La Accion 02
La Accion 02
a Acción
2) La Acción
Estructura De La Acción
La acción humana es ejercicio de actividad final. La acción es, por tanto, un acontecer "final" y
no solamente "causal". La "finalidad", o el carácter final de la acción, se basa en que el hombre,
gracias a su saber causal, puede prever, dentro de ciertos límites, las consecuencias posibles
de su conducta, asignarse, por tanto, fines diversos y dirigir su actividad, conforme a un plan, a
la consecución de estos fines. Gracias a su saber causal previo puede dirigir sus diversos actos
de modo que oriente el suceder causal externo a un fin y lo domine finalmente. Actividad final
es una actividad dirigida conscientemente en función del fin, mientras que el acontecer causal
no está dirigido en función del fin, sino que es la resultante causal de la constelación de causas
existente en cada momento. La finalidad es, por ello -dicho en forma gráfica- "vidente", la
causalidad, "ciega".
Para aclarar esto me remito a la diferencia existente entre un asesinato, por un lado, y un rayo
mortal, por otro; en el asesinato todos los actos están dirigidos en función del fin prefijado: la
compra del arma, el acechar, apuntar, apretar el gatillo, mientras que en el rayo el resultado de
muerte es la resultante ciega de los elementos causales existentes. Dado que la finalidad se
basa en la capacidad de la voluntad de prever, dentro de ciertos límites, las consecuencias de
su intervención en el curso causal y de dirigir, por consiguiente, éste, conforme a un plan, a la
consecución del fin, la espina dorsal de la acción final es la voluntad, consciente del fin, rectora
del acontecer causal. Ella es el factor de dirección que configura el suceder causal externo y lo
convierte, por tanto, en una acción dirigida finalmente; sin ella quedaría destruida la acción en
su estructura y sería rebajada a un proceso causal ciego. La voluntad final, como factor que
configura objetivamente el acontecer real, pertenece, por ello, a la acción.
1. La dirección final de una acción se realiza en dos fases, que en las acciones simples se
entrecruzan:
a) la primera transcurre completamente en la esfera del pensamiento. Empieza con: a) la
anticipación del (el proponerse) fin que el autor quiere realizar. A ello sigue a partir del fin- ß) la
selección de los medios necesarios para su realización. El autor determina, sobre la base de su
saber causal y en un movimiento de retroceso desde el fin, los factores causales que son
necesarios para su consecución, incluso aquel movimiento corporal con el que puede poner en
marcha toda la cadena causal (medios de la acción). Este proceso mental se llama "de
retroceso" porque el fin ya está determinado y desde él se lleva a cabo la selección de los
factores causales necesarios como medios de la acción.
Ahora bien, los factores causales elegidos como medios van siempre unidos a otros efectos
además del fin perseguido. El fin representa sólo un sector de los efectos de los factores
causales puestos en movimiento. Por ello, el autor, en la selección de los medios tiene que
considerar también los efectos concomitantes, que van unidos a los factores causales elegidos,
como la consecución del fin.
Este proceso mental no se realiza ya hacia atrás, desde el fin, sino hacia delante, desde el
factor causal elegido como medio hacia los efectos que tiene o puede tener. La consideración
de los efectos concomitantes puede inducir al autor a reducir los medios elegidos hasta el
momento, a elegir otros factores causales que impidan la producción de dichos efectos, o a
dirigir la acción de modo que pueda evitarlos. La voluntad de la acción, dirigida a la realización
delfín, se dirige aquí también, al mismo tiempo, a evitar los efectos concomitantes. Por otra
parte, la consideración de estos efectos puede dar lugar a que el autor incluya en su voluntad la
realización de ellos, bien porque considere segura su producción en caso de utilizar estos
medios, o bien porque cuente al menos con ella. En ambos casos la voluntad final de
realización comprende también los efectos concomitantes. b) De acuerdo con la anticipación
mental del fin, la selección de los medios y la consideración de los efectos concomitantes, el
autor lleva a cabo su acción en el mundo real. Pone en movimiento, conforme a un plan, los
medios de la acción anteriormente elegidos (factores causales), cuyo resultado es el fin junto
con los efectos concomitantes que han sido incluidos en el complejo total a realizar. Ejemplo. A
y B quieren robar a X, después de reducirlo a la impotencia. Para ello piensan, en primer lugar,
como medio, en un cinturón, que quieren atar al cuello de la víctima.
Como prevén, sin embargo, que con tal conducta la víctima puede morir estrangulada y quieren
evitarlo, descartan este medio y eligen un pequeño saco de arena, con el que deben aturdiría.
Al principio ejecutan el hecho de este modo; su realización va dirigida, pues, tanto a la
consecución del fin (el botín), como a evitar el efecto concomitante (la muerte de X). Al no
poder aturdir a X con el saco de arena, sin embargo, los autores recurren al primer medio.
Estrangulan a X con el cinturón hasta que pierde el conocimiento y dejan luego el cinturón
abrochado con la hebilla en torno a su cuello mientras recogen el botín. Al aflojar después el
cinturón, X ha muerto asfixiado. Dado que al utilizar este medio contaban con el resultado
mortal, como lo demuestra su plan originario, su voluntad de realización de esta forma concreta
del hecho se extiende también al efecto concomitante.
Los autores han modificado aquí la dirección originaria de la acción, que trataba de conseguir el
fin evitando la muerte de X, incluyendo en su voluntad de realización el efecto concomitante
posible, como parte del resultado total que tiene que ser realizado para conseguir el fin. La
segunda fase de la dirección final se desarrolla en el mundo real. Es un proceso causal en la
realidad, dominado por la determinación del fin y de los medios en la esfera del pensamiento.
Si no se logra el dominio final en el mundo real -por ejemplo, el resultado no se produce por
cualquier cáusala acción final correspondiente queda sólo intentada.
2. Es preciso tener en cuenta, a este respecto, que sólo han sido producidas finalmente
aquellas consecuencias a cuya realización se extendía la dirección final. Éste es siempre el
caso en el fin y en los medios; en los efectos concomitantes, en la medida en que el autor
había contado con su producción y los había incluido, por ello, en su voluntad de realización.
Todos los demás efectos (concomitantes), que no estaban comprendidos en la voluntad final de
realización, porque el autor no había pensado en ellos, o había confiado en que no se
produjeran, se realizan de un modo puramente causal.
La enfermera que, sin sospechar nada, pone una inyección de morfina demasiado fuerte, de
consecuencias mortales, realiza, sin duda, una acción final de inyectar, pero no una acción final
de matar. El que para ejercitarse, dispara contra un árbol, detrás del cual se encuentra un
hombre –al que no ve- y mata a este hombre, hace, sin duda, un disparo final de
entrenamiento, pero no realiza una acción final de matar. En ambos casos, la consecuencia
ulterior, no querida (la muerte), ha sido producida de un modo causal, ciego, por la acción final.
La finalidad no debe ser confundida, por ello, con la mera "voluntariedad". La "voluntariedad"
significa que un movimiento corporal y sus consecuencias pueden ser reconducidos a algún
acto voluntario, siendo indiferente qué consecuencias quería producir el autor. En este sentido,
la enfermera y el tirador, en los casos mencionados, realizan también "actos voluntarios", si se
hace mentalmente abstracción del contenido de su voluntad.
Si se quiere comprender, sin embargo, la acción, más allá de su característica (abstracta) de la
mera voluntariedad, es decir en su forma esencial, concreta, determinada en su contenido, sólo
es posible lograrlo mediante la referencia a un determinado resultado querido. El acto
voluntario de la enfermera es sólo final en relación con la inyección, el del tirador en relación
con alcanzar el árbol, pero de ninguno de los dos respecto a la muerte de un hombre.
A la finalidad le es esencial la referencia a determinadas consecuencias queridas; sin ella
queda sólo la voluntariedad, que es incapaz de caracterizar una acción de un contenido
determinado. La confusión de la voluntariedad y la finalidad se advierte claramente en el
concepto de voluntariedad, de MEZGUER. Un movimiento corporal y sus consecuencias deben
"ser causados voluntariamente, es decir, por la voluntad y no ser queridos, sin embargo, en su
contenido. (. . .) El movimiento corporal y todo resultado ulterior son causados por la voluntad",
con indiferencia de que sean queridos o no en su contenido. No hay, por ello, acciones finales
en sí, o "en absoluto", sino sólo en relación con las consecuencias comprendidas por la
voluntad de realización.
Esta relación con determinadas consecuencias producidas voluntariamente es la que
caracteriza a una acción final, por ejemplo, como "construir", "escribir", "matar", "herir",
etcétera. A este respecto es indiferente, para el sentido de la acción final, que la consecuencia
producida voluntariamente represente, en la estructura total de la acción, el fin deseado, el
medio utilizado, o incluso un mero efecto concomitante, comprendido por la voluntad de
realización. Una acción final de matar se da no sólo en caso de que la muerte fuera el fin de la
conducta voluntaria, sino también cuando era el medio para un fin ulterior (por ejemplo, para
heredar al muerto), o si era un efecto concomitante comprendido por la voluntad de realización
(por ejemplo, la muerte por asfixia de X en el caso antes mencionado).
Una acción final puede tener, por ello, un sentido múltiple, por su relación con las diferentes
consecuencias producidas voluntariamente. Así, la acción del ejemplo antes mencionado es: en
relación con el fin perseguido, una lesión de la propiedad; en relación con el medio utilizado,
una privación de libertad; y en relación con el efecto concomitante producido para lograr el fin,
una acción de matar. La dirección final se extiende también, naturalmente a la realización
externa de la acción, de modo que el "resultado" de la dirección final puede agotarse en la
simple actividad; montar a caballo, hacer gimnasia, bailar, esquiar, etc., son actividades
dirigidas finalmente, del mismo modo que las acciones deshonestas, jurar.
La dirección final de una acción no se ve, por otra parte, menoscabada, sino al contrario
favorecida, por el hecho de que muchos de nuestros movimientos corporales se hayan hecho
automáticos por su constante ejercicio; pasear es también una actividad dirigida finalmente,
aunque no necesitemos ya dirigir cada paso como el niño pequeño. El análisis de la dirección
final que acabamos de realizar afecta a la dirección de la realización de la voluntad (dirección
de la acción). Sobre la dirección final de la formación de la voluntad (dirección de los impulsos)
-que no debe ser confundida con la anterior.
Frías Caballero, generaliza la idea de que la función del concepto de acción está reducida a
una significación puramente negativa, es decir, a señalar aquellos casos que se han de excluir
de antemano a la consideración penal por inexistencia de la base fáctica inexcusable de todo
delito. Lo cual implica la determinación de los casos en que esa base fáctica no existe en virtud
de la concurrencia de situaciones la doctrina ha denominado “causas que excluyen la acción”,
tales causas aniquilan el elemento subjetivo indispensable a toda conducta humana. En tales
casos existe la apariencia externa de una acción humana que en realidad es inexistente. Ellos
no constituyen ninguna manifestación de acto o acontecimientos o hechos físicos o naturales
en los que está ausente el requisito mínimo de carácter psíquico espiritual, ónticamente
integrante de toda conducta genuina del hombre. Tales situaciones se ejemplarizan cuando el
estornudo de una persona hace que caiga un objeto valioso y se destruya, o cuando una
persona es lesionada por quien se encuentra en un episodio de sonambulismo, o cuando el
guardavías se ve impedido de hacer el señalamiento debido para evitar un descarrilamiento por
haber sido maniatado e impedido de movilizarse.
El efecto penal de todas esas manifestaciones produce la imposibilidad de poder deducir
responsabilidad de poder deducir responsabilidad penal alguna respecto del aparente autor del
hecho, cuya conducta, ab initio, no puede ser considerada acción típica, antijurídica y culpable.
En tal sentido no existen discrepancias en la doctrina penal en lo referente a las circunstancias
que de una manera unánime se consideran excluyentes de la acción. Señala en tal sentido
Fernández Carrasquilla, que en general se reconoce que no hay acción ni por tanto
responsabilidad alguna, cuando se está en presencia de movimientos, abstenciones o
producción de resultados en completa desconexión de las instancias psíquicas superiores, esto
es fisiológicamente de la corteza cerebral. Los hechos involuntarios del hombre no son
acciones, no son actos jurídicos, ni menos aún actos criminosos. Sin embargo, como no existe
una concepción finalista, la cual aparta el concepto de acción del simple “producir” un resultado
relevante juridicopenalmente, mostrando la acción como producto genuino del individuo.
Para Fernández Carrasquilla, el concepto de capacidad de acción está circunscripto a las
personas naturales o individuos, por requerir la actuación real de una voluntad real que no
existe en las personas jurídicas o colectivas. Estas últimas, pues, son incapaces de acción
jurídico penal y por los mismo, no pueden delinquir, ni se objeto de reacción penal alguna. Ello
no impide teóricamente, que el Juez penal pueda. Según la ley, disponer en el mismo proceso
penal ciertas sanciones administrativas, contra las personas jurídicas que hayan sido utilizadas
en el proceso ejecutivo del hecho punible.
Entre algunos ejemplos de ausencia de acción podríamos mencionar, cuando a un sujeto se le
obliga, con la mano apresada a que clave un puñal a un individuo desconocido a quien no
quiere herir ni matar pero que es adversario de quien emplea la fuerza, si el agente no puede
oponerse a ese movimiento corporal forzado, estamos en un caso de falta de acción, puesto
que para que ésta exista se precisa que proceda de un ser provisto de voluntad, y el violentado
físicamente es un instrumento como el revólver o el cuchillo, el golpe de puñal o el disparo, no
son actos en el sentido exacto del vocablo. Se nos dirá que es excepcional ese caso de acción
homicida tan inútil en su procedimiento, puesto que quien nos toma el brazo y nos fuerza a
clavar el arma, pudo hacerlo por sí mismo más llanamente.
En este supuesto se habla de fuerza física irresistible (o vis absoluta) en oposición a fuerza
moral, (o vis compulsiva). La distinción entre ambas es fácil de precisar, donde existe la
polémica es si hay acción o no en aquel que es forzado de manera inevitable a firmar un
documento o a hundir un puñal en el pecho de una persona. En tales casos se dice que hay
acción más no imputación, por el contrario cuando se trata de omisiones como en el caso del
guardavías, es unánime el criterio de que en tal caso hay una vis absoluta, y por tanto ausencia
de acción. Tal como señala Frías Caballero, quien es violentado a realizar un acto en contra de
su voluntad, por coacción moral vis compulsiva, escoge la realización del acto, actúa, sólo que
esa voluntad está viciada, realiza una acción pero la misma no es culpable y por tanto no
imputable, quien actúa coaccionado tan sólo sirve de brazo ejecutor del coaccionador, no
pudiendo imputársele autoría. Dentro del concepto tratado, es decir, cuando hay violencia
contra al voluntad, se subsume los casos de hipnotismo y uso de narcóticos.
Se señala que la fuerza externa, mecánica, proviene de otra persona (coaccionador), no se
limita a vencer, doblegas o someter la voluntad del coaccionado sino que la elimina o suprime
de raíz, prescindiendo de ella por completo. Se señala que tales circunstancias son
infrecuentes en la práctica, tal es el caso de quien oprime fuerte y sorpresivamente la mano de
otro contra un revolver haciéndolo disparar sin darle tiempo a oponerse, el que empuja a otro
para que éste a su vez haga caer a un tercero a un precipicio o al pavimento, produciéndole
una lesión.
Zaffaroni, da unos supuestos de fueraza física irresistible o vis absoluta, señalando que puede
provenir de una fueraza humana o de la naturaleza, pudiendo considerarse casos de
inculpabilidad, de justificación y de ausencia de acto, siempre que tal fuerza produzca una
privación de la posibilidad de conducirse o de dirigir sus movimientos, de no se así caería el
hecho en un supuesto de coacción, estado de necesidad o de un estado de necesidad
inculpante o justificante.
Son supuestos de fuerza física, según Zaffaroni:
1 – Proveniente de la naturaleza eliminando la conducta: viento, aluvión, corriente de agua,
caída de un árbol, o los propios reflejos o automatismos cuando son incontrolables.
2 – Proveniente de la naturaleza y que no elimina la conducta: tiene lugar cuando el individuo
se coloca voluntariamente bajo los efectos de una fuerza física irresistible. En tales casos
podría considerarse como conducta dolosa, culposa o bien atípica.
3 – Proveniente de la violencia de un tercero: en tales casos se elimina la conducta, como ene.
Caso del guardavías maniatado, del que empuja.
4 – proveniente de la violencia de un tercero pero que no elimina la conducta: es el caso del
que se coloca voluntariamente bajo el poder físico de otro o de una fuerza física pudiendo tener
relevancia como culposo, doloso o atípico.
De igual manera cabe destacar y resaltar que el concepto de fuerza irresistible ya era
contemplado en el Derecho Romano y en el Derecho común con el nombre de vis physica
absoluta o ablativa.
Podemos definirla como aquella fuerza que imposibilita desde todo punto al sujeto para
moverse (o para dejarse de mover). Esto es, lo mantiene en el mismo estado en que el sujeto
se encontraba en el momento en que se ve sorprendido por esa vis physica. Este concepto se
contrapone al concepto de miedo insuperable (importante concepto en el Derecho penal), y que
se denominó vis moralis. En este caso (vis moralis), el sujeto sí puede moverse físicamente y
por tanto posee una voluntad libre, aunque coartada en el ejercicio de su libertad. La fuerza
física irresistible puede provenir de la naturaleza o de un tercero, lo importante es que produce
que una persona actúe sin capacidad de control.
Esta fuerza física irresistible debe ser absoluta, es decir el sujeto no debe tener la posibilidad
de actuar de otra forma. Por ejemplo: se produce un terremoto y las personas que viven en un
edificio pugnan por salir, al llegar a las escaleras, una resbala y cae sobre otra produciéndole la
muerte; en este caso el sujeto que resbaló actuó con fuerza física irresistible - el temblor -, por
lo que no hay acción. Un caso diferente se da si fue una persona la que produjo la fuerza física
irresistible, pues ésta si responde, por ejemplo: si "A" empuja a "B" para que impulse a "C" que
se encuentra en el borde de un barco y, efectivamente "C" cae y muere, "A" responde por la
muerte de "C", mientras "B" sólo fue víctima de una fuerza irresistible - empujón - producido por
"A". El concepto de fuerza irresistible también es de gran importancia en el Derecho penal,
porque excluye la acción del individuo, ya que quita toda voluntariedad a su conducta. O si
queremos ser más preciso, el individuo que se ve afectado por una vis physica, no se da en él
una conducta humana. Claro está, que si el individuo no ejecuta una acción, puede realizar el
hecho típico, antijurídico y penado en el Derecho positivo, pero no podemos, en puridad, hablar
de comisión de delito: el actor del "delito" (entendamos ahora como hecho típico, antijurídico y
penado), es inimputable. Así, y repitiendo lo dicho, para que podamos hablar de delito o falta
debe haber una acción o una omisión, y la vis physica excluye la misma.
De Acuerdo con Frías Caballero, el último grupo de causas de ausencia de acción son la
aniquilación o pérdida total de la consciencia. Dentro de ésta hipótesis se encuentran:
El sueño natural o normal: en este respecto señala Fernández Carrasquilla que tanto el sueño
normal, como el sueño inducido, dentro de los casos de plena inconsciencia o comatosos,
donde la voluntad está suprimida en forma radical deben convidarse casos de ausencia de
acción, tales son: los estado crepusculares, los hipnóticos y la embriaguez plena.
Para Fernando Velázquez, los estados de inconsciencia son aquellos donde hay una completa
ausencia de actividad de las funciones mentales superiores del hombre por lo que en tales
casos no puede haber conducta para el derecho penal, peor la ausencia de consciencia debe
ser plena, tales son los casos cuando se está bajo los efectos de narcóticos, de anestesia, en
los casos de epilepsia de delirio febril, el caso del desmayado. Igualmente durante el sueño, el
caso de la madre que lesiona al hijo encantándose dormida.
El Sonambulismo hay quienes opinan que el sujeto dormido no puede autodeterminarse por
cuanto no hay voluntad libre. Desde el punto de vista psiquiátrico, el sonambulismo es un
trastorno del sueño de origen no orgánico en donde hay episodios reiterados en que el
individuo se levanta de la cama dormido pudiendo caminar durante algunos minutos u horas.
La doctrina no es uniforme en el tratamiento de esta figura como supuesto de ausencia de
acción, por cuanto es una condición, según algunos, independiente de la voluntad, mientras
que para otros se trata de una causa de no imputabilidad por haber actividad cerebral.
Nuestro Código Penal establece en el artículo 62: “no es punible el que ejecuta la acción
hallándose dormido o en estado de enfermedad mental suficiente para privarlo de la
consciencia o de la libertad de sus actos”. El fundamento de tal disposición se basa en el hecho
de que el sujeto no puede ser imputable si en el momento del hecho no ha actuado en el
ejercicio de su libertad de querer, entendida como liberta para determinarse conforme a
derecho. En tal virtud no le es exigible que responda de manera diferente a la que le indica su
mórbido estado, de modo que para la doctrina no se trata de ausencia de acción sino de
culpabilidad por la inexigibilidad de otra conducta.
Teóricamente, el sonámbulo puede cumplir algún tipo de delito: por ejemplo, homicidio,
lesiones, exhibicionismo, violación de domicilio, hurto simple. Claro está que en la realidad, la
cuestión pericial capital será el establecer si el individuo se hallaba o no en estado de
inconciencia o, en otros términos, de trastorno mental transitorio completo sómnico. Asimismo,
deberá cuidarse de no confundir tal estado con uno crepuscular del despertar, es decir
"crepuscular hípnico"
Jiménez de Asúa ha dicho: "Respecto de este estado ha sido opinión común proclamar la
inimputabilidad del agente que se hace reo de hechos criminales". Pero, se plantea luego este
interrogante: "¿Habrá también irresponsabilidad cuando el que se sabe tal, no toma todas las
precauciones debidas para evitar daños a quienes le rodean?". Y responde del siguiente modo:
"Un individuo –dice Prins- que tiene accesos de sonambulismo y que durante el acceso tiene
costumbre de manejar y disparar armas de fuego, si coloca un revólver cargado sobre su mesa
de noche y mata a una persona durante el período de sonambulismo, puede ser perseguido por
homicidio involuntario si se demuestra en concreto la falta de previsión. Tales seres
imprevisores serían responsables por culpa, al amparo de la actio libera in causa".
Para poder afirmar que un delito fue cometido durante un episodio sonambúlico, es necesario
que el Perito Médico pueda reunir cierto número de manifestaciones para poder hacer un
diagnóstico: Es importante constatar que los episodios típicos se caracterizan porque el delito
se comete en el momento en que dichos episodios remiten; Recordar que aunque el acto tenga
coincidencias con una intención o deseo preconcebido no es suficiente para descartar la real
existencia del estado sonámbulico en el momento en que se cometió el hecho. En cuanto al
estudio del hecho mismo, de las circunstancias que lo rodean, se pueden extraer importantes
elementos de juicio: El acto puede haberse cometido por medios imposibles de ser utilizados
durante el estado de vigilia. Ejemplo: subiendo y caminando por estrechas cornisas.
Tienen importancia constatar los trastornos de la memoria; el sonámbulo padece amnesia
completa de lo ocurrido en el episodio; no hay registro de vivencias objetivas del hecho, a lo
sumo, puede existir el recuerdo de algo subjetivo perteneciente a la ensoñación (debe
considerarse como un deseo de simulación cuando se afirma no recordar absolutamente nada).
Hay que considerar que la percepción está abolida en el momento mismo del episodio
sonambúlico nunca antes, ni después. También deben considerarse casos en los que el delito
es cometido en un estado sonambúlico motivado por la intoxicación alcohólica. Jiménez de
Asúa destaca que " ha sido opinión común proclamar la inimputabilidad del agente que comete
un hecho criminal en estado de sonambulismo ", pero son casos raros.
La ebriedad del sueño, consiste en una persistencia de la actividad onírica al despertarse. La
duración es de pocos minutos, en los cuales el individuo, está semidespierto, en la transición
del sueño a la vigilia. En la ebriedad del sueño la persona se despierta ensoñando, el contenido
de la ensoñación continúa sin rectificarse; el individuo considera que son reales y ejecuta actos
derivados de ella, más o menos graves. El estado dura algunos minutos con amnesia
consecutiva.
Jiménez de Asúa en: "El Criminalista " transcribe el trabajo del Dr. Enrique C. Henríquez,
psiquiatra dominicano que vivió y ejerció en Cuba. Dicho trabajo monográfico se titula:
"Psicología del estado Crepuscular Hípnico. Concepto y Clasificación etiopatogénica del
trastorno mental transitorio".
En él hace referencia a la Embriaguez del sueño diciendo:
Los estados de embriaguez del sueño resultan de que el retorno inmediato de la conciencia y
de la presencia de espíritu que acompaña ordinariamente al despertar, se retarda, de modo
que las representaciones, los errores del sentido, las falsas apreciaciones, que son el resultado
del ensueño y que impiden la percepción clara del mundo exterior, determinan un estado de
confusión mental que se ha comparado con la embriaguez.
Se encuentra en un estado análogo antes de la llegada del sueño, la actividad decreciente de
los sentidos acarrea la desaparición de la conciencia del mundo.
Pero como en esos estados el sujeto puede reaccionar de una manera activa, a las
apreciaciones falsas, a las imágenes sensoriales subjetivas y a las representaciones
proporcionadas por el ensueño, puede ocurrir que se cometan actos violentos.
Se ha visto a gentes que saliendo de una pesadilla angustiosa, creyendo defenderse de unos
ladrones y de asesinos imaginarios, desconocieron a las personas que dormían al lado de ellas
o que las despertaron y les dieron muerte. La embriaguez del sueño es sumamente transitoria.
El recuerdo de lo que ha pasado es siempre rudimentario, los acontecimientos reales se
proyectan sobre la conciencia como si hubiesen sido soñados.
Todas las circunstancias que hacen el sueño especialmente pesado, predisponen a la
formación de la embriaguez del sueño: las primeras horas del dormido en edad juvenil, grandes
fatigas físicas y psíquicas.
Las causas ocasionales son los malos sueños, las pesadillas que despiertan al que duerme.
Los casos de brusco despertar con terror son, sospechosos de epilepsia.
Para probar que había realmente embriaguez del sueño, en el momento del acto incriminado,
importa saber si en el inculpado o en otros miembros de la familia se han observado a menudo
estados análogos, cuáles son las causas predisponentes y ocasionales que han obrado
simultáneamente para hacer el sueño profundo, cuales son las causas, internas y externas que
han interrumpido el sueño; es necesario saber si el acto ha tenido lugar realmente en el
momento del sueño habitual, cuanto tiempo éste había durado, cual ha sido la duración del
pretendido estado de embriaguez del sueño, si entre el acto y el despertar no se han
pronunciado palabras o ejecutado actos que permitieran afirmar el retorno a la percepción y la
conciencia.
Cuando hay realmente embriaguez del sueño, la memoria puede ser simplemente rudimentaria
y no contener más que el recuerdo subjetivo del delito y no las circunstancias objetivas.
Krafft Ebing publica observaciones tomadas de otros autores referentes a la embriaguez del
sueño:
Obs. CXXXVI: Muerte de un niño. : un guardia oye, en mitad de la noche, salir de una casa.
¡¡ Salvad a mis hijos!! , entra y halla a una madre, en ropas de noche, en un estado de
perturbación y de excitación extremadas. Todo el cuarto estaba en desorden. Dos niñitos
estaban agazapados en un rincón. La mujer gritaba sin cesar: "¿Dónde está mi hijito? ¡ Debo
haberlo tirado por la ventana!. La infeliz había arrojado a su hijo a la calle a través de los
cristales. Había soñado que sus hijos le gritaban que su casa estaba en llamas y, en la
confusión mental del despertar, había arrojado a su hijo por la ventana para protegerlo del
fuego”.
De ésta manera se destaca que según Bonnet, E.F.P que, para que este estado ocurra se
requiere no solo un estado previo favorecedor: "stress", físico- psíquico, sino también sueño
intensamente profundo acompañado de imágenes de tipo terrorífico.
A propósito de un caso que fuera considerado por Jiménez de Asúa como ebriedad del sueño y
por el dominicano Enrique Henríquez como estado crepuscular hípnico surge la diferencia entre
los dos estados. El caso es el siguiente. "Pedro Ramírez", ocurrió en la medianoche del 7 de
febrero de 1940, en Candelaria, departamento de Tortoral de Córdoba.
La Cámara segunda en lo criminal de Córdoba conoció del hecho. El Juez Arturo Maldonado
expuso lo siguiente: " Con notoria sinceridad ha referido el imputado las circunstancias en que
dio muerte a la víctima (su esposa). Dice que la noche en que tuvo lugar el suceso, fue
despertado por su esposa con quien compartía el lecho para avisarle que acababa de oír el
estampido de un disparo de arma de fuego, llamándole asimismo la atención sobre los ladridos
persistentes de los perros.
Como en la zona habían ocurrido hechos delictuosos que causaron la alarma del vecindario, la
víctima preocupada, le pidió insistentemente que pusiera una bala en su revólver, en previsión
de lo que pudiera acontecer, a fin de tranquilizarla, accedió a su requerimiento, y una vez
cargada el arma púsola al alcance de su mano derecha, quedándose después profundamente
dormido no pudiendo calcular el tiempo que transcurrió hasta que fue nuevamente sorprendido
por el ruido que produjo el pasador de la puerta de su habitación al ser movida la misma.
Refiere después, cómo, encontrándose entre dormido y despierto - para usar sus propios
términos- vio destacarse en el vano de la puerta, la silueta alta de un hombre vestido de blanco,
por lo que sin tiempo para reflexionar y creyendo que se trataba de un maleante tomó
rápidamente su revólver, con el que hizo fuego, percatándose que había dado en el blanco.
Buscó a su compañera para tranquilizarla y al no hallarla sospechó que sería ella la herida de
muerte. Así había sido. El Tribunal cordobés, absuelve al procesado por entender que se halla
en error de hecho.
Este hecho, fue calificado por Jiménez de Asúa como "embriaguez del sueño". El Dr.
Henríquez lo diagnostica como " estado crepuscular hípnico" diciendo:
La conciencia, en sus funciones superiores (conocer y juzgar) es la que más pronto entra en el
sueño y más difícilmente se desembaraza de él. Siguen después la sensibilidad, motricidad, la
sensorialidad. El oído se duerme último y despierta primero. Pedro Ramírez disparó antes de
estar despierto y por lo tanto debemos considerar su acto como inconciente. Tampoco puede
hablarse de voluntad.
En este caso de estado crepuscular hípnico hay:
1. Preocupación profunda.
2. Estimulación brusca.
3. Sensopercepción defectuosa.
4. Intelección catalímica.
5. Corto circuito psíquico.
El hecho está cargado de automatismo instintivo. Por eso, según Jiménez de Asúa es falso
decir que el uxoricida creyó erróneamente que se trataba de un maleante o que lo confundió
con su esposa. Según lo expuesto el estado crepuscular hípnico puede definirse según el Dr.
Henríquez como " Un estado de disociación psíquica intercalado entre el sueño y la vigilia, de
breve duración siempre, en el curso del cual pueden ejercerse ciertas funciones
psicodinámicas, pero del cual está ausente en todo caso la conciencia".
Diferencias Entre Estado Crepuscular Hipnico Y Embriaguez Del Sueño
El Dr. Enrique Henríquez que sostiene que en la predisposición está la clave para distinguirlas.
Estado crepuscular:
1. La duración es brevísima.
2. Prepondera la acción del mesencéfalo (corto circuito psíquico).
3. No hay sensación de amnesia a causa de la instantánea de la acción.
Embriaguez del sueño:
1. La duración es mayor que la anterior, aunque también es breve.
2. Hay mayor intervención de la certeza (conciencia onírica, traduciéndose en actos de
apariencia sonambúlica).
3. Hay amnesia lacunar subsiguiente.
Además el Dr. Henríquez sostiene que: Ambas tienen en común: "Inhibición del cociente
superior por el sueño"
Considerando a otros autores, tomamos de Bonnet sus apreciaciones sobre el tema, del
diagnóstico diferencia de la ebriedad del sueño con el estado crepuscular hípnico: " por nuestra
parte hemos de puntualizar que:
La ebriedad del sueño es un trastorno mental transitorio completo, mientras que el estado
crepuscular hípnico lo es también pero incompleto. Ambos cuadros psicopatológicos son muy
semejantes en apariencia, pero la diferenciación penal es tajante: " alteración morbosa de las
facultades mentales ", en el estado de ebriedad del sueño y por consiguiente inimputabilidad
por no comprender la criminalidad del acto o no poder dirigir sus acciones en el momento del
hecho, y sólo estado crepuscular de la conciencia, en el estado crepuscular hípnico, con la
implicancia de imputabilidad y de poder comprender la criminalidad del acto y dirigir sus
acciones aunque ello sea en forma limitada en el momento del hecho. Perito deberá ser muy
cauto, con la posibilidad de una simulación.
López Betancourt, Eduardo. Teoría del Delito. México, Porrua, 1994.
LA ACCION: A) LA ACCION
Art. 61 Código Penal: Nadie puede ser castigado como reo de delito no
habiendo tenido la intención de realizar el hecho que lo constituye, excepto
cuando la ley se lo atribuye como consecuencia de una acción u omisión
AUSENCIA DE LA ACCIÓN
ART 62 del Código Pena1 “No es punible quien ejecute la acción hallándose
dormido, o en estado de enfermedad mental suficiente” En esta norma se
consagra la ausencia de acción, pero además, hay ausencia de acción en el
acto violentado, en el acto reflejo y en los actos inconscientes o automáticos.
(Hipnosis, Ebriedad del sueño)- Es cuando a pesar de darse la conducta
externa, se demuestra que el acto se realizó en inconciencia.
La ausencia de acción
Las situaciones en las cuales el movimiento corporal no constituyen acción en el sentido jurídico penal
son: a) los movimientos producidos por fuerza física irresistible; b) el estado de hipnotismo o narcosis; c)
los movimientos reflejos; d) los estados fisiológicos que impiden o anulan la capacidad de movimiento; e)
los procesos regulados por la parte del sistema nervioso que rige la vida vegetativa; f) el cumplimiento de
una orden jerárquica que legalmente le está prohibido al ejecutor analizar.
Fuerza física irresistible (vis absoluta): Está prevista como causa de exclusión de pena en el artículo
34, inciso 2, del Código Penal, juntamente con la amenaza de sufrir un mal grave e inminente (vis
compulsiva), excluyente ésta de culpabilidad. La diferencia es que en la vis compulsiva el movimiento
responde a una manifestación de voluntad del individuo que lo dirige con sentido a pesar de que obra bajo
amenaza; en cambio en la vis absoluta el movimiento responde a la voluntad de quien ejerce la fuerza, es
decir, el sujeto violentado no domina la acción, es utilizado como "cosa". Por ejemplo, en el delito de
omisión al sujeto se lo sujeta por la fuerza para que no realice la acción.
Por su parte Mass indica que en la relación del comportamiento humano con el mundo circundante, el
sentido del concepto social de acción es el comportamiento humano socialmente relevante. Se
entiende por comportamiento toda respuesta del hombre a una situación de exigencia, reconocida
mediante la realización de una posibilidad de reacción que se dispone en razón de la libertad de que se
dispone. El comportamiento puede consistir en una actividad final (finalidad); puede también limitarse a "la
causación de consecuencias con tal de que el proceso resultase conducible empleando la finalidad
(imprudencia)" y, finalmente, puede manifestarse en la inactividad frente a determinada expectativa de
acción a condición que concurra la posibilidad de conducción (omisión).
Personas Jurídicas: La nota de comportamiento "humano" indica que sólo constituyen formas de
actuar en sentido jurídico-penal las manifestaciones de la actividad del hombre individual y no los
actos de las personas jurídicas.
"Socialmente relevante" será el comportamiento que afecte la relación del individuo con su mundo
circundante, siendo necesario que el comportamiento llegue a trascender al exterior, para lo que es
suficiente en la omisión la ausencia de los efectos que hubiese entrañado el hacer esperado y conducible
(por ejemplo, la ausencia de prestación de un auxilio posible en caso de accidente).
Los críticos a esta postura indican que la relevancia social es una cualidad que una acción puede o no
tener, pero que si falta no desaparece la acción sino solamente su importancia social, por lo tanto no es
adecuada como elemento sistemático de definición.
3. Concepto personal de acción (Claus Roxin): Para Roxin la acción debe entenderse como la
"manifestación de la personalidad", esto es, "todo lo que se puede atribuir a un ser humano como
centro anímico – espiritual de acción" para diferenciarlo de los efectos que parten únicamente de la
esfera corporal, sin estar sometidos al control del "yo".
Los casos de daños causados por fuerza física irresistible o en estado de falta de voluntad
(epilepsia, fiebre y otros) no constituyen acción en razón de que, al no ser dominadas o dominables por la
voluntad y la conciencia, no puede ser calificadas como manifestaciones de la personalidad ni imputadas
a la capa anímico – espiritual de la persona.
Así tampoco constituyen acción los pensamientos y los impulsos de la voluntad en tanto permanecen en
el plano interno y no se ponen en relación con los sucesos del mundo exterior, es decir, no son
manifestaciones de la personalidad.
Las acciones dolosas e imprudentes son manifestaciones de la personalidad tanto como las omisiones. E
incluso la omisión por imprudencia inconsciente es una manifestación de la personalidad que se le puede
imputar al sujeto como infracción de la norma y contraria a la prohibición, como "obra" suya.
El concepto de acción sostenido por Roxin se declara "comprensivo" en tanto que abarca el suceso en su
totalidad a los fines de determinar si el mismo es una "manifestación de personalidad" y, por ende, una
acción.
En consecuencia, el concepto personal de acción es un concepto normativo, porque el criterio de la
manifestación de la personalidad designa de antemano el aspecto valorativo decisivo, que es el que
cuenta jurídicamente para el examen de la acción.
Se trata de un concepto concreto y general que, al designar todas las "objetivaciones de la personalidad",
proporciona un criterio que debe desarrollarse concretándolo en la realidad y que sólo en la multitud de
sus caracterizaciones permite reconocer el fenómeno "acción". Por esa razón el concepto personal de
acción enunciado por Roxin es el más apto para cumplir las funciones que le corresponden, dentro de un
ordenamiento penal que rige en el estado de Derecho, sin olvidar las bases antropológicas que sustentan
la conducta humana.
El acto o la acción, en sentido penal, es una conducta exterior, positiva o negativa, humana y
voluntaria que causa un resultado.
Las intensiones o deseos criminales, por intensos que sean, no constituyen delitos, mientras
permanezcan en el fuero interno. Nadie puede ser castigado por sus pensamientos.
Esa conducta exterior puede asumir una forma positiva: hacer algo que la ley prohíbe, que es la
“acción” propiamente dicha; o una forma negativa: dejar de hacer lo que la ley ordena, que es
la omisión. Una y otra son igualmente punibles.
Es humana, porque proviene del hombre; que es el único sujeto activo del delito. Es voluntaria,
porque es realizada libremente, porque el sujeto ha tenido la posibilidad de optar por realizar un
acto determinado.
Esa conducta exterior, positiva o negativa, humana y voluntaria, debe ocasionar un cambio,
una modificación en el mundo exterior, que es lo que se llama resultado, evento o efecto; y, por
tanto, debe existir una relación de causalidad entre aquella conducta exterior, positiva o
negativa, humana y voluntaria y el cambio en el mundo exterior considerado como efecto.
En Derecho penal la fuerza tiene gran importancia en la realización del delito. Tiene
importancia a través de dos vías:
Por un lado, la fuerza puede ser un elemento típico de un delito. Por ejemplo, en el
caso del robo, la fuerza es un elemento necesario (en la mayoría de los casos). La
existencia de fuerza implica que la acción se tipifique como robo y no como hurto,
teniendo esta última acción una pena normalmente menor.
Por otro lado, la fuerza puede ser un motivo de exención de la responsabilidad penal.
Si una persona realiza una acción punible (un delito), obligada por la coacción de otra,
la ausencia de voluntariedad supondrá normalmente la inexistencia de
responsabilidad, siendo el verdadero delincuente el que coaccionaba al ejecutor.
Relación de causalidad y aplicación de la misma a estos tipos de delitos
El concepto de relación causal sólo se aplica a los delitos de resultado, en los que además
de la acción, o la omisión, en que consiste la conducta ilícita desde el punto de vista
objetivo, se requiere una relación particular entre ésta y la producción del delito. En
cambio, en los delitos de pura actividad no es preceptiva la existencia de la relación de
causalidad, ya que se agotan con la simple conducta ilícita.
Por el contrario, el delito de pura conducta está integrado únicamente por el elemento
subjetivo más el elemento objetivo (acción u omisión).
Debe ser realizada por el ser humano, con lo que se excluye a lo animales y los
fenómenos naturales.
La conducta debe estar dominada por la voluntad. Lo que excluye la conducta mecánica
como ocurre en los supuestos de fuerza irresistible (condición de fuerza proveniente del
exterior que actúa materialmente sobre el agente [6]), acto reflejo (reacción automática
y simple a un estímulo) o actos realizados en plena inconciencia (sueño, sonambulismo,
hipnotismo). En estos supuestos no existe conducta, por tanto no hay delito.
Sujeto de la Acción
El sujeto de la acción es el ser humano.
No existe otros ser sujeto de la acción. Si no es un ser humano, no puede ser considerar
delito.
Fases de la Acción
Existen:
Elementos de la Acción
El Impulso Volitivo
El Impulso Volitivo es un suceso psicológico interno por el cual el agente se coloca a si
mismo como causa de realización de un resultado que se ha representado.
Para que sea acción basta que se conducida por la voluntad. NO interesa su contenido
(Teoría de la causalidad, al contrario para la Teoría Finalista de la acción, sí interesa el
contenido de la voluntad). Incluso existe éste impulso volitivo en las acciones de ‘corto
circuito’ en el que el sujeto no puede tener en juego sus frenos inhibitorios.
Basta un mínimo psíquico para admitir que la conducta externa está comprendida en el
concepto: Acción.
Fuerza irresistible.
Un Acto Reflejo.
Estados de inconsciencia.
Impresión paralizante.
Estado de necesidad.
Legítima defensa.
Hurto famélico.
Fuerza irresistible. Que es condición de fuerza proveniente del exterior que actúa
materialmente sobre el agente [11]. Por ejemplo peatón que es impelido contra un
escaparate y lo rompe. No es autor el que haya sido constreñido por fuerza física
irresistible. En este caso, quien hubiere ejercido violencia será sancionado.
Legítima defensa. Es aquella necesaria para repeler una agresión o ataque injusto y
actual o inminente dirigido contra los bienes jurídicos propios o ajenos tutelados por el
Derecho Penal. En la legítima defensa también existe una ausencia de una fase que se
llama fase interna de la acción. En este caso las defensas no se lo piensan, no surge en
el pensamiento ese querer defenderse (fase interna), sino más bien, es la reacción del
instinto de supervivencia lo que hace actuar al sujeto.
Hurto famélico. Es el que se comete para resolver una situación de hambre irresistible
y que por falta de medios económicos no puede ser satisfecha de otro modo. También
existe ausencia de la acción cuando lo que lleva a cometer el delito es una fuerza
interior irresistible, por ejemplo el hambre extrema.
Teoría de la equivalencia
o Teoría de las condiciones
o Teoría de la causacion adecuada.
Teoría de la causa típica
o Teoría de la causa necesaria,
o Teoría de la causa más eficaz,
o Teoría de la causa más eficiente.
Teoría de la relevancia
Teoría de la imputación objetiva
¿Quién debe determinar cuál es la causa adecuada para que se produzca un resultado?
La doctrina dice que se debe determinar teniendo en cuenta los conocimientos del
hombre medio y de modo particular del autor.
Se debe aceptar la condición mas adecuada del matar, del robar, siempre y cuando
haya un solo criterio en definir que es robar, que es matar.
Otras teorías discrepan solo en aspectos secundarios, son solo mucho follaje como las: