Hora Santa por los enfermos
Mi Paz.
Mi paz, te doy a ti.
Es la paz, que el mundo no da,
Es la paz, que el mundo no entiende;
Para ti, recíbela; mi paz: te doy a ti.
Mi amor, te doy a ti.
Éste amor, que el mundo no da,
Éste amor, que el mundo; no entiende.
Para ti, recíbelo, mi amor, te doy a ti.
Éste amor, que el mundo no entiende.
Mi amor, te doy: a ti.
Es la paz, que el mundo no entiende.
Mi paz, te doy: a ti.
LECTOR: La Eucaristía es alimento y medicina. Si estás en las tinieblas, la Eucaristía es la
Luz. Si sientes la fiebre de las pasiones, la Eucaristía es medicina. Si estás oprimido por
las culpas, la Eucaristía es la victima que paga por ellas. Si tienes hambre, la Eucaristía es
alimento del Alma. Si te sientes débil, la Eucaristía es tu fortaleza. Si tienes miedo a la
muerte, la Eucaristía es vida, porque “El que come mi carne y bebe mi sangre, vivirá para
siempre”.
ADORACIÓN TODOS: Jesús, Tú eres el pan de vida, el que viene a ti, no tendrá más
hambre. Señor Jesús, si no comemos tu carne y no bebemos tu sangre no tendremos
vida en nosotros. El que come tu carne, Tú lo resucitarás, Señor Jesús, ¿A quién iremos
Señor? Tú sólo tienes palabras de vida eterna. Tú Señor, eres el pan bajado del cielo; el
que coma de este pan, vivirá para siempre. Jesús, el permanece en ti, da muchos frutos;
quien no permanece en ti, está muerto.
Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no
adoran, no esperan y no te aman… (Tres veces) (Padre Nuestro y Ave María)
Ya no eres pan y vino
Ya no eres pan y vino,
Ahora que eres cuerpo y sangre, vives en mí,
De rodillas yo caigo al contemplar tu bondad,
Como no te voy a adorar,
Mientras te pierdes en mis labios,
Tu gracia va inundando todo mi corazón,
Por esa paz que me llena de alegría,
Mi ser; como no te voy a adorar!
Señor Jesús, mi salvador, amor eterno,
Amor divino; ya no falta nada
Lo tengo todo, te tengo a ti, (bis)
Dueño y rey del universo,
Como puede ser posible,
Que busques mi amor, tú tan grande,
Y yo pequeño y te fijas en mí,
¡Cómo no te voy a adorar!
De rodillas yo te pido,
Que el día cuando tú me llames sea como hoy,
Para mirarte a los ojos y poderte decir,
Que ¡cómo no te voy a adorar!
Señor Jesús….
Te tengo a ti.
Todos.- Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Yo te adoro profundamente y te
ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en
todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias
con que Él es ofendido. Por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón
Inmaculado de María, te pido la conversión de los pecadores… (Vamos hacer un
momento de silencio y traer a nuestro pensamiento a aquellas personas por las que
queremos interceder)
CANTO:
Gracias quiero darte
Gracias quiero darte por amarme
Gracias quiero darte yo a ti Señor.
Hoy soy feliz, porque te conocí;
Gracias por amarme a mí también.
Yo quiero ser, Señor amado,
Como el barro; en manos del
Alfarero. Toma mi vida,
Hazla de nuevo;
Yo quiero ser: un vaso nuevo.
Te conocí y te amé.
Te pedí perdón y me escuchaste;
Si te ofendí, perdóname Señor
Pues te amo y nunca te olvidaré.
Yo quiero ser…
TODOS: ALABANZA Y ACCIÓN DE GRACIA: Te damos gracias y te bendecimos Dios Santo
y fuerte, porque diriges con sabiduría los destinos del mundo y cuidas con amor, a cada
uno de los hombres. Tú nos invitas a escuchar tu palabra, que nos reúne en un solo
cuerpo, y a mantenernos siempre firme en el seguimiento de tu Hijo Jesús. Porque sólo
Él es el camino que nos conduce a Ti, Dios invisible, la verdad que nos hace libres y la
vida que nos colma de alegría. Te damos gracias y te bendecimos Padre fiel y lleno de
ternura porque tanto amaste al mundo que le has entregado a tu hijo para que fuera
nuestro Señor y nuestro hermano. Jesús manifestó su amor con los pobres y los
enfermos, con los pequeños y los pecadores. El nunca permaneció indiferente ante el
sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de Tú amor; como
un padre siente ternura por Tus hijos; así también Tú sientes ternura por tus fieles. Por
eso, te alabamos y te glorificamos y, con los ángeles y los santos, cantamos tu bondad y
tu fidelidad, proclamando el himno de tu gloria. Santo, Santo es el Señor, Dios del
universo; llenos están el cielo y la tierra de tu gloria; ¡Hosanna en el Cielo, bendito el
que viene en nombre del Señor, Hosanna en el Cielo!
LECTURA BIBLICA: ( 2 Cor 1 4-11 )
Lector.- Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y el hermano Timoteo
saludan a la Iglesia de Dios que está en Corintio y a los santos que viven en toda Acaya.
Reciban gracia y paz de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús, el Señor.
¡Bendito sea Dios, del que viene todo consuelo! Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús,
nuestro Señor Padre lleno de ternura, Dios del que viene todo consuelo. Él nos conforta
en toda prueba, para que también nosotros seamos capaces de confortar a los que están
en cualquier dificultad, mediante el mismo consuelo que recibimos de Dios. Pues en la
misma medida en que los sufrimientos de Cristo recaen abundantemente sobre
nosotros, el consuelo de Cristo también nos llega con mayor abundancia. Estas pruebas
nuestras son para consuelo y salvación de ustedes, y de igual modo nuestro consuelo
será consuelo para ustedes cuando tengan que soportar los mismos sufrimientos que
ahora padecemos nosotros. Si ustedes comparten nuestros sufrimientos, también
compartirán nuestro consuelo; se lo decimos y lo esperamos con mucha firmeza.
Hermanos, deseamos que conozcan algo de lo que nos tocó padecer en Asia. Realmente
fue tan grande el peso de esa prueba que ya habíamos perdido toda esperanza de salir
con vida. Sentimos en nosotros una sentencia de muerte, pero eso fue sólo para que no
confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos.
El, nos libro de ese peligro de muerte tan grande, y nos seguirá protegiendo. En él
hemos puesto nuestra esperanza y nos seguirá protegiendo. En él hemos puesto nuestra
esperanza y seguirá amparándonos, siempre que ustedes nos ayuden con sus oraciones.
Si son muchos los que piden por nosotros, serán también muchos los que darán gracias
a Dios cuando nos toque recibir. Palabra de Dios
LECTOR: REFLEXIÓN: Cuando una persona ama de verdad, sincera y profundamente, es
capaz de hacer cualquier cosa. El amor se vuelve como un río impetuoso que todo lo
supera y lo arrastra. El enfermo que ama, le da otro sentido a su sufrimiento; ya no
cuenta las noches de insomnio o los días de soledad, ya no lo atormentan sus penas o el
pensamiento del fin que se aproxima… Siente en sí, dentro de él, una fuerza, un valor
que no sabe explicar pero que lo sostiene y le dan serenidad y paciencia, pues “El amor
es fuerte como la muerte” como leemos en el Cantar de los Cantares.
“Nada se resiste al amor, todo lo transforma”. “Mi vocación es el Amor, en el corazón de
mi Madre la Iglesia, YO SERE EL AMOR” decía Santa Teresita. Por eso nada, ni nadie le
quitaban esa paz que irradiaba en torno suyo. Los mártires afrontaban persecuciones y
tormentos con Valentía, porque esperaban de Dios el premio eterno; Santa Teresita
sufre con fortaleza los dolores de la tuberculosis, pues todo lo ofrece para las misiones.
Para aquél que Dios ha llamado a unir su sufrimiento a los de Cristo, no existe sino una
sola y única virtud: EL AMOR. El amor lo es todo en su vida, y su vida es toda de amor…
La esencia, pues, de esa persona es el amor. Siente que Dios lo ama. Y le corresponde
con amor, al amor de Dios. Ya que el amor llevó a Jesús a entregarse como víctima por
nosotros. El amor impulsa al alma a entregarse a Dios en la inmolación del dolor… Amor,
amor; no hay otra cosa, no hay otra fuerza que el amor que pueda hacer comprender y
aceptar el sufrimiento en la vida…Hermano, el Padre Celestial dijo de Jesús: “este es mi
hijo muy amado, al que miro con cariño” (Mt. 3,17) Si sabes descubrir el valor de tu
dolor unido al de Cristo, sentirás que Dios no se ha olvidado de ti. Al contrario, también
sobre ti resonará la voz del Padre: “Tú eres mi hijo muy amado, al que miro con cariño”
Hermano, tú también, desde las cadenas de tu dolor y la oscuridad de tus sufrimientos,
mira a este mundo que necesita ser salvado; mira a Cristo, que pide tu cooperación. No
te desesperes. Al contrario, transfórmate en “Apóstol de Jesús y pregonero de su
salvación” el mundo no se salva con las palabras, sino con la Gracia de Dios y los
sufrimientos de Jesús y sus discípulos. Tú puedes ser cooperador de Cristo desde tu
dolor y con tu dolor. Mientras Dios nos preste vida, debemos trabajar en el
cumplimiento de su voluntad y para la venida del Reino en el mundo. La enfermad no
debe ser un obstáculo para acercarnos a Él; al contrario, debe ser un medio más para ser
instrumentos de Cristo, cooperadores de su obra salvadora desde nuestra enfermedad y
con nuestra enfermedad. Hermano, la fuerza y el valor del Apóstol Pablo no residían en
el mismo, sino en la gracia y valor que venía de Cristo…”Todo lo puedo en El”; nosotros
no somos nadie y no podemos nada sin Él, también nosotros podemos y debemos llegar
a decir de la misma manera…”Todo lo puedo en El” (momento de silencio y meditación)
CANTO:
SUMÉRGEME
CANSADO DEL CAMINO,
SEDIENTO DE TI;
UN DESIERTO HE CRUZADO,
SIN FUERZAS HE QUEDADO:
VENGO A TI.
LUCHÉ COMO SOLDADO,
Y A VECES SUFRÍ,
Y AUNQUE LA LUCHA HE GANADO,
MI ARMADURA HE DESGASTADO:
VENGO A TI.
SUMÉRGEME
EN EL RÍO DE TU ESPÍRITU;
NECESITO REFRESCAR
ESTE SECO CORAZÓN
SEDIENTO DE TI. (2)
TODOS: Compadécete de mí, Señor, estoy enfermo.
REPARACIÓN: Señor Jesús, tus nos has prometido habitar siempre con nosotros. Tú
verdaderamente llamaste a todos los cristianos a acercarse y compartir tu Cuerpo y tu
Sangre. Pero nuestros pecados nos han dividido y no está en nuestro poder compartir
juntos la Santa Eucaristía. Nosotros confesamos nuestro pecado y te pedimos:
perdónanos y ayúdanos a tomar los caminos de la reconciliación según tu voluntad.
Abraza nuestros corazones con el fuego del Espíritu Santo, concédenos el Espíritu de
Sabiduría y de Fe; de audacia y de paciencia; de humildad y firmeza; de amor y
arrepentimiento, por las oraciones de la Santísima Virgen Madre de Dios y de todos los
Santos. A M E N
TODOS.- SUPLICA: Señor Jesús, te acepto en mi corazón y en mi vida: quiero que Tú seas
mi Señor, perdona mis pecados, y purifícame con tu Sangre Divina. Yo pongo ante ti mi
sufrimiento y mi enfermedad. Sáname, Señor, por el poder de tus gloriosas llagas, por tu
cruz y por tu preciosísima Sangre. Tú eres el buen pastor y yo soy una de las ovejas de tu
redil: ten compasión de mí. Tú eres siempre el mismo. Tú tienes siempre el mismo
poder; yo creo que Tú puedes sanarme porque tienes la misma compasión que tenías
con los enfermos; porque eres la resurrección y la vida.
Gracias, Señor Jesús, por lo que haces por mí y acepto tu plan de amor.
Te doy gracias y te alabo. A M E N
Llamados a trabajar por la salvación de los demás, para que todos los pueblos de
la tierra formen una sola familia y surja una humanidad nueva en Cristo nuestro
Señor, Amén.
PRECES
Lector: Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza para llevar
nuestra enfermedad con resignación y digámosle:
Todos: Mira a tus hijos, Señor y ten misericordia.
Lector: Dios de amor, que has hecho alianza con tu pueblo.
Todos: Haz que recordemos siempre tus maravillas.
Lector: Que los sacerdotes crezcan en la caridad.
Todos: Y que los fieles vivan en la unidad del espíritu con el vínculo de la paz.
Lector: Haz que siempre edifiquemos la ciudad terrena, unidos a ti.
Todos: No sea que en vano se cansen los que la construyen.
Lector: Manda, Señor, trabajadores a tus mies.
Todos: Para que tu nombre sea conocido y alabado en el mundo entero.
Lector: A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los
santos.
Todos: Y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino
celestial.
Lector: Dios todo poderoso y lleno de misericordia, protege al Papa
Francisco, a nuestro Obispo Don Héctor Luis, a nuestro Pbro. Fernando, Pbro.
Gustavo
Todos: A los que tú has elegido para guiar a tu Iglesia.
Lector: Protege, Señor, a nuestros pueblos y ciudades de la violencia, del
terrorismo y de la guerra.
Todos: Y aleja de ellos todo mal.
Lector: Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se
consagren a tu reino.
Todos: Siguiendo a Jesucristo en castidad y obediencia.
Lector: Conserva el propósito de las que se han consagrado a ti su virginidad.
Todos: Para que sigan al cordero divino adondequiera que vayan.
Lector: Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna.
Todos: Y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión con los
santos.
Lector: Luz y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los
hombres
Todos: Ilumina a todos los hombres con la luz de tu verdad.
Lector: Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara los
secretos de la naturaleza
Todos: Haz que las ciencias y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar
de todos los hombres.
Lector: Señor, míranos con amor, escucha nuestras súplicas y no permitas
que nos separemos de ti. Ten misericordia de nosotros y ayúdanos a vivir
siempre en tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Todos.- Jesús se hace anuncio, en el simple misterio de la Eucaristía. Él toma
entre sus manos lo más expresivo de su pobreza y lo transforma en Él. En
el pan y el vino que tiene entre las manos se queda Él, se obsequia y se
sumerge en la vida hambrienta de sus discípulos.
Este es el lenguaje de Jesús, el del amor. El de ofrecerse hasta alcanzar la
Máxima humillación. Hoy Jesús se queda para siempre en la Eucaristía.
Hoy Jesús nos demuestra que nos ama hasta el extremo.
Jesús quiso quedarse entre nosotros y ser el alimento que nos da fuerza para llevar su
mensaje. Recibamos las bendiciones del Santísimo Sacramento dando gracias por el
llamado a la vida y a la fe y por todas las personas que desde su vida y su fe posibilitaron
que nosotros hoy permanezcamos militando como soldados del Señor de Señores.
Oración final.
Todos:
¡Ante tu presencia estoy!
Mi Señor de quien espero todo el bien para mi vida. Que bendición poder estar ante tu
presencia esta noche cuando siento el deseo de pedirte que permanezcas a mi lado y me
protejas, siempre en mí caminar en la vida.
Como hijo (a) tuyo, con limitaciones y errores, tengo el privilegio de que me regalas tu
Santo Espíritu para que mi vida tenga paz y armonía.
Es por eso que aunque el retumbe, tengo la tranquilidad de que vas conmigo en la
barca, y es así como Tú, mi dulce Jesús de Nazaret le puede dar sosiego paz a esta alma
que no se cansa de amarte, como siempre llegas a tiempo a mi vida y a mis
circunstancias, me gusta decirte al oído: _ “Siempre vengo a Ti cuando la luz del día se
apaga y cae la tarde porque quiero cantar tus bondades”.
Permanece con todos nosotros y ayúdanos a estar arraigados con firmeza a tu santa
voluntad y a la hora de la muerte que tu gracia no nos abandone. Abrázanos, cúbrenos
con tu manto, que sintamos que no estamos solos, que estas Tu pendiente de nosotros y
que jamás nos abandonas. Dejo mis asuntos en tus manos para poder descansar
tranquilo te amo ¡Amén!