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Nulidad de Compraventa en Matrimonio

El caso aborda la nulidad de la venta de bienes de la sociedad conyugal realizada por un solo cónyuge sin el consentimiento del otro, en cumplimiento del artículo 315 del Código Civil peruano. La Corte Suprema reafirmó la necesidad de consentimiento conjunto para proteger los derechos patrimoniales de ambos cónyuges, estableciendo precedentes vinculantes para futuros casos. Aunque se reconoce la buena fe de terceros adquirentes, la decisión enfatiza la importancia de la protección del patrimonio conyugal frente a disposiciones unilaterales.

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Nulidad de Compraventa en Matrimonio

El caso aborda la nulidad de la venta de bienes de la sociedad conyugal realizada por un solo cónyuge sin el consentimiento del otro, en cumplimiento del artículo 315 del Código Civil peruano. La Corte Suprema reafirmó la necesidad de consentimiento conjunto para proteger los derechos patrimoniales de ambos cónyuges, estableciendo precedentes vinculantes para futuros casos. Aunque se reconoce la buena fe de terceros adquirentes, la decisión enfatiza la importancia de la protección del patrimonio conyugal frente a disposiciones unilaterales.

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INTRODUCCION

La esencia de este caso gira en torno a la protección del patrimonio


compartido en el matrimonio y el respeto al principio de que ambos
cónyuges deben participar en las decisiones importantes que afectan los
bienes de la sociedad conyugal. El artículo 315 del Código Civil peruano
establece claramente que para disponer de bienes comunes se requiere el
consentimiento de ambos cónyuges, lo que garantiza que ninguno de ellos
sea perjudicado por decisiones unilaterales.
Este principio está diseñado para equilibrar el poder entre los cónyuges,
evitando situaciones en las que uno de ellos pueda enajenar bienes
comunes sin el conocimiento o acuerdo del otro, lo que podría poner en
riesgo el patrimonio familiar. El caso pone de manifiesto la importancia de
este consentimiento mutuo, dado que Karina Choque Jacay se ve afectada
por la disposición unilateral del bien por parte de su madre.
La decisión de la Corte Suprema de declarar la nulidad de las escrituras de
compraventa refuerza la importancia del consentimiento conjunto en la
disposición de bienes comunes. Este precedente vinculante establece una
línea clara para futuros casos en los que un cónyuge intente disponer de
bienes sin la intervención del otro.
Este precedente es positivo desde el punto de vista de la protección de los
derechos de ambos cónyuges. No obstante, deja abierta la cuestión de
cómo se debe tratar a los terceros de buena fe. Si bien el voto mayoritario
protege la propiedad compartida de los cónyuges, también podría
desincentivar a los terceros a comprar bienes involucrados en matrimonios
si esto representa un riesgo legal, aunque hayan actuado de buena fe.
Además, el voto minoritario introduce una solución que podría ser más
flexible y que permitiría equilibrar mejor los derechos de los cónyuges y de
los terceros adquirentes. Al proponer la ineficacia en lugar de la nulidad,
este enfoque permitiría que el acto siga siendo válido entre las partes que lo
celebraron (por ejemplo, la madre de Karina y los compradores), pero no
afectaría los derechos del otro cónyuge, que aún podría proteger su parte
del bien.
Y si bien este enfoque parece más equilibrado, también podría generar
complicaciones adicionales en la práctica judicial, ya que los jueces tendrían
que evaluar caso por caso si el comprador actuó de buena fe y si se
cumplieron todos los requisitos. Además, los cónyuges podrían sentirse
menos protegidos, ya que el riesgo de que su patrimonio sea dispuesto sin
su consentimiento aumentaría, aunque el acto fuera ineficaz para ellos.
Este caso plantea una tensión entre la protección del patrimonio conyugal y
la seguridad jurídica de los terceros. La decisión de declarar la nulidad
protege de manera efectiva a los cónyuges, pero también abre un debate
sobre cómo equilibrar la protección de los derechos de terceros de buena fe.
La nulidad garantiza que el acto no tuvo efecto desde su inicio, pero el
enfoque minoritario de la ineficacia ofrece una solución más matizada, que
podría permitir proteger mejor a los terceros sin comprometer
completamente los derechos de los cónyuges.
8VO PLENO CASATORIO CIVIL
El caso involucra a Karina Choque Jacay, quien interpuso una demanda de
nulidad de dos escrituras públicas de compraventa de inmuebles, alegando
fraude, simulación y violación de derechos sucesorios en perjuicio de la
herencia de sus padres. Los demandados (Johel Salazar Jacay, Rocío
Zevallos Gutiérrez y Martha Matos Araujo) defendieron la legalidad de las
transacciones. Tanto en primera como en segunda instancia, la demanda
fue declarada infundada.
ARGUMENTOS DE LAS PARTES:
Karina Choque Jacay (demandante): Argumentó que las escrituras públicas
de compraventa eran nulas porque se hicieron de manera fraudulenta, con
el fin de despojarla de la herencia de sus padres. Alegó que el bien en
disputa pertenecía a la sociedad de gananciales de sus progenitores, y que
la venta fue realizada por su madre, sin el consentimiento del padre y bajo
condiciones engañosas (sin medios de pago claros, a un precio bajo, y sin la
documentación notarial adecuada).
Karina defiende la nulidad de la compraventa, alegando que el acto fue
fraudulento y realizado sin el consentimiento de su padre, lo que es una
violación del artículo 315 del Código Civil. La compra se realizó bajo
condiciones sospechosas, lo que añade peso a su argumentación. Este tipo
de casos evidencia la vulnerabilidad en la que se pueden encontrar algunos
familiares si no se respetan las normas de disposición conjunta.
Johel Salazar Jacay, Rocío Zevallos Gutiérrez y Martha Matos Araujo
(demandados): Alegaron que la venta se había realizado de manera válida y
que la demandante no tenía derecho a impugnarla.
 Rocío Zevallos Gutiérrez: Afirmó que la escritura de compraventa fue
realizada ante notario, con plena capacidad de la vendedora, y que
desconocía su estado civil (soltera).
 Martha Matos Araujo: Defendió la compraventa de 2012, afirmando
que cumplía con los requisitos legales, realizada de buena fe y con
transparencia.
 Johel Salazar Jacay: Sostuvo que las escrituras cumplían con las
formalidades legales y que la madre de Karina había adquirido el
terreno sin intervención del padre.
Los demandados alegan que actuaron de buena fe y que las escrituras
cumplían con las formalidades legales. Desde su perspectiva, no eran
responsables de conocer el estado civil de la madre de Karina ni las
circunstancias internas de la familia. Aquí, el punto de vista de los terceros
se centra en su buena fe y en la legalidad aparente del acto.
Aunque es entendible que los terceros no deban cargar con la
responsabilidad de investigar más allá de lo que la ley les exige, el hecho de
que las transacciones no cumplieron con el consentimiento conjunto revela
un riesgo en la práctica notarial y el manejo del Registro de Propiedad. Esto
cuestiona si las normas de protección de los cónyuges están siendo
aplicadas adecuadamente en estos procesos.
DESARROLLO PROCESAL:
El caso pasó por diversas instancias judiciales. En cada instancia, las partes
presentaron sus argumentos y se emitieron sentencias. Finalmente, la Corte
Suprema resolvió el caso a favor de la demandante, declarando la nulidad
de la venta. Pasemos a ver cada una de las etapas antes de la decisión
definitiva:
 Primera instancia: El Juzgado Especializado en lo Civil de Huancayo
declaró la demanda infundada el 4 de diciembre de 2014, rechazando
las alegaciones de Karina.
 Segunda instancia: La Segunda Sala Mixta de Huancayo confirmó la
sentencia de primera instancia el 20 de abril de 2015, manteniendo la
decisión de declarar la demanda infundada.
 Recurso de casación: Karina Choque Jacay presentó un recurso de
casación por la infracción del artículo 315 del Código Civil, que fue
admitido el 25 de septiembre de 2015.
 Pleno Casatorio: En el VIII Pleno Casatorio, realizado el 12 de marzo
de 2019, la Corte Suprema decidió revocar la sentencia de las
instancias anteriores y declaró fundada la demanda de nulidad de las
escrituras de compraventa.
RESUMEN DE LOS VOTOS MAYORITARIO Y MINORITARIO:
VOTO MAYORITARIO:
La Corte Suprema, en su voto mayoritario, determinó que la venta de bienes
de la sociedad de gananciales realizada por un solo cónyuge sin el
consentimiento del otro es nula, ya que viola el artículo 315 del Código Civil.
Esto protege el derecho de propiedad de ambos cónyuges y establece que
la intervención conjunta es un requisito esencial en la disposición de bienes
sociales.
También concluyó que terceros adquirentes de buena fe que cumplen con
los requisitos legales no pueden ser afectados por la nulidad del acto,
siempre y cuando hayan cumplido con el artículo 2014 del Código Civil.
Se fijaron precedentes vinculantes para que los jueces apliquen estas reglas
en casos futuros de disposición de bienes de la sociedad conyugal sin el
consentimiento del otro cónyuge.
En síntesis, La mayoría de los jueces de la Corte Suprema consideraron que
la venta era nula, argumentando que la disposición de bienes de la sociedad
de gananciales requiere el consentimiento de ambos cónyuges

VOTO MINORITARIO:
Los jueces que emitieron votos en minoría consideraron que la disposición
de bienes sociales por un solo cónyuge no era nula, sino ineficaz, ya que el
acto no tendría efecto sobre el otro cónyuge, pero sí podría ser válido entre
las partes que celebraron la transacción.
También propusieron que, en casos donde el comprador actúe de buena fe y
la transferencia esté registrada, se debe respetar dicha adquisición,
protegiendo al tercero conforme al artículo 2022 del Código Civil.
Lo que en síntesis quiere decir que la minoría de jueces consideraron que la
venta era ineficaz, lo que significa que podía producir efectos mientras no
se declarara su ineficacia. Sin embargo, esta posición no prevaleció.

PRONUNCIAMIENTO DE LA CORTE SUPREMA:


La Corte Suprema admitió el recurso de casación y resolvió que la venta de
bienes de la sociedad de gananciales por un solo cónyuge sin la
participación del otro constituye una violación del artículo 315 del Código
Civil, lo que provoca la nulidad del acto jurídico, con base en que la
disposición conjunta de bienes sociales es una norma de orden público que
protege el derecho de propiedad de ambos cónyuges. Estableciendo en
adelante tajantemente que la disposición de bienes de la sociedad de
gananciales por uno solo de los cónyuges sin el consentimiento del otro será
un acto jurídico nulo. Asimismo, se establecen precedentes vinculantes para
evitar futuros abusos en la disposición de bienes sociales sin el
consentimiento del otro cónyuge.
 Fundamento legal: La nulidad se basa en el artículo 315 del Código
Civil, que exige la intervención conjunta de ambos cónyuges para
disponer de bienes sociales. Esta norma se considera imperativa y de
orden público.
 Protección del derecho de propiedad: La Corte Suprema enfatiza la
importancia de proteger el derecho de propiedad de ambos cónyuges
y evitar el enriquecimiento injusto a costa de uno de ellos.
 Protección de los bienes sociales: La decisión busca proteger los
derechos de ambos cónyuges sobre los bienes adquiridos durante el
matrimonio, evitando que uno de ellos disponga de ellos sin el
consentimiento del otro.
CONSIDERACIONES LEGALES:
 Nulidad del acto jurídico: El acto de disposición de bienes de la
sociedad conyugal por un solo cónyuge es nulo, dado que el artículo
315 del Código Civil establece que ambos cónyuges deben participar
en este tipo de transacciones. La nulidad se fundamenta en que el
consentimiento conjunto es un requisito esencial para proteger los
derechos patrimoniales de cada cónyuge, así como los sociales.
 Protección de terceros: A pesar de la nulidad del acto, la Corte
considera que los terceros adquirentes de buena fe, que cumplen con
los requisitos del artículo 2014 del Código Civil, no pueden ser
afectados, y sus derechos de propiedad se mantienen intactos.
 Precedentes vinculantes: La Corte Suprema establece que, para
evitar la disposición unilateral de bienes sociales, las reglas sobre
copropiedad se aplican de manera supletoria, y que el derecho de
propiedad de ambos cónyuges debe estar protegido. Además, se
reafirma que cualquier acto jurídico realizado sin la intervención de
ambos cónyuges es nulo o ineficaz, y que el cónyuge afectado tiene
derecho a reivindicar el bien.
 Uniones de hecho: Los principios también se aplican a las uniones de
hecho reconocidas legalmente. Si no hay registro de la unión, la
disposición de bienes puede ser válida frente a terceros, pero no ante
la sociedad conyugal.
IMPLICACIONES PRÁCTICAS:
La decisión de la Corte Suprema brinda mayor seguridad jurídica al
establecer claramente las consecuencias de la disposición unilateral de
bienes de la sociedad de gananciales. También, los cónyuges tienen una
mayor protección frente a posibles abusos por parte de su pareja en relación
con la disposición de bienes comunes. Además, los casos relacionados con
la disposición de bienes sociales requerirán un análisis más detallado y una
aplicación rigurosa de los criterios establecidos por la Corte Suprema.
La Casación N° 3006-2015-JUNÍN ha sentado un precedente importante en
materia de derecho de familia, reafirmando la necesidad de proteger los
derechos de ambos cónyuges sobre los bienes adquiridos durante el
matrimonio y estableciendo criterios claros para determinar la nulidad de
los actos jurídicos que vulneren este principio.
DIFERENCIA ENTRE NULIDAD E INEFICACIA:
La Corte Suprema, en el Pleno Casatorio, nos da una distinción crítica entre
nulidad e ineficacia. La nulidad, en sencillo, implica que el acto nunca tuvo
validez, mientras que la ineficacia significa que el acto podría tener efectos
entre las partes, pero no frente a terceros o en situaciones específicas.
Si bien la mayoría de los magistrados optó por la nulidad del acto jurídico, el
voto minoritario planteó la posibilidad de la ineficacia, lo que generó un
debate sobre la consecuencia jurídica más adecuada.
Nulidad e ineficacia son términos jurídicos que se refieren a la validez o
invalidez de un acto jurídico, pero tienen significados y consecuencias
diferentes.
 Nulidad: Un acto jurídico es nulo cuando desde su origen es inválido,
es decir, no produce ningún efecto legal y se considera inexistente.
Ninguna de las partes puede invocar derechos derivados de él. Es
como si nunca hubiera ocurrido. La nulidad se declara cuando se
incumple un requisito esencial para la validez del acto. Un ejemplo
claro es cuando uno de los cónyuges vende un bien de la sociedad de
gananciales sin el consentimiento del otro (como en este caso), lo
que viola el artículo 315 del Código Civil. En consecuencia el acto
jurídico celebrado se considera inválido desde el principio y nunca ha
tenido efectos.
 Ineficacia: Un acto jurídico ineficaz produce efectos mientras no se
declare su ineficacia. Sin embargo, es susceptible de ser anulado y,
una vez declarada su ineficacia, se retrotraen los efectos al momento
de su celebración. Un acto es ineficaz cuando en principio es válido,
pero no puede producir efectos por la falta de algún requisito externo.
En otras palabras, el acto existe, pero no puede afectar a ciertas
personas o en ciertas circunstancias. Un ejemplo sería si un cónyuge
vende un bien sin consentimiento del otro, pero el comprador actuó
de buena fe y cumplió con todos los requisitos registrales. En este
caso, el acto podría ser ineficaz para el otro cónyuge, pero válido
frente al tercero comprador de buena fe. Como consecuencia el acto
puede ser válido entre las partes que lo celebraron, pero no afecta a
otras personas.
Para explicarlo más fácil imaginemos que un contrato es como un edificio. Si
el edificio se construyó sobre cimientos defectuosos, nunca debió haberse
construido y debe ser demolido por completo. Esto sería una nulidad. Por
otro lado, si el edificio está bien construido pero no tiene los permisos
necesarios para funcionar, puede ser utilizado temporalmente, pero en
cualquier momento las autoridades podrían ordenarlo cerrar. Esto sería una
ineficacia.

En el pleno casatorio, la Corte Suprema declaró la nulidad de la venta del


bien inmueble realizada por uno de los cónyuges sin el consentimiento del
otro. Esto significa que la venta es considerada como si nunca hubiera
ocurrido y el bien sigue perteneciendo a la sociedad de gananciales.
La diferencia entre nulidad e ineficacia radica en la validez del acto desde su
origen (nulo) o la falta de efectos sobre ciertas personas (ineficaz). En este
caso, la Corte Suprema estableció la nulidad de las escrituras debido a la
venta de bienes sociales sin el consentimiento de ambos cónyuges, creando
precedentes importantes para proteger los derechos de propiedad en
futuras disposiciones de bienes de la sociedad de gananciales.
El debate entre los jueces refleja dos enfoques interpretativos. El voto
mayoritario favorece la nulidad del acto para proteger a ambas partes de la
sociedad conyugal. Esto tiene sentido en términos de proteger el patrimonio
compartido, pero también puede generar cierta inseguridad jurídica, sobre
todo cuando hay terceros involucrados de buena fe, como los compradores
en este caso. El voto minoritario propone una solución más equilibrada,
sugiriendo la ineficacia, que protegería tanto a los cónyuges como a los
terceros adquirentes. Sin embargo, esto podría dejar a uno de los cónyuges
en una desventaja en ciertos casos.

CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE OCTAVO PLENO


CASATORIO
RÉGIMEN DE SOCIEDAD DE GANANCIALES
El régimen de sociedad de gananciales es una figura del derecho de familia
en el ordenamiento jurídico peruano, cuyo objetivo es regular el manejo y
distribución de los bienes obtenidos por los cónyuges durante el
matrimonio. Según el Código Civil peruano, este régimen establece que,
salvo pacto contrario entre los cónyuges, los bienes adquiridos durante el
matrimonio son comunes, compartiéndose tanto los beneficios como las
cargas.
Este régimen se aplica de manera supletoria si no se elige uno diferente al
momento de contraer matrimonio, como el de separación de patrimonios,
que también está previsto en la normativa.
El régimen de sociedad de gananciales está regulado en los artículos 295 al
343 del Código Civil peruano. Según el artículo 295, "por el matrimonio se
genera entre los cónyuges una sociedad de gananciales, a menos que opten
por el régimen de separación de patrimonios".
Es decir, este régimen es la opción por defecto en el Perú si los contrayentes
no manifiestan expresamente una preferencia diferente en las
capitulaciones matrimoniales.
La sociedad de gananciales se constituye a partir del matrimonio y abarca
todos los bienes adquiridos por cualquiera de los cónyuges, salvo ciertas
excepciones que pertenecen exclusivamente a uno de ellos, como los
bienes propios obtenidos antes del matrimonio o los adquiridos por herencia
o donación, según lo estipulado en el artículo 302 del Código Civil. Esto
garantiza que, a pesar de la solidaridad patrimonial que el matrimonio
impone, cada cónyuge conserva una esfera patrimonial propia que puede
ser respetada en determinados contextos.
El régimen distingue entre los bienes propios de cada cónyuge y los bienes
comunes. Los bienes propios son aquellos que cada uno de los cónyuges
tenía antes del matrimonio, así como los que adquiere por herencia o
donación durante el matrimonio. También se consideran propios los bienes
obtenidos a título personal, como los frutos derivados de actividades
exclusivas de un cónyuge, como premios o indemnizaciones por daños
personales.
Por otro lado, los bienes comunes, conocidos como gananciales, son
aquellos que ambos cónyuges adquieren durante el matrimonio a través de
su esfuerzo o trabajo, independientemente de quién de los dos lo haya
generado directamente. Estos bienes se gestionan y administran
conjuntamente, aunque el artículo 315 del Código Civil establece que, para
actos de disposición de bienes inmuebles o de alto valor, es necesario el
consentimiento de ambos cónyuges.
El Código Civil establece mecanismos para la administración de los bienes
comunes. Ambos cónyuges pueden administrar y disponer de los bienes
gananciales, aunque para actos de disposición de bienes comunes, como la
venta de inmuebles o la constitución de hipotecas, se requiere el
consentimiento de ambos. Esto se realiza para proteger los intereses de
ambos miembros de la pareja y evitar la disposición unilateral de bienes
comunes que podrían afectar a la familia.
La sociedad de gananciales termina por la disolución del matrimonio, ya sea
por divorcio o por muerte de uno de los cónyuges. También puede terminar
por mutuo acuerdo cuando ambos cónyuges deciden optar por el régimen
de separación de patrimonios, tal como lo estipula el artículo 321 del Código
Civil.
Una vez disuelta la sociedad de gananciales, los bienes comunes son
repartidos entre los cónyuges, correspondiendo a cada uno de ellos la mitad
de los bienes gananciales, después de haber liquidado las deudas comunes.
Los bienes propios, en cambio, permanecen en posesión de cada cónyuge.
LA DISPOSICIÓN DE BIENES POR UNO SOLO DE LOS CÓNYUGES
la disposición de bienes por uno solo de los cónyuges en un matrimonio bajo
el régimen de sociedad de gananciales plantea diversas interrogantes y
restricciones. Dicha disposición implica la capacidad de uno de los cónyuges
para vender, hipotecar, ceder o realizar cualquier otro acto jurídico que
implique transferir o modificar derechos sobre los bienes comunes o
propios. El Código Civil peruano establece reglas claras respecto a cómo y
cuándo uno de los cónyuges puede disponer de bienes, buscando proteger
los intereses patrimoniales tanto de la sociedad conyugal como del cónyuge
que no participa directamente en el acto de disposición.
La regulación de la disposición de bienes en el régimen de sociedad de
gananciales se encuentra en los artículos 295 a 343 del Código Civil
peruano, específicamente en los artículos 315 y 317. Según el artículo 315,
"ninguno de los cónyuges puede disponer de los bienes sociales, ni
gravarlos, sin el consentimiento expreso del otro". Esto significa que, en
principio, los actos de disposición que afecten a los bienes comunes
requieren la participación de ambos cónyuges. Esta disposición es una
manifestación del principio de cogestión de los bienes gananciales, con el
fin de proteger la participación equitativa de ambos en la administración del
patrimonio matrimonial.
El régimen de sociedad de gananciales implica que los bienes adquiridos
durante el matrimonio son considerados comunes, independientemente de
quién haya sido el titular directo de los bienes. Por tanto, en principio, los
actos de disposición sobre estos bienes requieren el consentimiento de
ambos cónyuges. Esto es particularmente relevante para actos que
involucran bienes inmuebles, muebles de valor significativo o cualquier bien
que pueda comprometer el patrimonio común de manera importante. La
falta de consentimiento puede acarrear la nulidad del acto jurídico, lo cual
protege al cónyuge que no participó en la disposición.
No obstante, el artículo 316 del Código Civil introduce una excepción a esta
regla, permitiendo que uno de los cónyuges pueda disponer de los bienes
comunes si tiene el mandato expreso del otro, o en situaciones de urgencia
en que no pueda obtenerse el consentimiento a tiempo. Esto demuestra la
flexibilidad del régimen, aunque siempre bajo la premisa de la protección de
los intereses del cónyuge no actuante.
En cuanto a los bienes propios de cada cónyuge, el artículo 317 del Código
Civil establece que cada cónyuge tiene plena libertad para disponer de sus
propios bienes sin requerir el consentimiento del otro. Los bienes propios
incluyen aquellos que el cónyuge adquirió antes del matrimonio, así como
aquellos obtenidos por herencia o donación durante el matrimonio.
Sin embargo, una disposición de bienes propios que afecte directamente los
intereses del otro cónyuge o de la sociedad conyugal, como podría ser el
caso de una vivienda familiar que pertenezca a uno de los cónyuges, puede
estar sujeta a revisión judicial si se demuestra que dicho acto perjudica el
bienestar familiar.
Si uno de los cónyuges dispone de bienes comunes sin el consentimiento
del otro, el acto puede ser declarado nulo. La nulidad está contemplada
como un mecanismo de protección patrimonial en el derecho peruano. Por
ejemplo, si un cónyuge vende un inmueble sin el consentimiento del otro,
este último puede solicitar la nulidad del contrato de venta. De esta forma,
el derecho peruano busca garantizar la equidad en la gestión del patrimonio
común y evitar situaciones de abuso o desprotección de uno de los
cónyuges.
En situaciones donde existe una separación de hecho o la disolución de la
sociedad de gananciales, la capacidad de disposición de los bienes cambia
drásticamente. Una vez que la sociedad de gananciales se disuelve, ya sea
por divorcio o por fallecimiento de uno de los cónyuges, cada uno puede
disponer de sus propios bienes sin restricciones. En cuanto a los bienes
gananciales, estos son liquidados y repartidos entre los cónyuges.
LA ACCIÓN PAULIANA
La acción pauliana es una figura jurídica que permite a los acreedores
impugnar los actos realizados por el deudor que perjudiquen su derecho de
cobro, especialmente cuando el deudor busca eludir sus obligaciones
mediante la enajenación o disposición fraudulenta de sus bienes. En el
derecho peruano, esta acción se encuentra regulada principalmente en el
Código Civil, y su finalidad es proteger a los acreedores ante actos que
impliquen un fraude o perjuicio a sus derechos de crédito.
La acción pauliana, también conocida como "acción revocatoria", tiene su
origen en el derecho romano, específicamente en la "actio Pauliana", que
fue desarrollada por el jurista Paulo, de donde deriva su nombre. En su
esencia, es una herramienta destinada a restablecer el patrimonio del
deudor, permitiendo a los acreedores desafiar los actos que disminuyan
dicho patrimonio y afecten la posibilidad de satisfacer sus créditos.
En el derecho peruano, esta acción está regulada por los artículos 195 y 196
del Código Civil. El artículo 195 señala que los acreedores pueden solicitar la
revocación de los actos del deudor que, realizados con fraude, perjudiquen
su derecho de cobro, siempre que el deudor se encuentre en insolvencia o
pueda resultar insolvente como consecuencia de dicho acto.
Para que un acreedor pueda ejercer la acción pauliana en el Perú, deben
cumplirse ciertos requisitos establecidos en la normativa civil:
1. Existencia de un crédito: El acreedor debe tener un derecho de crédito
vigente contra el deudor. Es irrelevante si el crédito es exigible o no en el
momento en que se produce el acto fraudulento, siempre y cuando el
acreedor pueda demostrar su existencia.
2. Acto jurídico perjudicial: El acto impugnado debe haber causado un
perjuicio al acreedor, es decir, debe haber disminuido el patrimonio del
deudor de tal forma que este no pueda responder adecuadamente por sus
deudas. Este acto puede ser una venta, donación, cesión u otra disposición
patrimonial realizada por el deudor.
3. Fraude o mala fe: El deudor debe haber actuado con la intención de
defraudar a sus acreedores, lo que se presume si el acto se realiza en
condiciones que claramente empeoran su solvencia. En el caso de actos a
título oneroso, es necesario que el tercero que participó en el acto también
haya actuado de mala fe, es decir, que haya conocido o debido conocer la
insolvencia del deudor.
4. Insolvencia del deudor: La acción pauliana solo procede si el acto
fraudulento coloca al deudor en insolvencia o agrava su situación de
insolvencia preexistente.
Esto significa que el deudor no cuenta con suficiente patrimonio para
responder a sus obligaciones.
El efecto principal de la acción pauliana es la revocación del acto jurídico
impugnado. Esto significa que el bien o derecho que fue enajenado por el
deudor debe reintegrarse al patrimonio del deudor para que los acreedores
puedan proceder contra él y satisfacer sus créditos. Es importante resaltar
que la revocación solo afecta a los acreedores que interpusieron la acción, y
no a otros posibles acreedores o al deudor mismo.
Un aspecto relevante es que la acción pauliana no tiene como propósito
anular el acto jurídico en sí mismo, sino que lo priva de efectos en relación
con los acreedores. Así, el acto sigue siendo válido entre las partes que lo
realizaron, pero deja de tener eficacia frente a los acreedores que lograron
la revocación.
En el derecho peruano, el ejercicio de la acción pauliana está sujeto a un
plazo de caducidad. Según el artículo 196 del Código Civil, esta acción debe
interponerse dentro del plazo de un año contado desde la fecha en que el
acreedor conoció o debió conocer el acto fraudulento que perjudicaba sus
derechos. Esto implica que los acreedores deben actuar con diligencia para
detectar y actuar contra actos que puedan comprometer sus posibilidades
de cobro.

COMENTARIOS Y ANÁLISIS
En calidad de expositores de este Octavo Pleno Casatorio Civil, nos
corresponde efectuar un análisis sobre la controversia planteada,
centrándome en los aspectos jurídicos clave que subyacen en el presente
caso, específicamente en torno a la disposición de bienes sociales dentro de
la sociedad de gananciales y la infracción del artículo 315 del Código Civil.
La decisión final tomada por el Pleno tiene implicancias importantes en la
interpretación y aplicación de las normas civiles en el contexto patrimonial
familiar.
Contexto y Hechos Relevantes
La demandante, Karina Judy Choque Jacay, solicita la nulidad de dos actos
jurídicos de disposición, argumentando que su madre, Catalina Genoveva
Jacay Apolinario, vendió un bien social sin la intervención del padre,
vulnerando lo dispuesto en el artículo 315 del Código Civil. Según la
demandante, esta disposición sin intervención conyugal buscaba despojarla
de su herencia. La demandante sostiene que el bien en cuestión formaba
parte de la sociedad de gananciales, constituida por sus padres, y que la
venta se realizó aprovechando el estado de salud de su madre, quien
actuaba como si fuera soltera, hecho que fue facilitado por su falta de
registro actualizado en el RENIEC.
En primera instancia, el juez rechazó la demanda, considerando que el bien
había sido adquirido por la madre de la demandante en estado de
separación de hecho con su cónyuge, lo que justificaba la falta de
intervención del padre en la venta. Además, el juez concluyó que no se
había demostrado que el bien fuera parte de la sociedad de gananciales ni
que la construcción en el predio hubiera sido financiada con recursos
comunes. Este razonamiento pone de manifiesto la dificultad probatoria en
los casos en los que existe una separación de hecho entre los cónyuges y se
cuestiona la titularidad de los bienes adquiridos.
En segunda instancia, la Segunda Sala Mixta de Huancayo confirmó la
sentencia inicial, al considerar que Rocío Zevallos Gutiérrez, la compradora
del bien, actuó de buena fe, pues en los registros públicos la madre de la
demandante figuraba como soltera. La Sala concluyó que no había
evidencia de que el acto de compraventa estuviera viciado por simulación o
mala fe. En este análisis, el tribunal hace un énfasis significativo en la
protección de los terceros adquirentes de buena fe, quienes, en principio, no
deberían verse afectados por problemas internos de los vendedores, a
menos que haya pruebas claras de mala fe o dolo.
Análisis de la Normativa Aplicable
El artículo 315 del Código Civil peruano establece que para disponer de
bienes sociales, se requiere la intervención conjunta de ambos cónyuges,
salvo excepciones expresamente previstas en la ley. Este precepto busca
salvaguardar el interés familiar y proteger el patrimonio de la sociedad
conyugal, garantizando que decisiones de trascendencia patrimonial
cuenten con el consentimiento de ambos cónyuges. La norma tiene un
carácter imperativo, lo que significa que su incumplimiento podría llevar a la
nulidad de los actos de disposición.
En el caso que nos ocupa, la controversia radica en determinar si la
disposición unilateral del bien social por parte de la madre, sin la
intervención del padre de la demandante, vicia de nulidad el acto o si, por el
contrario, podría considerarse válido bajo determinadas circunstancias,
como la buena fe del adquirente. Aquí se plantea la tensión entre la
protección del cónyuge no interviniente y la estabilidad del tráfico jurídico
con terceros.
Voto Mayoritario y Minoritario del Pleno Casatorio
El voto mayoritario del Pleno Casatorio resolvió declarar la nulidad del acto
jurídico, argumentando que la disposición de bienes sociales sin la
intervención de ambos cónyuges es nula de pleno derecho, conforme a lo
dispuesto en el artículo 315 del Código Civil. Los jueces sustentaron su
posición en que la norma tiene un carácter imperativo, orientado a proteger
el patrimonio familiar y asegurar la igualdad entre los cónyuges en la
administración de bienes sociales. La nulidad, según esta posición, es la
única sanción que puede imponerse cuando se vulnera la exigencia de la
intervención conjunta.
En contraste, el voto minoritario planteó que el acto debería ser considerado
ineficaz en lugar de nulo, lo que permitiría su posterior convalidación por el
cónyuge preterido. Este enfoque se basa en la idea de que el acto no está
completamente desprovisto de validez, sino que simplemente carece de
eficacia hasta que se subsane la falta de intervención conyugal. La
ineficacia, a diferencia de la nulidad, no destruye el acto desde su inicio,
sino que permite la posibilidad de regularizarlo, evitando así mayores
afectaciones a los derechos de terceros.
COMENTARIOS FINALES
Desde una perspectiva doctrinal, este caso plantea un dilema clásico en
torno a la interpretación del artículo 315 del Código Civil. Por un lado, se
defiende la rigidez de la norma en cuanto a la protección del patrimonio
social, lo que justifica la nulidad de los actos unilaterales. Por otro lado, la
propuesta de la ineficacia brinda una solución más flexible que permite la
ratificación del acto en beneficio del tráfico jurídico.
El fallo del Pleno Casatorio refuerza la obligatoriedad de la intervención
conjunta en actos de disposición de bienes sociales, consolidando un criterio
jurisprudencial que prioriza el interés familiar y la equidad entre cónyuges.
Sin embargo, es importante señalar que en situaciones donde los terceros
actúan de buena fe, como el caso de Rocío Zevallos Gutiérrez, la protección
de la buena fe registral podría haber sido analizada con mayor profundidad,
dado que el registro público es una herramienta crucial para asegurar la
seguridad jurídica en las transacciones.
CONCLUSION
El juez declaró infundada la demanda de nulidad presentada por Karina
Judy Choque Jacay, argumentando que el bien objeto de litigio no formaba
parte de la sociedad de gananciales debido a la separación de hecho entre
los padres de la demandante. Se concluyó que no era necesaria la
intervención del cónyuge en la disposición del bien.
La Segunda Sala Mixta de Huancayo confirmó la sentencia, basándose en la
buena fe de la compradora Rocío Zevallos Gutiérrez, quien adquirió el bien
con la aparente soltería de la vendedora en los registros públicos. No se
encontró evidencia de simulación o mala fe en la transacción.
El voto mayoritario del Pleno Casatorio declaró la nulidad del acto jurídico,
estableciendo que la disposición de bienes sociales sin la intervención de
ambos cónyuges es contraria al artículo 315 del Código Civil. La minoría, en
cambio, consideró que dichos actos deberían ser ineficaces y susceptibles
de ratificación posterior por el cónyuge no interviniente.
El Pleno Casatorio concluyó que la exigencia de intervención conjunta en la
disposición de bienes sociales es una norma de orden público que garantiza
el principio de igualdad conyugal y la protección del patrimonio familiar. Sin
embargo, se recomendó que los tribunales evalúen caso por caso la
aplicación de la nulidad o la ineficacia, considerando la posible
convalidación del acto.
Este caso subraya la importancia de respetar la norma imperativa del
artículo 315 del Código Civil, pero también invita a reflexionar sobre la
necesidad de flexibilizar ciertas soluciones cuando estén involucrados
terceros de buena fe, con el fin de equilibrar los intereses de las partes
involucradas sin comprometer la estabilidad del tráfico jurídico.

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