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Ensayo Pizarnik

El ensayo explora la vida y obra de Alejandra Pizarnik, destacando su desconexión existencial y su lucha contra el sufrimiento, la locura y el desencanto. A través de su poesía, Pizarnik refleja su dolor y su búsqueda de significado en un mundo que no la comprende, convirtiendo su escritura en un refugio y a la vez en una forma de autodestrucción. Su legado perdura como un testimonio de la experiencia humana, invitando a los lectores a confrontar las sombras de la psique y la complejidad de la existencia.

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Ensayo Pizarnik

El ensayo explora la vida y obra de Alejandra Pizarnik, destacando su desconexión existencial y su lucha contra el sufrimiento, la locura y el desencanto. A través de su poesía, Pizarnik refleja su dolor y su búsqueda de significado en un mundo que no la comprende, convirtiendo su escritura en un refugio y a la vez en una forma de autodestrucción. Su legado perdura como un testimonio de la experiencia humana, invitando a los lectores a confrontar las sombras de la psique y la complejidad de la existencia.

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Nombre: Francisca Madariaga.

Asignatura: Lengua y literatura.


Profesora: Raquel Donoso.
Curso: Tercero medio.

“LA POETA QUE NO ERA DE ESTE MUNDO, SE FUE Y NO SUPO VOLVER;


PIZARNIK Y SU CONDENA POÉTICA, EL VIAJE A SU INEXORABLE DESTINO”

Alejandra Pizarnik tiene algo que evoca; su legado y letras las cuales permanecen y
provocan para adentrarnos en su condena; su poesía, su ser, su sufrimiento y su
naturaleza de otro mundo. Por ello es que ensayo se adentrará al ideario de la
mente Pizarnik, su inexorable destino y desconexión existencial en este mundo que
no la pudo comprender, es aquella niña que se vuelve mujer y que se hace poeta,
una poeta que escribe a la oscuridad, al dolor y a los secretos del alma, construye
las bases de la locura, del desencanto, de lo maldito; con su espíritu camina en
entre la alquimia de la existencia y se vuelve con sus palabras una trascendente
viajera que nos atrae a su mundo, nos invita a su silencioso, pero ruidoso
sufrimiento.

“vivir en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo” Poesía completa, “El deseo de
la palabra”, Pizarnik, (1972)

Pizarnik nació en 1936 en una familia de inmigrantes ruso-judíos, durante su


infancia fue una niña retraída y aislada, siempre sintiéndose extraña en el mundo
que la rodeaba, la hija imperfecta, la marginada y alejada, buscando su refugio y
pasión en la lectura y escritura. Desde una tierna edad cargo con dolor y rechazo,
más tarde comenzaría una etapa rebelde de adolescencia y de joven adultez donde
escandalizaría, comenzado a estudiar Filosofía y letras en la universidad de Buenos
Aires, pero posterior no culminar y se retiraría a París donde formaría lazos
importantes en su vida con personas como Julio Cortázar, Silvina Ocampos y más,
desde este punto, comenzaría a navegar entre las profundidades de grupos
literarios de la bohemia porteña, entre noches de música, cigarros y alcohol se
adentraría a aquel mundo, donde formaría una trayectoria con la cual se le
distinguiría por sus grandes obras, ella publicaría exitosos libros, terminaría
consolidándose con “El árbol de diana” (1962) y postmortem su recopilación de
poesía completa y diarios, los cuales mostrarían su faceta más humana, más
sensible y más poetisa.

Hablar de Pizarnik, es hablar sobre una mujer desnuda en sus escritos, que hace
jugadas maestras entre lo fundamental de la temerosa existencia, que nos atrapa y
envuelve entre su locura de siempre, su marginada infancia, su descontrolada
adolescencia y su pérdida en la adultez, es una complejidad de explicar, dónde está
aquella niña desolada que no sabía desenvolverse en la vida, buscando su consuelo
en escribir, el alcohol y las drogas, escribir y escribir hasta lograr no ahogarse en
sus palabras, tenía un nivel inhumano de dolor.

DESCONEXIÓN DEL MUNDO

“Mis ojos? Ah! trozo de infinito” Alejandra Pizarnik «LA TIERRA MÁS AJENA» 1955

La poesía de Pizarnik retrata una desconexión que no es una vana característica, es


un núcleo de expresión poética y emocional en la cual ocupa imágenes y metáforas
lingüísticas que evidencian su antinatural existencia con la realidad, porque nació
poeta y nació aislada de este mundo ajeno, de esta tierra extraña, en el poema “Yo
soy” utiliza símbolos como “mi vida? vacío bien pensado” y “mis alas? dos pétalos
podridos” los ocupa para transmitir su sentimiento de condena que perpetúa en su
persona lejana de este lugar, creando una atmósfera en la que el mundo exterior
aparece como un lugar inaccesible y extraño, enfatizando su sensación de
aislamiento, su vocabulario refuerza esta experiencia de soledad, sus versos a
menudo reflejan un vacío profundo y una dificultad para conectar con los demás; En
una carta escribe: “Sé que soy poeta y que haré poemas verdaderos, importantes,
insustituibles, me preparo, me dirijo, me consumo y me destruyo”. Extracto de una carta sin
fecha dirigida a León Ostrov, en Bordelois, Ivonne, 1998, Correspondencia Pizarnik, (Seix
Barral, Buenos Aires, pág. 51)aquella afirmación no solo revela explícitamente su
autoconciencia como poeta, sino también su aguda percepción de su separación de
la vida ordinaria y de quienes la rodean, de reconocimiento de aquello omnipotente
que la persigue y la crea, “Alguna vez sabrás por qué hablas menos de lo que dices.
Alguna vez conocerás lo que ya habías dicho dijiste. Sólo tú puedes hablar del hablar porque
es tu emblema, tu flagelo.” (Sin Tierra Común, Alejandra Pizarnik) un aspecto clave en
aquella dualidad entre su ser interior y el mundo exterior, es la forma que se percibe
a sí misma como una entidad separada, atrapada entre su identidad poética y la
realidad tangible, en el poema “Sin tierra común” (Poemas no recogidos en libros
1956-1960) se ve esta dualidad que se manifiesta en una existencia fragmentada y
caótica, donde su experiencia personal se enfrenta a un universo indiferente y
desordenado.

“Una mujer muy sensible de un alma muy oscura. Fue una de las llamadas ‘poetas malditas’
porque era muy amarga, muy dolorosa a la hora de escribir. Ella veía la vida con mucho dolor”
Alarcón, M. C. (2024, Abril 27). Entrevista. El Sol de Tampico.
El sufrimiento es un enfoque central en la obra de Pizarnik, volviéndose su condena
y su escape al escribir, durante toda su vida se vio marcada por la lucha constante
contra la depresión, la ansiedad y la soledad; de joven sintiéndose fuera de este
mundo como un “ser extraño” desarrollaría su carácter complejo y subversivo,
comenzando posterior sus inicios de adicción a los fármacos, por ello mismo es que
su dolor la llevaría a adentrarse en la literatura y el existencialismo, a buscar
consuelo en su lírica y en la tinta con el deseo de comprensión, sobresalir y ser
reconocida. Pizarnik desnudaba su alma en las palabras, retratando su dolor con
una sinceridad que desgarra y es en este sufrimiento donde encontramos la
naturaleza de su obra.
Ella explora el sufrimiento humano mediante imágenes y referencias poderosas,
reflejando su experiencia de dolor en la metáfora, no es solo una triste narración, es
un viaje a las profundidades de su sentir, cada verso y cada línea se volvía un eco
proveniente desde su interior, ese sufrimiento surgía desde la percepción del mundo
como un lugar ajeno y hostil, lleno de sombras y silencios que amplifican su dolor;
como en su poema “Mendiga voz” de “Los trabajos y las noches” (1965) donde
explora en sus versos la idea del sufrimiento;

“Y aún me atrevo a amar

el sonido de la luz en una hora muerta,

el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.

Es tan lejos pedir. Tan cerca de saber que no hay.”

En esos versos, ella expresa la desolación y la desesperanza, el sentimiento de


derrota en la fría realidad, “el color del tiempo en un muro abandonado” es una de
las metáforas utilizadas para retratar la lucha que vive buscando la belleza y la paz
en este mundo tan ajeno y tan hostil para ella, “y aún me atrevo a amar” porque a
pesar de su sufrimiento, aún encuentra la valentía para amar pequeños destellos de
belleza, los cuales se van contaminando del suplicio de su existir.

Por otra parte, también tenemos el concepto de locura y el desencanto, ambos


temas recurrentes en la poesía y vida de Pizarnik, durante años luchando con su
propia cordura experimentando aquella batalla interna que la consumía. La locura
en su obra no es simplemente una pérdida de razón, es una cuerda floja en los
límites de la existencia humana, donde los matices de la realidad se mezclan con el
caos de emociones y los fragmentado pensamientos, Alejandra no puede pensar en
cosas concretas, su locura viene de lejos y ello le provoca el desencanto ante esta
tierra ajena.

"El foco temático de su escritura reside en un ser enfrentado sin piedad a los límites
esenciales; los subtemas son la soledad, el amor, la angustia, la muerte, la escisión psíquica,
la creación poética". Goldberg, Florinda F., 1994, Alejandra Pizarnik: "Este espacio que
somos", Hispamérica, USA, pág. 13

Pizarnik reconoce su identidad poética como un destino ineludible que la consume y


la destruye, aquel del cual no puede escapar, y esa conciencia que tiene de su
propia vida y muerte, es el reconocimiento de su condena poética y está
impregnada de una sensación de fatalismo y autodestrucción, donde la creación
poética se convierte en una forma de autoinmolación, donde la grandeza es su
fracaso y las palabras son cuchillos que la apuñalan, porque la poesía es tanto su
refugio como su tormento, un medio para expresar su dolor y, al mismo tiempo, una
fuerza que la impulsa hacia su propia destrucción.
En su poema “Solo un nombre” (1956), esta dualidad se hace evidente de forma
exacta; “alejandra alejandra… debajo estoy yo… alejandra” Aquí, Pizarnik aborda la
naturaleza paradójica de su existencia como poetisa, la lírica se vuelve su identidad,
pero también lo que la disocia, la palabra se vuelve su herramienta de creación,
pero también su fuente de sufrimiento y desbarajuste mental, siempre combatida en
la incomprensión de no encajar, siendo hija de extranjeros y la marginada; comienza
a preguntarse ¿Quién es?, escribe su nombre para tratar de afirmar su presencia,
¿Dónde termina el nombre y empieza ella?

“Su legado es un suntuoso legado de desmesura. Alguien que no se acomoda en la trampa.


La ficción de un yo lírico tensado en arco de oro cuya flecha rasga el silencio. Irónica en lo
fino y en lo crudo, no dejando títere con cabeza, maravillosa camarada de aventuras, sucia,
fea y mala. Muerta de deseo por vivir". Bellesi, Diana, 1996, Lo propio y lo ajeno, Feminaria
Editora, Buenos Aires, pág.49.

El legado de Alejandra Pizarnik es profundo y complejo, manchada por el


sufrimiento, la locura y el desencanto que siguen resonando dejando ecos en todos
aquellos que la leen, su obra es testimonio eterno de vida y es retrato de la guerra
constante contra la desesperación y su incesante deseo de encontrar algún
significado en esta tierra ajena, es la batalla contra su destino inexorable que venía
tras ella, que arrastraba desde su temprana edad y ya no se podía evitar, porque
cuando escribir ya no la acogió, el suicidio fue su consumación.

Pizarnik dejó un trabajo que no solo refleja su tormento personal, sino que también
ofrece una ventana a las profundidades de la experiencia humana, su poesía es la
valiente aventura en la existencia; la autenticidad entre el dolor y el caos, ella invita
a sus lectores a confrontar las sombras y a encontrar un significado en los rincones
más oscuros de la psique humana, su vida y obra de poeta están intrínsecamente
ligadas a su trágico final, la lírica no sólo prefiguraba su destino, más bien encapsula
su existencia marcada por el limbo incesante contra su propia naturaleza en este
mundo que nunca la pudo comprender, en su creación ella halla una vía de escape
y un refugio la reafirmación de su destino maldito, así, su muerte, más que un final,
se convirtió en una extensión de su arte, una última delación de su compleja
identidad.

“Sé, de una manera visionaria, que moriré de poesía. Es una sensación que no comprendo
perfectamente; es algo vago, lejano, pero lo sé y lo aseguro” Pizarnik. (Biografía de un mito,
2021) En sus propias palabras su trágica muerte, aunque devastadora, fue su
conclusión inevitable a su lucha, algo que no podía evitarse, algo que debía
aceptarse como su desenlace. Pizarnik vivió y murió como una poeta maldita, pero
es más que eso, es una mujer, una niña, una joven atrapada en un ciclo de creación
y autodestrucción, donde el dolor que la poseía era tanto que la llevó a su
inexorable final, de esta forma, su vida y su obra no reflejan solamente su condición
de poeta, sino que es la confirmación de que su muerte estaba predestinada desde
el primer verso que escribió, desde su primer pensamiento de dolor, un hecho
reiterado en cada poema de su mundo ideario.
BIBLIOGRAFÍA

● Pizarnik, A. (1955). La tierra más ajena: Yo soy. En Poesía completa (pp.


22-366). Lumen.
● Pizarnik, A. (1956). La última inocencia: Solo un nombre. En Poesía
completa (pp. 59-366). Lumen.
● Pizarnik, A. (1956-1960). Poemas no recogidos en libros: Sin Tierra
Común. En Poesía completa (pp. 239-366). Lumen.
● Pizarnik, A. (1965). Los trabajos y las noches: Mendiga Voz. En Poesía
completa (pp. 171-366). Lumen.
● Pizarnik, A. (1972). El deseo de la palabra. En Poesía completa (pp. 211-
366). Lumen.
● Alejandra Pizarnik. (2022, 16 septiembre). ¿Cómo cerrar la herida?
Fundación BBVA Perú. https://fundacionbbva.pe/opinion/alejandra-
pizarnik-como-cerrar-la-herida/
● Bellesi, D. (1996). Lo propio y lo ajeno. Feminaria Editora.
● Goldberg, F. F. (1994). Alejandra Pizarnik: “Este espacio que somos”.
Hispamérica.
● María Laura Santinelli. (1998). Acerca del poema acerca de Alejandra
Pizarnik. https://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/17/tx5.html
● Extracto de una carta sin fecha dirigida a León Ostrov, en Bordelois, I.
(1998). Correspondencia Pizarnik. Seix Barral.

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