Antecedentes
En sus inicios, la evaluación psicológica estuvo estrechamente ligada a dos áreas
fundamentales de intervención: el ámbito laboral y las dificultades de aprendizaje.
Los antecedentes de la evaluación psicológica en España se remontan al siglo XV. con
Luis Vives, considerado el padre de la Psicología moderna, quien propone la selección del
alumnado en base a sus capacidades y sugiere evaluar en relación con los antecedentes
del estudiante. Juan Huarte de San Juan también destaca la necesidad de la evaluación
psicológica para adecuar a las personas a los puestos de trabajo según sus talentos.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX se producen importantes avances con autores
como Cattell, Spearman, Galton y Binet. Binet inicia una propuesta educativa diferencial.
En este periodo de comienzos del siglo XX también alcanza un especial desarrollo la
Psicometría permitió un estudio objetivo de las diferencias individuales, facilitó la
investigación y la evaluación de la conducta inadaptada, la clasificación y distribución de
los alumnos.
Aunque los tests han sido criticados, siguen siendo útiles para el asesoramiento,
diagnóstico y evaluación curricular.
En la actualidad, una de las preocupaciones de la Psicología Educativa es la “atención a
la diversidad” en la que tienen cabida todos los alumnos con dificultades de aprendizaje,
derivadas de sus condiciones personales de discapacidad o sobredotación, de situaciones
sociales desfavorables o de alto riesgo, de su historia escolar o de dispedagogías. Otras
dificultades de aprendizaje pueden deberse a la presencia de conductas problemáticas
como la drogadicción y el bullying o acoso escolar, entre otras. En este grupo tan
heterogéneo de problemáticas, el papel del psicólogo educativo es fundamental y la
evaluación psicológica necesaria para orientar una intervención posterior.
Éxitos del pasado
En España, en este periodo, los ámbitos fundamentales de evaluación fueron el educativo
y el laboral, y se tuvo el acierto de implicar a instituciones y empresas en el qué evaluar y
en el cómo, por lo que algunos de los tests, de gran rigor científico, elaborados por
autores españoles como J. Germain, M. Siguán, J. García Yagüe o M. Yela, lo hicieron
impulsados por organismos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el
Instituto Nacional de Psicología Aplicada y Psicotecnia y, en especial, por grandes
empresas(Standard Eléctrica, Telefónica, Sociedad Española de Automóviles de Turismo,
Marconi). Y contribuyeron a extender la evaluación psicológica a América Latina.
La evaluación psicológica en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales
supuso un importante avance, en especial en la evaluación de la personalidad y de la
inteligencia, en la que ocuparon y ocupan actualmente un papel relevante el empleo de
pruebas estandarizadas (Popham, 2011) y que, según Silva (1982), supuso una creciente
generalización de la evaluación.
Este periodo se caracteriza también por una creciente disociación entre el modelo
psicométrico y el modelo clínico, principalmente el proyectivo.
Aciertos y errores actuales
Uno de los mayores errores ha sido la desaparición del Instituto Nacional de Psicología
Aplicada y Psicotecnia (1993), sin que ningún organismo autonómico pudiera suplir sus
funciones. Como acierto, en 1990 se transforma la Sociedad Española de Evaluación
Psicológica en la European Association of Psychological Assessment. También se
elaboraron normas para el uso de los tests, la acreditación de usuarios y directrices para
su adaptación cultural.
El problema no está en los profesionales, sino en los errores legislativos que favorecen el
intrusismo profesional. La especialidad de Orientación Educativa dentro del Máster de
Formación del Profesorado forma seudo-profesionales. La proliferación de másteres sin
base en Psicología afecta la calidad educativa.
Modelo integrador de evaluación diagnóstica
Algunos autores identifican diagnóstico con etiquetar o a un alumno con discapacidad.
Esto es una una consideración simplista, ya que la evaluación diagnóstica es mucho más
que situar a un alumno en relación con un grupo normativo. Desde una consideración
adecuada dela evaluación diagnóstica, ésta debe servir:
Para conocer la calidad de la problemática que presenta el alumno así como las
capacidades, habilidades y estrategias que posee o puede desarrollar para hacer
frente a las mismas;
Para informar a los profesores, padres o al propio alumno, de forma que esta
información sirva para una mejor comprensión del trastorno o de las
discapacidades que presente y para facilitar las orientaciones que permitan hacer
frente a los mismos.
Pero además, la evaluación diagnóstica es un recurso útil para la Administración
Educativa.
Dado que, le permite escolarizar a los alumnos con necesidades educativas específicas
en la modalidad
más adecuada y proporcionar los recursos materiales y técnicos que precise.
También en la evaluación diagnóstica pueden y deben participar diversos profesionales lo
que es una ventaja por la riqueza que suponen y las aportaciones de los distintos
profesionales, permitiendo con ello una mejor comprensión de las diversas variables
personales y contextuales, que inciden en la condición del estudiante.
Existen también diversos modelos y procedimientos de evaluación dependiendo de la
concepción de la conducta que se tenga. Aquí un modelo de carácter ecléctico como el
“Modelo Integrador”, que se apoya en distintos modelos: Psicométrico, Conductual
Integrador-Interactivo (conductismo paradigmático), Cognitivo, Clínico, Sociocultural y las
aportaciones de la evaluación neuropsicológica.
Desde el Modelo Integrador, es posible hacer un análisis funcional de la conducta del
sujeto en su interacción con el medio, fundamental para poder establecer una propuesta
de intervención eficaz y eficiente.
Este modelo podría definirse como:
Un proceso complejo de recogida de información relevante del alumno y del contexto,
encaminado a identificar las necesidades personales, sociales y educativas de aquellas
personas que presentan
discapacidades, trastornos de conducta y dificultades de aprendizaje, con el fin de
orientar una intervención o tratamiento posterior (Pérez Solís, 2002).
Desde este modelo integrador de evaluación, debe ser posible:
- Realizar una descripción precisa de las características personales del alumno (aptitudes,
actitudes, habilidades, intereses, motivaciones, ...);
- Determinar si el alumno presenta una deficiencia o una plurideficiencia;
- Saber cómo y en qué medida, las condiciones personales y de discapacidad del alumno
inciden en su proceso de desarrollo, en su vida personal y social y en el proceso de
enseñanza aprendizaje;
- Explicar las dificultades derivadas de sus condiciones personales de discapacidad o
sobredotación y de su historia familiar, escolar y social;
- Distinguir cuáles de estas dificultades están asociadas a discapacidades del alumno y
cuáles se deben al contexto;
- Determinar la competencia curricular del alumnado en relación con las distintas
discapacidades y problemáticas;
- Identificar qué apoyos, recursos, ayudas técnicas o materiales específicos son
necesarios para mejorar el funcionamiento general del alumno;
- Conocer las implicaciones que los distintos elementos del contexto familiar, escolar o
sociocultural puedan tener en una intervención posterior;
- Determinar el emplazamiento escolar más adecuado a sus necesidades, así como el tipo
de ayuda y apoyos que requiere.
Con independencia del modelo de evaluación diagnóstica empleado, es necesario que
ésta abarque dos dimensiones fundamentales:
- La valoración de las condiciones personales de discapacidad o de altas capacidades;
- La valoración del contexto escolar y sociofamiliar.
Por esto la evaluación diagnóstica inicial deba ser una evaluación multidimensional e
interdisciplinar donde el rol de cada profesional será distinto dependiendo de la fase y los
aspectos a evaluar. El psicólogo educativo es fundamental para detectar situaciones de
riesgo como bullying, violencia, consumo de drogas, etc. Y es importante saber, además
el cómo evaluar. Este debe conocer a fondo los instrumentos que utiliza, respetar sus
criterios de aplicación y adecuarlos a las características del alumno.
Finalmente, la información proporcionada por la evaluación psicoeducativa se recogerá en
un informe escrito que debe ser eminentemente descriptivo y comprensible para sus
destinatarios.