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Bha 139

El documento presenta una investigación histórica sobre Francisco de Miranda, precursor de la independencia suramericana, basada en documentos inéditos del Archivo General de Indias. Se describe la interacción de Miranda con el Gobierno inglés y su búsqueda de apoyo para la emancipación de las colonias españolas en América, así como las dificultades que enfrentó, incluyendo la desconfianza hacia sus colaboradores. A pesar de sus esfuerzos y la situación política favorable, Miranda no logró obtener el apoyo necesario para llevar a cabo su proyecto de independencia.
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Bha 139

El documento presenta una investigación histórica sobre Francisco de Miranda, precursor de la independencia suramericana, basada en documentos inéditos del Archivo General de Indias. Se describe la interacción de Miranda con el Gobierno inglés y su búsqueda de apoyo para la emancipación de las colonias españolas en América, así como las dificultades que enfrentó, incluyendo la desconfianza hacia sus colaboradores. A pesar de sus esfuerzos y la situación política favorable, Miranda no logró obtener el apoyo necesario para llevar a cabo su proyecto de independencia.
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Año XII—N* 139 Junio: 1919

DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ORGflno oe en flCADemiñ rtflcioriflc oe h is t o r ia
•^«So-
Director, PEDRO MARIA IBAHEZ

Bogotá—República de Colombia

flPORTflClODES
A LA BIOGRAFÍA DEL PRECURSOR DE LA INDEPENDENCIA SUR-
AMERICANA DON FRANCISCO DE MIRANDA

(Trabajo de investigación histórica con base de documentos inéditos


existentes en el Archivo General de Indias de Sevilla).

(Conclusión).
XII, Varios días estuvo Caro detenido en Gosport, Ports-
mouth, a causa de los vientos contrarios (1), hasta que pudo se­
guir su viaje, mientras Miranda seguía en Londres cumpliendo
su obligación «con puntualidad y celo» (2), pues los sucesos
políticos cada vez lo ponían «en situación más ventajosa para la
ejecución de tan noble empresa» (3). En efecto, en las frecuen­
tes entrevistas que Miranda tenía con Mr. King, cada día más
identificado con aquél, el Embajador de los Estados Unidos le
comunicaba las noticias que de América tenía, «bien favora­
bles» (4) y «del mejor pronóstico» para sus asuntos (5); lo que
les permitía aguardar «favorable y decisiva respuesta» (6), es
decir, la cooperación de los Estados Unidos: ya que conside­
rando muy favorable la actitud del Gobierno inglés, les faltaba
que se decidieran de una vez los norteamericanos. Que este he­
cho parecía iba a ocurrir, lo indica Miranda cuando dice a Caro
(noviembre 1798):

(1) Cartas de Miranda a Caro, citadas en la nota anterior: pa­


rece que Caro al fin se hizo a la mar el día 20 de noviembre, según
se desprende de la nota puesta por él a la carta del 19 de noviembre.
(2) Carta de Miranda de 9 de noviembre de 1798.
(5) Instrucciones de Miranda á Caro, ya citadas.
(4) Carta de Miranda a Caro. Londres, 5 de noviembre de 1798,
ya citada.
(5) Carta de Miranda a Caro. Londres, 29 de octubre de 1798,
citada.
(6) Carta de Miranda. Londres, 5 de noviembre, ya citada.
—Carta de Miranda a Caro, 13 de noviembre de 1798, también
citada.
XII—25
386 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

«Ayer hemos tenido una reunión del Cuerpo Diplomático en


casa de Mr. Turnbull, a instancia del Embajador austríaco, y re­
sultó de toda nuestra conversación, asi con éste, como con el de
Petersbourg, y de América, que los preparativos en ambos Con­
tinentes para resistir a la República son considerables, y que en
América particularmente todo va muy- bien: parece que una fra­
gata americana de treinta y seis cañones se ha batido con otra
francesa de cuarenta y cuatro cañones, y que la americana tomó
la francesa después de un fuerte combate: también varios Oficia­
les ingleses que han pedido permiso para venir como volunta­
rios en los diversos cuerpos de infantería que se levantan en
América han obtenido con aplauso del Rey y Ministros este per­
miso» (1).
Prueba, además, que parecía iban de veras los americanos,
las notas que aparecían en los periódicos ingleses, y de la que
es buena muestra una anunciando la compra de los navios, pie­
zas hechas a los franceses, holandeses y españoles, por agentes
americanos para convertirlos en navios de guerra (2), lo que ha­
cía creer a Miranda que en poco tiempo los americanos ten­
drían una^uerza marítima no despreciable (3).
A las continuas excitaciones que Miranda hacía al Gobier­
no inglés, vinieron a juntarse las noticias que a fines de 1798
daba a su Gobierno sobre la situación del Continente america­
no, el Gobernador de Trinidad, Picton, quien propuso, además,
un ataque a Cumaná; declarando previamente a los americanos
que las miras del Gobierno inglés eran solamente las de hacerle
reivindicar su derecho y conseguir su libertad; así, pronto se le­
vantarían aquellos naturales contra el Gobierno español, abrién­
dose de esta manera un ancho campo al comercio inglés ; para
esa expedición podrían utilizarse los servicios de Miranda, los
de Gual y «otro de los jefes de la conspiración» de Caracas que
se habían refugiado en Trinidad (4). Esta actitud del Goberna­
dor Picton debió influir no poco en el Gobierno de la Gran Bre­
taña, que ordenó a Picton proveyese de pólvora y armas a los
americanos que las pidiesen (5), haciendo creer a Miranda que
lo «que nosotros necesitábamos de estos señores ingleses está
ya asegurado que se proveerá cuando los de América lo pi­
dan» (6); al mismo tiempo, las noticias que le enviaban los co-

(1) Carta de Miranda a Caro, 9 de noviembre de 1798. Anexa ál


Memoriul de Caro de 30 de marzo de 1801. A. G. de I., Estado Ca­
racas. L. 4.
(2) Nota adjunta a la carta de Miranda a Caro de 13 de no­
viembre de 1798.
(3) Carta citada de 13 de noviembre.
(4) 18 de septiembre de 1798. Public Record Office Trinidad^ 1, ci­
tado por Robertson. Obra citada, página 331.
(5) Carta de Miranda a Caro, en 8 de diciembre de 1798, ya
citada.
(6) Ibíd., ibíd.
APORTACIONES 387

rresponsales de Filadelfia eran optimistas y además....... «......... el


amigo de Nueva York (Hamilton)—dice a Caro—escribe con
suma confianza y seguridad acerca de nuestra empresa comer­
cial, y tanto que Mr. Ring está persuadido que será necesario
que yo parta para aquel destino acaso antes de dos meses-----
y así el aviso de Filadelfia debe decidirlo todo» (1).
Y en efecto, poco tiempo después, el 21 de enero de 1799,
pedía Miranda al Gobierno inglés un pasaporte para ir a las In­
dias Occidentales (2), en la creencia de que «la guerra entre los
Estados Unidos y la Francia era cosa segura e inevitable,» y Es­
paña, a quien Francia habia «pedido el paso de 6,000 hombres
para atacar el Portugal....... por consecuencia se halla implica­
da» (3), pero el permiso no le fue concedido (4). Era Miranda un
rehén muy preciado en las relaciones con España, para que In­
glaterra consintiese fácilmente en perderlo.
XIII. Obligado a permanecer en Inglaterra, siguió sus ges­
tiones cerca del Gobierno de esta Nación, presentando a Pitt un
Memorial el 19 de marzo de 1799, en cuyo documento declara
que el principal objeto de los hispanoamericanos era constituir
un Gobierno estable, sobre principios diametrahnente opuestos
al sistema francés. Expresa su confianza de que una declaración
de guerra a Francia por los Estados Unidos sería la señal para
la proclamación de la independencia ■ hispanoamericana. Caro, a
la sazón en aquel Continente, daría estas noticias a los princi­
pales agentes, quienes las extenderían por todo el país america­
no. Manifestaba su creencia de que las colonias españolas de
América estaban en una situación crítica, pues los proyectos de
Francia sobre España y Portugal habían sido aplazados única­
mente hasta que se hubiesen tomado las medidas oportunas para
llevar a los hispanoamericanos hacia los intereses de Francia.
Insinuaba que la enojosa negativa de Inglaterra a tomar parte en
la empresa de emancipación podía echar a esas colonias en
brazos del Directorio francés, que les halagaría en primer térmi­
no con falsas promesas de libertad y felicidad para devorarles
después, juntamente con los norteamericanos. Declaraba que Ca­
racas, Méjico y otros lugares de las colonias españolas, tempo­
ralmente tranquilas, por las gestiones de Caro, estaban dispues­
tas para un movimiento revolucionario tan pronto como el pro­
metido socorro llegase (5). Pedía solamente seis navios de gue-

(1) Carta citada de Miranda, de 8 de diciembre de 1798.


(2) King, obra citada, tomo n, páginas 663 y 664.
(3) Carta de Miranda a Caro, en 8 de diciembre de 1798.
(4) Carta de Miranda a Pouché, desde Amberes, en 31 de octu­
bre de 1800. «L’Anglaterre—dice en ella—eút la perfidié a me refu-
ser la sortie il y a presque deux ans.» Carlos A. Villanueva. Pági­
nas históricas. Bonapat te y el General Miranda. Mundial Magazine,
París, año 2, número 15, julio 1912.
(5) Es curiosa la coincidencia de esta opinión de Miranda con la
que expresaba don Manuel Gual en su carta a Miranda, de 12 de ju­
lio de 1799, y en la que dite:
388 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

rra con alguna tropa y artillería. Los gastos serían ampliamente


recompesados. Sugería, una vez más, la alianza entre Inglaterra
y los Estados Unidos, caso de que éstos rompieran definitiva­
mente con Francia. Por último, solicitaba alguna respuesta del
Ministro, para que los comisionados pudieran extenderla por to­
das las Provincias de Hispano América (1). King envió copia de
este proyecto a Pickering el 22 de marzo de 1799 (2), pero como
en anteriores ocasiones, el entusiasmo del Ministro King trope­
zó con la frialdad de Adams.
El Ministerio inglés no respondió a esta nueva propuesta de
Miranda: su actitud era muy diferente de la que suponía Miran­
da, quien siempre optimista y confiado, pensaba que Pitt no ha­
bía accedido a sus deseos por miedo al fracaso de la empresa;
de aquí que lamentara no haber poseído entonces, para decidir
al Ministro inglés, los documentos que Gual le envió con su
carta de 12 de julio del mismo año, cuyo retraso hacía exclamar
a Miranda:
«Si la carta del 12 de julio me hubiese llegado hace ocho
meses solamente, ya estarían acaso realizadas todas sus lauda­
bles solicitudes y cumplidos sus ardientes deseos» (3).
XIV. Mientras estos hechos se iban sucediendo, Caro, en
cumplimiento de la misión que se le había confiado, llegó a la
Trinidad en el mes de febrero de 1799 (4); su labor en aquella
isla no fue lo fructífera que Miranda aguardaba, debido a la sos­
pecha que Picton albergó, de que Caro fuese un espía de la

«... .no hay que dudar del suceso: unos cortos auxilios bastan
para las primeras acciones, que con una orden de ese Ministerio se
proveerían en estas colonias inglesas.*
Anexa a la carta de Caro de 31 de mayo de 1800. Archivo Gene­
ral de Indias. Estado Caracas, legajo 4 (125/12).
(1) Pickering, Manuscripts^ xxiv, folio 150, citado por Robert-
son, obra citada, páginas 333 a 335.
(2) Pickering, Ma/nuscripts, xxiv, folio 150, citado por Robert-
son, obra citada, página 335.
(3) Carta de don Francisco de Miranda a don Manuel Gual. Lon­
dres, 4 de octubre de 1799. Anexa a la carta de don Pedro José Caro,
de 31 de marzo de 1800. Archivo General de Indias, Estado Caracas,
legajo 4 (125/14).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 258, número 846
de su Catálogo.
—La carta que Gual escribió el 12 de julio de 1799, la recibió
Miranda el 26.deseptiembre del mismo año. (Véase página 7 [nota 2]
de este trabajo).
(4) Aunque no hay un dato expreso sobre la fecha de la llegada
de Caro a Trinidad, afirmo que fue en febrero, y precisamente en
los primeros días de ese mes, fundándome para ello: 1®, en una nota
puesta por Caro a la carta que le escribió Miranda el 2 de junio de
1798, y cuya nota dice: «Recibida en la Trinidad en 8 febrero 99.*
Luégo el 8 de febrero ya estaba Caro en la. isla; 2^, el Gober­
nador de la Trididad, Picton, en carta que escribe a Mr. Dundas el
21 de abril de 1799 dice:
APORTACIONES 389

Corte de Madrid, que se había hecho confidente de Miranda


para mejor descubrir sus proyectos y las intenciones del Go­
bierno inglés respecto a las colonias españolas en la América
del Sur (1). El misterioso objeto de su viaje y la conducta que
observó (2), «probando y defendiendo—dice el mismo Caro—en
una cuestión que sostuve en una mesa, la moderación y justifi­
cación de los Ministros de España en General» (3), motivaron el
que Picton le impidiese entrevistarse con Gual, que desde el fra­
caso de la conspiración de Caracas, en 1797, vivía en la Trini­
dad, no obstante había ido a aquella isla «casi a este solo
fin» (4), y le obligare a reembarcar para Londres «a solicitud del
mismo Gual y de un tal Manzanares» (5), que también descon­
fiaban de él (6). Por estas razones Caro hubo de salir de la isla

«.... who (Caro) carne out to Trinidad with his Grace the Duke
oí Portland’s Pass and strongly recommended by Messrs. Turnbull
and Forbes. This gentleman pretends to be engaged in negociationes
with the leading People of Santa Fée respecting an intention of de-
claring themselves Independent; but there appears a degree of mis-
tery about him which has created considerable suspicion in my mind
and I shall no fail towatch him.» {Public ^Record Office, Trinidad, i.,
citado por Robertson, obra citada, página 342, nota: a).
Si el 21 de abril Picton formaba ese juicio de Caro, es induda­
ble llevaba ya algún tiempo en Trinidad; 3?, en que la estancia de
Caro en la Trinidad duró cinco o seis meses, según dice Picton :
«... .This man’s Conduct (de Caro) during the five or six months
he resided en this island (Trinidad)». Carta de Picton a Dundas en
28 de septiembre de 1800. {Public Record Office, Trinidad 2, citado
por Robertson, obra citada, pagina 345, nota ó).
49 El 12 de julio de 1799 se hallaba aún Caro en Trinidad, por­
que Miranda, en su carta de 4 de octubre de 1799, dice a Gual:
«... y siento infinito que no hubiese usted visto antes a don Pedro
Caro, que se hallaba en el propio país (Trinidad) cuando usted es­
cribía....» (12 de julio). (Archivo General de Indias, Estado Cara­
cas, legajo 4 (125/14).
Y 59, el 20 de septiembre de 1799 estaba ya en Inglaterra, como
se comprueba por la carta que Miranda escribe a Caro contestándo­
le a Dover, el 21 de ese mes, una carta que Caro le había escrito el día
20. (Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 4, 125/22).
(1) Memorial de Caro. Hamburgo 31 de mayo de 1800, ya citado.
—Carta de Miranda a Gual en 4 de octubre de 1799, ya citada.
—Carta de Picton a Dundas en 21 de abril de 1799 (véase la
nota anterior número 2).
—Carta de Picton a Dundas en 28 de'septiembre de 1800 (citada
en la nota interior con el número 3).
(2) Carta de Picton a Dundas en 28 de septiembre de 1800, ya
citada.
(3) Memorial de Caro. Hamburgo, 31 de mayo de 1800, va citado.
(4) Ibíd., ibíd., y carta de Picton a Dundas en 21 de abril de
1799. ya citada.
(5) Memorial citado de Caro, de 31 de mayo de 1800, y carta de
Picton de 28 de septiembre, citada también.
(6) Memorial de Caro de 31 de mayo de 1800 y carta de Gual a
Miranda de 4 de febrero de 1800. Archivo General de Indias, Estado
Caracas, legajo 4 (125/15).
390 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

la Trinidad, y encaminóse de nuevo a Inglaterra. En septiembre


de 1799, poco antes del día 20, llegaba a Dover y pedía a Mi­
randa un pasaporte, que se encargaron de enviarle los señores
Turnbull y Forbes, para ir a Londres (1). Miranda achacaba el
fracaso de Caro más bien a intrigas de ricton que a traición de
su emisario (2). Sin embargo, la actitud posterior de Caro con­
firma las sospechas del Gobernador inglés, o al menos la inca­
pacidad de Caro.
XV.. El viaje de Caro al Continente americano no fue, sin
embargo, del todo inútil: sirvió para reavivar las esperanzas y
excitar el celo de aquellos patriotas que huyendo de las autori­
dades españolas buscaron la protección de Picton; Gual, Man­
zanales, Iznardi, vieron en Miranda el apóstol capaz de levantar,
con su autoridad y su perseverancia, al pueblo americano. Elo­
cuente prueba de estos sentimientos es la carta que Manuel
Gual, desde la Trinidad, dirige a Miranda el 12 de julio de 1799’
En ella se gloría «de ser proscripto por el Gobierno español,
como autor de la revolución que se meditaba en Caracas el año
de 1797»; dice a Miranda que si no ha renunciado a aquellos
hermosos climas y a «la gloria pura de ser el salvador de su
Patria; el pueblo Americano no desea sino uno: venga usted a
serlo.......Miranda; yo no tengo otra pasión que de ver realizada
esta hermosa idea, ni tendré otro honor que de ser un subalterno
de usted»: explica este ofrecimiento de su persona, por creer le
tiene el pueblo en buen concepto, aumentado por la persecución
del Gobierno español; el entusiasmo y la impaciencia es la'nota
predominante en la carta:
«Venga usted, repite Gual a Miranda, venga usted a tener la
gloria de establecer la independencia.»
Con la carta enviaba Gual un plan para la ayuda de Ingla­
terra en la liberación de la América Española, plan que, según
Gual, le instruiría (a Miranda) <de la facilidad de una empresa
que será la admiración de las naciones y la gloria y honor de
los americanos, gracias al error en que está el Gobierno espa­
ñol,» y juntamente con esto, enviaba una proclama suya, «en la
que verá usted—dice a Miranda—cuáles son mis votos: hablo a
un pueblo adicto'a su religión y que desea con ansia su indepen­
dencia,» para la que, según él, bastaban «unos cortos auxilios
para las primeras acciones,» que se obtendrían de las colonias
inglesas con una orden del Ministerio inglés (3).

(1) Cartas de Miranda y de Turnbull y Forbes a Caro, 21 de


septiembre de 1799. Archivo General de Indias, Estado Caracas, le­
gajo 4 (125/22 y 23).
— Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 258, número 844.
(2) Carta de Miranda a Gual de 4 de actubre de 1799.
(3) Carta de Gual a Miranda, 12 de julio de 1799. Anexa a la
carta de Caro de 31 de mayo de 1800. Archivo General de Indias,
Estado Caracas, legajo 4 (125/12).
APORTACIONES 391

La vibrante carta de Gual hizo desechar a Miranda las pre­


ocupaciones que le creaba la actitud del Gobierno inglés, y des­
pertó todo su optimismo; este estado de ánimo lo revela la nota
en que avisa a Caro la llegada de la carta de Gual:
«Venga usted aquí, amigo—le dice,—mañana por la mañana
y verá la carta que acabo de recibir del jefe y comandante gene­
ral de la insurrección de Caracas el año 1797» (1).
Miranda se apresuró a poner en manos del Gobierno britá­
nico, traducidos al inglés, los documentos que le envió Gual jun­
tamente con la carta de éste, acompañando a la carta de envío
que dirigió al Ministro de la Guerra Dundas, una nota acerca de
la persona de Gual: en ella decía Miranda que Gual era hijo de
don Manuel Gual, Comandante de La Guaira cuando el Almi­
rante Knowles la atacó en el ano de 1743; descendiente de una
noble y rica familia de La Guaira, y hombre de claro talento y
de importancia en el territorio (2).
El Gobierno inglés examinó con detenimiento los documen­
tos que Miranda sometió a su consideración (3); pero Miranda
no esperaba gran cosa de Inglaterra, como contestaba a Gual en
octubre de 1799:
í» C'

«Este Gobierno inglés da tales esperanzas en el día de ayu­


darnos prontamente, que sería temeridad no aguardar un poco;
mas hace tan largo tiempo que nos trae entretenidos con sus
bellas promesas, que yo casi tengo perdida la confianza, y es­
pero más de los Estados Unidos de la América (por lo mucho
que les interesa nuestra independencia), y sobre todo, de nos­
otros mismos, que de ningún otro.»
Confirma su opinión de que no espera ya mucho del Go­
bierno inglés, cuando dice a Gual que si la carta del 12 de julio
hubiese llegado ocho meses antes (4), «ya estarían acaso realiza­
das todas sus laudables solicitudes y cumplidos sus ardientes

(1) Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/12).


—La nota que Miranda envió a Caro no tiene fecha, sino la in­
dicación del día de la semana, «jueves por la noche.» Como el 21 de
septiembre de 1799, en que Caro aún no estaba en Londres (cartas
de Miranda y Turnbull y Forbes dirigidas a Caro, a Dover, y fe­
chadas en Londres el 21 de septiembre de 1799, (Veánse las páginas
34 [nota número 5] y 36). Era sábado, y el 30 de ese mes ya Miranda
daba cuenta de los documentos y de la carta a Dundas (Correspon-
dence of Castlereagh, tomo vil, páginas 273 a 279. Véase página 42),
acabándolos de recibir un jueves, como dice la nota, éste no puede ser
otro que el día 26 de septiembre de 1799; por consiguiente, ese día o
el miércoles 25 debió recibir Miranda la carta de Gual.
(2) Carta de Miranda a Gual, 4 de octubre de 1799, citada.
(3) Correspondence of Castlereagh^ tomo vil, páginas 284 y 285.
(4) Esa carta la recibió Miranda el 26 de septiembre, (véase
nota 2 de esta página); por consiguiente ese tiempo, ocho meses an-
392 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

deseos»; pero no desanimó, sin embargo, a Gual, y encauzando


la empresa hacia la propia acción personal que tan claro mani­
fiesta en esta carta, le dice:
«No hay que entibiarse por el resultado, dé usted ánimo a
nuestros dignos compatriotas, quienes no deben olvidar aquella
máxima de los virtuosos romanos: Cari suntparentes, cari liberi,
propinqui, familiares sed ommes omnium caritates Patria una
complexa est.......»
«En cuanto a mi persona—continúa diciendo Miranda,—ella
está siempre invariablemente al servicio de la Patria: por ésta
tengo hechos ya tantos sacrificios, que sería absurdo ahora el
abandonar la empresa; cualesquiera puesto que se me señale será
para mí aceptable y honroso, con tal que todo el mundo marche
al mismo y único fin de nuestra libertad e independencia»; no­
bles palabras, que respondían a la inspiración del gran ideal que
iluminó toda la vida de Miranda, al profundo amor a su Patria,
que quería ver libre, no sólo del Gobierno español, sino del de
toda otra nación. Reflejando este pensamiento, dice a Gual que
la independencia ha de ser «sin que la dominación de una po­
tencia extranjera cualquiera pretenda fijarse ni mezclar su auto­
ridad en el país, porque en tal ca§o seremos la codicia y muy
luégo el despojo de todas las demás que teniendo una fuerza
marítima cualesquiera querrán también tener parte en la división.
Dii advertant.......» (1), este puro pensamiento lo sostuvo siem­
pre Miranda, en perjuicio alguna vez de la consecución de sus
fines, pero con honor para su actuación; que la encaminó «siem­
pre fijo en no echar mano para su empresa, así como para prac­
ticarla, sino de medios que no fuesen perniciosos para la suerte
de su país,» como dice un autor que no es precisamente un apo­
logista de Miranda (2).
XVI. No descuidaba Miranda la propaganda en América, y
para ello había enviado a Picton «un pequeño escrito, para que
traducido al español lo hiciese circular en el país,» escrito que
indicaba a Gual se lo pidiese al Gobernador de Trinidad, para
que viera «con cuán sólidos argumentos y evidentes razones
nuestro compatriota Vizcardo sostuvo victoriosamente la justi­
cia y la belleza de nuestra causa» (3). No se contentó, sin em­
bargo, con indicgr a Gual dónde podía ver el folleto que le elo­
giaba, sino que con su carta del 4 de octubre le envió algunos

tes, a que se refiere, es sin duda el que siguió a la partida de Caro


y precedió a su Memoi ial a Pitt, en 19 de marzo de 1799, durante el
cual presentaron los sucesos un muy favorable cariz para los planes
de Miranda. (Véanse los epígrafes x i i y xin de este trabajo).
(1) Carta de Miranda a Gual, 4 de octubre de 1799, varias veces
citada.
(2) Lobo, Historia de las antiguas colonias, tomo i, página 324.
(3) Carta de Miranda.a Gual. 4 de octubre de 1799. ya citada.
a po r t a c io n e s 393

ejemplares (1), que Gual leyó «....... con un santo entusiasmo,»


por encontrar en la obra «....... bocados de una hermosura y una
energía originales» (2). Este folleto era la Letre aux espanals-
Americains que escribió el ex-jesuíta don Juan Pablo Vizcardo
de Guzmán, natural de Arequipa, del Reino del Perú, y que ex­
pulsado de los dominios españoles fue a Inglaterra para traba­
jar por la independencia de América. El Gobierno inglés le pa­
saba trescientas libras de pensión; pero siguiendo su política de
habilidades, no le puso en contacto con Miranda, no obstante
coincidir los dos en Londres a comienzos de 1708; las continuas
alternativas de los Ministros ingleses con respecto a los planes
de Sur América, habían disgustado de tal modo a Vizcardo, que
a su muerte, hacia fines de. febrero de 1798, legó sus pa­
peles, libros y dinero al Ministro de los Estados Unidos, Mr
Rufus King, quien los entregó a Miranda, que a su vez los hizo
circular por Europa y los envió a Picton, para que traducidos al
español los hiciese circular por América, encargándose el mismo
Miranda de hacer una versión española con destino a América (3)

(1) Carta de Miranda, en 4 de abril de 1800, a Gual, contestan­


do la que éste le envió el 4 de febrero del mismo año. Anexa a la
carta de Caro de 31 de mayo de 1800. Archivo General de Indias,
Estado Caracas, legajo 4 (125/16).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 270, número 883
de su catálogo.
—Memorial de Caro. Hamburgo, 31 de mayo de 1800, citado.
(2) Carta de Gual desde Caracas (4 de febrero de 1800) a Mi­
randa. Anexa a la carta de Caro de mayo de 1800. Archivo General
de Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/15).
— Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 264, número 866 de
su catálogo.
(3) Caro dice de este asunto lo que sigue:
<Este jesuíta (Vizcardo) residió en Londres algunos años, solici­
tado y bien pagado (a la moda de Inglaterra), estando no sólo en
paz, sino en alianza con la España; y ni a mí me indicaron conocer
a semejante hombre, ni a Miranda a su arribo; tres semanas des­
pués de su muerte supimos de él, porque habiendo estado Miranda,
por la primera vez a visitar al Embajador de los Estados Unidos de
América, éste le refirió que un jesuíta incumbido por el mismo Go­
bierno inglés de planear la emancipación de la Hispano América,
disgustado ya de la conducta equívoca del Gabinete sobre el parti­
cular, ya inclinado a la libertad absoluta del Continente de Norte a
Sur, ya declinando sus deseos de conquista, etc,, había buscado su
amistad (del Embajador) corto deshaogo.... Que acababa de morir
dejando todos sus papeles, libros y dinero, etc.» Memorial de Ham­
burgo, 31 de mayo de 1800, citado.
—El testimonio de Caro coincide con lo que en la memoria de
la Embajada francesa en Londres se afirma de esto, que es lo que
sigue:
«... . II est bon d’observer que la Cour de St. James qui se dé-
lecte de cette idée (la independencia suramericana) depuis longtemps,
entretenait a cet effect non seulement dans le pays. mais méme en
394 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

por donde circuló, como lo prueba entre otros datos la comuni­


cación que el Gobernador de Margarita, Coronel don Miguel
Herrera, dirige en enero de 1804 al Capitán General don Manuel
de Guevara Vasconcellos, remitiéndole con don Luis Peña un
ejemplar del folleto, en castellano, que había sido adquirido por
un tal González (1). El Capitán General de Caracas, Guevara
Vasconcellos, en su carta reservada número 139, de 3 de octu­
bre de 1808, al dar cuenta al Ministro de Estado de varios avi­
sos recibidos de Guayana, Cumaná y Margarita, sobre el pro­
yecto de sublevar a América, le remite entre otros papeles sedi­
ciosos la Carta a los Españoles Americanos, de Vizcardo (2).

Angleterre. differents agents mexicains qui ne se connaissaient pas.


C’est aínsi que Miranda s’est trouvé a Londres, précisément dans le
méme temps qui l’ex-jésuite Don Jean Pablo de Vizcardo, sans l’avoir
connu de son vivant. Cet ex-jésuite a qui le Gouvernement faisait trois
cent livies sterlings de pensión, mourut á Londres dans le retraite
la plus solitarie vers la fin de fevrier 1798 et tellement degouté de la
perfidié du cabinet anglais, que ne sachant a qui leguer ses papiers,
il les léguá a M. K. - M. des Etats Unís... .» Archives Nationales,
Pólice Générale. Affaires Politiques, cartón F 7. 6318 B. (Véase
O’Kelly, obra citada, páginas 103 a 113).
(1) Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 14 (46).
(2) Archivo General de Indias, papeles de Estado Caracas, le­
gajo 14 (20), hay un duplicado en el estante 131, cajón i, legajo 14 (3).
—De este interesantísimo folleto se publicaron trozos en algu­
nos periódicos ingleses, principalmente en la Edinburgh Review^
pero la obra completa apenas es conocida.
Becerra, obra citada, tomo i i , página 479, confiesa que «en vano
hemos procurado—dice—obtener un ejemplar,» refiriéndose a una
pretendida edición de Caracas en 1811, pero es lo cierto que tampo­
co conoce ningún ejemplar de otras ediciones (FiladeLfia 1799), pues
declara que «no poseemos de este documento sino las inserciones par­
ciales que de él hicieran algunos periódicos ingleses.» Loe. citada.
No obstante «las hogueras encendidas por las autoridades espa­
ñolas,» de que nos habla Becerra, existen ejemplares; yo he exami­
nado y estudiado dos, uno en francés y otro en castellano, existentes
en el Archivo de Indias: uno de ellos Lettre {aux) espagnols-ameri-
cains, par un de leurs compatiiotes. A Philadelphie MDCCXCIX, en
49, portada, vuelta con advertencia del editor, 41 páginas numera­
das. (Biblioteca del Archivo General de Indias, Sevilla, estante 6,
tomo 82, varios [5]). (Anexo al Memorial de don Pedro Josef Caro.
Hamburgo, 31 de mayo de 18C0), en el que dice, con respecto al fo­
lleto:
«Es pieza de consideración.. .* que Miranda hizo imprimir (no
hay tal que fuere en Filadelfia) para hacerle circular en Europa, a
fin de preparar la opinión pública, y lo está traduciendo en español
para una segunda edición: algunos ejemplares llevó Vargas a Pa­
rís, otros le han ido a Gual, que probablemente habrán pasado a
Caracas.»
En la Memoria sobre los manejos de Miranda en Londres, atri­
buida a la Embajada francesa, se dice de esta obra:
APORTACIONES 395

XVII. Miranda, que como se ha visto por su carta a Gual, te­


nía casi perdida la confianza en el Gobierno inglés, esperaba en
cambio la cooperación de los Estados Unidos, que creía poder
decidir mediante una acción personal directa; renovó por esta
época el deseo manifestado ya en las cartas a Caro y expresado
al Gobierno inglés en enero de 1799, de ir a Norte América,
como lo revela la siguiente carta que Caro escribió desde Lon­
dres, después de su regreso de América, a un tal Mr. Pent a la
isla la Trinidad:

«... .que ne sachant (Vizcardo) aquí léguer ses papiers, il les


leguá a M. K. M.... des Etats Unís. Mais comme cette americain
ne savait pas l’espagnol, il les remit á Miranda pour les lui taire
traduiresoit en franjáis ou en anglais, et. c’est en parcourant ces
papiers volumineux, dont j’avais entrepis une traduction franjaise
que j’ai été a méme de me convaincre de la part que les anglais ont
eúe a la revolte des Los Indios bravos de la Sonora....» ’(Archives
Nationales. Pólice Générale, Affaires Politiques, cartón F 7 6318 b ,
inserta en la obra citada de O’Kelly, páginas 103 a 113).
—A pesar de este testimonio, que coincide casi completamente
con el de Caro, no creo exacto que fuese escrita La carta a los espa­
ñoles americanos en castellano por Vizcardo; y me fundo en el dicho
de Caro, de que Miranda la estaba traduciendo al español, y ade­
más en la concluyente aclaración que se hace en el folleto, que dice-
«Está impreso conforme al manuscrito de la mano del autor mis­
mo; y se podrá conocer por el estilo del original que es un extranjero
que se explica en la lengua francesa sin ninguna especie de preten­
sión .»
No cabe pues duda que el manuscrito de Vizcardo estaba en
francés, y que Miranda lo hizo imprimir en esta misma lengua, tra­
duciéndolo luégo al castellano y haciendo una nueva edición, de la
que también hay un ejemplar en el archivo de Indias:
«Carta dirigida | a los | Españoles*" Americanos | por uno de sus
compatriotas | Vincet Amor Patriae | El amor a la Patria vencerá.
Impreso en Londres por P. Bayle Vine Street, Picadilly | 1801.»
A la vuelta de la portada:
«Advertencia del Editor—Este precioso legado de un Americano
Español a sus compatriotas, sobre el objeto más grande y más im­
portante que se puede ofrecer a su consideración, está impreso con­
forme al manuscrito de la mano del autor mismo, y se podrá conocer
por el estilo del original, que es un extranjero que se explica en la
lengua francesa sin ninguna especie de pretensión. El autor es don
Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, nativo de Arequipa, en el Perú,
ex-jesuíta, muerto en Londres en el mes de Febrero de 1798. En lo
sucesivo se hará conocer el resto de sus interesantes manuscritos so­
bre la América Meridional.»
—Filadelfia, 10 de junio de 1799. (En 4?, 42 páginas numeradas).
Archivo General de Indias, papeles de Estado Caracas, legajo 13.
—Estoy de acuerdo con Becerra en lo referente a que «.... el
manifiesto del jesuíta Vizcardo es digno de ser rescatado íntegra­
mente del olvido»; por eso doy aquí esta reseña, que me propongo
ampliar en otra ocasión, utilizando todos los datos que sobre el ori­
gen, circulación, etc., del folleto, he adquirido en mis investigacio­
nes en el Archivo de Indias.
396 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES

«Amigo—dice Caro,—tenga usted buena esperanza que los


atrasos que usted ha tenido en esa isla por su mal comercio, den­
tro de poco los recuperará en el Reino de Santa Fé, que será por
nuestro en virtud de haberse escrito los amigos que se habían
celebrado las Juntas de los mal contentos a pesar de las vigilan­
cias del Gobierno, y habían resuelto sublevarse siempre que
acudiésemos con lo que se les había ofrecido: esto mismo pre­
sentó mi amigo Miranda a esta Corte, donde fue bien recibido, y
le contestaron que dentro de corto tiempo serían socorridos con
los auxilios que pedían; pero mi dicho amigo Miranda, recono1-
ciendo que se retarda mucho este socorro, determina pasar a Fi­
ladelfia, para aprovechar las ofertas que le ha hecho el segundo
Comandante de las armas para este buen efecto» (1).
XVIII. Los proyectos que había enviado Gual a Miranda, y
que presentados por éste al Gobierno inglés en 30 de septiem­
bre de 1799 (2), despertaron por un momento todas las esperan­
zas del caraqueño, fueron, después de una amplia deliberación,
desechados por el Gobierno británico (3); viéndose así confir­
mados los temores de Miranda, que pensó en obtener la ayuda
de Francia «en caso de que Inglaterra no se prestase cuanto an­
tes, y para tener un segundo plan en telar.» (4). Inspiró este plan,
según Caro (5), don Pedro Fermín de Vargas, «nacido en la villa
de San Gil (en donde tuvo origen la conmoción de 1781)» del
Nuevo Reino de Granada, y descendientes por «la madre de los
indígenas de aquel país, llamados por los españoles indios» (6);

(1» Aunque la carta no tiene fecha, podemos deducir fue escrita


a fines de 1799, porque está inserta en una comunicación de Guevara
Vazconcellos al Virrey de Sancafé, en 22 de marzo de 1800, decla­
rando que se la habían remitido el 8 de febrero del mismo año, de
Trinidad, dos sujetos encargados de averiguar especies,> que tam­
bién le dan cuenta de la carta de Miranda (4 de octubre de 1799) re­
cibida por Gual. Archivo General de Indias, estante 131, cajón 1, le­
gajo 8 (10).
(2) Correspondence oj Casitere agh, tomo vn, páginas 273 a 279.
(3) Correspondence of Castlereagh, tomo vil, páginas 285 y 286.
(4) Memorial citado de Caro, de 31 de mayo de 1800.
(5) Memorial de Caro de 31 de mayo de 1800.
(6) Memoria presentada por Vargas al Gobierno inglés para la
independencia de América. Anexo 2? al memorial de Caro de 31 de
mayo de 18CM). Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 4
(125/11),
Los documentos que cito a continuación dicen que Vargas era
natural de Santafé: creo se puede conciliar esta afirmación con la
propia declaración de Vargas, entendiendo se referían al Reino de
Santafé.
—Memorial citado de Caro de 31 de mayo de 1800.
—Carta reservada número 14 del Virrey de Santafé, don Pedro
Mendinueta, a don Pedro Ceballos, en 19 de octubre de 1801. Archi­
vo General de Indias, Estado Santafé, legajo i (122).
—Torres Lanzas, Independencia de América. Fuentes para su
APORTACIONES 397

había sido oficial-supernumerario de la Secretaría de aquel Vi­


rreinato (1), «sujeto de mucho talento y recursos» (2) que en
1794 ya se consideraba como sospechoso de conspirador, desde
que en 1791 desapareció de Santafé «con algún dinero del Rey
y una mujer ajena, abandonando su propia familia» (3); «fue
uno de los jefes principales del movimiento de 1796» (4), y te­
meroso de ser cogido por las autoridades españolas, al encon­
trar entre los papeles de Nariño muchos suyos que le comprome­
tían, dejó el Continente americano (5), encaminándose a Europa
para unirse a los que estaban encargados de procurar los soco­
rros necesarios para la independencia de América; estuvo en Es­
paña, en donde supo «había varios individuos de carácter que
deseaban de buena fe la separación de los españoles america­
nos,» y luégo pasó a Francia, cuyo Gobierno no encontró favo­
rable á sus planes; lo mismo al pasar por España que al ir a
Francia, se vio obligado, «para no ser descubierto, a tomar el
nombre de don Pedro de Oribe» (6); así como en Filadelfia y Ja­
maica usaba el de don Fermín Sarmiento (7), en Inglaterra el de
Smith (8), y luégo (en 1803), siendo Secretario del Gobernador
de Trinidad, se decía llamar Pedro Vives (9); no habiendo con­
seguido nada en Francia, marchó a Inglaterra «con objeto de re-

estudio. (Catálogo de documentos conservados en el Archivo General


de Indias de Sevilla, número 994, tomo i, página 303).
—Carta reservada número 139 del Capitán General de Caracas,
don Manuel de Guevara, al Ministro de Estado, en 3 de octubre de
1803. Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 14 (20)
Hay duplicado con el número 388, dirigido al Ministro de la Guerra,
en el estante 131, cajón 1, legajo 14 (3).
—Torres Lanzas, obra citada, número 1074.
(1) Carta muy reservada, número 357, del Administrador de Co­
rreos de La Habana, don José Fuentes, al Duque de Alcudia, en 18
de octubre de 1794. Archivo General de Indias, Estado Santafé, le­
gajo 4 (137), número 321 del Catálogo de Torres Lanzas, tomo i, pá­
gina 98.
(2) Ibíd., ibíd.
(3' Ibíd., ibid.
(4) Carta de Miranda a Gual, en 4 de abril de 1800.
(5) Carta de Vargas a. Miranda. Londres, 6 de diciembre de
1799.
—Public Record Office, citado por Robertson, obra citada, pá­
gina 338, nota d.
(6) Memoria presentada por don Pedro Fermín de Vargas al Go­
bierno inglés. Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 4
(125711).
(7) Memorial de don Pedro José Caro, 31 de mayo de 1800-
(8/ Robertson, obra citada, página 338, nota d.
(9) Carta reservada número 139, del Capitán General de Cara­
cas al Duque de Alcudia, en 3 de octubre de 1803. Archivo General
de Indias, Estado Caracas, legajo 14 (20).
398 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

novar aquí las solicitudes hechas en 1797 por don Antonio Pa­
lacios, su conciudadano y amigo, y las de don Pedro Caro en
1798, emisarios electos entre nosotros para solicitar de la Gran
Bretaña los auxilios necesarios» (1), llegando a Londres el 12 de
noviembre de 1799 (2). Para cumplir su misión presentó al Go­
bierno inglés una Memoria, en la que pedía la ayuda de Ingla­
terra, de la que sus compaisanos deseaban:
<l.o Un auxilio de hombres, armas y municiones.
«2.° Algunos navios para impedir los refuerzos que pudie­
ra mandar la España.»
A cambio de esto los americanos se obligan:
«l.° A reembolsar a la Gran Bretaña todos los gastos de la
expedición.
«2.° A formar una alianza con ella, favoreciendo principal­
mente su comercio.
«3.° Dando los rehenes o cauciones necesarias para el cum­
plimiento de sus estipulaciones.»
Dice Vargas que la opresión de la Corte de Madrid ha lle­
gado a su colmo, por lo que «nada deseamos tanto como sacu­
dir el yugo de una opresión tan odiosa....... el nuevo Reino de
Granada es hoy como un hijo mayor que necesita emancipar­
se.......y el medio más seguro para conseguir nuestro fin, es re­
currir a una potencia extranjera, con cuyos auxilios podemos for­
mar un punto de reunión para declararnos en el momento que
estos se presenten.......Es más que probable que al primer anun­
cio de la independencia de mi país, todo el Perú y la América
Meridional entera se sustraerá al dominio de la corte de Es­
paña, porque los deseos allí son los mismos y los motivos igua­
les.......» Dice últimamente «que sus negocios privados no le
permiten una larga residencia en Inglaterra, a menos que el Go­
bierno no tome en consideración el asunto que promueve» (3).
Miranda conoció a Vargas en Londres, y en poco tiempo se
formó entre ellos una fuerte amistad, como lo prueba el concep­
to en que lo tenía Miranda de «excelente persona y de lo mejor
que he visto de Hispano América» (4).
De acuerdo ambos, Vargas salió con dirección a París el 28
de febrero de 1800, «enviado por Miranda con carta para el
Cónsul Bonaparte, solicitando su entrada (la de Miranda) en

(1) Memoria de don Pedro Fermín de Vargas. Archivo General


de Indias, Estado Caracas, legajo 4.
(2) Memorial de Caro, 31 de mayo de 1800.
(3) Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/11).
(4) Carta de Miranda a Gual, en 4 de abril de 1800.
APORTACIONES 399

Francia»; su pretensión no fue lograda, pues el 16 de abril le es­


cribía Vargas desde París diciendo no era tiempo oportuno (1).
XIX. Con razón decía Caro que el proyecto de Miranda al
hacer gestiones cerca del Gobierno francés, era «para tener un
segundo plan en el telar,» para el caso de que «la Inglaterra no
se prestase cuanto antes» (2), pues mientras Vargas hacía esa
gestión en París, un proyecto muy importante se elaboraba en
Londres a comienzos del año de 1800; era éste la salida de una
expedición de Inglaterra, cuyos preparativos se hacían con gran
secreto, compuesta por 12,000 hombres, destinados a reempla­
zar las fuerzas coloniales que se habían de emplear en el ataque
de los puertos cercanos al Istmo de Panamá (3).
Según el pl$m, que debió haberse comunicado a Gual, Mi­
randa se hallaría a fines de noviembre en Jamaica con los 12,000
hombres de ¿tropas y armamentos, para entrar por Máracaibo en
el Reino de>6antafé. Al mismo tiempo, otro cuerpo de ejército,
formado con las tropas de guarnición en las islas inglesas, ata­
caría por Angostura, para seguir por la Provincia de Cumaná (4).
Este proyecto no llegó a realizarse, pues el 4 de abril decía
Miranda que «la expedición que debía partir hacia ese hemisferio,
hace poquísimo tiempo, cambió su destino, pocos días después,

(1) Memorial de Caro, de 31 de mayo de 1800,


(2) Ibíd., ibíd.
(3) Carta de King a Pickering, 25 de febrero de 1800. State De-
partement, Manuscripts. Büreau of Indexes and Archives, Despat-
ches from England. 8, citado por Robertson, obra citada, página 344.
—Esta noticia, que Robertson da como probable, fundándose
en las conjeturas y falta de seguridad del dato que le sirve de base,
o sea la carta citada de Mr. King, es indudablemente cierta, como lo
demuestran los documentos que existen en el Archivo de Indias, y
que cito en mi relato.
(4) Carta de Gual a un su amigo, Trinidad, 8 de septiembre de
1800. Dice el documento:
«Mi estimado amigo y paisano:
«Por las últimas cartas de Londres que he recibido, he tenido
las noticias más favorables para nosotros los americanos españoles,
que hace tantos siglos gemíamos bajo el yugo de la tiranía, va a
acabarse este desgraciado tiempo y empezar el más feliz para nos­
otros.
«El mes de noviembre próximo se hallará mi paisano y grande
amigo Miranda en Jamaica, con un cuerpo de 12,000 hombres de tro­
pa y un armamento bastante considerable para entrar por el saco de
Maracaibo a auxiliar y proteger los mal contentos del Reino de
Santa Fé, y dar la libertad a aquel Reino. Y de las tropas que se
están juntando en esta isla y demás inmediatas, se ha de formar otro
cuerpo que atacará por la Angostura y seguirá a la Provincia de
Cumaná, pues el gran proyecto admitido y resuelto por la Gran Bre­
taña, es de dar libertad a la América Española, y particularmente
400 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES

y actualmente no se sabe cuándo ni dónde irá» (1). Contratiem­


po que lamentaba Miranda, y que sin perder del todo la espe­
ranza, pues parece no se habían interrumpido las negociaciones,
recomendaba a Gual que tuviera «un poco de paciencia aún, sin
que por esto se neglige lo principal de nuestros negocios, que
convendría mejor acaso executar por nosotros mismos, si con
probable seguridad pudiésemos emprenderlos» (2); de aquí que
a las desconfianzas y recelos hacia el Gobierno inglés, y a la
creencia en la facilidad de la empresa, que Gual muestra en su
enfática carta del 4 de febrero, diga Miranda: «mucho me habla
V. de la facilidad de la Empresa, pero no me detalla la practica-
bilidad militarmente, para que io pueda desde aquí asentar un
juicio positivo» (3).
En efecto, a juzgar por el testimonio de don Pedro José
Caro (4), se adoptó un nuevo plan «de más fácil ejecución y me-

la Meridional, y abrir un gran comercio para de algún modo resar­


cirse de los grandes gastos que ha hecho en el discurso de esta gue­
rra. Nuestra libertad será protegida por las escuadras de esta gran
nación, y todos los esfuerzos de la Corte de Madrid serán inútiles.
«Ya ve usted que de aquí a fines de noviembre o principios de di­
ciembre que se ha de dar este gran golpe, falta muy poco y yo como
tan interesado me dirijo a usted persuadido de su honradez, para que
como uno de los perseguidos injustamente de la tiranía, hable a to­
dos sus amigos para que no desalienten y hagan igualmente cuanto
puedan a favor de la causa de la libertad, cuando se presenten las
tropas libertadoras, que serán en bastante fuerza y aguerridas para
que el pueblo se llene de confianza y no desmaye en esta empresa.
«Usted es un hombre bien amado de todos los de ese país por su
conducta y natural bondad, y tiene muchos y buenos amigos. Ningu­
no mejor que usted puede hacer mucho si quiere por su patria, y yo
no puedo dejar de quedar en la firme esperanza que hará cuanto
pueda por ella.
«Deseo a usted la más perfecta salud, tener la más firme esperan­
za y no desalentar jamás contra la tiranía que siempre es débil.
«Y a Dios queda de usted su afectísimo paisano y señor Q.
S. M. B.,
«Ma n u e l Gu a l
«Es copia.
^Guevara*
Copia del original que el Gobernador de Cumaná, con fecha 21
de septiembre de 1800, remitió al Capitán General de Caracas.
Anexo a la carta reservada número 35, de 6 de octubre de 1800, del
Capitán General de Caracas, don Manuel de Guevara Vasconcellos.
Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 10 H8 y 49). Hay
duplicado anexo a la carta reservada número 269 de Guevara Vas-
eoncellos, estante 131, cajón 1, legajo 9 (7).
— Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 282, número 924.
(1) Carta de Miranda a Gual, 4 de abril de 1800,
(2) Ibíd., ibíd.
(31 Ibíd., ibíd.
(4) Memorial de Caro de 31 de mayo de 1800.
APORTACIONES 401

nos alarmante que una expedición saliendo de Europa....... » Des­


pués de largas conferencias entre Miranda y el General Alber-
combre, «probablemente incumbido del asunto por el Ministro
Dundas,» se convino en que Miranda pasase a la isla de la Tri­
nidad, en donde se le unirían Gual «y los demás que estaban por
allí,» y al frente de «un cuerpo de dos mil hombres,» formados
con la guarnición de la Trinidad y tropas de la Martinica, atacar
a Puerto Cabello, que serviría de punto de apoyo; una vez le­
vantada Caracas, el grito de independencia se extendería «a toda
la Provincia y los llanos, Cumaná, Maracaibo, etc., etc., me­
diante las aseguranzas que da Gual de las disposiciones de todo
el país» (1). El mismo Albercombre pasaría a las islas, de Co­
mandante General en Jefe, para realizar el proyecto. Todo esta­
ba ultimado, y Miranda aguardaba «la primera insinuación del
Gobierno para partir.» Pero esta insinuación no llegó, colmando
este silencio los sufrimientos que la equívoca actitud del Go­
bierno británico había ocasionado a Miranda, quien en 18 de ju­
lio de 1800 escribía a Gual para advertirle que mientras la tira­
nía del Directorio había terminado y la Revolución Francesa ha­
bía vuelto a sus principios originales, «en este país (Inglaterra),
cada promesa que se nos ha hecho se ha roto, y no veo sino per­
fidia y mala fe. Todos los americanos que estaban aquí, han
marchado a París: he pedido con energía mi pasaporte para de­
jar este país, y perfidiosamente me detienen» (2).
XX. El tono que empleaba Miranda en esa carta indicaba
claramente había perdido por completo la confianza que en la
ayuda de Inglaterra tenía puesta. La esperanza que mostraba de
que los Estados Unidos acogiesen sus proyectos, también en
esta época, estaba desvanecida; no obstante la tirantez de rela­
ciones que en algunos momentos hubo entre Francia y los Esta­
dos Unidos, la política del Presidente Adams, totalmente opues­
ta a una ruptura con Francia, se impuso; y a pesar de los es­
fuerzos de King y Hamilton, las instancias de Miranda quedaron

(1) Gual, en efecto, decía:


«Yo deseo que usted se persuada de la facilidad de la empresa;
gracias a la oposición atroz de estos monstruos, la santa indignación
es general; la cosa no espera sino un ligero impulso.» Carta de Mi­
randa de 4 de febrero de 1800.
(2) Public Record Office^ Trinidad 2, citado por Robertson, obra
citada, página 344. Me sorprende que Miranda diga en esta carta a
Gual:
«Y have not received from you even a single letter. Probabiy they
have intercepted them. If by any even chance you write to me, let be
under cover to Mr. King, Minister Plenipotentiary of the United
States of America.» (Lo transcribo en inglés, porque no teniendo el
texto español creo conservará mejor el sentido así, que traduciéndolo
de nuevo al español), y digo me sorprende diga esto, porque antes de
esa fecha había recibido dos cartas de Gual, a menos que se refiera
a la respuesta de la que él le envió el 4 de abril: tampoco ignoraba
<iue* Picton las interceptara, pues el mismo Gual se lo dice en la que
•envió el 4 de febrero de 1800.
x ii —26
402 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

sin respuesta, y de esta manera, sus optimismos en esta coope­


ración quedaron defraudados (1).
Pero si las circunstancias le eran adversas, siempre quedaba
a Miranda la energía, la perseverancia y la firme resolución de
alcanzar la consecución de sus fines: por eso, todo era de espe­
rar de Miranda, menos que abandonase su proyecto; y en este
tiempo, fracasadas sus gestiones oficiales, apela a otro procedi­
miento, y se dedica a hacer una activa propaganda para intere­
sar la opinión en favor de su causa, exponiendo en periódicos,
principalmente en la Edinbourgh Review, las ventajas comercia­
les que reportaría a la Gran Bretaña la independencia de las co­
lonias españolas, cuya capacidad económica y riquezas natura­
les dejnostraba, con gran lujo de detalles; siendo de observar la
sagacidad que demostró Miranda al ocuparse de la importancia
política y económica que tendría la comunicación interoceánica
por el Istmo de Panamá, que decía era «no solamente práctica,
sino relativamente fácil, gracias al concurso que le prestan las
condiciones físicas del territorio,» y describe cómo la obra pu­
diera realizarse del siguiente modo:
«El río Chagres—dice—que descarga sus aguas en el Atlán­
tico, es navegable hasta el punto de Las Cruces, distante sólo 15
millas de la ciudad de Panamá, situada a orillas del Pacífico, y
aunque la practicabilidad del Canal en aquellas cinco leguas es
tarea que se halla naturalmente facilitada por el Valle que sigue
el actual camino de recuas, todavía podrían allanarse las difi­
cultades, aprovechando el curso del Trinidad, río que desembo­
ca en el Chagres, y es navegable hasta dicha desembocadura.»
En el mes de abril de 1800 recibía Miranda una carta (2) de
«un fiel y honradísimo amigo» (3), don Manuel de Cajigal, su
antiguo Jefe, dándole cuenta de la sentencia dictada por el Con­
sejo de Indias, en la causa seguida contra ambos por contraban­
do y sospechas de traición, de que fue acusado a su regreso de
la misión que le encomendara en Jamaica su Jefe Cajigal, es­
tando ambos destinados en Cuba; e invitándole a ir a Valencia,
en donde Cajigal se encontraba; proponiéndole además mar-

(1) Adams, C. F. The Works ofJohn Adams,Ttostovi,Wtá.\omaT..


—King R. The life and correspondence oj Rufus King, New
York, 1894.
—H. Schalck de la Faverie. Napoleón et l'Amertque, París,
1917, capítulo iv.
(2) Carta de don Juan Manuel de Cajigal, desde Valencia, en
10 de diciembre de 1799, a don Francisco de Miranda. Anexa la car­
ta de Caro de 31 de mayo de 1800. Archivo General de Indias, Esta­
do Caracas, legajo 4 (125/17).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 262, número 858.
(3) Carta de Miranda (Londres, 4 de abril de 1800) a Gual.
Anexa a la carta de Caro de 31 de mayo de 1800. Archivo General de
Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/16).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 279, número 883.
APORTACIONES 403

char juntos a Madrid a reclamar la indemnización por daños y


perjuicios que se le reconocía en la sentencia.
Miranda contestó 'al General agradeciéndole mucho la fina
atención que con él había tenido, y expresándole la gran satis­
facción que le causaba saber «que D. Manuel de Cajigal es mi
verdadero y fiel amigo—dice,—sin embargo de las vicisitudes
que han podido ocurrir en tan largo y singular período de tiem­
po,» a quien tendría mucho gusto en ver y abrazarle, «pero las
presentes circunstancias meló impiden.» Le hace un resumen
de su vida desde la separación de ambos, y le dice: «cuál sea el
resultado de los graves asuntos que se preparan, ¡Dios lo sabe!.......
mas su amigo de usted ciertamente no se desviará de aquellas re­
glas y principios honrados que h sta ahora le han merecido su
estimación de usted....... » Rechaza la acción para proceder contra
«los hijos y viudas de sus antiguos perseguidores, y se queja de
la conducta de los agentes del Gobierno español en América,
Sue «se obstinan en tratar mal a los americanos»: así dice: «el
íobernador Guevara, llegado recientemente a Caracas (1), co­
mienza a derramar sangre con particular ferocidad y audacia (2);
¡quiera Dios que semejantes violencias no traigan reatos más fu­
nestos aún; y aquellos buenos y desdichados pueblos no sean
siempre víctimas de la injusticia y perfidias europeas» (3).
Esta generosa actitud de Cajigal, lejos de beneficiar a Mi­
randa, vino a perjudicarle, aunque él era bien ajeno a las gestio­
nes de Cajigal para obtener una sentencia favorable y conse­
guir la vuelta a España de su antiguo subordinado; la llegada a
Londres de la carta de Cajigal con la noticia de la absolución
de Miranda, fue interpretada por «algunas personas del Gobier­
no como efectos de solicitud y negociación del mismo Miranda,
que a un propio tiempo empleaba sus intrigas en ambas cortes,
de Madrid y Londres, para sacar partido....... » por 1© cual «había
caído en el mayor descrédito,» y vivía retirado y «receloso de
que le alcanzase alguna de las frecuentes providencias de aliens
bilb (4).

(1) Don Manuel de Guevara Vasconcellos tomó posesión de la


Capitanía General de Caracas el 11 de abril de 1799. Archivo Gene­
ral de Indias, Estado Caracas, legajo 10 (41).
(2) Se refiere a las represiones por la conspiración de 1797.
(3) Carta de Miranda a Cajigal, en 9 de abril de 1800. Archivo
General de Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/18).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 270, número 885.
(4) Don Pedro José Caro es quien nos da estas noticias en la
forma siguiente:
<.... ha arribado a esta plaza, viniendo de Londres, Mr. Bule,
individuo favorito de la sobredicha casa de Turnbull, y que está en
el secreto de las negociaciones de Miranda, el tal solicitó verme y yo
conocí al punto el disimulo y reserva con que me hablaba, sin darme
respuestas categóricas a mis cuestión’ s, sólo una, la suficiente a
entenderlo todo.... Los negocios del General Miranda, me dijo, y él
mismo en su persona han caído en descrédito, todo ha cambiado de
404 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Sin duda alguna había exageración en estos informes que


daba Caro, tal vez para cotizar a más alto precio su traición con
estas noticias optimistas; pues no necesitaba acudir a ningún
testimonio ajeno, para saber el efecto producido a la llegada de
la carta de Cajigal, toda vez que él estaba en Londres cuando
la recibió Miranda; a pesar de esto, no se puede negar que algo
había de verdad en ello, pues la conducta política del Gobierno
inglés permite establecer la creencia de que la sospecha o el te­
mor de que Miranda se congraciara con la Corte de Madrid, ha­
bía de producir gran contrariedad, por privarles de esta manera
de un arma que con gran frecuencia se esgrimía en las relacio­
nes con España.
XXI. Bien porque hubiese caído en descrédito, como afirma
Caro, o porque el mismo Miranda estuviese convencido de que
el Gabinete inglés estaba dispuesto a sacrificar sus intereses con
tal de saciar su odio contra los principios revolucionarios que
había visto establecerse en Francia (1), es lo cierto que renovó
sus gestiones para salir de Inglaterra; por mediación de Malouet
se proveyó de un pasaporte (2), y otro le fue facilitado, el 29 de
septiembre de 1800, por su buen amigo Rufus King, que rodeó el
documento de todas las garantías necesarias para que Miranda no
fuese molestado durante su viaje (3); con estas garantías, el cara­
queño llegó a La Haya, y de aquí fue a Amberes; desde esta po­
blación escribió una carta al Ministro de Policía francés, Fouché,
el 9 Brumario del año 9.° de la República Francesa (31 de octu­
bre de 1800), en la que decía que obligado por la deportación
del 19 Fructidor a buscar un asilo fuéra de Francia, había estado
en Inglaterra, en donde había logrado «por reiterados esfuerzos»
obtener el permiso de salir con dirección a Francia; que de
acuerdo con el Ministro francés en La Haya, al que se había
presentado, había ido a Amberes, para aguardar la respuesta que

aspecto, él vive retirado y receloso de que le alcance alguna de las


frecuentes providencias de abens bilí. Su desconcepto viene de que
los últimos despachos que recibió de la Corte dé Madrid pon la ab­
solución de su causa, se han glosado por personas del Gobierno como
efectos de solicitud y negociación del mismo Miranda, que a un pro­
pio tiempo empleaba sus intrigas en ambas Cortes de Madrid y Lon­
dres para sacar partido.» Memorial de Hamburgo, 24 de septiembre
de 1800. Anexo a la carta de don José de Ocáriz, de 26 de septiembre
de 1800. Archivo General de Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/21).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo I, página 284, número 928.
(1) Interrogatorio a Miranda el 14 ventoso del año 9 de la Repú­
blica. Archives Nationales, Pólice Générale, Affaires Politiques.
Inserto por O’Kelly, obra citada, páginas 98 a 102.
—Este pensamiento de Miranda coincide con los temores que
alegaba Castlereagh para oponerse a los projectos de Miranda. Co­
rrespondente of Castlereagh, tomo vir, página 285.
(2) Ibíd., ibíd.
(3) Archives Nationales, F. 7, 6285, número 5819, f. 23, citado por
Robertson, obra citada, páginas 347 y 348.
APORTACIONES 405

el primer Cónsul se dignase darle a las reclamaciones que le ha­


bía dirigido por conducto del Senador Lanjuinais.
«Como estos documentos—dice—os deben necesariamente
haber sido remitidos, os pido, ciudadano Ministro, tengáis la
consideración que os parezca conveniente para con un ciudada­
no que, no habiendo infringido ninguna ley, ni ejercido ningún
empleo público del cual no haya rendido la más severa cuenta a
su favor, se encuentra, sin embargo, desterrado y mendingando
socorros para vivir, mientras que la República posee la única
parte de los bienes que le quedan de todos los que voluntaria­
mente ha sacrificado para servirla.» (1).
Estando en Amberes recibió una muy nótable carta de un ti­
tulado su amigo, qué demostraba además serlo, en la que le ex­
ponía la opinión de los amigos de Miranda, a todos los cuales
decía haber consultado. Comienza por felicitarlo por «haber po­
dido dejar la Inglaterra....... » que era para él una prisión, de­
biendo estar ya persuadido de que sus votos «nunca hubieran
sido allí cumplidos.» Ante la duda de si sería más dichoso en
Francia, confiesa que no lo cree, temiendo que «por ciertas rela­
ciones con un país vecino,» no esté con más libertad que en In­
glaterra. Expresa su temor por la intervención de una potencia
extranjera en los planes sobre América, y dice a Miranda: «debe
usted bastarse a sí misino, y no es a mil leguas de distancia como
puede decidirse esta importante cuestión. Aproximándose al tea­
tro es como podrá usted estar en estado de juzgarla. Todos los
que se consagren al objeto que usted tiene entre manos, deben
estar en el Nuevo Mundo.» Agrega el anónimo comunicante, que
si a pesar de lo dicho, cree debe visitar aquellos lugares tan in­
teresantes para él por tantos respectos, si cree que los podrá de­
jar cuando le plazca, que no ha de cambiar una prisión por otra,
que su «estancia en Francia no perjudicará a lo que ha sido has­
ta ahora el objeto de todos vuestros pensamientos; el interés
que en ello pongan vuestros amigos, os servirá para obtener el
permiso.» Invoca, por último, la amistad que le profesa para de­
cirle: «sinceramente: en mi opinión, ya es tiempo de terminar el
volumen de Europa y de empezar el volumen de América. Pero si
usted desea añadir al primero, que usted ha hecho tan interesan­
te, un capítulo más, nadie lo leerá con más agrado que yo, na­
die estará más satisfecho de volverle a ver» (2). Quién fuera este
sagaz amigo de Miranda, es cosa que no se sabe; en opinión de
Mancini, «a juzgar por los idiotismos de la ortografía y el estilo
de la carta,» debía ser un español o un sudamericano.» ¿No se-
i
(1) Archives Nationales, F. 7, 6285, número 5819, f. 78, citado por
Carlos A. Villanueva.
—Páginas históricas. Bonaparte y e¡ General Miranda, en
Mundial Magazine, París, 2? année, número 15, juille 1912.
(2) Carta del 16 de octubre de 1800, dirigida al General Miranda
al hotel de VOurs, Amberes. Archives Nationales, F. 7, 6318 b , in­
serta por Mancini, obra citada, páginas 193 a 195.
406 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

ría posible que fuese el enérgico y vehemente don Pedro Fer­


mín de Vargas?....... Lo cierto es que las «predicciones del mis­
terioso consejero se cumplieron al pie de la letra.»
Con el asentimiento tácito de Bonaparte (1), Miranda llegó
a París el 29 de noviembie de 1800, instalándose en la rué Saint
Honoré, número 1497, y al día siguiente dirigió una carta a Fou-
ché, comunicándole su llegada a París para arreglar sus asuntos
y que con arreglo al permiso que le había sido concedido por el
primer Cónsul, estaba dispuesto «a poner en sus gestiortes la
circunspección necesaria para que el orden público no sufra la
nueva alteración por parte de quien ha sido su mejor amigo. Mi
intención—dice—(una vez terminados mis asuntos particulares
con la República) es pasar a establecerme en los Estados Uni­
dos de América.» (2).
Aunque el objeto del viaje a París, según sus declaraciones,
era para arreglar sus asuntos particulares con la República, .esto
es, reclamar los sueldos que se le debían por sus servicios como
General del Ejército francés, de todo lo que llevo dicho se des­
prende que el verdadero fin que se proponía era el de interesar
en sus planes al Gobierno francés, «siempre imbuido en el de­
signio de plantear por cuantos medios le sugiere su obstina­
ción, el modo de revolucionar la América» (3), porque «las acti­
tudes hostiles del sistema revolucionario contra la España, cree
Miranda—dice Caro—muy fácil hacerlas revivir, o en un momen­
to de turbulencia del actual Gobierno consular, o de desavenen­
cia por cualquier accidente entre los dos Gabinetes de Madrid y
París. Su venida ahora aquí—sigue diciendo Caro en 1801—no
fue a otra cosa que a tentar este resorte; y al despedirse me ase­
guró mui sedosamente que sus amigos, sujetos de reputación y
en plaza, quedaban bien penetrados de la idea, acalorándose sus
esperanzas mayormente desde que se divulgó el nuevo tratado
sobre el Misisipí, de cuya posesión es bien público, como se
ha explicado antes de ahora, un Magistrado del régimen direc-
torial.......El estado presente de Inglaterra le parace a Miranda
poco favorable para agitar con fruto sus pretensiones en Lon­
dres. El insiste en el plan de pasar a la Trinidad a unirse con
Gual, desde donde auxiliado de poca tropa inglesa abordan en
cualquier paraje de la Costa Firme y dan el primer impulso a la

(1) Interrogatorio hecho a Miranda el 13 ventoso del año 9 (4 de


marzo de 1801). Archives Nationales, Pólice Générale. Affaires Po-
litiques, inserto por O’Kelly, obta citada, páginas 96 a 98.
—Carta de Miranda al Ministro de Policía, 9 frimario, año 9
(20 de noviembre de 1800). Archives Nationales, F. 7. 6285, número
5819 f, 66. x
—Carlos A. Villanueva, locución citada-
(2) Carta de Miranda a Fouché, 9 Frimario, año 9. Archives Na­
tionales, etc., (véase nota anterior).
(3) Memorial de don Pedro Josef Caro, París, 30 de marzo de
1801. Archivo GeneraJ de Indias, Estado Caracas, legajo 4 (125/29),
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 295. número 968.
APORTACIONES 407

insurrección....... Su primera esperanza es en Philadelphia, don­


de con el favor y opinión de sus amigos Mr. Hamilton, Mr. King,
Mr. Smitt, etc., dice que ningún tiempo más favorable para alar­
mar el Gobierno de aquella República incitando el celo que les
inspira la entrega del Misisipí a la Francia, con las exagera­
ciones de que él sabrá revestir sus oficios» (1).
A Miranda se unió en París Mr. Pickering, Secretario de la
Legación de Filadelfia en Inglaterra, hijo del ex-Ministro de Es-
fado de Norte América; «estuvo pocos días aquí—nos dice
Caro—pero siempre y a todas horas con Miranda.» (2).
El Gobierno francés, que tuvo noticias del viaje de Miran­
da desde su llegada a La Haya (3), y por la delación que su Se­
cretario Dupeyran hizo al Ministro de España en Londres (4), y
la traición de Caro (5), le sometió a vigilancia desde su llegada
a París; acusado luégo de haber dado a Inglaterra noticias que
dañaban a la República; considerado como sospechoso por su
conducta durante su anterior estancia en Francia, en que se creía
había estado a sueldo del Gobierno inglés; temible por «su ta­
lento para la intriga» (6), y recelando estuviese «dedicado al es­
pionaje y correspondencia con los enemigos del Estado» (7), fue
detenido, sellados sus papeles por orden de Fouché (8), y ence­
rrado en el Temple. Su amigo, el Senador Lanjuinais protestó
contra esta detención del ex-General de la República, «que le
negaba un asilo, por toda recompensa a sus servicios, pues sus
sueldos e indemnizaciones—dice—se le deben todavía. Si esto
es político, no es liberal,» y por estar incomunicado Miranda,
pidió Lanjuinais, en su nombre, un pasaporte para Holanda, y
permiso para estar en París tres o cuatro días con el fin de arre­
glar sus asuntos (9). Gracias a esta intervención, fue puesto en

(1) Memorial de Caro. París, 20 de abril de 1801. Archivo Gene­


ral de Indias. Estado Caracas, legajo 4 (125/40).
—Torres Lanzas, obra citada, tomo i, página 297, número 972.
(2) Memorial de don Pedro Josef Caro. París, 20de abril de 1801.
(3) Archives Nationales, F. 7, 6285, número 5819, f. 77, citado por
Robertson, obra citada, página 349, nota d.
(4) Archives Nationales, F. 7, 6246, citado por Mancini, obra ci­
tada, página 195.
—Memorial D’Ossenville. Archivo General de Indias, Estado
Caracas, legajo 4 (125/5).
(5) Véase el Memorial de Hamburgo de 31 de mayo de 1800, y los
otros memoriales citados.
(6) Archives Nationales, F. 7, 6285, número 5819 b , citado por
Robertson. obra citada, página 349.
(7) Interrogatorio de Miranda el 13 Ventoso, año 9. Archives Na­
tionales, F. 7, 6318 B, inserto por O’Kelly, obra citada, página 96.
(8) Archives Natioaales, F. 7, 6285, número 5819, páginas 65 y
386, citados por Robertson, obra citada, página 348.
’ (9) Archiues Nationales. París, 20 Ventoso, année 9, F. 7, 6285,
número 5819, f. 84, citado por Carlos A. Villanueva en Mundial Ma-
gazine, ya citado.
408 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

libertad, concediéndosele un pasaporte para Holanda (1) y per­


mitiéndole la estancia en París durante cuatro días (2), al cabo
de los cuales salió de Francia, y a últimos de abril llegó de nue­
vo a Londres (3).
XXII. Addington había sucedido en el Gobierno a Pitt, y
prosiguiendo la política de éste, se disponía a atacar fuertemen­
te a los enemigos de Inglaterra, por lo que el pensamiento de
atacar a las colonias españolas de América adquirió todos los
visos de una próxima ejecución; el 29 de junio de 1801 se le pi­
dieron informes a Picton sobre la actuación en las islas, y el es­
tado de aquéllas (4); tanto éste como Miranda dieron al Gobier­
no amplios detalles sobre aquellos territorios, presentado ade­
más el plan para las operaciones militares. Ya estaban aproba­
dos y hechos todos los preparativos para realizar la expedición,
cuando los preliminares de la paz de Amiens, octubre de 1801,
paralizaron los proyectos (5) que aún siguieron siendo estudia­
dos por los Ministros, continuamente instados a llevar a cabo la
empresa por Miranda y Picton (6), hasta que el Tratado de
Amiens, de 25 de marzo de 1802, hizo se abandonasen estos
planes.
Sin embargo, la paz no podía ser muy duradera, el orgullo
de la Gran Bretaña y la ambición de Napoleón eran indicios
más que suficientes para hacerlo prever; los preparativos para
una próxima lucha no se descuidaban por ninguna de las par­
tes; aunque a mediados de 1803 ya se temía la ruptura de la paz,
Miranda, disgustado de nuevo por la actitud de los ingleses,
anunció a fines de agosto a Mr. King que estaba en los Estados
Unidos, su firme propósito de salir de Inglaterra y marchar a
Trinidad, con o sin socorros, esperando que la ayuda de sus
amigos de los Estados Unidos viniese en su auxilio; aunque el
pasaporte le fue dado (7), la perspectiva de la guerra con Fran­
cia y España, en octubre de 1803, le hicieron sin duda desistir
de su viaje, pues el Gobierno nuevamente estudió los planes de
Miranda y los del Coronel Fullerton (8), y se proyectó una ex­
pedición, que al mando de Miranda, había de dirigirse en pri-

(1) Memorial de Caro, París, 20 de abril de 1801, ya citado-


(2) Archives Nationales, París, 20 Ventoso, année 9, F. 7, 6285,
número 5819, f. 84, citado por Carlos A. Villanueva en Mundial Ma-
gazine, número citado.
(3) Public Record Office, France 57, citado por Robertson, obra
citada, página 350.
(4) Draf , Public Record Office, Trinidad 2, citado por Robert­
son, obra citado, página 351.
(5) Semanario Ministerial, etc., ya citado. Archivo General de
Indias, estante 117, cajón 6, legajo 16 (21).
—King, Corrzspondence of King, tomo IV, página 262.
(6) Conespondence of Castlei eagh, tomo vil, página 288.
(7) King, obra citada, tomo iv, páginas 298, 299, 517 y 518.
(8) Ibíd., ibíd.
APORTACIONES 409

mer lugar a Caracas, en donde él esperaba levantar un ejército


de 15 o 20,000 hombres, con los que iría a las Provincias de
Santafé y Quito. Un puesto fortificado debía establecerse en el
Istmo de Panamá, para tener comunicación con las fuerzas coo­
peradoras (1). Nuevamente quedaron sin efecto estos planes, y
el disgusto de Miranda vuelve a exteriorizarse con el propósito
de abandonar a Inglaterra para ir a Trinidad, y realizar por sí
solo sus proyectos; pero la vacilación que veía en este asunto
en el Gobierno inglés, detuvo la realización de sus propósi­
tos (2).
La declaración de guerra entre Francia e Inglaterra (mayo
de 1804), y la vuelta de Pitt al Poder, ocasionaron la presenta­
ción de. numerosos proyectos referentes a las colonias españo­
las. Picton, que había dejado de ser Gobernador de Trinidad,
ilustraba al Gobierno sobre la actuación en aquellos territorios.
William Jacob presentó unos planes, según los cuales debían
emprenderse tres expediciones: una partiendo de Inglaterra o Ir­
landa contra lía Plata; la segunda, desde Madros a Chile, y la
tercera, desde el oeste de las Indias contra el istmo de Da-
rién (3). La guerra con España a fines del mismo año de 1804,
trajo nuevos espontáneos colaboradores en estos planes, con los
cuales Miranda se puso en relación, haciendo valer su papel
para las empresas proyectadas (4). Por mediación de Vansittart,
Miranda entró en relaciones con Popham, y ambos redactaron
un proyecto de ataque a las colonias españolas en América. En
el plan se contaba con la ayuda que prestarían los naturales.
Miranda iría a Trinidad, donde se concentrarían las fuerzas que
atacarían por Tierra Firme, entre el Orinoco y Santa Marta; otro
punto de ataque sería Buenos Aires, y una. tercera expedición
debía ir contra Valparaíso (5).
•Este plan contenía unos proyectos con respecto a la suerte
posterior de los territorios americanos, que no estaban en armo­
nía con las ideas de Miranda, celoso, como he dicho antes,
de la completa independencia de su país, sin sujeción a ningún
poder extraño. Ante la dominadora actitud de Inglaterra, no le
quedó a Miranda otro camino que el de evitar su cooperación a
un tan funesto proyecto.

{X\ €orrespondence of Castlei eagh, tomo iv, páginas 291 y 292, y


tomo vil, página 291.
(2) King, The life and carrespondence, etc , obra citada, tomQiv,
páginas 429 a 433. »
(3) Chattam, Manuscripts, 345, citado por Mancini, obra citada,
página 199 (nota), y por Robertson, obrá citada, página 355.
(4) Mancini, obra citada, página 199.
(5> Copy of a paper delivred to lord Melville. October 10 th 1804.
War Office, número 161, citado por Mancini, obra citada, páginas
200 y 201.
410 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

XXIIL Obedeciendo quizá a estos designios, escribió en 13


de junio de 1805 una carta a Pitt, pidiéndole un pasaporte para
dirigirse inmediatamente a la isla la Trinidad, con el objeto de
unirse a sus compatriotas, que aguardaban impacientemente su
llegada, para iniciar la importante obra de su emancipación por
ellos mismos, ya que los prometidos socorros de Inglaterra ha­
bían sido tántas veces aplazados; cosa que atribuía más bien
que a mala voluntad por parte de Pitt, a las «pérfidas insinua­
ciones» de algunos de sus propios compatriotas y conocidos,
por lo cual él ofrecía someter sus papeles y su conducta a un
examén, para disipar toda sombra de sospecha, y que libre su
nombre de la calumnia, pudiera ser restablecida la confianza en­
tre él y el Ministro (1). ,
Mientras tanto la situación europea hizo cambiar los desig­
nios del Gobierno inglés, que preocupado por los preparativos
que hacía Napoleón, pensó en reconcentrar sus fuerzas para de­
fender las islas contra la temida invasión francesa.
Si por este lado el estado de cosas era adverso a los planes
de Miranda, en cambio más allá del Atlántico parecían esperarse
acontecimientos favorables: las relaciones entre los Estados
Unidos y España presentaban mal cariz, a causa de la discusión
sobre la delimitación de. la Luisiana, dejándose entrever la po­
sibilidad de una contienda, en cuyo caso la ayuda para la inde­
pendencia a Sur América no era aventurado suponer sería un
hecho (2). Miranda no dejó de apreciar este aspecto de la cues­
tión; creyó más conveniente y decisivo obtener una cooperación
que no obrar solo, como ya tenía decidido, y ya que no la ac­
tuación directa del Gobierno inglés, consiguió que éste tomase
por su cuenta lps gastos de la expedición que proyectaba hacer
desde los Estados Unidos. Vansittart, el Secretario adjunto de
la Tesorería, le facilitó Z 6,000, y con el beneplácito del Go­
bierno, le autorizó a girar contra el Tesoro por valor de otro
tanto. Las diferencias entre Miranda y Pitt, debieron haber des­
aparecido, porque antes de dejar el primero Inglaterra, llevaba
la garantía de que el Gobierno inglés secundaría sus proyectos
en todo lo que le permitieran las circunstancias. Una .vez obte­
nido cuanto posible era de la Gran Bretaña, se dirigió a los Es­
tados Unidos, en el mes de octubre de 1805 (3). Así terminaba

(1) Correspondente of Castlereagh, tomo vn, páginas 414 a 416.


—Chattam, Correspondente, 160, citado por Mancini, obra cita­
da, página 203.
(2) Véase James Alexander Robertson: Lousiana under the sute
of Spain, France and the United States. 1785-1807, develad, Ohío,
1911..
— Monette, History of the discovery and settlement of Mississi-
pi, New York, 1846.
—W. R. Shepherd, Cession Louisiana to Spain, Boston, 1904.
(3) Gil Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, tomo i,
páginas 98 y siguientes.
DIARIO 411

lo que el anónimo comunicante de París llamaba el Volumen de


Europa, para encabezar con la memorable expedición de 1806 el
Volumen de América.
Ju Xn M. Ag u il a r

DIARIO
DE LAS OPERACIONES DEL EJÉRCITO DE DON JULIO ARBOLEDA,
DE MARZO A AGOSTO DE 1862

(Llevó este diario el señor Manuel María Luna, célebre institutor,


nacido en Caloto en 1806, y cuyo primer discípulo fue Arboleda; ejer­
ció su noble magisterio por espacio de sesenta años, habiendo sido
iniciador, en el camino de la ciencia, de muchos de los más notables
hombres del Cauca: Sergio Arboleda, Joaquín Valencia, Trujillo,
Isaacs, Albán, Muñoz Feijoo, Carvajal Valencia, Guillermo Valen­
cia y otros muchos fueron sus discípulos. El maestro Luna, a quien
cantó don Julio en una de sus poesías, murió cargado de años y de
merecimientos en 1891).

Marzo 18 (martes)—En este día apareció el señor Julio Ar­


boleda en el Achiral (suburbio de Popayán) con un Ejército de
cerca de tres mil hombres, cuya marcha había emprendido
desde Quinamayó.
19— Continuó su marcha y pernoctó en Antomoreno.
20— Aquí quedó el General Córdoba (Jacinto) con parte de
la fuerza, y el señor Arboleda continuó su marcha hasta el Tro­
je (Timbío), donde pernoctó.
21— El señor Arboleda, con alguna fuerza, marchó para el
Tambo, y el señor Sergio Arboleda para Dolores: el resto de la
fuerza de Antioquia quedó en el reducto.
22— El señor Sergio Arboleda regresó en este día sin no­
vedad (25....... el señor Julio Arboleda regresó igualmente des­
pués de que los Coroneles Joaquín María Córdoba, N. Vergara
y Manuel María López destruyeron unas partidas de ban­
didos) (1).
23— Se le remitieron al General Córdoba 43 reses custo­
diadas por veinticinco infantes y diez caballeros ; en Sachacoco
fueron atacados por los indios; la resistencia por parte de los
antioquenos fue ninguna; dispersóse el ganado, y poco después
se dio auxilio a esta fuerza, y se recogió algún ganado. El ene­
migo cogió cinco prisioneros.
Se recibieron noticias del señor Canal, y sobre la disper­
sión del Ejército del General López.
24 —Por comunicación de Antioquia se recibieron las mis­
mas noticias sobre Canal.

(1) Bandidos, facciosos, facinerosos eran frases usuales en los


hombres de ambos bandos para designar a sus adversarios—(Nota
del Boletín).
412 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

25—Se había prohibido a todo hombre del Ejército sepa­


rarse del campamento, y sin embargo varios antioqueños, des­
obedeciendo, se fueron a merodear hasta Pambío, en donde fue­
ron sorprendidos y muertos dos, y se perdieron algunos fusiles.
26, 27 y 28—Nada ocurrió, sino solamente que se recibió
noticia de que el General Henao había sido hecho prisionero
con la mayor parte de su gente, en Las Hojas, por Eliseo Payán.
29— Regresámos a Antomoreno.
CAMPAÑA DE LOS TRECE DÍAS

30— Continuámos la marcha y pernoctámos en Calibío.


31— A Corrales.
Abril l.°—A Aganche.
2— A Buenos Aires.
3— A La Balsa.
4— A Cauca.
5— A Las Cañas.
6— A La Viga.
7— Permanecimos allí.
8— Continuámos hasta La Chanca a las cinco y media de la
tarde; permanecimos allí hasta las siete y media, y luégo nos
pusimos en movimiento; marchámos lentamente arrimados a
San Antonio y la ciudad (Cali); pasámos el río con trabajo
por estar un poco crecido, e hicimos, alto en la subida de San
Antonio, a la una de la mañana, y allí acampámos, quedando
de este modo cortados los enemigos, los cuales estaban situa­
dos en el cerro que mira a San Fernando, y que está paralelo al
camino de San Antonio.
Así se halló Payán, caudillo de los enemigos, sin retirada
hacia el puerto (Buenaventura), la cual parece que pretendía ha­
cer al día siguiente.
Al hacer el señor Arboleda este movimiento, hizo marchar
al Coronel Joaquín María Córdoba por el lado de la iglesia de
San Antonio hasta Santa Rosa, para impedir una sorpresa al
Ejército.
9 y 10—Permanecimos acampados, y por la tarde llegó el
Comandante Bozo (Antonio) a Cali, con un Escuadrón.
Desde este día por la mañana ocupó una de nuestras Divi­
siones el cerrito de la iglesia de San Antonio.
11—A las cinco y media de la mañana rompió sus fuegos
contra el enemigo el Coronel Córdoba, por el lado del Cabuyal
y Cristales, eminencia que ocupaba el enemigo, que fue arroja­
do hacia la falda ; y en este ataque, que fue brusco, salió herido
dicho Coronel, pero las guerrillas continuaron el empuje. Cerca
de media hora después se rompió el fuego por el frente, es decir,
por el lado de la casa de San Antonio; y esta demora provino
de que el grueso del Ejército se atrasó en emprender su movi­
miento, porque el Comandante en Jefe se durmió a la madru­
gada.
DIARIO 413

El Coronel Córdoba dio orden a sus soldados que sólo hi­


cieran cinco tiros y cargaran a la bayoneta; el resto del Ejérci­
to al fin avanzó sin hacer fuego. Y es la verdad que ya casi no
tenía pertrecho.
Sin embargo, esto fue útil, por cuanto no alcanzó a obrar
nuestra artillería, pues si lo hubiera hecho, habrían perecido
muchos de los prisioneros antioqueños que el enemigo tenía
amarrados en el principal núcleo, El Cabuyal, en donde hizo
el mayor y último esfuerzo.
Algunos cuerpos quedaron de reserva: los otros entraron
en pelea.
Desde el primer Jefe hasta el último soldado tenían tal con­
fianza en el triunfo, que desde el principio gritaban los solda­
dos vivas como si ya fueran vencedores.
Trepaban casi sin hacer fuego, y llegaron a aproximarse
tánto a los enemigos, que a muy corta distancia casi no se dis­
tinguía cuáles eran los unos y cuáles los otros.
El Comandante en Jefe avanzó en persona con su guardia
de honor, llamada de los Verdes, hasta el campo enemigo, pre­
cedido del Batallón Quindio, mandado por su Comandante Fran­
cisco Luna, y por el Comandante Leónidas Quintero, a la cabeza
del Batallón tercero.
Entonces Payán alzó bandera blanca, y cesaron los fuegos.
Payán, además, imploró la protección de su prisionero Ge­
neral Henao, a quien había tratado muy mal, y no obstante éste
le ofreció su apoyo.
El Comandante en Jefe trató a Payán y a los demás prisio­
neros benévolamente, y a su ejemplo hicieron lo mismo los de­
más individuos del Ejército; y no se oyó insulto, amenazas, ni
cosa alguna que indicara venganza.
' Quedaron en nuestro poder todos los Jefes, Oficiales y sol­
dados; sus armas, municiones y bagajes, no habiéndose esca­
pado de los soldados ni cien hombres.
Terminó la acción poco más o menos a las siete y media
de la mañana, habiendo durado sólo dos horas.
Sobre el campo de batalla fue ascendido el Coronel Cór­
doba a General, con universal aplauso.
El enemigo contaba con una fuerza disponible de 2,200
hombres; y los sostenedores de la ley con la de 4,000 hombres,
pero de éstos sólo pelearon poco más o menos 2,000 hombres.
EJÉRCITO UNIDO

Muertos: Jefes, cuatro; Oficiales, cinco; clases, veintiuna;


soldados, ciento veinticuatro; total, ciento cincuenta y cuatro.
Heridos: Generales, uno; Jefes, tres; Oficiales, nueve: cla­
ses, veintisiete; soldados, sesenta y dos; total, ciento dos.
Total, doscientos cincuenta y seis.
Pérdidas del enemigo, cuatrocientos.
Total general, seiscientos cincuenta y seis.
414 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

El Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Coronel Ser­


gio Arboleda, que desempeñó noblemente sus funciones en esta
batalla, marchó por la tarde con alguna fuerza hacia las Juntas,
y al día siguiente le siguió alguna otra fuerza.
Adviértese que el día 9, tan pronto como amaneció, mar­
chó el Batallón 7.° hacia el valle del Salado, en cuyo tránsito hizo
prisioneros entre otros a los señores José Francisco Rengifo,
Tomás Joaquín Rengifo, Manuel María Zamorano, etc., y a
unas mujeres que iban con ellos, y además dos cajones con pa­
peles interesantes de Payán y otros; $ 80 y algunas piezas de
ropa que se distribuyeron íntegramente a los soldados; quedan­
do sólo los papeles a cargo del Estado Mayor General.
El día 10 se supo que José Sánchez (el General José María)
estaba en Cerrogordo en auxilio de Payán, y ésta fue una de
las causas para atacar el día 11.
Entre los muertos se cuenta al muy digno señor Toribio
Escobar, y a otros Jefes de nombradla, tales como Gutiérrez,
Jiménez, Suárez, etc.
El campo que Payán había escogido era de difícil acceso,
y en partes muy áspero; pero franqueable casi por todas partes
y por lo mismo difícil de defender de un ataque bien combina­
do y dado por valientes.
El señor Arboleda se aprovechó felizmente de la impericia
de aquél, y obtuvo un triunfo espléndido, y tan completo como
no se podía esperar.
En el instante en que se rindió el enemigo quedaron resca­
tados, o libres, el señor General Henao y demás compañeros
prisioneros hechos por Payán en Hojas, y en ese mismo instan­
te todo fue placer y demostraciones de júbilo por la libertad de
tan dignos copartidarios: casi ahogaban al General con abrazos
todos los individuos del Ejército, y cada cual se afanaba por
saludarle y decirle sus sentimientos.
Como por encanto se habían reunido a Payán los más fa­
mosos bandidos que aún permanecían^ocultos en los bosques
de Cauca, y cayeron prisioneros individuos que nunca habría
sido posible haber a las manos de algún otro modo.
EJÉRCITO DE ANTIOQUIA

Pérdidas—Muertos: Jefes, dos; Oficiales, dos; tropa, sie­


te ; total, once.
Heridos: Jefes, uno; Oficiales, siete; tropa, diez y ocho;
total, veintiséis.
Suma, treinta y siete.
Entre los papeles cógidos a Payán existía una lista de los
prisioneros de Las Hojas, según la cual, incluyendo cincuenta y
ocho Jefes y Oficiales, montaba el total a trescientos treinta y
cinco hombres.
El Comandante en Jefe ascendió a Generales a los señores
Rafael María Giraldo, José María Gutiérrez (alias Botella), José
María Caballero, de la División de Antioquia.
DIARIO 415

12 y 13—Nada ocurrió en Cali.


14— Hubo en la iglesia de San Francisco misa de acción de
gracias por el triunfo del orden. Pronunció un discurso bastante
bueno el Capellán de la División de Antioquia, señor presbítero
Joaquín Guillermo González.
15— Nada ocurrió. i
16— Marchó la cuarta División al mando del Coronel M. M.
López para la vía de Taula.
Por la noche llegó de regreso de Juntas una fuerza de an-
tioqueños que había ido con el señor Sergio Arboleda, sin ha­
ber tenido novedad.
17— Nada nuevo.
18— Nada.
19— El 19 de mayo se recibió una nota del Jefe de Estado
Mayor General del Ejército, fechada en Mondomo el día 18, co­
municando que el señor Juan Bautista Cajiao, Sargento Mayor,
derrotó a los enemigos en Los Arboles (cerca de Veinticuatro)*
matándoles doce y haciéndoles diez y seis heridos; muriendo
entre los primeros los Jefes Manuel de Jesús Erazo y Manuel
Fernández; cogiéronse diez fusiles?-un trabuco y una carabina;
nosotros tuvimos un muerto y tres heridos. Esta acción fue el
día 5 de mayo, por la tarde. El día 2 habían sido capturados en
Lerma el titulado Coronel José Quiñones, su compañero Fran­
cisco Zúñiga y ocho individuos de tropa.
20, 21, 22 y 23—Nada (se quemó la casa de la señora Re­
medios Camacho).
24 a 27—Marcharon varios Cuerpos hacia el Sur, vía de La
Bolsa, bajo el mando del General Córdoba. (24. El señor Sergio
Arboleda regresó enfermo de las Juntas).
30—Hubo exequias en San Francisco por los que perecie­
ron el día 11 sosteniendo las instituciones.
Mayo l.° al 2—En este día fue derrotado Manuel Campo en
el sitio de Barrocolorado, por el Coronel Manuel M. López.
Campo, titulado Coronel, con una fuerza de trescientos hombres
del Ejército del señor José Hilario López, y habiendo penetrado
por la vía de Caloto arriba, por la falda de la codillera, salió a
las inmediaciones de Quebradaseca. Murieron cuarenta hombres
del enemigo, del Batallón 10.° López M. M. comenzó la pelea
con ochenta hombres; agregáronsele después como veintiocho
más, y con éstos desbarató al enemigo.
5—En este día marchó el Comandante en Jefe por La Can­
delaria a abrir operaciones. El día anterior marchó el Estado
Mayor General por la vía de Jamundí, pero regresó hoy 5 para
seguir a Candelaria.
8—Hoy marcha la columna de Antioquia que había queda­
do aquí de guarnición, para el Tablón del .Palo, al mando del
General Caballero.
En ese sitio está reuniéndose todo el Ejército.
18—El Coronel Joaquín Paz y el Teniente Juan Luna vi­
nieron desde Quinamayó a ésta a llevar seis individuos de los
416 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

prisioneros, entre los cuales se encuentran Payán, Cesáreo


Sánchez, Wiesner, Albarracín, Giraldo; y regresaron el mismo
día para el Cuartel General.
26— Llegó a esta ciudad, por la noche, el señor General
Leonardo Canal y también el señor Rafael Giraldo.
27— A las ocho de la noche se recibió el parte en que el
General Arboleda comunica la victoria qué obtuvo sobre parte
de las fuerzas del señor José Hilario López el día de ayer por
la tarde, en el alto de Aganche. Dice que el choque lo hizo dar#
lanza y bayoneta, y no duró quince minutos. A las seis de la
noche iban contados treinta muertos del enemigo, y un herido
nuéstro: se estaban haciendo prisioneros. Una carta de persona
respetable dice así:
«Nicanor Escobar y González, con unos trescientos hom­
bres, llegaron persuadidos, según parece, de que nosotros ve-
olíamos en fuga; y como no veían ya nuestro campo que se es­
taba pasando atrás de la loma, imaginaron que estábamos pa­
sando el río, y se vinieron sobre nosotros por la izquierda y
centro, como quien va a su casa. Los dejámos llegar, y dieron
con nosotros. Juzgue usted cómo sería la cosa en estas lomas
limpias, entrando en lid con la caballería patiana: parte fue víc­
tima de las lanzas, parte de las balas, parte se despeñó a Cauca
y a Ovejas, parte cayó prisionera y el resto se dispersó, en tales
términos que no llegaron al Hatico sino cinco.»
, Hasta el día 30 se habían contado sesenta y cuatro muertos
y nueve desnucados.
Junio—Hoy, viernes 6, marchó la División de Antioquia a
unirse en Aganche con el Ejército del Cauca; y la División del
señor Canal está en marcha de Cartago a Aganche, con el mis­
mo objeto. Por varios datos se supone que el Ejército de Mos­
quera, a órdenes de López, que se hallaba acampado hasta el 2
del corriente en Piendamó, atacará las fuerzas mandadas por el
señor Julio Arboleda; y por esto éste concentra sus fuerzas, y
aparentando mucha debilidad atrae a su enemigo a un sitio don­
de pueda batirlo con ventaja.
Las fuerzas de Arboleda llevan de ventaja sobre las adver­
sarias la habilidad incuestionable de su Jefe y el orgullo que
han adquirido por los diversos y continuados triunfos consegui­
dos sobre aquéllas ; además tienen mucha moralidad, y los sol­
dados son voluntarios; los Oficiales y Jefes,* honrados y casi
todos hombres de educación, mientras qu® en los enemigos es
raro hallar estas tres últimas cualidades.
7—Se tuvo noticia del Cuartel General (Alto de Aganche)
que José Sánchez, con trescientos hombres, había tomado de
Piendamó para Popayán; José Hilario López, con novecientos,
para Miraflores, y Rosas, con unos pocos, por Usenda, quedan­
do Nicanor Escobar en Piendamó. La marcha, el 3.
Las fuerzas legitimistas marcharon en seguimiento: el día
4, la primera y cuarta División; el resto del Ejército, el 5. Por
DIARIO 417

una carta del General Córdoba del día 5 se anuncia la ocupa­


ción de Popayán por el señor Zarama (1).
18—En esta fecha se hallaba el Cuartel General en Quina-
mayó, y estaban ya reunidos los tres Ejércitos, a saber: el del
Cauca, el de Antioquia y el del Norte al mando de los Genera­
les Joaquín María Córdoba, Braulio Henao y Leonardo Canal;
General en Jefe, Julio Arboleda.
23— En este día se hallaba José Hilario López en Totoró,
y nuestro Cuartel General en Melcho; ese mismo día se movió
éste, por la noche, situándose en Piendamó, cuyo punto estaba
ocupado desde por la mañana por nuestra vanguardia. De allí se
divisaron tres toldos en Novirao, y se mandó una columna a ata­
car esa fuerza enemiga, lo que se verificó, poniéndola en ver­
gonzosa fuga por la mañana del día siguiente.
24— A las doce del día siguió el Ejercito a Cajibío, de don­
de tomó el camino que por Novirao y Hatoviejo conduce a Sil­
via, y pernoctó en el primer sitio por hallarse muy mala esa vía.
25— De Novirao, a las cinco de la mañana del 25, marchó el
Ejército para Miraflores, en donde la descubierta se tiroteó un
rato con una guerrilla enemiga, que ocupaba el camino que va a
Totoró.
26— Ese mismo día el grueso del Ejército rebelde se retiró
de Totoró hacia elGuanacas: ocupámos ese pueblo, y se mandó
atacar la fuerza enemiga que se hallaba en el alto del Obispo,
muy bien parapetada. Dos divisiones del Ejército del Cauca, al
mando del General Córdoba, siguieron por el camino público, y
el Comandante en Jefe, con dos columnas de los de Antioquia y
el Norte, tomaron el de Polindara, con el fin de cortar a los rebel­
des. Después de alguna resistencia fueron desalojados de sus
fuertes posiciones del Obispo, quedando muerto el titulado Co­
ronel Manuel M. Campo, de Caloto, quizá el mejor délos tenien­
tes de López. Continuó la persecución a los enemigos, el Gene­
ral Córdoba en la fría altiplanicie de Malvasá, y al día siguiente
se reunió con el General Arboleda en el tambo de Gabriel Ló­
pez. *
27— En el camino que de Polindara conduce a dicha planicie,
tenía López siete trincheras bien guardadas; pero sus defensores,
a la aproximación de las fuerzas del General Arboleda, las aban­
donaron cobardemente. Juntos los dos Generales siguieron hacia
el páramo. En el Chuscal, posición bien defendida por un ria­
chuelo profundo, estaba una partida enemiga protegiendo la
huida de José Hilario López; y a pesar de haber cortado el puen­
te y de l^s trincheras que los favorecían, se les rechazó, tomán­
doles un/número considerable de muías, ganados y otros des­
pojos. Seles persiguió hasta la subida del páramo; pero ha­
biendo pasado ya López, y estando nuestra tropa sin comer, se
devolvió al tambo. Los soldados de López corrían, tal era el
terror de que iban poseídos.

(1) No fue cierta—(Nota del Boletín).


'S.u—Tl
418 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

28—Parte del Ejército del Cauca quedó allí, y el resto vol­


vió a Miraflores. El mismo día marcharon el General Henao y el
Coronel Manuel María López para Silvia, en donde estaba Eze-
quiel Hurtado con su partida de indios de Tierradentro; pero
los bárbaros huyeron despavoridos al divisar a nuestros vetera­
nos, los que ocuparon sin novedad ese lugar el 29.
No hay suficientes palabras para vituperar lo bastante la
cobarde conducta de López, que según dicen, se ha dejado de­
rrotar, se ha puesto en vergonzosa fuga, sin ver siquiera al ene­
migo.
30—Hurtado, como se dijo, huyó a Pitayó el 29. El 30 mar­
chó el General Henao en persecución de los pijaos, y logró al­
canzarlos en Quintero, la subida que conduce al páramo de Mo­
ras, y derrotarlos completamente, haciéndoles pasar la cordillerra
en dispersión y llenos de terror. Murieron diez y seis de los bár­
baros, y se les tomaron algunos prisioneros, entre ellos a un fran­
cés Noel, y se pasaron otros a nuestras filas; de los nuéstros
fueron heridos un Capitán y tres soldados.
Después de haber perseguido los Generales Canal y Cór­
doba a los fugitivos soldados de López hasta Corrales, al lado
opuesto del páramo de Guanacas, regresaron al Cuartel Gene­
ral de Miraflores.
Julio 2—El 2 de julio se movió el Ejército hacia el Sur, y el
mismo día, por la tarde, la columna de vanguardia, al mando de
los Qoroneles Manuel María López y Dolcey Patino, rechazó la
partida enemiga que guardaba el puente de Cauca, a una legua
de Popayán. Allí murió el Capitán Angel Narváez, valiente y
muy estimable Oficial.
4— Por la mañana siguió el General Córdoba a ocupar la
ciudad, y José Sánchez se retiró a sus guaridas de Chiribío. En
la entrada de la ciudad estaban unas guerrillas para proteger la
fuga de Sánchez y sus compañeros, las que después de algunos
tiros huyeron velozmente. El General Córdoba y el Comandante
en Jefe persiguieron a los rebeldes hasta más allá de los Ejidos, e
hicieron algunos prisioneros, entre ellos ocho de los principales.
El Comandante en Jefe y la Plana Mayor llegaron a Popayán el 4.
5— El Comandante en Jefe, con el grueso del Ejército, siguió
para el Sur, y hasta el 7 estaba el Cuartel General en Antomo-
reno.
Los facciosos Risalde y Manuel José Guevara atacaron al
destacamento del puente de Cauca, en Popayán; a saber: por el
lado de Pisojé bajaron hacia el puente y vadeando el río ataca­
ron al mismo tiempo por el lado derecho al destacamento como
a la una de la mañana. Al pricipio la sorpresa hizo que la mayor
parte de los soldados se desbandara y quedaran muy pocos (de
veinticinco a treinta). El Coronel Dolcey Patiño y algunos Ofi­
ciales hicieron frente al enemigo, con que trabaron una cruda
pelea en el puente. Los rojos, que eran en número de doscientos
cincuenta, fueron derrotados; a espada y bayoneta murieron
veintidós;y quedaron prisioneros seis,huyeron y fueron heridos
DIARIO ’ 419

muchos. Las fuerzas constitucionales sólo eran de ochenta hom­


bres, de los cuales hubo nueve soldados y el Comandante Simón
Echeverri muertos, y trece heridos.
5—El Ejército de Antioquia, el Batallón de Artilleiía y al­
gunos otros Cuerpos quedaron en Popayán; pero la Artillería y
un Escuadrón debían marchar hacia el Sur (custodiados a su
salida por los antioqueños y demás fuerzas) para unirse a las
Divisiones que llevó el Comandante en Jefe.
21—El lunes 21, a la madrugada, iban a emprender su mar­
cha, y de repente el General Henao dio la orden de marchar
para Cali, y así se verificó, sin que pudieran valer las más
juiciosas reflexiones para que se variase de intento. Así, la mar­
cha se hizo forzada, y varias familias, que se habían unido a la
División que iba a seguir para Pasto, tuvieron, contra su volun­
tad, que seguir al Cauca, menos la de la señora Matilde Pombo.
Los indios comenzaron a hacer fuego a nuestras fuerzas
desde el Humilladero hasta Cauca.
26—El Ejército de Antioquia entró a Cali el sábado 26, y el
General Caballero/con una parte de él, se quedó en Buenos
Aires, para luégo venirse.
10—Las Juntas del Dagua: El 10 del presente más de dos­
cientos negros, capitaneados por Jacinto Solano y otros, asalta­
ron el destacamento del Carrizal y lo hicieron prisionero; luégo
intentaron hacer lo mismo con el del Saltico, y no lo consiguie­
ron. Pero el Comandante Echeverri (Nicanor) hubo de retirarse
por ser pocas sus fuerzas. Evacuado el Saltico, también lo fue
el pueblo de Juntas; y el enemigo lo ocupó poco después. Nues­
tras fuerzas se colocaron en Papagayeros y Platanares.
30—En esta fecha marchó hacia Juntas, desde esta plaza, la
cuarta División, con el objeto de buscar y combatir al ene­
migo.
El Jefe de operaciones nombrado por el Gobierno del Esta­
do es el General Joaquín María Córdoba, quien marchó desde
ayer a Las Pavas, y al día siguiente sorprendió una partida y
quedó el lugar libre.
(En la desgracia del Carrizal tuvo mucha parte la cobardía
del Oficial).
Agosto 4—Habiendo entrado en este día a Popayán el Co­
mandante en Jefe con la Plana Mayor, al día siguiente marchó
hacia el Sur.
Marchó (de Cali) el Ejército de Antioquia a acantonarse
entre Palmira y Buga; y antes de marchar dejaban para impri­
mirse en La Reacción un artículo firmado por el señor Abraham
García, desmintiendo las especies que circulan de que se iban
para Antioquia por disgustos con el señor Arboleda, y protes­
tando además que nunca ha sido como hoy más estrecha la
unión de los dos Estados y de sus Ejércitos, etc., etc.
11— Marchó el General Córdoba a perseguir a los bandidos
de la Provincia de Caloto.
420 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

15—rComo doscientos estuvieron reunidos en las inmedia­


ciones de Japio. Córdoba los sorprendió en Vilachí, les mató
algunos y cogió prisioneros otros. Diferentes partidas recorrie­
ron los bosques de San Julián, La Bolsa, El Palo, etc.
20—Comenzaron a regresar a esta capital las fuerzas que
hicieron esta correría, precedidas por el General Córdoba.
26—Se recibieron comunicaciones del Cuartel General de
Piedrarrica, Pasto y Tulcán.
Ya se sabe que el 8 de julio marchó el Comandante en
Jefe para Pasto. Es probable que él desde Popayán supo
que las Provincias del Sur estaban amenazadas de una agre­
sión indubitable de parte del Gobierno ecuatoriano, que había
hecho causa común con el dictador Mosquera. Pues bien, el
Comandante en Jefe apresuró su marcha a la cabeza de mil
quinientos hombres caucanos y santandereanos. Al llegar al
pueblo de La Unión, el 18 de julio, aniversario de la toma
de Bogotá por el Dictador, y consiguiente caída del Gobier­
no constitucional, se declaró el señor Leonardo Canal en
ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional, en virtud del nombra­
miento de Secretario de Gobierno y Guerra que hizo en él el
Presidente de la República, señor Bartolomé Calvo, con facul­
tad de ejercer el Poder Ejecutivo a falta del Presidente (1). El
Ejército continuó su marcha hacia Pasto, y a su llegada se con­
venció el Comandante en Jefe de que la guerra era de todo pun­
to inevitable, puesto que el mismo Presidente del Ecuador, a la
cabeza de mil ochocientos hombres de toda arma, había intima­
do la completa sumisión a autoridades de las Provincias de Tú-
querres y Pasto, y aun había fijado el término de cuarenta y ocho
horas desde Tulcán: después de qúe esas autoridades y el señor
Vicente Cárdenas, Ministro autorizado ante del Gobierno ecua­
toriano, habían agotado todos los medios de conciliación que el
buen sentido, la civilización y los tratados vigentes entre las
dos Repúblicas les aconsejaban.
Añadiéndose a esta liga ofensiva del Dictador el Gobier­
no ecuatoriano, actos punibles anteriores, tales como la pro-

(1) Este nombramiento fue hecho en la tarde del 18 de julio de
1861, cuando el señor Calvo estaba asilado en la Legación británica,
por hallarse mortalmente herido el Secretario de esos ramos, doctor
Juan Crisóstomo Uribe. Canal se hallaba entonces en ejercicio de la
Presidencia de Santander, y nunca llegó a posesionarse y menos a
ejercer la Secretaría dicha. Muerto Uribe, prisionero en enero del 62 el
doctor Gutiérrez Vergara, Secretario de Hacienda de la Confedera­
ción, y sometido de hecho el doctor Mallarino, Secretario de Relacio­
nes Exteriores, ni aCanal, ni a ningún otro Jefe Civil de los Estados
sujetos a los conservadores se le ocurrió, durante el primer semestre
del 62, declararse en ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional. El paso
dado en La Unión fue sólo para contar con un simulacro de Gobier­
no que pudiera entenderse con el Ecuador, y que efectivamente fue
reconocido por García Moreno. Canal no podía alegar, como erra­
damente creen algunos, su carácter de gobernante de Santander,
que había dejado desde febrero, y le sustituía don Adolfo Harker.
(Nota del Boletín}.
DIARIO 421

tección y auxilio que ese Gobierno había estado prestando


tiempo hacía a los asilados granadinos, que constantemente es­
tuvieron haciendo incursiones ruinosas y alarmantes, desde Tul­
cán, en la Provincia de Túquerres; de todo lo cual existen do­
cumentos irrefragables.
29— En consecuencia de todo, y estando rotas las hostilida­
des por parte del Ecuador, marchó el Ejército de la Confedera­
ción, al cual se le incorporaron cerca de dos mil hombres de las
dos Provincias, con la circunstancia bien notable que todos eran
voluntarios y de diferentes colores políticos.
30— El 30 por la noche nuestro Ejército, en el mayor silen­
cio, hizo una marcha rápida y se colocó a vanguardia del ene­
migo, que se hallaba situado en Tulcán, con cuyo movimiento
éste quedó cortado, sin retirada y se le obligó a dar batalla al
día siguiente.
31— Este día se comenzó la acción a las once de la mañana,
la cual duró dos y media horas; y habiendo terminado, queda­
ron en poder del Ejército Granadino el Presidente del Ecuador,
señor Gabriel García Moreno, uno de sus Secretarios de Estado,
el parque, más de tres mil fusiles, ochocientos prisioneros, cua­
tro piezas de artillería de gran calibre, servidas por artilleros
franceses, y todo el menaje del Ejército enemigo.
Como consecuencia de este triunfo, celebróse un tratado,
según el cual el Gobierno ecuatoriano se obliga a dar al Go­
bierno constitucional granadino.......
(Aquí termina el Diario).

flCflDEfRífl DE BISTORIfl DEh (DflGDflbEnfl


Cartagena, mayo 17 de 1919
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia—Bogotá.
En mi reciente viaje a la por muchos motivos interesante
ciudad de Santa Marta, se me ocurrió que era conveniente la
creación allí de un Centro histórico dependiente de esa Aca­
demia. Para lograrlo, invité a los sujetos que me pareció podían
contribuir con mayor voluntad a la realización del proyecto, y
en efecto, el» 22 de abril próximo pasado él se convirtió en rea­
lidad, según lo verá usted por la copia auténtica del acta de
instalación que acompaño a ésta. Motivo de profunda satisfac­
ción ha sido para mí hacer siquiera lo dicho para corresponder
al honor con que me distinguió el docto Cuerpo dignamente
presidido por usted, al designarme como uno de sus miembros.
Quiero aprovechar esta ocasión para hacer presente a la
Academia un hecho que puede afectar a la historia del país: con
motivo de la guerra europea, la tintas venidas de los Estados
Unidos han sido muy malas, como usted lo sabe seguramente,
y lo escrito con ellas se ha desvanecido y desvanece pronta­
mente. El hecho es tan grave, que uno de los señores Notarios
422 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES

de este Circuito me decía no hace mucho que en el protocolo


de su Notaría hay ya escrituras casi ilegibles. Urge, de consi­
guiente, dictar medidas que impidan la desaparición completa
de muchos títulos comprobatorios de derechos preciosos para
los ciudadanos, y me atrevo a opinar que es la Academia órgano
apropiado de la necesidad pública sobre el particular, ante el
Congreso próximo, a fin de que se provea a su remedio.
Y ya que de este punto estoy hablándole, he de añadir
que en muchos casos la Ley 43 de 1913, en cuya expedición
tuve el honor de la iniciativa, se está convirtiendo en letra muer­
ta. Aun en esa capital misma he visto escribir con máquina
actos y documentos que según dicha Ley deben ser escritos
a la mano y con tinta indeleble, para que su texto no desapa­
rezca con la misma facilidad con que desaparece lo que se escri­
be con las cintas de las máquinas, impregnadas de anilina, que
no resiste la acción del tiempo, según se puede ver en los libros
copiadores de los comerciantes y de las oficinas públicas. Por
esto va hacerse imposible la constancia y comprobación de mu­
chos hechos importantes para la historia’
Cuando entró a regir la mencionada Ley, hubo algún es­
crúpulo, y se pidieron cintas con tinta indeleble para las ofici­
nas públicas; hoy nadie se cuida ya de eso, como no se cuida
nadie de que se cumpla la misma Ley en cuanto a que las co­
pias de prensa en la oficinas mencionadas queden lo suficiente­
mente claras para que sean legibles en cualquier tiempo. De
desear habría sido un reglamento ejecutivo para dicha Ley, con
designación de funcionarios que practicaran visitas encamina­
das a su cumplimiento; siquiera una circular de cuando en cuan­
do, que advirtiese a los empleados públicos cuán importante
es que se observen las disposiciones legales sobre la materia.
Creo que la Academia puede también conseguir estas medidas
beneficiosas para el país.
Atento y seguro servidor,
M. Dá v il a Fl ó r e z

En la ciudad de Santa Marta, a los veintidós días del mes


de abril de mil novecientos diez y nueve, siendo las ocho de
la noche, se reunieron en la sala principal del Hotel Internacio­
nal, en virtud de galante invitación que les hizo el distinguido
caballero doctor Manuel Dávila Flórez, los señores que a con­
tinuación se expresan: don José María Campo, doctor Manuel
E. Lanao, doctor Manuel I. Guardiola, doctor Ismael Noguera
Conde, doctor Manuel A. Valencia, don José María Leiva, don
Carlos Alzamora, don Manuel J. de Mier, don Pablo Carbonell
y don Rodrigo Noguera.
Manifestó el doctor Dávila Flórez que se había permitido
convocarlos allí con el objeto de proponerles la fundación de
un Centro histórico como dependiente de la Academia Nacional
de Historia; y expuso en seguida la importancia incuestionable
ACADEMIA DE HISTORIA DEL MAGDALENA 423

de las instituciones de esta especie, y mayormente de la que se


trata de fundar en Santa Marta, por ser esta la ciudad más an­
tigua de Colombia, de la cual salieron en la época de la Con­
quista las numerosas expediciones que se diseminaron por todos
los ámbitos del país, y por hallarse en las cercanías de la ciu­
dad la histórica Quinta que guarda los últimos recuerdos del
Libertador. Dijo también que algunos de los invitados no ha­
bían podido concurrir; que él no conoce todo el personal que
puede integrar la Academia; pero ésta puede luégo llamar a su
seno a cuantos crean que hayan de secundar sus labores.
* Acogida esta idea con el aplauso unánime de los circuns­
tantes, y luégo de haber felicitado todos los allí presentes al
doctor Óávila por su hermosa iniciativa, se procedió a elegir
por aclamación los dignatarios de la Academia, y se obtuvo el
siguiente resultado: Presidente honorario, el doctor Manuel Dá­
vila Flórez; Presidente, al doctor Manuel E. Lanao; primer Vi­
cepresidente, al señor don José M. Campo; segundo Vicepre­
sidente, doctor Manuel I. Guardiola; Tesorero, don José María
Leiva, y Secretario, don Rodrigo Noguera.
En seguida el doctor Dávila propuso lo siguiente:
«La Academia de Historia del Departamento del Magdale­
na, además de su objeto general, en calidad de dependiente de
la Academia Nacional, tendrá como fines especiales:
«1. Conseguir que la Nación compre la Quinta de San Pedro
Alejandrino y que el Departamento se desprenda de ella, con
el fin de convertirla, con los mayores recursos nacionales, en la
especie de santuario patriótico que debe ser.
«n. Conseguir que la Nación forme en la dicha Quinta un
Museo y una Biblioteca Bolivianos, donde los visitantes nacio­
nales y extranjeros que a ella van frecuentemente, hallen datos
fidedignos sobre la admirable vida del Libertador.
«m. Conseguir que la Nación cree el puesto de Director o
Administrador de la Quinta, con la dotación suficiente para que
pueda ocupar el puesto persona de adecuada y bastante ilustra­
ción histórica, que pueda dar a los visitantes los informes verba­
les que soliciten sobre la vida del Libertador y sobre la historia
del país en general.
«IV. Conseguir que la Nación ordene la traducción de las
proclamas del Libertador, al francés, al inglés, al alemán y al
italiano, y hacer de las traducciones sendas ediciones, que pue­
dan venderse en la Quinta a los visitantes, y cuyo producto pue­
de ser destinado al ornato de aquélla, por medio de la bene­
mérita Junta de damas samarías que patriótica y espontáneamen­
te ha venido hasta ahora encargada de él.
«V. Emprender el estudio de los lugares y edificios de la
ciudad y sus contornos, donde acontecieran hechos importantes
de la vida del país y de la ciudad en particular, y poner en ellos
lápidas conmemorativas, columnas o monumentos, según la im­
portancia del respectivo hecho.
«vi. Conseguir que se confíe a la Academia la custodia de
la Quinta de San Pedro Alejandrino.»
424 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Luégo de haberse cambiado opiniones acerca del punto


primero, y habiéndose convenido en no solicitar de la Nación
la compra de la histórica Quinta, todo lo demás de la proposi­
ción fue aprobado por unanimidad.
Se acordó también dirigir una nota a la Asamblea del De­
partamento en solicitud de un auxilio anual para la ‘Academia,
y comunicar a la Nacional de Bogotá, así como al señor Gober­
nador, la fundación de la de esta ciudad.
Por último, a moción del doctor Dávila se aprobó la si­
guiente:
«La Academia de Historia de Santa Marta da un voto de
aplauso a las beneméritas damas de la ciudad que han estado
encargadas del embellecimiento de la Quinta de San Pedro Ale­
jandrino, y las excita a que continúen en su patriótica labor.»
Aprobada la anterior proposición, se clausuró la sesión y se
dispuso que se dejara de ella constancia en un acta que de­
bían firmar todos los presentes.
Manuel Dávila Flórez—Manuel E. Lanao—José M. Campo.
M. A. Valencia—Manuel I. Guardiola—Pablo Carbonell—Ma­
nuel J. de Mier—José María Leiva—Ismael Noguera Conde—Ro­
drigo Noguera—El Secretario, Rodrigo Noguera.

FUDDAClOn DE bfl VIhbfl DE bEIVfl

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo


y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero,
que vive y reina por siempre, sin fin, amén, estando en
él! valle qu*e llaman de Saquencipa, cerca de donde eistán
los aposentos de Juan Barrera, vecino de la ciudad de
Tunja, jueves, que se contaron doce días del míes de ju­
nio, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo,
de mil y quinientos e setenta e dos años, y habiendo sali­
do de la ciudad de Tunja los muy magníficos señores Ca­
pitán Hernán Suárez de Villalobos, Teniente de Gober­
nador, Corregidor y Justicia Mayor de la dicha ciudad de
Tunja, y la de Vélez, y sus términos y jurisdicciones en
lugar, y por el muy ilustre señor doctor Venero de Leiva.
del Consejo de Su Majestad, su Presidente y Gobernador
e Capitán General deste Nuevo Reino de Granada, y el
muy magnífico señor Miguel Sánchez, Alcalde Ordinario
por Su Majestad, de la dicha ciudad de Tunja# y su juris­
dicción, y que vinieron en su seguimiento los muy magní­
ficos señores Francisco Rodríguez y Diego Montañés, Re­
gidores Perpetuos de la dicha ciudad de Tunja, por Su
Majestad, poi* ante mí, Joan Ruiz, Cabeza de Vaca, su Es­
cribano y Notario Público en |a su Corte y en todos sus rei­
nos y señoríos, y Escribano Público del número y del
FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LEIVA 425

Cabildo y Consejo de la dicha ciudad de Tunjaj, y están


do todos juntos en el dicho Valle, Sus Mercedes dijeron
que pedían, v pidieron por testimonio a mí el dicho Es­
cribano, de cómo en cumplimiento de lo próveído e man
dado e ordenado que proveyó, mandó e ordenó Su Seño­
ría del señor Presidente, estando en la dicha ciudad de
Tunja como Gobernador deste dicho Nuevo Reino en
que se fundase, hiciese y poblase la villa de Nuestra Se­
ñora Santa María de Leiva, por el orden que' se acordó
V trató en el Cabildo, que sobre ello se hizo presente
Su Señoría, por los señores Justicia y Regimiento de la
dicha ciudad, y de pedimento de ciertas personas, como
todo ello más largamente consta e parece por los autos
y pedimentos que sobre lo susodicho se hicieron e prove­
yeron v Sus Mercedes dijeron que mandaban e mandaron
se ponga por cabeza y principio de esta dicha fundación
para que conste (Tello para siémpre jamás su tenor- de
todo lo cual es este que se sigue:
‘‘Por tanto, Sus Mercedes, de los dichos señores Justi ■
cía e Regimiento de suso contenidos, dijeron que en
cumplimiento de la dicha comisión e autos proveídos por
Su Señoría del dicho señor Presidente, Sus Mercedes
han andado por el término y jurisdicción que señalo y
declaro en el pedimento que se presentó por parte de las
personas que pidieron la dicha villeta y otros más térmi­
nos de la dicha ciudad de Tunja, que ha convenido para
mejor acertarse la fundación de la dicha villa, y que me­
nos inconveniente y perjuicio se pueda seguir a ninguno
de los naturales de la dicha comarca, ni a otras ningunas
personas particulares, y que mejor se pueda servir a Dios
Nuestro Señor y a Su Majestad, y después de haber vis­
to v examinado los dichos sitios y lugares más conve­
nientes y cómodos para el dicho fecho, después de haber­
se juntado Sus Mercedes dos veces, y luégo dos Cabildos
y Ayuntamiento para tratar e platicar sobre lo susodi
cho, de unánimes y conformes, y ninguno de Sus Mer­
cedes discrepante), dijeroij que hallaban, y hallaron^ v
declaraban y declararon que el mejor sitio y lugar más
cómodo y conveniente y más acertado y de mejor sitio v
lugar, y de las partes y calidades que se requieren para
semejante fundación, era v es el dicho valle de Saouen-
cipa, así para poner en efecto lo que Su Señoría del di­
cho señor Presidente sobre esto tiene proveído y mandado,
todos juntos, juntamente conmigo el dicho Escribano,
fueron a un sitio y lugar donde están unos cardones, y cer­
ca de una sierra de lomas, bajo de lo alto della, qne hace
426 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

dos quebradas en el alda de la dicha sierra que bajan


hacia lo llano ele la dicha sierra y cerca de un arroyo de
agua que viene por cerca de los aposentos del dicho Joan
Barrera, los dichos señores Justicia e Regimiento», estan­
do todos Sus Mercedes juntos, el dicho señor Corregidor
y el dicho señor Alcalde, tomaron dos espadas desenvaina­
das, en las manps, y dijeron que para servicio de Dios
Nuestro Señor y en nombre de Su Majestad, y para su leal
servicio v por jurisdicción de la dicha ciudad de Tunja.
en el dicho sitio y lugar donde están los dichos cardones
y unas matas altas del suelo y arbolillos pequeños, toma­
ban e tomaron la posesión de la dicha villa de Nuestra
Señora de Leiva, en el cual dicho sitio y lugar con las
dichas espadas que tenían en las manos, desenvainadas
en señal de la dicha posesión y fundación (fe la dicha
villa sujeta a la dicha ciudad de Tunja. cortaron de las
Su Majestad, declarándola por villa y aldea sujeta a la
dichas ramas y se pasearon en el dicho sitio en nombre de
dicha ciudad de Tunja y por de Su Majestad, y que se
ha de regir y gobernar por los señores Justicia e Regi­
miento de la dicha ciudad de Tunja, donde se han dp ele­
gir y nombrar los Oficiales de Justicia e Regimiento de
la dicha villa, han de ser en cada un año por el día díe
año nuevo, como se suele hacer 'la elección de los Alcal­
des e Alguacil Mayor e otros oficios de la diflia ciudad
de Tunja. como lo suelen e tienen de costumbre de hacer,
y que se hará perpetuamente para siempre jamás, sin que
se le atribuya a la dicha villa más jurisdicción de aquella
que fuere ordenado y se ordenare y proveyere y manda­
re por los dichos señores Justicia y Regimiento qu'e son
y fueren de aquí adelante de la dicha ciudad de Tunja en
nombre de Su Majestad y en nombre de los dichos seño­
res Regidores y debajo de este dicho prosupuesto y de
los que ahora son y fueren de aquí adelante el dicho señor
Diego Montañés, Regidor susodicho, y en nombre de Su
Majestad, asimismo con una espada desenvainada, aña­
diendo fuerza a fuerza y firmeza a firmeza, de la pose­
sión de la dicha villa y fundación de ella, tomaron los di­
chos señores Corregidor y Alcalde, y en señal de la dicha
posesión y de otros autos que corporal y judicial y velca-
simjente (sic). hicieron, mandaron hacer e se hizo luégo
un mojón de raíces de cardones y piedras v se puso, v
mandó ponerse luégo una cruz alta en señal de la dicha
posesión y de todo lo clemás que de suso está referido, la
cual dicha fundación y posesión de la dicha villa dijeron
que tomaban e fundaban con cargo que cada y cuando v
en cualquier tiempo qnre conviniere más al servicio de Su
INUNDACIÓN DE t A VILLA DE LEIVA 427

Majestad, mudar la dicha villa del dicho sitio y lugar lo


puedan hacer Sus Mercedes o otro cualquier Justicia y
Rjegimiento, que es o fuere de la dicha ciudad de Tunja
de aquí adelante y de como la dicha posesión y funda­
ción de la dicha villa de Nuestra Señora Santa María de
Leiva la habían tomado y quedaron en ella quieta e pací­
ficamente sin contradicción de persona alguna, puesto que
estaba presente mucha giente., y que todos dijeron ser cosa
muy acertada y conveniente al servicio de Su Majestad,
los que a lo susodicho, se hallaron presentes, mostrando
de lo susodicho mucho contento pidieron a mí el dicho
Escribano y mandaron así lo de todo 'ello por tes­
timonio para en guarda del decoro de Su Majestad y de
la dicha ciudad de Tunja, en cuyo nombrje y debajo de
cuyo amparo y sujeción se fundó y tomó la posesión de
la dicha villa y reservaron Sus Mercedes en sí de proyeer
luégo y cada que bien visto les sea, lo demás que contenga
al servicio de Su Majestad en la dicha villa y vecinos
que de ella fueren, v señalar la plaza y solares y sitios
que en ella se hubieren de dar y proveer, y los demás ofi­
cios de justicia e regimiento y ordenanzas de ella, y se
tomó por nombre y patrón y devoción de la dicha villa al
bienaventurado San Antonio de Padua. cuya víspera fue
y es hoy dicho día, que pasó todo lo de suso, cuando
y luégo por el muy magnífico y muy reverendo señor Pa­
dre fray Sebastián de Obando, Guardián de la casa y
monasterio del convento del señor San Francisco, de la
dicha ciudad de Tunja: a todo 'lo susodicho se halló pre­
sente, y que Dios Nuestro Señor se ha servido aceptar por
particular servicio de su Divina Majestad, la dicha pose­
sión y fundación de la villa, dijo un responso y oración
en el dicho sitio, presente mucha gente, siendo a todo ello
presentes por testigos Antonio de Castro v Andrés. Jor­
ge y Antonio Cabrera de Sosa, y Luis de Vergara, Escri­
bano de Su Majestad, y otra mucha gente, y lo firmaron
de sus nombres.
<Yo, el dicho Escribano, doy fe que la dicha pose­
sión se tomó, según dicho /es. sin contradicción de perso­
na alguna, quieta e pacíficamente, que yo el dicho Escri­
bano viese ni oyese, v lo firmaron testigos los dichos Her­
nando Suárez de Villalobos. Miguel Sánchez. Francisco
Rodríguez, Diego Montañés: pasó ante mí, Joan Ruiz.
Cabeza de Vaca.=
El doctor Venero de Leiva, del Consejo de Su Majes­
tad, su Presidente ’e Gobernador en la Audiencia y Chan­
cillen a Real de Su Majestad, de este Nuevo Reino de Gra­
nada y su Distrito, a vos el Corregidor, que sois o fuére-
428 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

des de la ciudad de Tunja e a los Alcaldes Ordinarios e


otras cualesquier Justicias y .Jueces de ella y de la villa
dle Nuestra Señora de Leiva, que agora se ha fundado y a
vos los vecinos y moradores de la dicha villa y a otjras
cualesquier personas a quien toca e atañe, en cualquier ma­
nera, lo contenido en este mandamiento, sabed que por
Diego Hernández, Mateo Gualtero y Pedro Rodríguez, se
dio en 'esta Real Audiencia petición en que en efecto se
pidió se sustentase la población de la dicha villa, y pol­
los señores Oidores de ella se me remitió con todo lo de­
más que había sobre esto para que yo proveyese lo que
conviniese, y por mí vistos todos los autos de la dicha
causa, di y proveí en la dicha razón} un, auto dtel tenor
siguiente: l<
"En la ciudad de Santafé, a treinta y un días del mes
de julio de mil y quinientos y setenta y dos años, el muy
ilustre señor doctor Venero de Leiva, del Consejo de Su
Majestad, su Presidente e Gobernador en la Real Au­
diencia de este Reino, habiendo visto esta petición y todo
lo demás contenido en este proceso, y atento la remisión
que le fute fecha a Su Señoría por esta Real Audiencia,
dijo que en el tiempo que Su Señoría estuvo en la ciudad
de Tunja, por el Cabildo della y por otras personas,
vecinos y moradores de la dicha ciudad, le fue pedido y
suplicado di’ese licencia e comisión para poblar la dichn
villa en la parte más comodada y necesaria a la dicha
población y entendiendo convenir ansí al servicio de Dios
y de Su Majestad, y bien de la dicha ciudad y morado­
res de ella, dio la dicha lioencia y comisión y mandó fue
san a señalar eil asiendo della al Corregidor de la dicha
ciudad y a un Alcalde y dos Regidores della, los cuales,
en cumplimiento de lo susodicho, viendo lo que más con­
venía, Señalaron y poblaron la dicha villa de Santa Ma­
ría de Leiva, en la parte y lugar que les pareció más con­
veniente, y han hecho y fundado iglesia y señalado sola­
res, plaza y picota, y muchas personas tienen va poblados
los tales solares, y fecho esto, Su Señoría ha entendido
que algunas personas, por sus particulares intereses y por
otros fines y respetos quie les han parecido, han querido
contradecir la dicha población, y con mucha instancia
Su Señoría se ha informado ansí d'e los religiosos como
de otras personas principales de la dicha ciudad, di la
dicha población es conveniente o n,ó. y todos o la mavor
parte del Cabildo le han dicho e certificado y le han escrito
muchas cartas, que conviene mucho que la dicha villa de
Santa María de Leiva se pueble y pase adelante su po­
blación. y que de ello Dios Nuestro Señor y Su Majlestad
FUNDACIÓN DIÍ LA VILLA DE LEIVA 429

serán servidos, y muchos vecinos y personas miserables,


que ya tienten en la dicha villa sus solares y estancias,
serán remediados, por lo cual a Su Señoría le ha parecido
ser .cosa justa y necesaria que se pueble la dicha villa,
por tanto, mandaba y mando que hasta que Su Señoría
vaya en persona a ver la dicha población y asiento y lu­
gar de la dicha villa y lo que está edificado y hecho y todo
lo demás que más convenga a servicio de Dios y de Su
Majestad, v bien de la dicha ciudad de Tunja y de la di­
cha villa y moradores della, y encendí si hay algún
daño, vesen perjuicio notable de algún vecino o naturales
de la dicha Provincia o Su Señoría envíe persona de cien
cía y experiencia que lo veía y entienda, no haya mudan­
za. ni la dicha villa sea despoblada, ni sean, inquietados
los vecinos y moradores que en ella están, porque siendo
en perjuicio de algunas personas, así pobladores como na­
turales. como sea cosa de momepto porna (sic), remedio
en ello, mandándola apartar y poner donde no sea ni se
cause el dicho perjuicio, y no le habiendo se dará tierras
y estancias clopde pueden vivir y trabajar los tales labra­
dores vecinos de la dicha villa, por ser la cosa más nece­
saria que hay en este Rieino. porque con mucha brevedad
y dentro de treinta días saldrá Su Señoría a lo ver v pro­
veer o enviar persona a ello, porque puedan edificar y
trabajar en las heredades y estancias que se Ies dienen. v
así se guarde y cumpla lo en este auto quedado., hasta
tato que. como dicho tiene Su Señoría, lo vea y provea
o la persona o personas que para ello nombrare, y así lo
mandó que lo cumplan todos, so pena de mil pesos para
la Cámara de Su Majestad, por convenir tanto al servicio
de Su Majestad v aumento de su patrimonio real, y lo
firmó el doctor Vepero.
<Por ende, para que lo sea notorio, vos. mando que
sin embargo de los demás proveimientos que he hecho en
esta causa, que os son-notorios, veáis el dicho auto suso
incorporado y lo guardéis y cumpláis los unos y los
otros, so las penas en él contenidas, fecha en la ciudad de
Santafé. treinta y uno de julio de mil y quinientos y se­
tenta y dos años El doctor Ve n e r o —por mandado de Su
Señoría, Francisco Velásqucz.”

<En la villa de Nuestra Señora de Lteiva, a catorce


días del mes de diciembre de mil y quinientos y setenta
y dos años, ante el ilustre señor Juan de Otálora, Conta­
dor de Su Majestad, Corregidor y Justicia Mayor y Juez
de residencia en las ciudades de Tunja, Vélez y Pamplona
430 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

y otras partes, y por ante mí, Diego de la Peña, Escribano


de Su Majestad; Antonio Cabrera de Sosa, vecino dje.
esta dicha villa y Alcalde Ordinario en ella, por Su Ma­
jestad, presento el mandamiento de suso del señor Presi­
dente, y presentado el dicho señor Corregidor, mandó
que se junte con los demás autos fechos y que se hicieren,
sobre los negocios tocantes a esta villa para que se provea
sobre todo lo que más convenga al servicio de Su Majes­
tad, conforme a lo que Su Señoría manda. Fui presente
Diego de la Peña. Inserto el auto para que lo guarden
sobre la villa de Leiva.=
--------- \
<En la villa de Nuestra Señora de Leiva, a catorce días
del mes de diciembre de mil y quinientos y setenta y dos
años, el ilustre señor Contador Juan de Otálora, Contador
de Su Majestad, Corregidor y Justicia Mayor y Juez de
Residencia en las ciudades de Tunja, Vélez y Pamplona y
Río de Oro, por Su Majestad, habiendo visto la prime­
ra fundación hecha por comisión del muy ilustre señor
doctor Venero de Leiva, Presidente y Gobernador deste
Nuevo Reino de Granada, desta dicha villa de Nues­
tra Señora de Leiva, por el Capitán Hernando Suárez de
Villalobos. Corregidor que fue de la dicha ciudad de
Tunja y Vélez, y Miguel Sánchez Alcalde Ordinario de
la dicha ciudad de Tunja, y Francisco Rodríguez y Die­
go Montañés, Regidores della y Exceso que parece por
los autos de la dicha fundación que hubo cuando funda­
ron esta dicha villa en el repartir de los solares, huertas
y tierras, por no haberse guardado el tenor y orden y jus­
tificación que Su Señoría les había dado en la comisión
que para ello les dio y el grande número de personas a
quien se repartió la tierra, que aunque todo este valle de
Saquencipa y Monquirá, y Sáchica y Suta. toda la demás
tierra comarcana estuviera despoblada de indios y de ve­
cinos encomenderos, no se pudiera cumplir ni hubiera
tierras para dar a tántas personas como avecindaron en
esta dicha villa, y usando de la comisión que Su Majestad
y Su Señoría en su reail nombre le dan a Su Merced del
dicho señor Corregidor y JusticiaMayor, para fundar v
confirmar la fundación de la dicha villa y quitar v remo­
ver siendo necesario todo lo oue estuviere nroveído fuera
de o^den v con excesos y en periuicio de dinero, habien­
do visto la información y autos y visita que Su Merced ha
hecho personalmente de todas las tierras y todo lo de­
más cine en el caso se debía vgr. y habiendo practicado
V tratado v conferenciado sobre ello con personas de cien­
cias y conciencia, y experiencia, en la tierra, sin pasión ni
FUNDACIÓN DE LA VLLA DE LEIVA 431

sospecha, sobre lo que se debe hacer cerca de la dicha fun­


dación y repartimiento, y proveimiento de los solares,
huertas y tierras, dijo: que declaraba, y declaró la fun­
dación, de esta dicha villa de Nuestra Señora de Leiva,
estar bien fundada en la parte y lugar donde los dichos
Justicia y Regimiento la fundaron y la confirmaba y con­
firmó en nombre de Su Majestad, y la aprobaba y aprobó.
En cuanto a la dicha fundación de la dicha villa, y en
cuanto al repartimiento de los dichos solares, huertas v
tierras, por las causas y razones susodichas, declaraba y
declaró todos los proveimientos hechos de las dichas tie­
rras, huertas y solares por ningunas y de ningún valor y
efecto, para proveerlos de nuevo, conforme a la comisión
de Su Señoría, y por la orden della y de la instrucción
que Su Majestad tiene dada para la fundación y reparti­
miento de las tales villas que se fundan y pueblan en es­
tas partes de Indias, que Su Señoría le entregó como si
nunca se hubieran proveído para proveerlos de su mano
en personas beneméritas, que de uso irán, nombradas, v
declarados conforme a la dicha comisión e instrucción de
Su Maj’etsad. Los cuales son los siguientes: los casados,
que han de ser vecinos de esta villa y se les ha de re­
partir solares y huertas y tierras, son los siguientes: Juan
García, de casa sola; Jerónimo Maldonado; Juan Ale­
mán, trajo mandamiento del señor Presidente; Pedro Ibá-
ñez de Larraondo; Cristóbal de Estrada: Francisco Pé­
rez; Alonso Domínguez, Juan Pérez, platero: Simón Ro­
dríguez, Juan de Orozco, Pedro Gómez. Pedro Hernán­
dez; doña María de Sanabria, viuda. Los solteros que lian
de ser vecinos de esta dicha villa de Nuestra Señora, a
quien se les ha de repartir solares y huertas y tierras de
pan. son las siguientes: Juan García Machado, Andrés
de León, Antonio Cabrera de Sosa, Hernando de Rojas,
Joanes de Aspeitia, Antón de Lepe, Diego Hernández,
trajo mandamiento del señor Presidente: Gonzalo Rodrí­
guez, Mateo Gualtero. Juan de Arciniega. Juan Duran.
Miguel de Partearroyo, Francisco Rodríguez Morales,
hijo de Francisco Rodríguez, vecino y Regidor de la ciu
dad de Tunja. Los vecinos encomenderos de la ciudad
de Tunja, que tienen sus indios en la comarca de esta
dicha villa, a quien se les ha de proveer vecindad de solar
y huertas, son los siguientes: el Padre fray Vicente de
Requesada; el Capitán Gregorio Suárez de Deca: Pedro
Rodríguez de Carrión: Juan Barrera, Antón de Santana.
Diego García Zarate. Diego Alfonso. Los vecinos de la
ciudad de Vélez. que tienen sus indios en esta comarca,
que se han de avecindar con solares y huertas en esta vi-
432 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

lia, son las siguientes: Luisa de Latorre, viuda; Juana de


Mayorga, Pedro Francisco, no lo quiso, y proveyóse a Fran­
cisco.............. de Jerena. Todos los cuales dichos labrado^
res, casados y solteros y viudos, vecinos encomenderos de
las ciudades de Tunja y Vélez, de suso nombrados y decla­
rados por la orden susodicha, los nombró y declaró por
vecinos de esta dicha villa y primeros pobladores della,
reservando como reservó en mí de proveerles los solares,
huertas y tierras de vecindad en las tierras vistas y seña­
ladas en las comarcas deísta dicha villa, sin perjuicio no­
table, conforme a la disposición de la dicha tierra, a los
dichos casados y solteros que no son encomenderos, y a los
encomenderos comarcanos susodichos, tan solamente sola­
res y huertas, conforme a la dicha comisión de Su Seño­
ría., del dicho señor Presidente, en instrucción de Su Ma­
jestad, y ansímismo reserva en mí de proveer a los suso­
dichos de algunos baldíos, sin perjuicio de tierras para
ganados, y a otras personas lo demás que me pareciere
ser conveniente v necesario al servicio de Dios Nuestro
Señor y de Su Majestad, y bien perpetuidad ¿testa dicha
villa y atento a la cortedad y estrechura de la tierra y fal­
ta grande de tierras que hay en estos valles para poder
proveer sin perjuicio no embargante que ha habido y hay
muchas personas que han pretendido avecindarse en esta
villa y que se les diesen tierras, no han. nombrado ni pro­
veído más vecinos de los nombrados, porque aun para
ellos ha de haber poca tierra y muy tasada, y así lo decla­
ró, y proveyó y mandó por este auto, que firmo—Juan de
Otdlora—Fui presente, Diego de la Peña”

■‘En la villa de Nuestra Señora de Leiva, a catorce


días del mes de diciembre de mil y quinientos y setenta
y dos años, yo, Diego de la Peña, Escribano de Su Majes­
tad, leí y notifiqué el auto de suso contenido a Abitón Ca­
brera de Sosa, Alcalde Ordinario por Su Majestad, y ve­
cino desta dicha villa, en presencia de otros vecinos
de esta dicha villa, en su persona, testigos, Cristóbal de
Estrada y Pedro Francisco y Mateo Gualtero, vecinos y
estantes en esta dicha villa. Fui presente, Diego de la Peña.”
■'Después de lo susodicho en este dicho día y mes v
año susodichos, por presencia del dicho señor Corregidor,
los dichos Andrés de León y Antón de Cabrera de Sosa
y el dicho Francisco Pérez, y por ante mí el dicho Es­
cribano, asistiendo a ello por su persona, Joan Barrera,
vecino desta dicha villa, fueron en los términos desta
dicha, y en sus alrededores, a medir y midieron cuarenta
huertas para dar a los vecinos Vldll a, lo cual se midió
FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LEIVA 433

por el orden, como se contiene en la traza y papel que se


sigue. (Sigue un croquis). Después de lo susodicho en
este dicho día e mes y año susodichos, Su Merced del
dicho señor Corregidor y Justicia Mayor, visto que en la
parte y lugar que Su Merced mandó se midiesen las huer­
tas. no hubo más que veinticinco huertas medidas de la
una banda y de otra y del arroyo, mandó que la.s demás
<pie se faltasen hasta número de cuarenta, tan solamente
aunque por el primero auto mandó medir cincujenta, se
midan desde el molino de Joan Barrera hasta las peñas
v pedregales fronteros, por Monde va el camino que va
desta dicha villa a los pueblos de Monquirá y Saquíencipa,
en tres hileras de ellas que cupieron de cinco en cinco,
con (pie se acabaron de medir al dicho número de cua­
renta huertas, conforme a la traza de esta otra parte, asis­
tiendo a ello con Su Merced, del dicho señor Corregidor
el dicho Juan Barrera, las (males dichas huertas se repar­
ten entre los dichos vecinos a la forma y manera siguien­
te: Juan García, casa sola. 1: Germo. Maldonado. 2: Pero
Ibáñez de Larraondo, 3; hizo dejación; diose a Juan
Sánchez, hijo de Miguel, vecino de Tunja: Peña, 4; Ca­
brera de Sossa, Andrés de León. 5; Juan Manchado. <>;
el Padre Requexada, 7; el Capitán Gregorio Suárez. 8;
Juan Alemán, 9; Gonzalo Rodríguez, 10; Diego Hernán
dez. 11: Mateo G na Itero, 12: Juan Duran. 13: Diego Agú­
jelo. 14; Antón Je Lepe. 15; Miguel de Partearroyo. 10;
Pero Gómez. 17: Juan de Orozco, 18; Alonso Domínguez.
19: Francisco Min. de Xirena. 20: Francisco Pérez, 21:
Pero Hernández. 22: Joanes de Aspeitia, 23: Simón Ro­
dríguez. 24: Fernando de Rojas. 25: Pero Rodríguez de
Carrión. 20: doña Alaría de Sanabria. viuda. 27; Luisa
de la Torre. 28; Juan de Mayorga, 29; Diego García’Ca
rate. 30; Antón de Santana. 31: Diego Alfonso. 32: Cris-
___ ___

tóbal de Fstrada. 33; Francisco P. de Morales, hijo de


Francisco P.. 34; Juan Pérez. 35: Juan de Arciniegas. 30.
=Las cuales dichas huertas y cada una dellas. según
y de la manera que de suso van declaradas deslindadas v
medidas, dijo (pie proveía y proveyó y daba y dio en ve­
cindad juntamente con los dichos solares señalados en la
traza del dicho pueblo a las personas de suso contenidas
y declaradas, para que las tengan y posean v labren y go­
cen como tales vecinos en nombre de Su Majestad, reser­
vando. como dijo que reservaba en sí. de proveer en ve­
cindad las demás huertas y solares y tierras que se hubie­
sen de proveer a personas líen eméritas como a Su Majestad
le pareciere convenir al servicio de Dios Nuestro Señor v
xri—28
434 b o l e t ín d e h is t o r ia y a n t ig ü e d a d e s

«le Su Majestad, y bien perpetuidad desta dicha villa


y con protestación de que en acabando de proveer y re­
partir las tierras de la labor ddl pan, sobre todo de proveer
los «navámenes y condiciones contenidos en la comisión
que Su Merced tiene de Su Señoría, del dicho señor Pre­
sidente. debajo de las cuales ha proveído los dichos sola­
res y huertas y proveerá y repartirá las dichas tierra^, y
así Ío proveyó y mandó por este auto, que firmo—lana de
O talora—Fui presente, Diego de la Peña''

<Proveimientos que se hicieron de otras cuatro huertas


que quedaron por proveer de las cuarenta que se midieron,
las cuales se proveyeron en las personas y en la manera
siguiente: Diego del Aguila, 37; Duarte López, 38; Her­
nando Ortiz, 39; Alonso Pérez, 40: Francisco Calderón
de la Barca, Juan García, casa sola; Juan Alemán.
Germ.° Maldonado, Juan Pérez Platero. Elvira Báez,
mujer de Juan Barrera: doña María de Sanabria, el Pa­
dre Requesada, Antón de Lepe, Antonio Cabrera de
Sosa. Alonso Domínguez y Juan Durán. Fernando de
Rojas; Joanes de Aspeitia. Pero Gómez, hizo dejación de
tierra: Pero Hernández. Juan García Machado (sic).
Cristóbal de Estrada, Francisco P. de Morales, Andrés de
León. Franco Pérez. Miguel de Partearroyo. Diego Agu-
delo. Alonso Pérez, Hernando Ortiz, Pero Ibáñez. hizo
dejación, y Juan de Arciniegas: Diego Hernández. Mateo
¡ í ¡¡altero. Gonzalo P.. Simón P.. Juan de Orozco, .Sebas­
tián I.ópez de Castiblar^co.
■'Todas las cuales dichas tierras, huertas y solares de
suso, contenidas y declaradas en los apuntamientos v vi­
sitas y traza del pueblo de suso en estos autos contenidos,
por virtud de la comisión que Su Merced tiene de¡ Su
Majestad y del dicho señor Presidente, en su real nombre
los da. proxee y señala a cada uno de los dichos vecinos
por Su Me ced nombrados, según y de la manera que en
los dichos apuntamientos y trazas se contiene, para que
los tengan '• posean en nombre de Su Majestad, como cosa
suya para «'dos y para .sus herederos y sucesores, contan­
do que dentro un año primero siguiente se han obligado
a edificar -us casas y solares para que la villa quede po­
blada conforme a la traza v que dentro del mismo año
labren y cultiven las dichas huertas y tierras y que den­
tro de otros cinco años cumplidos, primeros .siguientes
después de pasado el dicho año de la labor y edificación,
hagan vecindad en la dicha villa, y que no puedan ven­
der ni vendan, truequen ni cambien ni enajenen por
ninguna vía. por sus personas ni por sus poderes, ni deba
EVNDACIÓN DE LA VILLA DE LEIVA 435

jo de ninguna color ni condición alguna, las dichas tie­


rras, huertas ni solares, ni cosa alguna della, so pena
que por el mismo caso las tales personas y vecinos hayan
perdido y pierdan las dichas tierras, huertas y solares
y todo el derecho y acción que por los dichos apuntamien­
tos y títulos que dello se le haya dado, tiesn'en en cual­
quier manera, y quede baco para que libremente el dicho
señor Presidente o Su Merced, en su nombre, puedan pro­
veer libremente como cosa baca en personas beneméritas,
que asistan en la dicha villa y hagan vecindad en iella
y labren las dichas tierras, y que asimismo la per­
sona o personas que compraren cTe los dichos vecinos
desta dicha villa de Leiva, las dichas huertas, solares o
tierras a cualquier parte de ello, haya perdido v pierda
los solares, huertas y tierras que comprare, y más la mone­
da que por ello diere, aplicado para la cámara y fisco de
Sit Majestad, reservando, como reservó en sí, de proveer
y ordenar todo lo demás que le pareciere convenir al ser­
vicio de Dios y de Su Majestad, y bien y perpetuidad
díesta villa, y así lo proveyó y mandó por este auto, que
firmo—Juan de Otaloret—Fui presente. Diego de la Peña?'

"Para ejidos. Auto—-En la villa de Nuestra Señora


Santa María de Leiva, a diez y nueve días del mes de di­
ciembre de mil y quinientos y setenta v dos años, el ilus­
tre señor Juan de Ota-lora. Contador de la Real Hacienda,
de Su Majestad. Corregidor y Justicia Mayor, dijo que
por cuanto en quince días de este presente mes y año suso­
dicho, por un auto firmado de su nombre, que está en
este proceso y autos de la fundación, de esta dicha villa
y baldíos della. y ansímismo si esta parte a la banda de!
monte, como van de .esta dicha villa por ejidos, los cua­
les dichos ejidos, por estar todos a una banda y desapro-
porcionado y en algún per juicio, dijo que aprobando y
confirmando los dichos términos y jurisdicciones, baldíos,
según y de IJa manera que en el dicho auto se contiene y en lo
que toca al dicho ejido e mandando y proveyendo como
más conviene a la conservación desta dicha villa y
quitando el perjuicio que del primero nombramiento se
seguía, dijo que señalaba y señaló y daba y dio por ejido
común a la dicha villa, toda la tierra que hay desde una
barranca bermeja y unos robles qqlei están en una quebra­
da de agua al pie de la sierra desta villa, a la banda
del monte, pasando un cerrito pequeño de piedras, hasta
más abajo del molino de Juan Barrera, corriendo el río
abajo, desde la dicha quebrada hasta debajo de donde
43b BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

están medidas la postrera acera de las cuatro aceras


huertas, frontero desta villa, camino de Saquencipa(, y
de allí, atravesando al cerro de las piedras. camino de
Saquencipa y Monqiúrá. y todo el dicho cerro de las pie­
dras. aguas vertientes, a una banda y a otra, v el qerro
arriba, hasta donde fenece en un cerrito gordo, camino
de Tunja. adonde se entra en los términos de Sáchica, y
desde allí, revolviendo por la sierra que está sobre esta
villa corriente, hasta la dicha barranca bermeja y que-
bradilla de Robles, desde donde comenzaron en este auto
a señalar los términos en redondo desta villa,, y más to­
da la dicha sierra, desde una banda v desde la otra hasta
las minas, y que esto se tenga y guarde por ejidos comunes
tiesta dicha villa, y así lo proveyó y manejó por este
auto, que firmo—Juan <le Otálora—Fui presente, Diego de
la Pe/ai."

''Aprobación d<‘ la fundación—En la ciudad de San­


tafé del Nuevo Reino de Granada de las Indias del mar
océano, a veinte y nueve días del mes de diciembre de
fin de el año del nacimiento de Nuestro Salvador .Teso
c/risto. de mil e quinientos y setenta y dos años, y prin­
cipio del año de mil e quinientos y setenta y tres, el muy
ilustre señor doctor Venero de Leiva, del Consejo de Su
Majestad. Gobernador de este Nuevo Reino de Granada
y de la Real Audiencia de él en todo su distrito, habien­
do visto los autos de suso, fecho sobre la población y fun­
da ción de la villa de Nuestra Señora de Santa María de
Leiva. que está poblada en el valle de Saquencipa. térmi­
no e jurisdicción de la ciudad de Tunja. así los fechos an­
te Su Señoría en la ciudad de Tunja. como los quje des­
pués hicieron el Cabildo. Justicia y Regimiento de aque­
lla ciudad, como también lo que agora últimamente ha fe­
cho cJ Contador Juan de Otálora por «omisión de Su Se­
ñoría. y vistas las averiguaciones e informaciones fechas
sobre la dicha fundación e población de la dicha villa,
por el suso dicho y el apuntamiento y repartimiento fe­
cho de las tierras, huertas y solares della. e considerando
el servicio (pie a Dios Nuestro Señor y a Su Majestad
se sigue de la fundación de la dicha villa y el remedio a
los españoles y naturales della y de su comarca, por ser
como es la parte y lugar y asiento adonde la dicha villa
está fundada, el mejor de todo este Rein,o y más excelente
para conseguir la salud humana en ser temple, no frío
ni caliente, y tierra dispuesta e aparejada para coger en
ella como se cogen e dan todas las 'frutas de Castilla, y
desta tierra que se dan en todas las partes de este Reinó
EUNDACÍÓN DE LA VILLA DE LEIVA 437

y lugar de mucha abundancia de aguas y leñas y muy


buenas, y los demás materiales para el edificio y ornato,
sustento y permanencia de la dicha villa, e visto asimismo
<]ue la 'tierra «pie les está adjudicada y repartida a los
vecinos de él. es la mejor (pie hay en todas estas partes de
Indias y en los Reinos de España, para pan coger, por­
que todo lo que 'en este Reino se coge, lo mejor de (él es
de aquel valle, y que en las dichas tierras los vecinos de
aquella villa en cada un año cogerán de veinte mil ane­
gas de trigo para arriba, de (pie se seguirá un, bien general
V universal para todo este Reino y distrito de esta Real
Audiencia-; y visto asimismo (pie un cuarto de legua de
la.dicha villa están descubiertas há 'mucho días minas de
plata muy buenas, las cuales con la fundación della. se
han de seguir, labrar y beneficiar, porque há muchos años
que están descubiertas, y por no haber tenido efecto la
dicha fundación, no se han beneficiado hasta agora. <].■
donde se espera grandísimo crecimiento de aumento los
(plintos reales e mucho remedio e aprovechamiento para
todos los vecinos estantes e habitantes deste Reino, v
asimismo considerando el bien espiritual e temporal que
de la dicha población e fundación de la dicha villa se ha
de seguir a todos los naturales de aquella comarca, porque
con el trato y conversación de los xpianos bernan (sic).
más presto en conocimiento de nuestra santa fe católica
e doctrina e policía xpiana, y que los dichos naturales han
de vendjer a los vecinos de la dicha villa todos sus resca­
tes de leña, yerba, maíz, gallinas, huevos, frutas e otras
muchas cosas de que han de ser muy aprovechados como
lo son todos los destas comarcas de Santafé e Tunja e la>
demás clestas partes de Tndias que están cercanos a los
pueblos de xpianos, e visto asimismo el remedio (pie se
sigue a los pobres labradores españoles a quien está re­
partida la dicha villa e los inconvenientes y daños (pie
cesan de la dicha fundación, de (pie ya hubo muestras
el año pasado en la conspiración que se intentó en este
Reino, que Su Señoría fud a remediar e apaciguar a la
ciudad de Tunja, y visto que si alguna contradicción ha
habido hasta aquí sobfe la fundación de la dicha villa,
ha sido por algunos vecinos que tienen sus indios e repar­
timientos en la comarca della. sólo ha sido por su in­
terés particular, entendiendo que con la dicha fundación
e población sus granjerias y labranzas habrán de venir
a valer en muy más bajos precios de los que hasta aquí
lo ha vendido, porque con lo que cogieren los vecinos de la
dicha villa, ha de haber baja general (en todo el Reino de
los mantenimientos de que a los dichos vecinos se les ha
438 BOLETÍN DE h is t o r ia y a n t ig ü e d a d e s

de seguir no vender las dichas sus labranzas e cosechas;


como'quisieran, según lo han fecho hasta aquí e visto que.
a los dichos vecinos ni a sus indios no se les han tomado
ni quitado tierras de que reciban notable daño, porque a
los dichos indios no se .les ha tomado tierra que hayan la­
brado perpetuamente, ni a sus encomenderos ningunas la
branzas e (pie si alguno alguna parte se le ha quitado ha
sido poco y a cada uno le queda seis veces más que con­
forme a la tasa ha menester con las cuales sus labranzas,
sus encomenderos molestan y fatigan a los dichos sus
indios, en lo cual Su Señoría proveerá de remedio conve
niente: por tanto, visto y considerado todo lo susodicho,
como consta e parece por los autos de suso. Su Señoría
dijo (pie loaba, y los y aproba (sic), y aprobó y de nue­
vo confirmaba e confirmó todo lo fecho y actuado por el
dicho Contador Juan de Otálora sobre la fundación e po
blación de la dicha villa de Nuestra Señora de Leiva. y
si es necesario de nuevo Su Señoría la funda y puebla y
la pone y junta con el patrimonio e Corona Rea1! de Su
Majestad, para quien y por quien Su Señoría la puebla
e funda y confirma, y el repartimiento y apuntamiento
de vecinos solares y huertas y tierras fechos por suso
dicho, por la comisión de Su Señoría, al cual Su Señoría
manda mida bus dichas tierras a los vecinos, según e como
él a cantidad (pie a cada uno tiene apuntado, y en todo
haga conforme a la dicha comisión, lo que más convenga
al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad, y
bien e perpetuidad de la dicha villa e vecinos e morado­
res della. reservando, como reservó Su Señoría, de proveer
más cantidad de vecinos si le pareciere convenir a la
permanencia de la dicha villa ~E1 doctor Venero fie T^clva
Fui presente. Diego <!<■ la Peña."

"Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla.


(Siguen todos sus títulos). ... a vos, el que sois o fuere -
deis nuestro Corregidor e Juez de Residencia de la ciudad
de Tunja. del Nuevo Reino de Granada e a vuestro lugar
Teniente en el dicho oficio e a los Alcald’es Ordinarios
y otras cualesquier nuestras Justicias y Jueces de la di­
cha ciudad y de todas las demás ciudades, villas y luga­
res del dicho Nuevo Reino de Granada, a cada uno de vos
en vuestras jurisdicciones e a otras cualesquier personas
a quien toca e atañe lo ipn esta nuestra carta de uso con­
tenido. salud y gracia, .sepades que Diego de Vergara. en
nombre del Cacique del repartimiento de Sáchica y de
García, su encomendero, vecino dei la dicha ciudad
de lnnia. por petición (pie presentó en la nuestra Au­
FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LEIVA 439

diencia y Chaucillería Real del dicho Nuevo Reino de


Granada, ante el nuestro Presidente e Oidores della nos
hizo relación, diciendo que por el doctor Venero de Leiva.
nuestro Pi'esidente e Cohechador del dicho Nuevo Reino
había sido proveído al Contador Juan Je Otálora, Ofi­
cial de nuestra Real 'Hacienda, para que fuese con su co
misión a hacer cierta visita y .seña la miento de tierras a
ciertos particulares de una que llamaban Villa de Leiva,
que nuevamente decían que se había poblado 'junto y cer­
ca del dicho repartimiento de Sáchica, y no embargante
que el dicho proveimiento y comisión no se pudo hacer
por ser contra las cédulas y provisiones nuestras, y qiíje! en
lo que cerca dello hizo v proveyó, hizo muy grande agra­
vio y perjuicio a los dichos .sus partes y a sus tierras
y labranzas (pie de tiempo inmemorial a esta ¡jarte,ha­
bían tenido y poseído y tenía y poseían, y de todo ello se
presentaba ante nós en grado de apelación, pulidad o
agravio, y protestó alegar de la. justicia de sus partes en
prosecución de la causa, y nos suplicó le hobiésemos por
presentado en el dicho grado, v siendo necesario por no
haber apelado ante vos el dicho Juez, de todo lo que hi-
cistes y proveistes en daño y perjuicio de sus partes, pidió
restitución, la cual se le había efe conceder, y les competía,
por ser menores viudas y huérfanos, y miserables perso­
nas. v que se les diese compulsoria para, tráer los autos
y emplazamiento contra las partes, a quien tocaba la cau­
sa, y que mandásemos a vos el dicho Contador no diese
disposición de ninguna causa de lo que hecistes, y si la
obiésje'des dado se suspendiese y quedase en este estado
hasta tanto que en la dicha nuestra Audiencia se deter­
minase en vista y revista, atento que Je estaba presenta­
do en el dicho grado de apelación, y no estaba confirmado
e como la Vuestra Merced, fuese lo cual visto por los-di­
chos nuestro Presidente e Oidores, fui acordado que de­
bíanlos mandar esta nuestra carta para vos y cada uno
de vos en la dicha razón, y nos tuvímoslo por bueno, ¡jor­
que vos mandamos que siendo con ella requeridos por
parte del dicho Diego García o del dicho su cacique, den
tro de cuatro días primeros siguientes hagáis sacar v sa­
quéis un estado de todos los dichos autos que vos el dicho
Contador Juan d*e Otálora hicisteis en cumplimiento <1«¡
lo a vos cometido por el dicho nuestro Presidente e Go
bernador, y signado y firmado del Escribano, ante quien
pasare o en cuyo poder están cerrado y sellado en publi­
ca forma y manera que haga fe lo haced dar y entregar
al dicho Diego García, para que lo traiga y presente en la
dicha nuestra Audiencia, que por esta nuestra Chancillería
440 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

«laudamos a los dichos Escribanos que dentro del dicho


término cumplan lo susodicho, so la pena de uso, y man­
damos que das tierras sobre que esta dicha diferencia de
aquella parte del dicho Diego García y su cacique se ha
agraviado y agravia que se le han tomado, dado o repar­
tido por vos el dicho nuestro Corregidor, para dar a ve­
cinos de la dicha villa de Leiva o a otras personas que de
ninguna dellas dichas tierras se dé posesión a ninguna
persona, y si se hobiere dado o repartido por vos el dicho
nuestro Corregidor, no se continúe, ni se prosiga ni se
cultiven ni labij^n, y todo ello cese y se esté en el punto y
estado en que estuviere al tiempo que esta nuestra carta
vos fuere notificada y no se innove e cosa ninguna dello
hasta tanto que el dicho pleito que así sobre las dichas
tierras está pendiente y .se trata en la dicha nuestra Au­
diencia, por todas circunstancias se vea y determine y
ninguna, persona vaya ni pase contra lo en esta ¡Vuestra
• arta contenido, ni vos las dichas Justicias lo consintáis,
más antes castigaréis con todo rigor al que contra ello
fuere o viniere, so pena a cada uno de vos y dellos de la
Nuestra Mercjécl, y de mil pesos de buen oro para la nues­
tra cámara y fisco, en los cuales les habernos por conde­
nados cada uno que contra ello fuere o viniere de más de
perder el derecho que a ello preteudieren. a las cuales di­
chas personas mandamos que del día que esta nuestra
carta le fuere leída y notificada en sus personas, podiendo
ser habidos sino ante las puertas de las. casas de vuestras
moradas, diciéndolo o haciéndolo saber a .sus mujeres ••
hijos si los han o tienen o a sus vecinos más cercanos, para
que se lo digan y hagan saljer. y ddllo no puedan preten­
der inorancia (sic). diciendo que lo no supieron hasta
quince días primeros siguientes que les damos y asigna­
mos por todo plazo y término perentorio, vengan en se­
guimiento del dicho pleito y causa por sí o por sus pro­
curadores. con sus poderes, bastante bien instrutos e in­
formados, a la dicha nuestra Audiencia, a ser presente a
la vista del dicho pleito y causa, y a decir y alegar en él
<Je vuestros derechos y justicia (pie se pareciéredes. dentro
del dicho término, los dichos nuestros Presidente e Oido
res. vos oirán y guardarán vuestra justicia en otra mane­
ra, el dicho término pasado, no pareciendo vuestra ausen­
cia y rebeldía habida por presencia oirán la parte del di
cho Diego García y de su cacique, harán y determina­
rán en ello lo que hallaren de justicia, sin vos más citar,
llamar ni emplazar, como por eista nuestra carta vos ci­
tamos, llamamos y emplazamos perentoriamentie, ly yos
señalarnos y habernos por señalados los estados reales de
la dicha nuestra Audiencia, donde vos serán notificados
FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LEIVA 441

los autos y notificaciones que deben ser fechos en la dicha


causa, hasta la sentencia definitiva, inclusive tasación de
costas si las ende liobiere, y todo vos parará tanto per­
juicio como si en vuestra presencia se hiciese y notificasen
y so pena de la Nuestra Merced y de quinientos pesos de
oro para la nuestra cámara y fisco, mandamos cualquier
nuestro Escribano Público o Real que para esto fuere lla­
mado, que notifique esta nuestra carta y de endello testimo­
nio signado por quien nos Sepamos en cómo se cumple
nuestro mandado. Dado ¡en la ciudad de Santafé. a ocho de
enero de mil y quinientos e setenta v tres años. Yoi. Lope
de Rioja. Escribano de su Católica Real Majestad, la hice
escribir por su mandado, con acuerdo del Presidente e
Oidores de su Real Audiencia. Recibida Bario-
lomé de Ma ¿ niela.
'"El doctor Veneno; el Licenciado Cepeda; Licenciado
Angulo; el Licenciado don Diego de Xarváez."
E luégo incontinente, yo el dicho Escribano, leí y
notifiqué la dicha provisión real de Su Majestad, de suso
contenido al dicho señor Contador Juan de Otálora. Co­
rregidor susodicho, en ,su persona e les hice los apercibi­
mientos en la dicha provisión real contenidos, el cual
luego la tomó en sus manos y la besó y puso sobre su
cabeza e dijo que la obedecía e obedeció con el acatamien­
to debido como caída e provisión d¡é su Rev y señor na
tural a quien Dios Nuestro Señor guarde muchos años, y
en cuanto al cumplimiento della como Oficial de la Real
Hacienda de Su Majestad e persona que en nombre de
Su Majestad confirmó aquella villa e apuntó e repartió
las tierras a los labradores e lo vido todo por ,vi|Sta do
ojos, responderá e informará luégo, y clara e abiertamen­
te lo que conviene al servicio de Dios Nuestro Señor v de
Su Majestad,, y bien y perpetuidad de la tierra y bien
v conservación de aquellos miserables indios naturales de
Sáchica, para que todo visto Su Majestad provea lo que
fuere servido e los señores Presidente e Oidores Justicia
e que sin su respuesta y declaración no se dé testimonio
V con ella se le dé. y firmólo testigos los dichos, lo cual
mandó así cumpla yo el dicho Escribano, so pena de diez
pesos para la cámara de Su Majestad, y mandó asimismo
a mí el présente Escribano, le lleven esta provisión la
tasa de los indios de Sáchica, si la tuviere e si nó que se
le notifique al dicho Diego García, luégo la reciba se jun­
te con esta provisión para que sobre todo responda y
provea lo que sea justicia.
^Jvan de Otálora—Ante mí. -Juan Ruis- Oaliéza de Vacar*
442 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

<En la villa de Nuestra Señora de Santa María de


Leiva, a veinte y siete días del mes d|e enero de mil y
quinientos y setenta y tres años, el ilustre señor Juan
de Otálora, Contador de la Real Hacienda de Su Majes­
tad. Corregidor y Justicia Mayor en la ciudad de Tunja,
Pamplona, Vélez y Río del Oro, y esta villa por Su Ma­
jestad. dijo (pie teniendo consideración all grande y exce­
sivo trabajo (pie los indios de Sáchica y Saquencipa,
Monqnirá y Suta. y Tinjacá, de Juan Maldonado y Tinja
cá. de Antón de Hoyos, v Tinjacá de Diego Alfonso y
Tinjacá de Antonio de Castro y Chíquisa de Pero etc. de
León, Tgiiaque de Pero etc. de Carrión y Turca de Gonzalo
de Vega, y Zorocotá, de Joan de Mayorga, padecen en
irse a alquilar a la dicha ciudad (le Tunja; por estar a
cuatro y a cinco leguas y otros a seis y siete de la dicha
ciudad de Tunja y por ir como van los dichos indios car­
gados con leña y otras cosas, desde los dichos sus pueblos
a la dicha ( inflad de Tunja. los cuales Su M|crced ha viste»
por vista de ojos, que lo cual padecen grande y excesivo
trabajo, por lo cual muchos de los dichos indios enferman
y otros mueren con la pesadumbre de las dichas cargas,
lo cual es justo remediar, y porque todos los dichos in­
dios están dentro de dos leguas de la comarca desta dicha
villa, de las que más lejos y otros a legua y algunos a me­
dia legua, y por obviar las dichas molestias v extorsiones,
y también porque esta villa y los vecinos della sean ayu­
dados con el servicio de los dichos indios para sus edi­
ficios y labores, y por el bien que dello a lo|S dichos
naturales, se le sigue, mandaba y mandó que agora y de
aquí adelante y hasta tanto que Su Majestad o Su Seño­
ría del señor Presidente otra cosa provea y mande de que
tocios los indios que los caciques de los dichos pueblos
envíen y son obligados a enviar alquilar a la dicha ciu
dad de Tunja. vengan desta dicha villa y en ella se alqui­
len por el tiempo y precio cpie en la dicha ciudad de Tun­
ja, ante Juan Barrera, Teniente de Corregidor de Su
Merced en esta dicha villa, para que con el ayuda dellos
las labores y edificios desta villa vayan adelante, y man­
dó que los dichos sus encomenderos ninguno dellos no
impida el venirse a alquilar los dichos indios antes para
esto les den, todo favor y ayuda, so pena de doscientos pe­
sos de buen oro. para la cámara e fisco de Su Majestad,
en los cuales les daba y dio por condenados en ellos lo
contrario, haciendo, y para que esto venga eu efecto, man­
dó que se den mandamientos para que indios ladinos vayan
y traigan ante Su Merced todos los dichos caciques, para
FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LEIVA 443

que venidos Su Merqqd les dé a entender lo (pie han de


hacer acerca de lo susodicho, para que venga a efecto, y
así lo mandó por este auto que firmo.
•‘Otrosí dijo que mandaba y mandó que i«l mercado
que por los naturales de esta comarca se acostumbra hacer
en la loma que está entré Monquirá y Suta, Saquencipa
de hoy en adelante, se vengan a hacer y hagan en, la pla­
za pública desta dicha villa, para que demás de que en
el dicho mercado serán más aprovechados de se hacer en
esta dicha villa, conviene que los dichos indios le hagan
según dicho es. en la dicha plaza, para estar más cerca
de la Justicia Real de Su Majestad, que los defienda v
ampare y tenga en paz y en justicia de cualquier agravio
que les fuere fecho ansí por los españoles como por otros
naturales, lo cual ansí cumplan los dichos encomenderos
y no lo impidan, antes para ello den todo favor y ayuda,
so la dicha pena y los caciques indios lo cumplan y eje­
cuten. so pena de doscientos azotes al que lo contrario hi­
ciere—loan <le Otálora—Fui presente. Diego de la Peña..'1'

"A.afo para la iglesia—En la villa ele Nuestra Señora


de Leiva, del Nuevo Reino de Granada de las Indias del
mar océano, a veinte y nueve días del mes ele enero de
mil y quinientos y setenta y tres años, el ilustre señor
Contador Juan de Otálora, Corregidor y Justicia Mayor
en las ciudades de Tunja, Pamplona, Vejez y Río de Oro,
por Su Majestad, dijo que por cuanto esta d/icha villa
está fundada y avecindada y repartidos tres solares y
huertas, como consta por los autos de suso, de que Dios
Nuestro Señor y Su Majestad han sido servidos y los ve­
cinos desta villa y naturales desta Provincia, ¡ham re
cibido beneficio dello y atento que esta dicha villa se fun­
dó en el nombre de Dios Nuestro Señor y de su gloriosa
y bendita Madre, y para que en ella vaya su .servicio de
lante y se celebre el culto divino y los fieles xpiauos sean
edificados como tales, mandaba y mandó a la Justicia y
Regimiento y vecinos de la dicha villa se junten en su Ca­
bildo a Consejo abierto y repartan entre ellos como con
el favor v ayuda de todos se haga la iglesia de esta dicha
villa con la mayor brevedad y diligencia y calor posible
como tan santa y cristiana v necesaria obra se requiere,
y repartan también alguna cosa para el edificio della a
los caciques de los repartimientos comarcanos, pues dell<»
han de recibir l>eneficio espiritual v temporal, y donde han
de ser edificados, industriados y doctrinados en la doc­
trina cristiana, y la demás cosas tocantes a nuestra santa
fe católica y donde han de recibir el sacramento del bau
BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES

tisnio y los demás sacramentos de la Iglesia, para que con


tan Unen principio vaya adelante la permanencia desta
dicha villa en servicio' de Dios Nuestro Señor y de Su
Majestad, y perpetuidad della. y así lo mandó por este
auto que firmó.
"Juan de Otalgia—Fui presente. Diego de la Peña"
Es fiel copia de sus originales, que se hallaii en. el
Archivo histórico de Tunja. en el libro de la fundación
de la villa de Leiva.
Ma t e o Do m í n <; i e z E.

b05 CURAS DE DOVICA


Díce>e (no hay datos auténticos) (pie la ciudad de
Nóvita fue fundada el 30 de septiembre de 1709; al me­
nos en ese día se dijo la primera misa. ; Quién era a la
sazón el Cura del Partido, como se decía entonces? Lo
era. según la tradición, el Padre José Joaquín Hurtado
del Aguila: pero para que así sea. hay que admitir (pie
este mismo Padre administró el Partido durante diez años
lo menos, pues en el más antiguo de los libros parroquia­
les aparece como Cura en 1719. Nóvita fue al principio
(1642) el Real de Minas de San Felipe, simple caserío de
pendiente de Toro, que los jesuítas tomaron como asiento
para reducir a los noanamaes v que fue trasladado en 1709.
cincuenta y cinco años después de la fundación de Quibdó.
al paraje (pie hoy se conoce con el nombre de Nóvita Viejo,
Antes de 1709 entraron al Chocó fray Martín Me
drano (1573); los Misioneros Francisco y Ventura de
Montoya (1635); los Padres jesuítas Pedro de Cáceres y
Francisco de Orta (1654 a 1687): el Padre Antonio Mar­
zal y otro cuyo nombre se ignora (1672). y el Padre Juan
Izquierdo (1685). También entraron los Padres domini­
canos del convento de Toro, población que Francisco de
Lárraga fundó en territorio chocoano el año de 1573. pero
<pie sólo existió allí unos doce años. La fundación de
Quibdó en su actual insuperable sitio, coincide con la
venida de los Padres jesuítas, mientras que ninguno de
los mencionados Padres conoció la ciudad de Nóvita. aun­
que los dos últimos sí pudieron haber visitado el Real de
Minas de San Felipe, residencia principal de los Padres
jesuítas, como ya se dijo.
Nóvita (San Felipe) fue en 1687 capital de Tenen
«■•¡a. v desde 1726 pasó a serlo de la Provicia del Chocó.
LOS CURAS I)E NÓVITA

Conservó esta categoría hasta 1821. En 1832 volvió a me­


recer la capitalidad hasta 1850. En 1854 recibió golpe de
muerte con su traslación a un lugar insalubre de las ve­
gas de Tamaña, y actualmente está reducida a unjas po­
cas familias. Hé aquí la dista de los sacerdotes que han
ejercido el curato de la parroquia:
1719. Don José Joaquín Hurtado del Aguila.
1729 a 1731. Don Clemente de Miranda.
1731. Don Diego José Clemente de Valencia y Vargas.
1733. ( Visita de don Agustín Roso de Villalba, Se­
cretario. etc.).
1733. Don Ignacio Marinóle jo de Figueredo.
1733. (Visita del Obispo fray Diego Fermín de
Verga ra).
1742. Don Gregorio de Urrutia y Rojas.
1843. Don Francisco José Fernández. Coadjutor o
Teniente del presbítero Francisco de Avala.
1745. Don José Joaquín de Ayora (Cura del Real
de Minas de El Cajón).
1743. Don Juan de Bonilla y Delgado. Cura y Vica­
rio y Juez Eclesiástico).
1743. (Visita del Comisario del Santo Oficio, doctor
José Fernández de Belalcázar).
17o0. Don Domingo Carvajal Bernaldo de Quirós
(antes de ordenarse había sido Gobernador del Chocó,
de 1731 a 1738).
1753. El Padre Rosas (?)
1754 a 1771. Don Juan Andrés de Galarza.
1772. Don Tomás Morillo, en reemplazo del titula<•
don Mariano de Gri jaiba.
1773. El Padre Lenis. Coadjutor.
1774. Don Jorge Mendoza Bueno. Coadjutor-.
1783. El Pa dre Escoba r.
1792 a 1804. Don Gabriel Arrachataguí {probable­
mente quien hizo cavar el canal de Rapadura).
1804. Don Pedro José Copete. Coadjutor.
1804. Fray Manuel Oñate.
1805. Fray Juan .Bautista de Zamora.
1803. Fray Lucas Domínguez.
44G BOLETÍN DE HISTORIA Y AN TIGÜEDADES

1807. Don Francisco Miguel de Santolaria.v


1808. Don Julián Vinueza.
1810. Don Francisco Miguel de Santolaria. (Asistió
a la Junta popular del 27 de septiembre, en Nóvita).
1810. Don Manuel Martínez Malo, Coadjutor.
1818. El mismo (como Cura interino).
1819. Fray Julián Vinueza.
1819 a 1821. Fray Juan Manuel Alba Palacio.
1821. Don José María Delgado.
1824. Don Tomás Francisco de Villegas.
1825. Fray Francisco Barona.
1825 a 1831. Don Joaquín Cañarte y Figueroa.
1831 a 1836. Fray Juan Manuel Alba Palacio.
1837 a 1839. Don Pedro José Copete del Manzano
1840. Don Manuel Trinidad Buendía.
1841. Don Manuel María Alais. Vicario General.
1841 a 1843. Don Rafael Antonio d? Cerezo (a quien
algunos historiadorse atribuyen la excavación del canal de
Rapadura., obra de dudosa existencia ejecutada en 1778V
1844. Don José Ignacio Lourido.
1845 a 1848. Don José Terán.
1849. Don Ramón Ramos.
1850 a 1854. Don Andrés Quijano.
1855 a 1859. Don Magno Lozano.
1859. Don Jesús Ramírez Val verde.
1859. (Visita del Vicario General don Federico Mos­
quera Arboleda).
1861. Don Fidel Antonio Fernández.
1861 a 1863. Don Manuel Antonio Bueno.
1863. Don José Calixto Estrella.
1863 a 1880. Don Manuel José Alomia.
1880. Don José María García.
1884 a 1896. Don Tomás Cupertino Terán.
1896 a 1904. Don Demetrio Salazar.
1909 a 1919. Los Misioneros Hijos del Sagrado Cora­
zón de María, encargados de la Prefectura Apostólica del
Chocó, no han provisto el Curato de Nóvita. Aunque más
sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, nos per­
NOTAS 447

mitimos insinuar el sostenimiento de la Parroquia de


Nóvita, con esta población y las de Sipí, Cajón. Tigre y
demás de Tamaña.
Es de esperarse que algún chocoano aficionado a las
historias del terruño complete estos datos y forme la re
lación de los Curas de Quibdó, entre quienes los hubo de
gran valía, como el doctor Manuel Borrero (prisionario
de Báyer), a quien Morillo le quitó diez mil pesos en di­
nero, dos imágenes con ricos marcos de plata, y un águila
de gran corpulencia que fue enviada ail Rey Fernando:
y el doctor Mariano de Mendoza Bueno y Fontal, cuyos
merecimientos iban a ser premiados con una mitra, cuan­
do, en viaje para España, fue abandonado en una isla de
las Antillas mayores por el dueño de la nave en que hacía
la travesía, después de haberle robado cuanto llevaba. En
1749 el Gobernador Bartolomé de Monte ordenó el em­
bargo de los bienes del Reverendo Padre fray Juan Cri-
sóstomo de Avila, Cura de San Antonio de Bebará, poi­
que éste, en compañía de Francisco Javier de los Santos,
siguió por el río Atrato a Cartagena, en la noche del 7
de junio, desobedeciendo las reales y repetidas órdenes de
no navegar dicho río.
Gu il l e r m o O. Hu r t a d o

NOTAS
Estados Unidos de Venezuela—Academia Nacional de la Histo­
ria—Caracas, 22 de febrero de 1919.
Señor Presidente de la Academia de Historia de Colombia -Bo-
gotá.

Distinguido señor:
Deseándola Academia Nacional de la Historia de Venezuela
contribuir de manera digna a las fiestas con que el Gobierno de
la República celebrará el centenario de la gloriosa y trascendental
victoria de Boyacá, abre un certamen al cual pueden concurrir
todos los ciudadanos de las Repúblicas americanas, certamen
que se realizará según las bases que van adjuntas al presente
oficio.
Lo que tengo a honra comunicar a usted suplicándole se
sirva ponerlo en conocimiento de los honorables individuos de
esa corporación, a fin de que resuelvan lo que juzguen conve­
niente.
Con sentimientos de muy distinguida consideración, soy de
usted muy atento servidor,
El Secretario, R. Villavicencio
448 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

BASES DEL CERTAMEN


que abre la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, para
los ciudadanos de las Repúblicas americanas, con motivo del cente­
nario de la victoria de Boyacá.

Tema.
La batalla de Boyacá y su trascendencia en lo militar y en
lo político.
il

Premios.
Habrá dos premios :
1. ° Un diploma y la cantidad de cuatro mil bolívares en
efectivo (bolívares 4,000);
2. ° Un diploma y la cantidad de dos mil bolívares (bolíva­
res 2,000).
m
Condiciones.
Los trabajos deben enviarse a la Secretaría de la Academia
a más tardar hasta las cuatro de la tarde del día 2 de julio de
este año, en sobre cerrado y sin más indicación que el lema. El
nombre del autor y su dirección deben ir en otro sobre cerrado,
en cuya cubierta esté inscrito el mismo lema que sirve de mote
al trabajo.
Se suplica enviar los trabajos escritos en máquina.
Caracas, 12 de febrero de 1919.
El Secretario,
R. Villavicencio

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