El Infierno de Eva
El Infierno de Eva
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CAPITULO I
Era julio en la comarca serrana, con sus largas noches saturadas de aroma a madera quemada
y guisos sobre el fogón que desbordaban los muros de los hogares familiares.
Caminó sin prisa haciendo crujir el pasto escarchado bajo la suela de sus botas de cuero
engrasado. Estaba decidido a mezclarse entre los curiosos que acechaban detrás de la cinta
amarilla sin llamar la atención. Una figura más entre las decenas de mirones que intentaban
descubrir qué, cómo y, sobretodo, por qué. Nada en su aspecto lo hacía sobresalir, sabía como
mimetizarse, y en el conjunto de personas que se aglomeraban en esa calle oscura, podía pasar
desapercibido.
El viento gruñía entre las ramas de los añejos pinos y el aire helado de las sierras se clavaba
en la piel de los rostros desfigurados por las luces de los vehículos de emergencia. A nadie
preocuparse por algo tan cotidiano como el frío. En un abrir y cerrar de ojos, la quimera de la
tranquilidad y la seguridad había desaparecido para dar lugar a la cruda vida real. La pacífica
noche serrana había sido despojada sin piedad de su esencia cuando la muerte, en su forma
La cabaña de troncos y piedra era una de las tantas que se alquilaban por día a los
privilegiados turistas que visitaban la localidad. Enmarcada por el paisaje agreste del bosque,
se alzaba impasible ante el despliegue de las fuerzas de seguridad que se movían como
espectros desorientados. Nada había en su entorno que pudiese augurar un desenlace fatal.
Nada lograba evidenciar cual era la trascendencia del acontecimiento que se ocultaba dentro
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La mujer no era demasiado joven. Tenía justo la edad en la que las mujeres dejan de sentirse
vulnerable y bajan la guardia. La edad en la que creen que ya están por encima de cualquier
amenaza o prefieren tomar riegos antes que enfrentarse al aburrimiento o a la soledad. Esa, en
La ropa y las joyas evidenciaban una situación económica por encima de la media y la
presencia de ambas descartaba, por lo menos, los móviles del robo y de la violación. No había
Tan solo la garganta seccionada por un corte brutal, dejando apenas un pequeño pedazo
sanguinolento de músculo como ligadura entre la cabeza y el torso, los huesos de la columna
efectivos más inexpertos. Un par de novatos habían tenido que salir deprisa a tomar aire por
miedo a estropear la escena del crimen con sus propios fluidos estomacales. La mujer estaba
caída, boca arriba, en medio de la sala. Los ojos abiertos, desorbitados por la sorpresa de
sentir que la vida se le escapaba sin mediar explicación. La sangre oscura y espesa se esparcía
Ella no había puesto resistencia a su abrazo ¿Por qué habría de hacerlo? Ni siquiera
sospechaba que él había presentido su traición. La había abrazado, por la espalda, suave,
sensual, como tantas otras veces mientras miraban el fulgor de la luna creciente a través de las
ventanas. Había dejado que el aroma dulce y exótico de su perfume avasallara sus sentidos
mientras besaba suavemente su delicado cuello. Esperó a sentirla entregarse a sus caricias y
cerrar los ojos anticipando los placeres que proseguían a las preliminares y no había dudado
en hundir la hoja afilada bajo la blanca curva de su mentón. Podía describir, mejor que el
forense, como el cuchillo había entrado en la carne cortando la piel y todos los demás tejidos
con la misma facilidad que lo haría en un trozo de carne asada. Como la sangre caliente
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saltaba de las arterias seccionadas al ritmo de las pulsaciones del corazón mientras éste
continuó latiendo. Como el cuerpo se sacudió en sus últimas convulsiones entre sus brazos
No necesitaba entrar para saber exactamente como se veía la escena, ni donde encontraría la
policía las llaves y los documentos. También conocía con precisión el monto de dinero que
había en el bolso de la víctima y el resto de su contenido. Además, sabía que números y que
mensajes eran los últimos que figuraban en el celular. Por descontado, nada de eso lo
complicarían. Había tomado medidas extremas para asegurarse que nada pudiera delatarlo,
situación. Aún más, esa noche, él ni siquiera estaba allí. Se encontraba a cientos de kilómetros
Esperó para ver salir la camilla con el cuerpo amortajado. Los bomberos se movían con
decisión pero sin prisa, después de todo, nada podían hacer ya por la mujer mutilada. Los
murmullos de la multitud cesaron de pronto como si alguien los hubiera incitado a un inútil
minuto de silencio en homenaje a la difunta. Fue más una repentina incapacidad de decir algo
que borrase la atroz realidad que los noqueaba que el deseo de ser respetuosos. Por un breve
lapso de tiempo, cada individuo se dedicó a intentar traducir los sentimientos y las emociones
que la escena les despertaba en algo con lo que pudieran convivir de ahí en más. Su realidad
había dado un vuelco irreversible y necesitaban enterrar los miedos bajo varias capas de
Para él era diferente, conocía todas las respuestas y tenía la certeza de haber actuado
conforme a su necesidad. Su realidad estaba ahora más estable y segura que algunas horas
atrás.
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CAPITULO II
Eran comienzos de otoño, con esas tardes grises y ventosas que auguraban un obstinado
aguacero. Eva Linares miró al cielo desde la ventana de su oficina y deseó fervientemente que
de su traje sastre bordó y volvió a mirar resignada la corrida en sus pantys que, por mucho
que hiciera, cada vez era más evidente. Por un instante, pensó en sacárselas y tirarlas al tacho
de basura, pero hacía frió y lo estético dejó de ser tan relevante. Tomó, del perchero, la cartera
espejo del vestíbulo fue suficiente para corroborar que su peinado hacía horas que había
dejado de considerarse así. Murmuró una maldición entre dientes y decidió también dejar
Salió a la calle algo apurada El automóvil negro estacionado enfrente se le antojó conocido.
Se sorprendió de verlo apoyado en su auto, tan indolente, tan elegante, tan despreocupado, tan
él. Con ese aire de dueño y señor de su espacio y del mundo en general, Lautaro Montiel
esperaba, un pie mancillando la bruñida pintura de la puerta del conductor, los brazos
exactamente en ella. Miró hacia ambos lados buscando a su prometido o alguna señal de que
él se hallaba cerca, pero no encontró nada y no se le ocurría ninguna explicación lógica para
la presencia, en ese lugar, de su futuro cuñado. Respiró hondo para tratar de paliar esa
inquietud que él solía despertarle y esbozando una sonrisa, quiso creer, amistosa, se decidió a
cruzar la calle adoquinada evitando que los tacos quedaran atascados entre las húmedas
piedras.
Él se incorporó sin prisa y dejó que sus brazos cayeran a los lados del cuerpo, pero no se
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adelantó a recibirla, como si mostrarse ansioso no fuera compatible con su estilo
dentadura, digna de una publicidad de pasta dental e inclinó levemente su cabeza en señal de
- ¿Sorprendida?
Había querido sonar como una pregunta pero era indudablemente una afirmación. Un
relámpago burlón cruzó su mirada cuando Eva intentó negar lo que era indiscutible
sacudiendo sus rizos caoba algo alterados por la humedad. Desistió de su inútil negativa y se
estiró para rozar apenas las mejillas en un pseudo beso que sopló al aire.
- ¡Hola……….!?
Su voz sonaba demasiado ronca, delatando su nerviosismo, por lo que prefirió esperar que
Lautaro explicase el motivo de su presencia y así ganar algunos segundos para calmarse. Si él
notó su inquietud no se dio por aludido, esperó apenas un instante a que hiciera las preguntas
- Ramiro tuvo que viajar de urgencia. No sabía si él acostumbraba pasar a buscarte y lo ibas a
estar esperando.
Eva pensó en los viajes urgentes de Ramiro que cada vez se repetían con más frecuencia y en
trabajo o en cualquier otro lugar. Si debían salir juntos, ella pasaba por las oficinas de la
empresa o, en su defecto, mandaba un coche con chofer para que la llevara donde la estaba
esperando. Ese pequeño detalle no le molestaba o, por lo menos, eso era lo que deseaba creer.
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Esbozó una sonrisa algo rígida y lo miró como retándolo a realizar algún comentario mordaz
- Bueno, no importa – su actitud algo distraída confirmaba sus palabras –. Ya estoy acá y no
Una vez más una pregunta transformada en afirmación. Se sintió algo avasallada por lo
imperativo de la situación, como si ella no tuviera más opción que permitir que los hermanos
Montiel decidieran sobre sus gustos y necesidades. Sintió deseos de rebelarse contra lo que
consideraba una intrusión inoportuna pero advirtió que estaba colocando sobre los hombros
de Lautaro meses de arbitrariedades cometidas por Ramiro. Después de todo, no era una linda
tarde para pasear y su casa quedaba bastante lejos, negarse a que él la llevara sería solo un
capricho inconsecuente. Dejó de lado los impulsos infantiles que la llevaban a actuar de
manera irracional y se sintió agradecida por la posibilidad de evitarse una ducha potencial
Sin darle tiempo a cambiar de opinión, Lautaro la escoltó hasta la puerta del acompañante y se
la abrió solícito. El gesto caballeresco la tomó por sorpresa. Se había criado en una sociedad
donde las mujeres habían perdido la costumbre de dejarse halagar. Donde, para demostrar su
definir. No estaba habituada a ser tratada de esa manera y, en el fondo, el hecho de que le
gustase que lo hicieran, la inquietaba. O tal vez no era el cómo, sino el quién.
automática.
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Lautaro no respondió enseguida atento al tránsito. Cuando volvió a hablar parecía algo tenso.
No era una invitación tan inusual, sin embargo Eva sintió un nerviosismo inaudito al pensar
en aceptarla. Un nudo en el estómago y un leve temblor le hizo dudar en dar una respuesta
afirmativa. Quiso analizar los sentimientos que interferían en su decisión pero no llegó a
ninguna conclusión coherente. No podía dejar de sentir culpa por desear entablar una charla
amistosa, en un lugar público con un hombre que no fuera Ramiro, pero sin duda, era una
- Era solo una idea – comentó quitando importancia al asunto - No te sientas obligada a
aceptar.
Eva no pudo evitar el respirar profundamente, como cuando se toma aire para zambullirse en
el agua. Esa era exactamente la sensación que tenía, se estaba tirando de cabeza en aguas
profundas y no sabía con que se podía encontrar. Arguyó para si misma que era una tontería
tanta alharaca por una inocente invitación a tomar un café. Después de todo, hacía poco que
conocía a su cuñado y que mejor oportunidad de entablar una relación amistosa con su futura
Apenas un leve asentimiento con la cabeza por parte del conductor como queriendo confirmar
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El atardecer había pasado desapercibido entre las nubes y la bruma gris. La noche salpicada
de faroles borrosos desfilaba apresurada a través del cristal de la ventanilla. La radio apenas
murmuraba las estrofas de una vieja canción de Rita Coolidge, “…all's forgotten now, we're
all alone oh oh we're all alone..”, como una advertencia de la irrefutable realidad. Eva apoyó
la cabeza en el respaldo de la butaca y cerró los ojos. No quería seguir analizando las causas y
los motivos de cada acción, necesitaba dejarse llevar por el momento sin cuestionarse cada
hecho y cada palabra. Esta parecía una excelente oportunidad de pasar un rato agradable y
pensaba aprovecharla. Abrió los ojos decidida a cambiar su actitud y miró a su acompañante.
Algo en su expresión la inquietó. Sin saber porque, tuvo la certeza que, desde un primer
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CAPITULO III
Comenzó a caer en forma de chispas finas y volátiles que humedecían lentamente todo el
paisaje. Mientras el automóvil avanzaba con cuidado por las calles abarrotadas de viernes por
la noche, las pequeñas gotas iban tomando coraje para convertirse en algo más.
Tomar café había sido un eufemismo. Lautaro la había llevado a uno de esos bares con
grandes ventanales sobre la vereda, mesas de madera rústica y aroma de café expreso y
tostadas. Sin preguntarle pidió dos vasos de whisky en las rocas y por algún motivo ella no se
dejó a su paso un agradable calor en su rostro y deseos de contar más cosas que las
pasado. Fue así como se encontró hablando de su infancia de hija única, la muerte prematura
de su padre cuando ella tenía catorce años y la larga enfermedad terminal de su madre que
Él no había hablado demasiado, ni siquiera una vez que habían vuelto al coche. Parecía
absorto en sus propios pensamientos y como ella ya había parloteado más de la cuenta prefirió
mantenerse callada.
Volvió su atención hacia el exterior. Por lo visto, no iba a ser un tranquilo aguacero otoñal. El
viento cada vez soplaba más fuerte y no muy lejos comenzaban a verse los primeros flashes
que anticipaban una furiosa tormenta como las del verano, con violentos torbellinos,
descargas eléctricas y explosivos truenos. Eva suspiró resignada mientras miraba a través del
vidrio empañado. Eran esas las noches que odiaba. Eran esas las que la habían llevado a
pensar que, tal vez, el dicho no fuera real y más valía mal acompañada que sola. Sabía que la
esperaban horas de insomnio, dando vueltas en la cama y estremeciéndose de terror ante cada
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estallido de luz y su inevitable estruendo posterior, intentando anticiparse a la ráfaga que iba a
No podía creer que lo había dicho pero ya era demasiado tarde para retractarse. Él la miró de
Estaba hablando en serio y ella no sabía como reaccionar. Una cosa era el espacio neutral de
un bar y otra, muy diferente, era meterse de cabeza en territorio enemigo. Pero la idea había
sido suya y no podía dar marcha atrás sin quedar como una pusilánime.
Él se giró para observarla, intentando descifrar si hablaba en serio. Un brillo fugaz iluminó
Tuvo más de media hora para meditar sobre las posibles consecuencias de su temeridad antes
que los barrios de viviendas bajas dejaran paso a las grandes casas quintas. Lautaro la llevó
por calles estrechas, oscuras y arboladas hasta un gran portón que se abrió automáticamente.
- ¡Vaya! ¡Qué caserón! – su sorpresa fue totalmente genuina – Debe costarte una fortuna
- No es mío, lo alquilo por el tiempo que estoy acá – respondió distraído mientras observaba
por el retrovisor como se cerraba el portón -. Mi estilo nómada me impide tener propiedades.
Eva lo observó bastante asombrada. La idea no era fácil de asimilar tomando en cuenta el alto
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- ¿No tienes ninguna casa propia? - indagó sorprendida.
Él estaba concentrado en avanzar hacia la casa por la angosta senda de pedregullo y demoró
Apagó el motor del auto frente a la puerta de entrada y se quedó unos minutos en silencio
- Y es obvio porque no me quedo allí cuando vengo – acotó con algo de amargura.
El ladrido frenético la tomó por sorpresa. El hocico de un röttwailler del tamaño de un ternero
se estrelló contra la ventanilla de Eva. Los enormes diente amarillos golpearon contra el
vidrio mientras la baba espumosa del animal se esparcía por la superficie húmeda. Ella saltó
hacia su compañero mientras emitía un chillido de horror. Le costó varios segundos darse
El ya no intentó disimular su risa pero al ver la cara de disgusto de la dama y el brillo del
Eva bufó y se cruzó de brazos pero no se despegó de su lado. El enorme perro aún permanecía
apoyado en la puerta, la miraba con ojos de asesino y emitía gruñidos bajos que le erizaban la
piel.
Una figura cubierta por un impermeable empapado se paró frente a la ventanilla del
conductor. Lautaro bajó el vidrio apenas lo suficiente para poder hablar sin interferencias.
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- ¡Buenas noches, Renzo! Si, todo en orden – Lautaro sonó tan frío y tormentoso como la
La capa de hule chorreante se alejó algunos metros del coche. Mientras la ventanilla subía con
- ¡Vamos Coco!
Mientras las figuras del hombre y del perro desaparecían en el parque oscuro Eva sintió como
por su cobardía.
- ¿Te estás riendo de mí, no es cierto? - murmuró entre dientes -. No te atrevas a negarlo.
- ¡Tendrías que haber visto tu cara! – comentó divertido – Vamos, no te sientas mal, ese perro
de verdad da miedo.
Su risa era contagiosa y ella comenzó a asumir las verdaderas dimensiones de la situación. No
podía negar que había sido un imprevisto gracioso, una vez pasada la primera impresión.
Intentó fruncir el ceño en un inútil impulso de parecer enojada solo para no dar el brazo a
torcer tan rápido, pero un pequeño detalle que había pasado por alto atrajo su atención.
- ¿¡Coco!?
La carcajada espontánea de Lautaro fue el impulso final que ella necesitaba para lanzarse a
reír. Un instante después, ambos lloraban de risa y cualquier comentario balbuceante era
suficiente motivo para un nuevo estallido de hilaridad. El primero en controlarse fue Lautaro
que, con el dorso de su mano secó las lágrimas que corrían por el rostro de Eva.
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Ella asintió aún medio ahogada por la risa, intentando que el comentario no consiguiera
tentarla nuevamente. Bajó del auto y enfrentó la noche hostil con una sonrisa en los labios.
Fuera, la lluvia caía copiosamente y el viento se arremolinaba, creando torbellinos que daba la
sensación de llevar el agua hasta los huesos. Pero ni siquiera eso consiguió aplacar esa
sensación de calor interno, de felicidad, que hacía mucho tiempo que no experimentaba.
Corrieron hasta el refugio de la entrada, pero esos pocos metros fueron suficientes para
empaparlos a ambos. Cuando al fin pudieron entrar al vestíbulo y encender la luz, un gran
charco de agua quedó inmediatamente a sus pies, sobre el porcellanato impoluto. Aún
animada por las risas compartidas Eva se volvió hacia Lautaro con una sonrisa cómplice solo
para llevarse una gran sorpresa. Con los mechones mojados de cabello oscuro y los ojos
negros como el pecado, tenía la misma apariencia que el röttwailler. Él la miraba especulativo
- ¡Demonios! Creo que vamos a tener que hacer algo con nuestra ropa....
No fue exactamente lo que dijo sino cómo lo dijo lo que la llevó a sentir el escalofrío que ni el
aislados que estaban en aquel caserón. Pudo discernir hasta que punto se había colocado en
una situación de total vulnerabilidad y reconociendo para sí misma que no había nada que
quisiera hacer para revertir ese hecho, lo siguió lentamente hacia el interior de la casa.
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CAPITULO IV
rozando su pie descalzo. Eva lanzó una maldición impropia para una dama y se acuclilló
tanteando el suelo para poder recuperarlo. La oscuridad era absoluta salvo en breves instantes
que la luz de los relámpagos irrumpía por las ventanas de la cocina e iluminaba el recinto con
su flash cegador. Ella se sentó en el piso algo desorientada, sin saber como reaccionar al
imprevisto. Pensó en quedarse allí y tomarse esa tregua de sus sentidos para poner en claro
sus pensamientos. Podía buscar innumerables excusas para su temerario e, incluso, insensato
comportamiento de esa noche, pero la realidad era que estaba jugando con fuego y se podía
quemar. A pesar de tener en claro esa posibilidad, el deseo de romper las reglas y aventurarse
en sendas prohibidas lograba abrirse camino entre la maraña de objeciones que su conciencia
ponía a cada paso. Una nueva chispa de rebeldía cruzó por su mente cuando la voz de su otro
yo quiso hacerse oír destacando las peores consecuencias que podría acarrearle su insensatez.
Hasta ese día siempre había actuado con moderación y cautela y de nada le había servido.
Desde algún lugar en el fondo de la casona, la voz apagada Lautaro le indicó que las velas y
los fósforos estaban en el segundo cajón de la derecha, interrumpiendo así sus divagaciones.
Con un suspiro de resignación, ella se acomodó las mechas húmedas de cabello detrás de la
oreja y como jugando al gallito ciego, comenzó a buscar los mencionados cajones.
Se había dado una buena ducha en cuanto entraron a la casa. Él le había preparado el baño en
uno de los cuartos y le había dado las toallas antes de desaparecer por el pasillo. Al salir,
encontró sobre la cama un conjunto deportivo algo grande pero apropiadamente seco. La
remera de algodón rojo, era amplia, con mangas hasta el codo y le llegaba hasta la cadera. El
pantalón lograba ajustarle en la cintura gracias a un cordón elástico pero había tenido que dar
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varias vueltas a la botamanga para no arrastrarlo por el suelo. Había querido agradecerle la
Encontró un paquete de velas en el cajón señalado y las dispersó por la cocina para poder
seguir trabajando. La heladera, como era de esperar en la casa de un hombre solo, no tenía
gran variedad de productos. Había revuelto todos los estantes y las gavetas hasta descubrir
que las opciones se reducían a carne y ensalada. Estaba en plena faena de cortar los tomates
cuando la luz se apagó. Al volver sobre sus pasos descubrió que el jugo de las frutas trozadas
se derramaba sobre la mesada de mármol y el elegante piso. Fastidiada, dejó de lado sus
desconocido y para un hombre al que la unía un incierto parentesco pero que, en realidad, era
un completo extraño. Desde donde la mirase, era una situación absurda y, para muchos,
peligrosa, pero para ella, significaba sentir, por primera vez en mucho tiempo entusiasmo y
expectativas por algo. Su corazón latía a un ritmo mucho más acelerado que el habitual,
se debía al hambre.
Escuchó a Lautaro mucho antes de poder verlo. A pesar de la oscuridad, sus pasos seguros y
determinados retumbaron primero por le corredor y luego en la sala contigua. El tenue reflejo
que pronto iluminó las paredes aledañas le indicó que había conseguido más velas para poner
en el comedor.
Eva esperó ansiosa que él apareciera en la cocina pero se llevó una desilusión. Sin querer
profundizar en los motivos, sintió la necesidad apremiante de terminar la cena para poder ir
adonde estaba. Cuando al fin concluyó los preparativos y llevó los platos servidos, se
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sorprendió al encontrarse la mesa preparada y unas elegantes copas de cristal colmadas de
vino. Lautaro estaba sentado en la cabecera, con expresión distraída, como sumido en sus
pensamientos. Ella se acercó en silencio y depositó con cuidado el plato delante de él.
No pudo dejar de advertir que había una cierta burla en el tono de su compañero de mesa,
dejando claro que conocía de antemano lo que iba a encontrar en la heladera. Apoyó
suavemente el plato frente a ella y se sentó con toda la elegancia que su incongruente ropa le
permitía.
- Bifes a la plancha en su punto exacto. Perfectos tomates partidos al medio con aceite de
Lo dijo con una sonrisa pero había en su tono una leve advertencia que permitía percibir que
- Por el contrario, es uno de mis platos favoritos dado mi escaso, casi nulo, desempeño
culinario – acotó mientras levantaba la copa de vino en señal de saludo – ¡A tu salud! Gracias
Eva sintió una oleada de calor subir por su rostro y tuvo que contenerse para no tomar la
servilleta de lino perfectamente doblada y abanicarse con ella. Si lo tomaba al pie de la letra,
era un comentario inocente pero no podía dejar de pensar que había un significado implícito
en semejante alegato. Prefirió pasar por alto la observación y transitar por aguas menos
profundas.
Por algunos minutos comieron en silencio mientras ella se esforzaba por poder encontrar
Lautaro se reclinó levemente sobre la mesa como buscando una cierta complicidad.
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A ella se le escapó una risita nerviosa y tomó un sorbo de vino para no caer en la tentación de
respaldo de la silla y le lanzó una mirada especulativa como intentando descifrar sus
pensamientos.
pero lo hago porque me gusta – el tono de sus palabras encerraba algún tipo de desafío -.
Puedo volar para empresas, para particulares, en mi propio aparato o en los de otras personas.
La supuesta provocación continuó flotando en el aire aún después que él dejara de hablar. Eva
no estaba segura a que se debía, talvez estuviera acostumbrado a ser juzgado por sus
preferencias, cosa que ella no estaba predispuesta a hacer. No le dio mucha importancia al
tono beligerante y decidió continuar la conversación sin advertir que estaba entrando en
terreno peligroso.
- ¿Por qué no trabajas con tu hermano? - indagó osada -. Se que él necesita un piloto de vez
en cuando.
Lautaro volvió a inclinarse hacia adelante y se llevó la copa a los labios. Parecía absorto en
sus propios pensamientos pero su mirada estaba atenta a la mujer que tenía enfrente. Cuando
- Él maneja las empresas familiares como más le gusta, sin mi interferencia, y a cambio me
pasa una parte de las ganancias. Es el arreglo perfecto – el silencio que siguió estuvo lleno de
concesiones -. Si estuviera aquí viviríamos batallando por hacer cada uno las cosas a su modo.
Había sido tajante en sus declaraciones y no dejaba espacio para réplicas. Si a Eva le quedaba
alguna duda sobre los sentimientos que unían, o mejor dicho distanciaban, a los hermanos, el
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- ¿Por que se llevan tan mal con Ramiro? – preguntó confundida.
Lautaro pareció meditar la respuesta mientras volvía a servir vino en ambas copas. No se lo
veía enojado por el rumbo que había tomado la conversación pero había una cierta tensión en
prometido la única vez que había se había atrevido hacerle la pregunta. Sin embargo, a
imperdonable indiscreción por su parte, cosa que le recriminó considerablemente sin darle
espacio para decir lo que pensaba. Esta vez la situación era diferente.
- No lo creo, esa es una excusa – comentó atrevidamente -. Llevan más de cuarenta años de
relación. Si fueran problemas de la niñez, tendrían que haberlos superado hace, por lo menos,
veinte.
- ¡Touche! – dijo divertido, luego pareció pararse a pensar en una respuesta más adecuada -.
Eva lo miró de manera inquisitiva. Habiendo llegado hasta allí, no pensaba contentarse con
- Ramiro es ambicioso, obsesivo, posesivo y autoritario – el tono de su voz era aún más duro
que las palabras - pero eso ya lo debes saber por experiencia propia.
Ella sintió que se le formaba un nudo en la garganta. Hubiera deseado decirle que estaba
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intentaría mentirle a él. Por el bien de la velada, hizo de cuenta que no había escuchado ese
- Eso es echarle todos los pecado sobre sus hombros – comentó encogiéndose de hombros –
Lautaro la miró fijamente por algunos segundos. Notó una sombra de vacilación en sus ojos
antes de que volviera a hablar. Algo es su interior le advirtió que no debía seguir indagando
- En realidad, lo único que pretendo es que no interfiera en mi vida, que me deje disfrutarla a
mi manera – había un dejo de cansancio en su voz, como si ya hubiera dicho esas palabras
muchas veces -. Para él eso es inconcebible, debe ser a su manera cueste lo que cueste. Genio
No estaba segura si el tono era de tristeza o de resignación pero era innegable que había
- ¿También te llevabas mal con tu padre? – inquirió apesadumbrada -. Eso es en verdad una
pena……
Se arrepintió de haber dicho lo que pensaba en voz alta casi antes de terminar la frase. Él alzó
las cejas en señal de interrogación como instándola a completar sus pensamientos pero no se
atrevió a continuar. Se concentró en su plato aunque ya no tenía hambre, los trozos de tomate
hablar nuevamente.
- En mi adolescencia solía imaginar que en realidad mi madre había tenido una aventura con
un tipo guapo, inteligente y divertido y que yo era el fruto de ese desliz. Quería creer que mi
padre solo había aportado el apellido. Pensar eso me hacía feliz – la risa con la que acompañó
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su confesión estaba muy lejos de ser alegre -. Cuando maduré me di cuenta que mi madre era
un ser demasiado cobarde para siquiera pensar en algo así y mis ilusiones se desvanecieron.
sobre la mesa. Eva no pudo dejar de sentirse culpable por eso. Sabía que callaba mucho más
que lo que decía pero no se atrevió a preguntar más. Se dio cuenta que la conversación había
llegado demasiado lejos cuando lo vio ponerse de pié y empezar a levantar las cosas que
estaban sobre la mesa. Ella lo ayudó sin decir nada, acompañando su cambio de disposición
con un silencio solidario. Cuando volvieron al comedor, Lautaro sirvió nuevamente vino en
Estaba susurrando nuevamente, como si no deseara llamar demasiado la atención. Era una
mala costumbre que había adquirido en los últimos tiempos, desde que tenía que cuidarse de
no hacer comentarios que irritaran a su novio. Vio que su anfitrión tomaba uno de los
seguirlo. Por un momento dudó pues el cambio e humor de Lautaro había sido drástico y
temía tener que enfrentarse a una desagradable discusión. Sin embargo, no tenía demasiado
sentido quedarse ahí sola, si él pretendía algo no había lugar para esconderse.
evidente ya que la lluvia azotaba sin cesar los grandes vidrios que se estremecían
violentamente ante cada ráfaga de viento. Eva entró en la sala con pasos vacilantes sin tener
demasiado claro como debía actuar. Se detuvo a pocos metros de la puerta para observar su
entorno antes de decidir caminar hacia los ventanales. Lautaro se había sentado
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- Solo quería mirar hacia fuera – explicó desconcertada por el tono.
Eva se distrajo al observar que la luz de las velas arrancaba destellos irreales de la copa de
Él no objetó su comentario enseguida. Por algunos minutos solo se escucharon los sonidos del
viento y de la lluvia. Ella pensó que había desistido de su interrogatorio. Estaba equivocada y
- Desde que te conocí, estoy intentando entender que hace una mujer de tu tipo al lado de mi
No le gustó lo que escuchó. Más que una pregunta eso parecía una acusación. Intentó no
No podía permitir que el tema la desbordase y quiso dejar claro que no quería continuar
hablando. Lo miró con el ceño fruncido, luego le dio la espalda y se acercó a una de las
enormes ventanas que daban al parque. Él resopló fastidiado pero no se dio por vencido.
- Vamos, a esta altura ya tendrías que haberte dado cuenta que Ramiro es una mala persona –
Eva no le respondió. Estaba decidida a no hablar con él de su vínculo con Ramiro. En parte
por su parentesco pero, sobretodo, porque no estaba dispuesta a admitir todas las concesiones
que había hecho para poder llevar a adelante esa relación. Esperó tensa el próximo embate
discursivo. Los minutos pasaron lentamente sin que ninguno volviera a hablar. Al ver que
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La tormenta arreciaba y con cada rayo el parque se iluminaba por un segundo creando figuras
monstruosas que se agitaban al ritmo del vendaval. Mientras se mantenía a oscuras, la imagen
distorsionada del salón se reflejaba en los vidrios esmerilados de la puerta balcón, dándole a
la situación un ambiente irreal. Una débil voz en su interior la instaba a abandonar el lugar, a
huir de una situación que solo podía terminar de una manera, la incorrecta, pero estaba harta
de ser cobarde y hacer lo correcto solo por miedo a las consecuencias. Deseaba más que nada
quedarse allí esa noche y pensar que Lautaro podría sugerirle llevarla a su casa la desanimaba
intensamente. Cerró los ojos para luchar contra la ansiedad que quería atraparla en su espiral
No necesitó abrir los ojos para saber en que momento exactamente él se colocó detrás de ella.
Se había levando del sillón y se había acercado sin hacer el menor ruido pero la intensa
energía que emanaba su ser la envolvió por completo. Se quedaron en silencio, cada uno
absorto en sus pensamientos, tan cerca físicamente como alejadas estaban sus mentes. Sin
querer hablar para evitar que una palabra absurda pudiera estropear ese momento de
intimidad.
y un grito apenas ahogado a tiempo. Al retroceder por instinto, para alejarse de la ventana, su
- Odio las tormentas – murmuró ella con voz quejosa -. Me hacen sentir realmente mal.
Si su intención era lograr que ella se tranquilizara, debería aclararle que no iba por buen
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- No sé, tal vez algún trauma infantil no resuelto - respondió insolente.
Estaba segura que el tono de su respuesta había rayado lo grosero pero él no se dio por
aludido.
- ¡Excusas! – dijo en tono burlón -. Si fuera una problemática infantil ya lo tendrías resuelto
Era imposible no darse cuenta que se habían invertido los papeles y que él le estaba
cobrándose los comentarios anteriores. No le quedaba otra alternativa que seguirle el juego y
- ¡Touché! – respondió ella imitándolo para luego ponerse seria -. No lo sé en realidad, puede
ser por esa fuerza imparable, por su furia destructiva, su poder incontrolable. No tener el
control me da miedo.
Cuando él volvió a hablar después de un largo silencio, supo que en algún momento de su
discurso el argumento había dejado de ser la tormenta. Su tono ronco y bajo le arrancó un
jadeo involuntario.
- Muchas cosas son incontrolables y no por eso tienen que darte miedo – murmuró
roncamente.
Mientras hablaba y como al descuido, Lautaro acarició suavemente con la yema de sus dedos,
la piel de su brazo desnudo, dejando a su paso una leve estela de vello erizado. Fue algo tan
involuntario escalofrío.
Ella estuvo tentada a decirle la verdad pero al fin asintió. Era preferible eso a asumir lo mucho
Lautaro aprovechó la excusa y la abrazó suavemente, cubriendo con sus amplios brazos todo
su torso. El calor que emanaba su cuerpo era reconfortante, así como la sensación de
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seguridad que esa postura le transmitía. Su mente quedó en blanco mientras asimilaba cada
una de las sensaciones que ese contacto le provocaba. Cerró los ojos y se dejó caer en una
vorágine de bienestar conciente de que eso solo era el comienzo. La tensión previa al epílogo
fue tomando como rehén a su cuerpo, pero nada la había preparado para la descarga de
adrenalina que desencadenó el sentir en la piel del cuello el cálido aliento de su respiración.
El tiempo se detuvo en ese instante para ambos esperando la más leve señal para poder
avanzar. Eva sintió que le ardían los pulmones a fuerza de contener la respiración y dejó que
el aire se escapara en un suspiro. Fue suficiente pretexto para el inicio de la acción. El torrente
sanguíneo acelerado rugía en sus oídos apagando cualquier otro sonido exterior. En ese
momento, todos los sentidos se concentraron en esos diez centímetros de piel donde los labios
de Lautaro comenzaron a dejar un rastro ardiente en su lenta y sensual trayectoria hacia los
labios. Cada centímetro parecía durar una eternidad y el deseo se hacía cada vez más
el instante del cita final. Los labios llegaron a tocarse apenas y quedaron suspendidos en el
aire por una milésima de eternidad, era como extender la agonía para que el éxtasis se
El beso fue mucho más que la consecuencia esperada, fue el desborde de los deseos
clandestinos largamente postergados. Las ansias y el ardor, lejos de aplacarse con el paso de
los minutos, crecían avivados por las caricias cada vez más audaces.
blando colchón bajo su espalda. Entrampada entre sus propios demonios, sintió que su
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conciencia se rebelaba ante lo inminente y le exigía terminar con esa locura. Contra sus más
Su voz sonó demasiado vacilante aún para ella misma. Lautaro se separó lo suficiente para
poder ver su rostro. Inspiró profundamente y luego tomó su barbilla con delicadeza para
lograr que ella también lo mirara. Por un instante clavó sus ojos letalmente negros en los de
ella y la observó con una mezcla de deseo y resignación, luego sacudió la cabeza en forma de
negativa. La mano se apoyaba en su cintura bajó suavemente hasta sus caderas solo para
volver a subir por debajo de la remera, acariciando suavemente su piel mientras iba
ascendiendo. Cuando se inclinó nuevamente buscando su boca, le susurro con voz ronca que
no permitía réplica.
- Ya es demasiado tarde.
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CAPITULO V
La oficina del jefe era una de las más acomodadas. Muebles nuevos, paredes impecables,
cuadros de buen gusto y una computadora de última generación. Sin embargo, para él, no
dejaba de ser una jaula de cristal. Deambulaba de un lado a otro como un animal aprisionado,
haciendo crujir los vidrios que aún quedaban en el suelo, vestigios de su escaramuza horas
atrás.
El tono del Comisario Mayor estaba lejos de ser cordial. El Comisario Santillán lo miró
furibundo desde su metro noventa de altura. Se estaba conteniendo para no responder algo
indebido.
- No, gracias.
A pesar de sus palabras educadas, la frase fue imperativa. El policía no se dio por aludido,
apoyó ambas manos sobre el escritorio y se inclinó hacia adelante con el ceño fruncido y los
dientes apretados.
- Señor, si tiene algo que decirme, dígalo y no perdamos más tiempo – gruñó ofuscado.
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Para cualquier otra persona la imagen de un hombre enorme a punto de estallar de ira sería
suficiente para desistir de cualquier tipo de conversación, pero el Comisario Mayor Sánchez
velada que encerraba el tono de voz. En su lugar, se detuvo a mirar la mano vendada que
-¿Cómo está su mano? – preguntó con algo de preocupación – El médico me dijo que tuvieron
gabardina. La luz blanca del tuvo fluorescente resaltó aún más el color arrebatado de su
rostro.
- Está bien – gruñó entre dientes – El médico exageró, yo solo necesitaba que quitase los
restos de vidrios.
- ¡Siéntese, Santillán!
La orden directa no admitía réplicas. Estoico, la gran mole se dejó caer sobre la silla en medio
de una sinfonía de gruñidos incoherentes, pero no se relajó. Estaba listo y atento para ponerse
- No fue muy inteligente de su parte atravesar el vidrio de mi puerta con su puño. Es más, fue
- No me importan esos estúpidos políticos – escupió con gran resentimiento -. Son unos
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El Comisario Santillán no pudo contenerse y volvió a ponerse de pie. Había perdido el poco
control que le quedaba. El rumor de los truenos se sofocaba ante el sonido de su voz.
- Llevo 25 años rompiéndome el culo por la Fuerza, viendo como los policías corruptos ganan
cargos y jerarquía mientras lo que trabajan por derecha quedamos en el camino – bramó
enfurecido -. Estoy harto de tener que decir: ¡Si Señor! a tipos que entraron en la Fuerza
porque al momento de elegir entre ladrón y policía fueron lo suficientemente astutos para
elegir el segundo y así poder ser lo primero sin que los molesten.
Más que palabras, lo que salía de la boca del policía eran disparos de ametralladora.
- Ahora tengo que aceptar que unos inútiles oficinistas me digan como hacer mi trabajo –
- ¿Qué pensaba que ocurriría si le decía al Juez que el asesino de su mujer fue un amante
contrariado sin tener pruebas?– dijo ofuscado levantando la voz –. ¿Qué iba a palmearle la
- Las pruebas tienen que buscarse a partir de una hipótesis – gruñó en medio de un bufido -.
Estoy seguro que en el caso de la esposa del Juez y en el caso de la esposa del empresario hay
El jefe sacudió la cabeza, incrédulo ante tanta testarudez. Llevaban días discutiendo sobre el
tema.
- Estoy cansado de decirle que no hay nada que una los dos casos. Son apenas suposiciones
suyas sin ningún asidero válido – respiró profundamente intentando calmarse para poder
continuar -. Volviendo al tema principal. Tiene que darse cuenta que cometió un serio error y
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Miró a su subordinado con cierta intranquilidad antes de seguir adelante.
Un sinnúmero de expresiones azotaron el rostro del policía. La ira fue, finalmente, a la que se
aferró.
bajo. Yo lo voy a trasladar a otra área por un tiempo hasta que las aguas se calmen.
Como en sintonía con su ánimo colérico, un estruendo descomunal sacudió los vidrios de toda
la repartición y las luces temblaron por un breve instante. Inmune a los furores de la
- No son delirios, señor – declaró a viva voz-. Ha habido dos homicidios similares en menos
Con la respiración superficial y entrecortada Lucas se parecía cada vez más a un animal
enfurecido
- Dos mujeres de alta sociedad degolladas, una en un country alejado y otra en una villa
turística y estoy seguro que tienen un asesino en común. En el último caso tenemos muestras
de ADN que podrían ser del criminal – el enojo hacía que su tono de voz cada vez fuese más
ronco -. No puede quedar todo en la nada porque el Juez no quiere que se indague sobre la
El Comisario Santillán se levantó de la silla lentamente como un gran oso que se yergue sobre
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- Va a haber más asesinatos, estoy seguro – sentenció.
papeles que se hallaban sobre el escritorio -. Está fuera de este Departamento, lo voy a
reasignar.
- ¿Qué?
El policía se apoyó una vez más sobre el escritorio y se reclinó hacia delante para acercarse a
Sabía que la situación había llegado al límite pero no le quedaba otra opción. Lo vio erguirse
- No me preocupa - dijo en tono desafiante -. Estando aquí adentro aprendí que hay otras
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El tono había vuelto a ser indulgente.
El Comisario Santillán se sujetó las sienes con la mano sana en un vano intento de parar la
subordinado.
Las palabras sensatas cayeron al vacío. Lucas había perdido por completo el control.
El golpe del puño sobre el escritorio retumbó aún más que los truenos exteriores.
- Durante todo lo que usted llama mi carrera tuve que soportar ver a los peores criminales usar
el mismo uniforme que yo pero con mejores cargos y permitir que estúpidos burócratas
decidan lo que es mejor o peor para la Fuerza – aulló descontrolado -. Allí afuera, hay un loco
matando mujeres, vaya a saber por que razones, y a ustedes les preocupa la opinión de un juez
cornudo.
Los cien kilos de músculos en tensión estaban prontos para estallar. Su superior por primera
Era como arrojar combustible al fuego. El policía le dio tal puntapié a la silla donde había
infierno. ¡Renuncio!
Sánchez se puso de pie, pero no salió de detrás del escritorio. Nuevamente intentó calmar los
ánimos de su subalterno.
- Lucas, no haga algo de lo que pueda arrepentirse después – aconsejó con aire cansado.
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El tono del Comisario Mayor trataba de ser conciliador.
Por lo menos, si tengo que arriesgar mi trasero, voy a hacerlo por un buen sueldo y otros
privilegios.
del bolsillo y las arrojó sobre el escritorio del jefe. Sin decir más, se dio media vuelta y salió
de la oficina cerrando la puerta con furia. El fuerte golpe hizo estallar nuevamente el cristal.
Su paso por el corredor fue dejando una estela de rostros curiosos en las puertas, Los gritos
proferidos por ambos participantes de la contienda verbal no había pasado desapercibida para
el resto del personal que aún quedaba en al Delegación a pesar de lo avanzado de la noche.
Lucas Santillán salió a la calle en plena tormenta pero ni siquiera el torrente de agua fue
suficiente para enfriar su estado de ánimo. La puerta principal se cerró tras de él atrapando en
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CAPITULO VI
Sin entender exactamente que era lo que sucedía, Eva estiró la mano y tanteó la mesa de luz
- ¿Hola?
-¿Eva? – una voz demasiado conocida sonó del otro lado - ¿Aún estabas durmiendo?
Se incorporó de un salto asustada como si él pudiese verla a través del aparato. Los restos de
Su tono chillón y bastante alterado confirmaba su afirmación. Del otro lado se escuchó una
risa amortiguada.
- No será para tanto – comentó su interlocutor – Ayer tuve que viajar de urgencia y no pude
avisarte.
Eva intentó encontrar algo que decir pero su mente estaba en blanco. Ramiro no pareció
- Ya estoy regresando – explicó en tono jovial -. ¿Te parece que almorcemos juntos?
Ella sintió un nudo en el estómago que iba creciendo junto con el sentimiento de culpa.
Respiró hondo dispuesta a representar su papel de novia dócil hasta las últimas consecuencias.
de otra conversación - ....a las doce y media. ¿Está bien para ti?
Ella consultó la hora en su celular. Eran pasadas las nueve de la mañana, no le sobraría tiempo
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- Si, estaré lista – confirmó.
Desde el otro lado de la línea se escuchaban varias voces en las cuales resaltaba la e Ramiro.
- ¡Te extraño!
Cortó el teléfono antes de darle tiempo a decirle algo que la hiciera sentir peor y apoyó el
celular contra su frente. Sabía que tendría que poner sus ideas en claro antes de enfrentarse a
Ramiro pero en ese momento le parecía una empresa imposible. Se volvió hacia Lautaro y lo
Por algunos segundos, ella se distrajo observando el pecho desnudo y los fuertes brazos que la
habían mantenido abrazada casi toda la noche y suspiró. Debía actuar rápido.
Él alzó las cejas en señal de interrogación pero el resto de su rostro estaba inmutable.
Lautaro extendió la mano y la atrajo hacia él hundiéndola contra el colchón bajo su peso. Con
Ella cerró los ojos y dejó que las caricias tomaran cuenta de sus sentidos. Sería tan fácil
dejarse llevar y no hacerse cargo de sus obligaciones pero las consecuencias podrían ser
nefastas.
- Tengo que irme – repitió en un susurro apenas audible – No soy buena para inventar
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excusas.
Él comenzó a repasar la estela de sus manos con sus labios, rozando suavemente cada
centímetro del perfil de sus facciones. Solo se detuvo lo suficiente para volver a hablar.
- No tienes que poner excusas – murmuró suavemente – Solo tienes que romper el
compromiso.
Eva se puso tensa y abrió los ojos con la fútil esperanza de ver en el rostro de su amante algo
que le revelara que no estaba hablando en serio. Que él creyera en esa posibilidad era algo que
no había figurado ni en sus más alocados sueños. Intentó incorporarse pero el peso del otro
Ella comenzó a agitarse debajo de su cuerpo con la obvia intención de librarse de su peso. La
luz mortecina de una mañana lluviosa que se filtraba a través de los pesados cortinados de las
Lautaro se irguió apenas para poder mirarla a los ojos pero la sujetó con ambas manos
- Dime que no te escuché decir que la boda sigue en pie – inquirió adusto.
- ¿Qué pretendías? – preguntó desafiante -. No voy a tirar por la borda todo por lo que vengo
esporádicamente, única señal de su tensión interior. Eva pensó que él se levantaría sin decir
nada y la discusión terminaría allí pero se sorprendió cuando se inclinó nuevamente hacia ella
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y la besó abruptamente. Sometida por la conmoción, su primera reacción fue luchar contra esa
embestida implacable pero su resistencia solo consiguió que él se obstinara aún más. Poco a
poco la furia inicial del beso se fue aplacando y las sensaciones desbordadas retornaron a su
cauce natural. Eva se dejó llevar por el camino que ya habían recorrido juntos deseando que
indescifrable en la mirada.
- Entonces...¿Esto que se supone que es? – preguntó con la voz ronca - ¿Vas a fingir que no
sucede nada?
Ella giró la cabeza para evitar sus ojos. Parecía como si él pudiera leer su mente y llegar a las
profundidades de su alma.
Ella respiró profundamente y dejó que el aire saliera despacio en un inútil intento de
- Ramiro es una persona estable en todos los aspectos. Hemos logrado llevar adelante una
relación sólida. Está todo programado, sin sobresaltos ni sorpresas. Es lo que siempre quise y
por lo que siempre luche – explicó a media voz -. No voy a destruir ahora lo que tanto me
costó conseguir.
- Estás en la cama conmigo a 19 días de tu boda – dijo con impaciencia -. ¿Eso no te dice
nada?
Ella se mordió los labios para evitar decir algo que podría ponerla en desventaja. A pesar del
aire tibio del cuarto, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Los planteos de Lautaro eran
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lógicos pero solo ella podía entender los miedos y las necesidades que la llevaban a atarse a
una relación donde no había espacio para la pasión. Acarició el brazo que aún la mantenía
inmóvil.
Eva también se sentó y lo observó con cierta amargura. Eran demasiado tentadoras las
promesas ocultas en su perseverancia por convencerla a que se quedara con él. Pero ya en
otras oportunidades había caído en las redes de pasiones incontrolables que terminaban
dejándola solitaria y derrotada. No, esta vez sería práctica y apostaría al número ganador.
Lautaro se quitó de encima las oscuras sábanas que los habían refugiado durante las febriles
horas de insomnio con un gesto de resentimiento. Con movimientos bruscos, saltó de la cama,
caminó hacia las ventanas y corrió los cortinados dejando entrar la realidad del nuevo día.
Afuera llovía, sombrío y velado. El parque parecía un cuadro monocromo en matices de gris.
Él crispó sus manos sobre el pulido marco de madera y apoyó su frente en el vidrio como
- Estás haciendo un pacto con el Diablo, Eva – dijo sin volverse -. Estás cambiando el Paraíso
por el Infierno.
- Está hablando un hombre que jamás tuvo que preocuparse por como conseguir el dinero
para un medicamento o para un plato de comida – argumentó agraviada -. ¿Qué puedes saber
del Infierno?
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- ¿Es todo a causa del dinero? – preguntó contrariado -. En eso no hay diferencia entre él y yo.
Eva se levantó de la cama usando las sábanas como túnica en un tardío arranque de pudor.
- La diferencia está en tu estilo de vida – soltó en un estallido de rabia -. Si lo dejo por ti, no
Lautaro avanzó hacia ella decidido. En apenas dos zancadas la había alcanzado sin darle la
mínima oportunidad de retroceder. Sujetó con ambas manos su rostro y la obligó a mirarlo a
la cara. El furor oculto en cada gesto no pasó desapercibido para Eva que, por un instante,
temió por su integridad. Él pareció darse algunos minutos para recuperar la tranquilidad antes
de volver a hablar.
- Ni todo el dinero del mundo va a ser suficiente para pagar tu error. – murmuró críptico – Te
La soltó tan bruscamente como la había sujetado y salió de la habitación sin mirar atrás.
Eva se sentó en el borde de la cama agotada por la tensión. Sabía que existía la posibilidad de
estar cometiendo un error pero ya antes había elegido lo contrario y había elegido mal. Esta
vez había pensado y meditado sobre su decisión, había planteado los pros y los contra de su
relación y la balanza aún se inclinaba por su casamiento con Ramiro. Por supuesto que la
atracción que sentía por su futuro cuñado había colocado una piedra en su camino pero no
estaba dispuesta a arruinar su futuro por la lujuria de una noche. Se levantó despacio y sacó su
ropa de encima del radiador donde la había colocado para secar. Se vistió maldiciendo entre
dientes a Lautaro por las dudas que había logrado sembrar y por la oscura sombra que había
esparcido sobre su porvenir. No podía permitir que él arruinara todos sus proyectos solo por
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Salió dispuesta a continuar con la batalla verbal pero se llevó una sorpresa. Él la esperaba
fuera de la casa, junto al auto, en la misma postura indolente en la que lo había encontrado en
la víspera. Eva se acercó y él le abrió gentilmente la puerta del automóvil, luego, sin decir
El trayecto hacia su casa fue rápido y silencioso. Ella intentó concentrarse en resolver su
dilema interno pero la presencia a su lado era demasiado sólida, demasiado trascendental,
demasiado implicada en la historia, para poder ser ignorada. Lo miró de soslayo intentando
descifrar sus emociones, pero su postura pensativa y formal no le daba espacio para
conclusiones. Solo de vez en cuando, las manos se aferraban con fuerza al volante, como si
alguna idea demasiado sombría, pasara por su mente. Cuando el auto se detuvo frente a su
hogar, buscó las palabras más adecuadas para evitar otra confrontación.
- Lamento que esto terminara así – susurró realmente dolida – Solo te pido que lo
mantengamos en secreto.
- No soy del tipo que anda contando sus conquistas por ahí - su voz sonó fría y serena -. Y
Ella miró por la ventanilla la calle donde la gente iba y venía sin tener idea de la trama que se
desarrollaba en el interior del vehículo. Por un minuto deseó que la historia tuviera otro final
pero no se trataba de una película o de una novela romántica, eso era la vida real. Se volvió
- Espero que no me guardes rencor – dijo en tono de súplica -. No quiero pensar que cometí
- Sin embargo, yo estoy seguro que me engañé – dijo con frialdad – Cuando pensé que no te
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otro.
Ella sintió como el rubor incendiaba sus mejillas y la garganta se cerraba por la aflicción.
Salió del auto sin decir más nada, apremiada por conseguir algo de intimidad antes de
quebrarse. No quería que él supiera hasta que punto la había afectado. Después de todo y para
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CAPITULO VII
El centenario chalet de la estancia “El Edén” resplandecía bajo el sol del mediodía.
Los jardines adornados con esmero daban cuenta de la importancia del evento. Trescientos
ceremonia. Nadie reparaba en la sombría silueta que los acechaba desde una de las grandes
El estudio de la mansión mantenía el aroma ancestral de la cera y el cuero. Los dos hombres
que lo ocupaban tenían el mismo porte, los mismos rasgos y hasta la misma sangre pero no
podían ser más distintos. Sentado detrás del enorme escritorio de caoba, Ramiro Montiel
observaba ceñudo la espalda de su hermano menor que había decidido centrar su atención en
Ramiro no pudo contener un gesto de disgusto ante la evidente falsedad del comentario pero
no fue más allá. Prefirió no darse por aludido y tomar la expresión al pie de la letra.
Lautaro se volvió lentamente hacia él, apoyó su hombro en el marco de la ventana y se cruzó
de brazos. Su rostro era una máscara dura que no denotaba emoción alguna pero sus ojos
El mayor de los hermanos se recostó contra el respaldo del sillón de cuero queriendo
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- Bien.
La mirada furiosa de Ramiro que no le pasó desapercibida consiguió ampliar su sonrisa. Con
- Volviendo al tema – dijo con absoluta tranquilidad -. Me parece que te estás arriesgando
demasiado.
Ramiro, apenas repuesto de su disgusto, se inclinó nuevamente hacia delante y apoyó los
Lautaro chasqueó la lengua y sacudió la cabeza mientras se sentaba en una de las sillas
sarcástico -. Si piensan que los estás estafando, esos tipos primero te pegan un tiro y luego
La risa maliciosa del mayor retumbó dentro de las paredes de la habitación. Con movimientos
lentos y medidos separó el sillón del escritorio y se puso de pie como desperezándose. Miró
por algunos segundos a su hermano como evaluándolo y luego se dirigió hacia la ventana.
- Ya tomé los recaudos necesarios para cuidar mi espalda – comentó dogmático -. Soy un
hombre previsor.
Sin disimular su curiosidad, observó interesado a través del cristal buscando una explicación
para semejante afirmación pero solo vio a los elegantes invitados disfrutando del agasajo.
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Ramiro sonrió ante el comentario y no se apuró por responder. Dejó que su hermano
continuase hurgando el parque en una vana búsqueda de la respuesta. Solo cuando éste se
volvió hacia él con el ceño fruncido en clara manifestación de impaciencia realizó un breve
concurrencia pero lo suficiente para tener un panorama general de los presentes. Quieto,
apoyado en un tronco añejo, parecía uno más de los comensales disfrutando de la fiesta. Sin
alerta que cualquier depredador hubiese envidiado. La copa en su mano estaba llena y la
El tono de fastidio de Lautaro era más que evidente, por primera vez, la sonrisa de Ramiro fue
de real satisfacción.
Su hermano volvió a observar al desconocido, pero esta vez con mayor detenimiento. Su
gesto de fastidio fue creciendo a medida que pasaban los segundos. Cuando la mirada del
corpulento individuo se cruzó con la suya, éste se detuvo lo suficiente para dejar claro que
sabía que lo estaban observando, luego continuó con su inspección. Lautaro se puso rígido y
- ¿En qué diablos estabas pensando cuando decidiste meter un policía aquí?
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Ramiro sonrió ampliamente sin esconder el gusto que sentía al haber conseguido que su
hermano perdiese el control. Miró él también al sujeto en cuestión y realizó un breve gesto de
Lautaro cerró los puños y después de un breve intervalo decidió enterrarlos en los bolsillos de
- Y a mí me extraña que pienses que soy un idiota – contraatacó -. ¿Crees que no tomé los
La expresión de suficiencia del hermano mayor había desaparecido como por arte de magia
dando paso a una nueva oleada de irritación. En contra de su costumbre, optó por dar
explicaciones.
- Sé de buena fuente que el tipo tuvo problemas. Renunció antes que lo diesen de baja –
tu posición de intocable.
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- No pedí tu opinión – comentó con soberbia.
Los dientes del hermano menor rechinaron cuando él apretó la mandíbula para no decir nada
una pésima idea. Incluso tus clientes, por llamarlos de alguna manera, pueden resentirse con
eso.
Ramiro lo miró con desaprobación evidente y se dispuso a refutar sus comentarios pero
- En realidad, ya lo había tomado en cuenta – dijo lentamente sin apartar los ojos de la figura
Su hermano hizo una mueca de disgusto que disimuló al volverse hacia él con una sonrisa
helada.
- Será mi hombre de confianza aquí, no pretendo llevarlo a mis viajes de negocios –comentó
La sola mención del nombre hizo que Lautaro se pusiera tenso pero aún así encaró a Ramiro
Fue evidente que el interpelado no había hallado gracioso el comentario pues no solo no
- No pretendo que me cuide de mi esposa, pretendo que la cuide a ella – respondió con un
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El choque de las miradas fue previsible. Ambos se trabaron en un duelo silencioso de
reconocimiento mutuo. Mucho más que cualquier palabra, mucho más que cualquier gesto,
los ojos transcribieron un mensaje letal. Las cartas estaban sobre la mesa y el juego se había
abierto. El odio latente durante tanto tiempo ahora afloraba por esas ventanas del alma.
encogió de hombros.
Ramiro observó el jardín una vez más antes de volver hacia el escritorio. Abrió uno de los
cajones superiores y retiró un abultado sobre de papel madera que le extendió a su hermano.
El hermano menor sonrió, tomó el maletín y se dirigió hacia la puerta de salida sin realizar
más comentarios.
- Lautaro....
El mayor de los hermanos comenzó a acomodar los papeles que tenía enfrente antes de
responder.
- Desde siempre esta ha sido tu casa tanto como la mía – dijo sin levantar la vista.
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Ramiro asintió conforme con la respuesta y dejó de lado la pila de papeles que tenía en las
- Bien – continuó, con gesto sombrío -. Lo que deseo que sepas, en caso de que pienses
Sin embargo, la sonrisa de suficiencia que había comenzado a aflorar en sus labios se congeló
al ver que su hermano retiraba del cajón abierto una pistola 357 Magnun y la apoyaba sin
ruido sobre la bruñida superficie de madera. Dejando el arma a la vista, Ramiro apoyó los
- Me alegro que lo sepas y espero que lo tomes en cuenta....– dijo con en tono claramente
Lautaro dejó el maletín en el suelo y se acercó lentamente hacia el escritorio. Apoyó ambas
manos sobre éste y se inclinó hacia delante. Su rostro, transfigurado por el odio, quedó a
- No importa lo que hagas o digas, ella va a terminar abandonándote – masculló con rabia -.
Ramiro estiró su mano y acarició suavemente la superficie fúlgida de la pistola mientras una
Lautaro maldijo sin reparos y retrocedió un par de pasos, luego tomó su maletín y se volvió
hacia la puerta. Supo exactamente cuando su hermano se puso en pie pero no se volteó para
ver si se atrevía a llevar a cabo su amenaza. Al cerrar la puerta a sus espaldas alcanzó a oír la
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CAPITULO VIII
Eva maldijo entre dientes y decidió levantarse. Llevaba horas dando vueltas en la cama sin
poder conciliar el sueño después de despertarse de una pesadilla gracias a los truenos. Se
colocó la bata sobre el fino camisón de raso y dejó la habitación de puntillas. Si de algo estaba
segura era de no querer despertar a su marido. Ramiro se había acostado hacía poco y ella
El viejo caserón estaba silencioso y, a pesar de la calefacción de los dormitorios, el aire de los
corredores estaba frío. Mientras caminaba, su respiración se condensaba frente a sus labios
después de cada suspiro. Recorrió el pasillo superior y se asomó por el hueco de la escalera.
En la planta inferior no había luz pero eso no la intimidó a seguir su derrotero nocturno. Bajó
los escalones lentamente, evitando los chirridos habituales y, sin encender ninguna lámpara,
Había cometido un error. En realidad, varios y, para complicar aún más la situación, esa
noche sobradas cosas le recordaban aquella otra, tres meses atrás. La tormenta, la oscuridad,
el viento aullando entre los árboles y, sobre todo, esa vulnerabilidad interior y el deseo de
El ambiente era más cálido allí gracias a la cocina económica que había permanecido
encendida todo el día pero sus pies descalzos sufrían la embestida de las heladas piedras del
suelo. Colocó la pava con agua sobre la hornalla y se sentó en una de las pesadas sillas de
algarrobo que rodeaban la mesa redonda. Subió los pies y se hizo un ovillo mientras recostaba
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Había cometido demasiados errores pero el principal era haberse casado con Ramiro Montiel.
Las dudas despertadas por los crípticos vaticinios de Lautaro la habían corroído durante las
semanas previas a la boda. Eso y las sospechas estimuladas por su propia experiencia habían
logrado que los días anteriores a la ceremonia fueran los más largos de su vida. Pero si en
algún momento había pensado seriamente en cancelar todo, la conmoción que le produjo
descubrir que estaba embarazada había inclinado la balanza definitivamente hacia el sí.
Apretó los brazos alrededor de las piernas hasta que sintió la presión en el vientre. Allí estaba
ahora, aunque todavía no se notara, su razón para luchar por una vida mejor.
Aún no podía creer que las cosas se hubieran complicado hasta ese punto pero la verdad era
irrefutable. Para cuando ella comenzó a preguntarse si el embarazo no sería una última e
cuatro vientos que el heredero estaba en camino. No tuvo más opción que dibujarse una
sonrisa en el rostro y aceptar las felicitaciones cuando lo único que realmente deseaba era huir
No había vuelto a hablar con él, ni siquiera se le había acercado el día de la boda. No lo
culpaba, él tenía razón en todo lo que había dicho, pero no por eso le dolía menos. Había
quitándole a ella el peso de la decisión y evitando tener que enfrentarse con Ramiro. Pero solo
había sido un sueño vano que nunca se llegó a concretar. Nadie habló en su defensa, nadie la
rescató. La ilusión del príncipe azul que salva a la princesa no fue más que eso, una quimera.
velozmente hacia la cocina. Eva ahogó un grito y se levantó de un salto. Descalza, con los
oscuros rulos alborotados, la bata suelta sobre el delicado camisón, blanca como el papel y
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temblando por una extraña combinación de frío y terror era un cuadro digno de contemplar.
- Dígame, señora – gruñó furibundo -. ¿Usted pensaba morir sola o quería hacernos volar a
todos?
Eva estupefacta y sin poder reaccionar, se quedó mirándolo con la boca abierta. No podía
entender que estaba hablando y, mucho menos, porque estaba tan molesto. Retrocedió algunos
pasos para aumentar la distancia entre ellos. Solo en ese momento se percató del desastre
sobre la cocina y del fuerte olor a gas. El agua de la pava olvidada sobre la hornalla había
hervido hasta derramarse apagando la llama y dejando que el gas continuara saliendo
libremente. Debido a los ruidos de la tormenta y hundida en sus cavilaciones ella no lo había
Sintió una oleada de nauseas al tomar conciencia de lo que había estado a punto de suceder.
El fuerte mareo posterior pudo tener varias otras causas. Antes que pudiera reaccionar, dos
fuertes manos la levantaron el vilo y la depositaron en una de las sillas. La voz del custodio
- ¿Se siente bien? – el tono preocupado no parecía fingido -. ¿Quiere que llame a su marido?
Eva abrió los ojos a pesar del dolor punzante que sintió en la sien. El rostro rudo de su
cancerbero estaba apenas a algunos centímetros del suyo. Estaba acuclillado a su lado y con
ambas manos la sujetaba por los hombros contra el respaldo. El pánico la tomó por asalto sin
previo aviso y sin estar segura del motivo. La mención de Ramiro, la tormenta, un cierto “de
ja vu” o la proximidad del individuo pudo ser la causa pero no se detuvo a pensar porque.
Solo quería librarse de esa sensación que disimuló, rápidamente, bajo una máscara de enfado.
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Después de observarla indeciso por algunos segundo, resopló y se dirigió hacia una de las
ventanas para abrirla de par en par. Las ráfagas de viento helado y rocíos de lluvia no tardaron
Lucas, que se había quedado mirando hacia afuera, giró hacia ella y la observó de arriba abajo
detenidamente.
arrebato de enfado más que de pudor ella cruzó las solapas y se ató el cinturón con fuerza.
Refunfuñando por lo bajo sacó una taza de la alacena y comenzó a inspeccionar la caja de
saquitos de té.
- Al fin de cuentas – dijo irritada - ¿Qué es lo que está haciendo aquí a estas horas?
- Llegamos muy tarde de la reunión – dijo en tono condescendiente -. Su marido prefirió que
Ella preparó la taza y volcó lentamente el agua caliente que aún quedaba dentro de la pava.
- Si era para dormir, sigo sin entender que hace aquí – replicó fastidiada.
- Escuché ruido y vine a ver que sucedía – replicó con impaciencia - ¿Qué es exactamente lo
Ella lo miró por sobre el borde de su taza mientras tomaba un sorbo de té. Luego la bajó
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-No sé de que me está hablando – mintió inmutable.
- Vamos, señora. Tanta agresividad no puede ser gratuita – dijo en tono seco -. Con usted
Ella se encogió de hombros y volvió a tomar un sorbo de té. Si debía ser sincera, tampoco ella
estaba segura de cual era el motivo exacto de su antipatía. En realidad el hombre siempre
había sido educado y atento con ella e, incluso, si lo miraba detenidamente podía advertirse
que, a pesar de su tamaño, era atractivo. Tal vez en otras circunstancias todo eso hubiera
hablado en su favor pero el solo hecho de ser el lacayo de su marido lo ponía su la lista negra.
Quizás un psicólogo podría indicarle que estaba desplazando su foco de agresividad, atacando
al subalterno por no poder atacar al jefe, pero todo eso era demasiado rebuscado para su
lamentable situación actual. Por supuesto, no le pareció adecuado darle ese tipo de
explicación al custodio, sin embargo, él estaba esperando alguna repuesta así que tendría que
improvisar.
- Me molesta que me persiga todo el tiempo – dijo de pronto -. No puedo salir de aquí sin
cruzados.
- ¡Señora! Yo no la persigo ni revoloteo – dijo en tono burlón – Solo la cuido por orden de su
esposo.
yo las cumplo.
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Un trueno retumbó haciendo vibrar los cristales y Eva se sobresaltó. Por un momento olvidó
donde y con quien estaba y su mente voló en el tiempo y la distancia. La nostalgia y el dolor
Abrumada, se zambulló nuevamente en su taza buscando una excusa para romper el contacto
visual sin ser demasiado evidente. Se dio cuenta que había puesto en palabras las profundas
dudas que la acechaban. Desde el primer día, había considerado la posibilidad que el supuesto
guardaespaldas de Ramiro no fuera otra cosa que un matón a sueldo, listo para eliminar a
quien su marido dispusiese, incluida ella. Sintió el ardor de las lágrimas largamente guardadas
que pugnaban por romper el dique de contención que tanto esfuerzo le costaba mantener. No
podía derrumbarse ahora y mucho menos frente a él. No se dio cuenta de la proximidad del
Lo miró sorprendida. De alguna manera él había logrado descubrir sus pensamientos. Pero
una cosa era lo que decía y otra muy diferente lo que ella podía interpretar en su postura y sus
gestos. Ese hombre era peligroso, de eso no tenía ninguna duda. La señal de alerta se
intensificó cuando el espacio entre los dos fue devorado con un pequeño movimiento. Eva no
pudo evitar dar un salto hacia el costado para poner nuevamente una distancia prudente entre
ellos. El gesto brusco hizo que derramara parte del líquido que quedaba en la taza. Lucas
sonrió.
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Enojada, principalmente consigo misma por ponerse en evidencia y ser tan torpe, no pudo
- No huyo – dijo fastidiada -. Solo pongo la distancia correcta entre usted y yo.
Él se estiró para tomar un paño de la mesada y se inclinó para limpiar el té derramado. Luego
la miró severo.
Ella dejó la taza vacía en el mármol con un golpe seco que demostraba su impaciencia.
Lucas frunció el ceño como muestra d disgusto pero luego se encogió de hombros. Si prisa,
dejó el paño dentro de la pileta y se secó las manos sobre el pantalón antes de volverle la
espalda y dirigirse a la puerta. Antes de salir se giró y reiteró su gesto de observarla de los
pies a la cabeza como analizándola. Sus ojos eran los de un depredador esperando el momento
de atacar. La mueca que se dibujó en su rostro, semejante a una sonrisa, fue casi lobuna.
- ¿Sabe una cosa? –dijo con voz ronca -. Es lo mejor que puede hacer.
Eva se quedó parada en medio de la cocina sin saber como reaccionar. Se sintió sola, aún más
sola que lo que estaba antes. Muy a su pesar, tuvo que admitir que había cometido otro error y
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CAPITULO IX
Era su santuario.
Ramiro se lo había aclarado poco después de la boda. Era su lugar privado y ella no tenía
acceso salvo que él la llamase. El estudio de la mansión estaba reservado exclusivamente para
el dueño de casa, pero ese día tendría que romper las reglas y entrar sin invitación. Había
pasado varios días reuniendo el coraje suficiente para enfrentar a su marido y si dejaba pasar
la oportunidad no sabía si volvería a tenerlo. Golpeó la gran puerta de roble y esperó hasta
tiempo. El mobiliario, las fotos, los libros y cada uno de los accesorios decorativos ostentaban
avanzada tecnología ronroneaba ufana sobre el gran escritorio. Frente a ella, sentado en su
trono de gran señor, Ramiro trabajaba totalmente abstraído del resto del mundo.
Eva esperó pacientemente a que él levantara la vista para avanzar. Sabía que la había
escuchado y que tenía absoluta conciencia de su presencia, pero no iba a permitir que esa
Ella avanzó decidida hasta las sillas que estaban frente al escritorio y se sentó sin esperar que
se lo pidiera.
Ramiro, algo extrañado por su actitud determinada, dejó a un lado los papeles en los que
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Sin encontrar la manera de comenzar con la conversación, Eva se removió un poco en la silla.
El carraspeo impaciente de su marido le indicó que no tenía demasiado tiempo para perder.
- Las cosas no están bien, Ramiro – soltó antes de arrepentirse -. No sé si ya lo habías notado.
Se sintió algo desorientada pues había esperado una respuesta afirmativa. Ante la postura
- Estoy sola, me siento sola – dijo afligida -. Aún peor, me siento como una prisionera.
- Ésta es tu casa, Eva, no es una prisión – replicó él -. Además tienes libertad de ir y venir
cuando quieras.
Ella resopló fastidiada. Si bien tenía que admitir que eso era cierto, también era verdad que no
Al no poder expresar sus carencias de la manera adecuada, ella se sintió frustrada. Todo lo
- Siempre me manejé sola y nunca necesité que nadie me cuidase – argumentó sintiéndose
- Pero no eras mi esposa entonces – retrucó él –. Soy un hombre rico e influyente y pueden
querer extorsionarme a través tuyo. No me voy a arriesgarme a que eso suceda solo por
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Eva sintió que los remolinos de la desesperación la estaban absorbiendo. Tendría que ir
- No son caprichos, Ramiro – dijo con aire cansado -. Esto no está funcionando, no es lo que
yo esperaba.
- Tuviste una boda magnífica y envidiable, tienes una hermosa casa, autos con chofer a tu
disposición, empleados que mantienen todo en orden evitando que tengas que dedicarte a las
tareas domésticas – enumeró en tono aburrido -, no necesitas trabajar y tienes carta blanca
para comprar todo lo que desees para la casa, para ti o para el bebé. ¿Qué es lo que te falta?
Ella se sintió avergonzada de alguna vez haber pensado que todo eso era realmente
importante. No podía mentirle y decirle que nunca había deseado tenerlo pero el vacío que
Él frunció el ceño y comenzó a golpear con un lápiz la superficie del escritorio en una clara
demostración de exasperación.
- Admitamos que matrimonio y libertad son dos conceptos antagónicos – comentó con
fastidio -. Deberías haber pensado mejor las cosas antes de aceptar mi propuesta de
casamiento.
Ella asintió ante la evidente verdad. Tendría que haberlo pensado mejor pero ahora no había
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- ¿Adónde quieres llegar? – indagó cauteloso.
Ella sintió que su cuerpo temblaba de ansiedad al sentirse al borde del abismo. Debía dar el
El crujido del lápiz quebrándose fue algo inesperado. Eva vio caer los pedazos sobre el
escritorio y se estremeció al pensar la terrible fuerza que podían ejercer las manos de su
marido. Fuera esa demostración de enojo, Ramiro estaba imperturbable. Incluso, cuando
- Creo que eso no es viable – comentó sereno -. Tendrías que pensar en una nueva opción.
Él tomó los trozos del lápiz quebrado y los arrojó al cesto de basura. Su rostro era una
- Acabo de decirte que no – dijo elevando apenas el tono de voz -. No voy a permitir que dos
Ella se sujetó con ambas manos al borde del escritorio buscando un anclaje que la mantuviera
amarrada a la realidad. Por momentos, la negativa absurda de su marido le hacía sentir que
- Las personas cometen errores con frecuencia. Nosotros lo hicimos al casarnos – le dijo
alterada -. No tiene sentido que continuemos juntos solo por el qué dirán.
Ramiro se quedó callado un largo rato como pensando en lo que ella le había dicho. Durante
ese tiempo, Eva creyó que lo había convencido y que las cosas pronto se solucionarían. Sus
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- Aclaremos el tema ahora porque no lo pienso repetir – dijo ásperamente -. Debes encontrar
la manera que nuestro matrimonio funcione porque bajo ningún concepto te voy a dar el
Eva, atónita, no alcanzaba a creer lo que acababa de oír. Las emociones desbordadas hicieron
Ramiro había logrado mantenerse en calma exteriormente pero la llama de sus ojos no
- ¡Lo sé! – contestó sin alterarse – Pero, lamentablemente para ti, la maternidad sí.
- ¿A qué te refieres? – su voz tembló a pesar del esfuerzo que llevó a cabo para controlarla.
Su esposo la miraba impávido mientras hacía girar la alianza en su dedo como un recordatorio
de la situación conyugal.
advertencia.
paulatinamente el ritmo cardíaco que se había disparado ante la mal interpretada amenaza.
Con un gesto familiar, su marido se aflojó el nudo de la corbata, se recostó sobre le mullido
respaldo y se cruzó de brazos, poniéndose cómodo antes de darle las explicaciones que ella
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precisaba.
- Nuestro hijo va a nacer, crecer y educarse en este lugar y bajo mi tutela – declaró de manera
rotunda -. Si te vas, lo pierdes. No permitiré bajo ningún concepto que te lo lleves – expuso
con determinación-. Sabes que tengo el poder y los contactos necesarios para quitártelo.
Ramiro la miró reprobando su actitud. Sin decir nada le hizo una seña para indicarle que
volviera a sentarse. Esperó pacientemente a que Eva le obedeciera sin quitarle la vista de
- ¿Por qué crees que no tengo derecho? – preguntó condescendiente -. ¿Tal vez porque puedo
no ser el padre?
Ella sintió como si le golpeasen el estómago. La adrenalina recorrió su cuerpo dejándole una
sensación de vértigo y calor. Intentó parecer indignada por la pregunta pero la sorpresa la
- Siempre ha sido fácil cubrir los lugares estratégicos con mi gente. Tomando en cuenta que
una de mis prioridades es mantener a Lautaro bajo vigilancia, no es extraño que el cuidador de
su casa cumpliera ambas funciones – dijo con una sonrisa perversa-. Si mi hermano le
Eva se sintió más ultrajada que arrepentida. A esa altura de los acontecimientos, lo único que
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- En realidad no me sorprendió demasiado – comentó indiferente -. Lautaro es tan previsible y
Ahora si estaba realmente indignada. La sensación de culpa se había evaporado por completo
- ¿Si lo sabías, si tienes dudas acerca de tu paternidad, por qué te casaste conmigo? – preguntó
posición – explicó solícito -. Nosotros buscamos determinados rasgos heredables para que
cada generación mejore a la anterior. Padres perfectos son garantía de hijos aún más
perfectos.
Eva lo escuchaba totalmente aturdida, sin entender nada de lo que le decía. Él pareció
comprender que las metáforas no le servirían en esa ocasión y optó por la cruda verdad.
- Digamos te considero la mujer correcta para ser la madre de mis herederos – explicó
intentando ser más ilustrativo –. Eres bella, elegante, inteligente y fácil de manejar. Y yo ya
había invertido demasiado tiempo y dinero como para tener que empezar a buscar de nuevo.
Hasta los elogios le sonaron a insulto. Eva sintió el rubor cubrir sus mejillas pero ya no era de
- No soy fácil de manejar – dijo furiosa -. No creas que no puedo reaccionar y echar por tierra
- Eva, Eva, Eva. ¿Qué puedes hacer? – preguntó divertido – En todo caso, sea quien sea el
padre, el estudio de ADN siempre va a dar positivo y yo pienso hacer valer mi patria potestad.
La realidad la golpeó en pleno pecho dejándola sin aire. Sintió un dolor agudo y un nudo en la
garganta. No cabía la menor duda que estaba en un callejón sin salida. La única oportunidad
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que tenía era intentar contactarse con Lautaro y pedirle su ayuda. Sus pensamientos debieron
reflejarse en su rostro de alguna manera ya que Ramiro chasqueó la lengua y negó con la
cabeza.
- Creo que sería importante que evitases comentarle a mi hermano tus dudas – dijo con
seriedad.
Ella lo miró intentando encontrar un salvavidas al que aferrarse. Tal vez una duda o la
posibilidad de saberlo preocupado por la posibilidad que Lautaro tomase cartas en el asunto.
Los ojos de Ramiro brillaron con odio aunque sus facciones permanecieron inmutables. La
La frialdad con que lo dijo le produjo más efecto que las palabras en sí. Sabía que no
alardeaba, que estaba absolutamente decidido a cumplir con su amenaza Las náuseas la
la declaración se transformó en algo opresivo. Por algunos minutos Eva miró a su marido
deseando que aquello solo fuese otra de sus pesadillas. Solo el rítmico tic tac del antiquísimo
reloj de péndulo rompía el denso silencio dando cuenta del inexorable paso del tiempo. Un
El sonido del teléfono produjo en ella el mismo efecto que la descarga de un arma. Su esposo,
- ¿Si?
El silencio duró algunos segundos mientras la voz desconocida del otro lado de la línea
planteaba su problemática.
- Dame unos minutos, por favor. Te llamaré enseguida – contestó educado antes de cortar.
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Después de dejar el celular, Ramiro se volvió nuevamente hacia ella.
Eva hizo un gesto negativo con la cabeza. En el estado en que se encontraba no se atrevió a
intentar decir algo. Estaba segura que si abría la boca no podría contener el llanto y no quería
que él supiera que la había derrotado completamente. Se levantó despacio decidida a retirarse
Ramiro se puso en pie y rodeó el escritorio hasta llegar a su lado. Como si la discusión
precedente nunca se hubiera llevado a cabo, la tomó por la cintura y la acercó hacia él. Ella se
- Todavía tienes otra alternativa – dijo mientras le tomaba la barbilla para obligarla a mirarlo
Con un gesto seductor, rozó los labios en un beso delicado antes de soltarla e indicarle la
puerta. Eva se volvió hacia ella como una autómata. En ese momento sentía que había pedido
Pensó que ya nada podía ser peor, sin embargo, él aún no había terminado.
- La solución a todos los problemas está al alcance de tus manos, querida – le dijo seriamente
Era más de lo que podía asimilar. En ese momento, Eva sintió que el peso del universo caía
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CAPITULO X
O por lo menos eso era lo que Ramiro le había informado al entregarle una larga lista de
nombres para enviar las invitaciones. Para ella era, simplemente, una nueva ocasión en donde
debería fingir ser una recién casada feliz y enamorada. Políticos, gente de la farándula,
autoridades y conocidos deportistas figuraban entre los asistentes al torneo de polo que
organizaban las empresas Montiel. La copa “Hipólito Montiel” y los premios del certamen
anfitriona. Aceptó las indicaciones y los encargos sin emitir opinión alguna y los cumplió al
pie de la letra para evitar cualquier posible reprobación. Sabía que de nada valía quejarse y era
que demasiado peligroso rebelarse. Había tenido que asumir, de una vez por todas, que debía
contra de la corriente, un par de días intentándolo solo le habían provocado mayores pesares.
Le costó mucho tomar la decisión que la despojaba de su orgullo y de su dignidad. Pero había
acabado haciéndolo en silencio, entre las sábanas de la cama matrimonial donde, una vez más,
Ramiro había dejado claro que las cosas serían a su manera por las buenas o por las malas.
La mañana era luminosa, agraviando así su oscuridad interior. El sol brillaba indiferente a su
amargura sobre un cielo azul impoluto. El viento, compañero ineludible de los últimos días,
para esa época del año, era realmente agradable estar al aire libre. El torneo que se disputaría
durante toda la jornada había atraído a gente de toda la región. Las personas habían
comenzado a llegar desde temprano y ya había una multitud acomodada en las cercanías de la
cancha de polo.
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Eva dejó a sus espaldas la muchedumbre y los caballos y se dirigió hacia la mansión. Sabía
que tendría que pasar varias horas haciendo sociales entre la concurrencia pero aún le quedaba
algún tiempo antes de que comenzara el espectáculo. Había decidido volver a la casa para
poder descansar sin tener la obligación de ser amable con personas que ni siquiera conocía.
Una actitud que seguramente Ramiro reprobaría si no se hubiera ausentado, sin previo aviso,
hacía un par de horas. De nada valía lamentarse ahora, tendría que sobrevivir a la jornada y
esperar que los próximos días su esposo se embarcase en algún negocio que lo mantuviera
Cruzó el umbral de la puerta principal intentando decidir si subiría a su cuarto para dormir o
solo se recostaría en algunos de los sillones a descansar. El embarazo, aunque aún no se había
hecho evidente, agotaba su energía dejándola cansada y somnolienta la mayor parte del día.
principal mirando las escaleras con desconsuelo. Tal vez el living o la sala de lectura fueran
más adecuados para esa pequeña pausa mañanera. Un movimiento extraño en el corredor
llamó su atención. Resignada, Eva tuvo que admitir que su joven mascota estaba, nuevamente,
- ¿Otelo?
El gato no era más que una mancha negra al ras del suelo. Ella lo había salvado
milagrosamente de entre las fauces de uno de los röttwailers de Ramiro cuando el estúpido
animalito intentaba, vaya a saber por que razón, entrar en los caniles de los feroces perros. Lo
había llevado babeado y algo masticado, pero aún con vida, hasta la cocina para curarlo y
darle de comer. De ahí en adelante, para desgracia de las empleadas, “Otelo” había adoptado
la casa como su refugio seguro pero, lejos de comportarse, el ingrato felino acostumbraba
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- ¡Otelo!
La voz de su ama no produjo ninguna reacción en el veloz fugitivo que corrió exactamente
hacia el lado contrario de donde venía el llamado, probando las puertas que encontraba en el
camino. Para su desazón, Eva vio la oscura figura asomarse hacia el interior del estudio de
Ramiro por la puerta entreabierta. Maldijo su mala suerte y corrió detrás de él para evitar que
entrase. Que su marido no se hubiera declarado en contra del minino no significaba que
- ¡Otelo!
Una vez más, la llamada no tuvo efecto. La punta del rabo fue lo último que Eva vio antes que
No había vuelto a ingresar allí desde la discusión, algunas noches atrás. Entró con cautela
sabiendo que se estaba arriesgando demasiado, era malo entrar sin invitación pero hacerlo
cuando Ramiro no estaba era mucho peor. La habitación estaba iluminada por el sol que
entraba por las ventanas. Las cortinas corridas permitían ver todo el parque y, un poco más
- ¿Otelo?
La búsqueda infructuosa debajo de los primeros muebles la llevó hasta el escritorio. El lugar
masoquismo se sentó en una de las sillas, como aquella noche, a revivir la conversación.
Ramiro había demostrado ser un tirano despiadado, preocupado solo por su posición y sus
negocios. Una persona sin escrúpulos capaz de matar a su propio hermano para no perder el
poder que tenía sobre ella. No le extrañaría descubrir que tras su fachada de recto hombre de
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La idea le dio escalofríos pero, al mismo tiempo, abrió un nuevo panorama para su situación.
Tal vez, si ella consiguiera, de alguna manera, obtener pruebas en su contra, Ramiro tendría
que ceder y permitirle marcharse. Se sintió eufórica solo de pensar que existía la posibilidad
de salir de ese aprieto. Por cierto que lo que pensaba hacer se llamaba extorsión. Sí, era
extorsión pura y llana y no solamente era ilegal, sino que, además, era peligrosa. No obstante,
si gracias a eso podía liberarse de esa jaula de cristal y de su marido, estaba dispuesta a correr
el riesgo.
Se levantó decidida y comenzó a revisar los papeles que había sobre el escritorio. Sabía que
era poco probable que algo realmente importante estuviera tan al alcance de la mano, pero por
tendría archivado en ella notas sobre sus negocios. Quizás guardara algún e.mail o un
documento con detalles de alguna operación ilegal. La abrió esperanzada y pulsó la tecla de
anticipación. Pero la ilusión murió antes de lo previsto cuando en la pantalla del aparato
apareció el pedido de clave. No tenía ni la menor idea de que tipo de clave podría usar Ramiro
y no había tiempo suficiente para comenzar a probar opciones. Apagó el aparato frustrada
tomando cuidado que todo quedase de la misma forma que lo había encontrado y rodeó el
estaba en el primer cajón de la derecha. Fría, impecable y letal. Se quedó mirándola atónita
dimensión a la amenaza de muerte que pesaba sobre Lautaro. Si en algún momento ella dudó
de la posibilidad que él fuese capaz de llevarla a cabo, la visión que tenía delante le daba la
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certeza de su ejecución. Estiró la mano como guiada por una fuerza que superaba su voluntad
y recorrió con la yema del dedo el contorno metálico. Antes de darse cuenta el arma pesaba en
persona. Nunca se había encontrado en una situación límite que ameritara semejante decisión
pero si pudiera hacerlo, estaba segura que su marido sería el candidato perfecto para probar su
puntería.
El ruido de pasos y voces la puso en alerta. Reconoció a Ramiro entre los que se acercaban y
se sintió aterrorizada. El aturdimiento hizo que cerrara el cajón pero se quedara con la pistola.
Desesperada, buscó algún lugar donde ocultarse antes que su esposo irrumpiese en la
habitación pues no se le ocurría ninguna excusa plausible para explicar su estancia en el lugar.
Los pesados cortinados que enmarcaban la ventana llamaron su atención. Eran gruesos,
exuberantes y llegaban hasta el suelo. Sin pensar más corrió hasta los más cercanos y se
Los hombres entraron en el estudio en medio de una discusión acalorada. Eva pudo reconocer
la voz de su marido pero no la de su acompañante. Solo en ese momento tomó conciencia que
aún tenía la pistola en la mano. Pensar que Ramiro podría abrir el cajón y darse cuenta que ya
no estaba era una posibilidad que la aterraba. El miedo y la angustia aflojaron sus piernas y la
hicieron temblar. Sabía que cualquier movimiento brusco llamaría la atención de los
- Entiendo lo que me plantea, Ramiro – dijo la voz desconocida -, pero tiene que darse cuenta
El mencionado, se paró frente al gran ventanal y se tomó las manos por detrás de la espalda.
- Cómo mediador que es, le pido que transmita mi mensaje – dijo con tono impaciente -. No
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El intermediario resopló molesto y se cruzó de brazos.
- Ya se lo expliqué – dijo sereno -. Los porcentajes son los acordados, pero ellos no han
tomado en cuenta ciertos gastos que les corresponden y que he debido cubrir.
- Señor Montiel, estamos hablando de casi medio millón de dólares – dijo sarcástico -. Mis
clientes están realmente inquietos, por no decir sumamente molestos, por el defasaje.
- No me malinterprete – pidió acobardado -. Lo único que pretendo es ponerlo sobre aviso por
su propio bien.
Totalmente pasmada por la conversación, Eva sintió que comenzaba a acalambrarse. Cada
No sabía por cuanto tiempo más podría pasar desapercibida y tenía que decidir que haría en
caso de ser descubierta. Una vez más, el arma desvió su atención. Sintió la mano sudorosa y
El golpe en sus tobillos la sorprendió tanto que casi comienza a gritar. Se mordió los labios y
miró hacia el suelo con recelo solo para descubrir que Otelo la había capturado. Típicamente
felino, ahora que ella lo quería lejos, el gatito ronroneaba y se refregaba contra sus piernas en
una suerte de bienvenida. Sin pensarlo dos veces, lo empujó con el costado del pié haciéndolo
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A pesar de hallarse de espaldas a la ventana, Ramiro no dejó de percibir la protesta gatuna a
tan insensible maltrato. Se volvió iracundo para encontrarse con el minino en cuestión
La puerta se entreabrió apenas para que uno de los empleados se asomara temeroso.
Olvidado por completo del entrometido animalito, se volvió para su increpado negociador.
- Espero que antes del final del día, podamos brindar por un feliz acuerdo – comentó
Cuando la puerta se cerró ahogando las últimas palabras, Eva volvió a respirar con
normalidad. Se quedó quieta por algunos minutos más para evitar que un regreso inesperado
la encontrara fuera de su escondite. Luego salió despacio, con las piernas debilitadas por la
tensión y se dirigió directamente al escritorio. Soltó el arma dentro del cajón como si le
quemase y se secó el sudor en el costado del pantalón. Después de lo que había escuchado, no
le cabía ninguna duda que su marido tenía negocios turbios. No sabía sobre que se trataba
pero era innegable el nivel de trasgresión e impunidad con la que él se manejaba. Reconoció
que era inútil intentar ganarle en un juego en el que él era un profesional y ella apenas una
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principiante. La cruel realidad era que aún no estaba preparada para enfrentarlo y no sabía si
en algún momento llegaría a estarlo. Por mucho que lo aborreciera, tendría que aceptar sus
mandatos y mantener las apariencias. Cerró el cajón sintiéndose derrotada y se llevó la mano
al vientre como buscando consuelo en ese ser que apenas se revelaba. A lo lejos, un locutor
por altavoz daba inicio al evento. Eva rodeó el escritorio y suspiró resignada. Tendría que ir
brazos a Otelo que se había acomodado para dormir en un sofá y salió del estudio aprisa para
Ni siquiera sospechó que no estaba sola en la habitación. Cuando la puerta se cerró detrás de
ella, la oscura figura que la había estado observando, emergió lentamente del último
cortinado.
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CAPITULO XI
la quisiera cerca, todos sus esfuerzos por mantenerse a distancia hubieran sido en vano.
continuaba tan radiante como se había vislumbrado durante las primeras horas de la mañana y
el movimiento de gente había aumentado después del almuerzo. Ajena a toda la algarabía,
había pasado las últimas horas intentando develar el misterio de los negocios de su marido. Se
esforzó por recordar las conversaciones que había escuchado durante el tiempo que llevaban
juntos, buscando una pista para descifrar sus actividades. No sabía si él era muy bueno
ocultando las cosas o ella era una absoluta estúpida incapaz de entender nada pero, aunque
sabía cuales eran los negocios legales, no podía siquiera suponer a que actividades
El resoplido del caballo a sus espaldas la sobresaltó. Se giró apurada pensando en como evitar
ser atropellada por un montador distraído y se encontró cara a cara con una hermosa yegua
- Hola.
A pesar del casco y del atuendo nada convencional, lo había reconocido inmediatamente. El
impacto la descolocó haciendo que sus piernas se aflojasen y se le disparase el corazón. Se dio
mañana ya que irrumpieron con más fuerza ahora que lo volvía a enfrentar.
La sorpresa jugó en su contra. En vez de encararlo con calma y cierta despreocupación, las
palabras brotaron con aires de desesperación. Tendría que tranquilizarse pues no podía dejar
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que él sospechase la verdad. Su cuñado la miró desconfiando. Sus ojos negros, esos que le
Por un momento, Eva deseó fervientemente arrojarse a sus brazos, decirle que lo amaba y
pedirle que la sacase de allí. Sería fácil huir en ese momento, en medio de la confusión de la
multitud. Pero el recuerdo del arma en el cajón fue suficiente para descartar la idea. Con un
El efecto de sus palabras fue inmediato. Con una agonía indescriptible ella percibió cuando
Eva sintió que su alma se retorcía de dolor ante el evidente desprecio que destilaba su mirada.
Deseaba revelar la verdad y suplicar por su ayuda pero no podía sacar de su mente las
Eva lo miró ansiosa, intentando descifrar en esa frase ambigua algo que jugara a su favor.
Pero los gestos y el tono dejaron muy claro que tendría que esperar algún comentario
insultante. Se volvió hacia la yegua y comenzó a acariciarle el cuello como distraída. Lautaro
rechinó los dientes y se interpuso entre ella y el animal lanzándole una mirada de advertencia,
su respiración algo más agitada que lo normal daba cuenta que su actitud lo estaba
provocando.
- Has conseguido todo lo que deseabas – murmuró en tono punzante – Has jugado bien tus
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Eva se recordó una y otra vez que debía mantener la farsa por el bien de los dos pero le dolía
Era la dolorosa verdad, siempre había deseado lo que ahora tenía, pero se había dado cuenta
que todo eso no valía nada comparado con el amor. Pensó que no era necesario hacer que la
odiase para mantenerlo a salvo y se acercó buscando algo de intimidad en medio del gentío
- No juegues conmigo, Eva – reclamó fastidiado -. No voy a tolerar que me tomes por
estúpido.
peligroso no tuvo la fuerza para rechazarlo. Mantuvo la mirada fija en Lautaro deseando
- Nunca jugué contigo – aseguró contrita -. Nunca haría a propósito algo que pudiera
lastimarte.
Sintió como la mano que la sujetaba fue perdiendo presión y comenzó a subir suavemente por
su brazo. La poca distancia que los separaba fue disminuyendo casi sin que se dieran cuenta.
- No me mientas – murmuró turbado -. Puedo aceptar haber perdido, pero no que me uses y
Eva suspiró. Estaban tan cerca pero tan infinitamente fuera de su alcance que le ardían las
manos por el deseo de tocarlo. Por un momento, el mundo que los rodeaba dejó de existir. No
había nada más importante en el universo que la posibilidad de estar otra vez juntos.
- Me equivoqué y lo lamento – susurró casi al oído -. Te extraño y sé que todo esto es culpa
mía.
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Lautaro la sujetó nuevamente del brazo.
Eva lo miró desconcertada. El movimiento abrupto de la yegua cuando tiró del cabestro le
- No sé exactamente a dónde – dijo alterado -, pero nos vamos juntos de este maldito lugar.
debía evitarlo. Con un brusco movimiento se desprendió de su mano y se plantó frente a él.
- No.
Ella notó que tras esa fachada de confusión estaba pronta a desencadenarse una tormenta e
contigo.
Vio como la tensión tomaba cuenta de cada músculo de su cuerpo y la borrasca anunciada
- No tiene nada que ver con el dinero ni con la posición ni con nada material – explicó
Al escuchar la obstinada declaración, una mueca de dolor surcó el varonil rostro. El resoplido
- No te entiendo, Eva. Estoy haciendo un gran esfuerzo pero no logro comprenderte – dijo
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Él no aceptaría seguir así, sería una tortura que los desgarraría cada vez que estuvieran
próximos. Cerca pero sin poder tocarse, sin poder besarse, sin poder volver a pasar una noche
perdidos el uno en el otro. Renunciar a él, definitivamente, sería doloroso pero el tiempo
curaría la herida.
- Quiero que te mantengas lo más alejado posible – murmuró mientras sentía que su alma
Eva no se atrevió a responder por miedo a que su tono la delatase. Asintió brevemente
Ella se quedó mirándolo tentada a olvidarse de todas las amenazas y dispuesta a arriesgar
hasta su propia alma con tal de aprovechar la oportunidad de volver a estar con él. Lautaro
pareció presentir lo cerca que estaba de quebrar su resistencia. Alzó su mano y enredó sus
- Vamos, Eva, no dudes más – murmuró seductor -. Tu lugar está a mi lado. Yo....
Iba a decir algo más pero sus palabras murieron antes de nacer y su expresión cambió
bruscamente. Eva se sobresaltó ante la abrupta mudanza presintiendo el peor desenlace. Por el
oportunidad de girarse para corroborar la hipótesis antes que la presencia se hiciera tangible.
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El tono jovial no coincidía con la brusquedad de sus acciones. Ramiro le pasó el brazo sobre
los hombros y la atrajo hacia él en un gesto claramente posesivo. Luego se dirigió hacia su
hermano.
- No podía negarme a una invitación tan especial – respondió con un dejo de ironía.
Se giró un poco para incluir en el grupo al hombre que lo acompañaba. Ella sospechó que
debía ser el mismo que había estado discutiendo con él en el estudio. Su marido comenzó con
mejor jugador de polo de la familia y vino expresamente para formar parte de su equipo.
- Un gusto conocerlo – saludó atento –. Me alegra que haya aceptado jugar para mí.
desilusionarlo.
El visitante se acercó y tomó la mano que ella le extendía entre las suyas de un modo algo
- Sra. Montiel, realmente su marido no le hace justicia – dijo galante -. Cualquier elogio que
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Eva sintió que el rubor teñía sus mejillas a pesar de estar segura que todo no pasaba de una
representación. Sonrió al invitado de su marido y actuó tal como esperaban que hiciera.
- Muchas gracias, Sr. Calderón – respondió con aire recatado -. Espero que disfrute su estadía
en la estancia.
- Con usted como anfitriona, estoy seguro que así será – comentó el recién llegado.
Ramiro, con una sonrisa algo dura se volvió hacia su hermano una vez más.
- Lautaro, me gustaría que acompañaras al Sr. Calderón para presentarle al resto del equipo y
La orden encubierta de amabilidad no engañó a Eva. Quería librarse de los testigos para estar
a solas con ella. Presintió algo muy negro en su futuro y deseó tener la habilidad de poder
inventar alguna excusa plausible para desaparecer de la escena antes que fuera demasiado
tarde. Muy a pesar suyo, vio que Lautaro asentía y le proponía al invitado que lo siguiese.
Mientras los miraba alejarse se dio cuenta que ya no necesitaba fingir. Intentó deshacerse del
abrazo forzado para alejarse de su marido pero él se lo impidió sujetándola debajo del codo
con más fuerza que la necesaria. Eva sintió como el dolor trepaba hasta su hombro y seguía
hacia su cabeza.
Ramiro se volvió hacia ella echando fuego por los ojos, a pesar de sus discusiones, nunca lo
- ¿En que demonios estabas pensando para avergonzarme así? – gruñó furibundo - ¿Piensas
que te voy a permitir que me hagas pasar por estúpido delante de todo el mundo?
Eva intentó soltarse nuevamente pero fue en vano. El dolor empezaba a hacerse insoportable y
Su marido continuó sujetándola con fuerza al tiempo que la atraía hacia él.
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- Tú y el necio de mi hermano han dado un espectáculo vergonzoso delante de una multitud
de invitados – escupió enfurecido -. ¿Qué es lo que crees, que soy ciego o estúpido?
Eva gimió de dolor e intentó soltarse una vez más pero la mano de Ramiro se había
convertido en una garra de acero que la mantenía presa. Ella sabía que no debía enfurecerlo y
ahora estaba pagando las consecuencias por su sutil descuido. Solo esperaba que su marido no
- Yo no hice nada – repitió apretando los dientes para no volver a gemir -. Solo estábamos
hablando.
- Se lo dijiste.
No era una pregunta, era la afirmación que la llevaría al desastre. Toda su bravuconería se
Él pareció creerle y aflojó la presión. Luego la volvió a abrazar por los hombros y la guió
hacia la zona de los palcos. Cuando volvió a hablar estaba más controlado.
- Me alegro que no le dijeras nada – comentó con frialdad -. Me has ahorrado tiempo y dinero.
Eva asintió intuyendo que realmente había perdido su última oportunidad de estar con
Lautaro. Después de ese encuentro, su marido no permitiría que volviera a tener otra chance
de escapar con su hermano. Vio que él hacía una señal y pronto el guardaespaldas estaba
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- ¿Señora, necesita que la ayude? – preguntó solícito.
Eva miró a su esposo con furia e ignoró de plano al guardia. Sin hacer ningún comentario
- ¡Lucas!
La voz de Ramiro era perfectamente audible a pesar de la distancia que ya los separaba.
- ¿Señor?
El guardián se interpuso en su camino consiguiendo sutilmente que ella también tuviera que
detenerse.
- Que absolutamente nadie la moleste – repitió Ramiro dándole énfasis a sus palabras – Ni
siquiera mi hermano.
El enorme guardaespaldas asintió y permitió que iniciaran el camino hacia la mansión. Eva
supo que las órdenes serían cumplidas al pié de la letra. Realmente había perdido su última
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CAPITULO XII
En la cocina, Eva suspiró resignada y apoyó las manos sobre la mesada de mármol buscando
apoyo. Ramiro había llegado más temprano que lo habitual, demasiado pronto para su gusto.
Esperaba que no pretendiera cenar con ella. Había decidido prepararse unos sándwichs y un
jugo y no tenía ningún interés en pasar las próximas horas cocinando o compartiendo la
La última semana había sido difícil. La había mantenido enclaustrada en la mansión. Durante
el día, era custodiada por el personal de la estancia, quienes creían realmente que ella estaba
media docena de röttwailers asesinos que hacían de los jardines y el parque su territorio de
caza. Cualquier intento de escape o ingreso ilegal sería cruelmente reprimido por varias
decenas de dientes. Por otro lado, estaba siempre su marido, omnipresente y omnipotente.
Con la facultad de cobrarse en cada oportunidad la supuesta afrenta recibida aquel fatídico
domingo por la tarde. Volvió a suspirar cuando escuchó los pasos que se acercaban por el
pasillo. A pesar de oír abrirse la puerta no se dignó girar para saludar al recién llegado hasta
- Buenas noches.
con frialdad y sin responde el saludo continuó con su tarea. Tenía que aceptar la presencia de
Ramiro pero no tenía porque aguantar a su lacayo. Decidió ignorarlo y terminó de preparar su
jugo exprimido. Sintió que el sujeto entraba en la cocina manejándose con soltura. Por el
ruido que hacía, sospechó que estaba preparándose alguna bebida. A pesar de su decisión, el
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paso de los minutos la estaba poniendo nerviosa y comenzó a mirar la puerta por la que
debería entrar su esposo. Al final, maldiciendo por lo bajo, se volvió hacia el guardia para
La escueta pregunta fue hecha en un tono belicoso. Lucas continuó bebiendo el líquido
ambarino que colmaba su vaso sin apurarse en contestarle. Solo después de algunos minutos
El alivio que sintió al saber que se vería libre de la aborrecida presencia de su marido duró
solo hasta que se percató que estaba aislada del resto del mundo, en compañía del custodio.
La interrogación no sonó todo lo indiferente que ella quería. De alguna manera, la inquietud
Cuidarla era un eufemismo. Había más de veinte personas a su alrededor durante todo el día
que decían que la cuidaban pero que estaban dedicados a brindarle a Ramiro un
pormenorizado listado de lo que hacía o dejaba de hacer. Lucas Santillán era simplemente
otro sirviente encargado de impedir que ella pudiera librarse de las garras de su esposo. La ira
se abrió paso dejando de lado cualquier tipo de recelo que pudiera existir con respecto a la
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Eva bufó contrariada y le dio la espalda para continuar preparando su cena. No tenía sentido
discutir con ese individuo pues ya había probado que para él, la palabra de Ramiro era ley.
Pensó en lo feliz que la haría poder echarlo por la fuerza pero la doblaba en tamaño y no
Lucas se había dirigido nuevamente hacia la heladera a servirse hielo. Las piedras tintinearon
Él se estaba regodeando con la situación. Eva se percató que le estaba tomando el pelo y eso
- Creo que ya le dije que no necesito niñera – gruñó ofuscada -. Mucho menos un
guardaespaldas de su tipo.
No había medido las palabras. Se arrepintió antes que él demostrara que había entendido la
indirecta.
La pregunta contenía una amenaza velada a la que ella no quiso dar crédito. Después de todo,
Escuchó como el líquido caía en el vaso señal que él se estaba sirviendo whisky una vez más.
Pensó en decirle que no debía beber en servicio pero, realmente, eso no le importaba. El ruido
de la madera arrastrándose por el suelo le hizo pensar que había corrido alguna de las sillas
- Hagamos un trato – dijo él con soltura -. Usted me deja hacer mi trabajo y yo la dejo seguir
con el suyo.
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Eva arrojó el cuchillo sucio en la pileta con más fuerza de la necesaria haciendo que el ruido a
Con ademanes algo bruscos que no se ajustaban a su supuesta serenidad, Eva apiló los
emparedados sobre un plato y tomó su vaso de jugo. Cuando sintió que el guardaespaldas se
levantaba se volvió para enfrentarlo con desdén. Lucas se acercó lentamente con pasos
diferentes.
Estaba intentando insultarla para devolverle el favor. Sabía que no era seguro provocar a las
policía fracasado que echaron de la Fuerza y tuvo que terminar como chofer de lujo.
Fue evidente cuando él se enojó. La discusión había perdido la gracia y se estaban adentrando
en asuntos oscuros y complicados. Los ojos transparentes del custodio habían perdido su
Eva sintió que estaba pisando fuerte. De pronto, la pelota había cambiado de manos y podía
sentirse más segura. Tal vez tuviera que aceptar que el hombre no le perdiera pisada pero
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Eva bebió un sorbo del jugo mientras lo miraba sobre el borde del vaso con gesto burlón.
Creía tener la mano ganadora y se dio el lujo de brindarle una sonrisa ufana.
El gruñido hosco de su contrincante le concedió la certeza que había dado en el blanco. Sin
- Bueno – dijo él dejando el vaso vacío sobre la mesa -. Yo no necesito un informe para saber
- ¿De que está hablando? – preguntó sintiendo la ansiedad cerrar poco a poco su garganta.
Lucas esbozó una mueca mordaz y se metió las manos en los bolsillos.
- Usted no se casó por amor – comentó sagaz -. Apenas soporta a su marido y anda
Eva sintió que le ardían las mejillas. No importaba si era verdad o mentira, pero no podía
- No, no invento, sé lo que vi. – dijo jactancioso -. Usted no está con Ramiro por amor, lo que
Ella se sintió realmente ultrajada. El hecho era que su intimidad estaba en boca de cualquiera
Lucas la miraba con una expresión petulante. Estaba claro que disfrutaba de la nueva posición
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- Es evidente que usted está con Montiel por dinero – declaró arrogante -. Eso, señora, en mi
La afirmación fue demasiado para ella. Antes de darse cuenta había perdido el control y el
miedo a las represalias. El líquido anaranjado que aún quedaba en su vaso salió volando hacia
Por apenas una fracción de segundo, el guardia evitó que el vaso corriera la misma suerte que
el jugo. Sujetó la muñeca de su agresora con fuerza y la obligó a soltar el arma letal que acabó
- Bueno, bueno, la gatita tenía uñas – comentó fastidiado mientras se limpiaba las gotas de
líquido que corrían por su cara -. Se está buscando una buena paliza, señora.
Eva, aún más colérica por haber fallado, estiró la mano libre hacia atrás buscando algún otro
proyectil sobre la mesada. Un envase plástico fue lo primero que alcanzó pero a pesar de su
furia, no fue lo suficientemente rápida para llegar a lanzarlo. La gran mano de hierro se cerró
como una trampa aprisionando entre ambos al sachet. La presión desmedida hizo reventar el
envase lanzando ketchup en todas direcciones. Mientras el aderezo viscoso resbalaba por sus
brazos él la empujó contra la mesada dejándola atrapada entre su cuerpo y el frío mármol.
Enajenada por la rabia y el miedo al sentirse vulnerada, ella lo empujó reiteradas veces sin
conseguir que la soltara. A pesar de la diferencia de tamaño, la ira de dio el coraje para volver
a enfrentarlo.
- No lo hará – dijo convencido -. Sabe que él creería que es un invento para librarse de mí.
Eva lo miró con odio sin saber que responder y volvió a empujar su pecho para apartarlo.
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- ¡Déjeme, bestia inmunda!
Antes de que ella pudiese reaccionar, Lucas se inclinó y la sujetó por la nuca enredando sus
dedos en los rizos oscuros. El imprevisto tirón hizo que echara la cabeza hacia atrás
dejándolos cara a cara. Los ojos cafés lanzando rayos y los helados azules con una chispa que
ella no pudo identificar. Avivado por los fuegos de la discusión el beso explotó sin previo
aviso. Eva apenas pudo inspirar una bocanada de aire antes de que él tomara su boca por
asalto, aplastando sus labios sobre los de ella sin ningún tipo de sensualidad.
La había tomado por sorpresa sin darle la oportunidad de resistirse y su mente comenzó a caer
en un espiral de confusión. Gimió de dolor al sentir la compresión de los labios sobre los
dientes poco antes de reconocer el sabor acre de la sangre. Él pareció notar su sufrimiento y
poco a poco fue aflojando la presión mientras comenzaba su tarea de seducción. Con poco
esfuerzo, logró que ella dejase de oponerse y entreabriera lentamente sus labios. Sin darle un
respiro, la besó rudo e implacable. Fue un beso que exigía una respuesta a la que Eva no se
pudo negarse, un beso que logró desbordar sus sentidos y que la dejó sin aliento.
Cuando Lucas la soltó tan abruptamente como la había tomado, tardó algunos segundos en
regularizar su respiración, le pareció que él había dicho algo que no llegó a comprender.
Haciendo un esfuerzo para que su cabeza dejara de dar vueltas, lo miró intentando descifrar lo
que había sucedido. Se sorprendió al ver que él la observaba ceñudo, con el cuerpo tenso y los
puños apretados.
- ¡Vamos! Límpiese ese desastre y váyase a dormir. - gruñó arrojándole un paño húmedo.
Eva logró comprender por fin lo que decía y creyó interpretar su significado. No le constó
entender que Lucas solo había querido demostrarle que no era más que una cualquiera incapaz
de resistirse a los avances de un hombre. Lo peor del caso es que ella se lo había permitido.
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La ira volvió a dominarla pero aceptó la idea de salir de allí cuanto antes. Alzó la cabeza en
- ¡Lo odio!
Él retrocedió algunos pasos dejando el camino libre hacia la puerta. Metió las manos dentro
Eva deseaba golpearlo sin piedad o insultarlo hasta perder el aliento, pero decidió no
continuar la contienda verbal pues había quedado en desventaja. Dejó el paño sobre la mesada
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CAPITULO XIII
Siempre exigiendo, siempre pidiendo, como si no entendiese que no podía dejar todo solo
para complacerla. Él le había explicado que no había futuro, que debía conformarse con las
noches robadas a la realidad de cada uno. Las discusiones habían llegado a desgastar tanto su
sábanas. Sabía que tarde o temprano vendría el ultimátum y la extorsión. El llanto, las quejas
Aquel día había estado más obstinada que lo habitual. Lo había llamado en varias ocasiones
para suplicar que fuera a visitarla. Su marido estaba de viaje y ella le había dado la noche libre
al personal. Harto ya de tanta persecución, decidió dar por terminada la historia. Confirmó su
Ella lo había esperado ansiosa, escasa de ropa y bañada en perfume. Las luces tenues, la
música suave, el champagne en el balde de hielo, las copas de cristal labrado, las frutillas
Él había fingido caer nuevamente en sus redes, aceptar las demandas y analizar la posibilidad
de dejarlo todo por un futuro en común. Solo habían sido una pantalla para disfrazar sus
tal como la habían hecho las otras. No tenía ninguna duda, pero él no le dio la oportunidad.
Caminó lentamente hacia el cuarto de baño y abrió la canilla del lavamanos. El agua barrió la
hoja manchada de sangre dejándola otra vez impoluta. El reflejo de su hoja brillante dibujó
figuras surrealistas en las cerámicas de la pared mientras la secaba con mucho cuidado antes
colocarla en su vaina. Poco después, el gran cuchillo de caza desapareció nuevamente dentro
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Una vez más los hechos se habían consumado como por voluntad propia. Como si otra
persona decidiera por él y no tuviera la fuerza de voluntad para oponérsele. Se miró al espejo
Sabía lo que decían por ahí cuando se referían a sus actos. Lo catalogaban de cruel, de salvaje,
de bestial. No sabían cuan equivocados estaban. Por supuesto que él no era un monstruo
habían desafiado.
acción luego le cobraba gran parte de sus ímpetus y le exigía a concluir la tarea con un
esfuerzo adicional. Miró el cuerpo de la mujer que yacía sin vida y sacudió la cabeza, abatido.
Parecía una muñeca articulada que alguna niña había olvidado tirada después de jugar. El
charco de sangre oscura la rodeaba como un marco macabro, resaltando aún más su palidez.
Los ojos abiertos, fijos en el vacío, todavía parecían suplicarle otra oportunidad. No era algo
bonito de ver y no lo hacía sentirse orgulloso pero no le había quedado más remedio que
La culpa de todo era de las mujeres. Ya en los albores de la humanidad habían conseguido
destruir lo que había de más preciado para el hombre. Por su causa, Adán había sido
expulsado del paraíso. Confundido, engañado, seducido, había accedido a sus caprichos y sus
ruegos para terminar desterrado del mundo que le habían prometido. Él no cometería el
mismo error. Nunca, ninguna mujer, lograría que perdiera de vista su principal objetivo.
Recorrió la habitación confirmando que nada de lo que había pudiese, de alguna manera,
conectarlo con la difunta. No quería que un simple descuido destruyese la perfecta vida que
había logrado erigir con tanto esfuerzo. Todo su tiempo, toda su energía y todo su dinero
puestos en pos de sostenerlo como un pilar de la sociedad. No podía permitir que una
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mujerzuela sin escrúpulos fuese la causante de su decadencia. Ella no se merecía su
para su propio beneficio. Así como lo había hecho con su esposo, en algún momento lo habría
La noche era clara y fría cuando se escabulló de la casa por los ventanales del jardín. La
bruma que se alzaba de la gran piscina rodeaba el parque con un halo fantasmal, colándose
entre los árboles circundantes como un telón de fondo. El gran perro que dormitaba a pocos
nocturnas que lo aceptó como parte habitual del paisaje. En pocos minutos, atravesó el cerco
Mientras las suelas gruesas quebraban las hojas escarchadas en su disipado éxodo, volvió a
No era el responsable de lo sucedido. Apenas había actuado para evitar un mal mayor. La
culpa era de las mujeres que siempre deseaban más de lo que uno les podía dar, como si la
única obligación de los hombres fuera satisfacer sus ambiciones La culpa era de ella por
haberlo llevado hasta el límite exigiendo que obedeciera todos sus caprichos. Él error era de
ella. El pecado era de ella. El desliz, la imprudencia, la falta, el vicio, la mentira, la traición
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CAPITULO XIV
Iba a morir.
Fue lo primero que pensó al despertarse con la gran mano presionando su boca. No sabía por
que ni le importaba, pero no pensaba dejar este mundo sin resistirse siquiera. Eva comenzó a
debatirse golpeando con piernas y manos a su agresor hasta que, maldiciendo entre dientes, él
- Tranquila, soy yo – dijo Lucas apenas susurrando -. Si me promete no hacer ruido voy a
soltarla.
Ella sacudió la cabeza lanzándole miradas abrasivas. Estaba loco si pensaba que iba a
permitirle tomarse atribuciones sin presentar contienda. Él gruñó ante la falta de cooperación
- Escuche, estamos en peligro – murmuró ansioso -. Hay varios tipos abajo y tenemos que
Ella volvió a sacudir la cabeza como si no le creyera y se revolvió para librarse de su peso.
Lucas intuyó que no conseguiría convencerla por las buenas y escogió la opción más práctica.
grandes ceremonias.
- Si grita nos matan – declaró con tono sombrío antes de emprender su huída.
Eva pareció entender el ultimátum y dejó de debatirse, aunque siseó groseras amenazas para
Superado el primer inconveniente, el guardia salió del cuarto sin más demora. El pasillo
estaba en penumbras pero él lo conocía palmo a palmo y, a pesar del peso extra, se movió con
gran celeridad. Sin detenerse a verificar la retaguardia, se deslizó hasta la escalera de servicio
que daba a las antiguas dependencias de los empleados y descendió sin perder un minuto.
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Favorecidos por la oscuridad y la confusión, los fugitivos se escurrieron por la puerta trasera
La noche estaba despejada y quieta. La escarcha cubría todo el césped y Lucas caminó con
cuidado evitando dejar huellas que llevaran a los intrusos hasta su escondite. Algunos metros
más adelante, el amparo de los árboles le dio un respiro para orientarse y decidir cuál sería el
mejor refugio. Sabía que las cocheras y los establos estarían dentro de la mira de los invasores
y las casas del personal estaban demasiado alejadas para ser una opción segura. Decidió
seguir hasta los galpones y colarse por las puertas posteriores para evitar que pudieran verlos
desde la casa.
Los grandes tinglados brillaban cubiertos de hielo a la resplandeciente luz de la luna. Con
mucho cuidado, Lucas abrió la puerta trasera y entró cargando su eventual rehén. Las altas
ventanas permitían el ingreso de la luz lunar lo que le daba al recinto claridad suficiente para
ver sin problemas. Bajó lentamente su paquete depositándola cerca de una pila de bolsas de
- Disculpe el maltrato – murmuró dejando claro que en realidad no estaba arrepentido -. Usted
Eva, ofuscada, se liberó con prisa del envoltorio con la intención de lanzar un ataque letal
contra su captor. Cuando la tela que la cubría cayó a sus pies se dio cuenta que realmente no
estaba vestida para la ocasión. El frío la golpeó cortándole el aliento y tuvo que agacharse
Lucas también había perdido el aliento. La visión de la mujer cubierta apenas por un diminuto
algo sobre la dificultad de concentrarse en su labor y le dio la espalda intentando escuchar los
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sonidos que venían del exterior. Muy a pesar suyo, el ruido de los dientes entrechocando de su
Eva, envuelta en la fina tela no dejaba de tiritar, a pesar de eso, aún le quedaban fuerzas para
- ¿Qué pretende, que duerma vestida de monja? – replicó enojada -. Si usted me hubiera dado
negro y se lo entregó.
- ¡Tome, póngase esto! – dijo exasperado -. Con el ruido que hace van a terminar
encontrándonos.
Eva tomó el abrigo y se lo colocó sobre el camisón.. La prenda era enorme y alcanzaba a
cubrirla hasta la mitad del muslo. La lana áspera tenía el aroma penetrante de la loción
masculina. A pesar de la nueva vestimenta, se volvió a colocar la sábana como una túnica. En
pocos minutos, comenzó a recuperar temperatura y, junto con el bienestar, recobró toda su
belicosidad.
Lucas le hizo una señal para que bajara el tono de voz y se acercó a ella.
- Un grupo de seis individuos ingresó a la mansión – dijo ceñudo -. Dudo que sean ladrones
comunes.
Ella bufó ofuscada mientras se friccionaba las piernas buscando recuperar la circulación.
La pregunta fue más una manera de descargar su nerviosismo que una necesidad de satisfacer
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suficientemente grave como para dejarla abalada. Por el tono de fastidio de su interlocutor,
- Traen armas automáticas con silenciador – gruñó ofuscado -. Para mí ese dato habla por sí
- Pues que guardaespaldas corajoso que resultó ser – criticó insolente -. ¿Acaso usted no tiene
armas?
Con un gesto brusco, Lucas levantó el borde de su polera negra dejando a la vista una 9mm
reluciente metida en la cintura del pantalón. Luego le dio la espalda y se acercó nuevamente a
la puerta de entrada para escuchar los ruidos que provenían del caserón. Eva cada vez más
ansiosa y sin saber como reaccionar ante la situación volvió a descargar su hostilidad contra
su acompañante.
- ¿De que sirve que esté armado si no hace nada?- reprochó una vez más -. ¿Por qué no va a
sacarlos de la casa?
Lucas Santillán se volvió hacia su protegida con una mirada asesina en el rostro. La observó
por algunos segundos como intentando descubrir si lo que ella pretendía era que lo liquidasen
o, realmente no tenía idea de lo que estaba diciendo. Antes de perder los estribos, optó por
darle el beneficio de la duda. Se acercó lentamente mientras cruzaba los brazos en un bizarro
- Señora, usted ve demasiadas películas de acción. Los buenos no siempre ganan – gruñó
intentando controlar su mal humor -. Seis contra uno es realmente una importante desventaja.
Ella pareció no notar lo cerca que estaba el custodio de perder el control. Se encogió de
- ¿Y los perros?
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Preguntó mientras avanzaba hacia la puerta con la intención de investigar el exterior. Lucas la
Eso realmente la afectó. Aunque no le tuviera cariño a los animales en cuestión, el hecho de
que posiblemente los hubieran matado le revolvió el estómago y la hizo reaccionar de mala
Eva lanzó una carcajada cáustica. Desde su punto de vista, el hombretón solo buscaba excusas
- ¿Cuidándome? – comentó en tono mordaz -. Está aquí escondido conmigo y no hace nada.
El custodio maldijo entre dientes y rogó por una dosis extra de paciencia. Retrocedió
nuevamente hasta la puerta hurgando en la oscuridad del parque para prevenir cualquier
eventual ataque. No había señales que indicaran que los buscaban fuera de la casa pero no
quería descuidarse. Después de una aguda inspección se volvió hacia su compañera con aire
cansado.
- ¿Qué quiere? – preguntó bastante fastidiado -. ¿Qué salga de aquí con solo una pistola y
Ella resopló y se encogió de hombros. La propuesta era algo descabellada pero, seguramente,
no era necesario ser tan drástico. La inactividad era lo que más le molestaba.
Al límite de su tolerancia, el guardián hizo un último intento por convencerla que estaba
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- Con el apuro, no traje el celular – bufó enojado – Tendría que volver a la casa a riesgo que
Eva ya no soportaba los pusilánimes pretextos. Si él no tomaba una actitud radical estaba
- ¡Pues muévase, vaya de una buena vez! ¡Llame a la policía, a los bomberos, a Defensa
Civil! – dijo enfadada - ¡Llame a la caballería si quiere pero no se quede ahí parado sin hacer
nada!
Completamente superado por las agresiones verbales, Lucas avanzó furioso, la sujetó por
ambos lados de la cara y la besó con rudeza. El impulso duró lo suficiente para llevarla hasta
el rincón donde la había depositado la primera vez. Allí la soltó tan bruscamente como la
- Mal que le pese, en este momento, esto es lo único que se encuentra dentro de mis
La sorpresa la dejó sin palabras y sin posibilidad de reaccionar. Sacudió la cabeza en forma
negativa y retrocedió varios pasos buscando apoyo en las bolsas de grano apiladas junto a la
del abrigo Eva comenzó a entumecerse. Hacía demasiado frío y la inactividad jugaba en su
contra. Una hora después Lucas le indicó que no se moviera y desapareció en la noche.
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Ella lo miró con desdén.
El suelo estaba cubierto de escarcha y mil agujas de hielo se clavaban en sus pies descalzos.
Caminó hasta la casa apurada por el frío. Entró por la puerta trasera y se enfrentó con un caos
La cocina estaba absolutamente desordenada. Todo el contenido de las alacenas y los bajo
mesada, así como el de la heladera estaban desparramados por el suelo. Gimió al ver el
desastre y escuchó a sus espaldas una ruda maldición. Lucas, que la seguía, la empujó
- No va a poder solucionar nada ahora – dijo práctico -. Mañana será otro día.
Ella asintió y pasó evitando pisar los trastos tirados. El corredor en penumbra no parecía
haber sido desordenado pero al llegar al salón principal el daño se hizo aún más evidente.
Parecía que un terremoto hubiera azotado el lugar. Eva se quedó estupefacta ante la visión y
sacudió la cabeza incrédula. Lucas colocó una mano sobre su hombro y la sacudió
suavemente.
- No se preocupe. A primera hora voy a llamar a su marido para ver que es lo que quiere que
Ella suspiró resignada y se dirigió hacia las escaleras. Antes de comenzar a subir el horror la
paralizó. Colgado de la lámpara del hall, el cuerpo de Otelo con la cabeza aplastada, se
balanceaba solitario.
El grito de horror estremeció las paredes del caserón. Cuando Lucas llegó hasta ella la
encontró sentada en el suelo abrazándose las piernas entre las que había hundido la cabeza.
Lucas, maldiciendo su estupidez por no haber entrado antes, descolgó el cuerpo del pobre
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- Vamos señora, no tiene sentido que se ponga así – susurró con dulzura acariciando su cabeza
como si fuera una criatura -. Suba a su cuarto e intente descansar. Han sido muchas
Decidido a terminar cuanto antes con el mal trago, Lucas la tomó en sus brazos y comenzó a
subir la escalera con cuidado. Ella le pasó los brazos alrededor del cuello y continuó llorando
sobre su hombro. La angustia de los sollozos borró cualquier recelo que las discusiones
anteriores hubieran generado. Mientras recorría el corredor hacia su cuarto, el custodio buscó
- Tranquila, descanse y mañana las cosas no se verán tan negras – dijo intentando consolarla.
La dejó en la cama suavemente y tuvo que retirar los brazos que aún lo sujetaban del cuello.
- ¡No se vaya!
Lucas rechinó los dientes en un esfuerzo por no caer en la tentación. Soltó suavemente la
pequeña mano que lo sujetaba y la dejó sobre el colchón. Sin responder a la súplica anhelante,
la tapó con la manta y el edredón. Ella quedó quieta como si se hubiera dormido. Cuando se
giró para irse lo detuvo el murmullo ahogado que salía debajo de las cobijas.
- No me deje sola.
Volvió a acercarse y la observó por algunos momentos. Continuaba acurrucada y con los ojos
cerrados, el cabello suelto y desparramado cubría toda la almohada. Las lágrimas habían
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Antes de arrepentirse, dejó la habitación a paso firme. Bajó las escaleras y se enfrentó al
desastre de la planta baja. Lo primero que hizo fue tirar el cuerpo del gato a la basura para
evitar que cuando ella se levantase lo tuviera que volver a ver. Luego comenzó a recoger los
documentos desparramados.
primer impulso fue empuñar la pistola, pero al sentir que el sonido se alejaba una nueva
posibilidad lo golpeó de lleno. Negándose a asumir su descuido, corrió escaleras arriba hacia
el cuarto de Eva. Antes de abrir la puerta ya sabía que encontraría la cama vacía.
- ¡Maldita mujer!
El bramido retumbó en las paredes del corredor y lo persiguió en su carrera hasta el teléfono.
Sin dejar de maldecir su estupidez, marcó el número reservado solo para casos de extrema
- ¡Sánchez!
- Habla Santillán.
- ¿Qué sucedió?
Respiró hondo y volvió a maldecir con vehemencia a la mujer que tantos trastornos le
acarreaba.
- Lamento despertarlo, señor – dijo con rabia apenas controlada -. ¡Tenemos un problema!
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CAPITULO XV
Estaba libre.
Había sido solo cuestión de tomar la decisión y esperar el momento justo. El hombre rudo
había bajado la guardia y le había dado la oportunidad que tanto necesitaba. No había
demorado más que lo necesario para vestirse y colocar en un bolso de mano alguna de las
prendas desparramadas por el piso del cuarto. Luego había recorrido de puntillas el mismo
camino que habían hecho horas antes para escapar de la mansión. Las llaves del automóvil
eléctrico exactamente donde debería estar. Tomó las del auto deportivo y tiró todas las
La legua de tierra que unía el casco con la ruta fue una prueba para su ansiedad. Zumbó por
sobre los guardaganados que separaban los potreros y solo se detuvo ante el gran portón de
La vacía y oscura carretera se desplegaba frente a ella como la frontera entre el infierno de su
matrimonio y la libertad. Aceleró el vehículo esperando que los veinte kilómetros que la
separaban de la ciudad desaparecieran lo antes posible debajo de los neumáticos. Las lejanas
luces de la urbe se le antojaron huidizas cada vez que una curva las colocaba fuera de su
jugar en su contra. Sabía que Ramiro estaba lejos y que, a pesar de los otros vehículos, tenía
una importante ventaja de tiempo con respecto a Santillán pero aún así no se dignó relajarse.
Solo quince minutos después de haber iniciado su huída comenzó a respira con mayor
normalidad.
Las luces intermitentes no accionaron ninguna señal de alarma en su mente. A esas horas de la
noche, no eran extraños los operativos policiales. Bajó la velocidad pensando que era solo
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cuestión de rutina y se sorprendió cuando los efectivos le señalaron que debían aparcar en la
banquina. Estacionó a pocos metros del móvil policial, bajó la ventanilla y espero impaciente
- ¡Buenas noches!
El tono del efectivo no auguraba una charla amena. Eva compuso una sonrisa austera y
retribuyó el saludo.
- ¡Buenas noches!
El policía se inclinó hacia la ventanilla y escudriñó el interior del automóvil. Luego fijó su
El pedido cotidiano la dejó mal parada. Por algunos segundos se preguntó cuál sería la mejor
manera de salir del atolladero. La verdad es que no tenía idea donde podrían estar los papeles
del coche y no creía que alguna excusa plausible fuese suficiente para que la dejasen
continuar. Fingiendo una tranquilidad que no tenía, se estiró para abrir la gaveta.
aparición de los otros policías hasta que vio el reflejo del arma a la luz de los vehículos. La
certeza que sucedía algo extraño se acentuó cuando giró para encarar nuevamente al primer
La impresión le causó taquicardia. Temblando como una hoja abrió lentamente la puerta y se
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El interpelado retrocedió dando lugar a una de sus compañeras que la colocó frente al coche y
la palpó de armas. Los otros ingresaron al auto y retiraron sus pertenencias. A la señal de
- Va a tener que acompañarnos, señora – dijo en tono rudo -. El automóvil tiene denuncia de
robo.
El policía miró a sus compañeros quienes, sin hesitar, le hicieron una señal negativa. El oficial
femenino se retiró hasta el móvil. Algunos minutos después volvió con el ceño fruncido y se
acercó a su compañero que continuaba apuntándola con el arma. Hablaron unos minutos en
Eva sintió que la vana utopía de liberación se escurría de sus manos sin darle tiempo a
reaccionar. Se dejó conducir hasta el móvil policial sin poder creer lo poco que había durado
pasados varios kilómetros. Incrédula, vio las luces de la ciudad quedar a sus espaldas.
mordaz -. Tal vez allí podamos verificar cual de las versiones es la correcta.
Eva enterró el rostro entre sus manos y se obligó respirar hondo para no comenzar a gritar.
Estaba más que claro que Lucas Santillán le había jugado una mala pasada. Había pensado
que le llevaba ventaja cuando, en realidad, el se había adelantado con una estrategia
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totalmente fuera de lo esperado. En vez de salir corriendo detrás de ella había conseguido
Las luces del parque y del caserón estaban encendidas. Sobre las escalinatas del porche la
enorme figura del guardaespaldas parecía una estatua colosal. El patrullero estacionó en la
plazoleta justo frente a la puerta de entrada y dos efectivos descendieron para hablar con él.
La oficial la miró con desdén. Los bellos ojos azules destilando un desprecio difícil de
ignorar.
- Si hubiera dependido de mí, ahora estaría en una celda – comentó insidiosa -. Pero la alta
Eva sintió el frío resentimiento a un nivel físico y supo que la rivalidad superaba un simple
viaje en móvil policial. De alguna manera, el guardaespaldas había logrado hacer causa
común con los efectivos que consideraban su escapada como una afrenta personal. Miró con
- Ustedes saben tan bien como yo que no hubo robo – acusó indignada -. No me hable de
prerrogativas legales. Hable del grueso fajo de billetes que pronto va a cambiar de manos.
La policía se puso tensa y siseó un insulto nada femenino. Eva no se dejó amilanar por la
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duelo de miradas que insinuaba un combate a escala corporal. La llegada de los otros
efectivos puso fin al potencial altercado pero sin bajar el nivel de agresividad del ambiente.
El oficial más joven abrió la puerta del vehículo y extendió la mano hacia la supuesta
criminal.
Eva lo miró con repulsa y salió del patrullero con gesto arrogante. Ni siquiera se dignó
responder los falsos pedidos de disculpa. Subió las escalinatas con altivez y se enfrentó a su
Lucas observó como el móvil policial rodeaba la plazoleta y se alejaba por el sendero
- Usted no entiende, tengo que irme, sea como sea – reiteró nerviosa.
Lucas la tomó por los hombros y se inclinó para quedar cara a cara.
La soltó, le quitó el equipaje y caminó hacia la puerta de entrada con pasos decididos. En el
Eva miró a su alrededor como explorando una salida alternativa. La noche había continuado
diamantes todas las superficies y se pegaba a su piel como una máscara mortuoria. Sabía que
estaba sola y nadie acudiría en su auxilio. Si quería salir de allí debía jugarse el todo por el
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todo. Caminó lentamente hacia el hombre que la aguardaba como aceptando su destino. Aún
- No le pido que me ayude, solo mire para otro lado – susurró anhelante -. Tengo joyas y
Lucas pareció enfurecerse aún más con la propuesta. Arrojó el bagaje dentro de la casa y,
bruscamente, golpeó las manos contra la madera dejándola atrapada entre su cuerpo y la
puerta.
- No todo pasa por el dinero, señora – gruñó iracundo -. Algunas personas tenemos principios.
Ella no se amilanó, el violento rechazo aún le dejaba una última oportunidad. Lo miró a los
El custodio contuvo el aliento por algunos segundos, luego lo soltó con fuerza.
- Señora, eso es algo que no debería ofrecer – resopló inquieto -. Podría malinterpretarla.
Eva cerró los ojos e inspiró profundamente. Sus manos se deslizaron por el pecho del
guardaespaldas hasta cruzarse detrás del cuello. Sus labios rozaron el mentón levemente
- A esta altura de los hechos, estoy siendo literal – susurró sensual -. Soy capaz de acceder a
Lucas la atrajo hacia sí aprisionándola entre sus brazos. Los cuerpos ligados, los miembros
entrelazados, los alientos enroscándose en volutas de vapor agitadas. Luego tomó su cabello y
Ella escurrió su mano por la nuca del guardián y enredó sus dedos en el cabello en lentos
masajes sensuales. Luego comenzó a rozar con los labios las comisuras de su boca.
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- Estoy más que segura, estoy desesperada – murmuró entre cada embate -. Usted me besó dos
veces contra mi voluntad. ¿No quiere saber como es hacerlo con mi consentimiento?
El gemido ahogado le dio a Eva la certeza de estar ganando la contienda, mordió suavemente
la boca de su captor una y otra vez como incitándolo a tomar represalias. Cuando él intentó
- Prométame que va dejarme ir y juro hacer todos sus deseos realidad – ofreció con tono
voluptuoso.
entraron juntos en la casa. Llevándola a rastras, subieron las escaleras y recorrieron el pasillo
hasta el cuarto de Eva. Él empujó la puerta del dormitorio con el pié y siguió hasta la cama
adonde la arrojó como a un gran paquete, haciéndola rebotar sobre el colchón. Luego se dio
media vuelta y salió de la habitación llevándose la llave. Cuando la puerta se cerró de golpe,
Eva se levantó de un salto y corrió hacia la salida a tiempo para escuchar como la encerraba.
- ¡Maldito cobarde! Abra la puerta ya mismo – gritó golpeándola con los puños cerrados -.
La voz del otro lado de la puerta sonó algo apagada pero no por eso menos furiosa.
- Tengo que dormir un poco, señora – explicó enfadado -. Y no quiero tener que seguir el
- ¡No se atreva a dejarme encerrada! – gritó colérica -. ¡No se atreva a dejarme encerrada!
Los gritos y los golpes no tuvieron ninguna respuesta y la dejaron extenuada. Resignada,
No tuvo conciencia de haberse dormido pero cuando el ruido del cerrojo abriéndose la
despertó ya era de día. Salió de la cama hecha una furia y tomó un antiguo florero que estaba
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sobre el peinador. Cuando su carcelero entró en el cuarto el proyectil estalló a pocos
centímetros de su cabeza.
Lucas esquivó los siguientes proyectiles mientras avanzaba lentamente dentro del cuarto.
Eva ignoró totalmente el pedido y continuó arrojando todo lo que encontraba a su paso sin
dejar de vociferar.
Él se detuvo en medio de la habitación y alzó las manos como pidiendo una tregua.
Lucas aprovechó la falta de proyectiles para llegar hasta ella y sujetarla de los hombros.
Frenética Eva comenzó debatirse, intentando golpearlo y patearlo con saña. El guardián la
Enajenada en su propia furia ella no recordaba lo que había dicho y no entendió a que se
refería. Lo encaró rabiosa dispuesta a iniciar una nueva retahíla de insultos y golpes pero él se
adelantó.
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CAPITULO XVI
La voz ronca y sensual en su oído lo trajo de nuevo a la realidad. Lucas Santillán alzó la
cabeza a tiempo para ver el guiño cómplice de su compañera al dejarle una taza de café
cargado sobre los papeles que tenía en el escritorio. La Oficial Inspector Lara Braun era toda
cuando dejaría el uniforme para dedicarse a las pasarelas. A pesar de eso, llevaba diez años en
- Por cierto – dijo alzando su jarra en señal de saludo -, bienvenido nuevamente al redil.
Los otros tres oficiales que compartían el espacio, levantaron sus respectivos jarros y, entre
aplausos y ovaciones, se unieron a la fingida ceremonia. Lucas, algo incómodo por las
- No inventen – dijo molesto -. Ustedes sabían que era todo una farsa.
El Principal Randó, guiñando un ojo a sus colegas, no pudo evitar agregar un comentario.
- Aún así – dijo en tono jocoso -, nuestra compañera se ha pasado más de tres meses llorando
Lara resopló fastidiada. Era evidente, para todos, la preferencia que sentía por el Comisario
Santillán y eso le acarreaba las bromas pesadas del resto del equipo. Supo que las burlas no
habían terminado cuando el más joven del grupo se le acercó y la sujetó por la cintura.
- Lo peor del caso – comentó con osadía -, es que no dejó que ninguno de nosotros la
consolara.
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La mujer policía respondió al atrevimiento incrustándole el codo en el estómago, despertando
- Bien, dejémonos de tonterías – bufó intentando no parecer afectada -. ¿En qué posición
quedamos?
Lucas, que se había levantado de su silla y paseaba por la oficina como una fiera enjaulada,
Cabrini, que hasta el momento se había mantenido callado, lanzó una carcajada burlona.
- ¿Y desde cuando correr detrás de una falda es una tarea ruda? – preguntó jocoso.
- Hay faldas y faldas, y esa falda era de las que acarrean problemas – comentó Randó -. La
Solís, que aún continuaba masajeándose el vientre, no pudo dejar de hacer una observación
oportuna.
- En realidad, Lucas, aún nos debes una compensación por tener que salir a cubrirte la espalda
la otra noche – comentó entre gemidos -. Además, tuvimos que ponernos los viejos uniformes
- Cierto, tuvimos que salir a congelarnos debido a un negligencia tuya - ratificó Randó
Lucas gruñó algunos insultos groseros al azar pero no se dignó darse por aludido. Cuanto más
se enojara él, peor serían las pullas. Cabrini, envalentonado por el apoyo de los otros,
- Creo que nuestro amigo aquí no las tenía todas a su favor – señaló ocurrente -. Supongo que
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Guiñando un ojo a sus cómplices, Randó fue un poco más allá.
- En realidad, sospecho que Lucas no necesitaba esa excusa para poner una mano en su trasero
– aventuró entre risas -. Vamos, amigo, no vas a decirnos que entre tantas noches a solas en
El sonido seco de una taza golpeando con fuerza sobre el vidrio del escritorio los sobresaltó.
Los otros no pudieron evitar las risas ante el evidente ataque de celos.
- Vamos, Lara, no te enfades – dijo Solís acercándose con las manos en alto -. Tú eres mucha
más bonita.
Ella miró de reojo a Lucas como queriendo confirmar si él pensaba lo mismo pero lo encontró
El mencionado pareció volver a la realidad pero sin saber exactamente que pretendían de él.
Los miró con expresión interrogante y ocupó su lugar frente al escritorio donde tenía sus
papeles. Lara se acercó y se sentó en los apoyabrazos del sillón inclinándose levemente hacia
él.
- Tenemos los últimos informes que nos enviaste el día del evento de la estancia – dijo
señalando la carpeta que sobresalía de la pila -. ¿Conseguiste algo más después de eso?
El comisario tomó las páginas indicadas y las ojeó rápidamente, luego volvió a colocarlas en
el montón.
- Aquel día casi arruino todo. Estaba revisando los libros contables de la caja fuerte y me
descuidé – comentó reflexivo -. Primero la señora buscando al gato y poco después Montiel
con su contacto. Si las cortinas hubieran sido menos gruesas me habrían descubierto.
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Como si se hubieran puesto de acuerdo, los presentes sacudieron la cabeza intentando borrar
las imágenes que semejante situación habría generado. Sabían que probablemente, Lucas ya
- ¿Por qué no esperaste otro momento para hacerlo? – preguntó Lara algo más afectada de lo
- Montiel los había sacado de la caja de seguridad del banco para trabajar con ellos ese fin de
explicó reflexivo -. Tuve suerte, además de poder fotografiarlos y mandarlos, descubrí quien
era el contacto y supe que había existían diferencias a causa del dinero.
Cabrini se levantó de su silla y fue a ocupar la que estaba frente a la computadora. Entró en
internet y tecleó las contraseñas que le solicitaban para poder acceder a los bancos de datos
oficiales.
El ruido de las teclas fue lo único que se escuchó por algunos segundos.
- ¿Nombre?
- Miguel... – antes que volviera a preguntarle, Lucas continuó -. No sé si tiene algún otro.
El oficial Cabrini ingresó los datos en la computadora y esperó la respuesta. Poco después
emitió un silbido de sorpresa y se inclinó hacia atrás en la silla como buscando una mejor
perspectiva.
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- Tenemos más de trescientas entradas con ese nombre – comentó filosófico -. Necesitamos
Lucas se levantó y caminó hacia la computadora como queriendo confirmar lo expuesto por
pocas posibilidades de conseguir algo viable. Se volvió hacia el resto del equipo y los observó
pensativo.
- Sabemos con seguridad que Ramiro Montiel lavaba dinero, que usaba su empresa de
exportación de caballos de polo como pantalla y que su contacto era Miguel Calderón –
enumeró meticuloso -. También sabemos que tenía algún problema con los socios por
quedarse con dinero que no le correspondía – miró a sus colegas que asintieron casi al
unísono -. Ahora suponemos que debido a su muerte, Calderón tendrá que buscar un nuevo
empresario para que ocupe su lugar. ¿Alguien tiene idea de quien puede ser el elegido?
Los otros oficiales no pudieron ocultar totalmente sus risas ante la evidente antipatía que
sentía hacia la mencionada. Para no dejarla nuevamente en evidencia, Solís también decidió
arriesgarse.
Los otros sacudieron la cabeza sin saber que responder. Lucas colocó sus manos cruzadas
sobre la cabeza y se estiró. En su rostro podía notarse que estaba intentando tomar las
decisiones más adecuadas para continuar con el caso. Volvió a mirar la pantalla de la
- No creo que los herederos del imperio estén en condiciones de asumir el reto. Sin embargo
debemos cubrir cualquier posibilidad – dijo serio -. Por otro lado, necesitamos más datos para
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Se quedó pensativo por algunos minutos y luego miró al oficial Solís.
Entre risas y chanzas los otros lo felicitaron por la misión. Lucas lo miró ceñudo.
- Espero no tener que arrepentirme de haberte encomendado el asunto. A la primera queja que
me llegue vas a sentir mucho dolor – amenazó irritado -. Bueno, nos queda el hermano menor.
Buscó entre los papeles y sacó una foto con notas al pie.
- Lautaro Montiel, 42 años, soltero, de profesión piloto comercial, no tiene domicilio fijo
conocido. Nunca ha intervenido en los negocios familiares pero recibe una sustanciosa renta.
Es el heredero principal de la fortuna de los Montiel y el más preparado para asumir el mando
– leyó formal -. Existen muchas posibilidades de que sea al primero con el que se relacione
nuestro contacto, ya sea para que ocupe el lugar del hermano o para reclamar la deuda
pendiente.
Lara le quitó la foto de la mano, la observó por un momento y repasó los datos en voz alta
- Soltero, 42 años y millonario – dijo con una sonrisa maliciosa -. Exactamente lo que me
recomendó el doctor.
Suspiró teatralmente mientras dejaba la foto sobre el resto de los papeles y miró a los cuatro
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CAPITULO XVII
Reconoció la voz de la mujer policía mientras bajaba la escalera y sintió el calor de la ira
arrasar todo su ser. No soportaba más las visitas reiteradas, ni los llamados telefónicos que
habían hecho que Lautaro saliese con prisa rumbo a la ciudad durante la última semana. A su
ya precaria situación emocional, había tenido que sumarle la certeza que no era competencia
Se miró en el espejo del hall y odió cada centímetro de su cuerpo. Sus pechos hinchados, la
cintura desaparecida, el vientre que empezaba a abultarse a causa del embarazo, el cabello
rebelde cada vez más rizado, las ojeras azules y la palidez casi espectral por tantas noches de
trato con el mundo. Comparada con ella, la belleza nórdica y la gracia sensual de la oficial
Fuera eso, existía el problema de su relación con Lautaro que había quedado estancada en el
vacío. Superado el impacto de la noticia de la muerte de Ramiro, había creído que las cosas
entre ellos se arreglarían y retomarían donde se habían quedado. Sin embargo, después de casi
diez días de permanecer juntos debajo del mismo techo, él aún no había intentado ni siquiera
un sutil acercamiento.
Por supuesto la situación se había salido de su cauce por culpa de la diosa pagana que estaba
en la sala, de eso no tenía ninguna duda. Con su voz ronca, sus sonrisas incitantes y sus
miradas lascivas había logrado separarla de Lautaro, pero la cosa no iba a quedar así. Si ella
pretendía seducirlo no lo haría bajo sus narices ni dentro de su casa. Esa fulana no sabía con
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Respirando profundamente y colocándose una gélida máscara de simpatía, Eva entró en la
Sin esperar respuesta, siguió hasta el sillón donde él estaba sentado y se acomodó a su lado.
- ¿Qué sorpresa usted otra vez por aquí? Parece que la ley no descansa.
- Lara,....la oficial Braun, tenía algunas preguntas pendientes – explicó deferente -. No creí
necesario molestarte.
- ¡Qué atento! – comentó Eva regalándole una mueca irónica, luego se volvió a la visitante -
En realidad estamos muy agradecidos por su interés en resolver cuanto antes los asuntos
extralimitarse.
- ¿Perdón?
- Por cumplir de la mejor manera sus obligaciones no se da cuenta que hay lugares y horarios
que debería respetar – explicó cáustica -. No creo que lo que tenga para preguntarnos no
La oficial se ruborizó y su rostro se puso tenso, aún así esbozó una sonrisa formal.
- Tiene razón, no hay nada demasiado urgente – comentó rígida -. Lamento haberlos
importunado.
Se levantó con elegancia del sillón y se acercó extendiendo la mano hacia Lautaro.
- Buenas noches, Lautaro – dijo con tono sensual -. Lo espero mañana en nuestra oficina.
Luego se volvió hacia Eva y la saludó con una leve inclinación de cabeza.
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- Señora – el tono fue abiertamente seco.
- Llamaré a alguien que la acompañe hasta la puerta – dijo con una sonrisa punzante.
La oficial mejoró la puesta en escena mostrando sus pequeños dientes blancos y brillantes.
- ¡Maldita Barbie!
Minutos después, Lautaro regresó a la sala, se acercó al minibar y se sirvió otra medida de
- Fuiste grosera.
Él la observó callado por algunos momentos, su rostro se volvió aún más sombrío.
- Con que facilidad usas el posesivo en singular – comentó molesto -. Tal vez tendrías que
nosotros – explicó enojada -. ¿Qué pasa Lautaro? ¿Ahora que no hay nadie que se oponga
El aludido se encaminó despacio hasta el hogar encendido dándole la espalda. Las piedras de
hielo golpeando contra el cristal del vaso fue el único sonido que se oyó por un largo rato.
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Eva se mordió los labios por la ansiedad, necesitaba una explicación y ese era el momento
Lautaro se volvió para enfrentarla, la ira había pasado pero el dolor se reflejaba claramente en
ningún hombre con algo de dignidad se arriesgaría a que lo rechacen tres veces.
Eva se levantó del sillón y caminó hacia donde él estaba. Sabía que había sido injusta pero los
- No estoy negando mi parte de culpa – aclaró intentando revertir la insinuación -. Pero tuve
- Por cierto, dinero y posición te sobran – comentó con sorna -. Tal vez yo tampoco te haga
falta ahora.
- Eres injusto – dijo con aire resignado-. Mi principal error fue casarme con Ramiro pero
La respuesta lo alteró visiblemente, dejó el vaso sobre la repisa del hogar y la tomó por los
hombros.
Eva sintió deseos de llorar. A pesar de sus intentos, la situación empeoraba cada vez más.
Lautaro la observó fijamente como queriendo adivinar sus más profundos pensamientos.
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- Mi hermano siempre edificó su poder sobre los pilares del miedo y las amenazas – comentó
con tono cansado recostándose sobre el respaldo -. ¿Tan poca cosa me consideras que sería
La recriminación tan acertada abrió un abismo frente a ella. Un abismo que parecía separarla
definitivamente del hombre de quien estaba enamorada. Lo miró ansiosa intentando descubrir
- Quizás me equivoqué pero fue por miedo – susurró consternada - Tuve miedo por nosotros.
Lautaro reclinó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y suspiró profundamente.
Ella bajó la cabeza en señal de derrota. No podía refutar las acusaciones y sintió como la
oportunidad de arreglar su vida se escurría de los dedos. Él tenía razón en guardarle rencor y,
en retrospectiva, sabía que la única culpable de sus miserias había sido ella misma. Se dirigió
hacia la puerta lentamente. Estaba segura que cualquier cosa que dijera podía ser usada en su
- Me casé con Ramiro por interés. Nunca estuve enamorada y odié cada minuto que estuve
con él. Durante cada noche que pasé en su cama, en cada caricia, en cada beso, cerré los ojos
y fingí que estaba contigo – dijo angustiada -. Seguí junto a él porque era más fácil aceptar sus
Lautaro mantuvo su postura como si no estuviera escuchando su alegato, aún así continuó el
monólogo.
- Te rechacé dos veces y cada una de ellas, una parte de mí murió cuando te fuiste – declaró
mortificada -. No puedo modificar lo que pasó pero quiero que sepas que te amo y que, si
No tuvo coraje para esperar su reacción. Salió del estudio, subió las escaleras deprisa y se
encerró en su dormitorio. Las ansias de gritar y llorar para liberarse de la presión en su pecho
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la llevaron hasta el cuarto de baño. Se quitó la ropa y entró bajo la ducha deseando que el
agua que corría sobre su cuerpo pudiese también lavar su alma. Solo cuando sintió que los
músculos se rendían ante el calor y los sollozos se transformaban en suspiros cerró la llave, se
colocó el camisón, envolvió su cabello en una toalla y volvió al dormitorio para enterrar su
abrir. Sorprendida, retrocedió algunos pasos ante la figura que se alzaba en el vano. Esperó
inquieta que Lautaro le dijera algo, pensando que, tal vez, la había seguido para continuar la
discusión. Sin embargo, la postura tensa, la respiración agitada y la mirada ardiente le dejaron
Presintió que en la batalla entre mantener el rencor por lo sucedido o aprovechar la nueva
oportunidad, cualquier cosa que dijera podría inclinarla balanza para el lado equivocado. Pero
Eva tomó la decisión de dar el primer paso antes de perder el coraje. Sin dejar de mirarlo,
soltó el cinto de la bata y dejó que éste se deslizase silenciosamente hacia el suelo. Lautaro
contuvo la respiración apenas unos segundos pero fueron suficientes para que ella percibiera
que iba por el camino correcto. Lentamente, alzó un brazo y se quitó la toalla que cubría su
cabello. Al tiempo que una cascada de rizos oscuros y perfumados caía irrespetuosamente
sobre su cuerpo, él avanzó dentro del dormitorio y cerró la puerta a sus espaldas.
Como en un duelo mortal largamente esperado, los dos quedaron enfrentados, mirándose,
midiéndose, esperando que el otro comience el movimiento para reaccionar con algo de
ventaja. Eva intuyó que aún no había conseguido quebrar las últimas barreras y se apresuró
para no perder la iniciativa. En un último y desesperado intento hizo correr los breteles del
camisón que flotó suavemente sobre su piel hasta quedar rendido a sus pies. Luego se acercó a
él y le apoyó sus manos sobre el pecho. La primera reacción de Lautaro, fue sujetarla de las
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muñecas, pero luego, en medio de un suspiro de resignación, la soltó y la tomó en sus brazos
Para ella, el gesto de rendición fue la confirmación de que había ganado la batalla
- Te amo – repitió mientras deslizaba las manos hacia sus hombros por debajo de la tela.
Él desistió de luchar contra sus ansias de poseerla y se dejó llevar por el deseo. Mientras su
camisa caía al montón de ropas tiradas en el suelo, rozaba una y otra vez los labios sobre la
boca de Eva sin darse la tregua del beso. Aún tenía algo que decir.
- Te lo prometo.
Él dejó que sus manos se deslizaran por la piel desnuda sin barreras ni oposición. La besó una
y otra vez con el ansia de quien encuentra agua justo antes de morir de sed en el desierto.
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CAPITULO XVIII
La noche acometió lenta e inexorable dejando a su paso silencio y quietud. Solo dos personas
vacías y computadoras apagadas. Lucas, absorto en sus pensamientos, los codos sobre el
escritorio y la cabeza entre las manos, parecía no haberse dado cuenta del transcurso del
tiempo. Lara, agotada de dar vueltas sin sentido dentro de la habitación saturada de aire
- Ya pasaron casi tres semanas, Lucas, y no hemos avanzado en nada – comentó fatigada -.
Lautaro Montiel no parece querer seguir los pasos de su hermano y Miguel Calderón ha
- ¿Por qué no te olvidas de todo por esta noche y salimos a cenar? – invitó persuasiva – Pizza
Lucas sonrió pero sacudió la cabeza, las invitaciones de su colega hacía tiempo que no lo
- ¡Vete, son las diez de la noche! – ordenó cansado - No se que diablos estás haciendo aquí.
Lara se sentó en el borde del escritorio atiborrado de carpetas, envoltorios sucios y manchas
de café, enfrentándolo.
- Exactamente lo mismo que tú, grandísimo idiota – escupió enfadada -. Pierdo mi tiempo.
- Estoy tratando de cerrar este caso de una vez por todas – comentó con aire resignado -. No
Ella empujó el viejo sillón de ruedas con el pie alejándolo del escritorio.
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- Vamos, ya es tarde – reiteró con un guiño cómplice -. Deja los papeles y salgamos de ronda.
Lucas le dio una palmada en el delicado tobillo para quitar su pie del medio.
- Lara, tienes más de veinte tipos embobados que esperan que les des una oportunidad para
hacerte la mujer más feliz de la tierra – masculló fastidiado -. Por que no sales de aquí y
Ella sacudió su cabeza en una negativa rotunda y se desperezó como si fuera un felino a punto
- Tal vez mañana me decida por uno de ellos – dijo estirando los brazos sobre su cabeza - Esta
- ¿Por qué yo? – interrogó exasperado - Soy un viejo malhumorado que no tiene nada que
ofrecerte.
Lara, esbozando una sonrisa mordaz, volvió a empujar el sillón con su pie, alejándolo aún
- Debe ser porque eres el único que no me acosa – comentó con una mueca burlona -. Me
oficial con su gran mano y lo levantó colocándola en una posición precaria mientras la
observaba especulativo.
- ¿Es decir que si empiezo a perseguirte me vas a dejar en paz? – preguntó reflexivo.
Con un movimiento brusco ella consiguió que la soltara, luego subió ambas piernas sobre el
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- ¿No tienes miedo de que te de una paliza? – gruñó tomándole ambas piernas y obligándola a
bajarlas.
El sonido apagado de alguna puerta cerrándose en otro lugar del edificio le recordó que aún
no estaban solos y que pronto vendrían a limpiar la oficina. Lara hizo una mueca de disgusto
y se sentó en el apoya brazos del sillón, colocando la mano sobre el hombro de su jefe.
- Dime la verdad, Lucas – preguntó algo mortificada - ¿No te gusto siquiera un poco?
como una muestra de afecto sin poder evitar una sonrisa condescendiente.
- Mucho, y lo sabes, pero no estoy de humor – explicó con aire cansado -. Quiero terminar de
La sonrisa de Lucas murió repentinamente dando paso a una seriedad sombría. Por un
Lara rechinó los dientes en una clara muestra de su enfado. Se puso de pie bruscamente y lo
- ¿Te acostaste con ella? – más que a interrogación, la frase sonó a censura.
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- No – gruñó molesto.
La oficial relajó un poco su postura agresiva pero aún no parecía demasiado convencida.
- ¿Por qué? – cuestionó indiscreta -. Es evidente que te morías de ganas de hacerlo y no creo
Lucas colocó las manos en su frente y se recostó sobre el respaldo cerrando los ojos.
- Acostarme con ella podía arruinar mi cobertura. Su marido tenía informantes por todos lados
– dijo reflexivo -. No me hubiera perdonado hundir el caso solo porque no aguanté los
Lara dio la vuelta y se colocó detrás del sillón apoyándose en el respaldo y mirando al
- ¿No sabes que es lo que dicen sobre las experiencias? – preguntó con aire burlón-. Las
- Pero soy franca, no finjo ser otra cosa – comentó impasible -. Además soy libre de tener
palabras
- Está bien, no quiero discutir contigo – dijo indulgente -. Sabes que te aprecio y que si fueras
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Lara empujó con fuerza el sillón para descargar su frustración, desestabilizando al ocupante
- No quiero ser tu mejor amigo, quiero acostarme contigo – gruñó ofuscada, luego cambiando
su actitud, giró el sillón rotatorio hasta colocar a su interlocutor frente a ella -. ¿Ya te
- Absolutamente, nunca te había visto así. Tardaste dos días en recuperarte – comentó
Lara se inclinó aún más para poder hablarle al oído rozando suavemente sus cuerpos.
Ella depuso su actitud y se irguió algo decepcionada. Mientras él volvía a acomodar el sillón
desparramando su contenido por el suelo inmundo. Algo más tranquila, se volvió hacia el
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Ella sonrió con aire de suficiencia.
Él entrecerró los ojos y la observó especulativo. Al final decidió someterse a sus caprichos y
asintió.
- ¡De acuerdo! - confirmó resignado -. Cuando terminemos con esto te acompaño a donde
Lara sonrió satisfecha y acercó otra silla para sentarse a su lado. Tomó las carpetas de sobre el
- Dime que es lo que falta – preguntó entusiasmada - ¿Qué es lo que tengo que terminar?
- En realidad no falta ningún papel – explicó con aire preocupado -. El problema es que tengo
un mal presentimiento.
Ella tomó las carpetas y las revisó una por una con el ceño fruncido, luego se volvió hacia el
comisario, cauta.
- ¿Me estás tomando el pelo? – preguntó con aire ofendido - Está todo claro, tu investigación,
las pruebas, lo que sabemos pero no podemos probar. Es solo cuestión de colocarle un moño y
entregarlo a la Jefatura.
- Creo que lo del avión no fue un accidente – explicó circunspecto -. Fue provocado por la
- Si fue un atentado, a nosotros no nos afecta. Sucedió en otra jurisdicción – replicó fastidiada
-. Vamos a casa.
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- Conociendo a Ramiro, me llama mucho la atención que haya sido tan descuidado – comentó
pensativo -. Lo llamé esa mañana y le informé sobre la irrupción en la estancia. Me dijo que
corazonada.
- Lara – murmuró intranquilo -, creo que Ramiro Montiel aún puede estar vivo.
- Todo eso ya lo sé pero aún así creo que puede estar vivo – reconoció impaciente -. Si tan
solo pudiera ver esas cintas, estaría seguro que la persona que subió al avión era, realmente,
Ramiro.
Lara se puso de pie y se quedo pensativa algunos minutos. Las mismas dudas que acosaban a
una idea, se volvió hacia el escritorio y comenzó a ojear una vez más los papeles. Poco
- ¿Si logro que veas esos videos y Montiel sube al avión, vas a dar por terminado el tema? –
preguntó ilusionada.
Él se puso de pie y se acercó intentando ver el papel que ella tenía en la mano. Lara, esquiva,
lo escondió tras su espalda riendo. Algo malhumorado por el juego de su compañera y sin
estar inclinado a creer que tendría la oportunidad de conseguir lo que tanto anhelaba, aceptó
las condiciones.
129
- Si logras eso, te prometo ser tu esclavo por el resto de la noche – retrucó osado.
hojas desparramadas por la incursión de Lara en sus documentos. Había conseguido sacarla
de allí y estaba tentado a cerrar la puerta con llave para evitar que volviese a importunarlo
pero la leve esperanza que ella consiguiera lo que él tanto deseaba lo mantenía parado frente a
su escritorio con en corazón acelerado. La foto se deslizó silenciosa de uno de los folios y
cayó discretamente al suelo pisoteado. Como perdida en sus pensamientos, Eva miraba seria a
- Vamos, cierra todo, en una hora tendré los videos en mi casilla – lo apuró entusiasmada - Es
Ella lanzó una carcajada cristalina y lo tomó del brazo apurándolo a salir.
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CAPITULO XIX
Era lo único que Lucas recordaba de su visita anterior. La sala amplia, con grandes
desembocaba en el dormitorio. Apenas entraron, Lara llevó sus cosas hacia la habitación y
desapareció en el cuarto de baño. Él caminó hacia las ventanas y se quedó mirando las luces y
el devenir de los pocos transeúntes trasnochados que decidían andar a esas horas
deambulando por las calles heladas. La noche había avanzado licenciosa y el tránsito
Un ruido a su espalda hizo que cambiara el foco de atención y usara el vidrio oscuro como
Lucas vaciló algunos minutos y luego la siguió a la cocina. La observó mientras hurgaba en la
heladera y, sin previo aviso, le cerró la puerta con descaro obligándola a saltar hacia atrás.
Ella se volvió a mirarlo con el ceño fruncido y sin saber a que atenerse.
este asunto.
El comisario no pudo dejar de sonreír ante el evidente absurdo. Alzó las manos con las palmas
131
- Lo siento de verdad - insistió arrepentido -. Creo que deberé esmerarme bastante para poder
compensarte.
Animada por el rumbo de la conversación, ella sorteó la distancia que los separaba y lo encaró
seductora.
sentirme acorralado.
- Entonces haz las veces de cazador – propuso sonriente - Te entrego el mando sin
problemas.
Lucas esbozó una mueca de incredulidad e hizo un gesto con su dedo índice indicándole que
Lara rió bajito y se acomodó frotándose contra su cuerpo, luego lo miró con recelo.
estrella.
Él le quitó el broche que sujetaba su rodete informal dejando que la melena rubia cayera como
- Si, no te preocupes – respondió distraído -. No creo que cambie nada algunas horas más.
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Lara sonrió encantada y lo tomó de la mano que aún la sujetaba obligándolo a soltarla.
Él se encogió de hombros y se dejó arrastrar hasta el cuarto. La luz suave y difusa del velador
iluminaba la cama extra grande que parecía ocupar la mayor parte del espacio. Lucas lanzó un
silbido de admiración.
- No recordaba que la cama fuera tan grande – comentó asombrado -. Realmente asusta.
- La compré poco después de nuestra primera noche – se ufanó atrevida -. La anterior quedó
destruida.
Sin soltarlo de la mano y con un movimiento rápido, se sacó los zapatos de tacón y se volvió
- Por lo visto he crecido varios centímetros en los últimos minutos – arriesgó complacido,
luego, colocando su mano sobre la coronilla de Lara agregó burlón -. Pensé que eras más alta.
sobre la cama.
Tomado por sorpresa, Lucas cayó sobre el colchón golpeando su cabeza contra el respaldo al
tiempo que emitía floridas maldiciones. Lara, que lo había acompañado cayendo sobre él, no
- Pues vas a sentir más que eso esta noche – amenazó mientras se frotaba la nuca con la mano.
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Lucas contuvo brevemente la respiración y luego se estiró para apagar el velador. Ella lo
Él la miró intrigado pero obedeció el pedido. Lara volvió a abrazarlo y hundió las finas manos
en su cabello castaño.
- Quiero estar segura que sabes que soy yo todo el tiempo – confesó inquieta.
La certeza de los motivos dibujó una sombra lúgubre en la claridad de los ojos del policía.
Apretó los dientes y maldijo en voz baja mientras buscaba una excusa plausible.
Lucas asintió obediente y acarició con sus dedos el rostro de la mujer que lo miraba
expectante. Luego, con suavidad, los labios continuaron con la faena. Los primeros besos
fueron ligeros y delicados, como si experimentaran con cuidado un sabor nuevo y exótico.
Las caricias, sutiles avances de reconocimiento sobre un territorio que se pretende conquistar,
dieron paso a oleadas de una pasión cada vez más embriagadora. Poco a poco, los recelos y
las dudas fueron quedando descartados junto con las prendas que solo servían para entorpecer
la travesía de las manos. Una por una, las inciertas barreras fueron desapareciendo hasta la
comunión total del cuerpo y el alma. Consiente como nunca lo había estado de lo que ella más
Por largo rato, el único sonido en el cuarto fue el de las respiraciones volviendo a la
normalidad. Lucas, extenuado, cerró los ojos dejándose caer lentamente en la inconsciencia
del sueño insondable. Ella, tendida sobre su cuerpo, se estremeció una vez más, perturbada
por la culpa.
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Aún despierto, él la escuchó y se puso tenso pero no se atrevió a preguntarle nada. Bajo sus
manos ella percibió la rigidez del pecho, el aliento contenido y sintió que la angustia la
devastaba.
Lara escuchó como el aire salía con alivio de los pulmones de su acompañante al tiempo que
acariciando la piel bajo su mano -. Cuando lograste reaccionar te fuiste sin despedirte
siquiera.
- Creí que sería mucho más fácil convencerte de tener una segunda vez – confesó avergonzada
Esta vez, el policía no ocultó su hilaridad y se rió sin reparos. Lara se enfurruñó e intentó
- Eres una mujer increíble – declaró besándola suavemente - y hermosa – luego le rozó la
espalda con ternura -. Sin ninguna duda, la mujer más hermosa que he conocido.
Ella pareció apaciguarse con las caricias y los cumplidos aunque sus ojos transparentes no
Lo que tendría que haber sido una pregunta, fue la constatación de un hecho irrefutable.
Lucas la observó serio y no acotó nada, lo que ratificó aún más su hipótesis.
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Él intentó negar la acusación sin demasiada convicción.
apesadumbrada -. Nunca te había sentido tan desesperado y, luego, cuando te llamé para
Perdido en sus pensamientos, Lucas continuó acariciándola callado. Ella lo observó un largo
- ¿Sabes que nunca tendrás una chance con ella? – soltó con brutalidad.
A pesar que apretó la mandíbula varias veces, él no pareció inmutarse por el comentario.
Dejando que las hebras doradas corrieran entre sus dedos, Lucas la miró con melancolía.
Ella se deslizó hacia un lado y le dio la espalda para evita que descubriera el fulgor de las
sedoso cabello.
la cama, desconcertado.
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Dándole la espalda, ella comenzó a abrir y cerrar con fuerza las gavetas de la cómoda.
- El trato era que, esta noche, viéramos juntos el video para que te quedaras tranquilo –
Sin darle tiempo a replicar, vistió una larga camiseta coralina a modo de camisón y, antes de
La sala estaba vacía cuando Lucas se instaló frente a la notebook encendida vestido solo con
sus pantalones. Desde la cocina le llegaba el típico ruido radical de quien descarga su
frustración con los objetos inanimados. Pocos minutos después las imágenes de un video de
seguridad aeroportuaria absorbieron rotundamente su atención. Cuando Lara llegó con varios
bocadillos para compartir y se sentó sobre sus rodillas, él declinó la cena sin dejar de vigilar la
Casi media hora después, en la pantalla, apareció un borroso grupo de personas que se
dirigían al avión. Lucas se inclinó hacia adelante y señaló a uno de los hombres con su dedo.
Los dos observaron atentos como todos los pasajeros, incluido el señalado, subían los
- Listo, ahí va tu Ramiro Montiel directo al infinito y más allá – comentó burlona al tiempo
que se dirigía hacia la cocina llevando los platos vacíos -. Si ya estás convencido de lo que
Lucas no le respondió. Se recostó contra el respaldo de la silla y se frotó la nuca. Sabía que la
evidencia era irrefutable pero aún permanecía con los ojos clavados en la pantalla.
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- ¿Quieres volverlo a ver? – preguntó paciente.
computadora. Exactamente antes de que la flecha del mouse llegase a destino, un destello
desvió su atención. Pocos segundos después la puerta del jet se abrió nuevamente y uno de los
pasajeros descendió apurado. Sin dar crédito a lo que estaban viendo, los dos policías,
observaron como Ramiro se alejaba del aparato y desaparecía de las cámaras. Lara fue la
primera en reaccionar.
- ¡Cristo! ¿Será que nadie miró los videos hasta el final? – gritó exaltada.
- ¡Tenías razón! ¡Está vivo! – exclamó impetuosa -. El maldito hijo de puta no estaba en el
aparato.
Lucas se puso de pie. Parecía confundido, como si no pudiese creer todavía lo que había
descubierto.
- Es pasada la media noche, Lucas – dijo seria – Y ella, seguramente, debe estar en la cama
bien acompañada.
Él asintió varias veces como queriéndose convencer a sí mismo pero luego volvió a mirarla
Lara hizo el ademán de oponerse pero luego lo pensó mejor. Sacudió la cabeza y resopló
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CAPITULO XX
- ¿Hola?
No hubo ninguna respuesta. Con el corazón latiendo desbocado en sus oídos, Eva intentó
- ¡Hola!
La voz que nunca pensó volver a oír resonó del otro lado de la línea.
- ¿Eva..., dormías?
Sin poder contener un chillido, ella arrojó el teléfono al otro lado del cuarto como si así
pudiese destruir la evidencia de que su peor pesadilla se había hecho realidad. Lautaro,
Alterada y confundida, ella solo lograba balbucear algunas incoherencias mientras se debatía
obstinada.
- ¡Eva, tranquilízate! ¿De qué estás hablando? – preguntó preocupado -. ¿Quién volvió?
A fuerza de forcejear, ella logró soltarse y corrió hacia donde estaba su ropa. Lautaro la siguió
intentando, en vano, apaciguarla. Lágrimas de angustia corrían por sus mejillas y las palabras
salían a borbotones.
- Es Ramiro, está vivo, acaba de llamarme – reveló mientras se vestía apresurada - Tengo que
salir de aquí.
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El rostro preocupado de Lautaro se convirtió en una máscara de odio. Desistió de seguirla y se
Eva agitó la cabeza varias veces y corrió hacia el armario en busca de un bolso. Encrespado,
él se colocó los pantalones y fue en busca del celular. El artefacto se había desarmado dañado
por el golpe.
- Tienes que tranquilizarte – ordenó sobriamente mientras recogía las piezas desparramadas
por todo el lugar - Veremos desde donde llamó y luego decidiremos que hacer.
Sin prestarle atención, ella colocó varias prendas dentro de la maleta y se calzó deprisa. En
- Tienes que apurarte, no voy a quedarme aquí esperando que vuelva – replicó ansiosa
Lautaro, pendiente del teléfono, no se percató que ella intentaba marcharse hasta escuchar el
Era demasiado tarde, cuando ella abrió la puerta, chocó de lleno con la figura erguida en el
umbral.
Eva se sintió desfallecer al encontrarse, nuevamente, cara a cara con Ramiro. Retrocedió
apurada trastabillando consigo misma para poner distancia entre ellos. Él avanzó dentro del
- Lautaro, que sorpresa encontrarte aquí – comentó fingiendo asombro -. Me alegra tener
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- ¿A que estás jugando Ramiro? – gruñó hostil -. ¿De que se trata toda esta macabra puesta en
escena?
El recién llegado avanzó dentro del cuarto con soltura. Se acercó a unas butacas y apoyó su
- Vamos, no me digas que no sabes por que estoy aquí – pidió con un dejo de ironía -. Acaso
Eva, que había retrocedido buscando alejarse lo más posible de su marido, gimió al escuchar
- Deseaba conseguir que el traidor de mi hermano se mostrase tal cual es – respondió mordaz,
luego se volvió hacia su esposa –. ¿Querida, aún crees que él es mejor que yo? No sabes con
Ramiro negó con la cabeza y centró su atención en la mujer que observaba aterrada como él
- No, quiero que ella sepa la verdad sobre su Lancelot – explicó en tono burlón -. Después de
todo, solo uno de nosotros saldrá con vida de esta habitación y quiero que las cosas se aclaren
de antemano.
Temblando y sin prestar demasiada atención a la discusión, Eva levantó la vista hacia su
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- ¿Te contó Lautaro que está tan al tanto de los negocios sucios como yo? – la interrogó
interesado - ¿Qué usa sus viajes para realizar entregas especiales a nuestros socios del
exterior?
- ¿Te dijo que fue él quien les entregó la evidencia de mi estafa a los que intentaron
- ¿Vas a negarlo Lautaro? – inquirió sarcástico -. ¿Te atreves a decir que estoy inventando
todo?
La postura tranquila del mayor comenzó a tambalearse frente a la indolencia del menor.
- Sabías que estabas firmando mi sentencia de muerte tanto como si me disparases tú mismo –
declaró ofuscado.
Mientras terminaba de vestirse sin ningún apuro, Lautaro asintió y volvió a encogerse de
hombros.
- Si te hubieras mantenido a una distancia prudente, nunca habríamos tenido que enfrentarnos
– sentenció beligerante.
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- Siempre fue todo como tu querías, siempre te quedaste con lo mejor – gruñó fastidiado -.
La tensión de la discusión había aumentado hasta el punto de ruptura, Ramiro se aprestó para
La risa agria del acusado retumbó dentro de cuarto. Eva sintió que un escalofrío recorría su
- Es lamentable que siempre desearas lo que yo obtenía. Tendrías que haberte conformado con
lo que te tocaba – declaró hastiado -. Este mundo ha quedado demasiado pequeño para que
Lautaro volvió a reír como si la situación no implicara la gravedad que su hermano le estaba
dando.
- ¿Qué piensas hacer? ¿Vas a matarme? – interpeló burlón - ¿Y después como seguirá la
- ¿Qué te parece si dejamos que el azar resuelva el conflicto? – consultó osado -. El vencedor
Sin esperar respuesta, tomó una bala y la introdujo en uno de los orificios del tambor, luego lo
- Un solo proyectil – explicó jactancioso-. ¿Tienes las agallas para probar si lleva tu nombre?
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- ¿Las tienes tu? – replicó incisivo.
Asintiendo presuntuoso, Ramiro se volvió hacia su esposa que los miraba atónita.
Ella sintió que las piernas se le aflojaban y no se atrevió a moverse del lugar.
Esbozando una mueca perversa, su marido hizo girar una vez más el tambor del revolver. El
- Nosotros jugaremos a la Ruleta Rusa – respondió mirando a su hermano con una sonrisa
torcida.
A pesar del miedo, en un arrebato de coraje suicida, Eva avanzó y se enfrentó a su esposo.
Ella se giró angustiada hacia el menor de los hermanos buscando encontrar algún rastro de la
Como hipnotizado, él mantuvo la mirada fija en Ramiro destilando ira en cada respiración.
Tuvo que admitir que no le quedaba otra opción. Enajenados en su odio, por primera vez los
hermanos estaban de acuerdo y en contra suyo. Huyó del cuarto con la cabeza dándole vueltas
y el corazón desbocado. No sabía a donde ir ni a quien recurrir para frenar el siniestro juego
que, seguramente, destruiría sus vidas. Tanteando la pared como ciega recorrió el pasillo y
bajó por las escaleras. La casa estaba oscura y silenciosa igual que un mausoleo. La soledad y
el aislamiento jugaban una vez más en su contra. Acosada por la bruma de la incertidumbre,
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la puerta se le presentó como la única posibilidad de librarse de toda esa demencia. Se dirigió
su entorno procurando algún refugio y se sorprendió al reconocer los faros de un vehículo que
avanzaba hacia el parque. Sin perder un segundo, cruzó corriendo la plazoleta para salirle al
cruce. El conductor clavó los frenos pero no pudo evitar que ella chocase contra el
guardabarros y resbalase hasta el suelo. Inmediatamente, Lucas bajó del auto y estuvo a su
lado ayudándola a levantarse. Eva se arrojó en sus brazos y se aferró a él, extenuada.
- Están locos, los dos se volvieron locos – balbuceó rendida –. Tienen un arma y se van a
matar.
El comisario la levantó con cuidado y la sostuvo entre sus brazos, intentando descifrar las
- Es Ramiro. Ramiro está vivo – explicó entre gemidos -. Volvió y tiene un arma. Se van a
matar.
Lucas miró a su compañera por sobre la cabeza de Eva para constatar que la policía también
El disparo que retumbó en la noche los sorprendió a todos por igual. Inmediatamente, Lucas
empujó a Eva hasta la parte trasera del automóvil y la introdujo con firmeza
-¡Quédese aquí! – ordenó secamente tomando su pistola, luego se volvió hacia Lara -. ¡Te
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Lucas no se paró a discutir. Con la rapidez y la competencia adquiridas durante sus años de
servicio, se deslizó por el parque e ingresó a la mansión mucho antes que Eva pudiese
reaccionar. Los minutos se arrastraron lentamente mientras ella temblaba, llorosa, acurrucada
en el asiento del vehículo. Deseaba fervientemente tener el coraje para tomar alguna actitud
Una eternidad después, la puerta se abrió, y ella tuvo que contenerse para no gritar. El
comisario Santillán se asomó dentro del auto y se agachó hasta quedar a su altura mirándola
con preocupación. Supo que alguien había muerto antes que él le dijese nada y sintió el
Ella sintió que su cabeza giraba en un torbellino de ansiedad, se aferró a su brazo y lo miró
esperando la sentencia final. Lucas le tomó la mano y se la apretó suavemente como para
transmitirle parte de su fuerza, luego resopló, resignándose a darle una vez más la noticia.
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CAPITULO XXI
Suicidio.
El médico forense había sido categórico. Ramiro Montiel se había disparado una bala de
Lucas Santillán cerró la carpeta y la arrojó con fastidio dentro de la caja de archivo. Ya no
había nada más que hacer al respecto y el caso estaba irremediablemente cerrado.
En las oficinas de Investigaciones, las últimas horas del viernes tenían siempre la misma
particularidad. Los golpes de los cajones y las puertas, los llamados a gritos, los teléfonos
sonando sin que nadie los atendiese y el devenir de personas de una oficina a la otra
intentando dejar las cosas más o menos acomodadas hasta el lunes siguiente. Todos estaban
alborotados pensando en los programas del fin de semana y apurados por salir de allí.
Consciente que el mundo continuaba girando a pesar de su mal humor, el comisario había
decidido liberar a su equipo más temprano para poder quedarse a solas con sus amargos
pensamientos. Solo le restaban archivar los documentos elaborados durante los meses
socializar pero el buen censo que aún le restaba le indicó que no podía evadirse totalmente del
- Siento molestarlo, señor – murmuró nervioso -. Estoy buscando a la Oficial Inspector Lara
Braun.
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- Ya se retiró – informó secamente.
Vacilante y cauteloso, el policía se adentró en el cubil agitando un sobre con papeles como si
- Tengo estos documentos para entregarle – explicó cada vez más inquieto por la evidente
Lucas levantó la vista y lo observó por algunos segundos. El muchacho era un novato y
parecía atemorizado por su descortés actitud. Apenas arrepentido, esbozó una sonrisa
Considerando cumplida su cuota de buenos modales, Santillán dejó los papeles sobre el
escritorio y se abocó una vez más a su tarea. Algunos minutos después, un tímido carraspeo le
hizo erguir nuevamente la cabeza y vio que el joven continuaba parado en el mismo lugar. El
- Quería decirle que me alegro que haya vuelto a la Fuerza – manifestó cohibido -. Yo estaba
A pesar de su mal humor, Lucas no pudo evitar hallar gracia en las declaraciones del pobre
- Bueno, eso me genera una gran tranquilidad – comentó burlón -. ¿Y exactamente en que
estamos de acuerdo?
El joven policía pareció animarse ante la atención que el veterano le estaba prestando.
- Pues en el asunto del homicida, señor – explicó alentado -. Coincido con usted que estamos
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A esa altura de la conversación, no valía la pena explicarle que la gran discusión en la oficina
del jefe no había sido nada más que una puesta en escena y que él, no solo no había dejado la
Departamental, sino que nunca había creído realmente en lo del degollador psicópata. El
un tonto frente a algún superior, solo por querer apoyarlo moralmente. Decidido a cortar por
- Hasta donde yo estoy sabiendo, no hay pruebas de eso – replicó mordaz -. Dos casos
similares no son suficientes para estar seguro que es la misma persona, pueden ser simple
coincidencia.
Olvidando su timidez inicial, el oficial se acercó y se sentó en una de las sillas próximas al
escritorio ocupado por su interlocutor. Con el rostro iluminado por la anticipación se apresuró
- No son dos casos, señor, son cuatro – murmuró entusiasmado -. Los otros fueron en otra
Lo que había comenzado como una conversación irrelevante, de pronto, se transformó en una
Algo intimidado por el brusco cambio de actitud, el joven volvió a trabarse. Necesitó varios
minutos para colocar sus ideas en orden y responder la pregunta con coherencia.
- Durante el tiempo que usted estuvo ausente, hubo dos asesinatos con las mismas
características pero en otras jurisdicciones – explicó lentamente -. Dos mujeres de buen nivel
socio económico degolladas, sin rastros ni testigos. No hubo robo ni violación y, por algún
Si de algo estaba seguro el comisario Santillán era que no había mejor remedio para sus males
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mente. Su instinto predatorio se puso en funcionamiento avasallando el descontento y dándole
- Dígame......
La prontitud y el entusiasmo del novato lograron arrancar una sonrisa al adusto superior.
- Dígame, Agüero ¿Cómo es que usted tiene acceso a esa información? – interrogó sensato.
- Si uno sabe como utilizarlas y consigue los contactos adecuados, las computadoras son
herramientas maravillosas – explicó con timidez -. Quería obtener material para reivindicarlo
Lucas no supo si sentirse halagado o fastidiado por la devoción que el subalterno manifestaba
- ¿Recuerda las fechas y los lugares donde ocurrieron los asesinatos? – interrogó concienzudo.
- No exactamente, pero el último caso fue la noche anterior a que usted regresara – comentó
Departamental que hizo el seguimiento del accidente aéreo en el que no murió Ramiro
Montiel.
- Montiel siempre parecía estar cerca del centro de la tormenta –afirmó resentido -. No me
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- No sé si realmente la conocía pero con seguridad se encontraban en los mismos lugares –
observó perspicaz -. Tanto las cuatro mujeres como el señor Montiel frecuentaban los círculos
de la alta sociedad.
Lucas se quedó pensativo por algunos minutos intentando asimilar las acotaciones del joven
oficial.
- Es un hecho que Ramiro coincidió en lugar y fecha con la última víctima – expuso como
pensando en voz alta -. Me gustaría saber donde estaba cuando ocurrieron los otros tres
asesinatos.
Era una excelente pregunta. El comisario se concentró en buscar una respuesta que estuviera
al mismo nivel.
- Si descubrimos que Montiel tuvo algo que ver con los asesinatos, podremos quedarnos
- Como a él no se lo puede interrogar, debería buscar a alguien de su círculo íntimo para que
No tenía ninguna duda sobre eso pero, el círculo íntimo, se resumía en apenas dos personas.
Lautaro Montiel, el hermano enemigo no podía considerarse una fuente confiable, además,
tenía entendido que estaría de viaje en esos días. La otra persona resumía, en un solo nombre,
todos los conflictos y las dudas que estaban desestabilizando su vida. Eva.
El comisario miró el reloj colgado de la pared y se dio cuenta que aún no era tan tarde, luego
- La única persona que puede informarme sobre eso es la viuda – argumentó convencido -.
Usted disfrute del fin de semana y el lunes traiga toda la información que haya conseguido.
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Claramente complacido por la misión, el oficial Agüero se dirigió hacia la puerta y salió de la
Lucas, cansado, apoyó los codos sobre el escritorio, tomó su celular y buscó el número con el
- ¿Lucas?
Sabiendo que estaba encendiendo un fuego que no podría controlar, él suspiró resignado.
Como si intuyera las retorcidas intenciones de su colega, en tan solo un intercambio de frases,
- Llegando al aeropuerto, a una hora de tomar mí vuelo – respondió molesta -. ¿Qué está
sucediendo?
- Necesito que averigües si Lautaro Montiel viajó y cuando piensa regresar – explicó
rápidamente.
- No estoy jugando, oficial Braun – replicó en tono enérgico -. Necesito esa información para
- ¿Entonces vas a usar el rango conmigo? ¡Maldito cretino! – siseó colérica -. Como quieras
Comisario, señor, pero a mi no me engañas. Solo estás buscando una puñetera excusa para ir
a verla.
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Ambos sabían que era verdad pero, aún asumiendo que estaba jugando sucio, él no se retractó
- Necesito cierta información que solo la señora Montiel me puede dar – replicó no dándole
importancia a los agravios -. Pero no quiero que haya testigos durante la conversación.
Lara, mascullando insultos poco femeninos, cortó la comunicación. Quince minutos después,
- ¡Dime!
A pesar de la tensión, el resoplido de fastidio que llegó desde el otro lado de la línea y el tono
- Salió en un vuelo durante la madrugada y no regresará hasta dentro de unos días, señor –
gruñó irritada.
- Gracias, Lara.
El comisario sonrió ante la verborrea desatinada. Podía imaginar fácilmente lo dolida debía
- ¡Muérete!
oficinas se habían ido vaciando poco a poco durante las últimas horas y él volvía a estar solo
en el gran edificio. Era el momento que siempre esperaba para poder analizar, evaluar y
tomar decisiones.
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Rebuscó en los cajones hasta encontrar la foto que había ocultado días atrás. La mujer
conciencia que las emociones estaban entorpeciendo su buen criterio profesional, aún así,
acomodó el escritorio y se puso de pie. La figura que lo había obsesionado día y noche
durante los últimos meses desapareció nuevamente dentro de la gaveta. Se colocó el blazer
- No tengo otra alternativa, Eva – murmuró resignado -. Esta noche, tú y yo, tendremos que
La decisión ya estaba tomada y no iba a volverse atrás. Apagó la luz de la oficina y cerró con
cuidado la puerta.
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CAPITULO XXII
Lo había intentado, había hecho un gran esfuerzo, pero ya no soportaba más permanecer entre
las paredes que le traían tan horribles recuerdos. Creyó poder esperar hasta instalarse en la
nueva casa y comenzar a trabajar pero el ambiente frío y lóbrego del caserón se estaba
cobrando su cordura. Ese atardecer, mientras las sombras iban cubriendo lentamente su alma,
había resuelto hospedarse en un hotel y tomarse un tiempo para decidir que haría con su vida.
Revisó sus pertenencias una vez más asegurándose que de no olvidar nada importante para
esta primera etapa y cerró con cuidado la valija. El resto de sus cosas quedarían allí hasta que
Cargó los bultos y se dirigió hacia las escaleras. La oscuridad de la planta baja llamó su
atención. Creía haber dejado las luces del hall encendidas antes de subir para armar su
equipaje pero, últimamente, no estaba segura de nada. Descendió los escalones con cuidado,
La luz brillante la encandiló por un momento e iluminó la figura oscura e inmóvil que se
encontraba a pocos metros de distancia. Su corazón dio un vuelto y estuvo a punto de gritar
- ¿Huyes, Eva?
El innegable reproche en su tono logró hacerla sentir culpable. Era evidente que estaba
aprovechando su ausencia para marcharse y, así, evitar la discusión a la ahora tendría que
afrontar.
- No puedo quedarme ni un minuto más aquí – explicó afligida -. Esta casa me aterra.
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Lautaro la miró ceñudo, moviendo la cabeza en un seco gesto de negación.
Ella sintió el resabio de la decepción en sus palabras pero no pudo hacerse cargo de todo el
peso que acarreaba su fracaso. Más que nadie, había esperado con ansias que la historia
Sin querer profundizar en los motivos de su deserción, aprovechó el silencio que siguió a su
- ¿Qué haces aquí? – indagó curiosa -. Dijiste que no volverías por un par de días.
- Tienes razón, pero cambié de idea – presumió irritado -. Es una de las libertades que te
brinda mi profesión.
- No te entiendo.
Él mudó, súbitamente, de actitud. El enojo pareció desaparecer bajo una dura capa de frialdad.
- Digamos que ser piloto privado, tener dinero y buenos contactos me permite ir y venir a mi
antojo con mucha celeridad – se ufanó cáustico -. Ahora aquí, conversando contigo, en un par
- No sabes cuanto tiempo y discreción pueden comprar el dinero – se jactó vanidoso – Mucho
Algo en su inesperada conducta la puso en alerta. Los gestos, la voz, incluso su mirada no
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Continuando con sus caricias, él la tomó por la nuca y se acercó para besarla. Sin poder
- ¿Lo ves? – murmuró decepcionado -. Has estado fría y distante este último tiempo.
No se atrevía a negar lo que era irrefutable. Algo se había roto entre ellos y por más excusas
- Necesito un tiempo, Lautaro - reconoció con melancolía -. Han sucedido demasiadas cosas
y estoy confundida.
Él la abrazó en un desesperado intento por avivar una vez más el deseo que los había reunido.
- No, no mentía – declaró agitada -. Pero tenía una imagen tan diferente de ti que ahora me
terminar de soltarla.
- Aún muerto, mi hermano se las ingenia para quitarme lo que me pertenece – resopló con
Intentando juntar el valor para dar el paso definitivo ella lo miró directamente a los ojos.
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El dolor y la desilusión cubrieron el rostro de Lautaro como una máscara mortuoria.
Ya no era un ruego, era una orden y no estaba dispuesta a volver a aceptar órdenes de ningún
hombre.
Eva le dio la espalda y caminó hacia donde había dejado el equipaje. Él la siguió sin hacer
El tono de las palabras hizo que un escalofrío recorriera su columna. Giró la cabeza y lo
observó confundida.
- No puedo dejar que me traiciones – explicó hosco -. Qué corras a la policía a contarle lo que
Ella lo observó callada intentando encontrar en ese hombre extraño, rastros del Lautaro del
que había estado enamorada. En ese momento, más que nunca, tuvo la sensación que su
- Puedes estar tranquilo que no voy a hacerlo – replicó decepcionada -. A pesar de tus
No había nada más que decir. Agotada por la tensión, le dio la espalda nuevamente para
recoger su bolso de viaje. El sonido de las pisadas decididas que se acercaban rápidamente la
puso sobre aviso. Una cierta premonición le advirtió que Lautaro había perdido el control.
Ella se volvió repentinamente para enfrentarlo y alcanzó a distinguir el brillo del cuchillo
surcando el aire. Sin pensarlo siquiera, se lanzó contra su atacante logrando desestabilizarlo y
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derribarlo con el peso de su cuerpo. La hoja erró el blanco previsto pero se clavó encima del
hombro, provocando un profundo corte en el brazo mientras se deslizaba hacia abajo junto
con su manipulador. Eva no pudo evitar el grito de dolor mientras retrocedía, tambaleándose e
- Me mentiste, Eva – murmuró con odio mientras tanteaba el piso buscando su cuchillo.
Ella supo que no tenía sentido intentar razonar y que estaba en peligro. Miro con ansias hacia
la puerta de salida. Si corría hacia afuera, la alcanzaría antes de llegar a las cocheras. Él había
No podía perder más tiempo. Corrió hacia el estudio rogando encontrar la pistola de Ramiro
en el cajón del escritorio pero no tuvo suerte. La gaveta estaba vacía y el tiempo se le
terminaba
había contemplado la posibilidad de ganar tiempo cerrando la puerta con llave y ahora era
demasiado tarde. Miró esperanzada a su alrededor buscando otra salida y la vio colgada sobre
la chimenea. La vieja escopeta de dos caños era la única posibilidad que tenía para salir de
allí. Agradeciendo las molestas lecciones que su marido le había obligado a aceptar mientras
cazaba, tomó el arma y le colocó los dos cartuchos que descansaban en la repisa. Cuando se
Él arrojó el cuchillo sobre uno de los sillones y alzó las manos mientras avanzaba
cautelosamente.
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- ¿Serías capaz de dispararme? - inquirió burlón -. No creo que tengas el valor necesario.
El dolor lacerante del brazo le arrancó un gemido cuando lo levantó para apuntar. La sangre
que empapaba su ropa comenzó a gotear sobre el suelo. A pesar de eso, Eva parecía decidida
a todo.
Sin detener su avance ni bajar las manos, él la enfrentó con aire ultrajado.
- ¡Ya me lastimaste, Eva! – declaró ofendido -. Me heriste profundamente. Creí que realmente
eras diferente y que podía confiar en ti. Eres igual a las otras.
Ella comenzó a sentir los mareos propios del dolor y de la pérdida de sangre pero no podía
darse por vencida. En un acuciante intento por salvar su vida, optó por negociar.
- Deja que me vaya y desapareceré de tu vida – propuso ansiosa -. No quiero nada, solo que
Lautaro se detuvo a pocos pasos y bajó los brazos lentamente sin dejar de mirarla a los ojos.
El movimiento fue demasiado rápido e inesperado. Cuando al fin tuvo el coraje de apretar el
gatillo, él ya había conseguido arrebatarle el arma de las manos. El retumbar del disparo y el
tirón lograron confundirla. El fuerte golpe de un puño en pleno rostro la derribó por completo.
Caída en al suelo, oscilando al borde de la inconsciencia, ella apenas percibió cuando Lautaro
- Es una pena que terminemos así – murmuró acariciando suavemente la piel que comenzaba
Eva gimió de dolor y cruzó los brazos sobre el vientre ansiando proteger de alguna manera a
- En pocos segundos todo habría acabado, sin sufrimiento - explicó solícito -. ¿Por qué tenías
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Se puso de pie lentamente y tomó el arma que había dejado apoyada contra la pared.
Luchando contra el terror que pretendía paralizarla, ella intentó incorporarse con gran
dificultad.
- Lautaro, por favor, no lo hagas – sollozó suplicante -. Si no es por mí, que sea por el bebé.
pecados, tus faltas y tus errores los que me llevan a esto. Es tu culpa.
Horrorizada, vio como levantaba el arma y apuntaba hacia ella. El oscuro orificio del cañón
quedó a pocos centímetros de su cabeza. Sin poder enfrentar el pánico y dándose por vencida,
- Adiós, Eva – la fría despedida pareció llegar desde otra dimensión -. Nos veremos en el
infierno.
Esperó la detonación entre sollozos y oraciones, solo después de eternos segundos advirtió
que algo había cambiado. Lautaro, bajando el arma, se había acercado a la ventana y
- Maldición.
El gruñido de fastidio la sobresaltó tanto como lo habría hecho un disparo. Ensordecida por el
- Bueno, por lo visto tendremos compañía – comentó resignado -. Que pena, querida, esta
Sin llegar a comprender la gravedad del enunciado, Eva se vio arrastrada hacia el corredor.
Lautaro tironeó de ella hasta llegar al hall y luego la empujó contra la pared.
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Escuchó los pasos acercarse y el golpe en la puerta que anunciaba la llegada de un visitante
inoportuno. Con una sonrisa venenosa en el rostro, Lautaro se apostó con firmeza y apuntó
hacia la entrada.
- ¡Pase!
Supo, sin ninguna duda, que si no hacía algo en ese momento no tendría ninguna oportunidad
de sobrevivir. Inspiró profundamente y gritó con todas las fuerzas que le restaban
- ¡No!
el aire apenas la puerta se entreabrió. Aún antes que el humo de la descarga se disipase,
Lautaro se volvió totalmente enloquecido y levantó la escopeta para descargar un golpe letal.
Sin fuerzas para huir, Eva se cubrió la cabeza con ambos brazos y se giró hacia la pared.
El segundo disparo llegó sin previo aviso cubriéndola de gotas calientes y pegajosas. Sintió el
sonido del metal rebotando sobre el embaldosado y el golpe seco de un cuerpo que le hacía
compañía. No se atrevió a mirar hacia atrás y, con los oídos palpitando aún por las
explosiones dio apenas dos pasos antes de perder totalmente la capacidad de caminar. El olor
a sangre y a pólvora le provocaron nauseas. Los mareos llegaron poco después y la obligaron
El sonido de los pasos apurados que se acercaban la puso en alerta. Lucas Santillán se
Reconoció la voz grave del comisario y se sintió aliviada. No sabía que había sucedido
exactamente pero, ahora que él estaba allí, ya no tenía nada que temer. No necesitaba seguir
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Quiso responder, decirle que lo entendía pero ya no recordaba como hablar. El cansancio y el
Intentó levantar su mano para demostrarle que lo entendía pero ya no tenía más fuerzas. Solo
El dolor la oprimía y el aire parecía no llegar a sus pulmones. Poco a poco dejó de distinguir
las formas que la rodeaban y todo se volvió borroso. La voz se fue alejando lentamente como
Las luces se fueron apagando lentamente y el dolor cedió. En algún recóndito lugar fuera de
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CAPITULO XXIII
Como una titánica estatua incrustada en la vereda encharcada, Lucas Santillán esperaba
pacientemente, sin inmutarse por las inclemencias del tiempo. Las piernas levemente
separadas, el torso erguido, las manos en los bolsillos y la mirada alerta que no despegaba de
La noche había avanzado agazapada detrás del cielo cubierto de nubes oscuras. Poco después
del inadvertido atardecer, el movimiento comenzó a declinar. Los esporádicos transeúntes que
aún deambulaban por la calle evitaban toparse con él, dando un gran rodeo o cruzando a la
vereda de enfrente.
A un par de horas de iniciada su atenta vigilancia, la figura que aguardaba cruzó las puertas de
vidrio y se dirigió decidida hacia la calle. Con pasos rápidos y enérgicos, él alcanzó a
- Buenas noches.
La mujer de ojos café, rizos caoba y un vientre abultado, no pareció sobresaltarse al descubrir
- ¡Comisario Santillán, que sorpresa! – saludó impasible -. Creí que ya habíamos terminado
Él la observó detenidamente, intentando descubrir que era lo que la hacía tan diferente a la
- En realidad tiene razón, los casos ya están cerrados – explicó comedido -. Esta no es una
visita oficial.
Con un gesto inconscientemente refinado, ella sacudió la cabeza para quitarse el cabello del
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- ¿Es decir que no tengo obligación de hablar con usted si no lo deseo? – preguntó
impertinente.
Era una de las posibilidades para las que se había preparado. Sin embargo no pudo ocultar
Ella no tuvo ninguna de las reacciones que él esperaba. Permaneció quieta y observándolo
como queriendo leer en sus ojos los profundos secretos de su mente. Lentamente, una suave
devolver la sonrisa.
- Quería saber como se encuentra – explicó amable mirando el brazo que había sido herido.
- Ya casi no me duele pero aún no me dejan manejar – comentó indiferente –. Por otro lado,
me estoy empapando.
La sutil observación lo hizo volver a la realidad. Desconcertado, Lucas advirtió que la leve
Ella asintió y ambos se dirigieron rápidamente hacia Chevrolet azul. El comisario abrió la
puerta del acompañante para dejarla subir y luego rodeó el vehículo mientras se quitaba el
- ¿Quiere que la alcance hasta algún lugar? – preguntó solícito dando arranque al vehículo.
Algo distraída, mientras observaba como el auto ingresaba en el tránsito nocturno, Eva tardó
en responder.
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- A mi casa – dijo abstraída -, si no le molesta.
Ninguno habló por largo rato. Lucas, concentrado en manejar, parecía haberse olvidado de su
inquietudes.
- Aún no he tenido la oportunidad de agradecerle todo lo que hizo por mí – soltó impulsiva.
La súbita declaración lo tomó por sorpresa. El policía se sintió algo azorado por las palabras
Por largo rato, solo se escuchó el sonido del limpiaparabrisas que parecía marcar el ritmo de
los latidos de su corazón. Conmovida, Eva colocó las manos sobre su vientre como intentando
proteger el ser que crecía en su interior. A pesar de su esfuerzo, los ojos se le nublaron
- Nosotros no estaríamos aquí si no fuera por usted – susurró con la voz cargada de emoción.
Lucas se aferró al volante con las manos crispadas y apretó fuerte los dientes. No quería
pensar, no quería recordar, no quería volver a ver, como en sus peores pesadillas, la imagen
del cuerpo laxo y ensangrentado que había sostenido entre sus brazos. Cómo si ella hubiera
adivinado sus pensamientos se estiró hacia él. La delicada mano pareció flotar en el aire como
- Nunca le pregunté por que fue a la estancia esa noche – comentó abstraída.
Había explicado la historia del nuevo caso tantas veces que hasta él mismo llegó a creerla.
Una coartada perfecta que ahora ya no tenía ninguna validez. Si se había atrevido a llegar
- Regresé porque conseguí un pretexto para poder hablar con usted – confesó serenamente.
La mano se deslizó suavemente sobre la manga del saco y se apoyó con delicadeza en el
hombro.
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- ¿Y cual era la excusa?
- Realmente, no viene al caso – se apresuró a responder -. No era más que una justificación.
Eva asintió levemente como dándose por satisfecha con la repuesta, sin embargo, aún le
Esa era la oportunidad que había estado buscando y no podía darse el lujo de echarse atrás.
- Mientras estuve en la estancia, ocurrieron algunas cosas entre nosotros que no debían haber
Más que las palabras, el tono consiguió despertar recuerdos inquietantes. Eva volvió a sentirse
débil y vulnerable ante el abrupto y exigente beso que habían compartido en la cocina. Evocó
el sabor de sus labios, el aroma de su cuerpo, el calor de su respiración. Revivió las ásperas
caricias y el recorrido de sus manos que dejaron estelas de fuego sobre su piel. Un perceptible
temblor estremeció su cuerpo y sus ojos se velaron por un latente deseo. Él interpretó,
- Fui rudo con usted y no me lo perdono – se excusó -. Nunca quise hacerle daño.
Ella no supo como interpretar las disculpas. Lo observó detenidamente intentando discernir en
Lucas apretó los músculos de la mandíbula varias veces, única señal visible de su tensión. La
mirada fija en el tránsito se desvió apenas por un segundo para analizar el rostro de su
acompañante.
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La conversación se había salido de su cauce normal y Eva no conseguía encontrarle sentido.
Aún palpitante por las alusiones a la intimidad compartida se sentía bastante contrariada por
La pregunta había logrado desconcentrarlo. Nada más lejano de la mente de Lucas que
lamentarse de eso. Tal vez ella quisiera una disculpa por su falta de respeto pero sería
- Jamás me arrepentiría de haberla besado – declaró terminante -. Pero desde aquella noche en
Turbada, ella sintió como el rubor cubría su rostro. Revivió en su memoria la erótica escena
de aquella helada madrugada. Su osadía, las caricias incitativas, el cosquilleo del cabello entre
sus dedos y el roce sensual de los labios sobre la piel. Sintiendo que el aire le faltaba, inspiró
profundamente y lo miró expectante. El fuego que descubrió en sus ojos hizo que se le erizara
la piel. Lucas volvió a su atención nuevamente hacia el tránsito más afectado de lo que quería
demostrar. Después de haber dejado clara su postura y no estando seguro de como continuar
urbano.
- Lo siento, es tarde, estoy cansada y quisiera llegar a casa – respondió concisa -. Tal vez
Él no pareció afectado por la negativa pero una sombra de desilusión empañó sus ojos claros.
- Sin embargo es una hora más que prudente para cenar – comentó sugerente -. ¿Puedo
invitarlo a mi casa?
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Lucas sintió como el calor subía desde su vientre y capturaba todo su ser. Su corazón se
Ella sonrió y deslizó con suavidad su dedo por la línea del cuello del policía hasta llegar a la
nuca. Esperó hasta sentir el temblor involuntario de los músculos y volvió a colocar la mano
en su regazo.
La tormenta se había desatado en toda su magnitud. La lluvia golpeaba los vidrios con
ferocidad mientras el viento parecía querer arrancar los árboles de cuajo. Los relámpagos
Nada de eso era importante, Eva se recostó en la butaca y cerró los ojos mientras un suspiro
de alivio escapaba de sus labios. Sin preocuparse por las consecuencias, se atrevió a
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