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EL Educar Desde El Cuidado

El documento enfatiza la importancia de una pedagogía del cuidado en el ámbito educativo, donde la relación entre docentes y estudiantes se basa en la escucha y la reflexión. Se propone una cultura del cuidado que aborde integralmente problemáticas sociales y fomente la participación activa de los estudiantes, promoviendo su autonomía y sentido de pertenencia. La educación y el cuidado son inseparables, y es crucial transformar las prácticas educativas para incorporar esta perspectiva en el sistema de enseñanza.

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EL Educar Desde El Cuidado

El documento enfatiza la importancia de una pedagogía del cuidado en el ámbito educativo, donde la relación entre docentes y estudiantes se basa en la escucha y la reflexión. Se propone una cultura del cuidado que aborde integralmente problemáticas sociales y fomente la participación activa de los estudiantes, promoviendo su autonomía y sentido de pertenencia. La educación y el cuidado son inseparables, y es crucial transformar las prácticas educativas para incorporar esta perspectiva en el sistema de enseñanza.

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Educar desde el cuidado

Por: Mercedes Álvarez | Viernes 29 de Octubre de 2021

Resulta fundamental comprender cuál es la manera


en que debemos aprender a utilizar el espacio del
aula para escucharnos y reflexionar sobre las
prácticas cotidianas. Por ellos es importante
mantener una pedagogía del cuidado entre docentes
y alumnos para que la experiencia educativa se
enriquezca.

Durante el proceso de trabajo en el abordaje integral en prevención de


consumos problemáticos y adicciones en ámbitos educativos, en el grupo de
trabajo al que pertenecía aprendimos que la prevención viene de la mano del
cuidado. Descubrimos que de ese modo se posibilita la apertura de puertas
desde donde abordar situaciones que cada día se nos presentan a quienes
trabajamos con niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Encontramos en la idea
de cuidado una roca firme que funciona como cimiento para trabajar diferentes
situaciones complejas que se presentan día a día en las escuelas. Este
concepto nos lleva a cuestionar nuestras ideas y preconceptos y a reflexionar
sobre ellos.

Entendemos la cultura del cuidado como un paradigma que propone un modo


de ser y estar en el mundo en relación a uno mismo, al otro y al ambiente.
Incluye desde cuidados físicos hasta emocionales y sociales, asumiendo la
doble función de prevención de daños futuros y regeneración de daños
pasados. Su construcción reclama un abordaje colaborativo que integre las
diferentes áreas del Estado, la comunidad, la familia y todo el entorno vincular
de los sujetos. Este enfoque propone un abordaje comunitario e integral de
distintas temáticas, problemáticas sociales y vulnerabilidades para la
construcción de una cultura del cuidado que contrarreste la propuesta
dominante del consumismo, una tendencia al consumo innecesario e irreflexivo
que compromete el bienestar de las personas, las comunidades y el ambiente.

Para trabajar desde este enfoque es necesario mirar y repensar nuestras


representaciones, nuestras prácticas y vínculos. Realizar un recorrido desde lo
personal, pasando por lo interpersonal y hacia la comunidad para registrar qué
escenarios de cuidado estamos construyendo y qué camino nos queda para
seguir fortaleciendo una cultura del cuidado.

No hay educación sin cuidado ni cuidado sin educación. Son nociones que se
encuentran íntimamente relacionadas; sería muy difícil poder concebir una sin
la otra. Son prácticas sociales inseparables y necesarias para el desarrollo
pleno e integral de todo niño, niña y adolescente. En este sentido, toda
actividad educativa implica acciones de cuidado y, a su vez, todas las acciones
de cuidado poseen en sí mismo un valor educativo. La institución escolar es
uno de los espacios más valiosos para ofrecer y recuperar sentidos, resignificar
el encuentro y la palabra, y poner en valor la afectividad y el cuidado.

Los cuidados serán posibles con el sostenimiento y la presencia significativa de


adultos. Así surgen muchas preguntas: ¿Qué lugar le damos como adultos a la
construcción del vínculo con los y las estudiantes? ¿Desde dónde los miramos
y nos relacionamos con cada uno de ellos? ¿Con qué gestos los recibimos?
¿Qué lugar le damos a los intereses, necesidades y opiniones de los chicos y
las chicas en las propuestas escolares? ¿Sabemos qué les preocupa, qué
necesitan y qué motiva a nuestros estudiantes?

Pensamos la presencia significativa de adultos como un modo de estar en el rol


que no es la currícula, o sea, como algo más que los contenidos. Porque los y
las estudiantes aprenden de nuestros actos, de nuestras actitudes, de nuestros
gestos, de las broncas y de las alegrías. Somos ejemplo, nos escuchan y sobre
todo nos miran, nos buscan como referencia. Podemos, entonces, ofrecer
modos de estar cerca -por fuera de la simetría- que sean capaces de oficiar de
soporte en tiempos de cambio y pasajes.
Si como docentes instalamos prácticas cotidianas, experiencias donde los
chicos y las chicas puedan transitar la diversidad de las emociones y los
estados de ánimo, pongan palabra y den lugar al conflicto y al malestar,
estaremos trabajando desde una lógica que contempla el cuidado. Desde esta
lógica, en vez de acallar y evitar, habilitamos a la vez que sostenemos; en vez
de promover el individualismo y la competencia, promovemos la cooperación y
la promoción de valores y prácticas solidarias.

Promover la participación activa, el desarrollo de la autonomía y la toma de


decisiones de los y las estudiantes será una de las dimensiones esenciales
para transformar la cultura institucional de la escuela en una cultura
institucional del cuidado.

Que los y las estudiantes se apropien de las propuestas y proyectos escolares


es algo que necesitamos y deseamos que surja al interior de las escuelas;
apropiarse significa que nos sentimos parte de algo y que somos protagonistas
de ese mundo. Brinda y da sentido a aquellos que son parte. Sentirse
incluidos y reconocidos dentro y desde de un proyecto que los convoque es
base y cimientos para el fortalecimiento de la cultura del cuidado que
proponemos se habite y se sienta en el ámbito de cada escuela.

Creemos que este presente es un buen momento para promover un espacio y


un tiempo donde cuestionarnos, dialogar colectivamente y acercarse de modo
reflexivo a la pregunta por la educación que queremos hoy y en el futuro. El
escenario actual en la educación, nos está mostrando lisa y llanamente que
existen otros modos de enseñar, educar y cuidar. Porque hoy toca hacer
pedagogía de los cuidados. Una mirada educativa que es urgente incorporar en
nuestro sistema de enseñanza, evitando las respuestas cerradas y siempre
haciéndonos preguntas.

La propuesta es seguir incorporando herramientas a medida que seamos cada


vez más quienes miremos con los “anteojos del cuidado” las escuelas en las
que nos desempeñamos.

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