Fallo Acevedo
Fallo Acevedo
1
que este no era de aplicación al caso de autos ya que dicha decisión evidenciaba
un “yerro fenomenal (e inexplicable)” al postular la vigencia del Convenio de la
Organización Internacional de Trabajo sobre la Protección de los Créditos
Laborales en caso de Insolvencia del Empleador, nº 173 (en adelante, el
“Convenio OIT 173”) cuando no se encontraba vigente. Ello por cuanto, según
afirmó, si bien era cierto que el Convenio OIT 173 había sido ratificado por la
ley 24.285, esta ley era solamente una “ley aprobatoria” dictada por el Congreso
en el marco de su competencia para “aprobar o desechar” tratados y
convenciones internacionales (artículo 75, inciso 22, de la Constitución
Nacional) cuando para volver aplicable un tratado en el ámbito doméstico se
necesitaba un ulterior acto de ratificación por el Jefe de Estado, Ministro de
Relaciones Exteriores o sus representantes (artículo 7, Convención de Viena
sobre el Derecho de los Tratados y artículo 99 inciso 11 de la Constitución
Nacional), lo que no había ocurrido. Indicó que antes del acto de ratificación,
distinto al de la “aprobación” y que integra el “acto complejo federal” de la
conclusión de un tratado internacional, el instrumento no es obligatorio para
nuestro país y, por ello, carece estrictamente de vigencia y no obliga a los jueces
argentinos. Ello es así, pues: a) la vigencia de un tratado o convención coincide
con su vigencia internacional; b) la ley aprobatoria no tiene por efecto
“transformar en derecho interno” a la convención internacional; y, c) aun cuando
la propia ley 24.285 utilice la expresión “ratifícase”, la ratificación como acto
internacional vinculante para el Estado no es la ley de aprobación dictada por el
Poder Legislativo y contemplada en el artículo 75, inciso 22, de la Constitución
Nacional, ya que la aprobación legislativa solo tiene por efecto autorizar al
Poder Ejecutivo Nacional a ratificar un tratado en sede internacional.
3°) Que, apelada la sentencia de primera instancia por la
sindicatura, la Sala Tercera de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial
2
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
de la Provincia de Santa Fe revocó la decisión del juez de grado y dejó sin efecto
la sentencia en cuanto ordenaba reformular el proyecto de distribución que había
practicado ese órgano.
Para así decidir, la alzada sostuvo que el fallo de primera instancia
contrariaba el precedente de este Tribunal dictado en autos “Pinturas y
Revestimientos Aplicados S.A.” porque implicaba negar que la ratificación
legislativa del Convenio OIT 173 mediante la ley 24.285 incorporaba dicho
convenio al sistema jurídico argentino, tornándolo directamente aplicable en el
orden interno. Al respecto, la cámara recordó el principio de derecho
internacional según el cual un Estado no puede invocar su derecho interno como
excusa o justificación de una violación del derecho internacional o la
vulneración de un convenio que goza, como en el caso, de jerarquía supralegal
(artículo 75, inciso 22 de la Constitución Nacional). Por último, hizo hincapié en
la autoridad institucional de la jurisprudencia de la Corte Suprema y en el deber
moral de acatamiento por parte de los jueces inferiores.
4°) Que contra el pronunciamiento de la cámara de apelaciones, la
AFIP interpuso recurso de inconstitucionalidad local que, rechazado por la
alzada, motivó la interposición de un recurso de queja ante la Corte Suprema de
Justicia de la Provincia de Santa Fe, que fue desestimado.
El a quo sostuvo que correspondía descartar la existencia de
arbitrariedad por apartamiento legal, toda vez que esta Corte había precisado en
el precedente “Pinturas y Revestimientos Aplicados S.A.”, justamente, la
operatividad del Convenio OIT 173 y había definido el alcance de los créditos
laborales en el régimen de privilegios en el proceso falencial, asumiendo el
carácter de intérprete final de la Constitución Nacional. Destacó que la postura
sostenida en el fallo aplicado por la alzada no era aislada, sino que se trataba de
una doctrina consolidada del Alto Tribunal desde que existían varios
3
precedentes en los cuales se había concluido en que la aplicación del Convenio
OIT 173 era conducente para la solución de la controversia (Fallos: 335:2019;
336:908, entre otros).
5°) Que, como consecuencia de la denegatoria del recurso
extraordinario local por parte del máximo tribunal de la provincia, la AFIP
interpuso recurso extraordinario federal que —denegado por aquel— dio lugar a
la presente queja.
En su recurso, la AFIP arguye que no resulta un fundamento
válido sostener que, en virtud de una ley del Congreso, el Convenio OIT 173 se
incorporó al sistema jurídico con rango superior a las leyes. Afirma que ello
transgrede preceptos constitucionales, por cuanto de la Constitución Nacional
(artículos 99, inciso 11, y 75, inciso 22) surge que la conclusión de un tratado es
un “acto federal complejo” integrado por la aprobación del Congreso a través de
la ley respectiva y por la ratificación del Poder Ejecutivo. La aprobación que
realiza el Congreso Nacional en el orden interno —por medio de una ley— es,
por lo tanto, solo un paso intermedio en el proceso de conclusión de los tratados,
previo a la ratificación en el ámbito internacional y, por ende, no implica su
incorporación en el ámbito doméstico.
Indica que resulta inadmisible avalar la operatividad del Convenio
OIT 173 porque ello equivaldría a asimilar el tratado internacional con la ley
interna aprobatoria. Dicha equivalencia, según la recurrente, es improcedente ya
que el tratado y la ley son dos fuentes de derecho autónomas y distintas (de lo
contrario, la Constitución Nacional no haría referencia a los “tratados” sino
solamente a las “leyes”) y, en base a dicha interpretación, se confundirían dos
competencias que la Constitución Nacional otorga al Congreso de la Nación
separadamente, reduciéndolas a una sola.
4
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
5
(Fallos: 337:315) debe ser mantenido o si, por el contrario, existen razones de
peso suficiente para justificar su abandono. A ese efecto, resulta inevitable
decidir si la atribución constitucional del Congreso de la Nación de “aprobar o
desechar tratados”, establecida en el artículo 75 inciso 22, hace innecesaria su
ratificación por el Poder Ejecutivo a fin de que produzcan efectos jurídicos en el
orden interno o si, como postula la recurrente, la atribución de ratificar un
tratado internacional no puede confundirse con la de aprobarlo o desecharlo
dado que aquella es una facultad distinta y exclusiva del Poder Ejecutivo y, en
consecuencia, un tratado que no ha sido ratificado no puede producir los efectos
que le atribuyen el precedente recordado y, con apoyo en él, la sentencia apelada.
8°) Que en “Pinturas y Revestimientos Aplicados S.A.”, la Sala E
de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial confirmó la sentencia de
primera instancia que, por su parte, había rechazado la impugnación de un
acreedor laboral al proyecto de distribución presentado por la sindicatura según
el cual al crédito insinuado por dicho acreedor laboral debía aplicarse la
limitación del 50% establecida por el artículo 247 de la ley 24.522 y conferírsele
igual rango que al crédito de la AFIP. Para así resolver, la cámara sostuvo que
las directivas del Convenio OIT 173 carecían de operatividad sobre el
ordenamiento concursal pues “no se han armonizado aún aquellas regulaciones
dispositivas con las normas nacionales, de naturaleza legal, reglamentaria o
administrativa que permitan efectivizar los derechos de los trabajadores de
empresas en insolvencia a percibir las acreencias correspondientes”
(considerando 2°).
Este Tribunal, por mayoría, decidió revocar la sentencia de cámara
—con base en la doctrina de la arbitrariedad pero avanzando conjuntamente
sobre la cuestión federal a la que consideró inescindiblemente vinculada con los
agravios fundados en la arbitrariedad de sentencia— al considerar que
6
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
“incumbía al a quo explicar con precisión por qué los preceptos internacionales
invocados no resultaban directamente aplicables en el ámbito local y cuáles
hubieran sido las medidas necesarias que el Estado debió adoptar para
conferirles operatividad, cosa que no ha hecho y que […] muy difícilmente
hubiera podido hacer de manera fundada y convincente” (considerando 8°). Para
así decidir, entre otras razones, tuvo en cuenta que “con la ratificación por el
Congreso del Convenio n° 173 de la OIT, mediante la citada ley 24.285, sus
normas se incorporaron al sistema jurídico argentino, con un rango superior al
de las leyes (art. 75, inc. 22 de la Constitución Nacional) lo que determinó el
desplazamiento de las pautas legales vigentes hasta ese momento que se
opusiesen o no se ajustasen a ellas” (considerando 8°). Asimismo, indicó que
“de conformidad con el convenio internacional, el crédito del trabajador debe
estar resguardado por un privilegio que lo coloque en un plano superior al de los
demás créditos privilegiados, en especial, a los del Estado y a los de la
Seguridad Social” (considerando 9°).
Por ello, concluyó en que “las normas internacionales invocadas
por el apelante han desplazado en el conflicto concreto que resulta de autos, a
las reglas de los arts. 239, párrafo primero, 247 y 249 de la ley concursal sobre
cuya base los jueces de la causa fundaron sus decisiones” (considerando 11).
El fallo “Pinturas y Revestimientos Aplicados S.A.”, entonces, se
basó en la convicción de que el dictado de la ley 24.285, aun en ausencia de un
acto de ratificación por parte del Poder Ejecutivo, fue suficiente para que el
Convenio OIT 173 se volviera plenamente vinculante en el ordenamiento
jurídico argentino y, además, adquiriese una jerarquía supralegal. Esa premisa,
justamente, es la que controvierte la recurrente en autos.
9°) Que en lo que respecta al proceso de celebración de tratados
internacionales nuestra Constitución Nacional contiene dos normas. Por un lado,
7
el artículo 99, inciso 11, establece que es el Poder Ejecutivo de la Nación quien
“concluye y firma tratados, concordatos y otras negociaciones requeridas para el
mantenimiento de buenas relaciones con las organizaciones internacionales y las
naciones extranjeras, recibe sus ministros y admite sus cónsules”. Por el otro, el
artículo 75, inciso 22, dispone que corresponde al Congreso de la Nación
“aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las
organizaciones internacionales y los concordatos con la Santa Sede. Los tratados
y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes”. Podría concluirse en que el
proceso de celebración de tratados se compone únicamente de dos etapas, esto
es, la conclusión y firma de los tratados por el Poder Ejecutivo y su aprobación
por el Congreso de la Nación. Sin embargo, ello es un error; de acuerdo con la
Constitución Nacional el proceso de celebración de un tratado internacional
requiere, además de las dos etapas antes mencionadas, la manifestación por
parte del Poder Ejecutivo del consentimiento para que el país se obligue
internacionalmente, a través de un nuevo acto cuya realización le compete. Este
acto suele realizarse bajo la forma de la ratificación, pero puede adoptar otra
forma, de acuerdo con lo previsto en el artículo 11, Convención de Viena sobre
el Derecho de los Tratados. Solo una vez que se cumplen las tres etapas
necesarias para la celebración de un tratado y, además, este entra en vigor de
acuerdo a las disposiciones previstas en el propio tratado, este se vuelve
plenamente vinculante para la República Argentina, tanto en sede internacional
como interna. Antes de que ello ocurra, el proceso de celebración del tratado se
encuentra inconcluso y, por lo tanto, el tratado no genera plenos efectos
jurídicos.
10) Que la necesidad de que el Poder Ejecutivo exprese el
consentimiento necesario para obligar al país en los términos de un tratado
internacional aprobado por el Congreso de la Nación, se deriva de las normas de
8
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
9
y Zaffaroni e igual considerando del voto concurrente de los jueces Lorenzetti y
Argibay).
Cabe agregar, en lo que aquí interesa, que las facultades
presidenciales previstas en la Constitución Nacional reconocen como fuente lo
dispuesto en el artículo II, sección 2 de la Constitución de los Estados Unidos de
América (1787) (Seco Villalba, J., Fuentes de la Constitución Argentina,
Depalma, Buenos Aires, 1943, p. 214), por lo que la jurisprudencia de ese país
puede servir como un elemento más para ilustrar acerca del correcto alcance de
aquellas facultades. En ese sentido, la Corte Suprema de los Estados Unidos de
América ha sostenido, en fecha reciente, que “el Presidente tiene la facultad
exclusiva de negociar tratados (veáse ‘United States v. Curtiss-Wright Export
Corp.’, 299 U. S. 304, 319 (1936), y el Senado no puede concluir o ratificar un
tratado”, lo que requiere una acción del Presidente (“Zivotofsky v. Kerry”, 576
U.S. 1, 10 (2015)).
11) Que, en relación con los tratados internacionales, esta Corte ha
sostenido que la conducción de las relaciones exteriores del país incluye la
posibilidad de erigirse en juez de la condición de reciprocidad para, en su caso,
negarse a aplicar un tratado (Fallos: 328:3193, especialmente considerandos 26 a
32, con cita de los artículos 75, incisos 22 y 26, y 99, inciso 11, de la
Constitución Nacional) así como la de obligarse internacionalmente a través de
la ratificación de tratados internacionales debidamente aprobados (arg. Fallos:
326:3368, considerando 7°, in fine, y acápite IX, párrafos 9 a 13 del dictamen de
la Procuración General de la Nación en esa causa).
Asimismo, con anterioridad al fallo “Pinturas y Revestimientos
Aplicados S.A.” esta Corte había adoptado una decisión que debería haberse
considerado determinativa de la correcta solución de aquel caso. Concretamente,
en el precedente “Ekmekdjián c/ Sofovich” (Fallos: 315:1492) se sostuvo que el
10
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
11
previamente concluido y firmado por el Poder Ejecutivo y aprobado por el
Congreso sea vinculante para el país tanto en sede internacional como en sede
interna.
13) Que, en este sentido, desde los orígenes de la República
Argentina, el Poder Ejecutivo ha ratificado tratados internacionales que se
convirtieron en derecho vigente en el país, tales como el Tratado de paz,
amistad, comercio y navegación con la República de Chile, firmado el 30 de
agosto de 1855 por el Encargado de Negocios de la Confederación, don Carlos
Lamarca, y el Presidente del Senado de Chile, doctor Diego José Benavente,
aprobado por ley de fecha 1° de octubre de 1855 y ratificado por el Presidente
Salvador María del Carril el 31 de enero de 1856 (Colección de Tratados
Celebrados por la República Argentina con las Naciones Extrangeras,
Publicación Oficial, Tomo I, Buenos Aires, Imprenta de Juan A. Alsina, 1884,
páginas 402/421); el Tratado de paz, amistad, comercio y navegación con el
Imperio del Brasil, firmado el 7 de marzo de 1856 por el Ministro de Relaciones
Exteriores de la Confederación, doctor don Juan María Gutiérrez, y el
Plenipotenciario del Brasil, Vizconde de Abaeté, aprobado por ley de fecha 23
de junio de 1856 y ratificado por el Presidente Justo José de Urquiza el 25 de
junio de 1856 (Colección de Tratados Celebrados por la República Argentina
con las Naciones Extrangeras, Publicación Oficial, Tomo I, Buenos Aires,
Imprenta de Juan A. Alsina, 1884, páginas 450/469); la Convención fluvial con
el Brasil, firmada el 20 de noviembre de 1857 por los ministros del Interior y de
Relaciones Exteriores de la Confederación, doctores D. Santiago Derqui y D.
Bernabé López y el Consejero D. José María da Silva Paranhos, aprobada por
ley de fecha 20 de julio de 1858 y ratificada por el Presidente Justo José de
Urquiza el 19 de julio de 1858 (Colección de Tratados Celebrados por la
República Argentina con las Naciones Extrangeras, Publicación Oficial, Tomo I,
12
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
13
los que la Nación Argentina sea parte: “a) El texto del instrumento de
ratificación del tratado o convención con sus reservas y declaraciones
interpretativas. b) El texto del tratado o convención al que se refiere el inciso
precedente, con la aprobación legislativa en su caso, más las reservas y
declaraciones interpretativas formuladas por las otras partes signatarias. c) Fecha
del depósito o canje de los instrumentos de ratificación o de adhesión. d)
Características del cumplimiento de la condición o fecha de vencimiento del
plazo al cual pudiera hallarse supeditada su vigencia. e) Fecha de la suspensión
en la aplicación del tratado o convención, o de su denuncia”. Por último, su
artículo 3° dispone que los tratados y convenciones internacionales que
establezcan obligaciones para las personas físicas y jurídicas que no sea el
Estado Nacional, son obligatorios solo después de su publicación en el Boletín
Oficial observándose al respecto lo prescripto por el artículo 2º del viejo Código
Civil.
Cabe destacar en relación con este tema las manifestaciones
efectuadas por el miembro informante de la Comisión de Relaciones Exteriores
y Culto ante la Cámara de Diputados al tratar la ley 24.080 que, como ha
sostenido en reiteradas oportunidades esta Corte, son fuente de interpretación
auténtica de las leyes respecto de su significado y alcance (Fallos: 127:106;
140:199; 328:4655, entre otros). Al respecto, el señor Saturnino Aranda sostuvo
que “los tratados o convenios internacionales aprobados por el Congreso carecen
de efectos vinculantes hasta que el Poder Ejecutivo los ratifique” (40° reunión,
continuación de la 11° sesión ordinaria, de la Cámara de Diputados de la
Nación, 27 de septiembre de 1990, p. 3447).
Los diputados Gentile, Gatti y González al presentar el proyecto
de ley expresaron las mismas ideas. En los fundamentos del proyecto que luego
fuera aprobado indicaron que “si bien los tratados deben ser aprobados por ley
14
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
15
(artículo 7.2). Por lo tanto, el Congreso de la Nación al aprobar la Convención
de Viena admitió que quien se encuentra constitucionalmente facultado para
manifestar el consentimiento en obligarse por un tratado internacional no es el
propio Congreso, sino el Presidente de la Nación y, en su caso, el Ministro de
Relaciones Exteriores.
Por otro lado, el Congreso también aprobó mediante ley 23.782
—y el Poder Ejecutivo ratificó en fecha 17 de agosto de 1990— la Convención
de Viena sobre el Derecho de los Tratados entre Estados y Organizaciones
Internacionales o entre Organizaciones Internacionales que, en materia de
celebración de tratados, tiene disposiciones idénticas a las anteriormente
mencionadas (véanse artículos 7, 11 y 14).
En suma: el texto de nuestra Constitución, los precedentes de esta
Corte, la práctica de los poderes constituidos en materia de celebración de
tratados internacionales y el texto de la Convención de Viena sobre el Derecho
de los Tratados, en conjunto, confirman que el Poder Ejecutivo participa dos
veces en el proceso de celebración de un tratado internacional: primero, a través
de su firma y conclusión y, luego, una vez que el tratado ha sido aprobado por el
Congreso, a través de la manifestación del consentimiento en obligarse por el
tratado. Esta conclusión, por lo demás y como se sostuvo precedentemente, es
consistente con la interpretación que se ha dado en los Estados Unidos de
América a cláusulas que, en lo que aquí interesa, son análogas a las de nuestra
Constitución Nacional y que sirvieron como fuente de ella en el punto.
El hecho de que la manifestación del consentimiento a través de la
ratificación sea una etapa necesaria del proceso de celebración de un tratado
determina los efectos que producen, en el ámbito doméstico, las leyes
aprobatorias de los tratados internacionales. Por ello, la ley aprobatoria de un
tratado internacional no puede tener ningún otro efecto más que autorizar al
16
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
17
17) Que, en este contexto, es preciso analizar cuáles de las etapas
necesarias para la celebración de un tratado internacional mencionadas en los
considerandos anteriores se han llevado a cabo en relación con el Convenio OIT
173, cuya aplicabilidad se discute en autos.
La Conferencia General de la OIT es uno de los tres órganos de
dicha organización internacional y tiene, entre sus funciones, la de adoptar
convenios con la mayoría de los dos tercios de los votos emitidos por los
delegados presentes (artículo 19, apartados 1 y 2, Constitución de la OIT). En
caso de que se adopte un convenio en el marco de una Conferencia, la
Constitución de la OIT establece que “cada uno de los Miembros se obliga a
someter el convenio, en el término de un año a partir de la clausura de la reunión
de la Conferencia (o, cuando por circunstancias excepcionales no pueda hacerse
en el término de un año, tan pronto sea posible, pero nunca más de dieciocho
meses después de clausurada la reunión de la Conferencia), a la autoridad o
autoridades a quienes competa el asunto, al efecto de que le den forma de ley o
adopten otras medidas” y que “si el Miembro obtuviere el consentimiento de la
autoridad o autoridades a quienes competa el asunto, comunicará la ratificación
formal del convenio al Director General y adoptará las medidas necesarias para
hacer efectivas las disposiciones de dicho convenio” (artículo 19, apartado 5,
incisos b y d, Constitución de la OIT).
El Convenio OIT 173 fue adoptado en Ginebra el 23 de junio de
1992 en el marco de la 79ª reunión de la Conferencia General de la OIT. En sus
disposiciones finales, el referido convenio establece que las ratificaciones
formales serán comunicadas, para su registro, al Director General de la Oficina
Internacional del Trabajo (artículo 15); que el Convenio “obligará únicamente a
aquellos Miembros de la Organización Internacional del Trabajo cuyas
ratificaciones haya registrado el Director General” y que “entrará en vigor, para
18
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
cada Miembro, doce meses después de la fecha en que haya sido registrada su
ratificación” (artículo 16, apartados 1 y 3).
18) Que con fecha 18 de marzo de 1993, el diputado Jorge R.
Machicote (véase Trámite Parlamentario, período 1992, Nº 219, de fecha 18 de
marzo de 1993) presentó un proyecto de ley mediante el cual se propició la
ratificación legislativa por la República Argentina del Convenio OIT 173. Dicho
proyecto se convirtió en la ley 24.285 el 1º de diciembre de 1993. Dicha ley, en
su artículo 1º, dispuso “ratifícase el Convenio 173 sobre Protección de los
Créditos Laborales en caso de Insolvencia del Empleador, adoptado por la
Conferencia Internacional del Trabajo (LXXIX Reunión, 1992) de la
Organización Internacional del Trabajo, que obra agregado como anexo único”.
19) Que el Poder Ejecutivo de la Nación no tuvo en el proceso de
celebración del Convenio OIT 173 la intervención que constitucionalmente le
corresponde como paso previo indispensable para que el país se obligue
internacionalmente, en tanto no ratificó dicho convenio. Por ello, la propia OIT
enumera el Convenio OIT 173 entre los “Convenios y protocolos actualizados
no ratificados por Argentina”. Nunca existió acto de ratificación por parte del
Poder Ejecutivo ni, menos aún, la comunicación de dicho acto al Director
General de la OIT, tal como lo exige la Constitución de la OIT y el artículo 15
del Convenio OIT 173 (véase al respecto el listado disponible en:
https://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p
=1000:11210:0::NO:11210:P11210_COUNTRY_ID:102536).
El Poder Ejecutivo, cuando lo ha juzgado apropiado, ha ratificado
los tratados celebrados en el seno de la OIT (véanse, a modo de ejemplo, los
siguientes instrumentos: Convenio OIT 105, relativo a la Abolición del Trabajo
Forzoso, aprobado por ley 14.932 el 10 de noviembre de 1959 y ratificado el 18
de enero de 1960; Convenio OIT 111, relativo a la Discriminación en materia de
19
Empleo y Ocupación, aprobado por ley 17.677 de fecha 8 de marzo de 1968 y
ratificado el 18 de junio de 1968; Convenio OIT 135, relativo a la Protección y
Facilidades que deben Otorgarse a los Representantes de los Trabajadores en la
Empresa, aprobado por ley 25.801 el 5 de noviembre de 2003 y ratificado el 23
de noviembre de 2006; Convenio OIT 189 sobre el Trabajo Decente para las
Trabajadoras y los Trabajadores Domésticos, aprobado por ley 26.921 el 27 de
noviembre de 2013 y ratificado el 24 de marzo de 2014; entre muchos otros).
La manifestación del consentimiento en obligarse por un convenio
internacional que, como quedó establecido, constituye una competencia
discrecional y exclusiva del Poder Ejecutivo Nacional, no puede ser de modo
alguno suplida por la sanción de una ley aprobatoria, aun cuando en dicha ley el
Congreso haya utilizado la palabra “ratifícase”. Afirmar lo contrario importaría
admitir una conclusión constitucionalmente insostenible, esto es, que la
República Argentina puede ser obligada internacionalmente por las
disposiciones de un tratado por decisión del Congreso y sin la necesaria
intervención final del Poder Ejecutivo de la Nación que es, precisamente, quien
se encuentra encargado del manejo de las relaciones exteriores del país. En
palabras de esta Corte en el ya citado caso “Ekmekdjián”, dicha tesitura
“constituiría un avance inconstitucional del Poder Legislativo Nacional sobre
atribuciones del Poder Ejecutivo Nacional que es quien conduce […] las
relaciones exteriores de la Nación”.
El hecho de que el Poder Ejecutivo haya decidido no ratificar el
Convenio OIT 173 tiene consecuencias jurídicas concretas y precisas, que
derivan directamente de las consideraciones precedentes: dicho instrumento
internacional no se ha transformado en derecho vigente en la República
Argentina.
20
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
21
ineludible tal cambio de criterio’ […] entre las cuales se encuentra el
reconocimiento del carácter erróneo de la decisión” (cfr. Fallos: 329:759 y sus
citas).
Ahora bien, la deferencia hacia el precedente exige que el tribunal
que pretende apartarse de aquel explique el error, que tiene que ser
suficientemente grave (Fallos: 329:759) o claro (Fallos: 337:47). El mero error,
o el simple desacuerdo respecto del acierto de lo decidido, no bastan para
justificar el abandono de un precedente, pues de lo contrario ellos no tendrían,
en rigor, autoridad alguna. Valdrían en tanto fuesen compartidos por los
miembros actuales del Tribunal, pero en tal caso su mantenimiento no
representaría deferencia alguna hacia el pasado, sino coincidencia sustantiva con
lo antes decidido. Por ello, no basta con mostrar que la solución anterior no es la
mejor, ni que se ha cometido un error, sino que el error debe ser claro y
suficientemente grave, entre otros factores que deben ser sopesados para
justificar el apartamiento de una decisión anterior de la propia Corte.
22) Que, como se anticipara, en este caso se encuentran presentes
las condiciones que justifican el abandono del precedente “Pinturas y
Revestimientos Aplicados S.A.”.
Sostener que el Convenio OIT 173 es aplicable en el ordenamiento
jurídico argentino, con rango de tratado internacional, por el solo efecto de la ley
24.285 es un error jurídico grave y claro que tiene consecuencias institucionales
significativas. Ello es así por cuanto, como ha quedado demostrado en los
considerandos anteriores, es el Poder Ejecutivo quien tiene centralmente a su
cargo el manejo de las relaciones exteriores del país y quien posee, de manera
exclusiva, la atribución constitucional de finalizar el procedimiento interno de
celebración de un tratado y, por ello, la competencia para ratificarlo. Solo
cuando ha ocurrido este acto y el tratado entra en vigor, este produce plenos
22
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
23
23) Que descartada la tesis según la cual el Convenio OIT 173 es
un tratado internacional vigente en la República Argentina, resta considerar la
posibilidad de que, aun sin el rango jerárquico supralegal que la Constitución
otorga a tales instrumentos internacionales (artículo 75, inciso 22), los
contenidos del convenio resulten obligatorios en el derecho argentino con rango
simplemente legal y como consecuencia directa e inmediata de la vigencia de la
ley 24.285. En otras palabras, si es posible entender que esa norma dictada por
el Congreso de la Nación transformó en derecho positivo vigente, de carácter
común en razón de la materia (artículo 75, inciso 12, Constitución Nacional), las
previsiones del convenio que, como anexo único, obra agregado a dicha ley. La
respuesta negativa se impone, por las razones que seguidamente se exponen.
24) Que, en primer lugar, debe insistirse en que la facultad de
“aprobar o desechar tratados” es claramente distinta a la de legislar y aunque en
la práctica del Congreso argentino aquella se ponga en ejercicio a través de leyes
formales, eso no significa que tales disposiciones sean de carácter materialmente
legislativo. El hecho de que, en el proceso legislativo de aprobar o desechar un
tratado, el Congreso dé trámite al correspondiente proyecto, que este pase por
diversas comisiones parlamentarias y que, finalmente, sea sometido a votación
en ambas cámaras, no es suficiente para atribuirle carácter materialmente
legislativo a la ley así sancionada.
Existen potestades constitucionales del Congreso de la Nación que
no tienen carácter legislativo, sino que poseen una naturaleza claramente
distinta, aunque formalmente se ejerzan a través de leyes. El ejemplo
paradigmático, tal vez, es el de la declaración de la necesidad de reforma de la
propia Constitución, acto al que esta Corte ha reconocido naturaleza pre
-constituyente y no legislativa, aunque en nuestra historia constitucional ella se
haya ejercido mediante el dictado de leyes.
24
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
25
340:257, considerandos 13, 14, 16 y, especialmente, 17 del voto concurrente del
juez Maqueda; en el mismo sentido, considerando 21 del primer voto del juez
Lorenzetti; arg. considerando 6° del voto concurrente del juez Rosatti).
Lo mismo cabe predicar de otras facultades que la Constitución
atribuye al Congreso y que este puede ejercer a través de leyes en sentido
formal, como son —a título de simple ejemplo— las contenidas en distintos
incisos del artículo 75: inciso 20 (“[…] dar pensiones”, puesta en ejercicio
mediante las leyes 9870, 13.553 y 24.440, entre muchas otras), inciso 25
(“Autorizar al Poder Ejecutivo para declarar la guerra o hacer la paz”, puesta en
ejercicio mediante la ley 5 de 23 de noviembre de 1854 que autorizó al Poder
Ejecutivo a consultar la seguridad e integridad del territorio de la Confederación,
incluso mediante la guerra; la ley 131 de 2 de junio de 1865 que autorizó al
Gobierno Nacional para levantar un Ejército de veinticinco mil hombres, para la
guerra con el Paraguay; la ley 12.837, ratificatoria del decreto-ley 6945/1945,
que declaró el estado de guerra entre la República Argentina, Alemania y el
entonces Imperio del Japón), inciso 28 (“Permitir la introducción de tropas
extranjeras en el territorio de la Nación, y la salida de las fuerzas nacionales
fuera de él”, puesta en ejercicio, por ejemplo, mediante las leyes 25.896 y
25.907), entre otras. Es claro que, cualesquiera que puedan ser las distintas
clasificaciones doctrinarias que cupiera hacer a su respecto, las facultades
reseñadas no son, en cuanto a su contenido, de carácter materialmente legislativo.
Por ello, una ley en sentido formal, que no pone en ejercicio
facultades legislativas sino de otra índole, como ocurre con aquella que “aprueba
o desecha tratados”, no puede conferir al tratado o convenio aprobado el efecto
de regir como ley material en el orden interno, en el sentido de crear
inmediatamente y con carácter general derechos u obligaciones para los
habitantes del país.
26
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
27
discrecional del Poder Ejecutivo en orden a la manifestación del consentimiento
en obligarse por los tratados internacionales y, más generalmente, socava
seriamente su responsabilidad central en la conducción de las relaciones
exteriores. Una interpretación tal, naturalmente, no tiene cabida en nuestro
ordenamiento constitucional, en tanto supone que las disposiciones
constitucionales en análisis se anulan o destruyen recíprocamente, de forma
contraria al principio general que rige la tarea hermenéutica e impone,
precisamente, la evitación de ese resultado (doctrina de Fallos: 330:1989).
26) Que la tesis en cuestión implica, en contra de otro asentado
canon de interpretación normativa, asumir la imprevisión o inconsecuencia del
legislador, lo que —como principio— no resulta admisible (Fallos: 341:631;
345:945; 346:634; 347:1128, entre muchos otros).
En efecto, si la ley aprobatoria bastara para que, en el ámbito
interno, las disposiciones del tratado aprobado —pero no ratificado— generasen
obligaciones para los habitantes del país, no tendrían sentido alguno las
disposiciones de la ley 24.080, sancionada apenas un año y medio antes que la
ley 24.285, que prevén expresamente que la obligatoriedad de aquellas
disposiciones para las personas físicas o jurídicas distintas del Estado Nacional
depende de la publicación del tratado o convención, de su aprobación legislativa
y del instrumento de ratificación, junto con sus reservas y declaraciones
interpretativas (artículos 1° y 3°). Carece de sentido exigir la publicación de los
instrumentos que hacen al “acto federal complejo” en su integridad como
condición de obligatoriedad, si basta la ley aprobatoria para generar ese mismo
efecto jurídico. Por eso, la tesis analizada supone que el legislador de la ley
24.080 actuó con imprevisión y que el legislador de la ley 24.285 —norma que
28
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
29
VOTO DEL SEÑOR PRESIDENTE DOCTOR DON HORACIO ROSATTI
Considerando:
1°) Que en el marco del proceso de quiebra de una empresa textil,
la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) insinuó dos créditos, uno
privilegiado y otro quirografario, que fueron oportunamente verificados.
Continuado el trámite de la causa, en septiembre de 2014 la sindicatura
confeccionó el proyecto de distribución en el cual dio protección a los créditos
laborales por medio de un privilegio, en los términos de la ley 24.285 y del
precedente de esta Corte “Pinturas y Revestimientos Aplicados S.A.” (Fallos:
337:315), de fecha 26 de marzo de 2014, dictado con fundamento en la ley
citada, ratificatoria del Convenio 173 de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) sobre Protección de los Créditos Laborales en caso de Insolvencia
del Empleador, adoptado por la Conferencia Internacional del Trabajo (LXXIX
Reunión, 1992).
Tal proyecto de distribución fue impugnado por el representante
del fisco invocando que la aplicación del privilegio mencionado generó que, en
la práctica, la distribución se efectuara exclusivamente a favor de los créditos
laborales verificados, desplazando aquellas acreencias de organismos estatales,
tanto nacionales como provinciales y locales. Sostuvo que el citado Convenio
173 OIT no se encontraba vigente en el ordenamiento jurídico argentino ya que
solamente existía una “ley aprobatoria” 24.285 dictada por el Congreso en el
marco de su competencia para “aprobar o desechar” tratados y convenciones
internacionales (actual art. 75, inc. 22 de la Constitución Nacional) sin que
mediara ratificación por parte del Poder Ejecutivo. Afirmó que dicha norma
carecía de vinculatoriedad ya que para obligar al Estado Argentino necesitaba de
un ulterior acto de ratificación por el Jefe de Estado, Ministro de Relaciones
30
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
31
Máximo Tribunal de la Nación, en su carácter de intérprete final de la
Constitución había precisado la operatividad de la norma mencionada y definido
el alcance de los créditos laborales en el régimen de privilegios en el proceso
falencial.
4°) Que contra dicho pronunciamiento la AFIP dedujo el recurso
extraordinario federal que, denegado, motivó la presente queja.
Fundamentó su pretensión recursiva en que el Convenio 173 OIT
no constituye un instrumento obligatorio para nuestro país, por no haber sido
ratificado por el Poder Ejecutivo. Invocó la arbitrariedad del fallo recurrido por
basarse en un criterio jurisprudencial y normativa no aplicable para la
confección del proyecto de distribución en la quiebra. Agregó que el decisorio
en crisis vulnera derechos y garantías constitucionales, entre ellos el derecho de
propiedad y la garantía de defensa en juicio.
5°) Que el remedio federal resulta admisible, toda vez que se
encuentra en juego la aplicación e interpretación de normas de la Constitución
Nacional (arts. 75 inc. 22 y 99 inc. 11) y la decisión del superior tribunal de la
causa es contraria a las pretensiones que la recurrente funda en ellas (art. 14,
inciso 3, ley 48). Asimismo, la resolución apelada resulta equiparable a
definitiva, en tanto origina un perjuicio de muy difícil reparación ulterior, en
virtud de los efectos que produce sobre las perspectivas de cobro de las
acreencias reclamadas (arg. Fallos: 300:1097; 317:1397; 330:1469; 332:479,
entre otros).
A los fines indicados se señala que: i) esta Corte no se encuentra
limitada en su decisión por los argumentos de las partes o del a quo, sino que le
incumbe realizar una declaración sobre el punto disputado (Fallos: 331:735); y ii
) habiéndose invocado causales de arbitrariedad que son inescindibles de los
32
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
33
las disposiciones de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados,
firmada por la República Argentina el 23 de mayo de 1969, aprobada por ley
19.865 y ratificada el 5 de diciembre de 1972. Dicho instrumento, que goza de
jerarquía supra-legal en nuestro ordenamiento conforme el art. 75 inciso 22,
primer párrafo, de la Constitución Nacional, estipula a la ratificación como una
de las formas mediante las cuales un Estado puede manifestar su consentimiento
para obligarse a través de un tratado internacional (arts. 11 y 14 de la
Convención).
9°) Que el Convenio 173 OIT fue aprobado por la Conferencia
General de la Organización Internacional del Trabajo, convocada por el Consejo
de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, y celebrada en
Ginebra el 3 de junio de 1992, en su septuagésima novena reunión. El
documento expresamente dispuso, en su artículo 16, que “obligará únicamente a
aquellos miembros de la Organización Internacional del Trabajo cuyas
ratificaciones haya registrado el Director General”.
El convenio de marras fue aprobado por el Congreso de la Nación
Argentina mediante la ley 24.285, cuyo artículo 1° establece “Ratifícase el
Convenio 173 sobre Protección de los Créditos Laborales en caso de Insolvencia
del Empleador, adoptado por la Conferencia Internacional del Trabajo (LXXIX
Reunión, 1992) de la Organización Internacional del Trabajo, que obra agregado
como anexo único”. La ley fue promulgada de hecho el día 23 de diciembre de
1993 y publicada en el Boletín Oficial con nº 27.796, de fecha 29 de diciembre
de 1993, sin que se haya verificado hasta el momento acto posterior del Poder
Ejecutivo en orden a su ratificación en sede internacional.
De todo lo expuesto cabe concluir que, a la luz de los artículos 75,
inciso 22 y 99 inc. 11, de la Norma Suprema, y las cláusulas de la Convención
de Viena sobre el Derecho de los Tratados, reseñados anteriormente, el
34
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
35
24.285: “El Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos
en Congreso, etc., sancionan con fuerza de Ley”) y viii) promulgado de hecho el
23 de diciembre de 1993, bajo el nro. de Ley 24.285.
En segundo lugar, el contenido de esa ley indica que está destinada
a regir, con carácter general, la conducta de los habitantes de la Nación. En
efecto, en este caso, el Congreso aprobó una norma que, además de expresar la
vocación de asumir compromisos internacionales (que no fueron
perfeccionados), regula también aspectos específicos de la relación entre
empleadores y trabajadores en el ámbito nacional. El trámite legislativo del
proyecto da cuenta de la consideración en ambas Cámaras de aspectos
concernientes a la protección del trabajador y su salario para el caso de
insolvencia del empleador a través de dos instituciones, el privilegio y la
garantía. Específicamente en torno a la primera, cuya aplicación se estudia en el
presente caso, el proyecto tuvo en cuenta no solo el Convenio 173 OIT -al que
refiere en particular e incorpora como anexo-, sino también a la compatibilidad
del criterio normativo allí establecido con los antecedentes legislativos
argentinos vigentes al momento de su consideración. Así, en los fundamentos
del proyecto -hechos propios posteriormente por la Comisión de Legislación
Laboral de la Cámara de Diputados- se aclaró que “el sistema de preferencia o
privilegio de créditos laborales aparece contemplado en el artículo 265, inciso
40, de la Ley de Concursos 19.551 y en los artículos 261 a 267 de la Ley de
Contrato de Trabajo 20.744 y sus modificatorias” (vr. “Fundamentos”, trámite
parlamentario nro. 219, jueves 18 de marzo de 1993, proyecto de ley nro. 26,
pág. 8030, y Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, 8
Reunión – Continuación de la 1°E LA 1° Sesión ordinaria, junio 16 de 1993,
pág. 1421).
36
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
37
informados y atentos a la pluralidad de razones que conforman lo común. Ese
ámbito, incluso con imperfecciones, encarna el ideal de auto-gobierno y afianza
el valor epistémico de la democracia deliberativa (arg. Fallos: 344:3156).
12) Que asimismo, corresponde señalar que la decisión adoptada
en Fallos: 342:459, voto del juez Rosatti, en cuanto se hizo mención al
precedente de Fallos: 337:315, obedeció al solo y único efecto de afirmar que,
dadas las circunstancias excepcionales del asunto, el régimen de privilegios
previsto en la ley 24.522, cuya aplicación allí se cuestionaba, debía ser
examinado bajo el prisma de los instrumentos internacionales vinculado con los
derechos de los niños y de las personas con discapacidad, de estricta aplicación a
esa controversia.
13) Que resuelta la primera de las cuestiones planteadas en el
considerando 6°, referida a la naturaleza y virtualidad jurídica de la norma
aprobatoria del convenio 173 de la OIT, corresponde examinar la segunda
cuestión, es decir si la ley 24.285, es aplicable al presente caso.
En ese orden de ideas corresponde tener presente que con
posterioridad al dictado de esta ley 24.285 (Boletín Oficial 29 de diciembre de
1993), entró en vigencia la ley 24.522 de Concursos y Quiebras (Boletín Oficial
9 de agosto de 1995) que regula el alcance y privilegios de los créditos de
distinta naturaleza entre los que se encuentran los créditos laborales. Por lo tanto
contrariamente a lo decidido en anteriores instancias, en el ámbito doméstico, la
ley 24.522, en tanto ley posterior, resulta aplicable al caso, reemplazando a la
ley 24.285 en todo lo que resulte incompatible.
Por ello, habiendo dictaminado el señor Procurador Fiscal, se hace lugar a
la queja, se declara procedente el recurso extraordinario y se deja sin efecto la
sentencia apelada. Costas por su orden atento a las particularidades de la
38
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
39
VOTO DEL SEÑOR MINISTRO DOCTOR DON MANUEL JOSÉ GARCÍA
-MANSILLA
Considerando que:
1°) En relación con el relato de los hechos, corresponde remitirse
al voto de los jueces Rosenkrantz y Lorenzetti, considerandos 1° al 5°.
2°) La resolución recurrida es equiparable a sentencia definitiva
porque causa un perjuicio de muy difícil reparación ulterior, en virtud de los
efectos que genera sobre las probabilidades de cobro de los créditos reclamados
en autos (Fallos: 317:1397; 330:1469; 332:479).
Además, en autos está en juego la interpretación y la aplicación de
normas de la Constitución Nacional (artículos 99 inciso 11, 75 inciso 22, y 31) y
la decisión del superior tribunal de la causa es contraria a las pretensiones que la
recurrente funda en ellas (art. 14 inc. 3° de la Ley 48). A su vez, si existe
cuestión federal cuando se encuentra en juego la interpretación de una norma
federal como lo es un tratado internacional (Fallos: 330:1572; 339:252;
339:1763; 342:1568; 343:595), con mayor razón la hay cuando lo que se
cuestiona es la propia entrada en vigor de ese mismo tratado para el
ordenamiento jurídico argentino.
En consecuencia, el recurso extraordinario federal interpuesto por
el Fisco es admisible.
3°) Esta Corte debe expedirse en autos sobre si corresponde
mantener o abandonar el criterio sostenido en los precedentes “Sullivan” (Fallos:
335:2019), “Clínica Marini” (Fallos: 336:908) y, en particular, “Pinturas y
Revestimientos” (Fallos: 337:315), respecto de que el Convenio 173 sobre
Protección de los Créditos Laborales en caso de Insolvencia del Empleador,
adoptado por la Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización
40
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
41
“Clínica Marini” (Fallos: 336:908, Considerando 11) sostuvo de forma similar
que “el Convenio 173 de la OIT [fue] ratificado por ley 24.285” (énfasis
agregados).
En “Pinturas y Revestimientos” (Fallos: 337:315) —repitiendo los
criterios de Fallos: 335:2019 y 336:908— esta Corte refirió que los convenios de
la OIT, “en tanto hayan obtenido la ratificación legislativa, se inscriben en la
categoría de los tratados a los que el art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional
confiere un rango superior al de las leyes” (Considerando 5° in fine, cursiva
agregada). En ese mismo precedente, se afirmó que “[c]on la ratificación por el
Congreso del Convenio n° 173 de la OIT, mediante […] ley 24.285, sus normas
se incorporaron al sistema jurídico argentino, con un rango superior al de las
leyes (art. 75, inc. 22 de la Constitución Nacional) lo que determinó el
desplazamiento de las pautas legales vigentes hasta ese momento que se
opusiesen o no se ajustasen a ellas” (énfasis agregado). Con el voto del juez
Petracchi, que, en ese punto, conformó la mayoría junto a los jueces Fayt,
Maqueda y Zaffaroni, ese criterio forma parte de lo sostenido por la Corte en ese
caso.
Dado que en ese precedente se estimó que el Convenio 173 de la
OIT estaba efectivamente en vigor y obligaba a la República Argentina, en el
caso se dejaron de aplicar disposiciones normativas específicas sancionadas por
el Congreso de la Nación en la Ley 24.522 de Concursos y Quiebras.
Estos tres precedentes interpretaron incorrectamente el significado
y alcance de los artículos 99, inciso 11 y 75, inciso 22 de la Constitución y no
tomaron en cuenta el alcance del artículo 31. Crearon, además, una categoría
—la ratificación legislativa de tratados internacionales— que nuestro sistema
constitucional no contempla expresamente y que contradice directamente el rol
constitucional del Presidente de la Nación en este punto. Finalmente,
42
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
43
La segunda norma constitucional relativa al proceso de
elaboración de tratados es el artículo 75 inciso 22 que otorga al Congreso de la
Nación el poder de “Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás
naciones y con las organizaciones internacionales y los concordatos con la Santa
Sede”. El importante rol que el Congreso cumple en esta parte del proceso no se
limita a un acto mecánico de aprobar o desechar tratados, sino que puede sugerir
o exigir al Presidente de la Nación que formule modificaciones al tratado
(GONZÁLEZ, Joaquín V, “La cláusula compromisoria en los tratados de
arbitraje general”, Obras Completas, Vol. XI, Universidad Nacional de La Plata,
1935, pp. 211-215). Estas modificaciones pueden ser reservas o declaraciones
interpretativas para dejar en claro el alcance de la obligación que la República
Argentina asumirá eventualmente ante la comunidad internacional. En
definitiva, la decisión del Congreso de la Nación de aprobar el tratado sometido
a su consideración constituye la autorización necesaria para que el Poder
Ejecutivo, dentro de los parámetros que el propio Congreso fije, pueda
ratificarlo luego en sede internacional y perfeccionar así el consentimiento de
nuestro país en obligarse a cumplir ese tratado.
La redacción actual del artículo 75, inciso 22, de la Constitución
surge de la reforma constitucional de 1994, ya que su versión anterior establecía
que correspondía al Congreso “[a]probar o desechar los tratados concluidos con
las demás naciones, y los concordatos con la Silla Apostólica” (art. 67 inc. 19,
de la Constitución de 1853/60). La fuente de este último fue la Constitución
Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824, que en su artículo 50 inciso
12° establecía entre las atribuciones del Congreso general la de: “Dar
instrucciones para celebrar concordatos con la silla apostólica [y] aprobarlos
para su ratificación […]” (SECO VILLALBA, op. cit., p. 192, énfasis
agregado). Es claro que en la norma mexicana, que resultó fuente del antiguo
44
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
artículo 67 inciso 19, antecedente directo de nuestro actual artículo 75, inciso
22, hay dos actos diferentes: por un lado, la aprobación de un tratado, y, por el
otro, su posterior ratificación.
La práctica institucional en nuestro país reconocía esa distinción
entre aprobación y ratificación de un tratado aun antes de sancionada la
Constitución Nacional. En la sesión del 6 de junio de 1852 de la Sala de
Representantes de la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se trató la noticia
de la firma del Acuerdo de San Nicolás. En esa oportunidad se leyó una minuta
redactada por la Comisión de Negocios Constitucionales en la que se reclamaba
al gobernador delegado, Manuel G. Pinto, que enviara información de todo lo
actuado en San Nicolás. A renglón seguido, Dalmacio Vélez Sarsfield, miembro
informante de esa comisión, aclaró que: “si era un tratado, debia presentarlo
original, exigiendo la autorizacion de la Sala para su ratificacion”
(RAVIGNANI, Emilio, Asambleas Constituyentes Argentinas, Tomo IV, Jacobo
Peuser, Buenos Aires, 1937, p. 262).
Ya sancionada la Constitución Nacional, en la sesión del 8 de
septiembre de 1853 del Congreso General Constituyente de Santa Fe se
analizaron los tratados de libre navegación de los ríos que el gobierno nacional
había negociado con Estados Unidos, Inglaterra y Francia. El convencional
Martín Zapata explicó en esa oportunidad: “Que era un principio rudimental de
derecho público, que los tratados celebrados por un [príncipe] ú otra autoridad
[que] ha menester el [consentimiento] de la legislatura [para] ratificarlos y
elevarlos al carácter de leyes supremas, no producia derecho perfecto hasta no
ser [debidamente] ratificados y aprobados” (RAVIGNANI, Asambleas
Constituyentes Argentinas, Tomo IV, p. 571. Énfasis en el original).
Durante la reforma constitucional de 1860, se incluyó en el
artículo 31 de la Constitución Nacional una mención indirecta a la ratificación
45
que tiene incidencia en el proceso de celebración de tratados: “Esta
Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el
Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de la
Nación; y las autoridades de cada provincia están obligadas a conformarse a
ella, no obstante cualquiera disposición en contrario que contengan las leyes o
constituciones provinciales, salvo para la provincia de Buenos Aires, los
tratados ratificados después del Pacto de 11 de noviembre de 1859” (el
destacado es propio). Esta aclaración se explica por la existencia de tratados que
anteriormente habían sido aprobados por el Congreso de la Confederación y que
estaban pendientes de ser ratificados por el Presidente. Se quería evitar la
entrada en vigor de esos tratados hasta que Buenos Aires se hallase incorporada
a la Nación y estuviera debidamente representada en los distintos departamentos
del gobierno nacional. En caso de que la ratificación se hubiese dado antes de
ese objetivo, Buenos Aires no se hubiera encontrado vinculada por esos tratados
a los que se refiere el artículo 31 de la Constitución Nacional. Así, la ratificación
de tratados está ciertamente prevista en nuestra norma suprema.
La ratificación en sede internacional es el último paso formal que
el gobierno federal debe dar para la celebración de un tratado. Ese paso resulta
ineludible para que un tratado internacional pueda formar parte de nuestro
ordenamiento jurídico. Si bien existen distintas formas de manifestar el
consentimiento de un país para obligarse por un tratado internacional (canje de
instrumentos, adhesión, ratificación, etc.), todos esos actos deben ser efectuados
por un representante del país ante la comunidad internacional. La forma más
usual de manifestar ese consentimiento es, precisamente, la ratificación en sede
internacional. Conforme lo dispuesto por el artículo 2.1.b) de la Convención de
Viena sobre el derecho de los tratados de 1969, aprobada por ley 19.865, la
“ratificación” es el acto internacional por medio del cual “un Estado hace
46
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
47
530). La Suprema Corte de los Estados Unidos confirmó ese criterio en
“Zivotofsky v. Kerry”, 576 U.S. 1, p. 10 (2015) que, concretamente, sostuvo que
el Senado no puede concluir o ratificar un tratado ya que, conforme la estructura
constitucional de los Estados Unidos, ese poder le corresponde al Presidente.
De esta forma, las conclusiones a las que corresponde arribar
respecto del alcance de las facultades de los poderes legislativo y ejecutivo en el
proceso de celebración de tratados son consistentes con aquellas a las que se
llegó en los Estados Unidos, frente a disposiciones constitucionales muy
similares y que constituyeron la fuente directa de las normas constitucionales
argentinas. Tanto en nuestro país como en los Estados Unidos, los pasos para
celebrar válidamente un tratado incluyen esas tres etapas de modo inexorable e
ineludible: la negociación y firma del tratado por parte del Poder Ejecutivo, la
expresión de la voluntad de aprobar ese tratado por parte del Congreso de la
Nación, y, finalmente, la expresión concreta de la ratificación de ese mismo
tratado en sede internacional por parte de un representante autorizado por el
Poder Ejecutivo.
Estas etapas ya habían sido condensadas por esta Corte en el
precedente “Ekmekdjián c/ Sofovich”: “un tratado internacional,
constitucionalmente celebrado, incluyendo su ratificación internacional es
orgánicamente federal, pues el Poder Ejecutivo concluye y firma tratados […],
el Congreso Nacional los desecha o aprueba mediante leyes federales […] y el
Poder Ejecutivo Nacional ratifica los tratados aprobados por ley, emitiendo un
acto federal de autoridad nacional” (Fallos: 315:1492, Considerando 17).
6°) Existe entonces una primera etapa para la celebración de un
tratado en nuestro sistema constitucional que fue cumplida en el caso del
Convenio 173 de la OIT. Esa primera etapa es a la que se refiere el artículo 99,
inciso 11, de la Constitución Nacional y consiste en la conclusión y firma del
48
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
49
del Congreso o la ratificación del Presidente no se habrá obtenido el
consentimiento del Estado […]. En el caso de los tratados multilaterales, se
suele depositar el instrumento de ratificación ante un Gobierno o una
organización internacional, que cumplen la función de depositarios. La
notificación de la ratificación, el canje o el depósito del instrumento de
ratificación es facultativo del Poder Ejecutivo y si este acto no se lleva a cabo,
no se habrá concluido el tratado. […] [E]l Congreso no puede obligar al
Presidente a ratificar un tratado o a efectuar el depósito o el canje del
instrumento de ratificación, pues se trata de una atribución específica otorgada
por el artículo [99, inciso 11] de la Constitución al Poder Ejecutivo”
(BARBERIS, Julio A., “La Convención de Viena sobre el Derecho de los
Tratados y la Constitución Argentina”, 17-18 Prudentia Iuris 159 (1985-1986),
pp. 168-170).
La Convención de Viena de 1969 contempla a la ratificación como
una forma de manifestación del consentimiento de los Estados (artículos 2.1.b),
11 y 14), y específicamente “cuando el tratado disponga que tal consentimiento
debe manifestarse mediante la ratificación” (artículo 14 inciso a). Así es como lo
dispone la Constitución de la OIT (artículo 19, apartado 5) y el propio Convenio
173 de la OIT en diversos artículos (3.1, 15, 16, y 19). La ratificación es un acto
internacional y, como tal, debe ser realizada por el jefe de Estado, jefe de
Gobierno, ministro de relaciones exteriores, o sus representantes (artículo 7 de la
Convención de Viena de 1969). Esa ratificación, “como acto internacional
vinculante para el Estado, no es la aprobación del Poder Legislativo
contemplada en el art. 75 inc. 22, de la Constitución Nacional —a veces
confundida con la ratificación— pues esta última sólo tiene por efecto autorizar
50
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
51
jamás al Director General de la OIT que la República Argentina ratificaba el
tratado (cfr. Biblioteca Digital de Tratados de la Cancillería argentina,
https://tratados.cancilleria.gob.ar/tratado_multi_ficha.php?id=k6WonQ==).
Conforme al derecho internacional, un país manifiesta su
consentimiento en obligarse por un tratado en particular mediante actos como el
de la ratificación. En los tratados multilaterales, la ratificación consiste
normalmente en el depósito del instrumento de ratificación, es decir, el acto por
medio del cual el Estado parte entrega su instrumento de ratificación al
depositario del tratado, que es una persona o entidad encargada de la custodia de
los instrumentos concernientes a ese tratado. Así lo establece la Convención de
Viena de 1969, cuando señala que los instrumentos de ratificación “harán
constar el consentimiento de un Estado en obligarse por un tratado al efectuarse
(…) su depósito en poder del depositario” (art. 16.b). Concretamente para el
caso del Convenio 173 de la OIT, este dispone en su artículo 15 que “las
ratificaciones formales del presente Convenio serán comunicadas, para su
registro, al Director General de la Oficina Internacional del Trabajo”. El artículo
16.1 establece que el Convenio 173 “obligará únicamente a aquellos Miembros
de la Organización Internacional del Trabajo cuyas ratificaciones haya
registrado el Director General”. Según la información que el mencionado
depositario hace pública en su página web, la República Argentina no ratificó
hasta la fecha el Convenio 173; la OIT aclara esto tanto de forma positiva como
negativa, esto es, en el sitio donde consta qué países han ratificado esa
convención (https://normlex.ilo.org/dyn/nrmlx_es/f?p
=NORMLEXPUB:11300:0::NO:11300:P11300_INSTRUMENT_ID:312318:NO
) como aquel en el que consta aquellos que no la han ratificado (
https://normlex.ilo.org/dyn/nrmlx_es/f?p
=NORMLEXPUB:11310:0::NO:11310:P11310_INSTRUMENT_ID:312318:NO
52
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
53
someter el convenio, en el término de un año a partir de la clausura de la reunión
de la Conferencia (o, cuando por circunstancias excepcionales no pueda hacerse
en el término de un año, tan pronto sea posible, pero nunca más de dieciocho
meses después de clausurada la reunión de la Conferencia), a la autoridad o
autoridades a quienes competa el asunto, al efecto de que le den forma de ley o
adopten otras medidas” (inciso b).
La Constitución de la OIT contempla un primer escenario: “si el
Miembro obtuviere el consentimiento de la autoridad o autoridades a quienes
competa el asunto, comunicará la ratificación formal del convenio al Director
General y adoptará las medidas necesarias para hacer efectivas las disposiciones
de dicho convenio” (artículo 19.5 inciso d).
La Constitución de la OIT prevé también un segundo escenario:
“si el Miembro no obtuviere el consentimiento de la autoridad o autoridades a
quienes competa el asunto, no recaerá sobre dicho Miembro ninguna otra
obligación, a excepción de la de informar al Director General de la Oficina
Internacional del Trabajo, con la frecuencia que fije el Consejo de
Administración, sobre el estado de su legislación y la práctica en lo que respecta
a los asuntos tratados en el convenio […]” (artículo 19.5 inciso e, énfasis
agregado). En ese marco, es evidente que no existe un deber de ratificación en
sede internacional de un convenio celebrado por parte de la República
Argentina, pues de lo contrario la Constitución de la OIT no hubiese anticipado
esos dos escenarios con la utilización del artículo “si” en condicional,
contemplando expresamente la posibilidad de que los convenios firmados no
sean luego ratificados. En consecuencia, en este punto, tanto la Constitución
Nacional como la Constitución de la OIT son coincidentes en cuanto a que la
ratificación de un tratado ya firmado —como es el caso del Convenio 173 de la
OIT— es facultativa y no obligatoria para nuestro país.
54
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
55
Resulta irrelevante que la ley aprobatoria 24.285 diga
expresamente: “Ratifícase el Convenio 173” (art. 1°). Esto es así por dos
razones. La primera, es que a la palabra “ratificación” debe dársele el sentido
que ésta tiene en el ámbito internacional, no en el nacional. Así surge claro del
artículo 2.1.b) de la Convención de Viena de 1969 (“se entiende por
‘ratificación’ el acto internacional así denominado por el cual un Estado hace
constar en el ámbito internacional su consentimiento en obligarse por un
tratado”) con el complemento del artículo 2.2 del mismo tratado: “Las
disposiciones […] sobre los términos empleados en la presente convención se
entenderán sin perjuicio del empleo de esos términos o del sentido que se les
pueda dar en el derecho interno de cualquier Estado”.
La segunda razón es que la redacción del art. 1° de la 24.285
utilizó la expresión “ratifícase” con evidente mala técnica legislativa. Ese error
no puede obturar la potestad presidencial de ratificar o no posteriormente un
tratado firmado por el Poder Ejecutivo y aprobado por el Congreso. A su vez, el
hecho de que, institucionalmente —de forma aislada— se pudiere haber obrado
de forma tal de considerar que, a partir de la aprobación legislativa, un tratado
internacional se encontrase en vigor para la Argentina, incluso sin haber sido
ratificado en sede internacional por el Poder Ejecutivo Nacional, tampoco
modificaría lo antedicho: las costumbres inconstitucionales no generan ni
pueden generar derecho (Fallos: 321:700; 343:1457).
Esta Corte no puede desconocer la importancia de la ratificación
en sede internacional. Tal como expresaba Oppenheim, “[l]a razón de ser de la
institución de la ratificación radica, en parte, en la necesidad que experimentan
los Estados de tener la oportunidad de reexaminar no las disposiciones
particulares, sino los efectos generales del tratado sobre sus intereses. Los
intereses en cuestión suelen ser de naturaleza diversa. Pueden haber sufrido
56
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
57
el Ejecutivo y el Judicial, independientes y soberanos en su esfera, se sigue
forzosamente que las atribuciones de cada uno le son peculiares y exclusivas;
pues el uso concurrente ó comun de ellas harían necesariamente desaparecer la
línea de separación entre los tres altos poderes políticos, y destruiría la base de
nuestra forma de Gobierno” (Fallos: 1:32).
En tal sentido, el acto de “aprobar o desechar” tratados negociados
y firmados por el Presidente es uno de los frenos y contrapesos que la
Constitución Nacional prevé para que el Congreso controle y colabore con el
accionar del Poder Ejecutivo. Confundir aquella autorización legislativa con la
necesaria ratificación posterior en sede internacional violenta la separación de
poderes tal como fue configurada en nuestro sistema constitucional. En efecto,
significaría un inadmisible avance del Congreso sobre el Presidente, al privar a
este de la potestad discrecional de decidir o no la ratificación de un tratado antes
de su efectiva entrada en vigor.
Las “leyes aprobatorias” de tratados internacionales no son leyes
en sentido estricto, sino actos mediante los cuales el Congreso autoriza al Poder
Ejecutivo a ratificar los tratados en sede internacional; si se los considerara
como leyes en sentido estricto, se debería aceptar que transforman al derecho
internacional en derecho interno, cuando en realidad solamente contribuyen a la
formación del consentimiento de la República Argentina (BARBERIS, op. cit,
p.178). Por último, si esos actos del Congreso fueran leyes en sentido estricto,
podrían ser modificadas o derogadas por futuras leyes, en abierta contradicción
con el procedimiento previsto por el artículo 75, inciso 22 de la Constitución
Nacional.
11) Esta Corte, desde sus inicios, ha consagrado el principio según
el cual corresponde tratar casos similares de la misma manera (Fallos: 1:148) y
ha reiterado la importancia del respeto de sus precedentes en sus propias
58
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
59
Código que encierra la tiranía de la ley” (RAVIGNANI, Asambleas
Constituyentes Argentinas, tomo IV, p. 479). En consecuencia, no es dable a
ninguno de los órganos de gobierno apartarse de lo dispuesto por ella.
A este respecto, sin desmedro del carácter de “intérprete final de la
Constitución” que tiene esta Corte Suprema desde su instalación en 1863
(Fallos: 1:340), es importante no confundir la Constitución Nacional con lo que
los jueces dijeron sobre ella. Tal como explicara el juez Felix Frankfurter de la
Suprema Corte estadounidense en un caso en el que se discutía el alcance de la
doctrina de la inmunidad tributaria del gobierno, es más importante lo que dice
el texto de la Constitución que los que los jueces dijeron acerca de ella: “La
historia judicial de esta doctrina de la inmunidad es una prueba notable de una
tendencia ocasional a incrustar interpretaciones injustificadas en la Constitución
y, a partir de ahí, a considerar meramente lo que se ha dicho judicialmente sobre
la Constitución, en lugar de estar controlados principalmente por una concepción
razonable de la Constitución. La exégesis judicial es inevitable en relación con
una ley orgánica como nuestra Constitución, redactada en muchos detalles con
una vaguedad intencionada para dejar espacio al desarrollo futuro. Pero la última
piedra de toque de la constitucionalidad es la propia Constitución, y no lo que
hayamos dicho sobre ella” (“Graves v. New York ex rel. O'Keefe”, 306 U.S.
466, pp. 491/492 [1939]).
12) El precedente “Pinturas y Revestimientos” incurrió no sólo en
un error constitucional de fondo, sino también en notorios errores
argumentativos.
Luego de criticar el obrar de la cámara, en el voto de mayoría se
expresó que juzgar que las disposiciones del Convenio 173 de la OIT no han
tenido recepción en la legislación local contrariaba el criterio de los precedentes
“Pérez c/ Disco” (Fallos: 332:2043), “Fermín” (Fallos: 331:1664) y “Milone”
60
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
(Fallos: 327:4607), “en los cuales las normas contenidas en diversos convenios
de la OIT, ratificados por el legislador nacional, fueron decisivas para la
resolución de las controversias planteadas” (Fallos: 337:315, Considerando 5°).
El juez Petracchi (conformando mayoría en este punto) también consideró en su
voto que el Convenio 173 de la OIT fue “ratificado” por la ley 24.285.
No obstante, un análisis más detenido del que la mayoría efectuó
en el precedente “Pinturas y Revestimientos” permite advertir que esa
comparación entre el Convenio 173 de la OIT y los convenios aplicados en los
tres precedentes citados resultaba improcedente.
En “Pérez c/ Disco” (Fallos: 332:2043) se encontraba en juego la
aplicación del Convenio de la OIT 95 sobre protección del salario, que se
encuentra ratificado en sede internacional por el Poder Ejecutivo argentino y en
vigor desde el 24 de septiembre de 1956 según informa la propia página de la
OIT (Cfr. listado disponible en: https://normlex.ilo.org/dyn/nrmlx_es/f?p
=1000:11300:0::NO:11300:P11300_INSTRUMENT_ID:312240). El mismo
convenio se encontraba en juego en “Diaz c/ Cervecería y Maltería Quilmes”
(Fallos: 336:593) citado en el Considerando 6° de “Pinturas y Revestimientos”,
donde tampoco hubo referencia a la existencia de una “ratificación legislativa”
como la que se pretendía en relación con el Convenio 173 de la OIT.
En “Fermín” (Fallos: 331:1164) se citó el Convenio 169 de la OIT
sobre pueblos indígenas y tribales, ratificado en sede internacional por el Poder
Ejecutivo Nacional y en vigor para la República Argentina desde el 3 de julio
del 2000 según informa la propia página de la OIT (Cfr. listado disponible en:
https://normlex.ilo.org/dyn/nrmlx_es/f?p
=1000:11300:0::NO:11300:P11300_INSTRUMENT_ID:312314).
61
En “Milone” (Fallos: 327:4607) esta Corte invocó el Convenio 17
de la OIT sobre la indemnización por accidentes del trabajo, que el Poder
Ejecutivo ratificó en sede internacional y se encuentra en vigor desde el 14 de
marzo de 1950 según informa la propia página de la OIT (Cfr. listado disponible
en: https://normlex.ilo.org/dyn/nrmlx_es/f?p
=1000:11300:0::NO:11300:P11300_INSTRUMENT_ID:312162). Además,
contrariamente a lo afirmado en “Pinturas y Revestimientos”, no se hizo
referencia en “Milone” a la existencia de una “ratificación legislativa”, sino que
el Tribunal expresó que el convenio se hallaba “ratificado por nuestro país, y
[…] tiene jerarquía superior a las leyes” (Fallos: 327:4607, Considerando 5°,
cuarto párrafo).
De la exposición que antecede se advierten con claridad las
diferencias entre, por un lado, los Convenios 95, 169 y 17 de la OIT —los tres
ratificados en sede internacional por el Poder Ejecutivo Nacional y en vigor para
la República Argentina—, y, por el otro, el Convenio 173 de la OIT —que
nunca fue ratificado en sede internacional por el Poder Ejecutivo Nacional—.
No había, entonces, igualdad de circunstancias entre esos tres precedentes y
“Pinturas y Revestimientos”. En este último caso, el Convenio 173 de la OIT no
fue ratificado en sede internacional por el país, por lo que no entró en vigor, y no
forma parte del ordenamiento jurídico argentino en los términos de los artículos
31 y 75 inciso 22 de la Constitución Nacional. En consecuencia, al tratarse de
circunstancias sustancialmente diferentes, la aplicación del criterio de los tres
precedentes mencionados a los hechos de “Pinturas y Revestimientos” fue
claramente errónea.
13) Es cierto que esta Corte no podría apartarse de su propia
doctrina, sino sobre la base de causas suficientemente graves como para hacer
ineludible tal cambio de criterio. Ciertamente, sería en extremo inconveniente
62
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
63
conformidad a lo que prescribe la Constitución”, para hacerlo de acuerdo con
nuestras preferencias personales.
En este caso ha quedado demostrado que el criterio de “Pinturas y
Revestimientos” constituye un claro error y sus consecuencias resultan una
causa suficientemente grave para apartarse de este precedente y que, por ende,
es ineludible el cambio de criterio que aquí se decide. El debido respeto por los
precedentes no implica la obligación de esta Corte de seguir aquellos que
contengan errores comprobables, máxime cuando, como ocurre con “Pinturas y
Revestimientos”, contradicen la propia Constitución Nacional.
Por las razones expuestas corresponde el expreso abandono del
precedente “Pinturas y Revestimientos” (Fallos: 337:315) y, por consiguiente,
de los precedentes “Sullivan” (Fallos: 335:2019) y “Clínica Marini” (Fallos:
336:908).
14) Solo a mayor abundamiento, vale aclarar que no podría darse
un caso de responsabilidad internacional del Estado Nacional por no aplicar o no
ratificar el Convenio 173 de la OIT porque la violación de un tratado
internacional es posible únicamente cuando ese tratado sea obligatorio para la
República Argentina, es decir, cuando haya sido debidamente ratificado por el
Poder Ejecutivo Nacional (“Frites c/ Poder Ejecutivo Nacional”, Fallos:
318:2513, disidencia del juez Boggiano, Considerando 11). La potestad
discrecional del Presidente de la Nación de ratificar o no un tratado internacional
constituye un principio fundamental del derecho público argentino (artículo 27
de la Constitución Nacional). Además, el cumplimiento de todos los pasos
formales previstos en nuestro sistema constitucional para que entre en vigencia
un tratado internacional resulta ineludible y obligatorio y, en el caso del
Convenio 173 de la OIT, no han sido cumplidos.
64
CSJ 1559/2018/RH1
Acevedo, Eva María c/ Manufactura
Textil San Justo s/ quiebra.
Firmado Digitalmente por ROSATTI Horacio Daniel Firmado Digitalmente por ROSENKRANTZ Carlos Fernando
Firmado Digitalmente por LORENZETTI Ricardo Luis Firmado Digitalmente por GARCIA MANSILLA 65
Manuel Jose
Recurso de queja interpuesto por la Administración Federal de Ingresos Públicos –Dirección General
Impositiva-, representada por el Dr. Ricardo Guido Kakisu.
Tribunal de origen: Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Santa Fe.
Tribunal que intervino con anterioridad: Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Santa Fe,
Sala III.
66