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Perros Pastores en las Montañas Andinas

El documento narra la vida de Antuca, una niña pastora en los Andes, y sus cuatro perros pastores que la ayudan a cuidar su rebaño de ovejas. A través de historias sobre la crianza de los perros y sus experiencias, se destaca la conexión emocional entre Antuca, su familia y los animales, así como la valentía y lealtad de los perros en situaciones difíciles. Además, se incluyen relatos sobre otros perros en la comunidad, mostrando su importancia en la vida rural andina.

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Perros Pastores en las Montañas Andinas

El documento narra la vida de Antuca, una niña pastora en los Andes, y sus cuatro perros pastores que la ayudan a cuidar su rebaño de ovejas. A través de historias sobre la crianza de los perros y sus experiencias, se destaca la conexión emocional entre Antuca, su familia y los animales, así como la valentía y lealtad de los perros en situaciones difíciles. Además, se incluyen relatos sobre otros perros en la comunidad, mostrando su importancia en la vida rural andina.

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I.

-Perros tras el ganado


En lo alto de las montañas andinas, vive Antuca, una niña pastora de apenas 12 años, conocida como una
“chinita” por su apariencia andina. Su vida gira en torno al cuidado de un enorme rebaño de ovejas, que guía a
través de los cerros mientras hila lana y canta canciones tradicionales.
Antuca nunca está sola: a su lado siempre va Zambo, su perro ovejero más fiel. Junto a él, hay otros tres perros:
Wanka, que va delante marcando el camino, y Güeso y Pellejo, que corren por los lados cuidando que ninguna
oveja se pierda. Estos cuatro perros son famosos en toda la región por ser excelentes pastores, obedientes,
tranquilos y muy trabajadores. A diferencia de otros perros, nunca muerden ni maltratan a las ovejas, sino que
las guían con ladridos suaves o con su sola presencia.
Antuca se comunica con ellos con gestos y palabras breves, y los perros entienden todo perfectamente. Ella los
quiere como si fueran de su familia, y a veces incluso conversa o canta para ellos.
Durante sus días en el campo, a veces se encuentra con Pancho, un pastor joven como ella, alegre y buen
músico. Toca la antara (una flauta andina) y le canta yaravíes, canciones tristes que hacen llorar incluso a los
perros. Entre Antuca y Pancho hay un cariño inocente, una especie de primer amor andino. Aunque él no
siempre va, cuando lo hace, comparten momentos de compañía y música que rompen la soledad de la montaña.
Cada día, cuando cae la tarde, Antuca regresa con su rebaño a casa. En invierno vuelve más temprano para evitar
las lluvias y tormentas, que pueden ser peligrosas para las ovejas. En esos casos, los perros se apuran a reunirlas
y llevarlas al redil. La niña camina detrás, mojada por la lluvia, pero tranquila porque sus perros saben hacer bien
su trabajo.
Ya en casa, su padre, Simón Robles, un cholo conocido por ser buen músico, contador de historias y gran criador
de perros, la recibe junto a su madre Juana y sus hermanos. Todos cenan juntos, y los perros también reciben su
comida. Luego, la familia se acuesta a dormir… menos los perros. Ellos se quedan toda la noche ladrando para
proteger el redil, siempre atentos, incluso ladrando a la luna cuando no hay peligro, como si no pudieran dejar de
cuidar.

II – Historias de perros (Resumen con datos clave)

Simón Robles, un pastor andino, trae desde Gansul a dos cachorros recién nacidos: Zambo y Wanka, a quienes
cría amamantándolos con leche de oveja para que desde pequeños se identifiquen con el rebaño. Esta técnica
los convierte en excelentes perros ovejeros.

Zambo, de pelaje gris, y Wanka, llamada así por una tribu inca, crecen junto a Antuca, la hija menor, con quien
forman un fuerte vínculo.

Cuando Wanka tiene cría, Simón se queda con dos nuevos perros: Güeso y Pellejo, y el resto los vende o
intercambia por ovejas. Uno de ellos, Güendiente, termina trabajando con Manuel Ríos y demuestra gran
inteligencia al salvar una vacada cruzando un río.

Otros perros viven tragedias:


 Máuser muere al acercarse a una explosión de dinamita.
 Tinto, perro guardián, es asesinado por Raffles, un perro de raza fina y agresiva.
 Shapra lo reemplaza como guardián y también demuestra valentía al matar a un ladrón de gallinas.

Un perro especial es Chutín, que empieza como un cachorro sin linaje distinguido, pero termina siendo el
mejor perro en todas las tareas. Vive con el niño Obdulio, hijo del hacendado, y destaca por su habilidad para
cazar perdices, arrear vacas y su carácter alegre. Con sus logros, Chutín supera a los perros nobles y
simboliza la venganza por Tinto.

El capítulo también destaca el amor de Simón por las historias, como cuando nombra a Güeso y Pellejo por un
cuento en que dos perros salvan a su dueña de un ladrón.
Finalmente, se menciona a Mañu, otro cachorro, que es entregado a Mateo Tampu, esposo de Martina, la hija
de Simón. Su historia se desarrollará en el siguiente capítulo.

III.- Peripecias de Mañu

Un día, Mateo, un campesino fuerte, llega a casa de su suegro Simón Robles para pedirle un perrito. Escoge uno muy
pequeño del redil y se lo lleva en su alforja, cosido con cuidado para que no se caiga. El perrito mira todo con
sorpresa porque nunca había salido de su redil. Cruzan ríos y caminos, y el animal se siente asustado, pero también
empieza a confiar en su nuevo dueño.

Cuando llegan a su nueva casa, el perrito se encuentra con ovejas otra vez y se acurruca para dormir. Un niño
pequeño llamado Damián, hijo de Mateo y su esposa Martina, se encariña con el perro y lo llama Mañu. Desde
entonces, el perro y el niño crecen juntos y se hacen muy amigos.

Un día, unos policías llegan y se llevan al Mateo forzadamente para el servicio militar. La Martina, su esposa, queda
muy triste, con sus dos hijos y todo el trabajo de la casa y el campo. La familia empieza a vivir en medio del silencio,
la tristeza y la esperanza de que Mateo regrese algún día.

Como ya no hay un hombre en casa, Mañu se convierte en el protector. Él siente que su trabajo ahora es más
importante: cuida a la familia, ladra cuando hay peligro y siempre está alerta. Aunque es solo un perro, su lealtad y
cariño ayudan a la Martina y a sus hijos a seguir adelante.

IV.-Puma de sombra
En una noche muy oscura, los perros de Simón Robles ladran con fuerza, como si sintieran la presencia de zorros o
un puma cerca. Los vecinos también se alertan y gritan para ahuyentar a las fieras. La familia va al redil para
proteger a las ovejas, mientras la sombra y el silencio hacen más fuerte el miedo.

Simón, como siempre en las noches, mastica coca. Y cuando lo hace, le gusta hablar y contar historias. Esa noche les
cuenta que Adán, en el Paraíso, tenía todo lo que necesitaba, y los animales vivían en paz. Pero un día le pidió a Dios
que ya no haya noche, porque la oscuridad asusta.

Entonces, en su historia, aparece un gran puma que brama fuerte y da miedo, pero Dios lo toca y el puma se deshace
como humo. Era un “puma de sombra”. Dios le explica a Adán que el miedo hace ver cosas que no existen en la
noche: pumas, zorros, duendes o demonios. Son solo sombras, no peligros reales.

Al final de la historia, los perros regresan cansados y no han encontrado nada. Simón dice que quizá esa noche
también vieron un puma de sombra, y todos se van a dormir.

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