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Diplomatura Superior en Educación

Ambiental

Módulo 5: Desnaturalizando los “desastres


naturales”

Clase 1: Riesgos y desastres


Clase 1: Riesgos y desastres
1. Los desastres “naturales”
1.1. Contextos, causas y materialización del riesgo
2. Diferencia entre desastre y catástrofe
3. La evolución del pensamiento científico sobre riesgos y
desastres
4. La connotación social de los desastres y la Teoría Social del
Riesgo
5. Factores para el análisis de los desastres
6. Desastres: ¿producto o proceso?

3
Introducción
Bienvenidas y bienvenidos a la primera clase en la que iniciamos
el quinto módulo de este postítulo.

La presencia de sequías, inundaciones, tormentas severas,


movimientos sísmicos, erupciones volcánicas y deslizamientos,
entre otros, son noticia habitual en los medios de comunicación. Y
llaman la atención de estudiantes que muchas veces acercan estas
problemáticas al aula.

Sin embargo, han sido parte de la historia de la humanidad. Los


relatos de viajeros y cronistas caracterizan estos eventos adversos
que en algunos casos han sido severos.

¿Pueden estos fenómenos ocasionar desastres? Para que ello


ocurra debe existir una sociedad afectada y considerar la
recurrencia, la magnitud y la extensión de los eventos adversos.

En los albores del siglo XXI estas situaciones constituyen un grave


problema. En principio, el crecimiento y expansión de las áreas
urbanas, como las transformaciones territoriales derivadas del
estilo de desarrollo y modalidad de producción, pueden generar
procesos de degradación ambiental cuyos efectos contribuyen en la
configuración de escenarios de riesgo y desastre, a los que se
suman los derivados de la variabilidad y cambio climático.

En esta clase vamos a trabajar distintos conceptos clave para


entender la problemática del riesgo. Abordaremos los factores que
configuran los riesgos, la evolución del pensamiento científico y sus
aportes teóricos frente a estos temas; la relación entre los procesos
de degradación ambiental y la generación de desastres.

4
Objetivos
● Identificar los elementos que componen el riesgo: amenaza y
vulnerabilidad.

● Reconocer los paradigmas y teorías que orientan el análisis y


la gestión del riesgo de desastres.

● Analizar la relación entre degradación ambiental, riesgos y


desastres.

● Reflexionar sobre el valor pedagógico de estas cuestiones.

Contenidos
● Los conceptos de riesgo, desastre, amenaza, vulnerabilidad y
fenómeno natural.

● Las principales ideas que han marcado la interpretación y


modelado la gestión de riesgos.

● Los desastres como problemas no resueltos del desarrollo.

● El valor pedagógico de estos debates.

1. Los desastres “naturales”

Los eventos adversos, entendidos como aquellos que pueden


ocasionar daños, han afectado a la sociedad durante toda su
historia. En algunos casos, con impactos significativos. En diversas
ocasiones, suele expresarse que la fuerza de la naturaleza es la
responsable de ello. Sin embargo, las experiencias obtenidas a
partir de distintos desastres evidencian que intervienen distintos
factores.

5
En este sentido, un fenómeno natural es aquel que resulta de los
procesos naturales. Puede ser cíclico, recurrente o extraordinario, y
su origen puede estar dado por procesos geodinámicos generados
en el interior de la Tierra o por agentes externos tales como: los
glaciares, aguas superficiales, subterráneas, mar; la temperatura, el
viento, etc.

Pero, ¿cuándo un fenómeno natural se traduce en peligroso? Este se


convierte en una amenaza cuando representa peligrosidad, es decir,
provoca daños materiales, pérdida de bienes y de vidas en zonas
pobladas alterando su vida cotidiana. Algunas de las características
que nos ayudan a analizar la severidad de su alcance son la
magnitud, la extensión, la intensidad.

La disrupción de situaciones peligrosas caracterizadas como


desastres por sus consecuencias, ciertas veces, es definida como
inmanejable, impredecible e imprevisible, pues de alguna forma se
está enfatizando en la responsabilidad de la naturaleza como la
única causante del mal (Romero y Maskrey, 1993).

Las condiciones físico-naturales del ambiente, su dimensión social y


cultural, los procesos demográficos, políticos y económicos, la
urbanización y los avances tecnológicos poseen un carácter
dinámico en el cual el interjuego de diversos factores constituye una
alarma constante en la generación de incertidumbre acerca de
futuros escenarios de riesgos. Como ejemplos de algunos de ellos,
podemos sumar a los ya enunciados: la deforestación, las
actividades extractivas e industriales en condiciones de
incompatibilidad o disfuncionalidad con el ambiente.

Por ejemplo, la localización de ciudades o de asentamientos


urbanos en áreas frágiles, como la que se presenta en Villa la
Angostura –provincia de Río Negro– en las cercanías al complejo
volcánico Cordón Caulle-Puyehue, advierte sobre el vínculo entre un

6
posible fenómeno peligroso (la erupción volcánica) y la exposición
de la población local como una de las condiciones de vulnerabilidad
en que se halla.

Para interpretar este ejemplo, vamos a partir de algunas


definiciones que nos van a permitir comprender estas relaciones.

Cada uno de los términos, en el marco de la Teoría Social del Riesgo,


tiene su significado. Por ello, resulta clave conocerlos, explicarlos y
enseñarlos en la escuela desde esta perspectiva.

Entendemos al riesgo como la probabilidad de que un fenómeno


peligroso se desarrolle y produzca daños. Tal es así que para que
exista un riesgo deben coexistir otros elementos como la amenaza o
fenómeno peligroso y la vulnerabilidad. “El riesgo es la potencialidad
de que algo ocurra” (Natenzon, 2003, p. 5).

Entonces, se caracteriza por la probabilidad de consecuencias del


evento y factibilidad de producir daños como resultado del grado de
exposición y de vulnerabilidad que identifican a las personas y los
bienes afectados.

Definimos a la amenaza como la ocurrencia de un fenómeno


peligroso en un lugar y tiempo dado, es decir, la manifestación del
evento natural o antrópico. Por ejemplo: una inundación, una
sequía, una tormenta severa, un tornado, una explosión en una
industria, etc.

La complejización de fenómenos y procesos físico-naturales ya


mediados técnicamente por las sociedades (generando con ello una
nueva amplificación de su poder destructivo) ha sido por demás
elocuente en la interpretación de los acontecimientos catastróficos
del tsunami del Océano Índico (2004), del Huracán Katrina en Nueva
Orleáns (2005) o del terremoto de Haití (2010). (Natenzon, 2015, p. 5)

7
Cuando hacemos referencia a la vulnerabilidad estamos indicando
la capacidad que tiene una población de enfrentar la amenaza y
recuperarse del daño (Wilches-Chaux, 1993). En este marco, la
vulnerabilidad social es compleja en tanto surge de múltiples
relaciones y tiene un carácter multidimensional, ya que comprende
las condiciones materiales de vida de una población, sus déficits, sus
limitaciones para tomar decisiones, pero también sus marcos
normativos.

Gilberto Romero y Andrew Maskrey (1993) al analizar fenómenos


naturales identifican la vulnerabilidad por origen y progresiva.
Entienden a la vulnerabilidad por origen como aquella en la que un
asentamiento fundacional se localiza en áreas susceptibles de sufrir
algún riesgo natural. Y progresiva, cuando en su proceso de
expansión espacial incrementa su grado de afectación.

Por lo tanto, podríamos afirmar que el riesgo es el resultado de


la relación indisoluble entre la amenaza y la vulnerabilidad.

En este marco también resulta importante el concepto de


exposición, que identifica a aquellos bienes y personas que por su
localización pueden ser afectados por un fenómeno peligroso o
amenaza. “La vulnerabilidad física se conoce también como
exposición y puede estar determinada por aspectos como la
densidad de población, la localización, el sitio, el diseño y los
materiales usados en la construcción” (González y Torchia, 2007, p.
6).

Como mencionamos, en varias oportunidades suele observarse en


los medios de comunicación el tratamiento de una noticia de estas
características, en la que se hace referencia a desastre, catástrofe, la
fuerza de la naturaleza, algo inesperado o extraordinario. ¿Por qué
les causan interés a nuestras y nuestros estudiantes estas noticias?

8
¿Cuál es su mirada al respecto? ¿Lo entienden como “natural”?
¿Perciben la responsabilidad de la sociedad?

Es importante tener en cuenta que detrás del uso de cada término


existe una intencionalidad o justificación de la inacción o la omisión
por parte de las instituciones responsables en la prevención, la
mitigación (capacidad de adaptarse a la amenaza) y la preparación
frente al desastre.

Resulta importante que, más allá de las autoridades, la población


conozca a qué riesgos o situaciones peligrosas está expuesta. De
esta manera, podrá informarse, prepararse y tomar decisiones.
Estamos hablando de responsabilidades compartidas.

Por ejemplo, en la actualidad el Servicio Meteorológico Nacional


emite alertas y avisos de corto plazo a los que la población accede a
través de medios radiales, televisivos y aplicaciones que le permite
prevenir, mitigar o prepararse ante un posible evento adverso. Un
ciudadano informado cuenta con la ventaja de saber qué hacer ante
una situación severa, y este conocimiento le brinda la oportunidad
de resguardarse, evacuar o tomar otras medidas que ayuden a
disminuir los daños cuando no sea posible evitarlos.

En el siguiente diagrama se expresa la relación entre los conceptos


amenaza, vulnerabilidad y exposición con los factores que
contribuyen a la materialización del riesgo y algunas de las
causalidades que actúan como detonantes de un desastre.

9
1. 1. Contextos, causas y materialización del riesgo

Fuente: Adaptado de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de


Riesgos de Desastres, 2019. Informe de Evaluación Global sobre la Reducción de
Riesgos de Desastres.

2. Diferencia entre desastre y catástrofe

La manifestación del riesgo con sus daños, tanto a bienes como a


personas, es lo que definimos como desastre. Este es dinámico y
expresa de alguna manera una situación de estrés social o crisis.
Por lo cual, podríamos pensar en el desastre como una
construcción social. “Un desastre sobreviene si los procesos
normales de la naturaleza y los procesos normales de una
determinada práctica social (cultura, técnica) entran en conflicto”.
(Da Cruz, 2003, p. 14).

10
Hablar sobre catástrofe nos lleva a considerar su significado. Según
el Diccionario de la RAE (Real Academia Española) etimológicamente
proviene del latín tardío y del griego y se define como “abatir,
destruir” y como un suceso que produce gran daño. Sin embargo,
para otros autores, la diferencia entre desastre y catástrofe tiene
que ver con la capacidad de respuesta. Es decir, cuando la
jurisdicción local puede responder con sus medios, se lo considera
un desastre. La catástrofe representa la necesidad de ayuda
externa, ya que la gravedad de la afectación no puede atenderse
con los medios y estructura local. Para Renda es “una situación, un
daño provocado por un evento adverso de origen natural o
provocado por los seres humanos que, por su magnitud, puede ser
atendida por los medios disponibles localmente” (2017, p. 14).

El desastre interrumpe esa cotidianidad, al alterar la convivencia con el


medio circundante. Comprender el desastre obliga a analizar cómo se
fueron conformando las condiciones del riesgo, histórica y
prospectivamente. El riesgo es un producto de conflictos de intereses,
bienes y accesos diferenciales, público y privado, público y público. El
desastre pone en evidencia la falta de sostenibilidad ambiental. (Herzer,
2011, p. 54)

¿Qué factores influyen en el desarrollo de un desastre? ¿Puede un


fenómeno natural constituirse en un desastre? ¿Por qué? ¿Es posible
reducir los riesgos y los desastres? ¿Cuál es la importancia de los
procesos políticos, económicos, demográficos ante estos eventos?

11
3. La evolución del pensamiento científico sobre
riesgos y desastres

A través de los siglos los desastres han sido estudiados desde la


perspectiva de su causalidad, en gran parte de orden natural. Es así
que se le atribuyen, por ejemplo, la caída de civilizaciones o
momentos de cambios trascendentes a fenómenos como el cambio
climático, el hambre y la escasez de alimentos, derivados de los
excesos o déficits hídricos, como también enfermedades y pestes.

Buscar comprender cómo en el pasado y en el presente se


configuran los escenarios de riesgos, nos lleva a reconocer la
localización, el momento, la magnitud, intensidad, así como
también aquellos factores y elementos que forman parte del
entramado sistémico en el que ocurren.

Las pérdidas de vidas y bienes materiales ante distintos eventos


adversos han llevado en las últimas décadas a un replanteo de las
formas de gestionar el riesgo. En este sentido, las Naciones Unidas
designaron a la década de 1990 como el Decenio Internacional para
la Reducción de Desastres Naturales (DIRDN). Su enfoque se centró
en la atención de fenómenos de origen natural. Sin embargo, el
objetivo planteado exigía una mirada más integral acerca de las
dimensiones del desastre, ya que los modelos de gestión de riesgo
existentes habían sido orientados a la acción en la emergencia, es
decir, cuando el evento adverso era un hecho.

Desde esta perspectiva, el eje de su gestión estaba centrado en el


análisis, la predicción y el monitoreo del fenómeno peligroso o
amenaza minimizando o dejando de considerar el rol de la
sociedad, de sus prácticas, de sus procesos plasmados en el
territorio, es decir, cómo desarrollan sus actividades económicas, la

12
expansión agropecuaria, deforestación, la ocupación de terrenos
vulnerables, las actividades industriales, etc.

El resultado del DIRDN se consolida con la creación de la Estrategia


Internacional de Reducción de Desastres (EIRD) en el marco de la
Organización de las Naciones Unidas con el objetivo de establecer
una perspectiva que considere los fenómenos peligrosos y la
vulnerabilidad de la población en el análisis de estos.

En este contexto, en el año 2005, el Marco de Acción de Hyogo


constituye el instrumento que adoptan los Estados miembros de la
ONU con el fin de reducir los desastres y reconocer que estos no
son naturales.

A partir de entonces, comienzan a considerarse distintas


dimensiones de la vulnerabilidad social, por lo que las estrategias
de gestión se orientan hacia la prevención y a la reducción de
pérdidas. De esta manera, en el año 2015, Naciones Unidas logró
acordar como prioridades:

● comprender el riesgo de desastres,

● fortalecer su gobernanza,

● invertir en la reducción del riesgo de desastres para


fortalecer la capacidad de la población frente a ellos y
aumentar la preparación.

Las y los invitamos a visitar el sitio web de la Oficina de Naciones Unidas


para la Reducción del Riesgo de Desastres.

En este sitio encontrarán información de todo orden, reuniones,


documentos, pero también material didáctico y videos para trabajar

13
con las y los estudiantes. Podrán conocer el juego Riesgolandia, que de
alguna manera busca concientizar sobre los riesgos a los que está
expuesta la población a través de la actividad lúdica.

4. La connotación social de los desastres y la Teoría


Social del Riesgo

Durante muchos años, la visión de las ciencias básicas o naturales


se orientó a estudiar las amenazas (terremotos, tormentas severas,
inundaciones, sequías, deslizamientos, etc.) atendiendo a sus
causas, magnitud, recurrencia, prevención y mitigación asignándole
un rol pasivo o casi ausente a la población afectada.

Desde hace algunas décadas, el concepto de vulnerabilidad como


una parte de la ecuación del riesgo rescata la visión de aquellos
ignorados o ausentes e incorpora al estudio cómo sus prácticas
sociales e intervenciones sobre el territorio, sus cosmovisiones, su
cultura pueden estar vinculadas a los daños y las pérdidas. Este
cambio en el pensamiento sobre riesgos marca un antes y un
después en los paradigmas vigentes: 1. el fisicalista y 2. el derivado
de la sociología norteamericana o Teoría Social del Riesgo.

Hoy la trascendencia que presentan las consecuencias de la


ocurrencia de diversos eventos como sequías, tormentas,
inundaciones, deslizamientos, movimientos sísmicos y “accidentes”
como derrames, vertidos, incendios y otros de características
tecnológicas nos lleva a preguntarnos: ¿cuánto conocemos sobre
ellos? ¿Tenemos como docentes las herramientas necesarias para
poder actuar antes de la ocurrencia de alguno de estos eventos?
¿Podemos prevenirlos, atenuar sus efectos o prepararnos para
cuando se desarrollen y tener una menor afectación?

14
Existen sociedades que por su experiencia, recurrencia o
conocimiento de eventos adversos se preparan antes del fenómeno
peligroso y disminuyen el riesgo. Por ello, resulta importante
enfocar el análisis de estos eventos desde la Teoría Social del
Riesgo, por la que entendemos que este es socialmente construido.
¿Cuál es el significado? Este nos indica que más allá de las
amenazas, las que pueden ser inevitables, se debe trabajar
disminuyendo la vulnerabilidad y, en relación con ello, se contribuye
a minimizar los riesgos. De allí la importancia de enseñar estos
temas en la escuela desde una perspectiva interdisciplinaria que
proporcione un análisis integral.

Desde el paradigma fisicalista se proponen medidas estructurales o


ingenieriles para la búsqueda de soluciones, como por ejemplo, un
dique o terraplén para una inundación, un reservorio de agua para
la sequía, es decir, obras materiales, lo que manifiesta una visión
parcial del desastre al excluir de su análisis la dimensión social.

Durante el desarrollo de esta línea de pensamiento, la perspectiva


del desastre puso énfasis en la vulnerabilidad física y/o exposición
buscando mostrar aquellas visiones culturales y religiosas que
mostraban a los desastres como un castigo divino. En palabras de
Romero y Maskrey,

… algunas personas tienen una “conciencia mágica” de estos


acontecimientos (como la llama Paulo Freire), porque transfieren la
causa de los acontecimientos reales y cotidianos hacia un nivel
suprahumano, el cual es imposible de penetrar racionalmente;
puede ser un dios, o algo semejante. En este caso, los hechos se le
presentan al hombre como provocados por fuerzas extrañas,
incontrolables, que le golpean. Esta visión fatalista inhibe la acción
y conduce a la resignación y al conformismo. Concebir como un
castigo divino la lluvia, la sequía, el maremoto, el terremoto, etc. es
todavía común hoy en día entre la población rural. (1993, p. 1)

15
Esta línea de pensamiento adopta al desastre como algo coyuntural,
algo que emerge de la nada, por ello, se lo califica de inmanejable,
imprevisible e impredecible. Su acción se centra en la emergencia,
es decir, una vez ocurrido el evento adverso, su mirada es más
cuantitativa ya que se sustenta en estadísticas de víctimas, daños,
etc. Los sistemas de Defensa Civil de Latinoamérica fueron creados
durante la década de 1960 en la que estaba vigente esta mirada y,
por lo tanto, como mencionamos, la gestión ha estado centrada en
la acción durante la fase de emergencia. Más allá del paso de
décadas al respecto aún quedan rezagos de este modelo de
gestión.

En contraposición a esta mirada, la Teoría Social del Riesgo surge


desde la Escuela de Sociología norteamericana como parte de un
proceso asociado a la evolución de las ciencias en marco general, en
el cual las ciencias sociales pasan a ocupar un espacio que había
sido relegado o minimizado frente a las ciencias naturales.

En primera instancia, porque el considerar solamente a los


desastres desde el estudio de la amenaza evidenció las
consecuencias en muertes, heridos, afectados y pérdidas
materiales. Es decir, que la causalidad está centrada en el
conocimiento del fenómeno peligroso natural, lo cual no bastaba
para encontrar soluciones. En segunda instancia, la necesidad de
ampliar el espectro de análisis en cuanto a lo social, económico e
institucional y comprender cómo es la lógica o intencionalidad de
los distintos actores sociales en los procesos de construcción social
del riesgo.

Los primeros trabajos escritos desde las ciencias sociales datan de


la década de 1940, de Gilbert White. Pero es en los años 60 que
comienzan a realizarse publicaciones desde esta perspectiva sin
tanta repercusión. Los eventos sísmicos y de deslizamientos de la

16
década de 1970 que en particular afectaron a Perú, Guatemala,
Nicaragua y otros países pusieron de manifiesto la necesidad de
replantear los sistemas de Defensa Civil. Recién en 1985, con el
terremoto de México y la erupción del Nevado de Ruiz en Colombia
(con más de 20.000 víctimas), se evidenció que actuar en la
emergencia significaba llegar tarde.

Es allí cuando se fortalece la Teoría Social del Riesgo. Sus aportes se


centran en el análisis de las distintas dimensiones de la
vulnerabilidad global atendiendo a la de orden físico, económico,
social, institucional, política, educativa, técnica, etc. En este
contexto, se visibiliza cómo los distintos procesos sociales, políticos
y demográficos pueden implicar cambios como consecuencia de la
ocupación, uso, aprovechamiento, sobreexplotación de recursos,
expansión de las actividades y de la población, procesos migratorios
e inciden y/o agudizan la degradación del ambiente.

Como parte de este proceso de transformación sobre el abordaje


de los desastres, en el año 1994 se conforma la Red de Estudios
Sociales en la Prevención de Desastres que favoreció la difusión de
esta teoría a los países de América latina, como también el
fortalecimiento de instituciones involucradas en la protección civil.

¿Cómo trabajar en el aula el caso de las inundaciones en nuestra


provincia? Tomando el caso atípico de la ciudad turística de Villa
Epecuén, ¿cómo tensionan ambas teorías? Trabajar sobre la
vulnerabilidad, asignándole protagonismo, pero sin dejar de
considerar a la amenaza o fenómeno peligroso. ¿Cuál sería en este
caso?

17
Las y los invitamos a visitar el sitio web de la Oficina de Naciones Unidas
para la Reducción del Riesgo de Desastres.

En este sitio encontrarán información de todo orden, reuniones,


documentos, pero también material didáctico y videos para trabajar
con las y los estudiantes. Podrán conocer el juego Riesgolandia, que de
alguna manera busca concientizar sobre los riesgos a los que está
expuesta la población a través de la actividad lúdica.

5. Factores para el análisis de los desastres

Muchas veces, al abordar problemas ambientales en el aula,


notamos que nuestras y nuestros estudiantes creen que estos son
independientes de otras situaciones. Sin embargo, la importancia
de su enseñanza radica, en parte, en el análisis de los procesos que
les dan origen y que pueden ser detonantes de un desastre.
Analizar la multicausalidad y las relaciones que surgen entre la
sociedad y el territorio es lo que han propuesto a través del Modelo
PAR, como lo indican las siglas de “Pressure and Release” en inglés,
cuyo significado en castellano es Presión y liberación de desastres,
en el cual explican cómo interactúan los distintos factores
subyacentes, las causas de fondo que dan lugar a presiones
dinámicas y cómo se generan condiciones inseguras que
incrementan el grado de exposición de la población. Al encontrarse
con la amenaza, se produce un desastre.

Las causas de fondo son aquellas que se vinculan con los procesos
políticos, económicos, demográficos y sociales. Es decir, tienen en
cuenta el modelo de producción y de desarrollo, composición de la

18
población y procesos migratorios, y nivel de independencia en la
toma de decisiones.

Las presiones dinámicas muestran el crecimiento de la población,


los bajos ingresos, el bajo nivel nutricional, la baja productividad del
suelo, la deforestación, la emigración, problemas de género y la
degradación ambiental. Todas ellas dan lugar a las condiciones
inseguras de la población, que se manifiestan en grado de
susceptibilidad a las amenazas.

Las y los invitamos a leer el siguiente texto, que constituyó en su


momento un punto de inflexión en el abordaje e interpretación de los
riesgos y desastres. Este libro –publicado en inglés en 1994 y traducido al
español en 1996– marcó un hito al estar disponible en la web con el
objetivo de alcanzar a todos los actores involucrados, y profundiza en los
aspectos que hacen a la vulnerabilidad social. Sus primeros capítulos se
centran en los aspectos conceptuales y en los siguientes se aplica el
Modelo PAR a diferentes tipos de amenazas.

● Blaikie, P. y otros. (1996). Vulnerabilidad, el entorno social, político y


económico de los desastres. Santa Fe de Bogotá: La Red. Tercer
Mundo Editores. Capítulos 2 y 3.

En síntesis, la liberación del desastre ocurre cuando la relación


entre las causas de fondo, presiones dinámicas y condiciones
inseguras se encuentran con la amenaza y dan lugar al desastre. De
esta forma puede advertirse el vínculo entre la escala global y local,
cuyos impactos se reflejan en la sociedad caracterizada por una
estructura social, económica y demográfica vulnerable.

19
6. Desastres: ¿producto o proceso?

Hacer referencia al desastre como producto significa reconocer que


irrumpe en una sociedad que tiene susceptibilidades previas. La
adopción de este enfoque, mirada o perspectiva representa actuar
en la emergencia, es decir, una vez producido el evento adverso.
Por lo tanto, las etapas de prevención, mitigación, alerta,
evacuación y preparación poseen un rol más débil y/o pasivo frente
a este.

En este marco, la acción en la emergencia puede indicar


importantes pérdidas. El desastre como producto es el resultado
del modelo o paradigma fisicalista.

Contrariamente, el considerar al desastre como proceso nos lleva a


identificar eventos ya ocurridos en los que los mecanismos de
intervención pueden ser la remediación, ordenación ambiental del
territorio, planificación urbana, evaluación de impacto ambiental, la
educación ambiental. En este caso, las medidas pueden ser
estructurales, basadas en obras materiales o de ingeniería o
medidas no estructurales que pueden partir de campañas de
concientización, trabajo en talleres con la población, etc., que
surgirán de acuerdo con las políticas públicas inherentes.

Por ello, atender los procesos plantea la necesidad de razonar en


las estrategias de prevención y mitigación (como en las políticas de
ordenación del territorio) con el objetivo de evitar y atenuar los
impactos de estos eventos. A la vez, se busca fortalecer la capacidad
de respuesta de los organismos responsables en el marco de la
protección civil. El desastre como proceso se encuadra en la Teoría
Social del Riesgo.

20
A los factores que componen el riesgo (peligrosidad del fenómeno o
amenaza, vulnerabilidad y exposición), sumamos la incertidumbre.
Y decimos que

…representa aquellos aspectos que surgen del desconocimiento


sobre las otras tres componentes del riesgo: la vulnerabilidad, la
peligrosidad y la exposición (…). Cuando no se pueden caracterizar
estas tres dimensiones, cuando no hay conocimientos sobre ellas, ya
no se trata de “riesgo” sino de “incertidumbre”. (Natenzon, 2015, p. 8)

En el mundo actual, los escenarios de riesgos y la ocurrencia de


desastres lamentablemente adquieren un carácter cotidiano; por
ello, los problemas que surgen a partir del desarrollo de los
desastres solo pueden abordarse con un rol participativo de la
población, es decir, de todos los actores sociales involucrados. En
este sentido, promover en las instituciones y organizaciones
procesos de educación ambiental crítica posibilita el debate, la
comprensión de los conflictos y la participación ciudadana.

Por consiguiente, podemos afirmar que los desastres no son


naturales: hay una sociedad afectada y el Estado, a partir de las
potestades que le otorga la normativa, es el responsable de
garantizar la seguridad ciudadana. Por lo tanto, es necesario un
cambio que vaya de la teoría a la práctica, buscando el compromiso
en el accionar de la sociedad en su conjunto.

Foro obligatorio: Analizando los desastres

Los procesos de ocupación y transformación del espacio constituyen


parte de los cambios que se desarrollan en materia ambiental. Desde
esta perspectiva, el paisaje sintetiza el vínculo que se desarrolla en el
territorio con la sociedad. Esta totalidad organizada es la que

21
denominamos sistema complejo, y nos lleva a indagar en la
multicausalidad, en las relaciones que existen entre los procesos
naturales, sociales, económicos y políticos como también en sus
estructuras y escalas de análisis que hacen que un fenómeno peligroso,
cuyo análisis pareciera ser simple, se torne complejo.

Urlich Beck (1998) menciona la creación de nuevas formas de riesgos a


partir de las tecnologías actuales, lo que en alguna forma provoca una
desestructuración de la sociedad en cuanto a sus tradiciones sobre
riesgos, dando lugar a nuevas incertidumbres (adaptado de Pereyra,
2017).

Ahora, compartamos las siguientes consignas en el foro:

¿Qué ejemplos de desastres podrían citar, en los que identifiquen los


factores que componen el riesgo, la amenaza y la vulnerabilidad,
reconociendo algunos procesos que intervienen en el territorio?

¡Nos leemos!

Lectura obligatoria

Natenzon, C. E. (2015). Presentación. En C. E. Natenzon y D. Ríos (Eds.),


Riesgos, catástrofes y vulnerabilidades. Aportes desde la Geografía y
otras ciencias sociales para casos argentinos (pp. IX-XXV). Buenos
Aires: Imago Mundi.

Lectura complementaria

Lavell, A. y Franco, E. (1996). Estado, sociedad y gestión de los desastres en


América Latina: en busca del paradigma perdido. Lima: La
Red-FLACSO-ITDG. Disponible en:
[Link]

22
Bibliográficas

Blaikie, P. y otros. (1996). Vulnerabilidad. El entorno social, político y


económico de los desastres. Santa Fe de Bogotá: La Red. Tercer
Mundo Editores. Disponible en:
[Link]
-todo_sep-[Link]

Beck, U. (1998). La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad.


Buenos Aires: Paidós Básica.

Da Cruz, J. (2003). Ecología Social de los Desastres. CLAES. 2003.


Montevideo: Coscoroba Ediciones. Disponible en:
[Link]

González, S. y Torchia, N. (2007). Aportes para la elaboración del marco


conceptual. Programa Nacional de Reducción de Riesgos de
Desastres y Desarrollo Territorial (Proyecto PNUD-ARG 05/2020).
Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Subsecretaría de Planificación
Territorial de la Inversión Pública – MINPLAN.

Herzer, H. (2011). Construcción del riesgo de desastres y gestión


ambiental urbana: perspectiva en debate. Revista Virtual Redesma.
Disponible en:
[Link]

Keucheyan, R. (2016). La naturaleza es un campo de batalla. Finanzas, crisis


ecológicas y nuevas guerras verdes. 1ed. Buenos Aires: Capital
Intelectual.

Lavell, A. y Franco, E. (Eds.). (1996). Estado, sociedad y gestión de los


desastres en América Latina: en busca del paradigma perdido. Lima:
La Red-FLACSO-ITDG. Disponible en:
[Link]

23
Lavell, A. y otros. (2003). La Gestión Local del Riesgo. Nociones y Precisiones
en torno al Concepto y la Práctica. Guatemala: CEPREDENAC-PNUD.
Disponible en:
[Link]
stion_riesgo_espanol.pdf

Natenzon, C. (2003, 28 de julio-7 de agosto). Inundaciones catastróficas,


vulnerabilidad social y adaptaciones en un caso argentino actual.
Cambio climático, elevación del nivel medio del mar y sus
implicancias. En Climate Change impacts and integrated Assessment
EMF. Workshop IX, Snowmass, Colorado.

Natenzon, C. E. (2015). Presentación. En C. E. Natenzon y D. Ríos (Eds.),


Riesgos, catástrofes y vulnerabilidades. Aportes desde la Geografía y
otras ciencias sociales para casos argentinos (pp. IX-XXV). Buenos
Aires: Imago Mundi.

Natenzon, C. E. (2016). Reflexiones sobre riesgos, vulnerabilidad social y


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Videos

Claudia Natenzon – Teoría Social del Riesgo – Salto Grande:


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Licencia Creative Commons

Autor(es): Adriana Beatriz Pereyra. Especialización Docente de Nivel


Superior en Educación Ambiental. Nuevas miradas y propuestas
transversales para el aula. Dirección Provincial de Educación Superior,
DGCyE. Provincia de Buenos Aires, 2023.
Lectura crítica: Carolina García y Gustavo Sposob.

Esta obra está bajo una licencia Creative Commons


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