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Exposición de gatos para niños

El documento narra la experiencia personal de Yakelin Rico Petrel con la adopción y el cuidado de varios animales a lo largo de su vida, comenzando desde su infancia. A través de su conexión emocional con ellos, destaca la importancia de la responsabilidad y el respeto hacia los seres vivos. La autora comparte cómo su amor por los animales ha influido en su identidad y en su vida familiar.

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Exposición de gatos para niños

El documento narra la experiencia personal de Yakelin Rico Petrel con la adopción y el cuidado de varios animales a lo largo de su vida, comenzando desde su infancia. A través de su conexión emocional con ellos, destaca la importancia de la responsabilidad y el respeto hacia los seres vivos. La autora comparte cómo su amor por los animales ha influido en su identidad y en su vida familiar.

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Escrito

Yakelin Rico Petrel

Psicología, Universidad cooperativa de Colombia

Clase: Psicología en el campo clínico y de la salud

Profesora Mg. Betty Luz Castillo Ramírez

15 de feb. del 25
El trato que le doy a los animales es lo que me define como persona

Desde que era niña, he estado rodeada de animales: gallinas, pájaros, conejos y perros, pero
ninguno de ellos era mío realmente. Muchas veces le pedí a mi mami que adoptáramos una
mascota, pero su repuesta siempre era un “no” sin más explicación, con el tiempo, me dí
cuenta de que esa negativa era un tipo de reflejo de su infancia, cuando ella era pequeña, tuvo
malas experiencias con los animales y por eso se rehusaba a tener uno en la casa.

A mis 16 años, tenía una mejor amiga del colegio llamada Luisa, y su novio tenía una gata que
acababa de tener camada de gatitos, eran como seis en total. El último en nacer fue hembra,
era muy débil, no comía, no se movía de la esquina de una caja, no tenía pelo y no se
acercaba a los demás gatos, es decir, tenía todas las características de un gato que no va a
sobrevivir. La decisión que en ese momento toma esa familia es de tirar el gato a un río.
Cuando me doy cuenta de esa situación, veo la oportunidad y le digo a mi mami si podemos al
menos darle una familia los últimos días que le quedan ya que a la final el gato no va a
sobrevivir. Pero la respuesta de mi mamá fue “no”. Un día, sin pedirle permiso, me lleve al
gatito para la casa, como si fuera una visita. Dejé que estuviera en las camas, le di leche,
compré cuido y trate de que mi mama interactuara con ella. En una semana mi mamá estaba
enamorada del gato y me dijo que me la podía quedar. La llamé Luna, con inspiración de un
personaje de Harry Potter.

Hoy, Luna tiene nueve años y es una gata preciosa, gorda y peluda, que se ha convertido en la
primera de cinco gatos que he rescatado.
Cinco años después, se me antojó tener otro gato y a mi mama casi le da un infarto cuando le
conté. Una vez más, su respuesta fue “no”. Su explicación fue que ya con uno era suficiente.
En Facebook encontré una página que se llama “Adóptame Pereira” donde publican fotos de
gatos y perros que están para la adopción. Un día, vi un video de tres gatas hembras que
estaban en adopción. Le insistí a mamá hasta que aceptó. Inmediatamente pregunté si las
gatas aún estaban disponibles, y me respondieron que no, que las tres ya habían sido
adoptadas y solo faltaba que fueran a buscarlas. Tres días después, vi que tenía dos llamadas
perdidas y mensajes del número donde había preguntado por las gatas, devolví la llamada y
me dijeron que a una de ellas la habían dejado esperando, porque nunca fueron a buscarla. Me
preguntaron si aún estaba interesada y sin pensarlo ni preguntarle a mí a mamá, les dije que sí.
Esa misma tarde fui por ella, me la entregaron en medio de un aguacero y sin nada con que
arroparla.

La llamé Pinky, con inspiración de una caricatura que me gustaba ver. Hoy, Pinky tiene cuatro
años y es el gato más dulce que la gente pueda conocer. La familia ya tenía dos gatos.

En enero del año 2023, el perrito de una prima de mi novio tuvo dos cachorros, una macho y
una hembra. Estaban buscando una familia para la hembra, y en ese momento mi novio y yo
estábamos buscando un perrito para nosotros, así que decidimos adoptarla. Su nombre es
Coral, tiene dos años y su raza es Pekinés. Fue mi primer perrito, se me había cumplido el
sueño que tuve desde niña, además, era también el sueño de mi papá. Coral tiene una
personalidad muy particular, es resabiada, grosera, inquieta, no le gusta bañarse, no le gusta el
cuido, razón por la cual su dieta es solo pollo cocinado, odia a los otros perros, pero ama a los
gatos. Ella nos alegra la vida todos los días. La familia ya tenía dos gatos y un perro.
En el mes de julio decidí irme de la casa de mis papás para independizarme junto a mi novio.
Todo el proceso fue muy duro, pero la peor parte era no llevar conmigo a Pinky y a Luna. Mi
papá me pidió que dejara a Luna con él, ya que son compañeros inseparables y mi mamá me
pidió lo mismo con pinky, pues se habia convertido en su gran compañía. Coral se fue a vivir
con nosotros.

En el mes de octubre, nos damos cuenta de que estaban dando en adopción unos gatos
traídos de una finca en Caicedonia, Valle. Nos pusimos en contacto con la persona responsable
y decidimos quedarnos con unos de ellos. A los pocos días nos dan la dirección de donde
podemos pasar a recogerla. Era una hembra. Llegamos al lugar ya de noche y me pasan una
caja gigante. No pesaba nada, y lo único que se veía era una servilleta de papel. Cuando la
levanté me sorprendí mucho, ya que debajo estaba el gato mas pequeño que había visto en mi
vida. La llamé Arenita y hoy tiene más de un año. Es un gato juguetón, un poco malgeniada a
veces. Su pelaje tiene unos colores muy característicos, es un gato “Carey”. Como cuenta su
leyenda, su pelaje está “bañado por los rayos del sol”. En este punto ya tenía tres gatos y un
perro.

En noviembre del año 2024, íbamos en el carro rumbo al apartamento y tuvimos que parar en
un semáforo en Dosquebradas. Al lado del carro se detuvo una moto, el señor llevaba un
maletín con gaticos. Yo me quede mirándolos, el señor me preguntó si quería uno y me explicó
que estaba buscando donde dejarlos porque no podía hacerse cargo de ellos. Nosotros
aceptamos y nos quedamos con uno, también hembra. La llamé Perla y hoy tiene 6 meses. Es
un gato un poco arisco e independiente, unos días le salen unas manchas por el cuerpo que la
hacen parecer un tigre, tiene muy buen apetito, le encanta comer pollo y su pelaje cada vez se
pone mas oscuro. La familia ya tenía cuatro gatos y un perro.
Finalmente, en enero de este año, nos dimos cuenta de que estaban dando en adopción una
gata que había sido rescatada de una finca de Belén de Umbría, Risaralda. Nos ponemos en
contacto y decidimos quedarnos con ella. Tras firmar un acuerdo y cumplir con los requisitos
establecidos, la trajimos a casa. La llamé Palma, y actualmente tiene 5 meses. Es una gata
muy activa, valiente y curiosa, su debilidad también es el pollo. Diría yo que de las cinco gatas
que tengo, es la mas cariñosa.

El amor que siento por los animales va mucho más allá de las palabras. Es una conexión
natural con ellos; me brindan compañía y amor. Tal vez sea algo relacionado con experiencias,
empatía, influencia cultural y social, o algo simplemente instintivo, pero siento que es la
muestra de amor más grande que puede haber.
Uno de los factores más importantes es la responsabilidad que tenemos con ellos y reconocer
que también son seres vivos que merecen respeto. Hoy en día, puedo decir que ellas son mis
niñas, y siempre trato de dar lo mejor para que estén bien.

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