EL TEATRO RENACENTISTA
Desde mediados del siglo XIV empieza a vislumbrarse un cambio de mentalidad y de
sensibilidad artística en Italia. Se hace patente en las artes plásticas y en la poesía y,
posteriormente, en otras disciplinas. En el teatro, a mediados del siglo XV, vuelven a estar
presentes obras de Plauto, Terencio y Séneca, que son leídas en latín en círculos inte-
lectuales. Además, comienza a circular la preceptiva dramática de Aristóteles, que se
convertirá en guía tras su impresión en 1508. Estas manifestaciones no son exclusivas de
Italia como prueba la publicación de La Celestina en España en 1499.
La difusión por Europa no será regular, sino que cada país incorpora las novedades cuando
las circunstancias y la evolución de la sensibilidad o mentalidad artística lo demandan. Se
pretende recuperar el esplendor del teatro grecolatino, pero el conocimiento imperfecto de
las formas antiguas hace que las primeras obras no se atengan en exceso al canon clásico.
Se trata de un ejercicio académico y con afán didáctico de los grupos humanistas atraídos
por la erudición y el espíritu clásico.
Además, las múltiples formas escénicas de tipo popular, heredadas de la Edad Media,
tendrán mayor seguimiento entre el público, acostumbrado a chanzas y divertimentos
ligeros de las compañías ambulantes. Lo mismo sucede con el teatro religioso que se sigue
practicando con bastante profusión en el ámbito sagrado.
Lo que se va a imponer de una manera rotunda es un concepto teatral nuevo basado en la
idea de la verosimilitud, por lo que se instaurará lo lógico y lo natural frente a lo irracional
y fantasioso. Contribuirá a ello la utilización de novedades arquitectónicas y el
descubrimiento de la perspectiva que permitieron desarrollar novedosos espacios escénicos
y ofrecer una dimensión humana de los problemas tratados. Así, se consagrará el sentido
del decoro y la búsqueda de un orden moral más humano. El teatro empieza a ser
considerado como fenómeno creativo pues los autores toman conciencia de su actividad
literaria y manejan el concepto de género dramático: égloga, comedia, tragedia, auto paso...
Las representaciones se presentan como espectáculos ofrecidos por profesionales y se
sientan las bases de la puesta en escena del teatro moderno.
1. EL TEATRO RENACENTISTA EN ITALIA
A finales del siglo XV bullen en Italia varias tendencias teatrales que pugnan por
imponerse y definir el camino correcto para avanzar. Los humanistas buscan el camino
teórico de las preceptivas y normas clásicas, los poetas componen Églogas con importante
soporte dramático, otros dramaturgos imitan a los clásicos latinos y muchos juglares,
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bufones, saltimbanquis y rapsodas continúan ofreciendo sus historias entre la narración y la
representación, para el público popular. Esta aparente dispersión modela unas formas
dominantes y desarrolla una estética, con materiales diversos, que terminará por
imponerse.
Lo que no falta es afición, interés por parte de los humanistas y apoyo de la nobleza a las
actividades escénicas. Las obras que se realizan en el ambiente cortesano de palacio y que
se funden con ciertas tendencias populares conformarán la esencia del teatro renacentista y
pasarán a los teatros públicos, que empezaron a proliferar de inmediato. Surge así la
comedia italiana estructurada al modo de la comedia latina, donde se recogen las
preocupaciones y los modos de vida contemporáneos: conservan las cinco jornadas
clásicas, para desarrollar la acción; también respetan las tres unidades clásicas: las de lugar
y tiempo sin problemas (pues la utilización del espacio escénico diseñado por Vitrubio
para el teatro romano permite el suficiente juego escénico); la de acción, con más
dificultades, como ya le ocurriera a Plauto, pues no pueden sustraerse a ciertas com-
plicaciones del argumento.
Los autores encuentran una fuente de inspiración en el Decamerón de Boccaccio, que nutre
de temas y de un amplio anecdotario narrativo para escenificar. Reflejan así, de un modo
realista las costumbres y preocupaciones de la época: con erotismo y picaresca sobre
infidelidades; el amor como centro en torno al que gira la vida; el interés económico, la
hipocresía y una larga serie de pecados humanos. Una rica gama de personajes retrata
igualmente la época: soldados, rufianes, cortesanas, criados, padres y maridos burlados,
campesinos burdos, pedantes, curas, menestrales... soportan la gracia de una acción
encaminada a divertir a un público gustoso de verlo.
Los asuntos se tratan con tono satírico y un ambiente jovial que mueve a risa, sin renunciar
a la presencia de principios moralistas que rigen las normas, pero a través de los cuales se
filtra una doctrina un tanto dudosa. Se emplea un lenguaje sencillo y el uso de la prosa
como forma de expresión de los personajes (con su variedad dialectal o social), y así
veremos que la comedia se convierte en un documento de extraordinaria riqueza social y
fundamento artístico.
Autores y obras
Tras los primeros pasos vacilantes en la primera mitad del siglo XVI se consagraron tres
autores de calidad a quienes seguirían una multitud de dramaturgos en la segunda mitad del
siglo. Maquiavelo, estrenó en 1518 La mandrágora, obra que servirá de guía y modelo de
las demás comedias renacentistas. Todavía se representa en la actualidad con cierta
frecuencia. Ariosto escribió comedias muy apreciadas en su época como Arquilla, Los
supuestos, Él nigromante, Los estudiantes, La alcahueta..., y Aretino compuso, entre otras,
La cortesana, Atalanta y Él hipócrita (precedente del Tartufo de Molière).
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Commedia dell'Arte
Quizá como contrapunto al teatro clásico que se desarrolla en el siglo XVI, surge esta
singular forma cómica de teatro popular. Sus raíces se hallan en los «tipos» de la comedia
clásica y en las formas escénicas del carnaval, de donde procederían las máscaras que usan
ciertos personajes masculinos. A estos orígenes hay que sumar la influencia de la literatura
dramática del momento.
Se trata de un teatro muy profesionalizado, organizado en torno a compañías, que se
fundamenta en la improvisación a partir de unas líneas argumentales creadas de antemano
(canovacci). Los personajes son tipos fijos, perfectamente configurados y reconocidos por
el público. Su actuación se basa en el ingenio, la pulida técnica y la experiencia de los
actores que saben sacar partido a situaciones cómicas adaptadas al lugar donde se realizaba
la representación.
Las tramas se basan en una intriga que asciende y desciende en intensidad siguiendo el
desarrollo de enredos sucesivos. En esa vorágine se acumulan raptos, duelos, peleas,
equívocos, brotes de locura, risas, saltos, engaños, artimañas..., todo ello aderezado con
lenguajes dialectales, músicas diversas, cantos y bailes.
Triunfó rápidamente en Italia para extenderse luego por Europa y adquirir enorme arraigo
en Francia. Mantuvo su vigencia, con esos personajes característicos y un humor hilarante,
durante dos siglos, antes de que perdiera frescura y desapareciera de la escena. Sus
memorables personajes han llegado hasta nuestros días y es fácil encontrar en escena a
Polichinela, el tipo jorobado y burlesco; a Pantalone, el avaro comerciante; al soldado
fanfarrón en la figura del Capitán; al Doctor pedante y necio; a Arlequín, el criado pobre y
entrañable con traje remendado de colores o a la dulce Colombina.
El nacimiento de la ópera
En Florencia durante los años 1570y 1580, un grupo de humanistas denominado Camerata
Fiorentina se propuso recuperar la esencia musical de la tragedia griega, utilizando un
estilo monódico (opuesto al polifónico), que permitiera entender el texto cantado. Sus
estudios y creaciones abrirán el camino al nuevo género operístico.
Poco después, Gian Battista Guarini, con inquietudes musicales semejantes, compuso un
drama pastoril (Él pastor fiel) como anticipo. Entre 1594 y 98 Ja-copo Peri y el poeta
Ottavio Rinuccini componen la primera ópera: Dafne, de la que nos han llegado algunos
fragmentos. En 1600, el mismo Peri y su rival Giulio Caccini (considerados los padres del
género) escriben, para la boda real de Enrique IV, Eurídice, que se conserva íntegramente.
Se trata de una ópera que desarrolla el mito de Orfeo, en el que el héroe viaja a los
infiernos por salvar a su esposa Eurídice de la muerte.
El género tuvo un éxito inmediato, pues en seguida se vio la riqueza de posibilidades que
surgía al combinar los textos cantados en verso (temas de mitología griega) con el
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acompañamiento de un bajo continuo y otros instrumentos orquestales. En pocos años, la
ópera se extendió a Venecia, a Roma y a Nápoles, y en menos de medio siglo se
construyeron locales acondicionados para acoger este tipo de representaciones.
La aparición del gran Claudio Monteverdi ayudó a unificar el género e impulsar su
difusión con el éxito de su ópera L'Orfeo, estrenada en 1607 y que es considerada la
primera ópera «moderna».
2. EL TEATRO RENACENTISTA EN ESPAÑA
En España, ya en el siglo XV empiezan a vislumbrarse indicios de cambio en las artes y la
literatura. La cercana relación con Italia facilita esta evolución y también aquí se percibe
que las formas medievales han entrado en crisis, aunque no radicalmente. Se produce una
pugna entre el teatro religioso de herencia medieval, que continúa gozando de gran vigor, y
otras formas de carácter profano que se abren camino para satisfacer otros gustos artísticos.
Se distinguen tres corrientes: un teatro popular, que se regirá por la demanda del público;
el teatro cortesano, realizado en palacio para disfrute de los nobles; y el teatro erudito,
desarrollado en ambientes universitarios siguiendo los modelos clásicos.
La trayectoria teatral renacentista ha de iniciarse con la publicación en 1499 de La
Celestina, una obra excepcional que no tendrá consecuencia directa pues no se representó,
pero que sí fue conocida y admirada por todos los dramaturgos. Se trata de una obra de
estructura medieval, pero de ambiente y contenido renacentistas; y que refleja con realismo
los intereses de una sociedad nueva. Margina la cuestión religiosa y centra la atención en
irrefrenables pasiones humanas: amor, codicia y muerte.
En el primer tercio del siglo la influencia italiana se deja sentir en autores como Juan del
Enzina y Lucas Fernández. Escriben Églogas, de tema amoroso, ambiente pastoril y
contenidos mitológicos a la moda de la poesía, pero que ellos convierten en teatro al
dotarlas de movimiento escénico y representarlas en palacio con una incipiente
escenografía. El lisboeta Gil Vicente escribió, en portugués y en castellano, teatro
religioso de contenido alegórico antes de crear comedias de costumbres, de tono satírico y
con excelente sentido poético. Su obra más destacada es Don Duardos. El extremeño
Torres Naharro se formó como dramaturgo en Italia y asimiló las doctrinas clásicas. Tras
representar con éxito, publicó sus obras con el título de Propalladia, cuyo prólogo
constituye una auténtica preceptiva teatral. Están escritas en verso y organizadas en cinco
actos. Distingue dos tipos: «a noticia» de carácter costumbrista y contenido realista, y otras
de contenido fabulado, pero también realista, denominadas «a fantasía».
En la línea del teatro popular se inscriben varios autores nacidos ya en el siglo XVI, que
progresan en el camino hacia la creación de la comedia nacional. El más destacado fue
Lope de Rueda; autor, director, actor y dueño de una compañía ambulante, que vive de la
profesión y se ve por ello obligado a satisfacer al público que paga por ver su función.
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Escribió comedias con clara influencia de Plauto y Terencio, y piezas cortas para intercalar
entre los actos de las comedias. La gran fama se la debe a estas piezas de teatro breve y de
contenido humorístico, que llamó Pasos, y que dieron pie a una línea creativa muy
prolífica en el Barroco.
El teatro religioso vive una etapa brillante que culminará en el Siglo de Oro español.
Cuando en Europa inicia la decadencia, en España son muchos los autores y estimable la
calidad de las producciones. Los iniciadores Enzina, Fernández y un excelente Gil Vicente,
enlazan con los fastuosos Autos sacramentales de Calderón en el XVII, a través de
Sánchez de Badajoz, Sebastián de Orozco y López de Yanguas entre otros. La lucha
ideológica contra el protestantismo explicaría esta exitosa pervivencia.
Menos fortuna tuvo el cultivo de la tragedia clásica, recluida en ámbitos universitarios y
colegios religiosos. Hubo creadores, e ilustres, pero se conserva muy poco de su obra. La
tragedia más destacada es San Hermenegildo, de autor desconocido, representada en 1580
con mucho boato en Sevilla para inaugurar la sede de los jesuitas.
Juan de la Cueva y el grupo sevillano comandado por Mal Lara, aportan los últimos
hallazgos antes de que se imponga con autoridad, de manos de Lope de Vega, la comedia
nueva. Precisamente aportan ese elemento autóctono considerado fundamental en la
evolución: el tratamiento de contenidos históricos y legendarios, con abundante material
procedente del Romancero. Como novedad incluyó personajes nobles en la comedia. Entre
sus obras sobresalen Él infamador y Los siete infantes de Lara.
Comentario aparte merece Cervantes que ayudó poco a la consagración de la comedia
nueva pues su teatro tenía una estética diferente a la de Lope. Su producción dramática es
estimable, se sitúa dentro de la escuela clásica y se muestra experimental y novedoso, pero
en una línea que al público no debió agradarle demasiado. Su obra más destacada es la
tragedia Él cerco de Numancia.
Mención especial requieren sus ocho Entremeses, piezas cortas de carácter humorístico en
las que escenifica temas populares con tono irónico tras el que se percibe cierta crítica
social. Con ellos elevó el género a su máximo esplendor.
3. EL TEATRO RENACENTISTA INGLÉS. EL TEATRO ISABELINO
El Renacimiento se instala en Inglaterra con notable retraso respecto a Italia y España. Las
formas dramáticas practicadas hasta la mitad del siglo XVI presentaban un carácter
marcadamente medieval. Las más destacadas son de tipo religioso: milagros, misterios y
moralidades. También, subsisten las piezas cómicas de tradición popular: farsas,
pantomimas y bufonadas, representadas por las compañías itinerantes. A ello se incorpora,
gracias a pedagogos humanistas, la representación de comedias de Plauto y Terencio o
tragedias de Séneca en las universidades; así como el descubrimiento de la Poética de
Aristóteles.
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Este ambiente escénico encontrará el caldo de cultivo apropiado en el ámbito político,
social y económico para que a mediados del siglo el teatro experimente un crecimiento
extraordinario. Una vez más, el teatro además de ser un importante modo de diversión se
convierte en instrumento de formación y sentimientos nacionalistas. De este modo y
siguiendo la tradición inglesa de apoyo a la escena, se fomentó la creación dramática y la
búsqueda de fórmulas eficaces para llegar al público; se formularon leyes para regular la
actividad y se estimuló la profesionalización al permitir los aristócratas que los actores,
formados a su cargo, se independizaran y representaran en otras partes.
Otro factor importante fue la utilización de las posadas como lugar de representación. Se
trata de edificios redondeados o poligonales, con un patio interior al que miraban las
escaleras de acceso y las balconadas. En el patio se montaba un tablado central donde se
efectuaba la representación. Esa estructura iba a dar lugar a los futuros teatros estables.
Con el reinado de Isabel I (1558-1603) termina una época de inestabilidad política y se
alcanza la pacificación en las islas. El país vive una época de prosperidad económica y
afianzamiento de la monarquía, que posibilitará el gran florecimiento de las artes y las
letras, particularmente del teatro.
El triunfo de este teatro fue posible por una conjunción de causas afortunada: el acierto de
los autores al conjugar formas vivaces del teatro medieval con las exigencias del público
mayoritario que demanda acciones épicas y sin barreras; el uso de recursos escénicos
efectivos que alimentaban la fantasía del público; la adopción de una expresión oral que
facilitó la naturalidad dramática, tanto en verso para la dicción más solemne, como en la
prosa para los parlamentos de cómicos y criados. El lenguaje, además, cumplía la función
de «decorado verbal», pues era el propio texto el que informaba de los cambios de lugar
dentro de la historia representada.
La afluencia masiva a las representaciones forzó la construcción en Londres de una docena
de locales en muy pocos años; entre ellos destacan: The Theater (1576), The Courtain
(1577), The Rose (1587), The Globe (1599); y otros privados y con mayor lujo en los
palacios de la corte, donde se representaban mascaradas. con un fantástico y sorprendente
aparato escénico. muy del gusto de los nobles.
Los autores
Dos autores, de vida un tanto disoluta y escandalosa, Thomas Kyd autor de La tragedia
española (1587) y Christopher Marlowe creador del personaje que vende su alma al
diablo, en Doctor Faustus (1588), abrieron el camino al gran Shakespeare. La etapa se
cierra con Ben Jonson, digno rival de Shakespeare y autor de obras tan significativas
como Volpone, La mujer silenciosa y El alquimista.
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William Shakespeare (1564-1616)
Este genio no salió de las aulas universitarias, aunque demostró poseer una sólida
formación clásica. Llegó al teatro desempeñando los oficios más humildes de la compañía
antes de ser descubierto como autor y acaparar la atención mayoritaria del público con sus
obras. Supo alejarse del encorseta-miento de los preceptos aristotélicos pues no respeta la
división de géneros, la regla de las tres unidades, la división en jornadas y otra serie de
normas clásicas.
En sus dramas supo combinar con acierto la fina ironía de una inteligencia exquisita y el
tono burlón de un humorista excepcional. Desde el punto de vista escénico realizó cambios
significativos como impulsar en la interpretación actoral la modulación de la voz y la
expresión corporal para suplir la carencia de decorados y elementos escenográficos.
Sus contenidos son fruto de una profunda reflexión sobre la vida y la condición humana.
Esa profundidad de pensamiento no lastra la acción dramática, por el contrario, forma parte
del juego escénico al colaborar de forma activa a la creación de la tensión dramática. Es el
contenido textual el que mantiene la atención del espectador, apoyado en unos personajes
complejos por su carácter y dominados por pasiones que arrastran al espectador hasta la
resolución del conflicto. La evolución del personaje en su condición y forma de ser se
revela como el rasgo esencial del teatro shakespeariano.
Sus obras más admiradas son las tragedias, entre las que destacan Hamlet, Macbeth, Otelo,
Julio César y El rey Lear. Entre los dramas históricos destacan Titus Andrónicus, Enrique
III y Enrique IV. Sus comedias son igualmente ejemplares; destaca entre ellas El sueño de
una noche de verano.
Actividades del tema
1. Se han utilizado conceptos como verosimilitud, decoro y naturalidad referidos al
teatro renacentista; explica con detenimiento estos conceptos.
2. Investiga las cualidades de la arquitectura teatral de Vitrubio y realiza un esquema de
su propuesta escénica.
3. Busca datos sobre los temas de que se ocupa el teatro renacentista.
4. Escoge el personaje de la Commedia dell'Arte que te atraiga más y apunta sus
cualidades.
En grupos de tres alumnos elaborad un mural con esa información.
5. Buscad información sobre las características de los Pasos de Lope de Rueda.
6. Investiga sobre el componente trágico en la obra de Shakespeare.
7. Comparad los locales teatrales italianos del Renacimiento y los ingleses en la época
isabelina.