1° BIMESTRE – TEMA 01
LIBERALISMO Y NACIONALISMO
En la segunda mitad del siglo XIX, luego de las revoluciones de 1848, se inició una nueva etapa política en Europa,
caracterizada por la difusión del liberalismo político. A su vez, el surgimiento del nacionalismo reformuló el mapa
geopolítico del continente.
1. El liberalismo político europeo.
Esta corriente de pensamiento tuvo sus orígenes en el siglo XVII como fundamento teórico del parlamentarismo inglés.
El filósofo John Locke (1632-1704) definió los principios básicos del liberalismo:
• La libertad, que se reflejaba en el reconocimiento de los principales derechos de las personas.
• La igualdad ante la ley, idea contraria a los privilegios de los estamentos.
• La propiedad como criterio de diferenciación social, concepto que consideraba que solo los que poseían propiedades
contribuían al Estado y, por eso, únicamente ellos tenían derecho a participar en el sistema político (sufragio
censitario). Durante el siglo XIX, la práctica del liberalismo político fue desigual en el mundo occidental. En los países
europeos occidentales –Francia, España y Alemania–, fue adoptado de forma intermitente y con profundas
limitaciones; en los países orientales, el predominio de las monarquías autoritarias de Austria y Rusia no permitió la
implantación plena de los principios del liberalismo. Los focos del liberalismo político en el mundo fueron Gran Bretaña
y Estados Unidos.
a) El liberalismo inglés.
En el siglo XIX, varias reformas en el sistema político británico reforzaron el rol político de la clase media y
disminuyeron el de la aristocracia. El primer paso se produjo con la reforma electoral de 1832 –la llamada Reform Act–
, que amplió notablemente el cuerpo electoral (de 440000 electores pasó a 700000 en una población de 15 millones
de habitantes). Los partidos políticos –los tories o conservadores y los whigs o liberales– fortalecieron su organización
interna e incorporaron en la política a nuevos sectores sociales. El segundo paso fue la reforma electoral de 1867 bajo
la dirección del primer ministro inglés Benjamin Disraeli, que significó el acceso al voto de un tercio del electorado.
b) La democracia en Estados Unidos.
El sistema político estadounidense contiene dos elementos específicos: la tradición política anglosajona, que permitió
afirmar las libertades individuales, y la ausencia de una sociedad de Antiguo Régimen, que facilitó la rápida instalación
de una política democrática. La originalidad del sistema político estadounidense estuvo en su capacidad de combinar
las libertades individuales con la regulación de las relaciones sociales de forma objetiva e igualitaria.
2. La ideología nacionalista.
Dos de los hechos más decisivos de la segunda mitad del siglo XIX fueron la difusión del nacionalismo y la constitución
de los Estados nacionales. Las raíces del nacionalismo se pueden encontrar en el pensamiento político ilustrado, que
sostenía que la soberanía de un Estado no reposaba en una dinastía gobernante, sino en el pueblo que lo constituía.
De esta manera se fue esbozando una idea de nación que se definía como el conjunto de individuos que conforman
una entidad política autónoma y soberana. Un acontecimiento histórico que influyó en el surgimiento del nacionalismo
fueron las guerras napoleónicas, pues la defensa de la patria ante la agresión extranjera despertó e intensificó los
sentimientos por la tierra natal en los pueblos agredidos. España, Alemania, Italia y Rusia desarrollaron ese
sentimiento nacional frente a la invasión napoleónica.
3. Tipos de nacionalismo.
En el siglo XIX, se plantearon dos grandes tipos de ideología nacionalista:
• El nacionalismo orgánico. Este tipo de nacionalismo fue postulado por el filósofo y teólogo alemán Johann Gottfried
Herder (1744-1803). Para Herder, la humanidad estaba formada por pueblos y no por individuos. En este sentido, los
pueblos habían sido capaces de forjar un carácter particular que Herder denominaba volkgeist o espíritu del pueblo.
La posición de Herder se reforzó en Alemania desde principios del siglo XIX por la lucha de liberación nacional que
Prusia llevó a cabo contra el expansionismo napoleónico. Durante la ocupación francesa, el filósofo alemán Johann
Gottlieb Fichte agregó a la propuesta de Herder dos ideas de gran trascendencia: ningún poder externo tiene derecho
a imponer sus normas a un pueblo, y todo pueblo que dispone de un carácter cultural propio tiene el derecho a
convertirse en Estado nacional.
• El nacionalismo liberal. Esta corriente se caracterizó por el protagonismo que concedía a la voluntad del individuo
para formar parte de una unidad política definida como nación. En este caso, la nación sería la consecuencia de una
decisión voluntaria de los miembros de una comunidad política. Este tipo de nacionalismo estuvo influido por la
Ilustración, en especial por el pensamiento revolucionario francés. Así, en teoría, la nación se constituía por la suma
de ciudadanos iguales ante la ley.
4. Las políticas nacionalizadoras.
Los diversos Estados nacionales iniciaron un proceso de creación y afirmación de las tradiciones cultura - les en el que
intelectuales y dirigentes políticos asumieron como tarea principal la difusión (a través de la enseñanza escolar, por
ejemplo) de los elementos y símbolos de identidad que debían conformar el “único y verdadero” ser nacional. Un caso
significativo fue el de la lengua: como en los Estados de Europa se hablaban diferentes lenguas locales, se trató de
institucionalizar y consolidar una única lengua nacional (un síntoma de esa situación fue el surgimiento de las
academias oficiales que debían establecer las reglas de la lengua). Al mismo tiempo, todas las lenguas regionales que
no habían alcanzado la categoría de nacionales desaparecieron o se transformaron en simples dialectos. Un proceso
similar sucedió con la construcción de una historia nacional: se realizó un importante esfuerzo para encontrar en el
pasado las marcas de la “presencia inmemorial” de la comunidad nacional, lo que representó una enorme empresa de
invención de un pasado nacional.
5. Los movimientos nacionalistas.
La ideología nacionalista generó dos tipos distintos de movimientos:
• Los movimientos disgregadores. Ocurrieron en grandes Estados integrados por pueblos diversos, como los imperios
austrohúngaro y otomano. En el primero surgieron movimientos nacionalistas, pero no lograron disolver la unidad del
imperio en el siglo XIX. En cambio, el Imperio otomano se fue fragmentando a lo largo de ese siglo: Grecia se
independizó en 1829; luego lo hicieron Serbia, Rumania, Montenegro, Bulgaria y Albania.
• Los movimientos unificadores. Estos pretendían unir en un solo Estado nación diversos territorios que eran
independientes o que estaban bajo el dominio de otro Estado. Los dos casos más destacados fueron las unificaciones
de Italia y Alemania.
6. La unificación italiana.
El proceso de unificación política de la península itálica se desarrolló en tres fases:
• Primera fase (1849-1860). Desde 1848, Víctor Manuel II de Saboya, rey de Piamonte-Cerdeña, dirigió el proceso
unificador. Para ello, contó con la ayuda de Camilo Benso, conde de Cavour, primer ministro desde 1852, y se alió con
Francia para luchar contra Austria, país que dominaba buena parte del norte de Italia. Austria fue derrotada en las
batallas de Magenta y Solferino (1859). Pero el temor de Francia a Prusia, aliada de Austria, redujo el alcance de los
acuerdos: Piamonte solo recibió algunos territorios de Lombardía. En 1860 se produjo la anexión de Parma, Módena
y Romaña a Piamonte, tras un referéndum en estos territorios. Luego se creó un Parlamento común para las zonas de
Italia que dominaba Víctor Manuel II y que se declaró Parlamento italiano.
• Segunda fase (1860-1865). Se centró en la campaña de incorporación de Sicilia, para la cual Cavour contó con el
apoyo de Giuseppe Garibaldi, líder nacionalista y republicano. En 1860, los campesinos sicilianos se sublevaron contra
el rey de Nápoles. Cavour aprovechó el descontento campesino y envió a Sicilia un contingente armado llamado
Expedición de los Mil (cuyos integrantes se conocían como “camisas rojas”) al mando de Garibaldi. Sicilia en el sur, y
Las Marcas y Umbría en el centro de Italia fueron incorporadas al reino de Piamonte. El nuevo Parlamento reconoció
a Víctor Manuel II como rey de Italia.
• Tercera fase (1865-1871). La guerra de Prusia e Italia contra Austria (1866) finalizó con la derrota austriaca, que
cedió Venecia a Italia. Roma quedó unida a Italia y proclamada capital del nuevo Estado en 1871 tras la derrota de
Francia ante Prusia en Sedán (1870). Pero el papa Pío IX no reconoció la anexión de Roma, situación que se resolvió
con los Tratados de Letrán (1929), que crearon el Estado de la Santa Sede en Roma.
Estados italianos en 1843 Rey Víctor Manuel II Camillo Benso, conde de Cavour
7. La unificación alemana.
En 1815, parte de Europa central quedó organizada en la Confederación Germánica, compuesta por 39 Estados, entre
los que destacaban Austria y Prusia. Pero el deseo de que los Estados alemanes formaran una sola nación se había
instalado con fuerza a partir de la lucha común contra el avance de Napoleón. A causa de las revoluciones de 1848, se
instauró un Parlamento en Fráncfort que reunió a los Estados alemanes con el fin de constituir un Estado unificado
bajo los ideales del liberalismo y el nacionalismo. Para ello, el Parlamento ofreció el trono al rey de Prusia, Federico
Guillermo II, quien lo rechazó porque no quería ver limitado su poder. Desde entonces, Prusia lideró un proceso de
unificación alemana de carácter conservador y autoritario.
La unificación pasó por tres fases:
• Primera fase (1859-1865). Los Estados alemanes, excepto Austria, habían formado en 1834 una unión aduanera
(Zollverein) para fomentar la cooperación económica. Prusia era el principal Estado alemán y pretendía liderar la
unificación, para lo que inició un proceso de industrialización, de reforzamiento del ejército y de reformas políticas. En
1862, Otto von Bismarck fue nombrado canciller de Prusia. Era un defensor del aumento de la autoridad del rey frente
a las tendencias democráticas y al predominio social de la aristocracia terrateniente. Dos años después, Bismarck logró
la anexión de los ducados daneses de Schleswig y Holstein a Prusia.
• Segunda fase (1866-1869). Prusia tenía una rivalidad con Austria, el otro gran Estado alemán. Bismarck,
aprovechando que Austria afrontaba la rebelión de los Estados italianos bajo su dominio, propició la invasión del
ducado austriaco de Holstein. La derrota de Austria en la batalla de Sadowa (1866) materializó la anexión y la creación
de la Confederación de la Alemania del Norte en 1867.
• Tercera fase (1870-1871). Bismarck firmó una alianza militar con los Estados alemanes del sur. Napoleón III,
emperador de Francia, se oponía a que estos fueran anexados por Prusia debido al peligro que un país unificado podía
suponer para Francia. Bismarck provocó una guerra con Francia, que fue derrotada en Sedán (1870). Como resultado,
Alemania se anexó Alsacia y Lorena, territorios que fueron causa de disputa con Francia hasta la Primera Guerra
Mundial. Nacía así el Segundo Imperio alemán o II Reich, cuyo rey era Guillermo I.
Guillermo I de Alemania El Imperio alemán de 1871 Otto von Bismarck, foto de 1890
Actividades:
1.- Según tu opinión, ¿cuál es la importancia histórica del surgimiento del liberalismo político?
2.- ¿En qué consistió la ideología nacionalista? ¿Cuáles son los tipos de nacionalismo que se forjaron durante el siglo
XIX?
3.- ¿Qué características políticas presentó el proceso de unificación de Italia?
4.- ¿Qué diferencias y similitudes existen con relación al proceso unificador de Alemania?