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Debate Alimentación

El documento aborda el conflicto relacionado con la producción y consumo masivo de alimentos, destacando problemas como la contaminación del agua, erosión del suelo y el uso de químicos en alimentos. Se enfatiza la necesidad de prácticas agrícolas sostenibles y el consumo responsable para mitigar el impacto ambiental y garantizar la seguridad alimentaria. Además, se mencionan las consecuencias de la agricultura intensiva, incluyendo la emisión de gases de efecto invernadero y la degradación de los recursos naturales.
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Debate Alimentación

El documento aborda el conflicto relacionado con la producción y consumo masivo de alimentos, destacando problemas como la contaminación del agua, erosión del suelo y el uso de químicos en alimentos. Se enfatiza la necesidad de prácticas agrícolas sostenibles y el consumo responsable para mitigar el impacto ambiental y garantizar la seguridad alimentaria. Además, se mencionan las consecuencias de la agricultura intensiva, incluyendo la emisión de gases de efecto invernadero y la degradación de los recursos naturales.
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Unidad Educativa “Nueva Generación”

Biología
Integrantes: Ayol Melany , Carrera Emily, Cevallos Ardany, Chacón Dayana y Sosa
Naomi
Tema: Producción y consumo masivo de los alimentos
Fecha: 28/01/2024
1.- Explicar el conflicto (cuál es el conflicto, por qué se desarrolla y cuáles son las
causas y consecuencias)
Investigación
- Contaminación del agua
- Erosión del suelo a causa de la agricultura masiva
- Los químicos en los alimentos
- El consumo masivo de carnes rojas
- Gases de efecto invernadero a causa de los desechos
- Contaminación por envases, desechables

- Hábitos del consumo responsable de los alimentos para el medio ambiente


- Soluciones para reemplazar el consumo masivo sin provocar la escasez de
alimento.

Contaminación del agua


Agrícola, el sector que más desperdicia

La agricultura y ganadería son los sectores que más agua utilizan y los que más la
desperdician. Según la Conagua, 57% del total utilizado, se desperdicia principalmente
por infraestructuras de riego ineficiente que se encuentra en mal estado, es obsoleta o
tiene fugas. La superficie irrigada es de 6.3 millones de hectárea.

Las pérdidas por infiltración y evaporación son de más del 60% del agua que se
almacena para uso agrícola.

La industria contamina más

La contaminación de los cuerpos acuíferos representa un problema adicional al


desperdicio y poca disponibilidad, y se genera cuando se descargan aguas residuales
sin tratamiento sin importar su origen, ya sea de tipo doméstico, industrial, agrícola o
minero. Aunque el porcentaje de agua que utiliza la industria es mucho menos que la
de uso agrícola, genera la contaminación equivalente a la de 100 millones de
habitantes, según datos de la CNA.
La industria azucarera es la que produce la mayor cantidad de materia orgánica
contaminante y la petrolera y química las que producen los contaminantes de mayor
impacto ambiental.

Es importante resaltar que, dado el ciclo hidrológico, un cuerpo de agua podría quedar
limpio en un tiempo corto si la fuente de contaminación se suspende, pero si hay
sedimentos y la contaminación no se suspende, puede tardar décadas en limpiarse.
El agua es un insumo fundamental para la producción agrícola y desempeña un papel
importante en la seguridad alimentaria. La agricultura de regadío representa el 20 %
del total de la superficie cultivada y aporta el 40 % de la producción total de alimentos
en todo el mundo. Es, en promedio, al menos el doble de productiva por unidad de
tierra que la agricultura de secano, lo que permite una mayor intensificación de la
producción y diversificación de los cultivos.
Debido al crecimiento demográfico, la urbanización y el cambio climático, se espera
que aumente la competencia por los recursos hídricos, lo que tendrá un impacto
particular en la agricultura. Las proyecciones indican que para 2050 la población del
planeta superará los 10 000 millones de habitantes y, ya sea en zonas urbanas o
rurales, dicha población deberá contar con alimentos y fibras para satisfacer sus
necesidades básicas. Se estima que para 2050 la producción agrícola deberá aumentar
aproximadamente un 70 %; por otra parte, como consecuencia del aumento de los
ingresos en gran parte del mundo en desarrollo, se incrementará el consumo de
calorías y de alimentos más complejos.

Los desplazamientos del agua deberán ser tanto físicos como virtuales. El
desplazamiento físico puede producirse a través de cambios en las asignaciones
iniciales de los recursos hídricos superficiales y subterráneos, principalmente de los
usuarios agrícolas a los usuarios urbanos, ambientales e industriales. El agua también
puede desplazarse virtualmente cuando la producción de alimentos, bienes y servicios
de elevado consumo hídrico se concentra en áreas que tienen abundantes recursos
hídricos y se vende a lugares donde dichos recursos escasean.

La actividad agrícola genera una cantidad considerable de emisiones de gases de


efecto invernadero, que contribuyen en gran medida al calentamiento global y al
cambio climático. Los isótopos estables y los radioisótopos pueden utilizarse para
desarrollar módulos de tecnología que ayuden a los Estados Miembros a reducir de
manera sostenible esas emisiones, mejorar la eficiencia en el uso de los recursos e
incrementar la productividad agrícola y pecuaria.
La agricultura es, a la vez, víctima y factor coadyuvante del cambio climático. Por un
lado, las actividades agrícolas representan aproximadamente el 30 % del total de las
emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente debido al uso de
fertilizantes químicos, plaguicidas y desechos animales. Esa tasa seguirá aumentando
como consecuencia del incremento de la demanda de alimentos por parte de una
población mundial cada vez mayor, el aumento de la demanda de productos lácteos y
cárnicos, y la intensificación de las prácticas agrícolas.
Por otro lado, entre los gases de efecto invernadero figuran el óxido nitroso (N 2O), el
dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4), que contribuyen al cambio climático y al
calentamiento global y, por tanto, tienen un enorme impacto en la sostenibilidad de
los sistemas de producción agrícola. Esto todavía no tiene en cuenta las emisiones de
gases de efecto invernadero asociadas al uso de plaguicidas, cuyo costo ambiental se
desconoce en gran medida.
Erosión del suelo
Naciones Unidas celebra este año el Día Mundial del Suelo destacando la importancia y la
relación entre el suelo y el agua para lograr sistemas agroalimentarios sostenibles y resilientes.
Hoy en día, el 33% de la tierra está moderada o altamente degradada debido a la erosión, la
salinización, la compactación, la acidificación o la contaminación de los suelos.
El 95% de los alimentos que se consumen a nivel global proceden del suelo y el agua, según
datos de Naciones Unidas. El crecimiento de la población mundial supondrá un aumento del
60% de la demanda de alimentos, piensos y fibras para 2050, pese a que existen pocas
posibilidades de ampliación de la superficie agrícola. Por ello, el manejo sostenible de los
suelos agrícolas y la producción sostenible son imprescindibles para invertir la tendencia y
garantizar la seguridad alimentaria.
Además, los suelos son fundamentales para el bienestar humano y de los ecosistemas por su
papel en la regulación de la retención y disponibilidad de agua, su capacidad para resistir
fenómenos climáticos extremos o porque actúan como sumideros de carbono. Pero a causa del
cambio climático y la actividad humana, los suelos de todo el mundo sufren erosión y
degradación, lo que pone en peligro la biodiversidad, la salud y la fertilidad del suelo, así como
la calidad y la cantidad de agua disponible que dependen de él. Por ello, desde 2014, Naciones
Unidades celebra cada 5 de diciembre el Día Mundial del Suelo.
El grupo de Agronomía y Medio Ambiente de Agrotecnio, liderado por el investigador del
centro y profesor de la Universitat de Lleida (UdL) Carlos Cantero Martínez, tiene diversos
proyectos específicos sobre este problema. Uno de ellos es el proyecto SintMed, financiado por
la Agencia Estatal de Investigación, que concluye en agosto de 2026. Mediante una estrategia
agronómica de “intensificación sostenible” en cultivos extensivos, en este proyecto se evalúan
los sistemas de producción de cultivos en el clima mediterráneo para fomentar el rendimiento
a la vez que se protege la calidad del aire, el suelo y el agua. SintMed es un proyecto
coordinado por la Estación Experimental de Aula Dei (CSIC) en el que Agrotecnio y la UdL se
centran en la rotación diversificada de cultivos de invierno de regadío y cultivos de cobertura
en verano en combinación con diferentes sistemas de manejo de suelo. Para lograr este
modelo de “intensificación sostenible”, se realizan mediciones sobre el rendimiento de los
cultivos y la eficiencia del uso del agua, pero también la calidad del polen, la actividad
microbiana o la dinámica de carbono y nitrógeno en el suelo.
Asimismo, el grupo de Física Química Medio Ambiental de Agrotecnio, liderado por los
catedráticos de la UdL Jaume Puy y Josep Galceran, también estudia el estado de los suelos en
el marco de un proyecto financiado por el Departament d’Acció Climàtica, Agricultura i Agenda
Rural de la Generalitat y otras fuentes. En este grupo, se analiza la calidad del agua y los suelos
en relación a la presencia de sustancias clave (como el zinc, el fósforo o el cobalto) y se toman
muestras para monitorizar su comportamiento en aguas naturales y suelos. Este año, en
el congreso DGT de París, el grupo presentó sus trabajos sobre la evaluación del fósforo en
suelos agrícolas a través de captadores pasivos. Esto es relevante para una aplicación más
racional de fertilizantes, que evite tanto consumos innecesarios como efectos nocivos de los
excesos sobre el medio ambiente.

Artículo publicado en la Crónica y el Portal Comunicación Veracruzana el 26 de mayo 2022

El ser humano y la demanda de los bienes que requiere para subsistir y llevar una vida plena
ejercen una enorme presión sobre los recursos que brinda el medio ambiente, y muchas de
estas afectaciones al medio tienen un efecto negativo, el cual es devuelto indirectamente al
hombre.
Uno de los procesos o actividades que más daño causan al ambiente es el cambio de uso de
suelo, es decir, la conversión de terrenos forestales a zonas de cultivo, potreros, crecimiento
urbano, instalación de industria o simplemente la tala para la obtención de maderas, entre
otros; que traen como consecuencia la pérdida del hábitat de muchas especies de flora y fauna
(Figura 2).
Cuando en las partes altas y medias de las cuencas hidrológicas se presenta un cambio de uso
de suelo se origina posteriormente un proceso de erosión, ello debido a que al no encontrarse
una cubierta de vegetación que le brinde protección y sustento al suelo, este es disgregado por
la acción del viento o la lluvia para posteriormente ser arrastrado, pendiente abajo, por la
fuerza de gravedad, es aquí donde se inicia la erosión; misma que se presenta en todo el
mundo y que afecta gran parte del territorio nacional, siendo más representativa en algunas
zonas del país.
El proceso de erosión del suelo es un fenómeno natural que en condiciones normales mantiene
un equilibrio en el medio; sin embargo, como ya fue mencionado, la actividad humana facilita y
a su vez acelera la incidencia de agentes erosivos con mayor fuerza, con lo que se multiplica
este fenómeno.
El proceso erosivo consta de tres fases: la primera es el desprendimiento de las partículas del
suelo, mientras que la segunda la constituye el transporte de dichas partículas por la acción del
agua (escurrimiento) o el viento; cuando disminuye la energía para el transporte de partículas
del suelo el movimiento cesa, entonces ocurre una tercera fase denominada depósito de
partículas o sedimentación. Para que se lleven a cabo todas estas fases es necesario un
elemento pasivo que es el suelo, y otro activo, que puede ser el agua, el viento o su
intervención combinada; de tal manera que la vegetación puede regular la interacción entre
ambos elementos. Es por ello por lo que los sitios con vegetación densa y mayormente
conservada presentan muy poca o nula perdida de suelo. Existen dos tipos principales de
erosión: la eólica y la hídrica.
La erosión eólica, es decir la provocada por el viento, se presenta por lo general en zonas semi-
áridas y áridas debido a que son sitios con escasa cobertura vegetal y poca precipitación
(slider), dando como origen el transporte de las partículas del suelo por varios kilómetros. Un
claro ejemplo de ello (aunque a gran escala e intensidad) son las tormentas de arena, que
transportan arena y polvo los cuales previamente fueron erosionados por vientos muy
intensos.
Por otra parte, la erosión hídrica es causada por los escurrimientos de agua que se presentan
en la superficie terrestre, pudiendo dividirse a su vez en erosión hídrica laminar y en cárcavas.
Estos tipos de erosión se producen por el impacto de las gotas de agua sobre el suelo y por el
consiguiente arrastre de las mismas en escurrimientos concentrados, teniendo un papel muy
importante la inclinación del terreno y la vegetación, ya que dichos factores pueden a su vez
frenar o incrementar el proceso (Figura 3).
Un efecto directo de la erosión es la disminución de su productividad (pérdida de nutrientes
esenciales), afectaciones en la infraestructura, comunicaciones o salud (transporte de polvos),
deterioro de sus propiedades físicas, pérdida de profundidad y en casos extremos la pérdida
total del suelo (deslizamientos de laderas); así como también la sedimentación en los ríos,
lagos y lagunas; por lo que con el paso del tiempo se reduce la capacidad de almacenamiento
del agua, dando origen a desbordamientos y por consiguiente inundaciones.
Es por estas razones que es de vital importancia proteger al suelo, ya que es un recurso
imprescindible para el ser humano y para el sostenimiento de la vida, pues su perdida trae
consigo un sinnúmero de afectaciones las cuales repercuten directamente en la vida y
actividades del ser humano.
CONSUMO
Los químicos en los alimentos
Mercurio
Tal vez usted recuerde el caso más reciente de mercurio presente en
algunas latas de atún, que fue noticia nacional y llevó al Invima a retirar
algunos productos del mercado.
El mercurio es un metal que suele encontrarse principalmente en el salmón
o el atún. Los riesgos son para los recién nacidos y las personas pueden
llegar a tener afectaciones al sistema nervioso y al desarrollo del cerebro.
Esto solo ocurre si consumen grandes cantidades y por un largo tiempo.
Arsénico
Un estudio, hace algunos años, determinó que 10% de los jugos de
manzana tenían altos niveles de arsénico. Este producto también se puede
encontrar en frutas y hortalizas. Los principales efectos son padecer cáncer
de piel, vejiga y pulmón, además problemas cardíacos.
Hormonas
Es común que algunos animales sean inyectados con hormonas. Al pasar al
cuerpo humano produciría desajustes en el cuerpo y cáncer.
Dioxinas
Las dioxinas son producto de los desechos industriales, que contaminan el
agua y los suelos. Posteriormente pueden llegar al ganado, infectándose la
carne y la leche para el consumo. La Organización Mundial de la Salud
(OMS) informó que las dioxinas pueden provocar alteraciones en el sistema
inmunológico, desbalance hormonal, y problemas reproductivos.
Pesticidas
¿Pesticidas?, sí. Algunos alimentos pueden tener pesticidas, no todos y no
es común. Este componente se puede ver en frutas y hortalizas, que llegan
a estos cuando en la etapa de producción se tiene el objetivo de quitar las
plagas. En caso de consumir grandes cantidades, las personas pueden morir
por envenenamiento.
Para Carolina Lorduy, directora de la Cámara de Alimentos de la Andi, “hay
que tener en cuenta que los alimentos tienen ciertas sustancias tóxicas. Lo
importante es controlar los umbrales normal con las autoridades sanitarias”.
Bisfenol
Aunque no es muy conocido el BPA es un elemento que se encuentra en
botellas, tuppers e incluso mamilas, y en las latas. Los expertos dicen que
su composición puede llevar a que el riesgo de diabetes sea mayor, así
como los problemas del corazón y del hígado.
Plomo
El plomo se ha caracterizado por ser uno de los componentes que está en
algunos productos como la comida, por ejemplo el arroz. En 2014 se registró
un problema por esta sustancia, ya que la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) dijo que 0,01 miligramos pueden afectar el desarrollo normal
cerebral de los niños.
BHA y BHT
El BHA y BHT son conservadores que se agregan a las comidas, por lo tanto
es lógico que la comida frita empacada contenga este componente. El
mayor riesgo es que pueda dificultar la digestión, aunque en un futuro
puede ser un problema repetitivo y más grave.
Nitratos de sodio
Este es otro elemento que se utiliza para conservar y realzar el sabor de los
embutidos. A diferencia de la sustancia anterior, el nitrato de sodio puede
generar cáncer, cuando el volumen es muy alto.
Bromato de potasio
El bromato de potasio básicamente está en la harina de pan y puede llegar
a ser cancerígeno, así como producir tumores en los riñones.
Pilar Serrano, nutricionista, puntualizó que a pesar de los peligros que
pueden presentar cada uno de estos componentes en los alimentos, “las
autoridades sanitarias han disminuido a cero los riesgos. Los consumidores
pueden estar tranquilos”.
¿Para dónde va la tendencia de consumo?
Los consumidores cada vez están dispuestos a comer alimentos más
saludables. Esto se demuestra en un informe de Nielsen de hábitos de
consumo, en el cual se detalló que 57% de las personas están dispuestas a
pagar más por alimentos y bebidas que no contengan ciertos ingredientes
como conservantes, colores y sabores. (ver gráfico) Además, 60% de los
colombianos tiene una dieta especial, en la cual prefieren limitar el consumo
de grasa, azúcar y lactosa. Y es que 70% de la población prefiere productos
totalmente naturales.

LOS PLAGUICIDAS

Los plaguicidas son potencialmente tóxicos para los seres humanos y pueden tener efectos
agudos y crónicos en la salud de las personas, dependiendo de la cantidad y la forma de
exposición.

Las personas cuyos riesgos para la salud por exposición a los plaguicidas son mayores son
aquellos que entran en contacto con ellos en el trabajo, el hogar o el jardín.

Los principales efectos a largo plazo de los plaguicidas se pueden agrupar en: los que afectan
directamente al individuo expuesto como esterilidad, anemia aplástica, cáncer y trastornos
diversos; y los que se observan en su descendencia (teratogénesis, mutagénesis, alteraciones
del sistema inmunológico o del sistema …

Fungicidas

Los químicos de los fungicidas como el metam-sodio, ziram y ferbam son conocidos por causar
dermatitis de contacto, enfermedad crónica de la piel, alteraciones visuales, edema pulmonar y
otros efectos. Algunos pueden ser fatales. Todos los fungicidas son venenosos cuando se
ingieren.

Los químicos presentes en los alimentos pueden causar contaminación del agua, los suelos, el
aire, la flora y la fauna. Efectos globales: pérdida de la capa de ozono, efecto invernadero,
pérdida de la biodiversidad

Pesticidas y productos químicos: los productos que se usan en la agricultura y en la industria


convencional liberan enormes cantidades de gases de efecto invernadero, que son causantes
directos del deterioro de la capa de ozono y del cambio climático.

Desechos industriales y domésticos: el consumo masivo promueve procesos industriales en


cadena que pasan por alto la protección del medio ambiente. Los desechos que se generan tras
estos procesos son una de las principales causas de la contaminación.

Combustibles fósiles: la excesiva explotación del carbón, el petróleo y el gas natural, entre
otros, genera altos índices de contaminación, no solo en el aire sino en los entornos en donde
se extraen tales recursos.

Los altos índices de producción de basura: el alto consumo de bienes genera un nivel de
residuos desmedido; cuantos más bienes sean, mayores daños causarán a la Tierra, de ahí la
importancia de su selección.

TIPOS DE DESECHOS

Grupo 1: Restos biodegradables

Los restos biodegradables, también conocidos como biorresiduos, responden a todos aquellos
restos generados durante la producción y manipulación de alimentos y que pueden ser
biodegradados.

¿Cómo podemos identificar si un residuo es biodegradable? Cuando éste se descompone a


través de diferentes microorganismos que habitan en el ambiente.

Grupo 2: Residuos industriales

El segundo gran grupo de residuos alimentarios es el de los restos industriales, que son muy
comunes en cualquier industria alimentaria.

Se trata de residuos generados durante el proceso de producción y manipulación de alimentos


en cualquier planta industrial.

Grupo 3: Residuos peligrosos

Como su propio nombre indica, los residuos peligrosos son aquellos que suponen un riesgo
para el medio ambiente y también para la salud de las personas.

Se trata de sustancias que se consideran peligrosas debido a sus propiedades físicas o


químicas.

Es el caso de agentes que se consideran tóxicos, corrosivos o inflamables como, por ejemplo,
los productos químicos que intervienen en diferentes partes del proceso de producción y
manipulación de alimentos.

Grupo 4: SANDACH
El término SANDACH es bastante conocido entre el personal que trabaja en las plantas
alimentarias.

Estas siglas responden a la descripción “Subproductos de origen Animal No Destinados Al


Consumo Humano”.

Los residuos alimentarios que se encuentran en este grupo son todos aquellos que no pueden
clasificarse en las tres categorías anteriores. Es el caso del aceite que usamos para freír o de los
restos inertes de ganado.

El masivo consumo de carnes rojas


El 14,5% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero a nivel mundial proceden
directamente de la ganadería.
El 80% de la deforestación de la Amazonia se atribuye a la actividad ganadera.
Con casi 2.000toneladas, España es el país de la UE con mayor consumo de antibióticos en los
animales productores de alimentos.

El problema
El consumo exacerbado de carne y otros derivados animales procedentes de
la ganadería industrial es una de las cuestiones alimentarias más importantes de nuestros
tiempos. Su consumo en los países desarrollados ha alcanzado niveles
totalmente insostenibles, y lo peor es que se considera normal, natural, necesario y
agradable. España es el primer país europeo y el quinto mundial que más carne consume por
persona al año.
Estos son los siete grandes problemas derivados de un excesivo consumo de carne:
1. Daña nuestra salud
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado a la carne procesada como
“carcinógena para los humanos” y la carne roja como “probablemente carcinógena para los
humanos”. Además, el consumo excesivo de carne, en combinación con otros factores como la
falta de ejercicio físico, contribuye a deteriorar nuestra salud, generando sobrepeso, obesidad,
diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares.
Por otra parte, el uso masivo de antibióticos en la ganadería industrial contribuye
significativamente al desarrollo de resistencias a estos medicamentos. Según la OMS, la
resistencia a antibióticos podría provocar más muertes que el cáncer en 2050. España es el país
de Europa que más los utiliza en este sector.
2. Contribuye al cambio climático
La ganadería es responsable de la emisión del 14,5% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI),
tanto como todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos. Entre los gases emitidos se
encuentran el CO2, pero especialmente el metano y el óxido nitroso, dos gases de efecto
invernadero mucho más potentes que el CO2. Estos gases provienen de las emisiones directas,
pero también de las indirectas derivadas de un modelo de agricultura dependiente del petróleo
y de los plaguicidas y fertilizantes químicos que sustentan a la ganadería industrial. No
podemos frenar el calentamiento global si no cambiamos el modo de producir y consumir
carne y otros derivados animales.
FIRMA Y DI NO A LAS MACROGRANJAS
3. Monopoliza la tierra cultivable
Con cerca del 75%-80% de la superficie agrícola destinada a la ganadería, tanto en forma de
pastos como para producir piensos, no conseguiremos salvar los bosques y frenar la pérdida de
biodiversidad a menos que frenemos la expansión de la ganadería industrial. Estamos
transformando la Amazonia en filetes baratos: el 80% de la deforestación se atribuye a la
actividad ganadera.
4. Merma la biodiversidad
La agricultura industrial destruye masivamente la biodiversidad, incluso la alimentaria. En el
mundo existen más de 30.000 especies vegetales comestibles pero cada vez centramos más
nuestra alimentación y la de los animales en cuatro: trigo, soja, maíz y arroz. Lo mismo hace la
ganadería industrial. Según la FAO, la quinta parte de las razas de ganado a nivel mundial está
en peligro de extinción.
Los monocultivos para la producción de piensos son altamente demandantes de fertilizantes y
plaguicidas sintéticos, una amenaza directa para muchas especies. Las lindes de los campos y
los setos desaparecen, destruyendo así importantes hábitats incluso para la propia agricultura
porque son refugio y fuente de alimento para muchas especies beneficiosas, como los insectos
polinizadores.
No podemos permitirnos seguir perdiendo biodiversidad, por eso tenemos que cambiar el
modo de producir y consumir carne.
5. Envenena el agua
Purines, antibióticos, fertilizantes y plaguicidas contaminan los acuíferos llegando a provocar
“zonas muertas” en los océanos. Además, la ganadería demanda altas cantidades de agua. Por
ejemplo, para producir 1 kg de filete de ternera son necesarios 15.000 litros de agua, mientras
que para producir 1 kg de trigo hacen falta 1.300 litros o 131 para 1 kg de zanahorias. El agua
es vida y para que siga siéndolo hay que cambiar el modelo productivo y reducir el consumo de
carne.
6. Favorece un sistema de producción de grandes capitales
El aumento en la eficiencia y eficacia de la producción de carne y otros derivados animales
concentra el poder de mercado en unas pocas manos, en detrimento de las pequeñas
comunidades agrícolas. Cambiar el modo de producir y consumir carne es una forma de
cambiar las reglas del juego y de promover la soberanía alimentaria.
7. Olvida el bienestar animal
Todo el modelo de ganadería industrial se basa en un principio básico: alimentar y sacrificar a
los animales lo más rápidamente posible y bajo cualquier condición para maximizar los
beneficios. Esto generalmente significa mantener vacas, cerdos y pollos en explotaciones con
una elevada densidad de animales, no respetando su bienestar y creando una bomba de
relojería para el surgimiento de enfermedades. Apoyar la ganadería extensiva y ecológica es
apoyar un modelo donde los animales viven dignamente y contribuyen al equilibrio ecológico.
«Si el consumo alimenticio de España volviera a los patrones de la dieta mediterránea de
antaño, las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos
bajarían un 72%; el uso de tierras agrícolas se reduciría un 58%; el consumo de energía
disminuiría un 52% y el de agua un 33%»
La solución
Ante este escenario solo hay una solución, a saber, la reducción drástica de la producción y
consumo de carne y otros derivados animales. La apuesta por una dieta baja en proteína
animal y donde predominen los alimentos de origen vegetal, ecológicos y locales es la mejor
para nuestra salud y la del planeta.
Gases de efecto invernadero a causa de los desechos

Hoy en día, un tercio de toda la comida producida en el mundo se desperdicia. Eso


equivale a alrededor de 1,300 millones de toneladas de frutas, verduras, carne,
lácteos, mariscos y granos que se malogran en la granja, se pierden, se estropean
durante la distribución o se tiran en los supermercados, restaurantes y las cocinas
de los hogares. También es suficiente alimento como para alimentar, varias veces,
a todas las personas con problemas de desnutrición en el mundo.
Pero el desperdicio de alimentos no es solo una preocupación social o
humanitaria, sino ambiental. Cuando desperdiciamos alimentos, también
desperdiciamos toda la energía y el agua que se requieren para cultivarlos,
cosecharlos, transportarlos y empacarlos. Y si los alimentos llegan a parar en el
vertedero y se pudren, producen metano, un gas de efecto invernadero aún más
potente que el dióxido de carbono. El desperdicio de alimentos genera
aproximadamente el 8% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero
ocasionadas por el hombre. Solo en Estados Unidos, la producción de alimentos
perdidos o desperdiciados genera el equivalente en emisiones de gases de efecto
invernadero a 43 millones de automóviles.

A medida que la población mundial continúa creciendo, nuestro desafío no


debería ser cómo cultivar más alimentos, sino alimentar a más personas y
desperdiciar menos de lo que ya producimos. Afortunadamente, hay muchas
medidas que podemos tomar como consumidores y que pueden representar una
importante diferencia. Ayudar a los más necesitados con alimentos que sobren,
congelar algunos alimentos, realizar las compras en forma planeada y crear
composta para evitar que desperdicios comestibles terminen en los vertederos,
pueden ser sencillas acciones que podemos tomar para reducir nuestras
emisiones.

Los desechables

Los desechables, como platos, vasos y cubiertos de un solo uso, son productos de
consumo masivo que plantean desafíos significativos en términos de sostenibilidad y
gestión de residuos. Desde su proceso de producción hasta su descomposición, los
desechables tienen un impacto ambiental considerable. A continuación, se abordarán
diversos aspectos relacionados con los desechables, incluyendo su fabricación, los
materiales utilizados, el tiempo de descomposición y las alternativas sostenibles.
## Proceso de producción de desechables
Los desechables se fabrican a partir de una variedad de materiales, incluyendo plástico,
papel, poliestireno y materiales vegetales. El proceso de producción varía según el
material utilizado. Por ejemplo, los desechables de plástico se fabrican mediante la
extrusión y moldeo por inyección, mientras que los productos de papel generalmente
involucran el prensado y conformado de la pulpa de papel. La fabricación de
desechables conlleva el consumo de recursos naturales y la emisión de gases de efecto
invernadero, lo que contribuye al cambio climático[1].
## Materiales y descomposición
Los desechables de plástico, como las bolsas, botellas y utensilios, representan una
preocupación significativa debido a su lento proceso de descomposición. Por ejemplo,
las botellas de plástico pueden tardar hasta 450 años en descomponerse, mientras que
las bolsas de plástico pueden requerir entre 10 y 1000 años[2]. En contraste, los
desechables de papel suelen descomponerse más rápidamente, generalmente en unos
pocos meses. La descomposición de los desechables de materiales vegetales varía
según el tipo de material y las condiciones ambientales.
## Impacto ambiental
El uso generalizado de desechables ha llevado a la acumulación de residuos en el
medio ambiente, especialmente en los océanos. Se estima que cada año, millones de
toneladas de desechos plásticos ingresan a los océanos, lo que afecta la vida marina y
los ecosistemas costeros[2]. Además, la fabricación de desechables conlleva la emisión
de gases de efecto invernadero y la degradación de los ecosistemas naturales debido a
la extracción de materias primas.
## Alternativas sostenibles
Para abordar el problema de los desechables, se están desarrollando y promoviendo
alternativas sostenibles, como productos compostables y reutilizables. Los productos
compostables, fabricados con materiales biodegradables, ofrecen una opción más
amigable con el medio ambiente, ya que se descomponen en condiciones de
compostaje. Asimismo, fomentar el uso de productos reutilizables, como vasos y
cubiertos duraderos, puede contribuir a reducir la dependencia de los desechables de
un solo uso.
En resumen, los desechables plantean desafíos significativos desde su producción hasta
su descomposición. El impacto ambiental de estos productos ha generado un creciente
interés en el desarrollo de alternativas sostenibles y en la adopción de prácticas de
consumo más responsables. La transición hacia el uso de productos reutilizables y
compostables puede desempeñar un papel crucial en la reducción del impacto de los
desechables en el medio ambiente.
Los desechables, como platos, vasos y cubiertos de un solo uso, son productos de
consumo masivo que plantean desafíos significativos en términos de sostenibilidad y
gestión de residuos. Desde su proceso de producción hasta su descomposición, los
desechables tienen un impacto ambiental considerable. A continuación, se abordarán
diversos aspectos relacionados con los desechables, incluyendo su fabricación, los
materiales utilizados, el tiempo de descomposición y las alternativas sostenibles.
## Proceso de producción de desechables
Los desechables se fabrican a partir de una variedad de materiales, incluyendo plástico,
papel, poliestireno y materiales vegetales. El proceso de producción varía según el
material utilizado. Por ejemplo, los desechables de plástico se fabrican mediante la
extrusión y moldeo por inyección, mientras que los productos de papel generalmente
involucran el prensado y conformado de la pulpa de papel. La fabricación de
desechables conlleva el consumo de recursos naturales y la emisión de gases de efecto
invernadero, lo que contribuye al cambio climático[1].

## Materiales y descomposición
Los desechables de plástico, como las bolsas, botellas y utensilios, representan una
preocupación significativa debido a su lento proceso de descomposición. Por ejemplo,
las botellas de plástico pueden tardar hasta 450 años en descomponerse, mientras que
las bolsas de plástico pueden requerir entre 10 y 1000 años[2]. En contraste, los
desechables de papel suelen descomponerse más rápidamente, generalmente en unos
pocos meses. La descomposición de los desechables de materiales vegetales varía
según el tipo de material y las condiciones ambientales.
## Impacto ambiental
El uso generalizado de desechables ha llevado a la acumulación de residuos en el
medio ambiente, especialmente en los océanos. Se estima que cada año, millones de
toneladas de desechos plásticos ingresan a los océanos, lo que afecta la vida marina y
los ecosistemas costeros[2]. Además, la fabricación de desechables conlleva la emisión
de gases de efecto invernadero y la degradación de los ecosistemas naturales debido a
la extracción de materias primas.
## Alternativas sostenibles
Para abordar el problema de los desechables, se están desarrollando y promoviendo
alternativas sostenibles, como productos compostables y reutilizables. Los productos
compostables, fabricados con materiales biodegradables, ofrecen una opción más
amigable con el medio ambiente, ya que se descomponen en condiciones de
compostaje. Asimismo, fomentar el uso de productos reutilizables, como vasos y
cubiertos duraderos, puede contribuir a reducir la dependencia de los desechables de
un solo uso.
En resumen, los desechables plantean desafíos significativos desde su producción hasta
su descomposición. El impacto ambiental de estos productos ha generado un creciente
interés en el desarrollo de alternativas sostenibles y en la adopción de prácticas de
consumo más responsables. La transición hacia el uso de productos reutilizables y
compostables puede desempeñar un papel crucial en la reducción del impacto de los
desechables en el medio ambiente.
Hábitos de los consumos responsables de los alimentos en el medio ambiente

Al acortar la distancia entre el lugar de producción de un producto hasta el lugar de


consumo, se está aportando una serie de beneficios hacia el medio ambiente (menor
embalaje, menor costo ambiental de transporte, menor contaminación,…) y hacia la sociedad
(impulso de la economía local, fomento laboral a escala regional, inversión en infraestructuras
locales y conservación de la cultura y las costumbres del entorno)

1. Elija productos frescos en lugar de procesados.


2. Evite los productos con un embalaje excesivo.
3. Seleccione los productos con certificación de calidad o con la "A" de consumo energético
eficiente.
4. Escoja productos biodegradables o con el distintivo de respetuoso con el medio ambiente.
5. En el caso de las fundas:
Reutilizar significa volver a usar los productos que todavía tienen vida útil. Cuantos más
productos se pueda volver a utilizar, menos recursos se tendrán que explotar.

6. El desperdicio de alimentos

Descarte por superar o encontrarse cerca de su fecha de consumo preferente o que la


hayan superado.

Se pueden adoptar una serie de pautas de conducta para lograr la minimización de tales
desperdicios alimentarios, entre las cuales destacan:

 Planificar el menú semanal evitando las improvisaciones.


 Acudir al mercado con una lista de la compra de los productos alimenticios que
realmente se necesiten.
 Tratar de acudir al establecimiento con mayor frecuencia haciendo pequeñas
compras en lugar de pocas veces haciendo compras masivas.
 Para hacer una compra adecuada, revisar regularmente la despensa, la nevera y el
congelador para comprobar los productos que empiezan a escasear y de los cuales
se tienen existencias.
 Apostar por productos procedentes de comercio de proximidad y productos de
temporada, así como los que tengan canales cortos de comercialización (pocas
entidades intermediarias entre el lugar de producción y el sitio donde se
comercian).
 Acostumbrarse a leer las etiquetas de los productos alimenticios ya que esta es la
fuente de información primordial sobre los mismos, considerando de manera
especial sus fechas de caducidad y de consumo preferente. No hay que confundir
ambas fechas

Determina la huella ecológica que ciertos estilos de vida y el consumismo producen.

Identifica qué empresas, qué productos y qué servicios son respetuosos con el
ambiente y los derechos humanos.

Asegura la calidad de lo comprado.


Plantea qué tipo de comercio se pretende privilegiar

Hábitos para disminuir los residuos


Evita los productos de usar y tirar. Compra cosas que puedas reutilizar
Utiliza la menor cantidad de envoltorios posible, porque es más limpio quien
menos ensucia.
Reutiliza las bolsas que te dan en los establecimientos donde compras tus
productos. Lo mejor, sin duda, es ir a la compra con nuestra bolsa de tela, que
podemos llevar en el bolso, porque cuando está plegada ocupa muy poco
espacio. En caso de que aún así necesites bolsas extras, cuando llegues a casa
no las tires a la basura, almacénalas para cuando vuelvan a hacerte falta.
Soluciones
1. Desterrar el desperdicio de comida
Uno de los mitos más comunes sobre la seguridad alimentaria es que todo depende de la
producción. Por el contrario, la mayoría de las hambrunas del mundo tienen su raíz en
problemas de distribución o acceso a los alimentos. Aproximadamente, un tercio de toda la
comida se pierde o se desperdicia en el proceso que va de la explotación a la mesa. Y 1.300
millones de toneladas de comida desperdiciada significa millones de kilómetros cuadrados de
tierra desperdiciada.
Hay muchas soluciones para acabar con el desperdicio de comida. El Instituto de Recursos del
Mundo (The World Resources Institute, en inglés) ha propuesto que los gobiernos incorporen a
sus objetivos políticos reducir este maluso, que creen supervisores independientes para
controlar los residuos de comida y que inviertan en reducir las pérdidas que suelen sufrir las
cosechas en los países en desarrollo. También recomiendan una mejora en el fechado de la
caducidad de los alimentos en las etiquetas.
2. Comer menos carne
«Cuando se afronta la pregunta de cómo reducir la explotación de la tierra, la clave es, por
supuesto, disminuir el consumo de productos de origen animal», defiende Pierre-Marie
Aubert, el líder de Iniciativa para las Políticas Alimentarias Europeas (European food policy
initiative, en inglés) en la oficina parisiense del think-tank Iddri. «Se trata de una razón muy
simple: la producción animal consume la inmensa mayoría de la superficie verde del planeta».
La ganadería, incluida las materias primas necesarias para su sustento, emplea el 83% de la
tierras productivas, pero produce solo el 18% de las calorías que consumimos. Una dieta
basada en vegetales reduce el uso de la tierra en un 76% y emite la mitad de gases de efecto
invernadero y de otros también contaminantes, procedentes de la agroindustria.
Mientras el mundo empobrecido se beneficiaría de una ingesta mayor de proteina animal, en
el Norte global una drástica reducción del consumo de carne puede ir de la mano de
una alimentación más sana.
3. Alejarse de (algunos) cultivos de los países empobrecidos
En las pasadas décadas, hemos visto cómo los productores de los países en desarrollo se
enfocaban en satisfacer el apetito del Norte Global con producciones como el café, el cacao y el
aceite de palma. El resultado fue la sustitución de una rica variedad de cultivos por un puñado
de monocultivos.
La reducción del número de cultivos no solo afecta a las dietas locales, sino que la consecuente
introducción de métodos intensivos de producción para la homogeneización de las
plantaciones puede acabar con los imprescindibles polinizadores.
Así, la producción de soja ha supuesto importantes riesgos para la seguridad alimentaria en
Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina. Lo mismo está ocurriendo en Indonesia y Malasia por las
megaplantaciones de aceite de palma.
«Es una doble pérdida para todos. Perdemos en términos de producción y por la degradación
del ecosistema», explica Aubert. Por ello, recomienda la diversificación de la agricultura.
4. Intensificar la agricultura sostenible en el Sur Global
«Las vacas deben sentirse solas en Brasil», bromeó el enviado de Reino Unido para el clima,
David King, cuando en una visita al país latinoamericano comprobó las vastas extensiones de
tierra en las que pasta el ganado.
En muchos países tropicales, se talan los bosques para crear tierras de pasto, pero como los
ganaderos no invierten en el cuidado de las tierras, estas se van deteriorando rápidamente. Los
ingresos de los ganaderos disminuyen por la pérdida de productividad de sus terrenos, lo que
les lleva a talar nuevas fincas, alimentando este círculo vicioso.
La principal razón de deforestación en Brasil es la ganadería, que ha despojado más de 450.000
kilómetros cuadrados al Amazonas, para una media de 1,3 vacas por hectárea.
Carlos Nobre, un investigador de Sistemas de la Tierra en la Universidad de Sao Paulo, explica
que con mejores prácticas ganaderas, cada res podría criarse en la mitad de espacio,
reduciendo la deforestación.
5. Desintensificar la agricultura en el Norte Global
Por el contrario, en los países enriquecidos los cultivos intensivos han ido demasiado lejos.
Desde la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló todo un revolucionario sistema para acabar
con la escasez de alimentos, pero que resultó altamente perjudicial para el suelo.
El uso intensivo de fertilizantes y pesticidas, acompañado del arado mecánico, es insostenible a
largo plazo. En 2018, un informe de Iddri sostenía que era esencial que Europa incorporase
prácticas verdes a su producción de alimentos para el futuro de la seguridad alimentaria y para
el almacenamiento de carbono, lo que sumado a los cambios en la dieta (punto 2), podría
reducir la emisión de la ganadería en un 40%.
6. Convertir las tierras de cultivo en una esponja de carbono
En todo el mundo, los cultivos deberán desarrollar estrategias para absorber dióxido de
carbono. Hay intentos y métodos probados para conseguirlo, como combinar diferentes
cultivos en un mismo terreno o estresar menos la tierra reduciendo el número de arados.
Irrigar los cultivos con biochar –un carbón producido a partir de materia vegetal–, también
ayudaría a que los suelos almacenaran más carbono.
7. Cuidar los ecosistemas ricos en carbono
Cuando se trata de almacenar carbono, no todas las tierras funcionan igual. Los hábitats
costeros, como manglares, pastos marinos y marismas, pueden absorber hasta 40 veces más
rápidamente carbono que los bosques tropicales. Las turberas, que cubren el 3% de la
superficie terrestre, representan la mayor reserva de dióxido de carbono terrestre.
Cuidar estos ecosistemas debería ser una prioridad para mantender las emisiones bajo control.
Además, suponen una efectiva barrera contra las inundaciones y las tormentas –que, además,
pueden acabar con los cultivos– y crear hábitats para la biodiversidad y los polinizadores.
8. Elegir los cultivos adecuados para la bioenergía
Algunos biocombustibles son mejores que otros. La primera generación provocó una
controversia ya que empleaban destilados de cultivos de maíz, azúcar de caña, cozal, soja y
aceite de palma. En los peores casos, algunos estudios demostraron que estos biocombustibles
contaminaban más que los petrolíferos. Por ejemplo, por el impacto cuando se deforestan
bosques para instalar grandes plantaciones de aceite de palma.
La tercera generación de biocombustibles se basa en el empleo de algas, prometedores en
teoría ya que estas tienen 200 veces más biomasa que los ingredientes terrestres. Sin embargo,
en la práctica, es más difícil de producir a gran escala y aún tiene que abrirse camino
comercialmente.
Sin embargo, hay margen para generar bioenergía de manera que no compita con la masa
arbórea o la producción de alimentos. Los desechos agrícolas, las podas forestales y los cultivos
en tierras marginales son fuentes más recomendables.
9. Una rápida reducción de emisiones en otros sectores
Por último, pero no por ello menos importante, «la acción en los tierras de cultivos y bosques
no es una excusa para no actuar en la industria y en la energía», sostiene el miembro de
Greenpeace, Christopher Thies.
Mientras que el IPCC prevé que los biocombustibles y la reforestación desempeñarán un papel
clave en la limitación del calentamiento global a 1,5º, los sectores más contaminantes serán
determinantes. Cuanto antes se supriman los combustibles fósiles, menos presión sufrirán los
usos, cultivos y la explotación ganadera para cumplir con los objetivos climáticos.
1. ¿Cómo afecta el consumo excesivo de alimentos malsanos y ultraprocesados a la salud
de las personas?
2. ¿Qué medidas podemos adoptar a nivel individual y colectivo para reducir el consumo
excesivo de alimentos malsanos y ultraprocesados?
3. ¿Cómo pueden las industrias alimentarias y los gobiernos trabajar juntos para
promover la producción y consumo de alimentos más saludables y sostenibles?
4. ¿Es el consumo excesivo de alimentos malsanos y ultraprocesados una amenaza para
la salud y el medio ambiente?
5. ¿Qué problemas ambientales se han ocasionado por el uso excesivo de fertilizantes en
la agricultura?
6. ¿Qué medidas tomarían ustedes para que no se ocasione un desperdicio de alimentos?
7. ¿Qué solución plantearían para no limitar la producción agrícola masiva y que se evite
la erosión del suelo?

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