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Quince Minutos A Los Pies de La Virgen Del Carmen

El documento es un diálogo entre el alma y la Virgen del Carmen, donde se expresa la devoción y la importancia del Escapulario como símbolo de protección y salvación. La Virgen promete consuelo y ayuda a quienes lo portan, así como la liberación del Purgatorio para aquellos que cumplen ciertas condiciones. Se invita a dedicar tiempo a la oración y a promover el Escapulario entre otros, especialmente a los niños.

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Quince Minutos A Los Pies de La Virgen Del Carmen

El documento es un diálogo entre el alma y la Virgen del Carmen, donde se expresa la devoción y la importancia del Escapulario como símbolo de protección y salvación. La Virgen promete consuelo y ayuda a quienes lo portan, así como la liberación del Purgatorio para aquellos que cumplen ciertas condiciones. Se invita a dedicar tiempo a la oración y a promover el Escapulario entre otros, especialmente a los niños.

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QUINCE MINUTOS

A LOS PIES DE LA
VIRGEN DEL CARMEN

EL ALMA.—¡Oh Madre mía del Carmen! yo os doy


alma, vida y corazón. . . .
LA VIRGEN.—Hija mía, lleva siempre mi escapulario,
y siempre serás mía. . . . Nada podrá contra ti el
demonio.
QUINCE MINUTOS
A LOS PIES DE LA
VIRGEN DEL CARMEN

POR EL
R. P. LUDOVICO de los Sagrados Corazones.
Carmelita Descalzo.

GUATEMALA, C. A.
---------------

Tip. "SANCHEZ & DE GUISE"


8ª Av. S. Nº 30.—Tel. 2707.
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El que muera vistiendo mi Escapulario, no se condenará;


y si, guardando castidad según su estado, reza mi oficio
parvo, o, no sabiendo leer, guarda abstinencia los
miércoles y los sábados, yo, Madre de Misericordia, le
sacaré del Santo Purgatorio el primer sábado después
de su muerte.
Promesas de la Virgen.

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QUINCE MINUTOS
A LOS PIES DE LA

VIRGEN DEL CARMEN


------------

La Virgen.— Venid a mí todos y os conduciré a mi Santo


Monte Carmelo y llenaré de alegría vuestro corazón.
Venid, hijos míos, que yo, Madre de misericordia, lo soy
del Amor Hermoso, del temor santo y de la dulce
esperanza .... En mí está la virtud y la vida. Yo, como el
terebinto, extiendo mis ramas y cobijo a todos bajo mi
sombra.

El Alma.— Virgen de mi amor, hermosura del Carmelo,


vengo a tus pies para derramar mi corazón. ¡Qué bien se
está aquí, Madre mía! Como el cansado viajero a la
sombra del árbol, como el sediento junto a la fuente de
agua, como el niño al pecho de su madre, como el
corazón junto al consuelo... ¡qué bien se está aquí, a los
pies de la vida y de la dulzura... A ti vengo, Virgen del
Carmen, para que vuelvas a mí tus ojos de misericordia.
En este valle de lágrimas se sufre y se pena, el mal
espíritu siempre en acecho, la carne en lucha constante,
el mundo ardiendo en el fuego malo de las pasiones,
siempre en alboroto por la mentira y la ambición, por el
orgullo y la vana sed de goces y placeres... ¿quién podrá
librarme de tanto peligro, Madre mía?... ¿quién?

La Virgen.— Hija mía, vienes a mí huyendo, siquiera por


breves minutos, del estrépito mundano, y recurres a mi
corazón de Madre para que te salve de tus enemigos,
del mundo, demonio y carne; ¡bien haces, alma mía!...
descansa sobre mi corazón… no temas; aquí, junto a mi
corazón, no llega la tempestad, nada pueden los odios
del demonio, se aquietan las pasiones que conturban, no
se oye el alboroto y bullicio del mundo…
Descansa en mí; soy tu Madre y Reina del cielo, de la
tierra y del abismo. Reina del cielo y dispensadora de su
gracia y bendición, Reina de la tierra y guardadora de
corazones, Reina del abismo y dominadora de sus
fuerzas. Tengo encadenado a mis pies el demonio y sus
legiones... no temas. ¿Ves el Escapulario que llevo en
mis manos? ¿Ves sus dos cintas? Pues son lazos para
el demonio, para que no haga lo que quiera… y los dos
pedazos de tela son mis sellos que cierran el corazón de
mis hijos y cofrades, para que jamás entre en ellos el
maligno espíritu y los afianza para que la tentación
nunca pueda arrancármelos…

El Alma.— ¡Oh Reina mía, qué buena eres! Ahora


comprendo el atractivo que tiene tu advocación del
Carmen para las almas que en este valle de lágrimas
lloran y sufren, ya los adversos cambios de la vida, ya
las continuas turbaciones de las pasiones… ¡Tu
Escapulario santo!… El es quien atrae a tus pies el
corazón del anciano y del niño, del sacerdote y del
seglar, del militar y del religioso; todos vienen a ti,
Señora y Madre mía, la inocencia y el arrepentimiento…
todos te bendicen, todos te cantan como esperanza...
vida... y dulce calma… ¡Tu Escapulario sagrado!
¡Cuántas lágrimas ha enjugado, cuántos dolores
mitigado, cuántos corazones ha endulzado!
En días de tristeza ¡cuántas pasiones ha calmado!...
¡cuántas almas ha salvado! Madre del Carmen, yo beso
tu Escapulario... apretándole contra mi corazón lleno de
fe y de amor, y te digo de lo íntimo de mi alma : Gracias,
Madre mía, gracias por tu Escapulario, gracias.

La Virgen.— Yo que soy Reina y Madre, entregué a mi


siervo Simón Stock este Escapulario para que me
recordase en la memoria de mis hijos y cofrades en este
doble concepto de realeza y maternidad. El Escapulario
es signo de mi poder, testimonio de mi amor ; significa mi
poderío de Reina y mi ternura de Madre. ¿Sabes qué
significan estas dos cintas?… Mira lo que hace una
madre con su hijo; con sus brazos le estrecha, le atrae,
le abraza para besarlo… para que tome de su pecho el
alimento que le sacie, y dulcemente le adormece en su
regazo. Las dos cintas son mis dos brazos que
dulcemente aprisionan, fuertemente atraen y abrazan
con inefable ternura a mis hijos y cofrades que duermen
confiados en brazos de mi amor y poder. Es signo de mi
dominio y realeza; como el sello real torna inviolables los
objetos sobre que está puesto, de igual modo son
intangibles, infranqueables, invulnerables los corazones
que yo con mi Escapulario señalo y distingo. Hija mía,
pone me ut signaculum, ponme sobre tu corazón como
sello de tu Madre y Reina . . . que yo be empeñado mi
palabra: el que muriese vistiendo mi Escapulario no
padecerá el fuego eterno. 1
El Alma.—¡Qué dulce me es tu palabra, Madre mía! No
padecerá el fuego eterno el que muriese vistiendo tu
Escapulario. Tu palabra no faltará; es promesa de Reina
del Cielo, es juramento de la Madre de Dios y de los
hombres.

1 Palabras de la Virgen a San Simón Stock


Es palabra reconocida por la Iglesia y acreditada por la
universal confianza de todos tus hijos. Esta tu palabra es
al corazón bálsamo del cielo, luz del cielo, calor del cielo,
dulce y santa palabra… ¡Gloria a ti, Virgen del Carmen!

La Virgen.—También he prometido sacar del santo


Purgatorio 2, el primer sábado después de su muerte, a
aquellos de mis cofrades que llevando mi Escapulario,
rezaren todos los días mi Oficio Parvo 3, y los que, no
sabiendo leer, guarden abstinencia los miércoles y
sábados, o cumplan la conmutación que el confesor les
hubiese hecho de la abstinencia, caso de no poderla
guardar. Pero ten muy en cuenta, hija mía, que no es mi
Escapulario una seguridad para las almas que, fiadas en
él, pecan y vuelven a pecar, abusando así de una de mis
bondades más insignes. Yo no salvo a la fuerza. El que
lleva mi Escapulario ha de hacerse digno de mi amor y
de mi protección.

El Alma.— Eres Madre sobre todas las madres, todo


corazón, todo amor, todo piedad y dulzura. Tú, Madre
mía, con tu Escapulario, nos has dado el testimonio más
insigne de tu piedad. ¡Oh amor de Madre más fuerte que
la muerte, que no se limita a este mundo, ni acaba en el
sepulcro! ¡Oh amor sublime! tú rompes los lazos de la
muerte, abres las puertas del purgatorio, bajas hasta las
almas que allí sufren, buscas las que llevaron el
Escapulario y las llevas al cielo... ¿Habrá una sola alma
que no te bendiga? ¿un solo corazón que no te ame ?
¿un solo pecho que no suspire por ti, Virgen Santísima
del Carmen?

2 Palabras de la Virgen al Papa Juan XXII.


3 Los que sabiendo leer no pueden rezar el Oficio Parvo, deben cumplir
la conmutación que les hubiese señalado el confesor.
La Virgen.— Bien dices que soy Madre sobre todas las
madres, a todas supero en ternura y solicitud para mis
hijos y cofrades : los protejo en vida, los acompaño en la
agonía y los redimo del santo purgatorio. Con mi
Escapulario guardo sus cuerpos y defiendo sus almas,
les amparo en los peligros y asisto en las tribulaciones
del espíritu. ¿Quién ha venido a mí y no ha
experimentado consuelo? ¿Quién me ha invocado
llevando mi Escapulario, y yo no le he escuchado? Si
una madre siempre atiende al hijo que le suplica, yo,
Madre sobre todas las madres, ¿no acudiré al
llamamiento de mis cofrades que son hijos de mi alma?...
Alguna vez te habrás quejado de que no son escuchadas
tus oraciones; pero tu oración ¿ha sido humilde y llena
de fe? Hija mía, las oraciones de la tierra rara vez suben
al cielo por falta de amor y confianza, pues si se orase
como se debe, mi Hijo y yo no faltaríamos a nuestra
palabra. La falta está en el que pide, no en aquél a quien
se pide, no en mí, pues soy la dispensadora de la gracia.

El Alma.— Confieso Madre mía, Reina de mi amor, que


Tú has sido mi verdadera Madre, que nada te queda por
hacer. En cambio, yo no he sido verdadera hija tuya: no
he vivido como tal… mis oraciones han sido un
pasatiempo, mi piedad vacía de obras, y la religiosidad
de mi vida apariencia vana. Pero no quiero ser ya más tu
pena, Madre mía del Carmen; de hoy en adelante me
esforzaré en mostrarme hija tuya; tu Escapulario cubrirá
un corazón humilde y devoto, puro y sufrido. Confío, no
en mí, que soy para el bien veleidosa, pronta para el mal,
y débil para la lucha. Confío en ti, Virgen del Carmen....
¡Ea pues, abogada mía, vuelve esos tus ojos a esta alma
que es toda tuya; mírame, Madre mía, que tu mirada es
luz de mis ojos, paz de mi alma, alegría de mi corazón,
fuerza de mi espíritu .... mírame y bendíceme!…

La Virgen.— Mi mirada está siempre fija en mis hijos y


cofrades... nunca los olvido... ¿Cómo he de olvidarlos si
están en medio del mundo luchando y sufriendo? Les
miro y bendigo. Hija mía, cuando luchas y sufres y lloras,
tu Madre te mira y te bendice. Ten, pues, valor. Mi
Escapulario es escala mística: sus dos cintas son hilos
que transmiten de corazón a corazón confidencias
dulces; mis hijos me cuentan penas y yo les devuelvo
consuelos; son hilos que transmiten del corazón de mis
hijos al mío, corrientes de amor filial, y del corazón mío al
de ellos, luz, calor, fuerza, sentimiento, piedad,
devoción ... ¡Oh hija, que nunca falte en tu pecho esa
insignia de amor y poder!

El Alma.— Virgen purísima, estrella del mar, Reina mía,


siento movido mi corazón por los sentimientos de
gratitud y de amor… ¿Qué quieres, Madre mía? ¿qué
haré yo para mostrarte mi devoción y gratitud? Tuyo es
mi corazón, tuya mi alma, tuya mi vida, los latidos de mi
corazón, mis pensamientos y palabras, obras y deseos;
todo mi sér te pertenece, y me complazco en ser tuya
para siempre. Este Escapulario me recordará siempre
que yo, pobre y miserable, soy tuya, y tú, Señora y
Reina, eres mía, mi Reina, mi Madre, mi todo…

La Virgen.— Gratas me son estas protestas de amor, y


quiero pedirte una fineza de cariño que no te será difícil.
Mucho me debes, pero no seré exigente: ¿Por qué, hija
mía, alma mía, corazón que eres mío, no me dedicas
unos quince minutos cada semana? ¡Cuántos minutos
pierdes en vanidades y acaso en perjuicio de tu alma!...
¿No podrías dedicarme siquiera lo que te sobra, unos
minutos perdidos que tú habrías de malgastar?... unos
minutos, si no en mi iglesia, en tu casa, en cualquier otro
templo, a los pies de alguna imagen mía, quince minutos
de íntima conversación, de confidencias y de mutuo
amor. ¿No tienes nada que contarle a tu Madre?…

El Alma.— Cierto, Madre mía, que he desperdiciado


muchos minutos y aun horas y también días. ¡Cuán
buena eres, Señora de mi alma! Me confundes al
pedirme tan poca cosa... ¡Unos minutos! ¡tiempo que yo
he despreciado! ¡lo que no he querido, lo que me ha
sobrado!.. . ¡esto pides tú, que tienes derecho a toda mi
vida!... Sí, Madre mía, te dedicaré unos minutos de
conversación. ¡Oh, quién pudiera vivir fuera del mundo y
de las necesidades de la vida para estar siempre a tus
pies!... Ya que esto no puede ser, al menos quince
minutos dedicaré a estar contigo, bien en tu iglesia, o en
mi casa, o donde sea posible.

La Virgen.—Quiero pedirte una florecita más de fina


gratitud; quiero, alma mía, que seas apóstol de mi
Escapulario y de mi advocación del Carmen; procura que
todos me conozcan, que todos lleven esa prenda de
salvación, en especial los niños, ¡oh los niños! ¡qué
lástima me dan! ¡cuánto pena por ellos mi corazón! Que
vengan a mí los niños, yo quiero los niños, quiero
guardar su corazón, quiero preservar su alma; procura
que todas las madres hagan imponer mi Escapulario a
sus hijos pequeñitos para que guarde su inocencia... Los
pecadores, las almas buenas, los corazones que están
en peligro, los enfermos, ¡que todos lleven mi
Escapulario! tú debes procurarlo. Los pobrecitos en los
hospitales, los desgraciados en las cárceles, que todos
lleven mi santa insignia; ¿lo procurarás, alma mía? No te
pido más, sino que hagas de tu parte lo que puedas,
según tu posición social, o las circunstancias de tu vida.

El Alma.—Es justo lo que me pides. Que todo el mundo


ame a la Virgen del Carmen, que todo el mundo lleve su
santo Escapulario, será, Madre mía, desde hoy, mi
empeño, mi ideal; tomaré ese propósito como deuda de
gratitud que tengo contraída contigo, Madre mía.

La Virgen.—Una palabra más, hija mía; la última: Te


suplico que nunca dejes mi Escapulario, nunca, hija mía;
esta será la señal de que me amas. Debes también, en
testimonio de tu gratitud, de tu cariño, procurar asistir a
la Salve que todos los sábados se canta en mi iglesia,
donde están mis hijos, los Carmelitas; o al menos rezarla
con especial fervor, si no te es posible asistir adonde se
canta. Procura una vez al mes concurrir a los ejercicios
de comunión y procesión que se acostumbra celebrar en
las iglesias de mis hijos y Cofrades. Ya ves, hija mía, que
no te pido cosa difícil, en cambio de tantas gracias y
favores concedidos con el santo Escapulario.

El Alma.—Tuya soy, hermosura del Carmelo. Señal de


esta entrega que hoy hago de mi ser, será este
Escapulario, que nunca más dejaré... ¡oh, Escapulario
santo de mi Madre del Carmen! no te dejaré... tú
guardarás mi corazón, mi vida, tú me asistirás en las
dificultades y tribulaciones, tú me darás fuerza en la
tentación, aliento en la debilidad y luz en la obscuridad
de mi espíritu. Virgen del Carmen, virgen de mi amor...
tuyo es mi corazón, tuya mi vida, tuyo todo mi ser. Yo me
postro a tus pies en reconocimiento a todas tus
bondades; yo te canto con la más grande humildad y con
todo el cariño de mi corazón, Salve, Reina, Madre de
Misericordia; vida de mi alma, dulzura de mi corazón, mi
esperanza en este valle de lágrimas... Mírame, Madre
mía, con compasión, no me dejes... no me dejes, que sin
ti, ¿qué será de mí? Sin ti, no habría remedio para mis
males. Eres Madre, no me dejarás. Este Escapulario me
recordará siempre tu amor, tu mirada, tu protección. Me
voy confiada… pero antes te ruego que me bendigas, y
tu bendición me hará fuerte en la fe, ardiente en la
caridad y constante en la esperanza. Adiós, a tus pies
dejo mi corazón, guárdalo. Adiós, Reina soberana y
madre piadosa del Carmen.

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Las dos grandes promesas de la Santísima Virgen


del Carmen a los que viven y mueren llevando el
Santo Escapulario.

1ª Promesa.- “El que muriese vistiendo el Escapulario no


padecerá el fuego' eterno": (Palabras de la Virgen a San
Simón Stock).

Condiciones.- 1ª Recibir el Escapulario de manos de


sacerdote debidamente autorizado. 2ª Llevarlo siempre
puesto especialmente en la hora de la muerte. 3ª
Inscribir el nombre en el libro de la Cofradía.

Aclaraciones.- El Escapulario ha de ser necesariamente de lana. Si


es de algodón o de otra cualquier materia no sirve. Puede llevar
bordados y estampa de diferente materia con tal que prevalezca el
color prescrito, o sea, color café vulgarmente llamado Carmelita y
también negro (S. C. 12 de Febrero de 1840). Debe llevarse de
modo que caiga un pedazo sobre el pecho y otro sobre la espalda,
pero no es necesario que se lleve sobre la carne, y aun para
evitarse molestias, sobre todo en verano, puede muy bien ponerse
los dos pedazos de tela, cada uno en una fundita de seda. En
cuanto a la forma del Escapulario, debe ser cuadrada y algún tanto
larga y no redonda ni de muchos ángulos (S. C. 20 de Febrero de
1868). No es necesario que lleve estampa o escudo y las dos cintas
pueden ser de cualquier calidad y color. Es laudabilísima costumbre
el imponer el Santo Escapulario a los niños, pues si bien no están en
condiciones de ganar las indulgencias, es indudable que también
para ellos será un signo de especial protección de la Virgen.
No es necesario que el Escapulario le sean impuesto de nuevo a
aquella persona que lo hubiere dejado por muchos años (S. C. 27 de
Mayo de 1857), sino que basta que ella misma se ponga otro
Escapulario sin necesidad de bendición y lo mismo debe decirse
cuando se rompa o inutilice el primero. No obstante, como nota el P.
Angelo del S. C. Carmelita Descalzo, deberá ser de nuevo recibido
en la Cofradía, si la persona se hubiese quitado el Escapulario con
ánimo de no llevarlo más o por desprecio o impiedad.

2ª Promesa.- Yo, Madre de misericordia, libraré del Santo


Purgatorio, el sábado después de su muerte, a los
Cofrades de mi Orden (La Santísima Virgen al Papa
Juan XXII).

Condiciones.- 1ª Guardar castidad según el propio


estado. 2ª Rezar el Oficio Parvo, si sabe leer, y si no
sabe leer guardar abstinencia los miércoles y sábados.

Aclaraciones.—La primera condición no impide mudar de estado. Si


no se puede rezar el Oficio Parvo por cualquier causa justa, no
puede el cofrade por sí y ante sí, conmutarse el rezo por la
abstinencia de miércoles y sábados sino que debe recurrir a quien
esté facultado. En cuanto a las personas que por no saber leer
vienen obligadas en vez del Oficio Parvo a la abstinencia los
miércoles y sábados, cualquier confesor puede conmutarles esta
obligación en otra (León XIII, 14 de Junio de 1901).
La Santa Sede ha declarado (14 de Junio de 1901) que los Cofrades
del Carmen para alcanzar la promesa de la Virgen contenida en la
Bula Sabatina, pueden rezar el Oficio Parvo en castellano
privadamente y se considera rezo privado aún cuando sea en
Comunidad dentro de una casa religiosa o Comunidad, o a puertas
cerradas en Iglesia pública (10 de Febrero de 1906). El Oficio Parvo
debe rezarse todos los días y basta el nocturno correspondiente al
día, laudes y demás horas. Hay concedida indulgencia plenaria una
vez al mes previa confesión y comunión a todas las personas que
rezan todos los días tan santa devoción.

INDULGENCIAS

Inmenso es el tesoro de indulgencias concedido a los


Cofrades del Carmen, pero sólo consignaré unas pocas
por no dar excesivas proporciones a estas notas.
Los Cofrades ganan plenaria indulgencia: 1º- En el día
que reciben el Santo Escapulario; 2º- En la fiesta de
Nuestra Madre Sma. del Carmen; 3º- En la hora de la
muerte; 4º- Un domingo de cada mes asistiendo a la
procesión del Santo Escapulario.

EL SANTO ESCAPULARIO
Y LA MEDALLA
----------

SAGRADA CONGREGACIÓN
DEL SANTO OFICIO

De la medalla metálica que a voluntad de los fieles


puede substituir a los escapularios de paño.
Como sea cierto que los Santos Escapularios en gran
manera contribuyen a fomentar la devoción de los fieles
y a excitar en ellos propósitos de vida más santa, a fin de
que la piadosa costumbre de recibirlos se acentúe más
de día en día, Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío X,
aunque desea vehementemente que los fieles continúen
llevando los dichos Escapularios en la misma forma que
acostumbraban hasta el presente, no obstante esto,
atendiendo gustosamente a los deseos que muchos le
han manifestado, previo el voto de los Exmos. Padres
Cardenales Inquisidores Generales, en audiencia
concedida al R. P. Asesor de esta Suprema
Congregación Sagrada del Santo Oficio, a 16 de
Diciembre del año 1910, benignamente se dignó
decretar: Que a todos los fieles adscritos por canónica
imposición o que en lo sucesivo se adscriban a uno o a
muchos Escapularios de verdadero nombre y aprobados
por la Santa Sede, exceptuados los propios de las
Ordenes Terceras, les es lícito traer sobre la propia
persona, al cuello o de otra decorosa manera, en vez de
uno o varios Escapularios de paño, una sola medalla de
metal con que, observadas las reglas propias de cada
Escapulario, puedan participar de todas las gracias
espirituales (sin exceptuar el llamado privilegio sabatino
del Escapulario de la Santísima Virgen María del Monte
Carmelo) y lucrar todas las indulgencias
correspondientes a cada uno; Que esta medalla debe
tener en el anverso la imagen de Nuestro Señor
Jesucristo mostrando su corazón, y en el reverso la de la
Santísima Virgen María; Que esta medalla debe ser
bendecida con tantas bendiciones distintas cuantos sean
los Escapularios impuestos canónicamente, a los que ha
de substituir a voluntad del solicitante; Que, finalmente,
estas bendiciones particulares puede darlas con un solo
signo de cruz, en el acto mismo de Ja adscripción,
inmediatamente después de la imposición regular del
Escapulario o también más tarde en la ocasión que se
solicite, sin que importe el orden de las diversas
adscripciones, ni el tiempo transcurrido desde ellas,
cualquier sacerdote, aunque sea distinto del que hizo la
adscripción, con tal que tenga facultad ordinaria o
delegada de bendecir los respectivos Escapularios,
quedando firmes por lo demás, los límites, cláusulas y
condiciones de la facultad primitiva. No obstante nada en
contrario, aun lo que fuere digno de especialísima
mención.

Dado en Roma., en el Palacio del Santo Oficio, a 16 de


Diciembre de 1910.
L. † S.

Luis Guiambene,
Substituto pro Indulgentiis.

------------

CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECCA.

J. LUIS MONTENEGRO Y FLORES,


Secretario.

Registrada en el Lib. de licencias de impresiones


bajo el número 217, folio 72.

IMPRESO EN LA TIPOGRAFÍA SÁNCHEZ & DE GUISE

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