SANTO TOMÁS
1. REALIDAD Y CONOCIMIENTO.
A continuación, voy a explicar la problemática de la realidad y del conocimiento en Tomás de Aquino,
filósofo cristiano del siglo XIII, discípulo de Alberto Magno en París y autor de la Summa Theologica.
En época de Santo Tomás, París era la capital europea del conocimiento. Con la llegada de los escritos
aristotélicos y los comentarios de Averroes, la ciudad se conmocionó y surgió el averroísmo latino. Esta
corriente defendía la teoría de la doble verdad. Según esta teoría, había dos verdades igualmente válidas:
la religiosa (de fe) y la filosófica (de la razón). Pero, esta visión no era bien vista por el cristianismo, por lo
que los averroístas fueron condenados.
Sin embargo, Tomás de Aquino tomó una posición positiva hacia la filosofía aristotélica pues estaba
convencido de que ofrecía una interpretación de la realidad valiosa y aceptable, además de compatible con
la fe cristiana.
Según él, no pueden existir dos verdades. La verdad es una ya que depende en última instancia de Dios.
Fe y razón no se contradicen puesto que la primera es un don de Dios y la segunda es una facultad puesta
por Dios en el ser humano.
Dentro de la única verdad, distingue entre verdades naturales (referidas al mundo natural, no han sido
reveladas por Dios y han sido alcanzadas por el uso de la razón), verdades que son artículos de fe
(reveladas por Dios e incomprensibles por la razón) y verdades que son preámbulos de fe (reveladas por
Dios pero también demostrables por la razón).
Para Santo Tomás, hay dos fuentes de conocimiento: la fe y la razón. Estas son distintas pero
interdependientes, es decir, la razón presta ayuda a la fe y la fe a la razón. Por un lado, la razón puede
defender a la fe frente a las herejías, aclara verdades y demuestra preámbulos de fe. Por otra parte, la fe
sirve a la razón como criterio de verdad.
El resto de la teoría del conocimiento de Santo Tomás, sigue la de Aristóteles y en el proceso de
abstracción. Al igual que Aristóteles, Tomás es un filósofo empirista, es decir, que el conocimiento tiene su
origen en la experiencia. Rechaza la existencia de conocimiento innato al decir que la mente humana es
como una “tabula rasa”. Primero, el ser humano capta la sustancia a través de los sentidos. Gracias a la
imaginación, se forma una imagen de la realidad (fantasma). Por último, el entendimiento agente abstrae lo
particular y el entendimiento paciente recibe el resultado y concibe el concepto. El conocimiento sólo será
posible cuando el entendimiento relacione el concepto a esa misma cosa. Para Santo Tomás, la verdad es
la adecuación entre las cosas y el entendimiento.
Sin embargo, existe el problema para explicar el conocimiento de las sustancias no materiales e
inaccesibles de forma directa al entendimiento: los ángeles y Dios. El conocimiento de estas sustancias es
indirecto, es decir, solo se puede conseguir por analogía.
Al igual que en el conocimiento, la metafísica de Santo Tomás irá en la misma línea que la de Aristóteles
(concepción teleológica, teoría de las cuatro verdades e hilemorfismo). Por otra parte, se vio influenciado
por la filosofía árabe (distinción entre esencia y existencia de Avicena) y por la filosofía de Platón (concepto
de participación).
Santo Tomás tuvo que afrontar los siguientes problemas: ¿cómo conciliar la verdad cristiana de la creación
del mundo por Dios con la idea aristotélica de que el mundo es eterno? ¿Cómo conciliar la verdad cristiana
de la providencia de Dios con la idea aristotélica de que Dios es acto puro y solo puede pensarse a sí
mismo?
Para todo cristiano, Dios creó el mundo y a todos sus seres de la nada. Siguiendo la teoría hilemórfica, los
seres están formados por materia y forma. Además, acepta la existencia de seres sin materia (Dios y los
ángeles). Sin embargo, incluye la distinción entre seres necesarios (existe y no puede no existir: Dios) y
seres contingentes (existen pero podrían no existir si Dios así lo decidiera). De esta distinción derivan dos
conceptos antes usados por Avicena: esencia (lo que una sustancia es) y existencia (el acto de existir o ser
en el mundo). Solamente en Dios esencia y existencia coinciden y en el resto de seres creados, la
existencia no es más que un rasgo añadido. Santo Tomás acepta también los conceptos de acto y potencia
de Aristóteles y los combina con los de esencia y existencia. Para él, la esencia es la potencia de existir y
la existencia es acto, es decir, la existencia es el acto de la esencia. Un ser existe cuando pasas de ser en
potencia a ser en acto realmente existente. Y eso solo lo puede provocar un ser que es eterno, que no
tiene que desplegar sus potencias y que es acto puro. Es decir, Dios. De este modo, explica la providencia
de Dios, puesto que todas las cosas dependen del Creador.
Los seres creados están ordenados jerárquicamente en función de la perfección de ser que recibe su
esencia. Es decir, Dios ha creado los distintos seres con distintos grados de perfección.
Por último, Santo Tomás recibió influencia de Platón. Añade a su teoría metafísica el concepto de
participación: los seres contingentes reciben continuamente la existencia de Dios, por lo que su existencia
participa de algún modo de la existencia de Dios que es el único ser necesario.
2. DIOS.
A continuación, voy a explicar la problemática de Dios en Tomás de Aquino, filósofo cristiano del siglo XIII,
discípulo de Alberto Magno en París y autor de la Summa Theologica.
En la filosofía tomista, el tema de Dios es el asunto principal. De él se ocupa en su obra Summa
Theologica: una especie de manual sobre la doctrina cristiana. Respecto a Dios, Tomás de Aquino
pretende resolver tres cuestiones: si Dios existe, cuál es su esencia y cuál es su relación con el resto de
seres.
Respecto a la primera cuestión, se pregunta si la proposición “Dios existe” es evidente o no pues si resulta
evidente, no tiene sentido preocuparse en demostrarla. Si no es evidente, hay que plantearse si su
existencia es demostrable mediante la razón. Y si la respuesta es afirmativa, deberemos formular un
método para indicar cómo puede demostrarse.
En el Artículo 1 de la Summa Theologica, Santo Tomás dice que hay dos tipos de proposiciones. Por un
lado, las proposiciones evidentes en sí mismas y también para nosotros (el predicado está incluido en el
sujeto y somos capaces de asociarlo) y, por otro lado, las proposiciones evidentes en sí mismas pero no
para nosotros (el predicado está incluido en el sujeto pero no somos capaces de entenderlo pues
desconocemos el sujeto). Por eso es necesario hallar argumentos que prueben la existencia de Dios.
En el Artículo 2, explica que, a lo largo de la historia, se han dado distintas formas de demostrar la
existencia de Dios: las argumentaciones a priori que parten de la existencia de la causa (idea de Dios) para
demostrar la existencia del efecto (necesidad de la existencia de Dios), y las argumentaciones a posteriori
que parten de los efectos (realidades del mundo) para hallar la causa (Dios). De estas, Santo Tomás
preferirá las argumentaciones a posteriori.
En cambio, Anselmo de Canterbury (siglo XI), en su obra Proslogion, desarrolla un argumento a priori
conocido como argumento ontológico, el cual dice que “si admitimos que Dios significa lo más grande que
puede ser pensado, entonces tiene que existir, pues de lo contrario, no sería lo más grande que puede ser
pensado. Pero, Tomás considera que pasar de una existencia pensada a una existencia real, es un salto
injustificado.
Por eso, en el Artículo 3, ofrece cinco argumentos a posteriori llamadas las cinco vías para demostrar la
existencia de Dios y todas con la misma estructura: se parte desde la experiencia (movimiento, causalidad,
contingencia, perfección y finalidad), se aplica el principio de causalidad (todo efecto tiene su causa), se
plantea la imposibilidad de llevar el razonamiento hasta el infinito y se postula la exigencia lógica de un
primer principio que es Dios.
Primera vía: el movimiento. Como en el mundo hay movimiento y, tal como afirmaba Aristóteles, todo lo
que es movido se mueve por algo pero es imposible la sucesión infinita de motores; Santo Tomás afirma
que existe un primer motor inmóvil que mueve al resto y que es Dios.
Segunda vía: la causalidad. Como todos los seres del mundo tienen una causa, no pueden ser su propia
causa y no puede hablarse de una cadena infinita de causas, parece lógico que exista una Causa Primera
que es Dios.
Tercera vía: la contingencia. Todos los seres del mundo son contingentes y provienen de otros seres
también contingentes. Pero no tiene sentido que exista una cadena infinita de seres contingentes, por eso,
deben tener su origen en un ser necesario que es Dios.
Cuarta vía: la perfección. Como en el mundo se aprecian diversos grados de perfección, es lógico pensar
que existe un grado máximo de perfección. Este grado máximo de perfección es un ser supremo que es
Dios.
Quinta vía: la finalidad. Como todas las cosas del mundo tienden a un fin y esto solo es posible si hay algo
que las impulse hacia su fin, es lógico decir que existe una inteligencia primera que las oriente que es Dios.
Así queda demostrada la existencia de Dios y esta podrá ser demostrada a través de la vía de la negación,
que consiste en negar a Dios todas las cualidades imperfectas que observamos en las criaturas, y la vía de
la eminencia, que consiste en predicar de Dios todos aquellos aspectos positivos que encontramos en las
criaturas pero en grado sumo.
Finalmente, puesto que el mundo y sus criaturas dependen de Dios tanto en su comienzo como en su
duración, ya que los seres participan de él, es necesario que Dios lo conserve continuamente. De ahí que
esté presente en el ser de las cosas.
3. ÉTICA.
A continuación, voy a explicar la problemática de la ética en Tomás de Aquino, filósofo cristiano del siglo
XIII, discípulo de Alberto Magno en París y autor de la Summa Theologica, máximo representante de la
escolástica, perteneciente a la orden de los dominicos y profesor de teología en las universidades de París
y de Nápoles.
Al igual que para Aristóteles, la ética de Tomás de Aquino es teleológica, es decir, que todos los seres
tienden a un fin, y eudemonista, es decir, que el fin supremo al que aspiran todos los seres es la felicidad o
beatitud. Sin embargo, para él, no era posible alcanzar la beatitud en esta vida, sino más allá de la muerte.
La ética de Santo Tomás adoptó un punto de vista intelectualista pues para él, la felicidad consistía en el
conocimiento de Dios.
Para alcanzar la felicidad, el medio del que disponían los seres humanos son sus actos libres y para
alcanzarla eran necesarios tres principios. En primer lugar, las virtudes, son los hábitos que nos disponen a
realizar actos moralmente correctos. Estas virtudes, se pueden relacionar también con las virtudes éticas
que proponía Aristóteles, en las que para alcanzar la excelencia (areté) y guiadas por la prudencia, se
llegaba a un punto medio entre el exceso o el defecto de dicha virtud. Estos actos que decía Santo Tomás,
sólo serán considerados correctos si se ajustaban a la ley. En segundo lugar, la ley que se divide en tres
tipos de ley: la ley eterna, es el orden con el que Dios gobierna el mundo; la ley natural, es la parte de la
ley eterna que se refiere únicamente a la conducta humana. Son las normas morales básicas que Dios ha
inscrito en la naturaleza humana y que deberemos seguir. Estas son conservar la vida, procrear, educar a
los hijos, buscar la verdad y vivir en sociedad. Estas normas son evidentes, universales e inmutables. Y la
ley positiva, que son las normas promulgadas por los Estados y las sociedades como prolongación de la
ley natural. Por último, hallamos el último principio, la gracia, que es un don (regalo) que Dios otorga a los
seres humanos a cambio de una fe auténtica.
A pesar de la existencia de la ley eterna y de la ley natural, la libertad humana no queda anulada pues,
gracias a sus facultades intelectuales, la inteligencia y la voluntad, que es la facultad que tiene el ser
humano para decidir, de ordenar la propia conducta y el impulso que nos lleva a querer hacer algo, es libre
y puede no seguir la ley natural inmutable. El ser humano es el único ser que conoce los fines que
persigue y puede decidir encaminarse o no hacia ellos. Puesto que Dios no ha creado nada malo y que el
ser humano puede decidir sobre su propia conducta, el mal es todo responsabilidad del ser humano
únicamente.
Por último, al igual que en la ética aristotélica, la felicidad del individuo depende también del Estado por lo
que para lograr alcanzar la beatitud, se requiere que el Estado se encuentre bajo la gobernanza de
aquellos que sean realmente justos y que ayude al individuo a alcanzar la contemplación de Dios o
beatitud.
4. POLÍTICA.
A continuación, voy a explicar la problemática de la política en Tomás de Aquino, filósofo cristiano del siglo
XIII, discípulo de Alberto Magno en París y autor de la Summa Theologica, máximo representante de la
escolástica, perteneciente a la orden de los dominicos y profesor de teología en las universidades de París
y de Nápoles.
Siguiendo la filosofía de Aristóteles, Santo Tomás de Aquino piensa que el ser humano es un ser social por
naturaleza y que, por tanto, no puede vivir de manera aislada y necesita de la sociedad para satisfacer sus
necesidades.
El Estado, como forma de organización de la sociedad, deberá velar por que todos los hombres puedan
lograr en esta vida su mayor desarrollo para encaminarse hacia la contemplación divina, es decir, hacia la
beatitud.
Para ello, el Estado debe buscar el bien común garantizando la paz, tanto interna (proteger a los individuos
de enemigos internos al Estado) como externa (proteger a los individuos de enemigos externos al Estado);
el bienestar material y la vida virtuosa con el objetivo de encaminar a los ciudadanos al fin supremo, más
allá de la vida, que es Dios.
Pero para gobernar orientándose hacia el bien común, el gobierno del Estado deberá dictar una ley
positiva. Esta ley positiva es el conjunto de normas establecidas por los hombres y con las que regulan su
convivencia en sociedad. En su ética, Santo Tomás dice que, aparte de la ley positiva, existen dos tipos de
ley más. Por un lado, la ley eterna que es la ley con la que Dios gobierna el universo. Y, por otro lado, la ley
natural que son las normas morales y de comportamiento básicas que Dios ha inscrito en la naturaleza
humana y que todos debemos seguir. Estas son conservar la propia vida, procrear, educar a los hijos,
buscar la verdad y vivir en sociedad. Estas normas son evidentes, universales e inmutables.
La ley positiva, son entonces, las leyes humanas y que conforman la legislación de un Estado para poder
gobernar.
Son una prolongación de la ley natural, por lo que deben estar en consonancia con ella. Si entrasen en
contradicción con ella, serían leyes injustas y, por tanto, existe el derecho a desobedecerlas.
Además, Tomás distingue formas buenas de gobierno y formas malas de gobierno. En las formas buenas
de gobierno incluye la monarquía, forma política de gobierno en el que el poder supremo del Estado se
concentra en la voluntad de una sola persona; la aristocracia, sistema de gobierno liderado por un grupo
que sobresale por su sabiduría, su virtud y su experiencia del mundo; y la democracia, forma de
organización social y política que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En las
formas malas de gobierno incluye la oligarquía, que ocurre cuando en un gobierno inicialmente oligárquico
se corrompe y busca los intereses particulares; la demagogia, que ocurre cuando un gobierno democrático
se corrompe y se empieza a ganar favores por medio de la retórica, la manipulación y la seducción de las
masas; y, la peor de todas, la tiranía, que ocurre cuando el monarca se corrompe y empieza a gobernar
según sus propios intereses y no buscando el bien común para el Estado. Las primeras son buenas formas
de gobierno pues están orientadas a buscar el bien común. Las segundas son malas formas de gobierno
porque no buscan el bien común sino el bien particular.
Sin embargo, al desarrollar su régimen de gobierno predilecto, Santo Tomás prefirió un régimen mixto: la
monarquía constitucional. Este tipo de gobierno se caracteriza por ser democrático en sus instituciones,
aristocrático en una minoría rectora y monárquico en el poder supremo.
El Estado deberá trabajar siempre para que todos los hombres cumplan su finalidad que es alcanzar la
felicidad a través de la contemplación divina, pero aunque sea independiente de la Iglesia, siempre estará
subordinado a ella.