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Resumen Final

El documento aborda la evolución de la identidad nacional en América Latina desde la 'nación antigua' hasta la 'nación moderna', destacando la transición hacia una identidad más inclusiva y soberana después de 1808. Se analiza el proceso de independencia del Perú y los conflictos internos que llevaron a la fragmentación del país, así como la resistencia indígena y el gamonalismo en el siglo XIX. Finalmente, se examina el contexto de El Salvador y su lucha por definir una identidad estatal liberal en medio de tensiones económicas y políticas tras la independencia.

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Resumen Final

El documento aborda la evolución de la identidad nacional en América Latina desde la 'nación antigua' hasta la 'nación moderna', destacando la transición hacia una identidad más inclusiva y soberana después de 1808. Se analiza el proceso de independencia del Perú y los conflictos internos que llevaron a la fragmentación del país, así como la resistencia indígena y el gamonalismo en el siglo XIX. Finalmente, se examina el contexto de El Salvador y su lucha por definir una identidad estatal liberal en medio de tensiones económicas y políticas tras la independencia.

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Nación Antigua (Guerra)

Esta se va dar hasta el proceso de crisis de 1808. Es un conjunto de comunidades políticas que
reconocen un pasado común y un imaginario propio (La construye el pasado). El imaginario común
da a entender que los latinoamericanos somos todos hispanoparlantes, pero no es así, dependiendo la
zona donde te ubiques vas a encontrar diferentes idiomas, como el guaraní en Paraguay o el quechua
en Bolivia, etc. Esta idea de que todos son hispanoparlantes se genera de un pasado común, es decir,
las zonas como, Perú, Bolivia o Buenos Aires fueron parte de la colonia española, generando así un
pasado en común y un imaginario respectivamente en su idioma o en otro tipo de costumbre como la
religión. Esta nación antigua reconoce que todos no son iguales.

Nación Moderna (Guerra)


Esta comunidad se va forjar luego de 1808. Se va construir una nación de seres libres es soberana y
mira hacia el futuro (La va construyendo el futuro). Lo importante es lograr transformar el
imaginario social que traemos consigo mismo desde la nación antigua ( es decir, cambiar esos ideales
de que todos somos católicos, de que todos pertenecemos a una misma nación, que todos hablamos
un mismo idioma). La nación moderna rompe con ese imaginario y comienza a construir un nuevo
imaginario hacia adelante, hacia una sociedad nueva, igualitaria y libre.
La nación moderna comienza a separarse de España y comienza a conformar una identidad
americana, es criolla y nación en América. Esta nación moderna está totalmente vinculada al fracaso
de la monarquía plural. Es acá donde se comienzan a dar las independencia americanas.

Mutaciones (Guerra)
Guerra propone que se construyen mutaciones, entre aquello que estaba antes y esto que viene ahora.
Hay una transición entre la nación antigua y la nación moderna y de los patrones identitarios que
había en la nación antigua, que van a ir modificándose rumbo a la nación moderna. La región
latinoamericana es la que comprende en primera medida la identificación con la monarquía
hispánica, cuando España es tomado por Napoleón, los mismos latinoamericanos exclaman sus
intenciones en defensa de una nación española. En esta etapa España estaba envuelta en una
confusión y América parece haber resuelto el significado de “Nación”. Debemos tener en cuenta que
el rey ve hacia abajo y nota un pueblo en común, que deben obedecer sus órdenes, pero si
observamos desde otra perspectiva, el súbdito que mira hacia arriba ve al rey pero no se ve como un
pueblo, sino más bien se ve de manera individual. Ej; Los pueblos de cádiz convocan al pueblo como
una unidad y estos asisten como diferentes partes de una unidad, en esta instancia choca la noción de
pueblos con la de nación, es decir, ellos se ven como un conjunto de personas que habitan en
diferentes zonas y su única conexión es con el rey/monarquía (pueblos) y en cambio el rey lo ve
como un solo pueblo (nación). Entonces acá surge la problemática, el rey se encarga de gobernar
pueblos o la nación española.

La Independencia y la Fragmentación del Perú (1821-1840)

El proceso de independencia del Perú comenzó en 1821, cuando proclamó su independencia bajo el
liderazgo de José de la Riva Agüero, con el apoyo de tropas argentinas y colombianas. Sin embargo,
la independencia no trajo consigo una estabilidad política, ya que el país atravesó una fase de
fragmentación con la llegada al poder de caudillos locales, entre los que se sucedieron cerca de
cuarenta entre 1821 y 1840. La falta de cohesión en el Estado peruano fue una de las principales
características de esta época, sumado a que el territorio aún carecía de los medios necesarios para
ejercer una soberanía efectiva.

La economía peruana sufrió debido a los daños de la guerra de independencia, especialmente en


sectores como la minería y la agricultura, que se vieron fuertemente afectadas. No obstante, hacia
mediados de siglo, la situación comenzó a mejorar con la explotación del guano, un fertilizante que
Perú exportó a Europa, lo que permitió una recuperación económica y la centralización del poder
económico en manos de los sectores que se vinculaban al comercio internacional, especialmente
aquellos que estaban ligados a la exportación del guano.

A pesar de la recuperación económica, el Estado peruano permaneció débil e incapaz de consolidar


un sistema político estable. Las reformas liberales que intentaban modernizar el país chocaron con
las estructuras tradicionales, lo que dificultó la integración de las clases subalternas en el nuevo
orden republicano.

La Confederación Peruano-Boliviana y la Resistencia Nacionalista (1836-1839)

En 1836, el mariscal Andrés de Santa Cruz, general y presidente de Bolivia, intentó crear la
Confederación Peruano-Boliviana. Su objetivo era reconstruir la estructura del Virreinato del Perú y
recuperar el poder político y económico que había tenido el antiguo Imperio Inca. Santa Cruz
también buscaba aprovechar sus buenas relaciones con países como Francia, Inglaterra y Estados
Unidos para obtener acceso a mercados internacionales, en un momento en que la fiebre del oro
comenzaba a extenderse por América.

Sin embargo, la Confederación fue resistida en gran parte del Perú, especialmente en las zonas
alineadas con Chile, que temían la expansión del poder de Bolivia en la región. En este contexto, la
élite limeña, que anteriormente no se había caracterizado por una actitud abiertamente racista,
comenzó a adoptar una ideología anti-indígena, dado que Santa Cruz era mestizo y su ascendencia
indígena generaba un fuerte rechazo entre los sectores más conservadores de la sociedad peruana.
Esta resistencia ideológica fue clave en la construcción de una identidad nacional peruana que se
oponía a la figura de Santa Cruz como invasor.

La Confederación también estuvo marcada por disputas sobre la herencia incaica. Mientras que los
bolivianos sostenían que los incas eran originarios de su territorio y ascendieron hacia el Cusco, los
peruanos argumentaban que la civilización inca se había originado en el Cusco y luego se expandió
hacia Bolivia. La intervención chilena, que tenía intereses en las riquezas del sur peruano, terminó
con la Confederación en 1839, consolidando la oposición contra Santa Cruz y asegurando el
predominio de Perú en la región.

La Guerra con Chile (1879-1883)

En 1879, estalló la Guerra con Chile, un conflicto que fue el resultado de una serie de disputas
territoriales y económicas, especialmente por los depósitos de salitre en el desierto de Atacama. En el
inicio del conflicto, Chile rápidamente destruyó la marina peruana y derrotó al ejército en una serie
de batallas decisivas, lo que permitió una ocupación efectiva de territorios peruanos, incluido Lima.
Esta derrota dejó al Perú en una situación de vulnerabilidad, con el ejército destruido y sin una
estructura centralizada capaz de defender sus intereses.

La caída del gobierno de Nicolás de Piérola llevó a una serie de conflictos internos entre los sectores
civilistas y pierolistas. Mientras tanto, la ocupación chilena provocó una movilización espontánea de
los campesinos en la sierra central, liderados por Andrés Avelino Cáceres, quien organizó una
resistencia nacional pluriclasista que incluyó tanto a sectores urbanos como rurales. La resistencia
campesina en la sierra central fue clave, pero el nacionalismo de los campesinos se fue disipando
rápidamente debido a la falta de una organización sólida y a las presiones del ejército chileno.
El conflicto se extendió hasta 1883, cuando se firmó el Tratado de Ancón. A pesar de la derrota y la
pérdida de territorios, la resistencia de Cáceres en las montañas fue vista como un símbolo de la
lucha por la soberanía. Durante este tiempo, los campesinos indígenas, aunque inicialmente se
agruparon bajo el mando de Cáceres, comenzaron a actuar de manera más independiente. En las
regiones del Mantaro y Cañete, las tensiones étnicas y de clase se agudizaron, ya que muchos
campesinos se rebelaron contra la clase terrateniente, que colaboraba con los invasores chilenos.

El Conflicto por la Tierra y la Lucha Indígena en el Siglo XIX

A lo largo del siglo XIX, la cuestión de la tierra fue central en la lucha de las comunidades indígenas,
quienes participaron activamente en la política nacional. Durante la época colonial, las comunidades
indígenas ya utilizaban mecanismos como los litigios legales para proteger sus tierras. Con la
independencia, el nuevo Estado republicano adoptó un sistema liberal que requería que los indígenas
representaran sus intereses de manera individual ante la ley. Este cambio dio lugar a la figura de los
"apoderados indígenas", quienes asumieron un rol de mediadores en la defensa de los derechos
comunales ante los intentos del Estado de suprimir la propiedad colectiva.

A pesar de los intentos de los gobiernos liberales de abolir la propiedad comunal, los apoderados
lograron organizarse para resistir estas reformas. Durante el gobierno de Mariano Melgarejo, los
intentos de privatizar las tierras indígenas se intensificaron, lo que provocó una movilización aún
mayor de los apoderados. En 1871, los apoderados y líderes indígenas como Luciano Willka
lograron derrocar a Melgarejo debido a su resistencia. Sin embargo, los nuevos gobiernos que
asumieron el poder no tardaron en aprobar la Ley de Exvinculación en 1874, que convertía a los
indígenas en propietarios individuales y facilitaba la venta de tierras. Esta ley debilitó las
comunidades y favoreció el despojo de tierras.

En respuesta, los apoderados continuaron movilizándose y, a fines del siglo XIX, buscaron apoyo en
el Partido Liberal, que competía contra los conservadores. Los liberales adoptaron un discurso
favorable a los indígenas, viéndolos como víctimas de un sistema injusto, pero al mismo tiempo los
instrumentalizaron políticamente, prometiendo devolverles tierras. La alianza entre liberales e
indígenas culminó en la Revolución de 1899, donde los apoderados, bajo el liderazgo de Pablo
Zárate Willka, movilizaron un ejército indígena para apoyar la causa liberal. No obstante, tras la
victoria, los liberales se distanciaron de los indígenas, traicionando sus promesas y reafirmando la
exclusión de las comunidades indígenas de la política estatal.
La figura del gamonalismo

El gamonalismo es una estructura de poder local rural que existió en los Andes, especialmente en
Perú, y que se mantuvo durante buena parte del siglo XIX. Este poder local se sustentaba en la
dominación de las comunidades indígenas por parte de los terratenientes, quienes usaban su
influencia para explotar el trabajo indígena y mantener el control de vastos territorios. El
gamonalismo es una forma de poder que se ejerce mediante la concentración de tierras, la
subordinación de los campesinos indígenas y el uso de violencia para controlar tanto los recursos
como a las poblaciones rurales.

En Perú, el gamonalismo se consolidó como una forma de dominación tanto política como
económica, especialmente en las grandes haciendas que alcanzaban enormes dimensiones. Según los
estudios de Mariátegui, el gamonalismo era un poder despótico que se basaba en la opresión de las
masas indígenas, y estaba directamente relacionado con el latifundio. La riqueza generada por las
grandes propiedades rurales favorecía a las élites locales, pero al mismo tiempo generaba tensiones
con las comunidades indígenas que luchaban por sus derechos territoriales.

Además, la violencia estructural del gamonalismo fue una constante. Nelson Manrique argumenta
que el gamonalismo operaba en contextos de violencia extrema, tanto en la circulación de bienes
como en la explotación de mano de obra indígena. Deborah Poole, por su parte, señala que, incluso
después de las reformas agrarias en la década de 1980, los gamonales seguían ejerciendo una
influencia significativa, utilizando mecanismos diversos como el abigeato, la política electoral, la
educación y el control cultural, para mantener su dominio sobre las comunidades indígenas.

Conclusión General

Durante el siglo XIX, la participación indígena en la política del Perú fue crucial para la defensa de
sus derechos, especialmente en cuanto a la propiedad de la tierra. Sin embargo, las alianzas con las
élites políticas fueron siempre coyunturales y terminaron en traiciones, lo que dejó a las
comunidades indígenas en una posición de exclusión dentro del nuevo Estado republicano. Los
apoderados indígenas fueron figuras clave en la resistencia contra las reformas liberales y las
políticas de despojo de tierras, utilizando tanto medios legales como la organización social para
defender sus derechos. A pesar de sus esfuerzos, las estructuras de poder del Estado republicano
nunca fueron suficientemente inclusivas, lo que llevó a una perpetuación de la marginalización
indígena en la política peruana.

La situación de estos países en el siglo XIX y principios del XX podría describirse mejor como una
hibridación, con un proceso de construcción nacional que no era completamente "moderno" ni
plenamente integrado, sino un entrelazamiento de herencias coloniales, luchas de clases, y
emergentes identidades nacionales.

El Salvador

Contexto Previo a la Independencia (Antes de 1821)

Antes de las independencias, América Central estaba organizada en virreinatos (como el Virreinato
del Perú y el Virreinato del Río de la Plata) y capitanías (como Caracas y Chile). Con las reformas
borbónicas, se crea el Reino de Guatemala, que surge del Virreinato de Nueva España (México), y en
su interior, la Intendencia de San Salvador.

Proceso de Independencia (1821-1823)

En 1821, el Reino de Guatemala se independiza del dominio español, creando las Provincias Unidas
de Centroamérica. En 1823, estas provincias se separan y forman varios países: Guatemala, El
Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Cada uno busca una nueva identidad liberal, pero su
estructura económica sigue basada en elementos del antiguo régimen colonial, generando una
hibridación entre lo viejo y lo nuevo.

Conflictos Internos y Económicos

El Salvador, históricamente vinculado a Guatemala, presenta tensiones por su relación económica,


especialmente con la producción de añil, cuyo comercio favorecía a Guatemala. La aristocracia
guatemalteca intenta consolidar su poder sobre El Salvador, perpetuando el control que tenía durante
la época colonial.

Surgen conflictos sobre el concepto de "pueblo", ya que se confunden las nociones de identidad local
y nacional. Este debate es fundamental para la construcción de la identidad estatal.
Invención de la Identidad Estatal Liberal (1824-1839)

El Salvador, a través de decisiones políticas del nuevo estado, comienza a forjar una identidad
liberal. A diferencia de otros movimientos de independencia, como el de México, donde la identidad
emergió de la lucha contra los colonizadores, en El Salvador la identidad nacional se construye de
manera deliberada, impuesta desde arriba por el estado, sin una base popular que surja de abajo hacia
arriba.

Crisis Económica y Social

El sistema económico de El Salvador, basado en la producción de añil, colapsa debido a plagas y la


caída de las exportaciones. Esto genera descontento social y varios levantamientos, principalmente
liderados por las élites que movilizan a indígenas y mestizos. La situación de inestabilidad interna
coincide con los esfuerzos de España por reconquistar sus colonias perdidas.

División Política y Luchas de Poder (1822-1823)

En 1822, una Junta Provisional Consultiva busca definir el futuro del país. Se convocan elecciones
para un Congreso Nacional que decidiría entre unirse al Imperio Mexicano o formar una república
federal. San Salvador, como parte de este proceso, organiza internamente su diputación y se declara
un estado.

El 5 de enero de 1822, El Salvador, junto con otros territorios centroamericanos, firma la anexión al
Imperio Mexicano. Sin embargo, El Salvador se resiste a esta anexión y es invadido por las fuerzas
mexicanas.

Disputa entre Federalistas y Centralistas

El Salvador vive una disputa interna entre los federalistas (que abogan por un sistema de decisiones
descentralizadas entre los países de Centroamérica) y los centralistas (que desean concentrar el poder
en un solo país). Esta división de conceptos de "pueblo" genera conflicto, ya que se mezclan
nociones abstractas de nación con los intereses específicos de los pueblos locales.

Integración y Nuevas Políticas (1823)


En diciembre de 1823, El Salvador anexiona la región de Samsonite mediante persuasión e
intimidación militar. En su estructura social, se abole la esclavitud, se eliminan distinciones como el
título de "don" (que marcaba una diferencia de clase), y se establecen impuestos igualitarios.

El Salvador y la Construcción de una Identidad Nacional

La prensa en El Salvador comienza a promover una identidad positiva, destacando la libertad y la


igualdad del salvadoreño. A diferencia de otros países, como Perú, donde la identidad se construye
en contraposición al colonizador, en El Salvador se busca una identidad que no esté dirigida contra
nadie, sino que resalte sus valores de igualdad y ciudadanía.

Conflictos Internos y Pactismo (1830s)

El presidente de la Confederación Centroamericana, aunque era salvadoreño, estaba más alineado


con los intereses de Guatemala. Esto genera una identidad negativa en El Salvador, pues se percibe
que el país, a pesar de su lucha por la libertad e igualdad, sigue estando subordinado a Guatemala.

Los conflictos entre las diferentes regiones de El Salvador se resuelven mediante un pacto en el que
diferentes sectores del país negocian acuerdos, lo que da lugar a una tradición de pactismo, donde
una parte del pueblo tiene que someterse a la otra para lograr la estabilidad.

Conclusión

A lo largo del período de 1824 a 1839, El Salvador vivió un proceso complejo de construcción de su
identidad nacional. Si bien se intentó crear una nación moderna y liberal, las luchas internas y las
disputas con Guatemala, junto con la crisis económica y social, marcaron profundamente la
evolución de la identidad salvadoreña.

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