Reflexión de la práctica: la
profesionalización del docente
La educación en la actualidad es objeto de múltiples transformaciones
orientadas a mejorar la calidad y las necesidades de la sociedad. El
maestro que hoy se incorpora al campo laboral requiere de un perfil
específico como el que determina Carmona (2008), quien indica que el
maestro debe ser capaz de desarrollar una dimensión reflexiva que le
permita conjuntar formas de pensamiento racional e intuitivo, que
conformen un proceso constructivo único. Por tanto, es un compromiso
de los formadores de maestros el propiciar el desarrollo del pensamiento
reflexivo y crítico.
Actualmente, la participación del docente se enfoca en desarrollar
competencias mediante la reflexión crítica. Sin embargo, esto no se
reconoce como una temática nueva porque, en realidad, está vigente
desde la antigüedad, como determina Montecinos (2003), quien,
después de analizar gran cantidad de literatura, llega a la conclusión de
que el aprendizaje reflexivo se encuentra en el origen de las
aportaciones de Platón y Aristóteles, promotores del diálogo como la
clave de la reflexión y el pensamiento crítico.
En la formación de maestros es interesante adoptar la idea de Rodríguez
(2014), quien conceptualiza que la práctica reflexiva del docente implica
actitud sistemática de análisis y valoración de su quehacer para diseñar
nuevas estrategias que puedan incidir de manera positiva en su
enseñanza. Es también pertinente rescatar el saber docente y, a su vez,
que esté enfocado en situaciones, acciones y problemáticas concretas
que permitan establecer una relación entre su formación práctica y
teórica. Este esquema considera lo que determina Montecinos (2003) al
sugerir que las diversas tendencias propician que la profesión docente
esté pasando desde una cultura del ejercicio individual al
profesionalismo colectivo. Además, esta apertura trae consigo una
mayor heterogeneidad en el alumnado, la diversificación de las
demandas a los establecimientos educacionales, la necesidad de
articular una educación continua a lo largo de la vida, y la complejización
del conocimiento y del mercado laboral que exigen la capacidad de
trabajar en equipo, y que son algunos de los factores que propician esta
transformación. En este sentido, se sugieren estrategias y
recomendaciones factibles en la formación de los nuevos docentes para
consolidar las competencias profesionales y optimizar su desempeño.
La práctica reflexiva en las
escuelas
En la actualidad, la educación proyecta una nueva visión de la docencia,
así como de la gestión del conocimiento profesional. Los maestros son
convocados a trabajar en equipo. Se les pide que en los consejos
técnicos diseñen, implementen y evalúen proyectos de mejoramiento
para sus centros educativos. A su vez, se les demanda que enseñen un
currículo más exigente a un grupo más diverso de alumnos, que llegan a
las aulas con intereses, motivaciones y experiencias de vida,
frecuentemente, muy distintas a las expectativas de sus profesores. Ya
no basta con enseñar lo que el marco curricular ha establecido, también
hay que entregar evidencias de lo que los alumnos han aprendido, lo que
se les enseñó y así como algunas relativas a la calidad del propio
desempeño docente.
Sobre lo anterior, se han hecho estudios que permiten reconocer que es
una temática vigente y de gran interés, como define Carmona (2008),
quien propone utilizar la filosofía como instrumento potenciador del
pensamiento crítico, entendida como actividad en su acepción socrática,
y como investigación y búsqueda del sentido a través del diálogo, con la
intención de potenciar la capacidad de reflexión, de autoevaluación y
autocorrección, de respeto y de convivencia entre los participantes para
fomentar su desarrollo integral.
Al analizar las prácticas en las Escuelas Normales, se sintetiza que
desarrollar competencias profesionales da la oportunidad de aprender de
la propia práctica de forma habitual, y se prioriza la reflexión en y sobre
la práctica en un hábito consciente, que se incorpora en la actividad
cotidiana del profesional de la educación. Entre las bondades que
genera, según Perrenoud (2010), esta metodología permite solucionar
con éxito situaciones prácticas, favorece aprender de la propia práctica,
promueve la construcción individual o grupal de propuestas para la
mejora de la intervención docente mediante la reflexión metodológica,
aporta profesionalidad al docente y transforma la práctica diaria en un
proceso de investigación-acción. Asimismo, al desarrollar competencias
profesionales se intenta comprender de forma crítica las situaciones con
las que se enfrenta al abordar cuestiones y retos profesionales como
objeto de investigación en pleno contexto real y no únicamente teórico.
Por lo mencionado anteriormente, se reconoce que la práctica reflexiva
y crítica propone analizar casos reales del escenario profesional,
tomando en cuenta todos los elementos contextuales que permitan
mejorar la formación práctica. De esta manera, se puede determinar
como un ejercicio crítico, que implica incorporarse en un proceso de
cuestionamiento, indagación, análisis y experimentación, de generación
de nuevas estrategias de actuación, de reconceptualización de las
creencias y teorías implícitas.
Como se puede apreciar en Perrenoud (2010), esta acción reflexiva y
critica es fundamental para el desarrollo profesional y para lograr un
aprendizaje permanente en la propia profesión, a través de sus
intervenciones docentes, donde en el tiempo actual educar se ha vuelto
cada vez más complejo.
Para fundamentar en este proceso de práctica reflexiva, Acuña (2015)
apunta que el compromiso de las Escuelas Normales radica en vigilar los
principios filosóficos del sistema educativo, promoviendo entre sus
estudiantes la reflexión y la investigación como herramientas primarias
en su formación y práctica profesional, buscando la relación oportuna
con el entorno inmediato de la práctica escolar, a fin de mantener
vínculos efectivos con el campo laboral y estar vigentes en la gran tarea
que es formar docentes de calidad y con la intención de consolidar una
formación profesional a los nuevos educadores.
Con esta propuesta se abre la posibilidad de cambiar el enfoque
tradicional de la enseñanza-aprendizaje, para que sea congruente con el
modelo educativo basado en competencias, donde el papel del maestro
está centrado en atender los intereses de los alumnos, al buscar
contextualizar el contenido, y donde también el papel del nuevo
normalista deberá ser dinámico, investigador y propositivo. Esto último
de acuerdo con el Rediseño Curricular de Escuelas Normales, que
corresponde al acuerdo 14-07-18, en donde se establecen los planes y
programas de estudio de la licenciaturas para la formación de maestros
de educación básica. Éste incluye un planteamiento metodológico,
globalizador y de aprendizaje en el servicio; la formación se basa en un
modelo con la orientación del paradigma constructivista.
Para el éxito de la propuesta es preciso fundamentar que los
planteamientos que se diseñen deben partir de las ideas previas de los
estudiantes, y que mediante la situación didáctica se visualice la
construcción de nuevos conceptos a raíz de la confrontación de ideas. Se
sugiere que el proceso de enseñanza y aprendizaje sea significativo, que
represente un reto para crear zonas de desarrollo próximo, pero, sobre
todo, que genere y le permita al estudiante entrar en conflicto cognitivo.
Hay que tener especial cuidado con que este esquema se desarrolle en
un ambiente favorable y motivador, que le permita al estudiante
estimular su autonomía y, por último, tomar en cuenta la metodología
sugerida.
Al estudiar esta temática, se entiende que la reflexión es una postura
intelectual metódica ante la práctica, que implica una intencionalidad
por parte de quien la ejercita. Para lograrla es necesaria la curiosidad y
la disciplina mental, pues estas características son hábitos reflexivos que
no se improvisan, sino que son el resultado de un trabajo constante.