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Vigilias de Oración y Reflexión Diaconal

La vigilia de oración incluye un canto de exposición, la recitación del Salmo 40, testimonios de gratitud y la lectura del Evangelio de Juan 17, donde Jesús ora por la unidad de sus seguidores. Se realizan gestos simbólicos de entrega y servicio, como la entrega de un crucifijo, una toalla y una estola diaconal, que representan la misión del diácono. La celebración culmina con peticiones y un canto a la Virgen, enfatizando la importancia de la fe, el servicio y la unidad en la comunidad.

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Vigilias de Oración y Reflexión Diaconal

La vigilia de oración incluye un canto de exposición, la recitación del Salmo 40, testimonios de gratitud y la lectura del Evangelio de Juan 17, donde Jesús ora por la unidad de sus seguidores. Se realizan gestos simbólicos de entrega y servicio, como la entrega de un crucifijo, una toalla y una estola diaconal, que representan la misión del diácono. La celebración culmina con peticiones y un canto a la Virgen, enfatizando la importancia de la fe, el servicio y la unidad en la comunidad.

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VIGILIA DE ORACIÓN

Canto de Exposición
Pange, lingua, gloriosi
Corporis mystérium
Sanguinisque pretiosi,
quem in mundi pretium
fructus ventris generosi
Rex effudit Géntium.

Nobis datus, nobis natus


ex intacta Virgine,
et in mundo conversatus,
sparso verbi semine,
sui moras incolatus
miro clausit ordine.

Rezo del Salmo 40 (39)


«Aquí estoy Señor para hacer tu Voluntad» (rezamos a 2 coros)

Esperé confiadamente en el Señor:


él se inclinó hacia mí
y escuchó mi clamor.

1
Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al ver esto, temerán
y confiarán en el Señor.

¡Feliz el que pone en el Señor


toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
que se extravían tras la mentira!

¡Cuántas maravillas has realizado,


Señor, Dios mío!
Por tus designios en favor nuestro,
nadie se te puede comparar.
Quisiera anunciarlos y proclamarlos,
pero son innumerables.

Tú no quisiste víctima ni oblación;


pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: Aquí estoy.

Proclamé gozosamente tu justicia


en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
tú lo sabes, Señor.

No escondí tu justicia dentro de mí,


proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea
tu amor y tu fidelidad.

2
Y tú, Señor, no te niegues
a tener compasión de mí;
que tu amor y tu fidelidad
me protejan sin cesar.

Porque estoy rodeado de tantos males,


que es imposible contarlos.
Las culpas me tienen atrapado
y ya no alcanzo a ver:
son más que los cabellos de mi cabeza,
y me faltan las fuerzas.

Líbrame, Señor, por favor;


Señor, ven pronto a socorrerme.

Yo soy pobre y miserable,


pero el Señor piensa en mí;
tú eres mi ayuda y mi libertador,
¡no tardes, Dios mío!

Gloria al Padre y al Hijo


y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,


por los siglos de los siglos. Amén.

Silencio (5 minutos)

3
Testimonio – Oración
Señor mío y Dios mío,
hoy vengo ante Ti con el corazón desnudo, con mis manos vacías,
pero con el alma llena de gratitud y de amor.

Miro hacia atrás y veo cuánto has obrado en mi vida,


cómo fuiste guiando mis pasos incluso cuando yo no era
consciente, cómo, a pesar de mis distracciones y mis búsquedas
vanas, Tú ya estabas esperándome junto al sagrario,
allí donde mi alma encontraba la paz que el mundo no podía
darme.

Perdóname, Señor,
por las veces en que me dejé seducir por lo pasajero,
por las veces en que dudé de que Tú fueras suficiente,
por las lágrimas que brotaron de mi falta de confianza,
por las veces en que mi respuesta no estuvo a la altura de tu
llamado.

Pero hoy, Dios de misericordia,


no quiero quedarme en la tristeza de mis caídas,
sino elevar mi corazón a Ti en un canto de gratitud.

Gracias, Señor, por haber puesto en mi camino personas que han


sido tus instrumentos,
por haber hecho crecer en mi alma la semilla de la vocación,
por no soltarme la mano cuando el camino se hizo cuesta arriba,
por mostrarme que, aun en la Cruz, tu amor es más fuerte que
todo miedo.

4
Hoy, al borde de este nuevo paso, te renuevo mi "Sí",
un Sí que brota desde lo más profundo de mi ser,
un Sí que no quiero revocar jamás,
porque he descubierto que no hay mayor alegría que vivir para
Ti, servirte con todo mi ser y saber que cuidas de mí mientras yo
cuido de los tuyos.

Señor, concédeme la gracia de la fidelidad y la perseverancia,


que mis labios nunca se cansen de proclamar tu Nombre,
que mis manos nunca se cierren al hermano que sufre,
que mi vida sea un reflejo de tu amor y de tu entrega.

Aquí estoy, Jesús, al pie de tu Cruz,


y así quiero estar hasta mi último suspiro,
porque Tú eres mi Todo.

Alabado seas, Jesús Sacramentado,


ahora y siempre. Amén.

Canto «Mi Dios, Tú me conoces»

Lectura del Evangelio


Juan 17,21-23 «La oración sacerdotal»

Así habló Jesús y, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha


llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique
a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida
eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te
conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

5
Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que
me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la
gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese. He
manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del
mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu
palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede
de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste,
y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo
salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos;
no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque
son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido
glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el
mundo, mientras yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu
nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como
nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a
los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el
hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy
a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi
alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha
odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes
del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú
me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por
ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean
santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también
por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos
sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también
sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean

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uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que
sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú
me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado
a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén
conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste,
porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre
justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos
han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les
daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté
en ellos, y yo en ellos».

Silencio (5 minutos)

Gestos
Ahora vamos a hacer entrega de tres objetos que son símbolo de la
entrega y servicio diaconal.

1. Monición del Crucifijo: «La Cruz, nuestra patria»


El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que
cargue con su cruz y me siga (Mt 16,24).
La Cruz no es solo un signo de sufrimiento, sino el trono desde el
cual Cristo nos redimió. Hoy, ante este crucifijo, se quiere
recordar que la patria del diácono no es el éxito, el poder o la

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comodidad, sino la Cruz. Es en ella donde encontramos nuestra
verdadera identidad, donde aprendemos a amar sin medida,
donde somos configurados con Cristo Siervo.
Fuera de la Cruz, somos forasteros, extraviados en un mundo
que no nos sacia. Pero abrazándola, encontramos nuestra
misión: ser testigos del amor hasta el extremo, dispuestos a
gastar la vida por Cristo y por su pueblo.
Señor, enséñanos a vivir en la Cruz y desde la Cruz, para que
nuestro servicio no sea un simple deber, sino una entrega total
a Ti.

2. Monición de la Toalla: El servicio como estilo de vida


Si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, ustedes también
deben lavarse los pies unos a otros (Jn 13,14).
El diácono es el servidor de Cristo en sus hermanos. Esta toalla es el
signo de un servicio humilde, de una entrega que no busca
reconocimiento, sino el bien del otro. Jesús se ciñó una toalla y lavó
los pies de sus discípulos, dándonos la clave de la auténtica
grandeza: la humildad.
Hoy, al tomar esta toalla, renovamos el compromiso de servir con
amor, de agacharnos ante los más pequeños, de no buscar nuestra
gloria, sino la del Reino. Que esta toalla sea nuestro uniforme de
batalla, nuestra identidad, nuestra forma de estar en el mundo.
Señor, que nunca nos cansemos de servir, que nuestra vida sea un
constante lavatorio de pies, un acto de amor escondido, porque
quien se abaja por los demás, se eleva hasta Ti.

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3. Monición de la Estola Diaconal: Puente entre Dios y los
hombres
Nadie puede servir a dos señores... (Mt 6,24), pero el diácono ha
sido llamado a servir a Uno en los muchos que le necesitan.
La estola es un signo de comunión con la Iglesia y de nuestra
misión como puente entre Dios y los hombres. No es una prenda
de honor, sino de responsabilidad; no es un distintivo de poder,
sino de servicio.
El diácono es el que camina entre el altar y la calle, entre la
liturgia y la vida, llevando a los hombres a Dios y trayendo a Dios
a los hombres. Esta estola nos recuerda que nuestra vida ya no
nos pertenece, que somos llamados a ser un mediador, un
vínculo de amor entre el cielo y la tierra.
Señor, que esta estola nunca se convierta en un símbolo vacío,
sino en la expresión de nuestra entrega total. Que sea signo de
nuestra disponibilidad, de nuestra obediencia y de nuestro amor
por Ti y por tu pueblo.

Canto «Ven y sígueme»


Tu, Señor, me llamas, tu, Señor, me dices:
Ven y sígueme, ven y sígueme
Señor, contigo iré, Señor, contigo iré.

Dejaré en la orilla mis redes,


cogeré el arado contigo, Señor, guardaré mi
puesto en tu senda, sembraré tu Palabra en
mi pueblo, y brotará y crecerá.

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Señor, contigo iré, Señor, contigo iré.

Dejaré mi hacienda y mis bienes,


donaré a mis hermanos mi tiempo y mi afán.
por mis obras sabrán que Tú vives;
con mi esfuerzo abriré nuevas sendas
de unidad y fraternidad.

Peticiones
1. Señor, por la llaga de tu mano derecha, con la que
bendijiste y sanaste, te pedimos por todos los diáconos y ministros
de la Iglesia, para que, con sus manos consagradas al servicio, sigan
extendiendo tu amor y tu misericordia a los más necesitados.

Roguemos al Señor.

2. Señor, por la llaga de tu mano izquierda, con la que


cargaste el peso de nuestra redención, te pedimos por los pobres,
los enfermos y los marginados, para que nunca les falte quien los
ayude y sostenga, y para que nosotros aprendamos a reconocer tu
rostro en su sufrimiento.

Roguemos al Señor.

3. Señor, por la llaga de tu pie derecho, con el que caminaste


incansablemente anunciando el Reino, te pedimos por quienes han
sido llamados a evangelizar, especialmente por los que arriesgan su

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vida por el Evangelio, para que sigan llevando tu Palabra con
valentía y fidelidad.

Roguemos al Señor.

4. Señor, por la llaga de tu pie izquierdo, con el que marcaste


el camino de la salvación, te pedimos por nosotros, que hemos sido
llamados a seguirte, para que nunca nos desviemos de tu senda y
siempre tengamos la fuerza para cargar con nuestra cruz cada día.

Roguemos al Señor.

5. Señor, por la llaga de tu costado, de donde brotó sangre y


agua como fuente de vida para la Iglesia, te pedimos por tu pueblo
santo, para que permanezca unido en la caridad, fortalecido en la
fe y siempre abierto a la acción del Espíritu Santo.

Roguemos al Señor.

Padrenuestro

Canto reserva
Tantum ergo sacramentum,
Veneremur cernui:
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
præstet fides supplementum
Sensuum defectui.

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Genitori, Genitoque,
laus et jubilatio;
salus, honor, virtus quoque
sit et benedíctio
procedénti ab utróque
compar sit laudátio. Amen.

Canto a la Virgen
Salve, Madre,
en la tierra de tus amores
te saludan los cantos
que alza el amor.
Reina de nuestras almas,
flor de las flores,
muestra aquí
de tu gloria los resplandores,
que en el cielo tan sólo
te aman mejor.

Virgen Santa, Virgen pura,


vida, esperanza y dulzura
del alma que en ti confía,
Madre de Dios, Madre mía,
mientras mi vida alentare,
todo mi amor para ti,
mas si mi amor te olvidare,
Madre mía, Madre mía,
aunque mi amor te olvidare
tú no te olvides de mí.

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