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Informe de la Academia Nacional de Historia

El informe del Secretario Perpetuo de la Academia Nacional de Historia detalla las actividades y publicaciones de la institución durante el último año, incluyendo homenajes a libertadores y la situación de la imprenta oficial que ha afectado la publicación de obras. Se mencionan varios trabajos académicos en proceso y se destaca la participación de miembros en revistas y concursos relacionados con la historia de Colombia. Además, se reportan cambios en la membresía y la promoción de nuevos académicos, así como el reconocimiento a sus contribuciones al estudio de la historia nacional.
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Informe de la Academia Nacional de Historia

El informe del Secretario Perpetuo de la Academia Nacional de Historia detalla las actividades y publicaciones de la institución durante el último año, incluyendo homenajes a libertadores y la situación de la imprenta oficial que ha afectado la publicación de obras. Se mencionan varios trabajos académicos en proceso y se destaca la participación de miembros en revistas y concursos relacionados con la historia de Colombia. Además, se reportan cambios en la membresía y la promoción de nuevos académicos, así como el reconocimiento a sus contribuciones al estudio de la historia nacional.
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Alio XII—N.' 143 BOLETIN.

Enero: 1920

DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ORcnno oe ífl ncRDem in n n cion nc oe h is t o r ia

DIBECTOR, REDACTORES,
EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO
ROBERTO CORTAZAR

Bogotá—República de Colombia

inFORÍDE

REGLAMENTARIO DEL SECRETARIO PERPETUO DE LA ACADEMIA


NACIONAL DE HISTORIA, DOCTOR PEDRO MARÍA IBÁÑEZ, LEÍDO
EN LA JUNTA PÚBLICA DEL 12 DE OCTUBRE DE 1919

Señores académicos:

Hace dos meses, el 10 de agosto, aniversario déla llega­


da de Bolívar vencedor a Bogotá, celebró la Academia jun­
ta pública solemne para tributar apoteosis a los libertado­
res. La parte que el instituto tomó en los festejos centena­
rios dio margen a la Secretaría para rendir un informe so­
bre los homenajes con que fueron exaltados los manes de los
padres de la Patria. Esta memoria es pues un complemento
del informe en referencia, y en ella sólo mencionaremos en
forma somera los actos relativos a la vida interna de la cor­
poración en el último período anual.

PUBLICACIONES

Incapacidades de la imprenta oficial han detenido la


impresión de libros que harán parte de la «Biblioteca de *
Historia Nacional.» Están en prensa y avanzan con deses­
perante lentitud «Los Ferrocarriles en Colombia,» por Al­
fredo Ortega; «Bibliografía Bogotana» (volumen n), por
Eduardo Posada; «Epistolario del doctor Rufino Cuervo»
(volunten n), por Luis Augusto Cuervo, y tomo 4? de «Cró­
nicas de Bogotá,» por Pedro M. Ibáñez. El n volumen de
«Descubrimiento y Conquista de Colombia,» por Ernesto
Restrepo Tirado, vio la luz en la Imprenta Nacional en el
curso de este año. r
En distintas tipografías han aparecido otros trabajos
académicos: el tomo n de la «Historia Contemporánea de
Colombia,» por Gustavo Arboleda; «Biografía del General
Manuel María Franco,» por Nicolás García Zamudio; «Don
x ii —41
642 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Julio Arboleda en el sur de Colombia,» por Daniel Zarama;


«Nuestra Señora de Chiquinquirá,» por fray Andrés Me-
sanza; «La Liga délas Naciones,> por Arturo Quijano;
«La Literatura Colombiana,» por Antonio Gómez Restrepo;
«El General Valerio Francisco Barriga,» por Ramón Co­
rrea, y «Asiento de San Antonio de Quilichao, hoy Santan­
der,» por Rufino Gutiérrez.
El volumen xvi del «Archivo Santander,» documentos
correspondientes a los años de 1826 y 1827, fue editado en
este año, y está en prensa el tomo siguiente de tan rica co­
lección de anales colombianos.
La Academia ha dado conceptos favorables a trabajos
de sus socios, que harán parte de la «Biblioteca de Historia
Nacional»: «Antonio Villavicencio,» por José D. Monsalve,
y «Estudios y Monografías,» por Rufino Gutiérrez. Los co­
rrespondientes Ildefonso Díaz del Castillo y Roberto Ramí­
rez B. trabajan, respectivamente, el drama histórico «La
Campaña Epica» y «Prontuario del Diario Oficial.» Tulio
Samper y Grau, de Barranquilla, escribe «Los Gobernantes
de Colombia,» y Fabio Lozano y Lozano, la «Biografía de José
Antonio Anzoátegui.» El académico Luis Orjuela es autor
del libro «Ricaurte y sus impugnadores ante la crítica,» va­
liosa contribución para las glorias del suicida de San Mateo.
Edita José M. Restrepo Sáenz «Proceres Neivanos»; corrige
José José Joaquín Guerra «Vida y obras de Ramón Guerra
Azuola,» y enviará a lá imprenta Juan B. Pérez y Soto «Co­
lección completa de cartas del Libertador,» «Memoria so­
bre la vida de Bolívar» y «Asesinato del Gran Marical de
Ayacucho.»
Ha patrocinado el instituto la impresión del libro «Bio­
grafía de Salvador Córdoba,» por el señor Alejandro Mesa
Nichols, descendiente del bravo Coronel, injustamente ol­
vidado. y estudia el Diccionario, inédito, sobre la Conquista
y la Colonia y la «Vida de Jorge Robledo,» que escribió el
correspondiente, desaparecido, don Alvaro Restrepo Euse.
Cuanto al «Boletín de Historia,» no obstante ser el ór­
gano del institutoy publicación ordenada porlaley, fuesus-
pendida, por dificultades de imprenta, el segundo semestre
de 1918; y durante el curso del presente año sólo han apa­
recido cuatro entregas, y se trabaja en dos más que conten­
drán los festejos centenarios de julio y agosto, los que se lee­
rán inoportunamente por la tardanza, inexplicable para
el público, de la impresión. Las entregas aparecidas en
el actual período contienen, como siempre, estudios iné­
ditos importantes de plumas académicas: «Historia de la
instrucción pública en Antioquia,» por Eusebio Robledo;
«Apuntes y Comentarios» (Coronel Peclro Acebedo Teja­
da), por José D. Monsalve ; «Datos para la historia del Ca­
INFORME DEL SECRETARIO PERPETUO 643

pitolio Nacional,» por Alfredo Ortega; «Bandera en 1813,>


por Pedro Salcedo del Villar ; «La cuna de Juan José Nei-
ra,» por Martín Medina ; «Nacimiento de don José de Ez-
peleta» y «Gobierno del Vicepresidente Azuola,» por Tulio
Samper y Grau ; «El reconocimiento de las colonias espa­
ñolas por la Madre Patria,» por Diego Mendoza; «Epigra­
fía Bogotana» y «Apostillas,» por Eduardo Posada; «La
Independencia de Colombia y su reconocimiento por los
Estados Unidos.» por Luis Augusto Cuervo ;< Bandera Na­
cional.» por Manuel María Fajardo;«El Dorado,» por José
Miguel Rosales; «Archivo de Andrés Caicedo Santamaría,»
por José Vicente París Lozano, y «Fundación de la Villa de
Leiva,» por el finado Mateo Domínguez. Además llenan
las páginas del «Boletín» informes de Jurados, documentos
inéditos y monografías de diversos autores, que menciona­
mos : «Informe sobre los extranjeros en la Independencia,»
por Luis Orjuela, José María Restrepo Sáenz y Pedro Ma­
ría Ibáñez; «Ciudad de Ibarra» (títulos concedidos a ella
por el Libertador) ; «Las estatuas de piedra de San Agus­
tín,» por Philip Hakspfiel; «Cartas inéditas de Pedro Fer­
nández Madrid»; Hospital de Facatativá,» por Gregorio
Lara Cortés; «Aportaciones a la biografía del Precursor
Francisco de Miranda,» pbr Juan M. Aguilar; «Documen­
tes para la biografía de Agustín Codazzi,» por Manuel An-
cízar; «Revolución de 1860,» por Heiiodoro Peña; «Honda
Colonial,» por Alejandro Vanegas; «Diario de las opera­
ciones del Ejército de don Julio Arboleda de marzo a agos­
to de 1862,» por Manuel María Luna, y «Curas de Nóvita.»
por Guillermo O. Hurtado.
Variado ha sido el repertorio con que se ha enriqueci­
do el «Boletín» en las pocas entregas mencionadas. En ellas
han tenido cabida también los documentos de la vida oficial
de la corporación y los homenajes a los padres de la Pa­
tria.
Miembros de la Academia han dirigido revistas que
enriquecen nuestros anales patrios: Gerardo Arrubla re­
dacta el «Boletín de Instrucción Pública de Cundinamar-
ca»; el Canónigo Cayo Leónidas Peñuela dirige el «Reper­
torio Boyacense»; Enrique Otero D’Costa redacta el «Ar­
chivo Historial,» órgano del Centro de Manizales; Eduardo
Zuleta es a la vez Presidente y Director del «Repertorio
Histórico» de la Academia Antioqueña de la Historia ; la
Academia de Historia de Cartagena da a luz el «Boletín
Historial»; el correspondiente Gabriel Porras Troconis di­
rige la «Revista Contemporánea,» y el académico José Joa­
quín Casas es el fundador de «El Santafereño.» Los corres­
pondientes Antonino Olano y Miguel Arroyo Diez hacen
parte de la dirección de la revista «Popayán,» y en la entre­
644 BOLETÍN DE HISTORIA ▼ ANTIGÜEDADES

ga de julio y agosto aparecen trabajos de Arroyo Diez, que


llamó «Bolívar y España» y la «Legión Británica,» repro­
ducciones del periodismo de Quito. En «Horizontes,» deBu-
caramanga se lee el trabajo «Bolívar y el Obispo Estévez,»
por don J. M. Restrepo Sáenz.
Por acertado interés del Presidente Gómez Restrepo
se edita en la Imprenta Nacional un folleto que contendrá
los informes y discursos que los señores académicos elabo­
raron para múltiples festividades, presididas por la corpo­
ración. que tuvieron lugar en la capital en los días de fies­
tas civiles en,que se celebró el triunfo en la batalla deBo-
yacá. considerada como la génesis de la libertad de cinco
Repúblicas.
BIBLIOTECAS

Sobre la de la Academia rindió informe el Bibliotecario


don Manuel María Mesa, el cual será insertado en nuestro
órgano oficial. La Biblioteca «Jorge Pombo» está a cargo del
académico doctor Roberto Cortázar, y sus labores en ella
aparecerán en el mismo periódico. La Secretaría se limita
a citar donaciones generosas que han enriquecido nuestros
anaqueles, por el altruismo de los señores Enrique Otero
D’Costa, Adolfo León Gómez, Cámilo Destruge, de Guaya­
quil; Ernesto Restrepo Tirado, Julio Garcés, Ministro de
Chile; Carlos Cuervo Márquez, Manuel Segundo Sánchez,
de Caracas; presbítero Gonzalo Uribe, de Caldas; José Joa­
quín Guerra, Gustavo Arboleda, B. Tavera Acostav de Ciu­
dad Bolívar; Carlos M. Urién, de Buenos Aires; E. Conta­
mine de Latour, de Enhiuen les Bains; el señor Ministro de
Méjico, y Kicardo Moros.
Los franceses J. Humbert, Padre Enrique Rochereaux,
Vizconde de Fontenay, Ministro de su país en Servia, y el
doctor Rivet, Profesor de Antropología en París, han cui­
dado de enviar sus producciones a nuestro instituto.
CONCURSOS

El tema adoptado por la corporación para el concurso
anual que terminó en septiembre y que se premia en esta
sesión, fue «Influencia de la batalla de Boyacá en la inde­
pendencia de América.» Contituyeron el Jurado los acadé­
micos Bernardo Caicedo, Eduardo Posada y Arturo Quija-
no, y el fallo va a leerse dentro de breves momentos.
El concurso de tema libre para Oficiales en servicio del
Ejército, previo concepto del Jurado compuesto por los Ge­
nerales Bernardo Caicedo, Carlos Cuervo Márquez y José
D. Monsalve, fue premiado concediendo diploma de corres­
pondiente al Coronel Rafael Negret por la monográfía «Na-

*
INFORME DEL SECRETARIO PERPETUO 645

riño (1813-1814),» y con mención honorífica, obtenida por


el Capitán Leónidas Flórez Alvarez, por su trabajo «Acción
de la Marina en la Guerra de Independencia.» Otros detalles
sobre este concurso se encuentran en la página 492 del vo­
lumen x ii del «Boletín de Historia.»
El Ministro de la Guerra, antiguo y excelente miembro
déla corporación, confirió la Cruz de Malta a los Oficia­
les aceptados por la Academia como sus miembros, exten­
diendo el valor moral de las distinciones académicas.
Para el concurso ordinario que terminará en septiem­
bre de 1920 se adoptó como tema «Campaña libertadora de
Antioquia. el río Magdalena y la Costa Atlántica, desde la
batalla de Boyacá hasta el sitio y toma de Cartagena.»

PERSONAL

Durante el año académico la corporación ha abierto las


puertas de ella en la clase de correspondientes a los colom­
bianos Mayor Jorge Mercado, autor de «Campaña de inva­
sión del Teniente General don Pablo Morillo» ; Coronel Ra­
fael Negret, cuyo trabajo ya mencionámos; Mayor Manuel
París R., quien estudió la campaña del Ejército Libertador
en 1819, y Daniel Zarama, actual Senador de la República,
autor del libro editado en Pasto. «Don Julio Arboleda en el
sur de Colombia.» Las cordiales relaciones entre las Aca­
demias de Historia de Caracas y Bogotá se han estrechado
concediendo títulos de correspondientes a tres venezolanos
de renombre en las letras americanas: Manuel Díaz Rodrí­
guez. Santiago Rey Ayola y Vicente Lecuna.
Un español, don Antonio Ballesteros, fue aceptado como
nuestro socio por jpu idoneidad y en señal práctica del
acercamiento de la raza hispanoamericana.
Tres miembros correspondientes han sido promovidos
con justicia a las sillas de número. Los trabajos sobre his­
toria nacional de cada uno de ellos holgarían este informe,
pues son conocidos y apreciados en su valer positivo por sus
consocios y por el público letrado de América. Son ellos
Luis Augusto Cuervo, Hernando Holguín y Caro y Alfonso
Robledo.
Están aceptados como candidatos para correspondien­
tes el presbítero bogotano Juan Crisóstomo García, Rafael
María Mesa Ortiz, Enesto Murillo, y los venezolanos Luis
Eduardo Pacheco, colaborador de «Horizontes,» en la capi­
tal del Táchira, y Diego Bautista Urbaneja, actual Secreta­
rio de la Legación de Venezuela.
Han fallecido durante el año dos correspondientes: el
doctor Antonio Regino Blanco, miembro de numero deja
Academia de Historia de Cartagena y Senador de la Repu­
646 BOLETÍN DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES

blica, quien murió inesperadamente en esta capital, mé­


dico e historiógrafo distinguido; y don Ozías S. Rubio, Se*
cretario del Centro de Historia de Tunja. autor en colabo­
ración con el correspondiente Manuel Briceño del libro
<Tunja desde su fundación hasta la época presente (1909),»
y activo colaborador del «Repertorio Boyacense,» en la ca­
pital del Departamento de Boyacá.
La Academia, conservando laudable costumbre y la­
zos de cordial amistad entre sus socios, acompañó en due­
los de familia, enalteciendo a los desaparecidos, a los tres
miembros que representan el apellido Cuervo en nuestra
corporación, y a los ex-Vicepresidentes José Joaquín Gue­
rra y Raimundo Rivas, por pérdidas de matronas y ciuda­
danos de esclarecida distinción.
Activos y útiles han sido los servicios prestados a la cor­
poración por sus dignatarios, de quienes me está vedado
hacer elogios merecidos y justos por los lazos de compañe­
rismo, bien que ellos no los necesitan, pues sus nombres son
timbre de orgullo de las letras colombianas en los países de
habla española. El Presidente don Antonio Gómez Restre­
po y el Vicepresidente don Gustavo Arboleda ceden hoy
sus sillas a don Raimundo Rivas. benemérito miembro de
la Academia, y a don Alfonso Robledo, los dos distinguidos
historiógrafos y publicistas de renombre.
La buena conducta y las aptitudes de don Luis Augus­
to Cuervo las tuvo en cuenta la Academia para reelegirle
Secretario Auxiliar. El cargo de Tesorero recayó una vez
más en el doctor Manuel M. Fajardo, que presta sus servi­
cios con acierto y pulcritud desde 1902. La biblioteca vuel­
ve a quedar al cuidado de don Manuel M. Mesa, distinguido
por su acuciosidad, y la Biblioteca «Jorge Pombo» basta de­
cir que está servida, de acuerdo con el Ministro de Instruc­
ción Pública, por el doctor Roberto Cortázar, empleado mo­
delo en cada una de las oficinas de que ha hecho parte.

CENTROS DE HISTORIA

Las corporaciones que tienen como objetivo la investi­


gación de los anales patrios, a la vez que sirven a la historia
nacional, en forma práctica, son lazo de unión en el organis­
mo nacional. La Academia de Historia de Medellín está re­
gida hoy por el doctor Eduardo Zuleta, y desempeña la Se­
cretaría don Carlos A. Molina. La Academia de Historia
de Cartagena la dirige don Luis Patrón R., y es su Secre­
tario don Gabriel Porras Troconis. En la ciudad de Santa
Marta, por iniciativa del académico Manuel Dávila Flórez,
se constituyó el 22 de abril último la Academia de Historia
del Departamento del Magdalena, que designó como su Pre-
INFORME DEL SECRETARIO PERPETUO 647

Bidente de honor al doctor Dávila Flórez, Presidente efec­


tivo al doctor Manuel E. Lanao y Secretario a don Rodrigo
Noguera. El Centro de Historia de Cali lo preside el médico
patriota doctor Evaristo García, y es Secretario de él don
Andrés J. Lenis. El de Tunja eligió como su Presidente al
Canónigo Cayo Leónidas Peñuela, y sirve la Secretaría don
Roberto Vargas Tamayo. En Manizales preside el Centro
el médico doctor Emilio Robledo, y desempeña la Secreta­
ría don Rudesindo Ocampo. Han trabajado con interés y
patriotismo miembros de los Centros de Pasto, Papayán y
Bucaramanga. La vida activa de la próspera ciudad de Ba-
rranquilla había dispersado los miembros del Centro de la
capital del Atlántico. En los días actuales, congregados de
nuevo, reconstituyeron la entidad que dirigen don Rafael
María Palacio y don Julio Samper y Grau, y cuya Secreta­
ría le fue confiada a don Julio Labarrera.

LA ACADEMIA EN EL EXTERIOR

No obstante los trastornos de navegación consecuen-


ciales a la gran guerra, ha sido viva la correspondencia y
los canjes que ha sostenido el instituto con centros f perso­
nalidades que se ocupan en el estudio de la historia en dis­
tintos países. Por el mes de noviembre se autorizó al Presi­
dente de la Academia para aceptar el nombramiento de
miembro consultivo del Consejo permanente del Congreso
americano de Geografía e Historia que se reunirá en Buenos
Aires. El Congreso Internacional de Historia de América,
Asamblea científica que se reunirá en junio de 1920 en Río
de Janeiro, está representado en Colombia por una Comisión
de académicos, presidida por el General Carlos Cuervo Már­
quez y formada por los miembros José D. Monsalve, Arturo
Quijano, Eusebio Robledo y Ernesto Restrepo Tirado. La
Comisión está encargada de organizar los trabajos en nues­
tro país, y su Jefe, el ex-Presidente Cuervo Márquez, aho­
ra nuestro Representante Diplomático en Venezuela, le ha
prestadcj toda atención a su honroso cargo, y tiene el pro­
pósito de asistir al Congreso.
Buenas relaciones hemos sostenido con otras Repúblicas
de América : con la Hispanic Society, de Nueva York; con
el Instituto Smithsoniano, con algunas Universidades de la
República de Washington, con la Biblioteca Nacional de Mé­
jico, y con la redacción de <Inter-América,> órgano de cam­
bio intelectual entre los pueblos del Nuevo Mundo.
El diplomático Fabio Lozano T. lleva la misión de
extender nuestro comercio intelectual en la República me*
jicana.
648 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Cordialísimas relaciones hemos tenido con nuestros


hermanos de Venezuela. A más de trabajos comunes de las
dos Academias en las fiestas centenarias, los correspondien­
tes Manuel Díaz Rodríguez, Laureano Vallenilla Lanz,
Manuel Segundo Sánchez y B. Tavera Acosta, han publi­
cado monografías sobre asuntos históricos. La Municipali­
dad del Distrito de Crespo solicitó de la Academia los estu­
dios de las huacas, su historia y modo de reconocerlas, as­
piración que fue atendida.
Con la Biblioteca Nacional de la República del Ecua-
dor, con el Centro de Estudios de Quito y con la Biblioteca
Municipal de Guayaquil se han hecho canjes de libros, y
don Carlos M. [Link] envió, en edición especial, la rela­
ción inédita del descubrimiento y conquista del Perú, t’ra-
bajo que hace parte del Boletín de la Sociedad ecuatoriana
de estudios históricos americanos.
«Nuestra América,» revista de difusión cultural ame'
ricana, editada en Buenos Aires, llega a los escritorios de
la Academia.
El Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay y la
Universidad de Córdoba, de Tercumán, nos envían valiosas
producciones y reciben nuestros trabajos.
A más de la «Reforma Social» y de la «Revista Bimes­
tre Cubana», hemos adquirido relaciones con don F. de P.
Coronado, Secretario de la Academia de Historia de La Ha­
bana.
En el Viejo Mundo se han distinguido los franceses
como amigos del instituto. Además de las menciones ya he*
chas acaban de llegar «La famille Betoya on Tu Kano,» «El
origen del Hombre,» «La langue Itomana» y «La langue
Mobima,» estudios en que ha colaborado el correspondien­
te P. [Link] la Sociedad de Americanistas de París, y en­
vía continuos canjes al Comité France Amerique que reside
en la gran capital de la vieja Galia.
En la Madre Patria el correspondiente José Manuel
Pérez Sarmiento estrecha las relaciones con la reaparición
de «Colombia,» interesante publicación periódica, y con la
impresión de un libro que tiene por título el nombre dé
nuestra Patria, conocido de nuestros consocios. También
nos ha llegado el «Boletín del Centro de estudios america­
nistas de Sevilla,» que registra ya el número 25.
ASUNTOS VARIOS

Por no tener cohesión ni armonía distintos asuntos de


interés nacional, los hemos agrupado al final de esta rela­
ción. El Despacho de Instrucción Pública solicitó de la cor­
poración informe sóbrela conveniencia y precio de adqui­
INFORME: DEL SECRETARIO PERPETUO 649

rir un interesante manuscrito inédito, copia fiel de los pro­


cesos seguidos a los mártires de Cartagena en 1816, de alta
importancia para la historia de la justicia militar, por cierto
correcta en sus principios, luego desvirtuada por los recon-
quietadores tenientes de don Pablo Morillo y de Sámano,
cuando flagelaron el país en los años de sangre que se lla­
man en nuestros anales el teVYVr. Aprobado el informe de
la Comisión, rendido por los socios Ibáñez y Restrepo Tira-'
do, fue él llevado a conocimiento del Ministerio.
Iniciada por el correspondiente Tulio Samper y Grau,
de Barranquilla, luminosa investigación sobre la bandera
libertadora en 1813, dio margen a buenas páginas escritas
por el mismo Samper y Grau y por Enrique Otero D’Cos*
ta. Acaba de obtener un documento gráfico don Luis Au­
gusto Cuervo, sobre este asunto: un retrato del Libertador,
que con acierto no firmó el artista, en el cual empuña la
bandera amarilla, verde y roja, tricolor del Estado libre de
Cartagena. Cuanto a la bandera nacional, ya mencionámos
el apreciable estudio de Manuel M. Fajardo.
Atendió el instituto las consultas de dos respetables
ciudadanos: don Guillermo O. Hurtado, de Pavas, pidió
noticia exacta sobre la asistencia de don Jorge Tadeo Loza­
no como Diputado del Chocó al Congreso de 1815, duda que
le fue resuelta señalando el día en que aquel mártir tomó
posesión de su curuljel socio Rivas tiene comisión para inves­
tigar cuáles patriotas asistieron por el Chocó en la déca­
da que principió en 1822. y el Secretario Ibáñez está en­
cargado de avisar al señor Hurtado qué Diputados de Cun-
dinamarca asistieron al Congreso de Angostura. Don Max.
Mesa Córdoba solicita un fallo documentado sobre el proce­
so y sentencia seguido al General José María Córdoba en la
capital,como sindicado de responsabilidad de la muerte trá­
gica de un Sargento en la ciudad de Popayán; los Secreta­
rios tienen comisión para este estudio.
El General Inocencio Cucalón ha impetrado un con­
cepto académico sobre el libro inédito <Mis Recuerdos,» o
memorias de su vida, relación interesante en cuanto se
refiere a su vida pública, pues él ha actuado en numerosos
incidentes de política y de guerra. Esas páginas encierran
apreciaciones vivas sobre distintos personajes de alta repre­
sentación en los Gobiernos de nuestros días y sobre sus
amigos y enemigos. La Comisión que presentará el proyec­
to sobre el concepto la constituyen los socios J. D. Monsal­
ve y A. Quijano.
El Ministerio de Gobierno envió a la Academia el pe­
riódico «Brisas del Plata,» con el informe de los señoreB Víc­
tor Trujillo y Bernardino Montealegre, que se reprodujo
en el «Boletín,» sobre las minas prehistóricas halladas por
650 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

casualidad en la tierra de los paeces, no lejos de la ciudad


de La Plata, vestigios de población de tiempos muertos. Los
paeces, parte de la gran familia de origen caribe, según
opinión del ex-Presidente Cuervo Márquez, no tienen más
historia que la referente a la época de la Conquista, y futu-
ras excavaciones y nuevos estudios pondrán en claro si es­
tas antiguas estatuas son homogéneas a las que se encuen­
tran en el confín meridional del Departamento del Huila, o
sea las célebres minas de San Agustín, a las cuales han uni*
do sus nombres, entre otros, Humboldt, Codazzi, el botáni­
co Triana y nuestros colegas Cuervo Márquez y Restrepo
Tirado.
En el mes de agosto excitó la Academia al Congreso Na-,
cional para ordenar una refundición de la estatua del pa*
tricio José Ignacio de Márquez. El primer bronce que lie*
gó a esta capital en los días centenarios se levantó en Rami-
riquí, su término. Deseosa la Academia de honrar los
manes del joven civil que dio posesión de las primeras sillas
de mandatarios a Bolívar y a Santander, y que más tarde
fue Jefe del Poder Ejecutivo Nacional, vio colmadas sus
aspiraciones con la ley expedida en 1919. La capital deberá
al patriotismo imparcial de esta corporación la estatua del
Presidente del Congreso del Rosario, como las letras le de­
ben ya la publicación de la «Vida de Márquez,» escrita
con serena imparcialidad por su descendiente Carlos Cuer*
vo Márquez, que llena los tomos x v ii y xvm de la «Biblio*
teca de Historia Nacional.»
El décimo8éptimo año de vida de este instituto se cié*
rra en esta noche. Durante él la cosecha recogida por sus
miembros en la vasta y rica mies de las investigaciones his­
tóricas, ha sido fecunda. Ella ha tenido por objetivo, como
siempre, la unidad nacional, las glorias de nuestros mártires
y padres dé la Patria, el recuerdo y honra de varones exi*
míos, el cuidado de los monumentos vinculados a nuestra
historia, la iniciación de temas para nuevos estudios y el es*
tímulo del patriotismo para los jóvenes y para los militares
que aman las letras y la Patria.
Unidas estas frías y cortas líneas con las que forman el
informe de las fiestas centenarias, hacen un todo que de­
muestra la generosa labor de esta corporació[Link] obedece
a su lema o leyenda del escudo, y que trabaja siempre con
plausible desinterés y constante labor por el engrandeci­
miento de la tierra colombiana.
INFORME DEL BIBLIOTECARIO 651

IDFORÍDE DEb BIBLIOTECARIO


Señores miembros de la Academia Nacional de Historia.

Seis años hace que me hicisteis el hooor de elegirme


para custodiar, conservar y fomentar, como Bibliotecario,
la marcha de este departamento de la Academia, su biblio­
teca, y desde entonces llevo rendidos cinco informes anua­
les. con el que ahora os presento, para daros cuenta de esa
su guarda, su conservación y su fomento a mí encomenda­
das, lo que he hecho y bago con el positivo placer del cum­
plimiento de una obligación y con la satisfacción de un éxi­
to más o menos alcanzado, porque, en verdad, como lo he
dicho en anteriores informes, la marcha de esta dependen­
cia bien puede decirse que ha sido afortunada, pues de los
útiles y libros llegados a ella, y de los que en ella encontré
al tomar posesión de mi cargo, ninguno se ha perdido ni
por extravío, ni por deterioro, y muy al contrario, hoy se
encuentra algo más que doblado el caudal de la biblioteca :
1,063 volúmenes existían en aquel entonces cuando por vez
primera la catalogué, y hoy tiene ya 2,236.
Poseía el año pasado 1,725, luego han ingresado en el
año oficial que hoy termina 511 volúmenes. Además, la
colección de mapas se ha aumentado con 4 ; la incipiente
colección de manuscritos antiguos, con 2 ; también han in­
gresado tres series de semanarios y diarios nacionales; una
interesante colección en diez tomos empastados del «Correo
Nacional,» desde 1895 hasta 1899; una colección de «La
Prensa,» 1891, del número 1 al 88, en tomo también
empastado; y se han coleccionado, recogiendo aquí y allá,
de! «DiarioOficial» los años de 1896, 1898, 1905 a 1912 y
1914 a 1917, como también los «Anales de la Asamblea Na­
cional» en 1910 y los años de 1913 a 1915 de los «Anales del
Senado»ydela Cámara de Representantes, prensa, toda
esta, que, como vosotros lo sabéis es de i mprescindible exis­
tencia en todo lugar donde labore la mentalidad.
El total de 2,236 volúmenes existentes hoy al examen
de su índice, que en tres cuadernos os acompaño, bien pue­
den clasificarse así: 738 libros sobre historia y ciencias ;
auxiliares; 455 sobre literatura; 329 de ciencias sociales
138 sobre derecho y legislación ; 21 de religión; 14 de fílo-
gía lingüística; 17 sobre bellas artes; 39 de pedagogía,
y el resto de administración pública.
Para no hacer larga la lectura de este informe acom­
paño en cuaderno especial la lista de los libros, revistas y
folletos que han ingresado durante el año de que os doy
cuenta ; pero siguiendo la costumbre que desde años pa­
sados he traído, de consignar en mis informes anuales los
652 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

nombres de los donantes y el número y título de las dona­


ciones—que no de otra cosa se ha mantenido, se sostiene y
adelanta esta biblioteca,—cumplo aquí con el más grato de
mis deberes, dejando constancia de las personas que con
más frecuencia y más espontáneamente la han favorecido.
Se destaca, como en los años anteriores, al ligero hojear
del cuaderno de «Publicaciones recibidas,» el nombre del
doctor Ernesto Restrepo Tirado, quien siempre cuidadoso
e interesado por la biblioteca, le ha regalado en este año,
fuera de varias series de periódicos, hojas sueltas y revis­
tas, entre otros libros, los siguientes: «Catalogue of the
Library of Ferdinandus Columbus» (reproducción en
facsímile por la Casa de Archer M. Huntington, 1905);
«Memoria histórica del sabio naturalista español don José
Celestino Mut¡6»; «Tablero del Palenque en el Museo Na­
cional de los Estados Unidos»; «Supersticiones y Leyendas,»
por J. B. Ambrosetti; «Anual Report of the Bureau of
Ethnologie,» 1888 a 1890, por J. W. Powell; «Catálogo de
las voces usuales de Aimará» ; «Manuel Murillo.» por Fe­
lipe Pérez, y un cuaderno manuscrito de 328 años atrás
(1591),que contiene las copias debidamente autenticadas de
los testamentos del conquistador Antón de Olalla y de do*
ña María Dorrego, 6U mujer. Y aquí es para mí de impe­
rativo y muy grato deber el deciros que el señor doctor
Restrepo Tirado, a más de 6us frecuentes regalos a la bi­
blioteca. cuida de ella, puede decirse, con el solícito empeño
del que cuida lo propio, ya invigilándola, ya haciendo indi­
caciones para su próspera marcha, a tal punto que en juicio
justiciero—no benévolo y en no lejano futuro, reclamará
la institución, siquiera para uno de sus estantes, el nombre
del doctor Restrepo.
El señor doctor Carlos Cuervo Márquez hizo en este
año la bien apreciada e interesante donación de los diez to­
mos, colección de «El Correo Nacional» y del tomo colec­
ción de «La Prensa,» todos empastados, de los que ya atrás
os di cuenta, y más los siguientes libros : «Una vuelta al
mundo»; «Víctor Margueritte» y la «Propiedad intelec­
tual,» por Ernesto Quesada ; «El Arbitramento Internacio­
nal,» por Miguel J. Vargas, y «Mis memorias diplomáti­
cas» (dos volúmenes), por V. G. Quesada.
El doctor Diego Mendoza regaló: seis tomos de «Chois
de Rapports. opipions et discours prononcés ala Tribune
Nationale, 1790 a 1791» ;*el tomo undécimo del «Dictionai*
re Geographique.» por Mac Carthy ; «Jacobo Delorme o
Felicidad y Religión»; «Ferrocarriles de vía estrecha,» por
Cisneros; el tomo 5 de «Historia Universal,» por Segur;
el tomo l9 de «Puissance temporelle des Papes»; todos es­
tos libros empastados, y 96 memorias y folletos más.
In f o r m e d e l b ib l io t e c a r io 653

El doctor José Joaquín Guerra : «Historia de San Vi­


cente de Paúl,» por Monseñor Bougeaud (dos tomos); el
«Código Fiscal» de 1905; «Apuntes para la biografía de
don Marcelino Menéndez Pelayo,» por García Romero;
«Efemérides Históricas,» por Luis de Oteíza; «Relación
documentada de la expulsión de un sacristán de la iglesia
de Santiago de Chile,» y algunos otros libros y cuadernos.
Don Gustavo Arboleda: el tomo 2° de su «Historia Con*
temporánea»; los tomos 1*? y 39, empastados, de la «Historia
de los Estados Unidos,» por Spenser y Greeley; «Viaje
a Roma y a Jerusalén,» por el Obispo Manuel C. Restrepo ;
«Conferencias Centroamericanas,» por Ramírez Peña;
«Biografía del General Juan Illingrooth»; «Estudio sobre
la independencia del Paraguay,» por Fulgencio Romero;
«Elementos de Demografía,» por Felipe S. Paz; «Maracai-
bo Gráfico,» y 105 libros y folletos más.
Y aquí suspendo la enumeración de los que mayor nú­
mero de regalos le han hecho a la biblioteca en este año,
como de la lista y títulos de los libros obsequiados, porque
como ya dije, van en el cuaderno de «Publicaciones recibi­
das,» que acompaño; pero al detenerme aquí no puedo dejar
de anotar la ausencia en esa enumeración del nombre del
doctor Adolfo León Gómez,quien tal vez por hallarse ausen­
te, no pudo en este año hacer sus regalos, como siempre en
años anteriores los ha hecho, con marcada frecuencia y gen*
tileza.
Mas no por abreviar, dejemos de consignar los nom*
bres de otros donadores. La lista es :
Doctor Camilo Destruge, D. E. Otero D’Costa, doctor
Diego B. Urbaneja, doctor Antonio Gómez Restrepo, Pres­
bítero doctor Gonzalo Uribe N., doctor Luis Febres Cor­
dero, doctor Pedro M. Ibáñez, doctor Etanislao Gómez Ba­
rrientes, don Luis Augusto Cuervo, doctor Rafael Mesa Or-
tiz, doctor Daniel Zarama, doctor J. D. Monsalve, don José
Joaquín París, doctor Ernesto ftíúrillo, doctor P. Contami­
ne de Latour, doctor B. Tavera Acosta, doctor Ambrosio
Robayo L., doctor Alvaro Uricochea, doctor Eduardo Po­
sada, la Legación de Chile, la Biblioteca de Ayacucho, el
Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, la Biblioteca
Nacional de Caracas, la Biblioteca Nacional de Guayaquil,
Smithsonian Institution, Comité France, Amerique y
Unión Panamericana.
En su mayor parte las publicaciones que llegan a la
biblioteca vienen en rústica, como es casi obligado por la
comodidad de la remisión, y de aquí que me permita repe*
tir lo que en años anteriores he dicho: que debo llamar
muy encarecidamente la atención del instituto a fin de que
provea los medios de empastar un crecido numero de libros
654 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

que piden esta condición para que puedan ser ellos caíalo-
gados, clasificados o siquiera colocados en los estantes.
Muy de sentirse es que ni para eso no tenga el estableci­
miento cantidad alguna disponible, por pequeña que sea.
c a n j e s , e n v ío s , c o m is io n e s

Correspondiendo a los envíos que del Exterior se han


hecho a la biblioteca, en calidad de canjes, y por comisio-
nes emanadas por la ilustrada, muy digna Presidencia de
la corporación, y siempre obedeciendo a las juiciosas indi­
caciones del señor Secretario perpetuo, se han hecho las
siguientes remisiones: a la Municipalidad de Guayaquil, los
tomos x y xi del «Boletín,» «Epistolario del doctor Rufino
Cuervo» y el tomo 11 de «Descubrimiento y Conquista»; a
la Biblioteca Nacional de Venezuela, los tomos xxi y xxn
de la «Biblioteca de Historia Nacional,» y un ejemplar de
«Descubrimiento y Conquista»;a la Smitbsonianlnstitution,
los tomos ix, x y xi del Boletín ; al señor Rivet, por conduc­
to del correspondiente, Reverendo Padre Rochereaux, «Vi-
da de J. I. de Márquez,» i y n tomos, un ejemplar del«Epis-
tolario de Cuervo» y cuatro tomos más de la «Biblioteca de
Historia.» Omito aquí algunos otros envíos, por haber sido
de un solo volumen, pero hay de ello constancia en el af*-
chivo de la Oficina.

ASISTENCIA DE LECTORES

En mayor número que en el año pasado fue el personal


de los que solicitaron libros para su consulta, pues confor­
me a la lista del cuaderno respectivo, fueron 33 los lectores
y 54 las obras consultadas, siendo las más pedidas los
tomos del «Boletín,» el «Archivo Santander,* «Documen­
tos para la vida del Libertador,» «El Teniente General
Pablo Morillo,» <O’ Lear?» y Documentos inéditos del ar­
chivo de Indias.»
En cuanto a esta última obra citada, lástima es que el
establecimiento no posea sino 42 de sus tomos, ascendien­
do ya el número [Link] publicados—según informes—a más
de 100. Si las Cámaras Legislativas Nacionales, en benévo-
la mirada hacia la Academia, le conceden o conservan al*
gún auxilio, sería muy de desearse que ella pidiera a Es*
paña los tomos restantes ya publicados. Es obra de mucha
consulta, de rica fuente de investigación.

GENERALIDADES

La impresión del catálogo o catálogos de las obras


existentes en la biblioteca es necesidad que se palpa. Esto
INFORME DE UN JURADO 655

facilitaría el trabajo de los estudiosos académicos y de los


extraños al Cuerpo consagrados también a la reconstruc­
ción del pasado, porque siéndoles fácil obtener un ejem­
plar de la publicación, harían en su propio hogar la busca
en el catálogo de la obra u obras que necesitasen, evitán­
dose la diligencia de ocurrir a la oficina. Algo como en obe*
decimiento a serie de concausas ha hecho que este paso
haya sido demorado.
El salón del establecimiento exige más luz. Las dos
puertasventanas por donde ésta le penetra son insuficien­
tes, y hay en fnedio de estas dos un lugar ocupado hoy por
una alacena, que bien puede cedérsele a una tercera puer­
taventana, dándole así mayor claridad a la sala.
Concluyo, señores miembros, este mi árido informe,
pero al terminar, pidiéndoos me concedáis el favor de re­
conocer en mí mi buena voluntad puesta al servicio de
este anexo de la ilustrada corporación, ya que de otra ma­
nera con nada casi he podido contribuir a sus altas labores.
Bogotá, octubre l9 de 1919.
Ma n u e l Ma r ía Me z a

IDFORÍDE DE Un DURADO
SeKor Presidente de la Academia Nacional de Historia :

Gustosos cumplimos con el deber de informar acerca


del trabajo presentado a concurso en el anual que tiene es­
tablecido la Academia.
El tema que fijó la corporación en septiembre del año
pasado fue por demás interesante, atrayente; era el indica­
do para el momento histórico que se aproximaba. La Aca­
demia llamó a concurso sobre Boyacá y sus consecuencias,
y así se llama la monografía que examinamos y que, cuida­
dosamente mecanografiada y arreglada, vino a la Secreta­
ría con el seudónimo de Fray Gras.
¡Cuán penoso es para vuestra Comisión tener que apun­
tar el hecho de que dicho estudio fue el único remitido al
concurso! Tratándose de tema tan halagador y de la pro*
ximidad del centenario de la batalla de Boyacá, era de pen­
sarse que muchos corazones de patriotas fuesen tentados
con la divina tentación de las glorias patrias, en momentos
tan propicios como ya no volverán a encontrar en su exis­
tencia las generaciones actuales. 1 Cuán desconsolador es
constatar ese fenómeno de desaliento, de abulia ante altas
y nobles empresas, que, si bien imponen trabajo y estudio
sostenidos, en cambio dan frutos de bendición y honor para
la Patria y para el autor! Hubiérase tratado de una con­
656 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

quista de fácil renombre, que sólo exigiera dotes de imagi­


nación y que no impusiera mayor esfuerzo, un torneo de
sonetos, verbigracia, y seguramente habrían sido muchos
los concursantes.
En cambio, el estudio presentado como único, ínerece,
por varios puntos de vista, los honores del premio, y creemos
sinceramente que lo hubiera obtenido aun compitiendo con
rivales.
Lo primero que llama la atención es el estilo, siempre
claro y levantado con que está escrito; tiene muchos ras­
gos hermosos, y no faltan notas de elocuencia un tanto poé­
tica. Bien es verdad que el ilustrado autor advierte que
deja de mano los versos para dedicarse a esta obra de ma­
yor aliento. Lástima grande que en el arrebato de la inspi­
ración y como para redondear un período se aparte de la
exactitud histórica, como cuando asienta que los formida­
bles descamisados patriotas tuvieron que habárselas en Bo­
yacá con doble número de vencedores de Napoleón.
Salvo este reparo, los capítulos—más de la mitad del to­
tal— destinados a la campaña libertadora y a la batalla final,
son bastante completos y están gallardamente escritos;
tánto. que si no fuera por las frecuentes comillas, daría tra'
bajo distinguir cuándo habla don Eduardo Blanco y cuán­
do nuestro autor. Este ha hecho buena labor literaria e
histórica en esa su primera parte.
Con todo, hallamos de más mérito la segunda : en ésta,
ya en estilo sobrio, reposado, se va dando cuenta, capítulo
por capítulo, de los múltiples aspectos de la labor de gesta'
ción del reconocimiento de Colombia la Grande por las po­
tencias de Europa y norte de América. Allí Méjico y los
Estados Unidos, Portugal, Inglaterra, Francia aparecen
entrando poco a poco en relaciones con la joven y simpática
nacionalidad, como consecuencia de Bcyacá. Todo ello es
muy digno de aplauso y hace acreedor al autor a la distin­
ción del premio, no obstante las observaciones que nos per-
miteremos enseguida.
A nuestro parecer, antes que la consecuencia mediata
de la batalla de Boyacá de que acabamos de ocuparnos, hubo
otras inmediatas, también de trascendencia incalculable,
decisiva así en lo interno como en lo externo. En cuanto a
esto último, creemos que el concursante hubiera interpre­
tado de modo cabal el pensamiento [Link] Academia, si nos
diera un estudio, más o menos sintético, de carácter mili­
tar por una parte y político y administrativo por otra, de
las consecuencias de la célebre acción de armas en la li­
bertad de la Nueva Granada, primero, y luégo, en la de Ve­
nezuela, y después en la del Ecuador, y finalmente, en la
del Perú, el Bajo y el Alto. ¿Acaso la creación de Bolivia, en
INFORME DE UN JURADO 657

sus diversos aspectos, no tiene un capítulo obligado donde­


quiera que se trate de las consecuencias de Boyacá ?
Distinguidos historiadores venezolanos han asentado
que fue Carabobo, éste sí, el hecho verdaderamente decisi­
vo en la libertad continental. ¿No hubiera sido un tópico in­
teresante y a todas luces colombiano, y colombiano de estos
momentos, el demostrar cómo de Boyacá surgió Carabobo
de una manera lógica, ordenada, fatal, en lo militar, así
como en lo político la creación de Colombia por el Con­
greso de Angostura, no habría sido, no podía ser, no poda­
mos concebir que fuera sin nuestra famosa batalla ?
En cuanto a lo interno, consecuencias inmediatas de
Boyacá fueron el establecimiento de la República en todas
sus faces, surgida en días, casi en horas del caos colonial; el
modelamiento del alma republicana sobre las ruinas del es­
píritu de vasallaje al rey ; la organización legislativa, políti­
ca, fiscal de un gran país a la luz de los principios y de las
prácticas modernas; el florecimiento de los estudios y de la
cultura en general; la libertad de la prensa; la abolición de
la esclavitud y de la inquisición ; la educación cívica de los
pueblos para las funciones del comicio y de los hombres
para el ejercicio del Gobierno propio en todos los órdenes ;
el libre tráfico con el comercio mundial ; en fin, toda esa
obra, tan portentosa como inmensa que se llamó la labor
administrativa de Santander y de sus eminentes colabora­
dores. Estaba indicado a nuestro parecer que esto también
tendría un capítulo en Boyacá y sus consecuencias.
Y sin embargo, a pesar de estos vacíos, la obra de Fray
Gras es tan meritoria y revela una labor tan a conciencia,
que no vacilamos en pedir que la premie, pues sobresalen
en ella una fina erudición, una búsqueda de las buenas
fuentes, un espíritu de estudio y de verdad tan marcados,
que no podríamos en justicia tomar otra determinación.
En consecuencia proponemos que la Academia entre­
gue al autor una colección de la Biblioteca de Historia Na­
cional como primero único premio obtenido por su trabajo
en el concurso del presente ano, y que se dispóngala publi­
cación de aquél en el Boletín en la forma que haya lugar.
Ed u a r d o Po s a d a —Be r n a d o Ca ic e d o —Ar t u r o Qu i -
ja n o .

Bogotá, octubre 10 de 1919.

xu—42
658 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

DISCURSO

DE DON ANTONIO GÓMEZ RESTREPO, EL 12 DE OCTUBRE DE


1919, AL HACER ENTREGA DE LA PRESIDENCIA DE LA ACADE­
MIA AL DOCTOR RAIMUNDO RIVAS

Nuevamente nos reunimos en derredor de la mesa fa­


miliar para celebrar la fiesta reglamentaria del instituto ;
hacer memoria de los trabajos realizados durante el último
período y lamentar los vacíos que suele dejar la muerte en
nuestras filas. En esta ocasión no hay felizmente nombres
nuevos que agregar a la lista fúnebre de compañeros idos;
y sólo nos cumple lamentar la ausencia, que ojalá no sea de­
finitiva, de un benemérito consocio, alejado de nuestras
juntas por grave dolencia, y a quien envío, en nombre de
todos, cariñoso saludo, deseando que le llegue cálido de sim­
patía hasta su solitario retiro.
Gran fecha histórica nos correspondió celebrar en este
período; la más gloriosa que podía conmemorar la Repú­
blica, como que fue el centenario del día en que surgió de­
finitivamente a la vida civil como nación libre e indepen­
diente. En los modestos festejos de carácter doméstico, or­
ganizados en homenaje a los héroes de Boyacá, cupo a la
Academia de Historia el primer lugar entre todos los insti­
tutos colombianos; y ios números en que ella tuvo parte
principal no fueron inferiores ni en solemnidad, ni en ele­
gancia, ni en efusión patriótica, a los que se celebraron
aquí, en ocasiones análogas, en diversas épocas y que han
dejado justa fama, avivada por el espejismo alucinador de
los recuerdos. Bastaríale a la Academia, para su satisfac­
ción, haber cooperado de manera eficaz en asocio de la be­
nemérita Sociedad de Embellecimiento, en la noble y
piadosa empresa de rescatar para la capital y convertir en
museo histórico la Quinta de Bolívar, precioso relicario que
guarda el recuerdo, embalsamado con aromas de mirra,
como los sarcófagos orientales, de los postreros días del Pa­
dre de la Patria. Este acto me parece más digno de aplau­
so y simpatía que el levantar un nuevo monumento, porque
nada hay que ilustre tánto a un pueblo culto como el con­
servar los vestigios de las generaciones pasadas y custodiar
intactos los sitios y objetos que guardan las huellas venera­
bles de los grandes hombres.
En esta empresa tuvieron acción decisiva los dos dis­
tinguidos ciudadanos y colegas nuéstros, a quienes la Aca­
demia ha confiado, con grande acierto, la dirección de sus
labores en el período que hoy empieza. En ocasión no leja­
na tuve el placer de hacer, desde este mismo sitio, un bre-
DISCURSO DE DON ANTONIO GÓMEZ RESTREPO 659

ve recuento de los méritos de don Alfonso Robledo. Respec­


to de don Raimundo Rivas me limito a deciros que tengo la
más alta satisfacción en entregar la Presidencia de la Aca­
demia a un joven que es timbre de su generación porsu
inteligencia, ilustración y cultura, y que contando pocos
anos, tiene en su haber muchos títulos que lo hacen acree­
dor a la estimación y a la confianza de este instituto. Al
propio tiempo que tantos compañeros suyos han gastado
sus energías en la vida fácil de los placeres, o las han ejer­
citado en campos en donde la utilidad es inmediata, el re­
sultado pronto y halagüeñas las ventajas políticas y sociales,
Rivas, criado en el seno de una distinguida familia, atraído
por toda clase de halagos mundanos, se consagró, con voca­
ción de religioso, desde sus primeros años, a la tarea mo­
desta, silenciosa y desinteresada de ilustrar la historia de
su patria, buscando sus fuentes de información en los pol­
vorientos archivos que son la dicha y la desesperación de
nuestros pacientes investigadores. No se atuvo a tradicio­
nes ni a consejas más o menos acreditadas, ni al simple di­
cho de otros historiadores, sino que quiso ver los documen­
tos originales y auténticos, para darse cuenta por sí mis­
mo, según su propio criterio, de lo que ellos decían y sig­
nificaban ; procurando, con su ayuda, llegar a una com­
prensión exacta y serena de los hombres y de los tiempos
pasados. Entre sus varias publicaciones, sobresale el libro
Relaciones diplomáticas entre Colombia y los Estados Unidos,
que nos da la clave de nuestra actuación diplomática desde
los comienzos de la República hasta la firma del célebre Tra­
tado de 1846 ; y explica muchas cosas que hoy todavía se
juzgan sin conocer los hechos ni pesar las circunstancias.
Pero no es solamente un investigador concienzudo, sino un
verdadero escritor, que sabe realzar la prosa de los docu­
mentos con el atractivo vivificador del arte; y extrae de un
informe expediente la gota de poesía que deleita al espíri­
tu y halaga al corazón. Buen testimonio da de su talento de
narrador en la exquisita conferencia con que va a amenizar
la presente sesión.
Pero no es únicamente en la Academia en donde, Rivas
emplea su actividad intelectual: él es, como lo sabéis vos­
otros, Secretario de la Comisión de Relaciones Exteriores
y asiduo rebuscador del archivo diplomático, que le debe el
orden en que hoy se encuentra. Allí, al lado de los eminen­
tes miembros de la Comisión, trabaja Rivas con constancia,
con amor patrio, sin otro fin que servir al país, pues el bien
sabe que quizá muchos de sus estudios, por la índole de sus
asuntos, no han de salir nunca a la luz pública. En ese san­
tuario donde impera el culto de la verdad, y donde presiden,
no sólo la musa de la historia sino la imagen de la patria.
660 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

contribuye Rivas al estudio histórico de nuestros asuntos


delimites, para defender los derechos de la Nación, no con
vanos alardes de palabrería, sino con el análisis ordenado
y científico de los documentos.
La Academia de historia ha tenido el acierto de llamar
a su seno, no sólo a los veteranos de los estudios propios del
instituto, sino á un grupo selecto de jóvenes, que son efica­
ces colaboradores de sus útiles trabajos y k quienes queda'
rá encomendada la tarea de continuar la honrosa tradición
de los que ya declinan al peso de los años o de las deceppio’
nes de la vida. Lucida es la serie de los estudios que ellos
han llevado acabo, y que son como granadas espigas, anun­
ciadoras de la futura, rica Cosecha.
Por mi parte, vuelvo a repetirlo, siento suma compla­
cencia al ceder el sitial de Presidente a un joven destina­
do a ser, si adversas circunstancias no paralizan su carrera,
una alta gloria de la patria (1).

flm ORES DE SOhIS

LECTURA DEL PRESIDENTE DE LA ACADEMIA, DON RAIMUNDO


RIVAS, EN LA SESIÓN SOLEMNE DEL 12 DE OCTUBRE DE 1919

Acostumbrados estáis, señores académicos, a oír en ta


sesión solemne de nuestro instituto .que tiene lugar en este
día, fiesta de la raza, ya el discurso clásico, elocuente y cin­
celado con esmero de artista, ya la disertación histórica,
plena de docu.. entación y de enseñanza, en que alguno de
sus miembros eminentes hace brillar, antela mente délos
espectadores, alguna de las mil facetas de ese cuarzo, jamás
suficientemente tallado, yen el cual esculpe la historia sus
veredictos contradictorios. Este año, empero, tuvo la Aca­
demia su verdadera fiesta de gala en conmemoración de
Boyacá, y en ella los oradores designados, como cumple a
quienes tienen por costumbre el vencer en la palestra lite­
raria, colocaron en el sitio mismo a que aspirábamos, la en-
seña de la corporación, cuya labor, y así lo proclama la Re­
pública entera, se ha hecho sentir con no superada intensi­
dad y constancia en los tres lustros que lleva de existencia.
*Así se explica el hecho de haberme elegido para hacer* una
‘lectura histórica en esta noche, y que yo, robando instantes
a más apremiantes trabajos, haya borroneado estas páginas

í 1) El doctor Rivas, en brillante improvisación que mereció jus­


tos aplausos de la escogida concurrencia, .contestó al doctor Gómez
Restrepo, y en seguida dio lectura a la conferencia sobre el Virrey
Solís, que se inserta en este número—{La Redacción).
EL VIRREY SOL1S
Galeiía del Museo Nacional).
(Atención de El Gráfico),
AMORES DE SOLÍS 661

para evocar ante vosotros detalles que pueden parecer sin


mayor importancia ni trascendencia, de una vida ya lejana,
mas cuyo corte romántico obsesiona aún las plumas de los
jóvenes £ los recuerdos de los ancianos. Sólo debo pediros
que alejéis de vuestras mentes toda comparación con los
oradores que en este mismo recinto habéis oído quienes
tenéis la costumbre de asistir a las juntas de la Academia
de Historia. Conservad el sentido de las proporciones te*
niendo en cuenta el carácter sencillo de esta velada y quién
es el lector, y poned en ejercicio esa ductilidad de los ver*
Haderos artistas que, vibrando aún con las armonías de un
concierto en que lo= sollozos de Beethoven y los ritornelos
de amor de Mozarf los han elevado a regiones etéreas, oyen
benévolos, porque tañen un [Link] la tierra, las notas de la
dulzaina campesina que se desgranan en un atardecer de la
Sabana.

Cuando en la mañana del 8 de julio de 1753 dejó la


blanca ciudad andaluza que arrulla con sus olas el mar que
cantó Rodrigo Caro, y seguido del brillante cortejo de sus
oficiales, saludado desde la playa por el estruendo de la pe­
sada artillería de los fuertes y por los clamores de la apiña­
da muchedumbre, subió a bordo de la fragata de guerra
La Venganza, que debía conducirlo al mirífico Nuevo
Reino de Granada, el Virrey don José de Solís Folch de
C fdona, realzada la arrogante figura con el uniforme de
los Mariscales de Campo, y llevando al pecho la roja cruz de
Comendador en la Orden de San Jorge de Montesa, debió
asomar a sus labios, dominando la oculta pena del abandono
de su familia y de la corte del Rey de las Españas, una son­
risa de satisfacción y de orgullo ardiente y generoso. Era
joven, ilustre, corría por sus venas sangre real; damas alti­
vas y hermosas campesinas habían tejido alrededor de su
cuello guirnaldas de amores, si tempestuosos, muy pronto
olvidados; conquistado había entre sus compañeros de ar­
mas fama de valeroso y munífico señor; y entonces, bajo un
sol brillante iba en busca de cielos más azules aún y de nue­
vas constelaciones que parpadean sobre los vastos territorios
que su amigo don Fernando vi le encargaba gobernar en su
nombre. Y si esa íntima satisfacción se hubiera exteriori­
zado como acaeció—según cuentan las crónicas—con otro
bello ejemplar de la raza, José María Córdoba, en aquella
pregunta que es fama formuló el vencedor en Ayacucho al
contemplarse en un espejo y sentir sobre sus hombros el
peso de innúmeros laureles: «¿Que me falta,?» el Secretario
del Virrey, el docto letrado don Antonio Manuel de Monroy,
habría podido contestarle lo mismo que el ayuda de cámara
al General: «¿Pregunta que le falta? Juicio, señor.»
662 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Muy válida corre la especie de que Solís debió su nom*


bramiento de Jefe supremo del Virreinato de Santafé a
haberse permitido con el Monarca la pesada chanza de es­
conderle. en ocasión solemne, el sombrero y el bastón, de*
sacato que se castigó con un honroso destierro de España.
Quizás ello fuera así, aun cuando se ocurre el reparo no sólo
de que el castigo resultaba una promoción muy codiciada,
sino especialmente de que es extraño que Fernando vi para
reemplazar a gobernante tan serio y mesurado como lo fue
el Marqués don José Alfonso Pizarro y encomendarle el
mando de la más importante colonia de la Monarquía, des­
pués de Méjico y el Perú, escogiera a un joven de carácter
tan travieso únicamente por imponerle un correctivo. En
todo caso, bajo la frivolidad aparente y el amor a los place­
res. había en el Teniente de la 3* Compañía de Guardias
de Corps. que tal era el cargo de Solís en la Corte, cualida­
des de energía, de espíritu observador y progresista y de
hondo y penetrante anhelo por el mejoramiento de sus se*
mejantes, que bien pudieron ser apreciadas en cuanto va­
lían por el Soberano y determinarlo a buscar empleo digno
de ellas a quien tenía ya alto puesto en la milicia, y se mos­
traba digno de ocupar el sitial que honró don Sebastián de
Eslava, el heroico defensor de Cartagena de Indias. Es lo
cierto que en la Cédula de nombramiento se le calificó de
«persona de celo, conducta, experiencia y distinción,» y se
ordenó por el Rey, por la satisfacción que tenía de 6u per­
sona, le representase en el Nugvo Reino, donde debían
guardársele las mayores consideraciones.
Sin duda alguna nuestro Virrey poseía la cualidad con*
siderada entonces como la más alta y envidiable : la nobleza
de sangre. Por la línea paterna descendía del caballero don
José de Solís y Valderábano. Maestre General de Sevilla,
hecho Conde de Montellano por Carlos el Hechizado, el cual
continuó sirviendo a la nueva dinastía de los Borbones, fue
Virrey de Cerdeña y Gobernador de ios Consejos de Casti*
lia y de. Indias, y mereció Ber ascendido por Felipe v a la
categoría de Duque con grandeza de España de primera
clase, y como tál miembrode la más alta jerarquía del Reino.
Del padre de nuestro héroe, el Duque don José de Solís y
Gante. Rodríguez de las Varillas y Valderábano—para no
mencionar sino algunos de sus campanudos apellidos,—señor
que fue de varias villas, y entre ellas de la de Perolejo de
S0IÍ6, Gentil Hombre de Su Majestad y Mayordomo del
Serenísimo don Luis, Infante de Castilla, dice un cronista
de la Península—en obra publicada en Madrid en 1769,
cuando uno de sus hijos vestía la púrpura cardenalicia en
Sevilla y el otro el humilde sayal de franciscano en Santa­
fé,—«late en las venas de Su Excelencia sangre real, y sus
AMORES DE SOLÍS 663

méritos adquiridos y heredados necesitan de volumen espa­


cial para delinearse.» Y no había ido en zaga a su esposo en
títulos la Marquesa de Castelnovo y de Pons, doña Josefa
Folch de Cardona y Belvis, perteneciente a ilustrísima casa
del Reino de Aragón, como que descendía de aquel don
Ramón Folch. a quien a fines del siglo xni se dio el dictado
de Vizconde de Cardona, mayorazgo que fue convertido en
Ducado por el Rey Católico don Fernando v en la persona
de don Ramón Folch de Cardona y Requeséns, Capitán Ge­
neral de Italia, Almirante y Virrey de Ñapóles, de quien
dice el historiógrafo que analizó los servicios de su familia
en abultado pergamino, que tenía sangre de reyes y pre­
claros méritos.
Que el Virrey Solís había sabido honrar sus apellidos,
es prueba suficiente su manejo en la carrera de las armas,
ascendiendo desde el grado de Teniente, en cerca de cuatro
lustros de servicio, hasta el de Mariscal de Campo; que
tenía la plena confianza de Fernando vi, parece indudable
si se atiende a los amplios poderes que se le dieron en ma­
teria de Real Hacienda, la autorización—que forma un cu­
rioso contraste con el nombre del navio en que hizo el via­
je—para conceder amplia amnistía al iniciar su Gobierno,
y el permiso para escoger sus oficiales y fijarles sueldo; y
que el Soberano deseaba que su representante en el Nuevo
Reino se presentase con el ostentoso decoro que deman­
daba la rígida etiqueta de esas épocas, se demuestra con el
sueldo de 40,000 patacones que se le concedió desde el pri­
mer día del año, 1753, en que se hizo el nombramiento, no
obstante que éste lleva la fecha de 18 de abril, y con la par­
tida de 20,000 que se le concedió para gastos de viaje desde
Cádiz hasta Santafé.
Curioso sería seguir paso a paso las peripecias de esa
odisea desde las playas españolas hasta la capital del Vi­
rreinato; la llegada a Cartagena y a Mompós, ciudades en
que el Conde de Santa Cruz de la Torre y el Marqués de
Torre Hoyos emularon en agasajar al Vicegerente del Rey;
la subida, en champanes aderezados para el efecto con
todos los refinamientos posibles, por el turbio y potente
Magdalena, basta la villa de San Bartolomé de Honda, y
por último, las jornadas a lomo de muía hasta el encuentro,
en el verde oasis de Fontibón, de los dos Virreyes, Solís y
Pizarro, y el juramento del primero en la Sala del Dosel de
la Real Audiencia, cuatro meses y medio después de la sa­
lida de Cádiz, de cumplir por Dios y por su honor con los
deberes que le imponía su cargo, luego, que su*antece,sor,
el Marqués del Villar, hubo besado la Cédula de elección y
puéstola sobre su cabeza en señal. ,de acatamiento. Mas no
debo fatigaros con la enumeración de esos detalles, pres-
664 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
*

critos ¡a mayor parte en el ceremonial que insertó nuestro


Secretario perpetuo en sus afamadas Cróntcas de Bogotá,
y esto mismo me obliga igualmente a rehuir la tentación
de describir la entrada solemne de don José de Solís en su
capital, el 16 de diciembre del mismo año, después de pres­
tar de nuevo, arrodillado en la plazuela de San Diego ante
los Evangelios, el juramento público, y de recibir las llaves
de la ciudad que le presentó en fuente de plata, como apo-
derado suyo, el Alguacil Mayor de ella, quien, una vez que
el Virrey se hubo sentado en el ^itialde honor, le calzó las
espuelas de oro macizo adornadas con ochenta y ocho esme­
raldas, para subir al corcel en que recorrió, precedido de
tribunales y colegios, regidores y golillas, nobles y milicia­
nos, las calles principales de Santafé, entre una lluvia de
flores.
No es tampoco objeto de esta lectura señalar los actos
con que el Virrey don José de Solís ilustró el período ver*
daderamente notable de su gobernación. Ese joven, envia­
do a los treinta y siete años de edad a dirigir un inmenso
territorio, de pasiones ardientes y ansioso de sorber en'un
sólo trago la esencia toda de la vida, supo demostrar que si
de noche, escapándose por puerta furtiva de su palacio, era
el calavera que recorría, al rayo de la luna o entrejas som­
bras discretas, las encrucijadas de Santafé en busca de
aventuras, sabía ser en las horas del día magistrado recto y
clemente, mandatario de impulso y amigo verdadero de
cuantos tenían un dolor para ser compartido o una injusti­
cia para ser reparada. La vida pública de Solís—quien se
encargó de probar que su antecesor había sabido conocer
sus admirables dotes de gobernante en esa frase gráfica de
que se valió para entregarle el mando: «Pongo en manos
de Vuestra Excelencia este bastón, que es para mí dema*
siado largo, y dethasiado corto para Vuestra Excelencia»—
la conocéis todos vosotros en los capítulos que al quinto Vi­
rrey del Nuevo Reino consagran nuestros historiadores.
Si queréis recordarla, repasad las páginas de la biografía
que don José Manuel Marroquín tituló Una historia que
debería escribirse, y del doctor Ibáñez, en sus ya mencio­
nadas Crónicas, áe Plaza y de Groot, y admiraréis la figu­
ra de ese magnate que mejoró calzadas y construyó puen-
tes y caminos, desarrolló las misiones y se preocupó porque
se trazaran los límites con la Corona lusitana, instaló casas
de moneda e impulsó los estudios de medicina, que organizó
la Hacienda, inició la estadística en nuestro país y se pre­
ocupó por<lifundir nociones de higiene en el pueblo igno­
rante y sumiso, y sabía festejar el santo del Rey Fernando
con fiestas como aquella en que, por el paseo de la Agua*
nueva, trajo las puras aguas del Boquerón hasta la vieja
AMORES DE 8OLÍS 665

fuente que en el centro de la plaza mayor instaló en los


primeros días de Santafé el Oidor Pérez de Salazar.
Mi intento se reduce sólo a penetrar algo en la vida
privada del magnánimo y legendario Virrey, para descorrer
un poco el velo que cubre la figura de la mujer cuyo nom­
bre va indisolublemente unido al suyo en las crónicas anti­
guas : la Marichuela; mujer cuya existencia, salvo en los
dos detalles de que fue amada por Solís, y que un día pidió
el velo en el Real Convento de las Clarisas, ha permanecido
en las sombras del misterio, y que, por el prestigio de su
amante y por las vicisitudes de su historia pidiendo está un
cronista que tenga la desenvoltura andaluza y la gracia pi­
caresca de Rodríguez Fresle en su Carnero.
Quién fue la Marichuela, cuál su verdadero nombre y
sus antecedentes, y qué giro siguió su vida después de su
ruidosa entrada al convento, son puntos sobre los cuales
nada dicen ^nuestros historiadores. El señor Marroquín, a
quien siguen en ese particular los demás, apunta tan sólo
en su biografía de Solís lo siguiente:
«Vivían en su tiempo en Santafé y descollaban entre
las más hermosas, ciertas jóvenes de no muy esclarecido
linaje, desenvueltas y de livianas costumbres, conocidas co­
múnmente con el apodo de las Matichuelas. Conociólas el
Virrey, trabó amistad con una de ellas, y esto dio ocasión
a que su conducta fuese por algunos años el escándalo de las
gentes cristianas.»
No sé de qué fuente tomó el galano escritor el dato que
antecede. Los documentos, muy pocos, relativos a esa sin­
gular mujer, no autorizan a oponer una contradicción ro*
tunda a tal concepto; pero atendiendo a que la Marichuela
fue persona que debió de tener educación considerada en­
tonces como muy suficiente para una dama, puesto que
sabía escribir con bastante corrección ; a que los empleados
deja Secretaría de Cámara del Virreinato le daban el títu­
lo muy significativo de doña; a que logro ser admitida en
el convento de ¿anta Clara, para lo cual, según lo dispuesto
por el fundador, se necesitaba ser bien nacida y obtener
si no el consentimiento de todas, las religiosas a lo menos el
de las dos terceras partes de ellas, yaque mereció algunas
consideraciones por parte del sucesor de Solís, don Pedro
Messía de la Zerda, tentado estoy a creer que no fue el
apodo de Marichuela calificativo con el que se designaba
una clase especial de personas, sino un diminutivo por el
cual se conoció generalmente en Santafé a María Lugarda
de Ospina, que tal es el verdadero nombre de la heroína.
Dónde la conoció el apuesto Virrey, es dato que no
consta. No parece verosímil que fuese en los suntuosos re-
frescos y saraos que se dieron para festejar al nuevo gober­
666 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

nante en el llamado Palacio de la Audiencia—cuya despen­


sa se había aprovisionado con anticipación en virtud de
acuerdo expreso de aquel alto Tribunal,—pues a esas fies­
tas concurrían sólo las familias de los empleados reales y
algunas muy contadas de la aristocracia criolla, entre la
cual puede aseverarse no figuraba la hermosa María Lu­
garda. Acaso pudo ser en las corridas de toros, espectáculo
que, como lo apunta el grande Arzobispo de Quito, Ilustrí-
simo señor González Suárez, era complemento obligado de
toda ceremonia pública, y en el cual sí se codeaban nobles
y plebeyos. Lo cierto es que la Marichuela, según es fama
que corre en las crónicas, era joven y muy bella, y que sus
amores con don José de Solís Folch de Cardona empezaron
muy poco tiempo después de haber iniciado éste su fecundo
período de mando.
No era caso extraño en la reposada y murmuradora
Santafé que los Oidores y Oficiales se permitieran devaneos
y dejaran sus nombres unidos a más de una conseja galante
que se han perpetuado de generación en generación, tra­
yendo hasta nosotros un soplo de esa época de damas de
amplias basquiñas, que iban a la misa seguidas del escudero
y de la dueña, y de caballeros puntillosos envueltos en la
capa roja de paño de San Fernando, debajo de la cual se
alcanzaba a divisar la punta del espadín, y que arrodillados
ante las vírgenes de Vásquez Ceballos y de Acero de la
Cruz, o ante las esculturas de Laboria y de Antonio Pimen-
tel, pedían la intercesión de los santos de la corte celestial
para calmar la pena de un amor mal correspondido o para
que continuaran en eterno secreto las angustias de una
pasión arrolladora. Pero en el caso de la Marichuela era
demasiado alto el puesto de donde descendía, para acudir
a las citas amorosas, el Virrey, y muy grande la distancia
que mediaba entre el representante de Fernando vi, Mo­
narca de España y de las Américas por derecho divino, y
la joven criolla, para que dejara de producirse en la ciudad
incontenible excitación por la aventura, que había de des­
atar sobre la protagonista de ella, no muy tarde, una tem­
pestad de justos escrúpulos, de sanciones motivadas y qui­
zás, también, de rencorosas envidias.
Refiere don José Manuel Groot, a quien copían en este
punto diversos autores, que el rumor de ese y otros deva­
neos de don José de Solís, por informes de los miembros de
la Audiencia, llegó a oídos de Fernando vi, y que éste envió
al Virrey una Real Cédula en que reprendía su conducta, y
al mismo tiempo una carta amistosa en que lo excitaba a
evitar choques con los golillas, advirtiéndole que no se pre­
ocupara por las quejas de éstos ni por el contenido de la Ce-
dula. Y añade el mismo historiador que cuando en sesión
AMORES DE SOLÍS 667

de la Real Audiencia los Oidores dieron lectura solemne*


mente al regaño del Soberano, Solís sacó de su bolsillo la
carta particular de don Fernando vi y la hizo conocer de
sus adversarios, quienes quedaron confusos y corridos.
Graciosa como es sin duda esta anécdota, es preciso de*
clarar que no existe en el Cedulario de la Colonia, que se
conserva en el archivo de la Biblioteca Nacional, el despa­
cho en que ella se funda. Pudo ser destruido por el Virrey
para no dejar huella de la reprimenda i>ro f01 muía del Mo­
narca, dirán algunos, y pueden tener razón; pero es lo cier­
to que en el juicio de residencia que, como se sabe, fue por
demás severo, nadie hizo mención de ese incidente, muy
significativo para haberse olvidado.
Guardan nuestros archivos, eso sí, y quizás éstas sean
el origen de la conseja, pruebas del ruidoso desacuerdo en­
tre la Real Adiencia y el Virrey a propósito de la confianza
que éste dispensaba a su Secretario, el mencionado don An­
tonio Manuel de Monroy, natural de Manila, contra quien
informaron al Soberano los Oidores Joaquín de Aróstegui
y Escoto, Antonio de Berástegui, Benito del Casal y Mon­
tenegro, Juan Francisco Pey Ruiz, Luis Carrillo de Men­
doza y el Fiscal don José Antonio Peñalver, obteniendo una
Real Cédula (15 de julio de 1759), en la cual se previno a
don José de Solís no se dejase influenciar por el Licenciado
Monroy, quien podía abusar de su confianza. Pero no era
el Secretario, letrado de carrera y puntilloso, hombre de
abandonar la partida y declararse vencido ; y así fue que
para poner las cosas en claro y en alto su honor, levantó,
con permiso del Virrey, lucidísima información, en la cual
los Priores y Abadesas de todos los conventos, las Universi­
dades y el Colegio del Rosario, los Canónigos y el Arzobis­
po, varios distinguidos vecinos de Santafé y los militares
que servían en la guardia del Virrey y en las milicias, de­
clararon que el filipino no sólo no aconsejaba mal al popu­
lar gobernante, sino que era benemérito, cristiano y muy
entendido funcionario.
Cuando esta información se levantaba en Santafé, ya la
conducta privada del Virrey había mejorado grandemen­
te, y la causa principal de sus liviandades, la Marichuela,
había desaparecido, a lo menos por un tiempo, de las mi­
radas de los santafereños, a quienes tánto fascinaba su be­
lleza y escandalizaban sus amores.
María Lugarda, que si apasionada y amiga de los pía-
ceres, mantenía vivo en su alma el recuerdo de la religión
en que había sido educada, alternaba los refrescos a don
José de Solís y a sus íntimos amigos con la asistencia a las
funciones de iglesia que—salvo, en ocasiones extraordina­
rias, como por ejemplo en esa época, las fiestas celebradas
668 BOLETÍN DE HISTOKIA Y ANTIGÜEDADES

en honor de haber recibido el hermano del Virrey, el Ilus-


trísimo don Francisco, Arzobispo de Sevilla, la púrpura
cardenalicia—eran las únicas ceremonias públicas que
rompían la monotonía de la vida colonial. Atenta a unos
ejercicios espirituales que dirigió el Padre Benavente, sa­
cerdote jesuíta, sintió el impulso de terminar en un claus­
tro su hasta entonces turbulenta existencia, y al efecto,
cual otra Luisa de la Valliere, el 22 de junio de 1758 fue a
pedir el velo de novicia en el Convento Real de las Clarisas.
Don José Vargas Jurado, cronista que nos da el dato, agre­
ga en su diario estas palabras: «No sé en lo que parará,»
frase que, con su dejp de escepticismo sobre la intensidad
del arrebato místico que movía a la Marichuela, nos de­
muestra. como veremos luégo. que a veces, bajo la capa de
ingenuidad deliciosa del cronista, se ocultaba la chispa de
un psicólogo en volubilidades femeninas.
¿Fue la conversión de su amante la causa que motivó
el cambio en la conducta del Virrey Solís. o acaso las con­
tinuas exhortaciones de su confesor, el franciscano fray
Juan Tomás Delgado? ¿Fue el ruidoso pleito entre su Se­
cretario y los Oidores, que puso de relieve la falta de ar­
monía entre el representante del Soberano y el alto Tri­
bunal encargado de administrar justicia en el Nuevo Reino
de Granada? ¿O, más bien, el natural cansancio de los pla­
ceres de la carne, en los cuales, según la magnífica senten­
cia del poeta italiano, «se encuentra siempre el hastío, como
se halla siempre el agua amarga del mar a la desembocadu­
ra de todos los ríos?» Probablemente todos estos sucesos
contribuyeron a la variación que se notó a partir de esos
días en la actitud y procederes del gallardo mandatario,
quien había pasado ya la melancólica línea de los cuarenta
años, que parece fijar un límite a las audacias de don Juan.
Lo cierto es que ya un año-después de los famosos ejerci­
cios del padre Benavente, se vio al Virrey, en la procesión
del viernes santo, cargar con corona de espinas y soga al
cuello la imagen del Redentor, ló que atrajo la admiración
de los santafereños casi tanto como el cometa anunciador de
maravillas, que por entonces brilló sobre lacumbrede Nues­
tra Señora de Guadalupe ; que sorprendió por su gravedad
y decoro a los espectadores en las ceremonias fúnebres
que tuvieron lugar a la muerte de su Rey don Fernando
vi, el Justo, y en los pomposos festejos con que el futuro
Marqués de San Jorge, como Alférez Real de la ciudad,
conmemoró la subida al trono de don Carlos ni. y que pre­
cisamente cuando su gobierno, celebrado siempre por el
pueblo y por los nobles de la Colonia, cobraba mayor auge
y eficacia por su armonía con los Oidores, solicitó ahinca­
damente del nuevo Monarca permiso para pasar a España,
AMORES DE SOLÍS 669

el cual le fue concedido en despacho de 26 de octubre de


1760, con la condición de que verificase primero la entrega
del mando a su sucesor, el Bailío don Pedro Messía de la
Zerda, y dejara afianzada, con cantidad suficiente y perso­
nas de notorio abono, su juicio de residencia.
El hijo de los Excelentísimos Duques de Montellano
—que, según es fama, antes de terminar su período, quiso
visitar con sus amigos y los Jefes de su guardia el santua­
rio de Chiquinquirá, para lo cual tuvo el capricho de pedir
que todos fuesen con vestido uniforme de paño azul, lo que
más tarde se tomó como una prueba de su predilección por
la Orden franciscana,—debía entregar el bastón de Virrey
a su sucesor en Cartagena; mas pretextando dificultades
para ello, le escribió avisándole que dicho solemne acto ten­
dría lugar en Santafé a su llegada. En efecto, una vez que
el Embajador del Marqués de la Vega de Armijo—que
vino a dar cuenta del arribo de éste a la Sabana con un ves­
tido que, según el cronista, perteneció al difunto Rey don
Fernando, de quien lo hubo el Duque de Arcos, que a su
vez lo obsequió al Embajador que era su pariente,— hubo
llenado su cometido, tocó a don José de Solís dar cumpli­
miento al ceremonial con que él mismo había sidc recibido
siete años antes, sólo que ahora no le correspondía ser el
astro naciente ante quien todos se inclinaban solícitos, sino
el mandatario que cesaba en sus funciones y debía dar es­
tricta cuenta déla manera como había administrado la Co­
lonia.
Se conserva en nuestro archivo un largo expediente
levantado a expensas del Alcalde don José Groot de Var­
gas, Diputado de la ciudad en esa solemne ocasión, y en el
cual se describen minuciosamente todos los actos de los
dos Virreyes en los días que precedieron a la recepción de
don Pedro de la Zerda. De él copió, por referirse al último
acto público en que figuró Solís. la siguiente página :
«Al tercer día (24 de febrero de 1761), habiéndose le­
vantado Su Excelencia (el señor Zerda), fue cumplimenta­
do por los Tribunales, a que se siguió el pasar Su Excelen­
cia a oír misa a una de las tribunas de dicha casa (en la que
se alojó en Fontibón). tomando después chocolate y desayu­
nándose su familia, tomó su coche saliendo del pueblo de
Fontibón, y al estribo de la derecha el señor don José Groot
a caballo, y delante el demás acompañamiento de los seño­
res Regidores, con sus volantes. En el sitio de Puente Aran-
da llegó el Excelentísimo don José de Solís, el que salió de
su Palacio con la'compañía de caballos y todos sus Oficiales,
llevando al estribo de la derecha al Capitán de Alabarde­
ros (don Ramón de Portocarrero) y al otro estribo al Ma­
yordomo y dos señores Oidores al testero de vidrio. En esta
670 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

forma llegó al dicho sitio, en donde, echando todos pie a tie­


rra, se saludaron con un abrazo los dos Excelentísimos se­
ñores, entregándole el bastón del Reino el Excelentísimo
señor Solís, y hechos los cumplidos tomaron el coche dán­
dole la derecha al nuevo señor Virrey y a la otra testera los
dos señores Oidores. De esta forma se marchó hasta llegar
al puente de San Victorino, donde estaba formada la Com­
pañía de Alabarderos, la que marchó a tiempo de llegar
Sus Excelencias, no desamparando el estribo del coche has­
ta llegar a Palacio, donde apeados que fueron y llegados a
la Sala del Dosel, en la que practicado que fue el juramen­
tóse retiró el antiguo señor Virrey a su casa, en coche, con
los señores Oidores y un piquete de caballería, con espada
en mano.»
Ese día terminó para el mundo la vida de don José de
Solís Folch de Cardona. No concurrió al espléndido ban­
quete ni al refresco y cena con que el muy Ilustre Cabildo
festejó en el ruinoso Palacio de los Jefes del Nuevo Reino a
su sucesor, y en la casa que se le había preparado como alo­
jamiento mientras emprendía viaje para España, situada
en la tercera Calle Real y de pertenencia del Alguacil Ma­
yor don Juan M. Malo, quien la compró al Regidor don
Miguel de Rivas, permaneció hasta la mañana del 28, día
domingo, en que, como lo describen los cronistas y todos
vosotros sabéis, salió vestido con traje de gala, en caleza
descubierta, tirada por sus tres airosas muías negras, con
sus criados y negros, y fue a San Diego a oír misa, repartió
luégo en la ciudad profusas limosnas, entre ellas 30,000 pa­
tacones para el Hospital de San Juan de Dios, y por la tar­
de, después de conferenciar con el Arzobispo don José Ja­
vier de Ara, envuelto en su capa y sin ser conocido de
los guardas, fue al convento de San Francisco, donde lo
aguardaba la comunidad, ya prevenida, para vestir el hu­
milde hábito de los hijos del Lirio de Asís (l).
Aun hasta nuestra época, práctica y descreída, ha lle­
gado el eco del estupor y la admiración que en todos los ha’
(1) Esa mismo noche, por conducto de su Secretario don Anto­
nio Manuel de Monroy, quien debía seguir para España a repre­
sentarlo, escribió al Contador don Juan Martín de Sarratea, al Te­
sorero de la Casa de Moneda, don Manuel Benito de Castro, y al
Maestre de Campo y Regidor don Juan de Mora, a quienes había
conferido poder general desde el 10 de enero, el siguiente billete en
pliego cerrado, que original conservan los descendientes del señor
Castro:
«Muy señores míos : Participo a ustedes cómo quedo en este con­
vento de mi Padre San Francisco, vestido ya de su sagrado hábito,
y suplico a ustedes, como a mis apoderados, recojan todos mis bienes
y den cumplimiento a esta relación que envío adjunta a ustedes, y
en adelante les avisaré de los que deben ejecutar. Dios guarde a
ustedes muchos años, como deseo—Fray José de Jesús María.*
AMORES DE SOLÍS 671

hitantes de la ciudad, empezando por el Virrey Bailío de


Nueve Villas de Campos, quien, según refiere Vargas Ju­
rado, <de la confusión no durmió en toda la noche,» produ­
jo la inesperada decisión de ese grande de España, a quien
todos creían listo a marchar a la Corte para obtener, a
ejemplo de sus mayores, más altas posiciones aún. Todos
pudieron verlo desde el día siguiente ayudando a misa en el
templo de la Orden, al pie de los soberbios dorados de fray
Gregorio Guiral, y en la procesión del jueves salir con la co­
munidad al encuentro del paso de la Soledad, donde volvió
a encontrarse con el Virrey don Pedro de la Zerda. quien
lo saludó con la más ostentosa cortesanía, como si aún ocu­
pase el primer lugar en la Colonia. Desde su convento oyó
de lejos el ruido que causaba la entrada pública de su suce­
sor, y cuando éste le envió, en visita de gran ceremonia, a
su Embajador don Luis Maraver, Gentil hombre de Su
Excelencia, el novicio franciscano, quien recordando sus
tiempos de munífico caballero, le obsequió un caballo rica­
mente enjaezado, recibió al Embajador en la Recoleta de
San Diego, donde el atónito don Luis tuvo que acompañar­
lo a hincarse de rodillas ante la imagen de Nuestra Señora
del Campo, cuajada de pedrerías y adornada con la venera
de Montesa, que a sus pies había depositado quien había de
llamarse en adelante fray José de Jesús María.
Algo del violento contraste que hay en la vida de Solís
como Virrey y como fraile, se precisa en la mente del es­
pectador al contemplar dos de los retratos que existen del
personaje : aquel en que aparece con el traje de corte, er­
guida la figura, penetrante la mirada bajóla frente espacio­
sa y la rizada peluca, cuya blancura realzan los colores de
los cuarteles complicados de su escudo de armas; y el otro
en que, tranquilo ya en la muerte, cubre su cuerpo enfla­
quecido la áspera estameña del franciscano. En ambos, es
cierto, es la misma fisonomía aristocrática, la nariz grande
y perfilada, ovalado el rostro, hermética la boca delgada,
que no oscurece bozo alguno, pero la expresión orgullosa ha
desaparecido en el segundo, y en la sombra azulada de los
ojos cerrados y de la piel marfileña hay la melancolía pene*
trante de quien sintió y palpó las vanidades todas de la exis­
tencia. Y es que fray José de Jesús María no conservo en el
claustro, como sí lo hizo el huésped imperial de Yuste, cuyo
recuerdo evoca, preeminencia ni regalo alguno, y después
de haber vivido con ostentación y refinamiento no supera­
dos por los magnates que gobernaron el Nuevo Reino de
Granada, se sometió con alegría a la pobreza máxima, que
es regla imperiosa para los hijos de Francisco de Asís.
La lectura del inventario detallado de los muebles y
objetos del Virrey Fraile nos obliga a reflexionar cuan
672 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

grande debió de ser su fe y cuán completo su renuncia­


miento a los placeres y regalos que bordaron su juventud
opulenta. Quien como novicio y religioso no podía tener
sino un raído hábito, acostumbrado estaba a cambiarse dia*
riamente—pues las contaba por docenas— la rizada camisa
de batista, que el mercader don Benito de Agar, padre del
célebre Regente de España don Pedro de Agar y Bustillos,
avaluó a ocho patacones cada una, y sobre la cual se anuda*
ba el complicado corbatín de muselina. En sus dedos largos
y exangües habían visto lucir las damas con envidia, cuando
con gesto señorial se despojaba del guante de gamuza blanca,
sortijas de diversas piedras, entre las cuales fascinaba espe­
cialmente la más vistosa que tenía un gran diamante rosa en
medio y cuatro a los lados, y la preferida del Virrey: una es­
meralda, cuyo verdor realzaba la sangre de siete rubíes. Y
la predilección de don José de Solís por las joyas había sido
tan notoria, que en varias ocasiones, al montar a caballo so­
bre su silla polaca, chapeada de plata con su coraza de paño
azul y mantilla de rojo terciopelo, a más de calzar sobre los
zapatos de París con tacón colorado los renombrados acica­
tes que lució en su entrada triunfal, había llevado sobre el
pecho, por ser la más valiosa, la venera de brillantes de la
orden militar a que pertenecía; colgada al cuello gruesa
cadena de oro con limpiadientes y pajuela que había de ser­
vir para dar lumbre al tabaco enviado por el Gobernador
de Cuba; atado al cinto el cincelado espadín, que pesaba
ciento nueve castellanos y dos tomines, y apoyada la diestra
en el bastón de mando, en que la caña de la India se veía
avalorada por el áureo puño y las cadenillas de perlas y es*
meraldas. todo esto, sin contar con que en una de las faltri­
queras de la casaca de carro de oro o de moer púrpura se
guardaba el rapé en alguna cajilla de repujado esmalte,
tomada, al azar, entre la colección, que contaba trece, y que
la chupa azul podía ocultar el relicario en que Santa Rita
o Santa Gertrudis, la Virgen de Chiquinquirá o Santa Rosa
de Lima apagaban su expresión mística en el fulgor de
los brillantes engastados.
Si magnífico señor había sido don José de Solís en el
vestido y adorno de su persona, no lo fue menos mientras
estuvo en el mundo, en el boato de su casa y mesa. Allí los
cofres enormes de maderas perfumadas, forrados en vaque­
ta de Moscovia, en que se guardaba el dinero en doblones,
y la vajilla de plata, «toda ella muy fina y de ley,» tallada
por orfebres toledanos y tan numerosa que podía servirse
en ella a treinta invitados; el agua del Carmen, para dar
grato olor al cuerpo; la porcelana déla China, en que hu­
meó el chocolate aromático traído de la Madre Patria en
pesados ladrillos y guardado en arcones, como el pescado de
AMORES DE SOLÍS 673

doncella, la vainilla cortesana y la discreta alhucema. Allí


los frascos y garrafones de vino, ya secos de Francia, ya los
alegreB andaluces Rivadavia. Peralta y Pedro Jiménez,
cuyas burbujas se tiñeron en los saraos—bajo las luces
graves de las hachas de Castilla y el cabrilleo de las bujías
de cera de Venecia—en los vasos de oro macizo que forma­
ban juego con la salvilla y el bernegal incrustado de pie­
dras preciosas; las amplias sillas quiteñas de grabado es­
paldar ; los cuadros, unos que representan asuntos religio­
sos, otros que aprisionan la figura de los Reyes de Castilla
o de los Duques de Montellano, todos en marcos recarga­
dos de color y de dibujo, y en los cajones del escritorio, con
embutidos de concha y de carey, papeles que contienen
cerca de tres mil esmeraldas y centenares de perlas, cuyo
número hubiera sido mayor a tiempo de hacerse el inven­
tario si, como es probable, no hubiese disminuido porque el
galante doncel acostumbraba obsequiar con ellas a las da­
mas que, con su sonrisa amorosa, suave como un beso, po­
nían aires de una fiesta de Wateau en los amplios y cadu­
cos salones de la casa virreinal.... No sin motivo, por tanto,
los sencillo^ santafereños, al ver a don José de Solís dar
, para los necesitados cuanto poseía y abrazar con tánto júbi"
lo su cruz de humildad, pusieron en torno de su fina cabeza
la auréola de luz que envuelve a los santos de la Leyenda
Dorada.
Empero, a Carlos ni no entusiasmó como a sus súbdi*
tos la piadosa resolución de su antiguo Vicegerente en el
Nuevo Reino de Granada, ni la acogida que sin pedir antes
su venia le había dispensado el Provincial de San Francis­
co, fray Ignacio Molano, y en distintos despachos <30 de
septiembre y 14 de octubre de 1761) ordenó que se hiciese
saber a los dos que no manifestaba Su Majestad «mayor
desagrado por el precipitado paso de don José de Solís de
tomar el hábito» por efecto de su real piedad, siempre que
se diera cumplimiento a todas las formalidades del juicio de
residencia y se afianzara por el ex-Virrey la suma nece­
saria.
A usanza de guerra, es decir, por medio de bando públi­
co y con edictos fijados en las partes más centrales de la
ciudad, por noventa días, se inició en la capital del-Virreina­
to, el 25 de febrero de 1762, el juicio de residencia por el
Juez Mayor de ella, Teniente Coronel don Miguel de San-
tisteban, a quien correspondió el cargo por excusa del Co­
ronel don Eugenio de Alvarado y del Asesor don Manuel
Romero. Pero en Santafé sólo buenos recuerdos había de­
jado de su Administración don José de Solís, y treinta de
sus vecinos, «de la mejor nota y acreditadas circunstan—
x ii —43
674 BOLETÍN DE HI9TOBIA ¥ ANTIGÜEDADES

cias,» declararon contestemente respecto de la acertada con­


ducta del residenciado en procurar la buena administra­
ción de justicia, el aumento de la Real Hacienda «y el servi­
cio de ambas Majestades, nombrando para los puestos pú­
blicos personas de todas circunstancias y méritos, sin que en
ello tuvieran influjo sus criados y allegados,» siendo impon­
derable—agregan los testigos— <el esmero con que se apli­
có al bien público de esta ciudad y al alivio de sus vecinos,»
así es que en Santafé de Bogotá, hidalga siempre para los
que han tenido para ella un gesto de cariño o una palabra
de estímulo, no hubo nada que tachar a Solís ni a sus fami­
liares, a quienes cobijó el gratísimo renombre de aquél.
Sin embargo, al inflexible Juez Santisteban. ya perito
en residencias, pues le había correspondido la del segundo
V’rrey Conde de la Cueva, no convencieron tantos y tan no­
tables testimonios para obrar con lenidad, o a lo menos sin
rigor, en la de don José de Solís, Este, entre las disposicio­
nes tomadas antes de ir al convento, había dejado en manos
de sus apoderados 8,000 pesos como fianza para el juicio,
teniendo en cuenta que esa cantidad se juzgó suficiente para
el de sus antecesores, y salvo la biblioteca, que fue lo único
que reservó para sí, había destinado a los pobres el resto de
su fortuna,-ya muy mermada por continuas liberalidades,
pero que con todo ascendió a 66.000 patacones en que se
vendieron sus bienes en Santafé, después de haber costeado
hasta España el viaje de sus familiares y criados, gasto que
ascendió a 12,000 patacones. El señor de Santisteban, em­
pero, considerando que aquella cantidad acaso no podría
ser suficiente para pagar las multas a que pudiera haber
lugar, según el resultado de la residencia que debía verifi­
carse en todas las ciudades y villas del Nuevo Reino, pidió
a Solís aumentase los 8,000 pesos, y como el lego francisca­
no no pudiese acceder a esta orden, por estar en absoluta
pobreza, el Juez ordenó embargar a los apoderados los cor­
tos bienes que les había dejado el antiguo Virrey para ob­
sequiar a sus allegados, y de esta suerte el uniforme de
gala, avaluado en 400 pesos, y que se componía de casaca y
calzones de terciopelo rizo morado, con su chupa azul y vuel­
tas de tisú de oro y las lujosas armas, entre las cuales se con­
taban dos finas pistolas, objetos que no habían tenido com­
prador en la venta pública que, según lo dispuesto por So­
lís, se hizo de todo, fueron depositados en el Tribunal.
En vista de tal rigidez, y para que no se opusieran más
obstáculos a su profesión de religioso, ofreció entonces So­
lía caución juratoria de cubrir la cantidad a que se le sen­
tenciara en el juicio; que si no se admitía ese recurso,
se le dijese de una vez lo que debía pagar para que «vestido
de su penitente saco lo pidiese públicamente de limosna,» y
AMORES DE SOLÍS 675
4------------ - ---------------

que si aun esto no parecía suficiente, se le llevara a la cár­


cel acompañado de su maestro de novicios para seguridad
de su persona, agregando que si ninguno de estos tres me­
dios se aceptaba, se le enviara a España bajo partida de re­
gistro, esto es, como reo de Estado, en lo que no convino
Santisteban. La conmovedora humildad del novicio, que
contrastaba con la irritante severidad del Juez, dio motivo
para que cinco distinguidos eclesiásticos se presentaran
ante éste a afianzar hasta por la suma de 50,000 patacones a
don José de Solís, con tal de que se le permitiera profesar,
generoso ofrecimiento que tampoco tuvo efecto, por no ha­
ber obtenido ellos la necesaria autorización del Prelado para
dar ese paso. Finalmente, convencido el señor de Santiste­
ban de la imposibilidad que había deque se aumentase la
fianza, aceptó [Link] ofrecida por los apoderados, y el
Virrey don Pedro de la Zerda, igualmente convencido, re­
solvió no diferir más la profesión de fray José de Jesús
María, ceremonia que tuvo lugar el día de San José del año
del Señor de 1762, en presencia de cuanto había de notable
en la ciudad, y figurando como padrinos el Jefe del Estado
y el de la Iglesia en el Nuevo Reino de Granada (1). Poco
antes,*con permiso del Arzobispo, había renunciado en fa*
vor de su padre el Duque, y en caso de muerte de éste en
su sobrino don Alonso de Solís, hijo del Conde de Valdue-
na, la herencia que pudiera corresponderle en España, así
como el Mayorazgo de segundos de la casa Solís de Sala­
manca y la encomienda en la Orden de Montesa, de que
disfrutaba.
Pero no por haberse permitido la profesión se suspen­
dió el juicio de residencia, pues el Juez Mayor continuó im­
perturbable sus labores, y reunidas ya en su Despacho las
diligencias verificadas en los distintos lugares del Virrei­
nato, procedió don Miguel de Santisteban a formular rigu­
rosa requisitoria contra el Excelentísimo don José de So­
lís, en la que enu mero 25 capítulos distintos, merecedores de
pena, traducida en multa. La mayor parte de esos cargos se
referían a ordenación de pago de sueldos, si bien todos los
adeudaba en realidad el Erario, y varios de ellos habían sido
reproductivos, como el de don Juan Martín de Sarratea,
enviado como Visitador a'Guayaquil, donde recaudo 60,000
pesos, y los de los Oidores Verdugo y Aróstegui, que veri­
ficaron una visita general, después de cien años en que no
se realizaba *esa indispensable providencia, cobrando, con
todo, más de 47,000 pesos para el Fisco real. Pero hubo en-

(1) Así lo comunicó el Virrey Zerda a Carlos ni en despacho de 21


de marro de 1762. El Soberano, a su ves, aprobó la Resolución de!
Virrey en orden de 10 de octubre de 1763.
676 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tre los cargos algunos por demás curiosos, como el que se


hizo al Virrey-fraile para que reintegrara 2,000 patacones
invertidos en la composición del Palacio, y el de haber or»
denado que se entregase al Cacique Cecilio de la Sierra,
preso por acusársele haber abogado en una insurrección al
Comandante de Ríohacha don Joaquín Pestaña, 125 pesos
para sus gastos indispensables, con promesa de devolverlos
de sus bienes. Nada valió que en primer caso los apodera­
dos alegasen que la urbanidad misma había obligado a So­
lís a no entregar a su sucesor en ruinas la morada en que
había de vivir, pues Santisteban contestó que el gasto debía
hacerlo el señor Zerda de la partida que se le dio para gas­
tos de viaje; y en el del Cacique, que se hiciera valer que no
era natural que el representante del Rey dejase morir de
hambre y frío a un vasallo suyo, porque el Juez respondió
que entre los deberes de un Virrey de Santafé no estaban
comprendidas las obras de misericordia. Y lo mejor de todo
es que en este punto Santisteban resultó verdaderamen­
te más realista que el Rey, pues éste recibió en la Corte al
célebre don Cecilio, y no sólo le perdonó la muerte de Pes­
taña, sino también las demás que hiciese por ignorancia, si
bien es cierto que, como apunta Vargas Jurado, el Cacique
llevó a Madrid muchas perlas «y graciasia ellas.»
Los apoderados defendieron, con lujo de argumenta­
ción, la conducta de don José de Solís en cada uno de los
casos censurados, «sobre cuya defensa—dice el expediente
respectivo,— añadieron para conclusión de todos los cargos
la presente, y dicen que aunque el residenciado los hubiese
cometido—que lo niegan,—debieran dispensársele por su es­
clarecido nacimiento y estirpe enlazada con las casas más
grandes de España, Francia y Alemania, de cuyos méritos
se ha hecho partícipe, pero no atendiendo tanto a éstos como
a las propias operaciones, pues desde los quince años se
vinieron consiguiendo por éstas méritos hasta ser Virrey,»
y encomian su incansable aplicación, «con la cual perfeccio­
nó la hermosa y dilatada cateada de Occidente, el camino
del Opón y la segura navegación del Magdalena, y fábrica
del nuevo acueducto con que refrescó la sed de sus habitan­
tes,» y, finalmente, la excesiva caridad con que regaló la ma­
yor parte de sus sueldos en remedio de los pobres y alivio
délas viudas y desheredados, terminando por entrarse a un
convento.
No obstante tan patética petición, el Juez’don Miguel
de Santisteban, en fecha de 25 de agosto de 1762, asesora­
do por el doctor José Mozo de la Torre, condenó a don José
de Solís a pagar de los 8,000 pesos afianzados 6,585-6 reales y
8 maravedises. El saldo quedó en poder de don Manuel Beni­
to de Castro, quien, según lo resuelto por el mismo Solís, lo
AMORES DE SOLÍS 677

entregó a los pobres de San Juan de Dios. Empero, el temi­


ble Juez reconoció solemnemente en su sentencia que esas
acusaciones <no obstaban a la esclarecida memoria de sqs
procederes con que desempeñó los cargos de Virrey, Go­
bernador y Capitán General de este Nuevo Reino y Presi­
dente de su Real Audiencia, desinterés, vigilancia y amor a
Vuestra Majestad con que procuró aumento de sus reales
haberes, tratar bien a los indios, conservar sus tributos y
fomentar sus reducciones, esmerándose en administrar
prontamente justicia con equidad y entereza a los vasallos
de Vuestra Majestad, de que no resulta cargo alguno ni
contra el residenciado, ni contra su Secretario, familiares,
criados y allegados.» Y declaró asimismo Santisteban ca­
lumniosos los cargos hechos al ex-Virrey por el Goberna-
nador del Chocó don Alfonso Arjona, quien escapó de su­
frir castigo por su injusto denuncio, porque el magnánimo
don José de Solís no quiso adelantar causa alguna contra él.
Más tarde el Consejo de Indias, al fenecer definitiva­
mente la residencia, absolvió a Solís de todo cargo en los
términos más honrosos, y criticó la actuación de su Juez, a
quien se calificó de severo en demasía y falto de imparcia­
lidad.
Ha sido concepto axiomático durante el curso de la
República la frase de que los Magistrados que España en­
viaba a gobernar sus colonias eran magnates que obraban,
pasando por sobre las leyes, que se quedaban escritas, a su
arbitrio, y sin tener responsabilidad efectiva por sus actos.
Empero, al ojear los abultados expedientes que forman los
juicios de residencia seguidos a los Presidentes y Virreyes,
en los cuales declaraban desde el Deán de la Metropolitana
hasta el maestro del más humilde de los oficios manuales,
he llegado a pensar que, en el fondo, han sido incompara­
blemente más irresponsables los magistrados elegidos por
el pueblo y sus colaboradores. No ha llegado el caso de que
se dicte contra ninguno de éstos sentencia por actos que
hayan vulnerado el decoro o el crédito del Estado, y aun en
relación a los mismos ciudadanos, en la Republica, no se ha
repetido el ejemplo de que un sastre demande al Jefe del
Estado por pago de servicios, y obtenga que el Juez, como
en el caso sucedido al Presidente Cabrera y Dávalos, Ca­
ballero de CalatraVa, dé sentencia en su favor y en contra
del linajudo mandatario.
Pero me diréis, señores académicos, que esto mismo,
detalle más, detalle menos, se sabía, y que nada nuevo,
excepto el nombre, he revelado sobre la Marichuela. Para
desvirtuar ese reproche, preciso es volver atras en el orden
cronológico de los sucesos, al día, vísperas de San Juan de
678 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

1758, en que María Lugarda Ospina sintió que entre ella y


el mundo se interponía el pesado portalón del convento de
las clarisas. . -
Ocupaba ese vasto y antiguo edificio toda la manzana
comprendida entre las calles 8^y 9^y las carreras del mis­
mo número, pues en un principio se habilitaron las casas
construidas para habitaciones, y se adquirieron luego to­
das las huertas cercanas hasta dar alas 'calles, de las cuales
separaban a las enclaustradas altísimas tapias. Fundado en
1619 por ese ilustre hijo de Santafé que fue el Ilustrísimo
don Hernando Arias de Ugarte para doce doncellas de su
sangre y doce pobres virtuosas descendientes de conquis­
tadores, cobró tanta importancia que ya a fines del mismo
siglo, apunta Zamora, tenía mas de cien religiosas de velo
negro, que elevaban sus preces por los pecadores en el
templo propio de la Orden, que poseía en ese entonces ricos
ornamentos. Pero si las celdas eran amplias, soleadas las
huertas y lujosamente ornamentado el templo, la regla era
por demás áspera y rígida. El Arzobispo Arias de Ugarte
quiso dar a las clarisas no sólo su patrimonio sino también
el fruto de su experiencia de la vida y de su celo religioso,
y en las constituciones de la orden, expedidas en Pamplo­
na a 25 de junio de 1622 y confirmadas y ampliadas por
Urbano vm en el tercer año de su Pontificado, reglamen­
tó desde la distribución que debía tener el edificio hasta
los rezos y ocupaciones de las nobles doncellas.
En sys constituciones ordenó el fundador que las reli­
giosas morasen perpetuamente encerradas dentro de los
muros del convento, sin poder salir de él sino en caso de
incendio o de traslación a otro más conveniente edificio, y
qye sus cuerpos fuesen sepultados dentro de la clausura;
que llevasen el cabello cortado hasta las orejas, túnicas de
estrameña no tan largas que arrastrasen por los suelos ni
tan cortas que permitiesen, con mengua de la honestidad,
que se viesen los pies; manto, escapulario y velo de burda
tela negra, prendas que debían ser blancas para las novi­
cias; y que durmiesen todas después de la cena hasta nona,
no en las celdas, destinadas sólo a la meditación, sino en
dormitorio común, alumbrado por lámpara que era* menes­
ter ardiese toda la noche, vestidas y en cama separada que,
por el frío de la antiplanicie, permitió el Arzobispo pudie­
sen tener cortinas de modesta tela. El silencio debía ser
continuo, y sólo en las fiestas dobles o en las festividades de
los Apóstoles podían las hijas de Santa Clara hablar sobre
temas piadosos, tales como la pasión de Cristo, obligándo­
selas a llevar cilicios, ayunar en la mayor parte del año y a
no probar carne sino en caso de enfermedad. Prohibido les
estaba acercarse al torno - por el cual debían penetrar y
AMORES DE SOLÍS 6*79

salir en lo posible todos los objetos necesarios—sin previo


permiso, y hablar a travéá*de las rejas—clavadas y cubiertas
de paño negro — del locutorio, siquiera fuese con sus
padres, sin tener al lado una escucha obligada a trans­
mitir, si fuere el caso, la conversación a la Abadesa. No
podía entrar al claustro otro varón que el Capellán,
anciano y de reputadas constumbres, quien tampoco ha­
blaba o confesaba a las monjas sino ante los ojos de
la comunidad. En cuatro capítulos diferentes enumeró el
Ilustrísimo señor Arias de Ugarte la culpa leve, la culpa
grave, la culpa más grave y la gravísima culpa, y señaló el
Castigo que debía aplicarse en cada caso, y a tal punto lle­
vó su anhelo de reglamentación que prohibió se constru­
yesen gallineros contra las celdas, y, por considerarlo pe­
ligroso, que hubiese en el convento otra puerta fuera de la
principal y que ésta tuviese postigo o ventana, ordenando
que se construyese dicha puerta en alto, de manera que
para bajar hasta la calle o subir de ella se necesitara esca­
lera de mano, la cual debía estar—son palabras textuales—
«atada con diligencia de parte de las monjas con cadena de
hierro, y desde que se acaben completas hasta prima del
día siguiente siempre esté alzada en alto,» manteniéndose
las dos llaves del candado una en manos de la portera, es­
cogida entre las de más edad, y la otra en poder de la Aba­
desa. Y todavía aumentó el Pontífice las prohibiciones, en­
tre las cuales incluyó la de que las clarisas jamás pudiesen
ir a Roma a presentar personalmente sus votos o deman­
das. terminándolas reglas con esta solemne maldición: «De
ti Santo Padre, y de toda la Corte Celestial y de mí, pobre-
cilio, sean malditas las que con su mal ejemplo confunden y
destruyen lo que por las santas hermanas de esta Orden
has edificado y no cesas de edificar.»
Tal era el medio adusto en que, por propia determi­
nación, debía pasar sus días hasta que llegase la muerte la
bella y voluble Marichuela.
«Apacible fue la vida de las monjas clarisas, pues nada
de particular hemos hallado sobre ellas en las viejas cróni­
cas,» dice nuestro colega el doctor Eduardo Posada en su
erudito estudio sobre Santa Clara. Sin embargo, por alta
que estuviese la puerta, siempre habían llegado hasta el con­
vento, de tarde en tarde, ráfagas del mundo y de sus bo­
rrascas, y en la época en que llegó a él María Lugarda exis­
tían aún religiosas ancianas que conservaban entre los re­
cuerdos de su juventud ecos de la ruidosa aventura del
Oidor don Bernardino Angel de Isunza,—Caballero del hábi­
to de Santiago y magnate que, contra lo dispuesto por el
Rey, pretendía usar sitial, silla y almohada en las^funciones
de iglesia,—y que, después de mantener por algún tiempo
680 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

activa correspondencia con la novicia María Teresa de Or*


gaz, escaló en una mañana del meff de mayo de 1701, auxi­
liado, según parece, por nuestro insigne pintor Vásquez Ce-
ballos, el convento de Santa Clara, para devolver la liber*
tad a su amante, que estaba allí depositada por orden del
Presidente don Gil de Cabrera y Dávalos. Y podrían haber
recordado igualmente las monjas que llevaban blancos ca­
bellos bajoél velo negro de la Orden, que no paró ahí el
asunto, pues si bien el Presidente, por complicidad o des­
cuido, no quiso informar a la Corte contra el desaguisado
del Oidor Isunza, el Arzobispo fray Ignacio de Urbina, que
no teníala manga tan ancha como el Presidente, dio cuenta
de todo al Soberano, quien fulminó tremendo regaño con­
tra don Gil de Cabrera, y ordenó se le remitieran los autos
del proceso para imponer debido castigo al Oidor.
Mas el contraste entre su antigua existencia y la vida
de implacable monotonía y severidad que debía llevar en
adelante era demasiado fuerte para que la Marichuela no
se arrepintiese en breve de haber llamado a las puertas del
convento. ¿Fue que ella, acostumbrada al sonido apasiona­
do y enervante de las vihuelas, bandurrias y guitarras es­
pañolas y del tiple criollo y apasionada, como según dicen
los cronistas lo eran los santafereños todos, por las danzas
de lejano atavismo oriental, encontró demasiado grave y
triste el salmodiar de los oficios de difuntos, y la repetición
incambiable de completas y vísperas, laudes y maitines?¿Fue
que encontró mal encubierto desvío entre sus nuevas com­
pañeras, que miraron despreciativamente a esa María Mag­
dalena que no llevaba en sus venas sangre de encomende­
ros y descubridores? ¿O fue acaso que ella, que quizá ambi­
cionó ser nombrada algún día, en elección trienal y secre­
ta, Abadesa de Santa Clara, y vigilar desde su lecho coloca­
do en alto la comunidad entera, una vez pasada la impre­
sión aguda que produjo en su alma la palabra evangélica
del Padre Benavente, dio en soñar que un día el atrevido
don José de Solís, repitiendo la hazaña del Oidor, escala­
ría las tapias por raptarla, y, al tener noticia que su amante
había trocado el manto capitular con su bolsa de damasco
rojo por la cogulla del franciscano, vio perdida toda espe­
ranza de ver de nuevo el mundo, y resolvió, en arranque
espontáneo como suyo, romper la clausura que ahogaba su
alma, donde aún quedaban huellas del pecado? Todas estas
hipótesis, y muchas más que podrían formularse, explica­
rían el acto de María Lugarda Ospina al abandonar, sin per­
miso del Excelentísimo señor Zerda ni de la Madre Abade­
sa, la casa de las clarisas, a la cual dejó irrevocablemente
unida su sombra atormentada e inquieta.
Grande fue el escándalo en la ciudad, y muchas las de­
▲ MORES DE SOLÍS 681

liberaciones que entre las altas dignidades de la Iglesia y


del Estado ocasionó la voluntariosa determinación de la ex­
novicia. Y no valió, para evitar medidas de rigor, que ella,
de manera respetuosa y solemne, prometiese al Virrey lle­
var vida arreglada y solitaria dentro de las paredes de casa
particular. Ante la grita que religiosos hidalgos, beatas
parlanchínas y graves eclesiásticos formaron contra la ove­
ja descarriada que, después de haber vuelto al redil,'in­
tranquilizaba de nuevo con el prestigio de sus antiguos y
tempestuosos amores el reposo monacal de la ciudad, no
quedó más camino al Marqués de la Vega de Armijo que
desterrar a María Lugarda a las selvas de Usme, con
prohibición de venir a Santafé, mientras daba cuenta a la
Corte de lo sucedido, ofreciendo, empero, a la acongojada
mujer devolverle su libertad tan pronto como pasase el al"
boroto causado por su salida del convento y se aplacase el
rumor de chismes y murmuraciones.
Hubo de someterse la Marichuela a la superior deter­
minación, y en las vecindades de Usme esperó confiada
pero llena de impaciencia el regreso del Virrey, el cual
partió para Cartagena en septiembre de 1762 y volvió a
Santafé en julio del año siguiente. En el interregno, quizás
por consejo del ilustre sabio y sacerdote don José Celestino
Mutis, quien, según parece, cuidaba de la salud de 1a deste­
rrada, resolvió ésta dirigir al Marqués la siguiente repre*
sentación que, salvo la ortografía, copio en su integridad,
ya que ella da bastante luz para apreciar el carácter y el
estado de ánimo en que se hallaba la antigua amante de
Solís :
«Excelentísimo señor:
«Por mano de don José Mutis he tenido el feliz logro y
plausible noticia de la salud de Vuestra Excelencia, que he
celebrado y apreciaré que del mismo modo se continúe este
beneficio y robustez por eternidades.
«No ha sido para mí menos jubiloso el consuelo que he
recibido de que mis adversidades tendrán fin algún día, y
me prometo que éste amanecerá muy breve si Vuestra Ex­
celencia, como claro sol, disipa las densas sombras de mis
émulos y opositores a la libertad, descanso y sosiego de una
miserable mujer, con quien 6e hapuesto tan de riña el gus­
to, y ahora vive confiada en que Vuestra Excelencia ha de
ser el iris que ha de serenar la tempestuosa borrasca de mi
continuo padecer, que sólo esta esperanza pudiera templar
un dolor que cuando sobraba para matarme me alienta pa­
ra sufrir tantas amarguras, congojas y fatigas como me
causa el total desamparo y continuado padecer en este des­
tierro, que con propiedad puedo llamar valle de lagrimas,
682 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

I
pues si las que lloro pudieran juntarse, ya me hubieran
anegado y sacádome de tánto penar, que ya parece infinito
si la innata piedad de Vuestra Excelencia no le pone térmi­
no, el que desde luego vería yo cumplido tan solamente con
el gozo de su regreso, si pudiera lograr tal ventura, a la que
aspiro aún más ansiosa que a la consecución de mi propia
libertad, la que espero sin género de duda, mediante la pa­
labra que Vuestra Excelencia me empeñó-de que me pon­
dría en la posesión de tan deseado bien, y por no tener
con qué retribuir a tamaño beneficio queda de mi cuenta
el rogar a Dios dilate y prospere la importante vida de
Vuestra Excelencia por largos años como puede. De estas
selvas de Usme y enero 27 de 1763.
«Excelentísimo señor B. L. P. de Vuestra Excelencia
su muy rendida sierva,
«Ma r ía Lu g a r d a d e Os pin a >

Permitidme una observación, El señor Marroquín


—quien ignoró la conversión de la Marichuela—al encarecer
la vida ejemplar que llevó en el claustro fray José de Jesús
María y la evangélica mansedumbre de que hizo gala ya
como lego, ya como religioso, refiere que «la antigua com pa­
ñera de sus disoluciones frecuentaba la iglesia de San Fran­
cisco con el avieso fin de poner a prueba su paciencia, lo que
procuraba dirigiéndole improperios y zumbas groseras cuan­
tas veces podía acercársele, esforzándose por hacerle la irri’
sión y el escarnio de los fieles que concurrían al templo,» y
«que la continua asistencia del Padre Solís al confesonario le
ofrecía frecuentes y propicias ocasiones para ejercitar su ma­
lignidad.» Me temo que en esta ocasión el excelente biógra­
fo del Virrey-fraile aumentara los pecados muy reales de la
Marichuela con el estigma inmerecido de una desenvoltura
y agresividad que no concuerdan con el estado de aflicción
que revela la solicitud que os he leído ni con sus ardientes
anhelos de vivir retirada y hacerse perdonar su existencia
anterior. ¿No os parece que María Lugarda de Ospina, cu­
yas lágrimas, como ella misma lo dice en poética compara­
ción, corrían tan abundantes que podían anegarla, y sólo
quería perdón y olvido, no estaba entonces para atraer so­
bre su frente, cansada ya del peso de tánto reproche, nue­
vos y muy fundadós por tener escandalosa conducta con
quien, como ella, sólo ambicionaba la paz?
Pero si las súplicas vehementes de María Lugarda lle­
garon a conmover el corazón severo del Gran Prior de Cas­
tilla—que tal fue la dignidad a que se vio elevado don Pe­
dro Messía de la Zerda mientras gobernaba el Nuevo Rei-
SOLIS MUER I O
(Sacristía de la iglesia de San Diego). (Atención de El Gráfico).
AMORES DE SOLÍS 683

no de Granada, - la humedad de las lágrimas y la angustia


de los sollozos de la combatida mujer no podían llegar a
través del Océano hasta el trono de Carlos m, y la real or­
den, inflexible y fría como el acero, vino a dejar mal para­
da la palabra del Virrey y a arrebatar a la Marichuela la
esperanza de que sufe padecimientos tocaban ya a su fin.
Dice así el despacho:
«Habiéndose el Rey enterado de los antecedentes ocu­
rridos en esa capital a los principios del Gobierno de su
antecesor de "V uestra Excelencia con María Lugarda Ospi-
na, y que bien reparados en el voluntario retiro de ésta a
un convento y la posterior ejemplar determinación del Vi­
rrey, ha salido después de ésta la referida María del con-
ventiren que estaba, renovando con su presencia en ese pú­
blico la memoria de lo pasado, me manda Su Majestad pre­
venir a Vuestra Excelencia no permita a esta mujer que
resida en esa capital, a menos de no ser en la reclusión de
un convento, pues si no abraza este partido quiere Su Ma­
jestad la destierre Su Excelencia a la distancia que le pa­
rezca suficiente para el objeto a que se dirige esta provi­
dencia. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
«Madrid y 20 de abril de 1764.
«El Bailío frey don Ju l iá n d e Ar r ia g a
<A1 Excelentísimo señor don Pedro Messía de la Zerda.>

Como en las tan venidas a menos novelas de folletín,


debo cortar aquí bruscamente este relato, no por deseo del
narrador, sino por carencia de documentos que nos digan
cuál fue ¡a determinación que tomó la Marichuela cuando
se le notificóla inapelable sentencia del Monarca. Pero ese
mismo fin desconocido añade no sé qué encanto misterioso
a la vaga silueta de esa heroína colonial. Y mientras apare*
ce el papel amarillento que nos revele el desenlace del rui­
doso incidente, libre tenéis la imaginación, señores acadé­
micos. para reconstruir las últimas escenas de esa vida. De
misé decir que en ocasiones imagino a la Marichuela ca­
yendo de rodillas, abrumada al recibir la notificación real,
y al verse sola y sin valedores, resignándose a vestir de nue­
vo el velo negro de las clarisas, y llegando, tras de ardientes
arrebatos de resistencia, cada año mas lejanos y pasajeros,
a sentir que su alma atormentada se ha diluido en la paz de
los claustros impregnados de incienso y de las huertas si­
lenciosas, hasta que, en olor de santidad,* Madre Vicaria o
Hermana tornera, haya venido a sorprenderla sigilosamen­
te la muerte, que sí puede pasar sobre las tapias que no ín-
684 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tentó escalar su amante. Mas otras veces, y son las más fre­
cuentes, la veo, ante el pavor que le inspira la vida mona­
cal, irguiéndose con indomable impulso de rebelión ante la
sentencia cruel que, como premio a sus sufrimientos y sin
respeto a la palabra que se le empeñó, le impone el Rey, y
prefiriendo el destierro al convento. Luego, alejada de la
capital, vivir en el mismo desierto que antes se le fijó en uno
de los páramos que moran al sudeste de nuestra Sabana,
consumida en ansias inútiles de libertad, aguardando en
vano la palabra de gracia del Jefe de la Colonia, viniendo a
hurtadillas a Santafé al tener noticia de que fray José de
Jesús ha entrado en la agonía, para contemplarlo una últi­
ma vez, cuando:
Le retrataron muerto, los pies muy amarillos,
La cabeza rapada, sobre un par de ladrillos
Y los brazos en cruz ........

como lo describe el poeta. Y más tarde, cuando ya su belle­


za ha desaparecido y muy pocos podrían reconocer en esa
mujer temblorosa, de lacios cabellos que matizan ya las ca­
nas y rostro en que las arrugas contrastan con el fuego que
todavía arde en los ojds negrísimos, a la que fue la más ga­
rrida moza de sus tiempos, iluminando su decadencia con el
recuerdo del más joven, munífico y gallardo de los Virre­
yes del Nuevo Reino de Granada, y el orgullo de haber lo­
grado ella, pobre criolla de las Américas, que su nombre
resonara en los Consejos de la Corte y se hubiera inquieta­
do por el curso de su existencia el Monarca castellano, en
cuyos dominios aún no se ponía el sol.

EXP05ICI0D
HECHA AL VIRREY DE SANTAFÉ SOBRE LA NECESIDAD DE PRE­
VENIR LOS PROGRESOS DEL MAL DE SAN LÁZARO, Y DE PROMO­
VER LA DESTRUCCIÓN DE LAS PLATANERAS DENTRO DE LAS
POBLACIONES, COMO CAUSA DE LAS ENFERMEDADES ENDÉ­
MICAS QUE SE PADECEN EN LA PROVINCIA DEL SOCORRO
(Del archivo histórico de Diego Mendoza).
t
Excelentísimo señor:
La solicitud que promueve el Teniente Corregidor de
la villa del Socorro, movido del laudable celo de la salud
pública, es muy digna de la superior atención de Vuestra
Excelencia, es una de aquellas pocas ocasiones que suelen
presentarse a un Jefe de hacer glorioso su gobierno por un
servicio inestimable y raro; el celoso Teniente, que ofrece
EXPOSICIÓN 685

a Vuestra Excelencia esta bella proporción, es por lo mismo


acreedor a su concepto. Yo no puedo menos que manifes­
tar aquí mi reconocimiento por haber tocado un punto de
tanta consideración en tiempo tan oportuno y en las más
favorables circunstancias. El constante empeño del presen­
te Gobierno es promover todos los medios de fomentar este
Reino, poblarlo, enriquecerlo, me hace lisonjear del éxito
de un pensamiento que tántos años ha sido el objeto de mis
reflexiones y deseos. En mis excursiones por las Provincias,
siempre afligió mi corazón el cuadro lastimoso de tantas
enfermedades y epidemias originadas por los platanales,
que por un capricho deplorable, convierten en desiertos
las más bellas poblaciones. Precisado para el mejor desem­
peño de -mis comisiones a preferir el silencio de Mariquita
a las comodidades de la capital, a pesar de las precauciones
imaginables, experimenté en mi familia los funestos efec­
tos de esta preocupación. Yo mismo soy su víctima. Así ex­
pondré a Vuestra Excelencia mi dictamen, con tanto mayor
gusto cuanto a la obligación en que le vivo ya por otras ra­
zones, ya por el honor de consultarme, se añade el interés
de una causa que miro como propia. No es esto uno de
aquellos puntos espinosos de la física y de la medicina, en
que el hombre de juicio se halla embarazado. Está decidido
que nada es más perjudicial a la salud de los pueblos que
una atmósfera corrompida, así como nada es más a propó­
sito para corromperla que los platanales ingeridos en la
población. Si quisiéramos aglomerar hechos, razones, argu­
mentos, haríamos un libro. El Reino sólo ofrece mil tristes
ejemplares, que serían más funestos y frecuentes a no ser
tánta la benignidad del país. Ello es que hasta las funciones
más simples de la vida, como hablar, escupir, tragar, se ha1
cen torpemente en un aire corrompido. Un platanal es un
laboratorio de aire pestilente, y por consecuencia forzosa
de veneno. La humedad, el agente más fuerte y como
quien dice, la madre de la corrupción, es característica de
esta planta, por otra parte tan preciosa. Un suelo demasia­
do húmedo, tal vez inundado, adonde jamas penetran los
rayos del sol, el acceso al viento difícil o ninguno, troncos
que cogido el fruto se corrompen, una cama de hojas po­
dridas, y pudriéndose : tales son los coloridos con que se
nos presenta un platanal. Añádase en el Socorro el calor
del clima y el de una población bastante numerosa, los cer­
cados, los edificios, y para colmo de la desgracia, la vida se­
dentaria de aquel pueblo laborioso. Como si no le bastara
con esto a un platanal para inficionar toda la atmosfera
vecina, se han hecho el depósito de los cadáveres de los ani­
males, basuras e inmundicia^ de las casas, y habitación de
aves domésticas que escarban y revuelven la masa pestilen­
686 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

cial. Hé aquí un manantial de corrupción capaz de llevar la


muerte a las más distantes poblaciones ; calenturas intermi­
tentes, agudas, pútridas, no serán todas las desgracias que
traerá al Socorro tan pernicioso vecino. No deben extra­
ñarse las llagas, lepras y demás epidemias que expresa en
su juiciosa representación el Teniente Corregidor, cuyo
celo generoso lo hace tanto más digno del aprecio del Go­
bierno, cuanto son más raros semejantes cuidados.
Si por desgracia la situación de la villa es poco venta­
josa, si la estrechez de las calles, posición y pequenez de las
puertas y ventanas, la vecindad de lagunas o aguas estan­
cadas favorece la corrupción, esta alianza fatal de circuns­
tancias, aumentada con el tiempo, la población y los plata*
nales hará el Socorro semejante a aquellas cuevas*^ puen­
tes de Natolia, cuyas exhalaciones pestíferas matan al que
se acerca. Los estragos del aire corrompido sólo tienen
comparación con los del rayo, pero qué diferente 1 Este
se deja ver muy rara vez, aterra, conmueve una ciudad,
hiere a tres o cuatro, y desaparece. Aquél asuela los luga­
res, derrama epidemias, y después de haber afligido, o se­
pultado la ciudad en que nació, vuela a llevar a otras la
desolación, y suele despoblar un reino entero. Triste ver­
dad confirmada con experiencia de casi todos los siglos.
Pero a pesar de tan repetidos ejemplares, estas verdades
espantosas no hacen impresión; ¡la harán! pero tarde, cuan­
do multiplicadas las villas y ciudades, cediendo la benig­
nidad del clima y circunstancias amigas al torrente de co­
rrupción, veamos convertido un país tan saludable en un
espacioso sepulcro. El que conozca los efectos de una atmós­
fera infectada y reflexione que en un platanal están como
reunidos los agentes más poderosos de la putrefacción, le­
jos de admirarse de mi pronóstico se admirará de que haya
tardado tánto esta época, fatal. A Socorro toca ya este
término. Como la población es la más numerosa, era preci­
so se resintiese primero que la .otras ciudades, que serán
por su turno víctimas de su propio capricho. Sus tejidos y
el viento llevarán el estrago a los últimos términos del Rei­
no. Todo el país será un hospital, y si un Jefe tan pene­
trado de ¡os sentimientos de humanidad no aparta lejos el
azote más cruel, el mal llamado de San Lázaro, que comien­
za a picar en el Socorro y San Gil, se extenderá por el
reino, y lo desolará. Pero’estos desastres no vienen con es­
truendo, ni de golpe, y esto basta para que no hagan im­
presión. Menores causas han producido en la grandes po­
blaciones estragos increíbles. Tantas ciudades populosas
del Turco, Constantinopla, el Cairo, víctimas ordinarias de
la peste, a causa de la estrechez de sus puertas y ventanas y
mala construcción de sus edificios. Una ciudad de Italia
EXPOSICIÓN 687

afligida de calenturas pestilentes por un poco de agua co­


rrompida en sus fosas, La epidemia en Lisboa, que hace
todo su estrago en los parajes inmundos y menoB ventila­
dos, son unos débiles rasgos del furor deí aire corrompido
por muy pequeñas causas. Así es que si la peste con azote
desconocido entre nosotros, como frecuenta en Turquía, se
dejara sentir en el país, las poblaciones en quienes concu­
rren las circunstancias del Socorro, quedarían convertidas
en una espantosa soledad. Pero tal es la fuerza de la pre­
ocupación y de la costumbre, qué este torrente de males
que amenazan no será bastante a hacer destruir un solo
platanal. El escaso producto de un fruto que lejos de la
población se podrá lograr con mayor abundancia y sazo­
nado. se preferirá desde luego ala salud propia, a la públi­
ca y a la de una posteridad más desgraciada. Se creería
que mal contentos con la feliz inmunidad que se nos ha
concedido de la peste, hemos hallado el secreto de fabri­
carla. De intento he dejado de hablar de las aguas que co­
rren por entre los platanales. Me horrorizo de pensar que
por parajes tan inmundos pase el líquido más puro que ha de
tomar el hombre. También es este un punto delicado digno
de los cuidados de un Gobierno celoso, yen que ninguna
precaución está por demás. Fecundo origen de tántas obs­
trucciones, enfermedades crónicas, y aun de la penosa y
funesta plaga escrófulas o cotos, que va cundiendo tánto :
decirles que se liberten de este azote proveyéndose del
agua saludable de las nubes, recogida en aseados aljibes,
sería exponerse a las censuras de muchos, y a una indife­
rencia general. Dejo de exponer mil razones de policía,
agricultura, conveniencia, economía, que por sí solas
persuaden la necesidad de desterrar esta planta del pobla­
do. Corromperse de un día a otro las carnes y frutas deli­
ciosas, conservarse muy poco los granos de primera nece­
sidad. alterarse los colores más finos de muebles y vestidos,
un ejército de insectos destructores que se levantan, guar­
niciones doradas, bordaduras que, o se pierden entera­
mente o se deslustran : hé aquí un rasgo de Ja devastación
que trae un platanal.
Triste experiencia, que olvidando la de la salud y an­
tiguo vigor ca6Í extinguido, ^hice en Mariquita también,
cuando vi destrozada de jos insectos,” deslustrada y perdida
en aquella atmósfera pestilenta una preciosa librería, fruto
de todos mis trabajos y encanto de mi vida, y sin hablar de
algunas alhajas de gusto y todo mi menaje, que no merecen
mi memoria. Apartemos los ojos de la infeliz posteridad, no
hablemos de tántas víctimas inocentes sacrificadas en la
cúna a un capricho de sus padres: este espectáculo es de­
masiado trágico para presentarlo a Vuestra Excelencia, y
688 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

yo horrorizado, no acertaría a concluirla escena. Por fortu­


na es mayor el número de los que mueren antes de sentir
el peso de su desgracia : debilidad de temperamento, per­
petua languidez, torpeza de la acción y movimientos, la sen­
sación muy remisa o casi extinguida, un ánimo abatido*
aquel acento ingrato que ya se va notando ; tal es el mayo­
razgo de los que sobreviven para arrastrar una vida congo­
josa. El aire infecto que en los hombres robustos hace
tánto estrago, en los que lo respiran al nacer, hasta llega a
alterar las facultades intelectuales, pérdida que no tiene
comparación. Además, ¿<^ué enfermedades no contraen des­
de la cuna, que hacen inútil y aun gravosa su existencia en
la sociedad? Como estos estragos no se sienten todos de una
vez, y el pueblo no está ilustrado en puntos tan interesan­
tes, son pocos lo que se persuaden que pueda ser así. No
han experimentado todos los malos efectos de que hablo;
no se ha pensado en el origen de las calamidades que nos
afligen, y de las epidemias que de tiempo en tiempo se apa­
recen : así no extrañaré se piense que cargo demasiado la
pintura de los furores de la corrupción. Me aflige el pensa­
miento de lo futuro : veo acercarse la edad desventurada,
en que llegando a su colmo la infección de la atmósfera co­
mencemos a sentir el azote que no cuidamos de apartar, o
más bien que fuimos a solicitarlo. ¿No vemos ya en el Soco­
rro y en San Gil varias enfermedades de la piel, fiebres, epi­
demias, y sobre todo el mal de San Lázaro? Este es el ensa­
yo de la devastación que se prepara. ¡Qué dolor es que el
pueblo preocupado no pueda sentir ni comprender estas co­
sas, para que se prestara gustoso al benéfico proyecto de
destruir en el Reino los platanales urbanos que causan su
ruina! Como éste ha sido el más ardiente de mis deseos, he
experimentado en muchos años la dificultad de conseguirlo.
Después de haber visto inútiles mis tentativas amistosas en
diversos lugares y ciudades, experimenté en Mariquita has­
ta dónde llega la fuerza de dos siglos de preocupación. El
Teniente Coronel don Francisco Navarro y Amaya, Gober­
nador entonces de aquella Provincia, persuadido de nues­
tras conversaciones familiares, mandó arrancar los muchos
platanales que hay en la ciudad; ¡qué impresión no hizo
este benéfico mandato, que se consideró como la obra maes­
tra de la extravagancia, y propia de un genio opresor y ma­
ligno! Acaso no hay proyecto más difícil que llegar al cabo
sin afligir al pueblo ni asustarlo. Ya se ve, la voz de Vuestra
Excelencia sería tan presto oída como respetada y obede­
cida. Pero las gentes hasta ahora encantadas de su Jefe,
pensarían que de repente se les había trocado. Un grito de
dolor se oirá de un extremo a otro del Reino. He tratado
mucho este punto para no conocer la obstinación del pueblo.
e x po s ic ió n 689

La ejecución de tan glorioso pensamiento no es obra del


que manda como jefe : es de un jefe prudente y humano
que ruega, aconseja y persuade como padre. Así es preciso
que Vuestra Excelencia, seguro de que va a hacer un servi­
cio que hará glorioso su Gobierno, se valga de los medios
más dulces, de todos los encantos de su bondad y de su ge­
nio. sin perdonar molestias ni tareas de tántas que juzgo
necesarias al éxito feliz del intento. ¡Qué satisfacción para
el que manda un reino manejar tan diestramente el genio
de sus subditos, que les haga concurrir gustosos aloque
más les repugna, y pasar la corriente de dos siglos! Esto
fiólo sin hablar de la sólida gloria de hacer el más importan­
te servicio a todas las generaciones de la patria, hará gusto­
so a Vuestra Excelencia los afanes, y tal vez los disgustos
de esta empresa. Tito, Vespasiano, Marco Aurelio, esos Enr
peradores amigos de los hombres, no tuvieron ocasión de
hacer un beneficio a toda la posteridad, y la hubieran com­
prado. Interesado en el proyecto y en la gloria del jefe, no
puedo menos de exponer loque me parece en cuanto a la
-ejecución. Vuestra Excelencia me ha de permitir que en
este punto hable con toda la franqueza que inspira la causa
pública cuando se trata con un jefe deseoso de acertar. Como
el pueblo más obra por imitación que por discurso, luégo
que vea a los curas y eclesiásticos más condecorados, a los
Corregidores, Jueces y personas de distinción destruir sus
propios platanales y declamar contra ellos, seguramente se­
guirá el ejemplo. Mucho más si lo toman con ardor aque­
llos que por la dulzura de su genio suelen tener en los luga­
res un poderoso ascendiente. Así el primer paso que me pa­
rece oportuno es que Vuestra Excelencia en un tono de ami­
go, se digne escribir a los Cabildos, Corregidores, Párrocos,
eclesiásticos de estimación, sujetos de lustre, manifestándo­
les cuán interesado está en la destrucción de los platanales,
por ser tan perniciosos a la salud común ; que concurran
con su ejemplo y con su voz; que interesen en el proyecto
a sus amigos, pinten con los colores más vivos las desgracias
que traen, y se empeñen todos en la causa de la patria.
Un auto circular en que Vuestra Excelencia hiciese bri­
llar todos sus sentimientos de humanidad y amor al Reino, en
que se detallasen los perjuicios que ocasiona la planta en los
pobladosy el deseo de su destrucción por la aflicción que tie­
ne Vuestra Excelencia del peligro común : este acto enter­
necería a los pueblos, acabarían de persuadirse que los go­
bierna un padre y se lograría el intento. Los Párrocos en
los lugares, los Jueces en las poblaciones yen las ciudades
sus Procuradores, deberán comunicar a Vuestra Excelencia
la nueva feliz, y encargarse de velar que en lo sucesivo ni en
XU—44
690 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

los lugares ni en sus cercanías se vuelvan a plantear. Tal es


la propensión de hacer de las ciudades un desierto, quesera
preciso encargar se avise de tiempo en tiempo de las nove­
dades que se notaren. De este modo hará Vuestra Excelen­
cia un beneficio que no puede encarecerse a las generacio­
nes futuras, aun más que a la presente.
Este proyecto es todo de Vuestra Excelencia. Ningún
otro se debe mezclar en él. Los vecinos de cada lugar tie­
nen siempre en él sus razones de amistad, de disgusto y de
interés; y comisionarlo alguno, sería, dar lugar a disensio*
nes y celos. Los Jueces tienen enemigos que tendrían oca*
sión de quejarse, ya que no de la providencia, del modo de
ejecutarla. Es indispensable que todo este peso cargue so­
bre Vuestra Excelencia, que Vuestra Excelencia obre in*
mediatamente por sí y concluya un proyecto glorioso por su
naturaleza, pero quizá más por los medios amistosos y pa­
ternales, que sobre los indicados se dignara aplicar.
El deseo de salud pública y el celo del nombre del Jefe
a quien vivo tan obligado, me han hecho extender más de
los que debiera. La prudencia del Gobierno pesará estas ra­
zones, que por serlo que siento en el asunto, expongo a
Vuestra Excelencia en cumplimiento de su superior orden.
Ellas no quitan la libertad de pensar de otra manera, y me
alegraría no fuesen tan convincentes como me parecen.
Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de Vues­
tra Excelencia muchos años.
Santafé, 26 de septiembre de 1792.
Excelentísimo señor.
Jo s é Ce l e s t in o Mu t is

CARCA A CAbDAS
(Del archivo histórico de Diego Mendosa).
Loja y mayo 11 de 180
Muy señor mío y mi buen amigo:
Para contestar a la apreciable de usted de 21 de marzo
con las noticias que desea saber el célebre sabio doctor
Mutis, y me pide por su interposición, he gastado algunos
días en el registro de papeles y conversación con algunos
antiguos de este lugar; y voy a decir a usted lo poco que
he descubierto.
En los protocolos de fundación de este monasterio de
religiosas conceptas, se halla que ha promovido esta funda­
ción donando algunas cantidades Pedro de Alderete, que
CARTA A CALDAS 691

se intitula Gobernador y Capitán General de las Provin­


cias de Yaguarsongo y Pacamoros, en el poder que da en el
año de 1596, otorgado en la ciudad de Valladolid, que hoy
se denomina Montaña.
Se colige que este Gobierno comprendería esta dicha
ciudad, la de Avila, la de Loyola, y otras poblaciones que
las aniquiló el tiempo y hoy han quedado en dos pueble-
cilloso curatos de misión con el nombre de Zumba y Chito»
situados entre el Gobierno de Jaén y Corregimiento de
Lo ja, distante como treinta leguas.
Se infiere que tendría alguna población considerable el
Yaguarsongo, porque el fundador Alderete, en una de las
cláusulas de condiciones para su contribución, pone que
han de ser preferidas y admitidas con medio dote las natu­
rales de Yaguarsongo, con tal que sean hijas de españoles»
y no las de bajo nacimiento.
No se sabe de dónde fue natural.
Y hay su tradición de que en este Alderete concluyó
la Gobernación de esas Provincias; que por su decadencia
se agregaron al Corregimiento de Loja, pues éste en los
reales despachos se le da el Corregimiento y Gobierno de
Yaguarsongo; y todo él tiene el privilegio de silla y cojín
en las asistencias de iglesias.
Alonso Mercadillo, que había sido en el Perú Capitán,
vino a poblar a este Loja el año de 1551, con título de Capí*
tán y Justicia Mayor, como consta en el primer libro de
Cabildo que hace años lo registré.
No siendo fácil haber los protocolos de Cabildo, ni de
pocos días en reconocimiento, me he valido de los expe­
dientes anteriores y posteriores de los años qué se solicita,
y por ellos encuentro los Corregidores que voy a enume­
rar, sin poder decir su origen, porque no consta, pero se
infiere que fueron europeos:
En 1618, don Melchor de Peñalosa.
En 1621, don Francisco Mesía Sandoval, Caballero del
Orden de Calatrava.
En 1628, 1629, 1630, 1631, don Antonio Ortiz Espi*
nosa.
En 1632, Mateo Pinto de Sotomayor.
En 1636, don Alonso de Liñán y Molina, Caballero del
Orden de Calatrava.
En 1637, 1638, 1639, 1640. 1641, 1642, 1643, 1644, Juan
López de Cañizares.
En 1644. 1645, 1646.1647, 1648, 1649, Diego de Castro.
En 1649, 1650, 1651, 1652, 1653, 1654, don Gabriel
López de León.
692 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

En 1655, don Diego de Mendoza y Acebedo.


En 1660, Don Luis Vicente Paravicino.
En 1664, don Luis Bernardo Paravicino.
En 1676, don José Saavedra Bustamante.
Y como he dicho, la imposibilidad de haber los libros
de Cabildo, no le puedo a usted expresar más que lo dicho.
Añadiendo que no se puntualiza el total de años que gober­
naron, por no haber noticia en las actuaciones de donde se
han extraído.
La fundación de los jesuítas en Loja sería cerca del
año 50 del siglo pasado, poi que en el año de 1756 se hizo la
fiesta solemne de colocación del colegio e iglesia, de que
hay vecinos vivientes que la presenciaron. Del de Cuenca
ignoro, que sería anterior con más de cincuenta años.
Celebraré que usted y su Mecenas queden servidas con
las pocas noticias que puedo comunicar: quedando en la
inteligencia de que en lo sucesivo tiene deseos de compla­
cer a usted este su amante amigo servidor, que su mano
besa.
Lo r e n z o d e Le q u e b ic a

EPIGRAFIA BOGOBAnA

1605
17. COLUCHINI (JUAN B.)
MAGNIEICATUM EST NOMEN EJUS SUPER OM-
NES REGES TERRAE.
Piedra. Sobre la puerta de la iglesia de San Ignacio
(antiguo San Carlos), en rededor del monograma de Jesús.
Cita esta inscripción Herrán, quien dice que entonces
(1884) se leía con dificultad. Hoy ya no existe. La ponemos
en 1605 por haber empezado en ese año la construcción de
la iglesia.
1647
18. CAPIAIN (JUAN)
ESTA BOVEDA MANDA
RON HAZER A SV
COSTA JUAN DE CAPIAYN
Y DOÑA MARIA ARIAS
D VGARTE SV M VGER
PATRONOS DESTE CON
VENTO PARA SU ENTIE
RRO. AÑO 1647
EPIGRAFIA BOGOTANA 693

Piedra de 1.30 por 1.10. En la iglesia de Santa Clara, al


pie del presbiterio.
Debemos esta papeleta al señor M. M. Tobar. No men­
cionaron esta inscripción ni Herrón ni Ibáñez. María Arias
deUgarte era hija de Daniel Arias de Ugarte, hermano
del Arzobispo de este apellido, fundador del convento, como
lo expresamos en nuestro escrito Sania Clara (1).
1657

19. ROJAS (BERNARDINO)


IN NOMINE JESU ONME GENUFLECTATUR. AÑO
Piedra. Sobre la puerta del Hospicio.
Citada también por Herrón y tampoco existe hoy.
• Fue Bernardino de Rojas quien dio el dinero para esta
obra; y fue en 1657 cuando se hizo la fundación, por eso
ponemos ese nombre y esa fecha.
1682

20. TOBAR (DIEGO)


ESTE ENTIERRO
ES DE DIEGO DE TO
BAR Y BVENDI
AISVS DESEN DI
ENTES. AÑO DE
1682
Piedra. Estuvo en el costado sur de la iglesia de Santo
Domingo, donde es hoy la Librería Colombiana. Al hacer el
edificio de ésta en 1903 el constructor la dio al señor don
Mariano Tobar, quien la obsequió, tiempo después, al
Museo Nacional, y allí se encuentra.
1687
21. ANONIMA
ROSANO
1687
Piedra. Se halla en el andén de la calle 20. hacia el ex­
tremo oriental, unos pasos arriba del Teatro Bogotá. Debe
tener algún otro letrero, pero está cubierto por la pared de
(i) Narraciones, Cápítulos para una historia de Bogotá. Bogo­
tá, 1906.
694 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

la casa a cuyo frente se halla. Ignoramos de dónde se llevó


allí esa inscripción y qué significa ella. Tal vezsería de la ve­
cina iglesia de Las Nieves. Obra meritoria haría el señor Di­
rector del Museo Nacional al llevarla a este establecimiento.
1690 (?)
22. JIMENEZ (JOSE)
AÑO 169....
ESTASEPoLVRA ES d D
PXIMENES D La PARRA Y SVS.

Piedra de 2.45 por 1.25. En la iglesia de San Agustín,


junto al altar de Nuestra Señora del Buen Consejo.
Transcripción: Esta sepultura es de don José Jiménez
de la Parra y suí herederos.
En la misma piedra está un escudo.
Ibáñez menciona así esta lápida: <En la nave izquier­
da del templo se encuentra una cripta cubierta con lozas
de piedra arenisca, y en una de éstas hay grabado un escu­
do de armas partido en pal, y esta inscripción:
AÑO DE 169
JUAN XIMENEZ DE LA PARRA.» Le falta, como
se ve, un renglón.
1694
23. GOMEZ (GABRIEL)
SERVIR A DIOS HONOR Y GLORIA SOLO
REINAR ES A DIOS
Piedra, en letras de oro, sobre la puerta de la Capilla
del Sagrario. La primera piedra de esta iglesia se puso en
1660, y la consagración se hizo en 1700; en uno de esos cua­
renta años corridos entre las dos fechas se fabricó la por­
tada. Ponemos 1694, pues fue el año en que el fundador
nombró capellán, como puede verse en nuestro artículo so­
bre dicha iglesia.
1713
24. CUADRADO (JACINTO)
1713
Piedra. Sobre la puerta de la iglesia de Las Nieves. El
Cura Jacinto Cuadrado Solanilla hizo levantar esta iglesia,
y seguramente él hizo inscribir allí el año de su fabricación.
EPIGRAFÍA BOGOTANA 695

1743
25. MANRIQUE (JOSE)
ENLOSOSE ESTE
ALTOSANO AÑO
DE 1743 SIENDO CV
RA ROR. EL DR. D. JOS
EPH MANRIQUE.
Piedra. En la puerta de la iglesia de las Nieves, en el
pavimento. Es de lamentar que no se haya quitado de allí y
puéstola en el muro, pues la está gastando el paso de los fie­
les, y pronto estará borrada completamente.

1748
26. AZUA (PEDRO F. DE)
CONSAGRO ESTA YGLESIA D
N. P. S AVGVN EL YLL.M<> S. D. D.w
PH.K D AZVA ARZOB.° D ESTE N“ R9
A 24 D SEPT.E AÑO D 1748.

Mármol negro; letras de oro. En el muro occidental,


cerca déla entrada. Publicada en Ibáñez.
1756
27. SOLIS (JOSE)
FERNANDO VI
REINANDO DON FERNA”
DO VI EL JUSTO
SE INCORPORO EN SU REAL DOMINIO
REEDIFICO, AMPLIO Y Ab0
ESTE REA L CASA DE MONEDA
AÑO D. 1756
Piedra. Sobre la puerta de la Casa de Moneda.
28. SOLIS (JOSE)
SIENDO VIRREY EL
EXmo S.r D.n JOSEPH SOLIS FOLCH DE CARDONA
Y PRIMER SUpe r INTENDENte
EL SEÑOR
MIGUEL DE SANTISTEVAN
Piedra. También en la puerta de la Casa de Moneda.
En medio de ella estaba el escudo real de España, que fue
destruido en 1813.
696 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

29. SOLIS (JOSE)


SIENDO VIRREY EL EXMO. SEÑOR D. JOSEPH DE
SOLIS FOLCH DE CARDONA. HIJO TERCERO DE
LOS EXCMOS. SEÑORES DUQUES DE MONTE
LLANO Y PRIMER SUPERINTENDENTE
DE ESTA REAL CASA DE MONEDA
EL SR. TENIENTE CORONEL
D. MIGUEL DE SANTISTEVAN
Piedra. Existía en el patio principal sobre una fuente-
30. SOLIS (JOSE)
1756
Piedra. Existía sobre la puerta que la Casa de Moneda
tenía en la calle 10 y es hoy la Escuela de Ingeniería.
1759
31. SOLIS (JOSE)
AÑO DE 1759
SIENDO VIRREY EL EX.“° S.R
DM JPH. SOLIS FOLHC DE CAR
DONA Y OFIS. R.8 DE LAS CASAS D
ESTA CAPITAL LOS S.B8 D.N VIZEN
TE NARIÑO Y D.N ANTONIO AYALA
Piedra de 84 x 48. Se halla hoy en una muralla del
subsuelo del edificio, en la Calle Real,donde está actualmen­
te la imprenta de La Luz.
1764
32. MESIA (PEDRO)
SIENDO VIRREY DESTE
REINO EL EXC."° S.R FREID."
PEDRO MESIA D LA CERDA BAI
LIO D LORA [Link] [Link] D. LAR?
ARMAD. D COS DE CRR. A
1764
Piedra de 40X91. Se halla boy en el Museo. Ñola
mencionan ni Herrán ni Ibáñez. En el catálogo del Museo
de 1912 dice: «Número 424 d . Piedra que existía en el pri­
mitivo local de la Facultad de Ingeniería. Estaba en dicho
edificio cuando fue reedificado. Fue remitida por el Rector
de dicha Facultad, doctor Borda Tanco.»
Transcripción: Siendo Virrey de este Reino el Excelentí­
simo señor Fray don Pedro Mesia de la Cerda, Bal fio de Lora,,
Teniente General de la Real Armada del Consejo de Gue­
rra, año de 1764..
EPIGRAFÍA BOGOTANA 697

1768
33. MESIA (PEDRO)
GOBERNAN
DO EL ’M* SOR
D" PEDRO DE
LA ZERDA
SE CONSTRV
YO ESTE PV
ENTE
EL A? DE 1768.
Piedra. En el puente de Bosa.
34. MESIA (PEDRO)
GOVERNANDO
EL EXMO. S.R BAI
LIO FREI D.N PEDRO
MESIA DE LA ZER
DA VIRREY DE ESTE ’
REINO SE HIZO ES
TA IMPORTANTE
OBRA AÑO DE
1768
Piedra. En uno de los muros de Puente Aranda.
35. ARANDA
S. PEDRO
PARA ESTA
CA DIPUTO SVS
ALSD." JOSEPH
GROT DE VAR
GASREJIDOR
DEL
DE ESTA CIVDAD
POR SU MCD
Piedra. También en uno de los muros de Puente
Aranda.
1772
36. MESIA (PEDRO)
SAPIENTIA EDIFICAVIT SIBI DOMVN
Pr o v e r . Ca p . 91
Piedra. Sobre la puerta del edificio que se llamó de
Las Aulas, hoy Biblioteca Nacional. Encima existe una pie­
dra, donde estaba grabado el escudo de España, el cual fue
destruido en los días de la independencia. Pensamos que
esa inscripción se puso en 1772 cuando se dedicó ese local a
Universidad. La pone Herrón en su escrito, pero sin el se­
gundo renglón.
698 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

1777
37. FLOREZ (MANUEL A.)
AL PU
, ERTO D
BOTIJAS
74 LEG.*
Piedra de 10 x 33. En Chapinero, carrera 13. En ¡a
parte superior de una columna de piedra.
Conjeturamos que el nombre de ese puerto fue puesto
durante la Administración del Virrey Mesía de la Cerda,
pues su sucesor el Virrey Guirior dice en su relación de
mando: «Para ello discurrió igualmente mi antecesor esta­
blecer fábrica de botijas de barro vidriadas para envasar
la pólvora y conducirla a los puerto? y lugares distantes»; y
pensamos que la piedra se puso en tiempos de Flórez, pues
éste le dio impulso a los caminos y vino él mismo por el del
Opón.
Hace pocos meses fue quitada esta piedra por algún
propietario de esos lados y puesta por ahí de puente en un-
vallado. Llamamos sobre esto la atención del señor Inspec­
tor de Chapinero, D. M. M. Gómez, por la prensa y verbal­
mente. y éste nos atendió y la hizo volver a su sitio.
En Zipaquirá hallámos a la entrada del Hospital, bota­
da en el suelo, sirviendo de puentecillo, una piedra que
dice: a Puetto de Botijas 38 leguas.
Por ahí olvidadas deben existir las demás que se pusie­
ron en este largo camino.
1780
38. ANONIMA
C«? DE NTRO PATR* Y P.e SOR SAN JOSEPH
Madera. Sobre el muro de una casa en la calle 13, pri­
mera cuadra al subir de la Calle Real, de ahí le vino el nom­
bre a dicha calle, que se llamó también de Las Notarías.
Herrán da así el origen de esta inscripción: «Cuentan anti­
guas consejas, oídas por nosotros de boca de nuestros pa­
dres, que hubo en el Nuevo Reino un sujeto de familia
ilustre, pero dado a los devaneos propios de su edad, pues
apenas rayaba en los veinticinco años, cuando se le ocurrió
hacer un viaje por la Península, en donde tenía parientes
allegados; a su regreso, por los años de 1780, tuvo que sufrir
un gran temporal, y acercándosele la muerte, hizo prome­
sa a San José de que si llegaba con vida a Santafé, hacía co­
locar una imágen del santo en lugar público, le encende­
ría luz todas las noches y se reformaría en sus costumbres.
EPIGRAFÍA BOGOTANA 699

El sujeto llegó a Santafé sano y salvo; y cumpliendo, a fuer


de leal su promesa, hizo colocarla bendita imagen en las
paredes exteriores de su casa, y la alumbró todas las qo-
ches, como lo han hecho todos sus descendientes.»
En esta devoción puede hacerse la historia del alum­
brado: tuvo primero una vela de sebo, luego una esperma,
una lámpara de aceite, y un pico de gas, y hoy tiene un
bombillo de la luz eléctrica.
1781
39. CAICEDO (CLEMENCIA)
AÑO DE 1781
Existía, dice Herrán, encima de la puerta oriental, ta­
pada en 1826, del Colegio de la Enseñanza; en madera, y
conmemoraba la fecha de la terminación de aquel conven­
to fundado por la señora Caicedo.
1793
40. RAMIREZ (TOMAS)
SE PRINCIPIO ESTA OBRA EN 20 DE AGOSTO DE
1792 Y SE DIERON LAS COMEDIAS PROVISIONA­
LES, TOLDANDO LA CASA EL DIA 6 DE EN ERO DE
1793 HASTA EL DIA 11 DE FEBRERO DE
DICHO AÑO. Y CONCLUIDA LA OBRA.
SE PRINCIPIARON LAS FUNCIONES
EL 27 DE OCTUBRE DE 1793
Madera. Estaba en el vestíbulo del Teatro Maldonado,
suspendida de un cordel; al ser derribado este edificio, en
1886, para hacer el Teatro de Colón, fue llevada al Museo,
donde hoy se halla. La trae Herrán, y la publicó luégo en
facsímile el Papel Periódico (1887), y la insertároos en nues­
tro libro Narraciones (1906).
1794
41. MARTINEZ (BALTAZAR)
ESTA IGLESIA SE CONSAGRO EL DIA MARTES 25
DE MARZO DEL AÑO DE 1794 POR EL ILUSTRISI
MO SEÑOR DON BALTASAR JAIME MARTINEZ
COMPAÑON. DIGNISIMO ARZOBISPO DE
SANTAFE
Piedra. Sobre la puerta principal de la iglesia de San
Francisco.
E. Po s a d a
700 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

APOSTILLAS
El procer de la Independencia don Miguel de Pombo
publicó, aquí, en 1811, un estudio sobre la Constitución de
los Estados Unidos, la cual no había sido conocida sino im*
perfectamente, en estas breñas, en tiempos de la Colonia.
Es un pequeño folleto, pero lleno de observaciones finas, y
escrito en hermoso estilo. Se ve ahí, principalmente en las
comparaciones que hace de nuestro país con la nación ame­
ricana. aquel optimismo patriótico que animaba a los padres
de la República en aquella alborada de la independencia.
Señala el señor Pombo los factores que obraran en la
emancipación de los Estados Unidos, y los que se vieron en
la nuestra. «La federación—dice— que va a formarse de las
provincias de la Nueva Granada debe ser más perfecta o
mejor combinada que la de las provincias.»
Para hacer esta profecía fúndase en el carácter, sitúa*
ción política, clima, etc., etc., y luego señala algunas cifras,
que son bastante elocuentes.
Habla de lo que era la nación americana en la hora de
su independencia: «Los trece Estados de los Estados Unidos
ocupaban un territorio de 23,000 leguas cuadradas, con una
población que no llegaba a dos millones y medio de habi*
¿antes, y la extensión de las provincias de la Nueva Grana­
da es dos veces mayor, o sea de b7,000 leguas cuadradas y
su población de cerca de 3.000,000.»
Después, en unos cuadros, presenta detalles precisos so­
bre esto. La población de los Estados Unidos, según datos
presentados al Congreso en 22 de junio de 1782, era de
2.389,300, y la de la Nueva Granada, según censo anterior
al 20 de julio de 1810, era de 2.500.000.
En los Estados Unidos se acuñó moneda en cuatro
años, de 1792 a 1796, así: oro, 149.445 pesos; plata, 244,013,
y cobre 22,717, o sea un total de 416,175 pesos. Y en la Nue­
va Granada se acuñó de 1801 a 1804: oro, 214,199 pesos, y
plata, 28,272, en la Casa de Moneda de Santafé. y 3.854,858
pesos en oro, en la Casa de Popayán, o sea un total de
4.089,029.
La importación de los Estados Unidos en un año, toma*
do el término medio, en los años de 1763 a 1773, era de
10.074,306 pesos, y la exportación de 5.562,004. La impor­
tación de la Nueva Granada en 1810 era de 2.500,000, y la
importación daba igual suma. Bien que en esto si éramos
inferiores, piénsese cuán poca era la diferencia con lo que
vino después. Y véase lo que dice el señor Pombo: «A los
2.500,000 pesos de importación deben añadirse dos millones
y medio o tres millones que se importan por Panamá para
llevarlos a Guayaquil y al Perú. Por consiguiente, el co­
APOSTILLAS 701

mercio de este Reino puede establecerse en diez u once mi­


llones de pesos.»
Estas cifras que nos da aquel patricio prueban bien
que nuestro país al independizarse era más extenso, más
poblado y más rico que los Estados Unidos, cuando consiguie­
ron éstos su independencia. Años después el cambio había
sido completo: ellos empezaron a crecer, a aumentar su po­
blación y a enriquecerse, y nosotros a fraccionar el territo­
rio. a matarnos y a empobrecernos.
Recuérdense también las palabras de Zea en el Con­
greso de Angostura, diciendo lo que podría llegar a ser
Colombia, y las de Caldas, en su geografía, sobre nuestra
situación en el globo y las riquezas y elementos de prospe­
ridad que teníamos. Cuán triste es ver el estado a que
hemos llegado, y cómo se desvanecieron tan risueñas espe­
ranzas. Este país que en su cuna aparecía con un porvenir
grandioso, vino a ser la más pobre y desorganizada de todaa
las naciones.

, * *
El Papel Periódico, en su número del 29 de julio de
1791, habla de unos exámenes que tuvieron lugar en esta
ciudad, y puso después estas líneas:
«Entre estos estudiosos colegiales acaba de merecer las
aclamaciones públicas uno de ellos, que es don Antonio Cor­
tés. quien en sólo la edad de catorce años ha acreditado una
condición no común en el acto de Derecho Civil tenido el
23 del corriente en el mismo Colegio de Nuestra Señora del
Rosario. La sublime penetración y estudiosidad de este jo­
ven da mucha esperanza de que a la edad de veinticinco sea
un completo literato y quizás un hombre de primer orden
si nuestras aulas estuvieran establecidas sobre el plan cien*
tífico y luminoso que lo están al presente las de Europa.»
En el año siguiente volvió aquel periódico a mencionar
con altos elogios a dicho joven. Habla así de otro triunfo
obtenido por él en las aulas del antiguo Colegio de fray Cris­
tóbal de Torres:
«En el año pasado, al folio 216 del número 25, dimos
noticia de un joven natural dé la ciudad de Ocaña, cuyos
talentos y copiosa erudición son de un mérito sobresaliente.
Éste1 mismo acaba de tener un acto de derecho público
lncidísimo en todas sus partes, aumentando con él la esti­
mación de su Colegio, el crédito de su maestro y el buen
concepto de su mismo nombre.»
Y pone luégo la invitación de dicho Cortés a ese acto,
el cual se hizo bajo la dirección del profesor doctor Joaqufa
Camacho; fue dedicado a la Real Academia de Santa Bar-
702 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

bata de Madrid, y tuvo lugar en la capilla del Colegio del


Rosario.
En el catálogo de documentos relativos a la indepen*
dencia, que se hallan en el archivo de Sevilla, y que publicó
hace pocos años el señor Torres Lanzas, hay este apunte:
<1796—Enero 19—Hacienda de Tunjuela. Memorial
del bachiller don Antonio Cortés de Ron y Rodríguez a Su
Majestad reclamando el remedio en las desgracias a que le
han reducido falsas calumnias de complicidad en la su­
blevación supuesta de Santafé, etc.»
En un proyecto de reorganización de la Expedición
Botánica, escrito por Zea en París, y que estuvo inédito
hasta hace poco, se hacen indicaciones sobre el personal de
ésta, y después de mencionar para el ramo de botánica a
José Celestino Mutis, Francisco Zea y Sinforoso Mutis,
dice:
«Zoología—Don Antonio Cortés, Oficial de la Real Admi­
nistración de aguardientes de Panamá. Este es un joven de
veintitrés años, que ha hecho con distinción sus estudios
hasta obtener grado en leyes a la edad de diez y seis años.
Estaba destinado al Colegio de Americanos proyectado en
Granada; pero no habiéndose verificado el establecimiento,
le concedió el Virrey dicho destino en compensación del
que en atención a su habilidad incomparable le había pro­
porcionado en España. Este será el digno sucesor de Mutis,
y en cualquiera ciencia en que logre protección, será un
hombre extraordinario (1).»
Menciona después para la mineralogía a don Enrique
Umaña, y para la química a don José María Cabal. Todos
los nombrados, menos Cortés, son bien conocidos; ocupan
esos cuatro, los dos Mutis, Umaña y Cabal, importantes pá­
ginas en nuestra historia, y no les han faltado sus biógra­
fos. Pero qué fue de Cortés? Fuéra de esas menciones en
nuestro primer periódico, en el índice del archivo de Indias
y en el plan de Zea, no hemos hallado su nombre en parte
alguna. ¿Porqué no volvió a sonar éste, después de que se
presentaba con tan lisonjeros auspicios? ¿Troncharía en flor
la guadaña infatigable tan preciosa existencia, o vegetaría
olvidado y desconocido, en sus años posteriores, quien había
tenido una adolescencia coronada de lauros?
Pueda que algún investigador halle otras huellas de
aquel hombre a quien señalaba Zea como el llamado a suce­
der al sabio Mutis.
(1) Se publicó recientemente este proyecto, que estaba inédito, en
la Revista Contetnpoiánea, enero de 1917.
APOSTILLAS 703

*
* ♦
Todos sabemos que el Arzobispo Lobo Guerrero fundó
el Colegio de San Bartolomé, y así está en tedas las histo­
rias. Cuando se trata del plantel que hoy lleva su nombre
o de ese suntuoso edificio donde él se encuentra, viene a los
labios o a la pluma el nombre de aquel eximio prelado.
Pero conviene hacer sobre esto una aclaración. El señor
Lobo no estableció este Colegio ni tuvo nada que ver con
esta casa. Lo que él fundó fue el seminario, y el local que
donó para esto es aquel que fue Palacio presidencial y es
hoy Ministerio de Relaciones Exteriores, una cuadra más
arriba del actual San Bartolomé, y en otra manzana.
Ya, ahora años, al hacer una monografía de aquel Pab­
lado, dijimos que allí había puesto el Arzobispo su semi­
nario, y reprodujimos un párrafo del documento sobre su
fundación, para probar que allí había sido éste. Véase algo
más extenso, que dice la diligencia de fundación el 18 de
octubre de 1605:
«Erigimos y fundámos el colegio seminario de este
nuestro arzobispado en esta ciudad de Santafé, metrópoli y
cabeza de él, para gloria y servicio de Dios, Nuestro Señor,
y para bien espiritual de los fieles de este nuestro arzobis­
pado.. .. Ordenamos que en la portada de dicho seminario
y en la capilla se pongan las armas de Su Majestad en parte
preminente y superior, y luégo las nuéstras, las cuales han
de permanecer allí perpetuamente, por ser Nós como somos
el primer patrono y fundador del dicho seminario, y así
mismo queremos que se funde y permanezca para siempre
jamás, en las casas que para él hemos comprado a Juan de-
Chacón de Porras, que fueron del Arcediano de esta santa
iglesia su hermano; que son a la cuadra superior a la casa
de la Compañía de Jesús, como se va al cerro, y se compra*
ron en ocho mil y quinientos pesos de trece quilates en loa
pagos y forma que parecerá por la escritura de venta, cuyo
traslado autorizado se pondrá en el libro de esta erección,
y se guardará en el archivo de dicho colegio, cuya vocación
queremos y señalamos que sea del Señor San Bartolomé
apóstol, la cual fiesta por nuestros días se celebrará en
nuestra iglesia catedral y después en la de la Compañía de
Jesús o en la de dicho colegio.»
Los jesuítas habían fundado en esa época su monaste­
rio en la esquina de la plaza, en la casa que fue de Juan de
Alvis, y que llamaron Colegio Máximo. También se enco­
mendó a ellos la dirección del seminario.
Ciento sesenta y seis años corrieron así llamándose Se­
minario de San Bartolomé el colegio de la cuadra de arriba,
y Colegio Máximo el de la esquina de la plaza. Fue cuando
tuvo lugar la expulsión de los jesuítas que se trasladó el
seminario a este último local.
704 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES

Sabido es que los bienes expropiados a la Compañía de


Jesús tomaron el nombre de temporalidades, y se constituyó
aquí una junta que se llamó de aplicaciones para disponer
de ellos. El Fiscal Moreno dio su concepto ante ella sobre
la casa del Colegio Máximo, el 22 de noviembre de 1771, así:
«En cuanto al patio de estudios, sus generales y terre­
nos. en línea, hasta la esquina, inclusa la que hoy llaman
Capilla de la Luz. se ha expuesto por separado su aplicación
a Universidad pública, continuando el mismo destino, con
pared divisoria e independiente de lo demás. El resto de
colegio, sus habitaciones y oficinas, propuso el Ilustrísimo
señor Arzobispo don Francisco de la Riva Mazo, se aplicase
al colegio seminario de San Bartolomé, que por ser nume­
roso necesitaba de mayor extensión de la que en la actuali'
dad disfruta, y en que habitan los seminaristas y convicto-
res con incomodidad muy perjudicial a su mejor dirección
y educación.... que puede ser muy conveniente la trasla­
ción del seminario de San Bartolomé a la citada casa, en la
que por su capacidad, poniéndose pared divisoria, podría
también trasladarse el Colegio de Nuestra Señora del Ro­
sario. con separación e independencia del seminario, para
que tuviesen más inmediación a los estudios generales y pu­
dieren sin incomodidad acudir a la Universidad como se
hizo en Granada.»
Reunida la Junta suprema de aplicaciones, compuesta
del virrey Messía de la Cerda, el arzobispo Camacho. el
oidor Arostegui y los fiscales Peñalver y Moreno, el 4 de
diciembre resolvió trasladar el «Seminario Conciliar de San
Bartolomé al que se nombró Colegio Máximo, con división
para colegio de ordenandos y de corrección de eclesiásti­
cos.» En cuanto al Colegio del Rosario, no convino en mu­
darlo de su edificio.
Fue pues casi dos siglos después de fundado el colegio
San Bartolomé, cuando se trasladó a ese edificio de la esquina
de la plaza. La Universidad se fundó en la parte donde hoy
está la Biblioteca, a la Capilla de La Luz que ahí se mencio*
na, pensamos que fue la misma que luégo se llamó Capillla
Castrense. y es hoy Salón de Grados.
No se llamó pues nunca el instituto de los jesuítas Cole­
gio Máximo de San Bartolomé. como algunos han dicho, sino
simplemente Colegio Máximo. Curioso sería averiguar el
paradero de esos escudos de armas que hizo poner el Arzo­
bispo Lobo Guerrero al frente de su seminario.

E. Po s a d a

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