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Ciencia y cine español: pioneros y avances

El cine español tiene profundas raíces científicas, destacando figuras como Segundo De Chomón y José Val de Omar, quienes realizaron innovaciones técnicas fundamentales para el desarrollo del cine moderno. Chomón inventó el 'paso de manivela' y el primer sistema de coloreado, mientras que Val de Omar introdujo el zoom y la pantalla panorámica. Además, cineastas como Luis Buñuel integraron su formación científica en sus obras, contribuyendo a la evolución del séptimo arte en España.
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Ciencia y cine español: pioneros y avances

El cine español tiene profundas raíces científicas, destacando figuras como Segundo De Chomón y José Val de Omar, quienes realizaron innovaciones técnicas fundamentales para el desarrollo del cine moderno. Chomón inventó el 'paso de manivela' y el primer sistema de coloreado, mientras que Val de Omar introdujo el zoom y la pantalla panorámica. Además, cineastas como Luis Buñuel integraron su formación científica en sus obras, contribuyendo a la evolución del séptimo arte en España.
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Corrige el siguiente texto.

La ciencia de barrio
El cine español tiene raices científicas. Los pioneros del séptimo
arte en nuestro país realizaron inventos sin los cuales sería
imposible concebir las películas actuales.
Los orígenes del cine español son inseparables de la ciencia. El llamado séptimo arte se
instaló en nuestro país de la mano de una serie de personajes que, sin dejar de ser artistas,
eran también científicos e inventores. Para empezar, el ingeniero Segundo De Chomón
es, sin lugar a dudas, el padre del cine español. Tras servir en el ejército durante la Guerra
de Cuba, descubrió el cinematógrafo de Paris, en el año 1899.

EL HOTEL ELÉCTRICO
Se formó como realizador a las órdenes de Georges Méliès (el director del célebre Viaje
a la Luna) y, en 1907, de vuelta a España, comenzó a realizar sus propias películas.
La casa de Segundo, además de un estudio, era un auténtico laboratorio en el que
experimentaba continuamente con las lentes. Entre sus invenciones figuraban algunas sin
las cuales sería imposible concebir el cine moderno. Por ejemplo, el llamado “paso de
manivela”, un sistema que le permitía ralentizar la cámara y filmar fotograma a
fotograma, lo que hoy conocemos como stop motion. Con dicha técnica, filmó la que, sin
duda, es su película más célebre, El hotel eléctrico (1908), uno de los primeros filmes de
animación de la historia del cine.
Pero no fue esa su única intervención. Segundo creó el primer sistema de
coloreado de películas, el Pathecolor, e inventó la técnica de sobre impresión de dos
imágenes en un mismo fotograma, con lo que creó asombrosos trucajes para su cinta
Pulgarcito.
Pero si ha habido una figura española en la que la ciencia y el cine se hermanaron
de manera asombrosa, ese es José Val de Omar. Nació en Granada en 1904 y llegó al cine
tras haber trabajado como vendedor de coches Buick. Fascinado por el mundo de la óptica,
ya en su primera película, En un rincón de Andalucía, dió la campanada en cuanto a
tecnología se refiere. El semanario La pantalla publicaba un titular que decía: «Un
muchacho español logra dos inventos que revolucionan el arte del cinema». El primero
era un objetivo de ángulo variable, el zoom, y lo inventó por pura necesidad expresiva
quería filmar el Albaicín desde la Alhambra y necesitaba acercarse a sus casas, y al no
poder hacerlo físicamente, lo hizo técnicamente.
El segundo era la pantalla panorámica, que, décadas después, se puso de moda
con films como La conquista del Oeste.

Florinda y los pulgones.


Además de un cineasta reputado (en 1962, su película Fuego en Castilla ganó la Concha
de oro de Canes ex-aequo con Viridiana de Luis Buñuel), Val del Omar, fue un
investigador incansable. Cuando no estaba filmando, se encerraba en su laboratorio y
desarrollaba una actividad frenética que se plasmó en una extensísima nómina de
inventos. A él le debemos la diafonía, aplicable tanto en cine como en televisión, que
desdobla el sonido en dos canales, uno frente al espectador y otro a su espalda. Y,
adelantándose al futuro varias décadas, en sus últimos años experimentó incluso con los
primitivos formatos de video y laser. Como escribió el historiador Juan Bufill: «Algunas
de sus invenciones anticipan e incluso superan propuestas técnicas actuales, como el
sonido estereofónico y el cine tridimensional.» En definitiva, técnicamente, el cine actual
no sería el mismo sin la aportación de este granadino excepcional.
Pero hubo también otros pioneros que utilizaron los inventos de Chomán y de Val
de Omar para realizar las que son las primeras muestras españolas de cine estrictamente
científico. Y en este aspecto, la que abrió la senda fue la pareja formada por Guillermo
Zúñiga y Carlos Velo. Por cierto, éste último biólogo de formación, fue quien, al enterarse
dela gran pasión que Luis Buñuel sentía por la entomología, le facilitó las hormigas,
mariposas y demás insectos que aparecen en Un perro andaluz. La primera película de la
pareja fue La vida de las abejas (1931), un recosntrución rigurosa de la vida de un
zángano, a la que siguió Florinda y el viento (1935). Esta última ilustra la historia
dramatizada de una planta desde que el viento arrastra la semilla y germina hasta una
espectacular clímax narrativo en que la planta es invadida por una horda de voraces
pulgones y salvada in extremis por un Ejército de mariquitas que devoran a los parásitos.

LA MANTIS QUE NOS DESCUBRIÓ BUÑUEL


Cuando en 1962, durante el rodaje de Diario de una camarera, la actriz Jeanne
Moreau le preguntó a Luis Buñuel qué hacía por las noches, este le respondió. «Pienso».
«¿En qué?», inquirió ella. «En insectos», contestó el cineasta. El interés de Buñuel por
la entonología se remonta a su niñez. En sus memorias cuenta cómo, durante una
excursión infantil, encontró un ejemplar de mantis que le pareció único. Lo bautizó como
Seperuelus pinaris, aunque, cuando se lo enseñó a su profesor, se llevó la decepción de
descubrir que se trataba de un bicho de lo más común.
La aficción por los insectos llegó hasta tal punto que Buñuel abandonó la carrera
de ingeniería para dedicarse de lleno al estudio de la entomología. Posteriormente,
Buñuel plasmó esa pasión en casi todos sus filmes, aunque es Robinson Crusoe la
película donde mejor se refleja ese interés. Inolvidable resulta la escena (inexistente en
la novela original) en la que el protagonista descubre el cono de una hormiga león,
Myrmeleon formicarius que se entierra dejando al descubierto sus mandíbulas en el
vértice de un cráter en que resbalan sus víctimas. Para probar su eficacia, Robinson echa
otra hormiga en su interior, que rápidamente es devorada por el voraz inquilino.
Al igual que Buñuel, otros cineastas españoles han tenido una formación científica
que han reflejado en sus películas, como Juan Antonio Bardem, matemático de carrera.
Pero el mayor reconocimiento oficial a la aportación científica ibérica al mundo del cine
se produjo en 1971, cuando Juan de la Cierva se convirtió en el primer español en ganar
un óscar. Fue premiada en la categoría de Innovación científica y tecnológica por la
invención de un sistema llamado Dynalens, que cambió para siempre las secuencias de
acción.

4 PELÍCULAS HECHAS A CON-CIENCIA


Seleccionamos cuatro filmes clave en la historia del cine español y en los que la ciencia
es parte esencial de su trama.
Calabuch. Este filme rodado por Berlanga en 1956 relata la historia de un ilustre
físico que huye de su laboratorio y se refugia en un pueblo español. Con motivo de las
fiestas locales, el científico utiliza sus conocimientos para construir un cohete pirotécnico.
Durante los preparativos se produce la siguiente discusión entre el sabio y el farero,
interpretado por Pepe Isbert:
—50 g. de pólvora, 150 m de altura. No se puede más.
—Pero estableciendo una serie de explosiones en cadena….
—¿Cadena? ¿Cómo va a subir encadenado?
Ágora. Biografía de Hypatia de Alejandría, que teoriza así sobre las órbitas
elípticas:
—Sabemos que el centró del círculo es equidistante de cualquier punto de su
perímetro. Pero, ¿si divido ese centro en dos y lo que mantengo constante es la suma de
sus diferencias al perímetro? Si muevo esta vara por la cuerda, un segmento aumenta y el
otro disminuye, y viceversa. Por tanto, la suma de ambos será una constante. ¿Y si
aplicamos esto al movimiento de la tierra, qué figura tendremos? Una elipse.
Muerte de un ciclista. En este clásico de Bardem de 1955 es inolvidable la escena
del examen. Alberto Closas es un profesor de matemáticas atormentado por haber matado
a un hombre por accidente y no haber dado parte. El docente se halla sumido en sus
remordimientos, mientras una alumna se examina:
—Si el centro de la circunferencia describe una elipse de semiejes m y n y las
ecuaciones poliédricas a=m y b=n…
Aunque la exposición de la chica es correcta, el profesor la interrumpe con un
angustiado «cállese» y le suspende el examen.
Monos como Becky. Rodada en 1999, por el catalán Joaquim Jordà, es una
reconstrucción en clave de falso documental de la vida de Egas Moniz, el
psiquiatra portugués (y ganador del Premio Nobel de Medicina) que introdujo la
psicocirugía (con técnicas como la lobotomía) como forma de «solucionar» los
problemas de los esquizofrénicos pacientes con crisis agudas y violentas. Moniz quedó
paralítico por los ocho disparos que recibió de un paciente.
(Adaptado de Quo, «La ciencia del barrio», junio 2012).

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