La trampa
AMNISTÍA Baltasar Garzón
17 de septiembre de 2023 19:05h
Actualizado el 18/09/2023 06:00h
@fibgar_
A quienes siguen mis escritos, debo confesarles que he estado dando muchas vueltas en si
debía tratar el tema sobre el que versa este artículo, ante la polarización máxima que se está
generando en la sociedad española. Sucede que cada uno de nosotros está tomando posición
a favor o en contra, y, como casi siempre, lo hacemos por lo que nos cuentan o por lo que
oímos, sin profundizar mínimamente en lo que subyace ni en los intereses en juego. Me refiero,
obviamente, a intereses políticos y de ostentación del poder de esa naturaleza y, en concreto, a
las trampas que oculta el sobrevenido debate acerca de la amnistía.
Los fantasmas del pasado retornan al presente político sobre la base de una hipotética
amnistía a los condenados del procés y a favor de quienes estén afectados por aquella
investigación u otras que surgieron como las setas y todavía siguen tramitándose. Un posible
perdón del que, en realidad, en este momento, nadie sabe nada.
Es decir, debemos ser cautos en las valoraciones y en los juicios. Por eso, para hablar con
propiedad, lo primero que no debe hacerse es descalificar y anatemizar al contrario por la
frustración propia de quien ve que se le aleja la posibilidad de gobernar. En segundo término,
recordar que ya no existe el delito de sedición, ni en la sentencia se tomó en cuenta el delito de
rebelión, mal que les pese al grupo de fiscales fundamentalistas que aún lo proclaman. Hay
que añadir que solo ha quedado un residuo político muy importante, a los efectos de la postura
que mantengo aquí, en la base de aquellas conductas y en las de desobediencia, prevaricación
o malversación restantes, de los demás presuntos responsables.
En tercer lugar, es preciso resaltar que la amnistía y su otorgamiento no están prohibidas en la
Constitución Española, que sí lo hace con los indultos generales art [62 i) CE] aunque
lógicamente debe existir una causa fundada que la motive, que implique acabar con un
obstáculo que pone en peligro la convivencia de forma constatable en nuestro país, y que
deberá ser bien explicada en su preámbulo. Lo que sí está vedado por derivación, además de
la arbitrariedad en su aprobación, es la impunidad de las acciones típicas penales que puedan
cometerse posteriormente.
¿Patente de corso? ¡No!
La amnistía comporta necesariamente la preexistencia de un delito; su otorgamiento implica la
extinción de responsabilidad criminal por el hecho cometido, pero no supone la despenalización
de una conducta si se vuelve a cometer un delito posterior de naturaleza similar; es decir, no es
una patente de corso, como parece sugerirse, apenas veladamente, por quienes son contrarios
a esta medida.
Las lecciones de moralidad deben darse desde el ejemplo y no desde la arenga, sobre todo si
con ello se interfiere un desarrollo democrático nada fácil como en el que nos hallamos
Por lo demás, las diferencias entre indulto y amnistía son múltiples y palpables. Como botón de
muestra, el indulto es decisión del Poder Ejecutivo mientras que la amnistía debe ser definida
por una ley y, por ello, es competencia exclusiva y excluyente del Poder Legislativo (Las
Cortes) y después, en su caso, controlada por el Tribunal Constitucional.
Es de obligado cumplimiento por el Poder Judicial, aplicada a través de jueces independientes,
con los límites y requisitos que en esa norma se impongan y los que marca el Derecho
Internacional de los Derechos Humanos plasmado en los Tratados y Convenciones ratificados
por España. Por cierto, en ellos (véase las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus protocolos)
solo se establece un límite excluyente: los delitos de genocidio, lesa humanidad y de guerra,
que no tuvo en cuenta el legislador al aprobar la ley de Amnistía española de 1977 ni sus
intérpretes judiciales, en detrimento de las víctimas de los crímenes franquistas, pero que ahora
se deberán tener muy presentes en la aplicación y desarrollo de la ley de Memoria Democrática
de octubre de 2022.
Y una última consideración preliminar: en España, después de 1996 han tenido lugar hasta
cuatro amnistías patrocinadas por los diferentes gobiernos del PP, eso sí, en materia fiscal, que
afectaron a quienes más eludieron sus obligaciones con nuestro país y sus recursos y, por
ende, perjudicaron a los españoles, de manera general. Quizás, se debería reflexionar mucho
más sobre este particular, antes de seguir impartiendo “doctrina”.
Circo mediático-político
En el circo mediático-político donde nos están obligando a movernos, antiguas glorias
socialistas como Felipe González o Alfonso Guerra han salido a la palestra a desautorizar a su
propio partido. No parece sensato que quienes fueron partícipes en la elaboración de aquella
normativa y que ostentaron posteriormente las más altas responsabilidades en un tiempo en el
que algunos hechos fueron muy cuestionables, en vez de sumar y explicar la situación y
contribuir a la pacificación del ambiente político, lo agiten en contra de una opción democrática
legítima. Una opción como es la de un posible gobierno de coalición, apoyado por otros grupos
que, de acuerdo con el sistema proporcional electoral español, están tan habilitados como
cualquier otro para apoyar o no esa posibilidad.
Quizás debería dejarse de lado el tono peyorativo e incendiario que se utiliza contra quienes
eligen un posicionamiento político independentista en favor de quienes se suman a la opción
nacionalista española que, al parecer, es la única opción viable para aquellos que se apropian
del concepto patria con carácter exclusivo y excluyente. España, piensan, una vez más, es solo
suya.
En el caso del PP, en vez de estar centrado su líder en la investidura y en buscar los apoyos
necesarios, como corresponde a quien pretende ser nombrado presidente del gobierno –si es
que va en serio–, deja el testigo y el tambor a quien lo suele tocar de forma estridente: José
María Aznar, aquel presidente que, junto con George W. Bush, mintió sobre la existencia de
armas de destrucción masiva en Irak con el propósito de que España entrara en conflicto bélico
de la mano de Estados Unidos en una guerra ilegal. El mismo que aseguró que los atentados
yihadistas del 11M en Madrid eran obra de ETA, tergiversando los datos, o aquel en cuyo
gobierno y subsiguientes germinó la corrupción que puso a España en el disparadero. Las
lecciones de moralidad deben darse desde el ejemplo y no desde la arenga, sobre todo si con
ello se interfiere un desarrollo democrático nada fácil como en el que nos hallamos.
Pero si bien el PSOE ha soslayado las palabras de sus antiguos líderes, en el caso de los
populares la situación es más compleja y va a más: Aznar ha reclamado de forma contundente
una movilización contra la amnistía que se ha cruzado con las intenciones que pudiera tener
Génova y ha resultado en un galimatías de quién dijo antes qué, con frágiles aclaraciones por
parte de la actual dirección del partido. Sobre todo, pone de manifiesto que el antiguo
presidente sigue con el bastón de mando vigente en la formación y evidencia la debilidad del
candidato a la presidencia, Alberto Núñez Feijóo. Mientras, la lideresa madrileña, Isabel Díaz
Ayuso, se relame ante la situación apoyando con toda entrega la postura de Aznar.
Ciertamente lo mejor que les puede suceder es que ese día llueva torrencialmente en Madrid y
se vean obligados a refugiarse en algun bareto de la zona que finalmente elijan.
Que no nos engañen
El asunto de la amnistía dará mucho que hablar, y habrá que estar muy pendientes de su
contenido, límites, desarrollo y ámbito de aplicación, pero nada impide su presentación y
aprobación si se dan las mayorías parlamentarias suficientes. De momento, y a pesar de no
estar cerrado, ha servido para alimentar la argucia que el PP inició cuando anunció la
investidura difícilmente posible de su candidato, que ha dedicado todo este tiempo a
defenestrar al presidente del gobierno en funciones y que va arreciando en sus críticas
conforme se acorta el tiempo para el desastre anunciado y no menor ridículo nacional. En ese
contexto la algarada, se llame como se llame, del acto del PP impulsado por el señor Aznar
que, al parecer, ha olvidado sus conversaciones con ETA y sus decisiones al respecto para
apoyar aquel intento de negociación, no deja de contribuir al esperpento que nos están
obligando a padecer hasta que llegue el acto de votación de la persona de Núñez Feijóo en el
Congreso.
El PP lleva en esta tesitura desde que la moción de censura les descabalgó de la Moncloa,
efecto de su mala praxis en materia de corrupción, no lo olvidemos. Fueron precisamente estos
hábitos perversos los que precipitaron la caída sin alas del paraíso y el posterior batacazo de
Mariano Rajoy. A ello hay que añadir que cuando se hunde un presidente, su desplome supone
además el derrumbe de varios cientos de cargos públicos de diferentes niveles y de sus
allegados. Gente que en muchos casos vuelven a la Administración de la que proceden o a la
empresa privada en su caso o, también, que directamente van a la calle. Queda en la añoranza
el brillo del ordeno y mando y, en ocasiones, la certeza de unos honorarios más atractivos.
Además de tener la responsabilidad de colocar y recolocar a tanto personal que reclama su
oportunidad, ocurre que la ausencia obligada de los puestos de responsabilidad lleva a
desproteger aquellos sucedidos que no son del todo morales, éticos o incluso legales. Estoy
pensando en casos como la operación Kitchen, de la que aún queda mucho por aclarar y que
apunta hacia diferentes cargos importantes de los populares de la época. ¿Cuántas más cosas
que no han trascendido quedan aún por revelar? Las prisas por conseguir el retorno dan la
impresión de que tienen también que ver con esa inquietud porque nadie hurgue y saque
conclusiones de temas que pueden afectar a la imagen –e incluso al bolsillo– de algunos de
aquellos mandatarios y de los suyos. Así se entienden mejor estos desmesurados esfuerzos.
En su obra Ensayo sobre la ceguera, el Nobel José Saramago alerta sobre la responsabilidad
de tener ojos cuando otros los perdieron, de ver a través de los tiempos sombríos que vivimos
y, ante todo, de no perder la lucidez. Estoy de acuerdo: Hay que mirar más allá de las brumas
de la distracción para evitar que estos profesionales de la falsedad y las argucias nos hagan
caer en su trampa.
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Baltasar Garzón Real es jurista y autor, entre otros libros, del ensayo 'Los disfraces del
fascismo (Planeta).