Yungay fue una ciudad próspera y pintoresca situada en el valle del río Santa, rodeada por las
imponentes montañas de la Cordillera Blanca. La zona era famosa por su belleza natural y su
cercanía al Parque Nacional Huascarán, que alberga el nevado más alto del Perú. Sin embargo,
la tranquilidad de la ciudad se vio abruptamente interrumpida por una de las mayores
catástrofes naturales del siglo XX en el país.
La catástrofe de 1970
El 31 de mayo de 1970, un terremoto de magnitud 7.9 sacudió la región de Áncash,
provocando una enorme destrucción en varias ciudades, siendo Yungay una de las más
afectadas. Sin embargo, lo que transformó esta tragedia en un desastre aún mayor fue la
posterior avalancha de escombros y nieve que se desprendió del nevado Huascarán debido al
sismo.
Este alud, conocido como el "alud de Yungay", sepultó la ciudad bajo una masa de nieve, rocas
y tierra, acabando con casi toda la población. Se estima que murieron más de 20,000 personas,
y solo unos pocos sobrevivientes lograron escapar a zonas más altas. El desastre dejó una
profunda huella en la memoria colectiva de Perú y del mundo, siendo recordado como uno de
los desastres naturales más trágicos de la historia contemporánea de América Latina.
Hoy en día, Yungay sigue siendo un símbolo de resiliencia. A pesar de la destrucción, la ciudad y
sus habitantes han reconstruido sus vidas, y el sitio de la tragedia se ha convertido en un lugar
de memoria y reflexión.