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Geografía y Economía de México

El documento proporciona un análisis exhaustivo de la geografía de México, abarcando su relieve, clima, población y economía. Describe las características físicas del país, incluyendo montañas, llanuras y climas diversos, así como el crecimiento demográfico y la estructura económica, destacando la agricultura, la industria y los recursos naturales. Además, se aborda la división regional y las particularidades de cada área en el contexto del desarrollo socioeconómico.
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Geografía y Economía de México

El documento proporciona un análisis exhaustivo de la geografía de México, abarcando su relieve, clima, población y economía. Describe las características físicas del país, incluyendo montañas, llanuras y climas diversos, así como el crecimiento demográfico y la estructura económica, destacando la agricultura, la industria y los recursos naturales. Además, se aborda la división regional y las particularidades de cada área en el contexto del desarrollo socioeconómico.
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37.

MÉJICO

1. INTRODUCCIÓN.

2. EL MEDIO FÍSICO.

2.1. El relieve. Altiplanicie; Sierra Madre Occidental y Oriental; Eje Neovolcánico o Cordillera Transversal;
depresión del Balsas y Sierra Madre del Sur; llanura costera del Golfo; llanura de la Baja California. Pla-
ca norteamericana, pacífica y subplaca independiente mejicana.

2.2. El clima. Circulación de la atmósfera durante las estaciones; distinción en tierras calientes, templadas,
frías y heladas por la altura. Poca extensión de los desiertos; clima tropical.

2.3. La vegetación. Formaciones vegetales tropicales y templadas con variedades en altura; vegetación medi-
terránea en la Baja California.

3. LA POBLACIÓN

Gran aumento reciente de la población debido a la alta tasa de natalidad; evolución de las tasas. Distribución
de la población. Desarrollo urbano, Estructura profesional da la población. Composición étnica.

4. LA ECONOMÍA.

4.1. La agricultura. Importancia del gran latifundio con Porfirio Díaz. Reforma agraria después de la revolu-
ción; importancia de los ejidos; fracaso de la reforma agraria. Cereales como principal cultivo; algodón,
café, tomate y azúcar para la exportación; distribución de tierras y cultivos; regadío. Ganadería. Explota-
ción forestal. La pesca.

4.2. Las materias primas y las fuentes de energía. Importancia de la producción mineral; escasez de carbón,
pero abundancia de petróleo; nacionalización en 1938; actual aumento de la producción petrolífera; gas
natural; nuevos yacimientos petrolíferos y zonas principales.

4.3. La industria. Proceso de industrialización y política industrial actual. Industria siderúrgica, metalúrgica,
química y textil.

4.4. Los transportes y el comercio. Ferrocarriles, marina mercante y transporte aéreo; evolución de la balanza
de pagos; principales productos exportados.

5. ESTUDIO REGIONAL.

Delimitación de las distintas regiones. División regional de Terán. División regional de Bataillon. División
regional de Lasserre. Características de las principales regiones señaladas por Bataillon.

1. INTRODUCCIÓN

Méjico completa junto con Estados Unidos y Canadá el espacio de América del Norte, cuyas principales uni-
dades morfológicas se prolongan en gran parte del país; pero Méjico forma parte también de América central con
la que se une en su parte meridional. De esta forma se trate de un país que entra a formar parte de ambas unidades
por propio derecho, lo que significa que en el suelo mejicano existe una gran variedad y diversidad; esta variedad
se manifiesta en el medio físico con la gran variedad de paisajes geográficos que presenta, en el aspecto humano
con la mezcla de razas blanca, india y negra y los mestizajes que han dado lugar y en el aspecto socio-económico,
ya que Méjico se encuentra a mitad de camino entre los países desarrollados y los del llamado Tercer Mundo.

El esquema del presente tema trata de abarcar el estudio de la geografía mejicana en su totalidad y en sus di -
versas manifestaciones; primero se estudiarán los caracteres principales que configuran el medio físico, después la
población y los caracteres económicos, dejando para el final el estudio de las distintas regiones que se incluyen en
los Estados Unidos Mejicanos.
2. EL MEDIO FÍSICO

2.1. El Relieve

El relieve de Méjico presenta una estructura bastante compleja, ya que en este país se juntan las unidades del
relieve de América del Norte y las de América Central; así el centro y norte del país geológica y morfológicamen-
te es parte de América del Norte y las principales unidades de su relieve son la prolongación y continuación de las
de ésta, mientras que a partir más o menos del paralelo 19º de latitud norte hacia el sur, coincidiendo con el eje
neovolcánico, comienzan las formas geológicas y morfológicas de América Central continental.

El elemento aglutinador del relieve mejicano es la altiplanicie, que es la continuación de la Gran Cuenca y de
la Meseta del Colorado del relieve estadounidense; geológicamente la altiplanicie está formada por materiales
calizos que se formaron en el período mesozoico y se hallan cubiertos por derrames volcánicos en el oeste y sur, y
por depósitos arenosos y margosos de clima desértico en el norte; morfológicamente presenta una altura media
elevada que oscila entre los 1.200 y 2.200 metros, elevándose desde el norte hacia el sur y alcanzando sus mayo -
res alturas en las zonas que rodean a la capital.

La altiplanicie queda aislada del resto del país por dos cadenas montañosas, la Sierra Madre Occidental y la
Sierra Madre Oriental; la Sierra Madre Occidental se levanta entre la altiplanicie y la llanura costera del noroeste;
esta cadena montañosa es la continuación de la Cascada Range y Sierra Nevada estadounidenses; geológicamente
se formó en el Cenozoico medio y deja entrever en los profundos tajos de sus barrancos la sucesión de coladas
volcánicas del Mioceno y Plioceno sobre el zócalo cristalino; se extiende desde los límites con Estados Unidos y
el oeste del estado de Jalisco, alcanzando una altura superior a los 3.000 metros en la Sierra Tarahumara y va as-
cendiendo hacia el sur, donde se superan ampliamente los 3.500 metros; esta cadena montañosa ha constituido
tradicionalmente un serio obstáculo para las comunicaciones entre el norte y noroeste del país.

La Sierra Madre Oriental separa la llanura costera del Golfo de Méjico de la altiplanicie y se continúa en los
Estados Unidos en el sistema de las montañas Rocosas: su formación data de finales del Mesozoico y principios
del Cenozoico y está constituida en gran parte por rocas calizas y rocas de origen marino plegadas y falladas en el
Eoceno, presentando en sus pliegues extensos poljes; su altura es menor que la Sierra Madre Occidental, situándo -
se normalmente entre los 2.000 y los 2.500 metros, excepto en la comarca de Saltillo-Monterrey donde se alcan-
zan casi los 3.600 metros en la Sierra de Parras.

Este núcleo central formado por la altiplanicie y las Sierras Madres Occidental y Oriental, queda limitado al
sur por una serie de volcanes alineados de este a oeste de gran actividad; este conjunto volcánico forma una ali-
neación montañosa de dirección este-oeste que se llama Cordillera Transversal o Eje Neovolcánico y se encuentra
asociado a una desgarradura de la corteza, a la que se unen perpendicularmente fallas norte-sur, lo que explica la
ubicación de los focos volcánicos en el cruce; las elevadas alturas de estos volcanes, algunos de los cuales superan
ampliamente los 5.000 metros, fueron afectados por las glaciaciones cuaternarias, habiéndose registrado tres avan-
ces glaciares.

Al sur de esta Cordillera Transversal o Eje Neovolcánico se extiende la depresión del rio Balsas o Gran Valle
del Sur que espera la altiplanicie, perteneciente al relieve norteamericano, de los elementos morfológicos de carac-
terísticas mesoamericanas. La Sierra Madre del Sur está formada por rocas de origen muy antiguo, precámbricas y
paleozoicas, que se hallan recubiertas por materiales andesíticos; esta cordillera fue afectada por el movimiento
orogénico del Terciario Superior, que ha sido el más reciente de los que han afectado a Méjico, por lo que se dice
que es el sistema montañoso más reciente del país; forma un bloque basculante hacia la depresión del río Balsas
presentando el escarpe a la costa de Acapulco y se extiende desde Jalisco hasta el Istmo de Tehuantepec, donde
confluyen con la Sierra de Oaxaca, que está formada por materiales calcáreos mesozoicos ampliamente karstifica-
dos, con poljes de tierras rojas lateríticas y grandes sumideros. La misma constitución geológica y semejante mo -
delado kárstico aparece en la meseta de Chiapas, que se encuentra traspasado el istmo de Tehuantepec. Este istmo
era un antiguo estrecho marino que comunicaba el Pacífico con el Golfo de Campeche y en la actualidad alcanza
una altura de 270 metros sobre el nivel del mar.

La llanura costera del Golfo de Méjico está formada por rocas de origen terciarias y sedimentos más recientes,
entre los que destacan las calizas, que son casi los materiales exclusivos de la Península del Yucatán, que se carac-
teriza por la morfología kárstica; en esta llanura costera se encuentran los principales yacimientos petrolíferos del
país.

Mayor complejidad existe en la llanura costera del noroeste; la Baja California está formada por rocas anti-
guas, granitos y gneis, con altitudes considerables que van descendiendo de norte a sur; forman, lo mismo que la
Sierra Madre del Sur, una serie de bloques basculados hacia el oeste.
Estas unidades estructurales del relieve que hemos visto y su posición respecto a las demás viene explicada en
parte por el hecho de que Méjico se asienta sobre dos o tres placas litosféricas: por una parte la norteamericana,
sobre la que se asienta la altiplanicie, y por otra la pacífica, sobre la que se encuentra la Península de California;
entre estas dos zonas se encuentra la dorsal oceánica del Pacífico Oriental, que al penetrar bajo el suelo mejicano,
ha desconectado la Baja California de su antigua posición junto a la Sierra Madre del Sur, a la que se uniría en el
Cabo Corrientes; en el Golfo californiano se ha creado un suelo oceánico, interpuesto entre las dos masas conti -
nentales, y que se llama “de Rivera”, quedando delimitado al sur por una zona de fractura de igual nombre, cuya
prolongación haría el continente corresponde con la Cordillera Transversal o Eje Neovolcánico. Actualmente y
siguiendo la teoría de la “tectónica de placas” se interpreta el sur de Méjico como una subplaca independiente, ya
que limita al norte con la falla de Rivera-Eje Neovolcánico y al sur con el istmo de Guatemala, que es otra falla de
transformación que la separa de la placa caribeña; contra esta subplaca maya choca desde el Pacífico la placa de
los Cocos, originando la fosa o surco de América Central por subducción.

2.2. El clima

Los principales factores que influyen en los climas de Méjico son el hecho de que el trópico de Cáncer divida
al país aproximadamente en dos mitades, la especial circulación atmosférica, la diferencia de altura entre las dis-
tintas zonas mejicanas y la peculiar colocación de las principales unidades del relieve.

En invierno sólo ocasionalmente se produce la circulación del oeste en esta época son frecuentes las descargas
de aire polar o ártico a partir del anticiclón norteamericano: son los llamados “nortes” que provocan grandes des-
censos en las temperaturas y que alcanzan estas bajas latitudes para el tipo de aire que lo forma debido a la coloca-
ción del relieve de América del Norte, cuyas principales unidades se orientan en dirección norte-sur, no existiendo
ninguna barrera importante en sentido este-oeste; estas irrupciones del aire polar o ártico llevan por delante un
“frente” que al chocar con las sierras mejicanas del sur produce grandes precipitaciones en esta vertiente, desecan-
do por el efecto föehn la fachada del barlovento; igualmente se producen lluvias orográficas al cesar la situación
del norte y quedar la costa caribeña a merced de los potentes alisios de invierno, frescos y estables si provienen
del Anticiclón de las Azores y más inestables si lo hacen de la célula caribeña.

En primavera el predominio lo ostentan las masas de aire que descienden de las capas superiores de la atmósfe-
ra y que se encuentran vinculadas con los contralisios de dirección oeste-suroeste a este-nordeste lo que provoca
una estación calurosa en las regiones meridionales de la altiplanicie.

En verano predominan las masas de aire que se corresponden con el sistema de circulación de los vientos ali -
sios con dirección este a oeste y penetran en el centro y sur del país y se desvían hacia el norte y noroeste por la
influencia monzónica de las bajas presiones que se sitúan en estas regiones.

A finales de verano y comienzos de otoño se produce una gran profusión de los ciclones tropicales, conocidos
como los “huracanes”, que inciden en la costa del Caribe y que ocasionan daños por la fuerte velocidad del viento
y las lluvias torrenciales, pero que también son beneficiosas porque envían masas de aire cargadas de humedad
hacia el continente que dan lugar a la lluvia con un máximo en septiembre, que es complementario al de los alisios
de verano. A partir de mediados del otoño se produce el predominio en forma alterna de los contralisios prove-
nientes de las capas superiores de la atmósfera y de las masas de aire procedentes del norte relacionadas con el
desalojamiento de los vientos polares hacia el sur como consecuencia de las bajas presiones que existen en el terri-
torio mejicano y los mares contiguos, que van dando paso a la situación del norte que la predominante en el in -
vierno. La diferencia de altura es otro factor que influye decisivamente en el clima mejicano y fue en este factor
en el que se basó Humboldt para hacer el estudio de su fitogeografía.

Tradicionalmente, y según este factor, se dividía el clima mejicano según perteneciera a cada uno de estos
cuatro grupos: tierras calientes, templadas, frías y heladas.

Las tierras calientes se encuentran entre el nivel del mar y los 1.000 metros en el Norte y los 1.800 metros en
el Sur; estas zonas se caracterizan por unas temperaturas medias en torno a 25-30º y nunca por debajo de los 22º y
con una amplitud térmica diaria y anual bastante débil. Las tierras templadas se extienden hasta los 2.000-2.400
metros alcanzando una temperatura media de 18-20º. Las tierras frías se sitúan hasta los 4.000-4.500 metros con
temperaturas entre los 15º y 18º y con mayor amplitud térmica. Finalmente por encima de los 4.000-4.500 metros
se encuentran las tierras heladas con cubierta permanente de nieve y que sólo se localizan en las altas cumbres.

Al analizar los diferentes tipos de clima que se desarrollan en Méjico, sorprende en primer lugar lo reducido de
los desiertos, que están ampliamente representados en otros continentes en esas mismas latitudes; pero la estre-
chez del continente y el relieve tan accidentado que presenta Méjico reduce notablemente su extensión al norte y
noroeste del país. Pero hablar de desierto es algo exagerado si comparamos por ejemplo el Sahara con la meseta
norte, donde Chihuahua no pasa de ser semidesértico, ya que les áreas con precipitaciones mayores a 200 mm
anuales son realmente escasas; la mayor parte de la Sierra Madre Occidental recibe precipitaciones mucho más
abundantes lo que junto con el descenso de temperaturas hace que descienda la evapotranspiración con lo que
escapa a la aridez. Sólo es verdadero desierto la zona de Sonora y el centro de la Baja California, que se diferencia
del extremo norte que recibe lluvias en invierno siendo un tipo de clima mediterráneo, mientras que la zona sur las
lluvias que recibe son lluvias tropicales de verano, encuadrándose en un tipo de clima semiárido. La costa del
nordeste presenta un clima entre semiárido y semihúmedo con lluvias escasas y de distribución irregular. Fuera de
estas zonas la aridez solamente se manifiesta en algunos valles interiores del centro y sur del país enmarcado por
importantes relieves: centro de Oaxaca, parte del valle del río Balsas y extremo noroeste del Yucatán en las proxi-
midades de Mérida.

En el resto del país se desarrollan las regiones húmedas de clima tropical, pero el relieve y la altitud se combi-
nan para dar una enorme variedad de climas locales que se reflejan en la vegetación. La vertiente oriental de la
Sierra Madre Oriental recibe lluvias casi todo el año ya que a las lluvias generales de verano se añaden las provo -
cadas por el alisio en la estación seca. En la costa del Golfo los alisios producen lluvias a partir de mayo en el
sector sureste y van avanzando las precipitaciones hacia el norte hasta llegar a la esquina noreste a finales de ju-
nio.

Estas lluvias veraniegas se relacionan a nivel global con el desplazamiento aparente del sol hacia el norte en la
zona intertropical, siendo lluvias cenitales (se desarrollan a partir de que el sol haya alcanzado su cénit) que tradi-
cionalmente se explicaban por la chimenea ecuatorial y que actualmente se intentan explicar por las teóricas “on -
das del este” de la Convergencia Intertropical, a la que se suman las líneas de perturbación, fruto de las distintas
velocidades entre las masas de aire y las líneas de cizalladura, fruto del diferente sentido de movimiento.

En las fachadas pacífica las lluvias también de verano son de origen monzónico; los alisios del hemisferio sur,
una vez pasados al hemisferio septentrional, cambian de dirección para buscar la zona de convergencia intertropi -
cal que se sitúa a lo largo de las costas de Centroamérica.

Finalmente en la meseta central y en el centro del Estado de Oaxaca se desarrolla un clima tropical de altura
que tiene características totalmente de clima templado.

2.3. La vegetación

Méjico presenta una gran variedad de formaciones vegetales, tanto por su configuración montañosa, con cli-
mas similares a los polares, como por su posición de puentes entre las dos Américas. Las formaciones vegetales
básicas están constituidas por las tropicales y las templadas, sin olvidar la importancia que en algunos sectores del
país alcanzan los tipos de vegetación xerófila.

Dentro de las formaciones de tipo tropical hay que señalar en primer lugar el bosque sempervirente tropical
que se localiza en la costa atlántica desde el Petén hasta los 20º de latitud Norte, asciende al altiplano de Chiapas y
penetra en la Sierra Madre Oriental por las vaguadas hasta los 800 metros; presenta una gran variedad de especies
entre las que destacan la ceiba o árbol del algodón, el zapote o chicle, el índigo o añil, campeche, caoba, etc., con
un entramado de lianas y epífitas que espesan la formación. En el litoral se encuentran los manglares, de raíces
aéreas sumergidas en el cieno y agua con marea alta y más al interior se encuentran las sabanas de palmeras reales
y bambúes. En altura se sitúa el bosque montano tropical, que adquiere gran extensión en la costa del océano
Atlántico y pequeñas extensiones, muy localizadas, en la costa pacífica; las principales especies, semejantes en
ambas costas, son el copal, bálsamo, coníferas y “quercus”.

A partir de los 1.000 metros de altura más o menos desaparecen los bosques tropicales dejando paso al bosque
boreal de coníferas y caducifolias, en los que dominan los pinos, robles, abetos y cedros con un límite en torno a
los 4.800 metros de altitud.

Más al norte, al disminuir las precipitaciones la formación vegetal predominante es el bosque tropical de hoja
caduca y las sabanas con sus variedades estépicas degradadas.

En el interior del altiplano y en la Mesa de Anáhuac hasta los 2.400 metros se desarrollan las estepas de male -
za y espinosas, entre las que destaca el mezquite, planta que evidencia la erosión de los suelos sobre los que asien -
ta; a esta planta se asocian las yucas y agavas, de los que se extraen bebidas alcohólicas, como el conocido tequila.

En la Baja California se desarrolla una vegetación de tipo mediterránea constituida por el chaparral con plantas
de adaptaciones xeromórficas y protección de cera en el tronco y hojas para no perder agua con la evapotranspira -
ción. Por último hay que señalar las formaciones vegetales de tipo desértico, en parte relacionadas con la anterior;
en estas formaciones domina el cactus, de los que hay más de 300 especies en el país.

3. LA POBLACIÓN

Méjico cuenta con una población en 1978 de 66.987.079 habitantes, con una densidad media de 34 h/km 2. En
este cuadro se ve la evolución, de la población mejicana en el siglo XIX y XX:

Año Población (en millones


1800 4,5
1870 9,0
1900 13,6
1910 15,1
1920 14,3
1930 16,5
1940 19,6
1950 25,7
1960 34,9
1970 48,3
1978 66,9

(Fuente: “Geografía Descriptiva” de Rialp y “Calendario Atlante de Agostini 1981”).

Si nos fijamos detenidamente en el cuadro podemos observar que el crecimiento de la población es bastante
reciente y se dispara en los años cuarenta del presente siglo: en menos de cuarenta años (1940-78) la población se
ha multiplicado por más de tres. Este importante crecimiento se debe no a una fuerte inmigración, sino al creci -
miento vegetativo; en el periodo de 1970-77 el coeficiente de crecimiento anual se situó en el 3,5%; la tasa de
natalidad en 1978 fue del 34‰, la de mortalidad del 6‰ y la de mortalidad infantil de 60,2‰. De estos datos
destaca sin duda el alto índice de crecimiento anual, que se sitúa entre los más altos del mundo, y que se debe
fundamentalmente a los altos valores que alcanza la natalidad; la tasa de natalidad se situaba en torno a los 30-
35‰ a finales del siglo XIX, permaneciendo prácticamente igual hasta 1920; pero a partir de aquí se inicia un
aumento de la natalidad, que se sitúa en 49,4‰ en 1930. A partir de la Segunda Guerra Mundial la tasa comienza
a bajar pero muy lentamente: 48‰ en 1960 y 46,3‰ 1973, llegándose a la tasa de 1978 (último año del que po-
seemos datos) de 34‰. Esta evolución de la natalidad se combina con la reducción de la mortalidad y en espacial
de la mortalidad infantil, que a principios del presente siglo se situaba en 323,1 por mil, reduciéndose en 1930 a
131,6‰ y al 49 por mil en 1960; a partir de aquí sube nuevamente, con un 51,4‰ en 1973 y el 60,2‰ de 1978.

Este brusco descenso de la mortalidad infantil ha repercutido claramente en la tasa de mortalidad, cuya evolu -
ción ha sido la siguiente: 49,4‰ en 1930, 14‰ en 1960, 8,2‰ en 1973 y la actual de 6‰ en 1978. Para explicar
la evolución de estas tasas y en especial las de mortalidad hay que señalar la importancia de la acción del gobierno
a partir de la Revolución Mejicana y que supone un avance sanitario, higiénico y técnico que sirve de marco al
progreso demográfico; los principales logros de esta política son el destierro de las enfermedades tropicales, mala-
ria, fiebre amarilla y tuberculosis.

A pesar del desarrollo demográfico actual de Méjico, la densidad de la población es todavía baja (34 h/km 2), lo
que supone la existencia de áreas poco pobladas frente a otras muy pobladas. En este sentido hay que señalar que
en el 14% del territorio, situado en el centro que comprende las tierras labradas desde antiguo, el Eje Neovolcáni -
co y la metrópoli, viven más del 50% de la población. El norte y noroeste está poco poblado, concentrándose la
población en los núcleos de regadío y con densidades de 10 h/km 2; lo mismo habría que decir de las zonas tropica-
les húmedas, con densidades en el Yucatán que no superan los 5 h/km 2. El resto del país se encuentra escasamente
poblado salvo la zona de Oaxaca, en la que se registra una fuerte ocupación indígena, aunque de todas formas la
densidad de este estado es de 29.

Las ciudades, y en especial la capital que supera los 12 millones en 1977, demuestran un cierto subdesarrollo
del país, que presenta un elevado éxodo rural. La población urbana era en 1960 el 50,7% de la población total, en
1970 representaba el 57,6% y en 1976 el 63,3%, este aumento de la población urbana hay que relacionarlo con el
reciente proceso de industrialización de algunas regiones.

En cuanto a la estructura profesional de la población activa (esta población activa era en 1970 de casi 13 millo-
nes) se aprecia un alto porcentaje de población dedicado a las tareas agrícolas con algo menos del 40% del total; la
población dedicada a actividades secundarias no llegaba al 25%, mientras que la dedicada a los servicios suponía
casi el 30%. Por último en el censo de 1970 la composición étnica de la población era la siguiente: un 15% de
blancos, un 29% de amerindios, un 55% de mestizos; el 1% restante está casi totalmente integrado por negros.

4. LA ECONOMÍA

4.1. La agricu1tura

Con la colonización española de Méjico, llamado en la época colonial Nueva España, se crea el gran latifun-
dio, llamado “hacienda” si se destina a la explotación agrícola y “estancia” si lo es a la ganadera. Posteriormente
con la dictadura de Porfirio Díaz (1876-1910) se institucionaliza este latifundismo al desposeer a los pequeños y
medianos propietarios, los “rancheros”, y al desamortizar los bienes de manos muertas. A partir de la guerra civil
de 1910-1917 se lleva a cabo la reforma agraria, en la que se reducen las explotaciones a un máximo de 300 ha.,
repartiéndose las tierras que excedieron de ese tope entre los “ejidatarios”, colonos agrupados en un ejido o ex-
plotación comunitaria tradicional india; de esta forma llegan a la propiedad de la tierra muchos jornaleros, que no
pueden hipotecarle ni venderla y se les puede quitar si no la trabajan.

Debido a los bajos rendimientos que se obtenían en los ejidos, el presidente Cárdenas (1934-1940) fomentó la
colectivización, pero en la actualidad los ejidos colectivos representan una excepción.

En 1970 las tierras ejidales ascendían al 40% de la superficie agrícola del país y el número de ejidatarios era
del 20% y solamente aportaban el 6,5% de la renta de los productos agrarios. En esta misma fecha el 3% de los
propietarios poseían el 43% de la superficie útil y aportaban el 54% de la renta agraria. Estos datos bastan para
poder afirmar que la reforma agraria mejicana ha fracasado en conjunto al no modificar sustancialmente la estruc-
tura social agraria, habiéndose reducido a parchearla en sus aspectos más extremos, habiéndose producido en este
siglo un considerable aumento del nivel de vida de la burguesía urbana a costa del pequeño campesino, que se
encuentra sin recursos para modernizar y mecanizar las explotaciones; a este respecto hay que señalar la existen -
cia del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Agrícola, cuya acción actualmente es
todavía limitada.

Los principales cultivos que se desarrollan en la agricultura mejicana son los cereales, tanto por la extensión de
la tierra a ellos dedicada como por la producción; tradicionalmente el principal cereal ha sido el maíz, pero actual -
mente su producción se encuentra en descenso y van siendo sustituidas lentamente las variedades indígenas por
los híbridos importados de Estados Unidos; relacionado con este descenso del maíz se encuentra el creciente auge
del trigo, cuya producción se ha quintuplicado entre 1950 y 1970 gracias al regadío de la zona del noroeste. El
algodón, café, tomate y azúcar son productos que satisfacen la demanda interior y presentan amplios excedentes
destinados a la exportación, obteniéndose grandes beneficios. Otros cultivos importantes son los frijoles o judías,
el arroz, las verduras, los garbanzos y el sisal, del que el Yucatán proporciona el 50% de la producción mundial.

En las tierras templadas y frías del antiplano se asocian las pequeñas explotaciones ejidales del maíz y alubias
a los ranchos de mediana extensión donde se practica una ganadería especulativa. En las tierras bajas se cultivan
las verduras, tomate, patata y fresas, siendo productos que se suelen exportar fundamentalmente a Estados Unidos.
En las zonas próximas a las grandes ciudades, como Méjico y Guadalajara, se suelen situar amplios cinturones
lecheros para el abastecimiento. Por último en las tierras del sur de clima tropical se cultivan los cañaverales para
la obtención del azúcar y el café, cuyas principales plantaciones se han desarrollado en este siglo.
El regadío en los estados del noroeste ocupa entre el 80 y el 100% del territorio agrícola, ya que fuera de él el
secano es prácticamente inviable en la mayor parte de la zona. La puesta en regadío de las tierras se ha llevado a
cabo para elevar el nivel de vida de los campesinos, necesitándose unas inversiones muy elevadas, hasta el punto
que resulta más caro crear un puesto de trabajo en las nuevas zonas de regadío que un puesto de trabajo en la in -
dustria. Los primeros planes de regadío se iniciaron a finales del siglo XIX, pero su apogeo se ha producido desde
1930 a 1970 alcanzando el techo de las tierras potencialmente regables y llevando a cabo una labor de mejora en
los regadíos más anticuados.

Distribución de la superficie agrícola de Méjico

La explotación ganadera se lleva a cabo fundamentalmente en el norte del país con explotaciones en zonas de
clima semiárido. El principal ganado por número de cabezas es el bovino, destinado a la producción de carne y
leche, con un total de más de 29 millones de cabezas en 1978, seguido por el ganado porcino, ovino, cabras, y
caballos; recientemente está adquiriendo importancia en este sentido la avicultura.

La riqueza forestal se centra fundamentalmente en las Sierras Madres y en los bosques tropicales del este y
sureste del país, encontrándose la producción en torno a los cinco millones de metros cúbicos de madera. Pero hay
que señalar como punto negativo en este aspecto la escasa atención que se presta a la conservación de la riqueza
forestal.

A pesar de la gran extensión de la plataforma continental, la explotación pesquera sigue teniendo poca impor-
tancia; sus principales centros se sitúan en el Golfo de California en el Pacífico y en la Península del Yucatán en el
Atlántico. Las principales capturas son de camarón, sardina, os-tión, mero, sierra, tortuga, atún y mojarra. Las
capturas en el año 1978 ascendieron a 752.490 toneladas.

4.2. Las materias primas y las fuentes de energía

La minería sigue teniendo importancia, aunque carece de lo que tuvo en el pasado; actualmente Méjico ocupa
los primeros puestos en la producción de numerosos metales: plata (1º), mercurio y grafito (2º), plomo (3º), oro y
magnesio (12º), cobre (14º); en cuanto a los minerales no metálicos destacan la fluorita (1º), azufre (2º) y baritina.
Estos minerales se concentran fundamentalmente en el altiplano y la Baja California, estando ausente al sur del
istmo de Tehuantepec. Hasta 1961 la extracción y comercialización de los minerales estaba en manos de los nor-
teamericanos y de compañías europeas, pero a partir de esa fecha se racionalizan las riquezas mineras, posible-
mente cuando su valor estratégico había ya decrecido bastante.

Los yacimientos de hierro no son demasiado abundantes, pero en líneas generales Méjico se autoabastece de
este mineral con una producción de algo más de 3 millones de toneladas, que se concentra en la región del centro-
norte (yacimiento del Cerro del Mercado) y en el Pacífico central, zona esta que presenta mayores reservas.

En cuanto al carbón, Méjico sólo producía una cuarta parte de su consumo en los años 60 de este siglo (XX),
pero recientemente se han descubierto importantes reservas en Oaxaca y Sonora, habiéndose triplicado las cifras
de producción en menos de dos decenios; pero a pesar de esto, Méjico sigue siendo pobre en esta fuente de ener -
gía.

La principal fuente de energía mejicana es con mucho el petróleo, cuya explotación estuvo hasta 1938 en ma-
nos de las multinacionales del sector; en esa fecha el presidente Cárdenas lo nacionalizó creando la empresa Pe-
mex (Petróleos Mexicanos); en los años siguientes a la nacionalización la producción descendió considerablemen-
te y a principios de la década de los 70 se alcanzaba la producción de los años 20 que se situaba en torno a los 27
millones de toneladas; actualmente la producción ha subido espectacularmente, alcanzándose una producción en
el año 1979 de más de 74 millones de toneladas. Asociado al petróleo aparece el gas natural con el que se pretende
cubrir las necesidades domésticas para preservar la riqueza forestal.

Fundamentalmente aparecen tres zonas de yacimientos petrolíferos en Méjico; la zona norte, que se sitúa en el
noreste del país en torno a los yacimientos de Reynosa y Matamoros, donde también alcanza gran importancia el
gas natural; la zona central se sitúa en torno a Tampico con las áreas de yacimientos de Ébano y Panuco y la de
Poza-Rica; mayores esperanzas presentan los descubrimientos llevados a cabo en 1972 en Veracruz, Chiapas y
Tabasco, que constituyen la zona sur, con lo que el peso de la extracción petrolífera se ha desplazado al sur, inter-
nándose también en la plataforma continental del Golfo de Méjico. El refinado de este petróleo se lleva a cabo en
la zona del Golfo en instalaciones antiguas que presentan poco volumen y fundamentalmente en el interior donde
se han creado refinerías de mayor capacidad.

4.3. La industria

El proceso de industrialización en Méjico se inició en una fecha temprana respecto al resto de los países hispa-
noamericanos. Hacia 1850-60 se produjo la primera industrialización basada en las industrias alimenticias y texti -
les, que impulsaron ciudades de la zona de Puebla-Orizaba, Guadalajara y Monterrey, y crearon nuevos núcleos
como el de León. Desde finales del siglo pasado hasta los años 30 del presente se crea la industria pesada, que se
polariza en torno a Monterrey y en norte a partir de 1940 se inicia el desarrollo de las industrias de transformación
especializada en bienes de consumo. Actualmente la política económica industrial se caracteriza por el fuerte in-
tervencionismo estatal a través de la Nacional Financiera (NAFINSA, que es un “holding” paraestatal, en parte
semejante al INI español, y por la obligación a partir de 1963 a todas las empresas a tener como mínimo el 51%
del capital en nanos nacionales y por la tendencia a asegurar las producciones básicas.

La industria siderúrgica, centrada tradicionalmente en Monterrey, donde se construyó el primer alto horno
mejicano en 1903, se ha extendido también al norte de esta ciudad, en Monclova, y en el complejo de Las Truchas
en el rio Balsas; recientemente se ha continuado el equipamiento de Monclova y Puebla y en San Luis de Potosí,
mientras que Veracruz se está equipando actualmente ante la importancia de la industria petrolífera.

Junto a la siderurgia, las industrias metalúrgicas constituyen una de las ramas industriales más prósperas y se
centran en el montaje de automóviles de las principales marcas mundiales, exportándose piezas, motores y vehícu-
los completos; esta industria se localiza en la capital, Toluca, Puebla y Ciudad Sahagún. También adquieren gran
importancia las industrias de tractores, ferroviarias y los medianos astilleros de Veracruz. En Méjico capital se
concentran las principales industrias de montaje eléctrico dedicadas a la construcción de electrodomésticos

Las industrias químicas se sitúan, junto a las refinerías, fundamentalmente en las inmediaciones de los yaci-
mientos, encontrándose los principales centros en la zona central y sur de la producción petrolífera y en núcleos
del interior (Salamanca, Azcapotzalco) que se dedican al abastecimiento de la zona de la capital. Hay una gran
gama de productos como abonos amoniacales, polietileno, cloruro de vinilo, que presenta gran interés para la
industria textil, plásticos y productos farmacéuticos.
Dentro de la industria textil destaca la rama del algodón que se centra en la zona de Puebla-Orizaba, en la que
se trata la cuarta parte de la producción mundial; en la zona de Guadalajara y Guajanato la industria del algodón
está en regresión en beneficio de la industria lanera, que tiene sus principales centros en Guadalajara, Puebla y
Méjico capital, a pesar de que la materia prima es en gran parte importada de Australia fundamentalmente. En la
actualidad se está produciendo un claro auge de las industrias textiles basadas en las fibras sintéticas.

Otras industrias importantes son las de cemento, situadas en el norte del país y en torno a la capital, las crista-
lerías de Nuevo León y las papeleras del centro y Monterrey. También existen industrias de consumo en torno a
las grandes ciudades como León, Guadalajara, Méjico, Monterrey y Orizaba.

4.4. Los transportes y comercio

La red nacional de ferrocarriles era de casi 25.000 kilómetros en 1970, manteniéndose prácticamente la misma
longitud de la red que ya existía en 1950; los avances que se han hecho en este aspecto han sido en el sentido de
modernizar las instalaciones y el material rodante. En esa misma fecha la red de caminos alcanzaba los 70.000
kilómetros, de los que poco más de 41.000 estaban pavimentadas. En la actualidad (el dato es de 1977) existen
algo más de 10.000 kilómetros de la autopista panamericana.

La marina mercante contaba en 1978 con 336 navíos con una capacidad total de 727.200 toneladas y que en su
mayoría pertenecen a Pemex y a Transportación Marítima Mexicana; los principales puertos son Veracruz,
Tampico, Acapulco y Coatzacoalcos. Dada la posición geográfica del país, son numerosas las empresas extranje-
ras navieras que hacen escala en los puertos mejicanos.

Las principales empresas dedicadas al transporte aéreo son Aeroméxico y Mexicana de Aviación, con más de
8.500 millones de pasajeros/km transportados en el año 1977; este medio de transporte está adquiriendo en la
actualidad un gran auge.

En cuanto al comercio exterior, en este cuadro se aprecia la evolución de la balanza de pagos en los últimos
años.

1974 1975 1976 1977 1978


Importaciones 75.709 82.131 90.900 126.352 177.278
Exportaciones 35.625 35.763 51.905 94.452 131.403

(Fuente: “Calendario Atlante de Agostini 1981”. Las cifras están dadas en millones de pesos mejicanos).

Como se puede ver Méjico presenta en los últimos años un déficit que en valores absolutos va aumentando,
pero que en relación al creciente volumen de la balanza de pagos se encuentra en retroceso. Los principales pro-
ductos que Méjico exporta al exterior son petróleo crudo, café, maquinaria, productos químicos, crustáceos, algo-
dón y azúcar.

5. ESTUDIO REGIONAL

Al tratar de hacer un estudio regional de Méjico, al primer problema que surge es el definir y delimitar las
distintas regiones; y es esto un problema sobre el que no existe un criterio unánime entre los diversos autores que
han tratado el tema; un dato que sirve para explicar la existencia de este problema es el hecho de que existen zonas
indecisas cuya adscripción a una u otra región depende del criterio que se adopte al llevar a cabo dicha división
regional. De todas formas hay tres zonas que aparecen en la mayoría de las divisiones existentes:

- norte árido,
- centro histórico, y
- trópico húmedo.

Terán se basa en los factores morfo-climáticos para hacer la división en cinco regiones:

- Las regiones áridas del norte y noroeste, que se definen por su carácter árido, con precipitaciones siempre
inferiores a los 500 mm anuales, y con un régimen térmico caracterizado por una fuerte oscilación diurna y
anual.
- La Meseta Central de Méjico: se define por la altitud media, el predominio de materiales volcánicos y el
clima más húmedo que el de la región anterior.

- La Llanura litoral del Golfo de Méjico y la Sierra Madre Oriental: se define esta región por estar dentro
de las tierras cálidas con temperaturas medias de 24º a 25º y un índice de lluvias cercano a los 2.000 mm
anuales, a pesar de la degradación que se produce hacia el norte de este llanura.

- El Sur de Méjico: engloba esta región la zona que se encuentra al sur de los que en este tema hemos llama-
do el Eje Neovolcánico y se define por un clima y vegetación más uniformemente tropical.

- El Yucatán: se define por su estructura geológica de meseta calcárea, su clima árido y vegetación esteparia
en la parte septentrional con el aumento de las precipitaciones y haciéndose más densa la vegetación hacia
el este y sur.

Bataillon establece la siguiente división:

A) Los Nortes:

- Noroeste.
- Norte del Altiplano y Sierra Madre Occidental.
- Noroeste Pacífico.

B) Méjico central:

- Este.
- Oeste.

C) Trópicos húmedos:

- Huaxteca y Veracruz.
- Méjico trans-ístmico.

Los criterios que sigue Bataillon para hacer esta división, que es la más comúnmente aceptada, residen en el
grado de modernidad de las relaciones, la antigüedad de la condición humana y la polarización de las actividades
por las ciudades. Siguiendo en líneas generales la división de Bataillon, Laserre hace una propia:

1. Méjico Central:

- Las tierras de la altiplanicie central.


- Las tierras cálidas del Méjico central.

2. Los trópicos lluviosos del Sudeste:

- Montañas y cuencas del sur.


- La península calcárea del Yucatán.
- Las llanuras meridionales del Golfo.

3. Las tierras secas del Norte de Méjico:

- El norte de la Altiplanicie central.


- La región del Nordeste.
- La región del Noroeste.

Debido a lo que apuntamos anteriormente en el sentido de que la división de Bataillon es la más aceptada
entre los geógrafos, vamos a ver las líneas principales de esta división.

Los Nortes, aunque caracterizados por la aridez, son definidos por Bataillon no por rasgos climáticos sino por
sus aspectos históricos y económicos, quedan incluidas en esta zona tierras bajas (calientes) y tierras altas (templa-
das y frías) y no sólo se incluyen las tierras áridas sino también algún sector húmedo o semihúmedo como Nayarit
y el sur de Sinaloa. En los nortes distingue tres regiones con características diferentes en su actividad económica;
el noroeste es una región polarizada por Monterrey y los límites de la región coinciden con su área de influencia;
las otras dos no son regiones polarizadas por ciudades y la distinción entre ellas no sólo se debe a motivos climáti-
cos sino sobre todo a las actividades económicas, ya que mientras que el Altiplano y la Sierra Madre Occidental
son zonas mineras y ganaderas con algunas áreas agrícolas, el Noroeste pacífico se caracteriza por una actividad
exclusivamente agrícola con ayuda del regadío.

La división del centro en dos regiones no es nueva en Bataillon; dentro de la distinción que hace, el Centro-Es-
te lo ciñe exclusivamente a la aglomeración de Méjico capital y las zonas de alrededor deprimidas sin hacer una
distinción clara entre la fachada sur y el centro verdadero. Es esta la parte de la clasificación de Bataillon que más
críticas ha recibido, ya que es el punto más débil de la misma.

Los trópicos húmedos los divide Bataillon en dos zonas: la vertiente huaxteca y Veracruz que se distingue de
las tierras cálidas y bajas por su estrecha relación con el Méjico Central, y el resto que forma el Méjico Transist-
mico o Méjico Oriental, caracterizado por un prolongado aislamiento histórico y un poblamiento discontinuo en
focos de alta densidad separados por extensos vacíos demográficos; este Méjico Transistmico lo divide a su vez
tres zonas: el Yucatán, las bajas llanuras del Golfo, que es una zona pantanosa, de activa colonización agrícola y
explotación petrolífera, y las Montañas y llanuras de Chiapas, que tienen semejanzas con los Estados centroameri-
canos.

BIBLIOGRAFÍA

BATAILLON, C.: Las Regiones Geográficas de México. Ed. Siglo XXI. Méjico, 1969.

BATAILLON, C.: La Ciudad y el Campo en el México Central. Ed. Siglo XXI. Méjico, 1972

CALENDARIO ATLANTE DE AGOSTINI, 1981. Novara, 1980.

SANZ DONAIRE, J.: Méjico. Incluido en la Geografía Descriptiva, dirigida por Casas Torres. Tomo III. Ed.
E.M.E.S.A. Madrid, 1979.

GOTTMAN, J.: América. Ed. Labor. Barcelona, 1968.

LASSERRE, G.: América Media. Ed. Ariel. Barcelona, 1968.

TERÁN, M.: Imago Mundi. Tomo II. Ed. Atlas. Madrid, 1965.

VARIOS: Geografía Descriptiva. Tomo II. Madrid. Ed. Rialp, 1975.

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