El Tesoro de la Gotita Azul
En un pequeño pueblo llamado Aguaviva, donde los ríos cantaban y las plantas bailaban con el
viento, vivía una niña curiosa y valiente llamada Lucía. Ella amaba jugar en el jardín de su abuela y
escuchar las historias sobre el agua, el tesoro más valioso del mundo.
Una tarde soleada, mientras regaba las flores, una gota de agua saltó de la regadera y, para
sorpresa de Lucía, ¡empezó a brillar y a hablar!
—¡Hola! Soy Gotita Azul. ¡Necesito tu ayuda urgentemente para salvar el agua del pueblo!
Lucía abrió los ojos con asombro y dejó caer la regadera. Su corazón latía rápido.
—¿Salvar el agua? ¿Qué está pasando? —preguntó con preocupación.
Gotita Azul flotó en el aire y, con una voz temblorosa, explicó:
—El agua está desapareciendo porque la gente no la cuida. Dejan los caños abiertos, desperdician
al lavar los platos y ensucian los ríos. Si esto sigue así... ¡un día podríamos quedarnos sin agua!
Lucía sintió un escalofrío. Pero antes de que pudiera decir algo, Gotita Azul agitó sus pequeñas
gotas y, de repente, ¡se abrió un portal de agua resplandeciente!
—¡Ven conmigo! —dijo Gotita Azul—. Te mostraré lo que puede pasar si no protegemos el agua.
Lucía, llena de curiosidad y emoción, saltó dentro del portal y apareció en un desierto seco y
agrietado. Los árboles estaban marchitos, los ríos desaparecidos y las nubes parecían tristes.
—Este es un futuro sin agua... —susurró Gotita Azul—. Pero podemos cambiarlo.
Decidida a hacer algo, Lucía reunió a sus amigos y les contó sobre su increíble viaje. Juntos,
recorrieron el pueblo pegando carteles con mensajes como "Cierra el caño mientras te cepillas los
dientes" y "Riega las plantas con agua reciclada". Hablaron con los vecinos, organizaron charlas en
la escuela y hasta inventaron una canción mágica que hacía brillar el agua cuando alguien la
cantaba con el corazón.
Pero no fue fácil. Algunos niños se burlaban y decían que no importaba. Sin embargo, Lucía no se
rindió. Con valentía, mostró cómo una simple acción podía marcar la diferencia. Poco a poco, las
personas comenzaron a cambiar. Cerraban los caños, reutilizaban el agua y protegían los ríos. La
transformación era increíble.
Una noche, mientras Lucía dormía, escuchó un suave susurro en su oído:
—Gracias, Lucía. Salvaste mi hogar.
Era Gotita Azul, que ahora brillaba como una estrella. Lucía sonrió, sabiendo que su esfuerzo había
valido la pena. Desde ese día, ella y sus amigos se convirtieron en los valientes Guardianes del
Agua, recordando a todos que el agua es un tesoro que debemos proteger.
Y así, el pueblo de Aguaviva vivió siempre con ríos cristalinos y campos verdes, porque cada gota
cuenta, y cada persona puede hacer la diferencia.
Fin
DESPUÉS DE LA LECTURA
Respondemos:
1. ¿Cómo se llamaba la gota de agua que habló con Lucía?
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2. ¿Por qué Gotita Azul le mostró a Lucía un futuro sin agua?
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3. ¿Cómo ayudaron Lucía y sus amigos a cambiar la situación
en Aguaviva?
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4. ¿Qué habrías hecho tú si hubieras estado en el lugar de
Lucía? Explica tu respuesta.
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5. ¿Crees que en la vida real podría ocurrir algo parecido al
futuro seco que vio Lucía? ¿Por qué?
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