La verdadera riqueza
Un día, un hombre muy rico decidió llevar a su hijo a una aldea muy pobre, con la intención de
mostrarle cuán desafortunadas eran las personas que vivían allí.
Pasaron un día y una noche como huéspedes en la humilde casa de una familia campesina. Al
regresar a su lujosa vivienda, el padre le preguntó a su hijo:
—¿Qué te pareció conocer esa aldea y la vida de las personas que viven allí?
El niño respondió con una sonrisa:
—¡Fue maravilloso, papá!
El padre, curioso, continuó:
—¿Y qué aprendiste al ver cómo viven?
El niño pensó un momento y luego dijo con calma:
—Me di cuenta de que nosotros tenemos un perro… y ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una fuente en el jardín, pero ellos tienen un río que fluye sin fin.
Nosotros usamos lámparas decorativas en el patio… pero ellos tienen el cielo entero lleno de
estrellas.
Nuestro jardín está limitado por muros… el de ellos se extiende hasta donde alcanza la vista.
El padre se quedó en silencio, sorprendido por la sabiduría de su hijo. Entonces el niño concluyó:
—Gracias, papá, por enseñarme lo pobres que somos nosotros.