Для комментария во время онлайн-трансляции Литургии.
Вначале (или по ходу) то, что необходимо о: храме (Иконостас,
Царские, и диаконские врата, находятся прихожане), алтаре (место, престол,
жертвенник), клирос (хор).
La Divina Liturgia fue establecida por Nuestro señor Jesucristo el Santo
Jueves, al atardecer, en vísperas de Su Pasión en la cruz. Es un centro de la vida
cristiana. Es, al mismo tiempo, el Servicio Divino más importante, durante el cual
se celebran (se realizan) dos sacramentos:
- el pan y el vino, que están en el altar (gracias al poder del Espíritu
Santo), se transforman al Verdadero Cuerpo y a la Verdadera
Sangre de Jesucristo
- los fieles comulgan la Comunión,
La Liturgia se divide en tres partes, que siguen una por otra. Se llaman:
1) "proscomidia,"
2) "Liturgia de los catecúmenos"
3) "Liturgia de los fieles."
Ahora, en este momento, en el Sagrado Altar el sacerdote realiza la proscomidia.
Por medio de un acto sagrado especial prepara el pan y el vino, los cuales luego se
convertirán al Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. La proscomidia siempre pasa con
las Puertas Reales cerradas. Mientras la asamblea reza los dos cortos oficios, se
llaman la hora tercia y la sexta.
Liturgia de los Catecúmenos. La segunda parte de la Liturgia se denomina
"de los Catecúmenos," pues en ella pueden estar presentes los que se preparan a
recibir el bautismo y los excluidos, por pecados graves, de recibir la Santa
Comunión.
El sacerdote en su primera proclamación glorifica a la Santísima trinidad:
"Bendito sea el reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos."
El coro canta “amén” (así sea). Luego el diácono (o sacerdote) pronuncia la
Letanía mayor, en la cual se enumeran las diversas necesidades cristianas y
nuestras solicitudes al Señor, mientras tanto el sacerdote reza en silencio, dentro
del altar, para que Dios tenga en cuenta este templo, a los fieles y a sus
intenciones.
En las últimas palabras de la Letanía "con todos los Santos," invocamos la
ayuda de la Santísima Virgen y todos los santos, nos encomendamos a nosotros
mismos y al prójimo a Jesucristo, para que Él nos guíe con Su sabia voluntad.
Luego de la Letanía Mayor se entona el Salmo 102: "Bendice, alma mía, al
Señor..." y el 145: "Alaba, ¡alma mía! al Señor..." separados por la Pequeña
Letanía: "Una y otra vez roguemos en paz al Señor." En los Salmos mencionados
están representada las buenas obras de Dios en favor del género humano. Estos
Salmos se denominan "representativos," y en griego se denominan Antífonas.
Al finalizar la segunda Antífona se entona el siguiente canto: “Oh Hijo
Unigénito y Verbo de Dios… La tercera Antífona. En este canto está expresada la
enseñanza Ortodoxa sobre la Segunda Persona de la Santa Trinidad - el Hijo de
Dios, Jesucristo, Hijo Unigénito (único por esencia) y Verbo de Dios, el Cristo,
que siendo inmortal, se hizo hombre, encarnándose de la Santísima Virgen y
Siempre Virgen María y siendo crucificado, Él con Su muerte venció a la muerte,
siendo una de las Tres Personas de la Santa Trinidad, es glorificado en igualdad
con el Padre y el Espíritu Santo.
Al finalizar la tercera Antífona, el sacerdote toma de la Santa Mesa el Santo
Evangelio y sale por la puerta norte hasta el centro del ambón. Esta procesión se
denomina Pequeña Entrada, y representa la salida de Cristo al mundo para predicar
la Buena Nueva.
El sacerdote se encuentra ante las Puertas Reales y levantando el Santo
Evangelio exclama: "¡Sabiduría! ¡Levantaos! " o ¡Estemos de pie!" ingresa al
Santuario y deposita el Santo Evangelio sobre la Santa Mesa. Esta proclamación,
indica a los fieles que tienen que estar erguidos, estar atentos y concentrados
mentalmente, mirando al Santo Evangelio como al Mismísimo Jesucristo yendo a
predicar.
Luego se entonan el tropario y otros cantos, mientras tanto el sacerdote, en
silencio ora solicitando al Padre Celestial, alabado por los querubines y los
serafines, recibir de nosotros el canto angelical (Triságion), perdonar nuestros
pecados, santificarnos y darnos fuerzas para servirlo correctamente a Él.
Al finalizar el Triságion se lee la Epístola de los Apóstoles correspondiente.
Para escuchar atentamente los fieles se preparan ante la proclama:
"Atendamos" o "Estemos atentos," "La paz sea con todos," "Sabiduría," y con el
canto del prokímenon de un breve verso Sálmico. Durante la lectura de la Epístola
se inciensa para significar la gracia del Espíritu Santo, con la cual los apóstoles
predicaban a todo el mundo la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo. Al acto de
incensar hay que contestar con una simple reverencia (sin persignarse).
Se lee el Evangelio al que se responde con un anterior y posterior canto
jubiloso: "Gloria a Ti, Señor, Gloria a Ti."
Las Epístolas y los Evangelios deben ser escuchados con especial atención.
Corresponde antes de la lectura del Evangelio persignarse, y a su término
persignarse con una reverencia.
A continuación del Evangelio se proclama la Letanía Ferviente, al principio
de la cual se invita a los fieles rezar a Dios con el corazón puro, con todas las
fuerzas del alma: "Digamos todos con toda el alma y con toda nuestra mente
digamos."
Luego se proclama la Letanía por los difuntos. Hay que rezar por los
difuntos, por sentimiento de amor cristiano hacia ellos, más aun, para los difuntos
no hay penitencia, sino únicamente recompensa, - vida bienaventurada o eterno
tormento. La oración cristiana por ellos, las buenas obras, realizadas en su
memoria, y sobre todo ofrecer el Sacrificio incruento, pueden mitigar por súplicas
el justo juicio de Dios y aliviar el tormento por sus pecados.
Luego se proclama la Letanía de los Catecúmenos, para que el Señor tenga
piedad de ellos, los encamine en la verdad de la Santa Fe ("para que les revele el
Evangelio de la Verdad") y tengan el acceso al Santo Bautismo ("para que los una
a su Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica").
Con las palabras: "Todos los fieles, una y otra vez en paz roguemos al
Señor," se inicia entonces la Liturgia de los Fieles.
Liturgia de los Fieles. Así se denomina la tercera parte de la Divina Liturgia,
porque, en ella pueden estar presentes únicamente los fieles, es decir los
bautizados. Se la puede dividir en las siguientes partes:
Traslado de los Dones, que han sido ofrecidos del Altar de la Ofrenda a la
Santa Mesa o Altar Principal (o Trono).
Preparación de los fieles a la consagración de los Dones.
Realización del Misterio del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor
Jesucristo (Consagración).
Preparación de los fieles para la Comunión.
Comunión.
Acción de gracias por la Comunión y salida.
Se entona el Himno de los Querubines: "Nosotros que a los Querubines
místicamente representamos..."
El sacerdote reza la Plegaria Sacerdotal para que Dios limpie su alma y
corazón de toda conciencia de malignidad y le otorgue la fuerza del Espíritu Santo
para presentar a Dios los Dones preparados. El sacerdote inciensa y luego entona, a
media voz, tres veces el Himno, y se retira a la mesa de la Ofrenda para llevar los
Dones desde allí a la Santa Mesa.
El sacerdote teniendo la Patena (Discos) y el Cáliz en sus manos, realiza la
Gran Entrada.
El sacerdote entra por las Puertas Reales al Santuario, los Dones se colocan
sobre la Santa Mesa, sobre el antimisio, y se cubren con el velo grande (se llama el
air). El coro durante este proceso finaliza de cantar el Himno de los Querubines.
La Gran Entrada simboliza la triunfal entrada de Jesucristo a Jerusalén y
su entrega voluntaria al sufrimiento y muerte en la cruz. Los fieles en ese momento
tienen que estar con la cabeza inclinada y rogar a Dios se acuerde de ellos y de sus
seres queridos en Su Reino.
Después de la Gran Entrada sigue la preparación de los fieles a la
Consagración de las Ofrendas. Se inicia con la Letanía Completiva: "Completemos
nuestra súplica al Señor" o "Prosigamos nuestra oración al Señor" por "los
preciosos Dones ofrecidos," para que sean del agrado del Señor y para que Dios los
bendiga con Su misericordia.
Las palabras: "Las puertas, las puertas," nos recuerdan que en la antigüedad
se recomendaba a los porteros cuidar las puertas para que no ingresaran infieles; en
la actualidad, con estas palabras se recuerda a los fieles que cierren las puertas de
sus almas a ideas extrañas, y las palabras: "Atendamos con sabiduría" indican, que
estemos atentos a las sabias verdades de la fe, expresadas en el Credo. A partir de
ese momento los fieles no deben abandonar el templo hasta la finalización de la
Divina Liturgia.
Esta proclamación ("Levantémonos respetuosamente, estemos con temor")
se indica a los fieles que llegó el momento de traer la "Santa Oblación" o
Sacrificio, y realizar el Santo Misterio de la Eucaristía. A partir de este momento
corresponde estar con especial veneración.
A la realización del Misterio de la Santa Comunión pertenece la parte más
importante de la Divina Liturgia. Ella se inicia con las palabras del sacerdote:
"Demos gracias al Señor." Los fieles manifiestan su agradecimiento al Señor, por
todas Sus gracias inclinándose ante Él, mientras el coro entona: “Digno y justo es
adorar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Trinidad consubstancial e indivisible”.
Mientras tanto, el sacerdote en íntima oración, denominada eucarística (o de
agradecimiento), glorifica la creación sin fin de Dios, agradece al Señor por la
creación y redención del hombre y por todas Sus gracias, conocidas o
desconocidas, y por, recibir de nosotros este Sacrificio incruento.
El sacerdote pronuncia en voz alta las palabras del Salvador dichas al
instituir la Santa Eucaristía: "Tomad, comed. Este es mi cuerpo..." y: "Bebed de él
todos, esta es mi Sangre del Nuevo Testamento..."
El coro lentamente canta: "Te alabamos, Te bendecimos, Te damos gracias,
oh Señor...", mientras tanto, el sacerdote en íntima oración solicita al Señor que
descienda el Espíritu Santo sobre los fieles presentes y sobre las Dones ofrecidos,
para que los bendiga.
Luego, bendiciendo el Santo Cordero (sobre el Discos o Patena), pronuncia
las siguientes palabras: "Y haz de este pan el precioso Cuerpo de Tu Cristo."
Bendiciendo el vino, (en el Cáliz) dice: "Y de lo que está en este Cáliz, la preciosa
Sangre de Tu Cristo." Por fin bendiciendo a ambos, pan y vino, pronuncia:
"transformándolos por Tu Espíritu Santo."
Durante estos grandiosos y sagrados segundos el pan y el vino se convierten
en el verdadero Cuerpo y en la verdadera Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. El
sacerdote entonces se postra ante las Santas Ofrendas, como ante el mismo Rey y
Dios. Este es el momento más importante de la Divina Liturgia.
El sacerdote recuerda a la Santísima Virgen María, por eso proclama en voz
alta: "Principalmente por la Santísima, Purísima, Bienaventurada, Gloriosa y
Soberana nuestra, la Madre de Dios y Siempre Virgen María" ante lo cual los fieles
contestan con un canto de alabanza en honor a la Madre de Dios: "Digno es...".
Durante de este canto, el sacerdote reza por los difuntos, después, pasa a orar por
los vivos.
Se inicia con la Letanía de Preparación para la Comunión: "Habiendo
recordado a todos los Santos, una y otra vez roguemos en paz al Señor".
Se canta la oración que se llama "Padre Nuestro".
Ante la proclamación: "¡Estemos atentos!" o "¡Atendamos!", se cierra la
cortina de las Puertas Reales y el sacerdote elevando sobre el Discos, el Cordero,
en alta voz proclama: "Lo Santo a los Santos". Esto significa que las Sagradas
Ofrendas pueden ser servidas únicamente a los "santos," es decir a los fieles que se
han santificado con oración, abstinencia y con el Sacramento de la Confesión.
La Comunión. El sacerdote, teniendo en sus manos el Santo Cáliz, exclama:
"Con temor de Dios y fe, acercaos". Las Puertas Reales abiertas, representan el
sepulcro del Salvador abierto y la salida de los Santos Dones, la aparición de
Jesucristo a sus discípulos luego de su Resurrección.
Los fieles se inclinan ante el Santo Cáliz, como ante el mismo Salvador,
mientras el coro entona, en nombre de todos: "Bendito el que viene en nombre del
Señor..."
Habiéndose postrado los fieles, que van a recibir la Comunión, se acercan a
recibir el Sacramento. Todo esto debe hacerse en perfecto orden y tranquilidad; sin
necesidad de tratar de ser los primeros. Se juntan los brazos sobre el pecho en
forma de cruz, hay que evitar santiguarse ante el Santo Cáliz para evitar golpearlo
y que pueda derramarse parte de su contenido.
Luego de la Comunión, los comulgantes toman vino de misa mezclado con
agua para que no quede ni la más mínima partícula del Cuerpo de Cristo en su
boca.
El sacerdote, luego de la Comunión, introduce dentro del Cáliz todas las
partículas extraídas de las prósforas ofrecidas por los fieles y que permanecen
sobre el Discos. Esto lo hace orando para que el Señor, por las oraciones de Sus
Santos, lave con Su Sangre los pecados de todos los recordados durante la Liturgia.
El sacerdote, tomando el Cáliz, bendiciendo con Él a los fieles proclama:
"En todo tiempo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos," y lo lleva al Altar
de Ofrenda (o la Mesa de la Prótesis). Esta última aparición de las Santas Ofrendas
y el hecho de llevarlas a la prótesis nos recuerda la ascensión de Nuestro Señor
Jesucristo al cielo y su promesa de permanecer en la Iglesia "Y sabed que Yo estoy
con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt. 28:20).
Inclinándose ante las Santas Ofrendas como ante Nuestro Señor Jesucristo,
los fieles agradecen al Señor por la Comunión, entonando: "Que nuestra boca se
llene con tu alabanza, oh Señor..."
Luego el sacerdote proclama la Letanía de acción de gracias.
"Salgamos en paz" con esto indica que la Divina Liturgia ha finalizado y que
hay que salir en paz con todos. El coro entona en nombre de todos: "En nombre del
Señor".
Luego se entona la oración con las palabras de Job: "Bendito sea el Nombre
del Señor, desde ahora у hasta el fin de los siglos."
Luego el sacerdote tomando la cruz que está sobre la Santa Mesa, la besa y
se vuelve hacia los fieles mientras dice: "Cristo nuestro verdadero Dios..."
El coro entona la oración de larga vida para las autoridades de la Iglesia,
para el país, para los fieles presentes y para todos los cristianos.
Como final de la Divina Liturgia, cada fiel, pasa adelante y besa la cruz que
sostiene el sacerdote como para confirmar su fidelidad hacia el Salvador, en
memoria de Quien fue realizada la Divina Liturgia.