0% encontró este documento útil (0 votos)
36 vistas61 páginas

Definición y Contexto de la Literatura

Terry Eagleton explora la complejidad de definir la literatura, argumentando que no existe una esencia fija y que las definiciones tradicionales, como la literatura como ficción o como un uso especial del lenguaje, son insuficientes. A través de ejemplos históricos y contemporáneos, muestra que la literatura es una construcción social que varía con el tiempo y el contexto. Además, destaca la importancia de la literatura de los pueblos originarios americanos, como los aztecas y mayas, y su rica tradición oral y escrita.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
36 vistas61 páginas

Definición y Contexto de la Literatura

Terry Eagleton explora la complejidad de definir la literatura, argumentando que no existe una esencia fija y que las definiciones tradicionales, como la literatura como ficción o como un uso especial del lenguaje, son insuficientes. A través de ejemplos históricos y contemporáneos, muestra que la literatura es una construcción social que varía con el tiempo y el contexto. Además, destaca la importancia de la literatura de los pueblos originarios americanos, como los aztecas y mayas, y su rica tradición oral y escrita.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Introducción a la literatura

(Terry Eagleton- Resumen)

Terry Eagleton, en la introducción de Introducción a la Literatura, examina la dificultad de


definir qué es la literatura y argumenta que no hay una esencia fija que permita identificarla de
manera objetiva. A lo largo del texto, analiza diversas maneras en que se ha intentado definir la
literatura y muestra sus limitaciones mediante ejemplos concretos.

1.​ La literatura como ficción


Una de las primeras definiciones que examina es la idea de que la literatura se compone
de obras de ficción, es decir, de textos que no se refieren literalmente a la realidad. Sin embargo,
Eagleton señala que esta distinción no es suficiente, ya que muchas obras que consideramos
literatura no son puramente ficticias. Por ejemplo, en la literatura inglesa del siglo XVII se
incluyen tanto las obras de Shakespeare como los ensayos de Francis Bacon, los sermones de
John Donne y la autobiografía espiritual de Bunyan. Incluso textos filosóficos como Leviatán de
Hobbes o los escritos de Descartes y Pascal forman parte del canon literario de sus respectivas
lenguas. Esto muestra que la literatura no puede definirse simplemente por la ficción, ya que
abarca también textos filosóficos, ensayísticos y hasta históricos.
Además, señala que la distinción entre "hecho" y "ficción" no siempre ha sido clara. En el
siglo XVI en Inglaterra, por ejemplo, la palabra "novela" se usaba tanto para referirse a relatos
ficticios como a relatos de eventos reales. Del mismo modo, textos como el Génesis pueden ser
leídos como hechos por algunos y como ficción por otros.

2.​La literatura como un uso especial del lenguaje


Otra forma en que se ha intentado definir la literatura es a través de su uso del lenguaje.
El formalismo ruso, representado por críticos como Roman Jakobson y Viktor Shklovsky, propuso
que la literatura se distingue por "violar organizadamente el lenguaje ordinario". Según esta
visión, la literatura transforma e intensifica el lenguaje, alejándolo de la manera en que se usa
cotidianamente. Eagleton ilustra esta idea con un ejemplo:
Si alguien en una parada de autobús me susurra al oído:
"Sois la virgen impoluta del silencio", inmediatamente entendería
que estoy ante un uso literario del lenguaje, ya que las palabras
poseen una textura, un ritmo y una resonancia que exceden su
significado común.
El formalismo enfatizaba que la literatura emplea recursos
como la métrica, la rima y la sintaxis para producir un
"extrañamiento", haciendo que el lector perciba el lenguaje de una manera nueva. Para ilustrarlo,
Eagleton menciona Tristram Shandy de Laurence Sterne, una novela que dificulta tanto su propia
narración que apenas parece avanzar, convirtiéndose así en una obra que resalta su propia
construcción literaria.
Sin embargo, Eagleton critica esta definición porque presupone la existencia de un
"lenguaje ordinario" universal del cual la literatura se desviaría. Pero en realidad, el lenguaje es
variable según la sociedad, la clase social y el contexto. Lo que puede parecer un lenguaje
"literario" en un lugar o época puede ser común en otra. Un ejemplo es la palabra "ginnel"
(callejón), que en Brighton podría sonar poética, pero en Barnsley es una palabra común.

3.​La literatura como discurso no pragmático


Otra manera de entender la literatura es como un tipo de discurso que no tiene una
función práctica inmediata. A diferencia de un manual de biología o un aviso para el lechero, la
literatura no tiene un propósito utilitario inmediato. Para ejemplificarlo, Eagleton menciona un
letrero que se encuentra en el metro de Londres:
"Hay que llevar en brazos a los perros por la escalera mecánica."
Un lector común lo interpretaría como una instrucción práctica, pero un lector "literario"
podría analizar su ritmo, su significado metafórico o incluso verlo como una reflexión filosófica.
De hecho, si un ebrio en un bar leyera el aviso y lo interpretara como una gran verdad sobre la
vida, estaría aplicando una lectura literaria al texto.
Sin embargo, este criterio también tiene problemas. Muchos textos considerados
literatura sí tienen una función práctica, como los textos religiosos en ciertas sociedades.
Además, la diferencia entre una lectura pragmática y una no pragmática depende más de la
actitud del lector que de la naturaleza del texto. Por ejemplo, alguien podría leer a Gibbon, el
historiador del Imperio Romano, no para obtener información histórica, sino por el placer de su
estilo literario.

4.​La literatura como una construcción social


Eagleton concluye que la literatura no tiene una esencia objetiva y que lo que se considera
literatura cambia con el tiempo y el contexto social. No
hay un conjunto fijo de características que definan la
literatura para siempre. Por ejemplo, Shakespeare es
indudablemente literatura hoy, pero podría llegar el día
en que sus obras se consideren irrelevantes, al igual
que algunas tragedias griegas podrían dejar de
interesar si descubriéramos que sus valores originales
son completamente ajenos a los nuestros.
También señala que lo que se llama literatura
depende de juicios de valor, los cuales no son fijos ni universales. Por ejemplo, Macaulay y Mill
se consideran literatura, mientras que Bentham, Marx y Darwin generalmente no lo son, a pesar
de que sus escritos también tienen un fuerte valor estilístico y retórico. Estos juicios de valor no
son simplemente subjetivos, sino que están profundamente enraizados en estructuras
ideológicas.
Terry Eagleton: ¿Qué es la literatura?

Literatura Precolombina
Lecturas: Popol Vuh, Eduardo Galeano: relatos seleccionados de Memorias del fuego,
Julio Cortázar: La noche boca arriba, Augusto Monterroso: El Eclipse, Poema El indio , Sosa
Roberto

EL LENGUAJE Y LA LITERATURA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS


AMERICANOS

CULTURAS PRECOLOMBINAS: AZTECAS – INCAS- MAYAS


Antes de 1942 nuestro continente estaba poblado por nativos a los que Cristóbal Colón
denominó indios (porque pensó que había llegado a las Indias) y que hoy conocemos como pueblos
originarios.
Aunque algunos pueblos americanos eran nómades, es decir se desplazaban en busca de su
alimento, que obtenían de la caza y la pesca y no tenían escritura, pero transmitían su cultura mediante
la tradición oral; existieron también en América a fines del siglo XV civilizaciones en diverso grado de
desarrollo; tres de ellas fueron testimoniadas por la arqueología y la antropología.
Las más rudimentarias habitaban las llanuras patagónicas, en tanto que, las más adelantadas se
encontraban en Perú y México. A pesar de que los lingüistas han agrupado alrededor de veintitrés lenguas
diferentes anteriores a la llegada de Colón, sólo tres correspondieron a grupos étnicos de gran desarrollo
socio - político y cultural:
-​ la azteca o náhuatl, que ocupaba el centro y sur de México actual;
-​ la maya – quiché, que se extendía por parte de México, Guatemala, Honduras,
Belice y El Salvador;
-​ la inca o quechua, que correspondía a los territorios de Perú, Ecuador,
Bolivia y parte de la República Argentina.
Las dos primeras derivan de la cultura Olmeca, cuyo origen se remonta a los años 1200 y 900
a. C., período en el que dicha civilización logra su máximo esplendor cultural. Desarrollaron un
sistema de escritura que fue el precursor de los jeroglíficos mayas y, es probable, que el famoso
calendario maya se haya originado entre ellos.
Dejó establecidos patrones culturales que influyeron en sus sucesores en los siglos venideros:
aztecas y mayas, por ello se la considera la “cultura madre” más importante de Mesoamérica.
Entre los rasgos comunes a las grandes civilizaciones, podemos mencionar:
-​ El desarrollo de conocimientos científicos y manifestaciones artísticas.
-​ Existencia de tipos de organización social muy avanzados.
-​ Gran desarrollo en el cultivo de las plantas agrícolas, especialmente el maíz, base
de la economía indígena.
-​ Teatro ritual y conocimiento de la poesía (épica y lírica) y de la prosa narrativa.

CULTURA AZTECA O NAHUALT


Fueron los aztecas poseedores de una de las civilizaciones más adelantadas de América.
Dominaron el centro y el sur del actual México entre los siglos XIV y XVI. La capital Tenochtitlán, capital
de los aztecas, situada en una isla del lago de Texcoco, en la actual ciudad de México. Fue fundada en
1325 y llegó a ser una de las ciudades más bellas y grandes del mundo (con cerca de 300.000
habitantes). La arquitectura de sus centros ceremoniales, pirámides y palacios, demuestra un alto grado
de conocimiento en esta materia. Destaca, además, el sistema de construcción de diques para evitar las
inundaciones.

LITERATURA AZTECA
Los aguerridos aztecas hablaban la lengua náhualt. En la actualidad esta lengua es empleada
en varios dialectos por alrededor de un millón de personas en el centro y el oeste de México. El náhualt
se escribió en un tipo de escritura ideográfica que evolucionó hasta convertirse en fonética y quedó
registrada en códices.
En general, lo que más se conoce de su literatura es a través de crónicas de los misioneros o
por la tradición oral. Los géneros literarios más cultivados fueron la lírica, la épica, el drama y la
historiografía. La poesía lírica estuvo íntimamente ligada a la música y a la danza, es decir, que la
poesía era cantada y bailada. Esta poesía, era, en general, anónima e intervenían tres agentes: el
compositor de la letra, el músico y los bailarines y cantores. La temática no era muy variada, y trataba
principalmente de la fugacidad de la vida, el enigma de la muerte con frecuentes alusiones al más allá,
la vanidad de hombre y la rapidez del goce en la vida. La épica y los himnos religiosos Los aztecas
componían también himnos religiosos en honor de sus dioses, que provenían de la inspiración de
compositores oficiales de los templos, y cantos épicos. En materia épica o guerrera, los aztecas
tuvieron una profunda conciencia. Escribieron poemas sobre sus héroes y la historia, bastante
rudimentarios, en los cuales mezclaban cierto lirismo. La religión fue para los aztecas el eje de su vida;
todo estaba ligado a ella: el comercio, la política, la guerra.

LA CULTURA MAYA O QUICHE


Corresponde a un grupo de pueblos indígenas mesoamericanos, que tradicionalmente han habitado en los
estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas, en la mayor parte de Guatemala y las
regiones de Belice, Salvador y Honduras. Entre los años 300 y 900 d. C., el denominado período clásico, la
influencia maya fue poderosa. En este período se levantaron las construcciones de los grandes centros
ceremoniales como Palenque, Tikal y Copán. Estos centros fueron abandonados misteriosamente hacia el
año 900. A la llegada de los españoles no tuvieron grandes inconvenientes para vencer a los grupos
mayas más importantes, sin embargo las últimas comunidades independientes sólo fueron subyugadas en
1901.
Una de las piezas claves en su cultura fue el calendario maya. Realizado en jeroglíficos, desarrolla
un complejo sistema numérico y cronológico que regía todas las actividades del pueblo.

LITERATURA MAYA
Los mayas tenían su propio idioma, el maya. Y en la actualidad es hablada por más de dos
millones de personas en el sur de México, Guatemala y Belice. De todas las lenguas mayas la de
mayor importancia es la maya quiche. El sistema de escritura maya se empleó aproximadamente desde
el siglo III hasta el siglo XVII y contiene alrededor de 850 glifos, que son signos fonéticos que
representan sílabas. Se sabe que los mayas escribían tratados de cosmología y de medicina, además
de literatura religiosa.
La fuente más completa y exhaustiva para el conocimiento de su mitología es el
Popol Vuh (Libro de la comunidad o del consejo), biblia de los maya-quichés (de qui,
‘muchos’, y che, ‘árbol’: ‘tierra de muchos árboles’), del año 1550. Deben considerarse
también los Libros de Chilam Balam, escritos en maya de Yucatán en la época de la
conquista donde se manifiesta la desesperación maya ante la llegada de los españoles
que había sido profetizada por un sacerdote. También se conservan otros textos mayas
como Anales de los chakchiqueles y Rabinal Achi, una obra dramática.
Sin duda la obra más importante de la literatura maya es el Popol Vuh o Libro del
Consejo de los indios quichés (Popol significa Comunidad o consejo, y Vuh, libro). Éste
se transmitió originalmente por tradición oral hasta mediados del siglo XVI, en que fue
escrito por un indígena en lengua quiché, pero con caracteres latinos.
En esta obra excepcional pueden distinguirse tres partes. La primera es la
historia de la creación del mundo y del hombre. La segunda refiere aventuras de
personajes míticos (Hunahpú, Ixbalanqué, Ixquix) y sus luchas con los genios del mal,
los señores del Xibalbá. Dioses mayores, profetas, sabios, dioses menores, se mezclan
en estas fábulas inmemoriales con animales, árboles y fuerzas de la naturaleza. En este
relato los hombres conviven con deidades del mundo superior e inferior, practican los
juegos de las poblaciones primitivas, refieren simbólicamente hechos de la vida
cotidiana de las comunidades, de la transformación de las tribus, de sus luchas internas.
El estudio de las lenguas quiché y cakchiquel ha arrojado luz sobre estos textos
permitiendo una interpretación abundante y precisa. El Popol Vuh narra la historia de la
creación de los hombres del siguiente modo: 27 - Primera Creación Los dioses crearon
la tierra y la poblaron de animales dándoles a cada uno un lenguaje, pero como no
fueron capaces de pronunciar los nombres divinos, fueron destruidos. - Segunda
Creación Los dioses crean figuras humanas de barro que hablan pero carecen de
pensamientos. "De tierra hicieron la carne. Vieron que aquello no estaba bien, sino que
se caía, se amontonaba, se ablandaba, se mojaba, se cambiaba en tierra, se fundía; la
cabeza no se movía; el rostro (quedaba vuelto) a un sólo lado..." Los dioses
(Constructores o Formadores, según el nombre dado en el texto) resolvieron destruir
estas figuras. - Tercera Creación Corresponde a la fabricación de muñecos de madera
con forma humana. Estos muñecos hablaban y tuvieron descendencia, pero como
carecían de sangre, se secaron.
Fueron solamente un ensayo de la existencia de la humanidad en la superficie
de la tierra. Los utensilios de cocina y los animales domésticos se revelaron contra estos
maniquíes y una espesa lluvia que bajó del cielo terminó por destruirlos. Los que
sobrevivieron huyeron a los montes convertidos en monos. - Cuarta Creación Después
de celebrar nuevo consejo, se produce la creación definitiva del hombre, fortalecido con
la sustancia blanca del maíz, con el cual forman la carne de los que serán los primeros
padres de la humanidad.
Después de recorrer los espacios de la tierra, y como tenían inteligencia capaz
de 28 comprender los secretos del Universo, agradecieron su creación a los dioses. - Las
Cuatro Edades del Popol Vuh El Popol Vuh tiene un carácter simbólico y a través de los
mitos que lo componen se ha podido leer la historia
sistematizada de las distintas etapas del pueblo quiché, desde la prehistoria hasta su
edad más avanzada.
. Frente a esta mito-historia, el Popol Vuh aporta un material valiosísimo para la
interpretación de la mentalidad primitiva y para el conocimiento del desarrollo de las
ideas, las artes, las ciencias y la cultura general de los pueblos autóctonos de América.
Como en todo lenguaje primitivo el del Popol Vuh es metafórico, es decir que se expresa
por analogía y no puede explicarse racionalmente, sino mediante un pensamiento con
imágenes.
Aparece entonces la metáfora, no como un ornamento del lenguaje, sino como
una pequeña fábula o mito. Como en los textos sagrados de las más lejanas
civilizaciones del universo, el Popol Vuh ofrece las mayores riquezas en el área
semántica de las palabras, en un lenguaje que es eminentemente significativo. Por esta
causa, constituye no solamente un documento de estudio para el antropólogo, el
sociólogo y el historiador, sino un texto poético de misteriosa resonancia en el ánimo de
aquellos que buscan desentrañar el horizonte cultural de la América Precolombina.
El Popol Vuh ha sido colocado a la altura de las más célebres teogonías de la
humanidad, por la profundidad de sus ideas y la portentosa fuerza imaginativa. Por otra
parte, se lo ha comparado a las antiguas epopeyas de la India y 29 Grecia, por su valor
literario y la lucha entre hombres, con la intervención de dioses. Es una original Biblia
indígena, semejante en su relato de la creación al del Génesis bíblico. Dentro del texto,
pueden encontrarse muy diversos elementos: relatos mitológicos, fábulas de contenido
moral, cuentos populares, narraciones bélicas, vestigios de antiguas poesías, bailables o
recitables, etc.; y como protagonistas se mezclan dioses, hombres y animales.
Conclusión. A lo largo de este trabajo se han expuesto, con el mayor detalle y rigurosidad
posible, las características y el desarrollo de las tres culturas más desarrolladas antes de
la llegada de los conquistadores. Tanto de la organización sociopolítica, como de la
cosmovisión frente a cuanto les rodea y las obras literarias de las que han quedado
registro, puede desprenderse, sin asomo de duda, que la literatura formó parte
importante de cada una de ellas. En cuanto a la escritura, si bien algunas no han sido
descifradas, lo serán en la medida del avance de los estudiosos en el tema.
El que en algún caso pareciera que no tenían un sistema de escritura, no asegura
que así fuera, puesto que fue mucho lo que se perdió durante la conquista, por una parte,
y por otra, también existe la teoría de que los indígenas, al verse atacados, hayan
destruido cuanto material pudieron, para protegerlos de caer en manos de los que, en
aquel momento, eran sus enemigos. Nota: nada sabríamos de estas maravillosas
culturas de las que, de un modo u otro, provenimos, si no hubiesen existido estudiosos
que dedicaron gran parte de su vida, y aún siguen haciéndolo, por descubrir restos
arqueológicos y descifrar los 30 glifos que permanecían en el absoluto misterio. Para
todos ellos mi reconocimiento. Los que he descubierto mientras preparaba este trabajo
son: P. Francisco Ximenez, fue quien tuvo la primera versión del Popol Vuh. Abate
Brasseur de Bourbourg recogió El Rabinal Achi, pieza que fue traducida por Luis Cardoza
Aragón, El Abate también reconstruyó el Libro de Chilam Balam y el Popol Vuh. Cura
Justiniani, poseedor del primer manuscrito del Ollantay. Adrian Recinos, refundió el Popol
Vuh y lo publicó en 1947. El indígena Bartola Ziz, quien copio el texto de Rabinal Achi,
Uscar Paucar y Aprendiz de rico, todos ellos en quechua. Cabello Balboa, en 1576
escribió en sus crónicas el texto de Ollantay. Raoul y Marguerite D’Harcourt, así como
también Middendorf, Barranca, Markham y Von Tschudi, han dedicado largos años al
estudio de la lengua quechua.

Popol Vuh

CULTURA INCA – QUECHUA


Su historia se remonta a principios del siglo XIII. El término inca, de origen
quechua, significa “rey” o “príncipe”, y fue el nombre genérico con que se denominó a los
gobernantes cuzqueños. El imperio alcanzó su mayor extensión con el reinado de
Huayna Cápac (1493-1525). Hacia 1525, el territorio bajo control inca se extendía por la
zona más meridional de la actual Colombia, por Ecuador, Perú y Bolivia y por zonas de
lo que hoy en
día es el norte de Argentina y Chile, abarcando un área de más de 3.500 km de norte a
sur, y de 805 km de este a oeste.
Su valor no se halla tanto en su capacidad creativa, sino en su habilidad para
difundir, ordenar y administrar el sistema andino en un amplio territorio. El Imperio
incaico era una teocracia basada en la agricultura y en el sistema de ayllus, o grupos de
parentesco, dominada por el inca, que era adorado como un dios viviente. La base de la
cultura y la organización andina se encuentra en el parentesco, es decir, en el ayllu.
Cada ayllu estaba conformado por un conjunto de personas que se consideran
parientes, pues creían descender de un antepasado común. Éstos estaban unidos por
vínculos de reciprocidad, es decir, se comprometían a ayudarse mutuamente en las
labores cotidianas.
En el aspecto religioso tenían como dios supremo a Viracocha, creador y señor
de todas las cosas vivientes. Otras grandes deidades fueron los dioses de la creación y
de la vida, Pachacamac; del Sol, Inti (padre de los incas), y las diosas de la Luna,
Hamaquilla; de la Tierra, Pachamama, y del rayo y la lluvia, Ilapa. Inti, el dios Sol, era la
divinidad protectora de la casa real. Su calor beneficiaba a la tierra andina y hacía
madurar las plantas. Se representaba con un rostro humano sobre un disco radiante.
Cada soberano inca veía en Inti a su divino antepasado. La Gran Fiesta del Sol, el Inti
Raymi, se celebraba en el solsticio de invierno. Para dar la bienvenida al sol, le ofrecían
una hoguera, en la que quemaban a la víctima del sacrificio, coca y maíz.
El arte inca. Tanto las obras de arquitectura como la escultura y cerámica
destacan por su funcionalidad. Entre las expresiones artísticas más impresionantes se
encuentran los templos, los palacios, las obras públicas y las fortalezas estratégicamente
emplazadas, como Machu Picchu. En el Cuzco está el Templo del Sol. Otras obras
destacables son los puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi cien metros de
14 largo), los canales de regadío y los acueductos.

LITERATURA INCAICA
No poseyeron escritura sino un complejo sistema de cuerdas anudadas, llamadas
quipus, que tenía carácter administrativo y contable.
A pesar de ello se conserva su rica literatura gracias a referencias y citas de
cronistas, indígenas y la obra del escritor mestizo conocido como Inca Garcilaso de la
vega. Por tradición oral pervivieron cantos religiosos, épicos, líricos y cantos de amor.
También se conserva un manuscrito que contiene un drama, la trágica muerte de
Atahualpa Cajamarca.

Guía para el visionado de Fuego y Tinta


[Link]

1.​ ¿Qué culturas ancestrales se nombran en el video?


2.​ ¿Qué tipo de producciones literarias tenían estos pueblos?
3.​ ¿Sobre qué versaban estas producciones?
4.​ ¿Qué eran los quipus y los códices? ¿Qué pueblo desarrollaba cada uno?
5.​ ¿Cuáles eran los lenguajes utilizados por cada una de estas culturas?
6.​ ¿Qué son el Popol Vuh y los Chilam Balam?
7.​ ¿Qué participación tuvieron los españoles en la recolección de
este material?
CORPUS DE LECTURA: LITERATURA PRECOLOMBINA
El hombre precolombino se preguntaba acerca de la vida, la muerte, el más allá, la
existencia y se expresaba con recursos retóricos. De la unión de las ideas religiosas, del
ritual,
de los mitos, de las leyendas, junto con la tendencia para crear belleza y expresar los
sentimientos de la colectividad y los individuales, nació la literatura precolombina.
La poesía en náhuatl era llamada “flor y canto”, ya que se caracterizaba por ser
un diálogo entre el propio corazón, el mundo, lo divino y el pueblo. Por lo tanto, era
altamente importante dentro de las sociedades aztecas. Los poetas eran usualmente
sacerdotes o príncipes cuya labor era la de transmitir el sentimiento poético al pueblo.
La lengua náhuatl es una lengua uto-azteca hablada hoy en día en México, Estados
Unidos, El Salvador y Nicaragua. Sin embargo, la mayoría de las personas que
hablan náhuatl habitan la región central de México.

LITERATURA NÁHUATL
(AZTECA) LA VIDA Y LA
MUERTE
No es vedad que vivimos
No es verdad que duramos
en la tierra.

¡Yo tengo que dejar las bellas flores, tengo


que ir a buscar el sitio del misterio! Pero por
breve tiempo,
hagamos nuestros los hermosos cantos
ANÓNIMO
VINIMOS A SOÑAR (Zan tontemiquico)
Así lo deja dicho Tochihuitzin,
Así lo deja dicho Coyolchiuhqui:
De pronto salimos del sueño, sólo
vinimos a soñar,
no es cierto, no es cierto,
que vinimos a vivir sobre la tierra.
Como yerba en primavera es
nuestro ser.
Nuestro corazón hace nacer, germinan flores
de nuestra carne.
Algunas abren sus corolas,
luego se secan.
Así lo deja dicho Tochihuitzin.
Significado: una reflexión sobre la vida de
los humanos y las plantas.
ANÓNIMO

DEL SITIO DE TENOCHTITLAN


Y todo esto pasó con nosotros.
Nosotros lo vimos,
Nosotros lo admiramos.
Con esta lamentosa y triste suerte nos
vimos angustiados.
En los caminos yacen dardos rotos, los
cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y
plazas,
y en las paredes están salpicados los sesos. Rojas

están las aguas, están como tenidas, y cuando las


bebimos,
es como si bebiéramos agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y
era nuestra herencia una red de agujeros. Con los
escudos fue su resguardo,
pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad.
Hemos comido palos de colorín, hemos
masticado grama salitrosa, piedras de
adobe, lagartijas, ratones, tierra en
polvo, gusanos…
Comimos la carne apenas, sobre el
fuego estaba puesta. Cuando
estaba cocida la carne, de allí la
arrebataban,
en el fuego mismo, la comían.
Se nos puso precio.
Precio del joven, del sacerdote,
del niño y de la doncella.
Basta: de un pobre era el precio
sólo dos puñados de maíz,
sólo diez tortas de mosco;
sólo era nuestro precio
veinte tortas de grama salitrosa.
Oro, jades, mantas ricas,
plumajes de quetzal,
todo eso que es precioso.
en nada fue estimado…
LITERATURA INCAICA
Además de la literatura oficial, la de los filósofos e historiadores, se cultivó en estas
tierras una variada poesía lírica, casi siempre asociada a la música y a la danza.
En el imperio Inca suelen distinguirse los ayllus o himnos de tono religioso, heroico o
agrícola. También existió una forma lírica, el wawaki que es un canto dialogado coral y el
wanka, una elegía fúnebre todo en QUECHUA, lengua originaria.

CANCIÓN DE AUSENCIA
¿La desventura, reina,
nos separa?
¿La adversidad,
infanta, nos aleja?
Si fueras flor de chincherkoma,
hermosa mía,

en mi sien y en el vaso de mi
corazón te llevaría.
Pero eres un engaño, igual
que el espejo del agua.
igual que el espejo del agua ante mis ojos.
¿Te vas, amada, sin que nuestro amor
haya durado un día?
He aquí que nos separa
tu madre desleal
Para siempre.
He aquí que la enemistad de tu padre
nos sume en la desgracia.
Mas, mi reina, tal vez nos encontremos
si Dios, gran amo, lo permite (Pronto acaso
el mismo Dios tenga que unirnos después)
¡Cómo el recuerdo
de tus ojos reidores
me embelesa!
¡Cómo el recuerdo
de tus ojos
traviesos
me enferma de nostalgia!
Basta ya, mi rey, basta ya.
¿Permitirás
que mis lágrimas lleguen a colmar
tu corazón?
Derramando la lluvia de mis lágrimas
sobre las kantulas
y en cada quebrada
te espero, hermosa
mía. Jaray Arawi

LITERATURA LATINOAMERICANA SIGLO XX

El hombre precolombino se preguntaba acerca de la vida, la muerte, el más allá,


la existencia y se expresaba con recursos retóricos. De la unión de las ideas religiosas,
del ritual, de los mitos, de las leyendas, junto con la tendencia para crear belleza y
expresar los sentimientos de la colectividad y los individuales, nació la literatura
precolombina.
Nuestros escritores del siglo XX abrevaron en esos textos, y dialogaron con ellos
para revalorizar el pasado indígena y alcanzar una mayor comprensión de la
cosmovisión de estos pueblos originarios.

EL MAÍZ
Eduardo Galeano. Memorias del fuego.

Los dioses hicieron de barro a los primeros mayas-quichés. Poco


duraron. Eran blandos, sin fuerza; se desmoronaron antes de caminar.
Luego probaron con la madera. Los muñecos de palo hablaron y anduvieron, pero
eran secos: no tenían sangre ni sustancia, memoria ni rumbo. No sabían hablar
con los dioses, o no encontraban nada que decirles.
Entonces los dioses hicieron de maíz a las madres y a los padres. Con
maíz amarillo y maíz blanco amasaron su carne.
Las mujeres y los hombres de maíz veían tanto como los dioses. Su mirada se
extendía sobre el mundo entero.
Los dioses echaron un vaho y les dejaron los ojos nublados para siempre,
porque no querían que las personas vieran más allá del horizonte.

Consignas
1.​ Redactar una breve biografía del autor
2.​ Leer el texto sobre culturas precolombinas, y luego investigar con qué cultura se
relaciona este relato.
3.​ Indicar a que obra literaria precolombina hace referencia este relato. Justificar la
respuesta.
LOS INDIOS De Roberto Sosa

Los indios bajan

por continuos laberintos con su


vacío a cuestas.
En el pasado
fueron guerreros sobre todas las cosas.
Levantaron columnas al fuego y a
las lluvias de puños negros
que someten los frutos a la tierra.
En los teatros de sus ciudades de colores lucieron
vestiduras
y diademas
y máscaras doradas
traídas de lejanos imperios enemigos.
Calcularon el tiempo con
precisión numérica.
Dieron de beber oro líquido a sus
conquistadores,
y entendieron el cielo como
una flor pequeña.
En nuestros días
aran y siembran el suelo
lo mismo que en edades primitivas.

Sus mujeres modelan las piedras del campo y el


barro, o tejen
mientras el viento
desordena sus duras cabelleras de diosas. Los
he visto sin zapatos y casi desnudos, en grupos,
al cuidado de voces tendidas como látigos,
o borrachos balanceándose con los charcos del ocaso de
regreso a sus cabañas
situadas en el final de los olvidos.
Les he hablado en sus refugios
allá en los montes protegidos por ídolos
donde ellos son alegres como ciervos pero
quietos y hondos
como los prisioneros.
He sentido sus rostros
golpearme los ojos hasta la última luz,
y he descubierto así
que mi poder no tiene ni validez ni fuerza.
Junto a sus pies
destruidos por todos los caminos, dejo mi
sangre
escrita en un oscuro ramo.
Consignas

1.​ Redactar una breve biografía del autor


2.​ En el poema se contrastan dos épocas en la vida de los aborígenes. ¿Qué
muestra cada una?
3.​ ¿A qué cultura representa el “yo lírico”? ¿Cómo se siente frente a esa
problemática?
4.​ Explicar con sus palabras qué significan los versos subrayados y resaltados
con negrita.
5.​ Identificar los siguientes recursos literarios: imágenes visuales, de
movimiento, táctil, comparación.

EL ECLIPSE. Augusto Monterroso

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada


podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado,
implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad
a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el
pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los
Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su
eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor
redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible
que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el
lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas
nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura
universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se
esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel
conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus
ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre
vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol
eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa,
una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los
astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la
valiosa ayuda de Aristóteles.
FIN
Consignas
1.​ Vocabulario: Buscar y copiar el significado de: impasible – inflexión – fray –
eminencia – topográfico – condescender.
2.​ Redactar una breve biografía del autor
3.​ Indicar el tipo y la persona del narrador. Justificar con una cita textual.
4.​ Enunciar los indicios de tiempo y lugar en el que ocurren los hechos.
5.​ ¿Cómo interpreta la frase del texto que está subrayada y resaltada en negrita?
6.​ Investigar quién fue Aristóteles y Carlos Quinto
7.​ Enunciar en oraciones breves: situación inicial – conflicto – resolución –
situación final.
8.​ Citar textualmente las expresiones que sugieren la soberbia del personaje.
9.​ ¿Qué cultura precolombina ocupaba gran parte de Guatemala, y tenía su
propio calendario?

Literatura del Descubrimiento y la conquista


La América de las Crónicas
Los Cronistas de Indias: La conquista ha sido explicada como una consecuencia
de tres fundamentaciones básicas del conquistador español: “Oro, gloria y
evangelio”. La primera tiene que ver con la expansión económica y la revolución
comercial que España y Portugal desarrollaron a través de las rutas marítimas a
partir del siglo XIV. La Gloria, tiene que ver con “el orgullo y la vanidad” y el
tercero, con los impulsos de defensa de la cristiandad. Los relatos de los
cronistas de Indias nos ofrecen la visión directa de testigos de la conquista.

A los conquistadores no les interesaba crear obras literarias, pero dejaron


constancia de todo en las Crónicas de Indias en ellas fusionaron la historia y la
imaginación influidos por los mitos de la literatura clásica, leyendas medievales y
relatos bíblicos. Así mezclaron lo maravilloso con lo verdadero y asombraron a los
lectores de la época. A través de ellas además de procurar deleite para el lector
y dar un toque exótico a sus escritos, trataron de conseguir que algún
benefactor les financiara sus campañas en la búsqueda del oro.

Las Crónicas constituyen textos de gran valor literario porque presentan una
visión de América desmesurada y fantástica. Son fuentes para conocer el
descubrimiento y la conquista de América, costumbres de las culturas
prehispánicas y el desarrollo de las instituciones nuevo hispanas. A los autores
interesados en recopilar e interpretar los datos de la naturaleza y de las
culturas de América, de la colonización, evangelización se los llamó cronistas.
Cristóbal Colón es el primer cronista de América. En su diario de viaje recoge las
observaciones, impresiones que provocan en él el paisaje y el hombre nativo.

De éstos cronistas se pueden distinguir los que estuvieron en el


descubrimiento y la conquista del nuevo mundo, eran soldados, religiosos y
funcionarios que desempeñaron cargos en la administración de la colonia y que
escribieron respecto a sus experiencias, observaciones personales, incluidos
aborígenes y mestizos. Estaban también los que el elaboraron su información a
través de noticias de otros. La obra de Fray Bartolomé de las Casas fue una de
las más divulgadas y controvertida del siglo XVI debido a su traducción a casi
todas las lenguas europeas sirvió para fomentar la leyenda negra contra
monarquía hispánica en especial en lo referido a su actuación en el continente
Americano.

@ Leer el fragmento de una "Brevísima relación de la destrucción de las


Indias", escrito por Fray Bartolomé de Las Casas.
Fray Bartolomé de Las Casas
Brevísima relación de la destrucción de las Indias (fragmento)

De infinitas hazañas señaladas en maldad y crueldad, en extirpación de aquellas


gentes, cometidas por los que se llaman cristianos, quiero aquí referir algunas pocas que
un fraile de San Francisco a los principios vio, y las firmó de su nombre, enviando
traslados [copias] por aquellas partes y otros a estos reinos de Castilla, y yo tengo en mi
poder un traslado con su propia firma, en el cual dice así:
"Yo, fray Marcos de Niza, de la orden de San Francisco, comisario sobre los frailes
de la misma orden en las provincias del Perú, que fui de los primeros religiosos que con
los primeros cristianos entraron en las dichas provincias, digo, dando testimonio
verdadero, de algunas cosas que yo con mis ojos vi en aquella tierra, mayormente acerca
del tratamiento y conquistas hechas a los naturales. Primeramente, yo soy testigo de
vista, y por experiencia cierta conocí y alcancé, que aquellos indios del Perú es la gente
más benévola que entre indios se ha visto, y allegada y amiga a los cristianos. Y vi que
aquéllos daban a los españoles en abundancia oro y plata y piedras preciosas y todo
cuanto les pedían que ellos tenían, y todo buen servicio, y nunca los indios salieron de
guerra sino de paz, mientras no les dieron ocasión con los malos tratamientos y
crueldades, antes los recibían con toda benevolencia y honor en los pueblos a los
españoles, dándoles comidas y cuantos esclavos y esclavas pedían para servicio.
"Ítem, soy testigo y doy testimonio que, sin dar causa ni ocasión aquellos indios a los
españoles, luego que entraron en sus tierras, después de haber dado el mayor cacique
Atahualpa más de dos millones de oro a los españoles, y habiéndoles dado toda la tierra
en su poder sin resistencia, luego quemaron al dicho Atahualpa, que era señor de toda la
tierra, y en pos dél quemaron vivo a su capitán general Cochilimaca, el cual había venido
de paz al gobernador con otros principales. Asimismo, después de éstos, donde a pocos
días, quemaron a Chamba, otro señor muy principal de la provincia de Quito, sin culpa ni
haber hecho por qué.
"Asimismo quemaron a Chapera, señor de los canarios, injustamente. Asimismo a Luis,
gran señor de los que había en Quito, quemaron los pies y le dieron otros muchos
tormentos porque dijese dónde estaba el oro de Atahualpa, del cual tesoro (como
pareció) no sabía él nada. Asimismo quemaron en Quito a Cozopanga, gobernador que era
de todas las provincias de Quito. El cual, por ciertos requerimientos que le hizo
Sebastián de Belalcázar, capitán del gobernador, vino de paz, y porque no dio tanto oro
como le pedían, lo quemaron con otros muchos caciques y principales. Y, a lo que yo pude
entender, su intento de los españoles era que no quedase señor en toda la tierra.
"Ítem, que los españoles recogieron mucho número de indios y los encerraron en tres
casas grandes, cuantos en ellas cupieron, y pegáronles fuego y quemáronlos a todos sin
hacer la menor cosa contra español ni dar la menor causa. Y acaeció allí que un clérigo
que se llama Ocaña sacó un muchacho del fuego en que se quemaba, y vino allí otro
español y tomóselo de las manos y lo echó en medio de las llamas, donde se hizo ceniza
con los demás. El cual dicho español que así había echado en el fuego al indio, aquel
mismo día, volviendo al real, cayó súbitamente muerto en el camino y yo fui de parecer
que no lo enterrasen.
"Ítem, yo afirmo que yo mismo vi ante mis ojos a los españoles cortar manos, narices
y orejas a indios e indias sin propósito, sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos
lugares y partes que sería largo de contar. Y yo vi que los españoles les echaban perros a
los indios para que los hiciesen pedazos, y los vi así aperrear a muy muchos. Asimismo vi
yo quemar tantas casas y pueblos, que no sabría decir el número según eran muchos.
Asimismo es verdad que tomaban niños de teta por los brazos y los echaban arrojadizos
cuanto podían, y otros desafueros y crueldades sin propósito, que me ponían espanto, con
otras innumerables que vi que serían largas de contar.
"Ítem, vi que llamaban a los caciques y principales indios que viniesen de paz
seguramente y prometiéndoles seguro, y en llegando luego los quemaban. Y en mi
presencia quemaron dos: el uno en Andón y el otro en Tumbala, y no fui parte [capaz]
para se lo estorbar que no los quemasen, con cuanto les prediqué. Y según Dios y mi
conciencia, en cuanto yo puedo alcanzar, no por otra causa sino por estos malos
tratamientos, como claro parece a todos, se alzaron y levantaron los indios del Perú, y
con mucha causa que se les ha dado. Porque ninguna verdad les han tratado, ni palabra
guardado, sino que contra toda razón e injusticia, tiranamente los han destruido con
toda la tierra, haciéndoles tales obras que han determinado antes de morir que
semejantes obras sufrir.
"Ítem, digo que, por la relación [informe] de los indios, hay mucho más oro escondido
que manifestado, el cual, por las injusticias y crueldades que los españoles hicieron, no lo
han querido descubrir, ni lo descubrirán mientras rescibieren tales tratamientos, antes
querrán morir como los pasados. En lo cual Dios Nuestro Señor ha sido muy ofendido y su
Majestad muy deservido y defraudado en perder tal tierra que podía dar buenamente de
comer a toda Castilla, la cual será harto dificultosa y costosa, a mi ver, de la recuperar".
Todas estas son sus palabras del dicho religioso, formales, y vienen también firmadas
del obispo de México, dando testimonio de que todo esto afirmaba el dicho padre fray
Marcos.

1)​ Redactar una breve biografía del autor.


2) ¿Cuál es el propósito principal del autor al relatar las numerosas acciones llenas de
maldad y crueldad por parte de los españoles?
3) ¿Cuáles son los testimonios que el fraile Marcos de Niza ofrece como evidencia del
trato de los españoles hacia los indígenas del Perú? ¿Con qué cultura precolombina se
relaciona este relato?
4) ¿Qué consecuencias producen las acciones por parte de los españoles?
5) ¿Qué implicaciones tiene el testimonio del fraile para la percepción de la colonización
española en América?
6) ¿Qué manifiesta la quema de los cuerpos sobre la relación entre las culturas?

Diario de Viaje: Los misioneros, conquistadores y otros viajeros a menudo


llevaban consigo cuadernos o libros donde anotaban diariamente lo que veían,
hacían y experimentaban durante sus viajes. Estos diarios solían incluir
descripciones de la geografía, la flora y la fauna, así como encuentros con
pueblos aborígenes, conflictos y descubrimientos importantes. Del diario de
Colón, no se conserva en el original, sino en los fragmentos recogidos por fray
Bartolomé de Las Casas en su libro Historias de las Indias. Al copiar aquel
documento, Las Casas utiliza la tercera persona y luego, a partir del día del
descubrimiento, consigna las palabras formales del Almirante en primera
persona, quien describe a los nativos de esta manera:

“Yo, dice él, porque nos tuviese mucha amistad, porque conocí que era gente
que mejor se libraría y convertiría a nuestra santa fe con amor que no por
fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio
que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que tuvieron
mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla”. Para Colón la
naturaleza es comparable a un paraíso terrenal.

América, tierra de abundancia, y el paisaje son dos constantes de la


deslumbrante naturaleza del nuevo mundo que ingresan a la literatura
hispanoamericana desde su albor hasta en las simples pero poéticas descripciones
de Colón. La imagen del paraíso natural descubierto por Colón incluye también a
los aborígenes, a quien describe como seres sencillos y virtuosos, así lo consigna
Colón en su Diario.

Las crónicas constituyen textos que han servido de inspiración a escritores y


otros artistas contemporáneos.

@ Leer el cuento para descubrir qué elemento de las Crónicas ha tomado Pedro
Orgambide para escribirlo.

El
engaño

No tengo nombre. Soy lo que soy: las cosas. Mi oficio, señor, es el de contador
mayor y tesorero del reino. Sí, soy Quipucamayoc. Añudo, ñudo, anudo el quipo.
Un quipo, un hilo de color. Y otro. Y otro. Y otro. Los dedos se deslizan entre los
hilos torcidos, retorcidos, de lo que es para mí (para los míos) el lenguaje y el
número. No, no puedo revelarle este secreto. Lo siento, señor. Soy fiel al Inca.
Los quipos son las cosas. Pero también la gente. Ellos son lo que cuento, estos
hilos de colores que no significan nada para usted, señor del arcabuz. Usted no
sabrá nunca que el primer hilo señala la presencia de los viejos, de sesenta años
para arriba; el segundo, el lugar y el número de los hombres maduros, de
cincuenta años para arriba; y así, de diez en diez años, hasta llegar al que acaba
de nacer. Pero a usted ¿qué le importa?… usted pretende descifrar el lenguaje y
el número (la decena de millar en el hilo más alto, hasta llegar a la unidad) sólo
para contar el botín. Se le ve en los ojos, señor, en el cuerpo enfermo de
ambición y de sífilis. Me pregunta por la ciudad de la plata y del oro; quiere que lo
lleve hasta allí. Me niego, y por eso amenaza con cortarme la lengua. Es un
hombre muy torpe. Pero está decidido a matar. También eso se le ve en los ojos.
No le hablaré de Cuzco, la ciudad edificada piedra a piedra por orden del inca
Pachacati. No diré el lugar. En cambio, lo veré enloquecer de codicia al oírme
nombrar el templo de paredes cubiertas de oro. Diré su nombre, sí: Qori Kancha.
No, nada significa para el hombre del arcabuz, para el blanco que se acerca
tratando de comprender el idioma que no entiende. Qori Kancha, digo, el recinto
de oro donde solíamos honrar a Viracocha. Se molesta. No entiende. No entiende.
Por eso grita, blasfema, me impide pronunciar los nombres sagrados de Inti. Kolla
y Koyllín.

-¿De quién hablas, perro? -pregunta, mientras acerca el puñal a mi garganta.

-Hablo del sol -le digo- y de la luna y las estrellas.

No miento. Pero el hombre sospecha que oculto algo; se enfurece y comienza a


golpearme.

Es muy estúpido, en verdad.

-Salvaje; sólo hay un Dios, sólo hay un cielo -dictamina, tranquilizado con su
convicción.

Quipacamayoc sabe lo que sigue: horas o días más tarde, el hombre empezará a
delirar con el oro. Como todos: viejos famélicos y jóvenes y tullidos y oficiales de
coraza y sacerdotes y tiradores de ballesta. Como todos, sí. Soñadores del oro.
Indigno del guano de las aves marinas. Enfermos, locos. Gobernadores,
bachilleres, tocadores de címbalos, escribas, alcahuetes. Soñará con el oro.
Suplicará un dato, una señal para llegar hasta él. Prometerá a Quipacamayoc el
perdón y el olvido. Se humillará ante el indio, aunque lo desprecie. Sé que es así,
señor del arcabuz, sé que lo harás. Entonces, el hombre que teje los quipos, el
que anuda los nombres y las genealogías, bajará la cabeza, aceptará su destino de
traidor. Prometerá guiar al blanco hasta la ciudad que brilla como el sol.

El señor del arcabuz, el barbado de la piel amarillenta, el de los rasgos hundidos


hasta el hueso, piensa que llegó, que su destino es éste. Soy lo que miro, todo lo
que miro. En nombre de Dios. De mi Rey. Esto me pertenece. Orgulloso, camina
por el patio central. Se desliza entre el resplandor aúreo que confunde con su
propio cielo. Ya no teme morir. La eternidad es ésta: esta luz de los muros que se
prolonga más allá del santuario. No extraña el mar. Hace rato que olvidó su
pueblo. Esto es suyo, por fin. Nunca más la pobreza ni el vértigo del océano ni los
ayes de los moribundos, víctimas del escorbuto y del vómito negro. Se terminó.
Entonces el blanco mira su propia sombra en el patio central, donde está, según
dicen, el centro del universo, el ombligo del mundo.

-Ahora yo soy el amo.

Quipucamayoc, el que teje los nombres y los números, asiente inclinando la


frente, arrodillándose en señal de obediencia. Otros lo hicieron. Atahualpa lo
hizo. No noy nada, nadie. Soy lo que soy: las cosas. Ellas suceden, continuarán
sucediéndose, junto a las noches y los días, cuando se pudran los hilos y los
huesos. Por eso le digo al forastero que mire, que vea lo que un día fue nuestro:
estas fuentes, este jardín con canaletas de oro y también las plantas artificiales,
de pura pedrería. Ellas se disfrazan de humildad; simulan ser hojas y mazorcas
de maíz. Pero son de oro, señor, y diamantes. A través de Quipucamayoc, el otro
ve la grandeza del Imperio; ve el dibujo perfecto de los puentes, de los regadíos;
la distribución de los bienes, los socavones y túneles de las minas de plata, los
peldaños de piedra entre las nubes y terrazas de Machu Pichu; ve la ciudad de
cien mil almas y la fortaleza de Sacasayhuamán.

-Todo es suyo, señor -murmura el contador mayor y tesorero del reino.

Seré su guía, su esclavo, su lazarillo de ciego caminante. Iré donde usted diga,
señor. Usted manda. Sí, salgamos de aquí, todo está oscuro. Hay mucho por
caminar todavía, hay mucho para ver. Olvidaré mi lengua. La arrancaré, si es
necesario, antes de injuriar a personas tan respetuosas como usted, señor. Ya es
tarde. Los últimos guerreros que combaten en las pircas, morirán, seguramente.
No, no hay rebeliones, que yo sepa. Todo está en orden.

-¡Quiero tocar el oro! -ordena el [Link], entonces, articula la


mariposa de oro que vuela entre los ojos del alucinado. El blanco, el señor del
arcabuz, echa a correr por la ciudad del sueño. En su idioma, se otorga títulos,
privilegios, poderes. Se ve el dueño de todo.

-¡Por aquí, señor, por aquí!

El hombre corre, sin darse cuenta que el traidor lo lleva lejos de la ciudad, hasta
los cerros.

-¡Por aquí!

El español confunde una estrella con la mariposa de oro; no ve el abismo.

Cuando cae, cuando se despeña, se dice que está soñando, que no puede morir así,
que no es justo.

Pedro Orgambide, en 500 años, cuentos y


relatos,

Antología, Instituto Movilizador de

Fondos coperativos, Buenos Aires,


1992

@ Responder a los siguientes interrogantes.

1)​ ¿Qué personajes de la época de la Conquista ha recreado Orgambide?


2)​ ¿En qué tiempo y en qué espacio transcurre la acción?
3)​ ¿De qué manera logra el aborigen estimular la codicia del español?
4)​ En este texto encontramos una pluralidad de narradores. ¿Quiénes son y
qué personas gramaticales se utilizan? Cita ejemplos.
5)​ ¿Qué tiempo verbal predomina? ¿Qué se logra con ello?

¿Quipucamayoc es realmente un traidor? Fundamentos

Cuento:

El hambre (1536)
[Cuento - Texto completo.]

Manuel Mujica Lainez

Alrededor de la empalizada desigual que corona la meseta frente al río, las hogueras de
los indios chisporrotean día y noche. En la negrura sin estrellas meten más miedo todavía. Los
españoles, apostados cautelosamente entre los troncos, ven al fulgor de las hogueras
destrenzadas por la locura del viento, las sombras bailoteantes de los salvajes. De tanto en
tanto, un soplo de aire helado, al colarse en las casucas de barro y paja, trae con él los alaridos
y los cantos de guerra. Y en seguida recomienza la lluvia de flechas incendiarias cuyos
cometas iluminan el paisaje desnudo. En las treguas, los gemidos del Adelantado, que no
abandona el lecho, añaden pavor a los conquistadores. Hubieran querido sacarle de allí;
hubieran querido arrastrarle en su silla de manos, blandiendo la espada como un demente,
hasta los navíos que cabecean más allá de la playa de toscas, desplegar las velas y escapar de
esta tierra maldita; pero no lo permite el cerco de los indios. Y cuando no son los gritos de los
sitiadores ni los lamentos de Mendoza, ahí está el angustiado implorar de los que roe el
hambre, y cuya queja crece a modo de una marea, debajo de las otras voces, del golpear de las
ráfagas, del tiroteo espaciado de los arcabuces, del crujir y derrumbarse de las construcciones
ardientes.
Así han transcurrido varios días; muchos días. No los cuentan ya. Hoy no queda
mendrugo que llevarse a la boca. Todo ha sido arrebatado, arrancado, triturado: las flacas
raciones primero, luego la harina podrida, las ratas, las sabandijas inmundas, las botas
hervidas cuyo cuero chuparon desesperadamente. Ahora jefes y soldados yacen doquier, junto
a los fuegos débiles o arrimados a las estacas defensoras. Es difícil distinguir a los vivos de
los muertos.
Don Pedro se niega a ver sus ojos hinchados y sus labios como higos secos, pero en el
interior de su choza miserable y rica le acosa el fantasma de esas caras sin torsos, que reptan
sobre el lujo burlón de los muebles traídos de Guadix, se adhieren al gran tapiz con los
emblemas de la Orden de Santiago, aparecen en las mesas, cerca del Erasmo y el Virgilio
inútiles, entre la revuelta vajilla que, limpia de viandas, muestra en su tersura el “Ave María”
heráldico del fundador.
El enfermo se retuerce como endemoniado. Su diestra, en la que se enrosca el rosario
de madera, se aferra a las borlas del lecho. Tira de ellas enfurecido, como si quisiera arrastrar
el pabellón de damasco y sepultarse bajo sus bordadas alegorías. Pero hasta allí le hubieran
alcanzado los quejidos de la tropa. Hasta allí se hubiera deslizado la voz espectral de Osorio,
el que hizo asesinar en la playa del Janeiro, y la de su hermano don Diego, ultimado por los
querandíes el día de Corpus Christi, y las otras voces, más distantes, de los que condujo al
saqueo de Roma, cuando el Papa tuvo que refugiarse con sus cardenales en el castillo de Sant
Angelo. Y si no hubiera llegado aquel plañir atroz de bocas sin lenguas, nunca hubiera
logrado eludir la persecución de la carne corrupta, cuyo olor invade el aposento y es más
fuerte que el de las medicinas. ¡Ay!, no necesita asomarse a la ventana para recordar que allá
afuera, en el centro mismo del real, oscilan los cadáveres de los tres españoles que mandó a la
horca por haber hurtado un caballo y habérselo comido. Les imagina, despedazados, pues
sabe que otros compañeros les devoraron los muslos.
¿Cuándo regresará Ayolas, Virgen del Buen Aire? ¿Cuándo regresarán los que fueron
al Brasil en pos de víveres? ¿Cuándo terminará este martirio y partirán hacia la comarca del
metal y de las perlas? Se muerde los labios, pero de ellos brota el rugido que aterroriza. Y su
mirada turbia vuelve hacia los platos donde el pintado escudo del Marqués de Santillana finge
a su extravío una fruta roja y verde.
Baitos, el ballestero, también imagina. Acurrucado en un rincón de su tienda, sobre el
suelo duro, piensa que el Adelantado y sus capitanes se regalan con maravillosos festines,
mientras él perece con las entrañas arañadas por el hambre. Su odio contra los jefes se torna
entonces más frenético. Esa rabia le mantiene, le alimenta, le impide echarse a morir. Es un
odio que nada justifica, pero que en su vida sin fervores obra como un estímulo violento. En
Morón de la Frontera detestaba al señorío. Si vino a América fue porque creyó que aquí se
harían ricos los caballeros y los villanos, y no existirían diferencias. ¡Cómo se equivocó!
España no envió a las Indias armada con tanta hidalguía como la que fondeó en el Río de la
Plata. Todos se las daban de duques. En los puentes y en las cámaras departían como si
estuvieran en palacios. Baitos les ha espiado con los ojos pequeños, entrecerrándolos bajo las
cejas pobladas. El único que para él algo valía, pues se acercaba a veces a la soldadesca, era
Juan Osorio, y ya se sabe lo que pasó: le asesinaron en el Janeiro. Le asesinaron los señores
por temor y por envidia. ¡Ah, cuánto, cuánto les odia, con sus ceremonias y sus aires! ¡Como
si no nacieran todos de idéntica manera! Y más ira le causan cuando pretenden endulzar el
tono y hablar a los marineros como si fueran sus iguales. ¡Mentira, mentiras! Tentado está de
alegrarse por el desastre de la fundación que tan recio golpe ha asestado a las ambiciones de
esos falsos príncipes. ¡Sí! ¿Y por qué no alegrarse?
El hambre le nubla el cerebro y le hace desvariar. Ahora culpa a los jefes de la
situación. ¡El hambre!, ¡el hambre!, ¡ay!; ¡clavar los dientes en un trozo de carne! Pero no lo
hay… no lo hay… Hoy mismo, con su hermano Francisco, sosteniéndose el uno al otro,
registraron el campamento. No queda nada que robar. Su hermano ha ofrecido vanamente, a
cambio de un armadillo, de una culebra, de un cuero, de un bocado, la única alhaja que posee:
ese anillo de plata que le entregó su madre al zarpar de San Lúcar y en el que hay labrada una
cruz. Pero así hubiera ofrecido una montaña de oro, no lo hubiera logrado, porque no lo hay,
porque no lo hay. No hay más que ceñirse el vientre que punzan los dolores y doblarse en dos
y tiritar en un rincón de la tienda.
El viento esparce el hedor de los ahorcados. Baitos abre los ojos y se pasa la lengua
sobre los labios deformes. ¡Los ahorcados! Esta noche le toca a su hermano montar guardia
junto al patíbulo. Allí estará ahora, con la ballesta. ¿Por qué no arrastrarse hasta él? Entre los
dos podrán descender uno de los cuerpos y entonces…
Toma su ancho cuchillo de caza y sale tambaleándose.
Es una noche muy fría del mes de junio. La luna macilenta hace palidecer las chozas,
las tiendas y los fuegos escasos. Dijérase que por unas horas habrá paz con los indios,
famélicos también, pues ha amenguado el ataque. Baitos busca su camino a ciegas entre las
matas, hacia las horcas. Por aquí debe de ser. Sí, allí están, allí están, como tres péndulos
grotescos, los tres cuerpos mutilados. Cuelgan, sin brazos, sin piernas… Unos pasos más y los
alcanzará. Su hermano andará cerca. Unos pasos más…
Pero de repente surgen de la noche cuatro sombras. Se aproximan a una de las
hogueras y el ballestero siente que se aviva su cólera, atizada por las presencias inoportunas.
Ahora les ve. Son cuatro hidalgos, cuatro jefes: don Francisco de Mendoza, el adolescente que
fuera mayordomo de don Fernando, Rey de los Romanos; don Diego Barba, muy joven,
caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén; Carlos Dubrin, hermano de leche de nuestro
señor Carlos V; y Bernardo Centurión, el genovés, antiguo cuatralbo de las galeras del
Príncipe Andrea Doria.
Baitos se disimula detrás de una barrica. Le irrita observar que ni aun en estos
momentos en que la muerte asedia a todos han perdido nada de su empaque y de su orgullo.
Por lo menos lo cree él así. Y tomándose de la cuba para no caer, pues ya no le restan casi
fuerzas, comprueba que el caballero de San Juan luce todavía su roja cota de armas, con la
cruz blanca de ocho puntas abierta como una flor en el lado izquierdo, y que el italiano lleva
sobre la armadura la enorme capa de pieles de nutria que le envanece tanto. A este Bernardo
Centurión le execra más que a ningún otro. Ya en San Lúcar de Barrameda, cuando
embarcaron, le cobró una aversión que ha crecido durante el viaje. Los cuentos de los
soldados que a él se refieren fomentaron su animosidad. Sabe que ha sido capitán de cuatro
galeras del Príncipe Doria y que ha luchado a sus órdenes en Nápoles y en Grecia. Los
esclavos turcos bramaban bajo su látigo, encadenados a los remos. Sabe también que el gran
almirante le dio ese manto de pieles el mismo día en que el Emperador le hizo a él la gracia
del Toisón. ¿Y qué? ¿Acaso se explica tanto engreimiento? De verle, cuando venía a bordo de
la nao, hubieran podido pensar que era el propio Andrea Doria quien venía a América. Tiene
un modo de volver la cabeza morena, casi africana, y de hacer relampaguear los aros de oro
sobre el cuello de pieles, que a Baitos le obliga a apretar los dientes y los puños. ¡Cuatralbo,
cuatralbo de la armada del Príncipe Andrea Doria! ¿Y qué? ¿Será él menos hombre, por
ventura? También dispone de dos brazos y de dos piernas y de cuanto es menester…
Conversan los señores en la claridad de la fogata. Brillan sus palmas y sus sortijas
cuando las mueven con la sobriedad del ademán cortesano; brilla la cruz de Malta; brilla el
encaje del mayordomo del Rey de los Romanos, sobre el desgarrado jubón; y el manto de
nutrias se abre, suntuoso, cuando su dueño afirma las manos en las caderas. El genovés dobla
la cabeza crespa con altanería y le tiemblan los aros redondos. Detrás, los tres cadáveres giran
en los dedos del viento.​
El hambre y el odio ahogan al ballestero. Quiere gritar mas no lo consigue y cae
silenciosamente desvanecido sobre la hierba rala.
Cuando recobró el sentido, se había ocultado la luna y el fuego parpadeaba apenas,
pronto a apagarse. Había callado el viento y se oían, remotos, los aullidos de la indiada. Se
incorporó pesadamente y miró hacia las horcas. Casi no divisaba a los ajusticiados. Lo veía
todo como arropado por una bruma leve. Alguien se movió, muy cerca. Retuvo la respiración,
y el manto de nutrias del capitán de Doria se recortó, magnífico, a la luz roja de las brasas.
Los otros ya no estaban allí. Nadie: ni el mayordomo del Rey, ni Carlos Dubrin, ni el
caballero de San Juan. Nadie. Escudriñó en la oscuridad. Nadie: ni su hermano, ni tan siquiera
el señor don Rodrigo de Cepeda, que a esa hora solía andar de ronda, con su libro de
oraciones.
Bernardo Centurión se interpone entre él y los cadáveres: sólo Bernardo Centurión,
pues los centinelas están lejos. Y a pocos metros se balancean los cuerpos desflecados. El
hambre le tortura en forma tal que comprende que si no la apacigua en seguida enloquecerá.
Se muerde un brazo hasta que siente, sobre la lengua, la tibieza de la sangre. Se devoraría a sí
mismo, si pudiera. Se troncharía ese brazo. Y los tres cuerpos lívidos penden, con su
espantosa tentación… Si el genovés se fuera de una vez por todas… de una vez por todas…
¿Y por qué no, en verdad, en su más terrible verdad, de una vez por todas? ¿Por qué no
aprovechar la ocasión que se le brinda y suprimirle para siempre? Ninguno lo sabrá. Un salto
y el cuchillo de caza se hundirá en la espalda del italiano. Pero ¿podrá él, exhausto, saltar así?
En Morón de la Frontera hubiera estado seguro de su destreza, de su agilidad…
No, no fue un salto; fue un abalanzarse de acorralado cazador. Tuvo que levantar la
empuñadura afirmándose con las dos manos para clavar la hoja. ¡Y cómo desapareció en la
suavidad de las nutrias! ¡Cómo se le fue hacia adentro, camino del corazón, en la carne de ese
animal que está cazando y que ha logrado por fin! La bestia cae con un sordo gruñido,
estremecida de convulsiones, y él cae encima y siente, sobre la cara, en la frente, en la nariz,
en los pómulos, la caricia de la piel. Dos, tres veces arranca el cuchillo. En su delirio no sabe
ya si ha muerto al cuatralbo del Príncipe Doria o a uno de los tigres que merodean en torno
del campamento. Hasta que cesa todo estertor. Busca bajo el manto y al topar con un brazo del
hombre que acaba de apuñalar, lo cercena con la faca e hinca en él los dientes que aguza el
hambre. No piensa en el horror de lo que está haciendo, sino en morder, en saciarse. Solo
entonces la pincelada bermeja de las brasas le muestra más allá, mucho más allá, tumbado
junto a la empalizada, al corsario italiano. Tiene una flecha plantada entre los ojos de vidrio.
Los dientes de Baitos tropiezan con el anillo de plata de su madre, el anillo con una labrada
cruz, y ve el rostro torcido de su hermano, entre esas pieles que Francisco le quitó al cuatralbo
después de su muerte, para abrigarse. El ballestero lanza un grito inhumano. Como un
borracho se encarama en la estacada de troncos de sauce y ceibo, y se echa a correr barranca
abajo, hacia las hogueras de los indios. Los ojos se le salen de las órbitas, como si la mano
trunca de su hermano le fuera apretando la garganta más y más.
FIN

Llegaron del mar

EL TEXTO
ARGUMENTATIVO
¿QUÉ ES ARGUMENTAR?
Argumentar es sostener una idea, un punto de vista, una opinión con razones
o argumentos para poder convencer a quienes nos escuchan.

TEXTOS ARGUMENTATIVOS
Los textos argumentativos son discursos que utilizan la trama argumentativa
y aparecen en diversos tipos de textos: periodísticos (Editorial, Carta del Lector,
Texto de opinión), políticos, religiosos, jurídicos, publicitarios, y también en algunos
textos literarios. Pueden ser textos orales o escritos y siempre tienen función del
lenguaje apelativa.

ENTRE EL PERSUADIR Y EL CONVENCER


Convencer y persuadir son las dos finalidades de la argumentación en
general. La argumentación lógica se dirige a un auditorio ideal y universal al que
intenta convencer. La argumentación retórica, se dirige a un auditorio concreto y
particular al que pretende persuadir.
Mientras la persuasión se encamina a lograr un resultado práctico, llevar a
la acción, el convencimiento suele mantenerse en el ámbito intelectual.
Entonces, convencer se relaciona con el razonamiento puro, es decir, con
la lógica que permite aplicarle a algo el criterio de verdad o falsedad.
La persuasión, por su parte está ligada a la elaboración de argumentaciones
que apelan a los sentimientos del destinatario.
Cabe señalar también la diferencia entre opinar y argumentar. Opinar es
manifestar una idea sobre algo a partir del gusto o de decisiones personales, es
decir mostrar lo que se siente o cree. Argumentar es dar razones de lo que se
cree.

SUPERESTRUCTURA ARGUMENTATIVA.
Los textos argumentativos presentan una organización estructural propia y
esta se construye en torno a un objeto de discusión o pensamiento problemático
o discutible.

El enunciador de un texto argumentativo despliega a través de estrategias su


intención argumentativa para influenciar en el destinatario. Ellas pueden ser:

ESTRATEGIA JUSTIFICATIVA: El enunciador justifica con uno o más


argumentos una tesis explicitada desde el comienzo, sin tener en cuenta si hay o no
otras posturas sobre el objeto de discusión.

ESTRATEGIA POLÉMICA: El enunciador contrapone su propia postura (tesis


propuestas) con otras posturas opuestas (tesis y argumentos adversos) para
refutarlos y concluir reforzando su propia postura.
ESTRATEGIA DELIBERATIVA: El enunciador no manifiesta de entrada una
posición tomada con respecto a un tema, sino que proporciona elementos de juicios
(datos, ejemplos, etc.) para llegar a la conclusión donde finalmente enuncia la tesis.

SUPERESTRUCTURA ARGUMENTATIVA
1.​ PUNTO DE PARTIDA: presenta el hecho que da origen a la
argumentación.
2.​ TESIS: expresa explícita o implícitamente el punto de vista del enunciador
respecto al objeto de discusión, por lo tanto, muchas veces debe inferirse de
toda la lectura del texto. Por lo general, es una expresión breve, es decir, una
afirmación o una negación, nunca puede ser una duda, una pregunta o una
exclamación.
3.​ DEMOSTRACIÓN: presenta las razones o argumentos, que conducirán a
la aceptación de la tesis, para lo cual recurre a diversos recursos
argumentativos. NO CONFUNDIR argumentos con recursos
argumentativos.
4.​ CONCLUSIÓN: resume lo dicho, a veces retoma y ratifica la tesis con
otras palabras, realiza consejo o sugerencias.

RECURSOS ARGUMENTATIVOS
Recursos lógicos o de razonamiento Planteo
causa-consecuencia:
Causa: para fundamentar la opinión se buscan relaciones de causa que la
respalden, es decir, se dan sus motivos de los cuales derivan las ideas que
defienden. Sus conectores son: porque, por tal motivo, ya que, puesto que, dado
que, a causa de, debido a, etc.
Ej: La pena de muerte no es efectiva porque no repara el daño que provocó el
delito.
Sin embargo, debe discernir que la cusa no sea una “falacia”, es decir una
“causa falsa”. Se presenta cuando la causa no tiene relación con lo que
se argumenta. Ej. Es un asesino porque lo condenaron a muerte. (se
toma la consecuencia por la causa.)
Consecuencia: para respaldar una opinión se destacan los efectos que
producirá un hecho o idea. Sus conectores son: por lo tanto, por eso, en
consecuencia, así es que, consecuentemente, como resultado, etc.
Ej: Hay delitos aberrantes, por lo tanto, debe dictarse la pena de muerte
Pero también pueden presentarse falacias o consecuencias falsas: Ej:
Nadie
puede asegurar que no vaya a dar buenos resultados, por lo tanto, hay que dictar la
pena de muerte. (Conclusión por ignorancia: algo es verdadero porque no se ha
demostrado lo contrario.)
Generalización: consiste una serie de hechos particulares se infiere una
norma o regla o afirmación que incluye a la mayoría o a todos. Emplea el
razonamiento inductivo inverso a la ejemplificación. Sus conectores son: en general,
la mayoría de las veces, casi todos generalmente, siempre, ninguno, todos, etc. Ej:
la mayoría de los delincuentes no dejarían de delinquir, aunque se aprobaran la
pena de muerte.
Pero también puede presentarse como falacia. Ej: Ningún delincuente es capaz de
reflexionar y arrepentirse de lo que hizo.
Analogía: establece un paralelo entre dos situaciones semejantes, es decir, se
asocia una idea o hecho con otro más cercano, conocido o evidente. Si un tema se

parece al otro se supone que l conclusión será la misma también. Conectores: es lo


mismo que, tal como, así como, es como, es igual que, etc.
Ej: El hombre que está a favor de la pena de muerte es como si fuera Dios, capaz
de juzgar la vida de los demás.
Paradoja: se incluye una idea que encierra una contradicción. Muestra algo que
aparentemente debería ser de una manera, pero en realidad es de otra.
Recursos relacionados con la experiencia
Ejemplificación: se mencionan casos concretos de la realidad que constituyen
una muestra de lo que significa una opinión. Sus conectores: como, es por
ejemplo, es el caso de, como por ejemplo, signos de puntuación, coma, guiones,
paréntesis, etc.
Cita de autoridad: introduce la voz de una persona reconocida para avalar la
tesis. Se apela a la palabra de una persona, grupo de persona, textos, encuestas,
estadística etc., cuyo valor sea indiscutible. Se jerarquiza el argumento con
opiniones respetables. Conectores: como dice…, según…, como afirma…,
siguiendo a…, citando a…, como señala… etc.
Comparación: consiste en establecer relaciones de semejanza o diferencias
entre objetos, ideas o personas. Sirve para igualar o contrastar situaciones.
Conectores: es como, es mejor que, es parecido a, es igual, es superior, es peor,
etc.
Anécdotas: busca atrapar al interlocutor a través de relatos de experiencias
personales.
Descripción de imágenes y enumeración de datos: se trata de utilizar las
características de una persona, objeto o idea para respaldar una opinión, para que
las imágenes o datos “hablen por sí solos”.

Recursos relacionados con el discurso


Pregunta retórica: interrogación que no espera respuesta de los interlocutores
porque ésta se presupone.
Concesión: reconoce una “parte” de la idea opuesta con la intención de reforzar
nuestra opinión y convencer al otro. Sus conectores son: aceptando que, si bien se
admite que, reconociendo que, aunque, sin embargo, por más que, a pesar de, de
todas maneras, no obstante, pero, etc.
Refutación: se cuestiona y se trata de invalidar otras opiniones mediante
argumentos opuestos. Sus conectores son: no es cierto que, sino, por el contrario,,
muy al contrario, pero, sin embargo, a pesar de, de ello, etc.
Desmentida: descarta la validez de un argumento opuesto. Conectores: no
es cierto, contrariamente.
Ironía: refutación a través de una burla disimulada que consiste en decir lo
contrario de lo que realmente se piensa, en un tono humorístico y burlesco, para
que se sobreentienda lo que pensamos.
Hipérbole: consiste en exagerar una idea para provocar un efecto en el
receptor. Ej. Sn pena de muerte habrá un millón de posibles asesinos dando vueltas
por ahí.
Litote: consiste en afirmar algo negando lo contrario. El Lítotes tiene la
función de enfatizar una observación atenuando las connotaciones negativas si las
hubiera. Ej: No es la persona más limpia que conozco → es más suave que llamarle
"sucio"
Metáfora con valor argumentativo consiste en emplear una figura o imagen
distinta que sugiera lo que se quiere fundamentar. EJ: La pena de muerte es “látigo”
que lastima a la sociedad.
Recursos que se desvían del argumento
Muchos de estos recursos pueden emplearse de manera errónea o
simplemente con la intención de desviar el punto sobre el que se está
argumentando. Es decir, algunos de estos recursos o razonamientos pueden
esconder alguna falacia, es decir, un razonamiento que parece correcto, con
apariencia de verdad, pero que no lo es, aunque resulte muy persuasivo. Cuando
estas falacias se emplean con la intención de engañar se denominan “sofismas”.
Una de las falacias más conocidas es la “Apelación al hombre”, que es la
argumentación dirigida a ofender al oponente y descalificarlo. Ej: Los que defienden
la pena de muerte son gente vengativa, insensible que no se diferencia de los
asesinos.
Otra falacia es la “Apelación a la fuerza”, se intenta persuadir a la fuerza, la
presión, la amenaza para que acepte la opinión. Ej. A los que defienden la pena de
muerte, deberían pensarlo bien, porque podrían ser ejecutados el día de mañana.
En la “Apelación a la autoridad”, se afirma algo porque lo sostiene una
persona o institución prestigiosa. Ej: Jesucristo no hubiera estado nunca a favor de
la pena de muerte.
En la “Apelación a la piedad” se apela a provocar sentimientos de
compasión para conseguir que se acepte un argumento. Ej: Todo el mundo merece
una oportunidad en la vida, aunque él mismo no se la haya dado a la víctima.
La “Apelación al pueblo” consiste en presentar un argumento como correcto
porque todo el mundo o la mayoría piensa que es correcto. Ej.: La mayoría de la
sociedad está en contra de la pena de muerte.
La “Apelación a la verdad”, a la realidad, a la justicia o rechazo a lo
contrario: se intentan justificar los argumentos como si fuera una verdad obvia, que
no es necesario demostrar o probar. Sus conectores son: es evidente que, la
realidad es que, todo sabemos que, la verdad es que, es obvio que, obviamente etc.
Ej: Todo sabemos que la pena de muerte es tan abominable como el delito mismo.

MARCAS DE LA ENUNCIACIÓN PARA


EXPRESAR SUBJETIVIDAD
En los enunciados podemos encontrar huellas o marcas del acontecimiento
histórico que los produjo. Estas son:
a.​ Deícticos
b.​ Subjetivemas
c.​ Modalizadores

Deixis: es una palabra griega que significa mostrar señalar, indicar. En un


enunciado hay huellas de la instancia de enunciación, es decir, los deícticos
vinculan el enunciado (lo que se dice) con el contexto de la enunciación. Son
deícticos los pronombres personales, demostrativos, posesivos, los adverbios de
lugar y tiempo (aquí, allá, ahora, ayer, etc.), los apelativos que informan acerca de
la relación entre el emisor y el receptor (ej: María, mamá, mi general, etc.)
Subjetivemas o expresiones subjetivas: Si bien ninguna palabra es totalmente
objetiva existen algunas palabras o construcciones de palabras que manifiestan un
mayor grado de subjetividad del enunciador, porque portan o expresan, en mayor o
menor grado, alguna valoración o estado emocional del enunciador respecto de una
persona, objeto, hecho o situación. Las palabras o construcciones que pueden
funcionar como subjetivemas son los sustantivos, adjetivos y verbos.
Los sustantivos y adjetivos subjetivos pueden ser evaluativos (axiológicos, no
axiológicos) o afectivos. Los primeros, implican una evaluación del enunciador
frente a una persona, un objeto, un hecho o situación. Esa evaluación axiológica
puede ser a través de un juicio de valor positivo o negativo o referirse a aspectos
cualitativos o cuantitativos. Por ejemplo: “Estás hermosa” “Estás horrible”. Los
segundos, manifiestan una reacción emocional del enunciador. Por ejemplo: “¡Es
espantoso lo que le sucedió a María!”. Los evaluativos no axiológicos no implican
un juicio de valor, sino que se refiere a aspectos cualitativos o cuantitativos del
objeto, pero no indican si es bueno o malo.
Los verbos subjetivos: algunos pueden expresar subjetividad y se clasifican
en axiológicos, que expresan una evaluación del enunciador, en términos de
bueno/malo. Por ejemplo: “La profe de Lengua en vez de hablar vocifera; o
de sentimiento, que son generalmente axiológicos y afectivos al mismo tiempo. Por
ejemplo, “Camilo ama profundamente a su abuela Esther”.
Los subjetivemas afectivos enuncian una propiedad del objeto y la reacción
emocional del enunciador frente a éste Ej: amado hijo
Modalizadores: son marcas de subjetividad que manifiestan la actitud del
enunciador respecto de la información expuesta en un enunciado y que se transmite
según la manera en que el enunciador presenta lo dicho. Pueden clasificarse en dos
grupos: los que modifican la enunciación y los que modifican el enunciado.
Modalizadores de la enunciación: permiten marcar el grado de adhesión del
enunciador respecto de lo que habla o escribe, presentándolo como certeza, duda u
orden. “¡Vamos al aula, ya tocó el timbre!”
Modalizadores del enunciado: caracterizan el modo en que el enunciador evalúa
el contenido del enunciado. Estos modos son de dos clases: lógicos, el contenido
de lo enunciado es evaluado en términos de verdad, falsedad o incertidumbre. Por
ejemplo: “Es posible que nos vayamos de vacaciones”. Y los apreciativos el
contenido del enunciado se evalúa en término positivo o negativo. Por ejemplo: “Es una suerte
que puedas irte de vacaciones”
La modalización en los enunciados puede expresarse mediante varios recursos: El modo verbal
(Indicativo, Imperativo o Subjuntivo), los verbos que transmiten evaluación (criticar, alabar,
estimar, creer) y los reforzadores de la modalización, que generalmente son adverbios
(felizmente, afortunadamente, desgraciadamente, lamentablemente)
La modalidad puede ser implícita o explícita por ejemplo la diferencia entre decir: “Cerrá la
puerta” y ¿Cerrás la puerta?”, esta última expresión si bien parece un pedido en realidad encierra
una orden implícita.

Jubilación de la ortografía
Mempo Giardinelli
Desde hace años se sabe que Gabriel García Márquez es un mago capaz de colocar en el
cielo de la literatura maravillosos fuegos artificiales. Pero somos muchos los escritores que crecimos
con él, y gracias a él, que pensamos también que los fuegos artificiales son sólo eso: artificios. Y por
lo tanto brillo efímero, golpe de efecto, momento deslumbrante.
La médula es otra cosa. Y en el caso de estas ideas que la prensa ha difundido (no he tenido la
oportunidad de leer el discurso completo del Maestro) me parece que hay mucho de disparate en
esa propuesta de «jubilar la ortografía».
Además de ser una propuesta efectista (y quiero suponer que poco pensada), es la clase de
idea que seguramente aplaudirán los que hablan mal y escriben peor (es decir, incorrecta
e impropiamente). No dudo que tal jubilación (en rigor, anulación) sólo puede ser festejada por los
ignorantes de toda regla ortográfica. Digámoslo claramente: suena tan absurdo como jubilar a la
matemática porque ahora todo el mundo suma o multiplica con calculadoras de cuatro dólares.
En mi opinión, la cuestión no pasa por determinar cuál regla anulamos, ni por igualar la ge y la
jota, ni por abolir las haches, ni por aniquilar los acentos. No, la cuestión central está
en la colonización cultural que subyace en este tipo de ideas tan luminosas como efectistas, dicho
sea, con todo respeto hacia el Nobel colombiano.
Y digo colonización porque es evidente que estas cuestiones se plantean a la luz de los cambios
indetenibles que ocasiona la infatigable invasión de la lengua imperial, que es hoy
el inglés, y el creciente desconocimiento de reglas ortográficas y hasta sintácticas que impera en las
comunicaciones actuales, particularmente Internet y el llamado Cyberespacio.
Frente a esa constatación de lo virtual que ya es tan real, ¿es justo que bajemos los brazos y
nos entreguemos sin luchar? ¿Es justo que porque el inglés es la lengua universal y es tan
libre (como anárquica), el castellano deba seguir ese mismo camino? ¿Por el hecho de que el
cyberespacio está lleno de ignorantes, vamos a proponer la ignorancia como nueva regla para
todos? ¿Por el hecho de que tantos millones hablen mal y escriban peor, vamos a democratizar
hacia abajo, es decir hacia la ignorancia?
Si las difundidas declaraciones de García Márquez son ciertas, a mí me parece que hay un
contrasentido en su propuesta de preparar nuestra lengua para un «porvenir grande y sin fronteras».
Porque el porvenir de una lengua (como el porvenir de nada) no depende de la eliminación de las reglas
sino de su cumplimiento.

Por eso, a los neologismos técnicos no hay que «asimilarlos pronto y bien... antes de que se
nos infiltren sin digerir», como él dice. Lo que hay que hacer es digerirlos cuanto antes, y para
digerirlos bien hay que adaptarlos a nuestra lengua. Como se hizo siempre y así, por
caso, «chequear» se nos convirtió en verbo y «kafkiano» en adjetivo. Y en cuanto al
«dequeísmo parasitario» y demás barbarismos, no hay que negociar su buen corazón, como
aparentemente propone García Márquez. Lo que hay que hacer es mejorar el nivel de nuestros
docentes para que sigan enseñando que esos parásitos de la lengua son malos.
Eso, por un lado. Y por el otro está la cuestión de para qué sirven las reglas, y el porqué de la
necesidad de conocerlas y respetarlas. No voy a defender las haches por capricho ni por
un espíritu reglamentarista que no tengo, pero para mí seguirá habiendo diferencias sustanciales
entre «lo hecho» y «lo echo»; y sobre todo entre «hojear» y «ojear» un libro.
Tampoco me parece que sea un «fierro normativo» la diferencia entre la be de burro y la ve de
vaca. Ni mucho menos me parece poco razonable la legislación sobre acentos agudos
y graves, ni sobre las esdrújulas, ni sobre las diferencias entre ene-ve y eme-be, y así siguiendo,
como diría David Viñas.
Las reglas siempre están para algo. Tienen un sentido y ese sentido suele ser histórico,
filosófico, cultural. La falta de reglas y el desconocimiento de ellas es el caos, la disgregación cultural.
Y eso puede ser gravísimo para nosotros, sobre todo en estos tiempos en que la sabiduría imperial se
ha vuelto tan sutil y astuta. Las propuestas ligeras y efectistas de eliminación de reglas son, por lo
menos, peligrosas.
Precisamente porque vivimos en sociedades donde las pocas reglas que había se dejaron de
cumplir o se cumplen cada vez menos, y hoy se aplauden estúpidamente las
transgresiones. Es así como se facilitan las impunidades. Y así nos va, al, menos en la Argentina.
En todo caso, eliminemos la absurda policía del lenguaje en que se ha convertido la Real
Academia. Democraticémosla y forcémosla a que admita las características intertextuales del mundo
moderno, hagamos que celebre las oralidades, que festeje las incorporaciones como riquezas
adquiridas. Esa sería una tarea revolucionaria. Pero manteniendo las reglas y, sobre todo, haciéndolas
cumplir.
(Página/12, viernes 11 de abril de 1997)

Violencia escolar, asignatura pendiente


La violencia en los establecimientos educativos es un fenómeno que ha adquirido, desde los
años setenta, una gran importancia en países como los Estados Unidos, Suecia, Noruega
y Reino Unido. En la Argentina, su incidencia es creciente; empiezan a detectarse, cada vez más,
manifestaciones preocupantes como consecuencia de la crisis social, cultural y familiar que se está
sufriendo.
Lamentablemente ha dejado ya de ser noticia que en las escuelas haya niños o jóvenes que se
comportan agresivamente, que llevan armas, que venden y consumen drogas, o que roban
a otros estudiantes. El caso más extremo, por su trágica secuela, fue el de la escuela de Carmen
de Patagones, en donde murieron tres alumnos bajo los disparos que efectuó un compañero de
tan sólo 15 años.
Los incidentes ocurridos con motivo de los festejos del Día del Bachiller, protagonizados por los
alumnos del Colegio Nacional y el Liceo Víctor Mercante de la Universidad de La
Plata, estuvieron potenciados por antiguas rivalidades entre el alumnado de ambos
establecimientos educativos. La magnitud e irracionalidad de lo ocurrido reavivó la polémica en
torno de la violencia escolar y puso el acento en algunos elementos que, en esta ocasión,
despertaron particularmente la atención de la comunidad educativa y de la sociedad toda.
Estos episodios de violencia abren un debate con aristas complejas y diversas, en el que no
pueden quedar ausentes cuestiones como el rol de la escuela y de los padres, la actitud de las
autoridades de los establecimientos involucrados y los agentes externos que influyen y determinan la
conducta de los jóvenes, como las drogas y el alcohol. En efecto, la descripción sobre lo sucedido
realizada por la policía habla de desbordes y descontrol por parte de
algunos estudiantes que "estaban en estado de ebriedad". El alcohol parece haber jugado un papel
determinante en las actitudes violentas en las que derivaron los festejos. Según estadísticas de la
Secretaría de Atención de las Adicciones de la provincia de Buenos Aires,
el 57 por ciento de los alumnos del polimodal consumen alcohol habitualmente, vale decir
no sólo durante el fin de semana. Este porcentaje duplica el de hace cinco años. En tanto, baja de
manera significativa la edad del comienzo en el consumo de alcohol. En 2002 se ubicaba entre los
15 y 16; hoy está entre los 11 y 12.
Cuestiones como la indisciplina o el mal comportamiento son fenómenos perturbadores que
cambian la buena marcha de la vida escolar, pero no son los únicos. La pobreza, el desempleo, la
falta de alimentos, el trabajo infantil, el alcoholismo y la drogadicción son generalmente identificados
como las "causas" de la violencia, pero en realidad deben considerarse factores que contribuyen a
crearla. Este tipo de hechos, por lo general, tienen su comienzo en relaciones familiares y escolares
caracterizadas como violentas, que van conformando patrones de interacción y aprendizaje para la
resolución de conflictos por parte de los sujetos que las han sufrido en su niñez; de allí, la importancia
de poner atención en lo que sucede en los planteles de educación básica del país.
Por más altos que sean sus muros, la violencia presente en nuestras calles, nuestras casas y
nuestros medios de comunicación termina por traspasar los patios y las aulas de nuestros colegios.
Esta agresividad latente no es ni nueva ni aislada, sino parte de la estructura de
nuestra convivencia social. La violencia escolar es un fenómeno que debe ser asumido de manera
conjunta por los gobiernos, las autoridades educativas, los docentes, los padres de familia y los
propios alumnos. No se trata de aislar al niño o al adolescente del mundo en el que vive, sino de
mostrarle que existe otra realidad, que convive con la violencia cotidiana, pero que es diferente.
Así, por ejemplo, la realidad de la paciencia, de la tolerancia, del respeto, de priorizar los afectos y
la comprensión por sobre los conflictos de la vida diaria. Del empeño que comprometan todos los
miembros de nuestra sociedad en esta tarea dependerán los resultados.
[Link]

¿De qué sirve el profesor?


Por Umberto Eco Para LA NACION

En el alud de artículos sobre el matonismo en escuela he leído un episodio que, dentro de


la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia... pero que se trata, sin
embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le
había dicho: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?"
El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde
hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación, pero sobre
todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media
hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet,
sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron
a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.
De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía
una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la
época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han
visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo
era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre
Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las
ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias
naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?
He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de
informar, debe formar.
Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que
se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se
aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión,
pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en
Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay
personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad),
es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas
cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los
transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y
televisión. Y, además, hace falta verificar la información que
transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del
inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?
Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían
la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir,
no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y
desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende
de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran
Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta
años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la
información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que
aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice "casi todo", salvo
cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es
capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre
los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).
El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la
selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no
sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo,
mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su
disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente
lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas, pero
no la relación sistemática entre estas dos nociones.
El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse
para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera
parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

[Link]

Este texto es mío, tuyo, nuestro


Beatriz Sarlo
La noticia informaba que profesores ingleses de colegio secundario reclamaron un programa que
les permitiera comprobar si párrafos o páginas enteras de los trabajos de sus alumnos habían sido
bajados de internet y copiados literalmente. Ya otras veces se han escuchado las quejas de docentes que
sospechan de trabajos apócrifos, robados de alguna parte, y se sienten como una viejita ante un cuento
del tío. No me explico bien por qué esos temores no eran habituales antes, cuando cualquier alumno de
un país con buenas bibliotecas escolares podía copiar párrafos enteros de varios libros. Se dirá que hay
menos libros en esas bibliotecas que páginas en la web. Es cierto, pero la estafa era igualmente posible,
como sabe cualquiera que haya padecido la tentación de apropiarse de un párrafo ajeno, escrito sobre
papel o en pantalla. Se dirá también que las breves acciones de copiar y pegar implican un gasto tan
mínimo de energía que aquel estudiante, para quien copiar un párrafo de libro era un esfuerzo
sobrehumano, hoy puede terminar su tarea con dos o tres golpes de tecla. Son las pequeñas
transgresiones intelectuales que protagoniza un estudiante decidido a ahorrar tiempo para dedicarlo a
cosas que juzga más atractivas. Ahora se aprovecha el protoplasma derramado en la web; antes, la
confección de machetes laboriosos en letra microscópica era la forma clásica para enfrentar el desafío de
una prueba escrita. Como hay nostalgia por lo más insospechable, he escuchado decir que los machetes
exigían, por lo menos, que el propio usuario los preparara, lo cual implicaba un trabajo que se parecía al
de estudiar. Porque, finalmente, ¿qué era un machete sino el más eficaz resumen de un tema, ordenado y
sinóptico?
Internet, con su dispositivo de copia y pegado, vuelve nostálgicos a quienes piensan que es la tecnología
la que decide a un estudiante a presentar como propio un rutilante apócrifo bajado de la red. Es cierto que
internet facilita las cosas, pero se las facilita a todo el mundo que tenga acceso a ella: a los maestros, a
los profesores, a los alumnos, a los investigadores.
Los que no tienen acceso a la red, los más pobres, están tristemente condenados a la honestidad
intelectual. Sería bastante sencillo imaginar estrategias que no fueran policiales para descubrir a los que
se copian. Si los profesores reclaman un programa que haga temblar las pantallas de sus computadoras
cuando ingresen un texto supuestamente bajado de internet, es porque necesitan una División de Delitos
Informáticos trabajando a su lado. Policía científica al servicio de la relación pedagógica. La fórmula es
lamentable por varias razones. La primera es que ese maestro o profesor no se siente capaz de distinguir
entre un apócrifo y el texto producido verdaderamente por sus alumnos. Es posible que existan casos
límite: chicos que escriban como la mayoría de las páginas
de internet, o páginas de internet que (como El Rincón del Vago) estén alimentadas por textos redactados
por otros chicos y, por lo tanto, se parezcan a los trabajos que un maestro recibe de sus alumnos. Pero,
más allá de esta eventualidad, se espera que los profesores sean capaces de hipotetizar qué tipo y nivel
de textos escriben sus alumnos; si eso les resulta complicado es porque no han llegado a conocerlos y,
en ese caso, cambiemos de tema, hablemos de que están agobiados de trabajo, o de que hay
demasiados alumnos por curso, o cualquier otro argumento institucional que no va al centro de la
cuestión. La segunda razón remite a la extensión del trabajo escrito por un estudiante.
No estamos hablando de monografías universitarias. En la escuela media, lograr que se escriban
tres párrafos (unas 400 palabras) que incluyan una cantidad mínima de oraciones subordinadas es un
objetivo respetable. Tendría que pensar que todo está perdido si los profesores no pueden leerlos con
algún nivel de certeza respecto de su autenticidad. Existen los recalcitrantes habilidosos, es cierto. Pero
su performance puede ser impecable por corto tiempo. La tercera razón es que los profesores deberían
estar en condiciones de imaginar un tipo de trabajo escrito que obstaculice el cuatrerismo digital de sus
estudiantes. Se me ocurren cosas verdaderamente obvias. Que los alumnos hagan lo que quieran con los
materiales encontrados en internet, pero limitados a un párrafo que sea obligatorio explicar, incluso
parafrasear. Ese párrafo puede provenir de cualquier parte (de un libro o de una página web) y los
estudiantes deberán demostrar que lo han comprendido y que lo que bajan de la red son las pruebas de
esa comprensión. Vuelvo a una vieja idea: la explicación de texto, no la improvisación libre sobre un tema
con porciones de web pegadas aquí y allá, sino la demostración de que se ha entendido. No hay nada
peor que la libertad fofa de decir lo que "me parece", ni nada más banal que un "yo pienso" que, en
realidad, no piensa nada, sino que revisita sin saberlo prejuicios y lugares comunes. Con el plagio de la
web se paga la manía de llamar a cualquier actividad "investigar". Para "investigar" hay que aprender a
leer bien.
LOS ARGENTINOS EN SU LABERINTO
Ma. Eugenia Valentié

¿Qué nos pasó a los argentinos? ¿Acaso no éramos el “granero del mundo”, la “Argentina
potencia”? ¿Qué se hizo de los “invictos guerreros que esgrimieron sus aceros por la santa libertad”? Tal
vez nos convenga volver sobre la historia de nuestro país para tratar de entender lo que nos pasa.
Desde la instalación del primer gobierno patrio comenzaron las dificultades y las disputas.
Los desacuerdos entre moreno y Saavedra, entre liberales y populistas, entre los porteños y las
provincias, entre los que ansiaban imitar Europa y los que pensaban, ante una realidad distinta, en la
necesidad de inventar la Nación Argentina. Sarmiento fue contundente: civilización o barbarie. Estas
dualidades trajeron como resultado la inestabilidad de los gobiernos, el caudillismo, la anarquía de los
años veinte, la tiranía de Rosas, y el siglo XX, los continuos golpes militares.
Las oposiciones fragmentaron la Argentina: unitarios o federales, liberales o populistas, radicales o
conservadores, peronistas o antiperonistas, etc. Ahora la mitad de los argentinos protesta porque el FMI
no nos quiere prestar más dinero y la otra mitad se queja porque nos prestó demasiado.
Algunos piensan que es necesario llegar al caos para que de él nazca un nuevo cosmos mejor que
el anterior. Pero una cosa no produce automáticamente la otra. El caos está peligrosamente cerca de la
Nada.
Otros postulan cambios radicales, expulsiones masivas. Recordemos que el slogan “que se vayan
todos”, nació en Venezuela y generó el ascenso de Chávez al poder, y su gobierno, el profundo cisma que
hoy experimentan los venezolanos. También están quienes buscan un líder carismático, un Padre de la
Patria que nos resuelva los problemas. Es cierto que en el siglo XX existieron personajes como Gandhi,
en la India, o de Gaulle, en Francia, que lograron levantar a sus países desde el imperialismo o la derrota.
Pero también tuvimos a Hitler y a Stalin, y es probable que nuestro líder carismático nos depare algunas
desagradables sorpresas.
La responsabilidad de lo que nos pasa nos concierne a todos, aunque, naturalmente en diversos
grados. La culpa no es la misma en el caso del gobernante que se enriquece ilícitamente, que en el del
desocupado que vende su voto por un bolsón de comida y veinte pesos. En consecuencia, uno de
nuestros deberes es la autocrítica. Los argentinos tenemos la tendencia a considerar que la culpa la
tienen los otros cuando las cosas andan mal. Perón hablaba de “sinarquía”, una extraña asociación de
comunistas, judíos y masones que conspiraban contra la Argentina. Luego se culpó a los “zurdos”, a los
judíos, a los norteamericanos, a las empresas

multinacionales, al Fondo Monetario Internacional, etc.


Una de las críticas más comunes que se ha hecho a nuestro país, de parte tanto de nativos como
de extranjeros, es su falta de aptitud para el consenso, el diálogo, la negociación, todo aquello que es
esencial en la política. La Argentina tiene personalidades brillantes, pero, sin embargo, no podemos
diseñar un proyecto nacional que sea sostenible y aceptable para la mayoría. Sábato dijo que éramos un
país de opositores. Einstein afirmó haber tenido estudiantes argentinos más inteligentes que sus
compañeros alemanes, pero que fracasaban en el trabajo en equipo. Y Mafalda afirma, en un chiste de
Quino, que debería buscar a un extranjero para que nos gobierne, porque no se debe quitar a un
argentino su derecho a hablar mal del gobierno.
Nicolás Shumway, en su libro La invención de la Argentina, habla de las “ficciones orientadoras”,
esos relatos o esos personajes capaces de engendrar creencias, ideas y sentimientos y, sobre todo, de
dar una noción de pertenencia a una comunidad.
Los pueblos antiguos tenían sus mitos de fundación y celebraban el prestigio de sus orígenes.
Nosotros, además de intentar la sacralización de los próceres, tan discutida actualmente, nos
orgullecemos por la forma en que se integraron a nuestro país los inmigrantes de todo el mundo. Pero nos
olvidamos de nuestro pecado original, que consistió en discriminar siempre a los primeros dueños de la
tierra. Todavía celebramos la campaña del Desierto, que en realidad fue un genocidio, y no sabemos
explicar muy bien por qué ya no hay negros en nuestro país. El exterminio fue la única manera como
supimos superar las dualidades. Ahora debemos buscar otra más civilizada. A través del debate, del
diálogo, de la búsqueda de consensos.
No será fácil inventar o reinventar una nueva Argentina.
Necesitamos mucha fe y razón, esperanza y sensatez, buena voluntad e inteligencia, valor para
luchar contra la corrupción, la ineptitud y el despilfarro, tanto en gobernantes como en gobernados.

Surfear, leer o navegar


Beatriz Sarlo
La velocidad con la que se abordan las páginas de Internet se aleja en tiempo y modo de la lectura
intensa del pasado.
Quienes leen muy velozmente habrán encontrado en Internet la pista de deslizamiento ideal. Un
historiador estadounidense estudió, desde la Antigüedad hasta los tiempos modernos, dos tipos diferentes
de lectura. La primera fue la lectura intensa en profundidad, que Robert Darnton (ése es el nombre del
historiador) atribuía a una etapa del pasado donde no había miles de libros permanentemente a
disposición de los lectores. Por el contrario, antes de la invención de la imprenta e incluso dos siglos
después, los libros eran escasos y caros, salvo para los monjes o los nobles que se inclinaban por la
cultura. Los campesinos o la gente de pueblo, incluso aquellos pocos que habían aprendido a leer,
desafiaban grandes dificultades para acceder a unas decenas de libros. Esos contados volúmenes, entre
ellos La Biblia, se leían repetidamente, intensamente, hasta llegar a conocerlos casi de memoria.
Cuando la difusión de máquinas de impresión más ligeras y papel más barato lo hizo posible,
nació, junto con un nuevo público, una nueva forma de leer. De la lectura intensa, que agujereaba la
página con los ojos, se pasó, durante el siglo XVIII europeo, a la lectura extensiva, que salta de un libro a
otro, recorre ávidamente la superficie de la página impresa y la abandona tan rápido como ha llegado a
ella. La novela, desde fines del siglo XVIII en adelante, fue el género propio de estos lectores cada vez
más veloces y cada vez más sedientos de novedades. Los monasterios y las cortes feudales fueron los
espacios de la lectura intensa; las casas burguesas y, crecientemente, las populares, los de la lectura
extensiva.
Se amplió el público democráticamente y los ojos de ese público, en vez de taladrar la página hasta
extraerle el último de sus sentidos, la recorrían saltando de un sentido a otro, de un personaje y un
episodio a otro, de una noticia a otra (ya que los diarios son también producto de esa lectura rápida).
Lo que se hace habitualmente con las páginas de Internet está tan alejado en el tiempo como en el
estilo de aquella lectura intensa del pasado, pero también es diferente de la lectura extensiva de los siglos
modernos. Hablamos de navegación, pero la palabra navegación que se usa en castellano no es tan
apropiada como la palabra inglesa surf, que se usa para la acción de deslizarse sobre las olas y que
también significa espuma. Si algo caracteriza el surf es el deslizamiento a una velocidad que es la que
mandan las olas y la inmaterial ligereza de la espuma.

Algo de eso nos sucede a los navegantes de Internet, dominados por la tentación de pasar de un
enlace a otro, de abandonar una pantalla, como si fuera un momento de la ola, para deslizarnos hacia la
pantalla que se construirá enseguida, y de allí a la siguiente, como si la ley de la lectura fuera una ley de
pasaje que prohibiera persistir en un mismo lugar. Una variación incesante de la apariencia de la pantalla
acompaña, como necesidad y estilo, las formas de la navegación. Se tiene la impresión, sostenida por los
efectos técnicos, de que lo mejor siempre está por delante, como si la sucesión de pantallas construyera
un suspenso que no va a resolverse nunca. La navegación es veloz intrínsecamente, así como es
inconcebible un surf lento, ya que el surfista caería de su tabla y se interrumpiría su contacto de superficie
con la ola.

Umberto Eco aconsejaba a quienes estaban preparando una monografía que fotocopiaran sólo
aquello que estuvieran seguros de poder leer al día siguiente. Cualquier investigador sabe que fotocopiar
sin ton ni son sirve para muy poco, incluso hay quien piensa (yo, por ejemplo) que es mejor copiar a mano
la cita que se va a usar. Sin embargo, cuando se navega en Internet se guarda en la computadora
cualquier página por la que se ha pasado buscando algo. Después, la experiencia muestra que la mitad
de esas páginas no sirvieron para nada, pero en el momento en que se llegaba a ellas nada nos detenía,
porque la velocidad del surf nos lleva a la pantalla siguiente con la fuerza inmaterial de los deseos
digitales.

También podría gustarte