DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ORGflno D€ en RCÁDemifl nflcionflt oe h is t o r ia
Director, PEDRO MARIA IBAÑEZ
Bogotá—República de Colombia
CEDJEDflRlO DE bfl BÉUflbbfl DE BOyflCfl
La Academia Nacional de Historia, guardián oficial de
las glorias patrias, celebra el centenario de la jornada me
morable que coronó con los laureles del triunfo las fatigas
de los libertadores en largas y crudas campañas. Vencedo
res unas veces, batidos otras, con las esperanzas de los éxi
tos y la amargura de las desgracias, llegaron las huestes re
publicanas siguiendo al Libertador, a Santander y a An-
zoátegui al campo de Boyacá el 7 de agosto.
Bolívar, inspirado profeta, había anunciado a los gra
nadinos en memorable proclama fechada en Angostura el
26 de agosto de 1818. «que el sol no completaría su revolu
ción antes de que la Nueva Granada levantara altares a la
Libertad.* En las orillas del Apure, en la desierta aldea de
Setenta, decidieron los libertadores la invasión de la Nueva
Granada, teniendo por asientos las calaveras de las reses
que había sacrificado una guerrilla realista para dar ración
a sus soldados.
El 6 de julio coronó el Ejército el ascenso de la Cordille
ra Oriental de los Andes. Ya los realistas habían sido venci
dos en Paya, y después de varios encuentros felices, el día
25 de julio, Rondón y Carvajal inmortalizaron su nombre
en Pantano de Vargas. El 7 de agosto tuvo lugar la batalla
decisiva para la causa de la independencia americana. Bolí
var, Santander, Anzoátegui y Soublette se cubrieron de
gloria. EJ pabellón de la Gran Bretaña, con un grupo de
sus soldados heroicos, coadyuvó a la victoria. Los veteranos
españoles que guarnecían a Bogotá fueron arrojados a Pas
to ; José Bausa, Gobernador de Pamplona, tuvo que retirar
se a Cúcuta, y don Carlos Tolrá, Gobernador de Antioquia,
abandonó las montañas de la Provincia. La bandera del Rey
sólo se izó en adelante en Cartagena y Santa Marta.
Con José María Barreiro, Coronel español y Jefe de los
realistas, y Francisco Jiménez, su segundo, oriundo de Pa
namá, quedaron prisioneros 1.600 soldados y números ofi'
cíales del destrozado Ejército español. Cañones, armamen
to, municiones, caballos y banderas fueron gaje de los pa
triotas; y roto el escudo y en pedazos el cetro colonial, al
xn—29
450 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
decir del historiador venezolano Eduardo Blanco. Tres días
después Bolívar llegó a Bogotá, desde entonces asiento del
Gobierno republicano, y fue libre el pueblo granadino.
La Academia Nacional de Historia, para celebrar la
génesis de la libertad americana, presidirá el 7 de agosto un
desfile triunfal acompañada de elementos oficiales y de dis
tinguidas damas, núcleo del alma patriota de la mujer co
lombiana. Este homenaje terminará a los pies de la estatua
de Santander como tributo de los hijos de Colombia al ven*
cedor en Paya y al Jefe de la vanguardia del Ejército liber
tador. En la noche del 10 de agosto, aniversario de lallega-
da de Bolívar vencedor a la capital de la República, presi
dirá la corporación un homenaje público y solemne en la
sala del Teatro de Colón, con el objeto de premiar concursos
literarios y artísticos; de presentar alegorías y cuadros pa
trióticos ; de inaugurar la galería de historiadores con el
retrato del preclaro José Manuel Restrepo, y de coronar el
busto en mármol de Bolívar, obra de Tenerani, creador de
la estatua del héroe, que ornamenta la plaza de Bogotá.
Veinte señoritas, vestidas de blanco y descendientes o cola
terales de las veinte hijas de libertadores que rindieron
homenaje a Bolívar, a Santander y a Anzoátegui el 18 de
septiembre de 1819, pondrán sobre la cabeza del busto la
corona de oro que en días de triunfo ciñó las sienes del Li
bertador en la tierra de los incas. Las jóvenes patriotas,
entonces en el esplendor de la juventud, y miembros de
beneméritas familias, que ovacionaron a los héroes, fueron
presididas por Dolores Vargas París, hija de una víctima
de la reconquista, a quien acompañaban Josefa Navarro,
Bernardina Ibáñez, Nieves Pinzón, Rosa Rubio, Josefa Be-
nítez, Josefa Santamaría, Trinidad Ricaurte, Josefa Arce,
Francisca Ortega, Juana Ricaurte, Clara Angulo, Dolores
Rivas, Rosa Domínguez, Ignacia Briceño, Mariquita Roche,
Marcelina Andrade, Dionisia Caicedo, Liberata Ricaurte y
Rita París.
La señorita Dolores Vargas París, más tarde esposa
del General Rafael Urdaneta, ofreció las coronas a los tres
Jefes libertadores con estas palabras:
«Desaparecieron las proscripciones, los patíbulos y
todo ese horrendo conjunto de males con que a cada ins
tante atormentaba el feroz español. Ya no vemos arrancar
de nuestros brazos a nuestros padres y a nuestros herma
nos ; ya no oiremos el ignominioso ruido de sus cadenas, ni
los veremos caminar para el cadalso.»
Bolívar, que presidía esta apoteosis, tocó con su corona
las sienes de Santander y de Anzoátegui, y la arrojó sobre
los Cuerpos veteranos victoriosos:
«Esos soldados libertadores son los que merecen estos
laureles.»
ANTONIA SANTOS 451
fin Toni a sa n cos
i
Al acercarse la fecha en que la Republica de Colombia
ha de celebrar el primer centenario de la batalla de Boya-
cá, que decidió la suerte de la guerra de la Independencia
de la América hispana, los habitantes del Departamento de
Santander se preparan por su parte a conmemorar uno de
aquellos hechos de la magna epopeya, que si pudo conmo
ver hondamente las libras del sentimiento y traer a los ojos
de las almas sensibles un torrente de lágrimas, también es
timbre de gloria y de orgullo para un pueblo que, conscien
te de su porvenir, de sus energías y de su derecho, fue el
primero en el norte de la América del Sur en iniciarla
guerra contra el despotismo, levantando la bandera de la
autonomía americana. El hecho a que nos referimos y de
cuyo centenario se trata es el cruento sacrificio de la heroí
na y mártir Antonia Santos, consumado el día 28 de julio
de 1819 por las autoridades del régimen español, de que era
Jefe en la antigua Provincia del Socorro don Lucas Gon
zález.
Si se tratara simplemente de uno de aquellos episodios
en que a la pureza, a la debilidad y a la indefensión de la
víctima se agrega la crueldad e injusticia del victimario,
sería, sin embargo, aquel acontecimiento digno de que la
musa de la Historia lo hubiese recogido para que las gene
raciones futuras rindiesen culto de admiración a la me
moria de un sér débil, que solamente por pertenecer a la
porción más bella de la humanidad y por la grande energía
de su espíritu hubiese merecido tributo de consideración y
respeto en todo país civilizado. Pero cuando a esa pequeña
circunstanciase agregan los terribles y ,gloriosos antece
dentes, la época del sacrificio, las consecuencias a que debía
dar lugar, no se puede por menos de decir que la glorifica
ción de la memoria de la heroína sublime, además de acto
de gratitud y de justicia para la víctima impoluta, es tam
bién acto de dignidad de la Nación, como Francia lo ha
rendido a la Doncella de Orleans; culto que se rinde al pa
triotismo consagrado con la sangre de la belleza femenina
y con la extinción de una vida en que los sicarios del exter
minio deshojaron un ramillete de ternuras, de bellas ilusio
nes y lisonjeras esperanzas; apoteosis de una mujer que al
precio de su existencia rompió las tinieblas para dar paso a
fes primeros fulgores de una República naciente entre los si
niestros fulgores de la guerra; contemplación de una figu
ra radiosa de virtud, de grandeza y de heroísmo, en cuyo
recuerdo se inspirarán los directores de la juventud; y muy
454 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ñera y asesina también en Cúcuta a Eulalia Galvis (1814),
señalando con infame ejemplo el camino del mismo crimen
al feroz Manuel Casas, quien a continuación de la glorióla
de La Caldera pasa por las armas a la oriunda de Pamplona
doña Agustina Peralta (1814).
ii
•
En tanto que la guerra de Independencia arrecia y se
recrudece por todas partes, dejando montones de cadáve
res y poniendo a prueba el valor, la constancia y el heroís
mo de la Nueva Granada, Pablo Morillo y Pascual Enrile
avanzan con setenta buques y diez mil soldados aguerridos
a reconquistar la moribunda patria, por la misma ruta que
a estas regiones se condujo el civilizador estandarte de Cas
tilla ; en combinación con ellos viene por el lado de Vene
zuela Sebastián Calzada, quien, artero como el tigre de los
Llanos que recorre, sacona el triunfo de Cachiri sobre las
valerosas falanges de Rovira y Santander, haciendo fusilar
en Salazar a la señora doña Inés Peñaranda (marzo 3 de
1816). Ya Morillo con Francisco Warleta y Carlos Toirá,
y Ruperto Delgado, y Juan Sámano, y Antonio Fominaya,
y Lucas González y cien más bebedores de sangre han lo
grado la reconquista, dejando por donde pasaron no más
que escombros, hacinamiento de despojos, cadáveres, or
fandad, lágrimas y miseria ; la inocencia no tuvo fueros, la
desgracia no mereció compasión, el amor a la patria fue un
crimen, para el valor no hubo respeto, pero pudo ser escar
necida la virtud.
Muy largos son tres años en que durante el gobierno
de Morillo y de Sámano, con la complicidad de sus tenien
tes, no hay más administración pública que los fusilamientos
de infelices patriotas, de esclarecidos varones, de mujeres
indefensas; secuestro y latrocinio, confinamientos y destie
rros, ruina de hogares es lo que se advierte por todos Jos
ámbitos del país reconquistado ; no hay más ruido que el
del ronco parche a la sordina; no hay más espectáculos
que los patíbulos; no hay más patria que la tristeza de los
oprimidos, ni más oficio que el llanto por los muertos, ni
más consuelo que la desolación de los hogares; pero tam
bién son muy cortos esos tres años en un país en donde el
esfuerzo de los hombres adquiere como premio y estímulo
el heroísmo de sus mu jeres. Mezclada con los despojos de
los heroes corrió la sangre de las cartageneras, como corrió
después la de las caucanas, la de las tolimenses, y la del fe
cundo Boyacá ; su martirio abre el camino a los conquista
dores de la libertad, y la senda de triunfos que Bolívar re
corre precedido por la vanguardia granadina, parece ornada
de flores para llegar aGámeza. y Corrales, a Tópaga y Pan
tano de Vargas.
ANTONIA SANTOS 455
No era suficiente que el pueblo granadino, exasperado,
oprimido y vejado por los decendientes mismos de aquellos
que bajo el lábaro de la cruz y en nombre del mártir del
Calvario nos trajeron los primeros lampos de la civilización
cristiana, hubiese emprendido la emigración a Casanare
para volver organizado y aguerrido a reconquistar su liber
tad ; era preciso también que como lo hizo la misma Espa
ña para sacudir el yugo de Napoleón, se pusiese en movi
miento en la forma en que su situación lo permitía, aunque
fuese a precio de ingentes sacrificios. Por eso aparece la
guerrilla de La Niebla que, perseguida y dispersada por el
execrable Coronel Antonio Fominaya, da ocasión para que
el digno discípulo de Morillo y de Sámano conduzca al patí
bulo a los Jefes prisioneros Juan y Miguel Ruiz en compa
ñía de Leonarda Carreño y Fidela Ramos (11 de diciembre
de 1818\ a los pocos días de haber sacrificado (2 de diciem
bre) a doña Engracia Salgar, originaria del Socorro. Como
Bovesy Morales, y Zuazola y Millet, se complementaban el
uno al otro en Venezuela para actos de eterna maldición y
escándalo, con los cuales quedaban teñidos de sangre hasta
las cejas, así Fominaya y Rafael Iglesias se acompañaban
para formar una sola monstruosidad moral: si aquél fue in-
misericorde con las mujeres que favorecíanla guerrilla de
La Niebla., éste arrastró al patíbulo (el20 de diciembre de
1818) a la malagueña Ascensión Ortega, a la de Puente
Real (hoy Nacional) Manuela Uscátegui y a María del
Tránsito Vargas, de Guadalupe, por la correspondencia que
mantenían con la guerrilla de este pueblo.
ni
No han parado mientes los historiadores sobre la eficaz
influencia que ejercieron las guerrillas de la Nueva Grana
da para el éxito feliz de las operaciones militares del Liber
tador cuando unido a Santander se aproximaba a recon
quistar la libertad del territorio subyugado por las tropas
de don Juan Sámano. A propósito de la heroína Policarpa,
tan justamente apreciada por nuestros biógrafos, elogiada
por los poetas y hoy tan conocida hasta en las últimas escue
las públicas, apenas se han recordado las guerrillas de Cho-
contá y del Valle de Tensa, que tánto inquietaron al Gobier
no español, y con las cuales se relacionaba directamente la
patriótica conducta de la heroína guaduera; pero si las gue
rrillas o montoneras délos Almeidasfueron elementos que en
1817 pudieron mantener vivo el fuego sagrado de la Indepen
dencia y buen medio de información del pseudo ejército que
en Casanare preparaba el General Santander, es preciso re
conocer que aquellas partidas de republicanos que en las
Provincias del Socorro, San Gil y Pamplona hostilizaban a
456 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
los realistas cuando el Ejército libertador transmontaba los
Andes orientales, fueron elementos de cooperación que al
propio tiempo que distraían la atención del enemigo y le
impedían una concentración general, predisponían y auxi
liaban el ánimo de los pueblos para que fuesen a engrosar,
proveer y conducir a los que bajo el estandarte de los libres
y poseídos de un valor magnífico principiaron la victoria de
Boy acá, coronándose con cada espiga un héroe en la sangrien
ta jornada del Pantano de Vargas. Y esa fue la misión de
las guerrillas de Coromoro, de Guadalupe, de Charalá, de Si
los, las cuales, sobre todo las dos primeras, aunque decapi
tadas con el fusilamiento de algunos de sus Jefes (Ardila,
Osma, Tarazona y Ocampo), no por eso dejaron de batallar.
Si la de Coromoro y Charalá no podían dejar de exis
tir en el tiempo de sus combates por la cabeza y corazón
que les daba vida, en el de la historia y posteridad serán
siempre inmortales, porque aquella cabeza y aquel corazón
eran de la estrella que con el recuerdo de su martirio y
con el vivísimo rayo de su gloria fulgurará tanto sobre el
horizonte de Colombia cuanto los anales de ésta estén mal
diciendo la ominosa memoria de Juan Sámano y Lucas Gon
zález, y bendiciendo el día en que se alzó el radiante sol de
Boyacá.
Cuando el Coronel Lucas González, Gobernador de la
Provincia del Socorro, tuvo conocimiento de haberse enca
minado a la Nueva Granada el Libertador Simón Bolívar,
resolvió por su parte levantar un ejército, y con trescientos
hombres que alcanzó a reunir se propuso sojuzgar toda la
Provincia, hasta que recibió orden de Sámano para que
marchase a reunirse con Barreiro; pero érale difícil cum
plir el mandato sin acabar antes con la guerrilla de Coro-
moro, pueblo vecino del Cantón de Charalá, ciudad ésta
cuyos nativos, como dijo de ella el peregrino de Alpha, son de
ingenio vivo ,y despejado, modales abiertos y genio sociable,
y que, como es sabido, entre sus muchos y grandes méri
tos históricos tiene el de haber sido la patria del más no
table de los Comuneros, José Antonio Galán, el de ser
en la Nueva Granada la segunda ciudad que proclamó la
independencia y el de haber dado a la patria gran núme
ro de héroes y de mártires. Coromoro, el pueblo que dio
nombre a la famosa guerrilla acaudillada por Vicente y
José Antonio Ardila, Felipe Ocampo, Pastor Uribe y Anto
nio Tobar (1), tiene entre sus varios cortijos uno que se
llama o llamaba El Hatillo (2), mansión campestre, tranqui-
(1) Los tres primeros fusilados en Charalá. en noviembre de
1818, y Uribe en Oiba, en enero de 1819.
(2; Aún existe esta antigua casa, aunque muy deteriorada.
ANTONIA SANTOS 457
la y sosegada de la familia de los muy respetables padres de
familia don Pedro Santos y doña María Plata, miembros de
lo más distinguido y acomodado de la sociedad de aquellas
comarcas, y parientes de aquellas familias notables de los
Platas, Gómez, Silvas, Rosillos, Uribes, etc., que por su
ilustración, patriotismo y virtudes se hicieron notables en
los tiempos de la revolución de independencia.
ANTONIA SANTOS
458 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
IV
Vivía en el nemoroso campo de El Hatillo* del vecindario
de Cincelada y en las cercanías de la aldea de Coromoro, es
decir, en la jurisdicción de la ciudad de Charalá, el matrimo
nio del señor don Pedro Santos y doña María Plata, consa
grado a la vida doméstica y a las faenas campestres, allá en
los años de 1783 a 1785 ; y deslizábase dulcemente la existen
cia criando y educando a sus hijos de acuerdo con las ense
ñanzas cristianas, por modo apropiado a sus recursos, que no
eran pocos, y en concordancia con su posición social, que era
bien honorable, respetable y de consideración; también te
nía a su servicio varios esclavos; era pues una familia respe
table por su riqueza, por su alcurnia y por sus virtudes ; y
como por otra parte amaban a la patria, y entre sus allega
dos se contaba a don Gabriel Uribe, a los Rosillos, don Fran-
cisco que en 1781 fue uno de los Capitanes de los Comune
ros y el Canónigo don Andrés, uno de los precursores del
movimiento revolucionario del 20 de julio, aquella pareja
se distinguía por su patriotismo.
De este matrimonio nació en tal época la niña Antonia
Santos, a quien desde luégo debemos considerar educada
de manera tan completa como en aquellos tiempos se edu
caba a las señoritas de las clases acomodadas; tenía esta
niña cuatro hermanos varones cuyos nombres eran don
José María, don Joaquín, don Fernando y don Santiago
Santos, y dos hermanas, Elvira, casada con don Gabriel Uri
be, y Margarita, con don Tadeo Rojas. Los que conocie
ron y trataron a la señorita Santos conservaron la tra'
dición, que aún perdura en Charalá y el Socorro, de que
era de cuerpo alto y elegante, de tez blanca'hermosamen-
te sonrosada, de faz ovalada, ojos negros, grandes, pestañas
largas y crespas, cejas bien delineadas, labios gruesos, na
riz aguileña, cabellera negra, crespa y abundante, y cabeza
bien modelada; en el conjunto de su fisonomía se revelaba
la inteligencia, la gracia y una grande y agradable simpa
tía proveniente de un airecillo burlesco; hacía el encanto
de sus relaciones sociales con su armoniosa voz, su risueña
jovialidad y la gracia de sus expresiones. «Al sonreír deja
ba ver dos filas de dientes blancos e iguales que aumentaban
sus encantos y atractivos.» El temple de su alma debía ser
el mismo de aquellas que dejaron renombre en la historia
de España, doña Leonor de Cisneros y doña Mariana Pine
da, y de las que en Zaragoza y en Gerona dieron realce a
esa raza invicta que puso g. prueba el valor y la constancia
de los ejércitos franceses; raza de altivez, de virtud, de
constancia y de heroísmo, cuya sangre corría fervorosa por
las arterias de las mujeres notables de nuestra Indepen
dencia.
ANTONIA SANTOS 459
Nada nos dicen los documentos históricos sobre los he
chos de carácter político de Antonia Santos durante la épo
ca de la revolución nacida en 1810, ni durante la reconquis
ta encabezada por el malamente titulado Pacificador don
Pablo Morillo; loque sí se sabe es que durante la marcha de
la vanguardia de este General, que tan fieramente traicio
nó los deseos y las instrucciones del Gobierno español, com
puesta de la 5;i División, comandada por el Coronel don Se
bastián de la Calzada, los pueblos recorridos por los vence
dores en Cachiri iban quedando arruinados y desolados,
porque después de sufrir saqueos escandalosos en que las
tropas realistas no respetaban ni siquiera los templos, ni
las alhajas, ni los vasos sagrados, consumaban el robo de
vestuarios, víveres y ganados, y los habitantes, a más de ser
maltratados, sufrían la ruina de sus bienes, lo cual dio lugar
a que aquellas poblaciones quedaran desoladas por la emi
gración que emprendían al fondo de bosques y montañas.
Para considerar toda la inmensidad del desastre que cau
saba la presencia’ de las tropas reconquistadoras, basta
pensar solamente en que Calzada sacó de pueblos tan pobres
como las parroquias de La Robada y La Cabrera, de la pri»
meraS 47,029 y de la segunda $47,184 (1); de Zapatoca extra
jo 87 muías, y de una parroquia tan pequeña como Matanza,
39; y en esa misma proporción de todos los lugares y case
ríos por donde pasaba; arruinados quedáronlos respetables
y acomodados patriotas don Andrés Gómez, don Fernando
Sarmiento, don Manuel Serrano, don Esteban Hernández,
don Luis Fernando Gómez, doña Mercedes Serrano, don
Pedro Ortiz, don Diego Acebedo, en fin, toddfelos que o hu
biesen manifestado simpatías por la causa de la emancipa
ción, o hubiesen tenido algún miembro de familia en el Go
bierno o en el Ejército patriota. Y si esto sucedía con la
presencia de Calzada, ¿cómo sería cuando ya Morillo esta
bleció como sistema de pacificación el sistema del terror y
el banquillo permanente?
• Muchas veces hemos escrito y sostenido que uno de
lo^principales elementos para consumar la independencia
americana lo fue el General don Pablo Morillo, y a medida
que vamos pensando más en las dificultades que a los ame
ricanos se les presentaban para llevar a cabo empresa tan
difícil y el modo de pacificación empleado por el Jefe espa*
ñol, se nos confirma más semejante idea ; es cierto que las
expediciones de Morillo dominaron por completo el territo
rio de la Nueva Granada, si se exceptúa a los pocos emigra-
A
;1) Pueden verse las cuentas en Guerra Marina, tomo 142.
460 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
dos a Casanare, a quienes los peninsulares llamaban con tono
despectivo un¿r;^ de ladrones; es cierto que por las fusila
mientos hechos por los realistas cayeron en el charco de su
propia sangre las cabezas más ilustres neogranadinas; cierto
que la ruina y la miseria hicieron impotente todo amago de
insurrección; y es verdad también que tanta tristeza, tanto
abatimiento y tan gran cansancio habían producido por lo
pronto una dejadez semejante al arrepentimiento; pero Mo
rillo, que había dejado los corazones poseídos de los más
justos odios y rencores, y que había sublevado por otra par
te el instinto de la conservación individual y colectiva, aire-
tirarse a continuar la campaña -pacificadora de Venezuela
hizo un bien más grande a la causa de la Independencia de
jando encargado del Gobierno a Juan Sámano, nombrado
Virrey por influencias e intrigas del mismo Morillo. Sáma
no. imbécil, cruel, orgulloso, monstruo de maldad y cobar
día, viejo caduco, cuyo carácter de insolencia se complacía
en hostilizar a los enemigos de sus opiniones y en humillar
escupiendo y tirando puntapiés a las personas que le des
agradaban, era el más apropiado para exacerbar el ánimo
de sus gobernados, para encender más el odio y el rencor de
los perseguidos y para hacer más amable la causa de los pa
triotas, cuyo decidido empeño llegaba a la desesperación
sus tenientes, Delgado en el Cauca, Sánchez Lima en An-
tioquia. Porras en Santa Marta, Torres en Cartagena, Ba-
rreiro en Casanare. Tolrá—el de mayor ascendiente sobre
el Virrey y el que más dominio tenía sobre éste— en Tun-
ja y Sogamoso, Hore en Panamá y Fominaya en el Soco
rro, eran dignos subalternos de su Jefe ; parece que todos
estos hombres, bien escogidos al gusto del Virrey, se hubie
sen puesto en competencia para apostar cuál de ellos com
placía mejor sus depravados sentimientos.
Ya en Casanare una seria y respetable División, orga
nizada y comandada por el General Francisco de Paula
Santander y bajo el comando general del Libertador Simón
Bolívar, que desde febrero de 1817 había hecho entrar en
sus planes de operaciones la campaña de la Nueva Granada,
inquietaba los ejércitos del Virrey, y con sus movimientos
había estimulado la aparición de las guerrillas en el inte
rior del territorio neogranadino, sin que fueran bastantes
todos los esfuerzos del despotismo yla crueldad, ni el régi
men del terror para dominarlas y contenerlas; ni lo eran
los diarios fusilamientos de patriotas, hombres y mujeres y
de los desertores que en gran cantidad se pasaban a éstos.
Acaso creyó Sámano que con el ruidoso fusilamiento de
Policarpa Salavarrieta y sus ocho compañeros en la gran
plaza mayor de la capital podía disminuir el firme apoyo
y los muchos recursos que por lo bajo y sigilosamente ob
ANTONIA SANTOS 461
tenían las guerrillas que secundaban desde el interior las
operaciones de Bolívar y Santander, pero fue este el más
grande de los errores que cometiera el imbécil gobernante.
vi
El hecho de que una de las guerrillas de la Provincia
del Socorro, la de Guadalupe, hubiese batido uno de los
batallones realistas dando muerte a un Oficial y a gran par
te de los soldados, apoderándose de aquél y de otros pue
blos hasta Oiba, hizo creer a Sámano en la conveniencia de
cambiar al Gobernador Antonio Fominaya, individuo de
chismes, de alharacas, duro extorsionador de los patriotas,
y deseoso de hacer méritos con fingidas alarmas y vanaglo
rias, y al efecto nombró en su reemplazo al Coronel Lucas
González, hombre no menos cruel, más sanguinario, igual
mente amigo de la intimidación y el terror, y quizás más
valeroso que el primero.
Tales fueron las circunstancias en que la señorita doña
Antonia Santos, quizás exasperada por las tropelías, vejá
menes y humillaciones que pesaban sobre los patriotas, es
timulada por el ejemplo de las muchas personas que favo*
recían las guerrillas, y animada con las noticicias que se
recibían de Casanare, o más principalmente enardecida
por el amor patrio y un sentimiento de justa reivindicación
que reclamaba ya el fin de tántas tristezas y dolores, resol
vió organizar y costear con su peculio la célebre guerri*
lia de Coromoro, cuyo centro de concitación fue principal
mente El Hatillo, mansión de la familia Santos y vecindad
del pueblo que le dio su nombre, correspondiente a la pa
rroquia de Cincelada, del Cantón de Charalá; eran Jefes
de esta guerrilla don Antonio Tobar, don Vicente y don
José Ardila, don Fernando Santos, hermano de Antonia,
y uno de los dos cuñados de ésta, don Gabriel Uribe, y
Abanderado don Tadeo Rojas; y entre los muchos indivi
duos que la componían figuraban los señores Joaquín Sao-
za Durán (ahijado de aquélla), Vicente Fiallo, Joaquín
Montero, Pascual del Espíritusanto Becerra, Isidro Bra
vo, Pablo León, José María Arias, Ramón Santos (sobrino
de la misma) y Juan A. Gómez; al principio la guerrilla
no constaba sino de cuarenta hombres, como que así lo
exigían la rapidez de movimiento, la celeridad de sus
marchas, el sigilo de sus operaciones y la mayor facilidad
de sus empresas, con lo cual gozaba de gran libertad
para recorrer y mantener en alarma todas las pobla
ciones del Cantón, teniendo siempre como punto de re
unión y de aprovisionamiento la casa déla señorita Santos,
lugar en donde recibían informaciones: y directiva, y de
donde se sacaban los recursos necesarios.
462 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Los progresos alcanzados por la guerrilla eran de suma
consideración y causaban grande inquietud en el ánimo de '
las autoridades españolas, ya por el entusiasmo que desper
taba en las gentes, las cuales venían a aumentarla; ya por
las dificultades que presentaba a los realistas para que si
guiesen adelantando sus depredaciones y las expropiaciones
y donativos forzosos con que se arruinaba a los pacíficos
moradores; ya por los inconvenientes que ponía para que
las tropas del Gobierno pudiesen ser auxiliares eficaces del
ejército que debía combatir contra las tropas patriotas que
estaban llegando de Venezuela y Casanare ; ahora se hacía
efectiva y fuerte la resistencia en aquellas poblaciones por
que la guerrilla se apoderaba de los víveres y ganados ex
propiados para el sostenimiento de las tropas, extendiéndo
se las excursiones por casi toda la Provincia del Socorro
y parte de la de Tunja; y en el Gobierno crecía diaria
mente el deseo y la rabiosa necesidad de destruir a aquellos
que González llamaba los diminutos pero inquietos enemi
gos, para cuyo objeto se empleaban unas veces la acción
de las tropas regulares, otras las medidas enérgicas y de
precaución, y por último, las maneras más seductivas y los
premios en dinero a quienes los aprehendiesen o denun
ciaran.
VII
Al interés que el Gobierno y las tropas realistas tenían
en acabar con aquella guerrilla de Corómoro se agregaba
la dificultad natural que ofrece la concurrencia de muchas
gentes para guardar el secreto y la ambición que debía
despertarse en los aspirantes a los premios que se ofrecían;
el espionaje y la delación consiguieron su objeto, y en los
primeros días de julio (1819), cuándo ya Bolívar adelan
taba las operaciones de Casanare transmontando la Cordi
llera de los Andes hacia el centro del Virreinato, una no
che, mientras una sección de la guerrilla se encontraba en
el punto de Los Arrayanes, distante legua y media de El Ha
tillo, y otra recorría la Provincia de Tunja, llegó del Soco
rro a la casa de Antonia Santos el Capitán Pedro Agustín
Vargas con un destacamento, y habiéndola encontrado sin
otra compañía que la de su hermano Santiago y su sobri
na carnal Elena Santos, hermosa niña de quince años, fue
aprehendida con ellos y sus dos esclavos y conducida a Cha-
ralá,, Pasúndolos por Cincelada, en donde sólo se les per
mitió tomar un ligero desayuno que les ofreció el modesto
y oculto patriota don Agustín Carreño.
Habiendo sido conducida a la ciudad del Socorro a pie
y en compañía de sus dos esclavos Juan y Juana, pues a
Elena se la dejó en Charalá en casa de su abuelo materno
don Francisco Rosillo, fue encerrada en un calabozo de
ANTONIA SANTOS 463
la cárcel, privada de comunicación y severamente custo
diada. A la misma cárcel fueron conducidos los dos pri
sioneros de la guerrilla. Pascual del Espíritusanto Bece
rra e Isidro Bravo, que habían llegado a El Hatillo como
postas enviados por don Fernando en soliuitud de ropa
y otros recursos que necesitaban. Al día siguiente del en
carcelamiento de Antonia Santos se comunicó a Sámano
tan importante noticia, con las mejores expresiones de sa
tisfacción, como uno de los más espléndidos triunfos, y se
le anunciábala resolución que se había tomado de fusilarla
«para escarmiento de los malvados.* Siguióseles causa de
información y de decisión ante un Consejo de (ruerro. como
era de costumbre en tratádose de asuntos relacionados con
hechos militares y con el orden público, lo mismo a la se
ñorita Santos que a sus dos esclavos y a los dos guerrille
ros; y dicen las crónicas y la tradición aún fresca, que la
encausada se mostró enérgica, decidida y valerosa ante el
peligro que la amenazaba, tratando a sus Jueces con altivez
y desdén, sin negar ninguno de los cargos que se le hacían
y rechazando las ofertas de libertad y garantías con que se
le quiso sobornar para que descubriera los nombres y pa
radero de sus compañeros. Eos cargos eran el de que re
unía en su casa a los insurgentes, el de que les comunicaba
las noticias de los republicanos y las disposiciones tomadas
por el Virrey y el Gobernador para contener y someter a los
enemigos; el de que ella había fomentado, organizado y di
rigido la guerrilla de Coromoro. pagándola con su peculio
particular, y el de que daba avisos apropiados para ei buen
éxito de los guerrilleros. En todo manifestó amor por la cau
sa de la libertad, declaró con cuánta injusticia y crueldad
estaban extorsionando y arruinando a los pueblos los actuales
gobernantes, cómo era justo que toáoslos patriotas tomaran
las armas para destruir un Gobierno que ofendía las prac
ticas cristianas y cómo el dinero de que había dispuesto
para los gastos hechos en su empresa era de su propiedad
y libre disposición. El día 16 de julio, es decir, cuando las
tropas del General Simón Bolívar pisaban ya territorio ae
la Provincia de Tunja. fue dictada la sentencia del Consejo
de Guerra que condenaba a muerte a Antonia Santos. Isidro
Bravo y Pascual Becerra, como enemigos de la causa del
Rey y reos de lesa majestad ; al notificársele el veredicto
lo firmó con mano intrépida, anunciando a sus victimarios
que antes de expirar el año el suelo de la patria estaría go*
zando de absoluta libertad.
464 b o l e t ín d e h is t o r ia y a n t ig ü e d a d e s
(1)
(1) El original de este parte oficial, dirigido al Comandante José
Mana Barreiro, se halla en poder del señor Luis Augusto Cuervo,
y^fue publicado por don Luis María Cuervo en el Papel Periódico^
ano in.
ANTONIA SANTOS 465
VIII
La sentencia de muerte dictada contra Antonia Santos,
Pascual Becerra, Isidro Bravo y los dos esclavos en un jui
cio tan sumario y breve, fue consultada inmediatamente y
por posta a don Juan Sámano, quien la confirmó con tal pre
mura, que el día 27 fueron puestos en capilla los condena
dos. No parecía sino que las descargas de fusilería con que
en Gámeza y Tópaga anunciaron Bolívar y Santander su
acción libertadora en el valle de Sogamoso, hacían apresu
rar el ánimo del sanguinario Virrey a recrudecer el régi
men de terror y a poner los medios para que los pueblos de
Tunja y Pamplona no perturbasen los movimientos de la6
tropas que debían auxiliar a los realistas contra la invasión
libertadora. El día 28 de julio, a los tres días de obtenida
por el Libertador la sangrienta victoria de Pantano de
Vargas, combate homérico en que las águilas republicanas
miraron de hito en hito el sol que ya irradiaba sobre el
campo de Boyacá, y en que tomaron parte los guerrilleros
de Coromoro bajo las órdenes del Comandante Ferminio
Vargas, fue puesto en ejecución el fallo decretado contra
Antonia Santos y sus compañeros.
Eran las diez y media de la mañana de aquel día ne
fasto para la existencia de tan preclara víctima y glorioso
para las armas, para la fama y para la gloria de la Repúbli*
ca. En un ángulo de la plaza del Socorro, frente a la cárcel,
estaba preparado el cadalso, banquillo acostumbrado para
los ajusticiados; dirigióse a él entre una escolta de soldados
realistas el grupo de lós condenados al suplicio, acompaña
do del sacerdote Cura de la parroquia, doctor N. Torres,
que en la cárcel les administró los sacramentos, y con sus
plegarias y oraciones les prestaba los últimos auxilios re
ligiosos; de un individuo que hacía el oficio de guardia de
seguridad, y del señor don Santiago Santos, hermano de
la mártir doncella, que quiso acompañarla hasta el postrer
momento. No iba ésta, según afirmaron quienes la vieron,
vestida con el tosco y ridículo sayal que se acostumbraba
poner a los reos de muerte, sino con un traje negro de man
ga corta y pañuelo del mismo color en la cabeza, llevando
suéltala cabellera, pormenores estos que hacían resaltar la
blancura de su tez, en aquellos momentos pálida; llevaba
en sus adornos artificiales, entre otras joyas, un anillo de oro
con esmeralda, que desde muy joven nunca le había faltado.
Marchaba tan interesante y púdica señora, ni abatida ni al
tanera, con frente serena, con paso digno y humildad
cristiana, entre las dos filas de la escolta y adelante de sus
compañeros de suplicio, dándose golpes de pecho y repi
tiendo en voz baja las oraciones que le dictaba el sacerdote.
x ii —30
466 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Al llegar al banquillo el fúnebre cortejo y dar el acompasa
do tambor la señal de alto, hízose colocar a la distinguida
víctima entre los dos compañeros y un inmenso publico
que los seguía a distancia; otras muchas personas que
afluían por las calles se agolparon en derredor gimiendo,
lagrimando y murmurando muy quedo los sentimientos de
dolor, de compasión, de rabia y de odio que se ocultaban
en los corazones contra los victimarios. Antonia quitóse los
zarcillos y el prendedor de oro, juntólos con su testamento
y entrególos a su afligido hermano, exhortándolo al mismo
tiempo a que tuviese valor y resignación, y a que velase por
sus sobrinos, a quienes amaba entrañablemente; tuvo aque
lla hidalguía, tan propia en las almas de carácter levantado,
de entregarle el anillo de esmeralda al Oficial que manda
ba la escolta, como indicando con admirable buen sentido
cuánto debe apreciarse al que sabe cumplirlos más penosos
deberes y suplicándole ordenase a los de la escolta dirigiesen
bien los tiros sobre el pecho para que no la hiriesen $n el ros
tro o en otras partes del cuerpo que la hiciesen sufrir dema
siado; sentándose luego en el banco fatal, arregló 6us vestidos
en la extensión de los miembros inferiores, y con un pañuelo
ciñólos a la garganta de los pies, procurando que éstos queda
sen atados fuertemente entre sí y contra el travesaño del
banquillo, encargando a alguno de los concurrentes velase
para que en su agonía se conservara en una posición digna y
en nada sufriese su pudor. En seguida el Sargento de la es
colta atóle las manos por detrás, púsole una venda en los
ojos, diose con un redoble la señal de fuego, salió un gemi
do de aquel pecho nobilísimo, y la víctima dejó de existir.
El carmín de la sangre de Antonia Santos dijo que su alma
volaba hacia la vida eterna, y su norfbre quedaba entre
gado a la posteridad para que fuese honrado y glorificado
en los mismos días en que se acostumbra celebrar el natali
cio de Colombia y la libertad del mundo americano bajo los
radiantes fulgores de Boyacá.
IX
Los documentos históricos escritos están conformes en
la verdad de que la casta heroína, esa estrella la más fúl
gida en la constelación de las que han honrado a nuestra
patria, fue sacrificada en compañía de los dos patriotas Be
cerra y Bravo que hemos venido nombrando; pero han guar
dado silencio respecto de la suerte que les tocó a los dos fie*
les y abnegados esclavos Juan y Juana, fámulos de la fami
lia Santos Plata, que por modo tan digno y tan honro
so comparecieron ante el Consejo de Guerra, donde resis
tieron a todos los halagos, sobornos y seducciones que se les
ofrecieron para que declarasen contra su señora y denun
ANTONIA SANTOS 467
ciasen a los comprometidos que la seguían en la guerra
contra los realistas; en la partida de defunción de la heroí
na, lo mismo que en el parte dado por don Lucas González
al General Barreiro sobre el fusilamiento de Antonia San
tos, no se hace mención de ellos. Ese documento dice así:
<En el cementerio del Socorro, en veinte y ocho de ju
lio de mil ochocientos diez y nueve, yo el Cura interino di
sepultura eclesiástica a los cadáveres de Isidro Bravo, casa
do, Pascual Becerra, y Antonia Santos, soltera, naturales
de la parroquia de Cincelada. Se administraron en la cár
cel antes de ser ajusticiados. Doy fe.
<Fr . Se r a f ín d e Cá n d e t e*
Pero es constante en las reminiscencias y tradiciones de
personas ya muy ancianas, miembros allegados y parientes
próximos de las víctimas, que también fueron fusilados los
heroicos sirvientes. ¿Porqué se guardó ese silencio en los
actos oficiales ? ¿Sería acaso porque los desalmados mando
nes tuvieron miedo de causar mayor escándalo con la noticia
de una mayor efusión de sangre? La serie de procedimien
tos de los españoles en esos días contestan negativamente
esa suposición ; nada les importaba el escándalo, y más bien
lo explotaban como medio de intimidación. ¿Tal vez sería
porque conforme con las costumbres públicas de entonces
eran considerados los esclavos como simples cosas y los
gobernantes desdeñaban ocuparse en materias que ellos
consideraban como viles?.... Sea de ello lo que fuere, la ver
dad es que del fusilamiento de aquellos dos honrados fami
liares ninguna prueba escrita se conserva; y que, como
muy bien lo estampó el áurea pluma del señor don Luis Ma
ría Cuervo, <para la honra de estos dos leales servidores no
se necesita que hubieran sacrificado su vida, basta el senti*
miento de fidelidad inalterable que observaron durante el
juicio.»
Lo que es no solamente verosímil, sino cierto y eviden-
dente, conservado en la memoria de todos los habitantes de
aquellos Departamentos como hecho histórico indubitable,
es que el día 28 de julio de 1819 gran parte de los habitantes
de la ciudad del Socorro salieron furtivamente de sus casas
a congregarse en todas las campiñas y veredas, jurando
continuar la guerra contraías autoridades realistas, armán
dose con palos, lanzas, cuchillos, machetes, escopetas e ins
trumentos de labranza, para vengar la sangre de Antonia
Santos; y que ese movimiento se propagó en todos los pue
blos circunvecinos con tal rapidez, que obligaron al Coronel
González a tomar medidas de seguridad ; lo persiguieron
en su retirada, obligándolo a acuartelarse en Oiba, y ocupa
ron a Charalá, en donde confluían todos los patriotas para
hacerse tan fuertes cuanto les fuera posible.
468 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
A los dos días después de que la señorita Antonia San
tos fue aprehendida en El Hatillo,, la guerrilla de Coromo-
ro se dividió en dos porciones, marchando la una a las ór
denes del Comandante Ferminio Vargas a incorporarse con
las tropas del Libertador, que como hemos dicho pisaba te
rritorio de la Provincia de Tunja, por lo cual vinieron a
ser de los combatientes en Pantano de Vargas, habiendo sido
herido su Comandante ; la otra porción, dirigida por sus
Comandantes don Tadeo Rojas y Gabriel Uribe, cuñados de
Antonia Santos, don Fernando Santos, hermano de la mis
ma, y don Cayetano Téllez, llegó a ser con todos los coman
canos que se le reunieron una fuerza numerosa que se apo*
deró de Charalá, nombrando Alcalde de esta ciudad a don
Ramón Santos. A unirse con éstos llegó el Coronel Antonio
Morales, despachado por el Libertador desde Bonza a re
unir, organizar y disciplinar cuerpos militares de patriotas,
a tiempo que González recibía noticia del desastre sufrido
por los españoles en el Pantano de Vargas y orden de refor
zar al General Barreiro, que se hallaba acometido por el
Ejército libertador. La porción que de los patriotas había
medianamente armados se propusieron interceptar el paso
del Coronel González para que no pudiese dirigirse a Paipa
a incorporarse con el Ejército de Barreiro; entonces Gonzá
lez torció el camino con sus 300 veteranos bien armados y
municionados, y se dirigió el día 4 de agosto contra la plaza
de Charalá, saliéndole al encuentro un puñado de vale
rosos charaleños que en un combate de tres dí¡is lo de
tuvieron en el paso del río Pienta, hasta que faltos de mu
niciones y dejando muchos muertos, tuvieron que retirar
se a la ciudad; aquí, ardiendo en el más decidido patriotis
mo y poseídos de gran valor, había más de 2,000 hombres
resueltos a defender su ciudad, sin ningunos conocimientos
militares y sin elementos de combate, pero resueltos a mo
rir batallando con palos, piedras y aun a puños; la resolu
ción de éstos era tanto más firme cuanto se sentían enca
bezados por el Coronel Morales, quien en verdad no
correspondió a la confianza que inspiraba, por haberle
faltado valor y serenidad y tal vez por causas más ver
gonzosas. El triunfo de González fue efectivo; furioso
y despechado por haber sido detenido y no poder allegar
el refuerzo que Barreiro esperaba con urgencia, hizo que
este triunfo costase a los patriotas la vida de innume
rables de ellos, entre éstos la de los Comandantes don
Tadeo Rojas y don Cayetano Téllez, pudiéndose contar
de 200 a 300 personas degolladas, a más de tres días
de saqueo con que fue arruinada aquella heroica ciu
dad, tan digna de la gloria y de los recuerdos numan-
tinos. La voracidad, inmisericordia y protervia de los
triunfadores fueron tales, que ni el mismo templo sir-
ANTONIA SANTOS 469
vio de asilo bienhechor, pues allí fueron ultimadas mu*
chas personas, entre ellas la bella y virtuosa señorita
Elena Santos, la sobrina y compañera de prisión de Anto
nia Santos, hermosa y encantadora doncella de quince
años, que aterrada con el trágico acontecimiento buscó re
fugio en la iglesia en compañía de otras señoras y de donde,
encontrándose en igual peligro, pasó a la sacristía con ánimo
de pricipitarse por una ventana; aquí fue sorprendida por
un soldado que le hizo fuego, y atravesándole el cuello con
el proyectil, la dejó muerta instantáneamente; algún histo
riador dice que su pudor no fue respetado después de
hecha cadáver. Esta víctima es merecedora también de
un nicho en los altares del patriotismo (1).
x
Dice el notable historiador de la Revolución de Ingla
terra que por muy perspicaces que sean el filósofo y el que
escribe historia, no alcanzan a decir con verdad cuál hubie
ra sido el resultado de varios hechos que pudieron verifi
carse pero que no se hicieron efectivos; esta observación,
que es apenas de sentido común, va directamente contra la
audacia de los que escriben historia aseverando hechos que
sólo se presentan a la imaginación, o que pudieron suceder
pero no sucedieron; mas si los acontecimientos hipotéticos
no son admisibles ante la verdad histórica, no por eso ha
de rechazarse la unidad de causa y efecto, ni negarse la im
portancia de las deducciones lógicas para explicar hechos
conocidos en relación con causas desconocidas. Viniendo,
pues, a lo concreto, tenemos que una parte de la guerrilla
organizada y costeada por Antonia Santos, la regida por el
Comandante Ferminio Vargas, combatió en Pantano de
(1) Fuentes: E. Ancízar Manuel, «Peregrinación de Alpha.»
Archivo Histórico Nacional, «Guerra y Marina.»
Carroño T. Manuel, «Boletín de Historia y Antigüedades,» tomo
6?, página 450.
Cuervo Luis María, «Papel Periódico Ilustrado,» año m.
Gómez Moreno Angel María, carta particular al autor de este
estudio.
«Homenaje a los Próceres y Mártires de la Independencia.»
Ibáñez Pedro María, «Crónicas de Bogotá,» tomo 4*?
Restrepo, «Historia déla Revolución de la República de Colom
bia», tomo 1°
Santos José (.General), relación verbal hecha al autor de este
estudio.
Santos Ramón, datos que comunicó al doctor Manuel Ancízar,
que se hallan en la «Peregrinación de Alpha.»
Santos de Plata Adelina, tradición que conservó y comunicó,
obtenida de un testigo presencial.
Santos Manuel José (General), carta privada dirigida al autor
de este estudio.
Villareal G. Manuel, artículos publicados en la «Revista Dio
cesana del Socorro.»
470 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Vargas, donde fue herido su Jefe, siendo de rigurosa ver
dad histórica que también combatió en la decisiva batalla
de Boyacá, en donde con el mismo valor heroico murió el
mismo Vargas, dejando su nombre vinculado a los sobrevi
vientes sus compañeros, con quienes por orden del Liberta
dor se formó el núcleo de aquel invicto Batallón Vargas, que
de victoria en victoria marchó desde Bombona hasta El Des
aguadero, haciendo flamear su bandera en las batallas que
dieron libertad a las cinco naciones bolivianas, y merecien
do la confianza con que lo honraron Córdoba, Sucre y el
mismo Libertador; vemos igualmente que otra parte de
aquella guerrilla, la comandada por Fernando Santos, la
más numerosa, y a la cual no podría darse ese nombre,
porque ya el número de sus combatientes era capaz de
presentarse en fuertes líneas de combate, aunque sin ma
yor disciplina y mal armados, le atajó el paso al refuerzo
con que el Coronel Lucas González debía concurrir a la ba
talla de Boyacá. Cabe preguntar; ¿qué habría sido del Ejér
cito libertador venido de Venezuela y Casanare si el día 4
de agosto se hubieran reunido los 300 veteranos de Gon
zález con el Ejército de Barreiro ? ¡Aquí de la observación
de Macaulay! Es preciso tener presente que la pericia mi
litar enseña que, fuéra del carácter aleatorio de la guerra,
la victoria acompaña a aquel de los combatientes que cuen
ta con mayor número de hombres, de mejores recursos en
armamento y provisiones, de mayor confianza en el resulta
do de las operaciones y de más sanas fuerzas físicas y mo
rales, circunstancias que González habría hecho entrar en
el célebre y memorable acontecimiento del 7 de agosto, sin
que nos sea lícito olvidar que el General de los realistas
apenas pudiera merecer el honor de figurar como un Oficial
subalterno del gran Libertador de la América del Sur.
Al lado de la observación que precede, vienen a la ima
ginación otras ideas y recuerdos. Ño han sido siempre bien
vistas las comparaciones; pero sin que al rememorar he
chos, servicios y méritos se pretenda arrebatar la gloria a
las heroínas colombianas, es de justicia decir que a Rosa
Zárate se le martirizó en su cuerpo y en sus sentimientos
de esposa y madre, sólo por el amor que ella profesaba a la
causa de la independencia; que Mercedes Abrego pagó con
la vida el hecho de haber cumplimentado al Libertador por
la victoria de Cúcuta y manifestádole su amor a la patria
regalándole un uniforme militar; a Carlota Armero se la ve
marchar al patíbulo por ese mismo amor y por defender su
honor, su virtud y su dignidad; a María del Carmen Olano,
por su fidelidad a la causa de la República; a Policarpa Sa-
lavarrieta se la contempla poseída de heroísmo, audaz, atre
vida, marchandoal patíbulo con su prometido y compañeros,
por su amor y servicios a la libertad colombiana, acusada de
ANTONIA SANTOS 471
ser un elemento de información y espionaje de los patriotas;
otras, al par de las que arriba dejamos enumeradas, sufrie
ron su martirio como auxiliares, encubridoras fieles y pa
triotas adictas a los miembros de sus familias y de los com
batientes; en Antonia Santos se reunieron todas aquellas
circunstancias y motivos en grado eminente, acreciendo su
gloria con la delicadeza de su estirpe y raza, con el esplen
dor de su riqueza y posición social, con el sacrificio de su
fortuna, con una adhesión a la causa republicana más cons
ciente, con la satisfacción de haber prestado servicios más
eficaces y efectivos y con un ascendiente moral capaz de
atraer a las multitudes y de sublevar muchos corazones. En
ella los sentimientos personales poco entraron como norma
de su conducta.
Cuando vengan los escritores a ocuparse en los tiempos
contemporáneos encontrarán en Antonia Santos algo así
como un símbolo del alma colombiana y como un vínculo
entre varias familias cuyo atavismo une generaciones a ge
neraciones; un símbolo, el más levantado, noble y admira
ble, porque es el reflejo del heroísmo, de la abnegación,
del señorío, de la pureza, del valor y de la castidad llevados
hasta el cadalso y conservados intactos aun ante los fríos
ojos de la muerte ; y un verdadero vínculo de atavismo por
que aquellos apellidos proceros de héroes y mártires san-
tandereanos, cuya sangre circulaba por las venas de la he
roína, los Gómez, Uribes, Platas, Vargas, Rosillos, Santos,
que dieron lustre a los grandes acontecimientos de la vieja
Nueva Granada, se conservarán en la moderna historia con
los nombres de eclesiásticos, abogados, médicos, guerreros,
inolvidables en los fastos de la virtud, de la ciencia, del pa
triotismo y de las hermosas prendas morales con que han
dejado sus recuerdos o en las páginas que guardan los ana
queles o en los corazones que, como el nuéstro, han sabido
guardar los tesoros de una dulce e inquebrantable amistad;
Juan de la Cruz Gómez Plata, Obispo que fue de Antioquia,
y su dignísima familia; los médicos doctores Antonio Var
gas Reyes y Manuel Plata Azuero; los Generales José San
tos y Gabriel Vargas Santos, ambos de honorabilidad y hon
radez irreprochables, inteligentes, prácticos y patriotas,
aunque de convicciones políticas opuestas; y los jóvenes,
muertos cuando apenas les sonreía la primavera de la vida,
Luis Felipe Uribe Toledo y Paulo Emilio Santos; y por
último, una juventud que en Bogotá, en Charalá, en el So
corro y en muchas otras ciudades de la República lleva
con honor los apellidos de aquellas familias y recuerda a
todos los ciudadanos nombres que no estampamos en este
escrito.
J. D. Mo n s a l v e
472 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
PRKDER CEDCEnflRIO
DEL FUSILAMIENTO DE ANTONIA SANTOS, EN EL SOCORRO
1819—28 de julio —1919.
La Junta Municipal del Centenario de An t o n ia Sa n t o s
y el Comité de Señoras, para cumplir la misión que les fue
confiada, han acordado el programa que en seguida se deta
lla, como la manera posible con que el Socorro exterioriza
su admiración, gratitud y amor a la heroína coromoreña,
que con su muerte tanto enalteció el patriotismo y la dig
nidad de la mujer. Ella, en ese* frenesí de libertad, dio a la
Patria cuanto podía darle como ser humano: patrimonio,
bienestar y vida, y con la unción de su sangre sublimó este
suelo donde nació lo libertad de América.
El Socorro, enorgullecido, invita hoy a todos los colom
bianos a contribuir con el honor de su presencia y la solem
nidad y grandeza de su patriotismo, a la celebración de este
centenario glorioso.
pr o g r a m a
Día 26.
A las 12 m. Himno nacional por la Banda, en la plaza
de la Independencia. Izamiento de la bandera en las casas
particulares y oficiales y lugares públicos, la cual permane
cerá así en los días del centenario. A la misma hora la Ban
da recorrerá las calles principales de la ciudad, tocando es
cogidas piezas.
A las 4 p. m. Colocación de una placa de mármol y una
corona de laurel en el muro donde estaban fijados los edic
tos reales que despedazó Manuela Beltrán, quién al toque
de tambor convocó al pueblo a la insurrección, hecho que
fue la génesis de nuestra independencia. Dircurso alusivo,
por un representante del Concejo Municipal. Estreno del
himno socorrano, cantado por las escuelas urbanas y los co
legios. Himno ecuatoriano por la Banda.
A las 6 p. m. Concurso de vitrinas, con premios para
las que presenten mejor arreglados y de manera más rara
los tres colores de la bandera, o un símbolo patriótico. La
organización de este punto estará a cargo de la Junta de
Feria, Ornato y Embellecimiento.
A las 8 p. m. Retreta en el Parque de Antonia Santos,
el cual estará profusamente iluminado y convenientemente
arreglado. Exihibición de fuentes luminosas y de colores.
Ascensión de tres grandes aereostáticos: amarillo azul y
rojo, con inscripciones, festones y guirnaldas de antorchas
Para concluir, la Banda tocará el himno venezolano.
PRIMER CENTENARIO 473
Costearán la placa y la Banda para este día los docto
res Pedro E. Mendoza, Angel María Gómez Arenas, Ro
dolfo Galvis, Urbano Arenas, Julio César Gómez, y los seño
res Julio Linares, Luis Antonio Noriega, Samuel Gómez,
Oliverio Vergara, Pedro Plata Gómez, Leopoldo Vergara,
Hipólito Villamizar, Belisario Moreno D., Ricardo Gómez
G., Carlos García, Ricardo Orduz Duran, Aníbal Obregón,
Ciro A. Gómez, Juan de Dios Mejia, Jesús Franco U., Ro
que J. Ranjel, Leónidas Nieto, Ulpiano Toledo Arias, Ar
turo Camacho, Luis Salazar, Miguel Reyes Pradilla, Aure
lio Mejia R., Márquez, Ribero & C^, Rojas & Argüello,
Horacio Cancino, Luis Vesga T., Dimas Flórez. Rafael
Re yes, Alberto Sanmiguel y Pedro Herberto Uribe.
Día 2";.
A las 8 a. m. Misa, acompañada por la Banda u orques
ta, en el templo de Santa Bárbara, a cargo del respectivo
Capellán. En el altar se cru-zarán las banderas colombiana,
pontificia y francesa. Las escuelas del convento y las niñas
del Hospicio cantarán, antes y después de la misa, un him
no patriótico. Inauguración de una placa de piedra y una
corona de yedra y laurel en el muro exterior del antiguo
convento de capuchinos, hoy Hospital de Caridad, dirigido
por una ilustre religiosa francesa. La placa perpetuará la
memoria de los acontecimientos cumplidos allí el 10 de ju
lio de 1810, que fueron preludios de libertad. Discurso con
memorativo por un comisionado de la Junta Municipal del
Centenario. Una Comisión de señoras nombradas por el
respectivo Comité, donará y distribuirá un almuerzo a los
pobres. Himnos chileno y francés, por la Banda.
El ornato del templo y del Hospital estará a cargo de
la Reverenda Madre Marcela y de las Reverendas Herma
nas de la Casa.
A la 1 p. m. Acto literario por los establecimientos de
enseñanza secundaria déla ciudad, en cumplimiento de lo
dispuesto por la Ley 17 de 1918.
A las 6 p. m. Iluminación general.
A las 7 p. m. Apertura de la exposición industrial, ar
tística y de plantas, debidamente iluminada, la cual estará
abierta en los días siguientes desde las ocho de la mañana
hasta las cinco de la tarde. Las boletas de entrada se ex
penderán en el mismo lugar de la exposición, y tendrán un
precio d&cinco centavos oro cada una, con destino al Tea
tro de Manuela Beltrán.
La Banda amenizará, a su cargo, las horas de exposi*
ción, y en la apertura de ésta tocará el himno boliviano.
La placa de piedra y la Banda para los números de la
474 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
mañana y de la 1 p. m., serán costeadas por los doctores
Marco E. Latorre, José Manuel Rodríguez, Juan de Dios
Galvis, Antonio María Uribe, Manuel Carreño T., Ezequiel
de J. Segura, Aquileo Noriega, y señores Pedro Belarmino
Plata, Eladio Obando F., Angel Miguel Bohórquez, Ber
nardo Mujica, Pedro José Ribero, Chedraui & Korgi, Fé
lix Barrera, Federico Tapias, Manuel Núñez, Francisco
Tapias, Arturo Afuesta, Aurelio Becerra, Pedro Uribe Fe-
rreira. Ladislao Ranjel, Bernardo Serrano, Luis María
Rodríguez, Clodomiro Nieto, Fructuoso García, Luis Au
relio Plata y Raimundo Pérez.
Día 28.
El alborear de este día clásico de las fiestas centenarias
será saludado con toques de diana, marchas e himnos por la
Banda, salvas de fusilería por el Batallón y ondular de ban
deras tricolores.
A las 9 a. m. Misa campal en el lugar donde se levantó
el patíbulo de Antonia Santos. El altar estará colocado sobre
fusiles, cajas de guerra, cureñas y otros elementos bélicos,
y le servirán de dosel las banderas colombiana y pontificia.
Antes y después de la misa las escuelas y los colegios can
tarán a grande orquesta el himno nacional. En cuanto ter
mine la misa serán bendecidas y entregadas a los respecti
vos comisionados las banderas que contal fin enviarán los
Concejos Municipales. Un sacerdote, que se servirá desig
nar el Prelado, pronunciará una oración patriótica.
Los parientes de la heroína tendrán allí puesto prefe
rente, y una Comisión de señoritas les ofrendará medallas
conmemorativas.
El Batallón que hará los honores, y las comunidades to
das, se presentarán en traje uniforme de gala y con el pen
dón nacional.
La misa, el arreglo del altar y la Banda para este pun
to estarán a cargo del Ilustrísimo señor Ob¡6po, del muy
ilustre Vicario de la Diócesis, del Venerable señor Cura
párroco y demás sacerdotes de la ciudad.
A la 1 p. m. Gran desfile desde el Parque de Antonia
Santos hasta el lugar en que fue fusilada la heroína. Inau
guración de una lápida de mármol blanco, en el muro situa
do frente al lugar en donde se levantó el cadalso. Sobre el
túmulo que allí se erigirá serán colocadas las coronas que en
el desfile llevarán los representantes del Poder Ejecutivo,
el Congreso, la Gobernación del Departamento, la Prefec
tura de la Provincia, la Alcaldía Municipal, el Personero del
Municipio, el Prelado y Clero de la ciudad, el Poder Judi
cial, los Concejos Municipales del Departamento, las corpo
raciones colegiadas y escolares y el gremio de industriales
y obreros.
PRIMER CENTENARIO 475
El desfile se verificará según programa que acordará
el Comité de Señoras y que se hará conocer oportunamen
te. A la misma hora una Comisión de señoritas nombradas
por el Comité venderá al público bocetos biográficos de
Antonia Santos, flores y botones o escudos con el retrato de
la procer, valor que se invertirá en alivio de las familias
vergonzantes.
Este acto terminará con una sesión extraordinaria del
Concejo Municipal, en cabildo abierto. En seguida habrá
tribuna libre para las personas que tengan a bien disertar
sobre tópicos patrióticos que guarden relación con la fiesta
y para los comisionados de las corporaciones y gremios que
deseen hacerse representar.
A las 4 p. m. Revista militar y maniobras en la plaza de
la Independencia, por un Batallón del Ejército Nacional.
A las 6 p. m. Iluminación general.
A las 8 p. m. Inauguración del Teatro de Manuela Bel-
trán, según programa especial. La luz para este acto y el
de la noche siguienté*estará a cargo de la Compañía Eléc
trica H. C. del Socorro.
La lápida de mármol y la música para la alborada, des
file, maniobras militares e inauguración del Teatro, esta
rán a cargo de la siguiente Comisión: doctores J. M. Rodrí
guez Piñeres, Ramón Arenas G., Junio E. Cancino, Luis E.
Amaya, Cayetano Franco, Alberto Aguirre Plata, Rafael
Villarreal B., y señores Pedro León Castellanos, Temísto-
cles Gómez, Polidoro Reyes, Flavio Ramírez, Helvecio Gó
mez, Darío Gómez G., Jorge Rueda, Carlos Orduz D., An
gel María Aguirre, Francisco Asís Gómez, Carlos Ferreira
U., Alejandro Ordóñez, Emiliano Ortiz, Bernabé Buenaho-
ra, Ciro A. Ríos, Miguel Ortiz A., Ricardo Mejia R., Juan
Bautista Galvis, Julio Gómez P., Jesús Albornoz, Julio C.
Patiño, Luis Alberto Martínez, Luis Modesto Uribe, Carlos
Custodio Gómez, Joaquín Rueda V., Belisario Uribe Q., Je
sús Silva y las Casas de Chálela Hermanos y Barbur Her
manos.
Dia 2Q.
A las 8 a. m. Misa en la Cárcel, lugar donde estuvo en
capilla la heroína Santos. Desayuno ofrecido y servido a los
presos por una Comisión de señores que nombrará la Junta
del Centenario. Al terminar, los presos todos cantarán el
himno nacional.
La misa estará a cargo del sacerdote que designe lo
Prelado. Para el arreglo del local se comisiona al Cuerpo
de Policía y a los empleados de la Cárcel.
Ala 1 p, m. Acto literario por los establecimientos de
educación primaria de la ciudad.
476 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
A las 4 p. m. Inauguración de la carretera hasta El
García, con el nombre de Paseo Comuneros. Discurso de un
representante de las Juntas Provincial y Municipal de Ca
minos, desfile del Batallón, ejercicios calisténicos, carreras
pedestres y ecuestres, cabalgata simbólica de niño6, riego
de flores, cintas, dulces, piezas por la Banda, etc.
A las 8 p. m. Función de gala a beneficio de los niños
del Asilo de Policarpa Salavarrieta. Programa especial.
La Banda para los números de este día y los premios
para estimular a los vencedores en las carreras pedestres y
ecuestres, serán costeados por los doctores Próspero Azue-
ro V., Pedro E. Gómez y Gz., Daniel Villarreal G., Edel-
berto Gómez, y señores Samuel Arias Rueda,, Juan de J.
Gómez U., Jorge Ribero, Ignacio Ferreira, Ciro A. García,
Angel Octavio Gómez, Julio Martín Rojas, Arturo León
Vargas. Luis Enrique Valderrama, Juan B. Villarreal. Ci
priano Barbosa, Manuel Pradilla. Jesús Pereira, Arsenio
Ramírez, Marcos Mujica, Pedro J. Quirós, Gustavo A. Pin
zón, Saturnino Mujica, Rogerio Rujeles, Gustavo Toledo,
Pablo A. Uribe, Roso Patiño, Pantaleón Bautista, Rafael
Cancino, Pablo A. Salgar, Moisés Muñoz, Julio Poveda, Je
sús Plata, Luis Senén Franco, Joaquín Rujeles y los em
pleados de Telégrafo.
Socorro, abril de 1919.
La Ju n t a Mu n ic ipa l d e l Ce n t e n a r io
El Co m it é d e señ o r a s
cam pan a de nuEva GRanaDa
Mientras Páez salvaba la causa en Apure, resuelve
Bolívar su campaña sobre la Nueva Granada.
Desde 1813 Bolívar comprendió que la suerte de la
Nueva Granada estaba unida a la de Venezuela, y el 4 de
marzo decía en Cúcuta :
«La suerte de la Nueva Granada está íntimamente li
gada con la de Venezuela. Si ésta continúa en cadenas, la
primera las llevará también.»
Este mismo pensamiento se manifiesta de tiempo en
tiempo como una idea fija grabada en el ánimo del Liber
tador. En 1815 dice en Jamaica :
«La Nueva Granada se unirá con Venezuela. Esta na
ción se llamará Colombia como un tributo de justicia y gra
titud al creador de nuestro hemisferio.»
A la vista tenemos en nuestro archivo un despacho mi
litar expedido por Bolívar en Los Cayos de San Luis el 15
CAMPAÑA DE NUEVA GRANADA 477
de marzo de 1816, en el cual se titula Capitán General de
los Ejércitos de Venezuela y de la Nueva Granada, y con
este título le da a reconocer Arismendi en Margarita el 30
de mayo. Más después, el 12 de junio, dice el Libertador al
Almirante de Barbada :
«Encargado por mis conciudadanos para libertarlos de
la tiranía del Gobierno español en Venezuela y la Nueva
Granada, creo de mi deber participar a Vuestra Excelencia
mi arribo a estas costas.» (Carúpano).
Para enero de 1817 le vemos dando órdenes para pro
curar la unión de los dos Ejércitos de Venezuela y Nueva
Granada, y Páez le dice el 18 de febrero :
«Cuando llegó a mi noticia qu? Vuestra Excelencia,
con abundantes recursos, se había dejado ver en las costas
de Venezuela para continuar la guerra contra los españo
les, mis esperanzas se multiplicaron al considerar tan inme
diata la libertad de Venezuela y la de la Nueva Granada.»
Y al comunicarle Bolívar la destrucción de la Escuadra
española en el Orinoco, le dice el 15 de septiembre :
«Este golpe decisivo sobre la Marina enemiga nos da
una preponderancia eterna y fija irrevocablemente el des
tino de Guayana, Barinas y aun de la Nueva Granada.»
La correspondencia oficial y particular de Casanare,
fechada en junio y julio de 1818 y la exposición del comi
sionado que enviaron a Bolívar las autoridades civiles y mi
litares de aquella Provincia le inspiraron la resolución de
aprovechar la más bella ocasión para emprender con buen
éxito la libertad de la Nueva Granada, y despachó en
agosto a Santander para Casanare con recursos y elemen
tos de guerra para reconcentrar las guerrillas patriotas y
organizar una División que moverá y dirigirá según las ins
trucciones que le comunicó. La operación que intentaba
Bolívar sobre Nueva Granada, según dice a Páez el 19 de
agosto, debía «necesariamente producir, tanto a aquélla
como a Venezuela, incalculables ventajas . . Lográmos po
ner a Morillo en la alternativa o de evacuar a Venezuela
para marchar sobre el Reino, o de ver perdido enteramente
este, sin que saque otro fruto que perecer de hambre en
las plazas fuertes donde se refugie y arruinar su nación
para aumentar sus tropas, o de salir a los Llanos a buscar
nos, donde infaliblemente será destruido.»
Apenas retirado Morillo de Apure, cuando el 14 de
mayo de 1819 trajo Lara pliegos de Santander en que le
daba cuenta del pie respetable de su División, el apoyo de
la opinión del país a la causa libertadora, y el número de
enemigos que había que combatir. Inmediatamente se dic
taron las órdenes para la reconcentración del Ejército en
478 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Setenta; pero es singular que el 18 de mayo al contestar a
Santander, se le dijese que el plan de Bolívar era ocupar
la Provincia de Barinas, y el 20 se le mandó reconcentrar
sus fuerzas, para ejecutar Bolívar la operación que medita
ba sóbrela Nueva Granada. Parece indudable que se quiso
engañar al enemigo haciéndole creer en una marcha sobre
Latorre, que ocupaba a Barinas.
SIMON BOLIVAR
Muy raro es también que habiendo sabido Morillo des
de el 12 de mayo el plan de Bolívar','no hubiese prevenido
el golpe. En oficio al Ministro de la Guerra, dice Morillo:
«Bolívar se situó en Guasdualito, población que se halla
en los confines de Venezuela, a dos jornadas de los Llanos
CAMPANA DE NUEVA GRANADA 479
de Casanare, en cuyo punto ha reunido toda su infantería y
se dispone a seguir al Nuevo Reino de Granada a operar en
combinación del cabecilla Santander, que manda en Chire
y en Pore ;> y el 2 de julio le dice desde Calabozo:
«Cuantas noticias se han indagado ala Provincia de Ba
rinas y costas del Apure, convienen en el movimiento que
ha emprendido aquel cabecilla desde Guasdualito. Reunién
dose en Chire con el caudillo Santander, podrá disponer de
una fuerza de más de 3,000 hombres suficiente para pene
trar por la cordillera al interior del Reino y llegarse tal vez
hasta la capital.»
Morillo envió a Latorre a hacerse cargo del Ejército
en la Nueva Granada, llevando algunas fuerzas de Barinas,
pero estas órdenes no se llevaron a efecto, y Latorre no
pasó de Cúcuta.
Al abrirse la campaña, los bandos contendientes ocu
paban las siguientes posiciones en la Nueva Granada :
El Ejército español que quedó en el Reino, dice Enrile
al Ministro de la Guerra en 19 de julio de 1817, constaba de
cuatro batallones venezolanos, dos colombianos y tres espa
ñoles. Total, 7,000 infantes, más 400 jinetes. Para 1819, y
según estado de fuerza enviado por Santander el 19 de ene
ro, el total de tropas españolas era de 9,880, de las cuales
había 1,600 hombres en Quito y Popayán, de modo que en el
teatro de la guerra existían 8,200 hombres, distribuidos así:
En Cartagena, León (español) con plazas.. .. . 1,000
En Cartagena, cuatro compañías de A limera (es
pañol) ............................. 600
En Cartagena, artilleros ..................................... 100
En Santa Marta dos compañías del Rey, al mando de
Ramón Pérez, y 400 urbanos. Total, 600. En Mompós esta
ba el resto de Albuera y una compañía del Rey. Total, 700,
al mando de La Rus. En Bogotá había sólo 400 hombres de
Aragón, y Pía tenía el resto del Cuerpo, 600 hombres, cu
briendo el Valle de Tensa. Francisco Jiménez ocupaba el
Socorro con el batallón Tambo, fuerte de 700 plazas. Esto
da un total de 4,500 hombres.
Barreiro tenía a sus inmediatas órdenes el resto de la
tercera División, fuerte de 3,700, de los cuales 400 eran
jinetes.
Bolívar tenía cuatro batallones venezolanos e ingleses
con 1,300 hombres y dos regimientos de caballería, con
siete escuadrones de 100 plazas cada uno. Llevaba, por tan
to, 2,000 hombres. Santander le recibió con dos batallones
y dos escuadrones de caballería, sumando 1,200 hombres.
El total del Ejército era, por tanto, 3,400 plazas. Esta cifra
concuerda con las que fijan O’Leary y Montenegro, con
poca diferencia.
480 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
El plan de Bolívar, adoptado en el pueblo de Setenta,
consistía en avanzar rápidamente, llevándose de pecho
cuanto encontrase de frente. Sabía que sus fuerzas eran su
periores en calidad a las del enemigo; que la mayor parte
de éstas eran reclutas venezolanos que no pelearían gusto
sos contra sus hermanos, y que el espíritu público estaba
decidido en favor de la independencia. Este plan era muy
adecuado al carácter de Bolívar, y probablemente en él se
inspiró Mitre cuando dice que en el sistema de guerra de
aquél, <el instinto preside a los combates y la inspiración a
los movimientos, alcanzando al fin la victoria por la audacia
de las concepciones, el ímpetu de los ataques y la constan
cia incontrastable en los reveses.»
Así, mientras Morillo tomaba cuarteles de invierno por
haber entrado la estación de las lluvias, Bolívar marcha casi
diariamente con el agua a la cintura, cruza ríos como el
Arauca, deja el camino sembrado de enfermos e inútiles, y
llega a Pore, capital de la Provincia de Casanare, el 22 de
junio. Siete días después tuvo noticia el Virrey Sámano de
que Bolívar se acercaba a la cordillera de Sogamoso.
Barreiro, ya preve.nido, ocupó, con 300 hombres, a
Paya. Este fue el primer error del Jefe realista. La posi
ción era tan formidable, que si él hubiese estado allí con su
Ejército, Bolívar no habría podido pasar. Un Oficial falto de
valor la abandonó al acercarse el enemigo y le dejó libre el
camino de Nueva Granada. En Paya se repuso el Ejército,
y aquel fácil triunfo le dio tal confianza, que no dudó ya del
éxito.
Retirado el enemigo de Paya ocupó a Labranzagrande.
Barreiro fijó su cuartel general en Sogamoso, donde tenía
1,600 hombres. Además situó 500 hombres en el camino pbr
Labranzagrande, único que consideró practicable en la es
tación. y descuidó el otro camino al través del páramo de
Pisva, que creyó insuperable. Por allí pasó el Ejército re
publicano, y el 5 de julio la vanguardia ocupó a Socha. ya en
’a Provincia de Tunja, con inmensa sorpresa del enemigo,
que ni siquiera tenía noticia de la marcha del Ejército por
aquella vía.
Por correos interceptados sabía Bolívar los planes mi
litares del enemigo, sus posiciones y las fuerzas de que dis
ponía. Ninguna inquietud le causaba lo que tenía al frente.
Su temor era el Ejército español en Venezuela. Páez no
pudo ocupar a Cúcuta, y ofreció obrar sobre Pedraza, ope
ración que aprobó Bolívar en 30 de junio. Esta diversión
hubiera obligado a Morillo a distraer fuerzas, que era lo im
portante por el momento, pero Páez no pudo ejecutarla.
Al saber el movimiento de Bolívar, Barreiro vino sobre
los Corrales de Bonza, donde el enemigo había destruido
CAMPAÑA DE NUEVA GRANADA 481
un destacamento realista el 7. El 10 se replegó sobre la peña
de Tópaga y Bolívar se replegó también a Tasco. El 11 tomó
la ofensiva el Jefe realista, pasó el río Gámeza, pero al ver
que Santander avanzaba, se retiró sobre la peña de Tópa
ga. Abiertos los fuegos, los republicanos pasaron el río por
el puente, desalojando de allí al contrario, visto lo cual el
Jefe realista se hizo fuerte en Los Molinos, cuya posición res
petó el contrario. El plan de Barreiro consistía en esquivar
un combate para dar tiempo a que se le incorporasen la6
fuerzas que venían en su auxilio.
Un hábil movimiento de flanco sobre Santa Rosa puso
a los patriotas en posesión del valle de Sogamoso y de abrir
comunicaciones con el Socorro y Pamplona, a la vez que
obligó a Barreiro a replegarse sobre Tunja, ocupando los
Molinos de Bonza, posición fuerte, que Bolívar no pensó en
forzar.
Un segundo movimiento de flanco por el camino del
Salitre de Paipa amenazó la retaguardia de Barreiro, quien
al observar el movimiento enemigo vino rápidamente a in
terponérsele en las alturas del Pantano de Vargas. Los dos
Ejércitos se encontraron el 25. Reñido fue el encuentro: dos
veces la victoria estuvo de parte de los realistas, pero una
carga de caballería dirigida por Rondón salvó al Ejército
republicano. Al día siguiente ambos contendientes se reple
gaban a sus antiguas posiciones de antes de la batalla, y am
bos estaban, puede decirse, impotentes.
Considerada desde el punto de vista militar, la batalla
de Vargas decidió de la campaña de la Nueva Granada. No
fue un combate decisivo en el sentido material de la lucha,
pero cambió la situación de los combatientes y obligó al es
pañol a estar a la defensiva, que era lo peor que pudo haber
hecho en aquellas circunstancias.
Si Barreiro hubiese atacado a Bolívar al día siguiente
de Vargas, todas las probabilidades eran de que lo destrui
ría. No pudo hacerlo porque quedó tan quebrantado del
combate, que no estaba en posición de moverse. Esto dio
tiempo a Bolívar, que era lo urgente e indispensable por el
momento.
Repuestas las tropas de Bolívar con los voluntarios y
reclutas que llegaban al campamento, tomó la ofensiva el 3
de agosto. El movimieuto de Bolívar fue tan atrevido, que
desconcertó al contrario.
Ocupaba Barreiro la confluencia de los caminos de
Tunja y el Socorro; el contrario marchó hacia el Socorro,
en la noche pasó el puente de Paipa y acampó a la orilla de
recha del río Sogamoso. Frente a frente estuvieron los con
tendores el día 4. En la tarde el republicano repasó el puen
te y emprendió la retirada, pero a las ocho de la noche
xn—31
482 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
contramarchó sobre Tunja por el camino de Toca. Con
gran sorpresa de Barreiro al amanecer del 5 se halló con
que Tunja estaba en manos de su enemigo. Rápidamente
marchó sobre esta plaza por el camino principal de Paipa, y
descansó, en la tarde, en el llano de La Paja, para continuar
luego por el páramo de Cómbita, entrando a esta plaza el 6.
Estaba a legua y media de Tunja. Para el Jefe realista era
menester a todo trance abrir comunicaciones con la capital
e interponerse entre Bolívar y Santafé. Reunida una junta
de guerra se resolvió atacar al Jefe republicano, porque de
lo contrario se entraría en Santafé, donde apenas había
una escasa guarnición que no pasaba de 400 hombres. El 7
marchó por el camino de Samacá a pasar el puente de
Boyacá.
Tres caminos hay de Paipa para Bogotá. El mejor pasa
por Tunja, y estaba en manos de Bolívar ; el otro pasa al
Oeste, y está separado de aquella ciudad por una alta fila.
Este fue el que tomó Barreiro. Ambos caminos se juntan
en el puente sobre el río Boyacá, que es vadeable, y cuyas
orillas están cubiertas de monte espeso. A ambos lados del
puente y del río se levantan cerros de difícil acceso, y más
aún sobre fuegos enemigos. Al llegar al puente, Barreiro
creyó tener al frente un Cuerpo de observación. Era Bolí
var, que conociendo su intención, vino de Tunja al puente a
impedirle el paso. No se apuró en su marcha el Jefe realis
ta, sino que se detuvo a almorzar, y cuando atravesó el
puente su vanguardia vio con gran sorpresa que el enemigo
ocupaba con su infantería una altura que dominaba la po
sición.
Tenía Barreiro 3,000 hombres, pues se le habían incor
porado Lorio con el 3.° de Numancia y tres piezas de artille
ría. Rotos los fuegos, la vanguardia realista fue obligada a
repasar el puente. Quiso el español intentar un movimiento
sobre su derecha, y no pudo lograrlo : entonces se estuvo a
la defensiva, formando sobre una altura, coronada por la
artillería y con Cuerpos de caballería a los costados. La ac
ción se concentró sobre el puente atacado por Santander y
defendido por Jiménez. Ambos conservaron sus posiciones,
cada uno a la cabeza del puente. A este tiempo dos Cuerpos
marcharon sobre los realistas, y el del centro, despreciando
los fuegos del flanco izquierdo contrario, atacó el grupo
principal. Rudo y corto fue el combate, porque la caballe
ría republicana encontró vado en la parte baja del río, y
cayó sobre un flanco y la retaguardia de los españoles, em
peñada en la defensa del puente y del ataque republicano.
Perdió Barreiro la posición, pero intentó defenderse en
cercana altura. No pudo lograrlo porque parte de su caba
llería huyó acobardada. En vano trató gallardamente otro
CAMPAÑA DE NUEVA GRANADA 483
cuerpo de jinetes de contener la derrota, pues fue comple
tamente despedazado. Jiménez flaqueó al ver perdida la ba
talla, y trató de retirarse, dejando libre el puente. Santan
der entró rápidamente, y con una carga por la izquierda
consumó la derrota del español. No era posible retirarse
porque tres masas convergían sobre él ; y Barreiro, Jimé
nez y todo el Ejército español se rindió. Apenas unos cuan
tos se salvaron vía de Ventaquemada.
Si el Jefe realista hubiese obtenido el combate en la
parte baja y concentrado sn defensa únicamente en los ce
rros, habría tenido en su favor la posición, y habría podido
retirarse a Bogotá. Su artillería le fue de poca utilidad, por
que a la primera carga de la Legión Británica le fue arre*
hatada.
El 11 de agosto ocupó Bolívar a Bogotá. Al fin realiza
ba el Jefe republicano una campaña tal como cuadraba a su
temperamento. Un avance rápido, marchas atrevidas e in
esperadas, ataque brusco y concentración del Ejército sobre
un punto dado. Tal fue la campaña de 1819. Aleccionado
por la experiencia, ya no viene Bolívar a estrellarse contra
lo que tiene al frente. Con mirada cierta ve el punto frágil,
maniobra admirablemente y hace cambiar de posición al
contrario, hasta interceptarlo y obligarlo a un combate en
que las ventajas de la posición colocaban al enemigo en difí
cil situación, pues al comenzar el combate la vanguardia
patriota atacaba por retaguardia la columna realista que
llegaba al puente, y coronaban los republicanos la altura
que domina la posición contraria.
Las grandes dificultades materiales que Bolívar tuvo
que vencer en su campaña de 1819, a consecuencia de la es
tación y malos caminos y la casi falta de subsistencias, dan
a esta marcha un carácter de extraordinaria audacia y ma
yor tenacidad.
Ya frente al enemigo, la falsa retirada del 3 agosto,
para caer inesperadamente sobre Tunja, es un movimiento
estratégico admirable, porque dejó a retaguardia al ene
migo, y se interpuso Bolívar entre éste y la capital. Esa
marcha le dio el triunfo.
Sucediéronse en esta campaña los movimientos tan in
esperadamente; la situación del Ejército patriota era tan
aislada y su número tan reducido, que para realizarla se
necesitó una audacia sin límites y una serenidad inconcebi
ble. Aquel Cuerpo republicano estaba condenado a desapa
recer si retrocedía : su divisa era i adelante !; pero no era
una marcha ciega, fatalista, sino el avance meditado, estu
diado y efectuado con perfecta precisión. El valor, el ímpe
tu, el empuje homérico, estaban subordinados a la astucia,
a la inteligencia y al genio. Es sorprendente cómo Bolívar
absorbía y se hacía suya la experiencia y las demás cuali
484 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
dades de sus tenientes, y cuanto aprendía en la práctica
escuela de la guerra.
Vio a Páez en el Apure, y con él aprendió la guerra de
ardides y engaños y el movimiento de Cuerpos ligeros de
caballería sobre los flancos. El combate de la Gamarra le
enseñó a ser cauto en el ataque. El fracaso de 1818 le ense
ñó a avanzar siempre con cautela. La Puerta le demostró
la necesidad de Oficiales de infantería, y en 1819 empleó
todos los ingleses que tomaron servicio en la causa realista,
con lo cual los batallones adquirieron la consistencia reque
rida. Por primera vez en Boyacá Bolívar no compromete
toda su fuerza desde el principio de la batalla, y los batallo
nes Tunja y Socolo aparecieron en el campo al decidirse la
batalla, cubriendo el flanco derecho.
Hablando de esta campaña, dice Morillo al Ministro de
la Guerra el 12 de septiembre de 1819, lo siguiente :
«Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco
años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que
las tropas del Rey ganaron en muchos combates.»
Y Molien se expresa así:
«Ya Bolívar no era un oscuro partidario. Salirse de en
tre las manos de Morillo, ocupar la capital del Reino, echar
de allí a los representantes del Rey, derrotar con unos
cuantos salvajes ocho mil hombres de tropas disciplinadas,
elevaron al vencedor en Boyacá a un puesto respetable en
la opinión pública.»
El Virrey Sámano, en parte oficial de 12 de agosto,
dice así :
«Se ve que todo lo erró dicho Comandante General
(Barreiro). Engañó a éste Bolívar, pues con un movimiento
de su Ejército, ni previsto ni observado, tomó la retaguar
dia de Barreiro, ocupando a Tunja y quitándole la comu
nicación con la capital, provocando además a Barreiro, con
su aparente dirección a la capital, a que lo siguiera, y te
niéndole prevenidas emboscadas lo esperó en el camino pro
yectado y lo despedazó, habiendo sido la acción el 7 del co
rriente en la casa de teja, o sea de postas de Tunja. que está
pasado ésta para Santafé.»
Consideradas las dos campañas de 1819 desde el punto
científico, presentan el curioso fenómeno de que ambas son
enteramente distintas. En la de Apure el nervio de la resis
tencia era la caballería, y Páez, con verdadera precisión
militar, desarrolló una táctica especial, sacando partido del
terreno, y aspirando a cansar al enemigo para contener sus
planes ofensivos. Vio con ojo certero el flanco del contra
rio, y por allí le atacó. El fracaso de Morillo en Apure tuvo
inmensa resonancia en Venezuela, y el efecto moral en los
pueblos fue decisivo en favor de la independencia.
OCUPACIÓN DE LA CIUDAD DE TUNJA 485
En la de la Nueva Granada, por el contrario, toda se fió
a la infantería, y Bolívar empleó la táctica del ataque de un
flanco y la conversión de los fuegos sobre ese lado. De fren
te la lucha fue de grandes resultados, porque Santander
inutilizó la División de Jiménez, con lo cual se debilitaron los
flancos. Todas las energías obraron sobre un ala, y allí ca
yeron grandes masas. Era la táctica de Napoleón inspirada
quizá por los Oficiales ingleses que la habían aprendido con
Wellington. Jiménez quedó aislado, y cuando quiso retirar
se, no pudo hacerlo. El Ejército español fue cargado, y tuvo
que rendirse.
Morillo vio claro el peligro, pero él no podía ir perso
nalmente a la Nueva Granada, porque perdía a Venezuela.
Le faltó un General, porque Latorre no cumplía sus ór
denes, y se detuvo en Cúcuta cuando debió seguir rápida
mente en auxilio de Barreiro ; tuvo tiempo para ello, y por
lo menos habría salvado a Bogotá.
L. Du a r t e Le v e l
OCUPflGIOn DE bfl CIUDAD DE ClfflDA
POR EL EJÉRCITO LIBERTADOR EN SU CAMPAÑA DE 1819, EL DlA
6 DE AGOSTO
Boletín del Ejército Libertador de la Nueva Granada.
Volvió el enemigo al pueblo de Paipa después del su
ceso de las alturas de Vargas, y el Ejército ocupó nueva
mente su posición de los Corrales de Bonza. El día 3 Su
Excelencia, con el objeto de reconocer la posición y fuerza
del enemigo, ordenó un movimiento con todas las tropas so
bre sus puntos avanzados. Nuestra descubierta de caballe
ría arrolló completamente la que el enemigo, en número de
100 hombres, tenía situada en los Molinos de Bonza.
El Ejército español evacuó precipitadamente la pobla
ción y tomó posición en una altura que está en la confluen
cia de los caminos de Tunja y el Socorro. Continuámos la
marcha hasta el mismo pueblo, y por la noche pasámos el
puente de Paya y acampamos en la orilla derecha del río
Sogamoso.
El día 4 permanecieron los dos Cuerpos en sus respec
tivos campos, sin que el enemigo intentase el menor movi
miento. Por la tarde toda nuestra infantería repasó el
puente, y a las ocho de la noche contramarchó, y el Ejército
se dirigió a la ciudad de Tunja por el camino de Toca, de
jando el enemigo a la espalda. A las nueve de la mañana en
tró en el pueblo de Chivatá, habiendo marchado seis leguas,
y a las once Su Excelencia con la caballería ocupó la ciudad,
486 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGUEDADE
haciendo prisionera su guarnición, y no cayó en nuestro
poder el Gobernador de la Provincia, don Juan Loño, con
el tercer batallón de Numancia > porque aquella madrugada
había marchado a incorporarse al Ejército, conduciendo
tres piezas de artillería. A las dos de la tarde se reunieron
todas las tropas en Tunja. El enemigo, que no pudo obser
var nuestro movimiento hasta el amanecer del 5, se puso en
marcha sobre la ciudad por el camino principal de Paipa, y
en el llano de La Paja hizo alto a las cinco de la tarde, a la
vista de un destacamento de dragones, que después de la
ocupación de la ciudad se destinó a observarlo. Alas ocho de
la noche continuó el enemigo su movimiento por el páramo
de Cómbita, y el 6 a las nueve de la mañana entró en el
pueblo de Motavita, legua y media de Tunja. Nuestros dra
gones marcharon toda la noche, molestando su retaguardia,
y le hicieron multitud de prisioneros.
La ocupación de esta ciudad ha puesto en nuestro po
der más de 600 fusiles, un almacén de vestuarios y paños,
los hospitales, botiquines, maestranza y cuanto poseía el
enemigo.
El Ejército ha reemplazado sus bajas y se ha repuesto
de sus fatigas; ha aumentado su entusiasmo con el délos
habitantes de esta ciudad, que lo recibieron con un júbilo
inexplicable, y sin embargo de que el enemigo ha reunido
algunos Cuerpos de infantería después de la batalla del
Pantano de Vargas, estamos casi ciertos de la victoria.
Cuartel General en Jefe, Tunja 6 de agosto de 1819.
El General en Jefe del Estado Mayor General,
Ca r l o s So u b l e t t e
GUflRCfl FUDGIOn DE ARÍDflS
DEL EJÉRCITO LIBERTADOR DE LA NUEVA GRANADA, EN BOYACÁ,
EL DÍA 7 DE AGOSTO DE 1819
ESTADO MAYOR GENERAL
Boletín del Ejército Libertador de la Nueva Granada.
BATALLA DE BOYACÁ
Al amanecer del día de ayer dieron parte los Cuerpos
avanzados de que el enemigo estaba en marcha por el cami
no de Samacá; el Ejército se puso sobre las armas, y luégo
que se reconoció que su intención era pasar el Puente de
CUARTA FUNCION DE ARMAS 487
Boyacá para abrir sus comunicaciones directas y ponerse
en contacto con la capital, marchó por el camino principal
para impedírselo o forzarlo a admitir la batalla.
A las dos de la tarde la primera división enemiga llega
ba al puente, cuando se dejó ver nuestra descubierta de
caballería. El enemigo, que no había podido aún descubrir
nuestras fuerzas y que creyó que lo que se le oponía era un
Cuerpo de observación, lo hizo atacar con sus cazadores,
para alejarlo del camino, mientras que el Cuerpo del Ejér
cito seguía su movimiento. Nuestras Divisiones aceleraron
la marcha, y con gran sorpresa del enemigo, se presentó
toda la infantería en columna sobre una altura que domi
naba su posición. La vanguardia enemiga había subido una
parte del camino persiguiendo nuestra descubierta, y el
resto del Ejército estaba en el bajo, a un cuarto de legua
del puente, y presentaba una fuerza de 3,000 hombres.
El batallón de Cazadores de nuestra vanguardia des
plegó una compañía en guerrilla, y con las demás en co
lumna atacó a los Cazadores enemigos y los obligó a reti
rarse precipitadamente hasta un paredón, de donde fueron
también desalojados; pasaron el puente y tomaron posicio
nes del otro lado ; entretanto nuestra infantería descendía
y la caballería marchaba por el camino.
El enemigo intentó un movimiento por su derecha-y se
le opusieron el Rifles y la compañía inglesa. Los batallones
1.’ de Barcelona y Bravos de Páez., con el escuadrón de ca
ballería del Llanoarriba, marcharon por el centro. El bata
llón de línea de Nueva Granada y los guías de retaguar
dia se reunieron al batallón Cazadores y formaban la iz
quierda. La columna de Tunja y la del Socorro quedaron
de reserva.
En el momento se empeñó la acción en todos los pun
tos de la línea. El señor General Anzoátegui dirigía las ope
raciones del centro y de la derecha ; hizo atacar un bata
llón que el enemigo había desplegado en guerrilla en una
cañada, y lo obligó a retirarse al cuerpo del Ejército, que,
en columna sobre una altura, con tres piezas de artillería
al centro y dos Cuerpos de caballería a los costados, aguar’
dó el ataque. Las tropas del centro, despreciando los fue
gos que hacían algunos cuerpos enemigos situados sobre el
flanco izquierdo, atacaron la fuerza principal. El enemigo
hacía un fuego terrible; pero nuestras tropas, con movi
mientos los más audaces y ejecutados con la más estricta
disciplina, envolvieron todos los cuerpos enemigos. El es
cuadrón de caballería de Llanoarriba cargó con su acos
tumbrado valor, y desde aquel momento todos los esfuer
zos del General español fueron infructuosos; perdió su po
sición. La compañía de Granaderos a caballo (toda de
españoles) fue la primera que cobardemente abandó el
488 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
campo de batalla. La infantería trató de rehacerse en otra
altura, y fue inmediatamente destruida. Un cuerpo de ca
ballería que estaba en reserva aguardó a la nuestra con las
lanzas caladas, y fue despedazado a lanzazos, y todo el Ejér
cito español, en completa derrota y cercado por todas par
tes, después de sufrir una grande mortandad, rindió sus
armas y se entregó prisionero. Casi simultáneamente el se
ñor General Santander, que dirigía las operaciones de la iz
quierda y que había encontrado una resistencia temeraria
en la vanguardia enemiga, a la que sólo le había opuesto sus
Cazadores, cargó con unas compañías del batallón de línea
y los guías de retaguardia, pasó el puente y completó la
victoria.
Todo el Ejército enemigo quedó en nuestro poder; fue
prisionero el General Barreiro, Comandante General del
Ejército de Nueva Granada, a quien tomó en el campo de
batalla el soldado Pedro Martínez, del 1.° del Rifles; fue
prisionero su segundo, el Conorel Jiménez, casi todos los
Comandantes y Mayores de los cuerpos, multitud de su
balternos y más de 1,600 soldados ; todo su armamento, mu
niciones, artillería, caballería, etc.; apenas se han salvado
50 hombres, entre ellos algunos Jefes y Oficiales de caba
llería, que huyeron antes de decidirse la acción.
El General Santander con la vanguardia y los guías de
retaguardia siguió en el mismo acto en persecución de los
dispersos, hasta este sitio, y el General Anzoátegui, con el
resto del Ejército, permaneció toda la noche en el mismo
campo.
No son calculables las ventajas que ha conseguido la
República con la gloriosa victoria obtenida ayer. Jamás
nuestras tropas habían triunfado de un modo más decisivo,
y pocas veces habían combatido con tropas tan disciplina
das y tan bien mandadas.
Nada es comparable a la intrepidez con que el señor
General Anzoátegui, a la cabeza de dos batallones y un es
cuadrón de caballería, atacó y rindió el cuerpo principal
del enemigo. A él se debe en gran parte la victoria. El se
ñor General Santander dirigió sus movimientos con acierto
y firmeza. Los batallones Bravo de Páez y z<? de Barcelona y
el escuadrón de Llanoarriba combatieron con un valor asom
broso. Las columnas de Tunja y el Socorro se reunieron a
la derecha al decidirse la batalla. En suma, Su Excelencia
ha quedado altamente satisfecho de la conducta de todos
los Jefes, Oficiales y soldados del Ejército Libertador, en
esta memorable jornada.
Nuestra pérdida ha consistido en trece muertos y cin
cuenta y tres heridos; entre ellos el Teniente de caballería
Nonato Pérez y el Reverendo Padre fray Miguel Díaz,
JUAN JOSÉ REYES PATRIA 489
Capellán de vanguardia; y entre los segundos, el Sargento
Mayor José Rafael de las Heras, el Capitán Johnson y el
Teniente Ribero.
Cuartel General en Jefe, en Ventaquemada, a 8 de
agosto de 1819.
El General Jefe,
Ca r l os So u b l et t e
3UAD 30SE REyES PATRIA
República de Venezuela—Simón Bolívar, Presidente de la Repú
blica dé Venezuela, etc., etc., etc.
Por cuanto atendiendo a los servicios y méritos del Te
niente Coronel graduado Juan José Patria, he venido en
nombrarle Teniente Coronel efectivo y Comandante del
batallón Vargas.
Por tanto, ordeno y mando a la autoridad a quien co
rresponda dé la orden conveniente para que se le ponga en
posesión del referido empleo, guardándole y haciendo que
se le guarden y cumplan las honras, gracias, exenciones y
preeminencias que, como atál, le tocan, y que el Intendente
del Ejército o Proveeduría donde fuere a servir haga to
mar cuenta y formar asiento de este despacho en la Conta
duría del Estado.
Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello provi
sional de la República, y refrendado por el Secretario de
Guerra interino, en el Cuartel General de Pamplona, a 20
de octubre de 1819.
(Firmado). SIMON BOLIVAR
Januavio Silva, Secretario.
(Del archivo de Tunja),
490 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
IDFORÍDE DEh SECRETARIO PERPETUO
EN LA JUNTA PÚBLICA EXTRAORDINARIA DEL DÍA 10 DE
AGOSTO DE 1919
Señores académicos:
Hoy, 10 de agosto de 1919, se cumple un siglo del día
en que Simón Bolívar llegó vencedor a la casona que llama
ban enfáticamente los habitantes del Nuevo Reino de Gra
nada Palacio de los Virreyes, desde ese día oficinas del Des-1-
pacho de los mandatarios de la República de Colombia.
Este homenaje justísimo de veneración y reconoci
miento que tributa hoy la Academia a la memoria de los
padres de la Patria y fundadores de nuestra nacionalidad,
lo repetirán con esplendor otras generaciones agradecidas
en este día único en cada centuria.
Y es grato ver cómo al impulso de adelantada cultura
cívica se ha concertado el homenaje colombiano en que to
man parte los pueblos del país, de diversas y lejanas comar
cas, como tributo y ofrenda a la memoria de nuestros abue
los los libertadores. Este instituto, guardián de los anales
de esos hechos gloriosos, ha tomado activa parte en la ova
ción republicana, a la vez que los hijos de Venezuela y del
Ecuador rinden con laudable sincronismo honores a los ma
nes de los creadores de la América libre.
Este informe encierra sucinta relación de las labores
académicas en los trabajos de glorificación de nuestros pro
ceres y de nuestros grandes hechos de armas.
El ideal de levantar un arco de triunfo que sería tes
timonio perenne de respeto a los libertadores, y que se ins
piraba en los monumentos de la antigua Roma y del París
moderno, tuvo apoyo en Asambleas, Municipalidades y en
el pueblo colombiano. Pero algunos órganos de la prensa lo
derribaron antes de construirse, y la corporación, por de
coro y para no sostener polémicas, devolvió las sumas re
caudadas y desistió de su empeño. El juicio público ha sido
favorable al ideal de la Academia; sus detractores lograron
que no exista hoy un bello monumento en la capital de la
República. Allá ellos.
En ciudad Bolívar se levantó un busto para gloria del
antioqueño Zea, Presidente del Congreso de Angostura
hace un siglo. En la erección representó a la Academia el
correspondiente B. Tavera Acosta, historiador de recono
cida competencia.
El académico don Raimundo Rivas, Presidente de la
Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, acudió a este ins
tituto con el fin de modificar y corregir las inscripciones
INFORME DEL SECRETARIO PERPETUO 491
que ornamentan el monumento de los Mártires, erigido por
la Presidencia de Murillo y terminado cuando regía la Re
pública Julián Trujillo.
El Concejo de Bogotá obsequia al presente una inscrip
ción en bronce al Ayuntamiento de Tunja, con redacción
concisa y oportuna. Nuestro consocio don Luis Augusto
Cuervo, con el doble carácter de académico y de Edil, debe
presentar la ofrenda obsequiada por el Municipio de Bogo
tá y llevar la palabra por las dos entidades.
El académico don Alfonso Robledo hace parte de la
Sociedad de Embellecimiento y fue el padre de la idea
de que la Nación adquiriera la hermosa Quinta de Bolí
var, donada por el Libertador a don José Ignacio París y
vendida por los herederos de éste a particulares. Apoyo
tuvo ella en la Sociedad progresista, de que son miembros
nuestros colegas Gerardo Arrubla, Emilio Cuervo Márquez,
Luis Augusto Cuervo, Rufino Gutiérrez, Alfredo Ramos
Urdaneta, Raimundo Rivas, Alfonso Robledo y Eduardo
Rodríguez Piñeres.
Perfeccionado el negocio y por tratarse de una casa his
tórica, se solicitó conbuen acuerdóla cooperación de la Aca
demia y se integró un Comité de las dos entidades. El 7 de
agosto tuvo lugar una misa campal en los aledaños agrestes
y pintorescos de la casa de Bolívar, cuyas salas se destina
ron a organizar una biblioteca y un museo bolivianos. En ese
acto, entre los oradores, usaron de la palabra los académi
cos Raimundo Rivas y Alfonso Robledo, ambos con acierto
y brillo, y con elevados conceptos para estos días, que son
de perdón y amnistía y no de recriminaciones. Encomió
también la gloria de Bolívar don Diego B. Urbaneja, Secre
tario de la Legación de la República hermana, y candida
to para ocupar una silla entre nosotros.
Hace pocos días se cumplió el centenario del fusila
miento de lo heroína Antonia Santos. La Academia delegó
para representarla en la ciudad del Socorro, teatro del sa
crificio, al honorable Presidente del Concejo y al corres
pondiente Manuel Carreño T., oriundo de esa región. Ade
más ha honrado su memoria en el Boletín de Historia con
apoteosis suscrita por el socio José D. Monsalve.
La Academia de Historia de Venezuela, para festejar
el centenario de la batalla de Boyacá, abrió un concurso que
nos transmitió la Legación de esa República en tiempo há
bil ; en la Sociedad hermana nos representaron el académi
co Juan B. Pérez y Soto y cuatro historiadores venezolanos:
Pedro M. Arcaya, Manuel Segundo Sánchez, Rafael Villa-
vicencio y Felipe Tejera. Todos recibieron las credencia
les de estilo. A su vez la Academia de Venezuela nombró
sus delegados en estas fiestas centenarias a nuestros conso
492 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
cios Carlos Cuervo Márquez, Luis Augusto Cuervo, Anto
nio Gómez Restrepo, Pedro María Ibáñez y Fabio Lozano
y Lozano.
De acuerdo con la Junta de Festejos la corporación
creó una Comisión formada por los socios Rivas, Cortázar,
Ibáñez y Posada, para presentar temas apropiados como
ornamento de la procesión monumental que se verificó hoy
para conmemorar el centenario de la jornada de Boyacá.
La Academia confirió oportunamente el cargo de de
legados para representarla en las fiestas centenarias de los
triunfos decisivos de los libertadores, en la ciudad de Tun
ja, a los académicos Luis Augusto Cuervo, Arturo Quijano
y Jorge R. Bejarano, quienes asociados al Presidente del
Centro de Historia del Departamento de Boyacá, Canónigo
Cayo Leónidas Peñuela, llenaron debidamente la simpática
misión que les fue encomendada.
En junta extraordinaria de la Academia Colombiana
de la Lengua honraron la memoria de los conquistadores
en el 381° aniversario déla fundación de Bogotá y enaltecie
ron los méritos y glorias de los creadores de la República,
los académicos Rafael María Carrasquilla, Director de esa
corporación, y Hernando Holguín y Caro, hoy Ministro de
Relaciones Exteriores.
Desde el mes de noviembre del año pasado fijó la Aca
demia como tema para el concurso anual ordinario «tras
cendencia de la batalla de Boyacá en la independencia de
América,» el cual se cerrará con el año académico ; en este
certamen pueden tomar parte todos los colombianos. Con
curso distinto abrió el instituto para trabajos de los Oficia
les del Ejército en servicio, y eligió como Jurados a los se
ñores Generales Bernardo Caicedo, Carlos Cuervo Márquez
y José Dolores Monsalve. Los calificadores estudiaron cinco
temas:
«Santander militar,» por Granadino; «Nariño(1813 a
1814),» por X ; «Acción de la marina en la guerra de inde
pendencia,» por Argonauta; «Preliminares para el estudio
de la historia militar de Colombia y primeras operaciones
de la guerra de independencia,» por Sargento Alerta, y
«Sitio de Cartagena en 1815,» por Adelfo Delmar.
Van a abrirse las cubiertas de los Oficiales premiados
en la junta pública de esta noche. Dos Oficiales distinguid-
dos, los Mayores del Ejército Jorge Mercado y Manuel Pa
rís R., llenando las condiciones del Estatuto, han presenta
do memorias históricas como tesis para obtener cargo aca
démico. Al presente son candidatos aceptados e informarán
sobre el mérito de tales estudios, en su carácter de socios,
los académicos que constituyeron el Jurado calificador del
concurso militar. El Mayor Manuel París es autor de « Cam
INFORME DEL SECRETARIO PERPETUO 493
paña de Boyacá en 1819,> y el Mayor Jorge Mercado de
«Campaña de invasión del Teniente General don Pablo Mo
rillo.»
En el histórico Colegio Mayor del Rosario que dirige el
académico Rafael María Carrasquilla hubo acto solemne el
día 7; nuevo homenaje a los manes de los patriotas. El s^ñor
Rector terminó su oración llevando a manos de la señora
Sixta Suárez de Fonnegra y del académico Restrepo Tira
do, esposo de doña Clementina Suárez de Restrepo, descen
dientes de Santander, sendas coronas de triunfo. Otras co
ronas fueron obsequiadas a las señoras Carolina O’Leary de
Portocarrero y Margarita París de Ortega; la primera
para honrar en la descendencia del General Daniel Floren
cio O’Leary la generosa sangre británica, y la otra para
exaltar las glorias de las familias Ortega y París, nombres
venerandos entre los patriotas de la capital. Esas coronas
fueron tributo para los vencedores de Boyacá.
El académico Ernesto Restrepo Tirado, de acuerdo
con la Junta de Festejos y como miembro de la corpora
ción y representante de los herederos de Santander, llevó la
palabra por la Academia en la tarde de este día en el sepul
cro del Hombre de las Leyes, que se ha ornamentado con
mayor holgura y estética en estos días centenarios.
A la vez, en la casa número 216 de la calle 16, que fue
habitada y consagrada por la muerte de Santander, presi
de el General Restrepo Tirado una exposición de objetos y
retratos que pertenecieron al organizador de la República
o que representan al primer Vicepresidente de Colombia
la Grande con rasgos artísticos de diversos pintores, la cual
se abrió el día 8 en las horas de la tarde.
Esta exposición temporal, nueva y original apoteosis
de este libertador ilustre, ha despertado viva curiosidad
y es admirada en la misma sala en que falleció Santander
en 1840, y en donde su viuda, doña Sixta Pontón y Piedra-
hita, tributó culto a las cenizas del héroe por muchos años,
basta el de 1862 en que terminó la existencia de la viuda,
venerable institutora y ornato de la sociedad de esos
tiempos.
La estatua del patricio José Ignacio de Márquez, fun
dida en bronce por hábil artista italiano, que como home
naje de la Patria y por ley nacional, ha sido admirada en la
Avenida de la República, es oportuna justicia tributada a
los manes del gran jurisconsulto. Es del caso recordar que
Márquez, joven aún, presidió el Congreso Constituyente de
Cúcuta y que él dio posesión a Bolívar y a Santander cuan
do ocuparon por primera vez las sillas de Magistrados de
la Gran Colombia.
En la actual exposición de pintura lucen dos cuadros
del académico artista Ricardo Moros Urbina : el campo de
494 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Boyacá, donde se decidió nuestra independencia, y la ba
talla gloriosa, descrita con verdad y concisión por el Gene
ral Jefe Carlos Soublette.
Atendió el Ayuntamiento bogotano excitación oportu
na de esta Academia para dar a tres calles de la capital los
nombres de Anzoátegui, de Soublette y de Manuel Manri
que, y nos hizo saber el acuerdo favorable la voz del Edil
don Luis Augusto Cuervo, Secretario Auxiliar de la corpo
ración ; tal disposición es señalada y práctica muestra de
hermandad y simpatía para los libertadores venezolanos
que obtuvieron lauros y glorias en la campaña corta y bri
llante de 1819.
También inició la Academia desde el mes de abril, aco
giendo idea del socio Raimundo Rivas, la impresión de un
libro para reproducir en él el buen trabajo del publicista
Angel María Galán sobre el personal de las Legiones Bri
tánica e Irlandesa; el cual abraza nombres de Oficiales es
pañoles, franceses, alemanes, polacos, rusos, suecos, antilla
nos, mejicanos, canarios, norteamericanos, italianos, brasi
leros, holandeses, e hijos de Malta y nativos de Africa.
Algunos miembros del instituto han contribuido a la
apoteosis centenaria con la preparación o impresión de li
bros que consagran y honran los hechos y vidas de los pa
dres de la Patria. Para esta fecha son de lectura provecho
sa la < Vida de José Ignacio de Márquez,» por Carlos Cuer
vo Márquez; < Los Parises,» por José Joaquín París, redac
tado por el Vicepresidente Gustavo Arboleda; el primer
volumen del < Epistolario de Rufino Cuervo» y « Los Emi
grados de 1819,» por Luis Augusto Cuervo; < Antonia San
tos,» por José D. Monsalve ; «Campaña de Boyacá.» por J.
M. Henao y Gerardo Arrubla, y el «Album del Centena
rio,» por el canónigo Cayo Leónidas Peñuela, Presidente
del Centro de Historia de Tunja.
En el « Repertorio Histórico,» órgano de la Academia
Antioqueña de la Historia, dirigido por nuestros colegas
Tulio Ospina y Eduardo Zuleta ; en el «Boletín de Instruc
ción Pública de Cundinamarca,» que redacta el socio don
Gerardo Arrubla ; en « El Santafereño,» semanario de don
José Joaquín Casas, y en el « Repertorio Boyacense,» del
Centro de Tunja, han colaborado plumas académicas, y
ellas y los autores de libros en prensa don Luis Orjuela,
«Ricaurte y sus impugnadores ante la crítica»; don José
María Restrepo Sáenz, « Proceres Neivanos,» y don Pedro
M. Ibáñez, cuarto volumen de « Crónicas de Bogotá,» han
redactado páginas para honra de los fundadores de la Pa
tria. Por insinuación de la Academia se publicará oficial
mente la «Biografía de Salvador Córdoba,» estudio serio y
documentado, por don Alejandro Mesa Nicholls. Otros li
INFORME DEL SECRETARIO PERPETUO 495
bros, todos de mérito, serán mencionados en el informe
anual, por no ser sus textos ovaciones especiales al cente
nario.
En revistas como « Cromos» y <El Gráfico» y en edi
ciones especiales de la prensa diaria han colaborado los
miembros de la Academia exaltando los méritos de los li
bertadores. Citamos de entre ellos a los socios F. de P. Bor
da, Max. Grillo, Fabio Lozano y Lozano, Eduardo Posada
y Arturo Quijano.
Sometió a la Academia la honorable Junta dfc Festejos
el proyecto de celebrar el 7 de agosto con una velada lite
raria en el Teatro de Colón y premiar en ella varios con
cursos de arte. Aceptada la idea, recibieron comisión los
académicos Roberto Cortázar, Pedro A- Peña y Arturo
Quijano, de asesorar un grupo de honorables damas de
nuestra alta sociedad, encargadas por lá Academia para
organizar este festival como apoteosis para el Libertador.
Las enfermedades y la muerte arrancaron de ese grupo de
señoras a doña Carolina Márquez de Cuervo, hija del Pre
sidente del Congreso de Cúcuta, esposa de don Luis María
Cuervo, biógrafo de la heroína Antonia Santos, y hermana
política del académico ilustre Rufino José Cuervo ; y a doña
Agustina Tanco de Mancini, quien perdió una hija, ornato
de la sociedad y hermana de nuestro lamentado consocio el
historiador Julio Mancini.
Quedó integrado el Comité de Señoras por doña Inés
Marroquín de Vargas, doña Amalia Reyes de Holguín y
doña Elena del Corral de Soto. La Academia indicó, entre
otros, para el brillo de la velada, el bello tema de coronar
el busto de Bolívar, de Tenerani, con la corona de oro que se
guarda en el Palacio presidencial, por veinte señoritas que
llevan en su sangre e imitaran en su indumentaria y ata
víos al grupo histórico de damas en la apoteosis triunfal de
septiembre de 1819.
El instituto, por dificultades de armonía en el progra
ma de este homenaje, acordó celebrarla fiesta de esta no
che como tributo especial de la corporación en las fiestas
centenarias. Y ella es continuación del desfile cívico con el
cual la Academia llevó las coronas de la apoteosis en el día
de hoy, desde el sepulcro de Santander hasta el bronce del
Parque que lleva su nombre.
Confió el instituto la organización del desfile cívico a
nuestros consocios Roberto Cortázar, Pedro A. Peña y Al
fredo Ramos Urdaneta. Y ellos, y la distinguida señora
doña Emilia Valenzuela de Ramos Urdaneta, supieron lle
var a cabo en forma espléndida el homenaje público y so
lemne que recorrió las calles de la ciudad en el día de hoy.
Como acto de justicia la Secretaría rinde a la señora Va-
496 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
lenzuela de Ramos Urdaneta, interpretando el querer del
instituto, rendido agradecimiento de simpatía por su habi
lidad y patriotismo.
El académico don Fabio Lozano T. abrió este desfile
con brillante oración, digna del alto objeto a que iba diri
gida y de las dotes oratorias que posee el reputado tributo.
Ante la estatua de Santander usó la palabra el académico
Arturo Quijano en nombre de la Academia de Jurispruden
cia, y el académico Max. Grillo en representación de la fa
milia.
Para honrar los méritos excepcionales de José Manuel
Restrepo, adoptó el instituto la idea de un homenaje espe
cial. Emigrado Restrepo en el tiempo de la reconquista; Go
bernador de la Provincia de Antioquia; cooperador de la
libertad de ella con José María Córdoba; miembro del Con
greso Constituyente ; Ministro de los Gobiernos de Bolívar
y Santander, e imparcial y laborioso autor de la < Historia
de la Revolución,» tiene su memoria títulos suficientes para
que en este centenario su nombre ocupe lugar de honor.
Por el mes de marzo don José María Restrepo Sáenz y la
familia Restrepo Sáenz coadyuvaron al ideal de fundar una
galería de historiadores ofreciendo el retrato del preclaro
Restrepo, con el cual inauguramos hoy la pinacoteca de los
colombianos que con su pluma han trabajado para el prove
cho de otras generaciones en los anales de la Patria.
El doctor Eduardo Zuleta, hoy Presidente de la Aca
demia Antioqueña de la Historia, conterráneo del ilustre
historiador y autor de artículos apologéticos para el ecuá
nime y probo Restrepo, hará de él nuevo y justo elogio en
la tribuna académica.
La Presidencia va a discernir los premios del concur
so militar concedidos por nuestro instituto. Quedan con
signadas en esta memoria las labores patrióticas con que la
Academia ha contribuido con amor para el país y con el
desinterés acostumbrado, para glorificar en estos días los
hechos memorables de que fueron autores hace un siglo los
padres de la Patria.
flDTE bfl TUíDBfl DE SflnTflDDER
LO QUE FUE EL HOMBRE DE LAS LEYES
En la peregrinación a la tumba del General Santander,
pronunció el General Ernesto Restrepo Tirado el siguien
te discurso:
<Noes mi propósito hacer el elogio del General Santan
der. Oradores me seguirán en el uso de la palabra, que con
más elocuencia os dirán cuáles fueron los méritos y cuáles
ANTE LA TUMBA DE SANTANDER 497
las virtudes de este eminente ciudadano, cuya vida debiera
ser de todos conocida. El relato de sus servicios a la Patria
no se ha escrito aún, y llenará muchos volúmenes. Los hom
bres de su época, ocupados en hacer historia, no alcanzaron
a transmitirla al papel. Entre los que hemos venido después,
ninguno se ha sentido con fuerzas suficientes para tan mag
na tarea.
<Una estatua y una tumba modesta, con una severa ins
cripción, su solo nombre, son los únicos recuerdos que he
mos tributado a la memoria de aquel para quien los arcos
de triunfo serían pequeños, i Ya que el homenaje ha sido tan
insignificante, que a lo menos contra esta losa sepulcral ven
gan a estrellarse las olas de las pasiones, sin que ni una
gota penetre al recinto que encierra los restos del funda
dor de la República ! El General Santander no es propiedad
de ningún partido: no debemos medir su talla colosal en los
mezquinos moldes de nuestra política. El Hombre de las Le
yes pertenece a la Nación colombiana, porque consagró su
vida a libertarla y a levantar sobre los escombros amonto
nados por la más devastadora de las revoluciones, el sober
bio edificio de un pueblo soberano que dotó de una consti
tución propia y de instituciones libres. Fue un titán de los
que crean naciones a la luz del día, con la espada y con la
pluma, no pigmeo que urde partidos en las sombras.
«Los diez y nueve más floridos años de su juventud los
consagró Santader al servicio de las armas. Cundinamarca,
Cúcuta, Casanare, Venezuela, son testigos de sus sacrificios
por la independencia ; varios fueron regados con su sangre
generosa. Al lado de Bolívar y de Páez, de Mac-Gregor y
de García Rovira, de Urdaneta, de Serviez y de otros cuan
tos proceres beneméritos, hizo prodigios de valor por todos
ellos encomiados. Debido a acciones distinguidas y a sus co
nocimientos en el arte de la guerra, ascendió uno a uno los
peldaños de la jerarquía militar.
«Después de la heroica campaña que culminó en el cam
po glorioso de Boyacá, para cuya preparación tuvo que lu
char con la naturaleza salvaje y el clima mortífero de nues
tras llanuras orientales, vencer los obstáculos que desde un
principio hasta el momento de emprender el ascenso a la
cordillera, le opusieron sus mismos compañeros de armas,
aquellos que habían sido el terror de las huestes españolas,
formar un ejército organizado con los indómitos llaneros,
valerosos y atrevidos como los jaguares que pueblan sus sel
vas, pero como ellos, disperso» y ajenos de toda disciplina,
xir—32
498 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
destruir al adversario atrayéndolo a aquel vasto desierto,
sin perder uno solo de sus soldados, después de aquella sor
prendente victoria, digo, en que Santander conducía la van
guardia, Bolívar, que rara vez se engañó en la elección de
los hombres, le confirió el Gobierno efectivo de la nueva
República, con el título de Vicepresidente. Fue entonces
cuando el genio y la asombrosa actividad de Santander se
mostraron en todo su esplendor. Sin más que dos Secreta
rios organizó los diversos ramos de la Administración. Al
mismo tiempo que con mente creadora formaba una repú
blica, despachaba ejércitos bien equipados y municionados,
provistos de armas y de dinero a ayudar a la emancipación
de cuatro naciones hermanas.
«Santander no descansaba ni de día ni de noche. De su
pluma salían a la imprenta, casi en tropel, las leyes que, co
mo las piedras de talla de un edificio, iban colocándose unas
sobre otras, hasta formar el conjunto armonioso de un Go
bierno bien ordenado; atendía a las varias exigencias de los
jefes de operaciones, sacando de un país arruinado y empo
brecido, sin producir trastornos, los hombres y el oro nece
sarios para preparar los triunfos; se esforzaba en hacer co
nocer a su patria en el Exterior para colocarla en el con
cierto de las naciones independientes, como lo logró, ven
ciendo resistencias que en un principio parecieron insupe
rables.
«Este cúmulo de operaciones absorbía las facultades del
sabio legislador, sin dejarle tregua para el cultivo de los
afectos. El cerebro, en permanente actividad, era un vol
cán que atajaba la salida a los brotes del corazón.
«Una mujer de delicada cultura, hermosa y atrayente,
de alma noble, y virtuosa, acertó a pasar por su camino. El
héroe se sintió vencido: rindió la espada y la pluma a los
pies de doña Sixta Pontón, y de rodillas, ante Dios, la dio
su nombre. Desde entonces el culto de la Patria fue com
partido con el del hogar. Después de las diarias faenas, en
que, artista enamorado de su obra, se empeñaba en pulirla
y mejorarla, rendido por la fatiga, y con frecuencia amar
gado por los desengaños, el grande hombre iba a buscar
descanso y alivio entre los brazos de su amante esposa. Doña
Sixta amaba a Santander como saben hacerlo las criaturas
selectas, como Santa Teresa amó a Jesús, con ardor, con ve
neración y con desprendimiento. Sólo vivía por él y para él.
Parecía buscar su sombra para ocultar sus propios méritos,
adivinar sus pensamientos para satisfacerlos, recrearse en
sus obras para sentir las fruiciones de un casto orgullo.
« Cuando el General entregó su alma al Creador, doña
Sixta se retiró del mundo. Alrededor de su esposo se había
ANTE LA TUMBA SANTANDER 499
formado una pléyade de patriotas ilustrados en los ejem
plos de los proceres, poseídos de entusiasta amor a la Repú
blica y a sus instituciones, honrados, dispuestos a sacrificar
hasta la vida en defensa de sus ideales. Doña Sixta creyó de
su deber educar una generación de mujeres que fueran
dignas de unirse a ellos y de dotar a la posteridad con una
descendencia de ciudadanos útiles. Con perseverante cons
tancia y cristiano celó formó un núcleo de matronas que
fueron orgullo de la sociedad por su cultura y sus virtudes,
y cuyos hijos han desempeñado con honor los más altos
puestos de la República.
«Así comprendió doña Sixta las obligaciones que debía
al hombre ilustre que había sido su esposo.
«Hasta su muerte, recluida en la casa que había alber
gado los más felices años de su existencia, la amante viuda
conservó con religioso cuidado, en apropiado catafalco, el
cadáver de Santander, al pie del cuadro que le recordaba
la última agonía del héroe, entre la Religión, representada
por el Ilustrísimo señor Arzobispo Mosquera, la Ciencia,
atribulada al sentirse impotente ante el destino, personifi
cada en el doctor Félix Merizalde, y la Amistad, caracteri
zada en los semblantes abatidos de un grupo de admirado
res. Durante veinte años cuidó doña Sixta aquellos restos
sagrados, con solícito esmero, sin que se amenguara, ni por
un instante, en su corazón, el cariño entrañable que profe
saba a la memoria del extinto.
«Cincuenta y siete años hace que murió doña Sixta. Sus
restos habían estado separados de los que cuidó con tánto
afecto. Hoy, a solicitud de la familia, los hemos reunido en
una misma fosa. ¡Dejémoslos descansar en paz en el tranqui
lo lecho del eterno reposo, sin que vengan a turbar su sue*
ño las notas discordantes de nuestras disensiones civiles!»
BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES
DISCURSO
PRONUNCIADO EN EL PARQUE DE LA INDEPENDENCIA POR
EL DOCTOR FABIO LOZANO T.
Excelentísimo señor Presidente de la República, señoras, señores:
La Academia Nacional de Historia—ilustre instituto,
modelador de almas para el culto de la Patria—ha querido
que en esta vez, como en otras, tenga yo su representación,
y me exalta a su tribuna—cerrada siempre a toda causa in
noble, abierta siempre al honor y al patriotismo—para que
os hable en su nombre en la hora magna de nuestras re
memoraciones nacionales.
Para que os hable en esta hora única, en que la presen
te generación vuelve los ojos del espíritu cien años atrás y
ve desarrollarse ante su mirada retrospectiva el cuadro in
menso de una epopeya que no soñó la fábula y que vive en
la historia como la más alta cima del heroísmo, como la
prueba más fehaciente del poder superbo de la voluntad
humana cuando sopla sobre ella, en ráfagas creadoras, el
huracán de generosos ideales, cuando pugna por crear
una entidad internacional independiente y libre y por le
vantar sobre su ara a la justicia templada por la misericor
dia y a la libertad asesorada por el orden.
Obedezco a la Academia, y me descubro ante vosotras,
señoras que me escucháis; os rindo las armas y os pido,
como pedían los antiguos caballeros, que acorriéndome con
vuestra benevolencia, cambiéis mi timidez en fortaleza y el
ánimo perplejo en varonil aliento.
Acorredme vosotras, las nubiles, guirnalda de rosas
mañeras que venís a ceñir coronas de inmortales a la fren
te dormida de los proceres.
Vosotras, las madres, muchas descendientes de los fun
dadores de la Patria, todas maestras insignes de virtud, vi
veros de nobles enseñanzas, orgullo de la raza, cumbres
inmaculadas de grandeza moral, que sois como esas cum
bres blancas de nuestras cordilleras: lo más inaccesible al
lodo de la tierra, y lo que primero baña la luz purificadora
de los cielos.
Vosotras, las hijas de las hijas de Santander, raza de
selección, raza inconfundible y fuerte que estáis mostrán
donos aquí, al través de una centuria, en la noble bizarría
del porte, en la robusta seriedad de la inteligencia, en la
clara concepción de los deberes para con la Patria, que es
vuestra sangre la del más gallardo e imponente Jefe ’,fte
DISCURSO 501
Estado de su época, la del pensador insigne que vio con
toda precisión cómo no es la llamarada de la gloria, sino la
lumbre tranquila de la ley, la panacea de los pueblos,—la
del demócrata eximio que pensó siempre con Vicente
Azuero, que un hombre puede ser muy grande, pero no es
la Patria, puede ser un héroe, pero no es la libertad y que,
por consiguiente, no hay hombre alguno a quien deban trr
butársele homenajes que puedan amenguar la Patria o
destruir la libertad.
Y vos, noble señora, la hija de O’Leary, sobrina de
Soublette, parienta de Bolívar; la del linaje señorial inglés
y estirpe procera americana; que sois un broche—broche
de oro—entre el hoy y el ayer de la República; reliquia de
un pasado glorioso que cada colombiano quisiera guardar
para siempre en estuche formado por su propio corazón;
<jue fuisteis en la juventud para los ojos ya cansados de los
últimos legionarios, como una visión de primavera, v que
hoy, en vuestra senectud augusta, sois como la plácida ma
jestad de una luna que riela en occidente.
* *
Hablemos de la Patria y de los padres de la Patria.
Levantemos los corazones, que es hora de amar lo que ya
fue, pero que vive en nuestras almas; y es también hora
del orgullo nacional, porque la obra que conmemoramos es
uno-de los más grandes jalones de la libertad del mundo.
A la grandeza de aquella justa de cíclopes, corresponde
la excelsitud del desarrollo: fue su escenario la inmensi
dad ilímite de las pampas, el lomo temblante de los ríos y
de los mares, las hórridas escarpas de las montañas y los pá
ramos. Los justadores de quince años tuvieron como único
esparcimiento el batallar ; buscaron como único premio su
conciencia ; como único resultado de su esfuerzo el bien de
las generaciones por venir. Por armas tuvieron fusiles pri
mitivos y lanzas y machetes mellados sobre las carnes y los
huesos de sus adversarios; por toldo de campaña, el toldo
seguro de los cielos, rasgado empero al trueno apocalíptico
de San Mateo, para abrir brecha de honor al más grande
de los granadinos y más genial de los suicidas, al más for*
midable artillero de los siglos y al más poderoso emperador
de la inmortalidad.
Cien años hace.
En las .últimas horas de la tarde del 10 de agosto de
1819 entraba triunfante a esta ciudad Bolívar, el Liber
tador.
Era entonces un joven : con bizarría de noble castella
no llevaba sobre los hombros como mantón de gloria sus
treinta y seis años de existencia. Clarín de guerra semejaba
el timbre metálico y delgado de su voz; la movilidad extre
502 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ma de sus músculos copiaba el ondular de hoguera de su
alma; negros y abundosos los cabellos, alta y superior la
frente, apuesto el ademán, ágil, rápido y resuelto el paso.
Y sobre aquel cuerpo atrevido y nervioso, el alma asoman*
dose a unos ojos que tenían en las horas de tempestad la
fulgencia zigzagueante del relámpago, y en las horas de cal
ma. la acariciadora sugestión del primer lampo de luz de la
mañana. Ojos que contribuyeron poderosamente a que Bo
lívar fuera lo que fue : un dominador de hombres cuando
asomaba a ellos el mandato o la cólera del héroe; un conquis
tador de voluntades, cuando flotaba sobre ellos la ternura
de la amistad o del amor.
Bolívar venía de Boyacá.
Con él llegaban Santander y Anzoátegui, Soublette y
O’Leary, Córdoba y París, Rondón y Carvajal; los lance
ros mitológicos del Llano y los incontrastables soldados del
interior ; los del coraje ardiente como el sol de sus pampas
y los del valor glacial como los helados picachos de sus pá*
ramos. Venían también—prisioneros—los soldados españo
les con su Jefe Barreiro a la cabeza; había para ellos pali*
decido en Boyacá el sol de Bailén y Zaragoza; sobre ese sol
en eclipse se alzaba en el zenit el de la América, el de la li
bertad de un continente, el que habría de elevarse tánto y
tener destellos tan poderosos que en el andar de los años
habría de ser contemplado por vencedores y vencidos como
el luminar más brillante de sus glorias, como el faro más
luminoso de su porvenir.
Boyacá era un Tabor.
El Calvario quedaba atrás: en las inmensas llanuras
inundadas que había sido necesario recorrer con el agua al
pecho y los fusiles en alto, como antorchas ; en los ríos y
caños desbordados que había sido preciso atrevesar nadan*
do; en el ascenso de la cordillera y el paso de los páramos,
perdidas las caballerías, desgarradas las plantas, ateridos
los cuerpos, atónitas las almas ante el pavor de aquella na*
turaleza indomable, domada sin embargo por el esfuerzo
pujante de un grupo de desharrapados heroicos.
El Calvario quedaba atrás en el pelear continuo con el
Ejercito español que había esperado a los expedicionarios,
rebosante de confianza y de orgullo, lleno de armas, de per
trechos, de caballerías, dueño de posiciones inexpugnables
y comandado por oficiales y jefes que habían aprendido el
arte de la guerra señalando a Napoleón el camino de la de*
rrota, del ostracismo y de la muerte.
El Calvario había sido en el Pantano de Vargas, en la
hora trágica en que, perdida casi la batalla, Bolívar, febri
citante, convulso, grandioso, empero, sobre el vórtice de la
desgracia y de la muerte, había gritado a Rondón: <¡ Co
mandante, salve usted a la República!» Y Rondón y sus
DICURSO 503
centauros, fieros como leones enhambrecidos, sublimes
como titanes de la Mitología, raudos como el viento, habían
caído sobre el mar aborrascado de las lanzas y los fusiles
españoles, como el dedo de Dios sobre las aguas del Mar
Rojo, para abrir calle de victoria sobre el campo mismo del
desastre a la libertad y a la República.
Boyacá había sido un fiat: súbitamente el Imperio es*
pañol había dejado de serlo sobre la Nueva Granada; tres
cientos años de dominación extranjera habíanse hundido
en un ocaso tan prolongado como el tiempo; rasgándola
adusta oscuridad de la Colonia, emergía a la vida la Patria
nuestra, fuerte como el ideal de justicia que le había dado
la existencia y que habría de conservarla altiva e hidalga,
serena y segura, libre y soberana así en las agitaciones de
su juvenil aturdimiento como en las más graves emergen
cias del futuro.
Boyacá había hecho la libertad de América : sin Boya
cá habrían sido imposibles Carabobo y Pichincha, Junín y
Ayacucho. Morillo estrechaba entre círculo de fuego a los
patriotas de Venezuela; el poder español dominaba en la
Presidencia de Quito y en el Virreinato del Perú. Hidalgo
y Allende, Aldama y Morelos, Mina y Moreno habían pa
gado con su vida sus ansias generosas de libertadores meji
canos, y allí también, para 1819, la Corona de España se
asentaba sobre firmes basamentos... Imaginad perdido a
Boyacá, prisionero o muerto al Libertador, presa de fac
ciones la Asamblea de Angostura y la campaña de Vene*
zuela, agobiado, una vez más, por la cuchilla de Sámano el
Virreinato de la Nueva Granada, franco y libre para Ba
rreiro el camino de los Llanos... y temblad al pensar lo
que pudo ser para la América la pérdida de Boyacá; y le
vantad un himno de gracias al numen de Colombia que allí
cubrió amorosamente con sus alas protectoras la causa jus
ta de la libertad de un mundo.
En aquel amanecer de la Patria, los héroes granadi
nos—hijos y a la vez padres de ella—le rendían su homena
je filial y alzaban para defenderla sus escudos, forjados en
la fragua de su abnegación y patriotismo.
Ellos la habían adivinado en el vivac de las llanuras
orientales; ellos habían organizado allí, en medio del de
sierto, un ejército aguerrido; habían hecho repasar la cor
dillera al de Barreiro, que osó disputarles el dominio de la
pampa; ellos serían después la vanguardia del paso de los
Andes; ellos habían, con Santander, iniciado la empresa
mitológica que aceptada y regida por Bolívar, era ahora
realidad maravillosa; ellos, cuando Bolívar tuvo un mo
mento de vacilación, habían contribuido a decidir con su
actitud incontrastable la continuación de la marcha; ellos
504 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
habían peleado bravamente en Paya, en Tópaga, Bonza,
Vargas y Boyacá ; habían confundido su sangre con la de
los soldados venezolanos, y habían aceptado el sacrificio con
la fría impasibilidad de los ingleses que después de su ra
ción de gloria en Waterloo, habían venido a buscarla nue
vamente en estos abruptos campos de la América.
A aquel estadio en que los gladiadores eran hércules y
el premio habría de ser la resurrección de un continente,
habían concurrido Córdoba, hermoso como Apolo, arrojado
como Héctor; París, índice de la vanguardia, al caer sobre
los campos granadinos; Reyes, a quien el Libertador, con
gráfica elocuencia, había cambiado por el de Patria su ape
llido; Fortoul, Arredondo, Pérez, Guerra, Moreno, Canci-
no, González, Obando, Morales, Gaitán... Allí estaban
— soldados de Dios y de la Patria—fray Joaquín Guarín,
franciscano; el fraile Coronel Ignacio Marino, de la Orden
dominicana, y el dulce fray Miguel Díaz, Capellán de la
vanguardia, muerto bajo el fuego español en Boyacá, en
el momento mismo en que nacía la Patria.
Y era su conductor inmediato él General Santander.
Si la Nueva Granada, Colombia hoy, no hubiese dado a
Venezuela la expedición legendaria de los Ortegas y los Vé_
lez, los Mazas y París, los Girardot y los Ricaurtes; si no
hubiese tenido al Precursor Nariño, ni a Camilo Torres,
ni a Caldas, ni a Lozano, ni a Portocarreró, ni a García Ro-
vira, ni a Acebedo, ni a Baraya, ni a Mejia; si los mártires
de 1816 no hubiesen sido suyos y suyas las Salavarrietas y las
Zárates, las Abregos, las Armeros y las Santos; si el sitio de
Cartagena no pregonara al través de los tiempos la gloria
de sus hombres; si su colaboración decisiva para la libertad
de la América del Sur no hubiese sido, ni hubiesen sido
granadinos Rafael Cuervo, el salvador de Laserna en Aya-
cucho, ni Córdoba, el héroe adolescente que decidió aque*
lia batalla; si indiferente y egoísta hubiese permanecido
este país ante el huracán que desataban sobre los campos
de la América los grandes hombres de 1810, bastárale para
su gloria haber producido a Santander.
Santander se destaca sobre aquella época y sobre los
hombres que le dieron fisonomía de una éra nueva en la
vida de la humanidad, como se destácala mole del Tolima
sobre las montañas que la circundan: dominadora y alta,
majestuosa y serena.
Sobre él sólo está un hombre : el caudillo de la Améri*
ca, el creador de naciones, el Libertador de un mundo.
Pero Bolívar es un sol; Bolívar pertenece a las regiones
estelarias y brilla más intensamente, por la conjunción ad
mirable de su genio y de su ideal, que los Alejandros y los
Aníbales, que los Washington y los Bonaparte.
DISCURSO 505
Santander no es perfecto, porque, si perfecto fuera,
sería inconcebible y monstruoso. En lo humano la perfec
ción absoluta sería una deficiencia y una monstruosidad.
Pero hombre, al fin, Santander es superior a cuanto le ro
dea, a cuanto dio la América en su fecundidad soberana en
aquella época, considerándolo desde el punto de vista del
organizador de pueblos, del vidente de la democracia, del
hombre de Estado que abarca con una sola mirada de su
inteligencia el campo inmenso de su acción en el espacio y
en el tiempo, recoge, ordena, dispone los elementos que
han de intervenir en el desarrollo de su plan, y somete al
cumplimiento de esa obra a los hombres, al genio y aun a
sus personales sentimientos,
Santander es la fortuna de Colombia, y haberlo com
prendido es la más extraordinaria manifestación del genio
de Bolívar.
Santander, el siervo de la ley, el estadista insigne que
colocó desde el primer momento al soldado en su vivac y a
la toga en su bufete, que tuvo fortaleza bastante para fun
dar el predominio del poder civil, frente a la gloria de los
héroes y a su propia gloria de militar afortunado—que ini
ció victoriosamente a la República en sus relaciones inter
nacionales y le dio rentas, reglamentos, legislación, justi
cia,—y que hizo todo esto y pudo, a la vez, organizar ejérci
tos, equiparlos y enviarlos sobre el Ecuador, sobre el Perú
y sobre Bolivia a completar la libertad del Continente, es
un hombre tan grande que, como la de Bolívar, la gloria
suya no cabe dentro de los límites de su Patria, se desbor-
da sobre toda la América y va más lejos, más allá de su
raza, a dondequiera que en los confines del mundo haya
corazones que amen la libertad y cerebros iluminados por
la democracia.
Tiempo es ya de terminar.
Felices nosotros que recibimos la herencia de los pro
ceres y la hemos guardado con amor en nuestros pechos;
y hemos podido venir aquí a conmemorar, en estos sitios
que velan sus sombras venerandas, la época augusta del
nacimiento de Colombia.
Justo es nuestro alborozo. Pero, al lado de él, procure
mos darnos cuenta de lo que impone a nuestro deber el
pasado que nos ufana y nos congrega. Pensemos que para
ser dignos de nuestros progenitores necesitamos amar como
ellos a la libertad, defender como ellos los fueros de la ciu
dadanía, estar listos como ellos a sacrificarlo todo por la
Patria.
No es la palabra sino la acción lo que salva a los hom
bres y a los pueblos; no da gloria el cántico de gloria, sino
el empeño esforzado de alcanzarla; no viven la independen
cia y la libertad en los labios de quienes las pregonan, sino
506 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
en las inteligencias de quienes las conciben, en los corazo
nes de quienes las aman y en los brazos de quienes las de
fienden.
¡Bendita sea esta hora y bendita la obra de los liberta
dores! ¡Sea ella siempre el ideal más caro de los colombianos
y el ara de su culto y de sus sacrificios. Viva ella en el tiem
po, y allá, en las últimas etapas deApturo, flote, como hoy,
inmaculada y libre, la bandera de la Patria!
ELOGIO
DE DON JOSÉ MANUEL RESTREPO EN LA ACADEMIA NACIONAL
DE HISTORIA, POR EL DOCTOR EDUARDO ZÜLETA
Señores académicos:
Sorpresa grande fue para mí, por lo inesperada e in
merecida, la nota en que esta docta corporación me comu
nica que me ha elegido para llevar la palabra en elogio del
historiador Restrepo en esta sesión solemne.
Aficionado apenas a estudios históricos, y elevado a la
Presidencia de la Academia de Historia de Medellín, por
benevolencia de mis colegas, he creído de mi deber aceptar
con el debido agradecimiento la designación que ha tenido
a bien hacerme la Academia Nacional de Historia, por el
vivo entusiasmo que en mi espíritu han producido la vida y
las obras de don José Manuel Restrepo.
La primera vez que leí la < Historia de Colombia,» por
don José Manuel, me quedé pasmado. Me quitó muchas ilu
siones. Mi corazón de adolescente sufrió entonces, como su
fre este pobre corazón humano con el primer desengaño.
Volví a leerla después de lecturas asiduas de historias
de otros pueblos. He vuelto a quedar pasmado, pero pasma
do de admiración por don José Manuel Restrepo. El me ha
explicado todo lo que pasa y todo lo que ha pasado aquí. Es
un libro de maravillosas enseñanzas, que rectifica el criterio
del patriota ingenuo o de comparsa. No comprendo cómo
este verdadero procer pudo alcanzar tánta imparcialidad
entese tiempo sobre hombres que fueron sus amigos y com
pañeros. Es una labor admirable en donde se revela un es
píritu superior y humanamente justo.
Toda esa obra está respaldada con documentos autén
ticos, y más de una vez lo probó así el historiador. Y si tuvie
ra un estilo más atractivo y hubiera penetrado más con el
escalpelo de la crítica, se hubiera adelantado muchos años
al mismo Hipólito, Taine. ¿Cómo pudo aquel-hombre en la
época en que vivió y en medio de ocupaciones que embar-
ELOGIO DE DON J08É MANUEL RESTREPO 507
gaban la mayor parte de su tiempo disponible—revolucio
nario, Ministro, Diputado,—recoger aquel número de datos
dispersos, compararlos y seleccionarlos? ¿Cómo pudo alcan
zar esa serenidad, esa sobriedad de concepto, en aquel pe
ríodo de hipérboles y de luchas surgidas entre los mismos
caudillos que sin envainar la espada todavía se disputaban
ya el mando de la República?
Me figuro el dolor, la tristeza infinita con que aquel
anciano venerable, patriota auténtico de ejemplar rectitud
escribió las últimas líneas de su obra. Una nueva guerra ci
vil comenzaba después, en la que los proceres vencedores
iban a fusilar a los proceres vencidos.
Restrepo ha dejado la base de la futura, de la explica
tiva historia que enseñe a los que vengan después de nos
otros la verdadera causa de las convulsiones políticas que
impidieron el progreso y la sabia Administración Pública,
cuando acumulados los datos, inéditos aún, y lejos ya de la
pasión y del odio o del entusiasmo primitivo del sectario,
surja el historiador que estudiando como un naturalista el
alma de los proceres dirigentes, no se turbe en su estudio,
< ni con las fórmulas que los consagren, ni con las pompas
que los rodeen.»
Pero, ¿en dónde nació y en dónde se educó este hombre
singular, que en medio de las tempestades políticas más in
tensas de nuestra vida nacional, quedó viviendo en la His
toria como astro sin eclipse y alumbrando con su ejemplo a
las generaciones que lo han seguido después de su muerte ?
Hay en el territorio colombiano un pedazo de tierra
abrupta, casi intransitable, con riscos y cascadas que de
éstos se desprenden como blancas cintas irisadas por un sol
tropical. Los altos peñascos, las cimas inaccesibles, las hon
donadas pavorosas, los estrechos valles en donde las colinas
se apartan inconformes por no dejar de vivir en apretado
abrazo; la selva oscura y gigante, matizada a trechos por
copos florecidos de guayacanes frondosos; la fauna todavía
no descrita, y sospechada apenas por el rastro de las fieras
en el húmedo suelo ; por el sinnúmero de serpientes que se
arrastran; por los pájaros que cantan en los árboles; por los
insectos que inoculan venenos de actividad tremenda. A
esa tierra llegaron un día los célebres conquistadores que
buscaban el oro de los indígenas, que mezclaron su san
gre con quimbayas y peques; y luégo llegaron los ne
gros. los trasplantados, los pobres esclavos arrebatados de
su patria, en donde daban el aceite los árboles y las fru
tas la carne de que vivían. Vinieron todos a trabajar las
minas de oro apenas desfloradas en las pequeñas mesetas
de la cordillera, con la dura macana que el indio mane
jaba. Vinieron los colonos de las Provincias vascongadas
508 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
en su mayor número; de Asturias y Galicia los otros, y
de Andalucía los menos. Los vascongados encontraron en
esta nueva tierra algo muy semejante a la patria que de
jaban atrás en su aspecto geográfico, y dieron el sello a las
costumbres que habían de perdurar a través de los siglos.
El castellano o el vivo y retozón andaluz, que por equi
vocación llegaba allí, o se amoldaba a los usos corrientes, o
regresaba a lugares de naturaleza más alegre y hospitala
ria. La lucha con los elementos era terrible. El medio abru
maba al holgazán; y el frío de los páramos, y el calor de las
cuencas por donde pasan los ríos caudalosos, y la esterilidad
del suelo, y el subir y bajar a pie por la inclemente cordille
ra. y la sobriedad y la oración, cuando el crepúsculo iba
bajando de lo alto de los cielos, y el esfuerzo diario y tenaz,
y el sol, que tostaba los rostros y tonificaba los músculos,
todo eso fue formando un pueblo fuerte, serio, adusto, rí
gido y piadoso: el pueblo antioqueño. De los andaluces dis
persos que allí quedaron le viene a muchos el uso de la hi
pérbole, de esa hipérbole llevada hasta decir que los perros
del señor X son tan bravos que hay que ponerles el nombre
cuando están dormidos; del vasco el amor a la libertad y el
individualismo.
Quienquiera que haya viajado por las Provincias vas
congadas habrá hecho la observación de cómo allá todos
tienen su casa y su cortijo, su vaca y su huerta; y cómo ha
blan del árbol de Guernica como de una tradición sagrada ;
cómo en los testamentos no faltan las cláusulas del consejo
a los hijos y de los legados para la caridad y el culto, y có
mo se encogen de hombros como el antioquefio ante una
pregunta que no pueden o no quieren contestar. La afición
a la política de cierta región de Antioquia viene de origen
gallego, y su lenguaje mismo se caracteriza por aquel cam
bio de las terminaciones en o por u. El asturiano y el vasco
tienen muchas semejanzas : ambos enérgicos, mineros, cris
tianos a macho-martillo y hombres sin disimulos y ajenos
a toda clase de eufemismos y frases opacas. El asturiano
es robusto, indómito y regionalista como el vasco, y habla
de la sangrienta y espantosa batalla del Monte Medulio y
del gran Pelayo, con orgullo de raza.
Hay en el hermoso aunque angosto valle de Medellín un
lugar en que las colinas se apartan. Ahí se encuentran En
vigado, en donde Vélez de Ribero cultivó la caña de azúcar,
y la histórica «Sabaneta» de los Restrepos, lugares famosos
en los anales de Antioquia. por los hombres notables que de
allí salieron. Rincón de verdura perenne, regado por aguas
como las de la Yurá misteriosa y fecunda y de cerros co
ronados por altos y robustos robles. Aún se encuentran allí
vástagos de los antiguos colonos, de pie descalzo, de color
blanco y de carácter franco, inclinados sobre la madre tie-
ELOGIO DE DON JOSÉ MANUEL RESTREPO 509
rra en busca del honrado sustento. Allí nació don José Ma
nuel Restrepo en época de pocas letras y de rudo trabajo. En
su hogar paterno de hidalgos y nobles colonos aprendió lo
que significa el esfuerzo propio, la sencillez de las costum
bres, el amor a Dios y a la verdad. Era la edad apacible de
los Tenientes del Rey y de los Alcaldes Ordinarios, de los
ricos mineros y de los agricultores primitivos. Era como el
recuerdo de aquella Asturias en la que sus antepasados su
pieron lo que era « caminar en la santa inocencia del co
razón entre arboledas umbrías, bañarse en los arroyos cris
talinos y hollar con los pies una alfombra siempre verde.»
Esos vascos y asturianos de Antioquia, mezclados y
propagados en familias numerosas, vivían al parecer feli
ces, sin más luces que las de una tradición lejana y sin más
esparcimientos que los de la jura de un nuevo rey o las
fiestas religiosas; sólo los enriquecidos, que eran pocos,
apenas sí se divertían en las primeras horas de la noche,
ya rezado el rosario, en jugar a la ropilla o en bailes de sen
cillez decorosa, en los que la mejor combinación de pasos y
figuras era la contradanza española. Ni dejaban de solazar
se los esclavos en los pueblos mineros, en donde trabajaban
a la par con sus amos, que siempre los trataron bien y con
quienes siguieron viviendo después de la libertad, por la
que abogaron desde los primeros años de la independencia,
don José Félix y don José Manuel. En las tierras calientes
y mineras, ello6 cantaban las aires melancólicos y de infini
ta tristeza al son de la gaita ; bailaban la cumbia, ese baile
sensual y primitivo, y del que el tango argentino no es sino
una pequeña variante de más complicado ritmo.
Aquellas mujeres limpias y sanas de la Colonia, de mo
vimientos sueltos, de vientres fecundos, sin ligas ni ataduras
incómodas, oxigenadas por la montaña y aludiendo siempre
a que eran hijas del español Romero o nietas del Capitán
Juan de Toro, eran santas mujeres honestas y piadosas que
adoctrinaban los hijos para la diaria labor y para la fe. al
mismo tiempo que ayudaban a los maridos a acrecentar y a
conservar la hacienda habida a costa de sacrificios ingentes.
Incomunicados los antioqueños con el resto de la Na
ción, vivían como apretados en fraternal abrazo a la tierra
y a la casa solariega.
De aquí el lenguaje seco, casi monosilábico y dogmáti
co, la interjección repetida y el áspero acento del montañés
de entonces, que sólo al cabo de muchos años comenzó a sua
vizar la lira de Gutiérrez González. Por eso el estilo de don
José Manuel carece de las galas de la imaginación, y queda
severo y frío como los escarpados riscos por donde pasan
las águilas en vuelo silencioso y sereno.
Y de ese medio vino a la capital don José Manuel Res
trepo a estudiar latinidad, filosofía y derecho; y aquí, en-
510 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
tre costumbres distintas a las de su Provincia, no cambió
el carácter heredado y aprendido. Acabados los estudios
volvió a su tierra como había salido de ella. Allá comenzó
su vida de revolucionario; allá escribió su estudio sóbrela
Provincia ; allá comenzó a escribir la Historia de la Revolu
ción; allá fue el Secretario y consejero de don Juan del Co
rral. y allá gobernó en épocas difíciles con serenidad y
acierto, y de allá fue enviado a los primeros Congresos de
la República. Cuando los hombres del Gobierno, cuando
los dirigentes de la política lo conocieron de cerca, le die
ron los Ministerios importantes y le hicieron toda clase de
distinciones. Cuando en su Historia habla de Bolívar o de
Santander, sus Jefes y amigos, parece cómo si estuviera
rindiendo una declaración jurada ante el público. Su paso
por los Ministerios dejó el recuerdo de la laboriosidad in
cansable y de la honradez, y efl su vida privada hay memo
ria todavía de su austeridad y de su espíritu piadoso. Era
un hombre de aptitudes múltiples. Hombre de gobierno,
historiador insigne, naturalista y geógrafo. La agricultura
le debe un servicio inmenso, y es raro que haya sido don
José Manuel quien introdujera a Colombia el pasto de para,
y que sean dos antioqueños también, Juan María Gómez y
Rafael Uribe Uribe, los introductores al país de la guinea
el uno y del capin gordura el otro.
Y perdonad este rasgo de regionalismo- Me viene de la
sangre y de la convicción, porque lo heredo del vasco y
porque creo que todo regionalismo sano, de amor a la. pa
tria chica y de acatamiento y respeto a tradiciones de ante
pasados, es noble y sirve de estímulo para el progresivo
desarrollo y cultura de la región. ¡Regionalismo estrecho,
disgregador de los méritos de otras Provincias, nó ! Eso es
de gente ensimismada y pequeña, y mal puede existir en los
que tienen inscritos en el libro de la Patria grande los nom
bres de'Francisco Antonio Zea, Félix de Restrepo, Juan
del Corral, Liborio Mejia, Girardot, Córdoba. Aranzazu y
Alejandro Vélez, José M. Salazar, Juan María Gómez y
José Manuel Restrepo.
Las Provincias de Colombia tienen todas un sello pro
pio y apreciable : en unas la cultura y la gracia, en otras el
valor, en aquéllas la seriedad y el trabajo, en éstas el talen
to, en todas el patriotismo y la hospitalidad. Notas distin
tas, graves unas, agudas otras, pero todas forman el con
junto armonioso que es la patria grande. Explicaos así por
qué el Cauca dio un Camilo Torres y un Caldas; Cundina-
marca un Nariño; Bolívar un Torices, un Fernández Ma
drid; Santander un García Rovira y al Vicepresidente que
organizó la victoria; el Magdalena a Padilla; Boyacá a José
Ignacio Márquez; el Tolima a Caicedo Flórez, y Antioquia
al historiador Restrepo.
DISCURSO 511
Cuandoquiera que un hijo de Provincia salva los lindes
de la tierra por el empuje de su inteligencia y por la fuer
za de sus virtudes, la patria grande le abre los brazos con
amor y lo consagra entre los escogidos. La República,
en estos días de recuerdos gloriosos, y la Academia Nacio
nal de Historia, consagran entre éstos a José Manuel Res
trepo y colocan en sus sienes el laurel que adornó la cabeza
severa de Tácito,
DISCURSO
PRONUNCIADO EN LA SESIÓN SOLEMNE DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA, POR SU PRESIDENTE, DON ANTONIO
GÓMEZ RESTREPO
El 20 de septiembre de 1792 se efectuó la batalla de
Valmy, entre las tropas de la Convención, que mandaban
Dumouriez y Kellerman, y el ejército de invasión, a cuya
cabeza iba el Duque de Brunswick. Fue un cañoneo de po
cas horas, aparentemente de escasa importancia por el re
ducido número de los efectivos que en él tomaron parte y la
pequeña cantidad de muertos y de heridos. Sin embargo,
el excelso poeta Goethe, que había presenciado la acción,
dijo estas palabras, muchas veces citadas, en la noche que
siguió al combate, en presencia de algunas personas que
comentaban el rechazo sufrido por el ejército germánico:
«Pienso que en este sitio y a partir de esta fecha, co
mienza una nueva época para la historia del mundo ; y po
dremos decir : <yo estuve allí !=>
Si un espectador, dotado de la clarividencia del genio
que permitió a Goethe adivinar lo que los mismos Genera
les franceses no sospechaban, hubiera presenciado, hace
un siglo, la batalla en que Bolívar aprisionó el Ejército es
pañol en Boyacá, después de tres horas de combate y con
escasas pérdidas de hombres, hubiera podido exclamar
también :
« Pienso que hoy y en este puente, empieza una nueva
época para la historia de América; y que se considerarán
felices los que puedan decir con orgullo : yo también estuve
allí.»
Porque efectivamente, Boyacá fue uno de esos actos
decisivos que hay que apreciar, no sólo por lo que son en sí
mismos, sino por lo que representan coito primer eslabón
de una serie de hechos gloriosos, que se van desarrollando
sistemáticamente, hasta obtener su coronación en un éxito
total y definitivo. Antes de esa acción, Bolívar era un mili
512 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
tar que había combatido con varia fortuna, pero cuya por
tentosa misión no había recibido una consagración de efica
cia continental e irrevocable. El mismo decía, ante el Con
greso de Angostura, con su extremoso lenguaje :
<En medio de este piélago de angustias no he sido más
que un vil juguete del huracán revolucionario, que me
arrebataba como una débil paja. Yo no he podido hacer ni
bien ni mal.»
Después de Boyacá, Bolívar fue el Libertador, el irre
emplazable, el único; todos los caudillos déla revolución,
desde el perfecto caballero y hombre de guerra que fue
Sucre, hasta el centauro del Apure, hermano de los hura
canes. le rindieron parias y obedecieron sus órdenes. El
genio necesita su hora de transfiguración, para reconocerse
a sí mismo, en la plenitud de su misión, y para que los de
más hombres, deslumbrados y atónitos, reconozcan tam
bién en la frente que resplandece con fulgor extraño, el
signo de elección.
Boyacá, en la carrera de Bolívar, tiene algo de la fres
ca gloria juvenil que en la de Bonaparte ofrece Austerlitz.
A la edad en que-la mayor parte de los hombres ilustres
empiezan a cortejar la Gloria, esos dos genios de la jjuerra
habían llegado a la cumbre de la inmortalidad. Naturalezas
volcánicas, asombraron al mundo con una erupción de gran
deza, para entrar pronto en el eterno reposo. Así como hay
épocas en que el género humano parece fatigado de produ
cir seres superiores y sólo engendra medianías más o me
nos osten tosas, así hay momentos en que se dijera que vie
ne de regiones misteriosas un polen sobrehumano, que fe
cunda la tierra y la hace producir generaciones de colosos.
Tal aconteció en Francia, en la época napoleónica ; tal en
la América del Sur, en la guerra de independencia. Entre
esos seres hay algunos a quienes el cielo destina parasoles
de sus sistemas planetarios: son aquellos a quienes Carlyle
apellida exclusivamente <los héroes»; son los < hombres re
presentativos,» de Emerson ; los que, según este original
pensador, tienen <sobre-alma»; los que ejecutan acciones
que los simples mortales consideran como superiores a las
fuerzas naturales del hombre; como manifestaciones de un
desequilibrio que unas veces engendra el genio y otras, la
locura. Es que en lo sublime hay algo inabarcable, que nos
subyuga y al propio tiempo nos hace sentir nuestra pe
quenez.
Los genios no son extraños a la especie humana; sus
actos no exceden a la capacidad de nuestra naturaleza; son
ejemplares grandes, magníficos y hermosos de la prole de
Adán. Su inteligencia y su voluntad tienen una potencia
inicial tan grande que los habilita para realizar empresas
DISCURSO 513
que no puede concebir el vulgo. El genio no introduce
una desarmonía en la naturaleza; realiza, por el contra
rio, una armonía superior, que no lo desliga de las obliga
ciones que a todo hombre, como sér moral, le correspon
den. Quédese para la mediocridad el juzgarlo como un caso
clínico o el desconocerlo, con íntimo escozor de envidia: el
que sea capaz de abrigar el noble sentimiento de la admi
ración. haga como el gran poeta italiano en presencia del
destino de Bonaparte ; esto es, incline la cabeza ante el Ha
cedor Supremo, que quiso estampar en la arcilla humana
huella tan honda de su espíritu creador.
Si comparamos a Boyacá con hechos de armas ocurri
dos en guerras análogas, como la batalla de Lexington, que
tanto influyó en la independencia de los Estados Unidos,
apreciaremos mejor la significación de aquélla, como resul
tado final de una concepción estratégica genialmente des
arrollada ; y notaremos la diferencia entre el militar afor
tunado que gana una acción por obra de su bravura o de
las circunstancias que fueron favorables a sus tropas, y el
verdadero hombre de guerra, que maneja sus ejércitos co
mo un jugador sus piezas sobre las tablas, y mueve a las
naciones como aquél sus minúsculas figuras de marfil. En
el vasto campo de las guerras de emancipación, desde el
Canadá hasta la Tierra del Fuego, sólo hubo dos hombres
que tuvieron este escenario de naciones: Bolívar y San
Martín. Por eso la posteridad no los contempla encerrados
en el reducido espacio de una provincia, ni en el más grande
de una antigua colonia; sino en la cumbre de los Andes,
digno pedestal de sus glorias.
Pero San Martín, con toda su grandeza, no tiene la fas
cinación irresistible de Bolívar: es el militar de profesión,
el hombre del cálculo y la disciplina, severo, impasible, sin
que nada, ni en sus palabras ni en sus gestos, deje transpi
rar el fuego interior, oculto bajo la nieve; algo c<)mo lo que,
cincuenta años más tarde, fue en las guerras de Europa el
Mariscal Von Moltke. Bolívar, como Bonaparte, son heroes
de epopeya; son insignes artistas de la acción ; como Mi
guel Angel o Shakespeare lo fueron del mármol o de la pa
labra; los rodea una auréola de poesía, como a los paladines
de la Edad Media. Napoleón se hombrea con Carlomagno,
y su sencillo gabán gris compite con el manto de púrpura
y, armiño del colosal anciano de la barba florida. Bolívar, no
sólo se enlaza con Hernán Cortés y con Vasco Núñez de
Balboa, sino que se hermana con el Cid, < el que en buena
horanació,» el que encarnó para los castellanos de la Edad
Media la idea de la independencia, el justo anhelo de des
pedir de sí el yugo extranjero.
X» — 33
514 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES
San Martín se destaca en un ambiente sereno, plena
mente histórico, en que se dibujan los severos lineamientos
de la figura, con majestad augusta, pero puramente huma
na. Bolívar aparece siempre envuelto en atmósfera de tem
pestad, conducido en carro fulmíneo, asombrando al mun
do con los resplandores de su espada y con los rayos de su
elocuencia. Tiene la inspiración de un vidente; contempla
a la América como Ezequiel el campo de áridas osamentas,
sobre el cual sopla para hacer surgir generaciones de bra
vos. Cuando habla, en las grandes ocasiones, su voz tiene, a
trechos, retumbo de truenos. Y si es sublime en la apoteo
sis, es quizá más bello cuando la tristeza lo toca con su dedo
misterioso y aparece el hombre bajo la envoltura del semi
diós. Entonces tiene la majestad solitaria y melancólica del
Océano en días otoñales, del firmamento cuando lo abando
na el sol y no lo alegran todavía las estrellas. El que en su
célebre carta de Kingston, tuvo, desde 1815, adivinaciones
tan admirables; el que en su discurso al Congreso de An
gostura expuso tan altas ideas de gobierno, debe figurar
entre los grandes pensadores de América; y el que eter
nizó su Tabor y su Calvario en dos páginas excelsas: el
delirio sobre el Chimborazo y la despedida a los colom
bianos. dictada en su lecho de muerte, ocupa un lugar
insigne entre los escritores del Continente. La exuberan
te retórica de su tiempo, que manejada por manos de otro
temple hubiera producido efectos chillones, apenas basta a
la expresión de sus desmesuradas concepciones y fulguran
tes imágenes. Uno de los talentos más penetrantes de Co
lombia, el doctor Rafael Núñez, opinaba que la correspon
dencia de Bolívar era el libro más importante de la Améri
ca del Sur.
La actual generación acaba de presenciar con asombro
una guerra que por sus dimensiones sobrepuja a cuanto
había contemplado el mundo y en que han intervenido ejér
citos que por su magnitud sacan verdaderas las cifras que
nos parecían fantásticas de las tropas de Jerjes. Ante esta
conflagración monstruosa, los ejércitos de hace un siglo,
aun el que llevó Napoleón a Rusia, parecen pequeños con
tingentes, y las batallas más mortíferas son encuentros be*
nignos comparados con los desastres ocasionados en uno de
los innumerables asaltos de trincheras ocurridos en el fren
te occidental. Y sin embargo, en esas acciones de antaño se
solía decidir la suerte de naciones y de imperios y se mani
festaba, en todo su esplendor, el genio de un Federico, de
un Bonaparte, de un Wellington, de ton Bolívar; y en cam
bio, en los formidables contactos de las enormes masas de
ahora, en que el cañoneo hacía temblar literalmente la tie
rra, el resultado de semanas enteras de lucha encarnizada
DISCURSO 515
apenas podía marcarse por una imperceptible flexión de la
línea de combate ; y las condiciones mismas de la lucha pa
tentizaban más el poder de la organización colectiva que la
acción de un hombre solo, de cuya mente dependiese el re
sultado inmediato y definitivo. A Boyacá pueden aplicarse
estos conceptos que consigna sobre la acción de Valmy el
docto historiador de las guerras de la revolución, Arthur
Chuquet:
«Esta acción, en que hubo tan escasa mortandad, no
fue propiamente hablando, y si sólo se atiende al número de
bajas, una batalla, sino un combate. Pero tuvo mayores re
sultados que esas acciones sangrientas, que no son sino una
inútil carnicería y que no hacen época en la existencia de
una nación.»
Y así como hay batallas, famosas en su tiempo, pero
luego olvidadas de la fama y aun de la memoria de los hom
bres, así hay otras destinadas a crecer en la admiración de
los pueblos y ante el juicio de la historia, a medida que se
engrandece la nación cuyos destinos decidieron. Boyacá y
otras batallas americanas adquirirán toda su significación
en ésta centuria, en que las Repúblicas del Nuevo Conti
nente, tan combatidas en el siglo anterior, ocuparán su
puesto entre las naciones prósperas del mundo. Entonces
los historiadores europeos las contarán entre las batallas
decisivas de la libertad.
Boyacá es estrella de primera magnitud en la carrera
militar de Bolívar; pero es también gloria insigne de la
Nueva Granada, de la nación que después del trágico de
rrumbamiento de Colombia, guardó este nombre para sí,
en honra de Colón y en recuerdo de Bolívar. Este, en su
citada carta de Kingston, había escrito:
« La Nueva Granada es, por decirlo así, el corazón de
la América.»
A ese corazón llamó en ocasiones solemnes; y obtuvo
siempre una respuesta desinteresada, generosa, magnáni
ma. No fue casual el hecho de que la campaña se desarro
llara en territorio granadino; el terreno estaba preparado,
listas las poblaciones a acoger la expedición libertadora y
pronto el contingente organizado por el más insigne de los
Tenientes granadinos de Bolívar, por el mismo que, según
el parte oficial, decidió la batalla; por aquel a quien ape
llidó el Libertador Hombre de las Leyes, y merece también
el calificativo que se dio al gran Carnot de organizador de
la victoria.
Antonio Nariño fue el procer genuina y exclusivamente
granadino, representativo de las cualidades y también de los
defectos de este pueblo; precursor de la independencia y
516 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
varón de tan grandes facultades que si hubiera vivido bajo
estrella más benigna, habría sido quizás el libertador de
su país. Pero paralizada su acción en los años más fecundos
de la lucha, correspondió ocupar el primer puesto entre los
granadinos a Santander, que era, no solamente un valeroso
General, sino uno de los militares más cultivados de Amé*
rica y cuyo férreo carácter era capaz de modelar la Repú
blica con la informe masa de seculares hábitos y nuevos y
tumultuosos impulsos. La suerte le concedió lo que negó a
Nariño: un período feliz para desarrollar sus vastas capacida
des de organizador, y de hombre de Estado, gobernando a
una nación libre e independiente. El produjo en extranje
ros ilustres la impresión de un hombre superior, nacido
para el mando; y que encabezaba una nación culta, más
dispuesta desde sus comienzos al Gobierno civil y legalista
que al establecimiento de un poder militar que, pasados los
tiempos heroicos, va degenerando en el predominio de ua
sable más o menos ilustre o un machete más o menos cri
minal.
En Boyacá dejaron también huella imperecedera los
hijos de una gran potencia que en Europa había sido alia
da de España contra Napoleón y en América simpatizó con
las colonias en su lucha contra España. En Inglaterra el
nombre de Bolívar despertaba admiración. Byron, en el
Child Harold^ exclamaba:
«¿No hallará jamás la libertad un campeen y un hijo
semejante a aquel que Colombia vio aparecer cuando nació
también ella, como Palas, armada y virginalmente bella?»
El gran poeta dio a su barco de recreo el nombre de
Bolívar; y abrigó el deseo de venir a combatir al lado de
éste por la libertad de América.
En el grupo británico figuraban héroes como Rook,
cuya actitud, en su dolorosa muerte, merecería consagrar
se en el bronce; y hombres de la talla de O’Leary, que
después de haber sido fiel amigo del Libertador en vida, le
consagró el más hermoso monumento en la incomparable
colección de sus Memorias. Algunos de esos bravos se en
lazaron con familias colombianas, y han dejado honrosa des
cendencia, ilustremente representada en Bogotá por la ve
nerable hija de O’Leary, gran señora que guarda bajo la
nieve de los años todo el fuego y la-gentileza de la juventud,
y a quien la patria debe ofrecer una corona, enlazada con el
iris de Colombia, en memoria de su egregio progenitor y
en homenaje a lo que ella representa, como ornato de la so
ciedad y reliquia de épocas de gloria.
Y cómo no recordar a quien también figuró en prime
ra línea en Boyacá no del lado de la causa independiente,
sino antes bien, combatiéndola con denuedo; pero honran
Discurso 517
do al contendor con su bravura, por aquello que dijo Er-
cilla:
« Pues no es el vencedor más estimado—De aquello en
que el vencido es reputado?»
Recordemos a España, no para maldecirla, como lo hi
cieron nuestros padres cuando sintieron en sus carnes el
hierro del pacificador, sino para observar que en Boyacá
vio hundirse su poderío; pero vio desaparecer también la
única causa justa del rencor americano. Recordemos a Es
paña, para maldecir de consuno con ella el destino aciago
que le dio como corona de su heroica resistencia contra Na
poleón, el largo reinado del hipócrita y cruel Fernando vn,
uno de los más odiosos tiranuelos de la historia. Recordemos
para aplacar un tanto las indignadas sombras de nuestros
mártires, que la sangre más ilustre, después de correr en
América, se derramó también en España; y que si Camilo
Torres fue fusilado por la espalda, Riego fue arrastrado en
un serón por las calles y llevado a innoble suplicio; y que si
Nariño gimió en las cárceles de Cádiz, Martínez de la Rosa
estuvo recluso en el Peñón de la Gomera, y otros españoles
ilustres también gimieron en los presidios de Africa.
Hoy cuando contemplamos esa época luctuosa al través
de un siglo y la recordamos tan sólo como una lección que
comprueba cuán inútil es la fuerza contra la lógica de los
hechos y cuán estéril la represión violenta contra las legíti
mas aspiraciones de los pueblos, invocamos a España como
a la madre común y anhelamos por la formación de una liga
espiritual de todos los Estados de nuestra estirpe para que
proclamen, en nuestra hermosa lengua y con voz que oigan
todas las naciones, que la raza española no ha muerto y que
hoy más que nunca está resuelta a cumplir con los grandes
deberes que le señalan la naturaleza y la historia.
Tributemos a los proceres el homenaje que les debe
nuestro reconocimiento, no en forma de culto idolátrico,
que no debe rendirse a ninguna criatura, pero sí con el
respeto debido a memorias que nos son sagradas. Escritores
entusiastas han descrito las guerras de independencia como
las luchas entre ángeles y demonios que pinta Milton en su
Paraíso Perdido-, eso es lirismo épico; pero no es la historia.
Mas no por ello queramos reducir a los héroes a la mezqui
na proporción de nuestra prosaica existencia. El análisis es
pectral ha demostrado que los astros que alumbran nuestras
noches tienen los mismos elementos constitutivos que nues
tro oscuro globo: esto no obsta para que sigamos contem*
piando con arrobo la espléndida fulguración de Sirio, y nos
sintamos embargados de religiosa admiración al ver desen
volverse en el empíreo la magnificencia de la Osa Mayor o
al divisar la simbólica Cruz que preside al hemisferio aus*
518 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
tral. Sabemos que nuestros proceres fueron de nuestra pro
pia naturaleza; conocemos sus flaquezas, sus caídas, sus erro
res: de ellos debe hacer cuenta la historia. Pero contem
plémoslos en las alturas de nuestro patrio suelo; dejémoslos
gozar de su gloria, en su inaccesible asilo; y no queramos
que desciendan de allí para tomar parte en nuestras luchas
de ahora, para manchar sus frentes con el polvo que levan
tamos al golpear la tierra con nuestros tardos pies. Por mu
cha que sea nuestra vanidad, no podemos negar que somos
enanos al lado de la generación que produjo a Bolívar y a
Santander, a Caldas y a Zea, a Bello y a Olmedo. Y como
en un siglo cambia mucho el ambiente intelectual en que se
mueven los hombres, y se modifican las ideas y los senti
mientos, si ellos levantaran la cabeza, quizá no pudieran ex
plicarse el papel que muchas veces se quiere hacerles re
presentar en nuestras efímeras contiendas. Tiene algo de
sacrilego el querer hacér con nuestros grandes personajes,
lo que hacían los dioses de la antigüedad, según las viejas
epopeyas, cuando fingían la apariencia de un guerrero fa
moso para lanzarlo a la pelea y engañar al enemigo con un
simulacro que apenas estaba compuesto de aire y de nie
blas.
Honremos a nuestros padres dedicando la nueva centu
ria a trabajar en la paz por el engrandecimiento de Colom
bia, para que la Nación que hace un siglo se presentó ador
nada con los arreos de Palas, pueda simbolizarse ahora por
la madre Cibeles, que avanza majestuosa en su carro tirado
por leones, coronada de torres la cabeza y esparciendo en
torno la prosperidad y la abundancia.
El momento es propicio. Cuando hace tres noches, al
sonar la primera hora de la fecha centenaria, estalló en pla
zas y calles el himno nacional entonado por millares de vo
ces y se elevó al aire la onda armoniosa envolviendo en sus
círculos concéntricos los varios e intensos sentimientos que
palpitan en una colectividad en momentos de jubilosa exul
tación. me pareció que se abría a los acordes de un canto
triunfal, una nueva y gloriosa éra para la Patria, de esplen
doroso progreso y de pacífica bienandanza; sentí el estallar
de juveniles energías en el pueblo, que tan bellamente de
mostraba su patriótico regocijo; mis ojos se humedecieron,
no como otras veces, de tediosa incertidumbre, sino de pla
centera emoción, y me imaginé que un eco respondía de las
alturas a la tromba sonora que surgía de la tierra: eran los
padres de la Patria que contestaban desde el cielo el saludo
de sus hijos los libres ciudadanos de Colombia.
PÁGINAS INÉDITAS SOBRE BOYACÁ 519
PAGÍDAS MEDITAS SOBRE BOyACA
REMINISCENCIAS DEL CANÓNIGO DOCTOR ANDRÉS M. GALLO
Las siguientes noticias se deben a un patriota colombiano
que fue Oficial del Ejército libertador, quien las dictó a uno de sus
discípulos, don Máximo A. Nieto, quien vive en Bogotá y el cual
las cedió al notable publicista e investigador Juan B. Pérez y
Soto. Esta relación apareció en “El Nuevo Diario'’ de Caracas
el 9 de agosto y la publicamos en Colombia por primera vez,
acompañándola de noticias concretas sobre su autor.
El doctor don Andrés María Gallo y Velasco era oriundo de
Tula, y nació el 4 de febrero de 179L En el Estado Federal de
Tunja fue miembro de la Corte de fusticia y del Congreso de ese
Estado; y luégo como Teniente sirvió en el Ejército republicano,
dejando de lado las borlas de doctor en Derecho. En tiempos de
la reconquista, en 1818, recibió el grado de doctor en Teolo
gía y el Presbiterado. Fue Cura de almas de varios pueblos en
Boyacá y Cundinamarca, y asistió a algunas Cámaras de Pro
vincia, a la de Representantes, al Senado y a la Convención de
Ocaña. En 1847 se le designó por el Senado para Obispo de
Pasto, cargo que renunció, y diez años después ocupó silla en el
coro de la Catedral de Bogotá, en donde no aceptó el nombra
miento de Obispo de Cartagena y de Pamplona. Desde 1859 fue
Vicario General del Arzobispo Herrón, destino que desempeñó
hasta su muerte, ocurrida en Bogotá el 14 de abril de 1863.
Como el autor de la interesante e ingenua relación menciona
en ella a sus progenitores, sin nombrarlos, dejamos constancia de
que fueron don Andrés Gallo y doña Juana Velasco:
En junio de 1819, estando yo de Cura excusador de Ra-
miriquí, fui invitado por mis padres a pasar con ellos los
días de San Juan y San Pedro; por esto fui a casa de mis
padres, que por entonces era la hacienda de Toca, a la cual
se habían retirado, por evitar desmanes y atropellos a mis
hermanos, y salvar los animales de las comisiones diarias
enviadas de Tunja y Sogamoso, en donde estaba el General
Barreiro con su ejército. Estuve con mi familia los últimos
días de junio y los principios de julio, y fijé el día 8 para
volver a mi Curato. Pero aconteció que el día 7, por la no
che, después de rezar en familia el rosario, los perros de la
casa latieron con insistencia, y todos temíamos la llegada de
una comisión militar, y mis hermanos y los mozos de la casa
se dispusieron a huir. Mi madre envió a las sirvientas a que
averiguaran la causa de aquel alboroto, y éstas regresaron,
introduciendo a la sala una mujer que buscaba a mi padre,
la cual le dijo que su amo, don Agustín Combariza, le en
viaba desde Tibasosa con una razón, y ese papel, y lo en
tregó a mi padre, quien lo leyó a la luz de una vela que ha
bía sobre la mesa, y al terminar, se volvió a la mujer, y le
520 BOLETÍN DK HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
dijo:—«Yo no he comprado tales corderos, y a nadie le debo
nada.»—La mujer lo interrumpió, y le dijo:—«No se inco
mode Su Merced, que ese papel me lo dio mi amo para que
embobara a los chapetones, si me encontraba con ellos; lo
que sí le mandó decir a Su merced, es que el General Bolí
var salió antier a Socha y Tasco, con un Ejército muy gran
de; pero vienen tan necesitados, desnudos y enfermos, y to
dos a pie, que si los patriotas no los ayudan, quién sabe lo
que sucederá. Mi patrón dice que hay que mandarles ropa,
cobijas, bestias, y todo lo que se pueda, y que le pase
Su Merced este recado a los señores de los pueblos veci
nos, para que hagan lo mismo; y si Su Merced determina
mandar algo, eso se ppede hacer por el páramo, por donde
yo he venido, y se puede juntar con lo que algunos señores
de Tibasosa tienen ya listo. Dígame Su Merced, y yo. que
me vuelvo esta noche, avisaré, para que lo salgan a encon
trar al Alto de los Frailes^ que es el punto donde hay ries
gos, por atravesar el camino real.» Mi madre envió a la mu
jer al interior, para que le dieran algún refugio; y queda
mos en la sala todos, como atontados por la noticia, y sin re
solver nada a derechas; pero mi madre, que se entusiasmó
con la noticia, resolvió al punto que dos de mis hermanos se
fueran a buscar servicio en el Ejército patriota, con rtfe mu
chachos de la casa; que se llevaran todos los caballos.. ^Me
nos el tuyo.,* dijo mi padre; y ella, con vivacidad y entusias
mo, replicó:—«Mi caballo es el primero que se va, porque lo
regalaré al Libertador.»
Se convino en mandar la ropa y cobijas que se pudiera,
sobre los caballos, y se despachó un muchacho al pueblo ve
cino de Siachoque, a llevar/ la noticia al señor José María
Manuel Vásquez, quien se había salido de Tunja con su fa
milia.
Hubo en seguida discusión sobre cuál de mis hermanos
debía quedarse, pues todos querían irse, y mi madre lo re
solvió, indicando que debía quedarse Ambrosio, que era el
menos alentado, y entonces resolví yo irme con mis herma
nos, lo cual desaprobó mi padre, y aprobó mi madre, di-
ciéndome: «Si usted se va, Andrés, dígale al Libertador,
que le mando mis dos hijos para que le sirvan a la Patria, y
mi caballo zaino, para que lo use también en nombre de la
Patria y en el mío.»
Volvió a la sala la mensajera, que se llamaba Rosario
Zambrano y se le dijo lo resuelto, para que a la noche si
guiente salieran a encontrarnos; y como a las diez de la no
che tomo el camino de vuelta.
Al día siguiente, como a las cuatro de la tarde, vino por
el páramo el joven Cayetano Vásquez, hijo del patriota del
mismo nombre, fusilado en Tunja por los españoles, y traía
PÁGINAS INÉDITAS SOBRE BOYACÁ 521
un muchacho con un caballo de diestro, sobre el cual, agui
sa de enjalma, se habían puesto bastantes cobijas y ropa.
A lo que anocheció partimos por el páramo, y la des
pedida dejó a mis padres muy apesarados. Afortunadamen
te había luna, y después de media noche atravesamos el ca
mino real, y allí encontrámos a la misma Rosalía Zambrano,
quien, por una bajada muy pendiente y escabrosa, nos con
dujo a la casa del señor Combariza, quien nos aguardaba y
tenía listos ocho caballos ensillados, y sobre las sillas, ropa y
cobijas. Seguimos, y pasamos por un lado del pueblo de Ti-
basosa, a dar a la casa del señor Domingo Castillo, en Toco-
gua, en la cual nos detuvimos lo puramente preciso para to
mar unos huevos y chocolate; y de allí, guiados por el joven
Luis Castillo y otros muchachos, que llevaban cada uno un
caballo de diestro, llegamos al amanecer al río Sogamoso, en
un punto llamado Cuche. En este pueblo, bastante poblado,
había mucho movimiento, y un señor Peña, de Santa Rosa,
tenía ya lista una partida numerosa de patriotas que iban a
incorporarse al Ejército.
De allí seguimos porBusbanzáa los Aposentos de Tasco*
lugar en el cual se nos dijo que encontraríamos al Liberta
dor; a los cuales llegámos, pero tuvimos que detenernos,
porque el Libertador no estaba en la casa. Ño obstante, nos
hicieron entrar a la casa y colocaren el patio la brigada que
llevábamos.
Como a las cinco llegó el Libertador con sus Edecanes,
y al entrar al patio, preguntó quién había traído esos caba
llos; aguardé a que se desmontara, y luégo me le acerqué,
lo saludé, y le dije: «Mi madre le manda ofrecer sus dos hi
jos aquí presentes, para que sirvan a la Patria, y este caba
llo zaino para que usted lo use en su nombre; los señores
que me acompañan son mis dos hermanos, Fernando y Ma
nuel, el joven Cayetano Vásquez, hijo del patriota del mis
mo nombre, fusilado por los españoles en Tunja, hace dos
años y medio; el joven Luis Castillo, hijo del señor Domin
go Castillo, y los muchachos de nuestras respectivas casa8.
De estos caballos once le manda mi padre, tres el señor José
María Manuel Vásquez, abuelo del joven aquí presente;
ótros ocho le envía el señor Agustín Combariza, y cinco el
señor D. Castillo. Todos envían, además, cobijas y ropa,
porque se ha sabido la necesidad que el Ejército tiene de
este auxilio.»
El Libertador se acercó al caballo zaino, lo miró» lo aca
rició, y dijo:
«Es un hermoso animal. Dígale usted, doctor, a su se
ñora madre, que admiro» en primer lugar, el envío que me
hace de sus hijos, y lo mismo a los señores Castillo y Vás
quez: que acepto, agradecido, el regalo que me hace de este
522 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
soberbio caballo; pero que más admiro y agradezco el sen
timiento que se revela en este obsequio.»
En seguida dio unos pasos por el corredor, y como ha
blando consigo mismo dijo:
«¡La mujer!.... ¡la mujer!.... nuestros antepasados la
consideraban inferior al hombre, y nosotros la considera
mos nuestra igual.... unos y otros estamos grandemente
equivocados, porque la mujer nos es muy superior . . Dios
la ha dotado de gran perspicacia y sensibilidad, y ha puesto
en su corazón fibras delicadísimas, cuerdas muy sensibles a
todo lo noble y elevado. El patriotismo, la admiración y el
amor hacen vibrar esas cuerdas, y de ahí resultan la cari
dad, la abnegación y el sacrificio. Si así no fuera, las damas
de la Provincia de Tunja, ante cuya caridad y abnegación
me descubro con respeto (y se quitó el morrión), no ha
brían podido realizar el milagro que han hecho, y qde to
dos palpamos. Henchidas por dos sentimientos, a cual más
noble y elevado, la caridad y el patriotismo, han vestido al
desnudo, saciado al hambriento, aliviado al adolorido y for
talecido al falleciente. Los patriotas se han comportado a
maravilla, pero este era su deber. Pero sobre todo esto bri
lla el caluroso sentimiento patriótico de las señoras, con el
cual han devuelto a un montón de hombres descorazonados
y vacilantes su antiguio brío, su impetuoso valor y sus
muertas energías; y todavía más: les han devuelto la fe. Sin
este milagro, los españoles, en el primer encuentro, nos
habrían arreado como aun rebaño de corderos (se volvió a
poner el morrión y continuó). Pero hoy no sucederá eso:
una causa que cuenta con tales sostenes, es incontrasta
ble, y un ejército impulsado por tales estímulos, es inven
cible ... Dígale usted todo esto a su señoaa madre.»
En seguida, dirigiéndose a mis hermanos y a los dos
jóvenes, les dijo: «A ustedes los voy a incorporar en el ba
tallón Albión^ compuesto de ingleses, para que ellos vean
que por acá hay también gente blanca y bien parecida, y
sus muchachos irán al batallón del Comandante París,
compuesto de pamploneses, cucuteños y socórranos y tun-
janos; allí quedaráq bien.» Se dirigió luégo a un Coronel
Freites, y le dijo: «Hágame cuidar el caballo zaino; y de los
otros, escoja los dos mejores y lleve uno al General Anzoá
tegui y otro al General Santander. Los otros divídalos en
tre los Jefes Rondón y Carvajal y sus Oficiales. Ahora, va
mos a comer.
Estaba la mesa servida en el otro extremo del ancho
corredor, y al acercarse a ella el Libertador, dirigiéndose a
la señora de la casa, le dijo :
«Usted se preocupa mucho de tratarnos como gente,
probablemente porque le han contado que nosotros nos he
PÁGINAS INÉDITAS SOBRE BOYACÁ 523
mos tratado como fieras, comiendo carne medio asada con
paja y casi siempre sin sal. Gracias, mi señora. Eche a un
lado esa tristeza y ese temor por la suerte del señor Calde
rón, su esposo. Mediante Dios, se lo devolveré sano y salvo
dentro de pocos días.»
El Libertador comió con mucha apetencia, y todos lo
imitámos, menos un Oficial Ascanio, cuya tropa había sido
sorprendida ese día en Corrales, y asesinada. El Liberta
dor se apercibió de este decaimiento del referido Oficial,
y le dijo:
«Coma usted, amigo, y no se preocupe tanto. La gue
rra está llena de esos percances: hoy es uno vencedor y
mañana es vencido. En la guerra hay que buscar el des
quite, con más razón que en el juego; y un Oficial que tuvo
parte en las Queseras del Medio, no debe amilanarse así.»
Nos levantámos de la mesa, y el Libertador subió al co
rredor alto y se ocupó hasta las seis en dictar al mismo
tiempo a tres escribientes varias comunicaciones que envió
inmediatamente, y luego se puso de a caballo y partió con
sus Ayudantes. Nosotros, que estábamos trasnochados y
cansados, nos recogimos en una pieza que nos dio la señora
de la casa, y no sentimos a qué hora volvió. Nos despertó,
sí, el ruido de caballos y monturas antes de amanecer el
día 10, y nos pusimos de pie. Así encontrámoe al salir al Li
bertador, desayunándose a la carrera, y luégo montó y se
alejó, no quedando en la casa sino nosotros; por lo cual se
guimos río arriba, hasta llegar al pueblo de Corrales, a cuya
entrada nos aterró el encontrar un montón de mujeres que
rodeaban los cadáveres de los patriotas asesinados el día an
terior, junto a los cuales se veía el cadáver de una mujer
joven y bien parecida que, según dijeron, se llamaba Juana
Escobar, y había sido también alanceada, por haber salido
a interceder por los patriotas. Creí de mi deber, como sa
cerdote, rezar el oficio de difuntos por aquellos muertos,
que estaban llevando las mujeres de uno en uno al cemen
terio. Me trasladé a aquel lugar con el objeto de bendecir
la fosa en donde debían colocarse esos cadáveres, y encon
tré allí a un religioso dominicano, con su hábito remangado
por el sable que ceñía, ocupado en hacer lo que yo iba a
hacer. Le ayudé a desempeñar la tarea, y con él seguimos
vía de Tópaga, hasta alcanzar el Ejército, que se hallaba
en una colina, una parte, y la otra bajaba del pueblo de
Gámeza hacia el puente del mismo nombre.
El religioso era el Reverendo Padre Ignacio Marino,
Capellán y soldado del Ejército de Casanare.
Los españoles habían salido de Tópaga con la mira de
atacar a los patriotas; pero al ver que éstos iban sobre ellos.
524 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
volvieron caras, y repasaron el puente de Gámeza, dejando*
lo guardado por un batallón, y el resto ocupó la peña de
Tópaga.
Un Escuadrón de Caballería patriota, mandado por el
Comandante Justo Briceño, les picó la retaguardia, les mató
más de veinte hombres, les cogió dos prisioneros y llegó
hasta dicho puente, en donde fue recibido con descargas
de fusilería, que no lo dejaron avanzar.
Permanecieron los dos Ejércitos en sus posiciones, y a
las dos de la tarde volvió una parte del Ejército patriota al
pueblo de Gámeza, y la otra al de Corrales; siguiendo nos
otros a través de los Aposentos de Tasco, con el Libertador.
Allí encontramos muchos ingleses, en un estado tan misera
ble, que nos conmovió a todos. La señora de la casa les ha
bía procurado alimentos, y a los enfermos los tenía recogi
dos en una pieza. El Libertadoi* los acogió cariñosamente,
y les mandó distribuir una parte de las cobijas y ropas que
habíamos traído. Supo por ellos que todavía quedaban en
el Páramo de Nubogote muchos soldados cansados y enfer
mos, y al momento envió sus Ayudantes a dar la orden de
que el Ejército estuviera listo al amanecer del día siguien
te, 11 de julio.
Así se hizo, y muy temprano volvimos a Corrales, y con
la gente que allí había, seguimos para el puente de Gáme
za, y lo mismo hicieron los que estaban en este pueblo. El
batallón español que desde la víspera había ocupado el
puente, estaba en su puesto. El Libertador dio orden al ba
tallón Vencedor, mandado por el Comandante París, de ata
car el puente, y éste se lanzó a la bayoneta sobre el enemi
go, soportando sucesivas descargas casi á quemarropa, que
causaron la pérdida de veintisiete hombres—quince muer
tos y doce heridos;—pero fue tan brioso el ataque que los
españoles abandonaron el puente y sus contornos, dejando
tendidos más de sesenta, entre muertos y heridos, y rescata
dos más de treinta patriotas reclutados e incorporados en
ese Batallón. El Comandante París siguió tras de los fugi
tivos, que ganaron la peña de Tópaga, y quedó por un rato
bajo los fuegos cruzados del enemigo, lo cual lo obligó a re
troceder. Fue apoyado en seguida por otros dos batallones,
pero no pudieron tornar la peña y tuvieron que repasar el
puente. v
Me tocó entonces pasarlo para auxiliar a los heridos y
moribundos, que eran más de ciento cincuenta, de uno y
otro ejército, y durante más de una hora se suspendió el
combate.
Como a las once volvió el Libertador a enviar tres ba
tallones con orden de atacar la formidable trinchera, a la
bayoneta, lo cual se intentó una, dos y tres veces; pero
aquello fue imposible, porque la posición era inexpugna
PÁGINAS INÉDITAS SOBRE BOYACÁ 525
ble,', se perdieron otros treinta hombres, a los cuales auxi
liamos el Padre Miguel Díaz y yo. Hubo otra tregua o sus
pensión, y el batallón Vencedores quedó al lado allá del puen
te. en la orilla del río.
Como a las cuatro destacaron los españoles un batallón
que bajó de la peña en formación, y no se le hizo fuego,
porque muchos dijeron que venían a pasarse; pero no bien
llegó a la vega del río, se formó en batalla, e hizo una des
carga cerrada al Vencedores, con la cual mató al abandera
do. un joven Carballo. y cuatro soldados, y como ya iba otro
batallón patriota a pasar el puente, el agresor se volvió ala
carrera a sus trincheras, dejando unos once o doce prisio
neros que se alcanzaron a coger. Yo fui a auxiliar al Oficial
Carballo y a los soldados, y luego al Comandante Santiago
Caraley, irlandés, católico, al cual habían traído del pie de
la peña con otros cuatro Oficiales y muchos soldados.
A las cinco de la tarde volvió el Ejército a sus puestos
del día anterior en Gáipeza y en Corrales, y el Libertador
a los Aposentos de Tascó, adonde llegué a las ocho de la no
che. El Libertador me felicitó por no haber hecho caso del
peligro en cumplimiento de mi deber, y me nombró Cape
llán de su Estado Mayor. Le di las gracias por el inmere
cido honor que me hacía, y lo acepté mientras pudiera res
tituirme al Curato que me estaba encomendado.
El 12 de julio marchó el Ejército que estaba en Corra
les. por Burboracá, el pueblo de Floresta, y el que estaba
en Gámaza volvió a Tasco, donde estuvimos el día 13 y el
14. hasta que regresó la Comisión enviada al páramo a re
coger a los rezagados.
El Libertador vivía satisfecho y entusiasmado recibien
do al sinnúmero de mujeres que de los pueblos vecinos ve
nían a traerle víveres y ropa para los soldados; siendo de
notar el que todas las mujeres se deshacían de su ropa in
terior, para hacer camisas para los soldados.
Se supo el día 14 que los españoles habían abandonado
sus posiciones de Tópaga, y se habían pasado a los Molinos
de Bonza. Con este motivo el Cuerpo de Ejército que esta
ba en Floresta ocupó a Santa Rosa el día 15, y el que es
taba en Tasco, a Belén de Cerinza; y el día siguiente mar
chó todo el Ejercitó a los Corrales de Bonza. Allí se presen
taron ciento sesenta hombres de Onzaga, Mogotes v Chara
lá, traídos por Manuel Blanco y Pedro Martínez, y de allí
envió el Libertador al Coronel Antonio Morales, al Socorro,
a levantar un batallón, y al Coronel Pedro Fortoul, a Pam
plona y Cúcuta, a levantar otro.
El día 16 envió el Libertador, en vía de reconocimien
to, una parte del escuadrón Guías, al mando de un Cóman
te Mujica, quien avanzó hasta cerdh del campamento espa
ñol en los Molinos de Bonza. De allí salió un numeroso Cuer
526 BOLKTÍN Dt HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
po de Caballería al encuentro; y los patriotas se fueron re
tirando, como amedrentados; pero ya en el llano, volvieron
caras, y dieron una tremenda carga a sus perseguidores,
haciéndolos volver a su campo, dejando más de veinte muer
tos, entre ellos un Oficial de alta graduación, a juzgar por
el uniforme, que le quitó y trajo el Comandante Mujica,
quien lo presentó al Libertador pidiéndole permiso para
usarlo, a lo cual le contestó:
«Usted no puede usar ese veetido, porque sus mismos
soldados lo pueden matar, creyéndolo español, y un valien
te como usted no puede correr esa suerte.»
Mujica, que era un blanco de pura raza, le dijo :
*—Si usted me da permiso, yo volveré esta chupa al re
vés, y así me servirá para el frío.» «—Bien pensado,» le dijo
el Libertador.
En la noche de ese día dejó Barreiro el campamento
de los Molinos de Bonza y se situó en Paipa, en donde se
fortificó; pero en lps días siguientes hubo cada rato en
cuentros de las descubiertas, en los cuales murieron unos
seis soldados, a quienes auxilié, y salieron gravemente heri
dos el Capitán Mariano Acero y un Oficial Gaviria, a quie
nes se llevaron a su casa en Duitama unas señoras Azuero.
En los días siguientes llegaron al campamento patriota
muchas cargas de víveres e infinidad de mujeres con canas
tos repletos de pan, bizcochos, postres y frutas, que el Li
bertador les recibía con mucho agrado y mandaba distri
buir luégo. Durante esos mismos días llegaban también,
por partidas, los patriotas que venían a tomar las armas, con
los cuales se organizaban compañías, y durante todo el día,
y hasta por la noche, se disciplinaban en el llano, a la vista
de los españoles, probablemente para incitarlos a que nos
atacaran. Como no ocurrió esto, la guerra en esos días se
redujo a encuentros entre las avanzadas de caballería.
El día 20 se movió el Ejército patriota en dirección a
Paipa, y permaneció en la Cruz de Bonza sin que los espa
ñoles se movieran. Esto mismo sucedió en los días siguien
tes, y el 25, al amanecer, tomó nuestro Ejército el camino
de Tibasosa, y a las diez habíamos pasado el río, cuando
vimos que los españoles venían a nuestro encuentro por el
camino del Salitre, ocupando las alturas que por el lado de
Paipa dominan el vallecito de Pantano de Vargas. Nuestro
Ejército penetró en dicho valle por el camino real, para to
mar la casa de la hacienda y las alturas que están tras de
ella. El enemigo bajó al llano para impedir este movimien
to, y se trabó el combate, teniendo los españoles la ventaja
de dominar desde las alturas que quedaban a nuestra dere
cha, de las cuales fue desalojado, pero se replegó a las del
PÁGINAS INÉDITAS SOBRK BOYACÁ 527
centro, y tomó parte délas que quedaban a nuestra izquier
da. Hubo un momento en que los españoles dominaron con
sus fuegos cruzados, y el Libertador dio orden al batallón
Albión de recuperar ala bayoneta las alturas de la izquierda,
lo cual fue ejecutado con ímpetu y arrojo, y se estableció
en ese lado un combate cuerpo a cuerpo, a tiempo que la
caballería española cargaba por el centro. Fue en este mo
mento crítico cuando los Húsaies, de Rondón, cargaron so
bre el ala izquierda del enemigo, arrollando cuanto se opu
so a su paso, al mismo tiempo que Carvajal, con su escua
drón Guias., cargaba a la caballería española, la destrozó y
volvió luego sobre la infantería, que ocupaba la casa y sus
alrededores ; y con este auxilio Jos ingleses recuperaron las
alturas. Entre ellos y el batallón Voltijeros estuve yo auxi
liando a los moribundos de uno y otro bando, porque en la
lucha cuerpo a cuerpo quedaron todos revueltos. Desde allí
vi perdida la batalla a las cinco de la tarde y ganada luego
a las seis, y sin la noche y un tremendo aguacero, el Ejér
cito español habría quedado allí vencido.
Fue muy grande la pérdida de vidas que uno y otro
Ejército sufrieron en aquel combate. Yo auxilié a más de
doscientos esa tarde, la mayor parte patriotas, y eran mu
chos los que encontré ya cadáveres; y el Padre Miguel
Díaz, que auxilió a los de la otra loma de la derecha, me
dijo que pasaban de cien; y el Padre Mariño, que auxilió
a los del camino real, estimó en cincuenta los muertos pa
triotas, y en más de doscientos los españoles alanceados.
Por el informe del señor Francisco Mariño, dueño de
la hacienda, a quien el Libertador encargó la apertura de
una larga fosa para enterrar los muertos, se tuvo conoci
miento de que los muertos españoles fueron cerca de cua
trocientos, y los de los patriotas, ciento veintiocho, entre
éstos, quince Oficiales y dos Jefes. El número de heridos
fue menor.
Al acercarme esa noche a la casa, en compañía de unos
Oficiales, oímos entre el matorral unos bramidos, y aunque
estaba muy oscuro y llovía recio, nos acercámos, y dimos
coftun Jefe inglés, a quien se llevó como se pudo a la casa.
Era el Coronel Jaime Rook, y parecía una estatua de már
mol blanco, por el desangre que había sufrido. Le ofrecí los
auxilios espirituales, y los aceptó agradecido, porque era
irlandés y católico. La bala que lo hirió le volvió pedazos el
brazo izquierdo, del codo para arriba, y le desgarró arterias
y venas. No se le pudo hacer amputación inmédiata, por
que no apareció el cirujano, y hasta el día siguiente, muy
de mañano no se le hizo, y debo contar cómo pasó. El heri
do entregó el brazo al cirujano, que era también inglés, y
ÓBte se lo. cortó por cerca del hombro, siii que el paciente
hiciera ni un gesto ni una contracción: pareció como si le
528 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
hubieran aserrado el brazo a una estatua de madera. Al
desprenderse el brazo lo tomó con la mano derecha, lo le
vantó en alto, y gritó en castellano: 7 Viva la Patria! El
cirujano le preguntó en inglés, cuál Patria, ¿Irlanda o In
glaterra? Meneó negativamente la cabera, y contestó en in
glés: <La que me ha de dar sepultura.» El cirujano nos
tradujo lo dicho, y quedámos todos maravillados del valor
y entereza de aquel hombre, que murió al día siguiente.
El día 26 quedó el Libertador en Pantano de Vargas
y los españoles en el pueblo de Paipa. Ese día se ocupó en
abrir de nuevo y más ancho, un vallado viejo, en el llano, y
allí quedaron amontonados más de setecientos cadáveres.
Yo me ocupé en establecer en el vecino pueblo de Tibaso-
sa hospitales para los heridos, auxiliado eficazmente por to
dos los patriotas de aquel lugar.
El 27 volvió el Ejército a sus posiciones de los Corrales
de Bonza, y allí había más de quinientos hombres venidos
del Cocuy, Málaga y el Socorro. El 2 de agosto por la
noche mandó el Libertador uno de los batallones recién
formados al punto de San Telmo, que dominaba a Paipa, y
esto bastó para que Barreiro abandonara aquel lugar y se
situara en unas alturas sobre el río de Piedras. El Liber
tador ocupó el pueblo de Paipa, y pasando el río por el Sa
litre, siguió por la banda derecha hasta ponerse al frente
del Ejército de Barreiro„sin que éste hiciera amago algu
no. Por la tarde, el Ejército patriota'volvió a Paipa y a los
Corrales de Bon¿a. Al día siguiente, 4 de agosto, volvió el
Ejército patriota a ponerse al frente del español; pero el
Libertador dejó en los Corrales de Bonza un piquete en
cargado de recoger leña y amontonarla para hacer hogue
ras, las que se debían encender a las seis de la tade. Ya por
la tarde volvió el Ejército patriota hacia atrás, hasta ade
lante de Paipa, y se mantuvo hasta el anochecer detrás de
la colina llamada la Cruz de Bonza. No bien brillaron las
hogueras en los Corrales, el Ejército contramarchó a paso
redoblado por el camino de Toca, en vía para Tunja, y
cuando íbamos frente a Toca, me separé con dos Oficiales,
y fui a casa de mis padres, a llevarles la noticia del movi
miento, y a imponerlos de que nada les había pasado a mis
hermanos. Mi madre se entusiasmó cop la noticia; y acom
pañada de dos sirvientes, partió a esas horas, a pie, para
Tunja. a conocer al Libertador. Hubimos de alcanzarla,
para pasarla en el río, y llegamos a la ciudad a las ocho de
la mañana. Mi madre llegó más tarde ; y como era la acti
vidad en persona, se puso en relación con mis tías y todas
sus amigas, para arreglar un banquete que las señoras de
bían ofrecer al Libertador. Este había llegado con poco
acompañamiento, a las cinco de la mañana, y había encon
trado la ciudad sola, porque el Gobernador, don Juan Loño,
PÁGINAS INÉDITAS SOBRE BOYACÁ 529
había salido esa noche con un batallón a incorporarse a
Barreiro, dejando gran acopio de armas y pertrechos, de
vestuarios, cobijas y alpargatas.
El día 6 amaneció Barreiro en el pueblo de Motavita,
y las partidas de observación de los patriotas iban y venían.
Por la tarde me recomendó mi madre de ofrecer al Liber
tador y a su Estado Mayor la comida que se le tenía pre
parada en nuestra casa de la ciudad, lo cual hice oportuna
mente.
A las cuatro de la tarde se reunieron los invitados en el
salón, y llamé a mi madre, y se la presenté al Libertador ;
y él le preguntó si yo le había dado el recado que le había
enviado. Mi madre le contestó que sí lo había recibido, y
que lo agradecía y aceptaba a nombre de todas las señoras
de ¡a Provincia de Tunja. El le dijo :
<A lo ya dicho, agrego mi agradecimiento a usted, mi
señora, y a todas sus compañeras, por la cariñosa invitación
que me han hecho, y siento que el tiempo sea tan premio
so, porque quisiera hacerlo de otra manera. Y ahora díga
me. mi señora, ¿usted quiere que sus hijos sigan conmigo,
o que se queden a su lado?»
Mi madre le contestó :
«Eso lo resolverá Su Excelencia, que sabe conmover y
pulsar esas cuerdas que Dios ha puesto en el corazón de las
madres.»
El Libertador se sonrió, y dijo :
«Pues que se queden, porque la Patria siempre conta
rá con ellos.»
A la terminación de la comida pedí órdenes al Liber
tador, porque debía volver a mi Curato, y él me manifestó
que sentía mucho mi separación, pero que el deber era an
tes que todo.
Monté al día siguiente a las ocho de la mañana, y no
pude pasar por la plaza, porque en ella estaba formado todo
el Ejército.
Cuando llegaba a Ramiriquí se oían al Occidente las
detonaciones de cañón y fusilería en el campo de Boyacá.
XII—34
530 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
PALABRAS
DE LUIS AUGUSTO CUERVO ANTE EL CABILDO DE LA CIUDAD DE
TUNJA, EN NOMBRE DE LA MUNICIPALIDAD DE BOGOTÁ Y DE LAS
ACADEMIAS DE HISTORIA DE COLOMBIA Y VENEZUELA
Señor Gobernador del Departamento, honorables Concejales:
Hace pocos días una Comisión del Ayuntamiento de
Bogotá tuvo el honor de presentaros un saludo cordial y
patriótico, uniéndose de corazón a vosotros en las festivida
des con que el país entero celebra el primer centenario de
su independencia, nacida en los aledaños del Municipio que
dignamente representáis. Hoy tornan a vuestra ciudad nue
vos delegados del pueblo bogotano a traeros esculpido en
bronce un recuerdo de amistad y un homenaje de gratitud.
En la fecha inmortal que hemos conmemorado, corres
ponden a Tunja muchos de los laureles que la Nación ofren
da a los manes de los libertadores. Las campanas de sus
torres rompieron los aires al saludar las huestes republica
nas que llegaban vencedoras de Pantano de Vargas, y ma
nos de mujer ofrendaron flores a los que envueltos en hara
pos gloriosos, se lanzaban tras la libertad y la victoria.
Llegaron ellos hambreados, casi desnudos, con sólo una lan
za entre las manos y ante sus ojos el iris de Colombia, que
ondearía envuelto en bruma sobre las márgenes del río
Teatinos. Atrás habían quedado, en las cimas más altas de
los Andes, los huesos del compañero que sólo supo de las
penalidades de la empresa, pero no de sus gajes y compen
saciones; y más lejos aún, en la medrosa soledad de las lla
nuras orientales, quedaron los más puros afectos y las más
dulces ilusiones, los consejos del padre y la oración de la
anciana que bendice al hijo, el llanto de la esposa, risas in
fantiles, pañuelos blancos que ondean al viento.. .......
Fue el paso de los Andes acción digna de ser cantada
por Homero. Bajo el calor sofocante de la planicie sin lími
tes, en medio a la miseria de un caserío llanero, los soldados
de Bolívar resolvieron transmontar la cordillera para caer en
tierras granadinas. Al bochorno de la estepa, a los torren
tes formidables y bravios, suceden los picachos envueltos
en neblina y las alturas eternamente frías. La ventisca azo
ta la espalda desnuda del llanero, y la nieve cubre lols cuer
pos sin vida de los que se van quedando.
Un día, cuando ya principiaban a flaquear los brazos,
mas no los corazones, dominaron la cumbre lhs libertado
res y cayeron en carrera de centauros sobre las tierras in
mortales. Llegaron a Tunja,
PALABRAS DE LUIS AUGUSTO CUERVO 531
.......... la antigua y noble villa
patria del Zaque y tumba de Rondón,
con su aire puro y su brillante cielo,
sus altas torres que iluminad sol.
Aquí encontraron los héroes nuevo aliento y nuevas es
peranzas. Su constancia se avivó al recuerdo de Joaquín Ca-
macho, que había muerto en defensa de los mismos ideales
que ahora principiaban a realizarse, y su entusiasmo se for
taleció al impulso generoso de este pueblo, patriota siempre,
listo a sacrificar su sangre en aras de la Patria.
! Tunja! La ciudad de emocionantes reminiscencias
españolas y de grandes recuerdos en la época de la Repú
blica, guarda perenne para sus hijos una auréola de gloria
y un fresco gajo de laurel para los que triunfaron en la
épica jornada. En su ambiente se respira aún la sabiduría
que inspirara un día a Sor Josefa del Castillo, hermana por
el cerebro y por el corazón de la santa de Avila; y en la pe
numbra misteriosa de los paredones coloniales parece que
Satán jugara con los nervios del buen padre Miguel de los
Angeles. Por sus calles, en altas horas de la noche, aún se
meja vagar la sombra de doña Inés de Hinojosa, que busca
el sepulcro del marido asesinado, y se escucha a veces, cuan
do calla el viento, el chocar de las espadas de Juan Voto y
de don Pedro de Rivera.
El Pozo de Donato, en donde el indio guardara sus fa
bulosas riquezas, y Los Cojines, que sirvieron para que ado
rara al Sol el gran Quimuinchatocha, dan a la leyenda ricos
veneros, que principian a explotarse. Fue esa una época
feliz, tranquila y oscura, interrumpida de pronto por el pia
far de los caballos de los conquistadores. Fundaron ciuda
des ellos, destruyendo humildes caseríos; abrieron veredas
sin respetar el labrantío del indígena; mataron y robaron
para castigar honradas defensas, y en nombre de su Rey
atropellaron todo derecho y conculcaron todas las garantías.
Pasaron los días sobre las colonias, y con la aurora de
cada año nacieron para los americanos mayores humillacio
nes y nuevas esclavitudes. El alma de los criollos principió
entonces a despertar. Una mañana, en el Socorro, una mu
jer rompe los edictos reales y entusiasma con su acción a
los Comuneros; y al fines talla la revolución desde los balco
nes del Cabildo de,Santafé de Bogotá, el 20 de julio de 1810..
Ese alzamiento, génesis de nuestra independencia, tuvo glo
rioso final en la batalla del 7 de agosto de 1819. Los liber
tadores terminaron la obra de los mártires, y éstos, menos
afortunados, dieron su sangre a la Libertad sin ver el fruto
de sus desvelos.
La celebración de este centenario, digna de los proce
res a quienes se dedica, está diciendo a la Nación Colombia
532 BOLETÍN DÉ HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
na cuán ciertas fueron las palabras del padrejChoquehuanca:
<¡ Bolívar ! Con los siglos crecerá vuestra gloria, como cre
cen las sombras cuando el sol declina.»
Honorables Concejales:
Cumplo con el alto encargo de haceros formal entrega,
en nombre de mis compañeros de Comisión, de la placa de
bronce que, como homenaje a los libertadores de Boyacá,
ofrece la ciudad de Gonzalo Jiménez de Quesada a la ciudad
de Gonzalo Suárez Rondón. Ella os dice de la amistad del
pueblo bogotano y os trae un voto sincero por la prosperi
dad de vuestro Municipio.
Recibid también el saludo de gloria que os envían por
mi conducto las Academias de Historia de Colombia y Ve
nezuela ; los laureles que ellas os ofrendan, enlazan en re
cuerdo único los nombres de Anzoátegui y de Santander, y
forman un solo haz de verdes hojas para la frente del Li
bertador. A todos ellos el homenaje de la inmortalidad.
DOSE COnCBfl
El benemérito militar José Concha, oriundo de Pam
plona, nació en 1795. En 1819 contaba ya largos servicios
en el Ejército de la República, pues registraba en su ca
rrera el haber sido subalterno de Bolívar y herido en el
combate de Cúcuta contra las fuerzas españolas que coman
daba Ramón Correa, y el haber militado a órdenes de San-
tader, de Gregorio Mac Gregor, de Custodio García Rovi-
ra, de Rafael Urdaneta y del francés Manuel deServiez, Je
fes de quienes mereció encomios y recomendaciones.
Teniendo el comando del Batallón Unión fue de los ven
cidos en Cachiri en 1816; ese desastre lo llevó a los Lla
nos de Casanare y a los de Apure, en donde fue nombrado
Jefe de Estado Mayor a las órdenes del General José Anto
nio Páez en la cruenta campaña de 1818 contra los ejérci
tos que mandaban Morillo y Miguel de la Torre.
En el año de 1819 fue Concha uno de los Oficiales que
a órdenes de Santander organizaron el Ejército granadino
en las llanuras de Casanare.
«Cuando en junio de dicho año—escribe Santander—
marchamos con el Presidente Libertador a libertar a Cun-
dinamarca, quedó el Coronel Concha de Gobernador de Ca
sanare, y como esta Provincia era la base de nuestras ope
raciones, se necesitaba en ella un Gobernador activo, enér
gico, obediente y honrado, y puedo asegurar que Concha
mostró todas esas cualidades a satisfacción del Libertador
Presidente.»
JOSÉ CONCHA 533
Triste tuvo que ser para aquel militar valiente no con
tinuar la marcha gloriosa que emprendían sus compañeros
de armas al escalar la Cordillera de los Andes a órdenes del
Libertador; marcha que terminó en la batalla de Boyacá.
Pero el Gobernador José Concha, que, como se usaba en
aquellos tiempos, tenía la virtud militar de la obediencia y
la disciplina, se sujetó con gusto a guardar la retaguardia
del Ejército en aquellas comarcas semisalvajes, dejando de
lado la ambición de ser de los soldados libertadores de Cun-
dinamarca.
A los muchos cuidados que acarreaban a Concha las
funciones de Gobernador interino y a los movimientos mi*
litares que se le previnieron que hiciera sobre Medina y
otros puntos de la Cordillera para llamar la atención del
enemigo, se agregó el de que en las llanuras que estaban a
su mando se desarrolló una enfermedad epidémica y conta
giosa que arrebató la mitad de la población de la Provin
cia. Concha solicitó auxilios médicos, que le fueron enviados
de la capital, y con los cuales se apagó el flagelo por las acer
tadas disposiciones con que se emplearon en diversos sitios
de aquellas comarcas.
Al terminar el año le escribía Pedro Briceño Méndez
al General Santander, desde Pore :
<No sé cómo no he muerto de tedio y fastidio ya, y has
ta ahora he escapado de la peste. Sin duda debo la vida a
Concha, que, con un trato amable, con su alegría natural y
con los servicios que nos presta en su casa, ha aliviado de al
gún modo mi extrema melancolía.»
No quedó sin recompensa la abnegación con que sirvió
Concha el cargo de Gobernador de Casanare. El Gobierno,
queriendo aprovechar sus méritos relevantes, y pasada la
necesidad de guardar militarmente las llanuras orientales,
lo llamó a desempeñar la Jefatura Civil y Militar de la Pro
vincia del Cauca, creada por el Libertador en marzo de
1820 y expuesta todavía a rudo batallar. Concha presidió
en Cali, capital transitoria, la marcha ordenada de la Pro
vincia que se le encomendaba, con acierto y oportunidad
completa ; y se distinguió tanto como ep los campos de ba
talla en la Administración civil como primer Gobernador
de Casanare y del Cauca.
P. M. I.
b o l e t ín de h is t o r ia y a n t ig ü e d a d e s
Eb COROnEb FRfly IGÍlflCIO (DARIfiO
El muy Reverendo Padre fray Ignacíio Marino,
Maestro de la Orden de Predicadores de Santo Domin
go de Guzmán, Misionero Apostólico de Casanare, miem
bro de la Orden de Libertadores de Venezuela y Cundi-
namarca y Coronel del Ejército patriota de la Nueva
Granada, es una de las figuras de nuestra historia nacio
nal a un mismo tiempo más interesantes y más simpáti
cas, en quien se aúnan por modo |no menos admirable
que curioso, las virtudes de un sacerdote, las condiciones
cívicas de un procer granadino y los rasgos de dureza
y crueldad de un guerrillero de las orillas del Arauca o
del Apure. Supo él con indiscutible mérito y eficacia en
señar la palabra de la verdad cristiana a los espíritus
salvajes de los Llanos de Casanare; preparar en ellos el
terreno propicio para sembrar en sus corazones el amor
a la libertad, y llevarlos luego, guiados por su propia es
pada de militar, a luchar en los campós de batalla contra
los realistas, aprovechando así para la Iglesia y para la
República ese interesante elemento de nuestra naciona
lidad .
La pluma de algunos de nuestros historiadores se ha
complacido en recordar la figura del Padre Mariño. Don
José Joaquín Ortiz lo conoció cuando él era todavía un
niño y residía con su familia en la hacienda del Salitre,
en el vecindario de Paipa, y su padre el procer don José
Joaquín Ortiz Nagle se hallaba desterrado en Puerto Ca
bello. Hé aquí cómo lo describe el ilustre poeta:
<Un día fui a la iglesia de la parroquia y vi entrar a
un fraile vestido con el blanco sayal dé Santo Domingo.
Era el Padre Mariño. Sobre su sombrero ondeaba un in
quieto plumaje; en sus hombros resplandecían, temblando,
las sueltas charreteras de Coronel; sonaban en el pavi
mento de la iglesia sus espuelas y su larguísimo sa^bje.
Llegó al altar, se despojó de los arreos militares para
revestirse el alba de los levitas y las demás vestiduras
sacerdotales, y ofreció al tepaible Dios de los ejércitos el
sacnficio incruento de salud y de paz. Concluido éste fue
a visitar la familia del preso de Puerto Cabello. Mi madre
hubo de ofrecerle un convite. Ved por lo que voy a aña
dir cuán estrechas eran nuestras circunstancias y la amar
gura de aquellos tiempos: toda la refacción se redujo a
una mala sopa servida al alar de la casa, teniendo por
EL CORONEL FRAY IGNACIO MARIÑO 535
asiento una piedra, por mesa las manos y por compañero
a un muchacho de cortos años. Esto es histórico= (1).
Don José Manuel Groot escribe:
<El Padre Mariño, patriota exaltado, había ganado
los grados militares haciendo la guerra a los españoles en
los Llanos de Casanare. Cuando este Padre venía a Bo
gota no se hospedaba sino en su convento, asistiendo a
coro y demás funciones conventuales como todo fraile,
porque era muy amigo de su Orden, tanto que cuando
salía a la calle no se desdeñaba en llevar el hábito de su
patriarca, figurado en una larga levita blanca ceñida con
su banda colorada; en los hombros sus charreteras de
Coronel; su sable al cinto y el sombrero de tires picos
galoneado sobre el cerquillo= (2).
Con criterio del todo opuesto, el furioso realista To
rres y Peña, que en su poema Santajé Cautiva sólo tuvo
para Bolívar y para sus compañeros los calificativos de
ladrones, asesinos, rebeldes y otros por el estilo, consa
gró también algunas estrofas de su poema al Padre Mari
no, de las cuales entresacamos estas, que son una mues
tra del estro poco elevado del Presbítero Torres y paten
tizan lo que fue la literatura en la Patria Boba, época en
que alternaron la ingenuidad y el candor con pasiones po
líticas que llevaron su furor hasta el campo sereno de la
poesía, que hasta entonces no había producido pieza al
guna de verdadero valor:
Mas él reúne el estambre religioso
El collarín y vueltas encarnadas:
Ciñe sable y pistolas, cual furioso.
Sobre túnicas santas profanadas.
Acaudilla rebeldes y alevoso
Conduce a la matanza encarnizadas
Las tropas de asesinos que a su mando
A Casanare siguen infestando.
El Arauca sofoca los gemidos
De los que en duros líos él envuelve,
Y en sus hondas corrientes son hundidos
Porque verter su sangre no resuelve (3'
Y cometiendo excesos tan crecidos
Ejerce el ministerio y aun absuelve
Quien el cargo dejó de misionero
Y el oficio tomó de bandolero (4).
(1) «Cartas de un sacerdote católico al Redactor del Neograna-
dino.* Bogotá, 1857.
(2) Historia, Eclesiástica y Civil de Nueva Granada^ tomo in,
página 223.
(3) «Diez y ocho españoles hizo ahogar metidos en mochilas de
cuero, diciendo que no derramando sangre no quedaba irregular.»
(4) La Patria Boba, páginas 389 y 390.
•536 b o l e t ín d e h is t o r ia y a n t ig ü e d a d e s
Era el Coronel Padre Mariño miembro de una de las
familias más distinguidas de la Colonia, que pintonees
como en la República ha producido muy buenos servido
res. Nació en Chocontá hacia 1770. Hizo sus estudios en
el convento de dominicanos de Santiago de Tunja, y
en 1799 fue destinado a Casanare como Misionero. En la
evangelización de los numerosos indígenas de esas dilata
das regiones, duró más de veinte años, lo cual le valió el
título de Maestro de Misiones.
En 1812 inició sus servicios militares cuando llegó
allá a ese rincón de los Llanos el grito de independencia
dado en el centro del país. El 10 de diciembre de 1813 fir
mó el acta de independencia absoluta de Tunja, como
miembro del Colegio Electoral y Representativo de esa
Provincia. El 6 de octubre de 1814 recibió el título de Co
ronel de la Nueva Granada, v en tal carácter, a la cabeza
de 600 hombres, vino unido a las fuerzas comandadas por
Bolívar, que pusieron sitio a Santafé en diciembre de ese
año y que lograron con su triunfo el que Cundinamarca
hiciera parte de la Confederación Granadina. Ríegresó lue
go a Casanare. y como Jefe Civil y Militar de esa región v
unido a los valientes llaneros Pérez, Galea y Vásquez, or
ganizó fuerzas militares para haecr fuente a los expedicio
narios que en breve tratarían d'e reconquistar el país.
El historiador Restrepo. refiriéndose a esos prepar
rativos hechos a principios de 1816, dice:
<Fueron acaso los primeros los indios que habitaban
los pueblos de Tame, Macaguanes y Betoves. Acaudillados
por fray Ignacio Marino, de la Orden de Predicadores,
Cura de una de las expresadas parroquias, quien desde el
principio de la revolución había hecho la guerra a los es
pañoles mandando guerrillas y aun partidas considerables
de tropa, comenzaron a hostilizar a los expedicionarios
por cuantos medios estaban a su alcance!.=
Así inició esa resistencia, que luégo debía ser más
fuerte y que debía preocupar a los pacificadores. En 1817
Morillo se propuso destruir esas fuerzas patriotas. El 28
de agosto de ese año, desde Cumaná informa al Ministro
de Guerra de España que en el territorio de Casanare v
de las Misiones del Meta, el Padije Mariñc(, con Nonato
Pérez y los indios de Macaguanes y Betoves. fusilaron a
Julián Báyer, Jefe realista; se apoderaron de Chire, de
P°r^ y de Sámaca. y penetraron hasta la salina de Chita,
donde fueron batidos por la 3.a División enviada por Sá-
ínaI!?. c?n Pe Valecia el 1.® dé noviembre informa
al Ministro que tiene tropas organizadas listas a atacar
EL CORONEL FRAY IGNACIO MARIÑO 537
las gavillas organizadas por Mariño y por Pérez, y luego
el 25 de enero de 1818 le da más detalles sobre £¡1 fusi
lamiento de Báyer y de la mayor parte de la Oficialidad
y tropa que lo acompañaba, ejecutado por las fueírzas
de los mismos patriotas (1).
Con ese sistema de guerrillas fue como se conservó
en los Llanos el fuego de la libertad granadina, pronta a
extinguirse; esas guerrillas fueron la base del ejército que
luego organizó el General Santander para emprender la
campaña de 1819.
En 1818 fue el Padre Mariño miembro suplente del
Congreso que funcionó en los llanos de Venezuela y de
Nueva Granada (2), y el año siguiente, enrolado en las
fuerzas de Bolívar, transmontó los Andes; acompañó a sus
llaneros en las mil vicisitudes de esa legendaria lucha;
auxilió a los soldados que iban quedando exánimes y
muertos en el páramo, y se batió en las acciones de guerra
de Gámeza, Vargas y Boyacá. Ese valor, esa constancia
y ese mérito le valieron el título de miembro d¡e la Orden
de Libertadores de Venezuela y Cundinamarca, que le fue
concedido el 17 de diciembre de 1819.
Después de Boyacá regresó a Sogamoso, v allí ejer
ció el cargo de Prefecto y Jefe Militar123de la Provincia,
en cuyo desempeño se esmeró en obtenr de los eclesiásticos
auxilios para la organización del Gobierno y para la cam
paña del Sur. Remitió a Santandr esos donativos, v < '
Vicepresidente dictó esta Resolución:
<Santafé, diciembre 3 de 1819—Imprímase para sa
tisfacción de los eclesiásticos que han hecho los donativos,
y por conducto del Coronel Padre Mariño, dénseles las
gracias por estas verdaderas pruebas de patriotismo = (3).
Una acción ejemplar hizo entonces este procer: re
cordó que en la batalla de Gámeza los patriotas prisione
ros fueron asesinados por los realistas atados espalda con
espalda en el sitio de La Ramada, y que esos cadáveres
habían quedado tendidos en el valle. El Padre Mariño
ordenó se recogieran los restos; fueron traídos a Sogamo
so, donde el 25 de octubre de ese año se celebraron por sus
almas pomposas exequias, y luego se les dio sepultura.
Todo lo cual—dice el Padre en oficio a Santander—pongo
(1) A. Rodríguez Villa, El Teniente General don Tablo M orillo *
tomo ni, páginas 434, 451 y 499.
(2) Archivo Santander, tomo m, página 113.
(3) Groot. obra citada, capítulo l x x i .
538 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
•en conocimiento de Vuestra Excelencia para su. satisfac
ción y para que todo el mundo vea desmentido el predica
mento en que nos tenían los godos de herejes y sin re
ligión = (1).
El retrato hecho por el señor'Groot del Padre Mari
ño. que hemos transcrito, concluye así:
<El Padre Mariño era tan amigo de las órdenes mo
násticas como de la masonería.=
Hé aquí otro aspecto interesante de la personalidad
de este procer, que no debe sin embargo sorprendernos,
pues bien conocido es el modo como se iniciaron las lo
gias en Bogotá, hacia 1820. A ellas concurrían desde el Vi
cepresidente, los Secretarios, varias autoridades y muchos
particulares, hasta un buen número de sacerdotes y frailes,
entre los cuales se contó el Padre Mariño, quien, según
Groot, también masón entonces, hizo un donativo de
$ 2,000 para su iniciación.
En 1821 publicó este eclesiástico un folleto destinado
a probar que el clero regular tiene los mismos derechos
que el secular para obtener los Curatos de América, por
haber sido los frailes misioneros de los indios desde el
tiempo de la conquista (2).
Desempeñó luégo el Curato de Guateque, y el 25 de
junio de 1825 se rindió a la muerte, en Nemocón, ese re
sistente organismo que encarnó un valiente guerrillero y
que fue alentado por un gran espíritu.
En las galerías de nuestro museo histórico se conser
va un retrato del Coronel Padre Mariño, en que aparece
vestido tal como las admirables plumas de Ortiz v de
Groot lo describen. Su figura es evocadora, en verdad, de
los tiempos heroicos de Colombia: ostenta en su pecho, en.
armonioso conjunto, las insignias militares, ganadas en
los campos de batalla, y las armas de Calatrava, los dos
escudos que en la vida le sirvieron para cumplir una mi
sión muchas veces noble y gloriosa.
Nic o l ás Ga r c ía Sa m u d io
Bogotá, 1916.
(1) Groot, obra citada, tomo m. Apéndice, página 607.
(2) «Defensa | del I Clero regular | en el foro del | Clero secular |
en que | se convence, que los regulares | son tan hábiles como los
clérigos | seculares para obtener los Curatos | en América.—Con li
cencia del Supremo Gobierno.—Bogotá, en la imprenta de Espinosa.
Año de 1821.» Biblioteca Nacional. Salón de obras americanas,
x ii —58.
APOSTILLAS 539
flPOSTIbbflS
Se dice en varias historias que Infante persiguió al
Virrey Sámano hasta Honda, y ello es cierto, pero conviene
poner también en este episodio el nombre de Anzoátegui.
Marcelo Tenorio, en un escrito que poseemos original,
y que publicámos en 1906 en el Boletín de Historia, cuenta
que él fue desterrado en 1819. de Ríonegro, por C. Tolrá,
y agrega:
«Llegué a Honda el 10 de agosto del año 1819, precisa
mente el mismo día en que se embarcaron los realistas des
pavoridos con las sorpresas de las gloriosas batallas de Var
gas y Boyacá. Parece que una feliz casualidad me condujo al
lugar de mi nacimiento a la hora que lo abandonaban los es
pañoles para no volverlo a pisar jamás como amos feroces,
sino copio amigos o hermanos. La retaguardia del Ejército
libertador, a las órdenes del benemérito y malogrado Ge
neral José Anzoátegui, pasó el día 14 el Magdalena, a pre
sencia de un pueblo extasiado de placer y gratitud.»
Y en una nota a este párrafo dice que es leyenda aque
llo de que Infante atravesó a caballo el Magdalena.
«Dicho Jefe—agrega,—entonces Teniente Coronel, fue
de los primeros que pasó este río, acompañado de cinco
guías, en una pequeña barqueta, sin haber mojado con una
sola gota de agua el uniforme de Administrador General de
Correos, de que estaba vertido; yo mismo le di dos caballos
que me pidió en el puerto de El Retiro para seguir al de
Bodegas, con unos pocos hombres montados, en persecución
de una gran partida enemiga. Un Cabo de Guias, llamado
N. Castillo, fue el que hizo lo que se le atribuye a Infante:
arrojóse a caballo desde la orilla de Pesquerías, por frente
del Salto, y en la mitad del río escurrióse por las ancas, y
asiéndose de la cola con una mano y nadando detrás de su
excelente caballo con la otra, llegó felizmente a la orilla,
habiendo rodado muy poco, con asombro de casi todo este
pueblo, que fue su espectador.»
También anotaremos que la persecución no se detuvo
en Honda, sino que fue hasta Nare. De allí se devolvieron
los patriotas al ver que ya no podían aprisionar al Virrey.
La Gaceta de Santafé de Bogotá dice, en su número 2, que
salió el 22 de agosto de 1919:
«El General Anzoátegui persiguió al enemigo hasta
Nare; tomó algunos Oficiales y tropa, que no tuvieron tiem
po de embarcarse.»
Manuscrito al margen de un libro que trata de la
muerte de Infante, siete años después de este acontecimíen-
540 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
to, vimos anotada una coincidencia. Dice que este célebre
procer cambió en la plaza mayor de Bogotá el caballo que
traía de Boyacá por otro, en el cual siguió para Honda, y
que en el mismo punto de la plaza donde hizo el cambio fue
su fusilamiento.
Su jornada al Magdalena fue tan rápida, que en muchos
años quedó como tipo extraordinario el caballo de Infante,
y hasta hace poco se citaban los descendientes del famoso
corcel.
En cuanto a los caballos en que hiciere Infante la per
secución, tenemos estos datos:
En un escrito titulado Caballos nocionales, publicado en-
El Mosaico, en 1864, hay este párrafo:
«Uno de los caballos más beneméritos entre los que vi
ven en la memoria de la posteridad, es el Chamelote. Era
este sujeto rosado, carinegro, de siete cuartas de alto y
buenas prendas. Había nacido el año de 1811, es decir, ya
en suelo republicano, y pertenecía a la raza de Casablanca,
en uno de cuyos potreros pastaba cuando acaeció la memo
rable batalla de Boyacá. El bravo Coronel Infante, negro
de tez y de ilustres hechos, venía al frente de la vanguardia
persiguiendo a los funcionarios españoles; llega a Bogotá;
han marchado; sigue tras eílos, su caballo se cansa, coge de
pasada el Chamelote en los llanos de Casablanca, y sigue a
todo correr. Llega a Guaduas; Sámano va adelante; llega a
Honda.... ya ha pasado el Magdalena. Infante, enfurecido,
espolea su caballo y pasa a nado el gran río; liega al otro
lado, y sabe que Sámano se ha embarcado hace dos horas.
El alcance es por lo tanto imposible. Infante vuelve a pasar
el río en su caballo, y vuelve a seguir camino para la capi
tal, adonde llegó al día siguiente.»
Don José María Espinosa refiere en sus Memorias de
un Abanderado, que el 10 de agosto, hallándose en la capital,
fue a la quinta de La Floresta y consiguió tres buenos caba
llos; reservó uno para el General Maza, y salió en los otros
con su hermano a encontrar al Ejército libertador.
«En seguida—agrega—el Coronel Infante y la Caballería
apureña, en caballos cansados, llegaron y ocuparon las cua
tro esquinas de la plaza. Después se nos acercaron y dijeron:
señores, pie a tierra, que necesitan)3S sus caballos para se
guir a Honda en persecución de los enemigos. Nosapeámos,
entregámos los caballos, ellos los desensillaron y les pusieron
sus fustes llaneros, y montaron. Yo me volví para mi casa
con la galápaga colgada a las espaldas, ya como a las seis de
la tarde.»
Se ve por estas relaciones que el caballo que diérale Es
pinosa a Infante se cansó en Sei^rezuela, y que allí tomó el
famoso Chamelote.
APOSTILLAS 541
Dijimos por ahí en un articulejo que Sámano se halla
ba dormido cuando le llegó la noticia, a la una de la maña
na. del triunfo de Bolívar en Boyacá. Nos fundámos para
ello en la carta de uno de los emigrados, el señor García
Jove, escrita en Cartagena el 30 de agosto, quien dice:
<A la una de la madrugada del día 9, de este mes, lle
garon a Santafé a la vista del Virrey dos Oficiales fugitivos
de la acción’; y por haber visto este mismo dato por ahí en
otro u otros escritos. Pero otras fuentes nos mueven a rec
tificar aquello.
La llegada de los fugitivos fue entre las ocho y las nue
ve de la noche, y Sámano jugaba chaquete en esa hora con
el Oidor Chica.
Sámano, en la carta que escribió de Nare, el 13 de
agosto, dice:
«En la noche del 8 del corriente, entre las ocho y nueve
de ella, se me presentaron en Santafé el Ayudante del Co
mandante General de la tercera División, don Manuel Mar
tínez de Aparicio, y el Comisario de la misma, don Juan
Barrera, con la noticia verbal inesperada de que el enemigo
había derrotado enteramente nuestra División.»
También otro emigrado, el señor Danglade, en carta
de Cartagena, fecha 2 de septiembre, dice:
«El día 8, de las siete a las ocho de la noche, dicen que
llegó a Su Excelencia el primer aviso de la derrota de nues
tra tropa.»
Y el doctor Guerra Azuola, en su artículo Valor c ív ic o ,
al detalle de la hora agrega el del juego.
«Como a las nueve de la noche— dice—del 8 de agosto,
dos jinetes entraron a la ciudad por el lado del Norte....
«Sámano estaba en esos momentos jugando al chaquete
con uno de los Oidores de la Real Audiencia, a quien dis
tinguía con su amistad.»
Que era su compañero el Oidor Chica, se sabe por tra
dición. pues él era de Cuenca, y allá fue a pasar sus últimos
días, y refería que en aquella noche se entretenía él jugan
do con el Virrey, cuando llegó la pavorosa noticia. De labios
de quienes escucharon a Chica este relato, lo recogió allá el
ilustrado señor Muñoz Vernaza, actual Ministro del Ecua
dor en Bogotá, quitn nos lo ha referido.
Chica huyó con el Virrey, y por eso no firmó con sus
colegas, que partieron más tarde, aquella acta, escrita al
amanecer, y que publicó el citado doctor Guerra.
Hay otro episodio de aquella noche, que no es conocido,
y del cual existe un curioso documento.
542 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES
De la Casa de Moneda se sacaron a media noche algu
nos fondos para los gastos del viaje. En un libro del archivo
de ella hay este asiento:
<En nueve de agosto de 1819 le abonó al señor Tesore
ro la cantidad de dos mil seiscientos pesos en doblones, que
en virtud de orden verbal del Excelentísimo señor Virrey,
comunicada al señor Superintendente, don José Enríquez
de Guzmán, a la una de la mañana, por conducto del señor
Teniente Coronel don Donato Ruiz de Santacruz. entregó,
previo libramiento a los señores Oficiales Reales de esta ca
pital, don José Cabeza y don José Brilli, con más cinco pie
zas de oro que su peso se anotará al margen, para conducir
entre los caudales del Rey que marchan al momento en
emigración.»
El señor Danglade, citado arriba, menciona también un
incidente de Sámano con el Oidor Anselmo Bierna. Dice
en su carta lo siguiente:
«Este señor hizo presente a Su Excelencia con la anti
cipación correspondiente, de oficio, que siendo tan dudosa
la existencia del Gobierno en la capital, le parecía prudente
mandase a Honda los Tribunales Superiores con sus archi
vos y los caudales existentes. Su Excelencia lo tomó tan a
mal, que se asegura tuvo puesta la orden para mandarlo a
él a Bocachica.»
En una carta del Secretario de Sámano. Lapavrós, fe
chada el 18 de julio de 1819, hallamos otros detalles de este
asunto. Habla de que se teme algo en la capital contra el
Virrey, y agrega:
<E1 Asesor ha sido el primero que ha dado los pasos
aconsejando juntas y dando ideas para entorpecer las me
didas que se han tomado para el sosteniento de las tropas.
A vista de un papel tan infame, como el que presentó a Su
Excelencia, se dictó una fuerte providencia para suspen
derlo y mandarlo preso a Santa Marta, pero una mano
oculta derribó esta providencia, y no se hizo nada.»
La Gaceta de Santajé de Bogotá, que publicó esta carta
en su número del 29 de agosto, pone al pie de la frase una
mano oculta, esta nota:
«Esta fue la del Padre Francisco González, que era uno
de los del Consejo Privado de Sámano.»
E. P.
ACUERDO DE bA ACADEÍDIA
La Academia Nacional de Historia cumple con el de*
ber de justicia de presentar expresión de reconocimiento a
la señora doña Emilia Valenzuela de Ramos Urdaneta, por
NOTAS OFICIALES 543
haber presidido con verdadero entusiasmo patriótico la par
ticipación de las señoras en la procesión cívica del día 10 de
agosto último, en honor del General Santander.
El hermoso resultado de esta fiesta y la forma de alta
distinción y de elegancia que privó en ella se debió en espe
cial a nuestras damas, que supieron contribuir a la gloria
de los proceres.
La Academia se toma la libertad de dar encargo a la
señora Valenzuela de Ramos Urdaneta para presentar
testimonio de agradecimiento a las señoras, señoritas y ca
balleros que tomaron parteen la procesión, y se compla
ce en reconocer nuevamente la generosa voluntad de todas
las personas que atendieron el llamamiento desinteresado
déla corporación, contribuyendo al esplendor de aquella
festividad, que se recordará como manifestación culta y
delicada del sentimiento popular de gratitud hacia los li
bertadores de Colombia.
n OCflS 0FICIflhE5
Estados Unidos de Venezuela—Academia Nacional de la His
toria— Caracas, 10 de julio de iq iq .
Señor Presidente de la Academia de Historia de Colombia—Bogotá.
Distinguido señor :
Aviso a usted el recibo de su atenta comunicación, fe
chada el 18 de mayo del presente año, en que participa que
la honorable Academia que usted tan dignamente preside,
acordó designar a los señores doctor Rafael Villavicencio,
doctor Felipe Tejera, doctor Pedro M. Arcaya y Manuel
Segundo Sánchez, para que la representen en la sesión so
lemne que celebrará este Cuerpo el 7 de agosto próximo,
centenario de la batalla de Boyacá; y me es grato decir a
usted que los designados aceptan gustosamente el honorífi
co cargo y dan por ello a usted y a sus honorables colegas
muy expresivas gracias.
Soy de usted, con toda consideración, atento y seguro
servidor,
El Director, Fe l ipe Te j e r a
República de Colombia—Telegrama número 1184—San Ma
leo, 9; Cúcuta, 12 julio de 1Q19.
Señor doctor Pedro María Ibáñez—Secretario Academia—Bogotá.
Desde campo inmortal de Ricaurte, saludo al amigo
con agrado al enaltecer las glorias colombianas.
Pé r ez So t o
544 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Bogotá, julio 17 de 1919
Señor Secretario de la Academia Nacional de Historia—En su casa.
En contestación a su muy atento oficio de 25 de los co
rrientes, tengo el gusto de manifestar a usted que acepto
el encargo que me hace la Academia Nacional de Historia,
para que lleve la palabra en la sesión solemne del 10 de
agosto, en elogio del historiador Restrepo.
Dígnese usted significar a los miembros de esa honora-
ble corporación mi profundo agradecimiento por la honra
que me discierne y a la que trataré de corresponder a la
medida de mis fuerzas.
De usted muy atento, seguro servidor y compatriota,
Ed u a r do Zu l e t a
/ Bogotá, agosto 6 de 1919
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia—Presente.
A nombre de la Sociedad de Embellecimiento me per
mito poner en conocimiento de usted que esta corporación,
en sesión de anoche, acordó le fuera manifestado a esa ¡lus
tre entidad que el lugar de cita para que los miembros de
la Academia de Historia y de la Sociedad de Embellecimien
to se reúnan a asistir, en corporación, ala Quinta de Bolí
var el día 7 de agosto a hacer su solemne inauguración, es
en el salón de la Alcaldía, a las tres de la tarde. Por su dig
no conducto agradecería poner en conocimiento de todos
los miembros de la Academia lo acordado.
Aprovecho esta oportunidad para hacer conocer de us
ted y de los miembros de esa corporación la siguiente pro
posición que por unanimidad de votos se aprobó anoche :
« Nómbrese una Comisión que adquiera una placa de
mármol y la mande colocar en el sitio más conveniente de
la puerta de entrada a la Quinta de Bolívar, la que debe
quedar colocada en la fiesta que la Sociedad de Embelleci
miento y la Academia Nacional de Historia celebrarán el día
7 de agosto en dicho lugar.
< Dicha inscripción dirá: <Por iniciativa de la Socie
dad de Embellecimiento y con la colaboración de la Aca
demia Nacional de Historia, se adquirió esta Quinta para
la Patria.=»
Tengo el honor de suscribirme de usted atento y segu
ro servidor,
Jorge Obando, Secretario.
TOMÁS MANBY 545
T0MH5 MHNBV
Nació en Londres este benemérito servidor de la Inde
pendencia de Colombia, de familia rica y honorable, el año
de 1794. Militó en el Ejército ingtés desde 1813, con los gra
dos de Teniente y de Capitán, y en 1815 entró a París bajo
las banderas que en Waterloo vieron caer el poderío de Na
poleón. En Bélgica acompañó durante toda la campaña al
General Kemp, subalterno del Duque de Wellington.
A mediados de 1818 se enganchó con el grado de Capi
tán en una délas expediciones contratadas por don Luis
López Méndez, Comisionado de Venezuela en Inglaterra,
quien siguiendo instrucciones de Bolívar, formaba tropas y
vestuarios para traer en auxilio de los patriotas de América.
A bordo de la corbeta Tartar llegó Manby con 150 compa
ñeros, entre ingleses y alemanes, a la ciudad de Angostura.
Fue allí de los organizadores de la Legión Británica, y le
cupo en suerte formar parte de los cuerpos de ejército que
tras mil penalidades y fatigas en los llanos del Apure, die
ron las formidables cargas de Gámeza, Bonza, Pantano de
Vargas y Boyacá.
El 10 de agosto de 1819 acompañó a Bolívar en su en
trada triunfal a Bogotá, y pocos días después marchó con
el Libertador a Venezuela, para coronar la campaña con la
victoria de Carabobo. Estuvo con Sucre en Pichincha, como
primer Ayudante General de Estado Mayor.
Fue Comandante del Batallón Depósito de Tunja en
1823; Comandante de armas de las Provincias de Imbabura
y Chimborazo, y Jefe Militar de Guayaquil, cargo que prin
cipió a desempeñar el 22 de abril de 1829, bajo las órdenes
del Comandante en Jefe Juan José Flores.
En Julio de 1840 era Jefe ¡Militar de la Provincia de
Tunja, y de sus procederes en ese puesto dice en un certi
ficado el Gobernador Francisco José de Hoyos: «La conduc
ta moral y política del señor Manby es la de un caballero
inglés.» (20 de agosto de 1841).
Hasta el 26 de mayo de 1841 desempeñó la Jefatura Mi
litar de Neiva, en que por enfermedad tuvo que dejar el
puesto al Coronel Posada Gutiérrez, retirándose a Pam
plona.
El 30 de septiembre de 1823 el General Santander, se
gún el artículo 184 de la Constitución, le expidió carta de
naturaleza como colombiano, por sus servicios a la Repúbli
ca desde el año de 1818. Y el Libertador apreciaba así los
méritos de Manby:
xn—35
546 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
«Bogotá, 24 de noviembre de 1826
Excelentísimo señor General Santacruz, Presidente del Consejo de
Gobierno en Lima.
«Mi querido General:
«El Teniente Coronel Manby me ha expresado los de
seos que tiene de pasar al Perú a servir allí. Yo conozco mu
cho a este Oficial; es excelente, muy valiente, muy honrado,
y lo recomiendo a usted para que si lo cree necesario y útil,
lo emplee.
«Soy de usted, mi querido General, afectísimo amigo,
«S. Bo l ív a r *
A. su regreso del Ecuador contrajo matrimonio, el en
tonces Coronel Manby, con una de las hijas del benemérito
General de la Independencia, Pedro Fortoul. En 1819, en
la emigración de los valles de Cúcuta, se relacionáronlos
novios:
«En las sabanas desiertas del Apure conoció a la que
más tarde fue su esposa, la señora María Josefa Fortoul,
hija del General Pedro Fortoul y de la patriota señora Ma
nuela García. La familia del General Fortoul había sido
enrolada en la angustiosa y durísima emigración que de los
valles de Cúcuta se dirigió a los llanos de Casanare y del
Apure. Tan acerba y desolante fue la situación en que lle
garon a verse los emigrados, que la hermana menor de la
señora de Manby murió de hambre, y el resto de la familia
sólo pudo salvarse alimentándose con carne de caballo.»
El Coronel Manby fue ascendido a General en la fecha
que da el siguiente documento :
«Despacho de Guerra y Marina—Bogotá,, Septiembre j de
1880.
<....................teniendo en cuenta los informes rendidos
en este negociado, de los cuales resulta que el señor Coro
nel Tomás Manby, si no tiene derecho al empleo de Gene
ral efectivo de Brigada, por virtud de lo dispuesto en el De
creto ejecutivo de 4 de marzo último, número 152, sí es uno
de los lidiadores más distinguidos en la guerra de la Inde
pendencia, se resuelve: Expídase decreto confiriendo el em
pleo de General efectivo de Brigada del Ejército de la Re
pública al señor Tomás Manby, dando cuenta de él al Se
nado de Plenipotenciarios en sus próximas sesiones y co
muniqúese.
<E1 Secretario, El ís e o Pa y á n »
TOMÁS MANBY 547
Cinco meses más tarde, el 11 de febrero de 1881, mu
rió en Bogotá el General Manby. El Poder Ejecutivo, pre
sidido por el doctor Núñez, dictó decreto de honores a la
memoria del ultimo Jefe sobreviviente de la gloriosa Legión
Británica., y la Cámara de Representantes y el Senado de
Plenipotenciarios lamentaron en hermosas proposiciones de
duelo el fallecimiento del General Manby, uno délos miem
bros más distinguidos en el gran Ejército Libertador.
El General Manby estaba condecorado con las estrellas
de Libertadores de Venezuela y de Cundinamarca, con la
cruz de Boyacá y con la medalla de Pichincha.
Antes de terminar este boceto biográfico creemos in
teresante copiar algunos párrafos de cartas dirigidas al Ge
neral Manby por su compañero de campañas, el Coronel
Juan Galindo. Manby sostuvo correspondencia constante
con la mayor parte de los Jefes de la Legión Británica, tales
como Illingrooth, el Comandante de la Rosa de los Andes;
Miller Hallowes, Jefe del heroico Batallón Riñes, y Carlos
Wright, de cuyo valor’en Bomboná se dejó constancia en los
partes oficiales.
El 18 de octubre de 1836 escribía Galindo desde Kings
ton :
«Me encontré con el General Devereux en el Jardín de
Horticultura, cerca de Londres, pocas semanas antes de mi
partida; me parece más joven que antes. La señora Hender-
son y su familia continúan en su residencia de Bolonia, y
Fanny se casará dentro de poco tiempo con el abogado Prit-
chart, de Londres. Javier Medina es Secretario de Iturbi-
de, quien desempeña la Legación de Méjico en La Gran
Bretaña.»
¡Cuántos recuerdos encierran los párrafos transcritos!
El virtuosísimo General Devereux, como lo llamaba Bolívar,
Jefe de la Legión Irlandesa, habría de quedar ciego en
breve; Fanny, la hija del Cónsul Henderson, es la misma
que en 1829, con la dulzura de sus ojos azules, hizo enloque
cer de amor al General José María Córdoba; y Medina, el
Secretario del hermano del Emperador de Méjico, no es
otroque el Padre franciscano del convento de'Bogotá,
Francisco Javier Medina, quien desenfrailó y llevo en Eu
ropa vida andariega y algún tanto mundana.
El 1° de junio de 1837 volvía a escribir Galindo, de San
José de Costa Rica:
«El Coronel Johnson, del Batallón Albión, murió hace
algunas semanas en Bocas del Toro, y el Coronel Jackson
548 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
murió hace ya varios años en el puerto de Moin o Salí Creek,
de este Estado.»
Luís Au g u s t o Cu e r v o (1)
flnZOflCEGUI
(Capítulo de un libro inédito).
Nítida y hermosa en sus toscos trazos de boceto de
obra maestra, la figura de José Antonio Anzoátegui se des
taca bizarramente sobre el fondo aborrascado de la revolu
ción libertadora.
Hijo de Venezuela, recibió con la vida un hálito de
grandeza tragédica.
Y fue tipo perfecto del soldado de las montoneras he
roicas. El alma llena de coraje y audacia. La voluntad in
trépida, indomable, hecha para triunfar. Marcial el ademán
y la apostura; marcial la mirada aquilina; marcial, como
los clarines legendarios, el timbre de la voz.
Sobre sus espaldas de cíclope, el sol de las pampas y la
escarcha de los ventisqueros se quebraron lo mismo. Nada
logró domeñarlo. Nada logró turbar la magnífica serenidad
de su frente.
Sonreído como un semidiós, y como un semidiós ágil y
fiero, en las acometidas supremas sólo la-greñuda cabeza de
su caballo avanzó más que él.
Por eso, y porque un sacro fuego redentor le intimaba,
la bandera de la República tuTO para los hijos del desierto
en la moharra de su lanza prestigiosos reflejos de fascina
ción.
Fue ejemplar selecto de su patria, la tierra de Améri
ca donde seguramente sopló más fuerte el viento creador
del primer día bíblico, porq ue con más vigor quedó preñada
para producir héroes y genios. Ejemplar selecto de su raza
libre, recia y tenaz : la raza de Bolívar : la raza vasca: los
gigantes déla Montaña, que dijo Michelet.
Su envergadura de guerrero se mide sin desdoro con
las de Piares, Páez y Urdanetas, frente a los Monteverdes,
(1) Bib l io g r a f ía ; Hoja de servicios; Diario Oficial números
4944 y 4946, de febrero de 1881; Diario de Cundinamarca número
2839; El Zipa número27; Necrología, por J. C. R.; Vergara y Scar-
petta, Diccionario Biográfico; Angel M. Galán, La Legión Británicá.
Los documentos que se copian los debemos a la bondad del doctor
Francisco de P. Borda, quien los conserva originales entre sus pa
peles de familia.
ANZOÁTEGUI 549
Boves y Morillos. Pero desinteresado y austero hasta el es
toicismo, nunca pretendió ni quiso aceptar preeminencias.
Servía a la patria por vocación irresistible, con fervor fa
nático. Pensaba lo que un insigne escritor de Francia ha
fijado luego en forma lapidaria : la abnegación y el sacrifi
cio son como las grandes creaciones del arte : tienen su ob
jeto en sí mismos.
Hubo días sin sol para Venezuela, en que los caudillos
de la Independencia se revolvieron enloquecidos en vórtice
de acres ambiciones, de rivalidades insidiosas, de persecu
ciones e ingratitudes, de aterradora anarquía. Anzoátegui
sorteó el maretazo gallardamente, virilmente. Tuvo la vir
tud heroica de la obediencia, déla disciplina, el concepto
claro y oportuno de la hora que pasaba, el ánimo resuelto
y entero de cumplir su obligación.
Saber obedecer es tan difícil y de tan trascendental
importancia como saber mandar. Saber obedecer arguye
en ocasiones mayor firmeza varonil que afrontar los peligros
bravamente. La consciencia tranquila del deber y la deci
sión de cumplirlo a toda costa, son la parte más noble y más
bella del valor : es allí donde reside en verdad la realeza del
heroísmo humano, su superioridad sobre el impulso ciego e
impetuoso de los brutos.
Anzoátegui, que sabía mandar e imponerse, supo tam
bién y prefirió obedecer. De él pudo decir el Libertador
lo que Napoleón del Coronel Saint-Croix : «Desde que soy
militar no he conocido un Oficial que comprenda mejor las
órdenes que se le dan y las haga ejecutar con más inteli
gencia y energía.» Por varios aspectos ofrece semejanza
con Lannes y con Dasaix.
Es la vanidad jaramago fatal de las almas. Ser discreto
y humilde, ¡cuán raro y qué hermoso! Anzoátegui lo fue en
grado sumo. Si la recompensa y los honores llegaron algu
na vez hasta él, tuvieron que esforzarse para hallarlo dentro
de la penumbra en que amaba recatar la fulgente claridad
de su gloria.
Hizo todas las trágicas etapas cardinales de la epopeya.
Las llanuras venezolanas cruzadas fueron cien veces por el
ímpetu de sus cargas. Cien veces la derrota le cerró el cam
po. ,Cien veces la victoria le ciñó con oro simbólico las sie
nes adolescentes.
Por cima de los Andes, en vuelo de águilas, vino a sellar
en Boyacá la libertad dé Colombia. Manos ilustres de mu
jer lo consagraron varón de gesta. Y en pleno apogeo de
grandeza—cuando todo se esperaba de la grávida plenitud
de su sér,—como astro que pierde la ruta, súbitamente se
hundió en los pavorosos abismos de la muerte.
550 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Nació José Antonio Anzoátegui en la ciudad de Nueva
Barcelona—o Barcelona americana, como rezan las actas de
independencia, o Barcelona colombiana, como el mismo An
zoátegui solió llamarla—el día 14 de noviembre de 1789 (1).
Su padre, don José Anzoátegui, era un rico y distingui
do caballero español que ocupaba con justicia la más alta po
sición en Barcelona. Procedía de las Provincias vascongadas,
donde la limpieza de su apellido y el rango de su casa eran
de pública notoriedad (2). En Nueva Barcelona contrajo
matrimonio con doña Juana Petronila Hernández, miembro
de una familia que tiene tan puros títulos en los registros
nobiliarios de la Colonia, como en los anales de la Repú
blica.
Del matrimonio Anzoátegui-Hernández nacieron seis
hijos: Pedro María, Joaquín, José Antonio, Agustín, Juan
José y Dolores.
Los dos primeros murieron ya hombres en 15 y 18 de
agosto de 1802.
Agustín fue Oficial de milicias en 1810 ; como Capitán
hizo la campaña de 1814, y mereció mención especial en la
desesperada lucha de Aragua; salvado por milagro en los
días caliginosos de la Reconquista, formó en las filas repu
blicanas hasta el último de la Guerra Magna, alcanzando con
sobra de merecimientos las estrellas de Coronel.
Juan José hizo también con honra la carrera militar.
En 1826 figura entre los Oficiales amigos de Páez que se
«pusieron en Caracas a los procedimientos del Coronel Fe
lipe Macero. Se casó en Valencia y dejó allí respetable fa
milia.
«Los Anzoátegui nacieron en la calle del Socorro (hoy
calle de Anzoátegui), en la casa que había en el solar situa
do entre las de las viudas Carvajal y Alcova. José Antonio
Anzoátegui era pues arróyelo, circunstancia que contribuyó
mucho en la influencia que debía ejercer después en las ma
sas populares de esta ciudad. Barcelona estaba dividida en
cuatro barrios: Palotal, Arroyo, San Cristóbal y Barceloneta
{hoy Portugal). El primero era marino y pescador, y un
barrio rico; el segundo era numeroso de agricultores y co
merciantes. Estos dos barrios eran rivales, y con frecuen
cia venían a las manos, armados con piedras y palos; en es
tas contiendas casi siempre triunfaban los paloteros. Los
Anzoátegui, siendo niños, ocupaban las filas arroyeras, como
(1) Tenemos a la vista la partida auténtica.
(2) Anzoátegui o Aunzátegui en el viejo idioma vasco, significa
lugar de las cabras. (Arístides Rojas, El elemento vasco en la histo
ria de Venezuela, 37).
ANZOÁTEGUI 551
soldados, hasta que llegó la época de proclamar Jefe a José
Antonio; y tuvo tan brillante estreno, que los derrotados
paloteros fueron perseguidos hasta los aposentos de sus ca
sas; hízose pues jefe de los arroyeros: éstos fueron patrio
tas, y godos los paloteros. Arroyeros formaron la mayor
parte de los Batallones Barcelona, que fueron a Sorondo
(Orinoco), a las Puertas, Aragua, Urica, dos veces a Matu-
rín, al Juncal, Caracas, los Barrancones y Barcelona. De
los restos de la Casa Fuerte formó el Libertador en el Cha
parro el Batallón Barcelona., que hizo la campaña de 1818
(Boyacá), y también la guarnición de Bogotá por mucho
tiempo (testimonio del General Santander)» (1).
La instrucción literaria que recibió José Antonio An
zoátegui fue, como era casi de rigor en esos tiempos, harto
rudimentaria. En cambio tuvo la fortuna de adquirir vas
tos conocimientos en táctica militar, fortificación, ejercicio
de armas, organización y disciplina de milicias, en la Aca
demia Militar que regentaba el Coronel español don Sebas
tián de Bleza, que formó en Barcelona para la Independen
cia un lucidísimo grupo de Oficiales.
Aseméjase en esto el héroe venezolano a nuestro gran
Córdoba, que apenas sí aprendió en los primeros años a
leer, escribir y contar, pero que fue luégo alumno distin
guido de la Escuela de Ingeniería Militar que regentó en
Medellín Francisco José de Caldas.
Las cartas y demás producciones de Anzoátegui que
han llegado hasta nosotros, ostentan una ortografía, una
gramática, verdaderamente deplorables (2). El General
O’Leary le atribuye además carácter fuerte y toscos moda
les (3). Pero—como ya lo observó magistralmente un es
critor colombiano prfra responder a un villano golpe de bur
do garrote asestado a la lápida romana de la gloria de Cór
doba por un diserto escritor de Venezuela—<si por servir
nos y hacernos libres abandonó sus estudios temprano, qui
zá no somos los aprovechados de sus hazañas los que debe
mos quejarnos de que sus maneras no fueran las del Prín-
(1) Miguel J. Romero, La primera patria en Barcelona, 52. De
bemos el conocimiento de esta curiosísima colección de recuerdos per
sonales, que nos ha sido de grande utilidad, a fineza del doctor Ma
nuel Segundo Sánchez, eminente historiador y bibliógrafo venezola
no, quien nos dice en carta reciente:
«Le ofrezco gustoso ese opúsculo, que es muy raro, a quien se
afana por vulgarizar brillantemente la memoria ilustre de grandes
hombres de mi país.»
(2) Siguiendo concepto de la Real Academia Española y de nues
tra Academia de Historia, al citar tales documentos emplearemos
la ortografía correcta.
(3) Memorias (Narración', i, 555.
552 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
cipe de Talleyrand o las de Lord Chesterfield, y su estilo
epistolar el de Madame de Sevigné o el de Próspero Me-
rimée.... Lo confesamos : ¡él no sabía de paso de contradan
za, sino de -paso de vencedores(1).
Desde niño, afortunado sagitario, Anzoátegui había ren
dido a sus saetas amorosas el corazón de Teresa Arguinde—
gui, buena y bella <más que no el rayo del sol» en el viejo
romance castellano. Y en 1811, uniformado con vistosos
arreos de Capitán de los Ejércitos republicanos, lleno de
entusiasmo y de fe como sólo está el hombre una vez en la
vida, fue con ella a los altares a santificar por el voto solem
ne los sueños infantiles.
Era doña Teresa hija del español don Pedro José Ar-
guindegui Irisarri, Capitán de caballería, y de doña Nico-
lasa Graciosa de Arrioja Romero Lobatón. El Capitán Ar-
guindegui y su esposa permanecieron severamente fieles a
la bandera del Rey. Sin embargo, todos sus hijos—Pedro
José, Juan José. José María, Juan de Dios, Fermín Santia
go y José Venancio—murieron en servicio de la causa eman
cipadora, y también sus hijas—Calixta, Dolores, Teresa,
Soledad y Juana Patrona—la sirvieron con abnegación in
contrastable. Es ésta una de aquellas familias mártires—en
que Barcelona fue pródiga—cuyo solo recuerdo sería alto
y claro blasón de gloria para un pueblo.
Dos de ellos perecieron en la hecatombe horrorosa de
la Casa Fuerte. Otro fue asesinado por las hordas de Mo
rales. Dos más desaparecen por modo trágico. José María,
el más notable, nacido en 1793, sienta plaza el primer día de
la revolución; se bate siempre como un héroe y riega va
rias veces la tierra con su sangre ; comanda desde 1819 el
Batallón Anzoátegui; siega junto a Páez lauros inmortales
en Carabobo, y con él asalta la fortaleza de Puerto Cabello
en 1823, arrojándose sudoroso y jadeante al manglar y
avanzando con el agua hasta el cuello : rapto de bravura in
comparable que cierra dignamente la homérica pugna por
la independencia en Venezuela, y es timbre de la historia,
pero que pronto abismará a su autor en los más atroces do
lores y en la muerte. Nada podrán los mejores médicos de
Europa y los Estados Unidos. Sobre los hombros del Coro
nel Arguindegui el Rey de los Espantos ha colgado su clá
mide fatídica.
Dos hijas nacieron del matrimonio Anzoátegui-Arguin-
degui: Calixta’y Juana.
Cuando al cumplir treinta años de edad, después de
haber hecho veinte campañas y asistido a once batallas,
(1) L. García Ortiz, Fragmento de una memoria sobre la contii»
bución de Antioquia a la Independencia nacional.
ANZOÁTEGUI 553
cinco sitios y veintiún combates, acciones de las cuales ganó
veinticuatro, perdió cinco y ocho quedaron indecisas; des
pués de haber obtenido—caso excepcional—doce precia
das veneras de honor y haber alcanzado las más altas jerar
quías militares, fue el General Anzoátegui fulminado por
enfermedad desconocida en Pamplona el 15 de noviembre
de 1819, la Generala viuda mandó al Libertador como ob
sequio un rico tahalí que había pertenecido al esparciata y
que Bolívar agradeció en la siguiente carta :
«San Cristóbal, mayo 3 de 1820
«A la señora Teresa de Anzoátegui—Angostura.
«Muy estimada señora mía :
«He recibido, con el mayor aprecio, la prenda inesti
mable que usted me envía, perteneciente antes a su digní
simo Anzoátegui; tendré en tánta estima esta expresión
del cariño de usted, que la conservaré siempre intacta para
que no se use, porque los objetos que se desea conservar
como memoria, deben guardarse de modo que no se dismi
nuya su duración, sino que se aumente si es posible.
«Para perpetuar, no la mermoria ni el nombre del Ge
neral Anzoátegui, pues él durará mientras dure el recuer
do de Boyacá, sino para perpetuar el aprecio, tan merecido
y eminente, que el Gobierno hace de sus cenizas, he consa
grado su nombre al Batallón primero de la segunda Briga
da de la Guardia, compuesto de todo el Ejército de Orien
te y mandado por su hermano de usted.
«Si este tributo de justicia y de gratitud es agradable
a la desolada viuda, yo me congratulo por haber encontrado
un medio acertado de hacerle derramar lágrimas menos
amargas.
«Téngala bondad de hacer mil cariños de mi parte a
la linda y espiritual Calixtita. Dígale usted siempre que
ella es la imagen de su padre, para que siempre siga la mis
ma senda que él siguió, la senda del honor. $
«Acepte usted, con el más profundo sentimiento de
amistad, el afecto con que soy su atento, seguro y obediente
servidor,
«Bo l ív a r »
Una de las hijas de Anzoátegui—la linda y espiritual
Calixtita, imagen de su padre—casó con el doctor N. Vaa-
monde. Y la viuda del procer—¡dolor., no eres eterno!—con
solada al cabo, se aventuró a las segundas nupcias.. ..
Fa b io Lo z a n o y Lo z a n o
554 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
GEDEflbOGIfl DEL GEDERflh SflílTRODER
Procedió este ilustre procer de una familia hidalga, y
por tal circunstancia logró vestir la aristocrática beca del
Colegio de San Bartolomé, para lo cual hubo de exhibir in
formaciones de legitimidad y limpieza de sangre.
Ninguno de los biógrafos de nuestro héroe da noticias
acerca de sus antiguos ascendientes, y los que más, limitan*
se a decir de qué padres era hijo. Trasegando amarillentos
papeles, hemos llegado a reunir varios datos sobre el aludi
do asunto, que nos atrevemos a publicar, persuadidos de
que, por referirse a una figura de talla nacional, puedan
encerrar cierto interés histórico.
El apellido viene sin duda del nombre de aquella en
cantadora región de España, situada a orillas del mar Can
tábrico, inmortalizada al correr del tiempo por los brocha
zos del nunca bien ponderado escritor que se llamó don
José María de Pereda.
El personaje más remoto que llevara ese apellido en
América, de quien poseemos informes, es don Luis Ignacio
Santander. Debió principiar a vivir en la segunda mitad
del siglo x v ii , y con algunos fundamentos lo tenemos por
vecino de la villa de San Cristóbal. Fue padre de don Mar
cos Santander, esposo de doña. María Jacinta de Moneada
(hija de don José Jover de Moneada), matrimonio del cual
nació don José Joaquín Santander, que casó con doña María
Francisca Colmenares (hija de don Salvador Colmenares y
de doña Nicolasa Omaña, y nieta de don Pedro Colmena
res), padres de don Juan Agustín Santander, que vio la luz
en la villa del Rosario de Cúcuta, hacia 1750. En virtud de
nombramiento firmado por el Virrey Ezpeleta en 1790,
desempeñó por varios años el puesto de Gobernador de San
Faustino de los Ríos. Contrajo primeras nupcias con doña
Paula Vargas, y tuvo de ella un hijo, don José Eugenio,
cuya suerte ignoramos. Pasó a segundo matrimonio en
1788 con dótia Manuela de Omaña, su parienta cercana, y
de este,enlace vino al mundo en la expresada villa, el día 2 de
abril de 1792, un niño que, bautizado el 13 del propio mes
con el nombre de Francisco de Paula, había de ser conoci
do por las generaciones con el título de Hombre de las
Leyes.
Tuvo el General Santander una hermana carnal, doña
Josefa, que se unió por el sagrado vínculo con el Coronel
José María Briceño.
Veamos a grandes rasgos la ascendencia materna del
General Santander:
GENEALOGÍA DEL GENERAL SANTANDER 555
Don Antonio de Omaña Ribadeneira, caballero noto
rio, natural de Castropol en Asturias de Oviedo, fue padre
de don Juan de Omaña Ribadeneira. que tuvo por hijo a
don Diego de Omaña, y éste a don Juan Antonio de Oma
ña, quien casó con doña Juana Lucía Rodríguez (hija de
don Nicolás Rodríguez y de doña Salvadora Sánchez Oso-
rio) ; fueron vecinos de la villa del Rosario de Cúcuta y
padres de doña Manuela de Omaña y del doctor don Nicolás
Mauricio de Omaña, éste, Cura de la Catedral de Santafé,
servidor de la Independencia, fallecido en el destierro que
le impusieron los pacificadores, y aquélla, esposa del citado
don Juan Agustín Santander.
Para completar estos cansados apuntes, parécenos
oportuno decir algo respecto de doña Sixta Pontón, con
cuya mano unió la suya con perpetuo e indisoluble lazo
el General Santander, siendo Presidente de la Nueva Gra
nada. La ceremonia se celebró en el pueblo de Soacha el 15
de febrero de 1836, ante el Ilustrísimo señor don Juan déla
Cruz Gómez Plata. Doña Sixta, natural de la Provincia de
Antioquia, fue dama distinguida, virtuosa, inteligente.
Gran matrona en toda la extensión del vocablo. Dedicó
muchos años de su viudez a la instrucción de la juventud, di
rigiendo un colegio de señoritas que alcanzó merecido re
nombre. Falleció en Bogotá el 28 de julio de 1861. Era
doña Sixta por su padre, don Mariano Pontón, de familia
cundinamarquesa sabanera, y por su madre, doña Francis
ca Piedrahita, de origen antioqueño.
Don Mariano se trasladó a la tierra de Robledo y ejer
ció en Medellín el cargo de Administrador de Correos en
1795. Hijo legítimo de don José Antonio Pontón y de doña
Isabel de Vargas Matajudíos, vecinos de Nemocón. Por la
primera línea descendía de don Martín Carlos Sáenz del
Pontón, sujeto de abolengos. Escribano de la Real Audien
cia de Santafé. Doña Isabel de Vargas era hija de Juan
Manuel de Vargas Matajudíos y de María Chaves, hija
ésta de Roque Chaves y de Antonia Romero, y nieta de
Domingo de Chaves y María de Amaya.
La mencionada doña Francisca Piedrahita, antes de
contraer matrimonio con el señor Pontón, había sido casa*
da con don Pablo de Villa, de quienes nació doña Teresa
Villa, hermosísima y llena de atractivos morales, esposa,
primero del realista Coronel don Juan Tolrá y luégo del
Coronel patriota don José Manuel Montoya, cantada a su
muerte por don Andrés María Marroquín en un famoso
soneto.
Era doña Francisca hija legítima de don Antonio Pie
drahita y de doña Josefa Mariaca; nieta de don Ignacio
556 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES
Piedrahita y dona Gertrudis Alvarez/ y del español don
José Mariaca y doña Josefa Gutiérrez de Lara; bisnieVi de
don José Piedrahita Cobo de Figueroa, payanés, y de doña
Francisca Velásquez de Obando, de don Mateo Alvarez del
Pino y doña Andrea Angel de la Guerra, de don Mateo
Ortiz de Mariaca y doña Catalina Serralta y Salcedo, y de
don Pablo Gutiérrez de Lara y doña Jacinta de la Sierra,
como consta largamente en el libro Genealogías de las fa
milias antioqueñas de don Gabriel Araugo Mejia.
Quizá no falten lectores que tomen por contrasentido
el que tratándose de un hombre de los quilates republica
nos del General Santander, nos ocupemos en su prosapia.
A ellos les observaremos que el mismo egregio varón, aun
que amante de la democracia, en su testamento rinde culto
a sus progenitores y declara de manera ostensible y categó
rica que pertenecieron a la nobleza y que bajo el Gobierno
español obtuvieron destinos de honor y distinción.
Jo s é Ma r ía Re s t r e po Sá e n z
(DEfnORlflS DE Un OFICIflb DE ÍDHRIDfl
Fragmento de las memorias de un Oficial
de Marina de la Legión Británica—Cruce
ros y campañas. Traductor, Luis de Terán.
Sámano se esforzó en ocultar ala corta guarnición que
había en Bogotá y a los habitantes en general, la derrota
que el Ejército español había sufrido en Vargas, así como
la marcha amenazadora de Bolívar sobre la capital.
Celebrábanse en todas las iglesias misas solemnes con
repique de campanas, y por todos los lugares públicos circu
laban pomposos boletines que anunciaban a paisanos y mili
tares que las tropas de Su Majestad Católica habían obte
nido grandes victorias sobre los insurrectos.
La víspera de la entrada de las tropas patriotas en la
capital, Sámano había dado en su Palacio una gran fiesta a
los Oficiales de la guarnición y a algunos de los principales
ciudadanos. Les aseguró que no había nada que temer del
Ejército insurrecto, del que dijo que había sido destrozado
por las tropas de Barreiro, y declaró que con sus viejas san
dalias a los pocos que habían escapado del
desastre.
Esta extraña conducta fue causa de que a muchos es
pañoles se les sorprendiera en la ciudad. Sin duda se la su
girió a Sámano el temor de que si se conocía la verdad an
tes de que él pudiera escaparse, se encontrara entorpecido
MEMORIAS DE UN OFICIAL DE MARINA 557
por los fugitivos el camino de Honda, que era muy estrecho
y muy malo, y le fuese difícil, en medio de la confusión,
asegurarse una lancha cañonera para embarcar su bagaje.
A pesar esta egoísta precaución, un destacamento de
caballería patriota que atravesó la campiña frontera al
Magdalena, estuvo a punto de apoderarse del Virrey, y lo
gró arrebatarle varios mulos cargados de doblones.
Los habitantes de la ciudad se entregaron entonces,
sin reserva, a su alegría, al verse al fin libres de la tiranía
de los españoles. Grupos de personas de todas clases obs
truían las calles, felicitándose mutuamente de un aconteci
miento que apenas se habían atrevido a esperar ; y mientras
que una parte de la población erigía arcos de triunfo en la
plaza y en las calles principales para recibir al Ejército vic
torioso, la otra se apresuraba a salir al encuentro de Bolí
var y conducirlo a la ciudad.
El Ejército patriota hizo su entrada en la ciudad prece
dido por la música que había pertenecido a los españoles y
acogido por las aclamaciones de los habitantes, que rivaliza
ban entre sí en dar testimonio de su regocijo y gratitud.
Parecían también muy asombrados al ver que el nú
mero de prisioneros era casi igual al de los vencedores.
Todo habitante notable se mostraba deseoso de recibir en
su casa a uno o dos Oficiales, y sobre todo a los Oficiales in
gleses, a quienes se tributaban los mayores elogios por la
parte importante que habían tomado en la última victoria.
Los habitantes de Bogotá, aunque hubiesemeufrido mu
cho tiempo con las persecuciones y las consecuencias de una
larga guerra en la que casi todas las familias habían perdi
do parientes y amigos, parecían naturalmente inclinados a
las distracciones, y en cada casa se organizaron tertulias,
bailes y conciertos.
Las damas de Bogotá parecen muy vivas y tienen un
trato muy agradable. Son de corta estatura, y sus formas
son tan delicadas como elegantes. Más que las otras muje
res de la América del Sur, tienen parecido con las andalu
zas. La frescura del clim¡a les permite hacer más ejercicio
que lo que se acostumbra en las grandes poblaciones; y esta
circunstancia da su tez una lozanía que es raro encontrar;
en las otras Provincias de este país.
Estas damas acostumbran levantarse muy temprano;
acompañadas por sus esclavas, van al mercado que se cele
bra en la plaza principal, frente a Palacio. La profusión de
frutas, flores y legumbres, expuestas a la venta, hace del
mercado un agradable paseo matinal; los productos de los
climas cálidos se encuentran mezclados con los que dan las
regiones templadas y hasta frías, y a poca distancia de la
capital.
558 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Bogotá está edificada al pie de escarpadísima y casi in
accesible montaña; a unos dos mil quinientos pies sobre la
ciudad se alzan las dos capillas de Nuestra Señora de Gua
dalupe y Nuestra Señora de Monserrat, respectivamente,
a las que se sube por senderos tan angostos que apenas fiay
sitio para las pesuñas de una cabra.
Viven allí algunos frailes, en profunda soledad, aunque
tan cerca de una ciudad populosa, porque no son visitados
sino por algunos campesinos que les llevan provisiones todas
las semanas. El viajero a quien la curiosidad hace escalar
esta montaña, se siente ampliamente indemnizado de la fati
ga que se ha impuesto, por la grandiosa vista que se descu
bre desde lo alto de las capillas.
A medio camino del barranco que separa los picos del
Monserrat y Guadalupe se halla la deliciosa quinta que
pertenecía a Bolívar. El jardín que la rodea contiene una
profusión de flores de toda especie, pero particularmente
rosas, y lo riegan varias fuentes, cuyos caños llenan los ma
nantiales de las montañas.
Allí acostumbraba retirarse el Libertador cuando
los asuntos de Estado le permitían algún respiro.
Las casas particulares de Bogotá están en general bien
construidas; no tienen, la mayor parte, más que un piso
que se alza sobre el patio, en el que hay, según costumbre
árabe, fuentes y naranjos.
Introducida en España, no es raro que tal costumbre
se propagajra a la América del Sur. Al pie de cada escale
ra, que es siempre muy ancha, se encuentra la gigantesca
efigie de San Cristóbal haciendo pasar el Mar Rojo al Niño
Jesús y llevando en su mano una palmera a guisa de bastón.
Las piezas de este piso único se comunican entre sí,
y el patio les manda un grato frescor. Tres o cuatro de
estas habitaciones (las mayores) están destinadas a recibir
las visitas, y la variedad de distracciones, discretamente
acomodadas para todas las edades, hace que las tertulias
sean sumamente agradables. A cualquier hora del día se
ofrecen chocolate y dulces a los visitantes; después se les da
agua helada, y poco antes de que se marchen se queman
perfumes.
La calle principal es la Real, que va desde la plaza basta
el puente de San Francisco. En ella se encuentian las me
jores tiendas, así como los arcos, muy frecuentados en la
estación lluviosa. Casi todas las otras calles, que cortan la
principal en ángulo recto y que se extienden del lado de la
colina, son estrechas y están bien empedradas. Están igual
mente muy limpias, porque las lavan continuamente la»
aguas corrientes que bajan de la montaña y corren por el
arroyo.
MEMORIAS DE UN OFICIAL DE MARINA 559
Cada calle está generalmente destinada a un oficio en
particular, lo que no impide que las tiendas sean muysom-
brías y pequeñas. Las que se encuentran en la calle de los
Plateros, que conduce al puente de los Capuchinos, se dis
tingue entre todas por su mezquina apariencia y suciedad.
En la calle de los Talabarteros se trabaja principal
mente al aire libre. Los obreros se ocupaban en bordar co
jinetes para las señoras, porque las sillas de mujer no se
usaban aún sino en las poblaciones próximas a los puertos
de mar. Los estribos que vimos de venta, de madera, hie
rro o cobre, son notables por lo raro y pesado en sus formas.
El riachuelo que atraviesa la ciudad y que tiene dos
puentes, es sencillamente un torrente de montaña. A su
lado hay una larguísima alameda, sombreada por altos ála
mos y rodeada por jardines. Este paseo, que conduce del
convento de capuchinos a los suburbios, es muy frecuenta
do en las noches estivales, y se oyen en él acordes armonio
sos de músicos invisibles, sentados en la umbría de los jar
dines circundantes. Los habitantes nos hablaban a menudo
del terror que experimentaron cuando Morillo, al llegar
de Europa con ciento veinte mil españoles, acampó en la
alameda y sus alrededores. Permaneció más de una semana
guardando un sombrío silencio, y habiéndose negado a re
cibir a una comisión de los habitantes que iba a suplicarle
que no le hiciera daño a la ciudad.
Veinte veces estuvo a punto de reducirla a cenizas por
haber abrazado el partido de Bolívar. Por fin cedió a la ava
ricia : se contentó con una contribución enorme. Pero se
repitieron tánto las ejecuciones, que sus lugartenientes, por
crueles que fueran a su vez, hubieron de censurárselo.
La Catedral es un buen edificio moderno, construido
con una piedra dura y blanca. Su aspecto es muy impo
nente cuando se acerca uno a la ciudad por el camino de
Facatativá, atravesando el valle de Bogotá.
A lo largo de la fachada que da a la plaza corre una am
plia y majestuosa balconada, a la que se sube por ocho o
diez escalones y que es también de piedra blanca. El inte
rior de la Catedral no estabg concluido pero sí adornado por
varios buenos cuadros de santos y por asuntos bíblicos, to
dos los cuales fueron traídos de Italia a todo costo por un
antiguo Virrey.
En el lado opuesto de la plaza está el Palacio, que es
de ladrillo y no tiene nada notable exteriormente. Sin em
bargo, las habitaciones de estos edificios son muy espaciosas
y están magníficamente amuebladas, sobre todo la sala de
audiencias, que decorada con un lujo regio por Sámano, no
sufrió cambio alguno cuando Bolívar fue a habitarla. Dos-
560 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
carrozas de estado que vimos en una cochera del patio, es
taban recargadas de dorados y tenían pinturas de paisajes
caprichosos.
A pocos pasos de allí se encuentra la cárcel, singular
contraste que es muy frecuente en la América del Sur.
Los conventos y monasterios de Bogotá son numerosos
y están ricamente alhajados. El de San Francisco merece
especial mención, a causa de los muchos cuadros valiosos
que cubren los muros de los corredores.
Hay dos colegios para los jóvenes que se dedican a la
iglesia o al foro. Uno de estos colegios se hallaba en la re
sidencia de los jesuítas, y el otro a espaldas de la Calle Real.
Aunque pequeños ambos, están bien regidos y ocupados
siempre por muchachos de las principales familias de Nue
va Granada. Parte de estos colegialés llevan escarapelas
blancas; otra parte las tienen rojas para distinguirse mu
tuamente.
La Casa de la Moneda es el mejor edificio público de Bo
gotá. La máquina de acuñar es de sistema antiguo, pero de
una fuerza y solidez salientes; y todo, en este establecimien
to, está reglamentado con ciudado y minuciosidad que
acusan la importancia que daban los españoles al mante
nimiento de estas grandes fuentes de riqueza.
Con arreglo a las leyes de las colonias, todo propieta
rio de una mina estaba obligado a llevar su oro o plata a la
fábrica de moneda más próxima, donde se le pagaba según
la tarifa señalada por el Gobierno ; todo otro tráfico de me
tales preciosos estaba considerado como delito de contra
bando.
Entre los establecimientos de caridad de Nueva Gra
nada, el Hospital de San Juan de Dios es uno de los más im
portantes y mejor tenidos. Varios cientos de enfermos,
sean indígenas o extranjeros, están allí cuidadosamente
atendidos por los frailes, quienes les visten también en caso
necesario. H^y en esta casa una hermosa capilla y una far
macia para los pobres, a los que también se distribuye to
dos los días pan y carne. Estos frailes poseen tierras cuyas
rentas, unidas a las cantidades que obtienen pidiendo por
la ciudad, bástan para hacer frente a gastos tan conside
rables.
Todas las noches, durante la semana de Pasión, circu
lan por las calles, a la luz de las antorchas, procesiones de
carácter muy imponente y singular. Pasan primeramente
estatuas de tamaño natural, que representan a Nuestro Sal
vador y sus discípulos, a la Virgen María y a sus ángeles.
Vienen después Poncio Pilatos, los judíos y los soldados ro
manos, todos convenientemente vestidos y llevados sobre
plataformas móviles. Estas efigies pertenecen a los conven
tos y representan la mayor parte de los principales aconte
cimientos de esa solemne semana.
MITO GENEALÓGICO 561
Otra Ceremonia muy diferente se celebró en la plaza,
en honor de Santander. Una noche que daba éste un gran
baile con motivo de la unión de Venezuela y Nueva Grana
da, frente al palacio en que daban el baile, unos cohetes atra
jeron a todos los reunidos, al balcón. Apareció entonces un
carro triunfal tirado por un joven encadenado, con man
to real y corona de oro, y que quería representar a Fer
nando vil. En el carro iba de pie un joven indio con una
diadema de cartón, pintada'con los más brillantes colores y
adornada con plumas, un manto escarlata y el cetro de los
incas.
Iba escoltado por una tropa de compatriotas, armados
de arcos y flechas y que cantaban algunos versos de una
canción nacional que aludía a Montezuma y al descubri
miento de la América del Sur. Santander invitó al indio y
a sus acompañantes a entrar en el salón, donde bailaron la
danza india de marn-matri, retirándose después.
m iCO GEDEflhOGIGO
Ni en Méjico mismo, donde la lucha por la emancipa
ción asumió caracteres de exterminio que no tuvo en otras
colonias hispanas de América, fue la revolución separatista
tan cruenta como en Venezuela. Los criollosblancos.de
prosapia más o menos clara, a cuya iniciativa debióse entre
nosotros la independencia, pagaron largamente con su san
gre el triunfo del régimen republicano. Por otra parte, el
terremoto de 1812, que devastó importantes ciudades, cen
tros populosos de raza blanca; la guerra a muerte que, re
lativamente, diezmó en mayor escala a las clases superiores
de la sociedad ; la desastrosa emigración caraqueña de 1814,
que sembró de cadáveres la ruta que conduce al oriente de
la República ; y la huida de familias enteras por escapar a
las terribles persecuciones, así de los realistas como de los
patriotas, consumaron la extinción de innumerables facto
res de la raza que se llamó española. Y como en la Capita
nía General de Venezuela los blancos apenas constituían la
quinta parte de la población total, fácil se nos hace conje
turar el número insignificante a que fueron reducidos, du
rante tan larga y cruda guerra. Así se explica, además, la
influencia decisiva que en el desenvolvimiento de la vida na
cional han ejercido las razas mixtas, provenientes de suce
sivos cruces.
Tal estado de cosas, favorecido por nuestro palmario
«spíritu democrático, ha venido acentuándose por la falta
x ii —36
562 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
absoluta de inmigración europea y porque, a causa de nues
tra situación geográfica, un torrente de sangre africana,
que proviene de las vecinas antillas extranjeras, penetra in
cesantemente en nuestro organismo étnico. Por fortuna
para la consolidación de la unidad nacional, la mezcla de tan
heterogéneos elementos evoluciona, de manera ostensible,
hacia un tipo que ya se delinea con caracteres propios en
el patrio ambiente.
Hará cosa de medio siglo que un estadista colombiano
echó de ver la transformación que se realiza en las masas
que pueblan nuestro Continente. El doctor Murillo Toro, a
quien aludimos, citado por Vallenilla Lanz (1), expresó do
nosamente su manera de ver a ese respecto, en la frase que
sigue :
«En Hispano América todos somos café con leche ; unos
más leche, otros más café.»
La cuestión de castas, a la par de la cuestión religiosa,
parece definitivamente resuelta para V enezuela. El problema
negro en los Estados Unidos del Norte, así como el problema
religioso en otros pueblos de América, podría llegar hasta
compremeter la estabilidad nacional, cpsa que no es posible
entre nosotros. Por tanto, los escritores que sacan a relucir,
a manera de extigma, el origen indio, negro o mestizo de
familias y personajes venezolanos, van contra el propio es
píritu de nuestra raza, de nuestras costumbres y de nues
tra democracia, para las cuales los hijos de est^ tierra todos
somos uno.
De Bolívar, para no citar más que un ejemplo, han di
cho algunos trasnochados cronistas que allá por el siglo
xvn sangre africana habíase mezclado a la española de sus
progenitores. Como simple dato genealógico, quizás la es-
pecie, en virtud de aquel espíritu nuéstro, ajeno a prejui
cios de casta, que antes apuntámos, habría corrido sin pro
vocar la curiosidad de la historia. Pero como fue siempre
la pasión política la que tejió esa leyenda, se impuso una
severa investigación del asunto, ne por el prurito de aristo
cráticas reivindicaciones, sino movida por el deseo de hacer
luz en todo cuanto atañe al padre de la Patria. Tocóle a
nuestro irreemplazable Landaeta Rosales exhumar los do
cumentos originales, e inéditos que echan por tierra las ima
ginaciones tendenciosas de varios trañicionalistas e histo
riadores.
Es curioso observar que no fue la pluma enemiga del
irreductible venezolano José Domingo Díaz la que preten
dió tiznar la alcurnia boliviana.
(1) Vallenilla Lanz (Laureano), El concepto de raza en la evo
lución venezolana. Conferencia publicada en el número P de Patria
y Arle, correspondiente al mes de noviembre de 1917.
MITO GENEALÓGICO 563
Al doctor Díaz, energúmeno escritor realista, que ago
tó el vocabulario de los dicterios contra su epónimo conte
rráneo, no se le ocurrió—quizás mejor informado que otros
linajistas - blandir como arma de combate lo que, en todo
caso, nada tenía que ver con la vida pública delLibertador.
* Fue un hijo de la Gran Colombia el primero que, en
vida de Bolívar, divulgó en letras de molde la noticia de
que su patrimonio provenía de «sus -padres y causantes hasta
Natváez y su manceba la indígena de Aroa>
Pruvonena, es decir, el Marqués don José de la Riva
Agüero, cuya conducta equívoca en la guerra de indepen
dencia del Perú estuvo a pique de pagar en ei banquillo, re
cogió en sus Memorias (1?, condenadas sin atenuaciones por
infieles, cuantos denuestos se irrogaron al Libertador de su
patria. Tomándola de una publicación hecha en Panamá,
1828, reprodujo en su obra la frase subrayada en el párra
fo precedente.
Sabido es que después del drama de San Pedro Alejan
drino, la reacción antiboliviana no se detuvo ya ante ningu
na vileza. Un decreto de proscripción, dictado por el Con
greso Constituyente de 1830, fue el homenaje que la patria
rindió a Simón Bolívar en su lecho de muerte. Autoridades
que él había tolerado y personajes que mucho le debían se
apresuraron a echar suertes, no sobre su herencia de glo
ria, sino para disputarse la primacía del insulto. Un libelis
ta de la época escribió unas memorias que aún permanecen
inéditas, con el único designio de perpetuar cuantos horro
res se habían inventado o inventó él mismo contra Bolívar,
Sucre y otros libertadores. Ese relato lo ilustró su autor
con un árbol genealógico de la familia Bolívar, que, copia
do, circuló profusamente por aquellos menguados días. En
ese documento y en el círculo que encierra el nombre de la
madre de María Josefa Marín de Narváez, calificada de w-
lata, se lee? Josefa, negra tinta. Para el genealogista que
nos ocupa, doña Petronila de Ponte, abuela paterna de Bo
lívar, era. consecuencialmente, cuartcrona.
No há mucho un historiador venezolano, al referirse a
la ascendencia de Bolívar, en un estudio intitulado Piar.,
escribió lo que se copia :
<Si continuamos remontándonos aún más, nos encon
traremos en la genealogía de tan numerosa familia, con lo
siguiente:
<Don Francisco Marín de Narváez. amancebado con
una mulata de su servidumbre, llamada Josefa Marín, ape-
(1) Memorias y documentos pata la historia de la independencia
del Perú, etc. Obra póstuma de P. Pruvonena. París, 1858, tomo í,
página 178. *
564 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
llido del amo, tuvo en ésta a doña María Josefa Marín de
Narváez........... >
De modo que Josefa, una de las ocho tatarabuelas del
Libertador, fue, según el correr de los sucesos y la menor
o mayor perspicacia del narrador, indígena de Aroay mulata
o negra tinta.
A la verdad esta nuestra doña Josefa, como vamos a po
nerlo en claro, no fue sino una doncella principal a quien
amorosos desvíos echaron en brazos de un alto personaje de
la Colonia.
Pero antes de pasar adelante, y para mejor compren
sión de estos apuntes, fijemos el parentesco de Bolívar con
doña Josefa. v
Entre los ocho tatarabuelos o terceros abuelos del Li
bertador, por la rama paterna, cuéntase a don Francisco
Marín de Narváez, señor de grandes caudales, quien por la
cantidad de cuarenta mil pesos obtuvo del Monarca español
las minas de Cocorote y el señorío de Aroa; y una dama de
nombre Josefa, cuyo apellido se ignora, a la que los genea-
logistas de Bolívar han llamado Josefa Marín de Narváez.
De la unión ilegítima de estas dos personas nació una niña
a quien pusieron por nombre María Josefa, según don An
drés F. Ponte; Josefa, simplemente, según don Felipe
Francia y el General Landaeta Rosales. Esta niña fue re
conocida por su padre el Capitán Marín de Narváez, y here
dó su cuantiosa fortuna. Andando el tiempo contrajo ma
trimonio con el linajudo caballero y hombre de lupes, licen
ciado don Pedro de Ponte Andrade Jaspe y Montenegro.
El Teniente General don Juan de Bolívar Martínez de
Villegas casó en segundas nupcias con doña Petronila de
Ponte, hija del licenciado Ponte, y de ese enlace vino al
mundo donjuán Vicente de Bolívar, padre del Libertador.
Veamos ahora cómo se ha desvanecido la negra conse
ja. Documentos originales que se encuentran en la Oficina
Principal de Registro, de Caracas, sacados a luz por el Ge
neral Landaeta Rosales (1), prueban de modo incontrover*
tibie que la hija natural del Capitán Marín de Narváez no
fue engendrada en una negra esclava, ni en una india de
Aroa, ni en una mujer venezolana, sino que tuvo por ma
dre, según declaración testamentaria de aquél, a <una don
cella principal, cuyo nombre callo por su decencia, con la
cual pudiera contraer matrimonio sin dispensación, cuando
la hube, y se está criando por mi orden en casa del señor
Capitán Gonzalo Marín Granizo, mi tío, y mi hermana doña
María Marín la conoce .. .>
(1) Manuel Landaeta Rosales, Disquisiciones Históricas. Véase
El Universal^ número 2891 del*9 de junio de 1917.
MITO GENEALOGICO 565
Por el propio testamento, otorgado en Madrid el 18 de
agosto de 1673, Marín de Narváez reconoce por hija suya
a Josefa, quien contaba para la fecha cinco o seis años; la
instituye heredera universal de sus bienes y le nombra por
tutora a su referida hermana doña María y, en defecto de
ésta, al Proveedor don Pedro Jaspe de Montenegro, tío del
futuro marido de Josefa. A nuestro entender, todo ello evi
dencia la clara estirpe de la madre.
Otro expediente auténtico, hallado recientemente en el
Archivo Principal del Arzobispado por los doctores Rafael
Acebedo y Juan José Herrera Toro, contiene indicaciones
que permitieron a Landaeta Rosales dar con la partida de
bautismo de la susodicha bisabuela de Bolívar. El documen
to de referencia figura en la página 239 del Libro Vde Bau
tismos de Blancos., de la Catedral de Caracas. Habida consi
deración de las rancias preocupaciones de la época, el hecho
de haber sido inscrita esa partida en el mencionado libro,
cuando aún no podía sospecharse el áureo porvenir de la
hija de Marín de Narváez, nos parece ser otro dato feha
ciente sobre la condición social de su progenitora.
Es de advertir que el hijo mayor del Licenciado don Pe
dro de Ponte Andrade Jaspe y Montenegro, bisabuelo del
Libertador, como queda dicho, se llamó también Pedro Do
mingo de Ponte Jaspe Andrade y Montenegro. Nació en
1683, murió en 1741 y fue sepultado eri la capilla de la San
tísima Trinidad de la Catedral de Caracas. Para 1722 era
Procurador General. Este don Pedro Domingo, simple tío
abolengo de Bolívar, sí casó cpn una negra de calidad, lla
mada Lorenza María. Así se desprende de la declaración
de varios testigos en un expediente levantado por don Fran
cisco Ignacio de Ponte, para probar su condición de hijo le-
gítimo de don Pedro Domingo y Lorenza de Ponte. Sin
duda alguna, la homonimia de los dos personajes ha hebho
que la tradición, al confundirlos, atribuya al bisabuelo del
Libertador el acto realizado por un hijo de aquél.
Debemos repetir que ningún prejuicio nos ha movido
al hacer este relato. Para nosotros Bolívar, en el supuesto
de que fuese negro, indio o mestizo, sería siempre el Liber
tador. En todo caso ello no probaría sino la igualdad de ap
titudes de todas las razas para alcanzar los altos fines. Nues
tro propósito no es remover viejas rencillas injustificables,
sino desvirtuar los asertos con los cuales se pretendió de
nostar al Padre de la Patria.
M. S. Sá n c h e z
Caracas: 1919.
566 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
DESPUES DE BOyflCfl
Bolívar salió de Bogotá con fuerzas considerables para
la frontera del Norte el 20 de septiembre de 1819. Previen
do la marcha probable de la 5^ División española, al mando
de Latorre, en auxilio de Barreiro, Bolívar había destaca
do desde el campo mismo de Boyacá tropas al mando de
Soublette para ocular a Pamplona y los valles de Cúcuta.
Soublette, con efecto, batió las avanzadas de Latorre el 23
de septiembre y las obligó a repasar el Táchira.
Es imposible suponer que el General Bolívar, Jefe Su
premo de la República y General en Jefe de sus Ejércitos,
no se hubiera ocupado durante su permanencia en Bogotá
de la suerte de los Jefes y Oficiales del Ejército español pri
sioneros de guerra en Boyacá; pero es la verdad que él
supo, o cuidó de eludir su responsabilidad en este asunto, y
que el que la aceptó o convino en aceptarla fue el General
Santander, quien los mandó pasar por las armas, en núme
ro de treinta y ocho, con el General Barreiro a la cabeza,
el 11 de octubre.
El General Santander publicó, para justificar la medi
da, un largo manifiesto, desprovisto de todo valor civil, ale- \
gando razones tan especiosas como frívolas : los temores de
conspiraciones realistas, alentadas o apoyadas por estos Jefes,
y la carencia de tropas y prisiones dónde custodiarlos con
seguridad.
Nada de eso era cierto; pero habría sido poco menos
que imposible salvar la vida de aquellos hombres del clamor
popular que pedía su sangre, en justa represalia de los fu
silamientos de Morillo en 1816, y de la reciente ejecución
de treinta y ocho Oficiales republicanos que Barreiro tomó
prisioneros en Gámeza. Al dar esta orden, Barreiro jugó
su cabeza a la suerte de las armas.
Pero si juzgando a los hombres por el promedio de las
virtudes humanas, y concediendo al carácter sanguinario
de la lucha y a las pasiones de la época toda la parte que en
ello tuvieron, se explica y aun se justifica la ejecución de
Barreiro y sus desgraciados compañeros de armas; las cir
cunstancias indecorosas de que el General Santander hizo
acompañar el acto;*la vulgaridad de complacerse en pre
senciarlo, y el refinamiento de crueldad de haber salido des
pués de su Palacio, acompañado de gentes soeces, a cantar
Las Emigradas., sobre los cadáveres de aquellos hombres to
mados con las armas en la mano en el campo del honor, me
rece la más severa reprobación de la posteridad; reproba
ción de que en conciencia no puede prescindir el que se
atreve a tomar en sus manos la severa pluma de lá hostoria.
DESPUÉS DE BOYACÁ 567
porque la única defensa que la humanidad doliente tiene
contra los abusos de los grandes y poderosos de la tierra, es
la de que éstos sepan que llegará indefectiblemente un día
en que solos, encerrados en el frío polvo de la tumba, sin
cortesanos, sin aduladores, sin sicarios, comparecerán para
ser juzgados sin piedad por el augusto e inapelable tribunal
de la posteridad.
De Pamplona, donde se reunía y desciplinaba el Ejér
cito del Norte, al mando de Anzoátegui, cruzó Bolívar la
gran cordillera para salir al Apure, a mediados de noviem
bre. Allí inspeccionó el Ejército de Páez, y con la rapidez
casi vertiginosa con que multiplicaba su presencia y su ac
ción en todas partes, se embarcó para Angostura, adonde
llegó el 11 de diciembre ; y seis días después, el 17, bajo la
inspiración de sus grandiosas ideas, declaró el Congreso
constituida la República de Colombia, compuesta de la Ca
pitanía General de Venezuela y del Virreinato de la Nueva
Granada. Nombró por unanimidad de sufragios Presidente
a Bolívar; Vicepresidente del Departamento de Nueva Gra
nada o Cundinamarca, a Santander, y del de Venezuela, a
Soublette.
Bolívar regresó de Angostura por el Orinoco y el Apu
re el 24 de diciembre ; llegó a Cúcuta el 8 de febrero, y a
Bogotá el 4 de marzo de 1820.
Durante el viaje de Bolívar a Guayana había ocurrido
en España un acontecimiento que debía ejercer grande in
fluencia sobre los destinos de la América. Hablamos de la
famosa revolución encabezada por Riego contra el poder
absoluto de Fernando vn, acaecida en la isla de León el 1°
de enero de 1820. Aquel movimiento, como se sabe, se apo
yó en el Ejército de veintidós mil hombres allí reunidos,
bajo el mando de O’Donnell, con destino a diversos puntos
de la América Meridional. Perdida esta última esperanza
de auxilio por parte de los Jefes peninsulares que hacían la
‘guerra en América, e impuesta a Fernando vn la Constitu
ción de Cádiz de 1812, que reconocía los dominios de ultra
mar como parte integrante de la Monarquía española, y
mandaba abrir negociaciones para obtener su incorpora
ción, a la sagacidad de Morillo no se ocultó que la indepen
dencia de las colonias había recibido con la revolución es
pañola un apoyo moral de tal magnitud, que casi equivalía
a su reconocimiento; que la prosecución de la guerra casi
carecía de objeto, y que, aunque así no fuera, abandonado
de España, aunque no hiciera sino vencer, pronto llegaría
a sucumbir. En consecuencia pidió y obtuvo permiso para
separarse del mando del Ejército cuando lo creyera opor
tuno.
Bolívar, después de recibir en Bogotá tan importantes
568 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
noticias, salió el 20 de marzo para el Cuartel General del
Ejército del Norte, estacionado en los valles de Cúcuta.
La inacción del Jefe español, que Bolívar comprendía
perfectamente, le permitió por la primera vez, después de
diez años de incesante movilidad y fatigas, robar a la gue
rra algunos meses de descanso, que empleaba en activar la
organización del Ejército y en ponerse en comunicación
con los Jefes que dirigíanla campaña del Magdalena con
tra Cartagena y Santa Marta, y la del Sur contra Calzada.
A reforzar la primera fueron destinados los Coroneles Car-
mona y Lara, y a mandar la segunda los Generales Mires y
Valdés.
Así pasaban las cosas, cuando a mediados de julio reci
bió el Libertador la primera comunicación del General Mo
rillo, fechada el 22 de junio, desde su Cuartel General en
Valencia, entablando negociaciones para la terminación de
la guerra, en cumplimiento de instrucciones recibidas en
Madrid, sobre la base de la reunión de las colonias a la Mo
narquía española, bajo la libérrima Constitución de 1812.
Bolívar contestó con fecha 21 de julio, diciendo, en suma,
que le sería muy grato tratar de Ja paz con España, pero
exclusivamente sobre la base del reconocimiento de la so
beranía e independencia de Colombia.
Deseoso el Libertador de infundir con su presencia im
pulso a la importante campaña del Magdalena, determinó
hacer una rápida excursión a las costas del Atlántico, y salió
de Cúcuta por la vía de Ocaña a principios de agosto, ha
biendo autorizado antes a los Generales Urdaneta y Briceño
Méndez para recibir los comisionados de Morillo, pero sin
que pudieran concluir ningún tratado, ni el de armisticio,
sin su aprobación.
Bolívar encontró a los realistas encerrados en Cartage
na, estrechamente sitiados por tierra y mar, desde el l9 de
julio por las fuerzas de Montilla y los buques de Brión. Ha
bíalos reducido a esta situación el imponderable valor, el
temerario arrojo de dos jóvenes casi imberbes, destinados
a ilustrar sus nombres en los fastos de esta epopeya : Her-
mógenes Maza y José María Córdoba, el que cuatro años
después había de enriquecer la elocuencia militar con una
nueva voz de mando en Ayacucho.
Córdoba había bajado de las montañas de Antioquia
por el río Cauca dispersando las fuerzas españolas en teme
rarios combates, hasta‘el Bajo Magdalena; había tomado a
Mompós el 20 de junio, y unido allí a Maza habían dado la
sangrienta acción de Tenerife el 25, donde fue tomada al
abordaje sobre las aguas del Magdalena, apresada y des
truida la flotilla española. Desgraciadamente Maza empañó
sus glorias degollando más de doscientos prisioneros. Cór
doba no tuvo parte alguna en esta matanza.
DESPUÉS DE BOYACÁ 569
En el Sur, Valdés y Mires habían derrotado las tropas
de Calzada en la famosa acción del Pitayó, el 6 de junio de
1820. Una carga a la bayoneta del Batallón Albión, encabe
zada por su Comandante Mackintosh, y cincuenta guías re
gidos por Carvajal, decidieron la victoria. Mi padre parti
cipó de esta gloria.
A mediados de septiembre estaba ya Bolívar de regre
so en Cucuta. Nada particular había podido hacer en la
Costa Atlántica. Desde San Cristóbal escribió con fecha 21
a Morillo aceptando el arministicio y designando a San Fer
nando de Apure para tratar de la paz; pero con el objeto
de que el convenio que se celebrase lo encontrara dominan
do la mayor extensión posible de las Provincias limítrofes
de Venezuela, ocupó a Mérida el 2 de octubre, y avanzó so
bre Trujillo el 7, donde se celebraron con fecha 26 y 27 de
noviembre los dos famosos tratados de armisticio o suspen
sión general de hostilidades en todo el territorio de Colom
bia, durante seis meses, y de regularización de la guerra,
estipulando en este último respecto de los beligerantes en
general y de los prisioneros de guerra en particular, todos
los principios de humanidad reconocidos y practicados por
los pueblos cultos. Para celebrar estos convenios, Bolívar y
Morillo se abrazaron después de su ratificación, en una en
trevista tan franca como cordial, en el pueblo de Santa Ana,
donde pasaron juntos el día y la noche del 27 de noviembre
de 1820.
Morillo se dirigió a Caracas y se embarcó en La Guaira
para España el 17 de diciembre. El gallardo y humano Ge
neral Latorre le sucedió en el mando en Jefe del Ejército
del Sur, comprendiendo, sin duda, que no hacía sino acep
tar el deber del sacrificio.
Bolívar regresó a Bogotá, donde llegó el 5 de enero de
1821, y nombró al General Antonio José de Sucre para el
mando en Jefe del Ejército del Sur, que en la mente de Bo
lívar estaba ya previsto para dar la libertad a los hijos del
Sol.
De los cinco hombres en quienes hemos dicho que se
resume por el pensamiento y la acción la obra de la revolu
ción colombiana, sólo nos falta que se proyecte la figura de
Sucre sobre el horizonte del glorioso escenario; pero en
esta vez. nuestra pluma está dispensada de trazar el retra
to del héroe: lo dejó hecho el maestro.
«Pocos meses antes de nombrar a Sucre para el mando
del Ejército del Sur—dice O’Leary (Narración.., tomo i, pá
gina 67),—el día que el Libertador entraba a Cúcuta de re
greso de Cartagena, salió aquél a recibirle. Al verle venir, yo,
que no le conocía, pregunté al Libertador quién era el mal
jinete que se nos acercaba—Es—me respondió—uno de los
mejores Oficiales del Ejército: reúne los conocimientos pro
570 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
fesionales de Soublette, el bondadoso carácter de Briceño,
el talento de Santander y la actividad de Salom; por extra
ño que parezca no se le conoce ni se sospechan sus apti
tudes. Estoy resuelto a sacarle a la luz, persuadido de que
algún día me rivalizará.»
Entretanto en la campaña del Magdalena, dirigida por
Montilla, las armas republicanas habían obtenido una im
portante victoria. Brión y Padilla por mar, y Carreño por
tierra, después de sangrientos combates habían rendido y
ocupado la plaza de Santa Marta el 11 de noviembre de
1820. Santa Marta había sido desde el principio de la gue
rra el baluarte más obstinado del poder español en la Costa
Atlántica.
«La conducta del General Montilla—dice el histo
riador Restrepo—es digna de todo elogio. Dirigió la cam
paña con tino, prudencia y valor. Firme sin crueldad, y
afable sin debilidad, supo armonizar los caracteres y amal
gamar los elementos discordantes que tenía a sus órdenes,
para formar de ellos un ejército. La crueldad no manchó
nunca victorias.»
Este último concepto es el mayor elogio que puede ha
cerse a un General.
Bolívar salió de Bogotá para tomar el mando del Ejér
cito del Norte, que dejámos acuartelado en Trujillo, a prin
cipios de febrero de 1821, y tuvo en el camino la noticia de
la revolución de Maracaibo proclamando su independencia,
acaecida el 28 de enero. La plaza de Maracaibo, conforme
a las delimitaciones hechas en el Tratado de armisticio,
pertenecía a las armas de España; no era lícito pues pro
mover en ella una insurrección mientras durara la suspen
sión de hostilidades; pero el General Urdaneta, sin respetar
los pactos de la guerra, los más sagradoside cuantos pueda
celebrar el hombre sobre la tierra, concertó desde Truji
llo la insurrección de la plaza con el Gobernador de ella,
Francisco Delgado, haciendo avanzar para sostenerla alCoT
ronel Heres con el Batallón Tiradores de la Guardia* que
ocupó la ciudad el 29. El historiador Restrepo imprueba
severamente esta medida.
El Mariscal Latorre, como era natural, reclamó y pro
testó enérgicamente contra la violación del armisticio, pi
diendo en consecuencia la devolución de la plaza a las armas
reales.
Bolívar tuvo la debilidad de sostener con frívolos razo
namientos la legalidad de lo ocurrido. Declaróse en conse
cuencia roto el armisticio y fijóse el 28 de abril para la
renovación de las hostilidades. El mismo día el Ejército re-
publicacano avanzó hasta San Carlos, donde se le reunió
Páez a mediados de junio. El 23, Bolívar pasó revista al
DESPUÉS DE BOYACÁ 571
Ejercito en Tinaquillo, a unas diez o doce leguas de Valen
cia, y el 24, los dos pendones, el de la Metrópoli y el de la
Independencia, el de Colombia y el de España, se encontra
ron sobre el memorable campo de Carabobo, donde las ar
mas del Rey, a pesar del denuedo con que combatieron, su
frieron sangrienta y completa derrota.
Perecieron allí Cedeño y Plaza. Páez, como siempre,
estuvo sublime; pero el que cautivó la admiración de sus
enemigos fue el Batallón primero de Valencey y su bizarro
Jefe, el Coronel don Tomás García, sosteniendo, formado
en cuadro, una retirada de seis leguas hasta Valencia, car
gado por toda la caballería republicana.
Así como había reconquistado Boyacá todo el territo
rio granadino, Carababo recobró el de Venezuela, con ex
cepción de la plaza fuerte de Puerto Cabello, donde fueron
a encerrarse los restos del poder español.
Bolívar, ebrio de gozo y dg gloria, entró triunfante el
29 de junio en su ciudad natal, en aquella Caracas que tán-
tos desastres y tántas humillaciones le había costado.
A espaldas de Bolívar, que marcha a dirigir la campa
ña del Sur sobre Pasto y Quito, la gran victoria de Carabo
bo, si bien hirió de muerte el poder español en Venezuela,
no rindió la constancia ni el valor de los denodados Jefes es
pañoles Latorre y Morales, que' continuaron desde Puerto
Cabello y Coro haciendo la guerra como en los mejores días
de 1817 y 1818. El punto objetivo de las campañas de 1822
y 1823, por parte de los patriotas, es tomar a Puerto Cabe
llo; por la de los realistas, ocupar a Maracaibo.
De Puerto Cabello, donde alcanzó a encerrarse con los
restos del Ejército salvado en Carabobo, salió Latorre el 12
de diciembre de 1821. desembarcó en los Taques, ocupó a
Coro y rindió en La Vela de Coro la Columna colombiana
de mil hombres que mandaba allí el Coronel Juan Gómez.
El Jefe español Lorenzo Morillo atacó y derrotó a Re
yes Vargas en Baragua el 16 de enero de 1822.
Morales, segundo de Latorre, consiguió pasar a la cos
ta occidental del lago, ochocientos hombres para atacar a
Maracaibo; pero sabiendo que tiene a su espalda, sobre la
costa de Coro, una División de dos mil hombres, mandada
por Piñango, que ha batido al Coronel español Tello, 17 de
abril, contramarcha a hacerle frente, dejándolos ochocien
tos hombres ya lanzados sobre la ciudad, los cuales se ven
obligados a capitular, embarcándose para Coro el 4 de
mayo.
Morales seguía del puerto de Altagracia, en la costa
oriental del lago, el camino paralelo a la Costa Atlántica
en dirección a Coro. Soublette y Piñango avanzaron a su
encuentro desde Carora, pero fueron derrotados el 7 de ju
lio en Dabajuro. Sin embargo, Morales en vez de perseguir
572 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
los continuó su marcha y se embarcó el 23 en La Vela de
Coro, para Puerto Cabello.
Morales venía a hacerse cargo de la Capitanía General
de Venezuela, en reemplazo del gallardo General Latorre,
nombrado para el mismo empleo en Puerto Rico.
«Humano, generoso y valiente—dice el historiador Res
trepo,—Latorre prestó en Nueva Granada y Venezuela
grandes servicios a su causa, dejando un nombre sin man
cha.»
Por este tiempo, después de renovados ataques, inúti
les por falta de fuerzas navales suficientes para estrechar
el asedio, habíase visto el General Páez obligado a levantar
el sitio de Puerto Cabello el 30 de julio.
Morales salió entonces con mil ochocientos hombres en
su persecución ; pero fue rechazado por Páez y Woodberry
el 11 de agosto en el cerro denominado Cuinbte de Valencia.
Rondón, el que solo valía un regimiento, el ídolo de sus sol
dados, el que rompía los cuadros españoles para robarse
cornetas y tambores, el que había hecho prodigios de valor
en Pantano de Vargas y Boyacá, pereció en este combate
herido, comoAquiles, de un balazo al parecer insignificante,
en el talón.
Morales, que no por sanguinario dejaba de ser un buen
soldado, divisando desde sus posiciones de Naguanagua la
llegada de la División Soublette. comprendió que Maracai
bo había quedado en descubierto, y sin pérdida de tiempo
voló a embestirlo. Embarcóse en Puerto Cabello, en cator
ce velas, el 24; desembarcó en Cojoro, a sotavento de Mara
caibo, el 30; rechaza a Castelli, que pretende disputarle el
paso del río Socuy, el 4 de septiembre ; derrota al General
Clemente el 6, y ocupa a Maracaibo el 7. En el primer en
cuentro pereció el bizarro Coronel <don Tomás García, el
Jefe del Valencey, el de la famosa retirada en Carabobo.
La pérdida de Maracaibo puso en conmoción la Repú
blica: llegó tan abultada a Guayaquil, que hizo por un mo
mento vacilar a Bolívar entre la campaña de! Perú y su re
greso al norte de Colombia. El Gobierno se declaró en ejer
cicio de las facultades extraordinarias del artículo 128 de
la Constitución, y mandó formar dos cuerpos de ejército
al oriente y al occidente de Maracaibo. El que se organiza
ba en Ríohacha para obrar por La Goajira, entró primero
en campaña; pero habiendo cometido su Jefe, el General
Montilla, la imperdonable falta militar de adelantar la Di
visión de vanguardia, compuesta de mil hombres al mando
del General Sardá, hasta el paso del río Socuy, a siete le
guas de Maracaibo, mientras el resto del Ejército aún per
manecía en Ríohacha, a cuarenta leguas de distancia, Mo
rales cayó sobre ella y la destrozó el 13 de noviembre de
DESPUÉS DE BOYACÁ 573
1822. Los que no murieron defendiéndose, cayeron prisio
neros.
Morales era un excelente General de División; pero nada
menos que el genio de un conquistador—el de Bolívar o el
de Hernán Cortés—se habría necesitado para aprovechar
esta victoria. Si él toma los tres mil veteranos de que podía
disponer, abandona a Maracaibo y marcha con ellos rápi
damente por Trujillo y Mérida sobre el interior de la Nue
va Granada, desprevenida y desguarnecida por la campaña
del §ur, habría logrado, aunque hubiera sido por un mo
mento, equilibrar de nuevo la suerte de la guerra entre
España y Colombia. El rebote de la invasión habría ido a
dar hasta Gnayaquil; Pasto, que aún estaba en armas, se
habría levantado de nuevo como formidable barrera entre
el centro y Sur de la República ; los planes de Bolívar ha
brían quedado trastornados; los auxilios al Perú, deteni
dos ; y quién sabe lo que en estas circunstancias habría he
cho la fortuna de la guerra, siempre prendada de la auda
cia y del valor.
Pero en vez de esto, Morales se contentó con una di
versión de simple merodeo por las Provincias de Trujillo
y Mérida, hasta las cercanías de la frontera granadina, para
volver a encerrarse en Maracaibo. Desde que a esto se li
mitó, su fortuna estaba perdida : podría sostenerse más o
menos tiempo en aquella plaza ; pero encerrado allí, solo,
contra todos, su rendición era infalible. Todo lo que salie
ra del radio de acción de Maracaibo no cabía en sus pla
nes. Sabedor de la insurrección realista de Santa Marta,
envió en su auxilio dos Columnas al mando del Coronel Ni-
casio López, que después de internarse en La Goajira, re
gresaron a Maracaibo derrotadas y diezmadas por la de
serción y las enfermedades.
Peor suerte cupo al Batallón Burgos, enviado a recu
perar a Coro, el cual fue batido en aquella ciudad el 1° de
mayo de 1823.
Pronto quedó Morales reducido a los puertos de la costa
occidental del lago que miran a La Goajira. Los de la cos
ta oriental, desde Gibraltar al Sur, hasta Altagracia, frente
a Maracaibo, fueron sucesivamente ocupados por las tropas
que se organizaban para estrechar el cerco, en las Provin
cias limítrofes. Restaba sólo organizar y equipar la flotilla
que debía cerrar la boca del lago para impedir la entrada
de los auxilios que Maracaibo recibía de las Antillas espa
ñolas. Componíase de la corbeta Constitución, de los ber
gantines Bolívar e Independiente, de las goletas Espartana,
Atrevida y Terror, y de tres flecheras, cuyo mando se con
fió al distinguido Oficial de Marina Coronel José Padilla.
Alguien ha dicho, y con razón, que en la comparación
de los grandes hombres, para dejar solas las estatuas, debe
574 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
deducirse el pedestal. Cochrane, Blanco Socalada y Guise
tuvieron por pedestal el mar Pacífico. Tocáronle a Padilla
los estrechos confines de un lago; mas no por eso son sus
hazañas menos gloriosas ni menos atrevidas que aquellas
con las cuales se inmortalizó la bandera de Chile en la otra
extremidad del Continente.
El mismo día 1? de mayo de 1823, en que fue derrota
do en Coro el Batallón Burgos, eran batidos por Laborde
con la fragata Constitución y la corbeta Ceres, los buques
de la flotilla colombiana que bloqueaba a Puerto Cabello.
Este desastre dejaba a Padilla completamente en descu
bierto. a merced de los grandes buques de la escuadra es
pañola, sin más recurso que el de forzar la barra del lago,
donde por su porte no podían entrar los buques enemigos.
La boca del lago, como la de los grandes ríos, está obs
truida en toda su extensión por una barra de arenas move
dizas, cuyos canales cambian de cauce con las corrientes, y
sólo dan paso a buques de poco calado. Pasada la barra,
quedaba por vencer el extenso bajío de la ensenada del
Tablazo, de menos fondo aún que los canales de la barra,
en presencia de una flotilla enemiga tan numerosa como la
republicana. Sin embargo, no quedaba a Padilla más cami
no de salud que ése, y el valor y la audacia lo franquearon.
Como Morales en todo podía pensar, menos en que la
victoria de Laborde arrojara a las aguas del lago la flotilla
republicana, y estaba ocupado por otra parte en las expe
diciones de tierra, había descuidado alistar la suya para un
combate, y carecía además de competentes Oficiales de ar
tillería en las baterías del Castillo que defiende la entrada
del lago.
El 7 de mayo, a las cinco y media de la tarde, fondeó la
escuadra republicana frente al Castillo de San Carlos. Al
amanecer del 8, Padilla hizo sondear y señalar por medio
de balizas el canal practicable, a la vista del enemigo. A las
dos y media de la tarde la Escuadra emprendió el paso de
la barra formada en línea de batalla. Las baterías del Cas
tillo estaban tan mal servidas, que de más de trescientos ti
ros sólo asestaron uno en la Espartana. El único buque que
varó fue el Bolívar, el cual sirviendo ya de blanco fijo, reci
bió en pocos momentos quince balas en el casco; pero aun
bajo esta lluvia de proyectiles su Capitán logró incendiarlo
y salvar la tripulación. Al anochecer, la escuadra estaba ya
dentro del lago y fuéra de los fuegos del Castillo.
Pero faltaba para alcanzar aguas profundas atravesar
el largo estero del Tablazo. Cuatro días con sus noches em
pleó la escuadra en practicar esta penosa operación, tenien
do que alijar muchos de los buques del peso de la artillería,
que apuntalar los que quedaban sin suficiente lastre, para
que no tumbaran, y que poner, con inmenso trabajo, a flote
DESPUÉS DE BOYACÁ 575
los que varaban ; pero afortunadamente sin que los hostili
zaran en nada las fuerzas sutiles de la escuadra enemiga,
que sin duda no estaba preparada para un combate.
Y el 14 de mayo pudo reunirse sana y salva en el fondo
del lago la escuadra de Padilla.
En esta situación, un combate naval tenía que decidir
de la suerte de la guerra, porque al Ejército del General
Morales no le quedaban libres sino las vías de Occidente en
dirección a Santa Marta, donde lo esperaba, después de
atravesar cuarenta leguas por los desiertos de La Goajira,
el numeroso Ejército organizado en Ríohacha ; pero aquel
combate naval no podía librarse inmediatamente, porque los
republicanos tenían una flotilla superior a la española, pero
todavía sin ejército, y los españoles un Ejército numeroso y
aguerrido, pero con una flotilla muy inferior a la republica
na. Esto explica porqué transcurrieron setenta días desde
la entrada de Padilla hasta la acción naval del 24 de julio.
^Libráronse entretanto muchos combates parciales,
como no podía menos que suceder, confrontadas como es
taban las fuerzas enemigas en tan estrecho recinto.
El Coronel don Manuel Manrique, Jefe Civil y Militar del
Departamento del Zulia, fue el activo cooperador de Padilla
en las fatigas, los servicios y las glorias de esta campaña, or
ganizando, equipando y conduciendo a los puertos de la costa
oriental del lago los Cuerpos que combatieron el 24 de julio.
El 30 de mayo se embarcó en el puerto de La Ceibita
el Batallón Zulia.
El 6 de junio recibió la flotilla en el puerto de Gibral-
tar el Batallón Orinoco^ dos compañías de Caracas y un es
cuadrón de dragones.
Las noticias de la aproximación del Ejército de Río-
hacha obligaron a Morales a salir de Maracaibo con casi to
das las fuerzas, para ir a guardar los pasos del río Socuy.
Aprovechando esta coyuntura, Padilla se dirigió inmediata
mente sobre la ciudad, que Manrique tomó después de un
vivo combate en la tarde y la noche del 16 de junio. No po
día sostenerse en ella : la abandonó el 19, en que Morales
volvió a recobrarla; pero no sin haber extraído de la ciudad
la artillería, parque, vestuario y ganados del enemigo.
El Ejército de Ríohacha, al mando de los Generales
Montilla y Gómez, fue muy desgraciado en esta campaña.
Sufrió, como hemos visto, primero la derrota de la División
de vanguardia, y ahora, por haber emprendido su marcha
en la estación de las lluvias, sin los elementos necesarios
para atravesar La Goajira, tuvo que regresar de nuevo a
Ríohacha, para escapar a una completa dispersión, causa
da por el hambre, la intemperie y las enfermedades. En
nada contribuyó a la rendición de Maracaibo.
El 25 de junio se embarcó en el puerto de Altagracia
576 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
la División de Coro, fuerte de novecientos hombres; al man
do del Coronel Andrés Torrellas.
La flotilla española recibió el 16 de julio el refuerzo de
tres goletas de guerra y dos mercantes, traídas por el Ca
pitán Laborde, el mismo que había batido la flotilla blo-
queadora de Puerto Cabello el l9 de mayo.
La situación de ambos Ejércitos, pero mucho más la
del español, era desesperante y casi insostenible por falta
de víveres. Era pues indispensable resolver la situación por
medio de un. combate.
La Escuadra española se componía de catorce buques
mayores y quince menores; la colombiana de tres bergan-
tiñes, siete goletas y doce buques menores, pero todos en ge
neral de mayor porte que lps buques españoles. Esta venta
ja la creía superada el General Morales por la calidad de su
tropa, que él consideraba muy superior a la independiente.
La acción tuvo lugar en la parte estrecha "del lago,
entre Altagracia y Punta de Capitánchico, al norte de Ma
racaibo. A las dos de la tarde del 24 de julio, en que hubo
viento favorable, los patriotas tomaron la ofensiva, yéndose
sobre los buques españoles, que recibieron el ataque cuan
do aún estaban anclados. En medio del fuego trataron de
picar cables y de ponerse a la vela, pero muy pocos lo con
siguieron. La orden de Padilla, como la de don Juan de
Austria en Lepanto. fue la de irse al abordaje, sin disparar
un tiro hasta que los buques no tocaran penóles.
Terrible fue el estrago. Peleóse por una y otra parte
con asombroso valor ; pero la suerte de la armas fue ad
versa al pendón español. Apresados once buques y dos to
talmente perdidos, los demás de la #Escuadra española hu
yeron hacia Maracaibo, pero en completa imposibilidad de
renovar un ataque. A la victoria de Padilla están indisolu
blemente asociados los nombres de sus Capitanes de navio,
Chitty, Beluche, Tono y Yoly, y los de los Oficiales Pelot.'
Castell, Uribarri, Minéis, Villanueva y Francisco Padilla,
que se distinguieron por su valor y su pericia.
Después de semejante pérdida, decisiva contra las ar
mas españolas, era forzoso aceptar una capitulación, que el
orgullo del General Morales prolongó diez días, pero que
al fin fue firmada el 3 de agosto. Por ella se eútregaron la
plaza de Maracaibo, el castillo de San Carlos y la flotilla es
pañola a la República de Colombia. Esta por su parte otor
gó plenas garantías a las personas y propiedades de los ren
didos, pero bajo juramento, con pena de la vida, de no vol
ver a tomar parte en la guerra. El Ejército español y los
que quisieran seguirlo debían ser conducidos a Cuba a cos
ta de la República. Setecientos soldados europeos siguieron
coa Morales a aquella isla.
An íb a l Ga l in d o