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Condiciones Inhumanas en Cárceles de México

Las cárceles en México enfrentan condiciones inhumanas que violan los derechos humanos, incluyendo sobrepoblación, violencia y falta de acceso a servicios básicos. Se requiere una reforma urgente del sistema penitenciario para garantizar el respeto a la dignidad de los internos y su reintegración a la sociedad. Comparativamente, modelos de prisiones en Noruega y Alemania demuestran que un enfoque en la rehabilitación y el respeto a los derechos humanos puede reducir la reincidencia delictiva.

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Condiciones Inhumanas en Cárceles de México

Las cárceles en México enfrentan condiciones inhumanas que violan los derechos humanos, incluyendo sobrepoblación, violencia y falta de acceso a servicios básicos. Se requiere una reforma urgente del sistema penitenciario para garantizar el respeto a la dignidad de los internos y su reintegración a la sociedad. Comparativamente, modelos de prisiones en Noruega y Alemania demuestran que un enfoque en la rehabilitación y el respeto a los derechos humanos puede reducir la reincidencia delictiva.

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CONDICIONES INHUMANAS EN CÁRCELES

Las cárceles en México presentan condiciones que no cumplen con los estándares
de los derechos humanos.
La sobrepoblación, la violencia, la corrupción y la falta de acceso a los servicios
básicos, como salud y alimentación, son problemas graves que afectan a miles de
personas privadas de la libertad.
Estas condiciones no solo violan las condiciones no solo violan los derechos
humanos de los internos, sino que también impiden su reintegración a la
sociedad.
La reforma del sistema penitenciario es urgente para garantizar el respeto a los
derechos fundamentales.
Derechos Humanos en el Sistema Penitenciario:
El Derecho Internacional de los Derechos Humanos establece que toda persona
privada de libertad debe de ser tratada con respeto a su dignidad humana, sin
discriminación. Según el artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos, nadie debe de ser sometido a torturas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes.
Reglas de Nelson Mandela:
Estas reglas, adoptadas por las Naciones Unidas en 2015, son la norma
internacional sobre el trato que deben de tener o recibir una persona privada de
la libertad.
Establecen que los prisioneros deben de tener condiciones de vida que respeten
su dignidad incluyendo el acceso a servicios médicos adecuados, alimentación y
recreación. También subrayan la importancia de que los centros penitenciarios
sean seguros y no violentos.
Situación Actual en México
De acuerdo con datos de la CNDH, las cárceles mexicanas tienen una
sobrepoblación del 30% lo que incrementa la posibilidad de abusos, violencia y
propagación de enfermedades.
Según el INEGI en 2022, del total de la población privada de la libertad sin
sentencia 50.2% se encuentran en prisión preventiva oficiosa; 23.9 % en prisión
preventiva justificada; 11.4 %, en otro supuesto jurídico y, para 14.5 %, no se
identificó el tipo de estatus jurídico.
Condiciones dentro de las prisiones:
La falta de infraestructura adecuada y la escasez de recursos médicos en los
centros penitenciarios dificultan la atención de los reclusos
La corrupción dentro de los penales contribuye a la existencia de clanes que
controlan el acceso a recursos y a la seguridad interna.
La violencia intracarcelaria, tanto entre reclusos como por parte de los custodios,
es una realidad constante.
Informe de la CNDH:
La CNDH ha emitido diversas recomendaciones, como la necesidad de mejorar las
condiciones de vida de los internos, así como la necesidad urgente de reformas
estructurales en el sistema penitenciario.
En 2021, se documentaron casos de violaciones a derechos humanos dentro de
centros penitenciarios, incluidas las prácticas de tortura y trato cruel.
En 2022 El Sistema Penitenciario Mexicano integrado por una gama amplia y
diversa de establecimientos penitenciarios se caracteriza por una gran variedad
de problemáticas que se suscitan día con día al interior de los centros de
reclusión, entre estas destacan la sobrepoblación; hacinamiento, condiciones de
autogobierno/cogobierno, ausencia de perspectiva de género en las políticas y
acciones dirigidas a la población femenil privada de la libertad; imposición
excesiva de la pena de prisión; falta de personal capacitado y suficiente que
favorezca la reinserción social efectiva, la seguridad y la atención de aquellos
aspectos que afectan significativamente los derechos humanos de las personas
privadas de la libertad en los centros penitenciarios del país.
De acuerdo con los datos presentados en el Cuaderno Mensual de Información
Estadística Penitenciaria Nacional, emitido por el Órgano Administrativo
Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS), de la Secretaría de
Gobernación, actualmente existen 360 centros penitenciarios en el país. Hasta
septiembre de 2017, estos centros albergaban una población total de 208,343
personas, y en general reportan una capacidad instalada de 212,083 lugares, no
obstante, dada la distribución que existe de las personas en reclusión a nivel
nacional, en el 33.88% (122) de los establecimientos existe sobrepoblación.
Del total de las personas privadas de la libertad en el país, 197,516 (94.80%) son
hombres y 10,827 (5.20%) son mujeres, de este universo 170,025 (81.61%) se
encuentran sujetas al fuero común y 38,318 (18.39%) al fuero federal, mientras
que 79,786 (38.29%) se encuentran en proceso y 128,557 (61.70%) se
encuentran cumpliendo una sentencia.
Una perspectiva de la problemática que se presenta en el Sistema Penitenciario
Nacional se puede observar de las evaluaciones anuales derivadas del
Diagnóstico Nacional Penitenciario, tanto en centros federales como estatales y
municipales. En este sentido se ha evidenciado que existe una gran insuficiencia
de actividades laborales, educativas y deportivas, así como de capacitación para
el trabajo, además de que, la deficiencia en la atención de la salud de las
personas en reclusión continúa siendo, en la generalidad de los centros, una
problemática mayor, ocasionada tanto por la falta de personal médico como de
equipo y fármacos necesarios para atención de la salud.
A lo anterior, se le suman problemáticas tales como, las malas condiciones de
diferentes áreas de los establecimientos penitenciarios, la presencia cada vez
mayor de grupos delincuenciales que generan autogobierno y violencia al interior
de éstos.
Es importante señalar que los parámetros bajo los cuales se atienden las quejas y
se efectúan las supervisiones penitenciarias, tiene como base la normatividad
nacional e internacional, siendo el referente normativo internacional fundamental
para el trabajo de la Comisión Nacional, las Reglas Mínimas de las Naciones
Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Nelson Mandela).

A través del DNSP se ha identificado que las principales problemáticas que


inciden de forma preponderante en el Sistema Penitenciario Nacional, y que han
permanecido en índices similares durante los últimos años, se encuentra: la falta
de separación entre procesados y sentenciados (77.8%), deficientes condiciones
materiales y de higiene en diversas instalaciones de los centros (76.3%), el
hacinamiento (43.8%), la sobrepoblación (32%), insuficiente personal médico, de
seguridad y custodia (68.7%), deficiencia en la atención al derecho de protección
de la salud (48.8%); así como, la presencia de condiciones de autogobierno y
violencia al interior de los establecimientos penitenciarios (49.6%).
Las problemáticas existentes en los centros penitenciarios del país inciden
principalmente en la vulneración de los siguientes derechos humanos de las
personas privadas de la libertad son el derecho a la reinserción social, el derecho
a la salud, derecho a la integridad personal, a permanecer en una estancia digna
y el derecho a la seguridad jurídica.
De acuerdo con los datos de los últimos diagnósticos emitidos, los estados que
por más de tres años permanecen con las evaluaciones más bajas son: Guerrero,
Hidalgo, Nayarit, Quintana Roo y Tamaulipas.
El Sistema Penitenciario Nacional se integra por centros tanto locales como
federales y en este sentido las diversas autoridades responsables que son
susceptibles de violentar los derechos humanos de las personas en reclusión,
pudiendo ser el personal directivo, administrativo y técnico, así como como el de
seguridad y custodia.
Como parte de los factores que persisten e impiden mejorar las condiciones y
trato de las personas que se encuentran privadas de la libertad son en general la
falta de conocimiento y capacitación del personal en materia penitenciaria y de
derechos humanos, falta de perfiles adecuados y vocación, así como los
esquemas de corrupción que se enquistan en los centros.
Ante tal circunstancia, a efecto de mejorar las condiciones de las personas
privadas de la libertad, para hacer efectiva la reinserción social, resulta
indispensable que se fortalezca la protección y observancia de los derechos
humanos a través de una política nacional en la que participen los poderes del
Estado.
Para ello, resulta necesario que se establezcan lineamientos claros, sustentados y
consecuentes con la realidad, que hagan posible el fortalecimiento de una cultura
de la legalidad y respeto a los derechos humanos de las personas privadas de la
libertad, que impliquen el derecho a la reinserción, el derecho a la salud, derecho
a la integridad personal, a permanecer en una estancia digna y el derecho a la
seguridad jurídica.

Comparación Internacional
Modelos de Prisiones Exitosas:
Noruega es un modelo internacionalmente reconocido por su sistema
penitenciario basado en la rehabilitación. La prisión de Halden, por ejemplo, es
conocida por sus condiciones que respetan la dignidad humana, proporcionando
acceso a educación, trabajo y servicios médicos de calidad.
Alemania también se ha destacado por su enfoque rehabilitador, priorizando la
reintegración de los reclusos en la sociedad.
Los sistemas penitenciarios que priorizan la rehabilitación y el respeto a los
derechos humanos logran reducir la reincidencia delictiva y facilitan la
reintegración de los reclusos en la sociedad.
Una reforma al sistema penitenciario mexicano puede ayudar a garantizar que las
personas privadas de libertad sean tratadas de acuerdo con los estándares
internacionales de derechos humanos. La implementación de estas reformas
contribuirá a mejorar las condiciones de vida de los reclusos y permitirá una
verdadera reintegración a la sociedad.

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