COMENTARIO CRÍTICO.
(Ejemplo resuelto)
La palabra “negacionismo” circula sólo recientemente entre los hablantes
del español. Había nacido algunas décadas antes en Francia
(négationnisme), para referir el movimiento minoritario que consideraba
falso el Holocausto, que no creía en que hubieran existido las cámaras de
gas y hacía todo lo posible por blanquear el nazismo. Pero hoy en día el
negacionismo ya no lo practican únicamente quienes rechazan la existencia
del exterminio de los judíos en Alemania, sino que se ha extendido a otros
hechos no solo “generalmente aceptados” sino demostrados por la ciencia.
El auge reciente de los partidos de ultraderecha y los bulos sin control han
ampliado la capacidad de manipular hechos tan indiscutibles como la
tragedia del clima, la violencia contra las mujeres, la redondez de la Tierra o
la eficacia de las vacunas. Y cabe preguntarse en este punto si las palabras
“negacionistas” y “negacionismo” no se quedarán cortas para designar
tamañas desvergüenzas. Porque todos esos negacionistas no rechazan algo
como puede hacerlo quien no está de acuerdo con una propuesta o con la
alineación del equipo nacional o con la elección del menú para la boda. Los
negacionistas han emprendido un camino que puede terminar en el rechazo
de las matemáticas. No solo discuten la realidad comprobada, sino que
inventan “hechos alternativos” que conecten con las emociones de quienes
están dispuestos a aceptar cualquier idea que congenie con sus prejuicios.
Rechazar la historia, las verificaciones de la ciencia y las comprobaciones de
la estadística para crear en su lugar teorías indemostrables no es
simplemente negar; es mentir. Mentir como lo entendería un juez: con
riesgo para el mentiroso de ser condenado por su falso testimonio. Los
términos “mentiroso”, “mentira”, “mendaz” o “mendacidad” han de
proferirse con cuidado, sí, eso es cierto; porque una persona puede incurrir
en falsedad sin haber mentido (simplemente, porque está equivocada). Pero
en las cuestiones que aquí comentamos, el error colectivo no tiene disculpa.
Hay una mendacidad que se basa en la corrupción de los argumentos, en el
rechazo de la razón. Negar la evidencia es la forma posmoderna de mentir.
Y tanto el verbo “negar” como sus derivados empiezan a funcionar aquí
como un eufemismo.
(Álex Grijelmo, El País, 9/12/2019, adaptado)
COMENTARIO DEL ALUMNO
Este texto es una reflexión crítica acerca del negacionismo que se presenta en
España y su falta de ética. Resulta sencillo entender esta perspectiva, ya que, en los
últimos tiempos entre algunos grupos sociales han proliferado, lamentablemente, una
serie de teorías conspiranoicas que se dedican a negar lo evidente.
Manifestaciones, noticias falsas, conferencias, vídeos virales y un largo etcétera,
aparecen día a día en los medios de comunicación con un punto en común: sus
protagonistas. Ellos son los llamados “negacionistas'', personas que niegan la razón, la
voz de los científicos, las pruebas demostradas, para volcarse en conjeturas movilizando
a multitud de personas que se dejan influenciar por estas teorías sin fundamento. La
cosa no iría mucho más allá si no fuese porque estas personas ponen en riesgo a la
población. Habrá quien defienda la mentalidad de que cada uno piense lo que quiera,
pero hay casos en los que las decisiones de uno afectan a todos. Un ejemplo claro es la
COVID-19, donde cabría esperar que toda la población fuese consciente del enorme
problema de una pandemia y con ello la responsabilidad derivada. Sin embargo, los
negacionistas se dedican a ir cuestionando la efectividad de la vacuna y, en casos
extremos, a rechazar el uso de la mascarilla alegando que el virus no existe. Ejemplo de
ello son las manifestaciones y actos multitudinarios en diversos lugares para eliminar
todo tipo de restricciones y medidas de protección. Estas decisiones no sólo les
conciernen a ellos, sino que prácticas del estilo ponen en peligro a la población, siendo
responsables de más contagios y ,en el peor de los casos, muertos.
Asimismo, esta realidad no se achaca únicamente a una minoría carente de
discernimiento, sino que personas influyentes han manifestado públicamente su negativa
a creer realidades demostradas convenciendo a la gente que los sigue y apoya. Esto ha
ocurrido con los llamados influencers, personalidades del mundo artístico, políticos
renombrados…
En conclusión, el negacionismo es un problema vigente en España y, lejos de su
erradicación, va sumando partidarios . Esta gente aparte de poner en riesgo su propia
salud y restar credibilidad a los expertos, genera un daño importante para la sociedad.
Teniendo en cuenta el auge de pensamientos como estos, cabe preguntarse ¿Cómo
puede haber ciudadanos tan inconscientes?