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Montaño Freire

El documento aborda la ética y la política en la intervención comunitaria, enfatizando la importancia de la autogestión y la autonomía como objetivos finales del apoyo profesional. Se propone que los dispositivos de intervención deben facilitar la reflexión y el diálogo entre la comunidad y los profesionales, respetando la cultura y las dinámicas locales. Además, se destaca que el conocimiento científico debe ser una herramienta complementaria y no una imposición, promoviendo un trabajo conjunto que potencie los recursos y proyectos propios de la comunidad.

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El documento aborda la ética y la política en la intervención comunitaria, enfatizando la importancia de la autogestión y la autonomía como objetivos finales del apoyo profesional. Se propone que los dispositivos de intervención deben facilitar la reflexión y el diálogo entre la comunidad y los profesionales, respetando la cultura y las dinámicas locales. Además, se destaca que el conocimiento científico debe ser una herramienta complementaria y no una imposición, promoviendo un trabajo conjunto que potencie los recursos y proyectos propios de la comunidad.

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Dispositivos para la intervención comunitaria y prácticas institucionales


Reflexiones alrededor de la ética en el trabajo con la comunidad
Mtro. Rolando Montaño Fraire
UAM-Xochimilco, Área de investigación: Los procesos grupales institucionales y sus interrelaciones, Departamento de Educación y
Comunicación
Referencia bibliográfica: Montaño Fraire, Rolando, "Dispositivos para la intervención comunitaria y prácticas institucionales” en Tramas:
Subjetividad y Procesos Sociales (18-19), pp. 211-224, Edit. UAM Xochimilco. México, DF, 2002. (La versión en esta sitio ha sido corregida en
redacción y estilo, por lo que difiere de la publicada.)

Resumen
Se discuten aspectos del proceso de diseño e implementación de dispositivos para el trabajo en comunidad, considerando
especialmente factores éticos, pero también políticos y de posicionamiento profesional, para una labor respetuosa y
cuidadosa, encaminada al apoyo de procesos y proyectos sociales. Se propone la autogestión como procedimiento y la
autonomía como objetivo final del apoyo profesional, mediante el cual se le ofrecen a la comunidad herramientas para
la operación democrática de procesos sociales. Potenciar los recursos propios de la comunidad y hacer posible la
explicitación y puesta en rumbo de su proyecto, antes que la inserción de discursos y proyectos ajenos, por ejemplo
aquellos de los que el profesional es portador, son otros aspectos de lo tratado.
Introducción
En la acción comunitaria se aplican distintas teorías y modalidades de la labor profesional. En el trabajo que se realiza
pueden estar implícitos, sin que el profesional necesariamente los reconozca, intereses ajenos y conceptos de sociedad
que encaminarán a la comunidad en una dirección específica, antes que apoyarla hacia el logro de sus propios proyectos
y perspectivas.
En este artículo se sostiene que el trabajo comunitario debe procurar la autogestión en cuanto al procedimiento y la
autonomía como objetivo final. El problema fundamental que habrá que enfrentar es el posicionamiento del profesional
que intenta apoyar iniciativas de la comunidad. Este es un asunto ético y político. El apoyo especializado se nutre de un
diálogo constante, que promueva una reflexión profunda con respecto al proceso de cambio. Para lograr dicho fin es
necesario desarrollar un trabajo complejo para propiciar la operación democrática de procesos sociales que puedan
convertirse en parte de los mecanismos regulatorios y normatividad de la comunidad.
Para que los recursos y el potencial de una comunidad se materialicen en prácticas sociales perdurables, es
imprescindible un proceso cabalmente autogestivo, propiedad de sus propios participantes. Pero la autogestión nunca se
puede establecer por decreto. Sin embargo, es factible ofrecer modalidades de operación y estrategias que faciliten
procesos de reflexión y elaboración requeridos.
En este trabajo se llevan a cabo acciones de muy diversa índole. La integración de conocimiento actualizado en ciencias
sociales es esencial para el adecuado desarrollo de los planes de trabajo, las estrategias de acción y la selección y diseño
de mecanismos, aplicables al caso concreto del cual se trate. Sin embargo, la esencia del proceso nunca es la técnica,
sino en la posibilidad de llegar a un proceso de reflexión, con respecto al sentido de la acción; el carácter de la
comunidad; sus objetivos; los valores y principios que definen su proyecto; así como intereses diversos que obstaculizan
y nublan el camino que se traza la propia comunidad.
Las acciones hacia la comunidad emprendidas por profesionales e investigadores son de muy distinta índole, alcance y
objetivos. Tienen elementos comunes que pueden sin embargo ser considerados. El presente ensayo aborda asuntos que
sería importante tomar en cuenta, para el diseño e implementación de dispositivos en la intervención comunitaria.
Son sujetos sociales tanto los integrantes de una comunidad, como los profesionales que se abocan a llevar a cabo alguna
forma de acción en un núcleo social específico. Todos están implicados en procesos institucionales complejos. Cuando
nos referimos a prácticas y procesos institucionales, hablamos de una densa red de interacciones y flujos. Estos son
producidos por la incidencia de grandes instituciones: La familia; la religión; la propiedad; la división del trabajo; el
mercado de trabajo; el estado; la empresa; la escuela; la universidad; la ciencia; etcétera. Sus componentes simbólicos,
prácticas, nociones y modalidades de incidencia configuran al medio social. Regulan y norman la acción social. La
dinámica propia de cada institución establece prácticas. Denominarlas así no significa considerar que estén bajo la
dirección de una o más personas. Sin embargo, las formas en que se presenta la acción institucional deben ser tomadas
en cuenta, para diseñar y definir las acciones de profesionales que participan en esa capacidad junto con la comunidad.
¿Por qué la intervención comunitaria?
La comunidad es principalmente un grupo social que se basa en el “sentimiento” que la gente tiene una
por otra. Puede existir sin organización formal y ni siquiera es necesario que la gente esté consciente de
tener los mismos fines e intereses, aunque esto pueda ayudar. En esencia, consiste en el sentimiento de
pertenencia respecto del bienestar del grupo y de participación en él. Se acrecienta con la reunión de la
gente y con su enlazamiento en grupos pequeños y democráticos de toda clase y aprendiendo a considerar
el bienestar de los demás y el respeto de sus opiniones (Batten, 1974:80).
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El trabajo comunitario busca el fortalecimiento y reconocimiento de los elementos productivos, positivos y constructivos
de una colectividad; al mismo tiempo busca la superación de obstáculos y conflictos que se le presentan a dicha
colectividad, siempre con base en la definición y apreciación de ellos que tengan sus propios integrantes.
Se puede decir que la clínica en psico-sociología o trabajo comunitario con grupos e instituciones es, precisamente, el
trabajo que se realiza mediante la implementación de dispositivos para la intervención comunitaria. La intervención
comunitaria es un diálogo entre saberes y entre medios sociales, cada uno con dinámicas y objetivos distintos, pero
complementarios.
Si de algo puede servir el conocimiento sistematizado, teorizado, que se logre en la sociología, la psicología social y
disciplinas afines, es en su aplicación práctica por parte de grupos sociales en comunidades específicas. No nos referimos
en sentido alguno a una ingeniería social. Nos referimos a medios por los cuales el proceso histórico de evolución y
aprendizaje, propio de cualquier comunidad, puede y debe ser complementado y apoyado en sus transformaciones con
base en los frutos del estudio sistemático y los resultados de la investigación.
Sería incorrecto no poner en práctica mecanismos que hagan posible aprovechar este conocimiento científico
para coadyuvar y complementar los procesos históricos propios del desarrollo social. Sin embargo, en ciencias sociales
la aplicación del conocimiento es una oferta, una propuesta, una invitación que se hace a la comunidad. No es una acción
que se ejerce sobre una comunidad. Es importante reconocer que tales acciones nos llevan a una interacción entre las
ciencias sociales y sus campos de estudio. No es la implementación o aplicación de conocimientos, sino un trabajo
conjunto de unos sujetos con otros; la comunicación entre ámbitos sociales; la aplicación de unos saberes en interacción
con otros. Una complementariedad recíproca en la que las dos partes se ven modificadas, en ocasiones transformadas.
¿Qué es un dispositivo para la intervención comunitaria?
Un dispositivo para la intervención comunitaria es un plan de trabajo que integra una serie de estrategias diseñadas para
ofrecer alternativas de acción. Es un medio para ofrecer nuevas modalidades de interacción social; un medio para
presentar distintos conceptos, ideas y conocimientos que puedan ser útiles en un ámbito social y situación específicos,
con el fin de que los integrantes de una comunidad puedan operar un cambio en su entorno social inmediato y entre sí.
Los siguientes ejemplos, elaborados a partir de Un estudio desde la subjetividad de los miembros de la Coordinadora
Comunitaria Miravalle (Barroso, 2000) ayudan a entender la forma en que funciona un dispositivo de intervención
comunitaria:
En una colonia en los márgenes de la ciudad de México, Distrito Federal, una joven psicóloga ofrece un espacio de
trabajo grupal a promotoras de salud que trabajan como voluntarias en una organización cooperativa. Gracias al trabajo
grupal ellas llegan a reconocer la manera en que los jóvenes pasantes de medicina, a los cuales se ha recurrido en busca
de asistencia, son colocados por ellas, por todos, en lugares de poder. En consecuencia ellas asumen nuevamente el
lugar de decisión y dirección que les es propio. Simultáneamente la cooperativa se somete a procesos denominados
“fortalecimientos institucionales”, que llevan a cabo profesionales contratados ad hoc. Dada su perspectiva y ubicación
teórica se redefine el trabajo de la cooperativa con base en nociones de eficiencia económica y productiva. A pesar de
dicha intervención profesional, el proyecto propio de la cooperativa y de la comunidad misma es rescatado por los
propios integrantes de la comunidad. La acción se encamina nuevamente al beneficio de la comunidad, sin importar la
falta de “eficiencia” y en oposición con los intereses económicos que comenzaban a imponerse. El “fortalecimiento
institucional” surte efecto, si bien no exactamente en la dirección y sentido que el equipo interventor se proponía.
Los ejemplos citados nos muestran la manera en que intervenciones distintas inciden en el proceso de cambio de una
comunidad. Se intenta ilustrar la manera en que la comunidad puede asimilar y aprovechar el conocimiento
especializado.
Un dispositivo de intervención debe integrar, no solamente aquellas herramientas y conocimientos que se puedan llegar
a utilizar en la comunidad, sino también estrategias mediante las cuales se pueda inducir o apoyar procesos de
comunicación y discusión. Estas estrategias son indispensables para que los participantes descubran o reconozcan los
cambios requeridos de acuerdo con la cultura, las líneas de acción y la características propias del medio social en
cuestión. El objetivo puede ser modesto; no tiene que ser ambicioso. Sin embargo, éste tipo de acción es algo más que
una forma de ofrecer información actualizada sobre asuntos específicos. Al implementar un dispositivo de intervención
se le están ofreciendo a la comunidad medios que le hagan posible operar cambios en su estructura y en su dinámica.
Puede ser conveniente, inclusive, integrar al dispositivo estrategias con las cuales se intente volver visibles necesidades
o características aún no reconocidas por la comunidad. Pero, al aplicarlas el equipo interventor debe tener en cuenta que,
en última instancia, la decisión será de la propia comunidad.
Un dispositivo de intervención comunitaria pudiera incluir por ejemplo un plan de trabajo con etapas y acciones tales
como las siguientes:
1. El trabajo de aproximación y negociación del equipo profesional.
2. Un proceso de diagnóstico.
3. Un proceso continuo de análisis y discusión de las solicitudes o demandas con base en las cuales se actúa.
4. El diseño del dispositivo de intervención, propiamente dicho, al cual se pueden integrar estrategias, modalidades
de trabajo, herramientas y acciones específicas.
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5. La puesta en acción del plan de trabajo. (Con las iteraciones o etapas que involucre.)
6. Procesos de evaluación recíproca o actividades que permitan apreciar el grado de adecuación del dispositivo; de
las modalidades de trabajo del equipo profesional; la utilidad y pertinencia del trabajo realizado.
En la anterior lista se sugieren algunos de los componentes y etapas que puede abarcar un dispositivo, como medio de
ilustrar en qué puede consistir un dispositivo para la intervención comunitaria.
Construcción del dispositivo
Llevar a cabo una intervención comunitaria, a partir de la construcción de un dispositivo, implica una serie de problemas.
El o los profesionales interventores buscarán incidir en el proceso comunitario de varias maneras. Además de ser ellos
mismos portadores de discursos e integrantes de instituciones, incidirán también de otras maneras, aun sin proponérselo.
Se verán envueltos, como sujetos sociales, en procesos que están fuera de su control e incluso de su posibilidad de
reconocimiento o visibilización. Los interventores entrarán en interacción con la comunidad, la cual los modificará.
Sería posiblemente más acertado hablar de un profesional interactor antes que interventor. Tal vez hablar de un equipo
en interacción, más que de intervención. Lo cierto es que del proceso nadie saldrá incólume. (Alguno quizás encuentre
pareja; otro un proyecto de vida; aquél un nuevo punto de vista para su quehacer académico que lo transforme por
completo; etc.)
Toda acción y dispositivo externo, por el mero hecho de ser algo distinto a lo que normalmente se lleva a cabo, pondrá
en evidencia para la comunidad por lo menos alguna de las prácticas instituidas (generalmente habituales e
inconscientes) que no habían sido reconocidas antes de la intervención. En el mejor de los casos se buscará aprovechar
este fenómeno, integrándolo al trabajo.
La postura teórica, política y ética del equipo profesional
La postura ética del equipo profesional y los objetivos de su trabajo condicionarán la manera en que se desarrolla un
dispositivo, tanto en su diseño como en su implementación.
El respeto a la dinámica de la comunidad, a su cultura, a las alianzas históricas que la configuran y a los demás aspectos
propios del ámbito en el cual se trabaja son elementos clave, que facilitan un trabajo de apoyo al proceso comunitario;
o bien un trabajo que se pueda denominar no tanto de intervención social como de acción política.
Aunque toda intervención necesariamente integra un grado de acción política por parte de quienes diseñan y también de
quienes operan un dispositivo, las diferencias pueden ser muy grandes. La moderación, la discreción, se puede decir
incluso la modestia del profesional o equipo que desarrolla un dispositivo marca la diferencia entre acciones con sentidos
distintos. El resultado puede ser que el dispositivo se transforme en un medio por el cual la comunidad intervenida es
atravesada por discursos institucionales diversos. Por otra parte, puede simplemente hacerse un trabajo incompetente
que, en el mejor de los casos, sirva para que la propia comunidad se reconozca y modifique.
Un dispositivo adecuado al ámbito, ética y profesionalmente diseñado e implementado, puede ser un medio respetuoso
de la comunidad y al mismo tiempo poderoso, puesto que es un recurso para potenciar el proyecto propio del medio
social y de sus integrantes. El proyecto comunitario puede ser explícito o estar implícito. La implementación del
dispositivo puede de hecho ser justamente un medio que haga posible la explicitación, o bien la nueva puesta en rumbo
del proyecto comunitario. El objetivo debe ser apoyar la dinámica del medio social en cuestión.
El trabajo se beneficiará en la medida en que se tengan claras y se hagan explícitas las posturas teóricas, éticas y políticas
de los integrantes del equipo interventor. Como cualquier buen investigador lo hace para mejorar el trabajo de
investigación, cada profesional puede también mejorar su capacidad de ofrecer medios útiles a la comunidad en la
medida en que aclare su propia postura; su ideología; sus intereses y necesidades. Al hacerlo, logra también comprender
mejor las características del campo social con el que trabaja. En este proceso, el equipo interventor puede llegar a
reconocer las teorías implícitas, las líneas de acción política y las premisas éticas propias del entorno comunitario con
el que trabaja.
Análisis de la implicación
Es importante también la manera en que una persona está involucrada en un ámbito de trabajo, sea afectivamente, por
afinidades o antipatías, con base en sus proyectos, su cultura, incluso su pertenencia a grupos o estratos sociales. Un
análisis de la implicación de cada profesional en el equipo, con respecto al ámbito comunitario en el que intervienen y
en cuanto a la problemática misma que se aborda, es imprescindible por varias razones.
En el diseño de las ofertas que un profesional hace en una intervención comunitaria, un problema fundamental es que,
tal vez las más de las veces, se encuentra también llevando a cabo un trabajo de acción política propio. Dichas acciones
pueden no haberse intentado explicitar. El interventor puede estar ejerciendo un activismo, a partir de su historia
personal, su formación y su propia ubicación cultural, teórica y política. Se convierte así en el instrumento a partir del
cual alguna o varias instituciones, de las cuales forma parte, atraviesan el entorno comunitario sobre el que actúa. Es así
que un trabajo por ejemplo con mujeres, llevado a cabo a partir de un feminismo activista, en lugar de llevarle a la
comunidad herramientas plásticas, útiles para abordar y comprender las problemáticas de género en la propia
comunidad, se puede transformar en la puerta de entrada de un imperialismo cultural, algo que no ha sido validado por
la propia comunidad, o de injerencias institucionales e intereses externos. Es importante que el profesional pueda
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reconocer su sentir, con respecto a la problemática que se le presenta y sobre la cual se le solicita operar. Es decir,
trabajar para reconocer el deseo propio, antes que imponerlo.
El análisis de la implicación es un proceso que puede requerir un observador externo, es decir, algún tipo de supervisión,
en el sentido de un acompañamiento por parte de un profesional o bien de otro equipo (menos implicado en el proceso).
Al llevar a cabo este trabajo, con respecto a su propia implicación en el campo, el profesional puede ofrecer la propia
perspectiva y postura, ahora con más claridad, sobre la problemática que se aborda. Mucho más importante, este trabajo
de elaboración puede abrir la puerta al reconocimiento de otros ejemplos, a partir de los mecanismos y modalidades con
las cuales se abordan situaciones equiparables en otros entornos sociales, culturales y de valores.
Trabajando con base en un respeto cuidadoso para con la comunidad, toda oferta de alternativas de organización es
asequible de ser retomada, transformada, implementada y asimilada, por el medio comunitario al que se apoya.
El diagnóstico
La manera en que es construido el dispositivo de intervención implica un diagnóstico y análisis de las modalidades de
organización y acción propias de la comunidad. Es a partir de este diagnóstico que se diseñará el dispositivo. La
construcción de un dispositivo de intervención comunitaria requiere un largo proceso de observación, que puede ser
participante.
Para conocer a la comunidad en cuestión, es necesaria una exploración de su historia, su desarrollo, sus condiciones
actuales, su problemática, su situación económica, su ubicación política, histórica, etc. Se busca un conocimiento
profundo de la comunidad, para lo cual es necesario un minucioso análisis, que en general implicará una total inmersión
en el medio, aunque la misma sea solamente temporal. Se buscará así conocer sus atravesamientos institucionales y las
formas en que su actuar, como comunidad, está supeditado a limitaciones e intereses propios del proceso social e
institucional del cual es parte.
Solamente una vez que se ha llevado a cabo el complejo trabajo inicial de diagnóstico, se podrá entonces pasar al análisis
de los objetivos y el estudio de potenciales modalidades de intervención. Sin embargo, para pasar al diseño de estrategias
para la intervención se tendrá que pasar por el análisis de la solicitud (demanda) hecha al profesional, equipo o
institución. Como veremos adelante, este trabajo debe ser paralelo al diagnóstico y también continuo, en todo el proceso.
Es importante reconocer que la mayor parte del trabajo necesario para arribar a una intervención adecuada es el trabajo
preparatorio, relacionado directa e indirectamente con el diagnóstico y con el análisis de la demanda.
Análisis de la demanda
Las situaciones que se presentan en una comunidad dada son “producto de las relaciones sociales y los sistemas de
intercambio simbólico” (Araujo M, 2000:13) que le son propios. “La producción simbólica es una acción asociada a la
idea interpretativa de las operaciones automáticas, es un sentido inmanente al pensamiento actuado y a la actuación
pensada. Jamás la producción simbólica es un acto reflexivo, sino un proceso actuado” (p. 55).
Lo que interesa al especialista que construye un dispositivo es “la manera como las comunidades organizan las
condiciones que producen” (p. 13) mediante su acción. Una problemática comunitaria, tal como el desempleo, puede
ser efecto de factores externos, tales como la situación económica, geográfica y cultural. Pero, incluso bajo
circunstancias similares, existen otros entornos comunitarios que producen empleo (en el sentido de que los sujetos
tienen u obtienen empleo en lugar de desempleo). El entorno simbólico de una comunidad produce circunstancias que
pueden ser consideradas positivas y productivas, o bien desventajosas y negativas. En ambos casos se puede generar
una solicitud de intervención. En la misma se integra un complejo entramado de perspectivas sobre la situación:
Intereses; discursos instituidos; proyectos políticos y otros elementos. Es con este complejo tejido con el que se trabajará
(Morin, 1993 y Geertz, 1997).
La petición explícita que se le hace al profesional o equipo (encargo) puede ser descompuesta en una serie de solicitudes
o demandas tanto manifiestas, claras y explícitas en el pedido como latentes. Sería inocente pensar que pueden llegar a
reconocerse todos, inclusive la mayoría de los elementos integrados a la demanda. En el mejor de los casos, se puede
intentar reconocer los elementos más importantes del entramado. En todos los casos se debe aceptar la complejidad de
los fenómenos sociales y el ámbito limitado de las acciones posibles.
En un momento dado, las herramientas, métodos de acción, la información y los medios puestos a disposición de la
comunidad pueden tomar los rumbos más inesperados. Los intereses más disímiles pueden apropiarse de dichas
herramientas. El proceso de análisis de la solicitud de acción profesional hacia la comunidad no se relaciona con la
adecuación a los fines políticos, de activismo o la afinidad de proyecto que tengan los profesionales. Sin embargo, los
profesionales sí pueden tener un gran impacto, mediante la selección y adecuación de las herramientas, conocimientos
y estrategias que ofrecen para la acción de la comunidad. Esta diferencia es importante, dado que en ella estriba el
carácter y la ética de la intervención.
Lo que se ofrece, mediante la intervención comunitaria, en el dispositivo que se diseña e implementa, es una extensión
del conocimiento científico en ciencias sociales. Se puede decir que es una modalidad de divulgación científica, hacia
las estructuras comunitarias. Es una manera de dar vida al conocimiento propio de la sociología, la psicología social y
otros ámbitos del conocimiento científico, asequible a su implementación, por parte de grupos en la comunidad. Es así
que las herramientas ofrecidas pueden llegar a hacerse, en su momento, parte de la dinámica social de una comunidad.
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A lo largo de la intervención, el análisis de la demanda se hace parte de un proceso de diagnóstico para la adecuación
continua del dispositivo. Es una vía por la cual se pueden conocer factores relacionados con intereses económicos,
luchas internas y proyectos encontrados de grupos en la comunidad. Es una herramienta esencial para reconocer la
dinámica política, en lo relativo a la intervención. Al incluir un estudio de los intereses en juego, en lugar de tomar una
postura de distanciamiento denominado “profesional” o “técnico”, acrítico y finalmente manipulable, estamos
permitiéndonos tomar en cuenta elementos esenciales y consustanciales a todo proceso social; el poder y la acción
política. Difícilmente se puede diseñar una adecuada intervención sin tomar en cuenta elementos tan importantes de la
dinámica de una comunidad. En la medida en que el trabajo del equipo interventor se ubique en un rol y ámbito de
incidencia bien definidos, el trabajo será justamente más profesional.
En la preparación de la intervención, mediante la construcción del dispositivo, el análisis de la demanda es un
instrumento propio de la acción especializada del profesional que no niega el carácter intrínseco del proceso social.
Atravesamientos institucionales
En el universo simbólico propio de una comunidad particular se encuentran instituidas perspectivas sobre la realidad,
enfoques y modos de actuar que regulan y norman, además de dar sentido, a las acciones y las relaciones del medio
social. Estos atravesamientos institucionales configuran procesos que debe tomar en cuenta el profesional para definir
su quehacer.
La producción y vitalidad de la comunidad se verá frenada, desviada e impedida precisamente con base en el universo
denso de instituciones que la atraviesan. Si la acción comunitaria puede lograr mayor autonomía, será con base en
procesos que permitan operar en colaboración y tomando en cuenta esos universos de sentido.
En el trabajo comunitario son especialmente importantes las acciones de organismos gubernamentales, organizaciones
civiles y empresas con respecto de problemáticas comunitarias. Si en México el Instituto Nacional de Nutrición atiende
a personas de escasos recursos que requieren atención médica especializada, para dolencias cardiacas, llevando a cabo
acciones complementarias de atención psicológica, trabajo social y otras, esto puede ser de interés para la construcción
de un dispositivo de intervención comunitaria. Establecer una fundación para financiar válvulas de corazón, para
pacientes de escasos recursos, puede ser una actividad encaminada a la acción comunitaria para complementar la
atención médica. Definir acciones encaminadas a la obtención de fondos gubernamentales para los mismos fines puede
ser otra estrategia. Establecer una red de personas que han sido operadas y de familiares y otros interesados puede ser
otro recurso.
Cada estrategia puede tener un carácter y cualidad particular. Como parte de su trabajo, el profesional puede indicar el
carácter asistencialista de una propuesta; las bondades de acciones encaminadas hacia el establecimiento de políticas
públicas; las desventajas de propuestas que colocan en el ámbito privado asuntos propios de la acción pública; la
importancia del fortalecimiento social mediante mecanismos democráticos, autogestivos, que fomenten la autonomía o
‘empoderamiento’ de la comunidad. Este tipo de información y análisis ofrecido a la comunidad en forma asimilable es
propio precisamente de un trabajo justamente profesional.
Los componentes y propuestas de un dispositivo para la intervención comunitaria deben tomar en cuenta las prácticas
institucionales establecidas. Puede ser muy problemático proponer acciones que impliquen la sustitución o
superposición con ámbitos de competencia propios de alguna o varias instituciones. Si el objetivo del equipo interventor
es ofrecer recursos útiles para abordar una problemática, no es adecuado que las propuestas lleven hacia un conflicto de
intereses, incluso un conflicto político. Las prácticas institucionales imperantes, los intereses de grupo, externos e
internos y la situación política y económica deben tenerse en cuenta, en la selección y diseño de acciones que se
proponen. Esto implica favorecer la negociación y colaboración con las instituciones que se encuentran operando en el
ámbito.
Mientras que la negociación es la vía regia para obtener los mejores resultados, no se puede negar que la lucha es otro
camino. Sea en acciones encaminadas a la promoción de legislación específica; presión para la definición de políticas
públicas, empresariales o institucionales adecuadas; conflictos sociales; etc. La acción política propiamente dicha, en el
ámbito de la lucha social, es un camino viable. Sin embargo, los interventores que ofrecen estrategias de acción
cuidadosamente ponderadas no pueden menos que enfatizar la negociación y suma de esfuerzos, cualesquiera que sean
los intereses implicados, como recurso eficaz para el logro de objetivos.
Es importante considerar la relación entre las prácticas institucionales y la construcción de dispositivos para la
intervención comunitaria. Se han de tomar en cuenta las acciones propias de establecimientos y programas
gubernamentales, no gubernamentales y de otros tipos en la comunidad para el diseño de estrategias y la selección de
métodos de acción.
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Conclusiones
El objetivo que se propone para el trabajo comunitario es el de poner a disposición de la comunidad los medios
necesarios para que sus propios integrantes la transformen. Para ello se deben ofrecer dinámicas alternativas para la
organización social, que sean asimiladas por la comunidad gracias a su utilidad, a su adecuación a los fines propuestos
y por el potencial que ofrecen para el desarrollo.
Cuando la gestión independiente de soluciones por parte de los integrantes de una comunidad (autogestión) se vuelve la
norma, el proceso social llevará a decisiones y acciones propias (autónomas) que respondan a las necesidades de dicha
colectividad. Tal resultado será el fin último e ideal del proceso de cambio que la sociedad intenta llevar a cabo, proceso
cuyo acompañamiento y apoyo se propone el profesional en su trabajo.
Si el o los profesionales que han colaborado en las acciones emprendidas por una comunidad logran ofrecer recursos
que promuevan y faciliten el proceso de cambio, entonces su trabajo habrá cumplido el objetivo propuesto. En aquellos
casos en que esto se logre, el trabajo en comunidad dejará una huella profunda en todos. Los profesionales habrán
crecido junto con la comunidad.
Durante el proceso algo se habrá aprendido que se pueda teorizar y sistematizar, y que podrá quizás ser de utilidad tanto
en el medio científico como en las tareas prácticas posteriores.

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