Año XII—N.° 144 BOLETIN.
Febrero: 1920
DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
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• DIRECTOR, , REDACTORES,
EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO
ROBERTO CORTAZAR
Bogotá—República de Colombia
IDFORÍDE
PRESENTADO POR EL ACADÉMICO EUSEBIO ROBLEDO A LA ACA
DEMIA NACIONAL DE HISTORIA SOBRE LA OBRA DEL SEÑOR JULIO
CÉSAR GARCÍA, ACERCA DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA
DE ANTIOQUIA (1)
(Conclusión).
III
INSTRUCCIÓN SECUNDARIA
Principia ésta sección con algunas consideraciones ge
nerales sobre la enseñanza clásica y práctica para continuar
con la historia de los Reverendos Padres jesuítas en su se
gunda época en Medellín y tercera en Colombia, ya que
por los años de 1844, cuando fueron nuevamente traídos al
país, no tuvieron ninguna actuación docente en aquel De
partamento. Los datos para esa relación los toma García
de un precioso trabajo de don Estanislao Gómez Barrien
tes, meritorio ciudadano a quien debe mucho la historia de
la Montaña y de la República en general.
Para los hijos de Antioquia es muy regocijada, instruc
tiva y amena la lectura de los escritos de Gómez Barrien
tes, como los de Uribe Angel y otros congéneres, pues aquel
caballero, ligado con vínculos de consanguinidad y afinidad
con hombres ilustres de la comarca en todos los tiempos y
con familias de las más esclarecidas por sus virtudes, su san
gre, sus talentos y servicios, y él mismo inteligente, ilustra
do. laborioso y digno en todos conceptos, ha tenido y tiene
especial habilidad y condiciones para la fotografía exacta
de un momento histórico o de alguna personalidad saliente.
(1) Véase el número 136 de este Boletín—(L. R.).
Xli—45
706 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
No sé si es en dicho opúsculo sobre la Compañía de Je*
sús o en otro de sus trabajos historiales, tal como la impor
tantísima obra de Don Mariano Ospina y su época, donde
nos regala, verbigracia, los retratos, en cortas pero maes
tras pinceladas, de doña Micaela Barrientos, doña Merce
des Zuláibar de Barrientos y doña Leocricia Pardo, novia
esta última de Juan de Dios de Aranzazu, quien dejó en la
corteza de un árbol de las riberas del Cauca antioqueño el
anagrama de su amada: ardo por Cedlia\ damas todas aque
llas de prosapia y de cultivo mental casi inexplicable en
t^jes tiempos. También nos pinta a doña Juliana Barrien
tos, sobrina de Zuláibar, el de la conspiración del 25 de
septiembre, y «probablemente el español más ilustrado que
vino a establecerse a Antioquia,» según el doctor Ospina;
dama aquélla hermana de dos de las esposas del mismo
doctor Ospina, una de ellas, doña María del Rosario, amiga
íntima de doña Blasina Tobar de Caro, y de quien decía don
Miguel Antonio Caro que su padre—don José Eusebio—
«tenía muy alto concepto de su clara visión, de su criterio
y de su buen gusto literario, de suerte que cuando leía al
gún artículo de don Mariano, que lo dejaba satisfecho, so
lía decir: se conoce que en esto metió la mano misiá Rosari-
to.» Recuerdo asimismo en este momento que el citado Gó
mez Barrientos tiene un retrato acabado de la personalidad
moral y física del Obispo Montoya, de quien hablaré más
adelante, y que tiene también unos magníficos esbozos de
algunos Padres y Rectores de los colegios de la Compañía
de Jesús en las ciudades de Antioquia y Medellín.
En materia de instrucción pública antioqueña y en
otras más, hay que pasar necesariamente de Medellín a
Sonsón, si se quiere llevar un orden de importancia y cate
goría, pues si bien es cierto que Ríonegro, la tan simpática
ciudad histórica, ha contado con muy buenos estableci
mientos y ha sido cuna de hombres de brillante notorie
dad, como lo es Envigado, en grado mayor, también es ver
dad que Sonsón se ha distinguido por el entusiasmo gasta
do en la educación de sus hijos y por la creación de insti
tutos espléndidos para hombres y mujeres.
Apunto como dato curioso que esta población no ha te
nido en su no corta existencia sino cuatro Curas párrocos^
que se han sucedido tras largos períodos y que han sido
grandes benefactores. Sin contar el corto tiempo de algu
no cuyo nombre se me escapa, puede considerarse como el
primero a aquel ya citado Padre José Tomás Henao, para
quien no hay elogios suficientes; fue el tercero el presbíte
ro Ramón María Hoyos, quien desde los comienzos de su
curato prodigó sus dineros y sus lecciones y entregó des
pués su amplia casa de habitación para un colegio donde
INFORME 707
hicieron sus estudios hombres como Pascual Bravo y Juan
Pablo Gómez, el inteligente, diplomático, amplio, ilustrado,
simpático, valeroso y nobilísimo amigo Marinillo, Perdóne
seme esta serie de calificativos para el Marinillo Gómez, en
gracia de que él ya no vive, y de las consideraciones que me
dispensó en vida. No puedo olvidar tampoco que este hom
bre, según se refiere, diz que estando en Bolivia sentado a
la mesa con Melgarejo y multitud de áulicos del Tirano, a
una expresión agresiva de éste contra Colombia y quizás
personalmente contra el Marinillo, desafió las iras desen
frenadas del que era dueño de vidas y haciendas, y levan
tándose y dando estruendoso puñetazo sobre la mesa, excla
mó: <A un colombiano se le fusila o se le asesina, pero no
se le insulta,» frase que sonaría muy bien en los labios del
mejor de los hombres de Plutarco.
El primer Director de ese colegio sonsonita fue Alfre
do Callón. ¿Quién era este sujeto....? Un día, por los años de
1852^ llegó a Honda Gregorio Gutiérrez González, que ve
nía para esta capital; en aquella población se conoció con
un inteligente francés que le llamó la atención por sus lu
ces y quizás por lo un tanto romántico de su historia y por
el estado de miseria y desamparo en que se hallaba. El
espíritu perspicaz y generoso del poeta juntó en ese mo
mento el interés educativo de Sonsón, su patria adopti
va, la guardadora de su Casita blanca, con la caridad y filan
tropía que siempre lo distinguieron, y arregló el viaje y la
colocación del francés. Pasó poco tiempo, y ya el presbítero
Hoyos fundaba, con Mr. Callón al frente, el espléndido co
legio de que vengo hablando.
Parece que Mr. Callón dejó a Francia siendo muy
joven, y por escabrosos motivos de familia y amoríos; no
volvió a tener nunca correspondencia con los suyos ni con
nadie que pudiera dar noticias de su existencia; no se sabe
a punto fijo dónde pudo adquirir tan copiosos y variados
conocimientos y formarse ese carácter recto, filosófico y
católico. Dirigía el colegio dicho, cuando un acontecimien
to, que yo casi no me puedo explicar en esa época y en ese
ambiente, lo impresionó de tal manera que se fue a Ríone-
gro, donde continuó su labor instruccionista. Aquello fue
que dos discípulos suyos, enamorados de una misma encan
tadora dama, según el relato tradicional, acordaron suici
darse. y con toda calma hicieron los preparativos del caso,
anduvieron por los altos campanarios, donde dejaron escri
tas muchas frases, entre ellas algunas en que pedían órde
nes, recomendaciones y encomiendas para los infiernos, y
luégo se encerraron en una misma pieza, donde ambos apa
recieron muei tos a pistola.
Transcurrido no mucho tiempo volvió Mr. Callona
708 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Sonsón y siguió regentando su colegio, y probablemente
terminando su precioso trazado del camino de Sonsón al
Magdalena. Murió más que sexagenario, en la casa y en
brazos del mismo cantor del maíz.... Pasaron los años y
los años—me ha dicho don Rufino Gutiérrez—y había un
Cónsul francés en Medellín, donde vivía ya el Virgilio ame
ricano; Cónsul y poeta hablaron del finado Callón, y enton
ces el primero escribió a un hermano del último, que esta
ba de Director de los ferrocarriles del Sena, y este herma
no rogó que le enviaran los restos del hermano perdido, de
quien jamás había tenido noticias y a quien tal vez no co
noció nunca. Gutiérrez González hizo las diligencias necesa
rias, y en un cajón entregó en la oficina del Consulado
aquellos despojos de la muerte.
Quedaron de Mr. Callón sus discípulos meritorios y su
nombre ya imborrable en la vía o camino que trazó de Son
són al Magdalena, quizás la más corta salida del riñón an-
tioqueño a la arteria fluvial colombiana. Via Callón y Puer
to Callón se dice hoy y se seguirá diciendo en esas comar
cas y en el país entero.
¡Qué hermosa trinidad la de Gutiérrez González, el Pa
dre Hoyos y Alfredo Callón! El primero, lleno de idealidad
y* poesía, abre en los mejores años de su vida sus alas niveas
y protectoras sobre el extranjero en desgracia, le da traba
jo, pan, abrigo, lecho mortuorio y últimos afectos y con
suelos infinitos en las horas postreras de esa vida de sabio y
de nostálgico ! ¡ Y el Cura Hoyos abre también sus negras
hopalandas puras y cubre con ellas, en un protectorado
magnífico, a la ciencia y a las calladas amarguras!
Soy tan admirador del señorío sonsoneño, que voy a
rectificar un concepto de García, que honra mucho a Sala-
mina, mi pueblo nativo, pero que no se conforma con la
verdad histórica. Fueron sonsoneños y nosalaminos los que
dieron casi en su totalidad el triunfo de las armas legiti-
mistas en el citado año de 1841 y en la citada población, y
sonsoneña era también la misma doña Marucha Martínez,
quien venciendo grandes obstáculos, como el improvisado
puente de Arma, que a caballo pasó primero que todos,
llegó a Salamina, y allí fue soldado valeroso contra las fuer
zas de Vesga y Galindo. Cuando don Manuel de Pombo—
quien también parece incurrir en el error de considerarla
salamineña—la conoció en Saiamina. y admirando su heroi
cidad e inteligencia le decía que ella había sido vaciada en
el molde de Juana de Arco y Carlota Corday, doña Ma
rucha le respondió que más le agradaría la frase atenta
y galante si la comparara con Policarpa Salavarrieta (1).
(1) Obras inéditas de Manuel Pombo, páginas 79 y 80.
INFORME 709
Esta fue la mispia dama a quien don Lorenzo María
Lleras trató de la manera más canallesca y anticaballerosa
en un folleto dirigido al Congreso de 1843, donde decía que
esa mujer era una de tantas, y donde insultaba al Congre
so mismo por haberle concedido una medalla de oro por
sus servicios a la causa de la legitimidad* ¡O témpora, o
mores! A haber vivido yo por aquellos días en que el bra
vio radical de don Lorenzo María Lleras llamaba ramera,
con inaudito descaro y sin igual calumnia, a una dama de
mi tierra y de mi sangre paterna, le hubiera botado a la
cara, con un mentís resonante, las ejecutorias de nobleza y
de virtudes de esa señora sin mancilla, que si se adelantó
en las actividades del feminismo moderno, lo hizo por amor
a sus ideales y por rescatar a su esposo, el respetable caba
llero sueco don Pedro Niser, más tarde Cónsul de Colom
bia en Suecia, que había sido hecho prisionero por los re
volucionarios, encabezados por el Coronel Salvador Córdo
ba. ¡Y que estas cosas se escriban, y que escritas por un fu
rioso partidarista, casi loco, sean después 'tomadas por más
de unbolonio como fuentes de investigación histórica!
Entre los colegios de Antioquia en los pasados tiempos
es digno de especial atención el fundado en La Ceja por el
más tarde Obispo doctor José Joaquín Isaza, uno de los
hombres más beneméritos en el ramo de la Instrucción Pú
blica. Era muy joven cuando ya dictaba en el Colegio Ma
yor de Nuestra Señora del Rosario las cátedras de Filo
sofía y Química y regalaba los aparatos y reactivos necesa
rios para sus clases; después fue Profesor de esas y otras
materias más en la Universidad Central. Con sus bienes,
no muy cuantiosos, costeó más tarde el Colegio de la San
tísima Trinidad; dirigió los colegios de Ríonegro y So-
petrán, y vuelto en 1865 al Curato de La Ceja, «recibió
la excitación que desde el destierro dirigía el Ilustrísimo
señor Riaño a todos los Curas de la Diócesis para que dieran
instrucción en sus parroquias a los jóvenes que mostraran
vocación al sacerdocio,» y abrió entonces el colegio aquel
de La Ceja, modelo de institutos aun para nuestra época,
en donde respondían a lista alumnos como sus sobrinos
Emiliano Isaza y José Ignacio Gutiérrez, Justo Pastor Me-
jía, Francisco Antonio Arango y otros; de ese colegio pasó
el notable sacerdote a ser Rector del Seminario y, después
Obispo de Medellín. En estos altos cargos continuó la labor
inteligente y tesonera del verdadero educador cristiano,
hasta su muerte, en 1874.
Una biografía completa, y tal como se escribe hoy la
historia, de este maestro nato., cuya firma se halla al pie del
Catecismo de Astete, acomodado por el Arzobispo Mosque
ra a nuestro país, sería una gran enseñanza, y escrita en un
710 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
sentido especiál, sería un libro vivo de pedagogía, un libro
vibrante, humano, sin preceptos fútiles pero sí lleno de
lecciones prácticas, de sano espíritu y robustas y nobilísi
mas lecciones.
Cuando hacía sus visitas pastorales o cuando por cual
quier motivo se hallaba en alguna población, acostumbraba
el doctor Isaza ir a las escuelas públicas y privadas, impo
nerse de su marcha, examinar, indagar, guiar o corregir
paternalmente y luego escribir sus impresiones en sencillos
relatos, que en gran parte fueron publicados en el perió
dico de la Diócesis. No tengo para qué señalar aquí la im
portancia de esas publicaciones ni el hondo espíritu progre
sista que ellas revelan. A ejemplo de ellas ha hecho y hace
actualmente don Rufino Gutiérrez, sobrino del digno Obis
po y colega nuéstro, varias monografías importantísimas,
cuyo valor para la historia patria es bien notable, y lo será
más en los tiempos de un futuro lejano.
En una de esas excursiones, fecundas en bien, llegó un
día el doctor Isaza a una aldea humilde, asentada poética
mente en el valle del Aburrá y en. las cercanías de Mede
llín ; y después de sus acostumbradas indagaciones y de sus
exámenes sencillos, fijó su atención en un niño de muy bue
na letra, de viva y clarísima inteligencia, de poco común
moderación, de agudeza de espíritu, de «raigada» moralidad
y serias virtudesj.lo trajo a Medellín y lo colocó becado en el
Seminario, donde principió a abrirse el privilegiado adoles
cente el camino inmaculado y luminoso de su ilustración y de
su gloria.... Creo que ya habéis adivinado que el pueblecito
era Hatoviejo, hoy Bello., y que el niño era y es hoy Mar
co Fidel Suárez.... Yo afirmo francamente (no en atención
a la futura Presidencia del señor Suárez, lo que sería una
ridiculez, una mezquindad de alma, una adulación baja,
tanto más despreciable dado mi carácter, sino como lo he
afirmado siempre) que el hombre de hoy tiene la misma
integridad moral del niño de aquellos días, con el aditamen
to de sus vastos y profundos conocimientos, de la intensi
dad de las virtudes practicadas en más de medio siglo de un
vivir sin mancha y de ló§ merecimientos adquiridos ante la
Patria, ante la Historia y ante Dios.... y afirmo aún más:
que la designación para la primera Magistratura hecha en
este hijo humilde del pueblo e hijo epónimo de la Patria,
es un acto que honrará perpetuamente al civismo y a la de
mocracia colombianos.
Otro colegio de poca duración pero que por su consti
tución y tendencias es quizás el paso más civilizado, más
científico y más bello que en estas materias se haya dado en
el país, es el fundado por el doctor Mariano Ospina en el
paraje de Cambia^ jurisdicción de Fredonia, la simpática.
INFORME 711
la floreciente, la laboriosa. Desde años anteriores al de 1852
el doctor Ospina había sido uno de los hombres que más
eficazmente habían trabajado en el huerto de la instrucción
pública, y así siguió siéndolo hasta las horas finales de su
vida, ya con sus actos oficiales, ora con la enseñanza direc
ta en la cátedra, allá con sus consejos, acullá cón el ejem
plo. Hombre dotado de visión luminosa y serena en casi to
das las especulaciones mentales, de espíritu práctico, orde
nado y ordenador, con plena consciencia de las necesi
dades materiales y morales de sus conciudadanos, con alma
noble y mesurada regularidad en todos sus actos,'como
corresponde a un profundo pensador, su influencia educati
va fue incalculable, y su nombre es merecedor de un bron
ce alzado por las agradecidas gentes antioqueñas.
Quiso el doctor Ospina realizar sus acariciados ideales,
y fundó el instituto rural de Combia en la comarca que
gallardamente nos pinta García diciendo: <E1 paisaje no se
consigue más hermoso y pintoresco en la región, pues
le sirve de fondo el majestuoso Cetrobravo, cuya selva
ofrece tónicas emanaciones que se aúnan con las del prado
para hacer el más plácido de los ambientes en un clima
4ue no pasa de 16 grados; apenas la de la luz rivaliza con la
profusión de las límpidas aguas, yen las lejanías de la dere
cha y de lá izquierda es un triunfo el oro del ocaso en las
cimas del Citará que a las riberas del fecundo Cauca
descienden,y la alegría del Levante en las ramificaciones de
la Cordillera Centrsrt-que se arrugan para dar repuesto nido
a la ciudad.»
Apenas hoy en algunos establecimientos modernos de
los más avanzados pueblos del mundo se conoce realizado
íntegaamente el pensamiento del doctor Ospina. ¿Quién no
ve en ese plantel de educación como las bases de una Ecole
des RocheSy tal como la que al amparo de Deiflolins y otros
se fundó en Francia hace algunos años, y de la cual hizo el
pequeñuelo de ese mismo sabio Demolins el más grande de
los elogios cuando a los cortos días de hallarse en ese insti
tuto le escribía a su padre diciéndole : «papacito, aquí no se
miente?»
Porque el pensamiento del fundador era establecer un
centro donde se desarrollara y educara el cuerpo y el espí
ritu de conformidad con el apotegma latino de mens sana in
corroí e sano; donde a los ejercicios gimnásticos y la vigo-
rización muscular en los trabajos agrícolas se uniera la mo
delación de las almas con la práctica de las virtudes senci
llas y la adquisición de conocimientos ordenados y serios,
obtenidos menos por los textos que por los labios del maes
tro y por el libro inagotable y solemne de la naturaleza.
Rus in urbe hace parte del concepto clásico de la Uni-
712 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
versidad únicamente porque las peculiares formas de ésta le
permiten llenar aquella condición; mas no quiere decir
esto que no fuera de desearse, a ser ello factible— que no lo
es—que los colegios todos y las escuelas funcionaran en
parajes rurales vecinos a los centros o a algún centro de po
blación. La sola presencia de la naturaleza y Jas lecciones
prácticas y científicas dadas al frente de ella por un maestro
competente y virtuoso constituyen sin duda la mejor fuen
te de ilustración y moralidad ; y unidas éstas con el puli
mento de las maneras y el más exacto conocimiento de la
vida por el roce discreto con la vecina agrupación urbana,
son las bases inconmovibles sobre las cuales se levanta la
magnífica arquitectura de un hombre, de un hombre de ver
dad, de un carácter.
Cuando uno se traslada imaginativamente a esas comar
cas de Combia no puede menos de recordar, entre otros
muchos, a hombres como don Alberto Lista y el sabio
Mutis. El primero, noble sevillano, cuyos días infantiles co
rrieron ai amparo de los cantares del puente de Triana. es
para mí una de las más amables figuras de España en el si
glo x v iii ; este filósofo, teólogo, matemático, crítico, litera
to, era por sobre todo un maestro, y lo fue efectivamente
para aquella generación que tan gratos recuerdos conser
vó del que juntaba a la ciencia del profesor la respetabi
lidad del padre intelectual y la cordialidad y dulzura del
amigo. «El dón de la enseñanza—dice don Eugenio de
Ochoa—era ingénito en Lista; como había nacido poeta ha
bía nacido maestro; naturaleza (1) eminentemente expan
siva y amorosa, nunca era más feliz que cuando en medio
de su cátedra veía en torno suyo un numeroso auditorio de
muchachos pendientes de sus palabras.... Era en verdad
una escena hermosa y en la que había algo de la sencillez
patriarcal deotros tiempos, la que presentaba el sabio ancia
no, seguido en sus largas excursiones campestres de la inte
ligente y fiel falange de sus discípulos más queridos. Nue
vo Sócrates (con cuyo perfil tradicional presentaba por
cierto el suyo una viva semejanza), reproducía el majestuo
so espectáculo da los pórticos de Atenas.»
Mutis, como Lista, vertió también en campos como Ma
riquita y otros la luz de sus preciosas lecciones; él enseñó a
Io b hijos del Virreinato a amar la tierra tropical que los vio
nacer, a sentir sus bellezas y a pensar en los elementos de
vida que guarda en sus entrañas ; él modeló en cierto mo
do el cerebro de Caldas y encarnó en otros muchos espí
ritus selectos este amor a la naturaleza, que es un afecto
subidísimo y redentor.
(1) Colección de /tutores Españoles.
INFORME 713
Por eso es necesario—casi urgente—que los señores de
la escuela lleven con frecuencia, como está ordenado, a sus
discípulos a los paseos campestres, pero no a excursiones
rutinarias y cansadas, sino a divertimientos instructivos, sa
bios, fecundos en bien para el corazón y para el cerebro..
Acércase el maestro a la orilla del manantial que forma raya
luminosa en medio de la verdura del extendido prado, y
allí puede hablar de músicas secretas, de bellezas de la
creación, de sonorosos acordes, de purezas del alma.... Al
pie del árbol gigantesco está el maestro. Ese árbol le da
una lección de fuerza y de poesía; transmita esa lección a
sus discípulos, dígales que bajo el cariñoso palio de la som
bra se acurrucan muchas plantas, muchos arbustos enfer
mos, a modo de los cuerpos y de las almas tristes que viven
al amparo de la caridad ; dígales que su copa domina la sel
va porque han sabido sus raíces la ley del trabajo, y díga
les también que sobre su copa flota el espíritu de Dios....
Principia a abrirse el broche de un crisantemo: sepa en
tonces la voz del educador encarnar en las almas juveniles
el cariño a las flores ; enséñeles a no deshojarlas porque la
crueldad tiene múltiples manifestaciones; hábleles de ar
te, de amor, de purezas ; muéstreles la albura de la virtud,
y cánteles, si se quiere, el himno de virginidad que cantan
los pétalos blancos sobre el seno de las bellezas inmaculadas.
¿Qué soldado más simpático en las filas de la Iglesia mili
tante que el poeta y el maestro de virtudes que se llamó
Francisco de Asís? Supo este espíritu amable derramar sobre
la naturaleza una inmensidad de ternuras; fue el amigo de
las aves, el compañero de las fuentes, el protector de los ár
boles, el escogido por Jesucristo -per laborare in horto stio,
como lo dice el Dante : el consolador de las alondras prisio
neras y el hermano de las rosas....
Hoy el Gimnasio Moderno y un notable instituto que el
señor Jesús María Guingue y Carvalho regenta en Mani-
zales aspiran a realizar los nunca suficientemente alabados
pensamientos del doctor Mariano Ospina Rodríguez.
IV
INTRUCCIÓN PROFESIONAL
La Universidad de Antioquia, los Seminarios, las Es
cuelas de Minas, de Artes y Oficios, de Agricultura, el Ins
tituto Universitario de Caldas, etc., etc., son el objeto de esta
última parte del libro. Sin seguir el mismo orden, voy a
importunaros con unos párrafos más, a salto de perdiz, ya
que el vuelo de águila ni ensayarlo puedo siquiera.
714 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
La Escuela de Agricultura, de formación relativamen
te reciente, es una hermosa institución dirigida por el doc
tor Eduardo Zuleta, hombre ilustrado, inteligente y de
muy buenas dotes organizadoras.
«Ya en 1873 fundó el doctor Berrío la Escuela de Artes
y Oficios de Medellín, con maestros que al efecto hizo venir
de Europa. Pronto la enseñanza, que en varios ramos se dio
allí, realizó una verdadera revolución en el Estado. Todas
las industrias, la agricultura, la minería, etc., y las artes,
como la carpintería, la cerrajería, etc., recibieron conside
rable impulso con las obras de los hijos del país, educados
en aquella Escuela, que, sostenida hasta hoy, ha dado y
continúa dando operarios de inapreciable valor para la vi
da económica de aquel Departamento» (1).
Este importante establecimiento ha tenido muchos
vaivenes y peripecias, ha estado suspendido por largos perío
dos de tiempo y hasta en alguna ocasión—que yo recuerde—
hicieron varios obreros una manifestación escrita contra él,
por juzgarlo perjudicial a sus intereses, debido a la baratu
ra de los productos y a la rapidez y cantidad de los trabajos
ejecutados, con lo cual—decían—se les hacía una ruinosa
competencia.... Aquello no era sino una expresión de la
misma lucha y del mismo problema actual entre la máqui
na y la obra de mano.
Pero echando a un lado los naturales tropiezos que
toda institución encuentra en su camino y las irregulari
dades que en ciertos períodos de su desarrollo pueda tener,
es lo cierto que esta magnífica fundación de Berrío, la úni
ca o por lo menos la mejor en su género por aquellos tiem
pos, y quizás hoy mismo, ha constituido para Antioquia,
en unión con la Casa de Moneda, una fecunda fuente de
progreso.
Este último establecimiento—la Casa de Moneda—no
figura para nada en la obra que estudio, y yo creo que no
debe ser así, porque ella hace parte de la instrucción indus
trial y técnica de Antioquia y del país entero. A Pascual
Bravo, como Presidente del Estado, se debe casi en su tota
lidad esa fundación, como puede comprobarse con docu
mentos oficiales y por cartas particulares inéditas. El 25 de
junio de 1863 escribía Bravo de Medellín a su padre don
Pedro Antonio, que se hallaba en Bogotá :
«La Casa de Moneda empezará a funcionar el l.° del en
trante agosto : se ha trabajado con mucha actividad, pues la
Ley salió el 23, y los trabajos empezaron hace veinte días,
(1) Antonio José Uribe, La Reforma Administrativa en Colombia,
página 203. Juzgo errada la fecha de la fundación de la Bscuela de
Artes y Oficios.
INFORME 715
habiendo tenido que refeccionar completamente el edi
ficio, cañerías, etc., etc., y hacer muchas construcciones..»
El 30 de agosto del mismo año de 1863 le dice :
<Le incluyo la primera moneda tirada en la Casa de
Moneda de esta ciudad; aquí les ha gustado mucho ge
neralmente; vamos a tirar de a fuerte y dos fuertes, por
ahora, porque hay muchos condores y la moneda peque
ña restablecerá el equilibrio. Voy a fundar en estos días
una caja de amortización para pagar el oro inmediatamen
te después del ensaye, y estoy seguro que esto va a dar un
vuelo muy grande a la industria.»
De estos párrafos, copiados literalmente de documen
tos originales y desconocidos que poseeo, se deduce el no
poco curioso dato de la época y del destinatario de la pri
mera moneda hecha en Antioquia, lo mismo que las rele
vantes dotes de actividad e inteligencia de aquel mandata
rio que por corto tiempo estuvo al frente de la Presidencia
del Estado y que murió prematuramente en el combate de
Cascajo.
Al hablar de la mencionada Escuela de Artes y Oficios
incurre García en una inexactitud que no puedo ni debo
dejar de anotar, y que consiste en decir que después de
una de las clausuras del establecimiento «el edificio fue des
tinado para Escuela Normal de Institutoras, y las valiosas
máquinas, arrinconadas en cualquier lugar y expuestas a la
acción del tiempo.» Esto no es cierto, pero sí deja ver bien
claramente que García fue erróneamente informado o leyó
en alguna parte esa falsa aseveración. Fui yo quien destinó
parte del ya silencioso edificio de aquella Escuela para la
Normal de señoritas; había un gran salón libre y varias pie
zas para clases, que fue lo ocupado por la Normal, en tanto
que en dos grandes edificaciones, casi de una cuadra de lon
gitud, e independientes entre sí y de aquéllos, y están, esta
ban y estarán, quién sabe por cuántos lustros más, el alma
cén de útiles y las máquinas, enormes y preciosas máquinas
movidas por vapor en esa época, pesadísimas y majestuosas,
y fijas, muy fijas al suelo, ya por su pesantez misma o por
que así las instalaron. Quizás no hay en Medellín un local
suficientemente capaz para contener ordenadamente ese
almacén y esa maquinaria, y, por tanto, no era posible que
yo, como Director de Instrucción Pública, encontrara «rin
cones» donde amontonar aquello, y aun encontrándolos,
por arte de una magia que rompiera con todas las leyes de
las capacidades de los cuerpos y de la geometría del espa
cio. habría necesitado para semejante «trasteo» de una
labor tan ardua y costosa como la realizada en los tiempos
de Berrío para conducir esas máquinas al lugar que han
716 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ocupado desde entonces, máquinas que, según se refiere,
falsearon varios edificios, y rompieron con su peso muchas
cañerías, al ser transportadas por las calles de Medellín.
No creo que vosotros consideréis estas cosas y rectifica
ciones como minucias de poca monta, pues miembros como
sois de una Academia Nacional de Historia, sabéis el valor
de los en apariencia más insignificantes datos, y convenci
dos vivís por vuestros mismos libros y estudios, que la cinta
o moño, verbigracia, descritos por algún cronista, es punta
de ovillo de donde tira uno toda la indumentaria de una
época, y de allí las costumbres de las gentes, su religión, su
raza, su política y hasta el íntimo vivir de las alcobas.
¿Cuándo creyó don Francisco J. de Caro mostrarnos en su
sencillísimo Diario de quince días, Como Oficial Mayor en
las oficinas del Virrey, la fisonomía curial de esos tiempos,
con las horas y minutos de entradas y salidas de Guanda-
mino, la condición de los «excusados» y las mañas y pocas
diligencias de ese grupo de burócratas? ¿Y no es verdad
también—para no citar más—que el humilde sastre Caba
llero nos ha dado riquísimos veneros de información acer
ca de la vida y muerte de los mártires de la Patria, con
esa relación discreta de su Diario, donde relata cosas insig
nificantes cuando las escribía, pero que en la alquitara del
tiempo se han aquilatado, y hogaño tienen subidísimo valor
histórico?
Paso ahora a la Escuela de Minas. En la Reforma Polí
tica en Colombia, página 513, se lee:
«Es lástima que hayamos descuidado por tánto tiem
po los estudios conducentes al laboreo científico de los
metales preciosos. Ha sido el Presidente Núñez. ayudado
de los señores Uribe Angel y Becerra, el primero que ha
tratado, oficialmente, de dar nacimiento y vida a estos
estudios, creando el Colegio de Minas de Medellín; pero las
pasiones políticas, con frecuencia estúpidas y feroces, difi
cultan y aun esterilizan todo lo bueno.»
Ai doctor Núñez se debe pues la fundación de aquel
instituto.
Cuando se tratan estas materias, salta en la memoria,
natural e inmediatamente, el nombre de don Vicente Res
trepo, hombre con quien se encuentra uno a cada paso del
progreso y de la caridad, y que fue «espejo de patriotas y
de sabios»^ él historió las minas de Antioquia en una obra
cuya erudición y trascendencia no han sido quizás aprecia
das suficientemente en sus efectivos valores. Yo tengo que
limitarme por ahora a señalar a este ciudadano benemérito
como a uno de los hombres antioqueños más creadores de
moralidad y cultura intelectual, así como tengo también
que restringirme a citar a Pedro Nel y Tulio Ospina, pri.
INFORME 717
meros Rectores de la Escuela y constantes sembradores en
la tierruca, de mucho grano civilizador y fecundo. Hoy es
don Tulio el Rector, y ha llevado ese establecimiento a una
altura sorprendente. ¡Bien por el uno y por el otro, y por
la Patria!
Respecto de los Seminarios de Antioquia <la grande,*
es decir, cuando el hoy Departamento de Caldas hacía par
te de ella, no puedo, dada la ya inusitada extensión de este
informe, sino referirme a lo que dejo expuesto en honor y
aplauso caluroso del clero civilizador y de austeras virtudes
que ha honrado y honra y honrará a mi tierra nativa. El
Seminario de Medellín es para mí el más serio y precioso
establecimiento de educación secundaria; desde muchos
años atrás, cuando se admitían alumnos que no pretendían
seguir la carrera eclesiástica, aconsejaba yo a muchos jó
venes por quienes me interesabá, que hicieran sus estudios
preparatorios para las carreras profesionales en aquel plan
tel, por donde han desfilado sabios e inmaculados Rectores,
profesores dignísimos y estudiantes que han sido y son au
ténticas glorias colombianas. Parece que en esos claustros
venerandos flotara aún el espíritu organizador, inteligente
y severo del Obispo Montoya, quien—según Gómez Barrien
tos—tenía superiores condiciones para maestro, hacendado,
comerciante, jefe militar y Presidente de República.... (1)
Tampoco me es posible en este informe dedicar más de
cuatro renglones a la instrucción pública del Departamento
de Caldas, pues a más de ser contadas las líneas que acerca
de ella escribe García, la verdad es que los actuales institutos
de instrucción secundaria en esa región son de creación re
ciente, como lo es la entidad departamental. No por esto,
sin embargo, debo dejar sin mención la labor educacionista
realizada en.Caldas de manera tan notoria, que hoy es, a
juzgar por las estadísticas, la más avanzada en el país, y
apenas igualada o superada, relativamente, en algunas co-
rparcas de las más avanzadas de Europa. Al doctor Emilio
Robledo, como Gobernador, se debe la creación de estable
cimientos como el Instituto Universitario y la Casa de Co
rrección de Menores, así como se deben a todos los dignos
gobernantes de ese «Departamento modelo» los progresos
morales, intelectuales y materiales del encantador pedazo
de la Montaña.
La Universidad de Antioquia será el último estableci
miento que voy a consideraren este escrito, pero sólo desde
un punto de vista. García relata la vida de esa mi madre
intelectual, aunque no hace un estudio o examen crítico,
siquier mediano, de ciertas especiales expresiones de esa
(1) La Compañía de Jesús en Medellín, por E. Gómez Barrientos.
718 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
vida y de algunas serias modificaciones que ha tenido ese
centro magnífico de la cerebración antioqueña.
Un día, en asocio con don Tulio Ospina, hice una re
forma sustancial universitaria que fue hasta motivo de es
cándalo para muchos, en tanto que para no pocas personas
ilustradas y rectas, constituyó y constituye un adelanto de
muchos años a la época actual, y con mayor razón a la en
que se verificó, que fue en el año de 1905.
Esa que pudiera llamarse revolución instruccionista no
consistió sino en encaminar la enseñanza universitaria hacia
los estudios prácticos, de acuerdo con las necesidades y
condiciones del país y las conveniencias de la existencia in
dividual; en crear un bachillerato técnico, con la supresión
de algunas materias exigidas en el bachillerato clásico, y
en suspender temporalmente las escuelas de Derecho y Me~
dicina, máquinas fecundas generalmente de tinterillos j
charlatanes.
Nosotros no inventámos nada, ni expusimos una sola
idea nueva, pues no hicimos otra cosa que realizar en algu
na parte el pensamiento de los más adelantados pueblos de
Europa y América. Quiero citar aquí, en resumen, algunos
datos relativos a esa tendencia hacia los estudios prácticos
y serios, para que se vea que en Colombia debemos imitar
a quienes son merecedores de respeto en estas materias.
En junio de 1901 escribía el Ministro del Interior, de
Chile, en su mensaje como encargado del Poder Ejecutivo:
<E1 Gobierno ha seguido empeñándose por llegar a dar
le a la instrucción secundaria y a Ja primaria un giro prác
tico que permita utilizar provechosamente sus conocimien
tos a la gran masa de alumnos que concurre a las escue
las y liceos.»
En 1901 el Presidente de la Argentina, General Roca,
decía:
<E6 imposible sustraerse al movimiento impreso por
el dogma educacional de nuestros tiempos. La vieja educa
ción enciclopédica va siendo enérgicamente desalojada y
sustituida, ante el reclamo unánime de los más notables
pensadores, por la enseñanza que calcula la utilidad del pro
ducto salido de las aulas, a la manera como las fábricas cal
culan la utilidad del valor de sus máquinas.»
Entendemos (anota el doctor Antonio José Uribe, de
quien tomo estas citas) que con esto sólo se quiere ponde
rar la excelencia de la enseñanza práctica, pues es claro
que, ante todo, debe procurarse una robusta educación mo
ral y religioisa. acompañada del aprendizaje práctico.
Por los mismos años de 1900 y 1901 se manifestaba en
el segundo Congreso Científico Latinoamericano que el des
arrollo de la instrucción técnica contribuiría «poderosa
INFORME 719
mente a despojar en mucho a nuestra raza de sus excesos
idealistas y soñadores y a dar a nuestros pueblos latinoame
ricanos, sin menoscabo de sus generosas y nobles expansio
nes, un sentido más práctico y verdadero de las realidades
que constituyen y rodean a la humana existencia»; y Lord
Rosebery proclamaba a la vez en Cambridge la necesidad de
una reforma sustancial en las Universidades de Inglaterra,
tendiente a suprimir algunas enseñanzas clásicas y a esta
blecer otras de aplicación práctica.
En Francia se ha venido trabajando en igual sentido,
y el mismo Fouillée, filósofo y de una intensa educación
clásica, anota la necesidad de recortar las exageraciones de
esos sistemas instruccionistas netamente ideológicos y apar
tados de las exigencias y realidades de la vida.
Ya el Padre Didón había exclamado desde 1897, con elo
cuencia avasalladora, en la sesión solemne del Liceo de
Luis el Grande en París:
«Y esto es lo que ha sucedido: nuestro militarismo
sin'empleo, por una parte, y nuestra educación científica,
por otra, han creado una multitud de individuos letrados e
inteligentes, educados sólo para el servicio directo del
país.... Este régimen a que ha estado sometida la educa
ción francesa, después del primer cuarto de siglo, diría yo
que, salvo excepciones representadas por poderosas indivi
dualidades, ha logrado formar hombres pasivos, hombres
inertes, hombres cobardes y sin iniciativa, hombres astu
tos que se dicen: <yo me insinuaré en este medio, y allí
encontraré buena posición.= Hombres independientes,
hombres sólidos, hombres de iniciativa, hombres de em
presa, lo repito, salvo poderosas individualidades, que no
vienen sino de aquel que crea los gérmenes, no existen....
¿ Qué hay que hacer entonces? Hay que modificar la orien
tación de las corrientes en que va envuelta la juventud fran
cesa. en virtud del régimen oficial que arriba he analiza
do. En vez de continuar absorbida por las carreras mili
tares y administrativas o las llamadas liberales, es necesa
rio que una parte de esa juventud renuncie a tales carre
ras cuandp a ellas no se sienta invenciblemente arrastrada.
Es necesario, sobre todo, que renuncie a esas carreras lla
madas liberales, que hacen posible, no digo morir de ham
bre, sino vivir de unas cuantas patatas fritas, rociadas con
el vino de las musas. Es necesario que en parte renuncie a
esas carreras administrativas que dan quizá vestidos borda
dos, galones y palmas, pero que no impiden que se diga al
ver al que lleva tal vestido: <ahí vaun empleado.=»
Después, en 1902, insistía Hanotaux sobre el mismo
tema en sus preciosos libros Du choix(¡Tune corriere y L' Ener
óte Jrancaise.
720 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES
El Emperador Guillermo n decía en 1890 ante el Con
sejo de los cuarenta sabios reunidos en Berlín para tratar
de los sistemas de enseñanza :
«Tal estado de cosas proviene de la educación de la
juventud. ¿Dónde está el mal? En muchos puntos. Y
el fundamento es que, desde 1870, los filólogos se han
sentado como beati tossidentes en los gimnasios, dirigien
do principalmente su atención sobre la materia de la en
señanza, sobre la cuestión de aprender y saber, mas no
sobre la formación de los caracteres y sobre las necesi
dades de la vida présente. Se parte del principio de que
el alumno debe saber lo más posible de todo; que
convenga o no a la vida, es cuestión secundaria. Cuan
do se habla de este asunto con una persona competente y
se trata de darle a entender que el joven ha de estar edu
cado hasta cierto punto prácticamente para la vida y sus
exigencias, responde siempre que esta no es la misión de
la Escuela, que lo esencial es la gimnasia intelectual, y
que si esta gimnasia del espíritu se hace de un modo
conveniente, el joven se hallará en estado de emprender
todo lo necesario para la vida. Creo que obrando conforme
a estos principios no se hace nada. Cuando ataco el régi
men de las escuelas, y principalmente los gimnasios, yo
sé que en muchas esferas se me considera como aun ad
versario fanático del gimnasio, y que se ha invocado mi
nombre en favor de otras categorías de escuelas, y sin em
bargo, nada es menos cierto.
<.. .. Las escuelas—me refiero a los gimnasios—han lle
gado más allá de lo que es humanamente posible, y a mi
parecer han producido un exceso de sabios, un número
mayor de los que la Nación puede soportar. La expresión
del Príncipe Bismark, e/ proletariado de los bachilleres, es
exacta. La mayor parte de los que se llaman los candidatos
del hambre, principalmente los periodistas, son alumnos de
los gimnasios, sin colocación; hé aquí un peligro para nos
otros. Este censo, que es ya muy considerable, asemeja a
nuestra patria a un campo demasiado segado, que no puede
soportar la irrigación. .. >
Iguales conceptos a los expresados hasta aquí he leído
en las revistas del Uruguay, Costa Rica, etc., y últimamen
te en el libro publicado en 1915 en Venezuela por el Minis
tro de Instrucción Pública y bajo la dirección del Presi
dente Gómez.
Pero no tenía necesidad, señores académicos, de recu
rrir a las predicaciones hechas sobre estas materias en na
ciones extranjeras y cultas, ya que en el seno de nuestra
propia nacionalidad se ha venido luchando por la realiza
ción de las referidas reformas. Podría escribirse un libro
INFORME 721
Dio poco voluminoso si se fuera a historiar la labor de algu
nos de nuestros gobernantes, de legisladores y particula
res, en el sentido, no de parar la enseñanza clásica o libe
ral, sino de recoger un poco las velas y encaminarnos por
vías más conformes con las necesidades nacionales y con las
urgencias de la vida individual y colectiva.
Desde los tiempos de Mon y Velarde, y Juan de Dios
Aranzazu, y José I. de Márquez, y Mariano Ospina, y Pe
dro Justo Berrío, y muchos otros más, se viene haciendo
hincapié sobre estos tópicos.
En el Mensaje de Márquez al Congreso de 1839 se lee:
<Si la Nación, para promover lo que le es verdaderamen
te útil, no debe descuidar la educación intelectual ymoral de
sus miembros, debe también tener en grande estima la edu
cación industrial, que tánto influye en la dicha de los indi
viduos y en la riqueza de la sociedad. Tenemos abundancia
de letrados y de médicos, que se aumentan de día en día;
pero carecemos de suficiente número de hombres instrui
dos en las ciencias exactas y artes mecánicas, en la quími
ca, mineralogía, botánica y agricultura, sin las cuales no
podrán desenvolverse del todo los gérmenes de prosperidad
que encierran las diversas Provincias del Estado. Sería
muy conveniente se hiciesen venir de Europa profesores
hábiles en estas ciencias, con los aparatos, máquinas, ins
trumentos necesarios para que las difundiesen en la Re
pública» (1).
El doctor Mariano Ospina decía al Congreso de 1843:
<E! segundo de los vicios cardinales del sistema actual
de enseñanza consiste en dar una preferencia decidida a los
estudios profesionales de jurisprudencia, medicina y teolo
gía, especialmente al primero, sobre el estudio de los cono
cimientos industriales. <Existen hoy— ha dicho un ilustrado
granadino—centenares de graduados en medicina y juris
prudencia, descontentos consigo mismos y con la sociedad,
que no les proporciona trabajo y medios cómodos de sub
sistir, y por lo mismo en la mejor disposición para afligir a
sus familias, atormentarse a sí mismos y turbar el país;
mientras que es preciso hacer venir de tres mil leguas de
distancia y a peso de oro un operario que dirija el fuego en
un horno de reverbero o que construya una rueda hidráu
lica.= La población y las ciencias andan en todas partes al
compás de la riqueza, porque la primera no crece si no se
(1) Es indudable que la fecunda labor del ilustre Márquez en
favor de la instrucción pública será inteligentemente estudiada en
la segunda parte de su biografía, escrita con erudición y mesura
dignas de encomio por el General C. Cuervo Márquez.
XII—46
722 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
aumentan los medios de subsistencia, ni las segundas pue
den florecer en un país miserable; el poder, la dicbay pros
peridad de las naciones, efectos son inmediatos de la rique
za; en medio de la escasez y del hambre no hay felicidad ni
poder. Y como la riqueza no viene sino del trabajo y de la
industria, y la política y la abogacía apartan a la juventud
del trabajo y de la industria, productivos de riqueza, aque
lla tendencia en el sistema de instrucción pública es funes
ta ala dicha y prosperidad de la Nación» (1).
No tengo para qué prolongar más estas citas; me basta
decir que en prosecución de estos mismos ideales han an
dado multitud de gobernantes y hombres notables del país,
entre los cuales recuerdo ahora a la ligera, y en los últimos
tiempos, los nombres del doctor Núñez. Carlos Holguín,
Rafael Reyes, Carlos E. Restrepo. Antonio José Uribe. Pe
dro Nel Ospina, Marco Fidel Suárez, Liborio Zerda, Uribe
Angel. Cuervo Márquez, Becerra, etc., etc.
¿Qué mucho pues que don Tulio Ospina y yo, en las
condiciones de Rector de la Universidad de Antioquia y
Director de Instrucción Pública del Departamento, res
pectivamente, hubiéramos realizado, siquiera en parte, lo
que ya se había hecho o se quería o quiere hacer en los
pueblos más cultos de la Tierra? Nosotros fundámos esa re
forma en poderosas razones expuestas en un largo escrito
publicado en folleto (2), del cual me permito copiar algu
nos párrafos, que darán fin a este pesado informe:
Decíamos: «Es deber primordial de los que tienen a su
cargo el delicado asunto de la educación popular, trabajar
incesantemente por adaptar ésta a las necesidades del país.
Si en la realización de los más triviales actos humanos hay
que considerar el punto de partida, la finalidad que se per
sigue y los medios apropiados para alcanzarla, con mayor
razón deben esos tres tópicos ocupar la atención y estudio
de los Gobiernos y de los particulares cuando se trata de la
formación moral, intelectual y física de la juventud de las
escuelas, colegios y universidades, juventud que es la so
ciedad misma en el período embrionario.
(1) Estas filípicas contra los abogados nos hacen recordar las
prescripciones que se daban a los conquistadores. Entre ellas están
las instruccion>-s que el Obispo de Burgos dio a Pedrarias, y las
que al mismo dio el Rey. Ernesto Restrepo Tirado, en su precioso
libro Descubi imiento y Conquista de Colombia, páginas 72 y 75, dice:
«No debía llevar (Pedrarias) letrados en la expedición, pues era
bien sabido por la experiencia que se tenía en las islas, que todo lo
enredaban. Las causas debeiían fallarse brevemente, haciendo jus
ticia a las partes.»
(2) R foima Universitaria, por Eusebio Robledo y Tulio Ospi*
na, diciembre de 1905. Medellín.
INFORME 723
«Al poner los ojos en nuestro presente, como punto de
partida para el estudio de las formas educacionistas que
pueden convenirnos, vemos con tristeza que son poco hala
güeñas nuestras condiciones intelectuales y económicas.
Somos un pueblo inteligente, pero recargado de conoci
mientos generalmente inútiles y más de adorno que de
otra cosa, pobre, sin industrias propias, de grandes fuerzas
y energías, es cierto, pero en estado de dormida potencia
lidad la mayor parte de ellas, o-debilitadas, destruidas o
tornadas en perniciosas en muchos casos, a virtud de múl
tiples y complejos motivos, de variadas causas, entre las
cuales no es la más pequeña ni la menos eficaz y poderosa,
la mala dirección de la educación popular y los desacredi
tados sistemas que, con gran pasividad e indolencia, hemos
venido sosteniendo y aplicando.
«El fin que debemos perseguir, por tanto, si es que que
remos proceder racionalmente, no debe ser otro que el sa
lir de aquel estado de postración económica, y hacer que
la juventud nutra su cerebro con conocimientos sólidos, con
verdadera ciencia útil para la vida del espíritu y de la car
ne, y se liberte de ese surmenage enfermizo y enervante,
creado por los convencionalismos tradicionales y por los
errores de nuestros sistemas de enseñanza.
«Para alcanzar dicha finalidad es preciso pues que nos
detengamos un momento en esta carrera vertiginosa que
hemos traído en el terreno de la educación popular; que
demos campo, siquiera por algunos instantes, a la medita
ción, y que veamos todos los errores cometidos y la triste
suerte que se nos espera si continuamos por las mismas sen
das, con igual inconsciencia y con la misma precipitación y
locura. Durante esta parada reflexiva comprenderemos que
se nos impone con la fuerza de la necesidad el cambio de
vía en la educación, y que es de urgencia, y un deber por
parte de los directores de la juventud estudiosa, hacer que
esa juventud se atempere, como lo dijimos antes, a las con
diciones de existencia y a las necesidades del país.
«Por desgracia, este deber ha sido muy descuidado
entre nosotros: las generaciones, una tras otra, han venido
recibiendo délas anteriores un plan de estudios ideológico
y anticuado, que está muy lejos de ser el que requieren
nuestras actuales circunstancias.»
Después de otras largas consideraciones terminamos
proponiendo un penswn para la reorganización de la Uní*
versidad, el cual consistió en crear el bachillerato técnico,
que no había existido propiamente en Colombia, las Escue
las de Agronomía, de Minería práctica y de Comercio, y
en cerrar, temporalmente, las de Jurisprudencia y Me
dicina.
724 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Acerca de la creación de aquel bachillerato práctico,
al lado del clásico," que se hacía y hace en otros estableci
mientos, nos han venido a dar indirecta y últimamente la
razón el doctor Hernando Holguín y Caro y el ilustrado
Padre Restrepo, sacerdote jesuíta. El primero, en unos ju
gosos artículos publicados en El Nuevo Tiempo, dice:
«¿Debe haber un solo bachillerato, o éste debe dividirse
en varias especies, bachillerato de ciencias, de letras, etc.?
El punto es por demás importante y delicado; nosotros, sin
omitir opinión definitiva, nos inclinaríamos alo segundo.*
El segundo, en su importante trabajo titulado El Ba
chillerato en Colombia, escribe:
«Debe, pues, haber dos clases de instrucción, una exce
lente y escogida, otra más fácil y ordinaria; una amplia
y general, otra aplicada y técnica; una humanista o clási
ca, otra especial o práctica; una que eduque para el aná
lisis, la comprensión y el raciocinio, otra para la acción y el
trabajo ...»
Más adelante agrega el mismo Reverendo Padre:
«Las aulas universitarias se llenan de malos estudiantes,
que no pueden coronar carrera ninguna, pero en cambio se
acostumbran a vivir en la vagancia, cobran horror al trabajo,
se hacen inútiles para todo, y vienen aparar en rábulas au
daces o en periodistas de provincia, explotadores'de incau
tos, o parásitos de la sociedad. Así vemos perderse, ano tras
año, gran parte de la juventud colombiana, que aplicada al
trabajo fecundo sería un gran factor de progreso, pero que
encaminada por un falso intelectualismo, es factor cero, es
rémora, es elemento de perturbación en la República.*
Y voy a terminar. No he tocado sino unos pocos pun
tos de los incontables que pueden dilucidarse en relación
con el trabajo del señor García; este joven ha escrito, a mi
ver, un libro revelador de buenos conocimiéntos y aplica
ción, libro muy documentado e interesante, pero que en
sentido estricto no puede llamarse una verdadera historia
de la instrucción pública en Antioquia, porque él no con
tiene propiamente el origen, el desarrollo, las consecuen
cias y la crítica honda de los sistemas, faces y evoluciones
de la enseñanza, sino—en lo general, por supuesto—la rela
ción descarnada de los hechos cumplidos, de los estableci
mientos y de los servidores del ramo.
Para que esta apreciación no vaya a tomarse como un
reproche al meritorio trabajo de García, que sinceramente
aplaudo, pongo aquí un ejemplo. Cuando Pedro María Ibá-
ñez. verbigracia, nos dice con atrayentes minuciosidades en
qué sitio se edificó el Colegio de San Bartolomé, quién fue
INFORME 725
el arquitecto, cómo son los subterráneos, en dónde se en
contró la estatuica con una especie de plomada en la dies
tra, cómo y cuándo se arrojó un sujeto por uno de los ven
tanales del templo, cuándo y cómo salieron de allí los Re
verendos Padres para el destierro, qué hombres notables
estudiaron en sus claustros, y mil cosas más, nos hace cier
tamente una historia completa de San Bartolomé en deter
minado aspecto, pero en el sentido íntimo y-profundo nonos
da la historia del instituto porque no entra, ni tenía para
qué entrar en un estudio sobre las tendencias y corrientes
pedagógicas de ese centro respetable de instrucción prima
ria y secundaria. Otro ejemplo: nuestro ilustrado colega el
doctor Eduardo Posada no podría apellidar jamás a su in
teresantísima Bibliografía la historia de la Administración
Pública, de la ciencia, de las letras, de la política, etc., por
más que en su publicación vayan desfilando obras y folle
tos relacionados con todas estas manifestaciones del pensa
miento colombiano.
Algunas publicaciones e informes que conozco, hechos
en el Brasil, Chile y la Argentina, y, sobre todo, L'Ecole,
de Jules Simón, sí son verdaderas historias de la instrucción
pública de determinados países y en determinadas épocas.
Aunque yo disiento totalmente de muchas de las opiniones
y creencias del filósofo francés, cito aquí su interesante
obra sólo como ejemplo de un buen sistema o método para
historiar el desarrollo educacionista en un pueblo culto.
Por último, y para libertaros de la coyunda que vos
otros mismos os impusisteis con vuestra educación, pacien
cia y benevolencia sin límites, os propongo con el mayor
acatamiento y respeto que se diga al señor Julio César Gar
cía que la Academia Nacional de Historia considera que el
trabajo sobre la instrucción pública de Antioquia es digno
de estímulo y aplauso, interesante para la historia general
del país, meritorio como ejemplar de tesis para los jóvenes
que obtienen títulos profesionales o de bachillerato, y como
manifestación de buenos estudios hechos en el Colegio Ma
yor de Nuc tra Señora del Rosario.
Mi último renglón es para rogaros que aceptéis como
miembro correspondiente de esta ilustre Academia al cita
do señor García.
Señor Presidente, señores académicos.
Eu s e b io Ro b l e d o
Junio: 1918.
726 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
nOíDBRES
DE ALGUNOS DE LOS CASANAREÑOS QUE SIRVIERON EN EL
EJÉRCITO LIBERTADOR
Santos Cano, Sargento l.° de caballería; Mateo More
no, Alférez de caballería; José Miguel Pérez, Teniente Co*
ronel de caballería; Rafael Pereira, Alférez de caballería;
Federico Nieto, Alférez de caballería; Juan José Molina,
Coronel; Antonio José Benítez, Juez Político del Norte y
Teniente <ie caballería; doctor Francisco Forero, Capellán;
Santos Rodríguez, Capitán de caballería; Santiago Béjar,
Coronel de caballería; Gregorio Vanegas, Alférez de caba
llería; Juan Andrés González, Cabo 1.® de caballería; Javier
Quintero, Capitán de caballería; José Sacramento Castillo,
Alférez de caballería; doctor Miguel Ignacio Ruiz, médico
y cirujano; José María Herrera, Alférez de caballería; igr-
nacio Suárez, Alférez de caballería, Manuel Varela, Capi
tán de caballería; José Ignacio Huerta, Sargento l.° de ca
ballería; Salvador Mosqueda, Sargento de caballería; Eleu-
terio Higueras, Sargento de caballería; Juana Béjar, Sar-
gerto l9 de caballería; Francisco Torralba, soldado de ca
ballería; Pablo Parra, Sargento l.° de caballería; Custodio
Bautista, Sargento 1." de caballería; Eugenio Forero, Ca
pitán de caballería; José María Burrueto, soldado de caba
llería; José Juan Aguilar, Cabo l.° de caballería; Gabino.. .
Cabo 1/ de caballei ía; José Antonio Pastrana. Cabo l.° de
caballería; Ignacio Ortiz, soldado de caballería; José Gerva
sio Heredia. Cabo l9 de caballería; Concepción Aguirre,
Capitán de caballería; José Burgos, soldado de caballería;
Juan N. Barraga, Teniente; Joaquín Poveda, soldado de
caballería; Vicente Chavita, soldado de caballería; Felipe
Santiago Perdomo. Alférez de caballería; Matías López,
Cabo l9 de caballería; Pedro Soler, soldado de caballería;
Valentín Díaz, soldado de caballería; Santiago Cortés, sol
dado de caballería; Marcelino Trigo, Cabo l9 de caballe
ría; Trifón Saavedra, Cabo l9 de caballería; Pantaleón
González, soldado de caballería; Antonio Molina, soldado
de caballería; Simón Mantilla, soldado de caballería; Do
mingo Patino, soldado de caballería; Carlos Olmos, Sargen
to l.° de caballería; Ignacio Marín, Cabo l.° de caballería;
Candelario Luna, Cabo l9 de caballería, Jerónimo Mesa,
Cabo l.° de caballería; Francisco González, Cabo 1.® de ca
ballería, Leonisio Mora, Alférez de caballería; Silverio
León, soldado de caballería; Andrés Ardila, Sargento 1.® de
caballería; Pedro Gómez, Cabo 2.° de caballería; Toribio
Lesperes, Sargento de caballería; Ignacio González, Sar*
NOMBRES DE ALGUNOS CASANAREÑOS 727
gento l.° de caballería; Ramón Pinzón, soldado de caballe
ría; Julián Rodríguez, soldado de caballería; Domingo An
tonio Castro, Cabo l9 de caballería; Salvador Reina, Ca
bo l.° de caballería; Antonio García, Cabo 1? de caballería,
Juan Eugenio Sogamoso, Cabo l.° de caballería; Manuel
Anselmo Pérez, Capitán de caballería; Ignacio Heredia,
soldado de caballería; Casimiro Sanabria, soldado de caba
llería, Joaquín Tarache, Capitán de caballería; Jesús Pico,
soldado de caballería; Plácido Valona, soldado de caballe
ría; Patricio Gómez, soldado de caballería; José Isabel Me-
jía, soldado de caballería; Miguel Chaparro, soldado de ca
ballería; Antonio Flórez, Cabo l.° de caballería; Manuel
Daza, Cabo 2.° de caballería; Plácido Herrera, soldado de
caballería; Ignacio García, Cabo 1° de caballería; Manuel
González, soldado de caballería; Toribio Cáceres, soldado
de caballería; Juan Domingo Guayanece, soldado de caba
llería; José María Cantor, Cabo l.° de caballería; Miguel
Morales, Cabo 2.° de caballería; Francisco Cutinchara, sol
dado de caballería; Amario Chiquito, soldado de caballería;
Jacinto Caqueña, soldado de caballería; Miguel Guarupe,
soldado de caballería; Enrique Guarupe, soldado de caba
llería; Ramón Saslose, Cabo de caballería; Meregildo Bur
gos, soldado de caballería; José María*Cantor, Cabo de ca
ballería; Victorino Cáceres, cabo 1° de caballería; Romual
do Romero, soldado de caballería; Luis Díaz. Cabo l.° de
caballería; José María Mejía, soldado de caballería; Juan
Ignacio Quintero, soldado de caballería; Domingo Duarte,
soldado de caballería; Ramón Cerdas, soldado de caballe
ría; Francisco Rojas. Cabo l.° de caballería; Marcelino
González, Cabo l.° de caballería;Ignacio Nieto, Sargento!®
de caballería; Laurián Monsalve. soldado de caballería;
Crisóstomo Medina, soldado de caballería; Felipe Ramos,
soldado de caballería; Miguel Chaparro, Cabo 1® de caba
llería; Manuel Tologuia, soldado de caballería; Manuel Ale
ma, soldado de caballería; Salvador Espinel, soldado de ca
ballería; José María Caicedo, soldado de caballería; Eusta
quio Hernández, soldado de caballería; Vicente Celis, sol
dado de caballería; Joaquín Buenosaires, soldado de caba
llería; Pedro Bustos, soldado de caballería; Gregorio Mie
ra, soldado de caballería; Juan Pedro Buenosaires, Sargen
to de caballería; Juan de Dios Alvarez. soldado de caballe
ría; Nicolás Vargas, soldado de caballería; Salvador Jimé
nez, soldado de caballería; Félix Caili, soldado de caballería;
Cristóbal Racane, Cabo L° de caballería; Marcelo Caili.
soldado de caballería; Blas Balija, soldado de caballería;
Rafael Queneja, soldado de caballería; Juan de la Cruz
Caili, soldado de caballería; Marcos Isuro, soldado de caba
llería; Juan Bonifica, soldado de caballería; Sacramento
728 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Macualo, soldado de caballería; Lázaro Acuigue, soldado de
caballería; Cruz Isuno, soldado de caballería; Juan de Dios
Cutuán, soldado de caballería; Pascual Casipín, soldado de
caballería, Romualdo Tuay, Cabo i9 de caballería; Emidio
Carpió, soldado de caballería; Rosario Tavera, soldado de
caballería; Eduardo Gómez, Sargento l.° de caballería; Pe
dro Díaz, Cabo 1° de caballería; Gregorio Tigine, soldado
de caballería; Atan Edeonáez, soldado de caballería; José
María Toroca, soldado de caballería; Antonio Ortiz, solda
do de caballería; Juan Antonio Mauricio, soldado de caba
llería; Simón Cegua, soldado de caballería; Maicial Mauri-
ció, Cabo 1." de caballería; Baltasar Querije, soldado de ca
ballería; José María Manjara, soldado de caballería; José
Soa, soldado de caballería; Modesto Enrique, soldado de
caballería; Alberto Toaente, soldado de caballería; Alber
to Suanara, soldado de caballería; Meregildo Sánchez, sol
dado de caballería; Rafael Cantor, Comandante; Martín
Edegua, soldado de caballería; Lorenzo Elerca. soldado de
caballería; Tomás Jiménez, Alférez de caballería; José Ma
ría Suescún, soldado de caballería; Juan de DiosOjeda, sol
dado de caballería; Trinidad Tocaría, Capitán de caballe
ría; Pedro Telellua, Capitán de caballería; José Domingo
Suárez, soldado de caballería; Ignacio Maíiulla, Teniente
de caballería; Bautista Martín, Alférez de caballería; Igna
cio Tunarosa, Sarge’nto l.° de caballería; Pedro Amenda-
ño, Cabo l.° de caballería; Agustín Chacón, soldado y cla
rín de caballería; Francisco Yustris, Sargento 1° de caba
llería; Juan Teodor Huertas, Capitán de caballería; Igna
cio Cogollo, Cabo de caballería; Francisco Cogollo. Cabo de
caballería; Francisco Vargas, soldadode caballería; Rosa
rio Vanegas, soldado de caballería; Damián Vanegas, sol
dado de caballería; Juan Eligió Muñoz, soldado de caballe
ría; Pablo Gutiérrez^ Sargento l9 de caballería; Ventura
Velile, Cabo de caballería; Feliciano Buenosaires, Cabo l9
de caballería; Manuel Torres, Capitán de caballería; Pedro
Huerta, soldado de caballería; Domingo Landaeta, Alférez
de caballería; José Ignacio Huerta, Sargento l.° de caba
llería; Leandro Bonilla, Sargento l.° de caballería; Inocen
cio Zambrano, soldado de caballería; Ascensión Vanegas,
Cabo de caballería; Gregorio López Cabo l.° de' caballe
ría; Javier Torres, Cabo 1.= de caballería; Carlos Chacón,
soldado de caballería; Pablo Cáceres, Cabo de caballería;
Miguel Belile, soldado de caballería, José María Dolores,
soldado de caballería; Usebio Bernal. soldado de caballería;
Pedro Pico, Cabo l.° de caballería; Joaquín Afanador, sol
dado de caballería; Francisco Rivas, Sargento 1.= de caba
llería; Javier Sánchez, Cabo 29 de caballería; Francisco
González, soldado de caballería; Jacinto Méndez, Cabo 2.®
NOMBRES DE ALGUNOS CASANAREÑOS 729
de caballería; Venancio Peña, soldado de caballería; Pedro
Pablo Cáceres, soldado de caballería; Juan José Casas, sol
dado de caballería; Santiago Rafael, soldado de caballería;
Benedito Piñuela, soldado de caballería; Vicente Chuvita,
soldado de caballería; José Joaquín Poveda, soldado de ca
ballería; Raimundo Canay, Alférez de caballería; Juan Es
teban Candelas, soldado de caballería; Segundo Mesa, mú
sico de tambor; José la Luz Ruiz, soldado de caballería;
Martín Carrero, Sargento 2." de caballería; José María
Córdoba, soldado de la Armada; Ignacio Delgado, Sargen
to l.° de caballería; Manuel Ramírez, soldado de la Arma
da; José María Jiménez, Sargento l.° de caballería; Juan
Agustín Guerrero, Cabo l.° de caballería; Ignacio Olarte,
Cabo 2.° de caballería; Braulio Reina, soldado de caballe
ría; Juan José Miera, soldado de caballería; Manuel Osorio,
Cabo l9 de caballería; Salomón Rodríguez, soldado de ca
ballería; Ambrosio Hurtado, soldado de caballería; Eusebio
Atuesta, soldado de caballería; Pedro José Melgarejo, sol
dado de caballería; Raimundo Nieto, soldado de caballería;
Manuel Martínez, Cabo de caballería; Domingo Murillo,
soldado de caballería; Benito Rueda, soldado de caballería;
Agustín Siprón, soldado de caballería; Felipe Moreno, sol
dado de caballería; Diego Orduz. Sargento 2." de caballe
ría; Agustín Urbina, Sargento 19 de caballería; Santiago
Lamanay, Sargento l.° de caballería; Bruno Ibica, soldado
de caballería; Bonifacio Tabalí, soldado de caballería; Do
mingo Borja, soldado de caballería; José Lalijito. soldado
de caballería; Gervasio Mantilla, soldado de caballería; Ni
colás Serrano, soldado de caballería; Hermenegildo Rodrí
guez, Cábo 29 de caballería; José María Sánchez, soldado
de caballería; Alejandro Cucubana, soldado de caballería;
Manuel Chaparro, Cabo l9 de caballería; Juan Molina,^Sar
gento l9 de caballería; Juan Antonio Reina, Sargento l.°
de caballería; Bautista Ortiz, soldado de caballería; Joa
quín Herrera, soldado de caballería; Manuel Corredor,
Cabo l.° de caballería; Isidro Molina, Cabo de caballería;
Isidoro Colmenares, soldado de caballería; Gervasio Padi
lla, Sargento l.° de caballería; José María Requiniva, Sar
gento 29 de caballería; Juan José Gutiérrez. Cabo l9 de ca
ballería; Gregorio Silva, Sargento l.° de caballería; Higi-
nio Díaz, soldado de caballería; Gregorio Sibo, soldado de
caballería; Juan de Dios Bayona, soldado de caballería;
Narciso Bayona,<soldado de caballería; Pedro Salilo, solda
do de caballería; Blas Bayona, soldado de caballería; Mi
guel Eleva, soldado de caballería; Francisco Bailigi, solda
do de caballería; José María Brito, soldado de caballería;
Clemente Tologuia, soldado de caballería; Toribio Vilie—
na, soldado de caballería; Simón Quenoja, soldado de caba-
730 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Hería; José María Torres, soldado de caballería; José Sana-
bria, soldado de caballería; Jesús Tobar, soldado de caba
llería; Salustiano Guenseva, Cabo Io de caballería; Rafael
Fernández, Alférez de caballería; Juan José Molina, Coro
nel; Faustino Uribe, Proveedor; Calixto Molina. Capitán;
Jerónimo Navas, Teniente Coronel; Raimundo Melgarejo,
Teniente de caballería; Rosario Torres, Teniente de caba
llería; Ignacio Santos Olmos. Teniente de caballería; Félix
Ortiz, Cabo de caballería, Francisco Agustín de Vargas,
Sargento de brigada; Mauricio Béjar, Capitán de carabine
ros; Cayetano García, Teniente de caballería; Julián Bo
nilla, Capitán de caballería, condecorado con la cruz de Ca-
rabobo; Atanasio Barragán, Capitán; Tomás Cala, Sargen
to 1.® de caballería; Ignacio Cuevas, Cabo l.° de caballería;
Juan Luis Cubides, Teniente; Francisco Fandiño, Sargen
to 1.® de infantería; Gregorio Vanegas, Alférez de caballe
ría; Juan Francisco Ramírez, soldado; Encarnación Betan-
cur, Sargento 2.°; Juan Antonio Molina, Sargento l9 de ca-,
ballería; Carmen Moreno, Teniente de caballería; José
Duarte, Alférez de caballería; José Villafrás, Sargento l9
de caballería: Pedro Pérez, Maestro de armeros; Ignacio
Ramírez, soldado; Toribio Ruiz, Sargento 29 de caballería;
José María Requiniva, Teniente de caballera; Casimiro
García, Cabo l9 de caballería; Bruno Gómez, Cabo 1.® de
caballería; Pedro Apio, Cabo l.° de caballería; Roso Nie
to, Cabo l9 de caballería; Cayetano Blanco, Cabo 1.® de ca
ballería; Francisco Ramírez, Cabo 2.® de caballería; Cle
mente Ochoa, soldado de caballería; Santos Loyo, soldado
de caballería; Antonio Benavides, soldado de caballería;
Fernando Gamara, Cabo l9 de caballería; Joaquín Jiménez,
Cabo l9 de caballería; Juan José Hernández, Cabo l9 de
caballería; Luis Marín, soldado de caballería; Marcos Ji
ménez, Cabo l.° de caballería; José Joaquín Guevara, Sar
gento l.° de caballería; Eenedicto Padilla, Cabo 29 de caba
llería; Manuel Parra, soldado de caballería, Francisco Pe-
drosa, soldado de caballería; Felipe Navarro, soldado de
caballería; Joaquín Pérez, Cabo 29 de caballería; Antonio
Ardila, Cabo 1.® de caballería; Antonio Sánchez, soldado de
caballería; Roso Pastrana, soldado de caballería; Toribio
Chaparro, soldado de caballería; Melchor Parra, soldado
de caballería; Nicolás Camacho, soldado de caballería; To
más Torres, Sargento 1." de caballería; Ramón Medrano,
Cabo 29 de caballería; Benito Domínguez, antiguo servidor;
Vicente Saavedra, soldado de caballería; Salvador Lesmes
Cabo l9 de caballería; Tadeo Rodríguez, Cabo l9 de caba
llería; Fermín Herrera, soldado de caballería; Benito León,
soldado de caballería; Miguel Heredia, Cabo 2.° de caba
llería; Juan Saavedra, Cabo l9 de caballería, Rosario Mo j í -
NOMBRES DE ALGUNOS CASANAREÑOS 731
ca, Cabo 1.® de caballería; Santos Mejía, Sargento l9 de ca
ballería; Alejandro Benítez. soldado de caballería; Tomás
Muñoz, soldado de caballería; Víctor Sepúlveda, soldado
de caballería; Gabriel Hurtado, soldado de caballería; Ju
lián Requiniva, soldado de caballería; Manuel Requiniva,
soldado de caballería; Nicolás Melchava, soldado de caba
llería; José Ignacio Bernal, soldado de caballería; Domin
go’Córdoba. soldado de caballería; Cristóbal Becerra, sol
dado de caballería; Carmelo Uribe, Capitán de caballería;
José María Brito, Alférez de caballería; Juan Isidro Gar
zón. soldado de caballería; Juan Rodríguez, soldado de ca
ballería; Luis Huerta, Teniente de caballería; Vicente
Cerdas, Capitán de caballería; Lorenzo Díaz, soldado de ca
ballería; Juan de la Cruz Belile, Sargento 1.= de caballería;
Antonio Ortiz, soldado de caballería; José María Torres,
soldado de caballería; Estanislao Poveda, Cabo l9 de caba
llería; Juan Mendoza, soldado de caballería; Felipe Balcá-
zar, soldado de caballería; Juan José Mendoza, soldado de
caballería; Sebastián Herrera Béjar, soldado de caballería;
Vicente Camacho, soldado de caballería; José Ceferino So-
gamoso, soldado de caballería; Nicolás de la Paz García,
soldado de caballería; Pedro Uribe, soldado de caballería;
Antonio Cárdenas, soldado de caballería; Romualdo Bení
tez, Cabo 29 de caballería; Manuel Duarte, Cabo 2.° de ca
ballería; Domingo Velasco. Sargento 1." de caballería; Pe
dro Duarte, Cabo l9 de caballería; Nicolás Cordero, Te
niente de caballería; Juan José Camacho, Cabo 2,u de caba
llería; Simón Torres, Sargento l9 de caballería; Belarmi-
no Díaz, soldado de caballería; Julián Herrera, soldado de
caballería; Fermín Oribe Reina, soldado de caballería; Ra
fael González, Cabo 29 de caballería; Tomás Ruyo, soldado
de caballería; Ignacio Velasco, Sargento l9 de caballería;
Agustín Reyes. Cabo 1.® de caballería; Eusebio Nieto, Sar
gento l9 de caballería; Ciprián Córdoba, soldado de caba
llería; Benito Durán, soldado de caballería: Pedro Medina,
Teniente de caballería; Nicolás Jiménez, Cabo l9 de caba
llería; Blas Luna, Teniente de caballería; Segundo Díaz,
soldado de caballería; JacoboRodríguez, soldado de caballe
ría; Eustaquio Vanegas, soldado de caballería; Salvador
Valapa, Cabo 1.® de caballería; Juan Isidro García, Cabo l.°
de caballería; Simón Jiménez, soldado de caballería; An
drés Chacón, Cabo 1.° de caballería; Juan José León, Cabo
l.° de caballería; Juan Andrés Cruz, Cabo 2.® de caballería;
Marcos Saavedra, Cabo l.° de caballería; Bartolo González,
soldado de caballería: Javier González, soldado de caballe
ría; Honorio Cubides, soldado de caballería; Toribio Me
jía, Sargento 1. de caballería; Juan José Barrera, soldado
de caballería; Javier Largo, Capitán de caballería; Manuel
732 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGUEDADE*
Maldonado, soldado de caballería; Domingo Agudelo, Cabo
1." de caballería; José María Villalba, soldado de caballe*
ría; Custodio Reye.s, soldado de caballería; Wenceslao Gai-
tán, soldado de caballería; Jacinto Eleva, soldado de caba
llería; Vicente Eleva, soldado de caballería; Benito Tuay,
Capitán de caballería; Higinio Cucuruba, Cabol.°de caba
llería; Carlos Albamucua, soldado de caballería; José María
Eleva, soldado de caballería; Candelario Lucure, soldado
de caballería; Bartolo Micana, Sargento 1° de caballería;
Bartolomé Parías, Cabo l9 de caballería; Simón Alicarra,
soldado de caballería; Cruz Suanara, Sargento l.° de caba
llería; Veador Cacibanay, Sargento l.° de caballería; José
María Sibe, soldado de caballería; Andrés Peñalosa, solda
do de caballería; Cristóbal Borja, soldado de caballería;
Silvestre Alicarra, soldado de caballería; Francisco Béjar,
soldado de caballería; Pedro Umasubal, soldado de caba
llería; Francisco Galán, soldado de caballería; Albino Lica-
za, Cabo l.° de caballería; Pedro Zabala, soldado de caba
llería; Antonio María Millán, soldado de caballería; Alber-
toBanabria, soldado de caballería; Francisco Antonio,Gua-
rres, soldado de caballería; Gabi iel Neira, soldado de ca
ballería; Juan Antonio González, Cabo 1." de caballería;
José María Vargas. Cabo l.° de caballería; Felipe Díaz, sol
dado de caballería; Juan Colmenares, Sargento 2.° de caba
llería; Francisco Requiniva, soldarlo de caballería; José
Muñoz, soldado de caballería; Esteban Chacón, soldado de
caballería; Miguel Silva, soldado de caballería; Ignacio
Moneada, soldado de caballería; Juan Agustín Cárdenas,
soldado de caballería; José María Villalba, soldado de caba
llería; Eustaquio Sánchez, soldado de caballería; Fruto
Cárdenas, soldado de caballería; Valentín Núñez, soldado
de caballería; Custodio (destruido el papel), soldado de ca
ballería; José María Lemus, Cabo l.° de caballería; Rosario
Cautuma, Cabo 1/ de caballería; Francisco Tulido, solda
do de caballería; Antonio Gualdrón, soldado de caballería;
José María Ribero, soldado de caballería; Miguel Gómez,
soldado de caballería; José Cabrera, soldado de caballería;
Salvador Vargas, soldado de caballería; Tomás Leva, sol
dado de caballería; José Tarache, soldado de caballería;
Pedro Ovejero, soldado de caballería; Juan Vargas, solda
do de caballería; Andrés Naranjo, soldado de caballería;
Francisco Moreno, soldado de caballería; Aniceto Gonzá
lez, soldado de caballería; Casimiro Gutiérrez, soldado de
caballería; Matías Pérez, soldado de caballería; Francisco
Tumay, soldado de caballería; José Figueroa, Sargento 1.’
de caballería; Salvador Gualdrón, soldado de caballería;
Raimundo Gualdrón, soldado de caballería; Tomás Inocen
cio, soldado de caballería; Benito Gualdrón, soldado de ca
NOMBRES DE ALGUNOS CASANAR ENOS 733
ballería; Antonio Aguilar, soldado de caballería; Florencio
Pena, Cabo l.° de caballería; Vicente Daza, soldado de ca
ballería; Mariano Cruz, soldado de caballería; Atanasio
Salguero, soldado de caballería; Pedro Cubillos, soldado de
caballería; Vicente Patino, soldado de caballería; Francis
co Castañeda, soldado de caballería; Domingo Hernández,
soldado de caballería; Vicente Torres Rojas, Sargento 2.°
de caballería; Fruto Cárdenas, Sargento l.° de caballería;
José María Lesmes, Cabo l.° de caballería; Valerio Núñez,
soldado de caballería; Bonifacio Lucafe, soldado de caba
llería; Javier Siculaba. soldado de caballería; Juan Nivar,
soldado de caballería; Rosario Taguila, soldado de caballe
ría; Clemente Requiniva, soldado de caballería; Adriano
Farías, soldado de caballería; Francisco Cumallo, soldado de
caballería; Sensión Tilibali, soldado de caballería; Fran
cisco Cuavara. soldado de caballería; Rogelio Canabe, sol
dado de caballería; Florián Cumalo, soldado de caballería;
Juan Sensión Taquila, soldado de caballería; Celidonio Ni
var. soldado de caballería; José Tiburcio Tibailili. soldado
de caballería; Luis Chaparro, soldado de caballería; Carlos
Bagua, soldado de caballería; Juan Ruiz, soldado de caba
llería; Juan Crisóstomo Torres, soldado de caballería; Ra
fael Cáceres, soldado de caballería; Jacinto Tumay, solda
do de caballería; Julián Ovejero, soldado de caballería;
Florián Farías, soldado de caballería; Arsenio Azula, sol
dado de caballería, Javier Sinlaba, soldado de caballería;
Graciano Farías, soldado de caballería; Sebastián Segua,
soldado de caballería; Raimundo Tumay, soldado de caba
llería; Andrés Arenales, soldado de caballería; Agustín
Hernández, soldado de caballería; Luis Fernando Fanelo,
soldado de caballería; Juan Esteban Mesa, soldado de caba
llería; Gil Bustos, soldado de caballería; Santiago Bustos,
soldado de caballería; Venancio Flórez, soldado de caballe
ría; Tomás Niño, soldado de caballería; Salvador Niqui-
vay, soldado de caballería; Simón Montañés, soldado de ca
ballería; Pedro Ignacio Patiño, soldado de caballería; Mar
tín Pineda, soldado de caballería; Juan José Suárez, solda
do de caballería; Juan Toribio Barrera, soldado de caba
llería; Domingo Vargas, soldado de caballería; Cándido
Cala, soldado de caballería; Marcos Atarelo, soldado de ca
ballería; Juan Gómez, soldado de caballería; Julián Tac ti
re, soldado de caballería; Fernando Rojas, soldado de ca
ballería; José María Camacho, soldado de caballería; Javier
Ortiz, soldado de caballería; Cristóbal Morilla. Sargento 1.®
de caballería; José Cutinchara, soldado de caballería; Ra*
fael Blanco, soldado de caballería; Joaquín Segua, soldado
de caballería; Juan Martínez, soldado de caballería; Agus
tín Higueras, soldado de caballería; Jerónimo García, 6ol-
734 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
dado de caballería; Luis Forero, soldado de caballería;
Santiago Colmenares, soldado de caballería; Isidro Tapón,
soldado de caballería; José Santos, soldado de caballería;
Juan José Barrera, soldado de caballería; Domingo Vargas,
soldado de caballería; Juan José Suárez, soldado de caba
llería; Cándido Cala, soldado de caballería; Juan Gómez,
soldado de caballería; Gregorio Santos, soldado de caballe
ría; Miguel Jerónimo, soldado de caballería; Camilo Me
che, soldado de caballería; Andrés Sibo, soldado de caba
llería; Fruto Candelario Cancino. soldado de caballería;
Adrián Ortiz. Alférez de caballería; Andrés Cantor, Te
niente de caballería; Vicente Ribero, Sargento l.° de caba
llería; Pablos Gámez. soldado de caballería; Juan de la Cruz
Rodríguez, soldado de caballería; Antonio Noguera, solda
do de caballería; Teodoro Hurtado, Capitán de caballería;
Juan Dionisio Gómez, soldado de caballería; Nicolás Rojas,
soldado de caballería; Leocadio Hurtado, soldado de caba
llería; Vicente Alemán, soldado de caballería; Miguel Daza,
Juez del Sur, Cabo 2.° de artillería; Joaquín González,
soldado de caballería; Lucas Cáceres, soldado de caballería;
Venancio Gámez. Cabo l.° de caballería; Miguel Caraballo,
Sargento l.° de caballería; Manuel Antonio Rodríguez,
Cabo 2.° de caballería; José Antonio Caraballo. Capitán de
caballería; Nicolás Cordero. Teniente de caballería; Anto
nio Calle, Sargento 2° de caballería; Antonio Carrero, Sar
gento 1." de caballería; Pedro Camejo, Cabo 2.° de caba
llería; Pastor Calle, soldado de caballería; Gregorio Caina-
ba, soldado de caballería; Francisco Qiienza. soldado de ca
ballería; Antonio Saparay. soldado de caballería; Marcos
Telenic, soldado de caballería; Adriano Matalna. soldado
de caballería; Bautista Balajón, soldado de caballería; To
más Edegua, Cabo 1 de caballería; Fausto Barreto, solda
do de caballería; Pedro Muñoz, soldado de caballería; Ma
nuel Mauja. soldado de caballería; Ignacio Guzmán, solda
do de caballería; Manuel Cendales, soldado de caballería:
Francisco Gómez, soldado de caba'lería; Santos Gordo, sol
dado de caballería; Joaquín Duarte, soldado de caballería;
Mariano Millán, soldado de caballería; José María Brito,
soldado de caballería; Manuel Balajoa. soldado de caballe
ría; Francisco Cabido, soldado de caballería; Martín Fló-
rez, soldado de caballería; Custodio Tuiniba, Cabo 2.° de
caballería; Bartolomé Rodríguez. Alférez de caballería;
Juan López. Cabo l.° de caballería; Fernando Tologuía,
soldado de caballería; Mateo Moreno, Alférez de caballe
ría; Gregorio Velandia, soldado de caballería; Domingo
Solano, soldado de caballería; Ignacio Lee y Flórez, Secre
tario de Gobierno de la Provincia; Rosario Plata, soldado
de caballería; Martín Farías, soldado de caballería; Agus
NOMBRES DE ALGUNOS CASANAREÑOS 735
tín Farías, soldado de caballería; Aniceto Meche, soldado
de caballería; Filiberto Gualdrón, soldado de caballería;
Javier Oro, soldado de caballería; Juan de la Cruz Reyes,
soldado de caballería; Matías Pérez, soldado de caballería;
Bautista Vargas, soldado de caballería; Juan Alberto To
rres, soldado de caballería; Vicente Canapire, soldado de
caballería; Cruz Sarmiento, soldado de caballería; José
Francisco Ortiz, soldado de caballería; Juan Miguel Carva
jal, maestro de armería; Juan Antonio Romero, Coronel;
Pedro Sotelo, soldado de caballería; Joaquín Daza, solda
do de caballería; Francisco Alvarez. soldado de caballería;
Matías Bustamante. soldado de caballería; Bartolo Plata,
soldado de caballería; Pedro Tama, soldado de caballería;
Ceferino Gualdrón, maestro de herrería; José Miguel To
ledo, soldado de caballería; José María Ubaque, soldado de
caballería; Juan Lauriano Herrera, soldado de caballería;
Pedro Cáceres, soldado de caballería; Juan Bautista Olive
ro, soldado de caballería; Cruz Babacu, soldado de caballe
ría; Calixto Molina, General de Brigada; Juan Nepomuce-
no Hurtado, Coronel; Juan de Dios Girón; Miguel Pérez,
Coronel; Manuel Ortega, Teniente Coronel; Esteban Ta-
gie, Teniente de caballería; Domingo Moaje, Alférez de
caballería; Esteban Sosijo, Alférez de caballería; Bernardo
Macudes, Capitán de caballería; Pedro Telelua, Capitán
de Milicias; Ignacio Mantilla, Teniente de caballería; Joa
quín Jauces, Sargento de caballería; José Ignacio Escami-
11a, Alférez de caballería; Fernando Forero, soldado de ca
ballería; Antonio Cala, soldado de caballería; Martín Ol
mos, Teniente de caballería; Mariano Acero, Coronel.
Estos nombres figuran en el orden en que están, en los
libros de la Notaría de este lugar, correspondientes a los
años de 1820 a 1834, constituyendo apoderados para el co
bro de sus sueldos.
Jo s é Ma r ía Riv e r a T.
Nunchía, julio 5 de 1919.
flPOSÜIbhflS
Tuvimos en los días coloniales un excelente grabador,
sin duda el primero y quizás el único de aquella época. Se
llamó Francisco Benito, y era natural de España. Dos gra
bados conocemos hechos por él. Representa el uno a La
Dilina Pastóla: mide 27*20. y tiene esta leyenda al pie
de la imagen : Franco. Beño. Gr. M. R. me. Feb. año de 1782.
No. Ro. de Gra. Y esta otra abajo de la anterior : Imagn. de
la Divina Pastora qe. llevan en sus Misiones los PPs. Capuchns.
736 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGUEDAEDS
de Santa Fé. Dedicada a el Excmo. e Illo. Sor. Dn. Antonio Ca
ballero y Gongora, Virrei y Arzobpo. del Nuevo Reino de Grada.
Qien concede 80 dias de Yndulgencia a quien le rezare una salve.
Las abreviaturas de la primera pueden descifrarse así:
Grabador Mayor Real, mes febrero, Nuevo.Reino de Gra
nada.
Representa el otro la Virgen de Chiquinquirá: mide
15X21, y tiene estas leyenda? : Franco, e Be.nito Sculp.
Sta. Fee. D. Bogotá. Ro. No. D. Gra. SO. Ro.. de la Milagrosa
Ymagen de Na. Sa. de Chiquinquirá que se venera En el Nueo.
Reyo. de Granada. A devon. del Excmmo. Sr. Dn. José Espeleta
Virrey y Capn. General de dho. Nueo. Reyno. 1791.
Como se ve, están ahí los nombres de dos de nuestros
mejores Virreyes. El clisé del primer grabado lo poseen los
Padres capuchinos, quienes lo compraron hace pocos me
ses, en la calle, a un campesino. Del segundo no existe el
clisé, pero conocemos tres ejemplares impresos.
En un viejo códice de la Biblioteca Nacional, que con
tiene documentos de la Casa de Moneda, hallamos mencio
nado el nombre de Benito. Allí están : la real cédula dic
tada por el Rey, en el Buen Retiro, de fecha 30 de noviem
bre de 1751, por la cual lo nombra segundo tallador de
nuestra Casa de Moneda, en consideración, dice, a que há
más de nueve años se ejercita en la facultad-, la diligencia de
posesión en Santafé, y el nombramiento que le hizo luégo
aquí el Virrey, de guarda cuños y guarda materiales, como
adiciones a su destino.
Tal vez por ahí, en vestustos altares de nuestras igle
sias o en oratorios privados, existan otras producciones de
aquel artista, que puede llamarse el padre del grabado en
Colombia.
Publicámos en apostilla anterior (número 137) algu
nos datos sobre un gigante de nuestros días coloniales. Hé
aquí algo más sobre este hombre grande, que hallamos en
el Papel Periódico, del 13 de julio de 1792 :
^Noticia—Habiendo visto en el Mercurio Peruano, nú
mero 135, una carta remitida de esta capital a los académi
cos autores de dicho escrito, en que se les participa la esta
tura prodigiosa de Pedro Antonio Cano, natural de la pa
rroquia de Guadalupe, en la Provincia de Vélez, de este
Reino, nos ha parecido conveniente dar al público una noti
cia circunstanciada acerca de este joven campesino, privile
giado por la naturaleza con una estatura que nos ha reno
vado la memoria de los Goliat y Og. de que hace mención la
Sagrada Escritura, y de los Encélados y Alcyoneo que nos
dice la historia mitológica. El motivo de no haberla publi-
MILITARES RECOMPENSADOS 737
cado antes ha sido por esperar razón de su llegada a la Cor
te de Madrid, adonde fue remitido por el Excelentísimo
señor Virrey de este Reino, con objeto de presentarlo a Su
Majestad.
<La estatura de sus padres es común, y asimismo la
de otros diez hijos que tienen, de los cuales es el penúltimo
nuestro gigante. Este se halla en la edad de veintiún años,
y promete todavía algún aumento de longitud, por ser de
aspecto robusto y buena humoración. Sin embargo de que
el haber vivido en una casa muy estrecha, y las tareas del
azadón en que siempre se ha ocupado, no le dejaron tomar
una estatura recta, que lo haría más vistoso, se espera que
su edad juvenil, mutación de ejercicio y uso .de mejores
alimentos, adquiera un aire despe jado y más elegante. Ha
biéndose puesto en romana con la exactitud y precauciones
necesarias, pesó nueve arrobas y once libras. Fue remitido
a Su Majestad el 17 de febrero de este año, acompañado de
su retrato y de una noticia circunstanciada que terminaba
con la siguiente relación.»
Pone luego muchas medidas particu1arec, entre ellas
éstas: «Desde el talón a la punta del dedo grueso un pie, dos pul
gadas y nueve líneas; ancho de la rodilla, seis pulgadas y dos y
media líneas; ancho de la muñeca, tres pulgadas ; y estatura
total de siete pies, cinco pulgadas y tres lineas.»
Buscámosel Mercurio Pelicano, y allí hallárnosla mencio
nada noticia en el número de 19 de abril de 1792. que es así:
<En carta de Santa Fe de Bogotá, su fecha 17 de fe
brero próximo pasado, llegada en el correo de antes de
ayer, se nos comunica la noticia siguiente :
<El Excelentísimo señor Virrey de este Reino remite a
Su Majestad un mozo socarreño llamado Pedro Cano, de
veintiún años de edad, que hasta los quince fue creciendo
regularmente, y desde esa época ha echado un cuerpo gi
gantesco de siete pies cinco pulgadas tres y media líneas
españolas; todavía no se ha calzado por falta de medias, que
es menester hacerlas al propósito ; pero se le han hecho ya
los zapatos, que tienen cerca de media vara.=»
E. Po s a d a
(DlhlüARES RECOÍDPEDSflDOS
POR SUS SERVICIOS A LA PATRIA
Labranzagrande, septiembre 6 de 1519
Señor Presidente de la Academia de Historia—Bogotá.
Muy señor mío:
Revisando los protocolos de la Notaría de este luga», he
encontrado los poderes que confirieron unos cuantos milita-
XII—47
738 BOLETÍN DE HI9TOMA Y ANTIGÜEDADES
res de la caballería del Ejército patriota al doctor Salvadoi
Camacho y a otros ciudadanos para reclamar de la Comi
sión de Distribución de Haberes Nacionales la parte que a
cada uno correspondía por los servicios prestados a la Pa
tria en la guerra de la Independencia, osea en los anos de
1817, 1818 y 1819. Estos poderes se otorgaron ante el Alcal
de Cantonal de Nunchía, y se hallan en los protocolos de
1821 a 1834.
Como este puede ser un dato importante para la histo
ria nacional, que es posible que hasta hoy se ignore, me
permito formar a continuación la lista de tales militares,
con los grados en que figuran y con expresión de la ve
cindad con que aparecen en los respectivos poderes, para
conocimiento de esa honorable Academia, por si le mere
ciere algún valor histórico:
1. Coronel, Jerónimo Navas. Taguana.
2. Capitán, Luciano Bohórquez. Pore,
3. Capitán, José Trinidad González. Macuco.
4. Capitán, Juan Angel Chacón. Nunchía.
5. Teniente, Vicente José de Reina. Nunchía.
6. Alférez, Rafael Pereira. Nunchía.
7. Alférez, José Antonio Delgado. Trinidad.
8. Alférez, Gregorio Vanegas. Nunchía.
9. Sargento 1°, Juan Antonio Benavides. Pore.
10. Sargento l9, Juan Nepomuceno Argüello. Santiago.
11. Sargento l9, José Circuncisión Chacón. Taguana.
12. Sargento Io, José Antonio Salcedo. Nunchía.
13. Sargento 2.°, José Celestino Camacho. Taguana.
14. Sargento 29, Tadeo Miranda. Nunchía.
15. Sargento 29, Francisco Ranjel. Nunchía.
16. Cabo l9. Juan Antonio Rodríguez. Pore.
17. Cabo l.°, Atanasio Ovalles. Taguana.
18. Cabo l9, Domingo Campos. Nunchía.
19. Cabo l9, Juan Angel Correa. Nunchía,
20. Cabo l.°, José María Cárdenas. Nunchía.
21. Cabo l.°, Emigdio Reina. Nunchía.
22. Cabo l.°, Bernardino Ardila. Nunchía.
23. Cabo l.°, Manuel González. Nunchía..
24. Cabo 2.°, Julián Vásquez- Taguana.
25. Cabo 2.°, Juan Luis Uribe. Taguana.
26. Cabo 29, Gregorio García. Pore.
27. Soldado, Leandro Ochoa. Nunchía.
28. Soldado, José María Barrera. Nunchía.
29. Soldado, Salvador Agudelo. Nunchía.
30. Soldado, Juan Gerardo Cárdenas. Nunchía.
31. Soldado, Primitivo Betancourt. Nunchía.
32. Soldado, Dámaso Pinzón. Nunchía.
MILITARES RECOMPENSADOS 739
33. Soldado, Mateo Luna. Nunchía.
34. Soldado Salvador Carrero. Nunchía.
35. Soldado, Emigdio Sánchez. Nunchía.
36. xSoldado, Vicente Verdugo. Nunchía.
37. Soldado, Ignacio Rivera. Nunchía.
38. Soldado, Juan José Betancourt. Nunchía.
39. Soldado, José Antonio López. Nunchía.
40. Soldado, Luis López. Nunchía.
41. Soldado, Salvador Sánchez. Nunchía.
42. Soldado, Miguel Egüe. Nunchía.
43. Soldado, Víctor Jerez. Nunchía.
44. Soldado, Alejo Rodríguez. Nunchía.
45. Soldado, Dionisio Saavedra. Nunchía.
46. Soldado, Pablo Plasola. Taguana.
47. Soldado, Francisco Javier Manjarrés. Taguana.
48. Soldado indígena, Pedro Camua. Guanapalo.
49. Soldado indígena, Pedro Macabare. Guanapalo.
50. Soldado indígena. Basilio Amiche. Guanapalo.
51. Soldado indígena, PíoCabante. Macuco.
52. Soldado indígena, Cándido Carpí. Macuco.
53. Soldado indígena, Gerardo Alvarez. Macuco.
54. Soldado indígena. Nicolás Sileno. Macuco.
55. Soldado indígena. Cruz Bababí. Casimena.
56. Soldado indígena, Juan Guacariba. Casimena.
57. Soldado indígena, Manuel Guibina. Casimena.
58. Soldado indígena. Pastor Pabipay. Casimena.
59. Soldada indígena, Angel Hirritua. Casimena.
60. Soldado indígena, Alejos Guacariba. Casimena.
61. Soldado indígena, Posidio Casabay. Casimena.
62. Soldado indígena, José María Bababí. Casimena.
63. Soldado indígena, Ignacio Avendaño. Casimena.
64. Soldado indígena, Anselmo Mapunare. Casimena.
65. Soldado indígena. Luis Sandoval. Casimena.
66. Soldado indígena, Jorge Macabare. Casimena.
67. Soldado indígena, Estanislao Cabante. Surimena.
68. Soldado indígena, Francisco Antonio Alvarez. Suri-
mena.
69. Soldado indígena, Martín Cabarte. Surimena.
70. Soldado indígena, Jacinto Carpí. Surimena.
71. Soldado indígena, Gregorio Camúa. Surimena.
72. Soldado indígena, Clemente Camúa. Surimena.
73. Soldado indígena, Juan Rota. Surimena.
74. Soldado indígena, José María Guacariba. Suri-
mena.
75. Soldado indígena, José Elias Calisto. Surimena.
76. Soldado indígena, Adriano Bababí. Surimena.
Figura también en los protocolos el Capitán Lorenzo
Sánchez, de Paya, pero parece que éste no fue de la caba-
740 BOLETÍN DE HISTORIA. Y ANTIGÜEDADES
Hería, sino más bien del Batallón Paya., según informes
de algunos descendientes de tal Capitán.
En otro protocolo encontré el dato de que a Isidora
Otero, viuda del Capitán Luciano Bohórquez. y a su hija
Concepción, se les reconocieron $ 5,666-05% por los servi
cios que este Capitán prestó en la guerra de la emancipa
ción.
Formulando votos por que la labor que me he impues
to para desenterrar estos datos pueda servir para perpe
tuar la memoria de esos setenta y seis patriotas, cuyos
nombres acaso no figuren en el escalafón de los servidores
déla Patria, me es altamente grato suscribirme de usted
atento, seguro servidor,
Ca r l o s H. Go n z á l e z
DOCUÍDEDTOS
SOBRE EL PRÓCER JOSÉ JAVIER GALLARDO
Bogotá, 22 de noviembre de 1919
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia,
En su Despacho.
Adjunta tengo el gusto de enviar a usted copia que
tomé de las diligencias promovidas en 1782 por el procer
pamplonés don José Javier Gallardo, para premunirse de
los peligros que podría acarrearle el hecho de haber sido
uno de los Capitanes que el pueblo de Pamplona buscó para
ponerlos en su cabeza en la sublevación popular que tuvo
lugar allí en mayo de 1781. Según estos documentos dicha
sublevación fue una repercusión del movimiento popular
de las ciudades de Socorro y San Gil, y parece que se ex
tendió hasta Cúcuta. Esta copiala tomé del tomo 21 de
Empleados Públicos de Santander (Colonia) del Archivo Na
cional.
En el tomo 17 de la misma serie se encuentran docu
mentos sobre la injusta hostilidad que el Gobernador de
Pamplona, don Juan Bastus y Falla, inició contra la familia
Gallardo, actos continuos de persecución que culminaron
en el golpe del 4 de julio de 1810 que la familia Gallardo
preparó y llevó a cabo en ese día. deponiendo del mando y
apresando a dicho Gobernador Bastus y Falla.
El día 6 de noviembre de 1816 fueron fusilados en Cu-
cuta por las autoridades españolas los señores doctor Ra
món Villamizar. don Luis Mendoza y don José Javier Ga
llardo. En nota de 27 de noviembre de 1916, dirigida a us
ted por el distinguido historiador don Luis Febres Corde
DOCUMENTOS 741
ro, en esa fecha Gobernador de Santander del Norte, en
viando a usted el decreto de honores a la memoria de esos
tres mártires de nuestra Independencia, dice respecto de
don José Javier Gallardo :
<.... uno de los más eximios y decididos sostenes del
movimiento de libertad de Pamplona, como miembro acti
vo de los Colegios Electorales e impulsor infatigable de la
Junta promulgadora de la Constitución que separó esa Pro
vincia del Gobierno ibero, y que tánta labor importante
realizara por coadyuvar a la victoria de las armas america
nas en las acciones de Cúcuta, Pamplona, La Grita, Baila
dores y otros campos.»
Con todo respeto me suscribo de usted atento servidor,
Ra f a e l Vil l a m iz a r
Señores del muy Ilustre Cabildo :
Don José Javier Gallardo, vecino de este lugar, como
más haya lugar en derecho ante ustedes, parezco y digo:
que como les es constante a ustedes y vecindario de esta
ciudad, el común de ella me eligió por Capitán después de
su sublevación y extracción de aguardientes y tabacos, y
siendo igualmente constante la repugnancia y fuerza con
que resistí a semejante propuesta (como también después
de no haber sido esto suficiente), el no haberme ingerido
en negocios de dicha sublevación, sino antes bien, propen
diendo a la contención de las gentes en lo que pude, proce
dí obrando como fiel vasallo de Su Majestad (que Dios guar
de), mirando por su Real Erario.
Por tanto, a ustedes suplico se sirva de darme al pie de
éste una certificación de la resistencia que hice para no ad
mitir la Capitanía y de las grandes amenazas con que me
obligaron para que admitiera. Al cabo de qué tiempo me
recebí, y cuáles fueron los motivos que tuve para ello, y del
ningún aprecio que de dicha Capitanía hice, y de todo lo de
más que es público y de ustedes noticioso, pues así me con
viene y es justicia que pido y juro en lo necesario, etc.
A ustedes pido y suplico provea como solicito.
Pamplona y septiembre 14 de 1781.
(Firmado). Jo s e ph Ja v ie r Ga l l a r d o »
En virtud del presente pedimento, certificamos a toda
forma y derecho a manera que haga fe para ante los servi
dores que la presente vieren : que nos consta que la plebe
de esta ciudad, ya sublevada, aclamó por uno de sus Capita
742 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
nes a don Joseph Javier Gallardo, quien sin embargo de ha
berlo rehusado y resistido por tres días continuos sufrien
do indecibles persecuciones, no hallando otro medio para
ver si escapaba, se retrajo al convento de San Francisco, de
donde fue obligado a salir y aceptar el nombramiento del
Capitán Luis Quirós, la que cercando la casa del expresado
Gallardo y cortándole las aguas para que no entrasen a ella
usando de otras muchas temeridades, llegó al extremo de
levantar horca en la plaza con el fin de cometer algún aten
tado grande si no admitía el empleo, amenazando también
a los demás sujetos condecorados, pues se hallaba resentida
dicha plebe con motivo de que el día antes se habían inter
ceptado por ella un poco de pólvora y balas que el Alcalde
de Cúcuta remitía al de esta ciudad, por haberla pedido
este Ilustre Cabildo antes de la sublevación para su de
fensa.
Asimismo nos consta que llegó a tánta la furia de la
indómita plebe, que intentaron derribar la casa si no se re-
cebía, para cuyo fin trajeron barras hasta la puerta de su
casa. Y en el acto de recebirla, manifestando usted tan
grande sentimiento prueba del horror con que aceptaba la
Capitanía, requirió a la plebe, apercibiéndola a la contención
de nuevos excesos, y sucesivamente ha concurrido solo a los
actos de quietud y tranquilidad manifestando su amor y
celo al servicio de ambas Majestades.
Todo lo cual, por ser así cierto y verdadero, lo certifi
camos y firmamos en esta referida ciudad los servidores que
se hallaron presentes en dicho día, mes y año, por sí y ante
sí, por enfermedad del Escribano, y mandamos se compul
se el testimonio que pide, y devuélvase a la parte, para los
efectos que le convengan.
(Firmados). Pe d r o Ag u s t ín d e Pe r a l t a —Jo a q u ín d e
Qu ir ó s —Mig u e l Je r ó n imo Vil l a miz a r —Fr a n c is c o d e Pa u -
l a Ca n a l .
Certifico yo fray Joseph Peláez, Presidente Guardián
del convento de Nuestro Padre Señor San Francisco, de la
ciudad de Pamplona, que en la sublevación de la plebe que
hubo en dicha ciudad el día 20 a 25 del mes de mayo del año
próximo pasado de 81, a fin de nombrar por Capitanes a los
sujetos más condecorados, habiendo proclamado por uno
de ellos a don Joseph Javier Gallardo, repugnando éste seme
jante nombramiento, hizo cuantos esfuerzos le fueron posi
bles para' exhibirse hasta venir a retraerse a este convento,
disfrazado, como a las nueve de la noche y conducido por el
doctor don Alonso de Uscátegui, para escudarle con ese res
pecto de cualquier insulto que le pudiera acaecer, pues
DOCUMENTOS 743
llegó a tanto extremo la conspiración, que sitiaron su casa
y levantaron horca, con el fin de cometer algún atentado si
no admitía el empleo ; lo que le obligó al siguiente día a sa
lir del sagrado y para sosegar la amotinada plebe admitir
dicho nombramiento, con indecible pena e incontenible
llanto, índice del horror con que lo aceptaba, lo que confir
mó después oponiéndose a los errados dictámenes del tu
multo con cuanto esfuerzo pudo y propendiendo a la pacifi
cación de las gentes y a que se guardase la fidelidad debida
a nuestro católico Monarca (que Dios guarde).
Todo lo cual por ser verdad, lo firmo a petición de di
cho don Joseph Javier Gallardo, en el relato contenido hoy 7
de agosto de 1782.
(Firmado). Fr a y Jo s e ph Pe l á e z
Clemente Robayo, Procurador del número y apodera
do de don Joseph Javier Gallardo, vecino déla ciudad de
Pamplona, en virtud de su poder que solemnemente presen
to, acepto y juro ante Vuestra Alteza permiso lo necesario y
como mejor proceda, parezco y digo : Que habiéndose di
fundido en la plebe de aquella ciudad los sediciosos intentos
que tuvieron principio en las villas de Socorro y San Gil,
quisieron mezclar en ellos a las primeras personas de la no
bleza, para que no sólo los comandaran y gobernaran sus
ideas, sino que también les sirvieran de sombra a los pro
yectos desesperados que maquinaban (sic), fueran sólo los
principales sujetos los que sufrieran el rigor de las penas,
y lo que es más temible, la indignación y desagrado de
Vuestra Alteza y los demás superiores, con este fin no ex
cusaron los medios más eficaces para conseguirlo, hasta lle
gar al extremo de usar de la violencia desengañados de que
no bastaban ofrecimientos ni fantásticas confianzas con que
atraían a los necios, los que siendo superficiales en su fideli
dad, fácilmente se adherían a su pecaminoso partido, preci
pitándoles a excesos abominables. Bien notorio es a Vuestra
Alteza el tumulto y fuerza increíble con que rompieron su
insolencia en todo aquel valle, haciendo execrables extorsio*
nes y manifestándose ser los que deseaban mostrarse más te
mibles hasta marchar en tropa contra la parroquia de San
José, nombrando en todos los lugares Capitanes y haciendo
las diligencias más activas para propagar sus intenciones.
En la referida ciudad de Pamplona, con particular estudio,
procuraron emplear a las personas que considerándolas aco
modadas y con obligaciones, procuraran con tesón la resis*
tencia, manteniendo el (sic) rebelión. Entre ellos eligieron
a don Joseph Javier Gallardo, que por ser de conocidas re
laciones, Nobleza (sic) y distinción, creyeron aseguraban su
744 BOLETÍN DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES
defensa, complicándolo en sus maldades: de lo que teniendo
noticia, y conociendo el peligro a que se exponía, procuró
los mejores arbitrios para redimirse, sin que por pretexto
alguno cedieran en su propuesta; de modo que hubo de dis
frazarse y acompañarse del doctor don Alonso de Uscátegui
para que su respeto los contuviera de cualquier insulto, re
trayéndose a las nueve de la noche al convento de San Fran-
cisco, para que así por el lugar, como por estar oculto, to
maron el partido de nombrar a otro; pero sin apartarse de
su primer pensamiento crecían más por instante sus rigo
res para obligarlo; y habiendo sitiado alrededor su casa
para no permitir comunicación alguna, resistían el que les
condujeran agua a los que estaban dentro, negándoles tam
bién el alimento para que o murieran de hambre y sed o
para que aceptara su nombramiento; haciendo, por otra
parte, la más escandalosa demostración, como fue levantar
horca en la plaza y mandando, sucesivamente, traer barras
para derribar la casa ; de manera que descubriendo sus re
soluciones sin admitir partido alguno de los diferentes que
les propuso su hermano, doctor don Antonio Gallardo, sa
cerdote, con el fin de contenerlos y que lo libertaran de
aquel cargo, hubo por consejo de los vecinos honrados, para
evitar mayores perjuicios y para sosegar por algún término
la insolente soberbia de aquellas gentes, de admitir dicha
Capitanía; pero sin poder ocultar el dolor que le causaba,
con las demostraciones de sentimientos propios de su honor
y conducta, heredados de sus padres y ascendientes, que
siempre se gloriaron de su fidelidad, hallando en los mismos-
peligros y riesgos de la vida el término de su anhelo de sa*
criticarla por su Monarca y acreditar con su sangre el ho
nor que los poseía, acompañado de imponderable amor ha
cia vuestra Real Persona.
Y así fue que no tuvo más ejercicio en la Capitanía que
requerir a aquella gente insolente apercibiéndola para la
quietud y sosiego, sin que nada hiciera si no fuera con el
respecto de destruir sus proyectos y conspirar a los actos
que puramente miraban al servicio de ambas Majestades,
como lo acreditan las certificaciones del Padre Guardián de
San Francisco y del Cabildo de la referida ciudad.
En tal virtud, no siendo justo que en ningún tiempo
las mayores congojas y aflicciones que entonces oprimieron
su ánimo, y que sólo la fuerza y violencia lo obligó a admi
tir, sean las que por distinto término le hagan padecer im
putaciones deshonrosas a él o a sus ascendientes diciéndose
que en alguna parte hubiera contribuido a la rebelión,
siendo aBÍ, que por el contrario, no excusó diligencia algu
na para la destrucción de tan monstruosa máquina de des
atinos; deseando hacerlo conocer de los que ahora viven y
DOCUMENTOS 74S
les han de suceder, ocurro a la justificación de Vuestra Al
teza, suplicando rendidamente se sirva declarar que en nada
faltó a las obligaciones de buen vasallo, y en nada le obsta a
su buena reputación y fidelidad el referido nombramiento,
por haber hecho antecedentemente los oficios que corres
pondían para acreditarlo sin reservar su misma vida para
por bien de la paz pública y del Reino y que para todo se li*
bre real provisión para resguardo de su derecho, y que sir
viendo de ejecutoria a su familia tengan instrumento con
que conste la verdad en justicia. Ella mediante, a Vuestra
Alteza pido y suplico se sirva declarar y mandar como
tengo pedido.
Juro no proceder de malicia y lo necesario, etc.
(Firmados). Doctor An d r é s Jo s e ph d e Ir ia r t e —Cl e -
m e t e Ro b a y o .
Proveyóse por los señores Virrey, Presidente Regente
y Oidores de la Audiencia y Chancillería Real N. M., en
Santafé a 26 de noviembre de 1782.
(Firmado). Ric a u r t e
M. P. S.
El Fiscal del Crimen dice: Que don Joseph Xavier Ga
llardo, por los documentos que ha presentado, hace constar
su lealtad y amor a Su Majestad, y que el admitir el cargo
de Capitán que le dieron los sublevados, fue sólo por las ex
traordinarias violencias con que se vio amenazada su vida,
casa y familia, acreditando, aun en medio de dicho mando,
su constante fidelidad, pues únicamente lo dirigió a conte
ner los excesos de aquellas gentes abandonadas. Y respecto
de que semejantes vasallos que a tanto riesgo han acrisola
do su lealtad, no deben tener la más leve nota por un he
cho en que sólo obró la violencia; y son acreedores a que se
les distinga y mantenga en el buen concepto de fidelidad a
su Monarca. Por tanto si Vuestra Alteza fuere servido po
drá deferir a la solicitud de don Joseph Xavier Gallardo o
resolverla como siempre lo más acertado.
Santafé, noviembre 28 de 1782.
(Firmado), Me r c h a n t e
Vistos : Declárase üo le obsta a la buena fama y opi
nión de don Joseph Xavier Gallardo el nombramiento de
Capitán que hizo en su persona la plebe amotinada de Pam
plona, en los términos que pide el señor Fiscal del Crimen
y líbrese para su rerguardo la Real Provisión correspon
diente.
(Hay tres rúbricas).
746 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Copia tomada en el Archivo Nacional (Colonia) de las
páginas 534 a 536 del tomo 21 de Empleados Públicos de
Santander.
5EPUbTURfl5 UlDIGEDflS
Pamplona, enero 23 de 1920
Al señor Secretario de la Academia de Historia—Bogotá.
Muy señor mío:
Para completar los datos comunicados a la Academia
sobre las antigüedades chitareras, le comunico los siguien*
tes datos:
Acabamos de descubrir un cementerio indígena en la
ciudad de Pamplona. Este cementerio está situado sobre la
colina oeste llamada Loma de la Cruz; es el tercero cono
cido en la ciudad y el único intacto todavía y de estudio
fácil.
Las sepulturas van distribuidas en líneas paralelas nor
te sur. Están cavadas en una pegmatita descompuesta que
forma la base de nuestro aptiense, con manchas negras, que
provienen de las pegmatitas descompuestas (turmalinas
descompuestas en hierro oligisto, formando a veces masas
compactas, negras y pesadas en unión con la galena) y con
cuarzo en masas semicristalizadas. El conjunto forma una
masa arcilloarenácea utilizada para las tapias, utilización
que permitió descubrir las sepulturas.
Las sepulturas han sido cavadas del modo siguiente: l9,
un pozo vertical de un metro cuadrado de abertura; 2.°, una
cueva horizontal, en la cual puede caber un cuerpo sentado,
y cerrada por una laja de arenisca colocada horizontalmente
{en la actualidad a 1 metro del sol, antes a 2 metros). Esta
laja tiene las siguientes dimensiones (con aproximación):
0m.80x0,50; ancho, Om.lO a Om.O5; galbo irregular. El
pozo vertical ha sido llenado con mezcla de tierra vegetal
y pegmatita descompuesta.
El cuerpo estaba sentado; dos cuerpos han sido halla
dos frente al Oeste (de estos cuerpos tenemos seis en pésimo
estado). Los huesos han sufrido una fosilización arcillosa, y
se hallan en la disposición siguiente: el cráneo con la co
lumna vertebral, las rodillas a la altura de las barbas, y el
pie a la altura del cóccix. Ninguna momificación.
SEPULTURAS INDÍGENAS 747
Al lado del cuerpo se encuentran:
1* Una olla en forma de semiesfera, con o sin asa, o con
fondo redondeado, cuello estrecho, con o sin asa, adornada
con puntos en el cuello, muy espesa, de tierra roja o negra,
nueva o ahumada, no contiene nada.
2. ° Restos de collares. Son róndelas que parecen tarsos
de pájaros, aserrados transversal mente; las hay de cuatro
tamaños: 1 centímetro y más, 5 milímetros, 3 o 4 milímetros.
El collar es uniforme con excepción de conchas intercaladas.
(Heliy sp?).
3. ° Una cal fina análoga a la cal que los tunebos mezclan
con sus hojas de coca.
No se hallan hachas; no siempre hay ollas; siempre hay
collar.
Los cráneos rotos llevan varias veces trazas de defor
mación artificial, que ha hecho desaparecer el surco inter
orbicular. La dentición es buena: las muelas planas y
gastadas, de modo que forman una superficie casi plana; los
huesos son pequeños y delicados; el prognatismo es pro
nunciado. Una reconstitución de estas sepulturas se ha co
locado en el Museo de Pamplona.
Tengo también el honor de comunicarle que en el Mu
seo poseemos una lápida que da desde el año de 1590 el
título de ciudad a Pamplona. La inscripción es la siguiente:
A. S. DEL CAPI
TAN AL° RAI
GELI DE SUS
HEREDEROS
VZ° Q FVE DE
STA CIVDAD!
MVRIO A* 17 DE
FEBRO DE
1590 AIOS
Reciba, señor el más atento saludo del que se suscribe
servidor y amigo,
Pe r e H. Ro c h e r e a u ,
Director del Museo de Pamplona.
P. S.—Los collares de nuestras sepulturas no son tarsos
de pájaros, sino conchas de mar redondeadas y agujerea-
ñas, quizás una moneda.
748 BOLETÍN DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES
EPIGRAFIA BOGOTADA
1581
42. CORTES DE MESA (ANDRES)
DECAPITATUS PRO CRIMINIBUS
El señor don José A. Plaza publicó en 1850 un pequeño
libro titulado El Oidor, en el cual refiere el suplicio de
Cortés de Mesa, y dice allí que Monzón «ordenó que al pie
del cadalso se fijase una gran piedra circular, en la cual se
inscribiese el nombre y empleo de) ajusticiado y a continua
ción estas palabras: Decapitatus -pro ciúniníbus. No se con
tentaba con una venganza momentánea; quería llevarla a
os siglos venideros.*
Esa piedra está enterrada en la plaza de Bolívar, y se
ría curioso sacarla y ver si en realidad tiene aquella ins
cripción.
El señor Plaza dice que «los principales lincamientos
de ese cuadro los ha tomado de un fárrago inédito, cuyo es
critor fue contemporáneo de aquella época.»
1629.
43. ARIAS DE UGARTE (HERNANDO)
t
JHS
En madera, sobre la puerta de Santa Clara. Probable
mente se puso en el año de 1629, en el cual fue inaugurado
este convento. Su fundador fue, como es conocido, el Arzo
bispo Arias de Ugarte.
1636.
44. GIL (SANTOS)
Esta casa es vivienda del patrón de las capellanías, me
morias y obras pía6 que dejó Santos Gil, año de 1636.
Piedra. Se hallaba en una casa frente a la Concepción;
fue trasladada luégo a una casa en la calle real donde hoy
se halla.
EPIGRAFÍA BOGOTANA 749
1689.
45. GOMEZ (GABRIEL)
1689.
Piedra. Sobre la puerta de la Capilla del Sagrario. El
fundador de esta iglesia fue, como es sabido, Gabriel Gómez
de Sandoval.
1775.
46. AROSTEGUI (JOAQUIN)
Hic Joachin de Arostegui, iacet, iacet sed non latet to-
tus, latet corpus, sed non opus orbis nam boc late patet.
Yste, et illa in hac arce sunt refugium pro innocentia om-
nespro sua clementia dicant. requies-cat in pace. Obijt
oct. Kal.Nov. Anno. Dom. MDCCLXXV etatsuaeAnno
Lxxvin.
En el presbiterio de la iglesia de la Enseñanza- Es el
epitafio del oidor Arostegui, fundador de este convento.
Está boy cubierto por el entablado, y no bemos podido ver
lo. Lo conocemos por un manuscrito en que se relátala
traslación de los restos de Arostegui y su esposa a dicha
iglesia, el cual existe en la Biblioteca Nacional. Se titula
Testimonio del Escribano del Rey. Notario Mayor de la Curia
Metropolitana y Secretario del actual Gobierno de su Arzobts-
fado José Rutz Bravo.
Traducción:
Aquí yace Joaquín de Arostegui, pero no íntegramen
te. Su cuerpo se oculta pero su obra brillante se manifiesta.
El y su esposa en esta ciudad fundaron asilo a la inocencia.
Elevemos - or tanta piedad nuestras oraciones por su eter
no descanso. Murió el 25 de octubre de 1775, de setenta y
ocho años de edad.
1783.
47. CAYCEDO (CLEMENCIA)
Hac sunt in fosa M. Clementiae Ossa, cessit e vita bo-
nis moribus insignita, prosovenda innocentia bañe domun
fecit Clementia Consortio Jochim struxit cumquo pactavit-
dum nupsit. D. María Clementia Cayceno. Obijt S* xt. Nom.
Oct. An. Dom. M. D. CCLXXIX. A etat LXXII Aun. Del
posita in Eccl. R. R P. P. Pr<» dic. et kustranst.oct. Kar.,
Oct. Aon. Dom. MDCCLXXXIII.
750 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Como el anterior en el presbiterio de la Enseñanza, y
lo conocemos también por el eecrito del mencionado no
tario.
La señora Caicedo dijo en su testamento otorgado el
28 de agosto de 1779:
<Es mi voluntad que cuando a Dios Nuestro Señor sea
servido llevarme de la presente vida a la eterna, mi cuerpo
sea amortajado con el hábito de mi seráfico Padre San
Francisco, de quien soy su hija tercera, y sepultado en la‘
bóveda de Nuestra Señora del Rosario, como hermana de
su cofradía, que es sita en la Iglesia de Santo Domingo.»
Y luego en un codicilojde 28 de septiembre de 1779:
<No obstante de dejar dispuesto en el citado mi testa
mento que mi cuerpo sea sepultado en la bóveda de la capi
lla de Nuestra Señora del Rosario del convento de Predica
dores de esta Corte, ruego y encargo al muy Reverendo Pa
dre Prior se sirva admitirlo tan solamente por vía de depó
sito en la referida bóveda hasta tanto que se coloque Nues
tro Amo y Señor Sacramentado en la Iglesia de Nuestra
Señora del Pilar e ingresen al convento las Religiosas de la
Enseñanza, que en este caso han de ser trasladados mis hue
sos y a la disposición del Ilustrísimo señor Arzobispo, como
Prelado, se hará el entierro de ellos para que se haga bien
en la dicha Iglesia de la Enseñanza por el alma del señor
doctor don Joaquín de Arostegui y Escoto y la mía, como
fundadores del monasterio y por las almas de nuestros deu- >
dos y parientes, por ser esta mi última voluntad.»
Pidió la priora de la Enseñanza María Magdalena Cay-
cedo la traslación en julio de 1783, y se verificó ésta el 4 de
septiembre del mismo año.
<Se hizo a mi presencia la respectiva colocación de los
dichos dos cajones con sus cuerpos en dos vacíos huecos
abiertos abajo el presbiterio y con separación cada uno, al
lado del Evangelio, ambos los cuales cajones contenían los
dos epitafios.»
Traducción:
En este sepulcro reposan los restos de María Clemencia,
quien dejó la vida adornada de suaves virtudes en pro de la
inocencia ; en asocio de su esposo ideó y llevó a término esta
fundación. María Clemencia Caycedo murió el 2 de octu
bre de 1779 a la edad de setenta y dos años. Depositadas
primeramente sus cenizas en la Iglesia de los RR. PP. de
la orden de los Predicadores, se trasladaron a este lugar
sagrado el 24 de septiembre de 1783.
«Entre los cuales huecos, agrega el Escribano, queda
EPIGRAFÍA BOGOTANA 751
ron. cubiertos con el suelo de la Iglesia: se colocó el escudo
délas armas correspondiente a la ilustre casa de los seño
res Caycedos, cuyo origen es el de la señora difunta.»
1783.
48 CABALLERO Y GONGORA (ANTONIO)
Anuo a creatione mundi. M. M. M. M. M. M. C. M.
L. XXXII. A fundatione Hispaniae M. M. M. M. X. X.
VII. A Nativitate D. N. J. C. M. DCC. LXXX. III. A ma-
nifestatione Americae C. C. XC. I. Ab hujus civitatis S.
Fidei stabilimento C. C. XXXX. V. Ecclesiam Dei guber-
nante SS. D. N. Pió VI. Pontificatus sui anno 9. Regnante
D. N. Carolo III. Hispaniarum. Indiarumque Rege Catho-
lico, Regiminis sui 24. Vices-Regis gerente in hoc Novo
Granatensi Regno Exmo. ac Illmo D. D. Antonio Cavallero
& Gongora, Pro Rege, & Archiepiscop, hujus Civitatis ac
Regni. Preside hujus, novi Hospitij, Titulo S. Joseph, R.
P. Fr. Joseph á Salsadella, assistentibus subditis, ac socijs
suis Missionarijs Apostolicis, decem, videlicet Sacerdoti-
bus, & quinqué Laicis, ex Hispania quinqué retro anuís
appulsis; Praesentibus D. D. Regente Joanne Francisco
Gutiérrez de Piñeres, & Judicibus Supremae Aulae, &
Chancellariae, Regiae : Item : utriusquetam Ecclesiasticae,
quam Secularis D. D. Capitularibus: Pretis itidem Reli-
gionum : ac universo'Pópulio
Die XIX Mensis Maji.
Supra laudatus Exmus. ac Illmus. D. D. Antonius Ca
vallero, & Gongora Pro-Rex & Archiep. &c.
HUNC PRIMARIUM LAPIDEM H JJUS TEMPLI
Benedixit, Locavit, ac Dicavit D. O. M. *
Et in honorem Divi Joseph Patriarchae, Sponsique
B. M. V.
Piedra. Al pie del altar mayor de la iglesia de los Ca
puchinos (hoy San José).
Esta inscripción fue impresa además en hoja volante,
y se creyó en un tiempo que era el impreso más antiguo de
esta ciudad. De ello hablamos en nuestro libro Bibliografía
Bogotana (página 35).
752 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
1790.
49. URICOECHEA (JUAN AGUSTIN)
SOY DE JAV 1790.
Letras de hierro, en un balcón de la primera Calle de
Florián. Hizo esta casa el señor Juan Agustín Uricoechea.
y fue propiedad de sus descendientes hasta el año de 1918,
1791.
50. MARTINEZ COMPAÑON (BALTASAR JAIME)
Año de la Encarnación del Señor, 1791; de la creación
del mundo, 6990; de la fundación de España, 4035; del des
cubrimiento de la América, 299; de la fundación de Santa
fé, 253; del Pontificado de Nuestro Smo. P. Pío vi, 17; del
Reynado de nuestro católico Monarca D. Carlos iv, 4; del
gobierno del Exmo. Sr. don Josef de Espeleta, 3; de mi tras
lación del Obispado deTruxillo del Perú a este Arzobispa
do de Santanfé, 3; de mi posesión y residencia en esta ciu
dad, 1; del ingreso de los RR. PP. Capuchinos de la Pro
vincia de Valencia en esta capital, 13; de la colocación de la
primera piedra de esta nueva Iglesia, 8: Yo Baltazar Jayme,
Arzobispo de Santafé, dediqué y consagré esta Iglesia a
Dios Nuestro Señor, en honor del Patriarca San Josef, y
coloqué en el Altar Mayor las sobredichas reliquias de los
Santos Fidele, Dilecto, Prospero, Bono y Defendiente.
Dice Herrán: «Terminada la fábrica del edificio, con
sagró la iglesia el señor don Baltasar Jaime Martínez Com
pañón, el domingo 9 de octubre de 1791, siendo Superior
del Hospicio el Padre fray José de Salsadella, de todo lo
cual, a más de extender las diligencias del caso, ante Escri
bano. se dispuso que se colocaran en una lápida, en lugar
visible y de fácil acceso al público, según reza el expediente
original, que tenemos a la vista. De esta segunda lápida,
cuya inscripción debía ser semejante ala anterior, según
el citado expediente, no hemos hallado rastro alguno.»
Tuvimos nosotros la fortuna de encontrarla en el Paj>el
Periódico* el cual publicó en sus números de octubre y no
viembre de 1791 una descripción de la consagración de
aquella iglesia. Pero la inscripción no fue puesta en lápida
sino en una arca donde se colocaron las reliquias. «Esta arca
del depósito, dice allí, es de madera; pero muy decente por
estar forrada de terciopelo, guarnecida de galón de oro,
tachonada con clavos del mismo color.»
E. Po s a d a
PATRIOTAS VENEZOLANOS 753
PflCRIOCflS VEDEZObfinOS
FUSILADOS EN NUEVA GRANADA
A don Manuel Segundo Sánchez.
Pe d r o Vil l a po l —Capitán. Fueron sus padres el Co
ronel don Manuel Villapol, natural de España, y doña Ma
ría del Carmen Rochel, quienes en 1803 hallábanse estable
cidos en la ciudad de Cumaná, donde nacieron sus hijos me"
ñores. De 1812 a 1814 combatió el Capitán Pedro Villapol
en Sorondo, Bárbula, Trincheras, Vigirima, Araure, Bar-
quisimeto, La Victoria y San Mateo, en cuyo campo finó
heroicamente su padre, al cual anduvo acompañando desde
los primeros días de lá guerra de emancipación. Pasó a
Nueva Granada después del tremendo desastre de Aragua
de Barcelona el 17 de agosto del último año susodicho, y
estando en la guarnición del pueblo de Nechí, fue el 20 de
octubre de 1815 sorprendido y hecho prisionero, junto con
otros Oficiales por el Capitán realista Vicente Sánchez
Lima. Remitido en seguida al Cuartel General fie Morillo
en la hacienda de Torrecilla, distante cuatro leguas de
Cartagena, pasáronle allí a poco tiempo por las armas, en
unión con los mismos Oficiales. ^Entonces—escribe el histo
riador don José Manuel Restrepo—principó Morillo esa ca
rrera de sangre en que habla de asemejarse a los monstruos que
en el siglo XVIdesolaron a la América.»
Pe d r o Ar íj v a l o —Apareció figurando en los sucesos
políticos de Caracas en 1808 con el Secretario de la Capita
nía General de Venezuela, don Pedro González Ortega. En
1810, unido al respetable patricio doctor don Juan Germán
Roscio, y como Capitán del Batallón de Pardos, apoyó la
formación de la Junta Suprema, constituida entonces en
dicha capital, y por los servicios que prestó para llevar a
cabo aquella evolución democrática, fue por la misma Jun"
ta nombrado Comandante del Batallón de Pardos de Ara
gua, con el sueldo fijo de $ 60 mensuales y el tratamiento
anexo a su empleo, y se le acordó una medalla de oro con
el busto de Fernando vn, así como también un escudo que
llevaba la inscripción de Virtud y Patriotismo. Decidióse
luégo por la Independencia, cuya declaratoria se efectuó el
5 de julio de 1811. Posteriormente se dirigió a Nueva Gra
nada: encontróse allí en algunas funciones de armas; y en
la acción del páramo de Cachiri, el 22 de febrero de 1816,
en la cual resultaron desbaratadas las fuerzas de la Repú*
blica, lo hicieron prisionero, y teniendo el grado de Coro
nel fue fusilado en Girón el día 18 del siguiente marzo.
XII—48
754 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Mig u e l Ca r a b a ñ o —Coronel. Nació en la ciudad de
Cumaná el 26 de marzo de 1786. Habiendo abrazado con
entusiasmo en Caracas el movimiento político del 19 de
abril de 1810, salió de dicha capital como Subteniente de
infantería en los Cuerpos que, a las órdenes del General
Francisco Miranda, practicaron ep 1811 el sitio de Valen*
cia. Volvió a Caracas, y en 1812 emprendió campaña con
tra las huestes invasoras de Monteverde: desde esa época
probó su valor y conocimientos militares, si con .éxito infe'
liz, en el combate de San Carlos, cuando la defección del
Comandante de Caballería del Pao, don Juan Montalvo, y
en los de Mariara, Valencia y Puerto Cabello; por haber
caído esta última plaza bajo el dominio realista, embarcóse
en Borburata con el Coronel Simón Bolívar en el bergantín
Celoso, llegó a La Guaira, figuró en la Junta que puso por
obra lo prisión de Miranda, abandonó a Venezuela para no
contarse entre las víctimas de Monteverde y sus secuases,
y arribó a Cartagena con su hermano Fernando Carabaño
y varios notables patriotas venezolanos; de allí condujo una
expedición de algunos buques de guerra y ciento cincuen
ta hombres a las bocas del río Sinú, con el objeto de tomar
el fuerte de Cispatá: a sangre y fuego lo expugnó con asom
brosa intrepidez, y no dio cuartel a ningún prisionero. En
1813 sucedió en la Comandancia del Bajo Magdalena al Co
ronel Pedro Labatut, después de haberlo depuesto él mis
mo por mandato del Gobierno de Cartagena. Trató de
apoderarse de Santa Marta en 1814; mas no pudo realizar
lo, a pesar de sus esfuerzos, porque destruyó el Capitán es*
pañol don Ignacio Larrús la escuadrilla republicana que
estaba situada en costas de la isla denominada Enmedto;
demasiados trabajos padeció el Coronel Miguel Carabaño
en tan estrecha coyuntura, pues careciendo de toda clase
de recursos, difícil en extremo le era conseguirlos; y como
de tamañas privaciones se atribuyese la causa al partido de
los hermanos Piñeros en Cartagena, concibió el audaz pro
yecto de penetrar con fuerza armada en la plaza de esta
ciudad, incitado secretamente a ello por el doctor Manuel
Rodríguez Torices, y disolver aquel partido acaso perjudi
cial entonces a los legítimos derechos de la República; pal
pando pronto lo irrealizable de su intento, retiróse hacia el
Magdalena, y fue preso en la parroquia de San Estanislao,
remitido a Cartagena y reemplazado luégo con el Coronel
Manuel Cortés Campomanes. Allí permaneció algún tiem
po; después, uniéndose con Bolívar casi a fines del postrer
año citado, continuó prestando con ardorosa dicisión sus
servicios a la revolución americana, hasta que, con moti
vo de lamentables disensiones entre Bolívar y el Brigadier
Manuel Castillo, se vio en la necesidad de embarcarse por
PATRIOTAS VENEZOLANOS 755
Caño de Basurto, en mayo de 1815, con el General Santiago
Marino, su consabido hermano y varios Oficiales de Vene
zuela, para la isla de Jamaica. En obediencia a planes de
Bolívar en Kingston, regresó no muy tarde de la expresa
da antilla, con su hermano, a combatir nuevamente contra
los dominadores del territorio neogranadino ; aportó a las
costas del Darién. y se proponía seguir en el corsario Fede
rico a Cartagena, cuando supo que la plaza de esta ciudad
había sido evacuada por las tropas independientes. En vis
ta de tal contratiempo, dirigióse en la lancha cañonera
Concepción al Chocó, por el río Atrato, en cuyas bocas
encalló la nave, y a pocos días cayeron ambos hermanos
prisioneros. Presto sucumbieron: el Coronel Miguel Cara-
baño fue el 9 de abril de 1816 fusilado en Ocaña: descuarti
zaron el cadáver y colocaron la cabeza dentro de una jaula
de hierro en la plaza mayor de esta ciudad. El Comandan
te Fernando Carabaño, nacido en la isla de Trinidad, falle
ció antes de la ejecución, y en Mompós, el 11 de marzo de
1816, despedazaron el cadáver, y la cabeza y los miembros
se pusieron en escarpias en los lugares más públicos, pata
escarmiento de los malvados, como decía Morillo. Estos dos
mártires de la Independencia eran hermanos carnales del
ilustre procer General Francisco Carabaño, cumanés, que
pereció alevosamente asesinado por implacables enemigos
políticos la tarde del sábado 19 de agosto de 1848, a inme
diaciones de Cariaco, antiguo San Felipe de Austria, hoy
Distrito Ribero del Estado Sucre (1).
Fr a n c is c o Ja v ie r Ga r c ía He v ia —Doctor, Goberna
dor de Cundinamarca. Nació en La Grita.Tenía entronques
en la nobleza de Asturias. Dotado de gran talento, estudió
con provecho y brillo en el Colegio de San Bartolomé de
Bogotá, donde fue fusilado el 6 de julio de 1816. Lo denun
ció como patriota su concuñado el español Salvador Balan-
zó y Pourjet, a quien colmaba de beneficios, que este dela
tor continuó recibiendo de la esposa del doctor García
Hevia, doña Juana Petronila Navas Serrano, a la cual con
fesó arrepentido su delito, momentos antes de expirar, en
1846.Sobrino del doctor García Hervía era el Capitán Juan
Nepomuceno Rincón, nacido también en La Grita, en mayo
de 1793, y que desde 1810 entró a servir a la Independen
cia: venció en Paya, Pantano de Vargas y Boyacá, y murió
en Bogotá en 1858.
—— — -
(1) En la Instrucción Pública, periódico de Cumaná, en el núme
ro 14, que fue el último correspondiente al 16 de diciembre de 1898,
hicimos publloar la partida de nacimiento del Coronel Miguel Cara-
baño. Don Ramón Azpurúa, en la biografía respectiva, dice que el
Coronel Miguel Carabaño nació en Trinidad, lo cual es pues
inexacto.
756 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Jo s é Es pa ñ a —Oficial. Hijo fue del célebre patriota
don José María España, que el 8 de mayo de 1799 sufrió en
Caracas la pena del último suplicio. En el mismo sitio en
que su padre había sido sacrificado, tremoló, el 14 de julio
de 1811, la bandera de la patria, al publicarse en ese día
con cívica solemnidad el Acta de Independencia. Con noble
decisión entró en la lid emancipadora. Pasó luégo a la cam
paña sobre el Magdalena, siguió para el Sur, concurrió a
varios combates, y en la Cuchilla del Tambo, donde salie
ron debeladas las huestes republicanas, cayó prisionero, y
el 8 de julio de 1816 lo fusilaron en Popayán.
An d r é s Lin a r e s —Teniente Coronel. Nació en 1780.
Poco después de la transformación-política emprendida en
Caracas el 19 de abril de 1810, empezó sus servicios este
defensor de la República. Huyendo de las persecuciones de
Monteverde, unióse en Nueva Granada, en 1813, con el Bri
gadier Simón Bolívar, y en Cúcuta, Horcones, Taguanes,
Vigirima, Bárbula, Trincheras y Araure peleó con ardi
miento. Acompañó en 1814 al General Rafael Urdaneta, y
se distinguió propugnando la plaza de Valencia por su
atrevida carga contraías tropas de Ceballos. Experimentó
la derrota'del Arao.y también la de Mucuchíes, y al frente
del batallón Barlovento, cuyo mando le confió Urdaneta,
se retiró a Nueva Granada, donde, en la acción de Ceja
Alta, punto fortificado entre las parroquias de Caucán y
Remedios, fue derrotado, hecho en breve prisionero y fusi
lado al fin en Bogotá el 3 de septiembre de 1816.
Fé l ix Pe l g r ó n —Capitán. Hijo legítimo de don Gui
llermo Pelgrón, patriota decidido que tomó parte en los
sucesos políticos de Caracas en 1810. Tras la derrota acia
ga de Aragua de Barcelona en 1814, apenas sin fuerzas sufi
cientes p?ra poder resistia Jas duras fatigas de la guerra,
se encaminó a Nueva Granada, y allí contendió luégo en
varias funciones de armas. En la acción de La Plata, el 10
de julio de 1816, en la cual fueron destruidas por completo
las tropas independientes, lo hicieron prisionero y lo fusila
ron en Santafé de Bogotá el 3 de septiembre del mismo
año, en la plaza de San Francisco. Sus hermanos Guillermo
y Ramón Pelgrón perecieron defendiendo en el campo de
batalla la causa de la patria, y su hermano José María Pel
grón salvóse milagrosamente de la cuchilla de los realistas.
Familia de servidores de la Independencia, dignos de per
durable y honorífico recuerdo. *
Ju a n Sa l ía s —Sargento Mayor. Asistió ala batalla de
Araure, a la de Carabobo y a otras acciones de guerra. No
desmayó jamás en sostener tremolante la enseña de la Re
pública: hecho prisionero, fue conducido a Pore, capital dé
Casanare, y allí lo fusilaron el 25 de octubre de 1816.
PATRIOTAS VENEZOLANOS 757
Aprovechemos esta oportunidad para hacer notar que,
según el General José Antonio Páez, en su autobiografía,
don Ramón Azpurúa en la biografía respectiva, y los apun
tes estadísticos del Estado Zamora, publicados en Caracas
en 1876, era venezolano y natural de la antigua Provincia
de Barinas el Coronel Francisco Olmedilla, que desde 1810
tomó las armas para establecer enVenezuela un régimen de
administración pública independiente, libre,y bajo el siste
ma federativo, y el cual, lo afirman Páez y Azpurúa, se
internó en los desiertos de la Provincia de Casanare, y allí
rindió la jornada de la existencia en las mayores miserias,
entre los indígenas salvajes. Respeto merecen sin duda las
autoridades citadas; mas en el Diccionario de los señores
Scarpetta. y Vergara consta que el Coronel Francisco
Olmedilla nació en 1780 en la ciudad de Pore, en donde lo
fusilaron el 25 de octubre de 1816. Su hijo, el Teniente Co
ronel Francisco Olmedilla, triunfó en Queseras del Medio,
Carabobo y Puerto Cabello.
Además de los ya mencionados, no pocos patriotas
venezolanos, cuyo nqmbre no hemos logrado descubrir en el
arca preciosa en que se guardan los recuerdos de la cruen*
ta y larga lucha contra el poder español, figurarían en el
conjunto eximio y venerando de víctimas sacrificadas en
Nueva Granada por orden de don Pablo Morillo, don Pas
cual Enrile y otros Jefes realistas que dejaron en nuestros
fastos memoria ingrata y lamentable. «Desaparecieron en
tonces—dice el doctor Felipe Larrazábal—ante la fiereza del
tirano, los más distinguidos patriotas ; los más bravos milita
res; los más grandes propietarios ; los más ricos comercian
tes ; los sabios, los hombres más prominentes de Nueva Gra
nada.* Según el historiador chileno don Diego Barros Arana,
era hijo Morillo de padres pobres y oscuros; nació en la pe-
queñaaldea de Fuentes Secas, jurisdicción de Toro, el5 de
mayo de 1778, y falleció en Francia, en los baños de Bareges,
en 1837, a los cincuenta y nueve años de edad. En cuanto a
Enrile, asientan Restrepo, Larrazábal y otros historiógra
fos que era americano, nacido en la isla de Cuba; pero en
el tomo sexto de la Enciclopedia publicada por don Fran
cisco de P. Mellado, en Madrid en 1851, página 400, apa
rece que el Mariscal de Campo don Pascual Enrile, en 1830
Gobernador de Filipinas, era natural de Cádiz, Morillo y
Enrile estuvieron en Cumaná en 1815.
Jo s é Sil v e r io Go n z á l e z Va r e l a
7f& BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ALGUNOS AVISOS, USOS, VISTAS Y VARIAS COSTUMBRES DE LAS
NACIONES DE INDIOS EN LOS DOS RÍOS DE CAQUETÁY PUTUMA-
YO, ETC. Y PRIMERO DE LOS ANDAQUÍES
(Del archivo histórico de Diego Mendoza).
Esta nación, que es la más civilizada, ya por estar en el
pueblo de La Ceja (escala de la Misión), ya por la comunica
ción y trato con la gente blanca como inmediatos los ha
hecho en algún modo olvidar, aunque no del todo, su anti
gua barbarie: pues acostumbran que cuando hace algún
tiempo que no se han visto y se encuentran, su modo de sa
ludarse es una palestra con sus macanas, con tal pujanza, que
con el talón llegan a hacer hoyo en la tierra para resistir
que el otro no se lo lleve por delante, y en esta pugna están
hablándose en su idioma, jactándose de sus fuerzas. Usan
también pinturas, y son dados a la embriaguez.
COREGUAJES
Son totalmente mudables y estólidos, y entre otras bar
baridades la peor a mi ver es la que usan con los difuntos,
aunque sea el padre al hijo, el marido a la mujer: que luego
que expiran los queman, y deshaciendo los huesos, se los
beben en chicha. Para este efecto se pintan ferozmente, se
arman de sus plumajes, de que usan para algunas fiestas; y
ha sucedido-que cuando ha estado el misionero, no pudien*
do lograr quemar el difunto luego que muere, han desen
terrado de la iglesia los cuerpos para el efecto, cosa tah dis*
forme, que parecerá increíble a alguno; pero es tan cierto,
que a no haber sucedido en mi tiempo, y haber sabido que
otro misionero (que aún vive) hizo un ejemplar castigo, co
menzando desde el Capitán. Tienen estos indios la prerro
gativa de no emborracharse, porque nunca toman sus chi
chas fuertes, sino acabadas de hacer, que más son coladas
que chichas; porque las usan muy espesas. Se agujerean
las narices para meterse algunos palitos con chaquiros; lo
mismo las orejas, con tan grande agujero como un real de
a dos, y se meten un palo redondo. Es tan funestísimo su
llanto en la muerte de alguno, siendo de su nación, aunque
no sea pariente, que obliga a taparse los oídos con algazara
tan descompuesta, que para mostrar su sentimiento dejan
todos su cabello desgreñado sin limpiarse el humor de las
narices, y llenos todos de asquerosas salivas, sin siquiera
limpiarse, ni aun permitirlo, no echando ni una lágrima.
Su matrimonio es teniendo por mujer la que le puso el plato
de comida o le dio algún mate de chicha.
COMISIÓN A DON JUAN DE CASTRO 759
GUASQUES, POR OTRO NOMBRE MORCIÉLAGOS
Son los indios mejores que pueblan nuestras Misiones
en su lealtad, habiendo sido muchas ocasiones el resguardo
délos misioneros. Son el azote y temor de las otras- nacio
nes, por su marcial furor y su más destreza en el arco; muy
ágiles, para las cacerías, y de vivo ingenio, que ni aun en el
color>demuestran ser indios, porque son amestizados y bien
plantados. Son los únicos que comen’carne humana, cazando
alas demás naciones para su mantención; gustándoles más
la humana carne que cualquiera otra, y dan la razón que
porque tienen los hombres harta manteca; los que tienen
para comer cogidos en sus guerras llaman quitoto, que quie-
re decir esclavo. Nosotros logramos rescatar algunos de.
estos miserables, por una hacha o machete, librándolos que
gean pasto’de su vientre. No arman en la muerte algazara
ni bulla, sino que cantan paso y con tristeza. Lo peor de
eBtos es suma borrachera en que se tiran a matar.
ENCABELLADOS
Son traidores y muy holgazanes, borrachos, y miran
con suma desconfianza y desamor a los misioneros; toscos
en sus trabajos; dados al hurto y mezquinos. En estos en
cabellados entran las naciones de los mamos, aputinollos y
otros: hablan la misma lengua, y se diferencian en varias
cosas de usos, estilos, etc.
MACAGUAJES
Hablan regañando. No andan desnudos, sino que usan
mucho de la jlamaguagua o carapacha, que es cáscara de
un palo, la que queda muy blanca,, y forman una especie de
capisayos, que quedan muy decentes, que aun para la Sa
bana, y gente de trabajo fuera muy útil, particularmente
para los pobres.
Nótese que por no poder reducir por la estrechez del
tiempo y apretura con que se me pide este corto diseño de
las costumbres de los indios aqüí nombrados, no van pues
tas muchas cosas. Con el tiempo, según se proporcionare,
se, hará un extracto muy compendioso, agregando otras na
ciones, que por no conocerlas no las pongo aquí.
INSTRUCCIÓN FORMADA POR EL SUPERIOR GOBIERNO PARA EL
DESEMPEÑO DE LA COMISIÓN DADA A DON JUAN DE CASTRO.
(Del archivo histórico de Diego Mendoza)
El objeto principal de esta comisión se dirige al reco
nocimiento de la mina de las amatistas de Timaná, y el be
760 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
neficio de la canela de los Andaquíes, sin olvidar los demás
encargos separados, que podrán verificarse al mismo tiempo.
Habiendo llegado a la mina de las amatistas, reconoce
rá personalmente las exterioridades del cerro; las especies
de piedras esparcidas en la superficie, y la naturaleza de
las tierras. La boca del socavón o zanja donde se hallan las
amatistas, se limpiará reconociendo con prolijidad las pie*
dras pequeñas que van envueltas en los desmontes. Se ave
riguará si es veta amontonada, o veta en cajón la que con
tiene otros cristales. Se escogerán las más moradas o de
mayor tamaño, y si hubiere alguna de magnitud extraordi
naria, se apartará para conducirla por separado.
Tratará con el doctor Méndez, Cura y Vicario del
Pital. sobre el beneficio de la canela, animando a dicho Cura
para que por sí mismo haga las experiencias en el árbol de
su casa, según la instrucción verbal y escrita que lleva, y
comunicará reservadamente al mismo Cura. Mientras se
hacen las experiencias en árbol del Pital (que todas se veri
fican en el tiempo de una lunación), las hará el comisionado
en tres o cuatro árboles de la canela de los Andaquíes.
En los tres días de la primera entrada a los Andaquíes,
para sangrar los árboles dichos, recogerá las cortezas de las
ramas de la canela silvestre, secándolas y acomodándolas
para sacarlas al Pital, donde acabarán de secarse, y bien
acondicionada se colocará en un cajón.
En el mismo tiempo se hará la colección de dos o tres
arrobas de hojas de los mismos árboles y una porción de los
sombrerillos o cálices, que vulgarmente llaman la flor de la
canela. Si en la estación hubiere frutas, que son como unas
aceitunas, se tomarán y. secarán, para remitirlas por se
parado.
Cuidará de formar una docena de esqueletos o plantas
secas, cortadas las ramas tiernas con sus flores (si las hubie
re), secándolas al sol entre papeles de estraza, según lo he
visto ya prácticamente, y gobernándose por la instrucción
impresa que acompaña a ésta.
Concluida esta primera operación saldrá al Pital para
tratar con don Clemente de Osorio y el mencionado Cura
sobre el reconocimiento de las minas de plata, según las
noticias contenidas en la relación hecha por el doctor Mén
dez, cuya copialacompaña también a esta instrucción, todos
los esfuerzos y diligencias que se practicaren sobre este
asuuto serán mirados como servicios de especial mérito. Y
si se logra el descubrimiento de algunrs vetas, se sacarán
cuatro o seis arrobas de piedra metálica.
Evacuada esta diligencia, y llegado el tiempo del men-
guante, al fin de la luna, entrará segunda vez a los Anda
quíes para reconocer los árboles sangrados, se recocerá la
COMISIÓN A DON JUAN DE CASTRO 761
goma o resilla que hubiere destilado el árbol en todas las
sangrías. Le sacarán las cañas de la canela así beneficiada,
y secándolas,con el mayor cuidado, se encajonarán por se»
parado. Sera muy oportuno recoger hojas y sombrerillos
de estos árboles beneficiados, que vendrán también por se
parado.
En ésta o en la primera entrada se informará de todas
las partes de aquellas montañas si hay en abundancia los
árboles de canela, y de cuanto pueda servir de luz para co
nocer si será practicable este beneficio en el suelo de su na
cimiento y, finalmente, si habrá proporciones para propa-
pagar la siembra de dichos árboles en otros terrenos seme
jantes y más accesibles, fuéra de los Andaquíes.
En todos los lugares de su tránsito se irá informando de
cuantas producciones útiles y curiosas puedan hallarse per
tenecientes a cualesquiera animal, vegetal y mineral.
En el reino animal podrán hallarse algunos cuadrúpe
dos, aveso insectos, que por singulares deban remitirse al
Real Gabinete. Para gobierno del comisionado se le remiti
rá desde Santafé otra instrucción circular impresa sobre
tales asuntos.
En las entradas a los Andaquíes reconocerá la cera
blanca de aquellas abejas. Cuidará de poner dos o tres do
cenas de dichas abejas en un frasquito de cristal que llevará
para el intento lleno de aguardiente, donde se conservarán
muertas en estado de ser examinadas. Igualmente llenará
otro frasquito de su miel, y recogerá un poco de la cera, sin
hacerla pasar por beneficio alguno. Importa saber si hay
abundancia de estas abejas y si podrán ser sacadas en col
menas a otro territorio semejante.
Si descubriere algunas maderas especiales por su color
o solidez, hará trocitos de una vara de largo y una cuarta
de grueso, tomadas del corazón del tronco del árbol, una
sola de cada especie.
Pondrá especial cuidado en recoger todas las resinas,
gomas y bálsamos con noticia de los palos que las produz
can y lugar donde se'hallan.
Cualesquiera piedras que presenten alguna especiali
dad por su figura o color, merecen ser examinadas todas las
metálicas, de cualquier especie de metal, o sacadas de in
tento de algunas vetas que se hallen al paso o en manos de
algunos curiosos con noticia de donde salieron, deben ser
preferidas.
Merecen ser recogidas todas las especies de conchas y
caracoles que se descubrieren en los caminos o en manos de
las personas que adornan sus nacimientos u oratorios con
tales curiosidades.
762 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Todas las minas de aceite de piedra llamadas mena
será# personalmente reconocidas; informándose de la abun
dancia y calidad, se remitirán algunas porciones de cada
mina.
Llevará un diario exacto en que vaya escribiendo todo
para no fiar a la memoria los descubrimientos del viajero.
Informará cada mes al Superior Gobierno del Estado de su
comisión, de los progresos que vaya haciendo, proponiendo
igualmente cualesquiera dudas o dificultades para desvane
cerlas en tiempo y no malogren el uso de los asuntos de su
comisión. Queda esperanzado este' Superior Gobierno de la
eficacia y actividad con que el comisionado corresponderá
dignamente a-los informes que acreditaron la elección de su
persona.
Valle de Guaduas, a 18 de septiembre de 1783.
Es copia.
Ca s a ma y o r
RELACIÓN DEL VIAJE QUE HIZO DON FRANCISCO ARMERO PARA
EVACUAR LA COMISIÓN DADA POR EL SEÑOR ARZOBISPO VIRREY,
DIRIGIDA A SOLICITAR LOS ÁRBOLES DE CANELA EN EL MONTE
DEL BEC
(Del archivo histórico de Diego Mendoza).
El 28 de noviembre de 1783 salí de la ciudad de Mari
quita, en cumplimiento de superior orden del Excelentísi
mo señor Virrey, a mí conferido el 15 del anterior mes de
octubre, a fin de reconocer los árboles que llaman de cane
la, que habían informado a Su Excelencia se hallaban en el
monte del Bec. Y sabiendo lo poco que se transita dicho ca
mino hace mucho tiempo con cargas, y habiéndome infor
mado del estado en que se hallaría, me dieron noticia que
estaba cerrado e impedido para cargas. Por lo que para po4
der pasar con mi preciso equipaje, despaché por delante
dos hombres, llamados Josef y Santiago Usme, para que con
hacha y machete, de que iban proveídos, fuesen abriendo
dicho camino, y con todo, en muchas partes tuve que espe
rar, y que trabajar para pasar lo que llevaba a hombros de
los hombres que me acompañaban, y andar grandes trechos
a pie, por ser imposible hacerlo a caballo.
El 14 de diciembre, desde el alto que llaman de Cabri
llas, cercanías del páramo, principié a encontrar los tales
árboles que llaman canelos, según me dijeron Juan Rodrí
guez, Martín Díaz y Josef Usme, que conocían dichos árbo
les y llevaba conmigo. Desde la falda que sale a la puentezue-
la del páramo hasta la otra ceja de dicho páramo,* fui ha
llando con bastante abundancia mayor número de dichos
NOTICIAS ACERCA DEL MAR DEL SUR 763
árboles, y en la ladera del medio del páramo, que es el lu
gar que don Josef Eusebio Ramos, en la instrucción que me
dio, dice se hallan con más abundancia, encontré, con efec
to, muchos, y hallé estaban en flor, busqué su fruti con mu
cho cuidado, y no le hallé, por la razón dicha de estar en flor.
De los árboles más frondosos y corpulentos cogí flor y
hojas, que sequé y acondicioné, como se me previene en la
instrucción, y traje y presenté con éste. Hice derribar uno
de dichos árboles, cuyo tronco tenía diez palmos de circun
ferencia, del que saqué la corteza como se manda, y dos
trocitos de tres cuartas de largo y una de ancho, que asi
mismo conduzco para entregar. En lo alto del páramo, que
advierto no ser muy frío, se hallan pocos de dichos árboles,
y en todo lo bajo y cañadas que miran a dicho páramo los
hay con abundancia.
Asimismo noté que la hoja de los árboles pequeños es
mayor que la de los árboles grandes. Y así las que traigo
pequeñas son del árbol de donde saqué los trocitos.'Del
mismo modo las cañas gruesas son la corteza de dicho árbol;
y las hojas grandes y las cañas o cortezas delgadas, son de
árboles pequeños. En cuyo reconocimiento me mantuve en
dicho páramo desde el 4 hasta el 8, que salí de dicho paraje
para Mariquita. Y aunque solicité mucho el lacre o goma
que dicho Ramos cita en su instrucción haber visto en dicho
camino, no lo encontré, sin embargo de que ala entrada
hice picar y dar varios cortes a diferentes árboles, y a la
vuelta los reconocí, y no hallé dicha goma, ni pude adquirir
noticia entre los hombres que llevé como vaquianos y prác
ticos de dicho camino.
NOTICIAS ACERCA DEL MAR DEL SUR Y COSTAS DEL CHOCÓ,
PROVINCIAS NOVITA Y CITARÁ Y OTRAS
(Del archivo histórico de Diego Mendoza).
Por la Provincia de Nóvita baja un río llamado Tama
ña, y por la de Citará baja otro que llaman Juan; éstos se
unen antes de entrar en el mar, que entrándose llama boca
de Chinanvirá, la una y la otra (como que entran en dos
bocas), llaman Togonomá, de ella, para el Norte, hay boca
nas como sigue:
Río de Dotenedó.
Río de Docampadó.
Río de Ervinú.
Río de Baudó.
Río de Vindó.
Río de Geya. z
Sigue el Cabo, de corrientes temido, según los náuticos
(y en verdad con razón).
764 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Río de Anusy.
Río de Turiviodá.
Síguese la playa del Coco, que encierra en su-orden na
tural ríos y cosas dignas de admiración, pues tiene mucha
perla, fácil de bucear; tiene caracol de teñon, tanto, que no
se dice, lo podrá haber en otra costa. Tiene sus campos
amenos y surtidos de cocos, en palmas y arboledas, que
equivocándose con aquel reino de la paz, que escribe Ulises.
Provoca a los que llegan allí (que no se sabe de otro que de
un religioso agustino descalzo, llamado fray Josef Eusebio de
San Francisco, quien entró con tres embarcaciones media
nas en el año de 85, a quien y de quien podrán tomar razón
más extensa en el día.
Hay, según dicho religioso, mucho peje onabo, que pue
de impedir la bucería de perlas (pero no siempre). Hay
mucha tortuga de carey por los meses de junio, julio,
agosto, y no más; pero como sepan contrastarla, se coge mu
cho carey de calidad apreciable.
Hay una corteza de palo, que allí llaman damagua, que
sirve de camas a la gente rústica.
Río de Guaguaquí, éste está en la jurisdicción de la ciu
dad de La Palma; déntrase para él por la parroquia de Ca-
parrapí; saliendo de dicha parroquia, al principio del día,
caminando regularmente, se puede llegar al alto que llaman
de Valientes, y de allí, en otro día, se llega al río de Naso-
pay. Júntase con río Negro, cuyo cañón sigue hasta dicho
río de Guaguaquí, en el cual es cierto hay oro de buenas
leyes, que se ha sacado en varias ocasiones por mano de
hombres, no prácticos en este oficio; hay muchas oosas, muy
diversas, y aun preciosas, como son animales terrestres,
aves y mónitas, y demás materias, que se han visto, hasta
hoy, y se pueden hallar, con la solicitud de hombres prác
ticos y filósofos. Es tierra muy enfermosa de su naturaleza,
acontecen en el distrito de dicho río muchas tempestades
repetidas, hay riesgos grandes por la abundancia de fieras
que hay en estas montañas, como son tigres, leones barci
nos, osos y otra clase de puercos, que llaman cariblancos;
muchas víboras y demás sabandijas ponzoñosas. Son estos
desiertos muy retirados para los que entran a ellos, pero
muy ricos por sus minerales; pues hasta esmeraldas (dicen)
hay en un alto que está sobre dicho río, a la parte del nor
te, el cual se llama Pizarrá, en el cual hay una salina muy
cuantiosa, y también siguiendo en derechura, por otro río,
que nace de dicho alto, que se llama el río de Minero, se
dice está una laguna, que se llama Palagua, en la cual hay,
según noticias, mucho oro; pero esta laguna está cercada de
indios bravos. Volviendo a dicho río de Guaguaquí, y tran
sitando por la parte de su origen un cerro, llamado El Ban
CONVERSANDO CON UNA AMIGA DE BOLÍVAR 765
co, hay una buena mina de cristales muy hermosos y en
abundancia, ahora cayendo por una quebrada que sehama
de Parriparri, la cual su terreno es de lajas, y hay allí de
unas tierras o materias de diferentes colores, como son azul,
amarillo, morado, colorado y otro color entre verde y blan
co. Hay en estas montañas muchos cacaguales, de la nutu-
raleza de la tierra, y otros diversos árboles y frutas, no co
munes ni vistas en otras montañas; y en dicho río de Gua
guaquí hay abundancia de peces, caimanes y otros anima
les poco vistos; tiene riberas muy extendidas. Nace este río
del mismo alto de Pizarrá, y en todo él hay (como se ha
dicho) mucho oro, y en algunas partes con mayor abundan
cia, según se ha experimentado por algunos aficionados que
han entrado a él. Es cuanto se puede explicar cierto y fijo,
fuéra de otras cosas no especuladas.
CÓñVERSflnDO
CON UNA AMIGA DE BOLIVAR
Una anciana dé ciento quince años habla de la guerra magna—Irre
futable testimorio sobre el sacrificio de Ricaurte—Recuerdos de
San Mateo—La vuelta del Libertador.
Desde hace ya algunos años sabíamos de la longevidad
de la señora María Galo Coello, por referencia de varias
personas muy ancianas de esta ciudad. Así es que ya para el
centenario de la gran batalla de La Victoria, cinco años
atrás, nos proponíamos hacerle una visita a la señora Coello,
para obtener de ella datos con relación a nuestra Gesta
Magna; pero fue pasando el tiempo, y ya dábamos al olvido
esta idea cuando hoy. 105° aniversario de la referida batalla,
se nos ocurrió ir de visita cerca de la anciana señora, hacer
le tomar una fotografía e intérviewarla; y vaya esto a ma
nera de labor patriótica.
La señora Coello está todavía fuerte; camina la casa
toda, eso sí tanteando, porque según nos dice, de dos años
a esta parte ha venido acortándosele la vista. Hay que
hablarle fuertemente y próximo al oído; pero, por lo demás,
posee todas sus facultades; tiene una salud admirable, mag
nífica digestión, buen sueño, una memoria prodigiosa, buen
apetito, andar derecho, su cutis está como si fuera la de una
persona que no llegara a los ochenta años; reza sus oraciones
conversa largamente con su familia, y ha visto pasar años
tras años en la gran pasividad de su vida, pues nunca sale a
la calle, a tal punto que casi no es conocida en esta ciudad.
766 BOLETÍN DE HISTORIA y ANTIGÜEDADES
Fuimos presentados por su señora hija; nos recibió
muy cordialmente, llevando a complacencia la proposición
que le hicimos de hacerle retratar, y contestándonos con
mucha amabilidad todas las preguntas que le hicimos.
................ ?
—¿Mi edad? No recuerdo el año preciso que nací, pero
para el año 14, antes de la batalla de San Mateo, tenía yo
de diez a once años; lo recuerdo muy bien, porque estaba,
mos en la escuela; era ya de las más adelantadlas; ya leía-
escribía y adelantaba en el bordado.
—¿................ ?
—Nosotros vivíamos en San Mateo, y mi abuelo era
dueño de «La Curia,» hacienda que limita con «El Ingenio,»
que era de los Bolívar, por eso conocí a don Simón Bolívar,
quien visitaba mi casa, era amigo de mi abuelo paterno,
y hasta llevó a cristianar una chica de mi familia. Tenía
mos casa en «Turmero,» y ahí nos fuimos cuando el sitio
enSan Mateo, junto con muchas otras familias. Soy oriun
da de Turmero, pero ya tengo más de ochenta años en
La Victoria, donde también teníamos varias casas.
—¿....... f.. .. ?
—Después de la batalla, se volvió mi familia a San Ma
teo, y mucho se comentaba lo que usted me pregunta, es
decir, la acción de Ricaurte, que fue el que dio fuego al
parque en la casa de «El Ingenio,» y tánto impresionó esto,
que el pueblo decía entonces que Ricaurte había volado con
un paraguas de varillas mágicas, pasando por. las filas de los
enemigos, quienes le hacían fuego en vano.
—¿................ ?
—Recuerdo cuando Bolívar le dio libertad a sus escla
vos; aquello fue un día de juicio. Mi abuelo tenía más de
sesenta esclavos, la hacienda «Urica» era suya y la sembra
ba de añil. Como le he dicho, era don Simón amigo de mi
abuelo paterno, señor Francisco Coello, isleño. Fue aquél
quien le aconsejó a mi abuelo, a mi padre,' a mi abuelo
materno, que se fueran, diciéhdoles: «Váyanse antes que
cierren puertas y caminos,» pues ha de saber que entonces
«no querían a los extranjeros,» y ellos lo eran. Mi abuelo
don Francisco se fue para Puerto Rico, días antes de la
batalla de San Mateo, y a mi otro abuelo y a mi padre, que
se quedaron, los mataron días después de la batalla, en «Tur-
mero.» Mi-padre estaba sentado en el corral de mi casa, y
por encima de la pared le dieron una descarga, reventaron
la puerta, entraron y se llevaron el cadáver, del que más
nada supimos.... A mi abuelo lo fusilaron en el sitio qué
llaman «El Baño.»
—¿.. ....... ..?
—Sí vi la casa de «El Ingenio» después que Ricaurte
CONVERSANDO CON UNA AMIGA DE BOLÍVAR 767
quemó los pertrechos. La parte atrás quedó en ruinas, y las
paredes quedaron ensangrentadas; tanto en esta casa como
en otra más abajo, que estaba junto al camino real, y como
era mucha la sangre, misiá María Antonia, hermana de
don Simón, tuvo que mandar a raspar el encalado y quitar
gran parte del enladrillado.
-¿................. ?
—Conocí a varios de los Bolívar, pero más fue misiá
María Antonia, y recuerdo haberle visto con todos sus es
clavos en la iglesia de San Mateo, pues ella misma los lleva
ba a misa, en dos filas, hombres y mujeres.
—De Puerto Rico mi abuelo me mandó a buscar, el
mismo año 14, cuando supo la muerte de mi padre. Allí
estuvimos, pero como nuestras posesiones de aquí estaban
abandonadas, él nos mandó para acá: tres años después ya
estaban mandando de nuevo los españoles; había calma. Mi
abuelo regresó después del indulto que dieron los patrio
tas, y murió muchos años después en El Consejo.
—¿............. ?
—A don Simón le volví a ver cuando subió para Cara
cas, que venía de la Nueva Granada.En «Turmero* se le dio
una gran fiesta, y él entró por el paso del río. Nosotros nos
vestimos con telas y sombreros que desde Puerto Rico nos
envió mi abuelo, para este recibimiento. (Aquí la buena
señora enumera, todavía con cierta coquetería, los vistosos
trajes y adornos con que se cubrieron, precisando colores,
calidad de tela, etc.). Mi parienta Juanita Coello y otras
señoritas más fueron las que le ofrendaron a Bolívar la coro
na, y a Páez, palmas. Este acto lo presencié yo.
—Don Simón tenía muy buenas facciones, más bien
atrigueñado que blanco, más bien pequeño y delgado, de
carácter audaz y muy activo.
—¿.............?
—De Miranda, de Rivas, no hago un buen recuerdo; sí
los conocí, pero no recuerdo precisar nada de ellos; tampo
co de la batalla de La Victoria, pues esto era un continuo
pelear por dondequiera, de Caracas a Valencia, y por los
Llanos. Cuando la batalla de La Victoria, estábamos en
San Mateo. Recuerdo cuando nos dijeron en esos días, que
aquí en La Victoria, habían fusilado a dos sacerdotes.
¿Serían los fusilados por Antonio Nicolás Briceño?
Le hicimos otras varias preguntas de menor importan
cia a la respetable anciana, todas tendientes a acreditar la
justeza de su edad, y por todas ellas vinimos ala misma con
clusión de que su nacimiento fue en el primer lustro del
siglo xix, es decir, que tiene ciento diez y seis añote de edad,
pues nació de 1803 a 1804.
768 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Para un espíritu superficial quizá no digan nada estas
palabras de una anciana completamente ignorada; pero si la
historia tiene en la tradición un importante factor, mayor
lo tiene en la propia confesión del testigo, del narrador, es
decir, de la misma persona vuelta historia, y como en las
palabras de esta anciana está el sello de la austeridad, la
sinceridad y la veracidad, tienen un valor histórico muy im
portante, mayormente entre nosotros, toda vez que nuestra
historia se va escribiendo a retazos y poco, o niuy poco sabe
mos narrado por los verdaderos actores de los propios suce*
sos o por testigos irrecusables.
De aquí que tenga para nosotros mucha importancia lo
que la señora Coello nos dice de Ricaurte; ya que se ha que
rido negar el sublime hecho, precisamente porque fue ella
vecina de San Mateo a raíz del glorioso suceso. >
Estas ligeras disgresiones nos las ha sugerido la amena
charla con la viejecita centenaria, reliquia histórica, que
en medio de una pobreza suma y rodeada de su hija, nietos,
biznietos y tataranietos, espera con serenidad y valor que el
soplo de la muerte apague la llama de esa dilatada vida, que
esplendió en días de gloria para la patria, y cierre aquellos
ojos que tuvieron la dicha de contemplar a aquel varón
epómimo que, hombreándose a través de los siglos, deja atrás
la talla de un Napoleón o de un César, de un Alejandro o
de un Aníbal.
Ca r l o s Bl a n c k
(Tomado de La Piensa de Caracas).
ERRATAS
En ja biografía de don-Buenaventura Ahumada, por
don José María Restrepo Sáenz (página 173, numeró Í35),
se incurrió en un error de imprenta, consistente en inver
sión d.e cifras en la fecha del nacimiento: éste fue en 1786
y no en 1768.
En el número anterior del Bo l e t ín (página 700) faltaron al
final del segundo párrafo de Apostillas, estas palabras: del nor
te, asi como ésta lo fue respecto de la de los pueblos antiguos y
modernos.