Queridos compañeros, maestros y autoridades presentes:
Es un honor estar aquí hoy para compartir con ustedes un mensaje de esperanza y fe,
inspirado en nuestra querida Virgen de Guadalupe. En este Año del Jubileo, un tiempo
especial que celebramos con alegría, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre el
ejemplo de la Virgen, que nos invita a ser peregrinos de esperanza.
La Virgen de Guadalupe es un símbolo de amor, protección y esperanza para todos
nosotros. Ella, con su imagen tan cercana y llena de ternura, nos enseña que no
importa quiénes seamos o de dónde vengamos, todos somos hijos de un mismo Dios
y debemos vivir con bondad y amor hacia los demás. En este Año del Jubileo,
estamos llamados a seguir su ejemplo, y especialmente, a ser una guía para los más
jóvenes como nosotros.
¿Qué significa ser peregrino de esperanza? Un peregrino es alguien que camina con fe
y perseverancia, que busca un propósito y que, aunque en el camino puede haber
dificultades, nunca pierde la esperanza. Y nosotros, como niños y jóvenes, también
debemos ser peregrinos de esperanza. Cada uno de nosotros tiene un papel
importante en este mundo, y la esperanza es lo que nos da fuerza para seguir
adelante, incluso cuando las cosas parecen difíciles.
La Virgen de Guadalupe, al aparecerse a San Juan Diego, le dio un mensaje claro: "No
temas, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?" Con estas palabras, nos invita a
confiar, a creer en nosotros mismos, y a saber que, aunque el camino sea largo o
complicado, nunca estamos solos. Ella siempre estará con nosotros, guiándonos y
dándonos la fuerza para ser valientes.
Este año, el Año del Jubileo, es un momento para renovar nuestra fe, para tomar el
ejemplo de la Virgen y ponerlo en práctica en nuestra vida diaria. Como niños y
jóvenes, tenemos muchas oportunidades para ser personas mejores, para estudiar,
para ser respetuosos, para cuidar de nuestro entorno, para ayudar a quienes nos
rodean, y sobre todo, para ser portadores de esperanza. Podemos ser como ella, luz
para los demás, mostrando siempre una sonrisa, un gesto de apoyo, y una mano
amiga.
En este camino, la esperanza es la luz que nunca se apaga. A través de nuestra fe y
nuestras acciones, podemos transformar nuestro mundo, un pequeño paso a la vez.
Siguiendo el ejemplo de la Virgen de Guadalupe, podemos ser peregrinos que, con su
amor y su guía, logren construir un futuro lleno de paz, alegría y solidaridad.
Hoy, les invito a todos a ser peregrinos de esperanza. A seguir el ejemplo de la Virgen,
a vivir con fe y valentía, y a recordar siempre que, como ella, podemos llevar en
nuestro corazón el amor de Dios y compartirlo con los demás.
¡Que la Virgen de Guadalupe nos guíe siempre, hoy y siempre, y que nuestro
peregrinaje hacia la esperanza sea lleno de luz!
Muchas gracias.