Como lo ha advertido la Corte en reiterada jurisprudencia, la acción de tutela contra providencias
judiciales es de carácter excepcional y extraordinario. Sin embargo, se puede invocar cuando la
decisión judicial que se analiza constituye una vía de hecho que tenga como consecuencia el
desconocimiento de derechos fundamentales en oposición manifiesta a las normas
constitucionales o legales aplicables al caso, siempre y cuando el ordenamiento no prevea otro
mecanismo para cuestionar la decisión
Posteriormente, la misma Corporación agrupó el enunciado dogmático “vía de hecho”, previsto en
cada una de las sentencias en donde se declaró que la tutela era procedente frente a una
actuación judicial anómala, e ideó los criterios de procedibilidad de la acción de tutela contra
providencias judiciales. Éstos constituyen pautas que soportan una plataforma teórica general de
la acción de tutela contra actuaciones jurisdiccionales y, por tanto, constituyen el trasfondo de las
causas que pueden generar la violación de la Constitución, por la vulneración de los derechos
fundamentales en la cotidianidad de las prácticas judiciales.
La nueva enunciación de tal doctrina ha llevado, en últimas, a redefinir el concepto de vía de
hecho, declarado como el acto absolutamente caprichoso y arbitrario, producto de la carencia de
una fundamentación legal y con la suficiente envergadura para concernir al juez constitucional. En
su lugar, con la formulación de los criterios, se han sistematizado y racionalizado las causales o
defectos con base en un mismo origen: la penetración de la Constitución y los derechos
fundamentales en la rutina judicial. Al respecto, en la sentencia T-949 de 2003, la Sala Séptima de
Revisión explicó lo siguiente:
“En esta tarea se ha reemplazado el uso conceptual de la expresión “vía de hecho” por la de
“causales genéricas de procedibilidad”. Lo anterior ha sido inducido por la urgencia de una
comprensión diferente del procedimiento de tutela con tal de que permita "armonizar la necesidad
de proteger los intereses constitucionales que involucran la autonomía de la actividad
jurisdiccional y la seguridad jurídica, sin que estos valores puedan desbordar su ámbito de
irradiación y cerrar las puertas a la necesidad de proteger los derechos fundamentales que pueden
verse afectados eventualmente con ocasión de la actividad jurisdiccional del Estado (sentencia
T462 de 2003)”.
Defecto sustantivo, orgánico o procedimental: La acción de tutela procede, cuando puede
probarse que una decisión judicial desconoce normas de rango legal, ya sea por aplicación
indebida, error grave en su interpretación, desconocimiento de sentencias con efectos erga
omnes, o cuando se actúa por fuera del procedimiento establecido.
Defecto fáctico: Cuando en el curso de un proceso se omite la practica o decreto de pruebas o
estas no son valoradas debidamente, con lo cual variaría drásticamente el sentido del fallo
proferido
Desconocimiento del precedente: En aquellos casos en los cuales la autoridad judicial se aparta
de los precedentes jurisprudenciales, sin ofrecer un mínimo razonable de argumentación, de
forma tal que la decisión tomada variaría, si hubiera atendido a la jurisprudencia
Vulneración directa de la Constitución: Cuando una decisión judicial desconoce el contenido de
los derechos fundamentales de alguna de las partes, realiza interpretaciones inconstitucionales o
no utiliza la excepción de inconstitucionalidad ante vulneraciones protuberantes de la Carta,
siempre y cuando haya sido presentada solicitud expresa al respecto
Pero lo que la corte reitera es que no basta con aludir a un derecho fundamental -porque toda
irregularidad, directa o indirectamente, afecta los derechos fundamentales-, sino que la actitud
ilícita del juez debe afectar el derecho grave e inminentemente. Se entiende que la gravedad debe
predicarse tanto de la violación del orden legal, como del daño que le causa a la persona afectada,
lo cual justifica la acción inmediata por parte del Estado para que no continúe o se produzca tal
efecto ilícito. La inminencia ha de entenderse como la evidente probabilidad de una consecuencia
negativa e ilícita producida por la actuación judicial
Ahora bien, para que el juez de tutela pueda calificar una acción judicial como una vía de hecho, es
porque el vicio que dicha acción conlleva es perceptible a simple vista. Pero además, dicha
actuación judicial deberá, como ya se anotó anteriormente, haber atacado vulnerado o
desconocido, uno o varios derechos fundamentales, lo que permitiría que esta pueda ser
controvertida por medio de la acción de tutela
toda vez que el conjunto de normas procesales no se puede tener como fin en sí mismo, sino
como medio para la efectiva garantía del derecho de defensa de las partes, para que se incurra en
vía de hecho por defecto procedimental, además del desconocimiento de la norma o la
insostenible interpretación de ésta, se requiere que el ejercicio del derecho de defensa se haya
visto efectivamente obstaculizado por éste.
PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Garantía del derecho a la defensa
El principio de igualdad de armas constituye un elemento esencial de la garantía del derecho de
defensa, de contradicción, y más ampliamente del principio de juicio justo, y hace relación a un
mandato según el cual, cada parte del proceso penal debe poder presentar su caso bajo unas
condiciones y garantías judiciales, que permitan equilibrar los medios y posibilidades de actuación
procesal, dentro de las cuales se presente como esencial las facultades en cuanto al material
probatorio a recabar, de tal manera que no se genere una posición sustancialmente desventajosa de
una de las partes frente a la otra parte procesal, como la que de hecho se presenta entre el ente
acusador y el acusado, a favor del primero y detrimento del segundo. El principio de igualdad de
armas o igualdad de medios, supone entonces que la carga probatoria del acusador es proporcional a
sus medios y que las reglas de ejercicio del principio contradictorio en virtud de esa carga, buscan
equiparar la participación en el proceso penal, tanto optimizando lo más posible las garantías de la
defensa, como incrementando la exigencia del cumplimiento de la labor probatoria del acusador.
Para esta Corte el derecho de defensa en materia penal encuentra uno de sus más importantes y
esenciales expresiones en el principio de igualdad de armas, en procura de garantizar la protección
de los imputados frente a aquellas situaciones que desequilibran su actuación en el proceso.
PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS-Concepto
Con el principio de igualdad de armas, se quiere indicar que, en el marco del proceso penal, las
partes enfrentadas, esto es, la Fiscalía y la defensa, deben estar en posibilidad de acudir ante el juez
con las mismas herramientas de persuasión, los mismos elementos de convicción, sin privilegios ni
desventajas, a fin de convencerlo de sus pretensiones procesales. Este constituye una de las
características fundamentales de los sistemas penales de tendencia acusatoria, pues la estructura de
los mismos, contrario a lo que ocurre con los modelos de corte inquisitivo, es adversarial, lo que
significa que, en el escenario del proceso penal, los actores son contendores que se enfrentan ante
un juez imparcial en un debate al que ambos deben entrar con las mismas herramientas de ataque y
protección.
a) Que el asunto discutido resulte de relevancia constitucional.
b) Que se hayan agotado todos los medios ordinarios y extraordinarios de
defensa judicial.
c) Que se esté ante un perjuicio iusfundamental irremediable.
d) Que se cumpla con el requisito de inmediatez, esto es, que se interponga
dentro de un término razonable y justo.
e) Que se trate de una irregularidad procesal, y la misma tenga un efecto
decisivo o determinante en la decisión que se impugna y que afecte los
derechos fundamentales de la parte actora.
f) Que se identifiquen de manera razonable los hechos que generaron la
transgresión y los derechos vulnerados, y, además, que esa violación haya sido
alegada dentro del proceso, siempre que hubiese sido posible.
g) Que no se trate de sentencias de tutela.
Los segundos, por su parte, apuntan a que se demuestre que la providencia
adolece de algún defecto orgánico, procedimental absoluto, fáctico, material o
sustantivo, un error inducido, o carece por completo de motivación, desconoce
el precedente o viola directamente la Constitución».