1.
La Llorona
Esta es una de las leyendas más populares en Guatemala y en gran
parte de América Latina. La historia cuenta que hace muchos años,
una mujer llamada María, después de ser abandonada por su esposo,
cayó en una profunda depresión. En su desesperación, decidió
vengarse y, llevada por la locura, ahogó a sus dos hijos en un río
cercano. Después de darse cuenta de lo que había hecho, sintió un
dolor insoportable y terminó suicidándose. Desde entonces, su
espíritu vaga por los ríos, llorando y buscando a sus hijos con gritos
desgarradores: “¡Ay, mis hijos!”. La leyenda dice que quienes
escuchan su llanto corren peligro, y muchas personas han afirmado
haber visto su figura cerca de los ríos.
2. El Sombrerón
El Sombrerón es una figura misteriosa que aparece en Guatemala
vestido de negro, con un gran sombrero y botas de cuero. Es de baja
estatura y suele montar un caballo negro. Según la leyenda, este
personaje tiene la capacidad de enamorar a mujeres jóvenes,
especialmente a aquellas con cabello largo y ojos grandes. Se dice
que el Sombrerón sigue a estas mujeres y, por las noches, aparece en
sus casas, trenzando sus cabellos y cantándoles canciones. Las
jóvenes hechizadas por él no pueden dormir ni comer. La única
forma de romper el hechizo es cortar el cabello trenzado y rezar. En
varias historias, se cuenta que cuando el Sombrerón aparece,
susurran en la oscuridad las pisadas de su caballo, y su presencia
provoca insomnio y agotamiento.
3. La Siguanaba
La Siguanaba es una figura legendaria que aparece a los hombres
que vagan solos por la noche, especialmente aquellos que son
infieles. Esta mujer, según la leyenda, tiene la habilidad de
transformarse. A primera vista, parece una mujer muy bella, con
largos cabellos que se peina junto a los ríos o en caminos solitarios.
Sin embargo, cuando un hombre se acerca, su rostro cambia y se
convierte en una criatura horrenda con el rostro de un caballo.
Muchos hombres han sido engañados por su belleza, solo para huir
despavoridos cuando descubren su verdadera forma. La leyenda de
la Siguanaba tiene sus raíces en las antiguas creencias indígenas y
fue modificada durante la colonización para incluir elementos de
castigo a la infidelidad.
4. El Cadejo
El Cadejo es un perro sobrenatural que aparece en las noches
oscuras. Según la leyenda, existen dos tipos de cadejos: el Cadejo
blanco y el Cadejo negro. El Cadejo blanco es protector, cuida a las
personas que caminan solas por la noche, especialmente a los
borrachos o a los que han perdido el camino, protegiéndolos de
cualquier peligro. En cambio, el Cadejo negro es malvado, un ser
demoníaco que ataca a quienes se comportan mal o cometen
pecados. Este perro negro suele ser descrito con ojos rojos y dientes
afilados. Se dice que ambos perros pelean entre sí, pero el Cadejo
blanco siempre busca proteger a las personas. Nadie puede matar a
un Cadejo, pues son inmortales.
5. La Tatuana
Esta leyenda tiene lugar durante la época colonial. Se dice que La
Tatuana era una mujer hermosa y misteriosa, acusada de brujería por
la Inquisición. Fue arrestada y encerrada en una celda para ser
juzgada y condenada a muerte. Antes de su ejecución, La Tatuana
pidió un último deseo: un trozo de carbón y una tabla de madera.
Los guardias accedieron a su petición. Con el carbón, la mujer
dibujó un barco en la pared de su celda. Gracias a sus poderes
mágicos, hizo que el barco se volviera real y escapó navegando
hacia la libertad a través del dibujo. Nunca más fue vista, y su
historia se convirtió en una de las leyendas más fascinantes de
Guatemala.
6. El Cadejo Negro y el Cadejo Blanco
Esta leyenda presenta la dualidad entre el bien y el mal a través de
dos perros sobrenaturales. El Cadejo negro es un perro diabólico que
sigue a las personas borrachas o pecadoras para castigarlas. Aparece
en la oscuridad con ojos rojos y colmillos afilados, y se dice que las
personas que lo ven sienten un miedo paralizante. Por otro lado, el
Cadejo blanco es un protector que cuida a los caminantes nocturnos
y los guía a casa sanos y salvos. Ambos Cadejos pelean entre sí,
pero el Cadejo blanco siempre triunfa para proteger a los inocentes.
7. La Sigüil
La Sigüil, o Siguamonta, es una criatura aterradora que aparece
durante la noche para acechar a las mujeres que caminan solas por
las calles o caminos solitarios. Según la leyenda, esta criatura parece
una bruja voladora con alas enormes y ojos brillantes. Se dice que
lanza hechizos sobre las mujeres para capturarlas y hacerles daño.
La única manera de evitar a la Sigüil es caminar en grupo o no salir
de noche. Esta leyenda está profundamente enraizada en las
creencias populares del interior de Guatemala, donde muchas
personas todavía hablan de avistamientos de la Sigüil.
8. La Carreta Chillona
Durante las noches oscuras y silenciosas, se dice que se escucha el
sonido de una carreta con ruedas oxidadas quejándose al pasar. La
"Carreta Chillona" es un espectro que recorre las calles de los
pueblos, guiada por almas en pena. A menudo, se la asocia con el
lamento de los muertos que no han podido descansar en paz. Según
la leyenda, quienes escuchan el ruido de la carreta deben evitar
asomarse a la ventana, ya que ver la carreta puede traer mala suerte,
enfermedad o incluso la muerte. Los relatos dicen que la carreta no
es conducida por nadie, y que su paso es una advertencia de
desgracias futuras.
9. El Tesoro de los Amates
Durante la colonización, se creía que los indígenas escondieron
grandes tesoros en cuevas y ríos para protegerlos de los
conquistadores españoles. Uno de estos tesoros es el famoso Tesoro
de los Amates, ubicado en las profundidades de un río en el
departamento de Izabal. Según la leyenda, muchos han intentado
encontrarlo, pero el tesoro está protegido por espíritus guardianes.
Las personas que intentan sacar el oro sin el debido respeto son
atrapadas por los espíritus y nunca más vuelven a ser vistas. Hasta
hoy, se dice que el tesoro sigue oculto y nadie ha podido reclamarlo.
10. Juan Noj
En la región de Totonicapán, existe la leyenda de Juan Noj, un
gigante de la antigüedad que protegía a las aldeas indígenas de los
invasores. Juan Noj era conocido por su sabiduría y gran fuerza, y
tenía la capacidad de mover montañas con sus manos. Según el
relato, los aldeanos siempre pedían su ayuda para enfrentar
amenazas, y el gigante los defendía. Se cuenta que, aunque el
gigante ya no es visto, su espíritu sigue presente en las montañas,
protegiendo a los pueblos mayas de cualquier peligro.