos pueden necesitar tiempo -a veces mucho tiempo -antes de poder
amar a alguna madrastra o padrastro. Cada hijo tiene un padre y una madre
biológica. No son los hijos los que se divorcian, son los padres. Ellos
necesitan que los dejen crecer en el amor en su propio tiempo y a su ritmo.

Otra de las responsabilidades que ahora tenía Susana era la de animar a sus
hijos a que respetaran la pareja de Jerry, aún incluso si el amor hacia ella
viniera luego. Los niños deben respetar a padrastros, madrastras y otras
personas significativas porque son adultos. Eso es lo apropiado.

Lo contrario también es verdad. Un padrastro o madrastra sabios son


aquellos que, en la medida de lo posible, construyen en amor y en lealtad
hacia los padres biológicos. La razón es sencilla, si el hijo es forzado a amar
a los padrastros y a detestar u odiar a los padres biológicos, esa amargura
irá envenenando con el tiempo no sólo a los hijos, sino también, la vida de
muchos otros (He. 12:15).

Susana necesitaba evitar a toda costa utilizar a los hijos como objetos de
venganza. Esto fue lo que Jerry hizo. A continuación dejo a Susana contar
su historia.

La rosa

¿Cómo pudo él hacerme esto? Él sólo quería herirme, pensé mientras


tomaba las seis rosas blancas y se las daba a mis hijas de cinco, cuatro y un
año de edad.

“Estas hermosas flores son de su papi para ustedes, ¿no es eso algo
especial?” con mucha dificultad pude contener mis lágrimas y pronunciar
esas palabras.

Estábamos divorciados. Él sabía que las rosas blancas eran mis flores
favoritas. Cuanto más miraba a la blancura de los pétalos, más rojo lo veía.

Cuando vine para recibir consejería cristiana, trabajé lo relativo al perdón y


qué hacer con mis memorias. Yo estaba preparada para sentirme
emocionalmente libre del control de las heridas de Jerry, aun cuando él no
reconociera sus pecados en contra mía. Y en ese momento supe que Jesús
entendía mis sentimientos.

Entonces, las seis rosas aparecieron en la escena. Jerry raras veces me daba
rosas. Ahora que estaba aquí tratando de olvidar el dolor, llegan las rosas.
Era como poner sal en la herida y hacer que mi rabia regresara.

En la medida que compartía con Chuck este último revés también me hacía
preguntas para probarme. “¿Quién hizo las rosas? ¿Quién diseñó sus
colores, formas y fragancia?”

Comencé a ver (entender) que le había puesto un significado negativo a


algo que Dios había hecho para mi disfrute. Incluso si Jerry intentaba
herirme con las rosas Dios intentaba hacer en ellas algo deleitable para que
las pudiera disfrutar como parte de Su creación (Gn. 1:26-30).

Algo de lo que nunca me había dado cuenta salió a relucir; y es que Jesús
es también llamado “la Rosa de Sarón” (Cantar 2:1). Aún las espinas de las
rosas son un recordatorio de la corona de espinas que Él llevó cuando sufría
por mis pecados (Mr. 15:17). Entones pude entender lo que Él quería
decirme. A pesar del propósito de Jerry al dar las rosas, Dios quería
mandarme un mensaje de su amor y cuidado por mí, de su vida y su muerte
y de la pureza que Él me da a través de Cristo. (Is. 1:18)

Yo entré en esa sesión llorando y salí con regocijo. Lo que Satán había
intentado hacer para mi mal, Dios lo hizo para mi bien (Gn. 50:20). Aunque
las rosas de Jerry eran un regalo para nuestras niñas, ahora veía que eran un
recordatorio del amor de Dios por mí.

Susana vio la gracia de Dios en medio de su dolor. El camino para sanar un


corazón destrozado después de un divorcio nunca es fácil. Aquellos que han
experimentado tanto un divorcio como la muerte de un compañero, afirman
que el divorcio es más difícil de resistir. Con la muerte hay un cierre, un fin;
pero con el divorcio puede que no se produzca el cierre. Todavía la pareja
tiene que interactuar, aunque la razón sea tener que compartir las
responsabilidades de los hijos.

Sé un ancla

Cuando un padre o madre soltera está enfocada en ser una persona


consistente y piadosa, los hijos tendrán al menos un ancla estable para sus
vidas. Mi madre no era perfecta, fallaba en ciertas áreas. Me decía con
frecuencia que ella tenía que ser tanto madre como padre para mí. En la
vida adulta entendí lo que quería decir. Mi madre era una gran madre pero
un pobre padre. Dios se hizo mi apoyo (Sal 146:9). Él trajo un pastor de
jóvenes, piadoso llamado Al Johnson, quien me ayudó a guiarme a través
de los años de la adolescencia turbulenta. Pero mamá se mantuvo siendo el
ancla de la familia.

Con frecuencia, los padres solteros temen no tener un gran impacto en sus
hijos. Es difícil –¡muy difícil! Yo puedo atestiguar personalmente que yo no
estaría ejerciendo hoy un ministerio, caminando con el Señor o tener un
hogar cristiano si no hubiese tenido a mi madre como un ancla en mi vida.
Creo que ese fue el caso en la vida de Timoteo. Dios trazó la línea de la
familia de la fe de Timoteo, el cual habitó primero en su abuela judía,
Loida, y su madre judía, Eunice. (2ª Ti. 1:5) Timoteo tenía dos mujeres de
Dios como su anclaje en la vida.
Es el círculo de responsabilidad de todo padre cristiano, el caminar santa y
humildemente delante de Dios y de sus hijos. ¿Qué pasa si el ancla piadosa
se deja llevar por sus necesidades no satisfechas y se desliza en faltas
morales, con la esperanza que los niños lo van a entender? ¡Ellos lo harán!
Ellos erróneamente concluirán que Dios y sus Caminos no funcionan en la
edad adulta. Entonces, cuando ellos estén adultos buscarán también
satisfacer sus necesidades en cualquier manera que puedan. El trágico ciclo
se repite de nuevo (Ex. 20:5).

Limpia tu conciencia

Finalmente, es parte del círculo de responsabilidad de los padres


divorciados, corregir, restituir o clarificar la conciencia de cualquier cosa
que ellos hayan hecho para llevar el matrimonio a su fin. Lo único peor que
un error, es un error no corregido. Así que animé a Susana a corregir todo
lo que pudiera.

En mi primera Iglesia tenía a un amigo carpintero llamado Max que estaba


divorciado. Su esposa no era salva y había abandonado la familia, así que
Max tenía la custodia de sus hijos. Él se volvió a casar y años después, su
ex esposa recibió a Cristo como su salvador. Ella lo contactó y ambos
pudieron pedirse perdón y ser perdonados mutuamente. La nueva esposa de
Max era cristiana y se sentía agradecida a Dios por la conversión de la
anterior esposa de Max. Todos ellos congeniaron y se mantienen siendo
amigos. Claro que por mucho tiempo y antes de la reconciliación habían
atravesado por un periodo fuerte de tristeza; pero fue a través de todo esto,
que ahora los cinco hijos pueden moverse con libertad entre el hogar de su
madre biológica y el nuevo hogar de su padre, con todas las bendiciones y
la abundancia de la gracia de Dios. Esta es la clase de reconciliación en la
que Dios se especializa. Asignar responsabilidades en la familia tiene
también otra faceta cuando se plantea el caso de qué hacer si uno de los
hijos adultos regresa a casa. Pam y Glen tuvieron que trabajar en esto.

Lidiando con adultos inmaduros

Glen y Pam vivían en una hermosa casa. Sus hijas, sus esposos y nietos
hicieron un largo viaje para reunirse con ellos en la cena de Acción de
Gracias.
Nadie hacía ese crujiente pie de manzana como Pam; nadie asaba el enorme
pavo como Pam, ni hacía la deliciosa salsa de nueces como Pam. Tampoco
nadie limpiaba la casa, servía la mesa de Acción de Gracias, lavaba todos
platos y sartenes, ollas, frascos, cubiertos, vasos, etc, como Pam. ¡Nadie!

“Mis hijos no me ayudan en nada” se quejaba. “Raras veces se ofrecen de


voluntarios para algo. Cuando están de vacaciones quieren venir de visita
todos juntos y esperan ser servidos. Una de nuestras hijas y su familia
pueden presentarse repentinamente dos o tres horas después de la cena. Sé
que probablemente los entrené de esa manera, pero estoy cansada y no
puedo más con esto.”

Pam y Glen eran como la mayoría de los padres con hijos adultos. Si
tuviéramos que hacerlo otra vez de nuevo con todo el conocimiento
experiencia que tenemos hoy, haríamos algunas cosas de manera distinta.
Pero no podemos. ¿Cómo podrían Pam y Glen asignar en ese momento
responsabilidades a sus hijos ya crecidos? No podrían hacerlo sin que les
impactase a ellos.

Dejar de permitir la irresponsabilidad

Hay un pequeño principio en la carta de la Iglesia de Tesalónica que dice


así: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2ª Ts. 3:10b). El apóstol
Pablo había enseñado a los Tesalonicenses que necesitaban ser laboriosos.
Él estableció esta declaración no para aquellos que no podían trabajar, sino
para aquellos que, pudiendo hacerlo, por motivos personales no trabajaban.
Esperaban que otros los mantuvieran por el sentido de la caridad. La cura
era severa: permitirles experimentar la punzada del hambre para motivarlos
a ser responsables e ir a trabajar. El principio más profundo aquí es que
cada persona capaz es responsable de ayudar o contribuir.

Pam sería la primera en admitir que era más fácil para ella hacer las grandes
tareas que tener que enfrentar el hecho de tratar que otros la ayudasen. Pero
hacer por los demás lo que los demás pueden hacer por sí mismos es tomar
una postura permisiva, que anima al otro, activa o pasivamente, a ser
irresponsable y cómodamente inútil. Una esposa que mantiene en secreto el
grave problema de su esposo con el alcohol, ocultándoselo a aquellos que
podrían ayudarle, es permitirle y facilitarle su adicción. Un esposo que
excusa los comentarios despectivos de su esposa respecto a sus hijos con
frases como: “mami ha tenido un mal día hoy”, es permitir su conducta
equivocada. Si las acciones inapropiadas no son dirigidas, sino ignoradas o
negadas, el ofensor se siente con permiso para continuar actuando de esa
manera. Además de esto, los hijos también captan el mensaje de que es
normal ser maltratados e ignorados.

Esta intromisión permisiva de la irresponsabilidad puede parecer como el


comentario de un granjero después de que le robaron su caballo: “Cierren
el establo”. Buena idea, pero es demasiado tarde. ¿Qué podrían hacer ahora
Pam y Glenn con sus hijos ya crecidos e irresponsables? El lugar para
comenzar no era en una charla o mostrándole cuán irresponsables eran; sino
cuán irresponsables habían sido Pam y Glenn al no entrenarlos como un
equipo para hacer las tareas familiares. Eso no iba a ser fácil. Significa
bajarse de la plataforma del orgullo de padres y humillarse delante de los
hijos, aunque ello podría ser un ejemplo muy eficaz para esos hijos adultos
porque los padres cometen errores y necesitan reconocerlos y corregirlos en
la medida de lo posible.

Esto era lo que Pam tenía que decidir. “¿Valdría la pena?” Ella amaba a sus
hijas. Sabía que necesitaba hacerlo por su bien y el de sus hijas. Con
frecuencia, las madres descubren tardíamente este descuido maternal y
deciden no hacer nada al respecto. Continúa permitiendo que sus hijas o
hijos adultos la usen. ¿Cuál es el resultado? Hijos adultos irresponsables y
madres amargadas.

Para los adultos es muy difícil cambiar, pero recordemos que los caminos
de Dios no han sido dados exclusivamente para los niños. Las tres mil
personas que fueron salvadas en Pentecostés eran adultas. El evangelio ha
impactado vidas a cualquier edad. Toda la Biblia se refiere a la posibilidad
de cambiar. Si los caminos de Dios son aprendidos desde joven, es algo
grandioso; si son aprendidos más tarde en la vida, ¡eso es gracia!

Aunque un poco tarde en su vida, Pam aprendió mucho acerca de ella y los
caminos de Dios. Los caminos de Dios son siempre apropiados. Ellos están
por encima del tiempo, así que este era el momento.

Estableciendo límites responsables


El yerno de Glenn y Pam, Bob, necesitaba un taladro eléctrico. A causa de
su mala reputación de no devolver lo que le prestaban, estaban indecisos.
“Yo te lo devolveré enseguida”, le aseguró. Luego de tres años pidiéndole
que se lo devolviera, se lo regresó. ¿Creería si le digo que él se la volvió a
pedir? Ellos le recordaron que el largo tiempo para devolverla; no obstante,
él prometió esta vez que la regresaría al siguiente miércoles. Pam y Glenn
no la volvieron a ver en dos años más.

Los adultos que no tienen límites ni entienden lo que son las


responsabilidades asignadas, en el momento que llegan a la edad adulta,
raras veces cambian. Bob hizo lo que siempre hacía, pero Pam y Glenn
también son responsables de hacer lo que ellos necesitan hacer. Si él pide el
taladro de nuevo ellos deben ser libres de prestárselo, regalárselo y/o
negárselo. Si los presiona, pueden recordarle gentilmente a Bob los
inconvenientes que tuvieron en el pasado o negarse a dárselo. Si entonces
Bob intenta intimidarlos para que cedan él estaría violando sus límites y
respeto. No hay nada malo en rehusarse a participar en una discusión que
no produce los frutos de justicia (Sant.1:19 -20). Uno de esos frutos es la
paz.

Esta pareja tenía otro problema. Como Pam no estableció límites con
respecto a los nietos, Glenn y Pam se convertían en sus cuidadores cada
vez que a sus hijas se les antojaba. Con frecuencia la raíz que nos lleva a
fracasar al querer establecer límites sanos es el miedo al rechazo. “Pero es
que yo no puedo decirles que no”, me decía Pam, “Ellos se enojan, yo me
enojo y entonces todos terminamos molestos los unos con los otros.”

Todos los padres y abuelos tienen que preguntarse a sí mismos: “¿El


problema es que no puedo decir no o que no puedo actuar como una
persona madura?”. Las personas maduras saben que no van a ser aceptadas
cada vez que actúen de manera responsable “En vez de decir que no puedo
decir no” le dije a Pam, “pregúntate a ti misma ‘¿puedo ser un adulto
responsable y asignar a los demás las responsabilidades que les
pertenecen?”

Pam podía haber pensado pero yo soy un adulto responsable. Es verdad –


pero estás sobrepasando los límites de tu propia responsabilidad y ese no es
un comportamiento maduro, es más bien actuar motivado por el miedo, no
por la fe. Es el miedo al rechazo y al abandono. Este miedo tenía a los
padres diciendo sí, cuando querían decir que no. Jesús fue directo al grano
cuando se dirigió a los Fariseos.

Los Fariseos eran notorios por sus votos, aunque ellos habían ideado un
ingenioso sistema para evadirlos. Si ellos juraban por el cielo, la tierra, por
Jerusalén o por sus propias cabezas, no estaban obligados a cumplirlo
porque según sus creencias, al no incluir el nombre de Dios y jurar por
cosas menores no tenían necesidad de mantener sus votos. Por lo tanto, no
era obligatorio cumplirlos (Mat.5:33-37). Jesús cortó con este sistema de
irresponsabilidad al decir “no hagan votos a la ligera, sino que sea tu
palabra “sí o no” y cualquier otra cosa después de esto proviene del diablo”.
Estaba declarando que la integridad personal era más que suficiente para
validar sus palabras.

Siempre debemos responsabilizarnos de la mayordomía de nuestro propio


tiempo, energía y posesiones. Si Pam permite que otros la controlen en estas
áreas, repercutirá en un corazón más amargado en vez de un corazón de
servicio. Cuando ella dice sí en vez de no, la rabia aparece internamente y
se convierte en amargura.

Permite el éxito a través del fracaso

Los hijos adultos son responsables de sus decisiones, sean sabias o no.
Phyllis y Gerald aprendieron esto con Carissa, su hija universitaria. En
algún momento de su vida Carissa desarrolló la idea de que la Universidad
eran cuatro años de fiestas y después comenzaba la vida. En el primer año,
se ausentó en la mayoría de sus clases y obtuvo bajas calificaciones en
todas sus materias. Phyllis y Gerald pagaban todos sus estudios. La
dinámica era que ellos pagaban y ella jugaba. Al final del semestre estaba
ya más que suspendida y sabía que repetiría curso.

Gerald estaba muy molesto. Yo le hice una sugerencia. Aunque ella había
fallado en varios frentes, parecía sincera en su deseo de cambiar. Era
responsabilidad de Gerald y Phyllis perdonarla y era responsabilidad de
Carissa ganarse la confianza de ellos. Mi sugerencia para que Carissa
tuviera éxito era muy simple: sus padres debían prestarle el dinero para
pagar sus estudios del próximo curso. Si terminaba satisfactoriamente su
segundo año, pagarían su deuda y le darían un préstamo para el año
siguiente. Si finalmente mostraba ser responsable por las asignaciones
financieras, ellos recompensarían su esfuerzo.

Gerard y Phyllis hicieron esto. Carissa se graduó y luego obtuvo una


maestría. ¿Cómo lo resolvieron? ¿Que hizo la diferencia? Le facultamos, le
apoyamos asignándole su responsabilidad, “donde debía estar”. Esto fue
relativamente fácil para Phillys y Gerad, pero para Helen no fue así. Ella
estaba divorciada y tenía a Ron, un hijo adicto.

Ser responsable no significa ser malo

Ron regresó a casa de su madre después del fracaso de dos años de


matrimonio. Al principio, su comportamiento era aceptable pero, poco a
poco comenzaron los problemas; lo expulsaban de los bares, tuvo un
accidente dejando destrozado el segundo coche de la familia… Después de
esto se enroló en una escuela de aerolíneas y Helen financió su
entrenamiento, llegando a ocupar el mejor lugar de su clase. Mientras,
Helen compró otro coche y Ron nuevamente lo destrozó tras ir conduciendo
ebrio, por lo que lo arrestaron y multaron, llegando Helen a pagar las
multas.

Helen comenzó a ir a Alcohólicos Anónimos por su cuenta. No obstante,


esto no cambió a Ron. Algunas cosas de la casa comenzaron a desparecer y
ella, como cuando él era jovencito, se la pasaba preguntándole a Ron que a
dónde iba, que dónde había estado, con quién, etc. Ron iba consumiendo
cada vez más droga, se sentía culpable y muy deprimido pero Helen
continuaba excusando su conducta.

Mientras Helen estaba de viaje en Israel, Ron robó su chequera y falsificó


cheques por miles de dólares. Después de varios robos, Helen se vio
obligada a levantar cargos contra su propio hijo.

La sentencia del caso fue negociada y Ron salió de la cárcel. Al ser liberado
Ron llamó a su madre a las 12 del mediodía, hambriento, con frío y con el
ánimo por el suelo, pidiendo regresar a casa de nuevo. Ella lo volvió a
recibir y las cosas funcionaron bien por un tiempo hasta que un día Helen
comenzó a sentir náuseas al comprobar que él no regresaba a casa por las
noches. Su sueño era intermitente y cada vez que se despertaba oraba por él.
El patrón de la angustia había vuelto.

Fue entonces cuando Helen se dio cuenta de lo enferma estaba y comenzó a


entender que ella era codependiente. Había incluido a Dios en muchos de
sus desvelos nocturnos pero ella aún sentía que también necesitaba la
aprobación y valoración de su hijo. Aprendió que para un adicto ninguna
relación tenía significado. Para Ron, la necesidad de dinero era el único
vínculo relacional que él tenía con cualquier persona, incluyendo su madre.
No fue hasta que Helen se convirtió en una adulta responsable, que ella
pudo actuar en consecuencia con su hijo inmaduro. Era difícil cambiar un
patrón que había estado actuando en ella toda su vida.

Si su hijo hubiera sido algún conocido, un empleado e incluso un familiar


lejano Helen hubiera encontrado más facilidad para descansar en las leyes;
pero cuando un padre tiene que lidiar con un hijo en este estado es difícil.
Las emociones se revuelven y se hacen muy complejas. Yo le pregunté a
ella: “¿Helen, hay una razón particular por la que tu hijo esté viviendo
contigo?”

“Él no tiene otro lugar donde ir. Yo no lo puedo echar sin que tenga a dónde
ir”.

“¿Es tú responsabilidad proveer un lugar para tu hijo adulto?”

“Bueno, ¿A dónde puede ir él?”

“¿Dónde vivió cuando no estaba contigo?”

“Pues donde podía”

“¿Tú le permitirías que se hiciera responsable de su propio alojamiento?”

“Yo no puedo hacer eso. Él no se va a alimentar bien ni tendrá un lugar


seguro y limpio donde vivir”

“¿Puedo hacerte una pregunta personal? ¿Estás muy preocupada por cómo
se siente él o cómo te sientes sobre lo que él está viviendo?”
“Yo soy su madre, no puedo echarlo fuera”.

“¿Por qué echarlo fuera?, ¿Por qué no estableces reglas bíblicamente


fundamentadas para que él pueda vivir en tu casa?” Si él las acepta y las
acata, déjalo estar; pero si no lo hace, tú no lo estás rechazando, es él quien
te rechaza y eres libre de hacer lo que quieras. Pero cuando él te esté
robando a escondidas y no quede nada más para empeñar, ¿A dónde va a ir
él entonces? ¿Y a dónde te vas a ir tú?”

Por muchos años, Helen sintió que era su responsabilidad delante de Dios el
proveer a su hijo un hogar seguro y limpio, a pesar de su adicción. Dos
palabras se volvieron confusas en su pensamiento: mala y responsable.
Helen pensó que si ella ponía límites razonables a su hijo estaba siendo
mala con él. Con frecuencia, las personas a las que usualmente no se les han
atribuido responsabilidades por su conducta, hábitos, decisiones o
sentimientos, suelen llamar “malos” a aquellos que se las exigen. Esto es
traspasar la culpa al otro. Esa persona no es mala ni mal intencionada sino
responsable. Helen tuvo que decirse a sí misma que sus sentimientos no
estaban respondiendo a la verdad ni a la realidad. A veces los sentimientos
necesitan ser alineados con la verdad.

Cuando Helen se sintió capaz de asignar responsabilidades bíblicas a su hijo


y estuvo dispuesta a ser herida si su hijo escogía irse, restauró el poder
personal para tomar las riendas de su vida y ser una madre responsable.
Cuando ella combinó amor con límites algo extraordinario sucedió.

Meses después, en una tienda de antigüedades de un amigo mutuo, Helen


me dijo cuánto había mejorado la situación. Ella había definido los límites
hogareños con amor y con firmeza y Ron respondió positivamente. Cuando
ella ejercitó el poder de las responsabilidades personales fue capaz de
resolver su situación y desarrollar una nueva y saludable relación con su
hijo.

Asignar responsabilidades en el matrimonio, en el divorcio o en una familia


no es tan fácil como parece. En cada caso, se comienza con sostener la
plomada de la Palabra de Dios para alinear la conducta.

**********
La pareja del Pastor Tim, Mark y Kari, tuvieron que empezar desde el
principio para identificar y asignar sus responsabilidades personales en un
matrimonio severamente fracturado. Susana, después de un doloroso
divorcio, tuvo que aprender cuáles eran las responsabilidades que debían
continuar realizando. Glenn y Pam necesitaron la sabiduría del Rey
Salomón para comprender cómo ser padres responsables con su hija adulta.
Gerard y Phyllis se dieron cuenta, antes de que fuera muy tarde, que ellos
necesitaban dejar que su hija universitaria creciera y se convirtiera en una
adulta de éxito y responsable. Por otra parte Helen fue capaz de descubrir el
poder de la responsabilidad personal y dejar de permitirle a su hijo adulto
que pensara y actuara sin que la tomara en cuenta a ella o a cualquier otra
persona. Cada una de estas situaciones difíciles necesitó de la sabiduría de
Dios y cada uno de ellos tuvo también que ir más allá y entender algo más.

Hasta ahora he omitido una verdad superior: Dios tiene Su propio círculo de
responsabilidades. Sin este entendimiento, podríamos disgustarnos con
Dios. Susana entendió esto de la manera más dura con su esposo Jerry.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿Qué palabras, acciones y actitudes necesitas tú mismo para ayudar en el


proceso de solución del conflicto?

2.- ¿Qué responsabilidades son difíciles de asumir por tu parte? ¿Por qué?

3.- ¿De qué manera te resulta difícil amar y respetar a los demás en medio
de los conflictos?

4.- ¿Cómo puedes honrar a aquellos que en medio de un conflicto te han


deshonrado?

5.- ¿De qué manera puedes orar por aquellos que te han herido durante un
conflicto?

6.- ¿Qué palabras, acciones y actitudes te han asignado otros de las que no
eres responsable?

7.- ¿A quiénes puedes asignar responsabilidades que le son legítimas,


soltarlas y colocarlas en su círculo y no en el tuyo?
6
¿CUÁL ES EL CÍRCULO DE
RESPONSABILIDAD DE DIOS?
Jerry tenía su carácter. Si las cosas no salían como él quería o algún cambio
imprevisto afectaba sus planes, estallaba. Susana veía esto pero no tomaba
en cuenta su conducta porque, después de todo, “nadie es perfecto”.
Consideraba que las imperfecciones del carácter debían ser pasadas por
alto, ignoradas o toleradas; “todos las tenemos” - se decía. Además de esto,
Susana también creía que si ella se portaba bien y reducía sus rabietas podía
cambiar a Jerry. Si lo amaba, le cuidaba lo suficiente y creaba para él un
buen nido de amor, llegaría estar bien. Él sólo necesitaba alejarse de toda
esa gente “mala” que lo estaba haciendo infeliz. Ella lo cambiaría.

Está claro que se engañaba. Trágicamente, he oído el mismo razonamiento


tan a menudo… y mucho más de parte de los que profesan conocer a
Jesucristo como Salvador personal. La verdad sobre este asunto es que
nuestros corazones son engañosos y pueden llevarnos a creer cualquier cosa
que no sea la verdad. Jeremías lo dijo claramente: “Engañoso es el corazón,
más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9). El
apóstol Juan también pone a los creyentes en sobre aviso de que ellos
también pueden llegar a engañarse a sí mismos: “Si decimos que no
tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en
nosotros.” (1ª Jn. 1:8). Pero un corazón ingenuo y engañado no era el único
problema de Susana; ella también creía que podía cambiar a su esposo, algo
que sólo Dios puede hacer.

En mis encuentros con Nick y Traci y con la pareja del pastor Tim, Mark y
Kari, les señalé que algunas cosas son responsabilidad de Dios. Estas
parejas me confrontaron y me hicieron algunas preguntas difíciles como
estas: “¿Responsabilidad de Dios? ¿Qué tiene que ver Dios con esto?”. Este
pensamiento les resultaba extraño. Pero resolver conflictos utilizando
herramientas bíblicas no sólo debe incluir la presencia de Dios en el
conflicto, sino también reconocer cuál es Su círculo de responsabilidad.

No es nuestro propósito hacer un estudio exhaustivo sobre el carácter, los


atributos y responsabilidades de Dios, pero cuando identificamos algunas
de las responsabilidades de Dios operando en los conflictos humanos
podemos tener una mejor perspectiva sobre qué está y qué no está en
nuestro círculo de responsabilidades. Una de las responsabilidades de Dios
que nos cuesta más entender es que Solo Él puede cambiar a las personas.

Dios finalmente es el responsable del cambio

Peggy había estado casada durante veinte años. Ella era la personificación
de la esperanza. Los repetidos reveses en su matrimonio sólo fortalecieron
su determinación de trabajar más duro y mejor hasta llegar a ser tan
excelente como la super mujer de Proverbios 31. “Yo puedo y lo haré, y él
cambiará” era su lema. Pero su estrategia y esfuerzo agotador no estaban
funcionando. Peggy estaba cansada de intentar cambiarlo hasta el punto de
casi enfermarse en el empeño de su objetivo con su esposo Martin.

En los conflictos relacionales, las palabras cambio e influencia son


fácilmente confundidas. Peggy creyó que su desempeño piadoso generaría
un cambio real en Martin. Ella comenzó a amonestarme: “Pero Dios dice en
Su Palabra que si soy sumisa a mi esposo, aún si él es desobediente a Dios,
él será ganado sin decir una palabra” Peggy estaba parafraseando 1ª Pedro
3:1. ”Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para
que también los que no creen a la Palabra, sean ganados sin palabras por la
conducta de sus esposas.” Lo que Peggy no entendía es que esto es un
principio, no una promesa absoluta. No dice que los esposos serán ganados
por el comportamiento de sus esposas, sino que sean (puedan ser) ganados.

La frase inicial, “Asimismo” (de la misma manera), en 1ª Pedro 3:1, nos


lleva de regreso a 1ª Pedro 2, que habla de la manera en que los siervos
deben servir a sus amos. Los siervos debían ser sumisos con sus amos y
respetarlos, sean sus amos buenos o irracionales, 1ª Pedro 2:18. Los siervos
obedientes hayan especial favor de parte de Dios si hacen lo que es
correcto y sufren por ello, (vs20). No hay garantía de que el
comportamiento correcto de los siervos cambie a su amo o que su vida sea
mejor para él a causa de ello. Tampoco lo es el comportamiento piadoso de
una esposa, una garantía de cambio para su esposo.

Además, la fe salvadora viene de escuchar la Palabra de Dios (Ro. 10:17),


no de un ejemplo justo. El discurso de Pedro (1ª Pe. 3:1) se refería a la
esposa que trataba de predicar, enseñar, suplicar o manipular a su esposo
para que obedeciera, sin tener un carácter como el de Cristo en su vida que
la respalde. Él está refiriéndose al cliché moderno de “tu vida habla tan alto,
que no puedo escuchar lo que dices”. Pedro las animaba a confirmar la
verdad del evangelio a través de una vida piadosa. Ser ejemplo es una
responsabilidad que está dentro del círculo de la esposa, cambiar al esposo
está dentro del círculo de responsabilidad de Dios.

Las Escrituras establecen que una cosa es confirmada por la palabra de dos
o tres testigos (Dt. 17:6, Mt.. 18:16). La Palabra de Dios es un testigo, la
vida piadosa de la esposa es otro.

Le hice unas pregunta a Peggy sobre 2 Pedro 3:9 ¿Es la voluntad de Dios
que ninguno perezca? “Sí”. Contesto ella. “Desde tu propia experiencia,
¿hay personas que están pereciendo?”. “Bueno, sí”. “¿Qué más podría hacer
el Señor Jesús para convencer al mundo de Su amor y de su necesidad de
Salvación?” “Supongo que nada”.

“Peggy, tu puedes hacer todas las cosas para influenciar a tu esposo, pero, a
menos que él responda a Dios, él no cambiará”.

¿Puedo hacerte una pregunta personal? Ella asintió. “¿Has estado


comportándote así para convertir o cambiar a tu esposo o has estado
haciendo esto para complacer a Dios?” Sus ojos miraron al suelo.

“Si estás sintiendo amargura porque tu esposo no ha cambiado como


resultado de tu conducta diligente, ¿Cuál es la motivación real de tu
corazón? ¿Has aceptado la realidad de que cambiar el corazón es
responsabilidad de Dios?”

Para aquellas mujeres piadosas que desean que sus maridos se conviertan a
Cristo o que sus esposos creyentes le obedezcan a Él, Pedro recomienda
tomar otra dirección: “sino el interno, el del corazón, en el incorruptible
adorno de un espíritu afable y apacible, que es en grande estima delante de
Dios.” 1ª Pedro 3:4. Le dije a Peggy “incluso si no hay un cambio en tu
esposo, tú has tenido éxito al complacer a tu Padre Celestial, quien es tu
máxima prioridad en tu círculo de responsabilidad.” Influye en tu esposo
todo lo que puedas pero recuerda que Dios es responsable de efectuar un
cambio permanente en él. Tú debes confiar en Él aunque te resulte difícil.

El apóstol Pablo sintió también una profunda angustia por aquellos judíos
de su propio pueblo que no respondían a sus mejores esfuerzos de
alcanzarlos para Cristo: “…tengo gran tristeza y continuo dolor en mi
corazón, porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por
amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son
israelitas.” (Ro. 9:2-4a) Noten que él mismo desearía lo peor para sí mismo,
si eso hubiera implicado que ellos pudieran haber sido ganados para Cristo.
Él llevó hasta su muerte la triste verdad de que él no podía cambiarlos a
ellos por medio de sí mismo. Peggy tenía que aceptar la misma realidad de
Pablo y comprender quién es el máximo responsable del cambio. Y ese es
Dios.

Una mirada de dolor y de ira quedó reflejada en el rostro de Peggy y con


ella lo decía todo: “¿Entonces, porqué Dios no lo hace?” El apóstol Pablo se
había anticipado a esta pregunta: “… ¿Por qué pues, inculpa? ¿Quién ha
resistido a su voluntad?” (Ro. 9:19). Si Dios hace la elección de abrir o
cegar el corazón del hombre, ¿Cómo puede hacer al hombre responsable de
su conducta? Dios no responde esa pregunta para el apóstol Pablo ni para
Peggy. Él meramente responde “’pero tú, hombre, ¿Quién eres tú para que
alterques con Dios?” (Ro. 9:20) ¿Por qué responde Dios de esa manera tan
fuerte? La respuesta es simple: el círculo de responsabilidad de Dios es el
salvar, cambiar, abrir o cerrar. En nuestro círculo de responsabilidad está el
ser obedientes para vivir y compartir, sin tomar en cuenta si la otra parte
cambia o deja de cambiar.

Años atrás, cuando era un estudiante en la universidad de Biola, pasé


muchas horas de mi descanso, debatiendo con mis compañeros de estudios
teológicos acerca de la soberanía de Dios y el evangelismo personal. Mis
amigos Calvinistas decían que Dios sabía quién habría de salvarse y que Él
los salvaría con o sin nosotros. Mis amigos armenios decían que si no
evangelizamos, nadie sería salvo.

No fue hasta que comprendí el principio de los círculos de responsabilidad


y entonces pude traer a mi vida estas dos realidades de la soberanía de Dios
y la responsabilidad del hombre y, así, descansar en ellas. Llegué a
comprender que está en el círculo de responsabilidad de Dios atraer a quien
Él quiera para Él (Jn. 6:44). No es mi responsabilidad quién se salva y
quién no; mi responsabilidad es testificar a todo aquel que yo pueda (Mt.
28:19) El apóstol Pablo define quien es responsable de que: “Yo planté,
Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios:” (1ª Co 3:6) Nosotros
estamos para plantar y regar, es decir, para compartir el evangelio con los
incrédulos, esa es nuestra responsabilidad; Dios es responsable de
proporcionarles la salvación y causar el crecimiento espiritual en el nuevo
creyente.

Hay una gran diferencia entre los medios de salvación y la causa por la
cual una persona cree. Un granjero puede plantar la semilla pero él no
puede hacerla crecer. Peggy sentía que era su responsabilidad hacer las dos
cosas: plantar la semilla a través de su vida piadosa, lo cual causaría en él,
crecimiento de esa semilla que plantó. Ella ha confundido su círculo con el
de Dios. Dios no le da al hombre de Su gracia para hacer Su trabajo. Si
nosotros intentamos hacerlo, podemos terminar rotos, exhaustos y llenos de
amargura. Ese era el estado mental de Peggy.

He podido sacar la cuenta de esposas amargadas que han terminado


dándose por vencidas. ¿Por qué? “Porque no funcionó”, me dicen ellas.
“¿Qué fue lo que no funcionó?” Lo que Dios dice en 1ª Pedro 3. “Yo intenté
e intenté por años y él nunca cambió.”Aquí estamos de nuevo en lo mismo.
El cambio se confunde con influencia. Influenciar es nuestra
responsabilidad, cambiar es la responsabilidad de Dios.

Considere la situación de un hermano cristiano que está viviendo


abiertamente en pecado. Mateo estableció lo que tiene que hacerse y a
través de quién:” Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo
estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano.” (Mt. 18:15). Este
es el plan A. “Pero si no te oye, toma aún contigo a uno o dos, para que en
boca de tres testigos conste toda verdad”. A este llamaremos plan B. “Si no
oye, dilo a la iglesia” este sería plan C. Finalmente “y si no oye a la iglesia,
tenlo por gentil y publicano” (vers.16-17) este es plan D, y es el último
recurso. Nos corresponde hacer lo que Dios nos ha instruido hacer para
resolver estas situaciones y luego confiar en Dios por la fe y por el cambio.

El apóstol Pablo instruyó a Timoteo respecto a las responsabilidades de


Dios y las nuestras: “Con mansedumbre corrija, a los que se oponen, por si
quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad.” (2ª Ti.
2:25). Nosotros confrontamos, influenciamos, pero Dios corrige. Pero ¿Qué
hacer si usted siente que la persona merece ser castigada por la dolorosa
herida que me ha causado?

Dios es responsable de la venganza

En mi primer libro Debo perdonar, pero…, introduje a mi amigo Fred. Su


padre era un alcohólico y abusivo verbalmente. Fred llegó a la conclusión
de que si él no perdonaba a su padre ya fallecido podía de alguna manera
tomar venganza de él. Fred no estaba dispuesto a dejarlo ir sin pagar. Yo le
expliqué que cuando soltamos a una persona de nuestro gancho, todavía la
persona está en el gancho de Dios. Fred tuvo la misma opción que tuvo
Susana con Jerry. Él podía estar en guardia las veinticuatro horas del día, en
la prisión de su propia amargura o transferir a su Padre a la “prisión de
Jesús”.

Esta imagen capta un principio importante de las Escrituras que estudiamos


en el capítulo cinco: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino
dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “mía es la venganza, yo
pagaré dice El Señor” (Ro. 12:19) Este pasaje del Nuevo Testamento es una
cita del canto de Moisés y que enseñó a las tribus de Israel cuando estaban
por entrar en la Tierra Prometida (Dt. 32:35). Casi al final de esta canción
Moisés nos da una idea clave de cuando Dios actuará a nuestro favor o nos
vindicará: "Porque el Señor juzgará a su pueblo (de sus enemigos) y tendrá
compasión de su siervo, cuando vea que su fuerza se ha ido" (Dt. 32:36).
Dios activará Su juicio a los enemigos de Israel cuando Su pueblo abandone
su tendencia a poner todo su esfuerzo y su confianza en sí mismos. Para
Israel esto no terminó hasta que dejaron de poner su confianza en dioses
ajenos y restauraron su confianza en el único y verdadero Dios.
Fred fue libre cuando dejó a Dios actuar de acuerdo a Su propio carácter y
justicia. Dios desatará su furia a Su tiempo. Él dará el pago y se vengará.
Lean lo que Dios tiene en reserva para los incrédulos en el libro de
Apocalipsis. La venganza es su responsabilidad, no nuestra.

Susana luchó con los deseos de venganza contra su ex esposo Jerry. Ella no
pudo cambiarlo. Sintió que él quería herirla al comprobar que había enviado
rosas blancas a sus hijas, cuando siempre, y antes del divorcio, las rosas
blancas eran el regalo de él para su esposa Susana.

Dios conoce su final

Después del divorcio Susana se quedó con la custodia de sus tres hijas y un
ingreso limitado. Ella tenía que salir a trabajar, lo cual era demasiado para
una madre. Su sueño se había hecho pedazos. Jerry parecía obtener lo mejor
de ambos mundos porque podía tener a los hijos cuando él quisiera, sexo y
divertirse con su amante cuando y como le placiera; ¡Malo! Pero Dios puso
las cosas claras a través del testimonio de Asaf.

Asaf se sintió tan burlado como Susana. Él era uno de los máximos
directores del Coro del Rey David. Estaba a cargo de miles de músicos. No
obstante, tuvo problemas con la imparcialidad de Dios. A sus ojos le
parecía que materialmente tenía poco que mostrar, mientras que el malvado
que se oponía a Dios prosperaba. Dios tuvo que hacer por Asaf lo que Él
quiere hacer por Susana y por todos aquellos que han sido maltratados por
otros.

Dios llevó a Asaf a su santuario y le comentó lo que ocurre en las vidas de


aquellos que son enemigos de Dios y abusivos con sus hijos. Dejemos que
Asaf nos diga que fue lo que llegó a entender:

“Cuando supe esto,

Fue duro trabajo para mí,

Hasta que, entrando en el Santuario de Dios,

Comprendí el fin de ellos.


Ciertamente, los has puesto en deslizaderos,

En asolamientos los harás caer.

¡Cómo han sido asolados de repente!

¡Perecieron, se consumieron de terror!

Como sueño del que despierta,

Así, Señor, cuando despiertes,

Menospreciarás su apariencia.” (Sal 73:16–20)

Podemos hacer un resumen de lo que Asaf aprendió, en una sola palabra,


“venganza”. La venganza de Dios. Pareciera que Los malvados y
desobedientes van a salirse airosos, pero Dios escribe el último capítulo de
sus vidas y éste puede leerse tal y como el Apocalipsis.

El lado negativo viene una vez que se nos dice que tomemos venganza
sobre aquellos que nos han hecho daño. El lado positivo está en estas
palabras: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” (Ro.
12:21). ¿Por qué dejar que las acciones malignas de los otros nos controlen?
En vez de eso, use el poder personal dado por Dios para dominar el mal
haciendo el bien.

Susana hizo justamente esto. Jerry se propuso herirla enviando las rosas
blancas a sus hijas. El mensaje sutil era: “ya no te amo y esto es un
recordatorio”. No obstante, Susana era capaz de ver la bondad de Dios en
aquello que resultaba maligno para Jerry (Gn. 50:20). Él le decía a las niñas
mentiras sobre ella, pero ella les decía la verdad y luego oraba con sus hijas
para que su padre llegara a conocer a Jesús. Él hacía todo lo que podía para
hacer que las visitas de fin de semana de las niñas fueran lo más
complicadas e inconvenientes posibles. Ante ello, Susana respondía
mansamente y con justicia, lo cual le irritaba más a él. Susana fue capaz de
resolver todo dentro sí misma y seguir adelante con su vida, mientras que
Jerry está aún obsesionado por vengarse de ella el resto de su vida. Las
niñas observaban estas respuestas opuestas y preferían la compañía de su
madre.

Dios es responsable de convencer

“¡Yo grito todo lo que puedo, pero él aún no me escucha!” Exclamó Kari
mientras veía al Pastor Tim y a mí. “Él no va a escucharme. He estado
intentando decirle estas cosas por años. Incluso los niños no me escuchan.
Tengo que hacer algo drástico para poder lograr su atención.” Ellos
simplemente no lo entienden.

Hay una cantidad de impedimentos para la comunicación y que son parte de


nuestro círculo de responsabilidad. Sólo el siete por ciento de nuestra
comunicación son palabras, lo que se dice. El otro noventa y tres por ciento
es el tono de voz y el lenguaje corporal. El sentido de nuestras palabras
puede cambiarse sólo por nuestro tono de voz. Podemos decir: " Te amo "
con una voz suave, apacible, en un tono de enojo o un tono monótono e
inexpresivo y transmitir un significado totalmente diferente. Incluso los
animales leen nuestros tonos más que las palabras. Intente decirle a un perro
cualquier cantidad de palabras negativas en un tono amoroso, con una voz
cariñosa y él simplemente moverá su cola. ¿Por qué? Él cree en lo que dice
su tono de voz, no sus palabras.

Hacemos lo mismo con el lenguaje corporal. Una sonrisa cálida expresa


aceptación y amor, mientras que una mirada de disgusto comunica rechazo.
Las manos en las caderas, dientes apretados y ojos entrecerrados son signos
de rabia e ira. Este lenguaje es escuchado en todos los corazones.

Es nuestra responsabilidad comunicar lo que vamos a decir de la forma


más clara, sincera y llena de gracia como sea posible (Ef 4:29). Pero
definitivamente, es responsabilidad de Dios llevarla a donde nosotros no
podemos ir, al corazón (He 4:12). Dios presenta nuestro corazón como con
una puerta. Una vez el apóstol Pablo se unió al grupo de mujeres que se
habían reunido junto al río, donde solía hacerse la oración y él comenzó a
hablarles de las Escrituras. Estas mujeres eran adoradoras de Dios y estaban
escuchando atentamente. Aunque nadie podía verlo, Dios estaba haciendo
Su trabajo. El Doctor Lucas estaba al tanto de ello por medio del Espíritu
Santo cuando escribió acerca de una mujer llamada Lidia, a quien “El señor
le abrió el corazón para que estuviera atenta a lo que Pablo decía.” (Hch.
16:14b). Pablo habló, Lidia y sus amigas escucharon. Dios abrió la puerta
de su corazón a través de la fe.

Cuando el corazón es duro, el entendimiento está entenebrecido (Ef 4:18).


¿Cómo podemos hacer, para que una persona nos escuche de corazón y que
él o ella pueda entender lo que Dios está comunicando a través de nosotros?
La respuesta es simple: no podemos. Ese es el círculo de responsabilidad
de Dios. Sólo Dios puede convencer.

“Bueno, ¿entonces nosotros nos sentamos y dejamos que Dios lo haga?” En


este punto, volvemos al asunto de la soberanía de Dios y el evangelismo.
Hacemos lo que tenemos el poder para hacer pero Dios es responsable de
tomar Su Palabra y llevarla a donde nosotros no podemos ir. “La palabra de
Dios es viva, eficaz y más cortante que espada de dos filos: penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón” (He. 4:12).

El Espíritu de Dios es el responsable de convencer al mundo de pecado,


justicia y juicio (Jn. 16:8). Notemos que convicción no es lo mismo que
conversión. Muchos son convencidos y se sienten culpables cuando la
verdad del evangelio les llega al corazón, pero en vez de aceptarla,
reaccionan a ella o la rechazan.

El evangelista Esteban explicó con claridad el evangelio a los del concilio


del Sanedrín, pero ellos no le respondieron con aceptación sino atacándolo.
“Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones y crujían contra él sus
dientes (…) Entonces ellos, gritando, se taparon los oídos [rechazo] y
arremetieron a una contra él. Lo echaron fuera de la ciudad y lo
apedrearon” (Hch. 7:54, 57-58a). Esteban predicó, Dios convenció, pero los
líderes judíos lo rechazaron.

Peggy creyó que ella llevaría a Martin a la convicción a través de su


testimonio de vida. Ella estaba haciendo su parte, pero Martin no estaba
cambiando. Él no parecía estar convencido de nada. Ella luchaba por
confiar; confiar en su padre celestial. La rabia, ansiedad, agitación y
frustración no expresan confianza. Es verdad que es difícil confiar cuando
estás sufriendo el dolor de la herida, el abandono, la soledad y el rechazo.
Podemos o no vivir lo que realmente creemos en el día a día, pero siempre
vamos a vivir lo que realmente creemos en una crisis. Peggy estaba pasando
por una crisis. ¿Confiaría ella en Dios aunque Martin no cambiase? Cuando
yo era un joven predicador se me dijo que: “Santidad no consiste en cuán
alto puedes escalar, sino cuán derecho puedes caminar después de haber
tocado fondo”. Cuando has llegado a lo más hondo en tu matrimonio,
familia, relaciones cercanas, es cuando tu mente grita pidiéndote algo más
que sólo Dios puede darte -sabiduría.

Dios es responsable de darnos sabiduría

Interrupción total, confusión, desplazamiento, dispersión, desarraigo, un


ambiente no familiar, problemas familiares a granel, son las palabras que
describen la condición de los corazones y vidas de aquellas personas en
quienes Santiago pensó para escribir su carta.

Santiago conocía lo que era la confusión y la incomprensión. Él fue el


medio hermano de Jesús. Fue testigo de Su vida y Su muerte. Aunque
creció en el mismo hogar que Jesús no creía que Él era quien decía ser
(Jn.7:5) hasta después de la resurrección. Desde ese entonces, el pasado y el
presente comenzaron a tener sentido para Santiago.

Quince años después, Santiago intentó ayudar a los hermanos judíos que
habían recibido a Cristo a encontrarle sentido a sus vidas, luego de que
fueron dispersados al este de Babilonia y Mesopotamia. Ellos tuvieron
grandes problemas en esas tierras extrañas y necesitaban sabiduría para
sobrevivir. Las pruebas literalmente rodeaban a estos creyentes que habían
sido dispersados. Note que Santiago se refería a estas situaciones como
pruebas, no como problemas. En la versión bíblica americana conocida
como King James, la palabra problema no aparece; solo aparece 2 veces en
la Biblia de las Américas, (Dn 5:12,16) y 3 en la Nueva Versión
Internacional, (Dt. 1:12, Dn 5:12,16). Dios llama pruebas a las situaciones
difíciles, conflictos y tragedias. No los llama problemas. Las pruebas
ocurren con un propósito y para nuestro beneficio. Ellas prueban y
expanden nuestra fe, formando un carácter que posee la cualidad de
aguantar y resistir. Estos creyentes estresados tenían la misma necesidad
que Susana mientras lidiaba con Jerry, su esposo infiel; era la misma
necesidad que Peggy tenía con Martin, su esposo no salvo. Philys y Gerald
la tuvieron con Carissa, su irresponsable hija universitaria. Helen la tuvo
con su hijo Ron, adicto a las drogas. Nick y Traci la tuvieron mientras
lidiaban con el trato a su madre. ¿Cuál era esa necesidad? Esa necesidad
era sabiduría: la Sabiduría de Dios.

Santiago explicó en términos muy simples cómo tener acceso a esta


sabiduría divina: “Si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a
Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”
(Stg. 1:5).

Este es la ventaja que nosotros tenemos con respecto a todos los caballos
del Rey y todos los hombres del Rey, quienes no pudieron reparar el daño
que sufrió Humpty Dumpty. Nosotros también nos enfrentamos a las piezas
rotas de nuestras vidas. Sólo Dios tiene la sabiduría para trabajar con esas
piezas. Él es abundantemente generoso con Su sabiduría, pero nosotros
debemos pedirla (Mt. 7:7-8). Esta es la razón por la que comienzo cada
sesión de consejería con oración. Cientos de veces he parafraseado
Proverbios 3:5-6 en mis oraciones:”Señor, cada uno de nosotros quiere
afirmarte que vamos a confiar en Ti con todo nuestro corazón. No vamos a
depender ni a confiar en nuestra propia prudencia y entendimiento o
revelación. Nosotros ahora te reconocemos en todos nuestros caminos,
palabras y actitudes; nosotros te damos Gracias por hacer nuestras sendas
derechas, santas y agradables para Ti, te agradecemos de antemano por tu
sabiduría. Gracias.”

¿Qué impide que esto sea un ritual diario para mí? La respuesta es simple:
Dios nunca trae personas a mi vida con problemas triviales. Raras veces
hago una sesión de consejería sin pedir al Padre Su dirección y Sabiduría.
Es su círculo de responsabilidad el otorgarme verdadera sabiduría.

¿Cómo sabe usted cuándo tiene Su sabiduría? Santiago nos explica cómo
diferenciar entre la sabiduría que es de lo alto, (de Dios) y la que es terrenal
(del mundo). Comprender esta distinción es vital, ya que podemos ver
algunas de las formas en las que estamos manejando (lidiando) alguna
situación difícil y ver si estamos reflejando sabiduría divina. Comprender la
diferencia entre sabiduría divina y sabiduría del mundo te proporcionará la
base para hacer los ajustes en tu vida, tu actitud ante la prueba y aun la
prueba misma.
Santiago introduce la necesidad de la sabiduría de Dios en el capítulo 3.
Vers. 13a: ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Al hacerlo, quiere
prepararnos para que seamos capaces de distinguir entre la infinita sabiduría
de Dios y la infame sabiduría de Satán. Sus características son radicalmente
diferentes y sus frutos son tan opuestos como el día y la noche. Santiago
nos da un criterio claro para evaluar si estás utilizando sabiduría divina o
en cambio, esa sabiduría que busca resolver los conflictos o pruebas
basadas en motivaciones egoístas.

La fraudulenta y falsa sabiduría del diablo

Santiago comienza esta comparación tan importante con las características


de la falsa sabiduría del diablo, la cual es garantía de que nuestras
relaciones van a una destrucción futura. ¿Cómo puede usted detectar si está
obrando imprudentemente sin la sabiduría de Dios? Considere las cuatro
características principales de esta falsa sabiduría diabólica.

Celos amargos

En primer lugar, la sabiduría falsificada nos lleva hacia los celos amargos
(Stg. 3:14). Santiago nos describe el origen de estos celos amargos. La
amargura es como un río embravecido que tiene muchas fuentes. Todos
estos afluentes reflejan normalmente asuntos pendientes de dolor del pasado
en el corazón. El dolor, el sufrimiento (pena, congoja) es uno de esos
afluentes que alimenta los celos amargos. Debido a que el dolor es tan
frecuente, merece una breve consideración

El duelo es la respuesta emocional normal ante una pérdida. Los creyentes


de la iglesia de efesios estaban sufriendo la anunciada e inminente pérdida
de su amado amigo, el apóstol Pablo, a partir del momento que él les había
dicho que no verían más su rostro (Hch- 20:38). La palabra duelo, significa
literalmente “tormento causado por el dolor de una intensa pérdida.” Si este
dolor no es identificado y expresado de forma saludable, se convertirá en
amargura del corazón. Cada palabra, acción, actitud y decisiones reflejarán
matices (sombras) de esa amargura. Esta es la razón por la que un alto
porcentaje de padres a los que se le muere un hijo eventualmente se
divorcian. Esto se debe a que le endosamos el dolor y la rabia de la pérdida
a aquellos que están más cerca. Por el contrario, el dolor, la pena expresada
de manera saludable, tiene un sentido de desahogo y aceptación. La
amargura refleja una determinación de “aferrarse a” estar agarrado a la
persona que ha fallecido o te ha abandonado o a las circunstancias de la
pérdida, porque uno no se merecía la pérdida. Una esposa que ha sido
abandonada por su esposo, puede decir amargamente: “Yo merezco un
matrimonio feliz” y quedarse tercamente aferrada a aquello que no puede
ser restaurado.

Las decisiones tomadas con amargura resultarán en más conflictos internos


y externos (He. 12:15). La “raíz de amargura” se mostrará a sí misma con
mayor fuerza, con un resentimiento más profundo y con una sutil o
evidente aspereza. No producirá un cierre piadoso porque en el corazón
amargado no se está trabajando la pérdida de manera sana y piadosa (1Ts.
4:13-18).

La amargura de los celos también puede reflejar una decepción sin procesar.
Algo o alguien pudieron habernos desilusionado profundamente
destrozando nuestra esperanza. Una expectativa profundamente deseada se
viene abajo, creando una pérdida mayor y más sufrimiento, más necesidad
de duelo. Los continuos esfuerzos de Peggy por generar un cambio en la
vida de su marido dio lugar a una decepción repetida. El rehusarse a aceptar
estas desilusiones y el no modificar sus expectativas no realistas, hizo que
brotara en ella la amargura. Ahora estábamos de vuelta al punto de partida.

Mi amigo, el agricultor Dough, estaba furioso con su esposa por su


tendencia desmedida a gastar dinero. Su ira sobre esta situación lo llevó a la
amargura. Los gastos excesivos de su esposa lo hirieron desde el principio y
como estos excesos continuaron, su ira fue aumentando; ira que se tornó en
amargura sobre todo al ver la falta de preocupación de su esposa que iba
hundiendo cada vez más las finanzas de la familia. El odio sentó las bases
para la amargura. Una vez más vemos que la amargura es la casa que
construyó la ira y no es precisamente un chalet, es una prisión. La buena
noticia es que la cerradura y la llave no están afuera. La clave para que
Dough se libre de la amargura nunca está en las manos de otro. Siempre y
sin excepción, está en las manos de él mismo, bien sea que las utilice o no.

La falsa sabiduría del mundo germina no sólo en el suelo fértil de la


amargura, sino también en el campo regado por los celos. La palabra griega
para “celo”, en sentido negativo es traducida como “los celos”, es una
fuerte envidia edificada sobre el fundamento del miedo. Es el miedo a ser
reemplazado. Cuando experimentamos amor celoso tememos perder
nuestro lugar en el corazón del otro o un lugar que nos gustaría tener en el
corazón de otro.

Esto también ocurre con la posición, el prestigio, el poder o las


posesiones.Si sentimos que alguien está amenazando lo que tenemos o nos
hubiera gustado tener, los celos levantan su cabeza. Arraigado
profundamente en la persecución hostil judía contra el apóstol Pablo, no era
amor para con Dios lo que los motivaba sino unos celos profundamente
asentados en su ser. Usaron a hombres malvados para conspirar contra
Pablo y quererlo ejecutar (Hch. 17:5). ¿Por qué? Porque él era una amenaza
a su cómodo y seguro sistema religioso.

La envidia es compañera de cuarto de los celos. Los celos llegan ante el


miedo a perder algo que tenemos; la envidia es el descontento o
resentimiento respecto a las ventajas que otros tienen, es decir, desear lo
que otros tienen. La envidia se encontraba en el corazón de aquellos que
planearon la muerte de nuestro Señor Jesús (Mt. 27:18).

De un corazón arraigado en los celos surgen ideas, pensamientos y actitudes


distorsionadas. La sabiduría que proviene del temor a perder algo será
torcida, oscura y producirá conflicto. Jesús hizo una comparación con el ojo
humano: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo
tu cuerpo está lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará
en tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿Cuántas no serán
las mismas tinieblas?” (Mt. 6:22-23). Hasta que no lidiemos con la
amargura a través del perdón y restauremos la confianza en Dios, les puedo
garantizar que los conflictos serán continuos e irán de la mano con algo más
–la ambición egoísta.

Ambición egoísta

La segunda característica de la falsa sabiduría (del mundo) en su esencia es


“la ambición egoísta”. El significado griego denota la presencia de la
ambición, el egoísmo y la rivalidad. La rivalidad es traducida en la versión
del King James como “lucha” “disensión” o “facciones”. El significado
subyacente es voluntad propia, deseo. El yo es el jefe del corazón, el
sistema de control de la vida (Pr. 23:7). Coloque un grupo de adultos
motivados por su voluntad propia y agendas personales juntos y obtendrá la
esencia de un jardín de infancia. Las siguientes palabras dominarán sus
discusiones: “Yo”, “mi”, “mío”, y “no”. (1ª Co. 3:1-3).

Esta pseudosabiduría sólo conlleva a mayores conflictos en las relaciones y


evita una resolución bíblica de los mismos. Esta sabiduría obedece a un
programa infantil y egoísta, no a un programa adulto basado en la
negociación: es decir, dar (ceder) y tomar (intercambiar). Esta era la
verdadera razón por la que los creyentes Corintios iban a las cortes paganas
y se demandaban entre sí. (1ª Co. 6:1-7) La idea de experimentar pérdida
personal y no ganar (salir perdiendo) era algo totalmente ajeno para ellos.
¿Por qué? Porque no estaban respondiendo con la sabiduría de lo alto.

Satán atacó por primera vez la humanidad perfecta a través de Eva. Él apeló
a su egoísmo: “sino que sabe Dios que el día que comáis de él [el árbol del
conocimiento del bien y el mal] vuestros ojos serán abierto y seréis como
Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gn. 3:5 ) Cuando la mujer vio que el árbol
era bueno para comer, y que era la delicia para los ojos, y árbol codiciable
para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió (Gn. 3:5-6). La
apelación fue, "para mí, para mí, y por mí", ésta sabiduría es fraudulenta y
falsa, es egoísta de principio a fin; así de simple.

Orgullo

En tercer lugar, la “sabiduría” del mundo es lo que la gente manifiesta,


arrogancia y orgullo (Stg. 3:14). ¿Sorprendido? Como una de las facetas de
un diamante, el orgullo meramente refleja un ángulo diferente de la
sabiduría carnal.

Santiago dijo “no sean arrogantes” o “vanagloriosos”. (Stg. 2:13 y Ro.


11:18). En el griego, esta palabra tiene un intenso significado: “hacer alarde
de sí mismo en contra de otro, tratándolos de una manera despectiva o con
desprecio”. Nadie se siente bien cuando es rebajado. Cuando vemos con los
ojos del desprecio, uno experimenta un sentimiento de ira, no de valoración
personal. El orgullo no puede decir: “me equivoqué” o ser responsable. Se
vuelve a la demoníaca estrategia de culpar al otro. Nunca se estará en
capacidad de resolver una situación difícil, si el orgullo continúa siendo la
actitud que está en control.

Mentira

La cuarta característica de esta seudo sabiduría es el mentir, no sólo de


palabra, sino también con acciones. Observe lo que Satán le hizo a Eva.
Dios les había advertido; “si comen de ese árbol, morirán”. Satán dijo: “¡No
morirán!”. (Gn. 3:4b). Esto era la palabra de uno en contra del otro. ¿Por
qué Eva escogió creer a la criatura antes que al creador? Simplemente fue
engañada.

El origen de la sabiduría fraudulenta

Una persona que dice ser cristiana pero cuya conducta está caracterizada
por celos amargos, rivalidad, orgullo y mentira es lo que Santiago llama
hipócrita. La hipocresía proviene del lado más oscuro de la maldad, no del
reino de la luz y de la justicia. Los hipócritas pretenden ser lo que no son.
La palabra mentira en griego, significa “jugar a ser falso”. Podríamos
parafrasearlo diciendo “no vivas una mentira”. No afirmes tener sabiduría
divina y vivir como un loco insensato auto engañado. El hipócrita busca
engañar a otros, mintiendo en palabras y acciones. Nuestras vidas no deben
contradecir la verdad que profesamos creer.

Santiago aclara el origen de esta sabiduría fraudulenta: “no es esta la


sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica”
(Stg. 3:15). Toda ella tiene la huella digital de Satán. La palabra terrenal
indica las cosas de este mundo, donde Satán es: “el príncipe de la potestad
del aire…” (Ef. 2:2 b) “animal”, se refiere a lo sensual y no espiritual. Los
que no son salvos están bajo el control del príncipe del poder del aire y
están “muertos en [sus] delitos y pecados” – ellos son, “por naturaleza,
hijos de la ira” (Ef. 2:1b,3b). “Diabólica” es la sabiduría del mundo que
está energizada por Satanás. Jesús acertó (dio en el blanco) al exponerle a
los fariseos hipócritas quién era su verdadero motivador: “vosotros sois de
vuestro padre el diablo y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha
sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad porque
no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla pues es
mentiroso y padre de mentira” (Jn. 8:44)
Los resultados de la sabiduría fraudulenta son: “perturbación y toda obra
perversa.” (Stg. 3:16b). Piense acerca de cómo ha estado obrando a través
de un conflicto. Pregúntese a usted mismo si ha estado reflejando algunas
de estas características que resumen la sabiduría fraudulenta:

¿Mis acciones y actitudes han venido de un corazón amargado o celoso?

¿Estoy siendo motivado por rivalidad o ambición egoísta?

¿Mis acciones y actitudes huelen a orgullo?

¿Mi vida no concuerda con mis palabras?

¿Mis elecciones (decisiones) reflejan valores terrenales? (sabiduría


terrenal)

¿Mis elecciones (decisiones) carecen de valores cristianos? (sabiduría


natural)

¿Mis elecciones (decisiones) tienen un toque maligno? (sabiduría diabólica)

Utilizar la sabiduría que no proviene de Dios no resolverá los conflictos;


ella es vana e improductiva. Permítale a Dios enriquecer su vida con Su
sabiduría y Él lo hará. Si Dios es el principal responsable de otorgarnos la
sabiduría para manejar situaciones difíciles, ¿cómo sabremos si tenemos Su
sabiduría o la sabiduría del mundo? Sabemos qué no es sabiduría de lo alto,
pero ahora la pregunta es: ¿Cuál es exactamente la sabiduría de lo alto?

Sabiduría de lo alto

La sabiduría divina refleja el carácter de Dios. Jesús es la sabiduría de Dios


(1ª Co. 1:24); así que Su vida refleja las cualidades de la sabiduría de Dios.
Santiago describe sus ocho características:

Es Pura

La pureza es el fundamento donde la sabiduría descansa: “pero la sabiduría


que es de lo alto es primeramente pura,” (Stg. 3:17a). Este es el punto de
partida. La palabra pura proviene de la misma raíz de la palabra santo;
significa que es totalmente clara e inalterable, sin imperfecciones, sin
errores- No es 90% buena y 10% mala, no tiene culpabilidad, es inocente y
completamente fuera de todo reproche. No hay ni una pizca de
contaminación egoísta, ni tiene mancha alguna.

Sus motivos reflejan pureza, su carácter e intención no reflejan políticas ni


agendas ocultas, egoísmos o manipulaciones veladas. Mi sabia decisión
debiera ser capaz de hablar por la boca de Dios. Yo creo que esta es una de
las razones por la que Jesús advirtió tan severamente a los Fariseos: “Pero
yo os digo que toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán
cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus
palabras serás condenado”. (Mt. 12:36-37) Debido a que tenemos corazones
engañosos no podemos por nuestra cuenta entrenar nuestra mente para tener
pensamientos puros. Esto tiene que ser originado por Dios mismo.
Volvamos a ver las demandas que se dieron entre los creyentes Corintios.
No hay duda de que creyeron que sus decisiones de ir a la corte en contra
de compañeros cristianos eran sabias. El apóstol Pablo cortó el corazón
egoísta del asunto con dos penetrantes preguntas: “¿Por qué no sufrís más
bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudado?” (1ª Co.
6:7b).

Cada fibra de los Corintios gritaba por justicia, equidad, imparcialidad.


¿Aceptar la pérdida? ¿Aceptar ser defraudados? ¡Jamás en la vida! La
respuesta de los Corintios resaltaba la verdad de que nuestros caminos no
son sus caminos (Is. 55:8) ni tampoco nuestra sabiduría es la sabiduría de
Dios. Pérdida es una palabra orientada en el tiempo. Cada cosa que vemos
como pérdida aquí y ahora es a los ojos de Dios meramente una
transferencia de bienes de aquí al cielo por la eternidad. (Mt. 6:19-20).

El peligro es que cualquier cosa que suene a egoísmo – acompañados de las


palabras mi, mío, me –no refleja la sabiduría de lo alto y puede enfocarnos
más bien en la pérdida temporal, y ello sería demasiado grande para
nosotros. Así que podríamos engañarnos y decidir actuar según la
fraudulenta sabiduría de lo bajo, del maligno y nos engañamos a nosotros
mismos creyendo que está bien seguir adelante y actuar por nuestra propia
cuenta. Esta sabiduría no es pura según el carácter de Dios, sino que es
contaminada y engañosamente adulterada por el maligno.
Es Pacífica

La sabiduría divina no significa paz a cualquier precio. La verdadera paz no


es el comercio de mi propia paz interior para comprar paz de la otra.
Aquellos que son dóciles complacientes son culpables de esto. Ellos
mienten acerca de sus verdaderas emociones. Dicen que están bien cuando
en verdad sienten mucha rabia. Ellos han comprado paz para el momento,
pero posponiendo la guerra, sólo para que su ira estalle luego en violencia o
en una crisis nerviosa. Esa es la razón por la que Santiago dice: “Pero la
sabiduría que viene de lo alto es primeramente pura, después pacífica,”
(Stg. 3: 17a, letra itálica mía) La palabra después significa que la pureza,
que implica honestidad, debe preceder a la siguiente cualidad de ser amante
de la paz y estar en armonía.

La aplicación de la sabiduría divina usualmente trae un resultado pacífico,


aunque no siempre es así. Consideremos el caso de Susana que siempre
mostró motivos puros, tratando a su ex marido mejor que como él la trataba
a ella. No hay duda de que ella experimentaba paz por los esfuerzos que
estaba haciendo, pero eso no resolvió el problema. Ella aún tenía que luchar
con la difícil conducta y el estilo de vida escogido por él.

Es Gentil

La próxima característica de la sabiduría de Dios es la gentileza


(mansedumbre). La palabra griega para “gentileza (suave)” tiene algunos
significados atribuibles como son: razonable, justo, apropiado, equitativo,
tolerante, moderado, no insistiendo en la palabra de la Ley, no legalista. La
persona que ejercita este tipo de sabiduría de Dios puede responder sin
rudeza, (severidad, hostilidad,) en una situación dada. Cualquier
aproximación que se le dé a una situación que necesita ser resuelta, debe
ser con gentileza. Este es uno de los frutos del Espíritu. Si Dios está
trabajando en ti, tú serás gentil.

Es Razonable

Razonable puede ser traducido como “fácil de suplicar”. Cuando somos


razonables, los demás se sienten seguros de venir ante nosotros y
sinceramente pedir que consideren o evalúen situaciones personales. Dios
nos anima a ir a Su presencia con osadía y confianza. (Ef. 3:12)

Una de las mayores quejas que tienen los jóvenes es el sentimiento de que
sus padres no son fáciles de abordar ni razonables. “Es lo que ellos dicen o
nada”. Esto no refleja el corazón de Dios, quien es totalmente accesible y a
quien podemos acercarnos confiadamente y tiene poderes más absolutos
que los que cualquier padre pudiera poseer.

Dios se abrió a Si mismo a muchas urgencias y fuertes situaciones, y lo


vemos cuando Jesús explica la Parábola del juez injusto. Debido a que la
viuda venía constantemente solicitando protección legal, el juez finalmente
tuvo que escucharla: “Sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le
haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.” (Lc.
18:5). Esa es la manera como Jesús nos dice que debemos ejercitar
diligencia, orar sin desanimarnos. Incluso nos invita a ir a Él. (Mt. 11:28–
29)

Usted puede razonar con Dios de la manera que lo hizo Abraham en el


momento de la inminente destrucción de Sodoma (Gn. 18: 22 -23). Él le
pidió que no la destruyera si encontraba al menos diez hombres piadosos.
Dios estuvo de acuerdo. Moisés razonó con Dios cuando estaba a punto de
destruir a Israel por adorar el becerro de oro. Después que Moisés apeló a
Su justicia Dios cambió de opinión: “Entonces Jehová cambió el curso del
mal que dijo habría de hacer a su pueblo.” (Ex 32:14). La palabra hebrea
para “cambió” lleva en sí la idea del alivio o confort que produce el cambio
de una ruta, destino o dirección dada y planificada de antemano. En este
caso, Dios escogió otra vía de acción para cumplir Su voluntad. Esto revela
que la respuesta de Dios no es inflexible. Él responde a nuestras
necesidades, actitudes y acciones. El Espíritu de Dios puede responder y
compadecerse con nuestros sentimientos (He. 4:15) ¿Por qué? Porque Él
está lleno de misericordia.

Está llena de misericordia

Abra el corazón de la sabiduría de Dios y brotará la misericordia de Él. La


Gracia es que Dios nos concede el favor que no merecemos. La
misericordia es Dios reteniendo el juicio que merecemos. No obstante, la
misericordia tiene un significado más extenso; incluye una profunda fuente
de compasión y piedad. Ella responde a la persona débil, herida que está
sufriendo aflicción merecida o no. Es una respuesta tierna, llena de emoción
hacia una profunda necesidad del ser humano y que está dentro de su poder
y capacidad para satisfacer esa necesidad.

¿Por qué esta sabiduría de lo alto está llena de misericordia? Porque ella
refleja el carácter de Dios. El mismo Dios es rico en misericordia (Ef. 2:4) y
está más que deseoso de salvar a cualquier persona (Ti. 3:5). Estamos
invitados a aproximarnos atrevidamente al amante Dios para obtener
misericordia: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia,
para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (He.
4:16) Por lo tanto, al intentar resolver una situación difícil, una sabia
respuesta estará llena de misericordia. Es posible que tenga que caminar la
segunda milla con ellos cuando no se merecen una pulgada de
consideración.

Está llena de buenos frutos

Si la semilla de la sabiduría divina es plantada en nuestros corazones, ¿ a


qué se parecerá?. La sabiduría de Dios produce una gran cosecha de
buenos frutos. “En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tenéis
amor los unos por los otros.” (Jn. 13:35) El amor es la primera de las
muchas evidencias fructíferas de la sabiduría de Dios trabajando en
nuestras vidas. “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. (Gá 5:22 –23a)

Jesús desafió repetidamente a sus oyentes a evaluar los resultados de las


acciones del hombre. Él advirtió con firmeza, sobre los falsos profetas que
vendrían a las congregaciones como lobos rapaces disfrazados de ovejas.
(Mt. 7:15) ¿Cómo puedes identificarlos? “Por sus frutos los conocerán…
Todo buen árbol da buenos frutos...No puede el buen árbol dar malos frutos,
ni el árbol malo dar buenos frutos” (Mt. 7:16–18). La sabiduría de Dios
conlleva a una creciente producción de buenos frutos.

La sabiduría de Dios refleja el fruto de Espíritu Santo de Dios en su


concepción y expresión. Este tipo de sabiduría producirá una gran cosecha
de buenos resultados y la abundancia de estos buenos resultados también
llevará una sólida estabilidad.

Es consistente, sin incertidumbre

La Sabiduría del corazón de Dios es inquebrantable, derecha,


“incondicional” es “firme”. No titubea ni es inconstante: “Porque yo,
Jehová no cambio.” (Mal. 3:6). Dios no es político, no anda midiendo la
opinión pública para hacer las cosas. Él siempre actúa según la verdad de su
carácter, así que nunca se tambalea en Su pureza, amor, gentileza,
raciocinio y misericordia. El fruto de Su carácter es siempre el mismo
porque Él nunca tambalea.

Vemos en la historia de Israel y el becerro de oro que a veces Dios cambia


el curso de su acción, sin embargo nunca cambia Su carácter. Cuando
intentamos torcer los preceptos y principios de Dios en deferencia a
alguien o algo (Stg. 2:1-9), hemos tomado una de las más tristes de las
decisiones. Todos hemos visto con demasiada frecuencia que cuando hay un
conflicto entre las convicciones cristianas y por ejemplo el flujo de caja
(las ganancias o finanzas), este último es el que gana. Es patético el
comentario que escuchamos entre los políticos “la gente vota desde su
bolsillo”. Esto no es lo que Dios hace. Él espera y nos ruega para que
nosotros no seamos así. Esta sabiduría sin incertidumbre nos lleva hacia la
característica final de la sabiduría divina que viene de lo alto.

Es sin hipocresía ni fingimiento

La hipocresía y la sabiduría de Dios son tan incompatibles como el aceite y


el agua. La palabra griega traducida como “sin hipocresía”, es de hecho,
una palabra con un uso limitado en el Nuevo Testamento. La palabra
hipócrita fue formada (creada) por el teatro griego y romano, donde los
actores usaban grandes y exageradas máscaras desde donde proyectaban sus
voces con un aparato mecánico. Esas personas representaban caracteres
diferentes a los que ellos realmente eran; por lo tanto, eran “hipócritas”
(convertidos luego en “actores”). Actor vino a ser alguien que se
presentaba a sí mismo de alguna manera, pero en realidad era una persona
diferente. Él profesaba cualidades, sentimientos, creencias que no poseía.
Las seis veces que en el Nuevo Testamento aparece la palabra traducida
“sin hipocresía” está relacionada con el sentido de dar una falsa impresión.
En tres de estas seis instancias es utilizada para calificar al amor en
Romanos 12:9: “El amor sea sin fingimiento” (sin hipocresía). Pablo hizo la
misma recomendación respecto a la fe (1Ti. 1:5) que no tiene que ser
afectada por la conveniencia; finalmente es usada en referencia a la
sabiduría (Stg. 3:17).Hemos visto que la sabiduría de lo alto está
fundamentalmente basada en el carácter de Dios y refleja una vida
transparente. No es una fachada, es un hecho basado en la realidad y la
verdad.

Cuando buscamos la sabiduría de Dios para actuar en medio de una


situación difícil, debemos hacernos estas simples preguntas:

¿Mis acciones, palabras, actitudes y motivaciones son puras?

¿Estas acciones producirán un final apacible?

¿Estas acciones reflejan gentileza genuina?

¿He escuchado las razones de aquellos que serán afectados por mi forma de
actuar?

¿Estas acciones reflejan compasión y misericordia?

¿Estas acciones reflejan los nueve frutos del Espíritu Santo?

¿Son acciones consistentes?

¿Están desprovistas de hipocresía?

El dolor del insensato

Debido a una decisión insensata, la nación de Israel fue desgarrada y quedó


dividida en dos reinos. Esta misma decisión deja hoy día a familias y
relaciones importantes devastadas. Los detalles varían, pero la esencia es la
misma.
Salomón le falló a su hijo Roboam de muchas formas. Falló en ser un
ejemplo moral; de hecho, Salomón fue un desastre moral y espiritual. A
pesar de su propia riqueza en sabiduría, que él mismo pidió y recibió de
Dios, Salomón falló al no enseñarle a su hijo a tomar decisiones sabias.
¿Cómo pudo pasar esto?

Salomón había puesto un yugo pesado a los israelitas con excesivos


impuestos y un trabajo duro en la construcción de templos paganos y
palacios. Cuando su hijo Roboam estaba a punto de ser hecho rey, una
delegación de las diez tribus del norte, le suplicaron al nuevo rey que
redujera los impuestos. Roboam consultó a los ancianos que habían servido
a su padre Salomón y estos le respondieron “...Si te pones hoy al servicio de
este pueblo, lo sirves y le respondes con buenas palabras, ellos te servirán
para siempre.” (1º Re. 12:7). En otras palabras, al reducir los impuestos,
Roboam podía ganar el corazón y la lealtad de su pueblo y solidificaría su
reinado.

Entonces Roboam preguntó a los jóvenes que habían crecido con él, qué
creían ellos que debía hacer. Ellos respondieron: “Así les hablarás: el menor
de mis dedos es más grueso que la cintura de mi padre,…yo les haré (el
yugo) más pesado aún; mi padre os castigó con azotes, pero yo os castigaré
con escorpiones.” (1º Re. 12: 10a –11b). Roboam escogió el consejo de los
jóvenes, lo que causó la rebelión de las diez tribus del norte, tal como
profetizó Ahías (1º Re. 11:31).

Roboam perdió diez de las doce tribus de Israel de la misma manera que
muchos padres han perdido a sus hijos e hijas, por medio de la rebelión
adolescente. Sometiendo la sabiduría de Roboam al test de la sabiduría de
Dios podemos ver: ¿Era pura? No, era bien autocomplaciente de su parte,
¿era apacible? La gente reaccionó con ira y dijo: “¿Qué parte tenemos
nosotros con David?... ¡Israel, cada uno a sus tiendas! ¡David, mira ahora
por tu casa!” (1º Re. 12:16). La nación fue de la paz a la división. ¿Roboam
reflejó gentileza? Se nos ha dicho que “…el rey respondió al pueblo
duramente…” (1º Re. 12:13a). ¿Fue él accesible? Sí, pero sólo una vez. Las
tribus aprendieron rápidamente a no hacerlo de nuevo. ¿Ofreció abundancia
de misericordia? La crueldad de Roboam se vio en su imprudencia al decir:
“los castigaré con escorpiones” (refiriéndose a un inusual y cruel látigo con
afiladas piezas de metal en las puntas.)

¿Esta “sabiduría” refleja algunos de los frutos del Espíritu Santo: amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe? La respuesta de Roboam no
estaba impregnada de la presencia del Espíritu de Dios. ¿Era consistente o
sin incertidumbre? Él fue consistente sólo en su crueldad. Finalmente, ¿su
decisión la tomó con o sin hipocresía? Inicialmente parecía ser un hombre
justo cuando escogió la ciudad de Siquem para ser coronado. Siquem era un
lugar especial a los ojos de Israel. Allí fue donde Dios se apareció por
primera vez a Abraham en la tierra de Canaán (Gén.12:6 -7); más tarde,
Jacob vivió allí (Gn. 33:18–20); José fue enterrado allí (Jo. 24:32). El
pueblo de Israel se comprometió a sí mismo a ser fieles y guardar la ley de
Moisés en Siquem (Jo. 24:1 – 27). Este era un lugar sagrado para ellos. Al
pedir ser coronado allí, Roboam se asoció a sí mismo con el destino divino
de una nación que estaba bajo la soberanía de Dios. ¡Qué fachada religiosa!
Él aparentaba ser un hombre de carácter piadoso pero en realidad era
inseguro y egoísta. Esperaba intimidar a su pueblo a través del miedo, en
vez de regirlos por la fe y la sabiduría divina.

Muchos hogares se rompen en pedazos a causa de decisiones egoístas,


hechas por la sabiduría del mundo más que por cualquier otra cosa. Cada
día desafío a personas y a familias a evaluar cómo deben relacionarse los
unos con otros, siempre basándose en las ocho evidencias de la sabiduría de
Dios. Aún no he visto que la sabiduría de Dios falle pero tristemente he
visto a muchos fracasar al no hacer uso de ella.

Llegados a este punto la pregunta es: “¿Qué has hecho para resolver los
conflictos que estás enfrentando?” Si tuvieras que evaluar tu aproximación
a la plomada de la sabiduría de Dios, ¿Cómo lo harías? ¿Qué necesitas
hacer para comenzar? Si todo lo que estás haciendo no está funcionando, es
tiempo de reevaluar tu estrategia y hacer ajustes apropiados. Ganamos
poder personal al utilizar la sabiduría que viene de lo alto. Permanecer en la
verdad y la sabiduría puede ser doloroso cuando buscamos resolver
conflictos; aún así Dios es responsable de algo más y esencial que
necesitamos al enfrentar el conflicto, Su Consuelo.

Dios es responsable de confortarnos y consolarnos


Ser consolada era lo que Peggy necesitaba cuando Martin no respondía a
sus esfuerzos de cambio. Susana deseaba el consuelo de Dios cuando Jerry
la saboteaba. Helen necesitaba ser consolada cuando su hijo drogadicto
persistía en su conducta dañina. Es responsabilidad de Dios consolarnos
como sólo Él puede hacerlo.

El apóstol Pablo sintió esta misma necesidad cuando estaba excesivamente


cargado y presionado por encima de sus fuerzas aún en desesperación.
Pablo se encontró con Dios en una forma nueva en Asia. Después de
sentirse aplastado más allá de lo que podía haber creído y pensado fue
consolado por Dios y escribió: “Bendito sea Dios y padre de nuestro Señor
Jesucristo; Padre de misericordia y Dios de toda consolación:” (2ª Co. 1:3).
Amigos, fama y familia, todos ellos juntos resultan insignificantes
comparados con el encuentro de Pablo con Dios y la manera en la que fue
consolado por Él en el punto más crítico y difícil de su necesidad.

En este momento, Pablo fue confrontado con otra verdad. Dios nos
consuela en todo momento y no sólo en las experiencias más duras y
difíciles que generan gran dolor emocional y físico. Su consuelo nos da
esperanza y fortaleza, así como también la habilidad para transmitir lo
mismo a otros que están padeciendo, por medio de la consolación que
hemos recibido. (1ª Co. 1:4).

¿Qué pasa cuando damos lo mejor de nosotros y nuestra familia, pareja o


amigos no responden como esperábamos? Dios mismo nos da esperanza
cuando todo alrededor parece sin esperanza. Él nos otorga la fortaleza
cuando sentimos que no podemos llegar al día siguiente. Esa es Su
responsabilidad. No obstante, usted puede preguntarse, “¿Qué sucede si
alguien realmente debe pagar por el daño que ha hecho?”. La venganza es
responsabilidad de Dios. Y “¿Qué ocurre si no puedo convencer a mi
esposo (a), mis hijos o a mi familia que necesitan cambiar? “ El cambiar a
otros es también responsabilidad de Dios.

¿Cómo sabré que los pasos que estoy a punto de emprender reflejan el
Espíritu de Dios? De nuevo, le recuerdo que mida sus decisiones y las
compare con las ocho características de la sabiduría de lo alto. Contrástelo
con la descripción de la sabiduría del mundo. Pida, busque, toque y la
sabiduría de Dios se abrirá y estará disponible para usted. (Lc. 11:9–13).
**********

Identifique y asigne los aspectos bíblicos en cada círculo de


responsabilidad, ya sean en conflictos matrimoniales, divorcio o con la
familia extendida. Reconozca que Dios también tiene su círculo de
responsabilidad. Por experiencia sé que identificar y asignar
responsabilidades puede ser difícil, pero no lo es tanto como el siguiente
paso a dar. Nuestros amigos Mark y Kari están por descubrirlo muy pronto.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿Cómo podría cambiar tu perspectiva del conflicto si reconocieras cual


es el círculo de responsabilidad de Dios?

2.- ¿Cómo enfrentarías un conflicto si tuvieras la creencia de que sólo tú


tienes el poder de influir y sólo Dios tiene el poder de cambiar a la gente?

3.- ¿De qué otra forma podrías comunicarte si tuvieras la creencia de que es
responsabilidad de Dios el convencer a los demás sobre su necesidad de
cambiar?

4.- ¿De qué forma te comunicas, en cuanto a tu tono de voz y lenguaje


corporal, con aquél con quien tienes un conflicto?

5.- ¿De qué forma responderías a un conflicto cuando confías totalmente


que Dios hará su parte y que El tiene que ver con el resultado?

6.- ¿Qué es lo que el conflicto te ha enseñado acerca de Dios, los demás y


de ti mismo?

7.- ¿De qué manera, la forma como enfrentas un conflicto, refleja la


“sabiduría de lo alto” o “la sabiduría del maligno”?

8.- ¿Qué necesitas cambiar para expresar la “sabiduría de lo alto” en medio


de los conflictos?
7

¿CÓMO ASUMIR LA RESPONSABILIDAD PERSONAL?

Mark y Kari tenían todo alineado en las listas A y B del pizarrón. Habían
trabajado duro, casi 3 horas. Ellos sabían dónde estaban con respecto a su
matrimonio (lista A) y hacia dónde habían acordado llegar (lista B). El
contenido de sus círculos de responsabilidades estaba claramente
identificado.

En este último tiempo, observé al Pastor Tim con una mirada cansada pero
satisfecha y agradecido a Dios por lo que Él nos había dirigido a hacer en
Su sabiduría. Habíamos cerrado el maratón de oración y salimos
exclamando ¡Misión cumplida!, otra familia más había visto sus
necesidades y comprendido quién era responsable de cada cosa. Pero unas
semanas más tarde yo volví a ver a la pareja y la encontré tan complicada o
más de lo que estaba antes. Pensé que alguna omisión debió había sucedido
por mi parte y que llevó a que no se lograra el final deseado. Pareciera que
algo faltaba aún.

Identificar no es lo mismo que asumir

Cuando comencé el ministerio pastoral, siendo aún muy joven, cometí


muchos errores. Hasta este día le agradezco a Dios por la paciencia que les
dio a los miembros de mi primera Iglesia. Creía ingenuamente que si yo
podía llevar a las personas a ver su condición espiritual, ellos
automáticamente lo aceptarían y cambiarían. ¡Estaba equivocado!

Aún después de haber pasado miles de horas aconsejando, aún creía


ingenuamente que identificar las responsabilidades era lo mismo que
asumirlas. Yo ahora me doy cuenta que el hecho de que una persona haya
entendido cuál es su círculo de responsabilidad, no implica que
automáticamente lo asuma. En este punto se puede producir una doble
pérdida: cuando una persona falla al no asumir sus responsabilidades
también rechaza el poder de Dios que lo capacita para resolver sus
conflictos. Además, no hay absolutamente ningún acceso al poder personal
para trabajar el conflicto si uno falla en asumir sus propias
responsabilidades personales.

Como mi tiempo con el Pastor Tim, con Mark y Kari estaba llegando a su
final era importante superar este último obstáculo. Si ellos no daban el
siguiente paso, no había necesidad de seguir adelante.

Decisión: división continental

Las Montañas rocosas de Colorado es uno de mis lugares favoritos. Yo he


pasado muchos días deliciosos entre esos espacios con mi familia.
Corriendo de norte a sur, a través de esa vista de la cordillera central que
quita el aliento. Toda el agua en el lado oeste de las montañas rocosas
desagua en el Océano Pacífico. Toda el agua en el lado este fluye hacia el
este y desagua hacia el golfo de México. Se trata de una separación. Una
línea de demarcación o división. Esa era la imagen que representaba el
panorama con Kari y Mark. Teníamos que decidir avanzar o llegar a un
punto muerto. Esa era una decisión de cordillera central.

Cuando estamos ayudando a personas bíblicamente nunca nos rendimos;


pero la gente puede acabar con nuestros esfuerzos. Si ellos no quieren
seguir adelante, nosotros no podemos forzarlos. Eso forma parte del círculo
de responsabilidad de Dios. Nosotros podemos orar, animarlos, rogarles,
implorarles, exhortarles y reforzarlos, pero ellos sólo pueden responder a la
presión de Dios. En el pasado, cuando guiaba a las personas a identificar su
círculo de responsabilidad, ingenuamente esperaba que ellos lo asumieran.
Luego, intentaba llevarlos a la reconciliación, reconstrucción y finalmente,
restauración, sólo para que nuevamente se desmoronara. Por lo general, es
como si volviéramos de nuevo al punto de partida, por el hecho de no
asumir plenamente las responsabilidades personales.

Este dicho es verdad: “Un hombre convencido en contra de su voluntad,


aún mantiene intacta su propia opinión”. A menos que una persona “se
apropie” de su propio círculo de responsabilidad, el fin de una relación
puede estar cerca. Algunos consejeros cristianos comienzan con las
responsabilidades más fáciles. Yo no. Yo pregunté:
“Mark, ¿Estás dispuesto a asumir la responsabilidad total de tu alcoholismo
y tu recuperación?”

“¿Vas a asumir la responsabilidad de poner fin a esta aventura?”

“Kari, ¿Aceptarás la responsabilidad de corregir tu temperamento no


cristiano?”

“¿Te vas a proponer corregir y reducir tu tendencia a criticar?”

“Mark ¿Estás dispuesto a asumir la responsabilidad de reconstruir la


confianza que has traicionado de manera tan flagrante?”

“¿Aceptarás la responsabilidad de terminar con el uso de tu amargo


sarcasmo?”

“Kari, ¿Aceptarás la responsabilidad de detener tu comportamiento


vengativo y aprender a cómo perdonar?”

Usted debe estar pensando: ¿Por qué no habrían de hacerlo? Ellos han
reconocido su comportamiento equivocado. Pero eso no era suficiente.
Ellos tendrían que asumir la total y completa responsabilidad de sus
palabras, acciones y actitudes antes de que el crecimiento, el cambio, la
reconciliación y el cierre se lograsen. Como vimos en el capítulo 2, Jesús
ilustró esto con la regla del joven rico.

Este exitoso político le preguntó a Jesús: “Maestro bueno, ¿Qué bien haré
para tener la vida eterna?” (Mt. 19:16) Después de una breve discusión
sobre los Diez Mandamientos, Jesús le dio instrucciones: “Si quieres ser
perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro
en el cielo; ven, sígueme.” (v21).Ve, vende, da y sígueme: esas eran
instrucciones claras. Era como si Jesús dijera, “Estas son tus
responsabilidades. ¿Estás dispuesto a asumirlas?” Mientras las palabras
estaban penetrando en el entendimiento de este joven, él visualizó
instantáneamente sólo la pérdida personal y el dolor, así que se dio la vuelta
y se fue. Él identificó y escuchó pero no asumió la responsabilidad.
Identificar nuestro círculo de responsabilidades es una función de la mente;
mientras que el asumirlas, es una función de la voluntad. Tristemente esto
era lo que había fallado con Kari y Mark. El final de la Cenicienta, con
todos los personajes viviendo eternamente felices no sucedió. Ambos
cónyuges llegaron a un claro entendimiento y un acuerdo de que lo que
estaba en las listas era correcto. Hubo muy poco que debatir, pero, ¿Por qué
ellos y otros fracasan al tener que asumir sus círculos de responsabilidad?
Por la muy antigua conducta de culparse el uno al otro.

El culpar a otros

Ustedes ya conocieron al pastor Martin que aparece en el capítulo 3, que


servía en una pequeña iglesia local. Cuando su hija adolescente describió
cómo su padre abusó de ella física y emocionalmente él respondió
piadosamente: “Yo no tomo responsabilidad por sus decisiones
equivocadas. No es mi culpa. Ella es ya una joven adulta”. Este es el clásico
ejemplo de lo que es culpar al otro, revestido de orgullo – esto es sabiduría
proveniente de las tinieblas.

El pastor Martin no comenzó con ese patrón de trasladar la culpa a los


demás en ese momento. En sesiones posteriores, se hizo evidente que
durante toda su vida, él había desarrollado el patrón de culpar al otro. Él
redujo sus responsabilidades a sus propios puntos de vista. Entonces, de
acuerdo a lo que una mente inteligente haría, comenzó a enfocarse en el
comportamiento de su hija y su responsabilidad para corregirla. Recuerden
que esto fue lo que John le hizo a Alice. Él redujo su responsabilidad al
tamaño de un guisante e infló el círculo de Alice al tamaño de una pelota de
baloncesto. La razón sigue siendo la misma. John y el pastor Martin ahora
pueden culpar a Alice o la hija del pastor para evitar identificar y asumir
ninguna culpa por su parte. Otra estrategia del infierno.

Por otro lado, Dough el joven granjero, estaba totalmente trabado en el


asunto del hábito de su esposa de gastar exageradamente el dinero. Si ella
no gastara tanto, pensó él, ellos no tendrían problemas financieros – ni
maritales. Él no podía ver su propia ausencia paterna, su descuido en su
relación con su esposa, su ira violenta, ni su obsesión por ganar la
aprobación de los demás. Todos estos elementos no estaban grabados en la
conciencia de Dough. Su lema era: “No soy yo el que tiene el problema, es
ella”. Jesús identificó este mismo patrón en la vida de los Fariseos del
primer siglo.

Jesús reprendió con frecuencia a los Fariseos llamándolos “hipócritas”.


Ellos estaban familiarizados con el teatro clásico griego y romano y las
máscaras que los actores usaban para representar sus roles. Las vidas de los
Fariseos eran una ilusión. Ponían una pesada carga en los demás para que
otros la cargaran, pero ellos mismos no estaban dispuestos a hacerlo.(Mt.
23:3-4). Así mismo, John y Dough estaban enfocados en cuán rectos
(correctos) eran ellos y cuán equivocados estaban los demás, como Alice y
la esposa de Dough. Un Fariseo se paró y oró: “Dios, te doy gracias porque
no soy como los otros hombres…” (Lc. 18:11b). Los que culpan a otros
hacen lo mismo.

Ellos también hacen algo más. Los que tienden a culpar a otros rinden culto
al ídolo de la aceptación y aprobación pública. Jesús reveló claramente los
motivos de los Fariseos: “Antes bien, hacen todas sus obras para ser vistos
por los hombres” (Mt. 23:5) Ellos son adictos a la aprobación de los demás;
necesitan la frecuente validación humana.

Así, los que viven culpando a los demás experimentan culpa de sus propias
acciones hipócritas, pues ellos magnifican acciones pequeñas para dar la
impresión pública de que están cubriendo todos los demás asuntos en sus
vidas. Jesús resaltó esto de los Fariseos: “¡Ay de vosotros, Escribas y
Fariseos hipócritas!, porque diezmáis la menta, el anís y el comino y dejáis
lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe” (Mt. 23:23)
Ellos diezmaban meticulosamente las especias más pequeñas, pero
cambiaban y caían en una amnesia selectiva olvidando (evitando) lo más
importante de la ley: justicia y compasión. Estos líderes religiosos sabían en
lo profundo de sus corazones que ellos eran huecos y vacíos y le estaban
fallando seriamente a Dios; así que ellos se enfocaban en la apariencia
exterior para ocultar su vergüenza y depravación interna.

Este es el corazón del legalismo: lo largo del cabello del hombre y de la


falda de la mujer se vuelve más importante que la profundidad de la
santidad, compasión, amor u otro fruto del Espíritu Santo en nuestro
interior. Hay una simple razón para esto: es más fácil desempeñar una
acción externa que el desarrollar el carácter interno; es más fácil cortarse el
cabello que purificar el corazón. Las acciones de justicia externas son un
camuflaje para ocultar el carácter superficial del interior.

Dios no escatimó palabras para exclamar: “! Ay de vosotros, escribas y


fariseos, hipócritas!, porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato pero
por dentro están llenos de robo y de injusticia”. Entonces Él expresó una
devastadora imagen: “Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que
por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos
de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera
parecen justos a los hombres, pero por dentro estáis lleno de hipocresía e
iniquidad.” (Mt. 23: 25, 27b-28)

Los resultados de su hipocresía basada en culpar al otro fueron


devastadoras. Jesús les advirtió: “Vuestra casa os es dejada desierta” (Mt.
23:38). En este caso, “casa” se refiere a su ciudad (Jerusalén), su templo o
incluso la dinastía davínica .Jesús anunció que sería destruida y así fue.
Cuarenta años después, la ciudad, el templo y todos los registros
generacionales fueron destruidos por los romanos en el año 70 DC.

De nuevo, ¿cuál es el propósito de este arraigado hábito de culpar a otros?


La respuesta es sencilla: culpar a alguien o alguna otra cosa por nuestra
falta de responsabilidad es un mecanismo de auto-defensa, diseñado para
evadir alguna responsabilidad personal y pérdida del orgullo. Nosotros
podemos ver esto representado en el juicio de Nuestro Señor. Al menos
cuatro veces Pilatos declaró a Jesús inocente; en Mateo 27 vemos que
Pilatos sabía que los judíos querían matarlo no porque había maldad en su
vida, sino porque sentían envidia en sus corazones. Si él ejecutaba a un
hombre inocente, sería considerado responsable por sus superiores. Por otra
parte, si él no lograba detener el disturbio (alboroto) que estaba a punto de
suceder, eso también sería malo para él. Entonces, en una de las más
grandes farsas de la historia de la justica humana, él representó un acto
físico para ilustrar su terrible acto de culpar a otros. Pilatos tomó agua y se
lavó las manos frente la multitud, simbolizando que estaba absuelto de ser
responsabilizado por mandar a un hombre inocente a la muerte. Luego,
puso a Jesús en frente de los judíos y les permitió a ellos asumir una
increíble responsabilidad: “Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros
hijos” (Mt 27:25b). Esta puede ser una de las explicaciones para la matanza
bárbara que los romanos desataron sobre los Judíos en el año 70 DC. Más
de 600.000 judíos fueron asesinados y otros miles fueron llevados al
cautiverio en el año 70. Pasarle la culpa a otros, no evita la pérdida, sólo la
pospone. Proteger el orgullo propio culpando a otros es el comienzo del
final. El orgullo viene antes de la caída (Pr. 16:18). Nosotros vimos
anteriormente que el culpar a otros comenzó con Adán. Cuando Dios lo
confrontó por comer el fruto prohibido, Adán no podía admitir que comió
hasta que primero movió la culpa, "La mujer que me diste (culpo a Dios)
por compañera (entonces culpó a Eva), ella me dio del árbol, y yo comí "
(Gn. 3:12).

Además la palanca del cambio de culpa hace que otras personas o


circunstancias sean responsables de su comportamiento. Aarón, el hermano
mayor de Moisés, es otro clásico ejemplo de culpar a otros. Cuando Moisés
descendía del Monte Sinaí, luego de haber recibido la Ley de Dios,
descubrió al pueblo de Israel bailando delante del Becerro de oro. Lanzando
al suelo las tablas de piedra, se volvieron pedazos y destrozó el becerro de
oro, lo quemó y quedó hecho polvo. Después de dispersar el polvo en el
arroyo, hizo que la gente lo bebiera. Luego, puso su atención en Aarón y le
preguntó: “¿Qué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre él tan
gran pecado?” (Éx 32:21).

Aarón mezcló la verdad con la más absurda mentira cuando él dijo: “Yo les
respondí. El que tenga oro, que lo aparte.” Me lo dieron, lo eché al fuego y
salió este becerro.” (Éx 32:24b). De hecho, la verdad es que él mismo había
modelado el ídolo (Éx. 32:4). Él no podía enfrentar la verdad o la pérdida
potencial causada por las consecuencias. Dios le debe haber dicho a Moisés
que estaba a punto de destruir a Aarón en su furor porque Moisés oró con
urgencia por Aarón (Dt 9:20).

Los que invierten la culpa tienen una escala imaginaria en el fondo de sus
mentes. A un lado de la escala es la auto-justificación, "No tenía más
remedio que hacerlo." Por otro lado pasan la culpa. "Ellos me obligaron a
hacerlo." El corazón del problema es la negativa a poseer o asumir la
responsabilidad de sus propias decisiones. Siempre es la culpa de otro.
Ellos están engañados pensando que ellos son víctimas de las circunstancias
y las decisiones de otros. Se sienten que los demás tienen la culpa y el
control, por lo tanto, son responsables de cualquiera de sus necesidades.
Esto es opuesto al auto-control, noveno fruto del Espíritu Santo (Gá 5:23).
El autocontrol es reemplazado por controlar a los demás. Cuando el auto-
control se sustituye por pasar la culpa, la responsabilidad personal
desaparece y también lo hace el poder personal. Este pensamiento
engañado sólo enturbia la esperanza de cualquier reconciliación y cierre.

Algunas de las frases favoritas de los que proyectan su culpa a otros son:

“Es que tú siempre….”

“Si sólo tú pudieras…”

“Bueno, cuando tú vallas a …”

“Mira quién habla…” (mi favorita)

“Cuando fue la última vez que tu…”

“Yo lo haré cuando tu…”

Los que culpan a otros reescriben sus historias

Otra característica de un desplazador de la culpa es la reescritura de la


historia. Ellos reorganizan, cambian, recrean los eventos a su favor. Esto
sucedió repetidas veces cuando estaba trabajando con Rex y Marylee. Él
trabajaba en bienes raíces y ella era una administradora de una Escuela
Secundaria. Una de sus quejas respecto a su esposo era que él se
desaparecía durante la temporada de cacería de venados. Rex insistía que él
sólo iba de cacería una vez durante la temporada. Más tarde, después de una
extrema presión por parte de amigos comunes reconoció que iba de cacería
dos veces durante la temporada. Para él, "sólo el sábado" no significaba que
estaba cazando. Cuando iba por tres o más días, para el significaba que
estaba cazando.

En los próximos tres meses, él nos recordó que nosotros éramos los que
estábamos confundidos y qué él había ido a cazar sólo una vez. Usted debe
de estar pensando que él es un mentiroso patológico, Eso podría ser cierto,
pero él es definitivamente una persona que proyecta su culpa en los demás
que reescribe las historias para evadir la culpa. Él se ve a sí mismo como
inocente e incluso, quizás como una víctima de una esposa quejona. La
parte triste es que una esposa que vive con una persona que se engaña a sí
misma de esta manera, puede comenzar a creerle a este esposo engañado y
llegar a creer que se está volviendo loca. Este tipo de manipulaciones son
llamados “juegos de la mente”.

De acuerdo con Dough, su esposa supuestamente lo llevó a una deuda de


$45.000. Él era un inocente y trabajador granjero victimizado por su “no
sumisa” esposa. Después de décadas aconsejando personas he aprendido
que cuando algo no tiene sentido es porque toda la historia no ha sido dicha
del todo. En los casos de Rex y Dough ellos han reescrito la historia en sus
propias mentes, obviando información, para convencer a sus esposas y a los
demás de su inocencia.

Cuando Lois, la esposa de un “culpador crónico”, vino a mí era una


papelera emocional. Hacía muchos años que no veía un abuso emocional
por parte de un esposo que tuviera tal repercusión en una esposa. Ambos
pertenecían a una buena iglesia evangélica. Cuando estaban en la iglesia, él
era la imagen viva del amor y la devoción. En la casa, era un infierno.
Antes que Lois viniera a su primera cita había vivido episodios duros que la
llevaban a temblar, a acurrucarse en posición fetal en el suelo junto a la
esquina del garaje de su casa. Su esposo estaba de pie sobre ella,
sepultándola bajo una serie de abusos y profanaciones extremadamente
ofensivas, vulgares e inimaginables.

Lois se separó de su esposo. Él fue a los líderes de la iglesia y les dijo que
él no podía entender el comportamiento de su esposa. Decía que ella debía
estar enferma y que actuaba de manera extraña y que no se había sujetado a
él como su esposo. El liderazgo la llamó para reunirse con ella. Lois intentó
contarles su historia, pero no la creyeron. La reprendieron por su falta de
sumisión unilateral. ¿Cómo pudo hacerle ese daño a sus hijos y esposo
rompiendo la unión familiar?. Esta respuesta suponía un nuevo abuso
emocional ahora por parte de los ancianos de la iglesia, quienes además la
sometieron a disciplina. Lois se fue de la iglesia y él se quedó en ella.
Por muchos años, el esposo de Lois la estuvo llamando citándole versículos
para acusarla de rebelde y malvada. Al mismo tiempo sus hijos
adolescentes contaban que su padre los animaba a ver películas
pornográficas durante sus visitas con él. Este hombre renunció a su trabajo
y dispuso rápidamente del dinero de su jubilación por lo que Lois no tendría
nada de los bienes de la familia. Como autoridades establecidas por Dios,
(Ro. 13:1-7) los jueces civiles corrigieron lo que estaba mal en la Corte e
hicieron lo que los verdaderos ministros de Dios fallaron en hacer:
investigar.

El esposo de Lois exhibió el patrón de aquel que inculpa a otros y recrea


(reescribe) su historia. Él primero la atacó verbalmente y cuando ella
reaccionó, decidió en su mente tomar el papel de víctima; así que cambió la
señal y comenzó a comportarse como el que quería rescatar su matrimonio
para sólo volver a repetir de nuevo el patrón. Lo que él reportó al liderazgo
de la iglesia fue la reacción de ella hacia él haciéndose pasar él mismo
como la persona que ha sido abusada. Él lloraba y se lamentaba de que
quería rescatar su matrimonio. Mas la realidad era que continuaba
realizando llamadas telefónicas desquiciadas, viscerales y obscenas a su
esposa. Él no era muy inteligente. También dejaba mensajes en el
contestador expresándose de esa manera. Esas grabaciones no lo ayudaron
en el juicio.

Este es un patrón muy enfermizo que desafortunadamente ocurre con


demasiada frecuencia, aún entre las familias de la iglesia. Una situación
parecida a la de Lois sucedió en otra iglesia, pero el pastor conocía el
abuso cuando lo veía y tenía un liderazgo para proteger a la esposa
abusada mientras que al esposo abusivo se le aconsejaba buscar ayuda
profesional. Él se rehusó. En su mente él no tenía ningún problema. Si su
esposa se sometía a su posición autoritaria, no habría problemas. ¡Todo era
su culpa¡. Nótese el patrón familiar: la historia es recreada (reescrita), él
cree que es el chico bueno y ella es la mala.

La motivación básica que se esconde detrás de los que culpan a otros y que
reescriben su historia es evitar, a cualquier costo, la vergüenza, el dolor o la
convicción que Dios pueda traer. Esto está profundamente arraigado
(enraizado) en el miedo de ser descubierto, miedo de ser rechazado y
finalmente en el miedo de quedarse solo. La convicción legítima de la
vergüenza y la culpa son diseñadas por Dios para llevarnos a la confesión y
el arrepentimiento, resultando en el perdón y una restauración del
compañerismo (2ª Co. 7:10).

Los que andan culpando a los demás creen que la culpa, la vergüenza y
castigo son demasiado grandes para resistirlos, así que rehúsan ir ante Dios
en confesión para recibir perdón, libertad y consolación. En vez de eso,
reescriben los eventos en sus mentes y así no se sentirán más responsables
de los demás ni por Dios. Pero aún permanecen con su culpa, vergüenza y
su miedo de ser rechazado en forma real o imaginaria.

Siento tristeza por Rex y por Dough. Mi opinión es que han sido engañados
por Satán para que crean que la confesión y el arrepentimiento son
demasiado difíciles. Satán les ofrece un alivio temporal; los ha convencido
de evitar la respuesta bíblica, abstenerse de enfrentarla y mantener su
orgullo intacto. Ahora, sus relaciones están basadas en una mentira
(activada por Satán) y no en la verdad (activada por Dios). Satán es el padre
del engaño y la mentira. Jesús, en contraste, es el camino, el origen de toda
la verdad y la vida (Jn. 14:6). Dios proporciona gracia sólo a través de la
verdad. Los caminos de Jesús acogen a los humildes. Los caminos de Satán
apoyan (animan) el orgullo, seguido por una horrenda caída.

El culpar a otros para evitar cumplir con nuestras responsabilidades es una


manera de argumentar. Uno de los motivos de pelea de Mark con Kari era
que ella extraviaba las llaves del carro. Para remediar esto, pusieron una
tabla para colgar llaves en la entrada de la puerta trasera. Una vez que
llegaran a casa, Kari y Mark colgarían las llaves allí. Pero el
comportamiento pasivo-agresivo, el deseo de venganza, la amnesia
selectiva o simple olvido por parte de Kari, de hacerlo traía como
consecuencia que una vez que Mark estaba listo para salir al trabajo, no
pudiera encontrar las llaves. Esto lo llevaba a reaccionar con rabia. Las
llaves del carro parecían ser la causa real. Kari a su vez, se conectaba con el
dolor emocional causado por el ataque de rabia y le recordaba a él la
ocasión en la que él olvidó ir a buscar los niños al colegio. Para no ser
superado por ella, Mark le recordaba que él no hubiese tenido que ir a
buscar los niños a la escuela si ella no hubiera tomado esa estúpida clase de
ordenador. La aparente causa real de la discusión se perdió en el camino.

Muy a menudo una pareja, al relatar un argumento importante no llega a


ponerse de acuerdo sobre cómo comenzó o por qué duró tanto tiempo. La
respuesta es simple. Ellos abordaron el tema inicial durante varios minutos
y luego pasaron las próximas horas saltando intercambiándose la culpa.
Cuando todo el humo se disipa y las acaloradas palabras se apagan, no hay
nada decidido. El problema no está resuelto. Nada es llevado a su cierre.
¿Cuál es el culpable? Se pasan la culpa. Si este patrón irresponsable
continúa durante años, la pareja empieza a cuestionar la continuación de su
relación. Otro divorcio se añade a las estadísticas.

¿Por qué el patrón de pasar la culpa es tan devastador? Su deseo de ganar,


para ganar el control trae la muerte a una relación e impulsa los clavos en su
ataúd. Traspasar la culpa no refleja la sabiduría que viene de lo alto. Se
suspenden las ocho características de la sabiduría divina. Ciertamente, no es
pura y está lejos de ser pacífica. La mansedumbre es reemplazada por la
dureza y la ira. Está desprovisto de misericordia. Es caprichosa en el mejor
de los casos. Es el resumen de la hipocresía (Stg. 3:17). Culpar sigue
siendo la primera razón por la que muchos no logran asumir
responsabilidades legítimas. Difusión de la responsabilidad es la segunda
razón.

Difusión de responsabilidades

A veces hemos escuchado noticias sobre alguien que ha sido asaltado


físicamente mientras un grupo de ociosos se quedaba parado mirando sin
hacer nada. Este es un extraño fenómeno, aunque hay una razón lógica por
la que las personas no se involucran. Si una persona es testigo de un evento
como este se puede sentir totalmente responsable de dar ayuda o culparse
a sí mismo por no haber intervenido. Por otra parte, si varias personas están
presentes, cada una asume que alguien más va a ayudar. ¿El resultado?
Nadie hace algo al respecto.

Esto sucede domingo tras domingo en las iglesias de todas partes. Pastores
sinceros ruegan porque haya más obreros en sus congregaciones. La
mayoría de las personas piensan que él está buscando a alguien más y están
deseosos de dejar que ese alguien más lo haga.

Cuando me volví a Mark y Kari en nuestra sesión yo no les pregunté en


forma conjunta si ellos asumirían su círculo de responsabilidades. Si hiciera
eso correría el riesgo de dispersar su responsabilidad personal. Más bien,
me dirigí a cada uno de ellos y les pregunté en presencia de los demás: “¿Se
comprometen a asumir cada uno de los aspectos de su círculo de
responsabilidad?” Años de experiencia ayudando a las personas me han
mostrado que esta dispersión (difusión) de responsabilidades puede suceder
en cualquier tipo de grupo, sean grandes o pequeños. Esto nos explica el
episodio de Natán y el Rey David.

El profeta Natán confronta directamente a David por su adulterio y


asesinato y David finalmente confiesa: “Pequé contra Jehová…” (2º Sa.
12:13ª). Él admitió que era culpable y asumió total responsabilidad por sus
acciones. El Salmo 51 nos revela el corazón arrepentido de David y el
alivio resultante de la culpa y la vergüenza.

Asumir hoy las responsabilidades que por años habían sido ignoradas o
traspasadas a otros puede ser doloroso al principio. Para algunos es una
experiencia totalmente nueva; pero ellos pueden sentir un nuevo impulso de
parte de Dios. Ellos experimentarán en primer lugar la realidad de estas
palabras de Jesús: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y
yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que
soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas,
porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.” (Mt. 11: 28–30).

La fatiga y el cansancio vienen de luchar con pesadas cargas; sea por causa
del pecado y sus consecuencias o porque no se identifican y asumen las
responsabilidades legítimas. Jesús promete un descanso interno para
nuestras almas, porque Su yugo es fácil y Su carga ligera. A través de
poner (entregar) nuestros yugos delante de nuestro Salvador nosotros
asumimos sólo aquellas responsabilidades que Él ha diseñado para
nosotros. (Gá 6:5; Mt. 11:30)

Las responsabilidades e instrucciones que Jesús nos delega reflejarán la


sabiduría de lo alto. Asumir nuestras responsabilidades delante del Señor
puede parecernos en un principio inmanejable y agotador; sin embargo, eso
describe la carga de Satán, no la del Señor.

Kari se sentió abrumada cuando se dio cuenta cuál era la carga legítima de
la que era responsable. Le sugerí que tomara una carga a la vez y fuera
trabajando con el resto en la medida que Dios le diera la fuerza. Mark
también parecía estar abrumado y era evidente que ambos esperaban que el
otro continuara asumiendo las responsabilidades de ellos. ¿Por qué es tan
peligrosa esta práctica?

Resístase a asumir responsabilidades de los demás

Hay al menos siete razones por las cuales las personas toman las
responsabilidades de los demás y se perjudican ellos mismos. Estas razones
nos explicarán por qué esta práctica es tan destructiva.

Que se necesita para hacer paz

Paz a cualquier costo no es paz. Es sólo una guerra que ha sido postergada,
que se acopla con el dolor emocional retenido para expresarse luego. Hay
momentos en los que necesitamos ceder un poco más para mantener la paz,
pero asumir el círculo de responsabilidades del otro para mantener la paz a
largo plazo es irresponsabilidad. Esto se llama permisividad, es decir, que
cuando una persona toma la responsabilidad de otro le da poder a este otro
para que continúe siendo irresponsable.

Cuando una esposa cristiana deja que su esposo abuse de ella verbalmente y
físicamente, ella no está asegurándose su paz; ella sólo está retardando lo
inevitable- más abuso. Hay una ley más alta que la del esposo y es la Ley
civil. La autoridad civil es establecida por Dios y esa ley prohíbe el abuso
doméstico. La esposa necesitará distanciarse de su esposo hasta que él
admita que tiene un gran problema, asuma su responsabilidad por su
comportamiento y busque ayuda apropiada. Lo mismo se puede decir de la
esposa que abusa verbalmente de su esposo. Establecer distancia antes de
una reconciliación puede ser necesario.

Si una esposa continúa soportando abusos en un esfuerzo por mantener la


paz, le está quitando al esposo la motivación para el cambio: que es sufrir
las consecuencias o la pérdida. Si ella desempeña este rol en su trabajo,
perderá su empleo con costosas consecuencias. Parte de su círculo de
responsabilidad es cargar con la pérdida ocasionada por su comportamiento
inapropiado de permitir ser abusada: en este caso, no es paz; es paz a
cualquier costo.

En casos menos extremos, cuando los padres hacen algunas solicitudes a


sus hijos y no le hacen seguimiento a su cumplimiento, la responsabilidad
de los padres está fallando. Dedicarnos a recoger los desórdenes que hacen
los niños sólo para evitar la molestia y confrontación viene a prolongar el
patrón irresponsable tanto en el adulto y como en el niño.

Por otra parte, asumir las responsabilidades de otros para que no se enojen
con nosotros es pensar erróneamente: si los complacemos podemos
controlar su ira. La realidad es que su ira va a explotar de cualquier otra
manera. No se trata de si va a explotar, sino de cuándo lo hará. Traci, la
esposa de Nick, sentía que era responsable de hacer sentir feliz y segura a
su controladora madre a cualquier costo. Creía sinceramente que si ella
hacía eso podía evitar la ira de su madre y que sutilmente le impusiera
culpa. Eso no sucedió; pero ignorando la realidad, dijo ella, “funcionó por
años, ¿no es así?”.

“¿Es por eso que están en mi oficina esta noche?” Sondeé con gentileza.

“Bueno…”

“Hasta que tú reconozcas que tomar las responsabilidades de tu madre no


está funcionando y asumas los pasos apropiados para corregirlo, el
conflicto triangular entre tu esposo, tú y tu madre, va a volverse peor aún.”

Hay otra desventaja en lo referente a mantener la paz asumiendo las


responsabilidades de los demás. Con el tiempo te sentirás cansado y te darás
cuenta que intentando apaciguar al otro no funciona, comienzas a reflejar
que te sientes abusado y entonces, la ira contenida y el resentimiento oculto
salen a la superficie. No hay paz, sólo una amargura que ha sido postergada.
Entonces te encuentras enfrentando la amargura y el agotamiento, que son
la evidencia física de haber asumido más responsabilidades de las que
debías.
Jesús dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados
hijos de Dios.” (Mat. 5:9). Estos pacificadores ayudan a los demás a
identificar sus responsabilidades, los urgen y los animan a llevarlas a cabo.
No tienen el hábito de hacer por los demás lo que ellos están
responsabilizados de hacer por sí mismos.

Evitar los sentimientos de culpa

La verdadera culpa dice: “Soy merecedora de culpa”. La falsa culpa le hace


sentir merecedor de culpa cuando realmente no lo es. La parte confusa es
que tanto la falsa y la verdadera se parecen y se sienten iguales. Así que la
culpa debe ser evaluada (probada) para saber si es real o falsa.

La obediencia de Traci a su madre estaba causando estragos en su


matrimonio. Su esposo estaba sin saber qué hacer con las constantes
intervenciones de su suegra y el enredo emocional de Traci con su madre.
Traci sacó A en el examen de verdadera o falsa culpa, al asumir las
responsabilidades de otros. Usamos estas preguntas para probar su culpa.

“¿Tienes que honrar a tu madre?”

“Sí”.

“¿Eres responsable de obedecer a tu madre?”

“No.”

“¿Honrar es una actitud del corazón o de obediencia a sus mandatos?”

“Actitud del corazón”.

“¿Eres responsable de la completa felicidad de tu madre?”

“No.”

“¿Quién lo es?”

“Dios”.
“¿Tu madre es responsable de su propia respuesta a Dios?”

“Sí”

“¿Eres responsable de responder o corregir las necesidades no satisfechas o


no procesadas de tu madre?”

“No”

“¿Deseas tomar el control de tu propia pertenencia y tu propia vida como


una mujer joven responsable y madura?”

“Si”

¿Se ha dado cuenta lo que intenté hacer por Traci? Simplemente le hice
preguntas para llevar la verdad a la superficie y hacerle conocer su
responsabilidad. La única manera de identificar la culpa genuina o falsa es
poniéndola a prueba con la verdad. Dios nos da gracia sólo de las
responsabilidades asumidas en la verdad; aquellas que nos son dadas bajo
Su yugo, no el nuestro.

Protegernos del dolor

Unos amigos nuestros tienen una vecina que es enfermera graduada. Se


esforzó mucho para llegar al cargo de enfermera supervisora. Ella recibía
más de setenta mil dólares de salario al año. También había trabajado
tiempo extra para obtener más ganancias.

Su esposo sin embargo, poco se desarrolló laboralmente. Pasó más de


veinte años buscando el trabajo adecuado. Gastaba el dinero de ella en ropa
extravagante, automóviles y hobbies. Mientras más gastaba, más duro
trabajaba ella. Las deudas de su tarjeta de crédito eran astronómicas.

Ella era una mujer brillante y con mucho talento pero luchaba con un
pequeño temor, el miedo a estar sola. Eso la llevó a asumir totalmente la
responsabilidad financiera de la familia para evitar que su esposo fuera
infeliz con ella. Estaba completamente convencida de que si ella no hacía
eso, podría encontrarse a sí misma totalmente sola. Este miedo la
controlaba.

Mantener una perspectiva infantil

Los adultos que buscan aprobación basada en su desempeño mantienen una


perspectiva infantil e inmadura. Cuando eran niños, ellos complacían a
mamá y papá, y recibían aprobación. Cuando se convierten en adultos
inmaduros buscan la misma aprobación asumiendo responsabilidades que
no son suyas. Para ellos complacer equivale a aceptación. Así es como ellos
continúan relacionándose con sus padres y con los demás en su etapa
adulta.

Los adultos que se aferran a esta perspectiva infantil asumiendo las


responsabilidades de los demás perpetúan un falso sentido de seguridad
para mantener el sentimiento (sensación) de ser aceptados. Los adultos
inmaduros necesitan ser animados y ayudados para que puedan desechar
aspectos infantiles de sus vidas (1ª Co. 13:11). Ellos necesitan transferir su
sentido infantil de seguridad, basado en tomar las responsabilidades de los
demás, a aceptar sólo aquellas que Dios quiere que lleven sobre sus
hombros. Cualquier otra forma de vivir la vida, basada en este principio de
obtener aceptación, no es más que arena movediza.

Ganar aceptación

Uno de los efectos devastadores de la caída en el Jardín del Edén que


continúa hoy día y afecta aún la vida de los creyentes es el sentimiento de
separación y de rechazo. Aunque nosotros hemos sido aceptados
completamente por Dios mediante nuestra relación con Cristo Jesús, (Ro.
8:15–16), la cicatriz de la separación permanece. Todos nosotros aún
luchamos, unos más y otros menos, con el deseo de ser aceptados y el
miedo de ser rechazados.

Aún el creyente que ha puesto su seguridad en Cristo, puede sentir la


necesidad emocional de la aceptación y aprobación humana. Noten que
utilicé la palabra necesitar, no querer. Es saludable querer ser aceptado y
complacer a otros; lo que no es saludable, es necesitarlo de los demás. Las
personas saludables e interpersonales lo desean.
Una de las estrategias humanas que no es saludable para obtener (ganar)
aceptación y aprobación es asumir responsabilidades de los demás con
cierto aire de orgullo: “Yo puedo hacer todo lo que me pidan a través de la
determinación y el sacrificio”. Las personas que están envueltas en la
dinámica de la aceptación basada en el desempeño no pueden decir que no.
Por lo tanto, cargan con responsabilidades que no son suyas. Si usted se está
preguntando, si es o no adicto a la aprobación de los demás, pregúntese a sí
mismo: “¿Estoy dejando de cumplir las responsabilidades que Dios me ha
dado, para cumplir con las responsabilidades de otros para complacerlos?
Precisamente esto fue una de las fuentes de conflicto en el matrimonio de
Deidra y Keenan.

Deidra se sentía profundamente herida cuando veía a su esposo Keenan


salir como una flecha de su casa cada vez que alguien necesitaba ayuda.
Mientras tanto, la lista de cosas que Keenan debía realizar en su casa estaba
sin hacer, Las necesidades de sus vecinos recibían una pronta respuesta y
atención de su parte. Lo mismo sucedía en la Iglesia; si alguien quería a una
persona responsable para hacer algo, era a él a quien se le pedía en primer
lugar. Su sonrisa conquistadora siempre decía que sí. Deidra sentía pavor
cada vez que sonaba el teléfono. Cada llamada era como una alarma de
incendio con Keenan listo pasa salir con sus botas puesta y su sombrero en
la mano.

La herida en el corazón de Deidra se hacía cada vez más profunda y estaba


cayendo en depresión. Sus cinco hijos anhelaban estar con su padre,
siempre ausente y popular para otros. Todo el mundo amaba a Keenan.
Mientras él servía a los demás, su propia familia sufría de abandono (estaba
siendo descuidada por él). Aunque Keenan era creyente y fiel miembro de
su iglesia, muy dentro de él había una necesidad profunda de obtener la
aprobación de los demás. No era el trabajo lo que lo atraía sino la alabanza,
la aceptación y la euforia que le producía el sentirse como un héroe.

Más de una vez he escuchado a los hijos de pastores desear más bien haber
sido hijos de fariseos. Ellos anhelan recibir de sus padres una atención no
dividida y un sentido de valor y de honra. El descuido comunica y envía un
mensaje de rechazo. Cuando un padre se aferra a esta forma de actuar en la
vida, buscando aprobación en la edad adulta por aquella que no obtuvo en
su infancia, está preparando a sus hijos para la trampa, de buscar o necesitar
la aprobación de los demás. Esta trampa que proviene de Satán, dice: “Sirve
a los demás a cualquier costo. Ignora las responsabilidades de Dios a
cualquier precio.”

Una persona emocional y espiritualmente inmadura toma esas


responsabilidades que no son suyas para ganarse la aprobación y aceptación
y evitar el rechazo. Este patrón de conducta indica también la necesidad de
crecer en una relación más segura con Cristo, lo que generará un adulto
equilibrado que balancea sus prioridades.

Cuando Keenan pudo ver el desequilibrio de sus prioridades, y cómo había


herido a su familia, sus ojos se llenaron de lágrimas. Su corazón se
entristeció y vio que lo que le había hecho a sus cinco hijos era lo mismo
que se había hecho a sí mismo sin intención. Su dolor era demasiado
profundo, pero a la vez era beneficioso. Con frecuencia, estos momentos
donde el corazón se contrista, se está preparando para una sanidad
permanente (Jn. 12:24–25). Ahora Keenan estaba listo para permitir que su
esposa lo ayudase a encontrar equilibrio en sus prioridades. Cuando alguien
le pedía ayuda, no decía que debía consultarlo con su esposa, porque
significaba cambiar sus responsabilidades y endosárselas a Deidra. En
cambio, su respuesta era: “necesito revisar mi agenda y te respondo luego.”

Deidra no se oponía a que Keenan usara el don espiritual de servicio que


tenía; a lo que se resistía era al hecho de que descuidara de manera tan
abierta a ella y a sus hijos porque lo veía como un rechazo de su parte. Una
relación segura con el Señor Jesucristo y una relación abierta con su esposa
e hijos es ahora la base de Keenan para servir a los demás.

Aquellos que sienten la necesidad de rescatar o arreglar a todo el mundo


son adictos a la aprobación, no son creyentes maduros ni seguros en Cristo.
Los rescatadores y los que quieren arreglar la vida de los demás asumen con
frecuencia responsabilidades ajenas y descuidan las suyas propias. La
necesidad de valoración humana es una trampa preparada por el maligno
que te lleva a creer que necesitas la valoración de la gente, lo cual se
convierte en la puerta de entrada de la dependencia a la aprobación. Este
patrón es como una espada de doble filo; corta por un lado para ganar
aceptación, y corta por el otro para evitar el rechazo.
Evitar el rechazo

Debido a que estamos motivados por el deseo de tener ganancia personal y


el temor a la pérdida, buscamos a propósito la aprobación de los demás. El
lado negativo de esto es el miedo a la pérdida o rechazo si no asumimos
responsabilidades de los demás. Este miedo al rechazo nos impide decir
"no" a las peticiones de la gente, como Keenan hizo. En cambio, nuestro
radar está siempre encendido, tratando de evitar el rechazo. En lugar de
hacer algo por elogio o aprobación lo hacemos por miedo al rechazo o
abandono.

Esta evasión al rechazo es la motivación que una persona perfeccionista


siente con frecuencia. Ella no persigue la excelencia, que es la que debiera
proporcionar llenura y paz, sino un desempeño perfecto, lo cual es
imposible y engañoso. Vive en constante temor de que otros puedan ver sus
defectos y los rechacen por eso. Un perfeccionista raramente experimenta
satisfacción por sus logros. Si tiene una lista de diez cosas por hacer se
deprime si sólo logra siete. Apenas puede disfrutar habiendo logrado estas
metas porque falló al no conseguir las otras tres. Culpa, vergüenza y miedo
a fracasar resultan en rechazo y consume sus pensamientos más privados.
Así que regresa a servir al dios de la aprobación pública.

Un perfeccionista tiene la mayoría de las señales características de lo que el


Nuevo Testamento llama un “Fariseo”. Ambos se esconden detrás de la
máscara de la falsa pretensión y temor al rechazo. Pero los creyentes
maduros que han crecido en su relación con Jesús pueden manejar el
rechazo, aunque duela. Junto con el deseo de evadir el rechazo, se encuentra
el profundo deseo de complacer.

Complacer

Las personas complacientes se caracterizan por asumir responsabilidades


que no son suyas. El único objetivo de los complacientes es que nadie se
moleste con ellos. Esa es una norma de vida, la regla por la que se rigen
con todos los que se acercan. Lo complacientes dóciles se casan con
frecuencia con controladores agresivos. La emoción número uno que los
controladores utilizan para manipular a los complacientes es la ira; así que
ellos aprenden a “caminar sobre huevos”. Se sienten culpables si no pueden
agradar, no quieren que los demás se sientan mal porque entonces ellos
también se van a sentir mal. Ellos anhelan la aceptación y temen el rechazo.
En el transcurso de tratar de complacer y ser quien los demás piensan que
deberían ser, los complacientes pierden su identidad. Con el tiempo incluso
pierden el contacto con quienes son en Cristo. Ellos experimentan una crisis
de identidad: "¿Quién soy yo?" Esto le pasó a Marylee.

Marylee, la esposa de Rex, era la clásica complaciente. Aunque en su


carrera profesional de educadora recibía excelentes evaluaciones, ella
estaba pasando por una crisis de identidad. No sabía quién era. Por muy
absurdo que esto pueda parecer, es bastante lógico. Mientras Marylee se
pasaba toda la vida complaciendo a otros, ella tenía que amortiguar sus
propios sentimientos, intereses, deseos, metas, dones y sueños. Pero todas
estas cosas importantes nunca son enterradas, sino que permanecen
congeladas. Con el tiempo se derriten y comienzan a activarse y, en ese
momento, el complaciente se da cuenta que está envejeciendo. Este es el
escenario para una crisis de la mediana edad. Ella siente que hay tanto que
hacer y tan poco tiempo para llevarlo a cabo.

Al igual que los perfeccionistas, los complacientes asumen


responsabilidades que no son suyas por la necesidad de obtener aprobación
y temor al rechazo. Como cristianos, estamos llamados a servir, agradar a
otros por su propio beneficio (Ro. 15:2). Un esposo está llamado a
encontrar la manera de agradar a su esposa y la esposa, de agradar a su
marido. El apóstol Pablo señaló: ”Del mismo modo, también yo en todas las
cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio sino el de muchos,
para que sean salvos.” (1ª Co. 10:33).

La meta de Pablo era alcanzar tanto a judíos como a griegos para Cristo. Él
evitó ciertas actividades para no serles piedra de tropiezo. No quería hacer
nada que estorbara que ellos entraran en el Reino de Dios, ni tampoco
detener el crecimiento de alguno que ya fuera parte de él. No buscaba
complacer para obtener beneficio personal, aceptación, alabanza o
aprobación. Sus esfuerzos por agradar estaban en un plano más alto; eran
para ganancia de otros y para la Gloria de Dios

Es importante subrayar algo más. Aunque el apóstol hizo lo mejor que pudo
para agradarles, aún así se enfrentó con el rechazo y la persecución (2ª Co.
11:23-27), por haber asumido la batalla, terminado su carrera y mantenido
la fe. Él ansiosamente miraba hacia adelante a una corona de justicia que
esperaba en aquél día (2ª Ti. 4:7–8). La motivación de Pablo de agradar a
otros estaba enraizada en el entendimiento de ser y estar totalmente
aceptado por el Padre, no de un deseo insano de ganar aceptación y
aprobación de los demás.

Su esposa o esposo, su familia o amigos, pueden molestarse o enojarse con


usted por no asumir las responsabilidades de ellos. Eso debería ser una
señal para pedir al Señor, "¿Es esta mi responsabilidad?" No preguntarse
esto podría conducirle al sobre-compromiso, a sobrepasarse y a la tentación
de culpar a Dios por esto. Sin embargo, no tomar ninguna responsabilidad
puede ser aún peor.

No decidirse es una decisión

A menudo se ha dicho: “Ninguna decisión es una decisión” No decidir


asumir responsabilidades que son legítimas es una decisión – una decisión
tomada por medio del incumplimiento. Esta era la forma que Keenan usaba
para manejar los conflictos en su vida. Él las ignoraba, las evitaba y las
negaba. Su razonamiento era: si no me ocupo de los conflictos,
desaparecerán solos.

Keenan vino a mí aparentando ser muy espiritual y diciendo que siempre


había estado tomando el “camino alto” y evitando los conflictos. Sonaba
bien, pero no era bíblico. Lo que Keenan llamaba “tomar el camino alto”
era una salida para ser irresponsable y dejar al lado sus responsabilidades
como padre y esposo. A Keenan le dolió darse cuenta de esta realidad. La
negación había sido el método que había aplicado toda su vida para
sobrevivir; adquirido de su familia de origen y ahora había aprendido que
necesitaba perdonar y dejar atrás su pasado. Ahora ve las demandas
existentes de tiempo como una oportunidad para servir basadas en haber
sido aceptado por Dios y no para ganar aceptación de los demás. Él ha
comprendido que las necesidades de su familia están primero. Deidra ha
sido una increíble compañera al ayudar a Keenan a mantener este balance.

¿Cómo puede usted recuperar el poder personal que Dios le ha dado, que le
capacita para hacer todo lo que usted necesita llevar a cabo en su vida?
Comience con identificar y asignar las responsabilidades legítimas que le
corresponden. Pero la clave ahora es asumir sus propias responsabilidades y
detener la costumbre de culpar a otros. Resístase tenazmente a cargar el
yugo de otros, eso no le va a fortalecer; más bien, le debilitará. Pero Dios
dinámicamente le ayudará personalmente y le dará el poder de hacer todo lo
que Él requiere de Usted (Filp. 4:13).

**********

El poseer el increíble poder de Dios para resolver situaciones difíciles,


asumiendo las responsabilidades dadas por Él, es un buen comienzo. Hay
más ingredientes que hacen que todo esto funcione. Phyllis y Gerald
aprendieron esto de una manera dura con Carissa, su hija universitaria.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿Por qué crees tú, que la mayoría de las personas que conocen cuáles
son sus responsabilidades escogen no asumirlas?

2.- ¿Cómo te has sentido cuando te han culpado por algo que otros estaban
haciendo?

3.- ¿De qué manera el asumir las responsabilidades personales le otorga


poder y autoridad a la persona?

4.- ¿Qué tiene que hacer el 9° fruto del Espíritu Santo (dominio propio)con
el hecho de asumir las responsabilidades que le son legítimas?

5.- ¿Has tenido alguna experiencia con personas que han “reinventado o
reescrito historias” con la intención de hacerte sentir mal?

6.- ¿En algún momento has asumido la responsabilidad de las acciones de


otros con el objetivo de mantener la paz? ¿Qué resultados o consecuencias
ha tenido esto para ti?

7.- Comparte tus experiencias sobre cuando has dicho “sí” a alguien a quien
has debido decir “no”. ¿Cuáles han sido los resultados? ¿Te ha funcionado?
¿Ha tenido consecuencias?

8.- ¿Alguna vez has sido negligente al asumir responsabilidades ajenas, por
el simple hecho de complacer a otros, desconsiderando las
responsabilidades legítimas que Dios te dio?

9.- ¿De qué manera tu vida sería diferente si identificaras y asumieras con
honestidad sólo aquello que está en tu círculo de responsabilidad?
8

¿CÓMO CUMPLIR CON LAS RESPONSABILIDADES PERSONALES?

Los años de universidad son tiempos de diversión. Yo tengo muy buenas


memorias de esos días. Después continué con mi vida laboral y me forjé
amistades que han durado toda la vida. Esas eran las expectativas que
Gerald y Phyllis, la pareja que conocimos en el capítulo 5, tenían para su
hija universitaria. Carissa tenía las calificaciones requeridas para entrar en
la universidad, así que buscó bien y seleccionó la opción que mejor le
servía a ella.

Phyllis y Gerald creyeron que Carissa trabajaría duro y que ellos podrían
pagar las cuentas. Estas eran sus expectativas, no las de Carissa cuyo lema
era “Ellos pagan yo juego”. Aunque ella se la pasaba en fiestas, aún así los
padres pagaban las cuentas. El resultado tuvo consecuencias. Primero fue
aplazada en sus asignaturas y luego despedida de la universidad. Gerald y
Phyllis estaban comprensiblemente abatidos. Gerald estaba discapacitado y
Phyllis tenía un trabajo de medio tiempo por lo que su economía era escasa.

Carissa había logrado algunos de los principales requisitos para ir a la


universidad. Primero, identificó la universidad y escogió la que ella quería,
segundo tomó la iniciativa y se inscribió para las clases. El tercer
ingrediente y que Carissa pasó por alto era la responsabilidad de asistir a
clases, completar las tareas, estudiar para los exámenes y pasar los cursos.
Carissa pensó que de alguna forma funcionaría y ella se graduaría.

Las expectativas de sus padres eran tan obvias para ellos como si estuvieran
escritas en un contrato. Pero Carissa no estaba dispuesta a cumplir con sus
responsabilidades. El resultado, mamá y papá pagaron sus gastos y estaban
muy molestos por eso. Carissa era muy irresponsable y estaba pasándola
muy bien.

Mientras yo enseñaba en la universidad una de las cosas que más me


asombraba era ver la reacción de los estudiantes cuando se les informaba
que habían suspendido, o peor aún, que estaban expulsados. La expresión
de su rostro decía: “¿Cómo pudo usted suspenderme?” y rara vez la
pregunta era: “¿Cómo pude yo dejarme ir y suspender así?”. La actitud de
muchos de ellos parecía indicar que la educación universitaria era un
derecho de nacimiento y no un privilegio. Con mucha frecuencia comprobé
que ellos querían continuar con una carrera universitaria con muy poco
esfuerzo por su parte. Algunos se equivocaban al creer que un estudiante
sólo recibe un título; ellos tienen que ganarse un título universitario.

Como vimos previamente, Phyllis y Gerald decidieron transferir la


responsabilidad financiera a Carissa. Ellos se encargarían de amarla,
animarla y dejarla convertirse en una joven responsable. Es decir, si ella
quería continuar estudiando tendría el privilegio de pagarse sus propios
estudios. Si cumplía con sus responsabilidades académicas ellos acordaban
pagar los semestres aprobados. Este principio de cumplir con sus
obligaciones funcionó con Carissa durante sus años de estudiante y
posteriormente en su vida laboral también. Muchos empresarios
reembolsan a aquellos empleados que han culminado exitosamente sus
estudios, cursos, etc. El poder de la responsabilidad personal genera una
fuerte motivación a los empleados a perseverar con excelencia y cumplir
con las responsabilidades que han asumido.

Fracasar en el cumplimiento de responsabilidades es la segunda parte


después de no asumir responsabilidad alguna. Identificar las
responsabilidades no es lo mismo que asumirlas, tampoco es los mismo
asumirlas que cumplirlas. El poder de la responsabilidad personal para
restaurar relaciones en conflicto funciona sólo si usted cumple su parte.

Si hay una batalla que Dios ha tenido con la humanidad desde el principio
es la de la obediencia. Desde el principio, Dios asigna responsabilidades al
hombre para que las cumpla. En el Jardín del Edén, Él estableció una
prohibición a Adán y a Eva: "Del árbol de la ciencia del bien y del mal no
comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás" (Gn. 2:17)
¿Acaso Ellos no siguieron sus instrucciones porque el mandato no estaba
claro, o no entendieron? ¡De ninguna manera!. Eva fue capaz de repetir con
claridad la orden de Dios de no comer del árbol cuando Satanás cuestionó
lo que Dios había dicho. Pero ella desobedeció todas formas, tomando su
fruto, comiendo, y le dio a Adán quien también comió (Gn. 3:6). Lo demás
es historia. A partir de ahí, el empuje de Dios en la historia humana ha sido
la de identificar claramente las responsabilidades del hombre, y
convencerlo de asumir y cumplir con ellas.

El primer asesinato de la historia surgió de un incumplimiento de las


responsabilidades establecidas. El primer hijo de Adán, Caín, se negó a
ofrecer el sacrificio prescrito. Dios le suplicó que reconsiderara, “¿Si lo
haces bien, no va tu rostro a ser levantado?” (Gn. 4:7). Dios lo animaba a
que se sentiría mejor después de la obediencia. Abel por el contrario actuó
con fe y cumplió lo que Dios requirió (He 11:4). La ira de Caín hacia Dios
por haber rechazado su sacrificio y haber mirado con agrado el de Abel,
resulto en un asesinato a sangre fría. Dejar a un lado nuestra
responsabilidad personal no puede dar lugar a un asesinato, pero puede
destruir, matar las relaciones.

La raíz del conflicto

Cuando Deidra y Keenan compartieron por primera vez las situaciones que
estaban generando desequilibrios en el matrimonio, me interesé
particularmente por una queja de ella respecto a Keenan. Él tenía muchas
cualidades y era una persona de gran éxito en su carrera. También era
alguien que le gustaba complacer a los demás y que odiaba los conflictos.
En su deseo por mantener la paz, con frecuencia se comprometía a hacer
algo en la casa pero no lo cumplía. Raras veces su “sí” quería decir “si, yo
lo haré”.

Keenan no era perezoso y su ética de trabajo así lo evidenciaba. No


obstante, como él le decía que sí a todo el mundo para ganar aprobación y
evitar ser rechazado al final no era capaz de cumplir con todos sus
compromisos. No habría suficientes horas en el día para hacerlo todo pero
los que sufrían el principal descuido era su familia.

Carlos, mi hermano mayor, acostumbraba decirme: “La vida está llena de


buenas intenciones”. Keenan prometía hacer cualquier cosa por su esposa y
realmente tenía intención de hacerlo, pero sus buenas intenciones se
quedaban cortas. Deidra traducía su falta de compromiso familiar, como un
rechazo personal y falta de amor hacia ella. ¿Qué tienen que ver entre sí el
amor y cumplimiento de las promesas? Jesús lo explica muy claramente:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Jn. 14:15). El, lo refuerza otra
vez seis versos después: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese
es el que me ama.” (Jn. 14:21a).

Cuando nos encontramos y hablamos de este asunto, Keenan mostró su


deslumbrante sonrisa del millón de dólares y admitió: “Necesito trabajar en
eso”. Él no sólo lo reconoció, sino que se propuso a hacer algo al respecto.
No podemos corregir lo que no reconocemos. El conflicto puede llevarnos a
descubrir una falla en el reconocimiento, asumir o cumplir con las
responsabilidades.

Cumplir las responsabilidades en el matrimonio

Aunque actualmente no ejerzo el pastorado en la iglesia local de vez en


cuando participo, como ministro ordenado, en la ceremonia del matrimonio.
La pareja está feliz, contenta y gozosa. Hacer votos delante de Dios y ser
testigo de ello es algo serio (Ec. 5:4-5).

En la consejería matrimonial, con frecuencia le hago referencia a la pareja


el voto que hicieron el día de su boda.

Estos son los votos que una pareja hizo en una capilla ubicada en las
montañas rocosas de Colorado. Yo le pregunté al novio: “¿Tomas a
Elizabeth por esposa, para guardarla desde ahora en adelante, guiarla, para
amarla como Cristo amó a su Iglesia, para quererla, vivir con ella en una
manera comprensible, para otorgarle honra como compañera idónea y
juntos poder ser uno en Cristo durante toda su vida? ¿Prometes estas cosas
en completa dependencia delante de Dios para que te capacite para
cumplirlas? Si esta es la intención de tu corazón… ¿puedes decir sí?”

Entonces me dirijo a su adorable novia y le digo: “Elizabeth, ¿tomas a


George como tu esposo para tenerlo y sostenerlo desde ahora en adelante y
someterte a él como al Señor? ¿Prometes que permitirás su liderazgo en tu
hogar, que lo respetarás y honrarás como tu cabeza, que lo adornarás con un
espíritu gentil y apacible siendo su ayuda idónea? ¿Te unes a George para
que juntos puedan ser uno en Cristo y servir a Dios durante toda sus vidas?
¿Prometes estas cosas en completa dependencia de nuestro Señor que te
capacitará para poder cumplirlas? Si esta es la intención de tu corazón…
¿puedes decir sí?”

Presten atención al voto que hizo George: se comprometió a guiar, amar,


alimentar, comprender y honrar. Ahora presten atención al voto que hizo
Elizabeth delante de Dios y de los testigos: someterse, respetar, honrar, ser
gentil y apacible de espíritu, ser una ayuda idónea y permitir que George
ejerciera el liderazgo. Estos son votos muy serios.

Yo estoy de acuerdo con M. Scott Peck que en su libro "The Road less
traveled (El camino menos transitado) hizo la siguiente observación: “Si no
fuera por la ceguera de amor, todos nosotros correríamos aterrorizados
cuando entendemos la realidad de nuestros votos matrimoniales.” Cuando
la responsabilidad de estos votos no se cumple, los conflictos son
inevitables.

Aunque todas las parejas pueden tener características únicas en su particular


conflicto matrimonial, la mayoría de ellos se originan en algún fallo del
esposo en amar y querer a su esposa y en algún error de la esposa en
respetar y admirar a su esposo. Ambos fallos son el resultado de no haber
cumplido las responsabilidades explícitas del apóstol Pablo en Efesios
5:21–33.

El Pastor Tim y yo ayudamos a Mark y Kari para que confeccionaran una


lista de los conflictos de su matrimonio. Kari se refirió al comportamiento
hiriente de Mark –sus mentiras, infidelidad, falta de amor, maldiciones
hacia ella, acciones vengativas y un espíritu de deshonra. La lista de Mark
sobre la conducta destructiva de Kari indicaba peleas, gritos, crítica y
sarcasmo. Le pregunté a Mark y a Kari de manera individual, cuáles de
esas conductas, palabras o actitudes mostraban amor y respeto y cuáles no.

Las palabras amor y respeto se mencionan fácilmente pero tienen diversos


significados para diferentes personas. ¿Amor de acuerdo a quién? ¿Respeto
mediante según la norma de quién? Dios nos habló del peso del verdadero
amor y respeto a través de Su Palabra. Primera de Corintios 13 sintetiza las
características del amor y cómo debe ser expresado.

• Es paciente bajo estrés ( v.4)


• Es amable bajo hostilidad ( v.4)

• Es seguro bajo amenaza de pérdida (celos) (v.4)

• Evita jactarse de sí mismo (v.4)

• Es humilde bajo presión de ejercer el orgullo (v.4)

• Actúa apropiadamente cuando está bajo presión de hacer algo indebido


(v.5)

• Es calmado cuando se le provoca (v.5)

• Perdona cuando está tentado a guardar rencor (v.5)

• Está gozoso cuando la verdad sale vencedora (v.6)

• Resiste bajo la presión de desistir (v.7)

• Mantiene la esperanza a pesar de las circunstancias (v.7)

• Persevera cuando es tentado a rendirse (v.7)

• Continúa amando cuando está tentado a abandonar la lucha (v.8).

No sólo un cónyuge, sino ambos, esposo y esposa, son llamados a amar,


respetar y honrarse el uno al otro. Con frecuencia, al aconsejar a una pareja
los voy llevando al inicio de su compromiso. Entonces, si más tarde se
envuelven en conductas hirientes, puedo apelar a que sigan las líneas
trazadas del compromiso previo. Les recuerdo que no hay poder para
restaurar una relación aparte del poder que se adquiere al cumplir con las
responsabilidades personales.

¿Y si los cónyuges no se amaban, honraban ni se respetaban el uno al otro


antes de venir a consejería? No hay problema, les pido que lean los pasajes
apropiados (Ef 5:21-33; 1Pe 3:1-12; Co 3:18–19). Después de esto, les
pregunto si están cumpliendo sus respectivas responsabilidades tal como se
definen en la Palabra de Dios. Si no es así, ¿estarían dispuestos a aprender
cómo hacerlo?
Usted podría preguntar:¿Qué pasaría si dicen que no? Entonces les
preguntaría si lo que están haciendo les está funcionando saludable y
satisfactoriamente. El hecho de que estén en consejería es una señal
indicativa de que lo que están haciendo no les está funcionando. El
resultado del pecado es la muerte (Ro. 6:3). Los efectos temporales del
pecado son separación relacional, física y finalmente separación espiritual
de Dios. Una pareja puede haber venido a consejería para aprender cómo
mejorar su sistema pecaminoso de relacionarse. En tal caso yo no puedo
ayudarles. Mi trabajo es adherirlos a la verdad revelada de la Palabra de
Dios. Todos los demás sistemas están condenados a fracasar por una buena
razón; porque ninguno refleja el carácter ni el camino de Dios. Su camino
refleja Su carácter.

Vimos en el Capítulo uno que Humpty Dumpty quedó destrozado al caer al


suelo; de la misma manera, muchas relaciones interpersonales están hechas
pedazos. Sus conflictos se pueden abordar con los principios y preceptos de
las Escrituras. Sin embargo sabemos que hay algunas situaciones difíciles
que dentro de un conflicto son esperables, pero… ¿Cómo lo sabemos? “No
os ha sobrevenido ninguna prueba [tentación] que no sea humana” (1Co
10:13). La variedad de pruebas o tentaciones es ilimitada pero los
ingredientes básicos son relativamente los mismos.

Para hacer un pastel necesitamos unos pocos ingredientes básicos. Sus


cantidades pueden variar pero todas incluyen algo de harina, azúcar,
mantequilla, huevos, polvo de hornear y sal. En una pastelería podemos
encontrar una amplia variedad de formas y tamaños de pasteles hechos con
estos pocos ingredientes. Así es también la variedad de los conflictos
relacionales que aunque se presentan con diferentes formas y tamaños,
pueden ser reducidos a unos pocos ingredientes básicos.

El divorcio puede resultar del fracaso de no cumplir con los votos


matrimoniales y no llevar a cabo las responsabilidades establecidas por
Dios para el matrimonio. Aquellos que reducen sus votos matrimoniales y
mandamientos de Dios a nada más que evadir el adulterio, de alguna
manera piensan que pueden violar o pasar por alto otros principios de
conductas piadosas sin que la relación sufra las consecuencias. Este era el
caso de Rex y su esposa Marylee. Él abusaba emocionalmente de ella
insultándola, gritándole, subestimándola, rebajándola, mintiéndole y
avergonzándola. Sus respuestas a las acusaciones de abuso por parte de
Marylee, era que ella no tenían fundamento bíblico para separarse
temporalmente de él, porque él no había incurrido en ninguna aventura
extramatrimonial.

Muchos creen que el adulterio es la única base para permitir el divorcio.


Pero la separación puede ser necesaria para que cada pareja reciba la ayuda
apropiada y puedan restablecer un fundamento bíblico para volver a unirse.

En situaciones de abuso extremo, muy raras veces el esposo o esposa que


abusa cambiará hasta que el que está siendo abusado tome decisiones
drásticas para forzar la situación. Puede ser necesario que se separen con el
firme ultimátum de que tiene que pasar por un doloroso proceso de
consejería, antes de que su pareja pueda regresar. Aunque es muy duro de
aceptar, ésta es la única manera efectiva para detener el ciclo del abuso.

Rex sentía que tenía el derecho de abusar mentalmente, emocionalmente y a


veces físicamente de Marylee para controlarla; pero, como él no le había
sido infiel, ella no podía considerar separarse. Yo tuve problemas con ese
razonamiento. El apóstol Pablo le da a la esposa no menos de tres opciones
en una situación matrimonial difícil: mantenerse en esa situación sin
cambio alguno, separarse y no volver a casarse o separarse temporalmente y
reconciliarse luego (1ª Co. 7:10–11). Puede haber otras razones pero Pablo
dio estas tres claras opciones. La más difícil puede ser la reconciliación.

Las parejas exitosas trabajan duro

Dios ha traído a mi vida personas especiales y únicas como Amanda y


Steve. Ella había conseguido el título de Mrs. Missoury. Steve y Amanda
participaron en nuestra serie de Televisión llamada Fresh Start y
compartieron con la audiencia el testimonio devastador de los primeros
años de su matrimonio. Ambos confesaron haber tenido aventuras
extramaritales. Había mucho que reedificar en ambas vidas.

Recuerdo la primera vez que vinieron a visitarme. Fue muy duro para ellos
tener que admitir con honestidad en qué punto de de su matrimonio se
encontraba cada uno. Aplicando la lista de A y B, sabían dónde estaban (A)
y antes de terminar la sesión acordaron dónde querían estar (B). Conseguí
afirmarlos en esas metas (B), porque esas eran precisamente las que Dios
quería que lograran.

Eso impactó completamente a Amanda que aquella misma noche se la había


pasado sentada en el borde del sofá hasta poder abrir los ojos y exclamar:
“¡Matrimonio es trabajo!” Todos nos miramos y nos reímos. Ella lo había
entendido y posteriormente él también. Estaba emocionado de ver que
ambos habían entendido.

¿Entendido qué? Las parejas tienen que trabajar duro para cumplir su
propio círculo de responsabilidades. ¿Cómo utilizas el poder de las
responsabilidades para beneficiar tu relación matrimonial? La respuesta es
simple. Cumpliendo todo de lo que usted es responsable delante de Dios.
Porque donde tú inviertes tiempo y energía, allí también estará tu
compromiso y tu corazón. (Mt. 6:21).

Amanda se dio cuenta que para hacer que su matrimonio funcionara de


manera significativa tenía que identificar, asumir y cumplir su propio
círculo de responsabilidades. Al llegar a este punto lo que ella esperaba era
que Steve se esforzara también en agradarla. En un principio ella pensó que
era la única que necesitaba hacer cambios; pero después de observar cada
cual sus propios círculos acordaron que “ambos tenemos que cambiar y eso
va a darnos trabajo.”

Esta joven pareja se arremangó la camisa y se puso a trabajar. Lo que no era


correcto fue corregido. Aprendieron a hablar y expresarse con honra usando
el lenguaje que Dios diseñó para edificar relaciones mutuamente plenas. En
vez de verse el uno al otro de reojo, con disgusto e ira, se veían el uno al
otro con respeto y valoración. Aprendieron a hablarse el uno al otro con la
valía que ambos se merecían. Como dice Gary Smalley en sus Seminarios
sobre Love Is a Decision, (El Amor es una Decisión), “la esencia del honor
(honra) es ponerse de pie y hablar con admiración de la otra persona”.

Las palabras de honra están llenas de gracia y cubren la necesidad del


momento. El apóstol Pablo lo describe de esta manera: “Ninguna palabra
corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria
edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Ef. 4:29).
La palabra corrompida significa “carcoma y podredumbre”, como el fruto
malo (Mt. 7:17) o el pescado dañado (Mt. 13:47-48). “Bueno” es lo
contrario de “corrompido”. Steve y Amanda tuvieron que cambiar sus
palabras, eliminar aquellas que podían corromper su matrimonio, y utilizar
palabras sanas, basadas en las necesidades del otro. De hecho, el corazón de
la mayoría de sus discusiones estaba en intentar llenar sus necesidades
legítimas de una manera ilegítima.

Cambiar su manera de pensar no fue fácil. Fue un trabajo duro. Tanto


Amanda como Steve habían crecido en hogares que usaban “palabras
corrompidas”. Ellos sólo estaban reproduciendo lo que habían visto desde
que eran niños. Aunque en ciertos momentos encontraban difícil y agotador
el poder cambiar, al final fueron grandemente bendecidos (Mt. 5:9) y
capaces de resolverlo. Hoy día, están dirigiendo Seminarios sobre
Enriquecimiento Matrimonial en su propia Iglesia.

Los hacedores son bendecidos

La carta de Santiago fue escrita a los creyentes que habían sido expulsados
de su país natal y dispersados en un país extranjero. Imagínense la
pregunta que estaba en la mente de las familias exiliadas: ¿Cómo podemos
ser bendecidos por Dios en estas circunstancias tan espantosas? Santiago
aprovecha esta oportunidad para explicar el origen de las bendiciones de
Dios sin tomar en cuenta las circunstancias: leer la palabra, no ignorarla y
ponerla en práctica. Santiago escribió: “Sed hacedores de la palabra y no
tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos:” (Stg. 1:22).

La clave que distingue a un bendecido hacedor de un frustrado oidor, es


que los oidores reescriben (reinventan) sus círculos de responsabilidades.
Creen que escuchar es hacer. La palabra engañar es utilizada sólo en
Santiago y en Colosenses 2:4. Este engaño significa “hacer trampa o
engañar por medio de razonamientos falsos.” ¿Cómo pudieron los oidores
engañarse a ellos mismos? La respuesta es fácil. Creyeron que si ellos sólo
oían y leían la Palabra de Dios, habían hecho todo lo que era necesario.
Esto sucede cada domingo en la mañana. Pregúntele a la mayoría de la
gente si ellos son religiosos y le dirán que sí. Si usted indaga más allá, le
dirán “yo voy a la Iglesia”. Desafortunadamente, traducen el ir a la iglesia y
escuchar un sermón como una manera aceptable de vida piadosa. Hay
oidores que se engañan a sí mismos por medio de “falsos razonamientos”.
La estructura en el griego de esta frase “engañarse” transmite la idea de que
se lo hicieron a sí mismos. Nadie más lo hizo por ellos. Nos engañamos al
creer que escuchar es cumplir con nuestro círculo de responsabilidad.
Escuchar es un buen comienzo, pero un pobre final.

Santiago dibuja una imagen muy realista con las siguientes palabras:
"Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella
(cumplidor), éste es semejante al hombre que mira su rostro natural en un
espejo, porque él se considera a sí mismo y se va, y luego olvida cómo era”
(Stg. 1:23-24).

La palabra mirar significa literalmente “examinar atentamente”, es decir,


tomar tiempo para observar y tomar nota de lo que ve. No es sólo lo que
está a la vista. Cuando ve su “rostro natural” registra en su mente de dónde
vino; ve quién es él realmente, su origen, raíces y linaje. Pero entonces, a
través de un ejercicio mental de autoengaño, se olvida de su identidad y
vive como cualquier otra persona, tal como el actor de la antigüedad
(hipócrita) cubriendo su rostro con una máscara y con una voz
mecánicamente proyectada. Lo más triste es que sólo él cree en esa falsa
personalidad.

El oyente que se engaña a sí mismo es un perdedor. La vida no funcionará


para él. Santiago no se detiene en describir el fracaso, sino que resalta a los
ganadores, los bendecidos: “Pero el que mira atentamente en la perfecta ley,
la de la libertad, y persevera en ella no siendo oidor olvidadizo sino hacedor
de la obra (cumplidor), ése será bienaventurado en lo que hace:” (Stg. 1:25).
Los hacedores son poderosamente bendecidos –aún en sus relaciones.

¿Cuál es la división continental que define el éxito en las relaciones?


Primero, la persona debe ser lo suficientemente honesta para mirarse
intensamente a sí misma. Estas palabras “mirar intensamente” que aparecen
en Santiago 1:25 significan literalmente “mirar, para mirar en” con
atención, contemplar. Es algo más que una mirada superficial; es hacer una
profunda y honesta evaluación para identificar nuestras responsabilidades.
Hasta aquí todo está bien. Segundo, una persona bendecida a los ojos de
Dios asume responsabilidades por lo que ve en la Palabra de Dios acerca de
sí mismo; pero sólo ver con intensidad en las Escrituras no garantiza por sí
mismo el éxito. Todavía falta algo vital.

Tercero, una persona bendecida se ha convertido en un “un hacedor eficaz”.


El orden de la palabra griega es “sino hacedor de la obra”. Él es una
persona emprendedora, un hacedor que cumple sus responsabilidades. Es un
trabajo duro. La revelación que Amanda recibió era precisamente lo que
Santiago estaba diciendo: “Un hacedor es un trabajador”. Los únicos que
van a ser bendecidos, a pesar de las circunstancias, son los hacedores de la
Palabra de Dios.

He visto tristemente en mi oficina, lo mismo que cada pastor ve. Hombres


como Rex finalmente admitiendo su comportamiento errado y reconociendo
la justicia que Dios quiere para sus vidas y sus matrimonios. Ellos salían de
mi oficina aliviados, amados, aceptados y listos para trabajar en sus vidas lo
que Dios les había mostrado. Pero entonces algo pasa. Honestamente, yo he
llorado al ver estas realidades que describo a continuación.

Los que se quedan tan solamente siendo oidores y no hacedores están


condenados; no para la eternidad y ciertamente no en la separación eterna
de Dios, pero sí condenados al fracaso en sus relaciones porque se va
sumando más dolor, pérdida, más confusión, soledad, conflictos y la tristeza
de todo ello. Los desafíos de las relaciones no funcionan por sí mismas por
medio de los buenos deseos, sino mediante el cumplimiento de las
responsabilidades personales. Cuando las personas con quienes me
encuentro me hablan acerca de los conflictos que han tenido durante la
semana, les hago esta pregunta simple: ¿Usted utilizó sus herramientas
bíblicas en el conflicto en esta semana? El silencio generalmente significa
que no. La armonía está en proporción directa con ser un hacedor y no solo
un oidor de la verdad.

Un tiempo después que Rex salió de mi oficina, listo para hacer cambios en
su vida, comenzó a enviarme faxes reinventando totalmente todo lo que
había acordado hacer. Su orgullo, vergüenza y culpa salieron a la superficie.
Rex creyó en la mentira de Satán de que la verdad era demasiado dolorosa
como para enfrentarla, que el cambio era demasiado difícil, si no imposible
de lograr. Él reescribió (reinventó) su círculo de responsabilidades para
hacer que Marylee apareciera como la que estaba equivocada.
¿Por qué Rex hacia esto? Observen cómo Jesús describió este
comportamiento en la Parábola del Sembrador. En esta parábola (Lc. 8:4 –
15), Jesús identifica la semilla como la Palabra de Dios. Entonces Él
explicó: “Esos [personas] a la orilla del camino son los que han escuchado;
entonces el diablo llega y les arrebata la palabra de sus corazones, para que
no crean y puedan ser salvados.”

Yo sembré la Palabra, Rex recibió la Palabra, Satán robó la Palabra de su


corazón y el rehusó cumplir sus responsabilidades. Que contraste con los
fieles hacedores que son grandemente beneficiados.

Los beneficios de las responsabilidades cumplidas

El pastor Tim me hizo una pregunta después que Mark y Kari salieron de su
oficina: ¿Cómo se hace para que las personas hagan lo que necesitan hacer?
Le expuse el concepto de las dos escalas imaginarias que cada uno de
nosotros tenemos en la parte posterior de nuestra mente. A un lado de la
balanza está la ganancia y en la otra la pérdida. Cada uno de nosotros nació
con el deseo de ganancia y un miedo a la pérdida. Al poner en la balanza
las dos opciones con Mark y Kari, intenté señalarles las que obtendrían al
cumplir con sus responsabilidades y la pérdida que se produciría si fallaban
en cumplirlas. Les sugerí que tomaran decisiones sabias basadas en los
beneficios (ganancias) de la obediencia. Mencionaré al menos tres de esos
beneficios.

Seguridad personal

La historia de la Teología cuenta con una importante controversia sobre la


relación entre la soberanía de Dios y la salvación; aspectos que se debaten
en casi todas las generaciones y que, en mi caso, ha salido a la luz al menos
dos veces en mi vida. Jesús tenía una manera de ir al centro de la cuestión.
No es un problema intelectual. Es un asunto de carácter, demostrado por la
obediencia.

El Dr. Lucas da la versión de un lector en el Sermón del Monte (Mt. 5-7).


Aunque este sermón fue dirigido principalmente a los discípulos de Jesús,
una multitud también escuchó con atención. Jesús concluye con esta
pregunta de sondeo diseñada para aclarar precisamente este asunto, "¿Y por
qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?" (Lc. 6:46). Esas
palabras “Señor, Señor” tan devotamente habladas, pueden ser dichas de
manera superficial. Son las acciones que validan las creencias y la
sinceridad del corazón (Stg. 2:17). Cuando la conversación está en conflicto
con la caminata, el paseo se convierte en hipocresía, sabiendo en el fondo
que no son lo que profesan ser, lo que profundiza aún más los sentimientos
de inseguridad personal. Ellos viven en el terror de ser descubierto.

Jesús enfatizó la importancia de llamarlo “Señor” y cumplir con Sus


mandamientos y utilizó la imagen del constructor: “Todo aquel que viene a
mí y oye mis palabras y las obedece, les diré a quien es semejante.
Semejante es al hombre que, al edificar su casa, cavó y ahondó y puso el
fundamento sobre la roca…” (Lc. 6 47– 48a). Al cavar hondo, golpeó el
fondo y lo preparó para colocar el fundamento. De la misma manera,
aquellos que llaman a Jesús “Señor” y actúan según Su Palabra están
cimentados en la roca que es Dios mismo estableciendo la base de su
seguridad personal en Cristo.

A continuación Jesús nos describe una imagen desfavorable, "Una


inundación se levantó, los torrentes irrumpieron contra aquella casa." Los
Hacedores Responsables experimentan las mismas pruebas, angustias y
aflicciones que cualquier otra persona. La obediencia no nos exime de las
dificultades. Podemos estar exentos de impuestos pero no estamos exentos
de prueba. La lluvia torrencial no pudo destruir la casa. ¿La razón? "Había
sido bien construida." Era segura. Esas vidas, obedientes, construidas sobre
la base de la Palabra de Dios no se pueden sacudir. Sí, se sienten las
tormentas. Ellos lloran. Ellos preguntan por qué, son heridos. Al igual que
Job puede ponerse de pie, desgarrar sus ropas, afeitarse la cabeza y caer al
suelo. Pero la rabia fuera de control, ¡NO! ¿Maldecir? ¡NO! ¿Sufrir
pérdidas? ¡SÍ! ¿Alaban? ¡SÍ! Como Job, que clamó desde su creencia
central basada en su fe sólida como una roca, "El Señor dio y el Señor
quitó. Bendito sea el nombre del Señor "(Job 1:20-21).

Hay una diferencia entre ser sacudido y estar emocionalmente


discapacitado. Todas las personas son sacudidas al menos una vez en su
vida. Pero no todas las personas caen en una crisis. Como les dije
anteriormente, puede que no andemos día a día expresando cuáles son
nuestras creencias, pero en el momento de una crisis el verdadero
fundamento de nuestras creencias sale a la luz. Esa verdad fundamental es
expresada. Una crisis nos revela las bases y estabilidad de nuestro propio
fundamento.

Las personas que viven en el auto-engaño piensan que escuchar la Palabra


de Dios es lo único que necesitan para que la vida les funcione. Pero no es
así. Jesús viene ahora y nos describe el segundo tipo de constructor: “Pero
el que las oyó y no las obedeció, semejante es al hombre que edificó su
cada sobre la arena, sin ningún fundamento.” (Lc. 6:49). La vida de los
oidores se parece a esas hermosas casas. Pueden estar entre las más
hermosas de su sector, muy limpias, bien pintadas, con un jardín muy
cuidado… en fin, hermosas desde todos los puntos de vista. Pero las
mismas tormentas de la vida golpean a los oidores y a los hacedores por
igual. Un hijo es asesinado, una empresa fracasa, se pierde un empleo, un
adolescente entra en rebeldía, una pareja es infiel, una hija queda
embarazada. La descripción de Jesús de la casa sin fundamento equivale a
una vida sin obediencia a Él. “El río dio con ímpetu, y luego cayó y fue
grande la ruina de aquella casa” (Lc. 6:49b). Inmediatamente colapsó y
hubo gran ruina. Este fin devastador les espera a aquellos que edifican sus
vidas en cualquier otro fundamento menos el de Dios. La verdadera base de
la seguridad se halla en aquellos que cumplen sus responsabilidades en
función de Sus mandamientos, y no en aquellos que sólo lo llaman “Señor”.

Poder creciente

Mi amigo Keenan se había pasado media vida culpando a otros y evadiendo


la realidad; aspectos que en nada le ayudaban a prepararse para las
responsabilidades y los retos de la edad adulta. Su propio sistema de
creencias decía: “Yo no puedo hacer nada de lo que Dios espera de mí,
porque no tengo las fuerzas para hacerlo.” Desgraciadamente él no es la
única persona que piensa de esta forma. Yo sería rico si por cada vez que he
oído esto hubiera cobrado un dólar. Frases como: “Eso no es para mí”, “Yo
soy demasiado humano”, o la clásica “Esa es mi manera de ser y no voy a
cambiar”.

Los que son tan solamente oidores y no hacedores se sienten impotentes.


Su lema es: "Yo puedo resistir todo menos la tentación." ¿Cómo se puede
ayudar a alguien que se siente impotente? En primer lugar, pídales que
identifiquen claramente lo que están haciendo que no esté funcionando.
Esto es importante. Si ellos no ven el patrón particular de comportamiento
que no está funcionando para ellos, no van a abandonarlo por algo más
personalmente beneficioso. Incluso entonces les será difícil de cambiar. Los
hábitos son a veces tan profundos que desafían la lógica y la razón.

Segundo, ayúdales a entender por qué lo que ellos están haciendo no les
funciona. Una vez que se identifica la causa y efecto ellos pueden ser
capaces de aprender de sus propios errores y pueden evitar desarrollar
patrones de fracaso en el futuro. Keenan, por una parte, amaba a su esposa
Deidra pero también tenía una profunda necesidad de la aprobación de los
demás. Su visible negligencia en su hogar contrastaba con su ayuda
entusiasta en cualquier otro lugar lo que ocasionaba que Deidra se sintiera
herida y abandonada.

Puse a prueba a Keenan con una pregunta muy precisa. “¿Te funciona ese
sistema de llamadas a tu casa, donde sales volando a rescatar o ayudar a
otros?” Admitió que no, pero aún no estaba en disposición de cambiar hasta
abiertamente admitiera para sí y su mujer que tener las prioridades fuera de
su lugar no le estaba funcionando. Las prioridades bien equilibradas sí
funcionan, no sólo para él, sino para toda la familia. Recuerda que el
corazón humano es un programa construido de una naturaleza caída, que
intenta que la vida funcione apartada de Dios (Ro. 1:21-23. Jer 17:9).

Tercero, haz que ellos te digan que es lo que piensan que Dios quiere que
hagan, seguido de el por qué piensan que eso es lo que Dios quiere. Esta es
una variante de la lista A y B. Es decir, comenzar donde ellos están (A) e ir
hacia dónde quiere Dios que estén (B). Una vez que esto se aclara se
eliminan obstáculos y podemos hablar de cómo Dios los va a ayudar a
cumplirlos. Esto incluye oración, lectura de Su Palabra y especialmente un
equipo de apoyo de amigos cristianos, un pastor o de un consejero cristiano
con bases en la biblia. (Gá. 6:2)

Aún después de todo este proceso, algunos pueden decir que ya han
intentado eso antes. Si investigamos bien, podemos ver que intentaron una
fórmula modificada de obediencia, tal como lo hizo el Rey Saúl. Dios le
había dicho a Samuel que instruyera al Rey Saúl acerca de la forma correcta
de vengarse de los Amalecitas. Ellos habían atacado a Israel de una manera
salvaje, interceptándolos en el camino cuando iban por el desierto. Dios
prometió vengar a Israel (Ex. 17: 8-16) y le dio la tarea al Rey Saúl. Él dijo
que no debía quedar nada con vida, hombres, mujeres, niños, bebés, bueyes,
ovejas, camellos o burros. Dios había identificado qué había que hacer y
Saúl asumió la responsabilidad. La llevó a cabo, pero lo hizo a su manera,
ya que salvó algunos de los mejores rebaños y mató el resto, capturó a
Agag, el rey de los amalecitas, y lo retuvo como un trofeo personal de
guerra.

Esa noche Dios le habló a Samuel sobre la obediencia incompleta de Saúl.


El rey Saúl ya no podía ser rey por más tiempo. Era responsabilidad de
Samuel decirle al día siguiente que ya no seguiría siendo rey. Tal vez
debilitado por el dolor y la decepción, Samuel confrontó Saúl. El rey con
entusiasmo afirmó que él había llevado a cabo el mandato del Señor (1º Sa.
15:13). Samuel le preguntó al rey Saúl que explicara el balido de las ovejas
y bramido de bueyes y éste, casi sin dejarlo hablar, contestó (vs. 18). “¡Oh,
esos! El pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y los bueyes para el
sacrificio al Señor. ¿El resto? Fue completamente destruido” (vs. 21). El
profeta dolido y angustiado revisó la misión que Dios le había
encomendado a Saúl, destruir todo. La responsabilidad fue identificada por
Dios y asumida por el rey Saúl. Samuel le comunicó a Saúl la palabra que
el Señor le había hablado aquella noche: “¿Por qué no has oído la voz del
Señor, te precipitaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos de Dios?”
(1º Sa. 15:19). Saúl respondió defensivamente: “Yo obedecí, yo fui a la
misión, traje de regreso al Rey Agag y destruí a los Amalecitas, pero el
pueblo tomó las mejores ovejas y ganado, que eran anatema, para ofrecerlos
en sacrificio al Señor su Dios. ¿Cuál es el problema?”.

Saúl escogió creer que ofrecer sacrificios a Dios era más importante que la
obediencia a Dios; pero la verdad es lo contrario: “Mejor es obedecer que
sacrificar” (1º Sa. 15:2b)

Dios interpreta servicio sin obediencia como equivalente a rebelión.


Rebelión es algo tan serio como la adivinación y la hechicería. ¿Cuál fue la
raíz del pecado de Saúl? Rechazar las órdenes de Dios. Él las adaptó a su
propia conveniencia argumentando que lo hizo por Dios. La obediencia
modificada es una inspiración del diablo y es rebelión. (1º Sa. 15: 23).

Cuando pongo en duda lo que dicen aquellos que trataron de obedecer y no


fueron capaces de hacerlo entiendo que en la mayoría de los casos se trata
de una obediencia modificada, rindiéndose sin persistir. La obediencia
consiste en revestirse del poder ilimitado de Dios.

Este es el secreto para utilizar el poder de la responsabilidad personal. Esta


es precisamente la clave del poder que el apóstol Pablo describió a los
creyentes de Filipos. Dios nos da la habilidad de responder a cualquier cosa.
Nosotros la llamamos “responsabilidad”. Él describe cuál es el proceso:
“ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que
en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2:12b-13).

Esto es como las dos alas de un avión. El ala izquierda es nuestra propia
responsabilidad – “trabajar en nuestra salvación”. Tenemos que ocuparnos
todos los días de nuestras vidas, la salvación que Dios nos da a través del
Espíritu Santo. Ese es nuestro círculo de responsabilidad. Tenemos que
incluir y dejar que Dios participe en todo lo que hagamos de palabras, de
obras, incluyendo los conflictos.

El ala derecha del avión es la responsabilidad de Dios. Él está trabajando


(operativo) en nosotros y nos da la voluntad o el deseo de hacer lo que le
agrada. Él es en realidad el que nos da poder para hacer lo que le agrada. La
palabra "energía" viene de la palabra griega "energos". Significa trabajar o
energizar. Dios hace tanto la "voluntad" y el "trabajo" o "nos energiza" nos
moviliza a obedecerlo. Es el círculo de responsabilidad de Dios darnos el
“querer” la energía y el “Hacer”, deseo de hacer lo que a él le agrada.

Aquellos que cumplen con sus responsabilidades diseñadas en Dios


experimentan una potencia que viene de él, más allá de sus capacidades.
Esto es un asunto de trabajo-trabajo, es decir, trabajo compartido. Nosotros
obramos – Él obra. Es una situación de ganancia mutua, ganar-ganar.
Nosotros ganamos en todos las situaciones a través del poder que Él nos da,
mientras Dios gana en la gloria que recibe a través de nuestra obediencia
(Jos 7:19). Los hacedores utilizan este poder. Esta es la razón por la que el
apóstol Pablo puede declarar tan confidencialmente: "Puedo hacer cualquier
cosa que Dios espera de mí a través de Cristo que me da la fuerza para
hacerlo" (Fil..4:13 parafraseado).

Esta es la razón por la que busco cuáles son los obstáculos para obedecer
que operan como un corto circuito e impiden ese poder en la vida de las
personas. Si esos obstáculos pueden identificarse y ser removidos, la
obediencia se convierte en una increíble fuente de poder para la vida del
creyente.

No sólo el cumplimiento de las responsabilidades nos da poder sino que


también nos ayuda a estar enfocados.

Claro enfoque

Tuve el privilegio de servir al Dr. Gerald y a su familia e hijos cuando pasó


por un programa de rehabilitación de alcoholismo por cuarta vez. Después
de pasar tres meses en el programa comenzó a discutir lo que había
aprendido allí. Se le había pedido que creara un lema sencillo y poderoso –
sólo cinco palabras cortas que pudieran ser sacadas de las Escrituras. El
lema era: “haz la próxima cosa correcta”; no era “haz la próxima cosa” “da
el próximo paso”, ya que visto de esta manera podría resultar auto
destructivo. Tampoco era “haz lo próximo que esté frente a tus ojos” Eso
sería moverse impulsivamente, pero “haz la próxima cosa correcta” es estar
enfocado.

Los que identifican, asumen y cumplen sus responsabilidades legítimas


hacen la siguiente cosa correcta de su círculo de responsabilidades. Ellos
están enfocados –que es el tercer beneficio de cumplir responsabilidades.
Se ocupan de hacer aquello de lo que son responsables.

Mantenerse enfocado es quizás una de las disciplinas más difíciles de lograr


cuando queremos reducir conflictos y llevar situaciones difíciles a buen
término. Si hay algo que hace descarrilar el proceso de restauración es la
pérdida de concentración. Uno de los beneficios geniales de los círculos de
la responsabilidad es su constante llamado a mantenerse enfocado en el
mismo. Una de las razones principales que impedían que Rex siguiera
adelante con su círculo de responsabilidad era que estaba muy obsesionado
con los fracasos de Marylee, las deficiencias y defectos de carácter. Este
desplazamiento o reorientación de la culpa se convirtió en su excusa
perfecta para la negligencia y para no cumplir con sus propias
responsabilidades.

Kari y Mark rechazaron la petición del pastor Tim y el mío, de hacer


cambios significativos y necesarios para restaurar su matrimonio. ¿Por qué?
Ninguno de ellos quería ceder hasta que el otro cambiara. Ambos estaban
desenfocados de sus respectivas responsabilidades. Cada uno estaba
intentando quitar la paja del ojo del otro.

El pastor Martin estaba totalmente encerrado en el comportamiento rebelde


de su hija adolescente y evitaba así enfrentarse a sus propias actitudes y
acciones no cristianas. En este sentido, se enfocaba en la próxima cosa
correcta que ella debía hacer. Es verdad que ella necesitaba hacer grandes
cambios en su vida, pero tenía que ser su decisión. La hija del pastor Martin
ilustraba un concepto de la dinámica de las familias llamado “la oveja
negra”.

Con frecuencia un hija/o rebelde, drogadicto, alcohólico o divorciado, será


etiquetado como la “oveja negra” de la familia. Ese se convierte en su rol
familiar. Así, acepta este rol degradante, primeramente porque eso es lo
que la familia espera. Esta persona realiza una función vital para el resto de
la familia y el enfoque de la disfunción familiar se desvía para concentrarse
en esta persona. El hijo más débil se convierte con frecuencia en el chivo
expiatorio.

“La oveja negra” acepta este papel disfuncional porque esto es por lo menos
una forma en que puede obtener la atención que le falta. Cualquier atención,
por muy mala que sea, es mejor que ninguna. El Dr. Selwyn Hughes
sostiene que: "Si un niño no está seguro del amor de su padre, entonces va a
conformarse con la segunda mejor opción - la atención”. El niño comienza
a manifestar un comportamiento extremadamente inaceptable sobre la base
proverbial que el ataque es la mejor forma de defensa. Como resultado, en
los sentimientos del hijo se produce una disminución del dolor que le
ocasiona el rechazo por ser lo que él es. Le resulta mucho más fácil vivir
con el conocimiento de que está siendo rechazado por su comportamiento
inaceptable que con el conocimiento de que el rechazo se debe a que no
vale nada.

Los otros miembros de la familia piensan que ellos estarían bien si no fuera
por la “oveja negra”. Esta familia disfuncional debe reenfocarse cada uno
en sus propios círculos de responsabilidades y cumplirlas antes de que la
familia pueda ser sanada. Cada miembro debe cumplir su propia dinámica
de hacer la próxima cosa correcta.

Aquellos que aparecen en el Salón de la Fama de la Fe de Dios, cuyos


nombres figuran en Hebreos 11, tienen una cosa en común y es que
cumplieron con la próxima cosa correcta que Dios les había pedido por
medio de la fe. Abel ofreció un mejor sacrificio que Caín; Enoc agradó a
Dios por su fe; Noé hizo la próxima cosa correcta y construyó un Arca por
fe. Sara consideró la fidelidad de Dios aún cuando estaba muy lejos de sus
años productivos e hizo la próxima cosa correcta: creer en Dios a pesar de
las imposibilidades y concibió un hijo. El capítulo completo de Hebreos 11
es una Antología de hombres y mujeres que estaban bien enfocados.

Una de las personas con quien te encuentras es ese Salón de la Fama de la


Fe de Dios es Abraham. Él también hizo la próxima cosa correcta que Dios
le había demandado y lo hizo por fe.

Dios convocó y seleccionó soberanamente a Abraham para convertirlo en el


padre de la nación de Israel; lo sacó de una sociedad totalmente pagana
(Abraham era de mediana edad, muy saludable, y provenía de una familia
de idólatras) y le dijo que dejara la seguridad de Ur, la capital económica y
política de Sumer localizada en el Rio Éufrates, y entrara en la tierra de
Canaán, que estaba a más de 500 millas al Oeste (Jos 24:2).

El escritor de Hebreos hizo un resumen de su vida: “Por la fe Abraham,


siendo llamado, obedeció [hizo la próxima cosa correcta] para salir al lugar
que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (He
11:8).

Una clave importante para la resolución de conflictos lo encontramos en


Abraham. Se centró en el siguiente paso correcto de la obediencia, pero no
en el destino real. Sólo sabía que estaba buscando una ciudad cuyo
arquitecto y constructor era Dios (v. 10). A menudo, no siempre sabemos
con antelación los giros y vueltas en el camino a la solución de conflictos.
No hay una ruta idéntica en todas las situaciones. Dios es responsable de la
dirección y nosotros somos solamente responsables únicamente de
centrarnos en la próxima cosa correcta que sabemos hacer.

El fantástico beneficio de cumplir con su círculo de responsabilidades es


que le proporciona un enfoque claro. Innumerables personas se van de mi
oficina con el enfoque muy claro en cuanto a su siguiente paso correcto
hacia la plenitud, la curación y la restauración. Aunque vengan curvas,
caminos secundarios, desvíos y atascos de tráfico, Dios es fiel para dirigir a
los obedientes que se centran en el cumplimiento de su círculo de
responsabilidades y hacer la siguiente cosa correcta, aunque implique una
lucha.

La lucha por la obediencia

Jesús enseñó en una pequeña Parábola la experiencia común que todos


enfrentamos al querer cumplir con nuestras responsabilidades, sabiendo que
podemos enfrentar una lucha antes de obedecer. “Un hombre tenía dos
hijos, y acercándose al primero le dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en mi viña.
Respondiendo él, le dijo:¡No quiero!. Pero después, arrepentido, fue. Y
acercándose al otro le dijo lo mismo; y respondiendo él, dijo: Sí señor, voy,
pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?” (Mt. 21:28b–
31).

Noten que Jesús no atacó la actitud del hijo que dijo que no lo obedecería,
pero luego fue. Jesús afirmó su respuesta posterior.

Veo esta lucha por la obediencia todos los días. Están los que profesan una
obediencia instantánea a Dios. Esto es lo ideal, pero para el resto de
nosotros es una batalla. Dios sabe que nuestro espíritu libra una batalla
contra la carne, y la carne contra el espíritu. (Gá. 5:17)

Muchas veces me animo cuando leo que el apóstol Pablo admite su propia
batalla interior. Lo describe claramente en Romanos 7:15-25. Algunos
dirían que este conflicto interno en la vida de Pablo es una imagen antes de
su conversión. Yo personalmente creo que Pablo estaba experimentando un
conflicto interno, en especial después de su conversión. ¿No nos hemos
sentido así algunas veces?

Traci no quería dar el próximo paso correcto que consistía en llamar a su


madre. Necesitó varias sesiones para ayudarla en esta toma de decisión. Su
esposo Nick no debía en ningún caso apresurar ni presionar en este proceso,
ya que era responsabilidad de Dios dirigir y fortalecer a Traci para que
siguiera adelante.

Helen luchó para dejar de ser una madre permisiva con su hijo drogadicto,
Ron, y llegar a ser una madre responsable que permitiría que su hijo fallara
antes de que él buscara ayuda profesional.

Peggy luchaba consigo misma para eliminar la falsa creencia de que ella
podía cambiar a su marido, Martin. Efectuar el cambio era responsabilidad
de Dios.

Esta lucha interna es muy productiva. Entendamos que un cambio que


requiera poco o ningún esfuerzo no generará un cambio permanente.
Normalmente, cuanto mayor es la lucha, más duradero es el resultado (Gá
4:19).

Jesús luchó en Su humanidad. No fue automático el identificar, asumir y


cumplir responsabilidades. Sabía desde la fundación del mundo lo que Él
iba a hacer y fue obediente a Su Padre hasta la muerte (Fil.. 2:8). Pero en el
proceso de cumplir con lo que Él vino a hacer, Jesús experimentó una
intensa agitación interior y una gran lucha. En el Huerto de Getsemaní dijo
con gran angustia: “mi alma está triste hasta la muerte.” (Mr. 14:34b). Jesús
se alejó de sus discípulos y se postró en tierra. Oró al Padre con agonía y le
pidió que si le fuera posible lo librara de la tortura y la muerte que le
esperaba. Decía: “¡Abba Padre! Todas las cosas son posibles para ti. Aparta
de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.”
(Mr. 14:36)

La lucha de Jesús no consistía en si su padre era capaz de impedir Su


inevitable muerte, sino que si era la voluntad del Padre hacer eso. Jesús
sabía que el momento del sacrificio por el pecado del hombre había llegado
(2Co 5:21) y que Él experimentaría física, espiritual, mental y
emocionalmente toda la fuerza de la ira de Dios contra el pecado. La
siguiente cosa correcta que debía hacer Jesús era ofrecerse a morir en una
cruz romana de forma cruel. Incluso el Hijo de Dios tuvo problemas con el
cumplimiento de su círculo de responsabilidad en nuestro nombre. ¡Pero lo
hizo! ¿Cómo se utiliza el poder de la responsabilidad personal? Usted elige
hacer la siguiente cosa correcta que Dios le dice que hagas. Pero, ¿qué se
puede hacer cuando los demás no cumplen con sus responsabilidades y su
omisión le afecta a usted?

**********

Susan y yo contamos con dolorosos acontecimientos similares en nuestras


vidas. El marido de Susan la abandonó en el hospital cuando daba a luz a su
tercera hija. Mi padre abandonó a mi madre, a mis dos hermanos y a mí en
nuestros años de formación. Tanto Susan como yo hemos lidiado y
enfrentado las omisiones y negligencias de otros.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿De qué manera el seguir cumpliendo con tus responsabilidades te da


poder en tu vida?

2.- Cuando las personas saben lo que tienen que hacer, ¿Cuáles pueden ser
las razones que los lleva a fracasar en el cumplimiento de su círculo de
responsabilidad?

3.- ¿Cuál es el rol que Satán cumple en el fracaso de una persona en el


cumplimiento de sus responsabilidades?

4.- ¿Qué beneficios recibes si eres el único que cumple con sus
responsabilidades?

5.- Cuando escuchas a alguien decir: “Así soy, no puedo hacer nada al
respecto”, ¿Qué es lo que realmente quiere decir con eso?

6.- ¿Por qué es importante para una persona identificar y reconocer que lo
que está haciendo no le está funcionando?

7.- Describe algún evento en tu vida donde pudiste sentir el poder de Dios
al realizar una labor específica.

8.- ¿Cuál es el próximo paso correcto que debes dar en medio del conflicto
que estás viviendo?
9

¿QUÉ HACER CUANDO LOS DEMÁS NO CUMPLEN CON SUS


RESPONSABILIDADES?

Mi hermano mayor Carl se acababa de graduar de la Escuela Secundaria y


la celebración se llevaría a cabo en el campo de fútbol de la escuela, donde
se habían instalado unas gradas provisionales.

Cuando estaba descendiendo a las gradas familiares se me ocurrió mirar


hacia arriba y pude ver un hombre con canas recostado en la cerca que
rodeaba el campo de atletismo. Conforme me iba acercando iba notando sus
brazos extendidos, sus manos aún agarradas a los eslabones de acero de la
cerca y su rostro con la mirada puesta en las gradas vacías que iban a ser
ocupadas por los graduados. Así fue cómo comencé a destacar sus rasgos.

“¡No puede ser!”, dije en voz baja. Pero sí…!Era Papá¡ Mis pies querían
correr hacia el coche, pero mi mente se había quedado atascada en el
tiempo. Esa imagen de mi padre con sus manos en la cerca exterior se había
fijado en mi mente, pues representaba su estado habitual: un padre que
permanecía fuera de nuestras vidas y que de vez en cuando hacía una pausa
para asomarse a ella e irse de nuevo. Nos volvía a herir otra vez. Éramos
una familia más devastada por el alcoholismo.

Fallar en cumplir las responsabilidades

Mis padres se mudaron de una comunidad rural ubicada en Winchester,


Indiana, a los suburbios de Los Ángeles, California, cuando yo tenía cuatro
años. En ese entonces, yo no tenía idea de lo que era un alcohólico, pero, a
medida que pasaron los años, aprendí de primera mano lo que esto
implicaba. Papá se quedaba fuera hasta tarde, primero de vez en cuando,
luego un fin de semana hasta que se convirtió en algo habitual cada noche.
Con el tiempo, las noches se convirtieron en días y después en meses y en
años, hasta que llegó un momento en el que el dinero también dejó de venir
y mamá se quedó sola y abandonada con tres chicos jóvenes y sin trabajo.
A principios de los años cuarenta, los roles familiares estaban mucho más
definidos. Mamá trabajaba en una pequeña tienda de productos secos antes
de casarse y así permaneció tiempo después hasta que llegaron los niños y
pasó a ser madre y ama de casa. Al menos así lo habían decidido; papá
trabajaría fuera de casa, y mamá en la casa.

Uno de los aspectos que también influyó en la familia es el hecho de que


desde el comienzo de su matrimonio los padres de ambos vivían con ellos y
los cuidaron hasta que fallecieron. Las responsabilidades de la familia
estaban claras desde el principio y ellos las cumplieron.

Pero la cosa empezó a cambiar en el momento en que el alcohol se


convirtió en residente permanente. Era un invitado que ni mamá ni
nosotros los hijos queríamos, pero papá había hecho caso omiso a nuestros
sentimientos. Una vez que el alcoholismo entra, se mueve y se hace cargo,
pasa de ser visitante a convertirse en maestro. Para el adicto ninguna
relación humana tiene valor. Papá lo escondía por toda la casa y el garaje.
Cuando nosotros nos topábamos con alguna botella de alcohol, la
derramábamos, creyendo ingenuamente que eso detendría su adicción. Sin
querer estábamos tomando la responsabilidad de papá porque ansiábamos
su recuperación.

Papá ya había abandonado por completo la familia. Aún así el pago de la


casa venía fielmente todos los meses, al igual que el gas y la electricidad.
Tampoco había cambiado el apetito de los tres pequeños en pleno
crecimiento.

Quiero resaltar aquí un hecho que recientemente me recordó mi hermano


Carl; es la conferencia cumbre de los Lynch. Mamá nos junto a los tres en
la habitación de Carl para exponernos los hechos de forma clara y la
necesidad real que teníamos de conseguir un trabajo para ayudar con el
mantenimiento de la casa. Papá había fracasado totalmente en sus
responsabilidades para con su familia.

Lo peor de toda esta situación era que mi padre había acumulado un montón
de deudas de tarjetas de crédito en su alto nivel de vida, había desaparecido
y el nombre de mamá también estaba en las tarjetas de crédito. ¿Quién
tendría que pagar dichas deudas?
Mamá empezó limpiando casas hasta que consiguió un trabajo de salario
mínimo como cajera. Carl dejó de repartir el periódico y optó por un trabajo
a tiempo parcial en la sección de productos de nuestro mercado de barrio.
Yo cortaba la grama. Así que fue durante mi etapa adolescente cuando me
ví enfrentando las consecuencias del fracaso de mi padre en sus
responsabilidades.

El gusano en mi manzana

Promesas rotas, mentiras, traición, abandono. Abandonados a nuestra


propia suerte. Poco sabía de lo que estaba pasando dentro de mí y que el
resultado de esas experiencias estaban formando una actitud en mi
subconsciente. Cuando la verdad finalmente afloró,- yo no era querido,
amado, cuidado, valorado, especialmente por mi papá –algo dentro de mí se
rompió. Comencé a sentir que no era merecedor de ser amado ni querido.
Mi ira se convirtió en amargura.

Durante años no me di cuenta del gusano de la amargura que me estaba


carcomiendo por dentro. Me veía bien por fuera. Me sentía bien. Mientras
tanto, el dolor interno crecía (Pr 14:12). Pero nunca me imaginé la tarea que
tendría por delante. Era la misma tarea que Susan enfrentó con Jerry.

Difícil de perdonar

Los sonidos del hospital eran muy familiares. Era su tercer bebé. Susan
había estado allí antes. Cada emoción en su corazón clamaba por un hilo de
esperanza en la recuperación de su matrimonio. "Él no lo dice en serio. Esto
no ha terminado. ¿Cómo puede simplemente salir? ““¿Qué salió mal, en
qué me equivoqué respecto a lo que parecía tan bien en estos diez años
atrás?”

Su esposo Jerry estaba frente a ella mientras que “la otra mujer” se
encontraba en la puerta de su habitación. “Quiero el divorcio”, le anunció,
“y voy a obtenerlo”. Susana sintió que un cuchillo muy afilado atravesó su
pecho. Era muy doloroso. Es verdad -el dolor emocional es más intenso que
el dolor físico. Las heridas del corazón son más profundas que las del
cuerpo.
Aunque él abandonó la familia, Jerry aún permanecía siendo responsable de
sus necesidades básicas. Los tribunales son más efectivos hoy día que en los
años cuarenta cuando mi padre nos abandonó; pero en ningún caso pueden
hacer que Jerry ame, cuide y quiera a Susana. No pueden forzarlo a ser leal
y fiel, pero sí forzarlo a pagar la manutención de sus hijas.

Susana se casó para ser amada y no abandonada, abusada verbalmente,


deshonrada, criticada, traicionada o para pasar noches interminables sola.
Estas profundas heridas del corazón eran crudas y desgarradoras. La ira de
esas heridas se volvió amarga. El gusano de la manzana de Susana se la
estaba comiendo por dentro. Los corazones heridos encuentran mucha
dificultad para perdonar y, en algunos casos, les resulta imposible.

Yo no estoy molesta

Susana contaba con una herramienta para poder lidiar con el dolor. Desde
pequeña había aprendido a sonreír cuando era herida –es decir, había
aprendido a negar la angustia. Sin embargo, no es bíblico sonreír cuando
somos heridos. Dios no sonríe cuando lo herimos con nuestras acciones. El
apóstol Pablo exhortó a la iglesia de Éfeso con estas palabras: “No
contristáis al Espíritu Santo de Dios” (Ef. 4:30a). Esta es una fuerte
exhortación que nos ordena a que “cese el lamento continuo” o “no tengan
el hábito de lamentarse”. En otras palabras, lo que Pablo quiso decir fue:
“dejen de causarle a Dios dolor continuo en su corazón”. Los pecados de
los creyentes causan un profundo dolor emocional en el corazón de Dios.
Pregúntenle a Jesús. El no sonrió cuando fue rechazado por Su pueblo
Israel. Jesús se montó en un pollino cuando estaba cerca del Monte de los
Olivos. La gente gritaba estruendosamente “Hosanna” mientras ponían sus
mantos y palmas delante de Él, lo que generó celos entre los fariseos que le
llegaron a decir: “Maestro, reprende a tus discípulos y el respondió: Os digo
que si estos callaran, las piedras hablarían” (Lc. 19:39b-40b). El
experimentó el rechazo del mundo religioso y de prácticamente toda la
nación. (Jn. 1:1). Ahora bien, ¿Por qué Susana se sintió herida? Porque
sintió el rechazo de su esposo. ¿Por qué aún siento el dolor de un pequeño
niño que experimentó pérdida y abandono? Por el rechazo de mi padre.

Miré a Susana y le di el mismo permiso que se me dio a mí hace años, decir


"ay". Esta expresión significa "me duele" y abre la puerta a la verdadera ira
(Ef. 4:26). La ira te hace un favor. Nos notifica cuándo somos o hemos sido
lastimados y pide a gritos hacer algo con respecto a la herida.

La ira es una de las emociones más negadas y más encubiertas que tenemos.
¿Con qué frecuencia hemos escuchado las palabras “yo no estoy molesta”
con un tono de voz nada convincente, pronunciadas con los dientes
apretados y el rostro fruncido? La sensación de culpa y vergüenza que se
nos ha enseñado y asociado con la emoción normal de la ira impide que ésta
pueda hacer su trabajo, que consiste en informarnos que estamos heridos y
que necesitamos hacer algo bíblico al respecto. Cuando usted pone su mano
sobre una hornilla caliente, el dolor avisa para que la mueva
inmediatamente antes de que ocurra algo peor. El dolor avisa y nos motiva a
la acción. Esa es también la función de la ira. Al igual que la luz roja en el
tablero del coche, la ira le notifica de una necesidad.

La ira es como un dedo índice extendido señalando (notificando) que hay


una necesidad. ¿Por qué esto es tan importante? Si la ira nos notifica de la
necesidad, nos motiva a reconocer el delito u ofensa. Si no se reconoce el
delito u ofensa, no podemos identificar al infractor u ofensor. Si usted no
identifica claramente al delincuente, al ofensor, no podrá dar el próximo
paso difícil y duro pero necesario que es el paso del perdón.

Pero no puedo olvidar

Durante años mi madre recibía cada mes facturas de las empresas de


tarjetas de crédito, indicando el saldo de la deuda que mi padre había
contraído. Mi madre las fue cancelando fielmente durante todos esos años.
Los saldos pendientes de pago eran recordatorios dolorosos. No obstante,
estas facturas mensuales traían al recuerdo las heridas emocionales que aun
no se curaban.

Fui testigo del dolor de mi madre y lo sentía como si fuera mío. Buenos
amigos, sinceros y honestos me estuvieron aconsejando durante años con
frases tales como: “solo tienes que olvidarte de él. Si realmente has
perdonado a tu padre, podrás olvidar lo que te hizo”. Muchos versículos en
la Biblia establecen claramente que Dios olvida nuestros pecados (Jer.
31:34; Sal. 103:12; Mi. 7:19; He. 10:17) los perdona y no se acuerda más de
ellos. Lo que la gente no logra entender es que un Dios Omnisciente no
pueda olvidar. En lugar de esto, cuando Él perdona se propone no
recordarlo de nuevo para usarlo en contra nuestra (2ª Co. 5:19).

Cuando la familia, los amigos, empleados u otros fallan en el cumplimiento


de sus responsabilidades legítimas, nos duele. No, es verdad que usted
nunca lo va a olvidar, pero tiene que permitirle a Dios que haga lo que usted
no pude hacer.

Si mi padre hubiera enderezado sus caminos a tiempo, reconocido sus fallos


causados por el alcoholismo y dedicado el resto de su vida a mí, no viviría
lo suficiente como para restituir el daño causado. El perdonar no es esperar
devolución. El perdonar es renunciar a toda reclamación. Se debe restituir
cuando sea posible, pero la restitución no es perdón. ¿Qué persona es capaz
de pagarle a Dios por todo lo que ha perdido debido a la rebelión y el
pecado? (He. 10:4).

Nuestro Señor Jesucristo murió en una cruz para pagar por el pecado del
mundo (Ef. 2:16; Fil. 2,8) y satisfacer la demanda de Dios para justicia, no
para devolver a Dios todo lo perdido por nuestro pecado. Hubo pérdidas de
alabanza, adoración, del dulce aroma de nuestras oraciones, gloria y acción
de gracias. Las expresiones de alabanza resonarán en el cielo por toda la
eternidad por todos aquellos que reciben el perdón de Dios por sus pecados.
Pero una eternidad de elogio no alcanza para compensar la pérdida de Dios
en el tiempo.

Mi padre merecía ser castigado por su pecado incalculable en contra de


nuestra familia. ¿Cómo podría pagar por su irresponsabilidad? Insistir que
mi padre “pagara” por sus pecados es un pago doble porque Jesús había
pagado el precio de sus pecados. ¡Doble pago no es justicia! La justicia fue
totalmente satisfecha y consumada en la cruz (2ª Co. 5:21). Cristo pagó la
factura de mi padre por su irresponsabilidad. “Pero Él (Jesús), habiendo
ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la
diestra de Dios” (He. 10:11-12). Ahora yo debo darle a mi padre lo que
Dios me ha dado a mí un perdón pleno que sale del corazón (Mt. 18:21-
35).

La irresponsabilidad es algo serio


La charla familiar que habíamos tenido en la habitación de mi hermano
había sacado a relucir una cosa: si nosotros no trabajábamos, no
comeríamos. Mi padre estaba absorto en sus propios antojos y podíamos
perder nuestra modesta casa, morirnos de hambre, enfermarnos e incluso
morirnos. A él no le importaba. ¿Cómo lo sé? Pues por el hecho de que
durante los siguientes diez años lo único que recibimos de él fue una simple
tarjeta de cumpleaños. Mi padre se había dado cuenta desde hacía tiempo
que mi madre era una persona responsable; así que si ella era responsable.
¿Por qué tendría él que serlo? Mi padre no se presentó en ninguna de mis
graduaciones de secundaria, de la universidad ni en post grados. Años
después, cuando lo localicé, lo llevé a mi ceremonia de entrega de
diplomas. Ni siquiera estuvo en mi boda ni el nacimiento de mis hijas.

Cuando aconsejo a otros que han experimentado pérdidas similares o aún


peores, me hacen la siguiente pregunta: ¿Dónde estaba Dios cuando todo
sucedía? La respuesta es simple pero no fácil de aceptar. Dios estaba con
nosotros. Su nombre, Emmanuel, significa “Dios con nosotros”; pero si
“Dios está con nosotros”, razonan, “¿Por qué no detuvo las experiencias
dolorosas?”. Normalmente Dios no detiene la causa y efecto del pecado, así
haya sido cometido por nosotros o contra nosotros. Sólo pregúntele al
apóstol Pablo.

El apóstol Pablo experimentó aflicciones, dificultades, angustias, palizas,


encarcelamientos, hambre, naufragios, robos y lapidaciones (2ª Co. 6:4-5;
11:23-28). Si alguien debió haber cuestionado el poder protector de Dios,
debería haber sido él. Pero el apóstol Pablo sabía de lo mismo que Dios le
había revelado al apóstol Pedro: "Si cuando haces lo que es correcto y sufrís
por ello, lo soportáis con paciencia, esto halla gracia para con Dios. Porque
tú has sido llamado para este propósito pues también Cristo sufrió por
vosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas "(1ª Pe. 2:20,21).
Hemos sido llamados por Dios para sufrir. El no reconocer y aceptar esta
realidad bloqueará al creyente en una prisión de ira y amargura que resulta
en depresión y una serie de problemas físicos.

Otra pregunta que surge es: "¿Se molesta Dios al ver a la gente actuando de
manera negligente en sus irresponsabilidades? Casi pareciera que a él no le
importa. “¡Buena pregunta!” El corazón de Dios es claro en cuanto a la
gravedad de las irresponsabilidades. “Pero si alguno no provee para los
suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un
incrédulo” (1ª Tim. 5:8). La frase “negado la fe” no significa que ya no es
cristiano. Se trata de la apostasía de la negligencia; el que falla en cumplir
con sus responsabilidades familiares socava cualquier derecho personal de
conocer a Dios. Se convierte en una negación directa de la fe en Dios. La
irresponsabilidad es grave.

Incluso el apóstol Juan cuestionó el amor que un creyente tiene hacia Dios
si es irresponsable respecto a las necesidades de su familia espiritual.: “Pero
el que tiene bienes en este mundo y ve a su hermano tener necesidad y
cierra contra él su corazón, ¿Cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos
míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (1ª
Jn. 3:17-18).

Entonces, ¿cómo puede una persona que profesa conocer a Dios ser peor
que un incrédulo? Al evitar, eludir, ignorar o rechazar la responsabilidad de
satisfacer las necesidades de su familia. Incluso los que no son cristianos en
general comprenden y cumplen con sus responsabilidades familiares.

Las palabras “proveer para” significa literalmente “pensar en lo que hay


adelante, proveer anticipadamente para lo que pueda necesitarse en el
futuro”. Esto es lo que el alcohol y otras sustancias alteradoras de la mente
producen: la mente se embota. El adicto permite que la euforia de la droga
reemplace las necesidades manifiestas de la familia. Tristemente, la mayoría
de alcohólicos de consumo prolongado o los que abusan de las drogas
necesitan utilizar eventualmente las drogas de su elección para sentirse
normales de nuevo. El anzuelo del placer los atrapa en una lucha por
sobrevivir. En la medida en que Dios desprecia a los adultos egoístas e
irresponsables provee la única respuesta santa para aquellos que sufren las
consecuencias de sus actos: perdonar.

Que no es perdón

Nosotros confundimos muchas cosas con el perdón. Uno podría decir:” Yo


no dejo que las heridas me molesten más”. Muy bien pero no dejar que
molesten no es perdón. Es negación. Cualquier recuerdo doloroso que sale a
la superficie se sumerge de nuevo en la celda de la negación. Usted intenta
negar el dolor suprimiendo el pasado, mientras éste sigue merodeando
alrededor buscando maneras más creativas para salir a flote. De esta forma,
tiene que dedicarle mucha energía para mantenerlos bajo llave y ocultar la
realidad.

“Yo puedo comportarme civilizadamente con la persona que me ha herido”.


Ser civilizado es una forma de tolerancia. La tolerancia es una cualidad
admirable si es utilizada de una manera saludable. Pero practicar tolerancia
no es perdonar.

“Yo trato de tener una buena actitud”. Se puede endurecer las emociones,
dar una sonrisa falsa y llamar a eso perdón. Uno de los problemas al usar
esta estrategia es que se necesita una gran cantidad de energía emocional
para mantener la fachada. Al tratar de ocultar o negar un espíritu de
amargura, puede filtrarse a través del sarcasmo comentarios críticos.
Personalidades agresivas pasivas han dominado esta hipocresía actuando
como alguien que no son, exteriormente feliz pero por dentro heridos y
amargados.

“Yo simplemente lo paso por alto”. Hay momentos que debemos hacer esto
(Pr. 19:11) pero usualmente pasar por alto no es lo mismo que perdonar.
Dios no pasa por alto el pecado. Si hay alguien que pudiera hacerlo sería El,
que sabe que no somos más que polvo (Sal. 103:14) y que volveremos a
pecar. Su carácter santo no Le permite “sólo pasarlo por alto”; así que el
pecado debe manejarse de forma bíblica consistente con el carácter de
Dios y Sus caminos.

“Pasar por alto” las heridas es una manera de evadir las consecuencias
potenciales y la energía emocional de la pérdida. Si no manejamos
bíblicamente las ofensas, le robamos a Él la Gloria y carecemos del poder
de Dios para llevar a término el cierre de cara a la libertad (Mt. 5:16). La
persona irresponsable puede interpretar ese “pasar por alto” como un
permiso para continuar con su creciente conducta narcisista. Esta es otra vía
de autorizar al irresponsable a seguir actuando así.

“Yo supongo que también he hecho algunas cosas malas”. No hay duda que
usted ha cometido fallos y necesita reconocer y confesar su pecado y recibir
el perdón (1ª Jn. 1:9). Ese es su círculo de responsabilidad. Con frecuencia,
el poder de la reconciliación se libera sólo cuando admitimos nuestros
propios errores y pecados en nuestras relaciones. No obstante, es
igualmente importante reconocer los pecados de los demás en contra suya
y a su tiempo y darles el don del perdón por cada uno de ellos. Si usted no
admite en sí mismo los errores de los que ellos son responsables, no podrá
darles la gracia perdonadora de Dios y se quedará estancado en su camino,
en vez de ser libre de seguir adelante con su vida. Aquellos que le han
fallado por su irresponsabilidad necesitan ser perdonados de la misma
manera que lo hacemos por nuestros errores (Mt. 6:12). Equilibrar las
ofensas no es perdonar, es evitar el duro trabajo del verdadero perdón.

¿Qué significa perdonar?

El significado básico de la palabra perdón es “enviar lejos.” Una pregunta


muy práctica puede ser, “¿A dónde envío a la persona irresponsable y su
pecado?” El apóstol Pablo toma la escena de la ejecución romana para
explicar a los creyentes colosenses cómo están muertos en sus pecados y
ahora son vivificados con Cristo (Col. 2:13-14). ¿Cómo se logra esto?
“Después de haber perdonado todas nuestras transgresiones...” “Después de
haber cancelado el documento de deuda con decretos contra nosotros.”
¿Cómo cancelamos nuestra deuda de pecado? “Él la ha quitado de en medio
(“enviado lejos”), clavándola en la cruz.” Jesús pagó la deuda que no
podíamos pagar. Debemos enviar el pecado a Jesús para que lo clave en la
cruz, lugar al que pertenece.

Enviar lejos el pecado, no es taparlo. Tapar el pecado fue lo que Susana


hizo con la ofensas de su esposo. Le expliqué a Susana que perdonar no
significaba negar u olvidar los pecados para ser cordial con el ofensor o
esforzarse para que el pecado no dañase lo mejor de ella. Recuerden que la
animé para que dejara a Jerry en la cárcel de Jesús; primeramente que
nombrara cada uno de los pecados de Jerry y los enviara al Señor Jesús para
que los clavara en la cruz donde había muerto de una forma tan cruel. Como
la venganza está dentro del círculo de responsabilidad de Dios (Ro. 12:19),
enviamos a Jerry a Jesús. Lo sacamos de la prisión de nuestro propio
corazón y lo ponemos en manos del Señor para que Él haga lo que crea que
es mejor. De cualquier forma, Jerry y el pecado que arrastra de
incumplimiento de sus responsabilidades son transferidos al Salvador, de
forma que ahora está en el anzuelo de Dios.

El perdón nunca quitará los recuerdos. Nunca olvidaré el abandono de mi


padre. Su presencia brilla por su ausencia en todas las fotos de la familia.
Ahora bien, el perdón afortunadamente reduce en gran medida el dolor
emocional y el control posterior de esos recuerdos. La memoria es un
producto químico y una función electrónica de mi cerebro, no de mi
espíritu. Funciona en lo físico, no en el reino espiritual. Eso nos lleva a otra
pregunta. ¿Qué hago con los recuerdos de los que me fallaron por su
irresponsabilidad?

El perdón y la memoria

El perdón se ocupa del aspecto judicial de las responsabilidades no


cumplidas por los demás. Pero la memoria y sus consecuencias involucran
otra función de nuestra voluntad – aceptación.

La aceptación no se produce fácilmente. No lo fue así para Susana. La


mayoría de las jovencitas sueñan con que algún día se casarán y tendrán su
propia familia. La mujer puede sustituir otros llamados, metas o fantasías
que no incluyan el matrimonio. Pero cada mes su cuerpo le recordará una
función.

Susana quería ser esposa y madre, ser amada y apreciada. Se imaginó vivir
con alguien que quería estar con ella, un amigo, compañero, amante…su
alma gemela. Uno que pudiera vivir dentro de la alianza del matrimonio
hasta que "la muerte nos separe." Ahora ella se retira a su habitación sola,
asiste a los eventos familiares sola con sus hijas, vive sola en un mundo
rodeado de parejas. Susana levanta, ella sola, a sus tres hermosas hijas,
toma las decisiones de disciplina por sí sola. Ella camina con Dios, que a su
vez Se encuentra con ella en sus puntos de necesidad. Sin embargo, la
pérdida tan dolorosa que ha sufrido está siempre presente. La ruptura de un
matrimonio y de la familia produce tristeza, exactamente igual que la
pérdida por muerte. Amigos que han transitado ambos caminos, el del
divorcio y el de la muerte de un ser querido, me dicen que el divorcio es
difícil y el cierre mucho más difícil.
Trabajo a través del duelo

El duelo por la ruptura de un matrimonio o por cualquier otra pérdida


relacional es similar a las etapas del dolor que se vive como resultado de la
muerte. La primera etapa es la negación, y Susana la pasó al tener a su
tercer hijo, en la misma cama del hospital. Es como ver una película de sí
mismo y no poder detenerla; así lo expresan y lo sienten muchas mujeres
mientras me lo dicen derramando sus lágrimas. Dicen que se sienten como
si le estuviera pasando a otra persona. “¡No voy a dejar que esto suceda!”.
“No voy a aceptar esto”. “Esto no me está pasando. Me voy a despertar y
descubriré que esto es toda una pesadilla”. Ellos tienen razón en una cosa:
es como un sueño, sólo que es una verdadera pesadilla. La presencia física
de la “otra mujer” de pie en la puerta de la habitación del hospital de
Susana, le abrió los ojos a la realidad.

Cuando el dolor de la realidad se establece finalmente, llega la segunda


etapa del dolor: la ira. Eso es normal y te hace sentir la realidad de la
pérdida; te ayuda a identificar a aquellos que te han herido por no haber
cumplido con sus responsabilidades. La ira desencadena la tercera etapa del
duelo: el pensamiento mágico. “Si yo me hubiera esforzado más para
complacerlo, estoy segura que él no me hubiera abandonado; si hubiera sido
una buena compañera sexual, si hubiera bajado de peso, cambiado el color
de mi pelo, él hubiera estado muy contento conmigo”.

A menudo, junto con el pensamiento mágico viene la tercera etapa del


dolor: la negociación. "Voy a cambiar para detener esta pesadilla." Con
frecuencia Dios es el objeto del proceso de negociación. "Oh Dios, te
serviré fielmente. No he caminado contigo tan de cerca como debiera. Me
comprometo a leer, orar, ser testigo, ser humilde. Voy a hacer todo lo que
digas para salvar mi matrimonio”. La negociación con Dios es en realidad
una forma de manipulación. Nosotros tratamos de manipular a Dios en la
restauración de nuestras pérdidas.

Ahora viene la cuarta etapa del dolor: la tristeza. Esta es una emoción que
normalmente ninguno de nosotros desea sentir. Nos envuelve como en una
densa niebla gris. Sin embargo, la tristeza es normal y a la vez, una emoción
saludable que nos visita. La verdadera tristeza se irá disminuyendo poco a
poco, hasta llegar a un nivel manejable.
Nos puede tomar de seis meses a dos años después de una pérdida
importante antes de llegar a la quinta y última etapa: la aceptación. El
perdón puede realizarse durante el proceso del dolor en alguna de las cinco
etapas, aunque normalmente viene después de la negación y antes de la
aceptación.

Uno puede experimentar la aceptación en al menos una de dos maneras.


Susana puede aceptar la traición de Jerry en la amargura; puede seguir con
su vida, controlada por la amargura. Seguro que hemos oído la frase, "pasó
a la amarga derrota”, que significa que la persona acepta su derrota pero
sólo en la amargura. Ese sería el plan "A". Hay un plan "B" que fue el que
Susana eligió, el perdón.

Parte de nuestra consejería incluye la oración. Estas son oraciones


profundamente emocionales y únicas. Desde que Susana eligió el plan “B”
escogió perdonar, y por eso ora para transferir a Jerry a la cárcel de Jesús.
Ella llegó a imaginarse a nuestro Señor clavando los pecados egoístas de
Jerry en la cruz. Así fue como ella lo dejó en libertad. Fue difícil, sí, pero lo
más difícil viene a continuación. Escuche su oración:

“Querido Padre, yo…Yo voy a hacer la cosa más difícil que haya tenido
que hacer en mi vida… como un acto de mi voluntad porque no me siento
capaz de hacerlo. Yo ahora acepto completamente las consecuencias del
pecado de Jerry contra mí. Yo incluso, como una acción de mi voluntad, te
doy las gracias por ellos”. Ella sollozó. Lo había dicho y hecho. Había
terminado y era libre.

¿Por qué escogió orar de esta manera? Susana sabía algo que era obvio
aunque con frecuencia se pasa por alto o es olvidado y es que, lo aceptara o
no, ella iba a vivir con las consecuencias de su divorcio.

Mi querida madre tuvo que pagar las tarjetas de crédito de mi padre


ausente, le gustara o no. La bancarrota no era una opción aceptable para mi
madre. Se crió en una pequeña granja en Indiana con otros diez hermanos.
Ella aprendió que supervivencia significaba cooperación, y cooperación
significaba cumplir con las responsabilidades. Ahora la supervivencia de la
familia dependía de esa cualidad del carácter que había aprendido
cumpliendo sus responsabilidades, no siendo irresponsable.
Me gustaría contarles que mi madre siguió el ejemplo de Susana al
perdonar, aceptar y recibir libertad, pero no fue así. De hecho, tuve que
aprender a perdonar a mi madre y aceptar las consecuencias de su respuesta
llena de amargura hacia nosotros, ante la irresponsabilidad de mi padre. Ella
solía redirigir su ira en contra nuestra.

Susana, mamá y yo teníamos poco o ningún control sobre lo que nos había
pasado. Pero sí tenemos todo el control del mundo en la forma en que
respondemos a lo que nos sucedió. Nuestra respuesta es potencialmente más
perjudicial para nosotros que lo que otros nos hicieron. Puedo optar por
vivir de acuerdo con el perdón en un lugar de bendición o en una prisión
llena de amargura.

El perdón nunca depende de respuesta alguna por parte de los ofensores.


Nuestro Señor Jesús no esperó ni pidió permiso para otorgarnos Su perdón:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34b). Él nunca
añadió condición para el perdón, tal como: “Padre, perdónalos si ellos
reconocen que están haciendo mal y se arrepienten”. Esto no generó un
cambio en los guardias romanos, ni arrepentimiento por darse cuenta de lo
que habían hecho. Estaban más preocupados por quién se quedaba con su
túnica sin costuras. Muchas veces me he preguntado lo que ese soldado hizo
con la túnica de nuestro Señor después de ganarla en un juego de azar.
¿Acaso ignoró la oferta del Señor de un manto de justicia por una túnica
temporal de color? De haber recibido el perdón que Jesús ofrecía, ¡qué
diferente hubiera sido su vida en el tiempo y la eternidad!

Ninguno de los que ejecutaron a Esteban apedreándolo se arrepintió


después de haberlo matado. Lucas lo relata de esta manera. “Y puesto de
rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado.
Habiendo dicho esto, durmió.” (Hch. 7:60) Esteban hizo lo correcto, sin
tomar en cuenta la respuesta de quienes lo mataron.

La mayoría de nosotros, intencionalmente, le damos las llaves de nuestra


libertad a aquellos que nos han herido más profundamente, esperando que
un día cambien, se arrepientan, lo lamenten o digan: “yo estaba equivocado
y ahora comprendo tu dolor”. En la mayoría de los casos esto no sucede.
Ellos nos hieren por su inmadurez y su egoísmo y no espere que, en su
actual forma de pensar, reconozcan humildemente. Lo que cuenta es que
estemos profundamente agradecidos a Dios si la confesión y el
arrepentimiento llegan a acontecer. De cualquier manera, aceptemos la
pérdida y sigamos caminando en libertad. El perdón y la libertad no
necesariamente restauran la confianza.

El perdón y la confianza

El ex-esposo de Susana pretendía que, tras el divorcio, su vida tuviera cierto


parecido a la normalidad. A él se le presentaba una nueva vida, nueva
esposa y frecuentes visitas a sus hijas con privilegios. Dado que Susana era
cristiana su razonamiento era: ella me perdonará, olvidará y confiará en mí
otra vez. ¡Mal! ¡Estaba equivocado!

La confianza y el perdón no son lo mismo. El perdón es lo que otorgamos,


independientemente del comportamiento del irresponsable. La confianza es
lo que el ofensor tiene que ganar (Pr 18:19). Susana había atravesado una
dura lucha para poder perdonar. Esto formaba parte de su círculo de
responsabilidad. Pero las mentiras frecuentes y engaños de Jerry habían
sembrado un campo de desconfianza en ella y en ese mismo estilo de vida
egoísta continuaba sin hacer nada para reconstruir la confianza que él
mismo había quebrantado.

Por obediencia al Señor, Deidra perdonó a Keenan de haber tenido sus


prioridades cambiadas y, egoístamente, haberse centrado en su necesidad de
aprobación a expensas de ella sus cinco hijos (Ef 4:32). Ahora ella tenía que
comenzar lentamente a abrir su corazón con él de nuevo, mientras que él
tenía la responsabilidad de reconstruir su confianza, centrarse en su papel
como esposo y padre.

Dios reconoce que este paso no es fácil. "Un hermano (o esposa) ofendido
es más tenaz que una ciudad fuerte..." (Pr 18:19). Puede que ahora y más
adelante se produzcan algunos deslices; pero reconocerlos con humildad
favorece el proceso de reconstrucción de la confianza.

Deidra sintió el cambio genuino del corazón de Keenan y comprobó el


esfuerzo extra que realizó en su relación con ella. Igualmente tuvo que
remover, ladrillo a ladrillo, la pared protectora que había levantado
alrededor de sus emociones. Ahora ella tenía que aprender a confiar y a
sentir de nuevo. Y realmente lo hizo.

Steve y Amanda tuvieron que comenzar de nuevo desde el principio para


perdonar y reconstruir la confianza del uno hacia el otro. Ambos tuvieron
que pedir y recibir perdón debido a que cada uno le había sido infiel al otro.
Lo hicieron y a partir de estos errores corregidos, ahora dirigen talleres para
matrimonios en su iglesia.

Es importante recordar que el perdón debe otorgarse lo más pronto posible


(Ef. 4:26), mientras que la confianza es algo que se gana y toma tiempo en
desarrollarse. Esta es la razón por la que el perdón en sí mismo no significa
la automática restauración de la relación.

El perdón y la restauración

El padre de Shelia se la pasaba borracho casi todas las noches. Como


sucede con la mayoría de los adictos tenía una doble adicción. Las
adicciones del alcohol están usualmente ligadas con las del sexo. A ellos
nos les preocupa con quien tienen sexo, incluso si es con sus propios hijos.
Esta era justamente una de las cicatrices que Shelia tenía. Sus padres se
habían divorciado y su madre se había casado de nuevo con un hombre que
abusaba físicamente de ella. El pavor que producía las peleas con un
alcohólico había sido reemplazado por el miedo a ser abusada físicamente.

El padrastro de Shelia tenía la paranoia de que su madre vivía un romance.


Si ella llegaba unos minutos más tarde de su trabajo, él la golpeaba sin
misericordia, teniendo que rendir cuentas por cada minuto de su tiempo. A
veces, la madre de Shelia descargaba con sus hijos el abuso sufrido. De esta
forma, cada noche los niños planeaban qué era lo que iban a hacer si su
padre volvía a maltratar a su madre o si su madre venía a maltratarlos a
ellos.

Cuando Shelia llegó a ser adulta, la conducta abusiva del padrastro y la


madre se volvió más sofisticada, siendo más verbal que física. El padrastro
nunca se hizo responsable de su conducta: “ella me hizo hacerle eso”; su
madre hizo lo mismo: “Si no fuera por ustedes, hijos, yo no me vería en la
necesidad de hacerles esto”. Culpar a los demás era la regla del día.
Ninguno de los adultos asumía la responsabilidad de sus conductas.

Shelia conoció a Cristo como su salvador personal y con el pasar del tiempo
fue capaz de enfrentar honestamente el pecado de sus padres y perdonarlos.
Aunque aún no tiene una relación completamente restaurada con ellos
quiere tenerla, pero todavía hay razones que lo prohíben.

En primer lugar, su madre y su padrastro aún la atacan e intentan abusar de


ella verbal y emocionalmente. En sus propias palabras, Shelia dice que ellos
son “las personas más peligrosas para mi vida”, no sólo física sino
emocionalmente también.

Surge una pregunta… si Shelia los ha perdonado, “¿Por qué no pueden


relacionarse?”. El perdón establece un fundamento para edificar la relación
pero en sí mismo no es la estructura; así como nuestra salvación es el
fundamento de nuestra experiencia cristiana, no es el todo de nuestra vida
cristiana. El apóstol Pablo clarificó la diferencia entre su rol como
evangelista y el rol de aquellos que instruían y discipulaban a los nuevos
creyentes. “Conforme con la Gracia de Dios que me ha sido dada, yo,
como perito arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica encima…” (1ª
Co. 3:10a). La salvación es la base. Cómo crecemos y nos relacionamos con
Dios y entre sí determina el tamaño, la forma y la calidad de las relaciones
que estamos construyendo.

Shelia comenzó el proceso de reconstruir puentes con sus padres, pero el


ataque emocional continuaba. El constante comportamiento ofensivo,
abusivo no construye confianza en ningún tipo de relaciones. Los padres de
Shelia, no sólo continuaban hiriéndola, sino que tampoco tomaban alguna
iniciativa positiva para restaurar la confianza. El error está en pensar que
perdonar y confiar es lo mismo, cuando no lo es. Los padres de Shelia no se
hacían responsables de su conducta. El poder de la confianza mutua sólo se
libera cuando se toma la plena aceptación de la responsabilidad. La madre
de Shelia decía repetidamente: "tu estas así por ti misma”. Sus padres se
negaban a asumir la responsabilidad de la ruptura de la relación, diciendo
que Shelia tenía toda la culpa, mientras que ellos no habían hecho nada
malo. El apóstol Juan describe este tipo de negación de la siguiente manera:
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la
verdad no está en nosotros.” (1ª Jn. 1:8). El continuo auto engaño restringe
el poder personal que se necesita para reedificar cualquier relación
significativa.

Algunos podrán razonar que si Shelia perdonó realmente a sus padres podía
olvidar el pasado y pasar por alto el abuso presente. Esto es una idea tan
absurda como el asumir que si mi vecino viola físicamente a mi hija, yo le
pruebo la sinceridad de mi perdón, y expongo a mi hija de nuevo a su
violador. ¿Tendría que perdonarlo? Sí. El perdón yo se lo otorga pero la
confianza tiene que ganársela él.

El perdón no exime al ofensor de las consecuencias de su error. Pocas veces


ocurre que, después de la restauración, Dios une la relación de una manera
que resulta mejor que antes. Usualmente no sucede.

En relación al poder de la responsabilidad personal sí os puedo adelantar


una muy buena noticia que recibí justo antes de terminar este libro, y es que
la mamá de Sheila se ha doblegado emocionalmente a sí misma y ahora se
está comunicando con Sheila como una persona adulta. El abuso verbal ha
cesado y creo firmemente que esto se debe en parte a la fidelidad constante
de Shelia en cumplir con su responsabilidad en pro de la restauración de la
relación.

Los esposos con frecuencia me dicen: “¿Por qué no me acaba de perdonar y


seguimos adelante?” Tienen dificultad para comprender que el perdón se
puede conceder de inmediato, pero que la confianza tomará su tiempo. Ella
le concede el perdón, él gana la confianza. Los hombres tienden a querer
tanto como sea posible pequeñas consecuencias de su comportamiento.
Pero la vida no es así. Se necesita tiempo para lograr la sanidad emocional.

Los maridos pueden procesar sus errores a 100 kilómetros por hora,
mientas que sus esposas procesan sus heridas a 10 kilómetros por hora.
Cuando el apóstol Pedro compara a la mujer con un “vaso frágil” (1Pe. 3:7),
se está refiriendo a la cualidad física de un valioso y delicado vaso que debe
ser tratado con delicadeza y que se maneja con gran cuidado. De ninguna
manera esto implica que la mujer es inferior a su esposo. A los esposos se
les encomienda dar:“… honor a la mujer [esposas],… como coherederas
[iguales] de la gracia de la vida”. El apóstol advirtió a los hombres que si
no tratan a sus esposas con amor, consideración y respeto amoroso, no
esperen que sus oraciones sean respondidas.

En contraste, las mujeres tienden a ser más perdonadoras que los hombres,
porque su mayor deseo es tener una relación con ellos. (Gn. 3:16) La
restauración mutua y los cambios están en proporción directa con los
cambios que hacemos en nuestras actitudes y comportamiento.

En algunos casos, el hombre restaura su relación con Dios y hace grandes


cambios en su matrimonio, pero su esposa puede permanecer atrapada en su
amargura y puede hacer algo peor que eso.

Manipulación con amargura

Buck era un granjero trabajador, vendedor de carros a medio tiempo, dueño


y gerente de una compañía de Bienes Raíces. Trabajo y dinero eran sus
dioses. Después de unos difíciles meses de consejería, Buck hizo grandes
cambios en su comportamiento y actitudes, pero su esposa Ginger se
rehusó a reconocerle algunos de ellos –aunque ella los había reconocido en
sus sesiones de consejería conmigo. Ginger tenía una estrategia muy
sencilla: “Si yo reconozco e incluso celebro su crecimiento, él dejará de
intentarlo”. Se había propuesto manipularlo a través de su amargura,
comportamiento que es contrario a la forma de actuar de Dios.

El escritor de Hebreos describió la responsabilidad de Ginger de esta


manera: “antes bien, exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que
se dice “Hoy”, para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del
pecado” (He. 3:13). Buck se había esforzado mucho para restaurar la
confianza de Ginger. Sin embargo ella se mantenía en su determinación de
no ofrecerle su confianza. El cumplió sus responsabilidades pero ella no
cumplió la suya que consistía en saber reconocerlo y animarlo por los
cambios realizados.

Dios ha creado un mundo que se mueve por la ley de causa-efecto y ello


incluye las relaciones. Lo que sembramos es lo que cosechamos (Gá. 6:7).
No obstante, Dios es rico en misericordia y compasivo con nosotros.
Recibimos más gracia de Él que lo que merecemos. Frecuentemente
fallamos al ofrecer esa misma dosis de perdón a los demás. Dios siempre
nos da el deseo y el poder de perdonar, pero podemos resistirnos a utilizar
este recurso. El no nos creó como robots sin consciencia. Perdemos si no
respondemos a sus disposiciones para sanar la relación y solucionarlo. Por
lo tanto, si una relación es restaurada o no, siempre dependerá de si
ponemos de nuestra parte para restaurarla a través de la herramienta del
perdón.

El propósito del perdón

Finalmente en la primavera de 1961 encontré a mi padre. Estaba viviendo


en San Diego y había dejado el alcohol hacía algunos años atrás. Lo llamé y
tuvimos una conversación muy placentera aunque superficial. Le dije que
mi esposa y yo íbamos a tener nuestra primera hija y organizamos una
visita. Nos fue bien y continuamos esporádicamente viéndonos.

Varios años más tarde nuevamente invité a papá a visitarnos y


amablemente aceptó; pero no sabía lo que nos esperaba a los dos. Antes de
su visita, Dios ya me había hablado que tenía que pedirle perdón a mi padre
por haberle robado tres dólares de plata de colección cuando sólo tenía diez
años de edad. Nunca olvidaré esa lucha. Por entonces, era pastor de jóvenes
en una iglesia grande y como tal, pedir perdón por mis pecados, ofensas y
errores se había convertido en una práctica común durante años. Pero
cuando Dios me impulsó a pedir perdón a mi padre por aquel robo de
“menor importancia” de la niñez, no podía creerlo y me estaba resistiendo
de forma rebelde a sus impulsos, razonando: “El me robó mi niñez, falló
como padre en todos los aspectos y… ¿se supone que debo humillarme y
pedirle que me perdone por haber robado tres insignificantes dólares de
plata?” Mientras más se acercaba la fecha de la visita de mi padre, más
fuerte era el impulso. Nunca antes había sentido una convicción de pecado
tan fuerte y una urgencia tan grande del Espíritu Santo por confesarlo.

La visita de mi padre estuvo bien. Fue ese hombre jovial que había
conocido. Estando sobrio, mi padre tenía la mejor personalidad que uno
pudiera esperar.

La visita se estaba terminando; se hacía tarde y tenía que conducir un largo


camino a su casa. Dijo adiós a Linda, mi esposa, y a Deede, nuestra hija.
Lo acompañé a su coche en el lado de la acera. Estaba anocheciendo y las
luces de la calles se acababan de encender. Era el momento. Tenía que
hacerlo. Sentí que tenía dos opciones: hacerlo o hacerlo. Entonces se
produjo una pausa en la conversación: “Papá - comencé lentamente- Dios
me ha llevado a preguntarte algo. ¿Te acuerdas de la colección de monedas
que tenías en el primer cajón de tu cómoda?” Entonces se quedó pensativo
rebuscando en su memoria. “Bueno, yo robé tres dólares de plata de allí
para ir a la feria de mi escuela primaria y… me pregunto si puedes
perdonarme por haberlos robado”

Los años habían sido muy duros para mi padre. Tal vez sería más exacto
decir que él había sido duro consigo mismo durante años. Estaba viejo,
cansado, agotado e incluso parecía más bajo de estatura de lo que
recordaba.

Agachó la cabeza y comenzó a sacudirla de lado a lado mientras levantaba


sus dos manos para agarrar mis hombros. Comenzó a sollozar. Ahogado
entre lágrimas y suspiros, me dijo con estas palabras: “Hijo, ¿Me puedes
perdonar por todo lo que yo les hice a ustedes?” “Sí,” dije en voz baja
ahogándome también en mis propias lágrimas. “Lo hice hace años. Yo te
perdoné”. Padre e hijo nos fundimos en un gran abrazo de oso. Esas trece
palabras titubeantes de mi padre acababan de lavar y de sanar largos años e
innumerables ocasiones en las que no me había sentido amado, sino todo lo
contrario, descuidado, abandonado y rechazado por él.

Con el rostro bañado en lágrimas como de una lluvia fresca de primavera, él


agarró mis hombros con fuerza otra vez, asintió dos veces y entró en su
coche. Me paré en la acera viendo los últimos rayos del atardecer naranja de
California. Fijé mi mirada al cielo, cerré mis ojos, y dije “Gracias.” Ahora
entendía la urgencia de Dios al hablarme de los tres dólares de plata que le
había quitado a mi padre.

Ese recuerdo se me quedó grabado como un sello y me ha seguido en los


últimos años y hasta hoy con varios propósitos. En primer lugar, refuerza
una disciplina en mi vida, obedecer a Dios, sobre todo cuando yo no
entiendo por qué. Literalmente, tiemblo cada vez que me imagino lo que
habría perdido si no hubiera obedecido a Dios al llevarme a confesar mi
delito juvenil. Yo no sabía que con el uso del poder de la obediencia en mi
propia vida, se abriría la puerta a la obediencia en la vida de mi padre. Me
enteré, años después, que papá se había convertido en cristiano nacido de
nuevo.

De esa experiencia obtuve un principio que me guía y da dirección cuando


estoy confundido. Ese principio es: cumplir tu círculo de responsabilidades
sin tomar en cuenta el incumplimiento de las responsabilidades de los
demás.

Creo que no existe una calculadora que pueda averiguar el número de veces
que me he preguntado a mí mismo “¿Cuál es mi responsabilidad?” y
entonces me digo “ahora hazlo”. Mi lema es “Sé fiel en medio de los fallos
de los demás”. Obedecer el principio de cumplir mi círculo de
responsabilidades me trajo a mi padre de vuelta. Soy la prueba viviente del
poder de la responsabilidad personal al restaurar relaciones fracturadas.

Si usted tiene dolor por causa de los errores de otros, le animo a escribir
detalladamente todo por lo que usted ha pasado. Sea honesto. Dígalo tal
como es. Dios nos da gracia sólo a través de la verdad.

Luego, hable con un amigo de confianza, su pastor e incluso un consejero y


pídale que ore con usted. Utilizando su lista, dígale a Dios lo que pasó y
cómo le duele. Dígale a El que ahora usted transfiere a los irresponsables al
Señor Jesús. Déjaselos a Dios. Usted merece ser libre. Finalmente, dele las
gracias por lo que El va a hacer en su vida y también en la vida de los
demás.

Usted no se merece estar llevando esta carga un día más. Transfiera a “la
cárcel de Jesús” a todos los que lo han herido por no haber cumplido su
responsabilidad y luego, camine como una persona libre.

Para algunos, recoger las piezas de Humpty Dumpty podría significar


intentar restaurar una relación que se ha roto. Para otros, puede significar
recoger las piezas rotas de sus propias vidas y seguir adelante. Pero todo
comienza con perdonar a aquellos que le han fallado a usted siendo
irresponsables.

**********
Hasta este punto le he estado animando a no asumir las responsabilidades
de los demás. Pero algunas veces esto no es realista. ¿Qué puede hacer si
usted debe llevar sobre sus hombros las responsabilidades que alguien ha
dejado de cumplir? Mi madre me enseño cómo hacerlo y sé que a usted
también le servirá.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿De qué manera le han fallado algunas personas al no cumplir sus
responsabilidades?

2.- ¿Cómo has reaccionado a sus actitudes irresponsables?

3.- ¿Has podido perdonarlos? De ser así, ¿De qué manera los ha perdonado?
¿Después de esto, se ha producido en ti algún cambio?

4.- ¿Cómo describes la forma de soltar perdón en tu pasado y tu proceso de


perdón en el presente?

5.- ¿Qué etapas del dolor ante la pérdida (luto) has experimentado en tu
vida? ¿Cómo has podido llegar a aceptar las pérdidas?

6.- ¿Qué le corresponde hacer al que te ha ofendido para reconstruir la


confianza perdida?

7.- ¿Cómo puedes mantener una relación con alguien que no ha restaurado
la confianza que él mismo quebrantó?

8.- ¿Hay alguien en tu corazón que permanece prisionero y que necesitas


perdonar?

9.- ¿Qué necesitas que haga Dios en tu corazón para dar el paso de fe hacia
el perdón?
10

¿POR QUÉ TENGO QUE SER YO EL RESPONSABLE?

El salón del banquete estaba repleto. El presidente del “All American Home
Center” se colocó en el estrado. Era el momento de rendir homenaje a una
empleada por sus años de fidelidad y diligencia en su servicio a la empresa.

¿Mirtle por favor, puede venir al estrado? dijo el presidente. En ese instante
vimos a una mujer activa, de 65 años de edad que se acercaba al maestro de
ceremonias. El reflejo de la placa de bronce resplandecía en el techo del
salón. En honor a tus veinticinco años de leal servicio en el “All American
Home Center”, afirmó el presidente, “Nos gustaría hacerle entrega de esta
placa en señal de nuestro agradecimiento y símbolo de nuestro gran
aprecio. Puedo asegurarles que, en sus 25 años de servicio, Mirtle sólo
había faltado tres días al trabajo”.

Sus compañeros de trabajo se pusieron de pie en una sonada ovación.


Nunca antes se había otorgado tal homenaje a un empleado, ni tampoco se
hizo después. Ella fue fiel hasta el final. Hoy en día está retirada.

El “All American Home Center” podía confiar en Mirtle.

Mi hermano y yo podíamos confiar en mi madre.

Han pasado más de cuarenta y cinco años desde la reunión familiar


mantenida en la habitación de mi hermano. La decisión que se tomó fue
hacer lo que se tenía que hacer para mantener la familia unida, a pesar de
que mi padre había abandonado totalmente a la familia. Él había soltado
toda su responsabilidad sobre nosotros y ahora nos correspondía asumir
todo. Ya no éramos la familia ideal.

El ideal quebrado

Dios diseñó la estructura familiar y, en ella, asignó a cada persona un papel


y una responsabilidad dentro de un perfecto balance. Un tremendo poder se
desata cuando los miembros de la familia cumplen al máximo sus roles y
responsabilidades. De ambos conceptos hemos hablado anteriormente.
Éstos representan un ideal, aunque muchas veces ese ideal se rompe. El
pecado ha entrado al mundo trayendo muerte y destrucción. (Ro. 5:12).
Alienación, separación, pérdida y dolor es el resultado. Así como las
cáscaras de huevo de Humpty Dumpty, las piezas de las relaciones
fracturadas, de los matrimonios hechos pedazos y los sueños rotos yacen
dispersos en el suelo. Todo lo que era significativo en la vida se ha roto.

Mi padre rompió en pedazos los papeles y el orden establecido por Dios


para la familia Lynch. El apóstol Pablo define el ideal de Dios de esta
manera:”…Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la
mujer, y Dios es la cabeza de Cristo.” (1ª Co. 11:3). Como cabeza de
familia mi padre fue decapitado por el alcohol.

¿Qué hacer cuando una de las personas importantes en la ecuación de la


familia ya no está allí? El ideal de Dios es el plan "A" Pero… ¿Qué es el
plan "B"?, ¿Qué ocurre cuando uno de los jugadores principales abandona
el campo y no regresa? ¿Qué hacer cuando, tras el divorcio, las parejas
amigas dejan de llamar para salir y socializar? Cuando los hijos se hacen
mayores hay momentos que la soledad inunda gran parte de la vida de la
persona que se ha divorciado. ¿Qué se hace cuando las paredes empiezan a
hablar con usted en el vacío de su casa?

Si los niños están todavía en casa, ¿a quién recurrir en busca de consejo


para compartir la disciplina, las pautas educativas, las necesidades de
recreación? Cuando algo en el hogar se avería, ¿a quién llamas? Si el coche
se ha estropeado o está fallando ¿quién te aconseja bien para pedir ayuda?
¿Cómo llegar fin de mes sin apuros económicos? ¿Cómo nos incorporamos
nuevamente al mercado de trabajo? ¿Quién va a cuidar de los niños? ¿Por
dónde comenzamos cuando los ideales están hechos pedazos?

Respuesta a los ideales rotos

Algunos cristianos escogen ministrar y aprender sólo de aquellos creyentes


que encajan dentro de los ideales de Dios, y a su vez no dejan a los que han
vivido la experiencia devastadora del divorcio ser parte de la enseñanza o
de algún ministerio espiritual. Algunos programas de la iglesia sólo se
ajustan al modelo original de la familia compuesta por mamá, papá y los
niños.

Este error ministerial está cambiando dentro del escenario eclesiástico,


aunque los movimientos se están sucediendo muy lentamente. Susana
puede atestiguar eso. ¿Dónde puede encajar ella en la iglesia, con tres hijas
y sin marido? ¿A qué escuela dominical debe asistir? ¿A qué evento social
le gustaría ir sin sentirse incómoda? ¿Dónde puede socializar sin que otras
mujeres se sientan incómodas al verse amenazadas por una mujer sola y que
está cerca de sus maridos? ¿Cuándo dejarán de condenarla por un divorcio
que no fue culpa suya? ¿Cuándo podrá dejar de dar tantas explicaciones del
por qué está sola?

El deseo de todos nosotros es que ninguna familia se divida. Eso es lo ideal,


pero desgraciadamente sucede. ¿Cómo vamos a ministrar a aquellos que
tienen que asumir grandes responsabilidades cuando sus ideales se han roto,
sobre todo cuando la elección no fue suya? Tristemente en muchos casos, la
iglesia, la familia y los amigos ven a otros que luchan con estas
responsabilidades y cierran sus ojos negando dicha realidad. Con
frecuencia, estas personas ven las consecuencias de la separación o el
divorcio como castigo de Dios y que eso es lo que se merecen.

Es cierto que Dios nos disciplina cuando desobedecemos: “Porque el Señor


al que ama, disciplina ” (He. 12:6). Muchas personas inocentes sufren por
los pecados de otros. Cuando Acán tomó el manto babilónico, doscientos
siclos de plata y un lingote de oro del botín olvidado durante la conquista de
Jericó se vino encima el desastre. Él no fue el único que sufrió las
consecuencias; treinta y seis hombres inocentes murieron innecesariamente
en la batalla de Hai. (Jos 7:5).Treinta y seis esposas y sus hijos fueron
arrastrados por la pérdida de sus esposos y padres a causa de la codicia
egoísta de un solo hombre.

Actualmente lo que vemos es a miles de esposas y esposos que decidieron


que no querían estar casados ya y simplemente se marcharon. ¿Qué
hacemos con estas familias abandonadas? ¿Quién debe ayudarles a asumir
responsabilidades?
Hoy día, con un 50 por ciento de los matrimonios “ideales” desintegrándose
en nuestros círculos religiosos no nos podemos dar el lujo de ignorar la
dolorosa realidad de las familias rotas. Podemos compartir su carga
ayudándoles a ver qué es lo que tienen que enfrentar ahora en su círculo de
responsabilidad y qué cosa es responsabilidad de la iglesia de Cristo.

Aceptar el ideal roto

Una cartera vacía y una alacena desprovista fueron los detonantes para
aceptar la realidad del ideal roto en la familia Lynch. Cuando uno acepta la
realidad de una situación difícil lo que sucede es absolutamente increíble.
Esta aceptación es el primer paso vital para seguir adelante y puede
convertirse en una plataforma poderosa de lanzamiento para desarrollar una
fe más profunda, una confianza y unos recursos que no éramos conscientes
de haberlos tenido anteriormente.

El esposo de Carolyn había sido pastor. Un día se fue de la casa y la dejó


con sus dos hijas. Nosotros la ayudamos a aceptar la realidad y trabajar con
la devastadora pérdida hasta que llegó un punto en su vida en el que
finalmente ella le dijo a Dios: "¿Y ahora qué?" Hasta ese momento, ella no
sabía cómo podría seguir adelante con sus dos hijas, proveer para la casa, el
automóvil, la ropa, la comida y el seguro médico. La escasa paga que su ex
esposo daba para las hijas no cubría sus necesidades básicas. Se sentía
impotente.

Así que la primera cosa correcta que hizo Carolyn fue clamar a Dios. Y Él
es fiel y creativo. Aunque Carolyn no tenía una educación universitaria,
porque voluntariamente había renunciado a obtener un grado, ya que su
marido quería que ella fuera ama de casa, le vino un pensamiento que la
inspiró: “Yo soy una buena ama de casa y la gente necesita tener su casa
limpia”. Así que se dispuso a hacer un par de llamadas y en menos de una
semana tenía dos casas para limpiar. Las buenas referencias le abrieron
otras puertas. Investigó los métodos de limpieza a nivel doméstico y
comercial e incorporó equipos que le permitieran el ahorro de tiempo. Las
demandas de servicio crecieron tanto que tuvo que empezar a contratar a
otras mujeres a su equipo de trabajo a causa de las crecientes peticiones
debido a su servicio de calidad.
Meses después me la encontré en una reunión social y me habló de su
negocio. Me entregó unas tarjetas de presentación con esta instrucción: “Si
usted conoce otra mujer que trabaje bien y con rapidez, por favor, dígale
que me llame, que yo la pongo a trabajar”.

¿Dónde comenzó todo esto? Justo en el momento que Carolyn empezó a


enfrentar la realidad del ideal roto. Se aferró al poder de la responsabilidad
personal cuando clamó a Dios y dio el siguiente paso de forma correcta.
Ella tuvo que asumir responsabilidades que en un principio no estaba
acostumbrada a tener. (Esto no significa que había errado el tiempo de
casada por haber permanecido en su hogar). Cuando Carolyn aceptó que
ella era la que iba a ser responsable de su familia invirtió toda su energía
para lograrlo. Mi amigo Max hizo lo mismo.

Ustedes ya conocieron a Max. Su esposa lo dejó con cinco hijos. El más


pequeño, un niño menor de tres años. Aún puedo verlo hoy, treinta y cinco
años después. Tras este hecho, su siguiente paso fue el correcto. Todos, a
excepción del pequeño niño, estaban en la escuela. Él era carpintero e
instalador de tabiques de oficina y cada mañana, cuando cargaba su camión
para ir a trabajar, incluía un pequeño parque para el niño. Mientras estaba
haciendo su labor su niño estaba con él y así lo mantuvo por un año hasta
que el pequeño entró al preescolar. Fue, sin duda, un padre entregado.

Dios es creativo y nos llena de su poder cuando acudimos a Él, aceptando


la realidad de la pérdida, volvemos a Él, clamamos a Él y hacemos la
próxima cosa correcta.

Mi Dios proveerá

Mis padres habían acordado desde el comienzo de su matrimonio enviar a


mi hermano mayor a la Universidad y luego, mi hermano mayor Carl me
costearía a mí la Universidad. Yo haría lo mismo con mi hermano menor
John. Cada uno de nosotros nos llevábamos cuatro años.

Después de que mi padre abandonara la familia, Carl tomó el dinero que


estaba destinado a mi educación y lo utilizó para pagar la casa. Pude
entender la necesidad de ello y estuve de acuerdo.
Tras graduarme de la Escuela Secundaria y estar un año en la Universidad,
entré en una Universidad Cristiana. La diferencia de costo entre ambas era
drástica. Descubrí que en nuestra iglesia otorgaban becas para estudiantes
necesitados y yo me inscribí.

Para mi sorpresa, fui aceptado. Me cubrieron casi la mitad de mi


mensualidad.

Por otra parte, mi iglesia local me envió a una iglesia misionera rural que
quedaba a una hora de distancia de la Universidad, con el encargo de
trabajar con los jóvenes. Un hombre de mi Iglesia local me encontró un
trabajo de medio tiempo en una fundición. La pequeña iglesia rural me
ayudó con los gastos de mis viajes y luego me pidieron que dejara mi
trabajo y pastoreara a los jóvenes. En ese entonces, tenía apenas diecinueve
años.

Mi iglesia local me dio licencia para el ministerio un año después. La


hermandad de hombres me compró un coche usado por la cantidad viajes
que tenía que hacer y una familia de la pequeña iglesia misionera creó un
fondo de asistencia para becados, para ayudar a estudiantes de
universidades bíblicas y fueron ellos los que me mandaron cheques a la
universidad para ayudarme a pagar mi matrícula.

Cuatro años después me gradué en la Universidad de Biola sin ninguna


deuda. Esta ayuda continuó durante mis tres años de Seminario y luego,
cuando tomé otro grado universitario, Dios volvió a proveer.

Años más tarde quise conseguir mi doctorado. Yo no tenía el dinero. Le


pregunté al Padre qué quería Él que yo hiciera. Realicé mi solicitud y fui
aceptado y entonces vino la factura de la primera clase. En ese momento
se me pidió dar unas conferencias para solteros en Nebraska y por hablar
recibí un regalo de honorarios. Mientras conducía de la conferencia de
Chicago para la primera clase abrí el sobre y, exactamente, era la cantidad
que necesitaba para pagar esa clase.

Tiempo después, mi suegra me llamó para preguntarme cómo iban mis


clases. Quería saber cuánto tiempo me llevaría terminar el programa de
doctorado. De acuerdo al ritmo y la tarifa que podía pagar en ese entonces,
iba a tomar mucho tiempo, pero estaba feliz de hacerlo. Mis suegros y mi
esposa Linda me conmovieron con su generosa oferta de ayudarme a cubrir
mis gastos y, aun sin palabras, acepté amablemente su oferta.

Hoy día me siento en mi oficina en Blue Springs y miro a la pared frente a


mi escritorio de roble, veo los diplomas y puedo decir que todos y cada uno
de ellos fue posible gracias a muchas personas y grupos. Mi padre dejó de
pagar y proveer para esos cursos, pero cuando tuve que asumir la
responsabilidad de ellos, Dios generosamente proveyó para los cuatro
cursos. Honestamente puedo decir: "Mi Dios suplió para todas mis
necesidades conforme a sus riquezas en gloria" (Fil. 4:19). Los fallos en
cumplir con las responsabilidades financieras es una cosa, pero no cumplir
con las responsabilidades espirituales es algo muy distinto. Jean
experimentó esto en su vida.

Fallos espirituales en el hogar

Jean reconoció que el ideal se había roto en su casa. Earl, su marido, no era
cristiano. Ella se convirtió al cristianismo al inicio de su matrimonio.
Algunos de los hombres de la iglesia lo habían visitado en su casa. Él había
sido cordial, respetuoso y agradable, pero no estaba interesado en las cosas
espirituales. Ellos tenían tres hijos, pero Earl fallaba en su responsabilidad
espiritual dentro de la familia. A sus tres adolescentes los tuve en mi grupo
de jóvenes cuando era un pastor juvenil en el sur de California. Eran niños
excepcionales en muchos aspectos, pero… ¿Cómo podrían estos niños
sagaces y espiritualmente despiertos provenir de un hogar espiritual tan
dividido?

Mi camino se cruzó muchas veces con el de Jean durante los cinco años en
que serví como pastor de jóvenes. Mi esposa Linda la veía como una mujer
piadosa y compartió hermosos momentos con ella. Pudimos ver que la
familia de Jean se llevaba mejor que la mayoría de las familias donde
ambos son cristianos. Yo personalmente aprendí mucho de la labor interna
en su hogar con sus hijos, a pesar de que su esposo no estaba involucrado
en la iglesia.

Beneficios de la responsabilidad asumida


Jean asumió la responsabilidad espiritual en la familia. Sabía de primera
mano el poder de asumir la responsabilidad personal en la restauración y el
mantenimiento de las relaciones. Los resultados positivos en su vida y,
ahora, en la vida de sus hijos adultos, revelaron el beneficio de sus acciones
piadosas.

En primer lugar, Jean asumió la responsabilidad personal total de sus


propias palabras, acciones y actitudes ante el Señor. Earl, su marido, no
controlaba sus respuestas a la vida, así que ella, reconociendo el alcance y
realidad de sus emociones y acciones no dejó que él la controlara ni
asumiera el poder de controlar su respuesta. Ella se mantuvo siendo ella
misma. (Gá. 5:22-23).

Por tanto, instruyó a sus hijos a ser responsables de sus propias respuestas
delante de Dios. Nunca les permitió utilizar la situación de su padre como
una excusa para no ser responsables en sus vidas personales, ni en sus
responsabilidades con la iglesia.

Por otra parte, Jean asumió toda la responsabilidad del crecimiento


espiritual en el hogar. Asistía a la mayoría de los cultos y enseñaba en la
escuela dominical de los niños.

Se mantuvo fiel diligente con las disciplinas espirituales. Una de ellas


como sello personal era la oración. Cualquier clase de restricción que su
esposo Earl ponía sobre ella, solo la empujaba a orar más profundamente.
Su rostro reflejaba la realidad de que había estado con El Señor en una
profunda y personal relación con Él.

Ella era una fervorosa estudiosa de la Biblia, devoraba la Palabra de Dios.


No tenía el privilegio de preguntarle a su esposo asuntos relacionados con
la Biblia en su hogar, tal como lo solicitaba el apóstol Pablo (1ª Co. 14:35).

El honor, la honra y el respeto estaban claramente marcados en la vida de


Jean (Ef. 5:33). Ella respetaba a su esposo. Él no era alcohólico ni abusivo;
no se oponía abiertamente a que la familia se involucrara en la iglesia. No
era un líder espiritual en su hogar, pero la confianza absoluta que tenía Jean
en su Padre celestial le daba una fortaleza especial que le permitía respetar a
su esposo.
¿Estuvo siempre Jean de acuerdo con su esposo? Casi nunca, pero los
desacuerdos no eran excusas para ser irrespetuosa. Veía a Jean y a sus hijos
mostrar ese mismo respeto en la iglesia.

Jean abrió el camino para que sus hijos se involucraran bien en la iglesia.
Ella no esperaba que su esposo, que no era salvo, animara a los niños a ir a
la iglesia, por lo que ella asumía la responsabilidad de que sus hijos
asistieran y fueran parte de la iglesia, reflejando así un equilibrio sano. En
este sentido, nunca la vi que pusiera en primer lugar a la iglesia y dejara a
un lado a su esposo. Permitió que su relación con su Padre celestial llenara
ese vacío a través del Espíritu Santo. La iglesia era un lugar de servicio, en
medio de su profunda relación con Su Padre, Dios (Jn. 4:14 y 15:15).

Con la aprobación de Earl, Jean comenzó a orar cada día antes de empezar a
comer. Cuando sus hijos fueron creciendo dirigían también la oración y
cada noche ella oraba con ellos e incluso poniendo delante de Dios sus
heridas y la salvación de Earl.

Jean les enseñaba la Palabra de Dios a los niños en casa y nunca expresó su
molestia ante Earl por no ser parte y fallar en esta responsabilidad. Sus
hijos llegaron a tener un increíble entendimiento y comprensión de las
Escrituras y se convirtieron en líderes ejemplares ente el grupo de jóvenes.
Su madre les había inculcado admirables características, asumiendo la
responsabilidad espiritual de su esposo. Me emocionó mucho saber que Earl
finalmente recibió a Cristo como su salvador personal y que está muy
activo en su iglesia.

Jean es el ejemplo más notable de lo que Pablo observó en la vida de


Timoteo –una poderosa influencia espiritual. "Porque tengo presente la fe
sincera en su interior, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu
madre Eunice, y estoy seguro de que está en ti también "(2Ti 1:05). Estas
piadosas madre y abuela le enseñaron la Santa Escritura desde su infancia
(2Ti 3:14–15). Todo lo que sabemos del padre de Timoteo es que era un
gentil, lo más probable es que fuera un incrédulo.

Timoteo conoció a Cristo bajo la influencia de su madre y su abuela. Él ya


era un discípulo antes de la llegada del apóstol a Listra (Hch. 16:01). Pablo
se refería a Timoteo como “mi amado hijo”. (2ª Ti. 1:5), haciendo
referencia a su relación como mentor de él. Pablo jugó el rol de padre
espiritual para Timoteo en su vida adulta.

Y es que Timoteo tenía una tarea difícil que desempeñar en Éfeso –instruir
a ciertos hombres mayores de la iglesia a no enseñar doctrinas extrañas (1ª
Ti. 1:3). No tenía un padre biológico como ejemplo a seguir que le enseñara
a relacionarse de hombre a hombre y, por ello, no fue fácil. Procedía de un
hogar donde su padre indudablemente se había desentendido de los asuntos
espirituales, aspecto que Eunice y Loida habían asumido y aportaron a la
crianza de un joven excepcional. Con el tiempo Timoteo se convertiría en el
compañero de Pablo cuando el apóstol se sintió solo, desanimado y con
necesidad de aliento. (Fil. 2:19-23) Sí… Eunice, Loida y Jean tienen mucho
en común.

Aunque Earl hizo lo posible para que Jean se expresara plenamente en su


casa y en la iglesia, el esposo de Susana hizo lo opuesto. Jerry no era
pasivo; todo lo contrario, era muy activo en socavar, impedir, desanimar y
oponerse a toda la influencia espiritual de Susana que se vio obligada a
enfrentar una situación totalmente distinta en su hogar con su esposo no
creyente y que llegó a convertirse en una batalla constante.

Una batalla cuesta arriba

En el momento que Susana vino a mí, su esposo, Jerry, se había ido de la


casa y la separación legal se estaba tramitando. Me quedé impresionado por
lo que Susana había hecho espiritualmente en favor de ella y sus hijas en
medio de la oposición de su esposo.

Ella hacía lo que bien podía porque Jerry, aparte de que no oraba, ponía su
cara de disgusto cuando ella y sus hijas oraban ante de las comidas.
Constantemente enfatizaba que ir a la iglesia era una pérdida de tiempo, una
actividad para “mujeres ancianas y débiles”. Así que lo que hacía era
planear actividades recreativas para las niñas justo los domingos por la
mañana, cuando se preparaban para ir a la iglesia. Les preguntaba a las
niñas: “¿No preferirían ir a nadar, acampar o a un parque de diversiones en
vez de ir a la iglesia?”
La respuesta de Susana me recordó a Job porque en medio de todos estos
ataques negativos y sutiles a su fe, en ningún momento respondía
maldiciendo a Jerry o a Dios (Job 1:22). Frente a la abdicación de Jerry en
casi todas las responsabilidades, ella decidió tomar la iniciativa en asuntos
espirituales y de la familia. Claro que fue una batalla cuesta arriba pero,
atendiendo a lo que es correcto bíblicamente, Susana hizo lo que pudo.

Haz lo que puedas

Cuando el ideal se rompe, las cosas que deben ser no son. Entonces ¿Qué
puede hacer uno? Hay por lo menos cuatro preguntas que podemos
hacernos para determinar cómo actuar cuando enfrentamos
responsabilidades que no son totalmente nuestras.

La pregunta del tiempo

Antes que nada, debes preguntarte:¿Tengo tiempo para hacerlo? Con


frecuencia escucho “yo sacaré el tiempo para eso”. Siento decirte que eso es
algo que sólo Dios puede hacer. Él creó el tiempo y Él va a terminarlo.
Generalmente “sacar tiempo” implica quitar tiempo a otra cosa. Si lo toma
de su tiempo libre y disponible está bien, pero cuando lo toma de otra cosa
que hay que hacer, estamos siendo negligentes con alguna otra
responsabilidad legítima y es aquí donde nos equivocamos.

A Keenan no le fue fácil aprender esto.

Ya hemos hablado de la obsesión de Keenan por ayudar a otros. Cada vez


que sonaba el teléfono de su casa, él era el primero en responder. En el
momento en que se le pedía ayuda, la adrenalina comenzaba a sentirse en su
organismo, igual que la respuesta de un bombero cuando se activa la
alarma. Antes de haber acordado consultar con su esposa, ya estaba
colocado y dispuesto en la puerta. El señor arréglalo-todo salía al rescate.
Ahora ellos coordinan su ministerio de ayuda como pareja; toman las
solicitudes de ayuda y juntos deciden si tienen tiempo para hacerlo.

El apóstol Pablo conectaba el manejo del tiempo con la sabiduría. “Mirad


con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios” (Ef 5:15-16,
Col 4:5) Se requiere sabiduría para distinguir entre lo que es bueno, lo que
es mejor y lo que es superior.

Con frecuencia razonamos sobre hacer lo que es bueno, cuando deberíamos


hacer lo que es mejor o superior. Por eso es que necesitamos orar por
sabiduría de Dios, y si de hecho viene de Él, será acorde a los ocho criterios
de la sabiduría de lo alto. (Stg. 3:17). (Ver Capítulo 6)

La pregunta sobre la capacidad

La segunda pregunta que debemos hacernos antes de asumir


responsabilidades de otros es: “¿Tengo la capacidad –mental, física,
emocional y espiritual –para hacer esto?” Muchas veces eso es lo que la
persona que abdica a sus responsabilidades debe tener para madurar y poder
cumplirlas. Cuando los padres deciden asumir las responsabilidades de sus
hijos o nietos inmaduros, con la intención de querer arreglarles la vida,
pueden quedarse atrapados dentro del rol de rescatadores en vez de ejercer
el rol de ayuda (soporte) para cuidarlos y animarlos a crecer. Los hijos que
están llegando a la edad adulta, si no se disponen a enfrentar sus
responsabilidades, terminarán agotando a sus padres física, mental,
emocional y espiritualmente. Sus problemas pondrían a prueba a los
mejores pastores o profesionales de salud mental.

A menudo, los hijos adultos involucran a sus padres porque saben que éstos
se harán cargo de la responsabilidad que han dejado de hacer. Esperan que
mamá y papá los rescate una y otra vez. Esto es muy frecuente en el área de
la economía y las finanzas. Los padres que fían, prestan e incluso se
endeudan por sus hijos adultos a causa de la pereza, la irresponsabilidad o
la mala autodisciplina sólo posponen lo inevitable, ya que por lo general
tendrá que llegar una crisis antes de que los hijos adultos estén motivados
para hacer los cambios necesarios.

Muchos hijos adultos saben que sus padres no pueden mantenerse al


margen y ver el dolor emocional que están atravesando los nietos. Ellos
saben que al final van a intervenir y ayudar, por eso no están pensando en
hacer frente a sus propios problemas o asumir la responsabilidad de
corregirlos. Mientras otros estén preocupados por ellos y sus hijos, ellos no
lo van a hacer. ¿Por qué? Porque saben que sus padres van a intervenir y
hacerse cargo. Cuando esto sucede, nada cambia en el hogar de los niños
adultos. Los padres estarán atrapados en un rol de rescate hasta que se
hagan cambios importantes en la responsabilidad.

Mi opinión personal es que aquellos padres que se sienten responsables de


ayudar a sus hijos, aun cuando son adultos, deben enviarlos con personas
que pueden ayudarles; personas que ven la situación de una manera
integral, con mayor objetividad y pueden mantener a los padres al tanto del
proceso. Una persona que está fuera de la situación, puede resultar más
capaz de ayudar y ser más hábil para percibir situaciones que antes no se
han visto –tienen más recursos.

La pregunta sobre los recursos

La tercera pregunta que debemos hacernos antes de asumir una


responsabilidad adicional es: "¿Tengo los recursos materiales necesarios
para asumir esta responsabilidad?" Nos referimos a la ayuda financiera que
podría incluir otras cosas como una casa o un coche. Pero la palabra clave
es “recursos materiales”.

“¿Qué le dije a Mabel, una querida viuda con un ingreso fijo que quería
ayudar a su hijo casado solo hasta que ellos pudieran asumir su nueva
vida?” El hijo, la nuera, los tres hijos y los dos perros ya estaban preparados
para mudarse al apartamento de su madre, que tenía una sola habitación y
un baño. Es más, decían que podían jugar a que estaban acampando hasta
que el propietario se acostumbrara. Mabel enfrentaba la presión de tomar
una decisión ella sola. Quería ayudarlos movida por el deseo que salía del
corazón de una madre y decía: “No puedo rechazarlos”.

“Está bien”, reconocí, pero… “¿dónde van a dormir?”

“Supongo que puedo darles mi habitación a la pareja. Yo puedo dormir en


el sofá y mis nietos en el suelo.”

“¿Por cuánto tiempo vas a poder hacer eso?”

“No por mucho tiempo. Yo no duermo bien en un sofá. Yo no sé cómo voy


a poder hacer esto y seguir con mis otras obligaciones”.
“Para hacer esto, ¿Vas a tener que dejar a un lado otras responsabilidades
importantes?”

“Supongo que sí”

“¿Eres el mejor recurso para ayudar a tu hijo y a su familia a lograr sus


necesidades a corto y largo plazo?”

Las personas que por alguna razón tienen que asumir responsabilidades de
los demás, necesitan usar el soporte de las Escrituras para ver qué es lo que
ellos están y no están capacitados para sobrellevar. Uno de los pasajes que
ellos citarán es 1Juan 3:17 “Pero el que tiene bienes en este mundo y ve a
su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿Cómo mora el
amor de Dios en él?”. Nótese que dice: “el que tiene bienes en este mundo”.
Sobre este punto, me pregunto: “Si Dios espera que asumas la
responsabilidad de ellos, ¿No te daría los recursos para hacerlo?”

“Yo sé que Él lo haría, pero siento que debo hacer algo”.

En el caso de Mabel, hacer algo significaría ayudar a su hijo a encontrar a


alguien que tenga los recursos para hacerlo. En muchos casos, los hijos
inmaduros se aprovechan de padres amorosos que tienen recursos limitados;
pero cuando la pregunta sobre los recursos es llevada hacia una conclusión
lógica y responsable se pone en evidencia qué se puede y qué no se puede
hacer, además de responder quién puede y quién no puede ayudarlos.

Hay otro asunto que se debe ser tomar en cuenta antes de asumir los fallos
de las responsabilidades de los demás – el asunto de la autoridad.

La pregunta de la autoridad

Bernard amaba a su nieta. No hay nada que él no estuviera dispuesto a


hacer por ella. Tenía el tiempo, la habilidad y recursos más que suficientes
para cuidar de ella. Su madre era soltera y cambiaba de trabajo y de pareja
constantemente e iba de una crisis a otra, Finalmente Bernard no pudo
aguantar esa situación por más tiempo pues deseaba que su nieta viviera
con él hasta que su madre sentara cabeza.
“¿Estás planeando ir a juicio y probar que ella no es una buena madre para
tu nieta?”

“No, pero ella no es una buena madre”

“¿Cómo piensas obtener la custodia?”

“Su madre está arruinando su vida. Nosotros podemos darle más


estabilidad.”

“¿Estás planeando secuestrarla?”

“Usted no me está entendiendo.”

“¿Bernard, usted tiene la autoridad para tomar a esa niña, sin tener en
cuenta los aspectos legales?”

Cuando uno asume responsabilidades de esta manera, se enfrenta a una


violación de la autoridad establecida, por lo que hay que estar entonces
preparado para sufrir las consecuencias legales.

Este asunto de la autoridad tiene otra faceta. Cuando las autoridades quieren
evitar o prohibir la obediencia a los mandamientos de Dios, debemos estar
preparados para desobedecer y estar dispuestos a sufrir las consecuencias
con gozo. Cuando las autoridades del Concilio les ordenaron a los apóstoles
Pablo y Juan que “no hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús”, ellos
respondieron “juzga si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes
que a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y
oído.”(Hch. 4:18–20). En nuestro círculo de responsabilidad, obedecer a
Dios es la primera y principal prioridad.

Entonces los Sumos Sacerdotes y sus asociados intentaron silenciar


directamente a Pedro y a los apóstoles metiéndolos en la cárcel. En ese
momento, Pedro dijo con firmeza: “Es necesario obedecer a Dios antes que
a los hombres” (Hch. 5:29b). Esto debe ser aclarado. Pedro no estaba
violando la autoridad al asumir los fallos de otros; él estaba diligentemente
esforzándose para cumplir lo que legítimamente Dios les había ordenado a
hacer (Hch. 1:8)
La siguiente mala decisión

Durante siete años, Kitty estuvo casada con el gerente de una gran cadena
de tiendas de descuento. Muchos de sus empleados eran mujeres y, de vez
en cuando, él se involucraba en romances con alguna de ellas, lo que acabó
costándole el divorcio. Kitty deseaba recuperar su matrimonio, pero su
esposo no. Años más tarde, Kitty regresó a mi oficina a causa de los
conflictos que estaba teniendo con su novio.

Kitty había conocido a Cristo como su Señor y Salvador y parte de su


patrón de vida había sido estar involucrada activamente en la iglesia. Esto
no había cambiado; no obstante otras cosas sí. Y es que conforme
experimentaba ciertos conflictos, los que estaban a su alrededor coincidían
en lo mismo: en que ella conocía un hombre, salía con él y entonces él
comenzaba a querer su “propio espacio” (su libertad) y terminaba
alejándose y desapareciendo de su vida.

Cuando normalmente hablo con un hombre o una mujer que ha fallado en


múltiples relaciones, y su forma de contarlo es como deleitándose le digo,
al igual que lo hice con Kitty: “no necesito saber los detalles, solo dime si
estás involucrada sexualmente con ese amigo”

La manera de responder fue más reveladora que la respuesta en sí: “Sí, ¿y


qué?” Era como si el equivocado fuera yo al hacer una pregunta de algo tan
“obvio”. “Sí, pero. – continuó diciéndome- ¿Qué conexión puede haber
entre mis hábitos sexuales con lo que estamos hablando?”

“Kitty, ¿Qué necesidades estás tratando de satisfacer en esta relación?”


Pocas mujeres envueltas en relaciones inmorales, dicen que lo están porque
tienen deseos sexuales que necesitan satisfacer. En vez de esto, dicen lo que
Kitty dijo: “Yo quiero sentirme valorada, honrada y amada. Quiero
compañía a un nivel profundo, de corazón a corazón, una relación
permanente”. No hay nada malo en esto.

Antes de que usted le lance la primera piedra a Kitty, piense en qué


necesidades tiene usted que han sido o no cumplidas. Si ha podido
satisfacer estas necesidades básicas, puede que le resulte difícil identificarse
con ella; pero si no tiene estas cosas en su vida, usted puede sentir el mismo
vacío, dolor y pérdida que ella sentía.

Por experiencia sé que no es eficaz y que no da resultados sólo informar a


las personas que su pecado está mal. Ellos ya lo saben y lo justifican. En
vez de eso, les pregunto: “¿Tú crees que Dios conoce tus necesidades?”
Con frecuencia a Dios se le deja fuera de estas situaciones y no se Le
permite llenar estas necesidades normales y básicas.

“¿Tú crees que Dios puede llenar tus necesidades?” En este punto, suelo
poner cara de… “¿Si crees que Él puede hacerlo, por qué no lo ha hecho?”,
“¿Cómo crees que se siente Dios ahora al ver la forma en la que estás
intentando satisfacer tus necesidades?”

Rara vez dicen: “Dios piensa que está bien” o “Yo creo que Él entiende”.

En este punto, les pregunto: “¿Te está funcionando esta forma de satisfacer
tus necesidades?”.

Aquí no se necesitan palabras; sólo una mirada de Kitty al suelo responde a


mi pregunta.

Algunas respuestas comunes son: “Si, pero, Dios no ha satisfecho mis


necesidades”, en otras palabras o parafraseando lo que dicen: “Dios no me
ha dado un compañero y no creo que lo haga, así que algo tengo que hacer
por mi cuenta”. “Dios ha fallado en su responsabilidad de llenar mis
necesidades. Ahora tengo que asumirlas y lograrlas de la mejor manera que
sé hacerlo”. Inevitablemente, esta forma de pensar los conduce al próximo
paso equivocado porque perciben que Dios les falló y que está en deuda con
ellos.

¿Es Dios quien nos falla?

Con frecuencia recuerdo algunos de los mensajes que, cinco veces a la


semana, escuchaba en la Universidad de Biola. No sé si los oradores
consultaban entre sí antes de hablar, pero solían enfocarse en los mismos
textos de la biblia. Uno de mis favoritos, que aún resuena en mi mente
después de tantos años es sobre una oscura historia que aparece en 2 de
Crónicas. En ella vemos una relación directa con las verdaderas necesidades
de Kitty y la perspectiva de Dios al respecto. El pasaje dice: “Porque los
ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a aquellos
que tienen un corazón perfecto para con él…” (2º Cr. 16:9).

Yo no recuerdo haber oído desde entonces, a algún otro predicador, poner


este versículo en su contexto histórico. La mayoría de ellos se limitaban
meramente a animar a los estudiantes a ser como aquellos cuyo corazón era
completamente Suyo. Años después estudié el contexto de este pasaje y
obtuve una perspectiva aún mayor sobre lo que Dios estaba diciéndole a
Kitty y a mí.

El Rey Asa ocupó el trono de David por más de 41 años y estaba


gobernando el reino del Sur de Israel, la tierra de Judá. El reinó de manera
justa, haciendo lo recto delante de Dios, destruyendo los ídolos paganos y
llamando al pueblo a guardar sus estatutos y a mantener la alianza con Dios.
La invasión de Zera, el etíope, con un ejército de un millón de hombres y
trescientos carros, vinieron a destruir diez años de paz. Cuando Asa estaba
en el campo de batalla, el miedo tocó su corazón, aunque lo próximo que
hizo fue correcto, él oró: “¡Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar
ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas!” Ayúdanos, Señor nuestro,
porque en ti nos apoyamos y en tu nombre marchamos contra este ejército.
Jehová, tú eres nuestro Dios, no prevalezca hombre alguno contra ti.”(2º Cr.
14:11). ¿Cuál fue el resultado? “Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa
y delante de Judá; y huyeron los etíopes.” (2º Cr. 14:12). ¡Grandioso!

Después de muchas reformas, Dios le dio paz a Asa hasta 35 años.


Entonces, sucedió algo inesperado. Baasa, Rey de Israel (parte norte),
comenzó a edificar fortalezas entre Israel y Judá. El Rey Asa se sintió
amenazado con las maniobras defensivas del Rey de Israel. El dolor de un
potencial ataque y una posible derrota golpeó de nuevo su corazón. Pero
esta vez sucedió algo diferente. Asa, lleno de temor, razonó de la misma
manera que Kitty: “Estoy solo, por mi cuenta. Tengo que hacer lo que sea
para satisfacer mi necesidad. No puedo contar con Dios para que esté allí
conmigo”. Asa pensó que, en este punto de su vida, no podía confiar en
Dios para sobrevivir en este desafío. Pudo haber pensado que Dios le había
fallado en cumplir sus responsabilidades, al permitir que ocurriera esta
prueba. El asunto era que había una amenaza enemiga en la frontera de su
reino (es decir, una necesidad personal de protección y defensa que buscaba
ser satisfecha). Él pensaba que Dios no lo iba a proteger ni cuidar. Para él
era obvio razonar que si Dios hubiera hecho su trabajo no estaría
sucediendo aquello, por lo que pensaba que Dios le había fallado.

Por miedo, Asa vació los tesoros de su propia casa y de la casa de Jehová
que no le pertenecían, y envió toda esa riqueza a Ben–Adad, rey de Siria,
para sobornarlo e intentar que éste rompiera la alianza que había hecho con
Baasa para invadir el norte de Israel. Él hizo exactamente eso, Baasa dejó
de edificar las fortalezas y abandonó la obra (1º Re. 15:17). La amenaza
había terminado, un sentido de seguridad y protección volvió al Rey Asa
del reino del sur. ”Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer”, se
convirtió en el lema de conducción de Asa. Pero entonces, alguien golpeó
su puerta; era el profeta Hanani que había sido enviado por Dios (2º Cr.
16:7). Uno puede imaginarse al profeta exhortándolo por haber puesto su
confianza en el Rey de Siria y no en Dios su Señor para rescatarlo.

El profeta le preguntó: “¿Los etíopes y los libios, no eran un ejército


numerosísimo con carros y mucha gente de a caballo? Con todo, porque te
apoyaste en Jehová, él los entregó en tus manos.” (2º Cr. 16:8). Lo que
quiso decir el profeta fue: “Tú tenías una gran necesidad, ¿Cuál fue el
comportamiento de Dios para contigo anteriormente? ¿Qué le pasó a tu
confianza en Dios?”

¿El enfrentarse a una necesidad que no está siendo respondida, significa que
Dios ha fallado? ¡No! La necesidad es una oportunidad para Dios, para
llenarla, para tu provecho y para Su Gloria. También puede ser una ocasión
para aprender que puedes sentir la necesidad y aun así estar contento (Fil.
4:11–13).

¿Qué es lo que Dios está buscando? Él se ha estado expresando de todas las


manera posibles, en la búsqueda de aquellos cuyo corazones les pertenecen
a Él, incluso en medio de las situaciones más sobrecogedoras. ¿Cómo
encontrará Él a estas personas leales? Él también permite que enfrentemos
grandes necesidades para ver si vamos a fallar en nuestra confianza en Él.
Jesús puso a prueba al discípulo Felipe de la misma manera, en la
alimentación de los 5.000 cuando multiplicó los panes (Jn. 6:5-6).
Kitty estaba tan airada con su ex marido infiel, pero su enojo lo volcó hacia
ella y se dispuso a llenar sus necesidades por sí misma. Su ira le cerró a
Dios la puerta del escenario y quedó atrapada por el maligno (Ef. 4:27). ¿De
qué manera? Su conducta desaprobó el test de la “sabiduría de lo alto”. Su
comportamiento no era puro, apacible, lleno de buenos frutos, sin
incertidumbre e hipocresía (Stg. 3:17); estaba llena de amargura, celos,
egoísmo y orgullo, llena de sabiduría terrenal, natural y demoníaca (Stg. 3:
14-15).

La presencia de una determinada necesidad no es señal de que Dios ha


fallado, más bien es una oportunidad para Dios. La negación de una
necesidad o buscar llenarla de una manera inapropiada entristece el corazón
de Dios (Ap 3:15-18). El tener necesidades no es algo anormal para el
creyente. El apóstol Pablo le escribió a los Filipenses: “Sé vivir
humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así
para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como
para tener necesidad.”(Fil. 4:12). Esto nos lleva a la próxima cosa correcta
que debemos hacer, cuando enfrentamos la falta de responsabilidad de los
demás al no llenar la necesidad que les corresponde.

Deposita tu confianza en que Dios cumplirá con sus responsabilidades

Si a mí me preguntaran cuál es la disciplina más difícil de la vida cristiana,


yo diría “confiar”. Si nos fijamos bien, confiar tiene que ver con dolor –
dolor emocional. Cuanto más alto es el umbral del dolor emocional, más
grande será la capacidad de confiar. Mientras más bajo sea el umbral del
dolor emocional, menor será la capacidad de confiar.

Puede ser doloroso el confiar. Confiamos en proporción directa a nuestro


deseo de experimentar el dolor emocional y, en algunos casos, el dolor
físico. El intento de evadir todo dolor emocional y físico nos conduce a una
vida llena de miedos. La necesidad de estar en control total y el miedo no
están diseñados para crear una vida de felicidad al igual que la reducción y
el control del dolor, especialmente a través de la pérdida.

La confianza es como un termostato. Mientras más alto diriges tu confianza


hacia el Padre celestial, mayor es tu paz interior. Por otra parte, si reduces tu
confianza en Él, menor paz y mayor miedo experimentarás. Mientras más
alto esté la confianza, más brillante es la luz de la vida. Cuando bajamos la
confianza, mayor es el miedo y la oscuridad.

Cuando uno ha experimentado una gran cantidad de pérdidas dolorosas, la


capacidad de confiar se reduce. Las pérdidas pueden ser beneficiosas si
ellas nos ayudan a enfocarnos y poner nuestra confianza en el Señor, no en
las cosas temporales o en relaciones pasajeras. La parte negativa de las
pérdidas es cuando nos puede llevar a reducir nuestra confianza en todo,
incluso en Dios.

En cada lugar donde Jesús estuvo experimentó pérdidas. Ninguno de sus


medio hermanos y hermanas creyeron en él como el Mesías y el Hijo de
Dios antes de su resurrección (Jn. 7:5). Aunque Sus discípulos pudieron ver
sus milagros y Su ministerio, lo abandonaron cuando estuvo en la cruz (Mt.
26:56). Jesús hizo todo lo que era correcto y terminó solo (no solitario, sino
solo).

Mientras que sus discípulos lo negaron, lo abandonaron o se ocultaron


debido a su asociación con Él, Jesús practicó una disciplina personal que le
permitió seguir adelante; una disciplina que la practicaba a menudo y que
hizo posible que él pudiera dirigir la extrema injusticia, el abuso emocional
y físico, y el abandono por parte de amigos y familiares.

Las 2 primeras son 2 cosas que Jesús no hizo cuando le sucedieron


experiencias dolorosas.

En primer lugar, el apóstol Pedro describió esto de Jesús: “Cuando lo


maldecían [cuando era abusado verbalmente], no respondió con maldición”
(1ª Pe. 2:23a). Jesús fue perfecto en todas las respuestas y cada palabra que
habló.

En segundo lugar, “cuando padecía [abuso físico], no amenazaba


(venganza)” (1º Pe. 2:23b). Pero el hecho de saber lo que Él no hizo, no
puede ayudarnos a saber qué hacer.

Tercero, verdugos de nuestro Señor hicieron todo lo posible para provocarlo


durante su arresto, juicios simulados y la crucifixión final, pero fue en vano,
no abrió la boca. ¿Cómo fue capaz de sufrir en silencio, mudo? Pero aún
necesitamos saber lo que sí hizo.

Jesús sabía que Él no podía confiar completamente en sus discípulos o su


familia. Él fue arrestado, abusado y traicionado por lo líderes religiosos y
las autoridades civiles. Sabía que tampoco podía confiar en ellos.

Si la confianza se ve en tres niveles diferentes Jesús siempre ponía su


confianza en el más alto de todos los niveles. El primer nivel era su familia
y los discípulos. Ellos le fallaron. El segundo nivel incluía a las autoridades
civiles y religiosas, quienes lo declararon inocente siete veces y luego lo
mataron. El tercer y más alto nivel de confianza estaba en su Padre celestial.
El apóstol Pedro nos revela el secreto de Jesús para responder sanamente,
independientemente de la profundidad del dolor que estaba padeciendo. “El
encomendaba la causa al que juzga justamente.” (1º Pe. 2:23c). Jesús
remitía su caso ante el máximo tribunal ¿Cómo lo hizo?

Primero, Él se encomendó a Dios. Encomendar significa “entregarse”, de la


misma manera que un prisionero es llevado a un juez. Normalmente un
guardia hace eso, en contra de la voluntad del prisionero. En este caso,
Jesús se entregó a Si mismo al Padre voluntariamente. Él gritó en la cruz:
“Padre en tus manos encomiendo Mi espíritu” (Lc. 23:46).

En segundo lugar, en Su humanidad, Jesús tenía que mantenerse


encomendado al Padre. Él no lo hizo de una vez y ya; mientras pasaba por
la brutal prueba de su crucifixión, tenía que encomendarse y re
encomendarse constantemente a Su Padre celestial. Nosotros lo vemos
hacer esto repetidamente en sus oraciones privadas. Mientras más profundo
es el dolor, más intensamente debemos encomendarnos a Dios, quien juzga
justamente.

Cada persona con quien Dios me permite compartir este concepto ha estado
luchando y pasando por dolor y pena insoportable. Han estado tratando de
recoger los pedazos de sus matrimonios rotos, de sus vidas destrozadas y
relaciones en conflicto, especialmente aquellas causadas por pecados,
errores o fallos de los demás, lo cual es muy difícil para cualquiera de
nosotros. En estos casos nos encontramos nosotros mismos entregando la
carga a Dios y volviéndola a recoger. Entonces, recuperamos la cordura
espiritual y nos re encomendamos a Él. Como consecuencia la culpa
comienza a influenciarnos. Toma tiempo encomendarnos y confiar cada vez
más. Jesús también tenía que encomendarse cada día a Su Padre.

Cada vez que Carolyn, abusada y abandonada por su esposo predicador,


sufría un revés en su negocio de limpieza de casas, tenía que re
encomendarse a Su Padre de nuevo. Tenía que reafirmarse a sí misma que
Él sabía lo que Él estaba haciendo.

Cada vez que mi amigo granjero Dough hacía un esfuerzo para ser sensible
a su esposa, y ella se negaba a reconocerlo y responderle, él tenía que re
encomendarse al Padre.

Cuando Kitty hizo finalmente su compromiso de seguir al Señor en


santidad, con o sin la atención masculina, experimentó severas pruebas en
todos los niveles y tuvo que clamar al Señor con mucha frecuencia. Shelia
tuvo que reunir fuerzas para ser cordial y cariñosa con sus padres abusivos.
Acercarse a ellos era como acercarse a una pistola cargada que podía
dispararse en cualquier momento. Nunca podía saber si iban a terminar en
una situación abusiva. De hecho, me dijo varias veces que lo único que ella
podía hacer era ir al Padre para ser confortada porque las heridas frescas
son muy dolorosas. Pero Shelia amaba a sus padres y quería hacer todo lo
que estuviera de su parte, para verlos sanados de su ira y su amargura.

Finalmente, dense cuenta a quien se encomendó Jesús: al que juzga


justamente. Dios se levanta en total contraste ante un mundo injusto. Él
sabe cada esfuerzo que has hecho para tratar de arreglar situaciones
difíciles, sólo para encontrarte con que esos esfuerzos son rechazados y han
sido mal entendidos. Cuán reconfortante es saber que Dios conoce la verdad
y nos comprende. Esto es crucial, porque la vida, tal como la conocemos
aquí en la tierra, es sin duda definitivamente injusta.

La vida es injusta

Mi esposa Linda y yo invitamos a Susana y sus tres hijas a cenar a nuestra


casa. Michelle, nuestra hija menor, entretuvo a las niñas. Sentía pena por
ellas y por todos los conflictos domésticos que estaban viviendo desde
temprana edad. Ellas ansiaban atención masculina, por lo que recibían con
mucho entusiasmo cualquier gesto mío. Pensaba en lo injusta que ha sido la
vida para ellas. Estas niñas no habían hecho nada para merecer lo que
estaban viviendo.

De vez en cuando me recuerdo a mí mismo que la vida no es justa, y esto lo


hago por una buena razón. Satán es el príncipe de los poderes del aire y él
no es justo. Su triple estrategia ha sido siempre la misma: “matar, robar y
destruir” (Jn. 10:10). Él hace su trabajo destructivo y entonces planta
pensamientos en nuestras mentes para culpar a Dios por lo que él hizo.
Podemos ver esto en el matrimonio de Job. Después que él y su esposa
perdieron virtualmente todo, ella amargamente le pidió que maldijera a
Dios y luego muriera (Job 2:9). Maldecir a Dios por venganza. Y morir para
obtener alivio.

Satán no es justo. Dios sí lo es y al final, Dios enderezará todos los caminos


torcidos. Dios juzga justamente (1ª Pe. 2:23). Él conoce la verdad, lleva el
registro, ve a aquellos que no fueron responsables. Él toma nota con gran
precisión de aquellos que negaron la fe y le dieron la espalda a Él y a sus
responsabilidades. Ellos le tendrán que rendir cuentas por sus
responsabilidades no asumidas (Ro. 14:12). Dejemos a Dios demostrar lo
que Su poder puede hacer para ayudarlos a ustedes a cumplir sus
responsabilidades, especialmente cuando los demás dejan de cumplir las
suyas.

**********

Hay un asunto final que es absolutamente esencial para entender el poder de


la responsabilidad personal. Este puede ser el más liberador de todos. Así lo
fue para Marylee.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿Qué responsabilidades ha tenido que asumir que no fueran tuyas? ¿Por
qué las asumiste?

2.- ¿Qué fue lo que le presionó para asumirlas?

3.- ¿De qué manera aceptó esa responsabilidad y seguió adelante?

4.- ¿Qué beneficios espirituales y emocionales experimentó al aceptar esas


responsabilidades?

5.- ¿Cómo ha podido ayudar a otros con las vivencias que ha tenido?

6.- ¿De qué forma le ha provisto Dios cuando tiene que asumir una
responsabilidad que no es suya?

7.- Describe las luchas que ha tenido para confiar totalmente en el Padre
Celestial mientras está lidiando con los fallos de aquellos que no cumplen.

8.- ¿Cómo piensa que finalmente va a ganar en la eternidad, mientras sabe


que está perdiendo en el momento presente?
11

¿CÓMO ME VA A JUZGAR DIOS?

Marylee tenía uno de los espíritus más tranquilos y apacibles que he visto
en una mujer. Rex, su esposo, le daba mucha importancia a la apariencia
externa y a la aprobación de la gente.

Marylee era dócil complaciente, no porque quería ganar la aprobación de


los demás, sino para evitar que la ira de Rex se encendiera. Cualquier
conflicto le afectaba emocionalmente y le hacía llorar. Marylee no podía no
soportaba tener a su lado a alguien molesto con ella y esto incluía a Dios.

Como hemos visto en capítulos anteriores, Rex se negaba a cambiar sus


acciones, actitudes y palabras y argumentaba contra ella para que pareciera
siempre que era la culpable y estaba equivocada y él quien tenía la razón.
Realmente, él pensaba que de no ser por la conducta de ella, su vida iría
muy bien. Esta misma circunstancia la había vivido él con sus dos esposas
anteriores a las que también las acusaba de este mismo defecto.

Marylee había cumplido ya con cada acuerdo y asignación que se le había


pedido en consejería. Por su parte Rex que había identificado y afirmado
que asumiría su círculo de responsabilidad en el conflicto, falló en
cumplirlo. Eso también, según él, era culpa de alguien más.

La irresponsabilidad de Rex no era lo que estaba molestando a Marylee, que


era capaz de soportar el abuso emocional y algunas veces físico de él, sino
el miedo; miedo a Dios y no a Rex, porque se decía: “Dios me va a juzgar si
mi matrimonio fracasa. Sé que parece tonto, pero no puedo dejar de sentir
que Dios se va a molestar mucho conmigo y me va a juzgar severamente
por todo lo que ha pasado.” En este sentido, pensaba que si hacía todo lo
que Dios le estaba pidiendo y aún así su matrimonio fallaba, era por su
culpa. Si Dios no la juzgaba por ello, sí, al menos la despojaría de alguna
recompensa en el futuro. En definitiva, Dios la iba a castigar por fracasar.
La venganza es innata

Marylee no es la única que piensa de esta manera. La venganza es un


impulso humano universal. Una de las características constantes de todas
las culturas conocidas es la práctica de la venganza exigiendo castigo.
Incluso las tribus aborígenes ubicadas en los rincones más remotos del
mundo, tienen leyes sobre la venganza. Si algún miembro de la tribu roba
un cerdo de otra persona, lo más natural que se hace es robarle su cerdo, o
peor aún, matar a la persona por haberlo robado. Este ojo por ojo o “cerdo
por cerdo” es un principio de venganza que se practica instintivamente al
margen de cualquier influencia religiosa. Ese concepto de venganza es parte
del código genético pecaminoso que se transmite de padres a hijos y de
generación a generación.

A menudo, las guerras entre tribus son por venganza. Nadie les enseñó a
tomar venganza, solo es un instinto innato en el corazón del ser humano. Yo
personalmente creo que la necesidad humana de justicia es parte de la
revelación de Dios en el corazón de todos los hombres (Ro. 1:18–20). Este
sentimiento de venganza o necesidad de castigo se refleja en muchas
personas en su relación con Dios. Frecuentemente, los desastres naturales o
las discapacidades físicas son, lógicamente, vistos como un castigo de Dios.
¿Por qué? A causa de una creencia innata que todo el sufrimiento humano
es causado directamente por el pecado, y por lo tanto es un castigo. Uno
oye esto de vez en cuando de los padres que han tenido un hijo que ha
nacido con una discapacidad o cuya vida terminó prematuramente debido a
un accidente o enfermedad. Esta forma de pensar era también común en los
discípulos del Señor.

Un día, mientras Jesús y sus discípulos se encontraron a un hombre con


ceguera congénita; sus discípulos le preguntaron: "Rabí, ¿quién pecó, éste o
sus padres, para que haya nacido ciego?" (Jn. 9:2b). Ellos también creían
que la presencia del pecado era la causante de todo el sufrimiento, es decir,
que debía estar sufriendo como consecuencia de haber pecado y tal
sufrimiento era parte del castigo de Dios. Sin embargo, en este caso
particular no era una cuestión de pecado ni de castigo, sino una ocasión
para que Dios mostrara su gloria en una situación difícil (Jn. 9:3). Los
discípulos sólo reflejaban el miedo que, históricamente siempre ha tenido el
hombre, a la ira de Dios; miedo que, erróneamente, afirma que Dios nos va
a castigar si somos o no somos responsables del conflicto. Esta percepción
es una situación sin salida. Pero hay buenas noticias.

Nuestro círculo de responsabilidad personal

Dios te va a pedir cuentas sólo por tu propio círculo de responsabilidad.


Esta verdad liberó a Marylee. Aun recuerdo ver en su rostro el alivio
cuando comprendió verdad liberadora de la responsabilidad personal. Creo
que tiende a ser más liberador para las mujeres que para los hombres,
porque éstas son más propensas a luchar con la culpa que los hombres. Por
lo general, un hombre ve el conflicto en términos de: "¿Qué te pasa?",
mientras que una mujer tiende a pensar: "¿Qué hay de malo en mí?" Esta
auto-culpa puede provenir de su propia sensibilidad natural o también de la
falsa creencia de que, si es su culpa, entonces ella puede arreglarlo. Por otro
lado, si la culpa es de su marido, ella se siente menos capaz o incluso
incapaz de arreglarlo.

Estos falsos sentimientos de culpa pueden hacernos vulnerables y hacernos


asumir las responsabilidades de otros. ¿Cuál es el resultado? Comenzamos a
sentirnos que somos totalmente responsables. Esta falsa lógica nos lleva a la
conclusión que si nos responsabilizamos por todo, entonces Dios nos pedirá
cuenta y en consecuencia nos juzgará por todo eso.

Es absolutamente crucial que nos demos cuenta que solo tendremos que
rendir cuentas a Dios por aquello que está dentro de nuestro propio círculo
de responsabilidad. Esta verdad desconcertó por completo a Rex, que
necesitaba hacer cambios con respecto al hábito de culpar siempre a los
demás. Por mucho que lo intenté, no fui capaz de conseguir que se enfocara
en lo referente al cumplimiento de sus propias responsabilidades. Él
literalmente estaba obsesionado en el comportamiento de Marylee y lo
hacía con el propósito de evadir el suyo propio. Si se centraba en su propio
comportamiento, entonces tendría que reconocer y hacerse responsable.
Era un juego de la mente, pero el problema era que Dios no estaba jugando,
iba en serio.

Rex fingía ser tan espiritual a un grado tan alto que daba la impresión de ser
casi perfecto. Ese era el lado público. En privado, en su hogar era una
persona astuta, manipuladora y mentirosa.

Uno puede preguntarse, "¿Es que no sabía que finalmente tendría que dar
cuentas a Dios por su comportamiento?" En verdad a él esto no le suponía
un problema. Primero, en su mente él había reescrito la historia y entendido
que en él no existía mal comportamiento. Segundo, si hizo lo que no debía,
él mismo se engañó en la creencia de que no tenía elección y que ella le
obligó a hacerlo. Tercero, las personas narcisistas sacan al Dios personal
fuera de su día a día y de su pensamiento y lo reemplazan por un enfoque
total en las relaciones humanas.

A pesar del lío mental de Rex, algún día estará delante de Dios, ya sea
como un hombre no salvo, ante el Gran Trono Blanco, o como un hombre
salvo, ante el Tribunal de Cristo. Y precisamente no irá a uno u otro de
estos lugares por la visión y opinión propia que él mismo tenga de cómo se
han sucedido los hechos a lo largo de su vida.

Sin embargo, para aquellos que se sienten responsables por el


comportamiento de otros y que piensan que Dios los juzgará en relación a
ello, les tengo una buena noticia y ésta viene en primer lugar de saber
distinguir entre los siguientes dos aspectos.

El Gran Trono Blanco del juicio

El juicio del gran trono blanco es en realidad el "juicio final", diseñado para
los perdidos (Ap 20:11-13). Contrariamente a la opinión popular, este juicio
no es para decidir si una persona va al cielo o al infierno. No habrá escalas
o balanzas celestes para pesar las buenas y malas acciones, o para que Dios
pueda determinar el destino eterno. Serán juzgados sólo las obras malas de
los no salvos. Entonces, la sentencia de la segunda muerte caerá sobre ellos.
Si todos van al infierno ¿por qué Dios tiene que pasar por este proceso?
Sencillo. Primero se pronuncia la sentencia definitiva respecto a una
persona que ya ha sido condenada, y segundo, se determina el grado de la
pena (Lc. 12:47-48). El creyente no es parte de la presente sentencia de
condena y castigo (Ro. 8:1-2). Él estará delante de Dios por motivos y
razones diferentes.

El Tribunal de Cristo
El informar a Marylee el hecho de que nunca se enfrentaría al juicio final
no disolvió sus miedos. Rápidamente cité un verso que aprendí en una
clase de vida cristiana en la universidad: "Porque es necesario que todos
nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea
recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que
hizo, sea bueno o sea malo "(2ª Co. 5:10). Citar el versículo sin explicación
no era reconfortante para ella tampoco. Entonces le expliqué una serie de
cosas que le trajeron alivio eventual.

En primer lugar, la palabra “tribunal de Cristo” en griego es “bema”,


término que denota el lugar de la ceremonia. En los juegos griegos en
Atenas, la arena ovalada contenía una plataforma en la que se sentaba un
árbitro o un político notable. Después de un concurso competitivo, el atleta
ganador se paraba ante esta persona a recibir una corona de guirnaldas, un
galardón. Los concursantes recibían esta recompensa del que estaba sentado
en el "bema" o "asiento de la recompensa." Es importante recordar que
nunca fue utilizado como tribunal judicial.

Además, ya que el juez es el Señor Jesús, que llevó en su cuerpo todos


nuestros pecados, la pregunta en cuestión de la salvación no es el problema,
ni tiene cabida en este espacio, ni tampoco lo es el pecado, ya sea cometido
antes o después de la salvación. Ni siquiera los pecados no confesados del
creyente son el problema. Dios dejó constancia de que "de sus pecados e
iniquidades no me acordaré más" (He. 10:17). El pecado no confesado de
un creyente impide la comunión con Dios ahora, pero eso no cambia su
destino eterno (Jn. 1:5-10).

Además, la palabra “comparecer”, aparecer, manifestarse podría ser más


representativo, “que se hizo manifiesto o revelado." ¿Qué va a ser revelado?
El verdadero carácter y los motivos del creyente. Dios revelará si nuestro
servicio a Él se llevó a cabo en el esfuerzo de nuestra propia energía para
nuestra propia gloria o por el Espíritu de Dios a través de nosotros para su
gloria.

Si nuestro servicio se realizó en la carne para nuestra gloria habrá una


pérdida de la recompensa. Pero si nuestras obras se llevaron a cabo a través
del Espíritu de Dios para su gloria, recibiremos una recompensa. El
problema no es la recompensa o el castigo; es la recompensa o pérdida de
las recompensas.

Un amigo de la universidad copió un antiguo poema en mi Biblia y éste ha


sido un recordatorio importante para mí durante muchos años, ya que
representa el día que yo estaré delante de mi Salvador.

Su Plan para Mí

Cuando esté en el Tribunal de Cristo y Él

me muestre su plan para mí.

El plan para mi vida tal como debiera haber sido,

Él tenía Su camino y su manera para mí.

Yo veré entonces, cómo me oponía a Él y lo

cuestionaba, con tal de no rendirle mi voluntad.

¿No habría dolor en los ojos de mi salvador?

¿Dolor aunque Él aún me amara?

Él podría haberme hecho rico, pero yo estaría

pobre, despojado de todo, excepto de Su Gracia,

Y así mientras las memorias asedian mi mente,

recordando los senderos que no pude caminar.

Entonces mi desolado corazón estaría a punto de

romperse en lágrimas que no podría derramar.

Me cubriría el rostro con mis manos vacías,


inclinaría la cabeza sin corona.

Señor, todos los años que me quedan

te los pongo en tus manos.

Tómame, quebrántame y modélame, de acuerdo

al diseño que Tú has planeado

(Autor Desconocido)

Nuestras recompensas o coronas ganadas en última instancia, todas estarán


ante el trono del Señor Jesús en la adoración y alabanza (Ap. 4:1). Mientras
más grandes sean nuestros esfuerzos para traer la gloria de Dios, mayor será
la recompensa. Como un acto de gracia, Dios llenará cada persona de su
capacidad para "proclamar las virtudes de aquel que os llamó de las
tinieblas a su luz admirable" (2ª Pe. 2:9).

Al cumplir con nuestro círculo de responsabilidad a través del poder del


Espíritu de Dios, seremos recompensados con coronas. La palabra corona,
stephonos, en griego significa “guirnaldas o coronas de la victoria”, las
cuales gratamente y con entusiasmo colocaríamos a sus pies. Tendremos
una prolongada y eterna capacidad para alabarlo en el cielo porque hemos
permanecido fieles en el cumplimiento de nuestras responsabilidades aquí
en la tierra. Ahora nuestra elección es clara.

Juicio y responsabilidad

Uno podría justamente preguntar: ¿Qué tiene que ver el juicio con la
resolución de conflictos? Hay unos pasajes de La Escritura que yo todavía y
a conciencia no he mencionado aun. Son dos pasajes que intencionalmente
informan a los creyentes que han de estar de pie delante de Dios para ser
juzgados. El primero de los dos es 2 Corintios 5:10; el segundo se encuentra
en Romanos 14. En este último, el apóstol Pablo utilizó el concepto de los
círculos de responsabilidad para resolver un difícil conflicto que se había
presentado entre dos grupos cristianos antagónicos que ambos sentían que
tenían la razón. Ellos discutían sobre lo que espiritualmente estaba
permitido comer o no. Pablo le dijo al grupo más maduro, que se
mantuviera en su círculo de responsabilidad y aceptara a los débiles en la
fe, sin argumentar sobre sus opiniones inmaduras, y por otra parte, le dijo a
los débiles en la fe que no juzgaran a los otros creyentes por lo que ellos
permitían. Pablo les pidió a ambos grupos que dejaran de mirarse y juzgarse
los unos a los otros, porque Dios los aceptaba a ambos (Ro. 14:1-3).

Entonces Pablo reprende a los dos grupos por entrar en el círculo de la


responsabilidad de Dios. "¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro? Para
su propio Señor estará en pie o caerá, y en pie se mantendrá para el Señor
que es capaz de hacerle estar firme "(Ro. 14:4). Él deja claro: "Somos del
Señor" (Ro. 14:8 b).

Después de esto Pablo vuelve a reprender a los romanos por juzgarse y


rechazarse los unos a los otros con desprecio. En este segundo pasaje acerca
del juicio de los creyentes, Pablo los alerta sobre el hecho de que “nosotros
estaremos de pie ante el tribunal de Cristo”. Recordemos que “toda rodilla
se doblará delante de Él”. Así que cada uno tendrá que rendir cuentas de si
mismo delante de Dios. (Ro. 14:10,12) El apóstol nos advierte con firmeza
que resolvamos los conflictos cumpliendo cada uno sus propias
responsabilidades. ¿Por qué? Porque ellos estarán delante del Señor y darán
cuentas por lo que hicieron para resolver sus problemas, no por lo que los
demás no hicieron o fallaron en hacer. Si se mantuvieron enfocados en sus
propias responsabilidades, Dios los llenará de poder para restaurar la
armonía en sus relaciones. A ellos les compete tomar en cuenta a Dios a
quien todos tendremos que rendir cuentas, y es ésta la motivación clave
para restaurar relaciones rotas.

Rendir cuentas, el corazón de la responsabilidad

El rendir cuentas es el verdadero corazón de los círculos de responsabilidad.


¿Por qué? Porque nos tenemos que hacer dos preguntas. ¿De qué soy yo
responsable? y ¿Ante quién soy responsable?, Nosotros fracasaremos si no
llegamos a entender que las responsabilidades no se producen en medio de
un vacío sino que tienen un propósito, un orden, ya que surgen de la propia
naturaleza de Dios, el generador del propósito y del orden. Por lo tanto, es a
este Dios a quien debemos rendirle cuentas. Una persona espiritualmente
madura se toma en serio su futura rendición de cuentas a Dios y está
motivado a obedecerle por eso.

Los que fracasan en cumplir sus responsabilidades lo hacen por razones


egoístas, no están considerando y son indiferentes a su futura rendición de
cuentas. Cuando Jerry, el esposo de Susana, desarrolló un interés hacia la
pornografía, ¿no estaba su pensamiento lejos de las consecuencias que esto
tendría en su matrimonio con Susana, cuando se encontrara a solas en la
presencia del Santo Dios? Cuando mi padre escribió cheques falsos, se
endeudó con las tarjetas de crédito y abandonó a la familia… ¿En quién
estaba pensando él realmente? ¿Hacia qué futuro se estaba proyectando?

La toma de conciencia sobre la rendición de cuentas ante Dios puede ser un


alivio o una gran decepción. Nos puede dar una sensación de alivio el hecho
de que, por una parte, no seremos responsables de los círculos de
responsabilidad de los otros, sólo de los nuestros. Por otra parte, puede
producirnos decepción y tristeza al darnos cuenta de que la capacidad para
alabar y glorificar al Señor Jesús se ve disminuida en el cielo como
consecuencia de haber fallado como persona responsable aquí en la tierra.

En un momento dado de nuestras vidas podemos vivir en uno de los


siguientes tres niveles de motivación: en primer lugar, podemos estar
motivados por nuestra propia ganancia o por el miedo de nuestra propia
pérdida. En segundo lugar, podemos estar motivados por la ganancia y el
miedo a la pérdida de los demás. Finalmente, podemos tener una
perspectiva madura con un deseo de ganancia o la preocupación de Dios
por su pérdida. Las personas inmaduras viven sobre todo en el primer nivel
de ganancia o pérdida para sí mismos y sin cualquier responsabilidad e
intención futura de rendición de cuentas. He visto a lo largo de los años que
los que creen entender el punto de vista de largo alcance de la vida y la
eternidad, desarrollan una manera de conducirse con un historial que cuenta
con un alto grado de cumplimiento de sus responsabilidades. El inmaduro
anda por allí preguntándose: "¿Qué responsabilidad?" “¿Rendición de
cuentas?” Parece que nunca ha dejado la etapa de niño en su crecimiento
hacia la madurez espiritual. Para las personas adultas maduras, ninguna
responsabilidad es demasiado pequeña.

Ninguna responsabilidad es muy pequeña


A menudo en el trabajo hacia la resolución de un conflicto, me imagino que
la escala de la culpa situada en la parte posterior de las mentes de las
personas sigue controlando sus respuestas. Rex a menudo me decía que
estaba trabajando duro en sus defectos, pero que su esposa, Marylee, no
había cambiado en absoluto. Después de una investigación posterior, estaba
claro que ella sí había hecho muchos cambios, concesiones y ajustes, pero
Rex se había negado a reconocerlos. Básicamente Rex, en lugar de utilizar
su poder personal para restaurar la relación, dio poder a Marylee para
controlar su obediencia y sólo cambiaría si lo hacía ella.

En esta situación, se demuestra que realmente la persona no está abierta al


cambio y a la obediencia. Pero la otra cara de esta misma moneda se ve
cuando una persona, con menos conductas ofensivas e hirientes, espera a
cumplir con sus responsabilidades sólo cuando ve que el ofensor ha hecho
los cambios correspondientes.

Eso fue precisamente lo que hizo la esposa de Dough, mi amigo agricultor.

Mientras intentaba ayudar a esta pareja a identificar y asignar


responsabilidades, a aceptarlas y cumplirlas, me encontré con obstáculos
por parte de la esposa. Su comportamiento la había dañado tanto, que se
sentía muy débil para hacer cualquier cosa. Ella sentía que él tenía
demasiados asuntos que reconocer y corregir en comparación con ella, por
lo que entendía que hasta que él no cambiara, ella podía continuar con su
mal comportamiento. En este punto le comenté que, aunque creyera que
había fallado menos que él, aun así tendría que rendir cuentas delante del
Señor por su círculo de responsabilidad.

Ninguna responsabilidad es demasiado pequeña según la perspectiva de


Dios. No es una cuestión de cantidad sino de principios. Jesús centró los
dos fundamentos de la fidelidad y la obediencia en una parábola que resalta
el principio de la rendición de cuentas.

Un maestro tenía tres siervos. Antes de salir a un viaje de negocios les dio
una cantidad específica de plata para invertir y obtener ganancias con ello.
Dos de los tres siervos duplicaron las inversiones del maestro, a través de
intercambios y negocios en su comunidad. Ellos identificaron sus
responsabilidades, las asumieron y las cumplieron.
Jesús enfatizó el hecho de que el maestro no se limitó solo a decir:”Bien
hecho”; también los recompensó por su fidelidad añadiéndoles más
riquezas, responsabilidades y los privilegios de poder compartir el gozo de
su señor. (Mt. 25:20-23)

Entonces, he aquí el tercer siervo. Su responsabilidad había sido claramente


identificada. Tomó la plata y asumió la responsabilidad de negociarla o
invertirla. No obstante, llegó el día de la rendición de cuentas y tristemente
fracasó. ¿Fue por falta de información? Mateo escribió “Pero acercándose
también el que había recibido un talento [plata], dijo: Señor, te conocía que
eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no
esparciste”. Observamos que él conocía el carácter del maestro. Entonces el
siervo se defendió a sí mismo diciendo: “por lo cual tuve miedo, y fui y
escondí el talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.” (Mt. 25:24–25).

El temor a un posible fracaso debió haberlo bloqueado. De esta forma, el no


haber hecho nada ya es por sí mismo una decisión. Su maestro habría
estado feliz si sólo hubiera puesto el dinero en el banco para obtener
intereses. El juicio fue severo. El siervo perdió el talento de plata, fue
llamado siervo inútil y lanzado a las tinieblas de afuera, donde
experimentaría un profundo dolor descrito como “lloro y crujir de dientes”,
(Mt. 25: 30). En este pasaje Jesús señaló que aún las más pequeñas de las
responsabilidades son importantes para Dios.

Sin embargo Dios nunca nos hace responsables por lo que nosotros no
podemos hacer o por lo que no tenemos. Él espera que hagamos todo
aquello que somos capaces de hacer con la fuerza que Él nos da (Fil. 4:13),
y entonces, habiéndolo hecho todo, estar firmes. (Ef 6:13).

Fue difícil para la esposa de Dough aceptar su propia responsabilidad. Ella


tomó la misma actitud de Dough porque igualmente él no iba a cambiar
hasta no ver que ella cumpliera con ciertas condiciones previas. Ella no iba
a ser responsable de su tendencia a gastar dinero en exceso hasta que él no
estuviera dispuesto a desarrollar una relación con ella.

Pero cuando cada uno de nosotros tenga que comparecer delante de Señor,
no se nos va pedir que rindamos cuentas por alguien más. Dios sólo nos va
a preguntar qué hicimos con nuestro círculo de responsabilidades, aún en
las cosas más pequeñas. La clave es estar enfocados.

Cambie su enfoque

La esposa de Dough ni siquiera podía responderle emocionalmente a su


esposo. Apenas podía pensar y mucho menos dar el siguiente paso correcto
a seguir. Yo sabía que tenía que animarla a cambiar su punto de vista. Los
pensamientos acerca de Dough la mantenían deprimida. Le pedí que hiciera
algo bien difícil: “¿Podrías sacar a Dough de tus pensamientos por un
momento? ¿Podrías reemplazarlo con pensamientos acerca del Señor
Jesús?”. La expresión de su rostro decía:” ¿Qué tiene Él que ver con
Dough?”.

“Sólo dime qué es lo que sabes y piensas acerca del Señor”.

Se tomó unos minutos aclarar su mente y… entonces los treinta y ocho años
de Escuela Dominical, Iglesia, campamentos de verano y Escuela Bíblica
Vacacional afloraron en su memoria. Una expresión placentera comenzó a
aparecer en su rostro. Hablamos acerca del Señor Jesús por un tiempo y
entonces le pedí que leyera Colosenses 3:23-24, sustituyendo la palabra
hombre, por “Dough”. Ella leyó:”Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón,
como para el Señor, y no para –“Dough”. Continuó, “sabiendo que del
Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor
servís.”

En ese momento se hizo el silencio en mi oficina. Los pensamientos acerca


de Dough la habían consumido y herido no sólo a ella sino a las niñas
también. Cada decisión que tomaba estaba centrada en Dough. Bien por
evasión, manipulación o venganza, Dough era la imagen que estaba en su
mente. Le pregunté si estaba dispuesta a reemplazar a Dough por Jesús.

“¿Cómo?” Exclamó ella. “Jesús no me acosa por teléfono, no me critica, no


me avergüenza ni actúa como Dr. Jekyll o Mr.. Hyde”

Entonces “¿cómo crees que Jesús tomó el dolor insoportable de Su brutal


muerte aquí en la tierra?”.
Ella encogió sus hombros; entonces le pedí que leyera Hebreos 12:1b-2.
“Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los
ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la
diestra del trono de Dios.”

En estos dos versos encontramos ideas importantes: la “carrera” es nuestra


vida completa con cada una de sus partes, especialmente las pruebas,
tentaciones y responsabilidades. Tenemos que correr la carrera con
“resistencia, paciencia”. Esta palabra en Griego está compuesta de los
términos ”bajo” y “soportar o mantenerse,” lo cual significa literalmente
“permanecer por tiempo indefinido sin esperanza, ni cambio o alivio de
algún tipo.”

Muchas responsabilidades que otros no han cumplido y que hemos tenido


que tomar y llevarlas a cabo nos sobrecargan y agotan. La palabra
“resistencia, paciencia”, se refiere a la habilidad de mantenerse en medio de
circunstancias difíciles sin ninguna perspectiva de alivio a la vista; porque
algunas veces no vemos la luz al final del túnel. La luz nos da la esperanza
de que el alivio está cerca.

El autor de hebreos nos está diciendo que corramos bajo las presiones de la
vida, poniendo nuestra mirada en Jesús, no en las expectativas de alivio
anticipado; nuestro alivio estará en el cielo, y ahora estamos en la tierra.

Esto es lo que la esposa de Dough necesitaba hacer: reemplazar su enfoque


en Dough y enfocarse en Cristo.

Entonces, seguidamente le señalé cómo Jesús cumplió Su responsabilidad


de morir en la cruz. “Quien por el gozo puesto delante de Él, soportó la
cruz.” Jesús estaba enfocado en el gozo de su regreso al Padre y Su gloria.
Este es el mismo tipo de gozo que el Padre está esperando de nosotros.

Finalmente, después de la terrible experiencia de la cruz y del calvario Jesús


se sentó a la derecha del Padre, junto al Trono de Dios. Todo se había
cumplido, todo había sido consumado y Él estaba asumiendo su posición
final de victoria triunfante.
Nuestro Señor tuvo que beber primeramente la copa del sufrimiento que no
quería beber (Mt. 26:39). Le había pedido al Padre si podía pasarla por alto,
pero tuvo que someterse a la voluntad de Su Padre. Él cumplió la
responsabilidad que asumió en el pasado eterno, antes de la fundación del
mundo. ¿Cómo lo hizo? Jesús sabía que tendría que rendir cuentas al Padre
y que iba a ser grandemente recompensado. (Fil. 2:9-11).

El propósito completo de darle cuentas a Dios por nuestro círculo de


responsabilidad cumplido es para que podamos ser ricamente
recompensados por Él. Entonces, con gratitud de corazón, pondremos
nuestras coronas a Sus pies y lo glorificaremos a Él por siempre. Dios nos
ha preparado un lugar (Jn. 14:2), una posición (1Jn. 3:1) y un propósito (Ef
1:2) para nosotros en el cielo. Pero eso sucederá en la eternidad, ¿Puedo
perderlo todo ahora?

Ellos no pueden quitártelo

La mayoría de las cartas que Pablo escribió a personas o iglesias, tenían que
ver con problemas o asuntos específicos. Las cartas a la iglesia de Corinto
no son una excepción. El divorcio entre cristianos o no cristianos era un
problema a considerar.

Aunque la pregunta original no aparece en la carta, tenemos la respuesta. La


pregunta podría haber sido: ¿Estoy obligada a mantener un matrimonio a
cualquier precio, incluso si el no creyente se quiere ir? Esto implicaría
pensar en si “¿Dios me pediría cuentas por el fracaso de mi matrimonio, si
el no creyente quiere terminar la relación?” Es posible que también se
hicieran otra pregunta “¿Podría la desobediencia de otros afectar mi
recompensa o que yo permanezca como creyente?”

Hay esposas cristianas que luchan ansiosamente por sus matrimonios, por
miedo a que Dios las juzgue severamente si por cualquier razón el esposo
no salvo se va. Ellas dicen: “Dios detesta el divorcio; si mi esposo se
divorcia de mí, entonces ¿Irá Él a odiarme?” El apóstol respondió
claramente: Si el no creyente está contento viviendo con una cristiana, el
creyente no tiene que echar fuera al esposo incrédulo (1ª Co. 7:12–13).
El asunto confuso es, ¿Qué pasa si el no creyente quiere dejar su
matrimonio? El creyente tiene permiso total de Dios de dejarlo ir. El
cristiano no está obligado por Dios a forzar al no creyente a permanecer
casado, por el temor de lo que Él le hará al cristiano, si esto sucede.

La explicación amplia está clara. Tú debes hacer todo lo que esté en tu


mano para hacer que el matrimonio funcione; pero si el no creyente insiste
en irse, déjalo ir. Ni el creyente desobediente, ni el no creyente pueden
quitarte tu recompensa por haberse divorciado. Podemos ser personas fieles
aunque alguien no nos sea fiel. Absolutamente nadie puede controlar tu
rendición de cuenta y recompensa más que tú mismo. Eso no pueden
quitártelo.

Muchas personas se desviaron de la fe, después que los discípulos y el


apóstol Pablo los llevaran Cristo. Él sintió la pérdida;(2 Ti 4:10-17). Llegó a
creer incluso que su trabajo había sido en vano (Ga 1:6, 2:2). Sin embargo,
tras todo el abandono que él experimentó, la apostasía y caídas que
presenció, Pablo pudo decirnos confidencialmente desde la celda de la
cárcel romana con poca luz donde estaba a punto de morir: “Yo ya estoy
próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. He peleado
la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” (2ª Ti. 4:6 -7).
Pablo nos dibuja su muerte como una libación que se derrama en el
sacrificio diario (Nm. 28:4-7) ¡Gloria sea dada a Dios!

Mirando hacia atrás, Pablo tuvo una sensación de realización en el curso de


su vida trazado para y por el Señor. (Hch. 20:24) Aunque otros le habían
fallado, él no falló en cumplir su círculo de responsabilidad a pesar de los
reveses, conflictos, decepciones y persecuciones. En medio de todas estas
circunstancias él mantuvo intacta su fe y confianza en su Padre.

¿Qué le llevó a Pablo a pasar por todo esto y resistir? Él nos responde: ”Por
lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor,
juez justo, en aquel día; no sólo a mí, sino a todos los que aman su venida”
(2ª Ti. 4:8). Pablo sabía que iba a tener que rendir cuentas de sus
responsabilidades ante un juez que era justo y estaba listo para
recompensarlo, no para castigarlo. (2ª Pe. 2:23)
Yo he visto cómo esta verdad ha traído libertad y alivio a personas miedosas
y confundidas que sienten que tienen que dar cuentas parcial o totalmente
por los fallos de los demás. Nunca más sintieron que los que le fallaron le
estaban robando la oportunidad de recibir la recompensa de Dios, ni
afectando la relación con El. Hay algo más que ellos no pueden quitarte.
Tonya supo esto de primera mano.

Ellos no pueden quitarte la paz

Tonya le pidió a mi esposa Linda que fuera al juzgado con ella porque el
juez iba a declarar el divorcio. Su esposo Rodney era un cristiano que había
abusado física y emocionalmente de ella y de sus hijos por muchos años.
Durante mucho tiempo estuvo aferrada a la esperanza de que él cambiara.
No obstante, él la maltrataba de continuo verbalmente con palabras como:
“Sométete bruja”. Así que con el tiempo perdió la esperanza y se
desmoronó.

Tonya pidió separarse temporalmente con la esperanza de que ambos


recibieran consejería y el matrimonio pudiera salvarse. Sin embargo, su
acecho, las llamadas telefónicas y amenazas de Rodney continuaban. Tonya
hizo todo lo que había podido y en ese momento se encontraba de pie
delante del juez que decretaría el fin de su matrimonio. Cerrando sus ojos
levantó su cabeza hacia el cielo a aquel que juzga justamente y se sintió
segura. Dios la entendía. Ella se había encomendado desde el principio al
Juez Supremo, al que juzga con justicia (1Pe 2:23). Esta no era la manera
que ella quería que terminara. El ideal se había roto. Ella había peleado
duramente para mantener su matrimonio. Había cumplido sus
responsabilidades y a cambio solo había recibido maltrato emocional y
físico. Sin embargo, había mantenido su fe intacta.

Era difícil para ella aceptar la realidad de que la paz en la tierra no viene
incluso si se trabaja duro para cumplir con todas sus responsabilidades (2ª
Ti. 3:3). Desde la caída del hombre en el Jardín del Edén, el ideal y la
realidad han estado en conflicto. Lo que no debería suceder muchas veces
sucede. Lo que Dios ha diseñado para nosotros como mejor, se nos rompe.

Rodey le produjo a Tonya un dolor inmenso. Él tenía el poder de destruir su


matrimonio y romper su casa. Sin embargo, no pudo arrebatarle su
recompensa futura por su fidelidad (2ª Ti. 1:12) ni robarle su paz (Fil. 4:7).

**********

Una cosa es saber que algún día estaremos cara a cara con un Juez justo,
que nos va a recompensar ricamente por nuestros esfuerzos en restaurar
relaciones rotas; y otra muy distinta es vivir día a día, proponiéndose a
hacer algo que lo haga posible. Josué nos dio una clave sobre cómo hacerlo.
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿Ha sido acusado/a alguna vez de hacer algo incorrecto porque estaba
pasando por una prueba muy difícil?

2.- ¿Cuán diferente se siente al creer que Dios solamente le pedirá cuentas
por aquello que está en su círculo de responsabilidad?

3.- ¿Por qué piensa que las mujeres tienden a sentirse más culpables que los
hombres?

4.- ¿De qué forma su vida sería diferente si supiera que Dios le
recompensará grandemente por las buenas respuestas realizadas?
12

¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS DE CUMPLIR CON MIS


RESPONSABILIDADES?

Una brisa caliente golpeaba su bronceado rostro. Una multitud expectante


estaba de pie delante de Josué, esperando escuchar su discurso de
despedida. ¿Qué era lo que un hombre que había nacido como esclavo en
Egipto tenía que decirles a miles de personas que estaban libres y en paz?
¿Qué había aprendido sobre su caminar con Dios en sus 110 años que
pudiera ser importante para ellos?

Josué tenía al menos 80 años cuando recibió de Moisés el liderazgo de la


nación. Su misión fue dirigir a Israel para conquistar la tierra de Canaán que
Dios les había prometido. Su poderosa conquista sometió a seis naciones y
a treinta y un reyes.

¿Podría Josué atender y dirigir las necesidades de la nación para desarrollar


familias fuertes? Era lo apropiado. ¿Reforzaría la importancia de tener un
ejército poderoso y la estabilidad política? Esto era lo que le correspondía
hacer para permanecer como líder militarmente honorable. Sin embargo, él
tomó más bien la decisión de responder a la necesidad número uno de la
nación que era la de ser fiel a su compromiso con Dios.

El compromiso establecido por medio de Moisés no era eterno, tenía que


ser renovado en cada generación. Así que Josué comenzó el discurso
recapitulando la historia de Israel, recordando al pueblo cuál era su círculo
de responsabilidad primordial. “Ahora pues, temed a Jehová y servidlo con
integridad y verdad”. Para hacer esto tenían que “quitar de en medio a los
dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del rio, y en
Egipto.” (Jos. 24: 14a).

Josué sabía que no le estaba hablando a una audiencia completamente


convencida, así que él los desafió: “Si mal os parece servir a Jehová,
escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros
padres cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos
en cuya tierra habitáis”. Luego, con voz resonante y clara, que reflejaba sus
años de fuertes convicciones, declara el principio distintivo de su vida:
“Pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15).

El propósito de permanecer responsable

Estas declaraciones venían de la boca de un joven guerrero idealista que


había sido probado en las batallas y había tenido muchas experiencias en la
vida. De no haber sido así, esta declaración hubiera sido interpretada como
una insolente arrogancia. Josué y Caleb eran el último eslabón viviente de
las raíces de la nación que estuvo esclava en Egipto; pero ahora esta
generación de Israelitas era libre y vivía en paz en Canaán. La
determinación de Josué de servir al Señor se fue fortaleciendo cada vez más
a través de las pruebas y batallas que Israel había enfrentado para lograr esa
paz. Josué vio cómo Dios lo había probado en todas las formas posibles y
demostró serle fiel a Él.

La declaración de Josué contiene estas importantes palabras: “yo y mi


casa”. Josué había sido un joven con determinación y fe cuando estuvo solo
y sin familia. Fue un hombre responsable durante su juventud en Egipto, y
esto sentó las bases de su fidelidad, dedicación y determinación que
permaneció en él toda su vida.

Nosotros no tenemos un registro histórico de ese compromiso temprano de


Josué, que fue el sello de su identidad y propósito y que lo convirtió en un
modelo de sencillez en cada decisión tomada y en cada compromiso con
Dios. ¿Cómo aprendió a aceptar responsabilidades y a seguirlas? Él es uno
de los pocos hombres de fe registrado en las escrituras que, aún al final de
su vida, permaneció siendo un hombre de carácter e integridad y propósito.

Josué desarrolló la autodisciplina temprana a través del reconocimiento de


su responsabilidad, asumiendo de todo corazón y cumpliendo con cada fibra
de su cuerpo. La fidelidad y la obediencia eran una forma de vida de Josué
porque se había propuesto seguir siendo responsable. No fue sólo una
decisión de tomar y olvidar, sino que el mantenerse responsable delante de
Dios se convirtió en su estilo de vida.
Una forma de vida

Cuando era joven invité a Cristo a entrar en mi vida y le pedí que perdonara
mis pecados (Apocalipsis 3:20). Sin rodeos declaré que Él era el Señor de
mi vida (Ro. 10:9). Nadie me dijo que había algo más en la vida cristiana
salvo simplemente tomar una "decisión por Cristo." Yo no entendí en ese
momento que mi responsabilidad era cooperar con Dios y permitirle que me
cambiara por completo en mis pensamientos y acciones (Ro. 12:2).
Erróneamente creía que podía seguir viviendo la vida a mi manera pero con
un toque religioso agregado. ¡Estaba equivocado!

Dios no nos llama simplemente a tomar una decisión de seguirle, sino a


adoptar un nuevo estilo de vida modelado según Cristo Jesús, que es "el
camino" (Jn. 14:6). Los primeros cristianos fueron identificados como
"pertenecientes al Camino", incluso por sus enemigos (Hch. 9:2) porque
había algo notablemente diferente en su nuevo estilo de vida; nuevo estilo
que estaba basado en los caminos de Dios. Una de esas formas de andar en
los caminos de Dios consiste en identificar y cumplir con la responsabilidad
personal, lo que trae consigo el poder de restaurar relaciones (Fil. 2:13).
Esto funcionó en mí y sé que para ti también funcionará.

Sin embargo, lo que definitivamente no funciona son las formas de modelo


disfuncionales de vida. Dios no permite que funcione para los cristianos.
¿Por qué? Porque no va de acuerdo al carácter divino de Dios, ni con Su
diseño para con nosotros. Hay patrones de vida que parecen correctos sólo
porque fuimos criados creyendo estar en lo cierto. Lamentablemente,
aunque se ve muy bien, a menudo conduce a la muerte o la separación
(Prov. 14:12). Estos caminos disfuncionales pueden llevarnos a una
separación física, emocional e incluso terminar en divorcio. La separación
puede venir semejante a la rebeldía de un adolescente que le da la espalda a
Dios y a la familia. La separación puede incluir un cónyuge adicto al
trabajo que se escapa de una relación difícil en su casa en busca de la
admiración y el reconocimiento en el trabajo. Un marido controlador puede
que no se dé cuenta del efecto destructivo de su dominio autoritario hasta
que su esposa, profundamente herida, anuncia que está a punto de dejarlo.
Sus niños pueden que todavía lo amen como padre pero se han distanciado
de él a causa de lo que ha hecho con ellos. Aquellos que profesan la fe pero
continúan llevando sus vidas sin experimentar cambio alguno, podrían estar
haciéndose la misma pregunta que se hacía mi padre.

Algunos años después que mi padre y yo nos volvimos a encontrar,


estábamos juntos en un viaje. Él estaba disfrutando el paisaje cuando de
pronto, de una manera clara y de la nada, reflexionó: “Hijo, tu madre y yo
estaríamos cumpliendo hoy cincuenta y ocho años de casados.” Luego en
un tono reflexivo agregó: “Me pregunto ¿Qué fue lo que salió tan mal?”.

Me di cuenta que la pregunta era retórica. Pero yo no podía dejar de


preguntarme: “¿Es que acaso no tiene idea?” Mi padre parecía que no podía
conectar su estilo de vida egoísta con la destrucción resultante de nuestra
familia. Nadie le habló del poder que tiene el cumplimiento de la
responsabilidad personal con la restauración de las relaciones.

Como joven adulto experimenté personalmente el dolor por la falta de


responsabilidad de mi padre hacia nuestra familia. En este punto existe un
contraste enorme entre la figura de mi padre y la de Josué, un hombre que
permaneció siendo fiel y responsable hasta el final.

Los beneficios de la responsabilidad

Una pregunta que me hacen con frecuencia es, ¿Por qué debería ser
responsable? ¿Cómo y en qué me beneficia seguir siendo responsable
cuando los demás no lo son? Hay por lo menos once beneficios como
consecuencia de cumplir nuestro propio círculo de responsabilidad. Cada
uno es poderoso y contribuye a la restauración de las relaciones rotas.

1.- Enfoque Total.

Para un atleta, perder la concentración puede significar una derrota segura.


Al mantener un enfoque constante, el creyente al igual que el atleta, puede
estar seguro de ganar una vida exitosa y sin remordimientos. El apóstol
Pablo compartió su secreto de la vida terminando bien a pesar de un sinfín
de experiencias dolorosas. Esto fue lo que reveló a sus amigos en Filipos:
"prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo
Jesús" (Fil.3:14). Usted puede objetar. Pablo tuvo que hacer eso por cinco o
diez años. ¡Cualquiera puede aguantar este periodo de tiempo! "Lo siento”.
El hecho es que Pablo llevaba siendo creyente por lo menos treinta años y
no fueron fáciles para él, pero sí llegaron a ser treinta años de enfoque total.
Corrió como un corredor de larga distancia, escuchando los gritos de los
santos del Antiguo Testamento que habían ido delante de él (He. 12:1). Las
lecciones que aprendió de los juegos populares griegos fueron traducidas a
las realidades espirituales de su carrera de la vida. Así como los atletas de la
antigüedad tenían la mirada puesta en el estrado terrenal donde de pie
recibían su premio, él también se anticipaba al momento del llamado al
estrado celestial donde Su Juez estaría sentado para otorgarle la recompensa
(2ª Co. 5:10). El deseo de recibir esa recompensa lo mantuvo enfocado.

El concepto de los círculos de responsabilidad puede ayudarnos mucho a


mantenernos enfocados en medio de relaciones difíciles. De hecho, esto
ayudó a Buck, ese hombre trabajador granjero y vendedor de carros a
tiempo parcial que a menudo me preguntaba qué más podía hacer para
mejorar su matrimonio con Ginger. Ella intentaba controlarlo con su ira y su
aceptación condicional y se rehusaba tercamente a reconocer algunos de sus
cambios por miedo a que él perdiera la motivación para seguir cambiando.
Mientras tanto, ellos continuaban trabajando juntos en sus negocios, la
empresa de la ganadería y la agricultura. Cuando sentía que había avanzado
muy poco con respecto a su relación, él me llamaba. Yo diría que en
repetidas ocasiones le dije a Buck: “quédate dentro del bolsillo. No te salgas
de él porque puedes ser atacado”.

A Buck le encantaba el fútbol y entendía lo que significaba “estar en el


bolsillo”. Él sabía que me estaba refiriendo a un término del fútbol
americano, donde el jugador permanece dentro del anillo de defensa y hace
posible el paso del balón a un receptor. Es la responsabilidad de este
jugador observar quién podría ser el receptor adecuado. La responsabilidad
del equipo de jugadores es protegerlo hasta que él pase el balón al receptor,
de ahí que el equipo de jugadores forme un anillo de protección que, según
la jerga futbolística, se le conoce como “el bolsillo.”

Si este jugador se sale fuera del anillo protector de la defensa, podría ser
dolorosamente herido y despedido. Así que le pedí a Buck, que en este
caso era el jugador que desempeñaba este rol en su matrimonio, que
revisara conmigo el plan de juego que el Señor quería que hiciera.
Dolorosamente enumeró cada paso de la lista: “Escuchar atentamente,
reconocer sus emociones, evitar estar a la defensiva, hablar de manera
respetuosa, escuchar su opinión, hablar con ella y hacerle preguntas, ser
gentil y considerado.”

Él recitó esta lista como si de la tabla de multiplicar se tratase y se la


aprendió de memoria. Entonces le dije: "¿Y ahora qué vas a hacer?" A lo
que respondió: "Supongo que voy a mantener la concentración y
permanecer en el bolsillo”. Y sí, lo consiguió.

Cada decisión que Jesús tomaba tenía un misma dirección: la hora de su


muerte sacrificial en la cruz. Él asumió de buen agrado la responsabilidad
de recibir la pena de muerte por nuestros pecados (Mt. 20:28). Jesús se
movió durante su tres años y medio de su ministerio totalmente enfocado en
su hora decisiva. Cuando su madre quiso que Jesús remediara el problema
del vino que estaba escaseando en las bodas, Él respondió: “Mi hora aún no
ha llegado” (Jn. 2:4). El tiempo para revelar quién era y por qué había
venido no había llegado aún. Cuando sus propios hermanos que no creían
en Él lo retaron a que apareciera prematuramente en la vida pública, Él les
respondió: “Mi tiempo aún no ha llegado” (Jn. 7:6b, 8). Debido a su
propósito enfocado ni siquiera los líderes religiosos pudieron aprehenderlo
para matarlo, nadie era capaz de hacerlo porque su hora no había llegado
todavía (Jn. 7:30,8:20). Sin embargo, en respuesta a una investigación de
ciertos griegos que querían ver a Jesús, Él declaró: “Ha llegado la hora para
que el Hijo del Hombre sea glorificado” (Jn. 12:23b). Había llegado el
momento.

La muerte de Jesús implicó su humillación temporal, pero pronto entraría


de nuevo al lugar que Él tenía junto a Su Padre antes de venir a la Tierra
(Jn. 17:5). ¿Esta hora fue dolorosa para Jesús? Tenía que serlo; Él pidió a
Su Padre si podía evitar pasar por esa hora (Mr. 14:16). Más tarde, en medio
de su agonía, Jesús les dijo a sus discípulos que su alma estaba
profundamente turbada. Él clamaba al Padre diciendo: “Ahora está turbada
mi alma, ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora?”, Jesús se mantuvo
enfocado en su vida y por la razón de su venida, por eso Él le recordó a sus
discípulos: “Pero para esto he llegado a esta hora” (Jn. 12:27). Aunque
Jesús fue siempre el único que estuvo en control total, Él delegó el poder a
otros para lograr que esta hora final de su vida se cumpliera.

En esa noche a la luz de la antorcha, la multitud de líderes religiosos y


militares vinieron al huerto de los Olivos para arrestarlo. Encubiertos en la
oscuridad de la noche se encontraron con Jesús y Él les recibió con estas
palabras: “En esta hora y el poder de las tinieblas son suyos” (Lc. 22:53).
En ese momento ellos estaban cooperando totalmente con Satán y con las
fuerzas de la oscuridad para asesinar al Mesías. Pero Jesús se mantuvo
enfocado, mantuvo el control a causa de su enfoque. Nadie le estaba
tomando o quitando Su vida; Él la estaba ofreciendo voluntariamente (Jn.
10:18).

¿Qué significó “la hora” para Jesús? Ésta representaba su propio círculo de
responsabilidad. Tenía que haber un solo mediador entre Dios y el hombre,
y ese era Cristo (1Ti 2:5); tenía que haber un sólo sacrificio, “el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Nuestra entera salvación
dependía de que Jesús estuviera enfocado en su responsabilidad. Mientras el
salvador agonizaba en la Cruz, Satán le ofreció una oportunidad más,
utilizando al Centurión quien para burlarse le retó a que probara que Él era
el Rey de los Judíos bajándose de la Cruz (Lc. 23:37). Jesús ya había
realizado todos los milagros necesarios para corroborar que Él era el hijo de
Dios, el Mesías, el verdadero Rey de los Judíos. Él permanecía enfocado, se
quedó en la cruz hasta que fue capaz de gritar: “Consumado es” (Jn. 19:30).
Se ha acabado. Mi hora está completa. Jesús ilustró con su propia vida y su
muerte el increíble poder para restaurar las relaciones mediante el
cumplimiento de la responsabilidad personal. "Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo" (2ª Co. 5:19).

Tu círculo de responsabilidad te va a beneficiar al mantenerte enfocado;


pero no sólo te mantendrá enfocado, sino que también te dará un profundo
sentido de propósito permanente.

2.- Propósito.

Un piloto desorientado, después de encontrarse totalmente perdido, anunció


por los altavoces: “Señores, no sé a dónde vamos; pero a donde sea que nos
dirigimos, llegaremos a tiempo”. Este anuncio viene a resumir muy bien
algunas características de nuestra cultura: comida rápida, camino rápido, vía
rápida. Uno de los miedos más comúnmente aceptados es la falta de metas
o de propósitos en la vida. Nuestra cultura está llena de aburrimiento, lo
cual se evidencia en la industria del entretenimiento. El aburrimiento se
caracteriza por una alta energía sin ninguna dirección significativa para
liberarla. Es como estar bien vestido sin tener lugar donde ir.

Nunca he conocido a alguien que tenga claros sus propósitos en la vida. El


aburrimiento significa que no tengo nada importante que hacer. ¿Hacer qué?
Cumplir tus responsabilidades. ¿Qué responsabilidades?

El próximo paso correcto a seguir puede ser la responsabilidad para


descansar, orar, llamar a alguien, escribir, estudiar, ejercitarse, animar o
estimular a otros, enseñar, limpiar, cocinar, manejar, alabar, adorar a Dios,
testificar, discipular, etc.

Una de las responsabilidades cristianas que prevalece con respecto a las


personas que no son salvas es testificar (Hch. 1:8) y luego discipular (Mt.
28:19–20). Ese debe ser el objetivo de toda la vida en la relación con los
demás. Granma Harding me lo resaltó de la siguiente manera:

Estaba dando una conferencia en Pennsylvania. El salón estaba lleno de


personas que querían recibir entrenamiento, destrezas y herramientas para
ayudar a otros. Durante la conferencia me fijé en una anciana que tomaba
muchas notas sobre mi enseñanza y me sentí halagado de verla escuchar
con tanto interés. Mi curiosidad pudo más que yo y, en el momento del
receso, me acerqué y le pregunté: “¿Qué le llevó a venir aquí hoy?”

"Bueno, jovencito, –dijo mientras apuntaba su dedo índice en mí- yo tengo


noventa y dos años y me imagino que nunca se es demasiado viejo para
aprender cómo ayudar a alguien. Además, hay un joven por quien he
sentido gran carga y pensé que podría conseguir algo aquí que le ayudará”.
Sacudí la cabeza con asombro y le dije: "Usted es un verdadero ejemplo
para mí. Ha mantenido su propósito durante toda su vida”. Esta abuela
murió al año siguiente. Esta mujer piadosa supo que tenía la
responsabilidad de cumplir con la gran comisión hasta que nuestro Salvador
la llamó a su casa. Las últimas palabras de Nuestro Señor "hacer
discípulos", le dieron la responsabilidad y el propósito que duró toda la
vida. Pero había un gran contraste entre esta abuela y María.

El padre de María era un adicto al juego que vino a los Estados Unidos sin
su esposa e hija y que después de una noche de suerte en el juego, envió los
pasajes para María y su madre, para que viajaran en barco de Francia hacia
Nueva York. Antes de salir de viaje un médico descubrió que María, la hija,
tenía una infección en el ojo y se rehusó a firmar sus papeles de vacunación
hasta que la infección se sanara. Ella y su madre perdieron ese barco y
tomaron otro. El barco que perdieron fue el Titanic.

María ha sobrevivido a toda su familia. Ahora tiene noventa y cuatro años.


Ella se deshizo de todas las fotografías familiares. Su vida se resumió en
esta frase: ”La vida es graciosa; perdí el viaje del Titanic, luego tuve
tuberculosis pero sobreviví y ahora estoy completamente sola. Mis padres
se han ido, mis amigos también. Mi hijo se ha marchado y me pregunto a
mí misma que por qué estoy aquí. Me hago esta pregunta todo el tiempo y
no tengo una respuesta, realmente no la tengo”. (Kansas City Star, 24 de
enero de 1998)

“¿Por qué estoy aquí?” La respuesta a esa pregunta debe definir nuestras
vidas. Su respuesta marcará la diferencia entre la satisfacción significativa o
la supervivencia miserable. Cuando nosotros aceptamos totalmente el
llamado de Dios en nuestras vidas y lo llevamos a cabo, no llegaremos a las
puertas de la muerte haciéndonos la inolvidable pregunta de María:”¿Por
qué estoy aquí?

Cuando abandonamos las responsabilidades diseñadas por Dios, las cuales


definen nuestro propósito, muy pronto nos podemos encontrar en ese avión
que vuela sin dirección alguna y que dice “Donde sea que vayamos,
llegaremos a tiempo”. Los Círculos de responsabilidades nos garantizan
encontrar nuestra dirección, agudizar nuestro enfoque y nos aportan sentido
de propósito.

Otro beneficio personal de proponerse seguir siendo responsable, es la


sensación gratificante de realización.

3.- Realización.
Hay un dicho conocido que dice: “El trabajo de una madre nunca termina”,
y es verdad. Yo admiro la forma cómo mi esposa Linda ha hecho malabares
para desempeñar tantos roles como esposa, madre, abuela, ejecutiva,
maestra de escuela secundaria. A esto hay que añadir los roles de
coordinadora de la oficina ministerial, copresentadora de conferencias,
correctora de textos, y apenas está comenzando el alcance de su
compromiso en las vidas de su familia y los demás.

Linda es la primera en reconocer su lucha diaria para mantenerse enfocada


y no distraerse con muchas cosas que son buenas, pero que no son sus
prioridades.

Pero una herramienta que ayuda es saber qué responsabilidades hay que
cumplir cada día y entonces mantenernos enfocados con la energía para
lograrlas.

Jesús explicó el secreto de la reducción del estrés y el cultivo de la paz


interior. La clave es centrarse en la realización diaria "No se inquieten por
mañana, porque mañana cuidará de sí mismo. Basta a cada día su propio
mal.” (Mt. 6:34). Parafraseando: "Centrarse en los problemas de hoy porque
éstos absorberán sus energías”. Cuando uno se ocupa de los problemas de
hoy y cumple con esas responsabilidades diarias ha logrado mucho.
Entonces se está listo para satisfacer las demandas y responsabilidades del
mañana.

De vez en cuando la gente que estoy aconsejando, me pregunta: “¿Usted


cree que hemos avanzado y conseguido algo?” Algunas preguntas les
ayudan a ver la extensión de sus propios progresos: “¿Tienen una imagen
clara de aquellas cosas por las que son responsables?” Generalmente
responden que sí. Bien, eso es progreso, es logro. “¿Ustedes han aceptado
sus responsabilidades delante del Señor?” Generalmente responden que sí.
Eso también es progreso. “¿Están cumpliendo su círculo de
responsabilidades diarias?”; si veo una duda en este punto, les hago otra
pregunta: “¿Están cumpliendo sus responsabilidades diarias mucho más que
antes?” Aplaudo aún los logros más pequeños porque muestran cambios en
la dirección correcta.
Recuerde que las dos cosas que la gente herida y lastimada quiere encontrar
en nosotros es la esperanza de que van a mejorar y ánimo de que van a ser
capaces de realizar las tareas que tienen por delante. Esta es la esencia de la
comodidad, la esperanza y la fuerza (2ª Co. 1:4). Cumpliendo con sus
círculos de responsabilidades les da un sentido de logro que puede que no
hayan tenido en el pasado.

En las reuniones con Deidra y Keenan, quienes luchaba con sus prioridades
fuera de lugar, yo les preguntaba cómo les había ido su semana y
averiguaba si había algún avance haciéndoles esta pregunta: ¿Keenan, has
consultado con Deidra antes de comprometer algo de tu tiempo con los
demás? Cada semana me hacía saber que él estaba mejorando cada día más,
pero el perfeccionismo de ella a veces la influenciaba y en esos momentos
ella comentaba que él aún tenía reveses. Con esa forma radical de
pensamiento, Keenan estaba, o muy bien, o muy mal. Deidra tuvo que
aprender del Señor que cambiar su forma de hablar, actitudes, y formas de
pensar de él tomaba tiempo. Los círculos de responsabilidades nos otorgan
una vara para medir el progreso.

Pablo evaluó los logros de su vida cuando le dijo a su hijo espiritual,


Timoteo: “He peleado la buena batalla. He acabado la carrera”. He logrado
las tareas que Dios me ha dado. Ahora haz tú lo mismo, Timoteo. Entonces
Pablo concluyó, "he guardado la fe." Timoteo, he logrado el mayor objetivo
en la vida. He mantenido mi confianza absoluta en el Padre mediante el
cumplimiento de mis responsabilidades diarias. Timoteo, usted puede
también (2ª Ti. 4:07).

¿Por qué Pablo enfatiza a Timoteo la importancia de terminar su carrera?


Aprendió de nuestro Señor que el cumplimiento de las responsabilidades
tiene el objetivo de glorificar al Padre. El Señor Jesús en su oración
sacerdotal deja claro: "Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra
que me diste que hiciese" (Jn. 17:4). Aunque la cruz seguía adelante, Jesús
lo veía como que ya se había logrado. Realización significaba dar gloria al
Padre.

Permanecer desarrollando nuestro propio círculo de responsabilidades


mantiene nuestra vida enfocada y dirigida intencionalmente. Entonces
podemos decir con seguridad al final de nuestra vida como lo hizo Jesús,
"Consumado es." Todo está cumplido (Jn. 19:30). Un logro importante
puede ser el restablecimiento de una relación previamente rota. Además, si
nos proponemos ser fieles en el cumplimiento de nuestras responsabilidades
ganaremos en identidad.

4.- Identidad.

Nick y Traci trabajaron duro para restablecer una relación saludable con la
madre de Traci. Ambos tuvieron que redefinir sus propios círculos de
responsabilidades. Pero algo le había sucedido a Traci cuando era pequeña
que había hecho que su identidad se formara sobre la idea de complacer en
todo a su madre divorciada. Si alguien le preguntaba, "¿Se puede poner de
pie la verdadera Tracy, por favor?" Ella no sabía quién era. Tracy estaba tan
entrelazada emocionalmente con su madre que no tenía ni idea de quién era
ella, porque se había convertido en lo que su madre quería que ella fuera.
Esta forma de ser y pensar se manifestaba en medio de todas sus relaciones
de amigos, a la hora de buscar pareja y finalmente en su matrimonio con
Nick.

Por su parte, la tendencia de Nick era la de ser autoritario a la hora de


dirigir el hogar, de forma que el control determinaba todas las decisiones.
Traci encajaba perfectamente con Nick, que era ahora quien tenía dominio
de su pensamiento y provecho de todo lo que su madre había hecho con ella
mientras crecía. Asimismo, su madre continuaba diciéndole qué debía
hacer. Ante este panorama Traci se debatía entre complacer a mamá o
agradar a Nick. En muy pocas ocasiones se tomaba en cuenta cómo se
sentía Traci, o qué querría ella; sencillamente todos sus deseos,
necesidades, opiniones, gustos, aversiones, metas y aspiraciones estaban
guardados en una especie de oscuro armario emocional donde permanecían
seguros ante cualquier intromisión.

Con su madre, Tracy era lo que su madre quería que fuera. Cuando estaba
con Nick, era lo que exigían sus expectativas. Se había convertido en un
camaleón emocional. La verdadera Tracy estaba aplastada, lejos, era un
vago recuerdo. Y por esta razón era tan difícil para Tracy definir los límites
bíblicos y establecerlos con su madre. De esta forma, cuando le mencionaba
los límites a Tracy decía dos cosas; primero afirmaba ingenuamente:"¿Qué
es eso de límites?" Entonces le explicaba lo que son las fronteras saludables
en nuestras relaciones. La segunda pregunta era: "¿Las fronteras de quién?"

“Las tuyas, por supuesto.”

“Yo no tengo fronteras”.

“¿No tienes ninguna frontera relacional?”

“No sé”.

“¿Por qué no lo sabes?”

“No sé cuáles son mis límites.”

“¿Por qué?” (Yo ya lo sabía).

“No sé qué es lo que quiero en mis relaciones. Nadie me ha preguntado esto


antes.”

Entonces fue cuando se produjo la crisis: “¡No sé quién soy!”

Las personas complacientes tienden a perder su identidad, movidos por la


insaciable necesidad de ser aceptadas por los demás. Ellos tienen
dificultades para ser responsables solo de sus propias responsabilidades,
porque no saben quiénes son y de qué son legítimamente responsables.

Los círculos de responsabilidades ayudan a que las personas regresen de


nuevo a su identidad. ¿Cómo? Primeramente, Dios le da a cada creyente al
menos un don espiritual (1ª Co. 12:7) para que lo use en beneficio de los
demás. No es para enterrarlo, olvidarlo o dejarlo a un lado (Mt. 25:24-25)
como consecuencia de las expectativas y demandas de los demás, porque si
es así desviamos nuestra identidad personal. Dios espera que cada uno
utilicemos los dones que se nos han dado (1ª Ti. 4:14). Él no le da el mismo
regalo a cada creyente (1ª Co. 12:29–30). El cuerpo de Cristo es variado (1ª
Co. 12:4) y esta variedad de dones conlleva a una diversidad de
responsabilidades y expresiones diferentes.
En segundo lugar, Dios nos da a cada uno de nosotros talentos y habilidades
naturales–físicas, emocionales e intelectuales que Él espera que los usemos
para Su Gloria; si a eso añadimos los dones espirituales y el tipo de
personalidad, nos encontraremos con una persona extraordinariamente
única en Cristo. El fundamento de tu identidad es reflejar a Cristo a través
de lo que Dios te hizo ser. Es virtualmente imposible complacer a las
personas y a Dios al mismo tiempo. (Mt. 6:24).

El apóstol Pablo no perdió su identidad personal cuando dijo: ”con Cristo


estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo
que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me
amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gá. 2:20) Cuando leemos las cartas
Paulinas, vemos que se parecen a Pablo, son únicas, no se parecen a Pedro
ni a ningún otro. Cuando leemos las cartas escritas por Juan, tienen las
marcas de su estilo y personalidad.

Las Escrituras no se originaron con los propios autores humanos. Ellos


hablaron de parte de Dios siendo impulsados por el Espíritu Santo (2ª Pe.
1:21). Ellos fueron llevados como un barco de vela por el viento. Los
autores humanos de las Escrituras fueron controlados por Dios y su Espíritu
Santo y cada uno participó conscientemente en cada paso del camino. No
estaban en un trance tomando dictado. Sin embargo, Dios usó su
singularidad en cada punto, quiénes eran, sus talentos, dones y herencia. A
ninguno de los autores se le pidió ser alguien que no era. Sí se les pidió ser
lo que Dios les hizo ser. Identificaron lo que Dios quería que hicieran, lo
aceptaron y lo cumplieron.

Personalmente no conozco concepto más liberador que saber con claridad


quién soy en Cristo y hacer lo que estoy llamado a hacer en Cristo. Esta es,
sin duda, la mejor vía para expresar mi don espiritual porque es el camino
por el cual Dios quiere que vaya.

David, el joven pastor, no podía luchar contra el gigante filisteo Goliat


usando la armadura del Rey Saúl (1ª Sa. 17:38,39), No podemos expresar
nuestra singularidad en Cristo al tratar de ser como otra persona. Sólo Dios
da la gracia para hacer su voluntad, no la voluntad de otros que quieren
imponer su agenda a la nuestra.
Otro de los increíbles beneficios de permanecer en nuestro círculo de
responsabilidad es la seguridad que obtenemos.

5.- Seguridad.

Continuamente ideamos estrategias que nos ayuden a mantenernos seguros.


Algunos optan por dinero, otros escogen relaciones, hay quienes encuentran
seguridad en las cosas. Por ejemplo, los agresivos intentan encontrar su
seguridad en su posición. Estas cosas en sí mismas no están mal. Todos
necesitamos algo de cierta seguridad en lo que confiar. ¿Quién no necesita
una relación, ya sea un mejor amigo, un compañero, un hermano o
hermana? Por mucho que algunos de nosotros nos esforcemos para no
acumular cosas, la mayoría tenemos más de lo necesario. Las posesiones y
el dinero van y vienen. Todos queremos encajar, pertenecer, ser miembro de
algo. Pero hay una fuente de seguridad más significativa e importante y es
el conocimiento y la confianza de saber que estamos haciendo lo que se
supone que debemos hacer.

La palabra seguro viene de dos raíces latinas que significan ”sin“y


“cuidado”. Para estar seguro, uno debe estar relativamente libre de temor,
ansiedad y duda, porque nos sentimos seguros y confiados. La exposición al
peligro o al daño es mínima. Una persona segura es fuerte, estable y firme.

Yo he visto a muchas personas ansiosas relajarse y entrar en una quieta


confianza cuando comprenden sus responsabilidades y cuál es el próximo
paso correcto a seguir. También es un alivio saber qué es lo que ellos no
tienen que hacer, porque no forma parte de su círculo de responsabilidad.

Como sabemos, el hijo de Helen, Ron, era drogadicto. Ella llegó a entender
que no era responsable de la recuperación de su hijo, ni de proveerle
recursos hasta que él decidiera recibir ayuda por su adicción. Helen lo
amaba, oraba por él y le daba comida de vez en cuando, pero no era
responsable delante de Dios de proveerle una plataforma de lanzamiento;
cuidaba de él, porque él era parte de ella pues lo había traído al mundo y
eso no cambiaría nunca; pero si continuaba permitiéndole que le robara, la
manipulara, le mintiera y la explotara financieramente, no estaría siendo
responsable. Permitírselo era más bien sobreprotegerlo de las consecuencias
y no auto sacrificarse. Sólo cuando Helen se convenció a través de Dios de
cuáles eran sus responsabilidades, estuvo lo suficientemente segura para
tratar a Ron de una manera responsable.

En una relación difícil no es fácil dar los pasos y actuar de forma correcta.
Pero esa quieta y profunda seguridad se desarrolla a partir de que decidimos
hacer la clara voluntad de Dios. Nuestro Señor es el “Ancla del alma”, que
es segura y cierta (He. 6:19). La seguridad en creer genera seguridad en el
comportamiento. Así que el identificar, asumir y cumplir responsabilidades
delante del Señor produce un profundo sentido de seguridad.

Mantenernos fieles en nuestro círculo de responsabilidad, especialmente en


aquello que tiene que ver con las relaciones, nos aporta otro beneficio
mayor: reducimos la ansiedad al mínimo.

6.- Reducción de la ansiedad.

Rex, el esposo de Marylee, se sentía muy ansioso en las sesiones de


consejería. La ansiedad es diferente al miedo. El miedo siempre tiene un
objeto. Por ejemplo, si vemos un automóvil a toda velocidad dirigiéndose
hacia nosotros, sabemos que el impacto es inevitable. En este caso, el
automóvil es el objeto tangible del miedo.

La ansiedad, por su parte, es miedo a lo desconocido. Volviendo al ejemplo,


si sientes que un automóvil va a lanzarse en cualquier momento sobre ti,
aunque tú no lo veas, eso que sientes es ansiedad. La ansiedad está basada
en una preocupación que nos da vueltas en la mente, que la perturba con
pensamientos y sonidos que a veces no podemos descifrar. A Rex le daba
ansiedad.

Los ruidos de traqueteo de la ansiedad vienen al menos de cuatro fuentes.

Primero, existe el temor de que una verdad que no quería enfrentar pueda
salir a la superficie. Esto aumentó la ansiedad de Rex a una escala de uno al
nueve. Él sabía que había verdades acerca de su carácter y comportamiento
que él no quería reconocer, así que peleó duro para tratar de mantenerlas
sumergidas.
Segundo, Rex estaba ansioso por aquellos sentimientos dolorosos que había
enterrado en su pasado; emociones que él había decidido no recordar.
Cualquiera que hablara sobre pérdidas, heridas o situaciones conflictivas le
daba motivos para aumentar su ansiedad. Él habría preferido morir que
volver a experimentar ese dolor de nuevo.

Tercero, había motivaciones equivocadas que él no quería que fueran


reveladas. Rex tenía una personalidad narcisista hasta la médula.
Interpretaba todas las cosas desde su propio punto de referencia. Desde que
era un niño sentía que toda su vida, aún sus relaciones, tenían que girar
alrededor de él. Los sentimientos de su esposa no le eran relevantes, raras
veces los tomaba en cuenta. Discutía defendiendo sus motivos e intereses
atacando y culpando al otro. Esa era su estrategia.

Cuarto, Rex tenía miedo de que alguien descubriera las responsabilidades


que él no deseaba reconocer ni cumplir con su esposa. Cuando la
conversación se relacionaba con las conductas, palabras o actitudes de las
que él era responsable de cumplir dentro de la relación, su cuello se llenaba
de manchas rojas. Esta es una señal externa de la ansiedad. Esto sucede
porque cuando la ansiedad se experimenta, el cuerpo emite histamina en el
torrente sanguíneo.

En contraste, uno de los grandes beneficios cuando se identifica es que


podemos empezar a cumplir nuestro círculo de responsabilidad, de forma
que esas responsabilidades que no cumplíamos y nos causaban ansiedad las
comenzamos a cumplir y descubrimos así la abundante gracia de Dios.

Me alegro muchísimo cuando escucho ese suspiro de alivio y veo los


rostros de aquellos que finalmente reconocieron las responsabilidades que
habían estado evitando. Cuando las personas las asumen humildemente y
obedientemente y comienzan a cumplirlas suceden muchas cosas positivas;
se desmoronan murallas, las voluntades rebeldes obedecen, se sueldan
relaciones rotas y la ansiedad se reduce en gran medida. Y… esto es sólo el
principio, porque si continuamos cumpliendo con nuestro círculo de
responsabilidad se sientan las bases para reducir la tensión en las relaciones.

7.- Reducción de la tensión.


Estábamos filmando la tercera parte de la serie de Televisión “Amar y
querer” para KCTV-50. Cuando iba por la mitad del programa, le pedí a
Terry y a su esposa Mary que se acercaran al escenario y me ayudaran con
una ilustración.

Le di a Terry un extremo de una cuerda larga de cuatro metros y el otro


extremo a Mary, su esposa. Se les pidió que generaran tensión en la cuerda
tirando de sus extremos. Entonces les dije que hicieran algo que,
igualmente, le he pedido a decenas de parejas.

"Quiero que reduzcan la tensión en la cuerda”. En ese momento, Mary dejó


caer la cuerda de un extremo.

"No, no podéis soltar ninguno de los extremos." Así que nuevamente cogió
el extremo de la cuerda.

"Ahora reduzcan la tensión".

Ambos se trasladaron a pocos centímetros el uno del otro.

Me volví hacia la audiencia y comenté: "¡Qué fácil es reducir la tensión en


la cuerda y en un matrimonio si cada uno se mueve un poco!. No se
soluciona el problema por completo, pero puede reducir la tensión. "

Entonces les pedí ejercer la tensión en la cuerda de nuevo. A continuación,


le dije a Terry que liberara la tensión en la cuerda. Ambos se movieron unos
centímetros hacia el otro.

"No, Mari, no quiero que te muevas, sólo Terry." Lo intentaron de nuevo y


esta vez Mary no se movió, pero Terry lo hizo.

"Mira, la tensión se redujo y sólo una persona se movió." Esto es


exactamente lo que ocurre cuando una o ambas personas en una relación
identifican, asumen y cumplen su propio círculo de responsabilidad.

Puede que no se arreglen los problemas matrimoniales de larga duración y


arraigo, pero sí comenzará a prepararse una atmósfera menos estresante,
donde la reedificación del matrimonio puede tomar lugar.
El cumplimiento de las responsabilidades viene a fortalecer la relación pero
también a reducir la conflictividad.

8.- Reducción de conflictos.

Parecía que Rex disfrutaba discutiendo con Marylee. Argumentar y discutir


era una de sus estrategias para controlarla, y el control era la herramienta
que utilizaba para reducir el miedo a ser abandonado, trauma que
experimentó desde su infancia. Él atormentaba a su esposa noche tras
noche, hasta que llegó un punto en el que Marylee respondió defendiéndose
iniciándose así las continuas peleas.

Durante una de las sesiones de consejería a solas con Marylee, revisamos


este asunto. Me preguntó qué podía hacer cuando Rex continuara
avergonzándola. Como habíamos mencionado anteriormente, Rex era el
clásico astuto que culpaba siempre a los demás y explicaba sus historias a
su manera y conveniencia. De hecho, la gran habilidad que tenía para torcer
los hechos estaba haciendo que Marylee estuviera cada vez más confundida
y a punto de volverse loca.

Yo le sugerí una forma de reducir sus conflictos. Ella no arreglaría los


conflictos de Rex, pero podía reducir la intensidad y la frecuencia de ellos.
Le dije: “Marylee, imagínate que eres una gran bailarina y un chico
repugnante y desarreglado te invita a bailar, ¿Qué harías?”

“Yo educadamente le diría que no”

“¿Qué te obligaría a bailar con él?”

“Nada, pero necesitaría ser educada con él”

“Es cierto. Entonces, cuando Rex comience a presionarte para tener una
pelea, piensa en ese chico que te invitaba a bailar y niégate educadamente a
participar. Él puede volverse furioso, poner mala cara, armar un lío, pero
dile simplemente que no estás abierta a discutir esto más con él. La
próxima vez que lo discutan será en la presencia del pastor o en la próxima
sesión de consejería.”
Hay por lo menos 3 enseñanzas bíblicas muy claras que se relacionan
directamente con esto.

En primer lugar se nos dice que, si es posible, estemos en paz con todos los
hombres; es decir, que si está dentro de nuestras posibilidades (Ro.12:18).
En segundo lugar, las Escrituras también nos advierten que no tengamos
ningún tipo de asunto con hombres iracundos (Pr. 22:24), y esto es por una
muy buena razón. Cuando las emociones son altamente activadas por la ira,
el razonamiento y la lógica desaparecen de la mente. Rex usaba la ira para
obtener y mantener el control, no para crear paz.

En tercer lugar, Santiago nos subraya que la ira del hombre no obra la
justicia de Dios (Stg. 1:20). La lucha verbal nunca produce la santidad y la
justicia que Dios quiere que desarrollemos en una relación. Por el
contrario, destruye la obra misma de Dios en la vida de las personas.

Rex tuvo verdaderas dificultades con los cambios de Marylee. Pelear era su
insana manera de controlarla cuando tenía miedo. La respuesta madura de
Marylee lo asustaba aún más, pero logró reducir grandemente sus
destructivos argumentos.

9.- Reconstrucción de relaciones.

Los círculos de responsabilidad pueden ser el catalizador que ayude a


reconstruir las relaciones. Es verdad que no todas las relaciones pueden
reedificarse, pero como no somos omniscientes, no sabemos cuáles tendrán
éxito. Yo siempre cito el mismo verso: ”Si es posible, en cuanto dependa de
vosotros, estad en paz con todos los hombres:” (Ro. 12:18).

He visto cómo situaciones que parecían imposibles se iban restaurando


lentamente cuando una de las personas comenzaba actuar de una manera
sana y responsable. He visto a un esposo inflexible suavizar su carácter
después de ver los cambios positivos de su esposa. Ha sido muy
reconfortante ver una esposa recelosa y desconfiada unirse en la consejería
con su esposo, a causa de los cambios responsables que ella había visto en
él. Con frecuencia, una actitud arrepentida de parte del que hizo la ofensa
transmite al ofendido que le importa y que desea hacer cambios. Un
cambio positivo viene a abrir una puerta cerrada al corazón de un
compañero lastimado o de un miembro de la familia.

Muchas veces Dios revierte, suspende o retarda un juicio pendiente cuando


un pecador se arrepiente, cuando se vuelve responsable y da el siguiente
paso de forma correcta (2º Cr. 33:1-17). Así la propuesta de mantenernos
responsables puede ser una herramienta efectiva para reconstruir relaciones.
También puede ser un testimonio poderoso de tu vida.

10.- Testimonio Poderoso.

Michelle, mi hija más joven, acababa de entrar en la escuela secundaria.


Habíamos empezado a asistir a una iglesia grande con un grupo de jóvenes
muy activos. Los campamentos, retiros y actividades sociales saludables
eran un estímulo real para ella que le permitió entablar muchas amistades,
hasta el punto que llegó el día en el que me pidió ir a casa de sus amigos.

Michelle les había compartido de sus convicciones en muchas áreas. Las


películas era una de ellas; el área del entretenimiento era algo en lo que ella
ponía mucho cuidado. Un día, un grupo de amigos de la iglesia alquilaron
una película, compraron palomitas, refrescos para picar mientras la veían.
Al comenzar la proyección, Michelle se dio cuenta de que no era el tipo de
películas que quería ver. Como su amiga tenía permiso de conducir,
Michelle le pidió salir y tomar un helado. Fue en este momento en el que
ella pudo hablar con su amiga sobre el tipo de película más conveniente y
que ambas deberían ver. Después del convite y del helado, la amiga de
Michelle la trajo a casa temprano.

Michelle llegó desanimada a su casa, revisando lo que había pasado.


“Supongo que no podré tener muchos amigos, a menos que vea películas de
sexo y escuche palabrotas.” Tenía una lucha entre sus convicciones y las
amistades. Sin duda, quería permanecer fiel a sus convicciones, pero veía
que el costo iba a ser alto, aún entre los propios jóvenes de la Iglesia.

Unos días después, recibió una carta de una amiga que no había estado en la
película. Esta es la carta que me hizo llorar:

Michelle:
Hola. ¡Sólo quería enviarte esta nota en agradecimiento por dejarte usar
por Dios! En estas dos últimas semanas de verano has impactado mi vida de
una forma sorprendente y no sé qué más decirte además de que sigas
haciendo el buen trabajo de Dios.

Karen me dijo cómo te fuiste de casa de John porque no querías ver


películas censuradas. Realmente eso me tocó. Dios necesita líderes que
estén dispuestos a mantenerse firme por el Reino de Dios y tú estás
dispuesta a hacerlo. Lo creas o no has impactado a muchas personas
respecto a esa película y te admiro por ello.

¡Requiere mucho valor hacer algo así! Puedo ver tus coronas
amontonándose en el cielo, aunque sé que tú no lo sigues a Él por eso. Te
quiero mucho y estoy orando por ti. Por favor, dime cómo puedo orar por ti.

Te quiere:

Molly

Me gustaría decir que hay muchas chicas que siguen el ejemplo de


Michelle, pero tristemente no es así. Ella tuvo que enfrentar esta realidad
sola, aun en medio de los círculos cristianos. Cuando Jesús dijo: “…
angosta es la puerta y angosto es el camino que lleva a la vida, y pocos son
los que la hayan.” (Mt. 7:14) se estaba refiriendo a los que no creían en Él,
pero el mismo principio se aplica a los que son cristianos. Angosto es el
camino de los seguidores de los estándares de Cristo. Estos creyentes no
son de mentalidad estrecha sino que tienen una mente enfocada en el
propósito de Dios.

Sus compañeros y maestros honraron a Michelle por su carácter. Cuando


ella identificó sus estándares delante del Señor, los aceptó y se propuso a
vivir conforme a ellos, pudo testificar a muchos en su propia escuela. Las
personas bíblicamente responsables permanecerán de pié. Jesús los animaba
de esta manera: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos” (Mt. 5:16).
Las personas que identifican, asumen y se proponen mantenerse
responsables son de hecho una especie rara y un gran testimonio. El
beneficio final de permanecer fieles a nuestro círculo de responsabilidad
puede ser lo que más nos anime a seguir adelante.

11.- Tú vas a estar bien.

De todas las preguntas que me han hecho, la más común de ellas ha sido:
“¿Voy a estar bien?”. Las palabras de despedida de Moisés responden esta
misma pregunta a Israel. Él señaló las dos montañas que estaban delante de
ellos. Por un lado, el monte Ebal era el recordatorio visual a la nación de
que si ellos desobedecían y abandonaban al Señor sufrirían severas
consecuencias. Por otro lado, el Monte Gerizim les recordaría la promesa de
Dios de recibir bendiciones si se mantenían fieles al pacto que hicieron con
Dios (Dt 11:29).

Usted puede decir que eso fue para la nación de Israel, no para nosotros. Yo
mismo me hice esa pregunta y cuando leí el pasaje que Pablo escribió a la
iglesia de Corintios y que dice, “todas estas cosas les sucedieron [a Israel]
como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, que vivimos
en estos tiempos finales” (1ª Co. 10:11), obtuve la respuesta. La palabra
“instrucción” es sinónimo de amonestación y proviene de dos términos
griegos que significan “poner en la mente”. Parafraseando este versículo
podemos decir que fueron escritas de tiempo en tiempo para nuestra
instrucción. Esta instrucción es la que Dios quiere usar para llevarnos al
punto donde hay bendiciones y beneficios para aquellos que identifican,
asumen y continúan cumpliendo las responsabilidades que Dios nos ha
dado, a pesar de la falta de cooperación de los demás. Claro que sí, usted
puede estar bien.

Mark y Kari trabajaron con el Pastor Tim por un tiempo después de nuestra
sesión maratoniana de esa tarde. Pudieron identificar dónde estaban y dónde
podían estar en su matrimonio, pero finalmente ambos se negaron a aceptar
y cumplir con sus responsabilidades. Me duele pensar que no van a estar
bien. En el último contacto que tuve con ellos supe que la familia se ha
desintegrado y que han fracasado porque no han utilizado el poder de la
obediencia para resolver sus conflictos.
Marylin y Bruce, después de sólo una sesión, aprendieron a ver dónde
estaban y dónde querían estar como matrimonio. Ambos aceptaron y
cumplieron sus responsabilidades, experimentaron el poder de cumplirlas y
esto les ayudó a su matrimonio. Ellos lo hicieron bien.

Dough, mi amigo granjero, admitió que había abusado emocional y


físicamente de su esposa. Estaba repitiendo el mismo patrón de sus padres.
Creía que era normal y pensaba que su esposa era el problema. Por su
parte, ella aprendió a controlar sus gastos y se volvió personalmente
responsable. Como consecuencia, Dios quebrantó el corazón de Dough y
reconoció su inmadurez emocional y la necesidad de construir una relación
de corazón a corazón con su esposa, quien a su vez, finalmente regresó a su
hogar. La conversación vino a reemplazar los gritos, los insultos y el culpar
al otro. Hoy día llevan juntos las cuentas y la economía del hogar. Ellos
resolvieron sus conflictos.

Nick y Traci lo están haciendo muy bien. No fue un milagro sino una
decisión de asumir su responsabilidad personal lo que se convirtió en un
poderoso recurso para restaurar su relación. Ambos han permanecido fieles
en cumplir con sus responsabilidades. La madre de Traci posee ahora un
mayor sentido de seguridad porque su hija actúa como una hija responsable
y adulta. El enredo original ha desaparecido y ahora tiene una relación
saludable basada en la honra y el amor mutuo.

En un principio, Susana no se sentía capaz de poder recuperarse después de


todo lo que había vivido con su esposo Jerry. Tras unos años y después de
hacer un gran trabajo con sus tres hijas, Susana es Fisioterapeuta y disfruta
viajando con su familia. Ha aprendido de primera mano la importancia y la
firmeza de mantenerse fielmente responsable. Ella también va a estar bien.
Las herramientas de Dios han funcionado con ella.

Helen también lo está haciendo muy bien. Su hijo, que era adicto al crack,
tuvo que reaprender muchas cosas que había perdido de su infancia, tales
como ser responsable de sus acciones, entre otras. Cuando Helen dejó de
permitirle sus abusos, sucedió algo increíble. Me siento muy feliz al poder
hoy decirles que Ron está recibiendo la ayuda que él necesitaba día a día y
que está mejorando mucho.
En cambio, Rex es otra cosa. Él arruinó su tercer matrimonio y aún hoy
siento pena por él. Su comportamiento irresponsable destruyó toda
esperanza. Marylee continuó adelante, obtuvo un Master en su carrera y
compró una pequeña casa. Durante muchos años pensó que no podría vivir
sin Rex, pero logró reemplazar su dependencia insana por dependencia
saludable con su Padre Celestial. Ella sigue orando y ayunando por él. Por
su parte, sabe que ella va a estar bien, sea lo que sea que suceda con Rex.

Keenan y Deidra me acaban de anunciar que ellos y sus cinco hijos nunca
antes habían estado tan felices. Keenan ya no sale corriendo a ayudar a
alguien, sino que ha identificado, asumido y cumplido muchas de sus
responsabilidades familiares y esta actitud ha tocado el corazón de Deidra.
Aunque tienen sus altibajos como cualquier otra relación, saben que van a
estar bien, porque han podido resolver sus conflictos familiares.

Shelia trae amigos suyos a mi oficina de vez en cuando para que les
asesore. Dios ha hecho algo realmente maravilloso y el comportamiento
abusivo de la madre de Sheila está cambiando por completo y ambas están
hablando ya como personas adultas. De hecho, esto es un milagro. Ahora
Shelia se acerca a sus padres desde una posición espiritual y
emocionalmente sana y no desde una necesidad enfermiza. Su copa está
llena (Jn.. 4:14). Su Padre celestial la ha llenado primero. Shelia, y en
oración mamá y papá, van a estar bien.

Tristemente, Kitty no va a estar bien porque ha decidido ir de una relación


inmoral a otra. Se mantiene tomando malas decisiones. Es verdad que es
una gerente muy competente, pero a menos que cambie de dirección, se
dirige hacia un final amargo.

¿Qué puedo decirles de mi padre? Hoy día lleva más de diecisiete años de
sobriedad y se ha convertido en un abuelo amoroso. Actualmente soy su
guardián, y Linda y yo estamos pendientes de que se mantenga sobrio.

Pueden comprobar que les he dado un recuento de todas estas historias de


hombres y mujeres que han enfrentado y asumido la realidad de sus
responsabilidades y que han cumplido con ellas. Hoy día puedo decirles,
desde mi experiencia personal, que si no hubiera utilizado esta poderosa
herramienta de los círculos de responsabilidad, enraizados en el carácter de
Dios, hubiera perdido a mi padre y, mis hijas a su abuelo. Dios restauró la
relación con mi papá cuando estuve dispuesto a asumir la responsabilidad
de confesar mi robo de la infancia de tres dólares de plata. Dios usó mi
confesión para restaurar poderosamente una de las relaciones más
importantes en mi vida –la relación con mi padre.

No puedo dejar de preguntarle: ¿A qué está esperando para identificar,


asumir y cumplir con su círculo de responsabilidad?

¿Está convencido? ¿No está muy seguro acerca del poder que Dios puede
darle para resolver una relación difícil? John y Alice quieren contestar estas
preguntas con sus propias palabras. ¿Realmente funciona?
Preguntas para discutir en pequeños grupos:

1.- ¿Cómo sería tu vida si te propusieras mantenerte responsable ante Dios?

2.- ¿Qué áreas disfuncionales de tu vida identificas?

3.- Si te preguntaran cual es el propósito de Dios en tu vida: ¿Qué


responderías?

4.- ¿De qué manera el identificar y cumplir tus responsabilidades te ayudan


a mantenerte enfocado/a en tu vida?

5.- ¿Cómo puede cambiar tu propósito en la vida al mantenerte enfocado/a


en cumplir tus responsabilidades?

6.- ¿Cuánta tensión podría reducirse en medio de un conflicto, si


permaneces enfocado en cumplir tus responsabilidades?

7.- ¿De qué forma se reducen tus miedos, ansiedades y preocupaciones si


cumples con tu propio círculo de responsabilidad?

8.- ¿Quién te está viendo desde afuera del conflicto?


13

¿REALMENTE FUNCIONA?

Me gustaría poder decir que estos principios que os he compartido han


tenido éxito con todas y cada una de las personas a las que he atendido;
pero desafortunadamente no es así.

Sólo una palabra distingue a los que tienen éxito con los que no, y es
obediencia a los caminos de Dios tal y como están revelados en Su Palabra.

John y Alice Bourdon se encuentran entre esas personas que obedecieron y


para quienes los principios de la Palabra cambiaron su matrimonio y su
ministerio. Su historia es asombrosa y quiero expresarla con las palabras
propias de sus protagonistas.

Grandes comienzos

John

Nos gustaría compartir con ustedes cómo Dios ha usado los principios
bíblicos del libro “¿Puedo Resolver Este Conflicto? ¡Claro que SI.!” para
impactar nuestro matrimonio y ministerio. Yo te agradezco que hayas
tomado tiempo para trabajar en tu relación –en un principio no creía que eso
fuera tan importante. Lo que nosotros queremos compartir contigo es cómo
Dios ha trabajado en nuestras vidas para sanar nuestro matrimonio que
estaba hecho pedazos.

Yo nací en 1952. Mi madre era una alcohólica y mi padre era un hombre


estricto y severo. Desde muy temprano en mi vida aprendí a sobrevivir
convirtiéndome en un perfeccionista, lo que me funcionó bien por un
tiempo porque aprendía a prosperar haciendo las cosas a la perfección.

Recibí a Cristo cuando estaba en la Universidad de Georgia Tech. Alice y


yo nos conocimos allí y, después de graduarme de Ingeniero Químico, nos
casamos e iniciamos nuestra vida en Ohio. En ese entonces comencé a
sentir un gran deseo de enseñar la Palabra de Dios en el campo misionero,
así que decidimos pasar los siguientes cinco años en el Seminario de Dallas.
De esta forma yo continuaba trabajando a tiempo completo como Ingeniero,
mientras realizaba mis estudios. Tras graduarme con un Máster en
Teología, nos fuimos al campo misionero.

Mientras tuvimos la oportunidad de enseñar en Guatemala como misioneros


nuestra vida iba muy bien hasta que comenzamos a tener problemas con
uno de nuestros hijos y tuvimos que regresar a Estados Unidos, donde volví
a ejercer de nuevo como Ingeniero. En aquel tiempo también entré a formar
parte de los ancianos de la Iglesia, me convertí en un líder en la comunidad
evangélica y en un Ingeniero altamente respetado. La compañía donde
trabajaba me enviaba a diferentes partes del mundo para dar Seminarios y
realmente me encantaba ese estilo de vida que llevaba, pero no era así para
mi esposa Alice.

Alice

Yo no me habría casado con alguien tan diferente a mí como lo era John.


Ambos somos polos opuestos. Fui criada en un hogar cristiano y recibí a
Cristo a los seis años. Asistía a los campamentos vacacionales de la Iglesia
y trabajaba allí, mientras estudiaba en la escuela secundaria y en la
universidad. Yo hacía las cosas de la misma forma que mis padres, Dios y
los demás querían que las hiciera. De hecho, anhelaba que todos estuvieran
felices conmigo y hacía cualquier cosa para que eso fuera posible, siempre
que no fuera inmoral.

John venía de una familia, cuyas relaciones eran tensas y los conflictos eran
algo normal para ellos. Si mi familia tuviera un lema, ese sería: “mantén la
paz a cualquier costo”. Si te atrevías a hablar u opinar algo, te convertías en
la oveja negra por haber interrumpido.

Crecí creyendo que comprar paz, no importa a qué precio, era una cualidad
piadosa, así que llevé a mi matrimonio esa forma de pensar. Sin embargo,
John pensaba que la mejor forma de hacer las cosas era siendo dominante y
conflictivo. Cuando alguien que quiere evitar los conflictos se une con
alguien que los produce (que los ama), pues ya puede imaginarse lo que se
genera. John hablaba y yo trataba de complacerlo. Esa era la dinámica de
nuestro matrimonio.

Al principio, esto parecía funcionar muy bien. Yo estaba feliz de hacerlo


feliz y él estaba feliz de darme órdenes. Nacieron nuestros tres hijos y esos
primeros años fueron tranquilos y sin novedad. John estaba ocupado con
muchas cosas y yo estaba ocupada con los niños.

Pero, una vez que dejamos el Seminario, comencé a sentir que las cosas no
estaban tan bien como creía. Yo no estaba feliz; la mayoría de las veces me
sentía ansiosa, preguntándome en qué momento John iba a sentirse
nuevamente molesto e infeliz conmigo. Eso sucedía con frecuencia. Y yo
me preguntaba: “¿Qué tengo que hacer ahora para hacerlo feliz de nuevo?”

Un día John me dijo: “Hay algo diferente en ti. Tú has cambiado desde que
dejamos el Seminario.” Yo no había cambiado, pero John sí. Él estaba
comenzando a sentirse incómodo y desconectado con la vida que
llevábamos y con la forma en que yo contribuía. Él pensaba que si yo hacía
mejor las cosas, nuestra vida iría mucho mejor.

Los conflictos se acrecentaron cuando estábamos en el campo misionero.


Eran muchas las ocasiones en las que ni siquiera podíamos comunicarnos.
Intenté decirle a John que no estaba feliz, que estaba preocupada por cómo
iba nuestra relación, pero él me respondía: “Bueno, ese es tú problema. Si
necesitas ayuda, ve a buscarla, pero yo no tengo ningún problema con esta
relación”.

Dejamos el campo misionero por situaciones relacionadas con uno de


nuestros hijos. Nos fuimos a Dallas donde John tomó un trabajo que le
demanda mucho. En esos momentos, cuando intentaba hablarle sobre mi
preocupación en cuanto al matrimonio, él decía: “Sólo es porque me siento
muy presionado por mi trabajo”; así que cuando llegó el momento de dejar
el trabajo en Dallas y nos mudamos a Kansas City, pensé que todos los
problemas quedarían atrás. De hecho, el nuevo trabajo de John era menos
estresante, pero las cosas no mejoraron; más bien, empeoraron.

Un día, cuando estaba observando a mis dos hijos adolescentes, me di


cuenta que me hablaban igual que su padre. Comencé a escuchar las
mismas palabras que le oía a John: “¿Es que no puedes hacer nada bien?”,
“¿No te importa tu familia?”, ¿Será que alguna vez podrás hacer bien las
cosas?”. Había mucha ira en sus palabras, descalificaciones y mucha falta
de respeto hacia mí, ya no sólo por mi esposo, sino ahora también por dos
de mis hijos. Y esta fue la gota que colmó el vaso. Ya no podía soportar un
minuto más esa situación. John no me escuchaba lo que trataba de
comunicarle y continuaba me decía: “Si tú necesitas ayuda, ve a buscarla.
Yo estoy perfectamente feliz con esta relación”. No sabía qué hacer ni a
dónde ir. Como mujer y líder cristiana no tenía idea alguna sobre qué hacer
para lograr algún cambio en mi relación con John.

En medio de mi desesperación, decidí escribirle una carta a John. Aquí les


muestro una porción de esa carta:

Querido John:

Desde hace tiempo estoy preocupada por nosotros. No sé exactamente


cuándo comenzó esta preocupación, pero sé que te he defendido de las
críticas de amigos que te han estado haciendo por años. Estaban
preocupados porque te notaban muy dominante, muy crítico, muy
impulsivo y muy controlador. El año pasado me pude dar cuenta que las
cosas no estaban mejorando, sino que lentamente estaban empeorando.
Quedó claramente de manifiesto que todavía estábamos en una cuesta abajo
y que los niños estaban pagando claramente el precio.

Me preocupa que tú ya no tengas relaciones íntimas conmigo, tampoco


nuestra relación es íntima. Los momentos más íntimos de nuestra relación
fueron durante el noviazgo y desde entonces ha venido declinando. Tú te
has distanciando de mí y de los demás al punto de que no permites que
nadie esté cerca de ti.

También estoy preocupada porque no estás lidiando con tus emociones de


una manera saludable. Rara vez expresas emociones positivas. Aprecio
mucho cuando me dices que me amas, cuando muestras amor por los niños,
das apoyo, los animas, muestras interés genuino, aceptación, orgullo,
alabanza, contentamiento, alegría, esperanza por el futuro, ternura y
tolerancia; pero eso sucede en raras ocasiones. Por otra parte, veo que lo
que caracteriza tu forma de vivir es la frustración, la irritabilidad, la crítica
y la ira. Muy pocas veces te muestras feliz y satisfecho. Tus expresiones de
ira son desconsideradas, sin delicadeza, odiosas y a veces crueles. Pareces
no tener control sobre tus emociones, ni sobre la manera cómo las expresas.
Tampoco parece importarte el efecto que eso produce en los demás.

Yo normalmente he sufrido el impacto (llevado el peso) de tu mal carácter y


ha sido mi elección el permitirlo, pero cuando veo que la herida está siendo
dirigida hacia Josh, Michael y Molly, no puedo mantener esta decisión por
más tiempo.

Otra de las cosas que me preocupan es que tú seas tan controlador. Estar en
control no es malo por sí mismo, tampoco lo es el manejar y controlar los
recursos, pero controlar a las personas y los detalles de sus vidas no es
saludable.

Yo sé que tú no has hecho ninguna de estas cosas intencionadamente. No


eres por naturaleza odioso ni avasallador. Eso es lo que me hace pensar que
fuiste profundamente afectado por circunstancias que estuvieron fuera de tu
control durante tu infancia, que te han convertido en el hombre que eres
ahora. He tratado de ser flexible en nuestra relación, pero francamente,
John, no puedo más. No sé cuáles son los límites y hasta cuándo podré
aguantar esto; pero tampoco quiero saberlo. Lo que sí sé es que difícilmente
puedo seguir en esta situación, sin ninguna esperanza de que pueda mejorar.

Me siento como si estuviera viviendo una mentira, tratando de representar


una relación bien ajustada, un matrimonio feliz y con unas pocas
dificultades, cuando sé que estamos en un problema profundo. Lucho con la
idea de sentirme arrepentida de haberme casado, arrepentida de haber
causado de alguna manera toda esta infelicidad, arrepentida de no haberme
detenido antes para así haber podido rectificar más fácilmente, arrepentida
de que si hubiera sido una mejor esposa y amiga podría haber reducido los
efectos de algún problema de tu infancia. También estoy batallando contra
la amargura que siento hacia ti, porque pareciera que no te importa, y
cuando dices que sí te importa, no le das a esos problemas la prioridad que
debieran tener. Estoy batallando con los sentimientos de temor, sobre qué
nos deparará el futuro; temor de que te rehúses hacer algo para solucionar el
problema.
Siento alivio cuando sales de viaje, porque, al menos por un espacio de
tiempo, no tengo que lidiar directamente con los problemas, pero me pongo
muy ansiosa cuando se acerca el momento de tu regreso a casa. He estado
pensando frecuentemente en el suicidio, pero sé que eso no honra al Señor y
sólo va a hacerle la vida más difícil aún a los niños. Generalmente siento
una tristeza sobrecogedora sobre mí y veo que nuestra situación es tan
terrible, que me siento impotente e incapaz de hacer algo al respecto.

Tomando en cuenta qué es lo que valoro en cualquier relación, considero


que estoy recibiendo muy poco de tu parte. Valoro a los amigos a quienes
realmente les importa lo que estoy haciendo espiritualmente, que quieren
saber cómo me siento, les importan los sueños que quiero lograr, que
honran mis valores, que aprecien mis opiniones aunque sean diferentes, que
apoyan mis esfuerzos y me animan a seguir, que me recogen cuando caigo.
Tú me aportas estabilidad financiera, pero no puedo decir que eres un
amigo para mí. Eres mi compañero, pero no mi amigo. No pareces
preocupado por mi condición espiritual; más bien, ridiculizas mis
sentimientos, criticas y menosprecias mis sueños, minimizas mis valores,
niegas o rechazas mis opiniones, me desanimas y me dejas en el suelo
cuando caigo.

John, yo estoy absolutamente comprometida con nuestra relación, pero


estoy permitiendo que mi familia se auto destruya por no haber intervenido
a tiempo. Es como ver a alguien sufriendo un ataque cardíaco y no llamar a
emergencias pidiendo ayuda. Si continúo tolerando esta situación, nuestros
hijos van a pensar que no estoy bien de la cabeza o que considero que todo
esto es normal. Esas dos alternativas no son aceptables para mí. Yo tengo
una verdadera preocupación, porque me parece que no estás tomándote esta
situación en serio o que no quieres hacer de esto una prioridad. Bueno, no
tengo la intención de amenazar o hacer ultimátum pero debo decirte que no
voy a esperar más".

John

Me gustaría decirte que mi corazón estaba destrozado tras leer su carta, pero
en realidad no lo estaba. ¡Tiré la carta a la basura! El noventa y cinco por
ciento de mi vida era grandiosa. El otro cinco por ciento era penosa a causa
de su histeria. Pero cuando se puso firme y me dijo que “Vamos a buscar
ayuda” yo supe que lo decía en serio; así que fuimos a hablar con nuestro
pastor y luego de escucharnos por cinco minutos, dijo: “sus problemas van
más allá de lo que puedo hacer por ustedes” … y nos mandó a hablar con
Chuck Lynch.

Chuck se reunió con nosotros, me escuchó describir mi vida, me miró y me


dijo algo que nunca olvidaré:” ¡Tú eres un fariseo!” Eso cambió mi vida.
Siendo un licenciado del Seminario, conocía mucho la Biblia, y no resulta
difícil saber que un estudiante de la Palabra y líder de una iglesia evangélica
no combina bien con un fariseo. Así que, en la medida en que me reunía
con Chuck, Dios iba quebrantando mi corazón. Él utilizó el proceso descrito
en este libro para revolucionar no sólo nuestro matrimonio, sino también al
resto de la familia. Cambió mi corazón y me llevó por un proceso donde
desarrollé madurez en Cristo.

Hay siete llaves que Alice y yo utilizamos para reconstruir la armonía en


nuestra relación. Ustedes también pueden beneficiarse de ellas:

1.- Identificar las piezas rotas.

Lo primero que teníamos que hacer era identificar las palabras, acciones y
actitudes negativas que estaban generando desarmonía. Tenía que comenzar
a ver la carta de Alice de una manera honesta y llegar a decir: “esto sí
refleja lo que realmente es mi vida”.

Siendo honesto puedo decir que fue muy difícil procesar todo esto y mucho
más siendo tan perfeccionista como yo. Me hubiera gustado mirarme y ver
perfección; pero en vez de eso, había imperfección por todas partes y me
sentí muy herido. Hicimos una lista de todas las características negativas de
nuestra relación.

Si usted tuviera que sentarse a observar sus relaciones, se podría encontrar


escribiendo en esa lista palabras como: peleón, mentiroso, mal encarado,
criticón, infiel, desconfiado, vengativo, insensible, poco amoroso,
perfeccionista, maldiciente, gritón, sarcástico, indisciplinado, acusador,
rudo, solitario, orgulloso, controlador, dominante, sobreprotector,
irrespetuoso, poco honorable… y apuesto a que usted puede añadir un par
de ellas más, aún sin pensar en ello.
Recuerden que Dios da gracia y ayuda sólo a través de la verdad, así que
tuve que ser honesto. La verdad nos expone y nos hace vulnerables, pero
Dios quiere que seamos sinceros.

2.- Asignar responsabilidades.

Aquí nos introducimos en el concepto de los círculos de responsabilidades.


¿Se imagina cómo pensaba yo que era el tamaño de mi círculo de
responsabilidades? Creía que era de la talla de un guisante. Sin embargo,
hice el círculo de Alice del tamaño de un balón de Basket. ¿Por qué?
Porque quería culpar a alguien más. Si ella era la responsable de todo, yo no
tendría nada de qué responsabilizarme y por lo que cambiar. Todos los
errores los había cometido ella.

Tuvimos que entender que Dios había establecido los fundamentos para
identificar y separar nuestros círculos y responsabilidades. Romanos 12:18
dice: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos
los hombres”. En otras palabras, en lo que nos corresponda a nosotros
hacer, que esté dentro de nuestro círculo, intentemos estar en paz con los
demás, con nosotros mismos y con Dios. Ambos tuvimos que identificar
quién era responsable de cada una de las actitudes anteriormente citadas.
Eso fue un proceso difícil y doloroso.

También tuvimos que añadir nuestras responsabilidades bíblicas en cada


círculo. A cada uno de nosotros se nos encomienda amar, cuidar, perdonar,
animar, orar, ser como Cristo, ser paciente y gentil con el otro. Los frutos
del Espíritu Santos reseñados en Gálatas 5:22–23 son otras cualidades que
se nos han ordenado desarrollar.

Finalmente, se nos recordó que Dios también tiene su propio círculo de


responsabilidades. Una de ellas es el ejercer la venganza a favor de
nosotros. Es cierto que tenemos la tendencia de asumir las
responsabilidades de Dios como si fueran nuestras o intentar cambiar
nuestras responsabilidades para endosárselas a Dios y/o a los demás. En
vez de hacer esto, lo que necesitamos es identificar nuestro propio círculo
de responsabilidades, tanto en el sentido negativo (cambios de actitudes),
como en el positivo (desarrollar dones y talentos).
3.- Asumir responsabilidades.

¿Por qué es tan importante identificar y asumir nuestro círculo de


responsabilidades?

Nunca entendí esto hasta que empecé a caminar por este proceso. En
nuestra mente están separadas estas responsabilidades, pero el compromiso
de asumirlas viene del corazón (sistema central de creencias). Esa es la
diferencia real entre la identificación y asumir la responsabilidad de mi
propio círculo delante del Señor.

Identificar nuestras responsabilidades no es lo mismo que asumirlas. Chuck


nos explicó que echar la culpa es la fórmula para evitar asumir la
responsabilidad personal. Mis (John) preguntas favoritas para culpar al otro
eran: “¿Cuándo vas a aprender? ¿Cuándo vas a mantener esta casa limpia?
¿Cuándo prepararás una cena decente? ¿Cuándo vas a planchar mis
camisas?”

Y la versión de Alice para traspasarme su culpa era: “¡Mira quién habla!


¿Cuándo fue la última vez que tuviste tus devocionales? ¿Cuándo fue la
última vez que escuchaste el sermón? Yo haré tal y tal cosa, cuando tú
hagas tal y tal cosa. Cuando comiences a ser el líder del hogar, entonces yo
me sujetaré a ti. Cuando dejes de gritarles a los niños, entonces yo
comenzaré a prestar atención a lo que dices”.

Yo (John) me di cuenta de que pasar la culpa era lo opuesto a asumir la


responsabilidad. Cuando veo que esas palabras que culpan al otro salen de
mi boca, compruebo que no estoy asumiendo mi círculo de responsabilidad.
En definitiva, pasar la culpa es la forma ideal del fariseo para no meterse en
problemas. Cada vez que Alice usaba expresiones de culpabilidad, yo sabía
que me estaba atacando y comenzaba a justificarme y a estar a la defensiva,
de forma que mi auto-justificación me ayudaba a evitar la responsabilidad
personal.

Alice

También era importante que ambos aprendiéramos a no asumir las


responsabilidades de los demás. Cuando tomamos la responsabilidad del
otro, le robamos el poder y el privilegio de cuidar su propio círculo de
responsabilidad. De hecho, al asumir la responsabilidad de la otra persona a
menudo usamos la vergüenza y sobre todo la culpa para poder motivar a los
demás.

En nuestra relación había cosas que John prefería que yo misma hiciera,
porque él no quería realizarlas. Si los hijos se portaban mal, él me decía:
“Tú estás con ellos todo el día y ellos se están portando mal, ¿Qué clase de
madre eres?”. Él utilizaba la culpa para desviar su irresponsabilidad, nunca
como reflejo de un buen padre sino un reflejo de mí como madre, así que la
culpa tenía que recaer sobre mí. Él no quería asumir sus responsabilidades y
yo llegaba a pensar: “Oh, Dios, quizás no estoy siendo una buena madre.
Realmente necesito buscar la fórmula para que mis hijos puedan
comportarse correctamente”.

4.- Encomiéndese al Señor.

Aprender a encomendarnos a Dios cuando los demás fallan en sus


responsabilidades no es fácil. Fue muy difícil para mí (Alice) enfrentar la
realidad de que yo era capaz de cambiar, pero John podría seguir
comportándose como estaba acostumbrado a hacerlo. No tenía ninguna
garantía de que si cambiaba mi manera de comportarme, John lo haría
también. Él parecía estar ciego en cuanto a sus acciones y actitudes; en
cambio yo había aprendido que Dios sólo me hacía responsable de aquello
que Él me había llamado a hacer. De esta forma, no me correspondía estar
acosando a John por no prestar atención. Tuve que separar mi propio
círculo del círculo por el cual John tendrá que rendir cuentas a Dios. Tenía
que entender que era mi responsabilidad proveer un buen ejemplo de lo que
era ser una persona piadosa responsable para mis hijos. Aunque John nunca
entendiera lo que él tendría que hacer, todavía yo podía confiar y estar
dispuesta a honrar a Dios haciéndolo.

5.- Perdone la irresponsabilidad.

Dios es un Dios perdonador, así que John y yo (Alice) pasamos por muchas
sesiones pidiéndonos perdón y perdonándonos. Fue muy doloroso y a la vez
liberador.
En el trato con sus verdugos romanos Jesús perdonó a quienes lo
crucificaron (Lucas 23:34). “El perdón es un elemento clave en el trabajo
conjunto”.

Yo (John) voy a contar un poco más sobre mi lucha con el perdón. Si tienes
problemas para perdonar a alguien te puedes estar diciendo: “Yo no estoy
enojado(a)”, “Pero, no puedo perdonar”, “Yo no puedo perdonar, eso es
demasiado grande”, “Ellos nunca van a reconocer lo que hicieron”.

¿Cuántas veces habré utilizado estas frases? Y créanme que me vienen esos
recuerdos y momentos en los que decía: “Yo no puedo perdonarme a mí
mismo (a)”, “Yo no puedo perdonar a Dios”, “No soy esa clase de persona
que perdona”, “No puedo deshacerme de esto”, “Ellos lo van a hacer de
nuevo”.

En vez de esconderme detrás de las excusas, me puse en el lugar de Jesús,


colgado en la cruz, capaz de perdonarlos porque no sabían lo que estaban
haciendo. Eso es lo que estamos llamados a hacer en el papel del perdón.

6.- Recuerde que va a rendir cuentas a Dios sólo por usted mismo.

Somos conscientes de que cada uno de nosotros tendremos que dar cuentas
a Dios, solamente en relación a nuestro propio círculo de responsabilidad.
"Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de
Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el
cuerpo de acuerdo a lo que haya hecho, sea bueno o sea malo”. Dios nunca
nos ha ordenado que seamos responsables de las acciones de los demás. No
tengo que responder ante Dios por lo que ha hecho Alice; solo rendiré
cuentas por lo que yo mismo he hecho, sea bueno o malo; tampoco Alice
tiene que responder por mí.

7.- Haga el propósito de permanecer responsable.

Esto es difícil. Durante veintitrés años Alice y yo hemos estado haciéndolo


mal y ahora que tratamos de hacer las cosas bien, parece injusto. Creíamos
que nuestro sistema disfuncional funcionaba pero no era así; y es doloroso
reconocer que yo tengo un círculo de responsabilidad con el que tengo que
lidiar yo solo. Ahora bien, como ambos queríamos salvar nuestro
matrimonio, nos comprometimos a cumplir con lo que nos correspondía
hacer cada uno para mejorarlo.

El proceso del auto descubrimiento

Para mí (John) supuso un proceso de autodescubrimiento. Honestamente,


no me había dado cuenta en quién me había convertido. Cuando Alice me
escribió esa carta de once páginas y fui a ver a Chuck Lynch, pensaba que
yo era una persona muy buena. Era un hombre de negocios de éxito, un
líder de la iglesia y tenía mi vida bajo control. Además, pasaba tiempos de
quietud delante del Señor y consideraba que tenía una muy buena relación
con Él. Es más, creía que yo era casi perfecto, pero desafortunadamente,
Dios no me veía de esa manera. Me había convertido en un Fariseo, puro
por fuera y putrefacto por dentro. Parte del proceso consistió en tomar una
buena y honesta mirada a lo que yo era realmente y darme cuenta de lo
dañado que estaba por dentro.

Quiero mostrarles un fragmento de la carta que le escribí a Alice durante mi


proceso de recuperación:

Me siento como un ciego que ha sido sanado y ahora es capaz de ver, y lo


que veo es feo. He quedado devastado por la luz que ha venido a brillar en
los espacios más oscuros de mi vida. Estoy asombrado por no haber podido
reconocer ninguno de mis pecados, ni el impacto que ellos produjeron en tu
vida y en la de mis hijos. Mi capacidad de negación es enorme. Me siento
un poco traicionado por nuestras familias y amigos que sabían y veían lo
que estaba haciendo y permanecieron en silencio. El darme cuenta de la
magnitud del daño y dolor que estaba causando fue toda una sorpresa para
mí. ¿Cómo pude estar tan ciego? Ese pequeño niño aterrado e inseguro
dentro de mí y el temor de ser abandonado era tan profundo y tan grande,
que poco a poco fue inundando todo mí ser y mi vida. Los eventos de estas
últimas semanas han roto mi corazón y destrozado mi vida, y eso no es nada
comparado con el dolor que yo mismo te he causado en los últimos
veintitrés años. Tú tienes todo el derecho de estar molesta, amargada por mi
causa y además de no poder confiar en mí.

Yo no quería tener ni asumir ningún círculo de responsabilidad; mi meta en


la vida era hacer a Alice responsable de todo, hasta que comencé a ver
dentro de mí y pude darme cuenta de lo pecador que era no me hice
responsable de lo que se supone que debía hacer. Dios espera que sea
responsable de mi propio círculo. No me hace ningún bien tratar de
endosárselas a Alice, porque a fin de cuentas soy el responsable de
cumplirlas. Así que, aunque parezcan horribles, negativas y difíciles para
mí, por la Gracia de Dios, se han vuelto posibles y positivas para mi vida.

Aprendí que lo que hacía la diferencia entre lo positivo y negativo de mi


círculo era la palabra ¡elección!

Romanos 8 y 12 explican que, como creyentes, podemos elegir vivir una


vida semejante a Cristo en el poder del Espíritu Santo o escoger seguir la
vida decadente y pecaminosa que es tan cómoda. De lo que tenía que darme
cuenta es que lo normal para mí era lo pecaminoso. Ahora el ser cristiano
era incómodo, y ello me llevó a reconocer una de las cosas más difíciles
para mí, que verdaderamente me había convertido en un Fariseo. Yo era
perfeccionista, obsesivo; podía caminar en una habitación y captar todo lo
que no estaba en orden.

Durante este proceso también experimenté que era idolatría poner otras
cosas antes que Dios. Yo había puesto a Alice en el lugar que Dios debía
ocupar, con la intención de que ella llenara mis necesidades emocionales y
no Dios. Mi vida estaba hecha un desastre. Mi círculo de responsabilidades
se había derrumbado y ahora era dependiente de otros. Tuve que reconocer
que yo tenía el poder de decir ¡No! a las acciones pecaminosas. Cristo me
dio el poder a través del Espíritu Santo para vivir como una persona
diferente. Una de las cosas más difíciles fue saber que el perdón es algo que
se otorga pero la confianza tiene que ganarse.

Cuando Dios rompió mi corazón fui hacia Alice y le dije que yo había
estado equivocado, que había estado ciego, que no sabía lo que estaba
haciendo y que quería ser mejor. Ella me perdonó pero ahora tenía que
ganarme su confianza de nuevo. Me di cuenta también que no podía ser
perfecto. Fue duro el tener que aceptar ser perdonado y eso desgarró mi
corazón y me quebrantó. Tampoco fue fácil aceptar el perdón de Dios.

Hace poco, mi hijo, que es estudiante en la Universidad, fue arrestado por


hacer algo ilegal. Cuando fuimos a sacarlo de la cárcel después de 20 horas
de arresto obligatorio, él me miró y se asustó tanto que no quería salir de la
celda, ya que en el pasado, por este hecho, yo lo hubiera matado. Aunque él
había visto el cambio en mi vida, todavía tenía miedo y temor. Lo recibí con
los brazos abiertos, sin juzgarlo, mostrándole la Gracia de Dios. Él miró a
Alice, a mí y dijo: “Estaba tan asustado por la forma en la que ibas a
responder”

Alice le dijo: “Tu padre y yo creemos que debemos darte de la misma


Gracia que hemos recibido”.

Michael dijo: “Pero ustedes nunca han necesitado más gracia que yo”.

Ejercitar la gracia de Dios permite que ella fluya hacia los que están
alrededor de nosotros. Esto es lo que ha sucedido durante este proceso en
mi vida y me ha hecho consciente de quién soy realmente, así como me ha
permitido aceptar ser perdonado. Y todo ha sido gracias a lo aprendido en
relación a cómo permanecer en mi propio círculo de responsabilidades, no
intentando atribuírselas al círculo de responsabilidades de mi esposa, hijos u
otras personas. Es verdad, el proceso no ha sido fácil.

Alguien tuvo que cambiar

Uno de los dos tenía que cambiar primero, incluso antes que este proceso
pudiera comenzar en la vida, ente este caso, de John. Si él y yo (Alice)
hubiéramos seguido haciendo las mismas cosas que habíamos hecho antes
una y otra vez, nada hubiera cambiado. La palabra locura significa `hacer la
misma cosa una y otra vez esperando un resultado diferente´. Así que no
podía seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente. Creo que
me habría vuelto loca. Así que uno de nosotros tenía que empezar a
cambiar. Quien había abierto los ojos por primera vez al hecho de que la
relación no estaba funcionando, que nuestra familia no estaba trabajando,
había sido yo. Por eso, era mi responsabilidad dar el primer paso.

Tuve que aprender a poner límites saludables. “El lado exterior de tu círculo
de responsabilidad es el límite saludable en nuestras vidas”. Así que me
hice responsable de lo que me correspondía, que era cuidar de ellos y de mi
caminar con el Señor. Asumí la responsabilidad de lo que es ser madre,
esposa y amiga. En cambio, no me hice responsable de las cosas que no
estaban en mi círculo de responsabilidad. Si lo hubiera hecho, hubiera
eliminado esos límites saludables y habría permitido a todos los demás que
me empujaran a hacer todas sus responsabilidades.

Claro que no fue fácil. Me había pasado veinte años defendiendo un


comportamiento inadecuado y abusivo de mi esposo. Mis amigos solían
preguntarme: ”Alice, ¿Por qué permites que te trate de esa manera?”

Yo decía: “Tú sabes, John puede ser un hombre muy agradable”. ¡Yo estaba
negando la realidad!, y no estaba viendo con honestidad lo que no
funcionaba en nuestro matrimonio. Tuve que aprender a hablar con la
verdad, algo que me resultaba muy aterrador. Estaba viviendo una relación
en la que, si decías la verdad, si te oponías y te defendías, iba a haber una
represalia. Fue difícil aprender a decir: “¿Sabes qué?, hay algo en mi
círculo que no me pertenece sino que es de tu círculo y no voy a seguir
asumiéndolo como mío.”

Tuve que ser honesta conmigo misma a la realidad de cuál había sido mi
contribución al mal funcionamiento de mi matrimonio. Tenía que dejar de
vivir negando la realidad y alimentando pensamientos fantasiosos.
Empeoraba y me sentía más destrozada cada vez que recaía como
consecuencia de los estados de ira de John. Entonces él se sentía muy mal y
terminaba diciéndome: “lo siento”, y acto seguido, me traía flores. En esos
momentos siempre pensaba: “Esto va a estar bien, probablemente esto no
volverá a ocurrir otra vez”. Sin embargo, el hecho es que volvía y volvía a
pasar, y así miles de veces.

Tuve que separar mi propio círculo del de John, y me costó trabajo porque
en su mente él tenía un círculo muy pequeño. John se limitaba a traer el
sustento económico y sentarse en la mesa a esperar su cena; según él, no
tenía que hacer nada más que depositar el sueldo en el Banco. Todo lo
demás estaba en mi círculo de responsabilidades, que, por cierto, era muy
grande para una sola persona, de ahí que era necesario sacar de mi círculo
lo que no me correspondía.

Claro que John no estaba feliz con el hecho de tener que recibir todas esas
responsabilidades que yo estaba soltando de mi círculo porque no me
pertenecían. Su vida se hacía muy incómoda y, como somos seres
habituados a hacer las cosas de determinada manera, no queremos salir de
esa comodidad aprendida, a menos que tengamos alguna motivación para
cambiar. Nos agrada pensar que somos personas muy buenas, piadosas y
espirituales y que haremos cambios en nuestras vidas porque es lo que es
adecuado. Pero eso no es lo que sucede con frecuencia. En nuestro caso,
cambiamos porque iba a ser demasiado costoso para nosotros no cambiar.
Para salvar nuestro matrimonio, ambos teníamos que abrirnos a cambiar y a
adquirir nuevas actitudes y maneras de comportarnos.

Tuve que entender que no era mi responsabilidad el hacer feliz a John. Esa
felicidad era responsabilidad suya. ¿Tiene idea de lo liberador que eso fue
para mí? Ya no tenía que estar corriendo para llegar a casa antes de las
cinco de la tarde y asegurarme que todo estuviera en perfecto orden, los
niños limpios y portándose bien, nada fuera de lugar y la cena casi lista
antes que él llegara, para después poder pasar tiempo con él.
Repentinamente, estaba libre de la pesada carga que había estado llevando
por tanto tiempo y finalmente había entendido que la felicidad de John, su
relación con Dios y su cambio eran su responsabilidad, y que Dios no me
pediría cuentas por ello.

Perdonar era parte de mi responsabilidad y algunas de las cosas que Chuck


comparte en su libro `Debo perdonar, pero…´ me llenaron de sorpresa.
Pensaba en cosas como: “yo perdonaré a John, si él muestra que está
genuinamente arrepentido; lo perdonaré si él reconoce cuánto dolor me ha
causado; lo perdonaré cuando…”

En cambio, tomé conciencia de que mientras más esperara para perdonarlo,


más amargura acumularía en mi corazón. No importa cuánto había
cambiado yo o él. Si esa amargura permanecía dentro de mí me iba a comer
por dentro, así que tuve que aprender a perdonar a John, aunque John nunca
dijera “lo siento”, aunque nunca sintiera la profundidad del dolor que me
había causado. Lo perdoné porque Dios me perdonó.

Yo necesitaba reconocer que la venganza pertenecía a Dios. Si John merecía


ser castigado por lo que había hecho, por todo el dolor que me había
causado, era el trabajo de Dios castigarlo, permitir su consecuencia,
quebrantar su corazón, infligir dolor en su corazón por lo que había hecho.
No era mi trabajo tomar venganza. Es cierto, a veces siento aún la herida,
pero perdonar no es lo mismo que sanar. Significa que tú trasladas a Jesús la
responsabilidad de justicia y venganza y renuncias a usarlo en su contra.
Decides no mantenerlo en la cárcel de tu corazón por lo que te hizo.

Me gustaría decirte que nosotros entendimos cuáles eran nuestros círculos


de responsabilidades e inmediatamente nuestro matrimonio funcionó de
manera espectacular; sin embargo no es cierto. Siempre estoy tentada a
regresar a mi antigua manera de responder y actuar porque me hace sentir
más cómoda. Pero aunque parezca difícil, sabemos que no podemos volver
atrás porque sería una declaración de muerte para mi matrimonio y mi
familia. Así que, por la gracia y la fortaleza que Dios no da, seguimos
avanzando. A veces dábamos diez pasos hacia atrás y un paso adelante,
pero seguimos avanzando porque pudimos ver que Dios tenía y tiene en
mente cosas mejores para nosotros que lo que hemos tenido en los primeros
veinte años de matrimonio.

Lecciones que aprendimos

Amor incondicional no es lo mismo que aceptación incondicional. Supuse


que si me gustaba John cuando me casé y si lo seguía amando más y más,
de alguna manera el mejoraría. Nunca le discutí ninguna de las cosas que
hizo. Dejé que me hablara de la manera que quería. Hice muchas piruetas
intentando hacerlo feliz. Estaba confundiendo el amor incondicional con la
aceptación incondicional de su conducta equivocada.

Muchas veces, el mayor acto de amor es no aceptar lo que la otra persona


está haciendo. Tú nunca dejas de amarlo, pero no siempre tienes que
aceptar lo que el otro hace. Aunque no fue fácil, esto era lo que implicaba
establecer límites saludables y definir mi círculo de responsabilidades
personales.

A veces tengo que enfrentarme a John y decirle: “No, no vamos a caer en


esa trampa. Si quieres que esta conversación continúe, vas a tener que
comenzar a hablarme de una manera respetuosa, porque si no, terminarás
hablándole a la pared.” Después de decirle esto y cuando salía de la
habitación, inmediatamente pensaba: “Oh, este hombre se siente muy mal”,
“Esto suena terrible”. Pensaba así porque me había pasado cuarenta años
entendiendo que el tener “paz a cualquier costo”, era la manera de Dios de
hacer las cosas. Tuve que entender que una confrontación amorosa es
necesaria y bíblica.

Además, he tenido que aprender que el que peca debe sufrir las
consecuencias de su pecado. Ese es el principio de la siembra y la cosecha.
Si John se enfada conmigo y no hago nada al respecto, ¿Quién paga el costo
de su ira y falta de respeto hacia mí? ¡Yo! ¿No es justo, no? ¿Que está mal?
En su lugar ahora permito que John sufra las consecuencias naturales de su
conducta. Ya no tomo las consecuencias de lo que él hace.

También aprendí, que el comportamiento que yo consideraba normal debía


ser comparado con la Palabra de Dios. Fui criada en un hogar cristiano
donde el modelo de “paz a cualquier costo” era lo adecuado, de acuerdo con
la manera de vivir cristianamente, pero realmente no es así. John aprendió
que la ira y el dominio (control) eran dos patrones de comportamiento
aceptables, pero no lo son.

La lucha contra esos viejos patrones no ha terminado. Continúan. Pero los


conflictos son menos intensos y menos frecuentes. ¡Eso ya es progreso!
Hemos desarrollado mejores herramientas para lidiar con nuestros
conflictos cuando aparecen. No puedo imaginarme cómo sería la vida en
nuestro hogar si los conflictos no se dieran más, porque John y yo tenemos
fuertes personalidades; pero hoy día contamos con las herramientas bíblicas
que nos ayudan a resolver nuestras situaciones conflictivas.

Con toda sinceridad y honestidad, esperamos que el haber compartido


nuestra historia sea algo significativo e importante para ustedes, de tal
manera que no comiencen de cero, y ésta sea una herramienta útil que le
ayude a incrementar el poder de cumplir la responsabilidad personal y
restaurar sus relaciones. Esta ha sido una herramienta que ha salvado
nuestra relación y ha bendecido nuestras vidas. Espero que también lo sea
para usted.

John y Alice han aprendido a utilizar las herramientas bíblicas. Usted puede
estar ahora en medio de un problema familiar con sus padres, su esposo(a),
hijos, jefe, compañero, etc. ¿Qué ha hecho usted al respecto? Yo le sugiero
lo siguiente:
• Identifique qué es lo que está pasando realmente en el conflicto.

• Asigne responsabilidades para cada una de las partes involucradas.


Asegúrese de asignarse honestamente lo que legítimamente le corresponde
a usted.

• Asuma su propia responsabilidad por el problema.

• Cumpla lo que está en su propio círculo de responsabilidades.

• Evite asumir responsabilidades de los demás.

• Perdone a todos los que le han fallado en sus responsabilidades.

• Reconozca la Gracia de Dios cuando tiene que cumplir con lo que otros no
han hecho.

• Recuerde que Dios le pedirá cuentas sólo de las responsabilidades que


pertenecen a su círculo.

• Propóngase ser fiel en el cumplimiento de su círculo de responsabilidades


y disfrute los beneficios de la fidelidad de Dios.

Gracias por permitirme formar parte de este viaje a través de lo que es ser
semejantes a Cristo. Será de gran gozo para mí aprender de ti, sobre cómo
resolviste tus conflictos y cómo experimentaste ese poder que te otorga la
Gracia de Dios para restaurar relaciones al cumplir con tu círculo de
responsabilidades.
Preguntas para discutir en pequeños grupos

1.- ¿De qué manera las diferencias surgidas en tu núcleo familiar han
afectado tu relación actual?

2.- ¿Qué cambios has intentado hacer para evitar enfrentar la verdadera
esencia de tu conflicto relacional? ¿Por qué lo haces?

3.- ¿Qué métodos has intentado al lidiar con un conflicto relacional y cuáles
han sido los resultados? ¿Qué aprendiste de eso?

4.- En el proceso de identificar, asignar, asumir y cumplir el propio círculo


de responsabilidades, ¿Dónde y en qué etapa consideras que el conflicto se
estanca?

5.- ¿Qué piensas que debes hacer para dar el “próximo paso posible”?

6.- ¿Qué límites consideras que deben establecerse para construir una forma
sana de relacionarse, manteniéndote protegido/a del maltrato?

7.- ¿Qué te pude pasar emocionalmente (en tus sentimientos) si estableces


límites a una relación difícil y/o abusiva?

8.- ¿Cuál sería el precio emocional y personal si no estableces cambios?

9.- ¿Has podido identificar honestamente qué es lo que está sucediendo en


ese conflicto? ¿Las palabras negativas, acciones y actitudes incorrectas han
sido asignadas con honestidad? ¿Dónde se encuentra cada uno en el proceso
de asumir su propio círculo de personalidad?

10.-¿Qué logros se han conseguido en el proceso de cumplimiento de las


responsabilidades propias, aunque seas el único/a que las está cumpliendo?
Si desea más información, o quiere ponerse en contacto con nosotros, puede
hacerlo a través del correo electrónico:
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