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Kant

Immanuel Kant, en su obra 'Crítica de la Razón Pura', propone una síntesis entre racionalismo y empirismo, argumentando que el conocimiento humano se construye a partir de la interacción entre la experiencia y las estructuras a priori del entendimiento. Establece una distinción entre conocimiento empírico y a priori, enfatizando que la mente no solo recibe impresiones sensoriales, sino que las organiza y estructura. Su enfoque revolucionario redefine la epistemología al afirmar que el sujeto participa activamente en la construcción del conocimiento, en lugar de ser un receptor pasivo de la realidad.

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Immanuel Kant, en su obra 'Crítica de la Razón Pura', propone una síntesis entre racionalismo y empirismo, argumentando que el conocimiento humano se construye a partir de la interacción entre la experiencia y las estructuras a priori del entendimiento. Establece una distinción entre conocimiento empírico y a priori, enfatizando que la mente no solo recibe impresiones sensoriales, sino que las organiza y estructura. Su enfoque revolucionario redefine la epistemología al afirmar que el sujeto participa activamente en la construcción del conocimiento, en lugar de ser un receptor pasivo de la realidad.

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Comentario de texto 2: Kant e a Crítica da Razón Pura

Comentario de texto 2: Kant y la Crítica de la Razón Pura


Immanuel Kant (1724-1804) es uno de los pensadores más influyentes de la modernidad y el
principal exponente del idealismo trascendental. Además, dedicó toda su vida al estudio y la
enseñanza, y compartió con el movimiento ilustrado el interés por la ciencia, la confianza en la
razón y la esperanza en la humanidad. Su obra fundamental, Crítica de la Razón Pura, propone una
síntesis entre racionalismo y empirismo para explicar los límites y posibilidades del conocimiento
humano. La teoría kantiana parte de la pregunta: "¿Qué puedo saber?" y establece una revolución
en el campo de la epistemología al defender que el sujeto no se limita a recibir pasivamente la
realidad, sino que la estructura a través de formas a priori.
El fragmento pertenece a la introducción de la Crítica de la Razón Pura y aborda la distinción entre
el conocimiento empírico y el conocimiento a priori. Kant explora el origen y la naturaleza del
saber humano, argumentando que "todo nuestro conocimiento empieza con la experiencia", pero
añade inmediatamente que "no por ello todo procede exactamente de la experiencia", pues existen
elementos a priori (universales y necesarios) que condicionan nuestra percepción del mundo. Estas
estructuras son las herramientas que nuestra mente utiliza para organizar las percepciones y darles
sentido, formando así la base del conocimiento.
El autor comienza reconociendo que la experiencia sensorial (estética trascendental) es el punto de
partida del conocimiento humano, ya que los objetos externos activan nuestra facultad cognitiva:
"¿por qué otro medio despertaría la facultad de conocer para su ejercicio si no fuera por los
objetos que afectan nuestros sentidos?". Esta afirmación recoge la tesis central del empirismo,
defendida por filósofos como Locke y Hume. No obstante, introduce un matiz esencial: la mente no
solo contiene impresiones sensoriales, sino que interviene activamente al comparar, relacionar y
organizar los datos de la sensación, transformándolos en conocimiento: "ponen en movimiento
nuestra actividad intelectiva para compararlas, ligarlas o separarlas". Esta idea rompe con el
empirismo radical, ya que implica que hay elementos en el conocimiento que no provienen de la
experiencia.
La clave del texto reside en la distinción entre los componentes empíricos y los a priori (son
aquellos cuya verdad puede ser conocida independientemente de la experiencia), siendo estos
últimos aquellos que "no podremos distinguir de aquella materia prima hasta que un largo
ejercicio llame nuestra atención sobre ello". Así, para Kant, el conocimiento no se reduce a una
simple acumulación de impresiones sensoriales, como defendían los empiristas, sino que requiere
de una estructura cognitiva previa que ordene los datos sensoriales. El conocimiento a posteriori
deriva directamente de la experiencia, mientras que el conocimiento a priori es independiente de
ella y constituye la base sobre la que se construye toda la comprensión del mundo. De este modo, la
concepción kantiana del conocimiento también se opone al socialismo dogmático, que impone una
visión rígida de la realidad sin atender a la estructura cognitiva.
Los conceptos clave que aparecen en este fragmento son la experiencia, que actúa como punto de
partida del conocimiento; el entendimiento, que organiza e interpreta los datos sensoriales; y la
distinción entre conocimiento a posteriori, basado en la experiencia, y conocimiento a priori,
sustentado en estructuras innatas del entendimiento. Este análisis introduce una nueva manera de
comprender el conocimiento, ya que afirma que la realidad no es simplemente percibida, sino
construida por el sujeto. También hace la distinción entre fenómenos y noúmenos. Los fenómenos
son el mundo tal como lo percibimos, moldeado por nuestras estructuras mentales, mientras que los
noúmenos se refieren al "mundo en sí mismo", más allá de nuestra capacidad de percepción.
Este enfoque se enmarca dentro de lo que Kant denominó su "revolución copernicana" en la
gnoseología. Según Kant, el error fundamental de las filosofías anteriores fue asumir que el sujeto
debía acomodarse al objeto. Por el contrario, propone que es el objeto el que se adapta a las
estructuras cognitivas del sujeto. Este cambio de perspectiva implica que el sujeto no es pasivo en la
recepción del conocimiento, sino que participa activamente en su construcción mediante las formas
a priori del entendimiento: el espacio, el tiempo y las categorías.
Al mismo tiempo, Kant propone una síntesis entre empirismo y racionalismo. El racionalismo
sostiene que el conocimiento proviene de la razón, mientras que el empirismo afirma que surge de
la experiencia. Kant sintetiza ambas posturas con su idealismo trascendental, proponiendo que el
conocimiento resulta de la interacción entre la experiencia (empirismo) y las estructuras innatas del
pensamiento (racionalismo).
Al defender la existencia de principios a priori que estructuran nuestra experiencia, introduce una
nueva manera de comprender el conocimiento. Esta posición modifica el pensamiento anterior
respecto a las teorías del conocimiento. Descartes, por ejemplo, afirmaba la existencia de ideas
innatas, algo que Kant matiza al sostener que los conceptos a priori no son conocimiento en sí
mismos, sino condiciones trascendentales para el conocimiento.
Asimismo, establece que el conocimiento surge de la interacción entre intuiciones y conceptos,
delimitando el ámbito de la ciencia y la metafísica. La dialéctica trascendental muestra los límites
de la razón, concluyendo que la metafísica no puede ser una ciencia, ya que pretende conocer
realidades más allá de la experiencia posible.
Comentario do texto 3 de Kant: Crítica da razón pura
Immanuel Kant (1724-1804) es uno de los pensadores más influyentes de la modernidad y el
principal exponente del idealismo trascendental. Además, dedicó toda su vida al estudio y la
enseñanza, y compartió con el movimiento ilustrado el interés por la ciencia, la confianza en la
razón y la esperanza en la humanidad. Su obra fundamental, Crítica de la Razón Pura, propone una
síntesis entre racionalismo y empirismo para explicar los límites y posibilidades del conocimiento
humano. La teoría kantiana parte de la pregunta: "¿Qué puedo saber?" y establece una revolución
en el campo de la epistemología al defender que el sujeto no se limita a recibir pasivamente la
realidad, sino que la estructura a través de formas a priori.
En el texto, Kant establece una distinción fundamental entre estas dos facultades. La sensibilidad
(estética trascendental) se define como "la receptividad de nuestro ánimo para captar
representaciones en la medida en que sea de algún modo afectado", mientras que el entendimiento
es "la facultad de producir por nosotros mismos representaciones, la espontaneidad del
conocimiento". Así, mientras la primera es pasiva y se limita a recibir las impresiones de los
objetos, el segundo es activo y se encarga de pensar esos objetos. Esta distinción es esencial, pues
implica que ninguna de las dos facultades puede sustituir a la otra ni prevalecer sobre ella: "el
entendimiento no puede intuir nada y los sentidos no pueden pensar nada".
A partir de esta idea, Kant sostiene que el conocimiento solo puede surgir de su interacción. Si
solo tuviésemos intuiciones sensoriales, estas serían "ciegas", ya que carecerían de estructura y
orden. Por el contrario, si solo tuviésemos conceptos racionales, serían "vacíos", pues no estarían
vinculados a ningún objeto real. Así, la razón no puede funcionar aislada de la experiencia, ni la
experiencia puede ser significativa sin la intervención del entendimiento. Por este motivo, Kant
afirma que es necesario "hacer sensibles sus conceptos" y "hacer comprensibles sus intuiciones".
De este modo, concluye que la unión entre ambas facultades es imprescindible para que se
produzca el conocimiento.
Aunque la colaboración entre sensibilidad y entendimiento es necesaria, Kant insiste en la
importancia de diferenciarlas claramente. Para ello, propone una separación que permite analizar
cada facultad por separado. Para estudiar ambas, Kant divide su teoría en dos partes: la estética
trascendental y la analítica trascendental. La estética trascendental analiza las formas a priori
de la sensibilidad (el espacio y el tiempo), mientras que la analítica trascendental estudia las
categorías del entendimiento, es decir, los conceptos a priori que organizan nuestra experiencia.
Estas categorías se dividen en cuatro grupos: cantidad, calidad, relación y modalidad.
La teoría kantiana del conocimiento rompe con la tradición filosófica anterior, pero también recoge
elementos de pensadores previos. Aristóteles afirmaba que el conocimiento comienza en los
sentidos pero necesita de la razón para ser universal. Kant limita el conocimiento a la experiencia,
sin aspirar a verdades absolutas, diferenciando entre fenómenos y noúmenos. Los fenómenos son
el mundo tal como lo percibimos, moldeado por nuestras estructuras mentales, mientras que los
noúmenos se refieren al "mundo en sí mismo", más allá de nuestra capacidad de percepción. Por su
parte, Hume había puesto en duda conceptos como la causalidad, considerándola un hábito mental
basado en la repetición. Kant, influido por él, sostiene que es una estructura de la mente que
ordena la realidad.
Este fragmento ejemplifica la revolución copernicana de Kant: el conocimiento no es una simple
copia de la realidad, sino una construcción en la que intervienen tanto los sentidos como el
entendimiento. Esta idea marcó un punto de inflexión en la historia de la filosofía e influyó
profundamente en el pensamiento posterior.
En conclusión, el texto muestra la postura crítica de Kant frente a las tradiciones filosóficas previas.
El racionalismo sostiene que el conocimiento proviene de la razón, mientras que el empirismo
afirma que surge de la experiencia. Kant sintetiza ambas posturas con su idealismo trascendental,
proponiendo que el conocimiento resulta de la interacción entre la experiencia (empirismo) y
las estructuras innatas del pensamiento (racionalismo).
Asimismo, establece que el conocimiento surge de la interacción entre intuiciones y conceptos,
delimitando el ámbito de la ciencia y de la metafísica. La dialéctica trascendental muestra los
límites de la razón, concluyendo que la metafísica no puede ser una ciencia, ya que pretende
conocer realidades más allá de la experiencia posible.

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